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Archive for 31 agosto 2014

Y MÁS LECTURAS DE VERANO

Manuel Moyano

 

 

De esa joya que pueden ver en la imagen, ‘El amigo de Kafka’, de Manuel Moyano, aquí tienen una perla.

 

CORAZÓN SIN BARRERAS

xxPaquita apagó el televisor con los ojos llenos de lágrimas. La música machacona de Corazón sin barreras, episodio ciento nueve, se expandió en el éter, pero aún siguió retumbando un buen rato en su cabeza. Una vez más, Roberto Alberto se la había pegado a la tonta de Alicia con esa puerca de Fernanda. Cuándo aprendería. Cuando aprendería que todos los hombres son iguales y que ninguno es de fiar. Alicia era muy guapa y tenía carrera, pero le faltaba mundo, y aquella pelandusca de Fernanda, que era poco menos que analfabeta, se las sabía todas. Llevaban treinta episodios disputándose a Roberto Alberto, y aún no había forma de saber por cuál de las dos tomaría partido. Paquita lo tenía claro. Ella le habría pegado una patada en el culo a Roberto Alberto a la primera de cambio, en concreto en aquel episodio ‒¿era el ochenta o el ochenta y uno?‒ en que el muy desgraciado le regaló a ambas el mismo vestido, y las dos coincidieron en la fiesta de Leonor. Menuda cara de pazguata se le puso a Alicia. Pero Paquita en vez de haberse echado a llorar le hubiera cruzado la cara a Roberto Alberto, y a Fernanda la habría llamado puta delante de todo el mundo.
xxManolo, el marido de Paquita, no vino a comer, y cuando llegó por la tarde resoplaba como un caballo exhausto. La besó sin mirarla, se puso las zapatillas y abrió una lata de cerveza. No había terminado de acomodarse en el sofá cuando sonó el teléfono. Él dijo:
xx‒No estoy para nadie.
xxPaquita descolgó el auricular y oyó como un estruendo: era la voz de su cuñada. Parecía histérica.
xx‒Ha ocurrido algo horrible ‒le gritó‒. Dile a Manolo que se ponga.
xxEl marido se puso al teléfono, de espaldas a Paquita. Cuando colgó y volvió la cara, había en sus ojos un brillo acuoso.
xx‒Mis padres ‒dijo él‒. Han muerto en un accidente de coche. Cuando iban a la playa.
xxPaquita no supo cómo reaccionar. Trató de abrazar a su esposo, pero lo hizo de un modo torpe. Él rehuyó sus caricias: parecía decidido a no llorar. Le pidió que se vistiera a toda prisa y cogieron el coche para ir al tanatorio. Por el camino iba fumando como un descosido, arrojando las colillas una detrás de otra por la ventanilla, y se sentía más encolerizado que triste.
xx‒Ya le dije yo a mi padre que no estaba en condiciones de llevar un coche. Se lo dije mil veces.
xxCuando llegaron al tanatorio, la familia entera de Manolo estaba allí. Todos se abrazaban y sollozaban. Los padres yacían colocados en sendos féretros, detrás de una vitrina, y a Paquita le sorprendió no sentirse impresionada por la visión de los dos cadáveres. Manolo se abrazó a su hermana, y ahora sí que empezaron a correrle lágrimas por la cara. Parecía inconsolable. Paquita se acercó, dejó que su cuñada la besara en la mejilla, y sólo supo decir:
xx‒Lo siento.
xxSe escabulló como pudo y se fue sola a la cafetería del tanatorio. Estaba avergonzada. No lograba conmoverla ni siquiera el llanto de su esposo, y en aquel drama familiar se sentía como un convidado de piedra. Todos la criticarían al día siguiente por su frialdad. Trató de pensar en algo terrible, en algo que le permitiera disfrazar su indiferencia bajo una máscara de dolor. Fue entonces cuando se acordó de Alicia, la infeliz de Alicia.
xxDiez minutos después volvía a la sala de visitas con los ojos llenos de lágrimas.

 

 

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SIEMPRE ESTUVE A FAVOR DE LOS ESPEJOS EMPAÑADOS

Isabel Bono 'Siempre estuve a favor...'

 

 

De hoy dirás que viste a una mujer desnuda.
Y es que hay mujeres que llegan a la vida de uno
sin marcas de tirantes en la espalda.
Y uno se ducha y despereza brazos abiertos
como si siguiera de vacaciones.
Lo sé: estoy teniendo un ataque de intolerancia
un ataque al corazón
un ataque de dolor inmenso. Ya no dudo cuando caigo.
xxxxxx‒Mira cómo me han dejado los brazos tus insectos favoritos.
Muchas veces pensé que eras tú:
cuando mirabas, cuando no mirabas.
Tanto tiempo perdido leyendo a Proust
para que el azar te coloque a cincuenta metros de mi casa.

Desempaqueta el invierno, amor
que me he puesto todos los jerseys que me regalaste, debí decir.
xxxxxx‒Llevas la pereza cosida a los labios.
Cosas así no deben decirse nunca, por eso no las dije.

Sé que hago mal cuando miento
y cuando callo. Me detienen tus gestos.
Pero nunca más: tengo manos y boca y un cuerpo saturado
que me habla (porque el cuerpo nunca miente).
Dices que después del sueño no hay nada
y me despierto dormida
sin saber dónde ni por qué tanta miseria.
Si miraras me verías a contra luz, ahora que las cosas
son esqueletos de un tiempo que nunca fue entre nosotros
siempre pensando en cuándo te irías y el viajero era yo,
sin nombre sin domicilio sin cuenta corriente
sin miedo a la soledad más absoluta
ni al tiempo perdido ni a la luz
que ya llega custodiada por los pájaros.
Tendré una ventana y ninguna esperanza.
La vida (o algo parecido) destruirá mi casa
y yo seguiré esperando ver amanecer como tantas veces.

Nada por cumplir, amor
mas que los ritos verticales
que ahora se deslizan como peces amaestrados.
Y me detengo por primera vez y miro:
repartiremos los libros
clasificaremos los rencores
desinfectaremos los sueños que quedaron atrapados
en las plantas que se secaron (por mi culpa).
Me llevo dos platos, el cenicero azul y el abrecartas.
Pero antes dime que has soñado y que fue conmigo
dime si alguna vez te has visto amarme en tus sueños.
La luz es la prueba definitiva de que alguien te ama, dijiste.
La luz naranja y gris y azul
que abre todas las rendijas a media tarde.
Viajar no era necesario.
Te faltó rezar, reconócelo. No fuiste capaz de arrodillarte.
Tampoco se trataba de eso. Siempre quisiste saber
lo que se siente en un tren en marcha
cuando todas tus pertenencias están en la maleta.
Saberlo todo de repente,
reconocer a tientas tus objetos más valiosos.
Pero la velocidad no es eso.
Decidiste que el mundo se sostenía
sobre un alambre oxidado.
xxxxxx‒Dime que no necesitas nada y me rendiré.
Cercos de vasos que ninguna cera pudo remediar
eran la medida del tiempo que nos bebíamos.
Abejas muertas entre las sábanas.
Le robé todas las mentiras que pude a tu corazón.
Ahora un solo verano arrastra mi vida
y ningún viento echa abajo mi casa.
Mis palabras, sin ninguna prisa
pájaros tomando el sol sobre una grúa del puerto.

El azar encontró una calle donde vigilarnos
y fuimos moscas sin alas untadas en aceite.
El azar también duda
y los cobardes se abrazan bajo árboles enfermos.
Se abrazan y ríen.
No oigo de sus bocas
más que el lento devaneo de la muerte.
No es fácil acostumbrarse.
Si de niño te hubiesen clavado
un cristal en cada mano comprenderías mis palabras.
Manos desarraigadas sosteniendo lo que queda
de este amor.
Manos para colar leche: hojas secas entre las manos.
Manos hechas para el agua: peces
habitando mis manos alicatadas.
Ahora sé que alguien borró el trazado de las calles
y que preferías mujeres de pasado pluscuamperfecto:
yo siempre te amo (entonces) en infinitivo.
xxxxxx‒Hoy desearía tener la edad de un árbol.
Tanta soledad parecía una broma estúpida.
Cada paso, un metro cúbico de lluvia.
Identifícate con fuego y saldrás perdiendo, dijo alguien
en un idioma que no llegué a reconocer.
Un gato sucio y mojado buscó refugio entre mis piernas
con tus mismos gestos (entre mis piernas).
Pronto supe que es mentira la venganza
y los regímenes de 2.000 calorías.

No podrías asegurarlo,
pero creo que fue en ese preciso instante
cuando recordé las palabras de Rilke:
Los gatos hacen aún mayor el silencio que nos rodea.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

MÁS LECTURAS DE VERANO

Bret Easton Ellis

 

 

Yo me concentraba en los que no cantaban la letra; en los que la habían olvidado; en los que seguramente nunca la supieron.

 

COLOCA UN PÁJARO EN LA MESA Y CIERRA LAS PUERTAS

Isabel Bono 'Coloca un pájaro...'

 

 

Estuve segura de que olía mi miedo cuando dijo:
xxxxxx‒¿Qué quieres que te traiga?
xxxxxx‒Algo que te encuentres en el suelo.
Me regaló unas sandalias.
Él no comprendía que para mí las ciudades
fueran lo que sus habitantes pierden o tiran.

Tiene que ser raro verla por la ventana
desde dentro del bar
sentada con otro aunque ese otro sea su marido.
Sobre todo si te has bebido unos whiskys
y deseas tocarla. Porque aunque la noche anterior
haya estado desnuda en tu cama, verla ahora
con el vestido azul y las piernas juntas
remediando una visión que te sabes de memoria
no comprendes estos ratos muertos sin ella.
Hay que disimular. El peor de los verbos:
más que esperar, más que perder:
disimular. El peor de todos.
Si sales y te sientas con ellos
quizá puedas encender tu cigarrillo con el suyo.
Lástima que ella no fume.
Compartir su vaso sería arriesgar demasiado.
Sales y te sientas. Se estrechan manos.
Os vieron juntos muchas veces y todas llegaron a mis oídos.
xxxxxx‒¿A qué has venido?
Una vez me habló del miedo que sentía
cuando pensaba que tarde o temprano
acabaría por hartarse de algo.
Supongo que quería decir de alguien.
Supongo que quería decir de mí.
Él sólo quería un lugar en el mundo
y no este lodazal que era mi vida.

Hago la maleta mientras me miras.
Fumas sin ganas (entonces).
Ahora me imagino que me miras
y se me hace más llevadero levantarme a las siete
fregar los platos o limpiar el piso.
Ojos que secuestran mis pensamientos más dulces.

Cuando ya no me queda nada en la cabeza para amarte
uñas negras de tu mirada negra
entran por mi costado como perchas untadas en naftalina.
No me corrijas. Doblo las sábanas
por donde pasearon las hormigas feroces, carnívoras
de tus dedos con diez ojos cada dedo
y cada ojo diez pupilas y cada pupila diez miradas diferentes.
Continúo. El vestido azul hecho jirones.
Yo visto de blanco para que los pájaros me confundan
y atraviesen como antes me atravesabas tú
(sin rozarme siquiera). Una vida, una maleta.
Nunca te vi dormido.
Eras un pez persiguiendo las sombras de las paredes
día tras noche tras día después del último grito (mío).
No te detengas.
xxxxxx‒Si no sabes vivir solo no pretendas vivir con alguien.
Yo no tengo miedo y tú tienes un reloj.
Yo tuve un sueño triste en el que encontraba
la carta que nunca me enviaste.
Los viajeros de verdad nunca envían postales con noticias
ni besos ni promesas.
No, no está bien que un viajero lleve reloj de pulsera
pero los viajeros no deben explicaciones a nadie,
así que camina.
Ya habrás cruzado la frontera.
Ya habrá tiempo de hablar, de mirarse.

No puedo contar la verdad. Lo he intentado.
He querido decir: Te quiero, no hay más.
Imposible. Soy incapaz de nombrarte
de señalar tu espalda con el dedo
y gritar: Tú.
Cambiar apellidos, ciudad, el gesto.
Tender tu ropa aunque esté seca.
No me digas qué he de hacer con mis recuerdos
pero tampoco te alejes demasiado, debí decir.
He deseado muchas veces abrirme el corazón
y rellenarlo con cilantro, servirlo con nueces.
Tu nuez a la altura de mis ojos era un fruto seco
(mojado sólo por mi saliva, quise escribir) (entonces)

He de recordar aquí, que nada de lo que cuente
ha de ser tenido en cuenta puesto que mis recuerdos
en el momento de ser vividos
ya estaban siendo falseados por mi propia imaginación.
Nunca creas una sola palabra.
No soy más que una mente colapsada
un cerebro comprimido
por tormentas y aguaceros que nunca tuvieron lugar.
Soy el historiador perfecto.

Tengo dos manos, lo juro,
pero nunca he montado ni puesto brida a mis sueños
(caballos de ajedrez) esculpidos en jabón.
Tampoco construí diques
contra el pacífico animal que soy, obstáculos (tentáculos)
para abrir la realidad que no me pertenece.
No demuestro nada, lo sé, sólo pretendía explicarte.
Por eso comprendo que me odies
cuando invento frases como:
xxxxxx‒Yo no tenía sueños y tú tenías un mapa.
Paul Eluard ya lo dijo. Que cerrara las puertas
y que el hombre ha de adentrarse en
los profundos caminos del conocimiento
para saber olvidar y recordar.
También dijo que el amor es el hombre inacabado.
Desaloja el miedo: ha llegado la rutina.
Muchas veces yo también me levanto sin hacer ruido
me pongo un jersey de lana (negra) gruesa
y caliento leche. Es lo más lejos que llego.
Las noches se suceden.

Otra noche: aparcar bar de tapas vino vino
saludos bar gintónic otro bar
servicio de señoras ocupado
preservativos de látex música diseño
hablar con alguien que no eras tú
en otro bar sin saber qué pensó. Pero sí.
Me da dos besos al salir él y entrar yo
y se confunde al nombrarme.
Quién lo hubiese imaginado. Otro gintónic y otro, eso es.
¿De quién las manos que me rozan la espalda?
Bailando sin ganas con los ojos cerrados.
Desde detrás de la barra te tocaría
con la punta de los dedos por encima del Levis
como diciendo: amor voy a besarte
hasta que se me duerman los labios. Pero no.
Coche: curva recta curva semáforo puto semáforo
recta: dos curvas más y estaré en casa
curva recta curva control remoto
ventanilla luz garaje marcha atrás ascensor llaves.
xxxxxx‒Sólo puedo compararte con los demás.

El día que te marchaste pinté un cuadro.
Un cuadro lleno de letras doradas sobre fondo negro.
Quisiera deshacer todas las maletas tirando de un hilo
hablar pausadamente con la mujer que grita
para despertarme todas las mañanas
desayunar despacio para no quemarme la lengua.
Si pudiera elegir, si no fuera
tan complicado desde que te has ido, preferiría
salir de los bares por mi propio pie
y habiendo pagado todas las cervezas
dejar de escribir, dejar de ducharme, dejar de nombrarte.
Mis deseos son simples.
xxxxxx‒Me da igual que te mueras o me mates.
Desde la ventanilla sucesión de pintadas y advertencias:
Dios es negra, Verano en interior, Atención bandas sonoras.
Esto no es un entretenimiento, para eso ya está el mar
o los charcos que dejó la última tormenta. Mis pasatiempos
no van cuadriculados en ningún diario.
Mi pasatiempo es la muerte, dijo.
Si el mar es el mismo, ¿por qué no descanso?
Si estas nubes descargarán sobre tu casa,
¿a qué tanta tragedia?
Escucha: si el mar es siempre el mismo
debes saber que me duché antes de invadirte.
xxxxxx‒Es verdad que los días siguen pasando.
Yo no sabía guisar y tú no eras vegetariano.
Aprendí que los huevos explotan
los tomates explotan, los calamares
en salsa americana explotan.
Y dije: Supongamos que todo consistiera
en explosión y erosión. Te reías.
Explosión: tú. Erosión: yo.
Arenas movedizas bajándome por el esófago.
Corazón vegetariano: aprende a ser una piedra.
Tú piensas en alto. Yo pienso por escrito.
Mala solución tiene lo nuestro, dije.
Esta vida que vivimos no es para mí.
Tres canciones más y me largo, dije.
Porque mi vida sigue, aunque
después te busque en cada boca que entre.
Lo peor es que es fácil hablarte a oscuras.
Como si ya lo supieras todo y bastara con sonreír.
Siempre a oscuras, el amor, en bares o calles
siempre de paso, siempre
sin tener que explicar la letra de la canción
que suena dentro, siempre la misma
cada vez que te miro, siempre
apoyados en cualquier barra, codo con codo.
No como ayer, que decíamos
con las manos dentro de un cuerpo y otro.
xxxxxx‒Prométeme que me sacarás de allí.
Cabecita loca, dices y desapareces.
Que a las dos nos vemos, amor
no pienso faltar a esta cita. Desorganízame la vida, amor
agárrame de la cintura
que estoy entrando en un hueco espacio temporal
y quiero poder cerrar los ojos confiada.
Sácame de allí (repito), amor (repito)
cuando lo creas conveniente. No confío en nadie más.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

UNA INQUIETUD PERSIGUE MI ALMA

Este será uno de los temas de este verano…ya he perdido la cuenta de las veces que lo he escuchado…

 

 

Hoy me desperté como un astronauta en hibernación
el día 426 de la misión.
Preparé café con ibuprofeno y la retransmisión
empiezan los entrenos a las diez
en Montmeló.

Has vuelto a hablar en sueños otra vez
y me gustó…

Hoy no pude ver los planetas en perfecta conjunción
ya debe haber parado de llover en Val Miñor
y aquella antena que puse para oírte no me funcionó
la puerta de Tannhäusser se cerró
detrás de mí
si no recibes esta grabación
es que me perdí
la nave no avanzaba y deseé
vivir en Madrid.

 

POETA DE GUARDIA

Gloria Fuertes

 

 

EL HOMBRE ES ESTO QUE DUELE

El hombre es esto que duele,
el hombre duele cuando viene,
cuando se marcha,
cuando se queda,
cuando se espanta.

El hombre es sabio cuando imita a los pastores.

El hombre es esto que vive,
que canta, que muerde,
que sangra.

El hombre es sabio cuando imita a los pastores.

El hombre es esto que grita,
que calla, que embiste,
que danza.
El hombre es sabio cuando imita a los pastores.

 

 

 

TODO ESTÁ PREELEGIDO

Fuerzas invisibles
nos empujan al vaso o a la locura,
a estrechar una mano
o a cortar una vena.
No elegimos amigos
tampoco profesiones
y ni elegir podemos la forma de morirnos,
(quitando los suicidas)
y tampoco ellos van al lugar preferido.

 

 

 

JERGÓN DE RECUERDOS

Que todos necesitamos
un cuarto de soledad,
un kilo de llanto llano;
una alcoba sin nadie,
un páramo,
un jergón de recuerdos
donde sufrir a gusto.

 

 

 

CÉLEBRE

Es un aburrimiento
cuando te duelen las muelas de los oídos de los aplausos
entonces empiezas a creer que eres algo
‒algo inútil si no ves a alguien a tu lado‒.
Cuando soplan las trompetas de la fama en tus oídos de fauno,
y no hay nada que te cure las orejas de ese espanto…
¡Qué inutilidad de autógrafos!

 

 

 

COMO ESTAR ESTÁS SOLO

Como estar estás solo,
como estamos tan solos,
pensamos en aquello,
en aquello imposible
como acariciar el mar
o comerse una carta
o besar un lagarto.
Como estar estás solo,
como estar estás harto,
enciendes cigarrillos
por no encender rencores
que dicen que es pecado.

 

 

 

VENECIA

La isla‒cementerio
está entre dos canales
‒sería facilón llamarlos Ser, Noser…

allí viven los muertos rodeados de nada
‒digo de agua‒
porque el agua no es nada si no se tiene sed.

 

 

 

POEMA

La soledad te mancha,
la tristeza te expone,
a cometer pecados ‒sin nombre‒.

Estoy con los que nadie está.
Con los que tienen vómitos de lágrimas
y nadie les va a visitar.

Y me pone nerviosa ese viejo envidiable
que le da por ir al Cementerio a pasearse.

 

 

 

CUANDO TE NOMBRAN

Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.

Mi locura sería deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo me asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.

Mi locura sería
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada,
como volverse loco y repetir tu nombre.

Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
‒Siempre dice lo mismo ‒dirían a mi paso,
y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.

Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
‒los jueces y los santos no van a entender nada‒.
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.

 

 

 

POÉTICA

¿Para qué a estas alturas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpreocuparme
‒escribir en revistas, hojas muertas o libros?
¿Para qué interesarme por un nombre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi ya tengo el tuyo y el mío?
¿Para qué indiferencias, conferencias,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxantologías, mitos?
¿Para qué recitales, traducciones,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsi ya está todo dicho?
He cambiado
de técnica y de estilo.

¡Y manos a la obra!

Escribir sobre tu cuerpo
con los dedos mojados en el vino.

 

 

 

A X.

Sólo a ti servidumbre entera,
yo la rebelde a todos los feudales,
sólo a ti sin freno vasallaje
sin límites de escudos ni fronteras.
Por ti, aprenderé a arrodillarme
¡sólo ante ti! ‒mi sangre me lo ordena‒.
Te amo,
xxxxxxxxporque eres mi amo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx‒mi amor y mi amo‒,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy si quiero mi siervo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpero no quiero.

 

 

 

VIENE LA AUSENCIA

Viene la Ausencia
a llenarnos de piojos, de tristezas,
a meternos de patas en la acequia,
a comernos la paz de la despensa;
viene la Ausencia
y nos ultraja encima de la mesa,
y se acerca
a rozarnos las costras de su lepra,
se sacude su capa de miseria
y nos deja garrapatas de angustia
arácnidos de pena.
Viene la Ausencia
y nos deja de pasto de la niebla,
es decir, ahogados en la arena.

Y el deseo se viste de vino
y el vino de pena
y la pena de soledad
y la soledad se disfraza de tristeza
y la tristeza otra vez de soledad,
y la vecina de enfrente no entiende
nada de este carnaval.

 

 

 

RETRATARME PARA DARTE LA FOTO

No es suficiente, poderte mirar hondo,
ni basta con los dedos señalarte la risa.
No es nada olerte el pelo,
ver tu danza,
escucharte la voz
ponerla en cinta.
No es suficiente no, soñar contigo
rezar para que vivas,
retratarme para darte la foto,
escribirte en la noche
con obsesión pensar en tus maneras…
¡No es suficiente no, darte la vida,
ni decir a la gente que te quiero,
ni entregar al mendigo mis ahorros,
ni quemar el pasado es suficiente!

 

 

 

MINIPOEMAS (selección)

Mientras mi corazón en el silencio
como un olivo viejo se retuerce
oigo mi nombre;
…es sólo el eco del recuerdo al chocar con la ausencia.

xxxxx***

Por la calle venía una verdad dando tumbos.
Ya no era un hombre,
era una verdad dando tumbos.

El vino desde dentro del hombre hablaba.

xxxxx***

La bondad de las personas
se les nota cuando pierden
(observar el colorido del vencido).

xxxxx***

Para seguir viviendo,
o grandes dosis de inteligencia,
o nada de inteligencia.
Sólo se suicida la clase media.

 

 

 

EN LOS BOSQUES DE PENNA. (U. S. A.)

Cuando un árbol gigante se suicida,
harto de estar ya seco y no dar pájaros
sin esperar al hombre que le tale,
sin esperar al viento,
lanza su última música sin hojas
sinfónica explosión donde hubo nidos‒,
crujen todos sus huesos de madera,
caen dos gotas de savia todavía
cuando estalla su tallo por el aire,
ruedan sus toneladas por el monte,
lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
van a su encuentro las ardillas todas,
presintiendo que es algo de belleza que muere.

 

 

 

VIAJE SIN LLEGADA

La Tierra como león enjaulado
da vueltas alrededor del Sol
con su cadena de hombres.

Desde que hemos nacido viajamos
a ciento doce mil kilómetros por hora;
la Tierra no se para,
y sigue dando vueltas,
por eso siempre hay olas
por eso envejecemos tan deprisa,
por eso estamos locos,
porque toda la vida haciendo un viaje sin llegada,
cansa mucho los nervios.

 

 

 

ELEGÍA A MI CORAZÓN (al que quiero mucho)

…Y no te faltará corazón mío
si dejas de saltar y de arquearte,
que no te faltará tu caja fuerte…
de la mejor madera ‒carne y hueso‒;
yo misma tu ataúd, no te preocupes…
Así que no irás solo ‒nada de eso‒;
tú me has acompañado siempre viva,
e iré contigo para donde sea
iré contigo, corazón amigo,
contigo ‒ya sin ti‒ muerta de pena.

 

 

 

LAS COSAS

Las cosas, nuestras cosas,
las gusta que las quieran;
a mi mesa la gusta que yo apoye los codos,
a la silla la gusta que me siente en la silla,
a la puerta la gusta que la abra y la cierre
como al vino le gusta que le compre y le beba,
mi lápiz se deshace si le cojo y escribo,
mi armario se estremece si le abro y me asomo,
las sábanas, son sábanas cuando me echo sobre ellas
y la cama se queja cuando yo me levanto.

¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?
Como perros las cosas no existen sin el amo.

 

 

 

Fuertes, Gloria. Poeta de guardia. Barcelona; Ed. Lumen, 1979.

 

SI TE LLAMAN NO ES MI VOZ

Isabel Bono 'Si te llaman...'

 

 

Tú no sabes lo lenta que soy cuando recojo la mesa
al deslizar los cubiertos sobre el plato
para empujar los restos de comida a la basura.
Tú no sabes que prefiero que el helado se derrita
que siempre acabo volcándolo en el suelo
para que el gato se lo coma.
Tú no sabes que el gato se llama Galileo
y que fue mi padre quien le puso ese nombre.
Cuando alguien deja de quererte
el nivel de los pantanos no es un tema prioritario
y yo llevaba una semana olvidando cerrar el grifo
mientras me cepillaba los dientes.
Sin embargo, no encontrar aparcamiento en toda la manzana
hubiese sido una tragedia.
Menos mal que te llevaste el coche.

Cada uno llegó con su vida. Una vida cada cual
más una vida juntos
rompe cualquier principio matemático,
pero cuando las cuentas salen
y una vida para dos suma tres
no hay teorema que lo avale.

Soñabas y te caías a pedazos.
Yo limpiaba debajo de la cama y entre pelusas (blancas)
encontraba botellas rotas. Me causaba un dolor inmenso
barrer el futuro que había imaginado para nosotros.
Deseé que todas las nubes
descargaran sobre mi cabeza. Y llegó el invierno más triste.
La lluvia lo limpia todo
pero llena los bares de parejas con frío y calcetines húmedos.
No estás por más que te mire.
No volveré a tocarte, pensé aquella noche. Cuando me dejes
me marcharé de esta ciudad. Mentira.
El Capitán Marlow, dijo:
Un barco es muy parecido a otro
y el mar es siempre el mismo.
Ceesepe, dijo:
Sustituir un caballo por una escoba
y demás sueños que pudiéramos tocar con las manos.
A ver cómo lo explico:
tú no estabas, la ciudad dejó de importarme
y celebré la llegada del nuevo siglo con un año de retraso.
xxxxxx‒El amor acaba con los principios.
La muerte también (no llegué a decir).
Cucarachas, ratas, palomas y gallos. Tigres de bengala.
Nunca me gustó Rousseau.
Te mentí muchas veces.

Todo esto no ha pasado aún. Mis palabras
no son más que el mapa de un tesoro
que nadie quiere desenterrar.
Así que custodia bien tus recuerdos
para cuando vuelvas a mirar la playa
y yo no esté allí para cantarte estribillos.
Esta historia también eres tú:
un ejército de peces vaciándome.
Pero no olvides que
nada tengo que ver contigo ni tú con esto.

Quedamos en que vendrías.
La mentira más grande: descubrir
un gel de litro en tu bolsa de viaje: se suponía
que venías para quedarte.
Dormir en el sofá se hizo costumbre.
Después de incendiarme la cabeza
como en un cuadro de El Bosco
y decidir que Dalí era el más grande de los impostores
me pediste un secreto.
xxxxxx‒Siempre uso camisetas de rayas.
Llorábamos como críos por algo que nos traía sin cuidado.
Te duchaste vestido (de eso tienes que acordarte)
y, para consolarme me contaste
cómo tu mujer se volvió loca
y rompió una a una todas las tuberías de la casa.
Queda demostrado que no sabíamos beber.
Desayunamos en un chino y te acompañé al aeropuerto.
Primero Berlín, después Londres.
Total, para fotografiar el miedo en una cornisa
y vivir con un gato.
Te olvidé al tercer día según tus cartas. Las mías
dijiste, siempre decían lo mismo.
De la casa conservo la llave de tu cuarto.
Podía haber sonado Car más de cien veces en mi corazón
pero Doug todavía no la había escrito.
Samuel Barber hizo las veces.
xxxxxx‒Sácame de aquí.
Tú tenías un sueño. Mejor: Tú no tenías sueños.
De otro modo tendría que contar
que se nos hizo de noche.
Nuestros corazones dos juguetes de plástico
abandonados en la orilla.
xxxxxx‒Si me encierran, ¿vendrás a verme?
Ruido de pelota golpeada por palas de madera
casi idéntico al toc-tac de un reloj de pared gigante
y desincronizado. Reloj con arritmia.
Recojo y me largo.
He venido a descansar, no a matar el tiempo.
Si supieras qué absurda me parece esta sombrilla
y estas estrellas (de mar) movidas por ningún amor.
Qué absurdas esas risas
el calor y los filtros solares.
Yo quería tormentas, no este sol espléndido.

Así comenzó este peregrinar por playas
a las que sólo se llega andando.
Calas enrocadas, jaque mate, amor, jaque mate,
que he perdido en la resaca la mitad del bikini.
Aun así sigo buceando.
Ya sabes que aguanto más de dos minutos sin respirar.
Rastreo el fondo: desde aquí abajo podría jurar
que aquellos meses fueron unas vacaciones pagadas
en un balneario decorado por Chejov.
Cada noche Dj’Kundera
pinchaba el Hit Parade en el salón de bailes.

¿Ves a esa mujer? Podría ser yo, pero yo nunca tuve deseos
de caminar descalza más allá de tus ojos. Miraras o no.
xxxxxx‒Hay sueños que es mejor no descifrar.
Frases largas para preguntar, cortas para responder.
Mis respuestas eran dibujos en la alfombra
como si la alfombra fuese esta arena
donde (ahora) escribí tu nombre
antes de que el mar se lo llevara una y otra vez.
Me dolía el aire. Tal era la velocidad.
Aun así teníamos que haberlo intentado. Yo:
mezclar tus óleos con secativo de cobalto.
Tú: leer en voz alta mis poemas. Yo: acentuar tus esdrújulas.
Tú: chupar mis pinceles (tu saliva)
hasta que cada punta fuese una aguja.
Y todo por ver cómo cae la noche (decelerada)
con una sola ambición
sin un mal gesto, con un hambre de siglos
y rendidos preguntarnos cuánto más o nada más.
Si seguimos esperando o ya hemos llegado al the end
de esta novela rusa que es la vida.

En resumen: elegí un pueblo pequeño, llegué de noche
y vi la H encendida sobre la bahía.
No tenía con quién pasar la mañana
y pasear en barca fue sólo una opción entre mil.
Imposible equivocarse. Después,
los cobardes, le llamarán casualidad.
En resumen: en algún lugar
hay dos cuerpos tumbados en la playa
y ninguno es el mío.
Mientras, me maquillo de aftersun para nadie.
Y te recuerdo que no me diste tu teléfono.
En resumen: el futuro será una página escrita.
xxxxxx‒No te despiertes, amor, ya me encargo yo.
Ciao mare, oí decir.

 

 

 

Bono, Isabel. Pan comido. Madrid; Ed. Bartleby, 2011.

 

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