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CAPÍTULO CUATRO

 

4.

(memoria)

Qué es la memoria. Aquello que le da densidad al tiempo, que avala su existencia. Sencillo: sin memoria no hay tiempo. Aquello que nos dice que fuimos o que vimos antes de ser o ver ahora. Sencillo: la vida es un fluir continuo, sin amarres, y los relojes sólo son herramientas que generan la ilusión de que tenemos el control, de que hay una dirección. Demasiada gente ha hablado ya sobre esa ficción del tiempo en los relojes, de esa opresión. Pasando. El tiempo sólo se explica por la memoria. Es más, lo que somos cada uno de nosotros sólo se explica por la memoria. Ser tú es recordar tus recuerdos. La memoria llena el recipiente del cuerpo y moldea la mente para que seamos. Somos tiempo. Por eso un enfermo de Alzheimer deja de ser, y se convierte en un cuerpo vacío de sí, en una nada de carne.
xxxEl olvido es nuestro espejo negro. El agujero.
xxxCómo se activa un recuerdo. Así, por ejemplo: caminas por la calle y llega un olor dulce a tu nariz, lo percibes y algo se conecta en tu cabeza: los labios de una mujer que usaba ese perfume hace diez años, una vida que creías perdida, agolpándose. El fantasma de su voz, de tu sangre entonces. Lo que eras, cómo eras. El recuerdo funciona así: un estímulo que navega de la superficie a la red neuronal dentro de tu cráneo hasta encontrar el archivo oscuro donde dormía la sensación original. Un código que tu cerebro traduce en tiempo, vida, signo de ti.
xxxAsí funciona. Igual que Internet.
xxxTu cabeza y la red de redes. Grande y pequeño. Dentro y fuera. Lo mismo. Tecleas la url en la pantalla y con un clic se despliega entre la maraña binaria de archivos escondidos justo aquel que tú has elegido. Una red neuronal de escala mundial, invisible, fuera de ti, conectada a ti, a partir de ti. Desde. En. Teclea Anaïs Anaïs de Cacharel en Google y sobre tus recuerdos se proyectará la posibilidad de miles. Lo tienes delante, la red como una extensión de nuestro cerebro, operando con las mismas reglas. Reproduciendo la estructura de nuestro pensamiento. Internet como memoria externa casi infinita. Nuestra. Compartida. Creciendo hacia dentro y hacia fuera, enredándose en la de tantos otros miles o millones.
xxxCómo ser tiempo si ahora disponemos a un solo parpadeo del tiempo de los todos. Cómo llamar a eso tiempo. memoria. Cómo. Si tú ahora eres también yo, porque compartimos la memoria y porque ambos tejemos el mismo telar e hilamos nuestra vida, y el tejido crece. Tú, yo, ese, miles. Tu memoria hecha píxel, ciento cuarenta caracteres, lo que sea que deje tu huella en la red, todo eso lo consumo yo, ese, miles. Y viceversa. El alimento es común y la construcción colectiva. Uno más uno más uno y ahora sí hasta el infinito.

 

 

 

 

9.

(banderas negras)

Se recorta contra el horizonte la silueta de unos jinetes, pareciera un ejército de sombras. Algunos aseguran que así es. Sombras vivas que contaminan el aire de su oscuridad brillante. Se acercan. El viento y el trote agitan la ropa y las banderas. Negras. Así es la bandera de nadie. Así es el color que niega los colores, las verdades viejas y las impuestas. Se acercan los hombres libres cabalgando al lado de Néstor Majno por las tierras de aquello que llaman Ucrania. La bandera negra es un cielo vacío de estrellas donde se han abolido las leyes de la astronomía y todo es posible. Dicen que cuando llega el ejército de las sombras vivas llega la libertad y el fin de lo antiguo. La libertad. Que cada uno decida y sea. Todos, sin caminos marcados por otros con tiza sobre el suelo. Sin dueños ni marionetistas. Eso dicen, es la libertad, y dicen que está al alcance de los dedos, escrita en el negro de la bandera, que es la ausencia y es el todo. Y se acerca.
xxxAntes llegaron ecos de Guliai-Polié. De cómo ahí cada hombre y cada mujer era su propio Lenin, y cómo se tejía la solidaridad en las fábricas y en los campos como la trama de una bandera negra. El amor propio trenzado en lo común. Eso nos traen los jinetes de Néstor Majno, pero no como una orden sino como un regalo que ya llevamos dentro. La autogestión, la propiedad de nuestras vidas y nuestro sudor, la fundición de las cadenas para fabricar cucharas y llaves que sólo abran, que nunca cierren. El ejército negro protegerá nuestro territorio libre de blancos, verdes y rojos. Porque la libertad no entiende de zares, terratenientes o bolcheviques. La libertad entiende de ti, de mí y la trama de voluntades que tejemos para generar un mundo a nuestra medida.
xxxSe acercan los jinetes, pero somos nosotros, cada uno, los que ejecutamos el cambio. Aquí, como en decenas de pueblos antes, estableceremos una comuna libertaria. Una comunidad de hombres y mujeres libres. Aquí mandará la asamblea de ti y de mí, de los ti y de los mí. Aquí cada cual tendrá lo que necesite y la acumulación se entenderá como una ofensa. Aquí los grilletes de la posesión y las leyes de oro yacerán rotos a los pies de estos caballos que ahora llegan. Pueblos, gente, tú, tejidos en red. Aquí la única frontera es el cielo y el relinchar de estos caballos que ahora llegan. Aquí se dirá libre y seremos libres. Cada uno y todos. Y construiremos el mundo a nuestra medida. Desde dentro de nosotros, con las manos, mano a mano contigo y conmigo, con los ti y con los mí.
xxxTen aquí el día de mañana hecho hoy.
xxxYa. Llegan los jinetes de Néstor Majno con sus banderas negras como un sueño por escribir, pero luego vendrán las traiciones, las matanzas y el olvido, igual que esas banderas rojinegras españolas de veinte años después. Puede ser. Pero hablábamos de las siluetas de los jinetes recortadas contra el horizonte. Pero hablábamos del horizonte.

 

 

 

 

11.

(mutación del ángel)

Recuerda: Mary Ann Bevan, la mujer más fea del mundo, padecía acromegalia y eso la salvó de la miseria. Maurice Tillet sufría del mismo mal y también tuvo que emigrar a Estados Unidos donde se hizo luchador profesional con el apodo del Ángel Francés. Hablaba quince idiomas y pasaba las tardes jugando al ajedrez, cuando cumplió los cincuenta y un años su corazón no dio ya más de sí. Poca víscera para tanto corpachón. Más de medio siglo después estrenaron en cine una película de dibujos animados sobre un ogro verde llamado Shrek, cuyos rasgos y gestos se inspiran directamente en Maurice Tillet. La película es un éxito de taquilla y tiene varias secuelas, videojuegos y un sinfín de productos asociados. El ogro verde se convierte en un icono del siglo XXI. Repetición tras repetición. La última mutación del ángel francés: la pandemia. Su rostro nuevo en las mochilas de los niños, en los avatares de las cuentas de Tuenti, en los dibujos que la niña de primaria colorea en su hora libre. Así, Maurice Tillet pasó del blanco y negro al verde de Dreamworks, y de ahí a cualquier lugar del planeta y en el mismo tiempo telaraña que lo envuelve todo. El ahora múltiple. Todo eso. Recuerda: entre Mary Ann Bevan y Maurice Tillet hay un foso por el que hace tiempo nos caímos tú y yo.

 

 

 

 

12.

(simplemente ajustando mi twitter)

Alguien tuvo que escribir el primer tuit. La soledad si es algo es esto: una red social vacía, sólo para ti. Y el eco constante. Y la nada. 21 de marzo de 2006. Jack Dorsey tecleando «Just setting up my twttr» y dándole a intro. Cero seguidores. Después las cosas se enredan y el ruido es a veces ensordecedor. Después el mundo se teje de palabras que somos. Vale. Pero al principio está la soledad absoluta, en el vacío sin forma de la red: un mensaje para nadie, como una botella lanzada al espacio infinito. Hablamos de Twitter, donde algún exagerado dijo que se construían las revoluciones del siglo XXI. Ago cuyo primer balbuceo es de 2006 y que puede que en el momento que estés leyendo esto ya haya prescrito, como prescribieron los chats de IRC, los fotologs o el Messenger. Volatilizados en la nada que hay al final y al principio de Internet. Las fotos, las conversaciones, la vida, en el limbo de la tecnología obsoleta. Así que puede que cualquier comentario acerca de esto no sea otra cosa que arqueología de lo efímero. Porque lo mismo el concepto de lo duradero es algo de otro tiempo. Porque lo mismo todas estas máquinas lo único que han conseguido es que nuestra comunicación sea la de la huella en la orilla, el espectáculo de la ola borrando nuestros pasos. Todo eso puede ser. La brevedad, y la intensidad: el ahora absoluto.
xxxPero también una raíz abierta, tentando al infinito en su monstruoso crecimiento.
xxxJack Dorsey escribió el primer tuit en 2006, y es posible que fuera el eco de tu voz y de la mía, de tu voz en la mía. Y que a pesar de todo el concepto de soledad sea también algo obsoleto, y se haga necesaria otra palabra para definir esta distancia rota.
xxxO que todos los tuits fueran como el primero y su nada. O que lo imposible sea precisamente estar solo ya. En este ahora.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

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