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Archive for 31 julio 2017

‘FELIZ HUMO’, DE JAVIER CODESAL

 

SOSPECHÁBAMOS de los objetos
que entraban o salían de sus manos

 

 

 

 

SÁBANAS
sin nada más que algodón
pero con el poder absoluto
del juez

 

 

 

 

APARECEN sobre la piel desnuda
surcos de miedo o remordimiento
Surcos curvos
en espirales rápidas
de receta de médico
cuya escritura incomprensible
describe a un tiempo la salud
y la enfermedad

 

 

 

 

LA NOTICIA de un viaje
presumida meses antes de la fecha
y bien escrita en el billete
va consumiendo el trazo del viaje mismo
menos largo al final que en su espera
Es tal esa emoción previa que luego
odiamos partir

 

 

 

 

LA VOZ caliente del horno
ha cruzado a buen paso las calles
se expande en ondas cada vez mayores
anega la ciudad y sigue
Luz tan rápida que ha invadido rincones
supuestamente estancos
Tras ella todo queda a la vista

Y la sombra se ha plegado sobre sí misma
en un filo
que se confunde con los zócalos

 

 

 

 

LA frontera
levantada con sacos vacíos
realmente no delimita
Allí mismo convive el ruido
de una multitud que la ignora

 

 

 

 

ALGO NORMAL en la vida diaria
Sobre la mesa unas notas qué
comprar cuánto cuesta las direcciones
del hermano junto a sobres vacíos
Mantas zapatillas y medicinas

 

 

 

 

BRAZOS largos
de casa a casa
gruesos y lisos
con unos pocos
vellos rubios
humeantes por
el calor suave
de la ducha

Brazos apenas
huesos
sólo templados
aunque el día
calienta
Su misterioso
andar pasivo
de barco a vela
y su piel
independiente
del músculo

Mil novecientos noventa y seis
O antes

 

 

 

 

SIEMPRE es un niño lo muerto
En la báscula no pesa más que uno de nueve
o diez años el cuerpo sin aliento de un adulto
El peso del cadáver se divide
potenciado hacia múltiples centros
Imposible medirlo o cargarlo
ni comprender
sus formas inmaduras y plenas
de alegre bulto recién nacido

 

 

 

Codesal, Javier. Feliz Humo. Cáceres, Ed. Periférica, 2009.

 

POEMAS DE LA LOCURA

 

xxxxx19

EL PASEO

Hermosos bosques que cubren la ladera,
En la verde pendiente dibujados,
Por cuyas sendas me guío,
Calmado en mi corazón
Dulcemente cada espina
Cuando más oscuro es el sentido
Del dolor del pensamiento y del Arte
Que desde tan antiguo en mí pesan.
Deliciosas imágenes del valle,
Jardines, árboles,
Estrecho puentecillo,
Arroyo que apenas puedo ver,
Qué hermoso en la despejada lejanía
Brilla el soberbio cuadro
De este paisaje que amorosamente
Visito, cuando el tiempo es benigno.
Dulcemente la divinidad nos lleva
Hacia el azul primero,
Luego con nubes dispone
La enorme y cenicienta bóveda,
Y abrasadores rayos y estruendo
De relámpagos, con embeleso de los campos,
Con belleza unida
A la fuente de la primitiva imagen.

 

 

 

 

xxxxx27

LAS DELICIAS DE ESTE MUNDO…

Las delicias de este mundo ya he gozado,
Los días de mi juventud hace tanto, ¡tanto!, que se desvanecieron,
Abril y Mayo y Julio están lejanos,
¡Ya nada soy, ya nada me complace!

 

 

 

 

xxxxx30

A LA MUERTE DE UN NIÑO

Pertenece a los niños la belleza,
Como un retrato de Dios tal vez,
—La paz y el silencio son su naturaleza,
Entregada a la alabanza de los ángeles.

 

 

 

 

xxxxx34

EL VERANO

Fluye el riachuelo por el valle, entre altas montañas
Que hasta muy lejos verdean en la inmensidad de la planicie,
Y extendidos están los árboles con sus hojas,
Tantas que casi ocultan el curso del arroyo.

Alto brilla el magnífico sol del Verano,
Como si apresurase el placer del claro día,
Llegando el anochecer con una fresca brisa,
Que a los hombres invita a consumar el día.

24 de mayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxhumildemente
xxxxx1758.xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

xxxxx35

EL VERANO

Pasan los días con susurros de apacibles vientos,
Mas cuando sus nubes arrebatan el esplendor de los campos,
El confín de los valles se une al crepúsculo de las montañas,
Allí, donde las olas de la corriente caen confundiéndose.

Alrededor se muestran las sombras de los bosques,
Por ellas se desliza lejano un arroyo,
Y la lejanía ofrécese como un cuadro en las horas,
En las que el hombre a sí mismo se encuentra.

24 de MayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli
xxx1758.

 

 

 

 

xxxxx46

EL ESPÍRITU DEL TIEMPO

La vida es la tarea del hombre en este mundo,
Y así como los años pasan, así como los tiempos hacia lo más alto avanzan.
Así como el cambio existe, así
En el paso de los años se alcanza la permanencia;
La perfección se logra en esta vida
Acomodándose a ella la noble ambición de los hombres.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHumildemente
24 de Mayo de 1748xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

xxxxx47

AMISTAD

Cuando conócense los hombres por su valor interno
Pueden con alegría llamarse amigos,
Pues la vida es algo ya tan sabido para ellos
Que sólo en el Espíritu más alta encontrarla pueden.

El Espíritu noble no es a la amistad ajeno,
Los hombres gustan de las armonías
Y a la confianza se sienten inclinados, viviendo para conocer.
También a la Humanidad esto le fue otorgado.

20 de MayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHumildemente
xxx1758.xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

Hölderlin, Friedrich. Poemas de la locura (Trad. Txaro Santoro y José María Álvarez). Madrid; Ed. Hiperión, 1982.

 

GAVIOTAS DESDE EL ARIEL

 

GAVIOTAS DESDE EL ARIEL

xxxxxIV

Allí donde por siempre nos quisimos
estaba también dios, el dios perfecto
que nunca fue creado por mortal
ni revelado por ángel o profeta
de estirpe humana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEstaba
con nosotros, y éramos, mi muerte,
la única unidad, la luz, el nido
donde hicimos —¿recuerdas?—
el amor tantas noches, mientras sólo
las rapaces nocturnas nos guardaban
del vuelo de los pájaros, y eran
aquellas voces suyas, tan iguales,
los únicos sonidos que mostraban
nuestra presencia al cielo: cuántas noches,
cuántos besos robados a la luz,
cuánta gracia sobre mi voz la tuya
derramaba… ¡Y no puedo recordarlo!

Escogiste el refugio de la noche
para amarme, la hermosa tienda en medio
de un desierto cuyo camino ignoro:
como Psique, llevé mi lamparilla
para amarte una vez en la penumbra
del aceite, pero una gota ardiente
reveló la trampa, y al momento
tornó el amanecer en luz del día
cuanto allí descubrió el fulgor tan breve:
tu cuerpo derramado como hierba
que duerme sobre el cielo: un brillo tenue
debajo de los párpados,
un brillo sin color, pero más raro,
más hermoso.
xxxxxxxxxxxxxAllí tuve conciencia
de tu dulce belleza, de tu extraña
crueldad y del error de haber querido
amarte, siendo sólo
una víctima más de tu hambre ciega.

 

 

 

 

xxxxxXV

Es como si de pronto todo hubiera
dejado de existir, el ruido informe
de truenos ya cercanos, las imágenes
con que intenta mi mente darte rostro,
las luces de la tarde que se alejan
dejando todo en sombras;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo si
se hubiera suspendido en las miradas
el tiempo y una sola,
la tuya, avanzase por la senda
de minutos y horas que nos hacen
envejecer…
xxxxxxxxxxxComo si de repente
vinieras a tocarme, y no me hablaras,
y yo no te nombrara, y dibujases
tu sombra a mis espaldas y la luz
me permitiera verla atravesando
mi pecho con los ojos…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo ha sido
relativo y fugaz, y ahora te marchas,
me abandonas apenas comenzada
nuestra conversación,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el tiempo vuelve
y me retiene aún junto a la vida…

 

 

 

 

xxxxxXVII

La vida entre la bruma
de aquel rumor antiguo se me vuelve
pesada carga inútil. Aún diviso
esas playas que no me pertenecen,
en las que no nací y que a mis preguntas
muestran sólo insondable
aletear de gaviotas sobre el agua
picada del misterio,
lanzarse cuando advierten
el tenue movimiento conocido
bajo la superficie, alimentarse
allí y ascender luego.

Sólo esto me es dado contemplar
donde no quedan sino
estelas que las olas van borrando
más deprisa que el barco las dibuja,
pasos ciegos de ingenuo caminante
que en su sed precipita los hallazgos
y de nuevo, ya tarde,
siente el beso en sus labios de la arena
quemada por el sol.

Aquella inmensidad ardiente y ésta
tienen mucho en común:
el desierto es de agua
como el mar es de arena y sus respuestas
conducen a la nada. Allí serpientes
navegan por la arena sin apenas
tocarla, sin quemarse,
y aquí simples gaviotas impertérritas
descienden al abismo, se alimentan
en sólo un breve lapso de su vuelo
y ascienden otra vez, sobrevolando
la vida.
xxxxxxxAquí espero
las palabras de una definición
que baste para conjurar la sombra,
para abrir en su anverso los celajes,
la torpe reducción a polvo estéril
de aquel cuerpo de luz ensimismada
que dibuja siluetas
en el agua, gaviotas en el aire,
dando forma al vacío,
mudándolo en azogue de mis ojos.

Ahora intento ocultar mi rostro al cielo
y miro cómo un ave vuela en pos
de unas olas pequeñas,
y se lanza y consigue todavía
hurtar un cuerpo inerte de las aguas.
Pero siguen más olas empujándose,
creciendo desde el último
confín del horizonte hasta aquí mismo.

Las gaviotas se alejan asustadas,
ninguna ya se atreve a profanar
la furia despeinada de las aguas,
la costa se ha perdido
de repente entre el cielo gris de nubes
que amenazan caer; ellas lo saben
y vuelan ya lejanas, avisadas
por el extraño olor que ya hace rato
trajo el viento: es su furia
—que hace noches los días y oscurece
y afila los temores con la sola
presencia de su voz— la única
verdad fiel a sí misma desde cuando
yo era un niño, el viento pertinaz
que golpea las cuerdas y las hace
sonar contra los mástiles,
dibuja sueños ciegos y otra vez
los sepulta en las bodegas con silbidos
atroces…
xxxxxxxxx¡Tiempo inerte
cuyo último escalón temblando asciendo
en busca de la otra plenitud
verdadera, ¿cuándo esta tormenta
oscura y estas olas
que en masa alrededor de mí retumban
dormirán en la prodigiosa luz
de la hora que aguardo, donde el cielo
y el infierno me dejarán inmune
al universo del destino…?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora,
cuando ya nada siento inamovible
—ni la mentida luz artificial
de esos pocos fanales,
ni la sombra que ya nada circunda
pues todo es ella misma
ni mi rostro azotado por las olas—,
cualquier pregunta me resulta inútil…

El hechizo persiste, aquel anhelo
primero permanece, y sólo siento
batir contra mi alma las respuestas
que busco y que le fueron otorgadas
alguna vez, lo sé, al visionario con fuerza
suficiente para rendir su vida,
sin tiempo de escribirlas: aun ahora,
comprendiendo la inútil vanidad
de tentar el misterio, envidio su destino.

Y al sentirlo imposible quimera literaria
me refugio en la imagen de esas aves
que impertérritas bajan al abismo,
se alimentan en sólo un breve lapso
de su vuelo y ascienden otra vez,
sobrevolando la vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¡Triste imagen
me ofrecen de mí mismo…!
Vuelvo sobre mis pasos,
cabizbajo, y me alejo de la borda,
convencido por fin de no ser uno
de aquellos elegidos que murieron
al mirar descifrado el imposible.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Gaviotas desde el Ariel. Valencia; Ed. Pre-textos, 2005.

 

LUCCA

 

ADIÓS A LAS VACACIONES –extracto–

xxxxLucca da la impresión de ser una ciudad homogénea; las fortificaciones centenarias que la ciñen aumentan la sensación de estar ante un fragmento del mundo de antaño que se ha salvado por un milagro. Pero cuando paseábamos por el centro histórico, sobre todo las tardes de julio, lo hacíamos en medio del vacío (las calles no se animaban hasta el anochecer). Parecía una ciudad abandonada por sus habitantes. Probablemente todos se habían trasladado a las playas más cercanas; Lucca está situada cerca de algunos balnearios de renombre: Livorno, donde Słowacki pasó su cuarentena, Viareggio o Forte dei Marmi. De modo que los forasteros del norte también nos sentimos tentados por el mar. Por cada día de monumentos uno de baño, decidimos. Pero no en Viareggio ni en Forte dei Marmi, donde las playas estrechas y aburridas dominan sobre unas aguas tan tersas que parecen el Mar Muerto más que el Mediterráneo, sino un poco más lejos, más allá de la frontera que separa la Toscana de la Liguria, en Bocca di Magra, un pequeño pueblo situado en medio de un paisaje un tanto diferente.
xxxxEl camino a Bocca corre a lo largo de la costa y recuerda el pasillo de un piso muy largo por donde a cada rato desfila alguien con chancletas, un albornoz húmedo y el pelo mojado. Jóvenes a caballo de sus inseparables vespas y ciclomotores, como si los hubieran sacado de una película del neorrealismo italiano, van y vienen a toda prisa entre la playa y la casa, y la casa y la playa. Todas aquellas playas interminables están atiborradas de gente y asediadas, como si la población de Italia se elevara a dos mil millones de personas. A la orilla de la autopista hay un cartel que anuncia el restaurante Shelley, llamado así para recordar que no muy lejos de allí, en Lerici, se halla el último hogar del poeta inglés que se ahogó al naufragar su velero en una tormenta (Shelley, a diferencia de Byron, no sabía nadar; hasta hoy los poetas siguen divididos en los que nadan y los que no se meten en el agua).

 

 

 

Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

 

UNA REVOLUCIÓN SIN BAILE NO ES UNA REVOLUCIÓN QUE MEREZCA LA PENA

 

FAMILIA

 

FAMILIA

Amo a mi hermana.
Mi hermana ama a mi padre.
Mi madre amó a mi padre.
Mi padre no ama a nadie.

 

 

 

Neuman, Andrés. Dignidad de las moscas. Madrid; Ed. Moco de pavo, 2010.

 

UN MOMENTO DESPUÉS

 

(Poema de Ángel Paniagua aparecido en el número cero de la revista La Puerta Falsa de Murcia en diciembre de 1995)

 

UN MOMENTO DESPUÉS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo hallarás nuevas tierras. No hallarás otros mares.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa ciudad te seguirá.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxC. P. Cavafis

Dijiste: «Simplemente, el tiempo justo
de acabar el cigarro, leer un poco,
mirar por la ventana a esos chavales
hablando muy inquietos sobre un coche
prestado —al parecer le han roto algo,
un piloto tal vez— y regresar
al poema que había dejado a medias,
intentar terminarlo de una vez…

Todo esto después de estar pensando
en que nada posees, en que vives
de prestado y no haces más que andar
por los mismos pasillos, en que pronto
—si no encuentras trabajo y ganas algo
de dinero, si pasa otra semana
y otro mes y el verano y todo sigue
igual— tendrás que irte de ti mismo.

 

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