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Archive for 31 agosto 2014

Y MÁS LECTURAS DE VERANO

Manuel Moyano

 

 

De esa joya que pueden ver en la imagen, ‘El amigo de Kafka’, de Manuel Moyano, aquí tienen una perla.

 

CORAZÓN SIN BARRERAS

xxPaquita apagó el televisor con los ojos llenos de lágrimas. La música machacona de Corazón sin barreras, episodio ciento nueve, se expandió en el éter, pero aún siguió retumbando un buen rato en su cabeza. Una vez más, Roberto Alberto se la había pegado a la tonta de Alicia con esa puerca de Fernanda. Cuándo aprendería. Cuando aprendería que todos los hombres son iguales y que ninguno es de fiar. Alicia era muy guapa y tenía carrera, pero le faltaba mundo, y aquella pelandusca de Fernanda, que era poco menos que analfabeta, se las sabía todas. Llevaban treinta episodios disputándose a Roberto Alberto, y aún no había forma de saber por cuál de las dos tomaría partido. Paquita lo tenía claro. Ella le habría pegado una patada en el culo a Roberto Alberto a la primera de cambio, en concreto en aquel episodio ‒¿era el ochenta o el ochenta y uno?‒ en que el muy desgraciado le regaló a ambas el mismo vestido, y las dos coincidieron en la fiesta de Leonor. Menuda cara de pazguata se le puso a Alicia. Pero Paquita en vez de haberse echado a llorar le hubiera cruzado la cara a Roberto Alberto, y a Fernanda la habría llamado puta delante de todo el mundo.
xxManolo, el marido de Paquita, no vino a comer, y cuando llegó por la tarde resoplaba como un caballo exhausto. La besó sin mirarla, se puso las zapatillas y abrió una lata de cerveza. No había terminado de acomodarse en el sofá cuando sonó el teléfono. Él dijo:
xx‒No estoy para nadie.
xxPaquita descolgó el auricular y oyó como un estruendo: era la voz de su cuñada. Parecía histérica.
xx‒Ha ocurrido algo horrible ‒le gritó‒. Dile a Manolo que se ponga.
xxEl marido se puso al teléfono, de espaldas a Paquita. Cuando colgó y volvió la cara, había en sus ojos un brillo acuoso.
xx‒Mis padres ‒dijo él‒. Han muerto en un accidente de coche. Cuando iban a la playa.
xxPaquita no supo cómo reaccionar. Trató de abrazar a su esposo, pero lo hizo de un modo torpe. Él rehuyó sus caricias: parecía decidido a no llorar. Le pidió que se vistiera a toda prisa y cogieron el coche para ir al tanatorio. Por el camino iba fumando como un descosido, arrojando las colillas una detrás de otra por la ventanilla, y se sentía más encolerizado que triste.
xx‒Ya le dije yo a mi padre que no estaba en condiciones de llevar un coche. Se lo dije mil veces.
xxCuando llegaron al tanatorio, la familia entera de Manolo estaba allí. Todos se abrazaban y sollozaban. Los padres yacían colocados en sendos féretros, detrás de una vitrina, y a Paquita le sorprendió no sentirse impresionada por la visión de los dos cadáveres. Manolo se abrazó a su hermana, y ahora sí que empezaron a correrle lágrimas por la cara. Parecía inconsolable. Paquita se acercó, dejó que su cuñada la besara en la mejilla, y sólo supo decir:
xx‒Lo siento.
xxSe escabulló como pudo y se fue sola a la cafetería del tanatorio. Estaba avergonzada. No lograba conmoverla ni siquiera el llanto de su esposo, y en aquel drama familiar se sentía como un convidado de piedra. Todos la criticarían al día siguiente por su frialdad. Trató de pensar en algo terrible, en algo que le permitiera disfrazar su indiferencia bajo una máscara de dolor. Fue entonces cuando se acordó de Alicia, la infeliz de Alicia.
xxDiez minutos después volvía a la sala de visitas con los ojos llenos de lágrimas.

 

 

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SIEMPRE ESTUVE A FAVOR DE LOS ESPEJOS EMPAÑADOS

Isabel Bono 'Siempre estuve a favor...'

 

 

De hoy dirás que viste a una mujer desnuda.
Y es que hay mujeres que llegan a la vida de uno
sin marcas de tirantes en la espalda.
Y uno se ducha y despereza brazos abiertos
como si siguiera de vacaciones.
Lo sé: estoy teniendo un ataque de intolerancia
un ataque al corazón
un ataque de dolor inmenso. Ya no dudo cuando caigo.
xxxxxx‒Mira cómo me han dejado los brazos tus insectos favoritos.
Muchas veces pensé que eras tú:
cuando mirabas, cuando no mirabas.
Tanto tiempo perdido leyendo a Proust
para que el azar te coloque a cincuenta metros de mi casa.

Desempaqueta el invierno, amor
que me he puesto todos los jerseys que me regalaste, debí decir.
xxxxxx‒Llevas la pereza cosida a los labios.
Cosas así no deben decirse nunca, por eso no las dije.

Sé que hago mal cuando miento
y cuando callo. Me detienen tus gestos.
Pero nunca más: tengo manos y boca y un cuerpo saturado
que me habla (porque el cuerpo nunca miente).
Dices que después del sueño no hay nada
y me despierto dormida
sin saber dónde ni por qué tanta miseria.
Si miraras me verías a contra luz, ahora que las cosas
son esqueletos de un tiempo que nunca fue entre nosotros
siempre pensando en cuándo te irías y el viajero era yo,
sin nombre sin domicilio sin cuenta corriente
sin miedo a la soledad más absoluta
ni al tiempo perdido ni a la luz
que ya llega custodiada por los pájaros.
Tendré una ventana y ninguna esperanza.
La vida (o algo parecido) destruirá mi casa
y yo seguiré esperando ver amanecer como tantas veces.

Nada por cumplir, amor
mas que los ritos verticales
que ahora se deslizan como peces amaestrados.
Y me detengo por primera vez y miro:
repartiremos los libros
clasificaremos los rencores
desinfectaremos los sueños que quedaron atrapados
en las plantas que se secaron (por mi culpa).
Me llevo dos platos, el cenicero azul y el abrecartas.
Pero antes dime que has soñado y que fue conmigo
dime si alguna vez te has visto amarme en tus sueños.
La luz es la prueba definitiva de que alguien te ama, dijiste.
La luz naranja y gris y azul
que abre todas las rendijas a media tarde.
Viajar no era necesario.
Te faltó rezar, reconócelo. No fuiste capaz de arrodillarte.
Tampoco se trataba de eso. Siempre quisiste saber
lo que se siente en un tren en marcha
cuando todas tus pertenencias están en la maleta.
Saberlo todo de repente,
reconocer a tientas tus objetos más valiosos.
Pero la velocidad no es eso.
Decidiste que el mundo se sostenía
sobre un alambre oxidado.
xxxxxx‒Dime que no necesitas nada y me rendiré.
Cercos de vasos que ninguna cera pudo remediar
eran la medida del tiempo que nos bebíamos.
Abejas muertas entre las sábanas.
Le robé todas las mentiras que pude a tu corazón.
Ahora un solo verano arrastra mi vida
y ningún viento echa abajo mi casa.
Mis palabras, sin ninguna prisa
pájaros tomando el sol sobre una grúa del puerto.

El azar encontró una calle donde vigilarnos
y fuimos moscas sin alas untadas en aceite.
El azar también duda
y los cobardes se abrazan bajo árboles enfermos.
Se abrazan y ríen.
No oigo de sus bocas
más que el lento devaneo de la muerte.
No es fácil acostumbrarse.
Si de niño te hubiesen clavado
un cristal en cada mano comprenderías mis palabras.
Manos desarraigadas sosteniendo lo que queda
de este amor.
Manos para colar leche: hojas secas entre las manos.
Manos hechas para el agua: peces
habitando mis manos alicatadas.
Ahora sé que alguien borró el trazado de las calles
y que preferías mujeres de pasado pluscuamperfecto:
yo siempre te amo (entonces) en infinitivo.
xxxxxx‒Hoy desearía tener la edad de un árbol.
Tanta soledad parecía una broma estúpida.
Cada paso, un metro cúbico de lluvia.
Identifícate con fuego y saldrás perdiendo, dijo alguien
en un idioma que no llegué a reconocer.
Un gato sucio y mojado buscó refugio entre mis piernas
con tus mismos gestos (entre mis piernas).
Pronto supe que es mentira la venganza
y los regímenes de 2.000 calorías.

No podrías asegurarlo,
pero creo que fue en ese preciso instante
cuando recordé las palabras de Rilke:
Los gatos hacen aún mayor el silencio que nos rodea.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

MÁS LECTURAS DE VERANO

Bret Easton Ellis

 

 

Yo me concentraba en los que no cantaban la letra; en los que la habían olvidado; en los que seguramente nunca la supieron.

 

COLOCA UN PÁJARO EN LA MESA Y CIERRA LAS PUERTAS

Isabel Bono 'Coloca un pájaro...'

 

 

Estuve segura de que olía mi miedo cuando dijo:
xxxxxx‒¿Qué quieres que te traiga?
xxxxxx‒Algo que te encuentres en el suelo.
Me regaló unas sandalias.
Él no comprendía que para mí las ciudades
fueran lo que sus habitantes pierden o tiran.

Tiene que ser raro verla por la ventana
desde dentro del bar
sentada con otro aunque ese otro sea su marido.
Sobre todo si te has bebido unos whiskys
y deseas tocarla. Porque aunque la noche anterior
haya estado desnuda en tu cama, verla ahora
con el vestido azul y las piernas juntas
remediando una visión que te sabes de memoria
no comprendes estos ratos muertos sin ella.
Hay que disimular. El peor de los verbos:
más que esperar, más que perder:
disimular. El peor de todos.
Si sales y te sientas con ellos
quizá puedas encender tu cigarrillo con el suyo.
Lástima que ella no fume.
Compartir su vaso sería arriesgar demasiado.
Sales y te sientas. Se estrechan manos.
Os vieron juntos muchas veces y todas llegaron a mis oídos.
xxxxxx‒¿A qué has venido?
Una vez me habló del miedo que sentía
cuando pensaba que tarde o temprano
acabaría por hartarse de algo.
Supongo que quería decir de alguien.
Supongo que quería decir de mí.
Él sólo quería un lugar en el mundo
y no este lodazal que era mi vida.

Hago la maleta mientras me miras.
Fumas sin ganas (entonces).
Ahora me imagino que me miras
y se me hace más llevadero levantarme a las siete
fregar los platos o limpiar el piso.
Ojos que secuestran mis pensamientos más dulces.

Cuando ya no me queda nada en la cabeza para amarte
uñas negras de tu mirada negra
entran por mi costado como perchas untadas en naftalina.
No me corrijas. Doblo las sábanas
por donde pasearon las hormigas feroces, carnívoras
de tus dedos con diez ojos cada dedo
y cada ojo diez pupilas y cada pupila diez miradas diferentes.
Continúo. El vestido azul hecho jirones.
Yo visto de blanco para que los pájaros me confundan
y atraviesen como antes me atravesabas tú
(sin rozarme siquiera). Una vida, una maleta.
Nunca te vi dormido.
Eras un pez persiguiendo las sombras de las paredes
día tras noche tras día después del último grito (mío).
No te detengas.
xxxxxx‒Si no sabes vivir solo no pretendas vivir con alguien.
Yo no tengo miedo y tú tienes un reloj.
Yo tuve un sueño triste en el que encontraba
la carta que nunca me enviaste.
Los viajeros de verdad nunca envían postales con noticias
ni besos ni promesas.
No, no está bien que un viajero lleve reloj de pulsera
pero los viajeros no deben explicaciones a nadie,
así que camina.
Ya habrás cruzado la frontera.
Ya habrá tiempo de hablar, de mirarse.

No puedo contar la verdad. Lo he intentado.
He querido decir: Te quiero, no hay más.
Imposible. Soy incapaz de nombrarte
de señalar tu espalda con el dedo
y gritar: Tú.
Cambiar apellidos, ciudad, el gesto.
Tender tu ropa aunque esté seca.
No me digas qué he de hacer con mis recuerdos
pero tampoco te alejes demasiado, debí decir.
He deseado muchas veces abrirme el corazón
y rellenarlo con cilantro, servirlo con nueces.
Tu nuez a la altura de mis ojos era un fruto seco
(mojado sólo por mi saliva, quise escribir) (entonces)

He de recordar aquí, que nada de lo que cuente
ha de ser tenido en cuenta puesto que mis recuerdos
en el momento de ser vividos
ya estaban siendo falseados por mi propia imaginación.
Nunca creas una sola palabra.
No soy más que una mente colapsada
un cerebro comprimido
por tormentas y aguaceros que nunca tuvieron lugar.
Soy el historiador perfecto.

Tengo dos manos, lo juro,
pero nunca he montado ni puesto brida a mis sueños
(caballos de ajedrez) esculpidos en jabón.
Tampoco construí diques
contra el pacífico animal que soy, obstáculos (tentáculos)
para abrir la realidad que no me pertenece.
No demuestro nada, lo sé, sólo pretendía explicarte.
Por eso comprendo que me odies
cuando invento frases como:
xxxxxx‒Yo no tenía sueños y tú tenías un mapa.
Paul Eluard ya lo dijo. Que cerrara las puertas
y que el hombre ha de adentrarse en
los profundos caminos del conocimiento
para saber olvidar y recordar.
También dijo que el amor es el hombre inacabado.
Desaloja el miedo: ha llegado la rutina.
Muchas veces yo también me levanto sin hacer ruido
me pongo un jersey de lana (negra) gruesa
y caliento leche. Es lo más lejos que llego.
Las noches se suceden.

Otra noche: aparcar bar de tapas vino vino
saludos bar gintónic otro bar
servicio de señoras ocupado
preservativos de látex música diseño
hablar con alguien que no eras tú
en otro bar sin saber qué pensó. Pero sí.
Me da dos besos al salir él y entrar yo
y se confunde al nombrarme.
Quién lo hubiese imaginado. Otro gintónic y otro, eso es.
¿De quién las manos que me rozan la espalda?
Bailando sin ganas con los ojos cerrados.
Desde detrás de la barra te tocaría
con la punta de los dedos por encima del Levis
como diciendo: amor voy a besarte
hasta que se me duerman los labios. Pero no.
Coche: curva recta curva semáforo puto semáforo
recta: dos curvas más y estaré en casa
curva recta curva control remoto
ventanilla luz garaje marcha atrás ascensor llaves.
xxxxxx‒Sólo puedo compararte con los demás.

El día que te marchaste pinté un cuadro.
Un cuadro lleno de letras doradas sobre fondo negro.
Quisiera deshacer todas las maletas tirando de un hilo
hablar pausadamente con la mujer que grita
para despertarme todas las mañanas
desayunar despacio para no quemarme la lengua.
Si pudiera elegir, si no fuera
tan complicado desde que te has ido, preferiría
salir de los bares por mi propio pie
y habiendo pagado todas las cervezas
dejar de escribir, dejar de ducharme, dejar de nombrarte.
Mis deseos son simples.
xxxxxx‒Me da igual que te mueras o me mates.
Desde la ventanilla sucesión de pintadas y advertencias:
Dios es negra, Verano en interior, Atención bandas sonoras.
Esto no es un entretenimiento, para eso ya está el mar
o los charcos que dejó la última tormenta. Mis pasatiempos
no van cuadriculados en ningún diario.
Mi pasatiempo es la muerte, dijo.
Si el mar es el mismo, ¿por qué no descanso?
Si estas nubes descargarán sobre tu casa,
¿a qué tanta tragedia?
Escucha: si el mar es siempre el mismo
debes saber que me duché antes de invadirte.
xxxxxx‒Es verdad que los días siguen pasando.
Yo no sabía guisar y tú no eras vegetariano.
Aprendí que los huevos explotan
los tomates explotan, los calamares
en salsa americana explotan.
Y dije: Supongamos que todo consistiera
en explosión y erosión. Te reías.
Explosión: tú. Erosión: yo.
Arenas movedizas bajándome por el esófago.
Corazón vegetariano: aprende a ser una piedra.
Tú piensas en alto. Yo pienso por escrito.
Mala solución tiene lo nuestro, dije.
Esta vida que vivimos no es para mí.
Tres canciones más y me largo, dije.
Porque mi vida sigue, aunque
después te busque en cada boca que entre.
Lo peor es que es fácil hablarte a oscuras.
Como si ya lo supieras todo y bastara con sonreír.
Siempre a oscuras, el amor, en bares o calles
siempre de paso, siempre
sin tener que explicar la letra de la canción
que suena dentro, siempre la misma
cada vez que te miro, siempre
apoyados en cualquier barra, codo con codo.
No como ayer, que decíamos
con las manos dentro de un cuerpo y otro.
xxxxxx‒Prométeme que me sacarás de allí.
Cabecita loca, dices y desapareces.
Que a las dos nos vemos, amor
no pienso faltar a esta cita. Desorganízame la vida, amor
agárrame de la cintura
que estoy entrando en un hueco espacio temporal
y quiero poder cerrar los ojos confiada.
Sácame de allí (repito), amor (repito)
cuando lo creas conveniente. No confío en nadie más.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

UNA INQUIETUD PERSIGUE MI ALMA

Este será uno de los temas de este verano…ya he perdido la cuenta de las veces que lo he escuchado…

 

 

Hoy me desperté como un astronauta en hibernación
el día 426 de la misión.
Preparé café con ibuprofeno y la retransmisión
empiezan los entrenos a las diez
en Montmeló.

Has vuelto a hablar en sueños otra vez
y me gustó…

Hoy no pude ver los planetas en perfecta conjunción
ya debe haber parado de llover en Val Miñor
y aquella antena que puse para oírte no me funcionó
la puerta de Tannhäusser se cerró
detrás de mí
si no recibes esta grabación
es que me perdí
la nave no avanzaba y deseé
vivir en Madrid.

 

POETA DE GUARDIA

Gloria Fuertes

 

 

EL HOMBRE ES ESTO QUE DUELE

El hombre es esto que duele,
el hombre duele cuando viene,
cuando se marcha,
cuando se queda,
cuando se espanta.

El hombre es sabio cuando imita a los pastores.

El hombre es esto que vive,
que canta, que muerde,
que sangra.

El hombre es sabio cuando imita a los pastores.

El hombre es esto que grita,
que calla, que embiste,
que danza.
El hombre es sabio cuando imita a los pastores.

 

 

 

TODO ESTÁ PREELEGIDO

Fuerzas invisibles
nos empujan al vaso o a la locura,
a estrechar una mano
o a cortar una vena.
No elegimos amigos
tampoco profesiones
y ni elegir podemos la forma de morirnos,
(quitando los suicidas)
y tampoco ellos van al lugar preferido.

 

 

 

JERGÓN DE RECUERDOS

Que todos necesitamos
un cuarto de soledad,
un kilo de llanto llano;
una alcoba sin nadie,
un páramo,
un jergón de recuerdos
donde sufrir a gusto.

 

 

 

CÉLEBRE

Es un aburrimiento
cuando te duelen las muelas de los oídos de los aplausos
entonces empiezas a creer que eres algo
‒algo inútil si no ves a alguien a tu lado‒.
Cuando soplan las trompetas de la fama en tus oídos de fauno,
y no hay nada que te cure las orejas de ese espanto…
¡Qué inutilidad de autógrafos!

 

 

 

COMO ESTAR ESTÁS SOLO

Como estar estás solo,
como estamos tan solos,
pensamos en aquello,
en aquello imposible
como acariciar el mar
o comerse una carta
o besar un lagarto.
Como estar estás solo,
como estar estás harto,
enciendes cigarrillos
por no encender rencores
que dicen que es pecado.

 

 

 

VENECIA

La isla‒cementerio
está entre dos canales
‒sería facilón llamarlos Ser, Noser…

allí viven los muertos rodeados de nada
‒digo de agua‒
porque el agua no es nada si no se tiene sed.

 

 

 

POEMA

La soledad te mancha,
la tristeza te expone,
a cometer pecados ‒sin nombre‒.

Estoy con los que nadie está.
Con los que tienen vómitos de lágrimas
y nadie les va a visitar.

Y me pone nerviosa ese viejo envidiable
que le da por ir al Cementerio a pasearse.

 

 

 

CUANDO TE NOMBRAN

Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.

Mi locura sería deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo me asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.

Mi locura sería
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada,
como volverse loco y repetir tu nombre.

Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
‒Siempre dice lo mismo ‒dirían a mi paso,
y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.

Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
‒los jueces y los santos no van a entender nada‒.
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.

 

 

 

POÉTICA

¿Para qué a estas alturas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpreocuparme
‒escribir en revistas, hojas muertas o libros?
¿Para qué interesarme por un nombre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi ya tengo el tuyo y el mío?
¿Para qué indiferencias, conferencias,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxantologías, mitos?
¿Para qué recitales, traducciones,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi ya está todo dicho?
He cambiado
de técnica y de estilo.

¡Y manos a la obra!

Escribir sobre tu cuerpo
con los dedos mojados en el vino.

 

 

 

A X.

Sólo a ti servidumbre entera,
yo la rebelde a todos los feudales,
sólo a ti sin freno vasallaje
sin límites de escudos ni fronteras.
Por ti, aprenderé a arrodillarme
¡sólo ante ti! ‒mi sangre me lo ordena‒.
Te amo,
xxxxxxxxporque eres mi amo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx‒mi amor y mi amo‒,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy si quiero mi siervo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpero no quiero.

 

 

 

VIENE LA AUSENCIA

Viene la Ausencia
a llenarnos de piojos, de tristezas,
a meternos de patas en la acequia,
a comernos la paz de la despensa;
viene la Ausencia
y nos ultraja encima de la mesa,
y se acerca
a rozarnos las costras de su lepra,
se sacude su capa de miseria
y nos deja garrapatas de angustia
arácnidos de pena.
Viene la Ausencia
y nos deja de pasto de la niebla,
es decir, ahogados en la arena.

Y el deseo se viste de vino
y el vino de pena
y la pena de soledad
y la soledad se disfraza de tristeza
y la tristeza otra vez de soledad,
y la vecina de enfrente no entiende
nada de este carnaval.

 

 

 

RETRATARME PARA DARTE LA FOTO

No es suficiente, poderte mirar hondo,
ni basta con los dedos señalarte la risa.
No es nada olerte el pelo,
ver tu danza,
escucharte la voz
ponerla en cinta.
No es suficiente no, soñar contigo
rezar para que vivas,
retratarme para darte la foto,
escribirte en la noche
con obsesión pensar en tus maneras…
¡No es suficiente no, darte la vida,
ni decir a la gente que te quiero,
ni entregar al mendigo mis ahorros,
ni quemar el pasado es suficiente!

 

 

 

MINIPOEMAS (selección)

Mientras mi corazón en el silencio
como un olivo viejo se retuerce
oigo mi nombre;
…es sólo el eco del recuerdo al chocar con la ausencia.

xxxxx***

Por la calle venía una verdad dando tumbos.
Ya no era un hombre,
era una verdad dando tumbos.

El vino desde dentro del hombre hablaba.

xxxxx***

La bondad de las personas
se les nota cuando pierden
(observar el colorido del vencido).

xxxxx***

Para seguir viviendo,
o grandes dosis de inteligencia,
o nada de inteligencia.
Sólo se suicida la clase media.

 

 

 

EN LOS BOSQUES DE PENNA. (U. S. A.)

Cuando un árbol gigante se suicida,
harto de estar ya seco y no dar pájaros
sin esperar al hombre que le tale,
sin esperar al viento,
lanza su última música sin hojas
sinfónica explosión donde hubo nidos‒,
crujen todos sus huesos de madera,
caen dos gotas de savia todavía
cuando estalla su tallo por el aire,
ruedan sus toneladas por el monte,
lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
van a su encuentro las ardillas todas,
presintiendo que es algo de belleza que muere.

 

 

 

VIAJE SIN LLEGADA

La Tierra como león enjaulado
da vueltas alrededor del Sol
con su cadena de hombres.

Desde que hemos nacido viajamos
a ciento doce mil kilómetros por hora;
la Tierra no se para,
y sigue dando vueltas,
por eso siempre hay olas
por eso envejecemos tan deprisa,
por eso estamos locos,
porque toda la vida haciendo un viaje sin llegada,
cansa mucho los nervios.

 

 

 

ELEGÍA A MI CORAZÓN (al que quiero mucho)

…Y no te faltará corazón mío
si dejas de saltar y de arquearte,
que no te faltará tu caja fuerte…
de la mejor madera ‒carne y hueso‒;
yo misma tu ataúd, no te preocupes…
Así que no irás solo ‒nada de eso‒;
tú me has acompañado siempre viva,
e iré contigo para donde sea
iré contigo, corazón amigo,
contigo ‒ya sin ti‒ muerta de pena.

 

 

 

LAS COSAS

Las cosas, nuestras cosas,
las gusta que las quieran;
a mi mesa la gusta que yo apoye los codos,
a la silla la gusta que me siente en la silla,
a la puerta la gusta que la abra y la cierre
como al vino le gusta que le compre y le beba,
mi lápiz se deshace si le cojo y escribo,
mi armario se estremece si le abro y me asomo,
las sábanas, son sábanas cuando me echo sobre ellas
y la cama se queja cuando yo me levanto.

¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?
Como perros las cosas no existen sin el amo.

 

 

 

Fuertes, Gloria. Poeta de guardia. Barcelona; Ed. Lumen, 1979.

 

SI TE LLAMAN NO ES MI VOZ

Isabel Bono 'Si te llaman...'

 

 

Tú no sabes lo lenta que soy cuando recojo la mesa
al deslizar los cubiertos sobre el plato
para empujar los restos de comida a la basura.
Tú no sabes que prefiero que el helado se derrita
que siempre acabo volcándolo en el suelo
para que el gato se lo coma.
Tú no sabes que el gato se llama Galileo
y que fue mi padre quien le puso ese nombre.
Cuando alguien deja de quererte
el nivel de los pantanos no es un tema prioritario
y yo llevaba una semana olvidando cerrar el grifo
mientras me cepillaba los dientes.
Sin embargo, no encontrar aparcamiento en toda la manzana
hubiese sido una tragedia.
Menos mal que te llevaste el coche.

Cada uno llegó con su vida. Una vida cada cual
más una vida juntos
rompe cualquier principio matemático,
pero cuando las cuentas salen
y una vida para dos suma tres
no hay teorema que lo avale.

Soñabas y te caías a pedazos.
Yo limpiaba debajo de la cama y entre pelusas (blancas)
encontraba botellas rotas. Me causaba un dolor inmenso
barrer el futuro que había imaginado para nosotros.
Deseé que todas las nubes
descargaran sobre mi cabeza. Y llegó el invierno más triste.
La lluvia lo limpia todo
pero llena los bares de parejas con frío y calcetines húmedos.
No estás por más que te mire.
No volveré a tocarte, pensé aquella noche. Cuando me dejes
me marcharé de esta ciudad. Mentira.
El Capitán Marlow, dijo:
Un barco es muy parecido a otro
y el mar es siempre el mismo.
Ceesepe, dijo:
Sustituir un caballo por una escoba
y demás sueños que pudiéramos tocar con las manos.
A ver cómo lo explico:
tú no estabas, la ciudad dejó de importarme
y celebré la llegada del nuevo siglo con un año de retraso.
xxxxxx‒El amor acaba con los principios.
La muerte también (no llegué a decir).
Cucarachas, ratas, palomas y gallos. Tigres de bengala.
Nunca me gustó Rousseau.
Te mentí muchas veces.

Todo esto no ha pasado aún. Mis palabras
no son más que el mapa de un tesoro
que nadie quiere desenterrar.
Así que custodia bien tus recuerdos
para cuando vuelvas a mirar la playa
y yo no esté allí para cantarte estribillos.
Esta historia también eres tú:
un ejército de peces vaciándome.
Pero no olvides que
nada tengo que ver contigo ni tú con esto.

Quedamos en que vendrías.
La mentira más grande: descubrir
un gel de litro en tu bolsa de viaje: se suponía
que venías para quedarte.
Dormir en el sofá se hizo costumbre.
Después de incendiarme la cabeza
como en un cuadro de El Bosco
y decidir que Dalí era el más grande de los impostores
me pediste un secreto.
xxxxxx‒Siempre uso camisetas de rayas.
Llorábamos como críos por algo que nos traía sin cuidado.
Te duchaste vestido (de eso tienes que acordarte)
y, para consolarme me contaste
cómo tu mujer se volvió loca
y rompió una a una todas las tuberías de la casa.
Queda demostrado que no sabíamos beber.
Desayunamos en un chino y te acompañé al aeropuerto.
Primero Berlín, después Londres.
Total, para fotografiar el miedo en una cornisa
y vivir con un gato.
Te olvidé al tercer día según tus cartas. Las mías
dijiste, siempre decían lo mismo.
De la casa conservo la llave de tu cuarto.
Podía haber sonado Car más de cien veces en mi corazón
pero Doug todavía no la había escrito.
Samuel Barber hizo las veces.
xxxxxx‒Sácame de aquí.
Tú tenías un sueño. Mejor: Tú no tenías sueños.
De otro modo tendría que contar
que se nos hizo de noche.
Nuestros corazones dos juguetes de plástico
abandonados en la orilla.
xxxxxx‒Si me encierran, ¿vendrás a verme?
Ruido de pelota golpeada por palas de madera
casi idéntico al toc-tac de un reloj de pared gigante
y desincronizado. Reloj con arritmia.
Recojo y me largo.
He venido a descansar, no a matar el tiempo.
Si supieras qué absurda me parece esta sombrilla
y estas estrellas (de mar) movidas por ningún amor.
Qué absurdas esas risas
el calor y los filtros solares.
Yo quería tormentas, no este sol espléndido.

Así comenzó este peregrinar por playas
a las que sólo se llega andando.
Calas enrocadas, jaque mate, amor, jaque mate,
que he perdido en la resaca la mitad del bikini.
Aun así sigo buceando.
Ya sabes que aguanto más de dos minutos sin respirar.
Rastreo el fondo: desde aquí abajo podría jurar
que aquellos meses fueron unas vacaciones pagadas
en un balneario decorado por Chejov.
Cada noche Dj’Kundera
pinchaba el Hit Parade en el salón de bailes.

¿Ves a esa mujer? Podría ser yo, pero yo nunca tuve deseos
de caminar descalza más allá de tus ojos. Miraras o no.
xxxxxx‒Hay sueños que es mejor no descifrar.
Frases largas para preguntar, cortas para responder.
Mis respuestas eran dibujos en la alfombra
como si la alfombra fuese esta arena
donde (ahora) escribí tu nombre
antes de que el mar se lo llevara una y otra vez.
Me dolía el aire. Tal era la velocidad.
Aun así teníamos que haberlo intentado. Yo:
mezclar tus óleos con secativo de cobalto.
Tú: leer en voz alta mis poemas. Yo: acentuar tus esdrújulas.
Tú: chupar mis pinceles (tu saliva)
hasta que cada punta fuese una aguja.
Y todo por ver cómo cae la noche (decelerada)
con una sola ambición
sin un mal gesto, con un hambre de siglos
y rendidos preguntarnos cuánto más o nada más.
Si seguimos esperando o ya hemos llegado al the end
de esta novela rusa que es la vida.

En resumen: elegí un pueblo pequeño, llegué de noche
y vi la H encendida sobre la bahía.
No tenía con quién pasar la mañana
y pasear en barca fue sólo una opción entre mil.
Imposible equivocarse. Después,
los cobardes, le llamarán casualidad.
En resumen: en algún lugar
hay dos cuerpos tumbados en la playa
y ninguno es el mío.
Mientras, me maquillo de aftersun para nadie.
Y te recuerdo que no me diste tu teléfono.
En resumen: el futuro será una página escrita.
xxxxxx‒No te despiertes, amor, ya me encargo yo.
Ciao mare, oí decir.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

RÍO ARGA 123 (3er trimestre 2007)

Arga 123

 

 

AURELIANO CAÑADAS

SI SOY ESE VACÍO

Si soy ese vacío donde el tiempo
sustituye una máscara por otra,
dime cuál guardarás: ¿la de aquel niño
que vio a la gata ciega devorando a sus crías?
¿La del adolescente que se entregó en secreto
al vicioso fulgor de las imágenes?
¿Ésta que los espejos apenas reconocen?
¿La que sabes y callas?

 

 

 

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

CITAS CON EL DICTADOR

Recibo la visita de mi enemigo.
Llevaba algunos años sin verlo
y, con algo de lástima, examino
su aspecto arruinado por la edad,
su traje de olvidada moda,
su valija de oscuridad inocente.

Aunque en lejanas geografías,
hemos envejecido juntos.
Nos saludamos con sorna que calcula
el mutuo hundimiento.
Yo, la víctima, sólo he abandonado
los dones momentáneos de la juventud.
A él, mi verdugo, el tiempo le ha roído
los cimientos de toda fuerza:
el misterio que impone su distancia a los otros.

Dolor, he aprendido tus maquillajes.
Construí un refugio de resistencia
en la penumbra que fuiste
durante las horas de tiranía.

Ahora, dolor, déspota senil,
me observas con inquina endeble
que parece un achaque de tu ocaso,
te contesto sin levantar la voz,
con odio liso.

Casi me apena cuando quiere amenazarme
con esa luz vaciada.

 

RÍO ARGA Nº 118 (2º trimestre 2006)

Arga 118

 

 

XABIER ETXARRI

ITSASPEKARI

xxxxxxxxxxxxxxxxA Mikel Laboa

Hegazti errariak pausatu dira leihoan
xxxxxxxxxxsirvias y sargos, merecido homenaje a su muerte,
xxxxxxxxxxgastronómico deleite a la plancha y sin limón
el fadista teixe con fillo d’algodao las suas lembranças
xxxxxxxxxxel otoño baja con los tobillos fríos y azules
xxxxxxxxxxa sembrar silencio en las playas tristes
nere andreak ekarri zuen Aranaztikan dotea
xxxxxxxxxxolor a pescado en las manos asesinas
xxxxxxxxxxque arrancaron de su mundo a los que ya no aletean
y se van sota la fosca plutja
xxxxxxxxxxmientras intento analizar sin hacer ruido
la riqueza d’un instant.

 

 

EL DIFÍCIL CORRECTO MANEJO DE LOS INSTANTES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
Porque apenas una nevada es toda esta vida
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtras los fríos horizontes de las montañas.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAnteparaíso (Raúl Zurita)

Porque apenas una nevada es toda esta vida tras los fríos horizontes de las montañas
resulta de vital importancia el correcto manejo de los momentos, su disfrute
sin el perturbador filtro que mirar más allá provoca en ellos;
pero es la distancia entre la teoría y la práctica tan enorme,
tan difícil no pretender estirar los momentos, arrancarlos de sus moldes,
que al final volvemos a ser esas minúsculas sombras que se internan
bajo una indolente y fina nevada, lejos, tras los fríos horizontes de las montañas.

 

 

 

 

ADOLFO MARCHENA

VIRGINIA WOOLF EN EL JARDÍN

Hablan de posesiones voces lejanas y columnas
vertebrales extraviadas, billetes de vuelo en
agencias contratados, que nos habrán de llevar
a vírgenes paraísos para recordarlo luego todo
en celuloide. Invocación de las fuentes y
callejas, de habladurías en espacios acuáticos,
canales adiestrados como semáforos enfermos
en el ámbar. De tu mano la pluma me seduce
y nada queda derramado, ni siquiera la
desesperación y el sentimiento a convocarte.
Virginia juega en el jardín con nenúfares
sagrados y acomete párrafos furiosos de
un Orlando trastornado tratando de encajar muros
de ladrillos arcillosos que se pegan a la mano.

 

 

MI MADRE ME DIJO MAÑANA

Y nunca, hijo, vuelvas miserable al lugar donde
abandonaron un día tu infancia innecesariamente, ni
tampoco consumas todos los recuerdos impidiendo
la satisfacción de la mañana. Anuncian luminosos
rostros y cuerpos con ropas estériles y desgastadas,
devastados parajes de animales anclados y dormidos.
Nunca vuelvas, hijo, para matar a tu hermano, no son
guijarros cuanto arrancas de su cándido río sin peces.
Si quieres descomponer desgrana tu cuerpo miembro
a miembro, y en la última molécula respira, porque yo
no soy tu madre, hijo, y renace si tus cenizas aún
tiritan, renace y no amamantes de ninguna loba.

 

JESÚS MAULEÓN

TONTOS
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx”Stultorum infinitus est numerus”
xxxxxxxxxxxxxxxxxx(De una traducción antigua de la Biblia)

El número de tontos es infinito.

Conozco tontos como el aire o el pan
y tontos complicados como una red de redes.
Hay tontos previsibles,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtal la salida del sol,
otros imprevisibles como un terremoto.
Tontos sin más o tontos disfrazados
de títulos sonoros,
es decir, tontos simples
y tontos de solemnidad.
Por el mundo trajinan
tontos por propia cuenta y tontos útiles,
aunque todos sepan hacer de la inutilidad una fiesta.
Tontos he visto
a los que les salía la estulticia por los ojos,
o por la boca,
o, expresado quizá técnicamente,
tontos de llorar y tontos de baba.
Bien es verdad
que la estulticia admite grados
y hace a quienes atrapa
tontos parciales o tontos integrales,
tontos por horas o a dedicación completa
(¿cómo saber si hasta en sus sueños
no cesan de ser tontos?).

Este poema tonto y mentecato
no lo he compuesto yo. Nadie me culpe.
Si os preguntan, decid: “Es un poema apócrifo”.

Muy rara vez un tonto
al que no se le apunta con el dedo
se da por aludido.
Si aun así hubiere alguno
que se tomara a ofensa mis palabras,
yo, sin mayor esfuerzo y escuchando
con atención mi inteligencia plana
y su hilito de voz,
confesaré sin más y sin rodeos
que no descarto ser, en fin, sobran indicios,
un tonto de remate.

 

 

 

 

ALFREDO RODRÍGUEZ

ENCUENTRO CON AL-MUTANABBI

La noche en que nos recitaste al viejo Mutanabbi
Con esa voz tuya tensa, cavernosa
El ambiente perfecto en los Cuatro Gatos
Para luego salir de allí amándolo
Ya de regreso al hotel por calles antiguas
Esa atmósfera de intimidad tan lograda
La rosa sobre la mesa, el micrófono
La figurilla del elefante, el tapete rojo
Y las fotos de Carmen detrás envolviéndolo todo
Ese crepúsculo de roro entre columnas griegas quizá cabo Sunion
Y aquellas manos fuertes que abrazaban un cuerpo de mujer
Que luego resultó ser parte de El Rapto de Perséfone

La emoción contenida, la ansiedad por escucharte
Recitar poesía por primera vez esa escena largo tiempo deseada
La noche que entró en nuestro mundo
El mayor poeta de los árabes como decía Emilio García Gómez
El clásico más vivo en la conciencia de los pueblos islámicos
Y cómo recitabas aquellos versos emocionantes sobre una batalla
Para después fingir con una mirada solitaria desde el fondo del local
Que no era para tanto, que no podía emocionarme algo así tanto
La antigüedad musulmana en tu voz quebrada
Aquel esplendor aquel mundo aparte, desconocido para todos nosotros
Aquella noche mágica de abril en el Sur
En que nos hiciste amar al viejo Mutanabbi ya para siempre
Luego al salir de allí en un aparte, me comentaste
Esto no lo busques, no lo encontrarás en ningún sitio

Pues bien, querido amigo, hoy lo he encontrado
Ha llegado hasta mis manos en una vieja traducción del 59′
Lo tengo aquí ahora delante mientras escribo
Y es mío todo el orgullo de su Arte
Oscureciendo el mundo anterior y el que haya de venir
Ante mis ojos por fin la traditio beduina, la qasida antigua
Las flores de Persia, el amor a la guerra y a las Letras
Y esas palabras vanidosas del Poeta antiguo
Que me abren una senda nueva, un viraje en el camino

Mis versos irán al Oriente,
Hasta donde ya no hay más Oriente,
E irán al Occidente,
Hasta donde ya no hay más Occidente

 

RÍO ARGA 115 (3er trimestre 2005)

Arga 115

 

 

IÑAKI ECHARTE VIDARTE

BLUES

xxEres azul cuando bailas, a pesar de tu sonrisa. Incluso ella
xxDejo el texto a medio terminar: una frase sin punto, una idea incompleta. Es la hora en la que prometí llamarle.
xx-Hola. ¿Qué tal?
xx-Bueno.
xxY ya sé lo que vendrá después. Escucho.
xx-No sé qué hacer. Debería cambiar de piso. Debería volver a bailar, dejar de dar clases de inglés. Quizás debería
volver a Chicago; mi madre me necesita.
xxLo de siempre. Nada nuevo.
xx-Quizás deberías hacer algo, lo que sea, sin pensarlo tanto.
xxEn estas ocasiones me siento como su madre.
xxCuando cuelgo me cuesta recordar dónde lo dejé todo: la frase sigue cortada y no puedo recordar la idea completa, siempre me falta algo.

xxPintas azul. Y yo no aparezco en ninguno de tus cuadros.
xxNo recuerdo qué película vimos. Pero sé que fue nuestra última película. Nuestras rodillas miraban hacia los asientos vacíos de al lado y en ningún momento se rozaron. Nos cedíamos el turno para coger las palomitas (antes lo divertido era intentar cogerlas al mismo tiempo que entorpecíamos el camino del otro).
xxAl salir caminamos agarrados de la mano, pero cualquier excusa era buena para no mirarse a los ojos o para evitar hablar de planes de futuro.
xxSé que pasamos varias veces por el mismo lugar, que antes de llegar (a su portal) queríamos decirnos algo, pero lo ocultábamos argumentando lo bonita que era la noche y las ganas que teníamos de caminar.
xxAl fin nos paramos, a cien metros de nuestra primera cita, a quinientos de su casa, ya lejos de aquella pareja que habíamos sido.
xxAllí, quietos, mirándonos a los ojos, nos dimos cuenta de todo. No habría hecho falta decir nada, pero lo hicimos. Nos dijimos cosas que ya sabíamos, palabras que, en cierto modo, nos unían de otra manera.
xxA partir de aquella conversación supimos que cada uno seguiría con su propia vida, con el lado contrario de la cama vacía, pero con un hueco de café para el otro, una llamada de teléfono desde el otro lado del océano, o unas palabras de ánimo en versión original.

xxTu mirada de ojos avellana es azul.
xxDoy un abrazo (y dos besos) a mi madre, un abrazo a mi padre, la mano a mi hermano.
xxMe quedo dormido en el tren.
xxVuelvo.
xxDejo la maleta junto a la puerta.
xxQuiere mostrarme lo que ha preparado para esta noche.
xxPrefiero que me muestre otras cosas.
xxSuena el teléfono.
xxNos vestimos corriendo.
xxSubimos por la calle, llenos de botellas y comida.
xxSandra, borracha ya.
xxAlberto, ese que baila tan bien, ¿te acuerdas?
xxJuan me llena la mano de grasa.
xxDesde la terraza se ve el reloj de la Puerta del Sol.
xxSergio y Marta, ¿Sergio y Marta?, en la habitación, supongo.
xxUn brindis por el buen año que tendremos.
xxLejos se oye el murmullo, cada vez más cerca.
xx¡Las uvas!
xxRuido. El beso más largo de la terraza. Una copa se cae. Sandra se pone a llorar.
xxMirándome a los ojos me dice que me quiere.
xxLe abrazo.
xxAbrazo a Alberto, Sandra me salpica con champán derramado.
xxSuena mi móvil.
xx¡Feliz año, mamá!
xxLa luz entra por la ventana y me hace daño en los ojos.
xxNo me muevo.
xxSu cuerpo reposa medio descubierto a mi espalda. Enseñando un hombro, una pierna, el cabello desde donde se asoma su oreja.
xxEn el baño reflejo un cuerpo desnudo en el espejo.
xxMis ojos deben estar tras el desenfoque, entre el enrojecimiento, sobre las ojeras.
xxMe siento en el sofá, ante el televisor.
xxCreo que echan el programa de anoche, repetido otra vez.
xxVuelvo.
xxMe quedo dormido en el tren.
xxDoy dos besos (y un abrazo) a mi madre, un abrazo a mi padre, la mano a mi hermano.

xxTu sonrisa es azul envuelta en humo de hachís.
xx-Yo te he visto antes. (Y al final resultó ser verdad)
xxPausa.
xx-Yo quiero verte después.
xxMe invita a beber de su copa. Nos sentamos. El resto baila a nuestro alrededor.
xxHablamos. Me da la sensación de que ya nos conocemos, de que hace mucho que no nos vemos y tenemos que ponernos al día.
xxCuando las copas se vacían se ocupa de llenarlas.
xxCuando los cigarros se consumen soy yo el que los ofrece y los enciende.
xxNos apetece bailar y ya no queda nadie. Y es tan tarde que sólo podríamos hacerlo sin música y en cualquier sitio.
xxBailamos entre un amanecer y un templo egipcio, sin cigarros y con la voz a punto de apagarse.
xxNos despedimos con el primer beso, el que siembra, con una semilla se secuoya en un papel que guardamos con cuidado en la cartera.

xxTu vida es un blues, según me cuentas.
xx”Hoy me ha llamado de nuevo, [todo el mundo está jodido y luego morimos] y me mandará un mensaje, y seguro que tengo un e-mail suyo. [do it your dream your life] Yo quisiera ayudarle, ¿pero qué quieres que haga? [estamos en el mismo barco. Busco y no encuentro tb] Siempre es lo mismo; lamentos, penas. Como si a mí no me pasara los mismo. [i want 2 escape my miserable life] Yo ya no sé qué puedo hacer. De hecho cada día hago menos. Le escucho y le digo lo de siempre: [toj#] no hay nada que los demás podamos hacer. Todo está en sus manos.”
xx-Estoy pintando otro cuadro.
xx-¿De qué color es?
xx-No es azul, si eso es lo que quieres saber.

 

 

 

XAVIER ETXARRI

HAY LUZ

Hay luz,
hay luz adecuada para,
atmósfera con la pesadez precisa,
viento ligero, rumor lejano,
presión osmótica en la frente,
hueco en el hueco,
quietud detrás de la mirada
en la zona que oculta la retina.

Había luz,
había y transcribiendo instantes
ya no hay más que palabras;
sortilegios y magias pasaron de largo,
puertas y ventanas fueron descritas,
nunca escrutadas,
volvieron a cometer el error de los poetas:
perder el momento de luz
intentando atraparla en un verso.

 

NO SÉ LO QUE BUSCO, …Y POR ESO NO LO ENCUENTRO

Puedo encontrar billetes usados de autobuses
que nunca salieron de su dársena,
azulejos rajados sobre mesas
empujadas al olvido entre humedades.
Puedo encontrar agujeros en las muelas,
mentiras vaciadas, sandalias rotas.
Puedo encontrar nieblas antiguas
atrapadas en los huecos de los árboles,
gritos de milanos fallecidos
vibrando todavía entre las piedras.
Puedo encontrar las sombras de las gentes
que hace tiempo vivieron en la casa,
sus monedas enterradas en la huerta,
su ilusión pudriéndose en la cuadra.
Puedo encontrar indiferencias, tiempos perdidos,
vigas curvadas por la tristeza
del que se sabe camino del fracaso.

Puedo encontrar el viento, el bosque
surcado en la noche por luciérnagas,
el aburrimiento goteando lentamente,
las huellas en la senda equivocada.
Puedo encontrar la idea de acabar,
de cerrar el poema ahogado en la hojarasca.
Puedo encontrar lo que nunca perdí,
lo que nunca dijiste,
el centímetro que me desvió de la ruta
y que ahora, kilométrico, me pesa
escondido entre dos versos y un silencio.
Puedo encontrar una sonrisa, una promesa,
una voz en un teléfono arrugado.
Puedo encontrar muchas cosas pero por mucho que busco
todavía no he encontrado mi señal entre la niebla.

 

SOLSTICIO QUEMADO EN SOLEDAD A SOLEDAD LLAMA

Jirones usados, cajas con Mamarros, Magia,
misterios que unen al roble y a la hoguera,
firmamento hoy oculto tras la nubes,
todos los antepasados muertos y tristes,
mis manos abiertas hacia la noche.

Hay diferentes realidades dentro de la misma esfera,
todas se tocan en algo que brilla oscuro
y las nuestras arruinan la hierba mojada,
por eso ya nada espero,
las estrellas mueren en soledad y siguen vivas
hasta que en tu realidad su luz se apaga;
como ellas, creo que llevo muerto muchos años,
y vosotros todavía no os habéis enterado.

 

 

 

FÁTIMA FRUTOS

LA ÚLTIMA TRINCHERA

En esta penumbra de blues y ginebra
donde los hielos espantan la soledad
sobre el mismo taburete rojo
‒cómplice y testigo de nuestros anocheceres‒.
Aquí, donde las luces nos vuelven la cara
al abordaje de musas sin sueño.

En esta penumbra de sombras y ritmo
donde un piano naufraga en tus dedos
ante la misma áspera barra
‒abismo y condena de nuestros secretos‒.
Aquí, donde los sorbos templan el olvido
al asalto de recuerdos sin cerco.

Te encuentro de nuevo.

Que por qué la poesía, ‒preguntabas‒.
Que por qué el tango y la voz,
el cine y la noche,
tu risa y mi pecho.

Que por qué una tribu de sentidos
nos había atrapado el cuerpo.

En esta penumbra de humo y heridas
donde un foco azul seduce mis versos
con el mismo mar de fondo
‒patria y bandera de aquellos besos‒.
Aquí, donde las almas se desnudan en el espejo
a la búsqueda del auténtico yo sin dueño.

Te respondo de nuevo.

 

 

 

 

ELMYS GARCÍA RODRÍGUEZ

SU ÚLTIMO GRITO SE DISUELVE ENTRE NOSOTROS

La muchacha que todos veíamos
asomar a la ventana
partió en silencio,
las piedras
la humedad de la casa
me traen su memoria,
una paloma anidó en sus ojos,
las flores blancas
quedaron dispuestas en la mesa.
Quién limpiará los cristales
de su ventana,
los cristales que abren fuego
al anochecer infinito,
su voz se hunde
en lo ancho de esta isla,
con los brazos extendidos
abarcó el horizonte de sus piernas,
su frágil palidez
gravita en la penumbra
en estas horas íntimas del reposo.
Sobre el mantel
quedan los restos de su vestido,
su último grito
se disuelve entre nosotros,
otra vez
la calle desnuda ante mis ojos,
las piedras,
la humedad de la casa,
los recuerdos.

 

EL DERROTADO

xxLa colcha no le alcanza para cubrir sus pies, dejando al descubierto unos dedos largos y rígidos. Afuera el agua golpea insistente contra el cristal de la ventana. Siente temor; siempre el mismo temor, la esposa ausente hace diez años, los hijos que nunca retornaron. Su vida es un batir de alas sobre una colcha blanda.

xxEl mal carácter lo ha vuelto huraño, su falta de valor frente a las disyuntivas y la ausencia total de optimismo lo han convertido en un hombre sin criterios. Otros a su edad conservan sueños, él sólo espera el abrazo de la muerte, acechando constante sus rodillas, su esqueleto fugaz.

xxEstá queriendo incorporarse, busca por las paredes un clavo donde colgar su honor. Termina por levantarse y arrastrando pesadamente los pies sale del cuarto. La lluvia sigue lamiendo con ansias las calles, él abre la puerta y sale, creyendo que así podrá variarle el curso a las tempestades.

 

 

 

 

SANTIAGO LARRETA IRISARRI

HAIKUS

pasan volando
persiguiendo mosquitos
junto al alero

 

por la ventana
se cuela la polilla
a ver la luz

 

tras la ventana
olvidado el verano
está lloviendo

 

brillan las gotas
en la hierba segada
y qué bien huele

 

cesa de llover
y se adivina el olor
de las raíces

 

arreglo la mesa
dos velas y unas flores
por si vienes

 

ni veo al gorrión
tan alta está la yerba
en el jardín

 

lenta y pesada
acostada en las nubes
pasa la tarde

 

pelma molesto
sabemos que es verano
no calla el grillo

 

tras la tormenta
nunca se vio tanta agua
por eso croa

 

no estás llorando
porque piques cebolla
te acuerdas de otro

 

dos mariposas
vuelan hacia los niños
son inconscientes

 

estiro los pies
libres sin zapatillas
todos se han ido

 

vuelvo del campo
y arrugas el ceño
se ha hecho tarde

 

cuarto menguante
en el cielo meriendan
melón helado

 

solo en el plato
cíclope hepático
el huevo frito

 

 

 

 

SALVADOR MUERZA

SIEMPRE EROS

xxxxxxxxxxxxxxxMujer, trátame con ternura

Yasmine,
Ni te llamas Mesalina
Ni en el imperio romano
La pandemia del sida
Asoló Pompeya.

Eran otros tiempos promiscuos…

Ahora se imponen las reglas,
La cordura o el miedo.

Bésame solamente,
Protégete de efluvios de alto riesgo.

Quererse es un acto heroico.

 

 

 

 

ALFREDO RODRÍGUEZ DOMÍNGUEZ

DIARIO DE VENEZIA, 1º DE ABRIL DE 2005

(Otro día aún más azul que el de ayer
La luz encalmada
Venezia que huele a mar abierto
Pasando al otro lado
Entre los brotes de nuestra vida

Y es hacia las diez y media la cita junto a la Torre del Reloj
Desplegamos el plano al instante fotografiado
Hoy el paseo será hacia el Dorsoduro
Y los nervios en el estómago que apenas disimulan

Caminar delante contigo, viejo Poeta Álvarez
‒y junto a la mujer que ahora amo‒
Hasta este lugar fuera del mundo
Que se quede atrás la vida
Y todo cuanto ella arrastró consigo
Que no espera ya nada de mí
No más disfraces, no más negros lamentos

Oh, vieja vida equivocada
Adonde quiera que miremos sólo gozar
Ni sentir el tiempo siquiera pasar raudo en la piel
Como ausentes en la Fiesta, como llega la muerte
Libre, sin contar con ella
Y dejándonos guiar por este paisaje adormecido
De silencios en el aire, de palacios de oro
Hasta pasar al otro lado
Sólo mirar hacia donde el Poeta mire
Sólo amar aquello que el Poeta ame

 

CAFÉ DE LA ÓPERA

Viejos Cafés de Barcelona
Llevan tus pasos cansados hasta el mar
Ahora que por fin ya sabes qué es lo bueno y qué es lo malo
Ahora que ya conoces mejor que nadie tu cuerpo
Y el espíritu no es para ti más que una manera de hablar

Quieres sentarte un rato en las mesas del fondo entre extranjeros
En esta hora dichosa de silencio, solitario
Con un libro de poemas antiguos en la mano, quizá Dante Alighieri
Y en los labios un café muy negro

Dirige después tus pasos esta tarde
Hasta el Passeig del Born y Santa María del Mar
Que las chicas que esperan a la puerta de los peep-shows
Te miren otra vez al pasar, Rambla abajo, hasta el mar
Escucha sus risas…
Hay en sus ojos un aire caliente de cuchillos
Y tú, viajero, que sientes un suave cosquilleo
Un ronroneo en el estómago cuando las ves
Y oyes la risa en la calle detrás de ti
Sabes que aún tu corazón se estremece
Con palabras que hurgaran el Deseo

Y ahora que reina una gran calma en este antiguo Café de la Ópera
Tú, que has convertido ya para siempre tu corazón en viajero
No dudes en sentarte en una mesa del fondo a leer, solitario, silencioso
Mientras afuera la ciudad gótica desciende Rambla abajo
Con un brillo canalla a sus espaldas,
Y los cielos de la carne llevan tus pasos cansados hasta el mar

 

EL DÍA QUE LAS ESTRELLAS DEJARON DE TENER CINCO PUNTAS

Isabel Bono 3

 

Mi cerebro ya no es el centro del universo.
He venido a arder
como tus labios entre mis piernas,
como esa tristeza absurda
por no haber planeado los últimos besos.
El mundo empezaba en tu boca.
Por lo demás, nada que no sepamos.
Y es que yo te quería
con el silencio sospechoso de un campo de minas.

Nadie nos había presentado.
Nos conocíamos de vista. Ahora sé cómo te llamas.
Pareces cansado. Quizá decidiste no volver a mentir.
xxxxxx‒Me voy. Estoy cansado.
Si lo hubieras dicho así, todo habría sido más fácil.
He procurado coincidir contigo a pesar del azar.
No me ves. No sé si me buscas.
Tus ojos brillan desde el fondo de la habitación.
Demasiado ruido
demasiado torpe para leer en tus labios.
No sé si sonríes. Casi puedo acariciar tus manos.
xxxxxx‒¿Ya te vas?
Si te hubiera preguntado no habrías respondido.

Si el viento sigue moviendo las ramas de los árboles
voy a echarme a llorar.
Betancuria viajes Fred Olsen. Pasa un autobús.
Sabemos los que te gusta. ¿Sí?
El viento arrastra las hojas de las ramas
y el pelo de esa chica. Bonito vestido.
Estás tan serio. Tus ojos
resultan todavía más tristes sin gafas.
xxxxxx‒¿Qué pena tienes?
Pude decir.
Busquemos un tema. Pinalito. Agua mineral natural.
En la etiqueta han construido el paisaje
a partir de sus huecos.
xxxxxx‒¿Crees que construimos a partir de huecos?
Hablo de ti y de mí.
Si el viento sigue moviendo el farol
que cuelga del techo voy a echarme a llorar.
Ahora es todo normal:
que los barcos zarpen, que los aviones vuelen,
que tú tengas una pena.
Lo peor
no es no encontrar un tema. Lo peor vendrá después,
cuando trate de recordar nombres como
Betancuria, Olsen, Pinalito.
xxxxxx‒No sé si quieres oír esta historia.
Primero la mentira, después la calma.

Mi madre era la mujer de un astronauta amnésico.
Las estrellas (mala suerte)
sal que se derramaba sobre el mantel.
Mi padre me lo dijo mientras mirábamos en un atlas
dónde quedaba Vega.
Vimos de frente un universo redondo y azul marino
lleno de constelaciones (como tú).
xxxxxx‒Si el sol es una estrella
xxxxxx¿por qué no tiene cinco puntas como las demás?
Ni el universo era redondo, ni las estrellas tenían puntas.
Salimos a la terraza
y miramos el cielo (yo) con desgana.

En esto pienso antes de caer. Mientras vosotros
seguís con el dedo los aviones que pasan.
Yo veo baldosas (y caigo).
Sólo es una crisis de melancolía,
dijo alguien como si soñara (yo).
Después de una estrella fugaz no deseo nada.
El cielo me marea. Me dijo que descansara
que no por mucho mirarlas iban a volver. No le hice caso.
A ti también te miro (si apareces) desde entonces.
Hace un año te esperé en un coche con la radio puesta.
Coordenadas, las mismas.
Las agujas de los pinos crujen igual bajo mis pasos
cuando me acerco (no) a ti.
Y me digo que ojalá todo el tiempo perdido
fuera como tú (en mí) aquellas noches.
Después desapareciste como puntas de estrella.
xxxxxx‒Lo peor es dejar de ser un extraño.
Lo pienso, pero no lo digo. Si me preguntaras en qué
pienso,
te diría que en ti.
Y no mentiría. Esta noche desearía ser una extraña.
Una extraña a la que nunca se le niega la atención y la sonrisa.
Me desnudo. Nunca seré más suave
que en este preciso instante.
Ni siquiera mañana. Ni siquiera dentro de una hora.
Me acaricias accidentalmente el muslo
con el dorso de la mano (si estuvieras aquí).
Nunca me preguntas por qué lloro. Lo prefiero así.
Si me preguntaras no podría responderte. No sabría.
Suponiendo que supiera, no lo entenderías.
Esta piel ya no es mía.
Siendo así, tú deberías amarla como si mi cuerpo
no me perteneciera. A cambio,
yo me dejaría amar como si fuese otra.
Agua caliente para la tristeza.
xxxxxx‒No tengo sueño.
Mejor aún:
xxxxxx‒He tenido un sueño.
Me miras sin hacer ruido. Mientras
me detiene la rabia (no las manos)
y este dolor de siempre.
xxxxxx‒¿Qué nos falta o qué perdimos sin darnos cuenta?
Ahora lo sé. Es hora de empezar: Vete al infierno.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

UNA VEZ EN PAMPLONA 49

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ALFREDO RODRÍGUEZ

MYSTERIUM FASCINANS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAl maestro Antonio Colinas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPor aquella lectura de Sepulcro en Tarquinia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQue me hizo tan feliz.

Todo lo misterioso, todo lo oscuro
Todo lo que desconocemos y que está dentro de nosotros
Revelación de un misterio inexplicable
Fascinante faro que en la noche del ser
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnos ilumina

Dichosa, oh Tú, que nos permites ver
Lo que los demás no ven
Que nos haces ser y estar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde esta manera en el mundo

A qué negar que seas un don
‒y a la vez una condena
Porque me hagas ir más allá del conocimiento
Y chocar contra el mundo y su desorden miserable
Cuando escucho en mi interior
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtu Voz

Oh mi Amada, te seguiré en la noche oscura y gozaré de Ti
A qué negarlo. Me sigues siendo tan necesaria
Y debes permanecer ahí, consustancial a mi vida

No concebiré el mundo sin ti
Mi vieja Amada, mi dulce muerte
Hablaré con palabras que no sean de nuestro tiempo
‒no dialogaré con la dura realidad elemental

Que sea tu Canto concebido
Un mensaje de todas las épocas
A contracorriente
xxxxxxxxxxxxxxxxEn otro estrato
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn otro plano

Que sea tu Palabra
Nueva y diferente

Palabra luminosa

 

UNA VEZ EN PAMPLONA 48

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JAVIER PÉREZ

FRAGMENTOS DE UN MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA CONTAR OVEJAS

xxxxxI

xxPara dormir, cuéntese sobre todo ovejas blancas. Contar ovejas negras tiene el inconveniente de que no siempre se distinguen en la noche, ni siquiera en el lubricán, e incluso pudiera ser que el aspirante a durmiente se contagiara de sus ideas. No queremos que el insomne logre el sueño al precio de adquirir ideas antisociales. Además, es sabido que en el lomo de las ovejas negras se posan los mirlos blancos, y no es conveniente que el insomne cuente entelequias. Podría incluso pensar que existen. (Si ya de por sí el insomne es un poco borrego, contar ovejas puede desarrollar esa faceta de su personalidad.)

xxMucho cuidado si es un filósofo el insomne. Que no se entretenga en la idea platónica de oveja, pues es una, indivisible y perfecta. Le recomendamos que se abstenga de mostrar muy evidentemente su desprecio ante las copias imperfectas de dicha idea. Aunque no dotadas de muchas luces, las ovejas tienen su pundonor. Quizás el aristotelismo sea más conveniente. (Conozco a un filósofo que prefiere contar hipopótamos; los filósofos, en general, suelen ser tipos muy raros.)

xxLos filósofos cartesianos nunca duermen bien, pues siempre tienen el temor de que el geniecillo maligno embrolle deliberadamente el número de reses y así pasan toda la noche contando y recontando la misma oveja, haciendo una tela de Penélope de un simple rebaño. (Es más, hay quien afirma poder reconocer a un filósofo cartesiano sólo por la expresión soñolienta que sigue mostrando incluso a media mañana.)

xxxxxII

xxLos correctores, por deformación profesional, cuentan gazapos. Es más sencillo que contar liebres, ya que éstas saltan donde menos se piensa, y no es que el durmiente se confunda, es que muchas veces ni ellas mismas saben si son la misma o no. Además, algunas liebres adquieren muy pronto la censurable costumbre de morder en el índice al somnivolente, lo que no augura precisamente sueños agradables. Guillermo Dorro consiguió erradicar tan fea costumbre untándose el dedo de pimienta, pero las liebres, en venganza, se pusieron a saltar delante de él a velocidades insospechadas, y así murió insomne a los ciento nueve años.

xxxxxIII

xxLos lobos tienen poca paciencia para contar ovejas. No se sabe de ninguno que haya llegado a contar más de trece, y ya es mucho. Por regla general cuentan hasta tres y a continuación se comen a la que tengan más cerca. Al acabar se echan la siesta, y así es como se les cura realmente el insomnio.

xxEn cuanto a las teorías que atribuyen al lince una mayor resistencia, están por comprobar, a pesar de los experimentos que con tal objeto ha realizado la investigadora francesa Mme. Vassaire Queneau.

xxxxxIV

xxLos lectores de Bernardo Atxaga para dormir cuentan vacas. Es mucho más cómodo que contar erizos, y conviene estar prevenido ante el orgulloso desprecio que muestran las vacas ante los contadores de ovejas.

xx¿Qué harían los seguidores de Julio Medem? En principio, también deberían contar vacas, o quizás dejarse contar por ellas. Puede ser difícil, pero también hay que hacerse a estas inversiones. (Y las inversiones, como es sabido, llevan frecuentemente a contar palíndromos, como Acá va la vaca.) Aunque, quién sabe, a lo mejor les da por contar ardillas rojas, lo que puede ser peligroso dada la afición de éstas a lanzar piñas a la cabeza de quienes las observan. Que no olviden, de todos modos, que ni en el Círculo Polar ni en las islas flotantes hay mucho ganado.

xxLos lectores de Augusto Monterroso son capítulo aparte. Les entristece contar vacas desde el tren. Prefieren contar dinosaurios, porque saben que al despertar van a seguir allí. Pero lo que más les gusta es jugar a convertir Acá va la vaca en Acaba la vaca o, sobre todo, en Acá bala la vaca, lo que crea la intriga de cuál es ese lugar mágico donde el somnivolente confunde y embrolla la vaca con la oveja, y ya se duerme de puro cansancio. (En opinión de la Dra. Ana Lalana, es la propia vaca u oveja ‒rumiante indeterminado leemos en sus textos‒ la que se echa a dormir para encontrarse a sí misma lejos de esos pelmas e insomnes.)

xxPara terminar, no sabemos qué cuentan los lectores de Borges (¿tigres?, ¿dragones?, ¿minotauros?) dado que dicho autor no lo veía nada claro. Y aún podríamos seguir mucho tiempo enumerando y detallando tan necesarias instrucciones, si no fuera por el sueño que me está entrando.

 

 

 

ALFREDO RODRÍGUEZ

MEDITACIONES
(DE MARCO AURELIO)

Largas noches de invierno
Deambulando solo como un fantasma
Atravesando largos corredores de palacio

Cuando no te es fácil conciliar el sueño
Cuando bien sabes que servir significa amar
Y el alma permanece
Extrañamente encendida

Cómo pesa en ti esta vida
El sesgo de los años
La degeneración cultural se ha hecho costumbre
El polvo del tiempo abandono de los clásicos

Mentir al populacho para tenerlo contento
‒mintiendo así a tu tristeza‒
Recuperar la gloria del pasado,
Las Obras Griegas dirán nuestra Verdad

Quemar en los bosques azules del Lazio
El final de esta larga agonía

 

LECTURAS DE VERANO

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RICHARD FORD

Richard Ford

 

 

La vida no es más que un asunto insignificante (…). Hay que esforzarse por hacerla interesante.

 

 

 

Ford, Richard. Incendios. Barcelona; Ed. Anagrama, 1991.

 

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