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Archive for 31 julio 2017

‘FELIZ HUMO’, DE JAVIER CODESAL

 

SOSPECHÁBAMOS de los objetos
que entraban o salían de sus manos

 

 

 

 

SÁBANAS
sin nada más que algodón
pero con el poder absoluto
del juez

 

 

 

 

APARECEN sobre la piel desnuda
surcos de miedo o remordimiento
Surcos curvos
en espirales rápidas
de receta de médico
cuya escritura incomprensible
describe a un tiempo la salud
y la enfermedad

 

 

 

 

LA NOTICIA de un viaje
presumida meses antes de la fecha
y bien escrita en el billete
va consumiendo el trazo del viaje mismo
menos largo al final que en su espera
Es tal esa emoción previa que luego
odiamos partir

 

 

 

 

LA VOZ caliente del horno
ha cruzado a buen paso las calles
se expande en ondas cada vez mayores
anega la ciudad y sigue
Luz tan rápida que ha invadido rincones
supuestamente estancos
Tras ella todo queda a la vista

Y la sombra se ha plegado sobre sí misma
en un filo
que se confunde con los zócalos

 

 

 

 

LA frontera
levantada con sacos vacíos
realmente no delimita
Allí mismo convive el ruido
de una multitud que la ignora

 

 

 

 

ALGO NORMAL en la vida diaria
Sobre la mesa unas notas qué
comprar cuánto cuesta las direcciones
del hermano junto a sobres vacíos
Mantas zapatillas y medicinas

 

 

 

 

BRAZOS largos
de casa a casa
gruesos y lisos
con unos pocos
vellos rubios
humeantes por
el calor suave
de la ducha

Brazos apenas
huesos
sólo templados
aunque el día
calienta
Su misterioso
andar pasivo
de barco a vela
y su piel
independiente
del músculo

Mil novecientos noventa y seis
O antes

 

 

 

 

SIEMPRE es un niño lo muerto
En la báscula no pesa más que uno de nueve
o diez años el cuerpo sin aliento de un adulto
El peso del cadáver se divide
potenciado hacia múltiples centros
Imposible medirlo o cargarlo
ni comprender
sus formas inmaduras y plenas
de alegre bulto recién nacido

 

 

 

Codesal, Javier. Feliz Humo. Cáceres, Ed. Periférica, 2009.

 

POEMAS DE LA LOCURA

 

xxxxx19

EL PASEO

Hermosos bosques que cubren la ladera,
En la verde pendiente dibujados,
Por cuyas sendas me guío,
Calmado en mi corazón
Dulcemente cada espina
Cuando más oscuro es el sentido
Del dolor del pensamiento y del Arte
Que desde tan antiguo en mí pesan.
Deliciosas imágenes del valle,
Jardines, árboles,
Estrecho puentecillo,
Arroyo que apenas puedo ver,
Qué hermoso en la despejada lejanía
Brilla el soberbio cuadro
De este paisaje que amorosamente
Visito, cuando el tiempo es benigno.
Dulcemente la divinidad nos lleva
Hacia el azul primero,
Luego con nubes dispone
La enorme y cenicienta bóveda,
Y abrasadores rayos y estruendo
De relámpagos, con embeleso de los campos,
Con belleza unida
A la fuente de la primitiva imagen.

 

 

 

 

xxxxx27

LAS DELICIAS DE ESTE MUNDO…

Las delicias de este mundo ya he gozado,
Los días de mi juventud hace tanto, ¡tanto!, que se desvanecieron,
Abril y Mayo y Julio están lejanos,
¡Ya nada soy, ya nada me complace!

 

 

 

 

xxxxx30

A LA MUERTE DE UN NIÑO

Pertenece a los niños la belleza,
Como un retrato de Dios tal vez,
—La paz y el silencio son su naturaleza,
Entregada a la alabanza de los ángeles.

 

 

 

 

xxxxx34

EL VERANO

Fluye el riachuelo por el valle, entre altas montañas
Que hasta muy lejos verdean en la inmensidad de la planicie,
Y extendidos están los árboles con sus hojas,
Tantas que casi ocultan el curso del arroyo.

Alto brilla el magnífico sol del Verano,
Como si apresurase el placer del claro día,
Llegando el anochecer con una fresca brisa,
Que a los hombres invita a consumar el día.

24 de mayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxhumildemente
xxxxx1758.xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

xxxxx35

EL VERANO

Pasan los días con susurros de apacibles vientos,
Mas cuando sus nubes arrebatan el esplendor de los campos,
El confín de los valles se une al crepúsculo de las montañas,
Allí, donde las olas de la corriente caen confundiéndose.

Alrededor se muestran las sombras de los bosques,
Por ellas se desliza lejano un arroyo,
Y la lejanía ofrécese como un cuadro en las horas,
En las que el hombre a sí mismo se encuentra.

24 de MayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli
xxx1758.

 

 

 

 

xxxxx46

EL ESPÍRITU DEL TIEMPO

La vida es la tarea del hombre en este mundo,
Y así como los años pasan, así como los tiempos hacia lo más alto avanzan.
Así como el cambio existe, así
En el paso de los años se alcanza la permanencia;
La perfección se logra en esta vida
Acomodándose a ella la noble ambición de los hombres.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHumildemente
24 de Mayo de 1748xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

xxxxx47

AMISTAD

Cuando conócense los hombres por su valor interno
Pueden con alegría llamarse amigos,
Pues la vida es algo ya tan sabido para ellos
Que sólo en el Espíritu más alta encontrarla pueden.

El Espíritu noble no es a la amistad ajeno,
Los hombres gustan de las armonías
Y a la confianza se sienten inclinados, viviendo para conocer.
También a la Humanidad esto le fue otorgado.

20 de MayoxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHumildemente
xxx1758.xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxScardanelli.

 

 

 

 

Hölderlin, Friedrich. Poemas de la locura (Trad. Txaro Santoro y José María Álvarez). Madrid; Ed. Hiperión, 1982.

 

GAVIOTAS DESDE EL ARIEL

 

GAVIOTAS DESDE EL ARIEL

xxxxxIV

Allí donde por siempre nos quisimos
estaba también dios, el dios perfecto
que nunca fue creado por mortal
ni revelado por ángel o profeta
de estirpe humana.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEstaba
con nosotros, y éramos, mi muerte,
la única unidad, la luz, el nido
donde hicimos —¿recuerdas?—
el amor tantas noches, mientras sólo
las rapaces nocturnas nos guardaban
del vuelo de los pájaros, y eran
aquellas voces suyas, tan iguales,
los únicos sonidos que mostraban
nuestra presencia al cielo: cuántas noches,
cuántos besos robados a la luz,
cuánta gracia sobre mi voz la tuya
derramaba… ¡Y no puedo recordarlo!

Escogiste el refugio de la noche
para amarme, la hermosa tienda en medio
de un desierto cuyo camino ignoro:
como Psique, llevé mi lamparilla
para amarte una vez en la penumbra
del aceite, pero una gota ardiente
reveló la trampa, y al momento
tornó el amanecer en luz del día
cuanto allí descubrió el fulgor tan breve:
tu cuerpo derramado como hierba
que duerme sobre el cielo: un brillo tenue
debajo de los párpados,
un brillo sin color, pero más raro,
más hermoso.
xxxxxxxxxxxxxAllí tuve conciencia
de tu dulce belleza, de tu extraña
crueldad y del error de haber querido
amarte, siendo sólo
una víctima más de tu hambre ciega.

 

 

 

 

xxxxxXV

Es como si de pronto todo hubiera
dejado de existir, el ruido informe
de truenos ya cercanos, las imágenes
con que intenta mi mente darte rostro,
las luces de la tarde que se alejan
dejando todo en sombras;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo si
se hubiera suspendido en las miradas
el tiempo y una sola,
la tuya, avanzase por la senda
de minutos y horas que nos hacen
envejecer…
xxxxxxxxxxxComo si de repente
vinieras a tocarme, y no me hablaras,
y yo no te nombrara, y dibujases
tu sombra a mis espaldas y la luz
me permitiera verla atravesando
mi pecho con los ojos…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo ha sido
relativo y fugaz, y ahora te marchas,
me abandonas apenas comenzada
nuestra conversación,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el tiempo vuelve
y me retiene aún junto a la vida…

 

 

 

 

xxxxxXVII

La vida entre la bruma
de aquel rumor antiguo se me vuelve
pesada carga inútil. Aún diviso
esas playas que no me pertenecen,
en las que no nací y que a mis preguntas
muestran sólo insondable
aletear de gaviotas sobre el agua
picada del misterio,
lanzarse cuando advierten
el tenue movimiento conocido
bajo la superficie, alimentarse
allí y ascender luego.

Sólo esto me es dado contemplar
donde no quedan sino
estelas que las olas van borrando
más deprisa que el barco las dibuja,
pasos ciegos de ingenuo caminante
que en su sed precipita los hallazgos
y de nuevo, ya tarde,
siente el beso en sus labios de la arena
quemada por el sol.

Aquella inmensidad ardiente y ésta
tienen mucho en común:
el desierto es de agua
como el mar es de arena y sus respuestas
conducen a la nada. Allí serpientes
navegan por la arena sin apenas
tocarla, sin quemarse,
y aquí simples gaviotas impertérritas
descienden al abismo, se alimentan
en sólo un breve lapso de su vuelo
y ascienden otra vez, sobrevolando
la vida.
xxxxxxxAquí espero
las palabras de una definición
que baste para conjurar la sombra,
para abrir en su anverso los celajes,
la torpe reducción a polvo estéril
de aquel cuerpo de luz ensimismada
que dibuja siluetas
en el agua, gaviotas en el aire,
dando forma al vacío,
mudándolo en azogue de mis ojos.

Ahora intento ocultar mi rostro al cielo
y miro cómo un ave vuela en pos
de unas olas pequeñas,
y se lanza y consigue todavía
hurtar un cuerpo inerte de las aguas.
Pero siguen más olas empujándose,
creciendo desde el último
confín del horizonte hasta aquí mismo.

Las gaviotas se alejan asustadas,
ninguna ya se atreve a profanar
la furia despeinada de las aguas,
la costa se ha perdido
de repente entre el cielo gris de nubes
que amenazan caer; ellas lo saben
y vuelan ya lejanas, avisadas
por el extraño olor que ya hace rato
trajo el viento: es su furia
—que hace noches los días y oscurece
y afila los temores con la sola
presencia de su voz— la única
verdad fiel a sí misma desde cuando
yo era un niño, el viento pertinaz
que golpea las cuerdas y las hace
sonar contra los mástiles,
dibuja sueños ciegos y otra vez
los sepulta en las bodegas con silbidos
atroces…
xxxxxxxxx¡Tiempo inerte
cuyo último escalón temblando asciendo
en busca de la otra plenitud
verdadera, ¿cuándo esta tormenta
oscura y estas olas
que en masa alrededor de mí retumban
dormirán en la prodigiosa luz
de la hora que aguardo, donde el cielo
y el infierno me dejarán inmune
al universo del destino…?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora,
cuando ya nada siento inamovible
—ni la mentida luz artificial
de esos pocos fanales,
ni la sombra que ya nada circunda
pues todo es ella misma
ni mi rostro azotado por las olas—,
cualquier pregunta me resulta inútil…

El hechizo persiste, aquel anhelo
primero permanece, y sólo siento
batir contra mi alma las respuestas
que busco y que le fueron otorgadas
alguna vez, lo sé, al visionario con fuerza
suficiente para rendir su vida,
sin tiempo de escribirlas: aun ahora,
comprendiendo la inútil vanidad
de tentar el misterio, envidio su destino.

Y al sentirlo imposible quimera literaria
me refugio en la imagen de esas aves
que impertérritas bajan al abismo,
se alimentan en sólo un breve lapso
de su vuelo y ascienden otra vez,
sobrevolando la vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¡Triste imagen
me ofrecen de mí mismo…!
Vuelvo sobre mis pasos,
cabizbajo, y me alejo de la borda,
convencido por fin de no ser uno
de aquellos elegidos que murieron
al mirar descifrado el imposible.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Gaviotas desde el Ariel. Valencia; Ed. Pre-textos, 2005.

 

LUCCA

 

ADIÓS A LAS VACACIONES –extracto–

xxxxLucca da la impresión de ser una ciudad homogénea; las fortificaciones centenarias que la ciñen aumentan la sensación de estar ante un fragmento del mundo de antaño que se ha salvado por un milagro. Pero cuando paseábamos por el centro histórico, sobre todo las tardes de julio, lo hacíamos en medio del vacío (las calles no se animaban hasta el anochecer). Parecía una ciudad abandonada por sus habitantes. Probablemente todos se habían trasladado a las playas más cercanas; Lucca está situada cerca de algunos balnearios de renombre: Livorno, donde Słowacki pasó su cuarentena, Viareggio o Forte dei Marmi. De modo que los forasteros del norte también nos sentimos tentados por el mar. Por cada día de monumentos uno de baño, decidimos. Pero no en Viareggio ni en Forte dei Marmi, donde las playas estrechas y aburridas dominan sobre unas aguas tan tersas que parecen el Mar Muerto más que el Mediterráneo, sino un poco más lejos, más allá de la frontera que separa la Toscana de la Liguria, en Bocca di Magra, un pequeño pueblo situado en medio de un paisaje un tanto diferente.
xxxxEl camino a Bocca corre a lo largo de la costa y recuerda el pasillo de un piso muy largo por donde a cada rato desfila alguien con chancletas, un albornoz húmedo y el pelo mojado. Jóvenes a caballo de sus inseparables vespas y ciclomotores, como si los hubieran sacado de una película del neorrealismo italiano, van y vienen a toda prisa entre la playa y la casa, y la casa y la playa. Todas aquellas playas interminables están atiborradas de gente y asediadas, como si la población de Italia se elevara a dos mil millones de personas. A la orilla de la autopista hay un cartel que anuncia el restaurante Shelley, llamado así para recordar que no muy lejos de allí, en Lerici, se halla el último hogar del poeta inglés que se ahogó al naufragar su velero en una tormenta (Shelley, a diferencia de Byron, no sabía nadar; hasta hoy los poetas siguen divididos en los que nadan y los que no se meten en el agua).

 

 

 

Zagajewski, Adam. En defensa del fervor (Trad. J. Sławomirski y A. Rubió). Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

 

UNA REVOLUCIÓN SIN BAILE NO ES UNA REVOLUCIÓN QUE MEREZCA LA PENA

 

FAMILIA

 

FAMILIA

Amo a mi hermana.
Mi hermana ama a mi padre.
Mi madre amó a mi padre.
Mi padre no ama a nadie.

 

 

 

Neuman, Andrés. Dignidad de las moscas. Madrid; Ed. Moco de pavo, 2010.

 

UN MOMENTO DESPUÉS

 

(Poema de Ángel Paniagua aparecido en el número cero de la revista La Puerta Falsa de Murcia en diciembre de 1995)

 

UN MOMENTO DESPUÉS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo hallarás nuevas tierras. No hallarás otros mares.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa ciudad te seguirá.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxC. P. Cavafis

Dijiste: «Simplemente, el tiempo justo
de acabar el cigarro, leer un poco,
mirar por la ventana a esos chavales
hablando muy inquietos sobre un coche
prestado —al parecer le han roto algo,
un piloto tal vez— y regresar
al poema que había dejado a medias,
intentar terminarlo de una vez…

Todo esto después de estar pensando
en que nada posees, en que vives
de prestado y no haces más que andar
por los mismos pasillos, en que pronto
—si no encuentras trabajo y ganas algo
de dinero, si pasa otra semana
y otro mes y el verano y todo sigue
igual— tendrás que irte de ti mismo.

 

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LAS CONCUBINAS

 

LAS CONCUBINAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carmen Romero

Las concubinas saben que el rojo del color
de la seda que tejen no es el rojo
que el lenguaje revierte con su signo,
sino la luz que envuelve, antes de anochecer,
a la Naturaleza.
Ni el verde, sino el campo
que acude a sus miradas por poniente
y deja un territorio en duermevela.
No es el azul, sino
el color del estanque en la mañana.
No el gris, sino la última
nube que aplazará un cielo de tormenta.

Las concubinas saben el nombre del color
de la seda que tejen como un juego infantil
de metáforas puras.
¿Alguna vez han visto la vacuidad del nombre
de las cosas? ¿Alguna la belleza
de vivir lo nombrado y, con la seda,
cual juego de ignorancias
donde se tejen telas y lenguaje,
tratar de trascenderlo?

En el harem el rosa es el desierto
que separa el lenguaje de la literatura.

 

 

 

Lorenzo Candel, Javier. Juegos de construcción. Madrid; Ed. Visor, 2004.

 

JUEGOS DE CONSTRUCCIÓN

 

SOBRE LA MEDIDA DE NUESTRAS POSESIONES

El que mira al espejo
no tiene alrededores
en los que refugiarse,
no está próximo el mundo
de lo que no percibe;
y adivina la forma
exacta de su rostro.
El tiempo ya no duerme,
y el espacio lo aísla
de lo incomunicado.
La verdad es, ahora,
una voz que pronuncia
el nombre del que mira
y asedia a quien la busca
a través del espejo.
Pero quien con los ojos
fieles a lo que observa
aprende a distinguir
el nombre, la materia
a la que pertenece,
y busca las fronteras
que aíslan territorios
donde habita su alma,
el que mira al espejo
hallará, descubierta
en toda su pureza,
la condición del hombre.
Y dirá para sí:
Todo está en el espejo,
faltaba contemplarlo.

 

 

 

 

NAVEGACIÓN DE ASOMBRO

Después del mar quizá no quede nada,
después de dar por buena la memoria
empeñada en mostrarnos tierra firme
tal vez sólo nos queden recuerdos de la costa
y no la costa misma.

En esta singladura
y detrás de este mar
pueden haber dejado de existir
las huellas sobre el barro,
la humanidad, la tierra o el recuerdo
que la mantiene viva.
O puede haber dejado, definitivamente,
de sentirse el abrazo del puerto en la arribada.

Y a pesar del temor
de no encontrar jamás otro destino
el navegante atiende,
ante esta inmensidad,
a un húmedo extravío que hace olvidar el rumbo.
En el palo mayor nadie descubre
un solo acantilado batido por las olas.

Detrás de tanto mar, desde tanta memoria,
quizá no quede nada.

 

 

 

 

COMUNICAR LA LUZ

Me preocupa la luz,
pero no esa luz que ilumina las cosas desde fuera
y les da un sitio exacto y también una sombra,
sino esa luz que ocupa desde dentro
el camino del hombre,
la que dirige,
como una costumbre,
el paso hacia la muerte que aún no ha sucedido.

Me preocupa no haber reconocido
el alba que nos deja los párpados cerrados,
ahítos de una luz ajena a la mirada
y nos rescata, ufanos, del dolor,
del fondo de un presagio
inexorablemente escrito con ceniza.

Me preocupa la luz,
pero no la del faro que previene
a las naves de montes y laderas,
sino esa verdad que aflige a quien la busca.

Esa luz desde fuera del mundo
me preocupa esta noche,
porque su solo encuentro,
su reconocimiento, su origen,
no permita vivir para contarlo.

 

 

 

 

DEBERÍA DECIRSE

Debería decirse, por ejemplo,
que un instante después de pasar la tormenta
hace pensar que el mundo ha callado de pronto.
Y en la serenidad,
ni el clamor de las aguas,
ni los sonidos mágicos de la Naturaleza
se atreven a romper tanto silencio.

Debería decirse, pero el hombre
olvidó que el silencio justifica una historia,
un saberse capaz de describir el mundo
y atraerlo al origen de cada sentimiento,
y empezar a sentirlo.

Debería decirse, por ejemplo,
que es preciso detener el instante
en que la alondra canta,
y correr a contarlo.

 

 

 

 

NINGUNA ESTACIÓN

Ninguna estación dura eternamente.
El otoño suplanta a un verano con largos mediodías;
el invierno, a un otoño con niños que persiguen
el juego entre las hojas;
la primavera, al invierno arrasado,
llamado a la luz fría de la luna;
y el verano, al sueño preferido
de tanta primavera.
Así es también el hombre
porque desde el origen
no hay sensación que dure eternamente.
El paso de los años va dejando estaciones de derrota.

 

 

 

 

NOMBRADÍA

Has recorrido el tiempo de los lirios
con la fugacidad
con que el viento transporta la corriente
y hecho brizna de humo
has llegado a la casa.
Cerradas las compuertas
no hay prisa para el viento,
no hay caminos hacia ninguna parte,
los cauces son antiguas
promesas en la nieve,
ya no hay acantilados
ni luz aminorando los astros de la noche.
Ahora la calma mide
las tormentas de invierno,
y buscas una voz que precipite un nombre
donde reconocerte.
Pero nadie te nombra.

En este inmenso páramo,
que en las horas del alba
se atreve a confundirse con el cielo,
has vencido a la vida.

 

 

 

Lorenzo Candel, Javier. Juegos de construcción. Madrid; Ed. Visor, 2004.

 

DÉCADA

 

(CÓMO AGUARDAR LA NOCHE)

Soltar esa guitarra, por inútil.
Calentar agua en la tetera
observando el vapor con gesto absorto.
Renunciar a los libros
o posponer su bálsamo.

No pensar nada trascendente.
No insistir demasiado en la masturbación,
o insistir
con calma, sin urgencias
que enciendan la nostalgia.
Descartar
las ventanas, por tristes y promiscuas.

Padecer cada esquina de la tarde,
su obesa indiferencia.

Esperar.

Sólo después, a su debido tiempo,
acometer con rabia las venganzas o las deudas
y cabalgar la bestia de la noche.

 

 

 

 

(LA NOCHE ENTRE PARÉNTESIS)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Bur

La noche entre paréntesis
y su adictivo roce
bastaron para hacerme conocer
el ansia elemental,
latidos de unas ropas,
la rápida tristeza de una vela,
música cómplice, un rincón,
el peso y la medida del olvido.

 

 

 

 

(CONTINUIDAD DE LOS PATIOS)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Félix Romeo

Allá, entonces, todos nos pegábamos.
Llovían puños rojos
y el uniforme ondeaba hecho jirones,
la vida o la pelota. O ser cobarde.
Señalar con el dedo a los más débiles.
Burlarse de los tontos, perseguir a los listos.
Rencorosa amistad para quienes tuvieran
buenas notas, juguetes, una amiga.
Indiferencia, claro,
para el que no supiese matemáticas
ni luciese las zapatillas nuevas
de su padre más rico que otros padres.
Silencio o puñetazo. Puñetazo y callar.
Allá todos nosotros combatíamos
cada blanca mañana,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxhasta que el obvio
mordisco de los años me condujo
a abandonar el patio y esa gente.

Aquí, ahora, todos nos pegamos.

 

 

 

 

(CLAUDIA EN LA BIBLIOTECA)

xxxxxxxxxxxxxxxxPara Rafael Espejo

Rebuscas en los libros
con un extraño afán de jardinera.
Delicada y ansiosa, de perfil me pareces
distinta cuando curvas las rodillas
y se tensan tus muslos
debajo del vaquero. Muerte lenta
contemplar, sin tocarlo,
el pequeño tatuaje en tu cintura.
Será mejor sufrir que describir los pechos:
¿quién se atreve a cruzar los toboganes
que unen la palabra con su tema?

Así que huyo
y finjo distracción.
Si volvieras la vista a quien te escribe
desaparecerías, y es demasiado pronto.
Sigue leyendo, Claudia.
Haces bien en amarte.

 

 

 

 

(A UNA BAILARINA DE TANGO)

Con dos copas
ella siempre bailaba,
yo por norma
no solía moverme de la barra.
Era raro que fuéramos puntuales.
Nos gustaba pelear bajo la luna.
Era pálida, odiaba el maquillaje.
Color tacón de aguja
sus ojos perforaban los ajenos.
Tenía una virtud insuperable:
sonreía sin miedo.
De mí le interesaba, me parece,
la manera que tengo de ser lento
y a la vez imprudente.
Nos quisimos un tiempo
o dos, quizá. No sé.
Fue el amor de mi vida para siempre
y luego no lo fue.

 

 

 

 

(BANQUETE)

Si atravieso la última espiral,
complétame la fuga con un beso
por debajo del lóbulo: con eso
vendería mis bienes por el mal.
Qué sencillo este juego, la moral
se muere entre tus piernas por exceso,
entrego la conciencia y luego ingreso
en tu nerviosa boca de panal.
Inventar un idioma que se calle.
Malhablarnos. Hacer de ti a mordiscos
mi mejor apetito hasta que estalle
la tacaña razón de los ariscos,
la obsesión por cuidar cada detalle,
el miedo a que el placer nos deje bizcos.

 

 

 

 

(EL TOBOGÁN)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara mi hermano Diego

Ya comienzo a notar
una aceleración ajena de los años.
No digo que presienta la vejez
(aunque la veo)
ni inventaré precoces experiencias.
Es algo diferente:
un vislumbre borroso, una antesala
del tobogán, siempre más corto
de lo que el niño desearía
y más veloz de lo que el hombre espera.

Si ya he dejado atrás al niño
(quizá lo cargo a hombros)
hoy tengo frente a mí al hombre que seré.
Soy, como dicen, joven, y no obstante
ya comienzo a notar esta aceleración
extraña, que no es mía, que es del tiempo
y planea arrastrarme, sin consultar conmigo,
hasta un parque de arena y hierba seca
donde, obligado a ser el niño que dejé,
subo la escalerilla y caigo
al encuentro del hombre que me espera,
familiar, con los brazos abiertos.

 

 

 

 

(PALABRAS A UNA HIJA QUE NO TENGO)

Entornaré tus ojos si prometes soñarme.
Compréndeme, no es fácil velar por alguien siempre:
a veces necesito saber que tienes miedo.
Cuando sepas hablar, dame mi nombre;
diciéndome papá habrás hecho bastante.
En invierno no abrigues demasiado
tu cuerpo de princesa, más útil y más noble
es irse acostumbrando a resistir.
Acepta golosinas de los desconocidos
(no está el mundo como para negarse)
pero apréndete esto en cuanto puedas:
más frecuente es lo amargo, que te ignoren,
y no los caramelos.
Te enseñaré a leer fuera del aula
y llegada la hora quiero que escribas «mar»
sobre los azulejos del pasillo.
Cuando cruces por fin la calle sola
sabrás que el riesgo y la velocidad
perseguirán tus días para siempre.
No creas que en el fondo no soy un optimista:
de lo contrario tú no estarías ahí
cuidando que te cuide como debo.
Como ves, desconfío
de quienes no veneran el asombro
de estar aquí, ahora.
Existe la alegría, pero duele;
tendrás que conseguirla.
Y cuando la consigas tendrás miedo.

 

 

 

Neuman, Andrés. Década (Poesía 1997-2007). Barcelona; Ed. El acantilado, 2008.

 

MÍSTICA ABAJO

 

(CATEDRAL VULNERABLE)

Su belleza es el don de lo perdido:
hace ya mucho tiempo que los fieles
dejaron esta casa.
Desde entonces sus muros indefensos,
sus piedras literales,
su eternidad mordida, corporal
se entienden con el viento y con las lluvias.
Ahora, al ser tan débil, su música es humana.

 

 

 

 

(PLEGARIA DEL QUE ATERRIZA)

Cielo, yo que no creo que en ti floten mensajes
y que leo en el alma (y digo alma)
cómo nada más alto nos protege
que el placer, la conciencia y la alegría,
yo te prometo, cielo,si aterrizamos sanos
que guardaré este miedo que hace temblar mi pulso
mientras escribo en manos de la furia del aire.
Lo guardaré, si llego, no para fabular
razones superiores ni para desafiarlas
sino por recordarte siempre, cielo,
liso, llano y azul como ahora te alcanzo,
hermoso, intrascendente, un simple gas que agita
la luz y me conmueve
como sólo un viajero transitorio,
como sólo un mortal puede saberlo.

 

 

 

 

(MUJER LEYENDO)

Admirar es el verbo
que dice en su doblez
lo que despierta en mí tu quieta pose.
Esa misma doblez está en tus pechos
porque elevas el libro y lo sostienes
juntando bien los brazos, plegando la atención.
Me tienta imaginar el personaje
al que estás abrazando, en qué adjetivos
prefieres detenerte. Me entretengo
calculando la pausa, la cadencia
con que pasas las páginas; sonrío
al comprobar que eres una lectora lenta,
con rodeos de asombro o de pregunta.
Quién pudiera de ti recibir esos ojos
con el mismo deseo, con idéntica hondura.
Eres lo que hace falta. Belleza meditando.
Carne con su temblor y su sintaxis.
Ese lugar en que la inteligencia
y la sensualidad se hacen un nudo.

 

 

 

 

(LA ESTANCIA Y LOS TRASLADOS)

Artesana, de par en par te ofrezco
mi morada hasta el último postigo.
Mi morada, aunque no sus posesiones:
no necesitas préstamos ni herencias,
tú habitas lo que tocas con lo tuyo,
lo tuyo es suficiente y lo trasladas.
En ti tendré mi viaje por la tierra
igual que en mí hallarás la casa móvil.

«Yo prefiero mil veces», me susurras,
«una puerta entornada que un castillo».
Admiro ese misterio
con que todo en ti piensa o se distrae.
Tú también nos das forma y aquí dentro
la mitad de mis voces son las tuyas.

Eso sí, cuando salgas,
cuando sea que cruces el umbral
porque así lo decide tu camino
apágame las lámparas despacio
y enséñame por dónde sale el sol.

 

 

 

Neuman, Andrés. Mística abajo. Barcelona; Ed. El acantilado, 2008.

 

MEMORIA DEL MALENTENDIDO

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxVerás con cuánto amor llama porfía.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxiixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLope de Vega

AUNQUE OSCURO en el agua es su reflejo
y en el pozo está escrita la condena,
piensa el muchacho en transformar la escena
y apacible gozarla cuando viejo.

Confunde la ventana y el espejo,
y, al mirarse en la calle, da por buena
la luz artificial de la verbena
que se entretiene en su interior perplejo.

Pero al llegar al fin del tercer acto
y escuchar nuevamente a sombría
llamada silenciosa del abismo,

comprende que era estéril cualquier pacto
del yo con lo que fuera entrar porfía:
que ventana y espejo son lo mismo.

 

 

 

 

LA CASA

Cuando llegó a su casa, todavía
no pudo ver las grietas que manchaban
con dibujos obscenos las paredes.
Eran jóvenes, vírgenes, sus ojos;
tranquila su intención, como los amplios
ventanales abiertos a una calle
burguesa, no excesiva, de mediocres
perspectivas, medidos horizontes
(con un árbol aquí y allá una nube
de cuando en cuando aborregada: un Tiépolo
ni demasiado blando ni tampoco
saliéndose de madre, con sus dioses
benévolos, de blanca y luenga barba,
pero proclives a dictar ukases
que no pueden cumplirse).
Adolescente,
cuando empezaban a llegar a un plano
más acuciante las primeras grietas
que advirtió en las paredes,
decidió
recubrirlas de cuadros y de libros
que ocultaran la impúdica lascivia
de sus ladrillos, donde no emplearon
una arcilla mejor los albañiles.
Y así, quitó inmundicia, a la ruinosa
casa donde vivía, el decorado
de música inefable y exquisita
poesía que heredó de sus ancestros
comunes, e impedían contemplar
la caverna —sin ellas cubil sórdido—
que un hogar aparente constituye.

Hoy han pasado muchos años; tantos
que ya el derrumbe se hace inevitable,
y han adquirido solidez los cuerpos,
las secuencias que fueron decididas
por el bestial coprólogo. La calle,
donde ha aumentado el tráfico, conserva
pese a todo el burgués y acomodado
perfil de aquel entonces: continúan
el árbol y las nubes, menos claras,
pero ya se sospecha que es un ruido
caótico la música exquisita
que antaño se escuchó, y las inefables
palabras que creyéronse dictadas
por los dioses no tienen más sentido
que el color inarmónico del techo,
aunque aún los vecinos disimulen
—tal vez por toma y daca— y nadie diga
que la casa se encuentra ya en las últimas,
y se acepte por mutua deferencia
que es noble y respetable, y no la máscara
que oculta toda corrupción, el rostro
del hombre que sonríe y nos saluda
si en la escalera un día lo encontraremos.

 

 

 

 

EL MALENTENDIDO

No tenía importancia. Ése es el juego,
la diversión sublime de los dioses.
Tanto tiempo creyéndose en el vértice
del dolor más profundo, la abyección infinita
que enloda la raíz del pensamiento;
tanto esfuerzo
consagrado a arrancarle a la penumbra
su corteza de niebla,
para, al llegar exhausto, envejecido,
cuando ya el retroceso no es posible
del tiempo y la moneda está gastada,
despertar con que fue un malentendido:
que fue un error el hierro entre las ingles,
el látigo de fuego en los ijares,
a corona en la frente acobardada.
Fue sólo la costumbre de una época,
una simple cuestión de perspectiva
deteriorada ya por la huidiza
—y efímera también— nueva manera
de comprender las cosas. Ya lo dije:
sólo un malentendido. Innecesarios
la soledad (sonora o sin remedio),
la sed sin esperanza, el llanto oblicuo,
la cadencia sin ritmo, el ciego impulso.
Todo estaba al alcance de la mano:
no sólo la tortura, no el silencio,
no la lágrima sólo, no la muerte.

 

 

 

 

OTRA LECCIÓN DE HISTORIA

Toda la Historia fue un malentendido.
Si hoy Craso y Espartaco se encontraran
en la cervecería, liberado
ya aquél del poderío y de la púrpura
y el hedor de la sangre, éste del hierro
que le oprimió el tobillo antes de herirle
del último zarpazo,
podrían dialogar tranquilamente,
risueños, divertidos, asombrados
de que ¿por qué minucia? tan distintas
transcurrieran sus vidas. (Lady Macbeth
erró al creer de Arabia los perfumes
incapaces de hacer blanca su mano,
sin letal pestilencia. Basta el tiempo
y acaso el turbio aroma de los cómplices
y nada más para borrar el crimen).
Mauthaussen fue un error; Chatila y Sabra
no significan más que el gesto torpe,
sin estudiar, de un mal actor novato,
pero que al fin domina el escenario
y el público le aplaude
porque supo, maduro, dominarse
y hacer que se olvidara lo molesto
difuminado en la distancia. Nadie
fue quemado en la hoguera por negar
la enseñanza del Papa; en todo caso,
no es sensato guardar tan viva imagen
de un suceso anecdótico, ya viejo,
sólo un simple y vulgar malentendido,
que no impidió el progreso de los hombres
hasta alcanzar la bomba de neutrones,
la pasión comedida, el aprobado
vital donde se esconde el conformismo,
donde nada recuerda tanta infamia
reproducida ahora, en este instante,
que olvidarán también en el futuro
mis hijos y tus hijos si se encuentran
en la cervecería, sin memoria.

 

 

 

 

YO, LA REVOLUCIÓN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA los de aliento firme:
xxxxxxxxiixxxxxxxxxxTere Morán, Colás, Lito Peón…

Para que vieras que la sangre es roja
la cabeza corté del rey don Carlos.
Y el viento preso en la Bastilla pudo,
porque abatí sus piedras, darle al cielo
la carcajada de su cabellera:
blasfemia y estandarte contra el caos
al que le llaman orden los esbirros
de la púrpura blanca. Del Palacio
de Invierno, en que gemían las alfombras
de piel asesinada, hice un museo
donde el hombre su historia conociera
para no revivirla, y de las cumbres
traje la nieve inútil y la puse,
ya dueña de su impulso, a la tarea
de convertir en pan la piedra dura.
Mas descansé en el séptimo nocturno,
y, al despertar del sueño, el escenario
comprendí que era el mismo: la cabeza
del rey don Carlos nuevamente altiva,
las Bastillas sus muros reafirmando,
y el Palacio de Invierno con alfombras
pisadas cada vez con más lujuria,
petrificadas de terror las aguas.

Pero la sangre sigue siendo roja.

 

 

 

Álvarez, Carlos. Seguiremos sembrando (Antología 1964-2010). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

EL EQUILIBRISTA

 

Cada vez que nace un héroe, muere un ciudadano.

 

xxxxx*

 

Qué increíble progreso supondría reemplazar lo políticamente correcto por lo moralmente profundo.

 

xxxxx*

 

Las ideas actúan. Por eso no todas las opiniones son respetables.

 

xxxxx*

 

Si no aceptamos nuestros demonios, sólo podremos aspirar a ser pésimas buenas personas.

 

xxxxx*

 

Mucho más que nuestras opiniones, nos delatan nuestras conjeturas.

 

xxxxx*

 

Hedonista y reflexivo.

 

xxxxx*

 

El odio es vírico. La envidia, crónica.

 

xxxxx*

 

A veces nuestro enemigo interior es lo mejor de nosotros mismos.

 

xxxxx*

 

La juventud no es insultante sólo por la actitud de quienes la poseen, sino por las melancolías de quienes la contemplan.

 

xxxxx*

 

No confundir la moral con quienes la defienden.

 

xxxxx*

 

La plenitud contempla el placer durante el placer.

 

xxxxx*

 

La entrega permanente es egoísta. La generosidad también consiste en permitir que nos ofrezcan.

 

xxxxx*

 

Procurar no hacer nunca daño a nadie. Pero dar la impresión de ser muy capaz de hacerlo.

 

xxxxx*

 

Noticia trágica: el sentido del humor tampoco nos hace invulnerables.

 

xxxxx*

 

¿Leemos los periódicos para informarnos? ¿O lo hacemos con el secreto fin de confirmar nuestra idea de la realidad?

 

xxxxx*

 

¿La tradición como ancla o como trampolín?

 

xxxxx*

 

Terminar una obra es una proeza. La única mayor es empezarla.

 

xxxxx*

 

La disciplina es una estética.

 

xxxxx*

 

El sentido no precede a la obra: es su conquista.

 

xxxxx*

 

Todo crítico o artista que pregona el apocalipsis se postula en secreto como superviviente.

 

xxxxx*

 

El erotismo es una posibilidad; la pornografía, un hecho consumado. La diferencia no es moral sino lingüística.

 

xxxxx*

 

Don de la soledad: escribimos porque estallamos de urgencia por decirle algo a alguien, y no encontramos a quién.

 

xxxxx*

 

Los poetas sólo aspiramos al mismo trato que reciben los demás ciudadanos: pagadnos.

 

 

 

Neuman, Andrés. El equilibrista. Barcelona; Ed. El acantilado, 2005.

 

LAS MANOS LIMPIAS

 

LAS MANOS LIMPIAS

xxxxAl ipríncipe iHamlet ino ile iimpulsan xlos xresortes
que imueven ia ila iacción. Claudio ipodrá por ello gozar
de su mujer y de su trono. El príncipe Hamlet es un inte-
lectual, iy iel iintelectual ivacila, no está seguro de nada.
Pero esa vacilación ino salvará a la postre la vida del rey
Claudio, xni xla idel ipropio iHamlet, ini ilas ide iPolonio,
Rosencrantz, xGuildernstenio, xOfelia, ixla ixreina xGer-
trudis iy iLaertes. iSólo iHoracio, imudo iespectador idel
drama, ivivirá ipara icontar icómo iFortinbrás conquistó
el trono de iDinamarca: icómo iPinochet iacabó icon ilas
esperanzas del ipueblo ichileno. iTal ivez por eso, en Las
manos sucias puede decirle iHoederer ia iHugo ique “un
intelectual ino ies iun iverdadero revolucionario; tiene la
pasta adecuada para ser un asesino”.
xxxxQuien ivaciló itantas iveces isin ique isu duda le im-
pidiera impulsar otras iacciones iha iresuelto ya su defi-
nitivo ipara iqué. iY, icon iél, iKierkegaard, Jaspers, Hei-
degger… iUnamuno. xMorir xes xdormir, xsoñar xacaso:
¿seguir isoñando ila duda? Shakespeare no respondió a
ese problema. Se limitó a plantearlo.
xxxxEl iespíritu ide ila iresistencia. La conciencia de Eu-
ropa. iEl ihombre ique ino iaceptó el Nobel. La angustia
ante el propio iexistir. El iabandono ide iDios, iel iaban-
dono ide iMarx. iLa protesta lúcida ante el crimen, pero
también el ianálisis idel iporqué ide ese crimen: los cul-
pables no ipueden irefugiarse ien Altona porque no hay
perfumes en iArabia capaces de enjugar el hedor de las
manos ide lady Macbeth. ¿Cuántas cosas han muerto a
las 21 horas del martes en un hospital de París?
xxxxEn itodo icaso, iel iejemplo, itambién shakesperia-
no, de un hombre que intentó ser fiel ia sí mismo para
que de ahí se siguiera, icomo la noche al día, la imposi-
bilidad de ser infiel a los demás.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxx17 de abril

 

 

 

Álvarez, Carlos. Seguiremos sembrando (Antología 1964-2010). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

REFLEJOS DE CANTOS OSCUROS

 

SINFONÍA HEROICA

Mentiría si no reconociera
que Shakespeare más que Marx me ha conmovido,
y que Lenin no habita donde Mozart
se acerca a lo que amo.
Pero si en Petrogrado un pueblo en armas
destruye los esquemas de la Historia,
y la Comuna de París resiste
sólo un momento acaso
más del tiempo que fuera razonable,
se me olvida Beethoven, y las coplas
de La Internacional es lo que canto.

 

 

 

 

NADIE IGNORA QUE ES triste Andalucía,
miserable su terco claroscuro
tejido de ignorancia y latigazos.
Allí el saber temprano, estremeciéndose
como pisadas uvas que su espíritu
y el incienso y la mirra
sacrifican al turbio señorío,
mantiene su recato en los arcones
de terciopelo cárdeno.
Hay sudor en las venas que más deshilachadas
contempla el forastero, y ve en la frente
y en la espalda una antigua astronomía
de signo inexorable.
Pudo la claridad ser su semilla,
pero se alzó la noche;
y el arsenal de libros que la tierra
cuando llora produce
bajó hasta la bodega. Andalucía…
pasión de fuego fresco, mar salino,
la esmeralda, el zafiro, el rubí blanco
que confundió el color de la pureza

…y un colmillo tricorne en plenilunio
que nunca retrocede
para morder la piel del hombre llano.

 

 

 

 

NO SÓLO LOS ACCIDENTES DEL TERRENO, las cur-
vas xo xaristas ide isu igeometría xo xel xcolor —siem-
pre xiambiente, xsegún xla xresistencia xque xopongan
las inubes xa xla xinclemente xo xbenéfica xmirada xel
sol— xdefinen xel xparentesco xde xlos xpaisajes. iHay
montañas xque xparecen xhermanas xde xotras ilejaní-
simas, icuya ifigura ien inada irecuerda ila ique iun día
se xcoloca xante xnosotros xcon xun xperfil xdiferente
del xque xtienen xla xcostumbre ide iofrecernos, ipero
que xnos xhacen xcomprender xen xseguida xque xsu
apariencia xesconde xuna xiafinidad xicompleja, xique
pasará xinadvertida xpara xquien xlas icontempla icon
ojos xsuperficiales, xporque xsu iidentificación ino xes
posible ia itravés ide ila ifísica, isino ide ila moral. Hay
una imoral idel ipaisaje. iEl xsobresalto xde xun xárbol
que ia iduras ipenas isujeta isus xraíces xen xla xtierra
última xque xbordea xun xiprecipicio xisugiere xisenti-
mientos (e iimpulsa iactitudes) xque xno xpueden xser
comprendidos xpor xel xrío xque idesliza isu isatisfecha
mansedumbre xa xtravés xde xla xllanura, xpacífico xy
sosegado xen xsu xsesteo. ¿No xes xel ivolcán iuna ipe-
sadilla xde xla xNaturaleza? xY xde xla imisma imanera
que ien iun iameno iprado ide xTesalia xtoda xla xespe-
sura xinició xante xmí, xinvitándome xa xunirme xa xla
ceremonia xen xun xmomento xbañado xpor xla igracia
luminosa xdel xriente xfrescor xmañanero, xila xidanza
de xseres xirreales xque xBeethoven xdesarrolla ien iel
primer xmovimiento xde xla xSinfonía xen xLa xmayor,
cuando xatravesé xlas xTermópilas xme xencontré xde
pronto xen xlos xdesfiladeros xde xiDespeñaperros, xy
otra xvez xestaba xla xbatalla xindecisa, pero ahora no
eran ilos iespartanos iquienes ise idefendían xdel xaco-
so xmedo, xni xZeus xprotegía isu icetro iarrebatado ia
Cronos ide ila iambición ide xlos xtitanes: xcampesinos
de xmagra xfigura, xcurtidos xpor xel ilatigazo isecular
no isólo idel isol, isino itambién xdel iarrogante iy ibas-
tardo, xusurpador xseñorío xde xuna xcasta imiserable,
desharrapados xy xheroicos, xcon ila ifuerza ide ila ihu-
millación xy xla xnecesidad xen isus imanos ipertrecha-
das xicon xilas xarmas xmás xelementales, iintentaban
empujar xhasta xel xpozo xsombrío ide ila idestrucción
a ilos ique isiempre ihabían ipuesto isus ipies icalzados
con ifuerte icuero ien ilos isuyos xdescalzos, xy xen xla
espalda, iy ien ilos ihijos, iy ien ila ifrente, y en la cama
pobre xde xlos xofendidos. xY xsupe, iaños imás itarde,
que xdesde xla xllanura xde xMaratón, xiun xijornalero
que idejaba ilas ihuellas ide isu isangre ien iel polvo de
los xsenderos xy xen xlos iespinos ide ila imaleza, icon-
servó ien isus ivenas iel iúltimo ihálito ide xsu xespíritu
hasta xanunciar, xal xentregarlo ia isus ivecinos ien ila
plaza ide xcualquier xpueblo xde xAndalucía, xla xjubi-
losa nueva de la derrota total de los caciques.

 

 

 

Álvarez, Carlos. Seguiremos sembrando (Antología 1964-2010). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

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