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Archive for enero 2022

E. E. CUMMINGS

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SONNETS – ACTUALTIES VII

quiero mi cuerpo cuando está con tu
cuerpo. xxEs algo tan nuevo.
Los músculos mejor y aún más los nervios.
quiero tu cuerpo. xxquiero lo que hace,
quiero sus modos. xxquiero el tacto de su espina
dorsal,sus huesos y la palpitante
-lisura-suavidad que he de
otra .vez .y .otra .y .otra
besar, xxquiero besarte aquí y allí,
quiero,lentamente palpar,rozar el vello
de tu eléctrica piel,y aquel que nace
sobre la hendida carne…Y grandes ojos migas de amor,

y tal vez quiero el estremecimiento

bajo de mí de ti tan nueva

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MIGUEL RASCH ISLA

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LA MANZANA DEL EDÉN

En la grata penumbra de la alcoba
todo, indecisamente sumergido
y ella, desmelenada en el mullido
y perfumado lecho de caoba;

tembló mi carne enfebrecida y loba,
y arrobeme a su cuerpo repulido
como a un jazminero florido
una alimaña pérfida se arroba;

besé con beso deleitoso y sabio
su palpitante desnudez de luna
y en insaciable exploración, mi labio

bajó al umbroso edén de los edenes
mientras sus piernas me formaban una
corona de impudor sobre las sienes.

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (144)

Ayer volví a tener la suerte de disfrutar de un concierto de Alberto Alcalá. Estuvo en Murcia tocando temas de sus dos discos y mostrando algunas de las composiciones de lo que podría ser su próximo disco. No saben lo que se perdieron, algunos de sus temas clásicos como ‘El arenero’, ‘El viajero’, ‘Lola y Manuel’ o ‘Granada’ (increíble la versión de este tema con la que terminó el concierto) sonaron a gloria, pero es que algunos de los temas nuevos que cantó están, de mínimo, a la altura de sus mejores canciones.

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Llevo mucho tiempo hablando bien de Alberto Alcalá por la sencilla razón de que creo honestamente que lo merece. Más de uno se llevará las manos a la cabeza y se preguntará por qué no lo ha descubierto antes cuando lea próximamente que Javier Ruibal lo considera su heredero. Pues eso, que no se lo pierdan si tienen la oportunidad.

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Categorías: Música Etiquetas:

ESTA NOCHE, ALBERTO ALCALÁ EN MURCIA

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Uno lleva mucho tiempo hablando bien de alguna gente por la sencilla razón de que cree que lo merecen. Alberto Alcalá es una de esas personas. Y es que no todo el mundo puede decir que es respetado por sus compañeros de profesión. Si a eso se le añade el aire flamenco y la calidez con la que toca la guitarra, y la dedicación y el respeto con el que trata sus textos, uno no puede más que invitar a todo el mundo a ir a verlo.
Ya saben, si quieren nos vemos esta noche disfrutando de las canciones de Alberto Alcalá.

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Categorías: Música Etiquetas:

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (143)

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De verdad que muchas veces no sé cómo agradecer los regalos que llegan a casa. Y lo de la Cartonera del Escorpión Azul ya sobrepasa todos los límites porque me siento abrumado cuando veo la cantidad de obras que me envían (uno, además, sabe el trabajo que hay detrás).
No duden que en cuanto pueda subiré textos de las tres obras por si a alguien le interesa y quiere hacerse con alguno de estos trabajos.

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BALDOMERO FERNÁNDEZ MORENO

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REVELACIÓN

Yendo para la escuela
con las niñas del pueblo,
por coger unas moras
nos subimos a un cerro.

Entre la carretera
y el espinoso seto
la cuneta se ahondaba
toda blanda de berros.

Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.

Una de ellas, de pronto,
Esperanza, me acuerdo,
púsose de cuclillas
a hacer aguas al viento.

Casi instantáneamente
yo me quité el sombrero
y lo eché cuesta abajo
camino de los berros.

Me lancé presuroso
tras él a recogerlo,
y al instante de alzarlo
miré hacia arriba, trémulo.

Vi una rosa bermeja,
tanto, que daba miedo,
dos pétalos de carne
abiertos, gordezuelos,

y un grueso chorro de oro
rectilíneo, violento,
que levantaba espumas
al chocar contra el suelo.

Yo no sabía nada,
de saber era tiempo.

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (142)

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He hecho un pedido a Ediciones Liliputienses y en el paquete iban de regalo lo que pueden ver en la imagen.
En cuanto pueda subiré al blog textos de ambos regalos.
Gracias a José María Cumbreño por el detalle.

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EFRÉN REBOLLEDO

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EL BESO DE SAFO

Más pulidos que el mármol transparente,
más blancos que los blancos vellocinos,
se anudan los dos cuerpos femeninos
en un grupo escultórico y ardiente.

Ancas de cebra, escorzos de serpiente,
combas rotundas, senos colombinos,
una lumbre los labios purpurinos
y las dos cabelleras un torrente.

En el vivo combate, los pezones
que se embisten, parecen dos pitones,
trabados en eróticas pendencias,

y en medio de los muslos enlazados,
dos rosas de capullos inviolados
destilan y confunden sus esencias.

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RAINER MARIA RILKE

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AL ESCRIBIRTE, UN JUGO…

Al escribirte, un jugo
brotó en la masculina flor,
que para mi ser hombre
es rica y enigmática.

¿Sientes, cuando me lees,
lejana cariñosa, qué
dulzor fluye en el cáliz
femenino, dispuesto?

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LEOPOLDO LUGONES

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OCEÁNIDA

El mar lleno de urgencias masculinas
bramaba alrededor de tu cintura
y, como un brazo colosal, la oscura
ribera te amparaba. En tus retinas

y en tus cabellos y en tu astral blancura
rieló con decadencias opalinas
esa luz de las tardes mortecinas
que en el agua pacífica perdura.

Palpitando a los ritmos de tu seno
hinchóse en una ola el mar sereno
para hundirte en sus vértigos felinos.

Su voz te dijo una caricia vaga
y al penetrar entre tus muslos finos
la onda se aguzó como una daga.

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PIERRE LOUYS

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LA MUJER


SONETO LIMINAR

….La orquídea

Una flor hasta el fondo tu vientre ha devorado,
penetra tus entrañas su tallo como un dardo,
con su raíz escarba tu carne y te estremeces
cuando a los sobresaltos del corazón responde.

Es una flor extraña y rara, es una orquídea
misteriosa y aún apenas florecida;
la conoció mi boca y concebí la idea
de humillar a sus leyes mi orgullo y mi razón.

Por eso, de tu flor de carne dolorida
haré para la Virgen María un lirio puro
de oro rojo incrustado y de marfil fulgente,

corola de rubíes como una flor de estrella,
carne azotada y virgen con oleadas de sangre,
tu vulva roja y blanca y toda lilial.

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LA VULVA

I. Los pelos

Un rayo matinal de sol acaricia y dora
su marmórea carne y sus áureos pelos;
¡cómo excitáis mis dedos adolescentes, oh
potentes pelos rubios que estremece la aurora!

Al hundirse en la almohada su fatigado cuerpo,
el mechón delicado alumbra su piel blanca
y creo ver brillar con menor claridad
bajo cabellos menos rubios sus castos senos,

y tras unas pestañas menos largas sus ojos.
Porque sus pelos han crecido en su olor impuro,
es ligera su espuma y está hecha de oro vivo

y hay en ella reflejos del crepúsculo gualda;
así que rezaré en silencio a su vera
como una bizantina al pie de un santo icono.

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II. Los pelos

Cuando enredan mis dedos vuestra clara espesura,
potentes pelos rubios que la luz estremece,
me imagino un gigante de épocas fabulosas
que aplasta entre sus manos los bosques cuaternarios.

Si en torno de mis dientes os anuda mi lengua,
obsesiona mi olfato diferente nostalgia:
me parece tragar olor a algas marinas
y estar mascando fucos en las rocas ardientes.

Pero al abrir los ojos observo a la que adoro:
es un poco de océano en un temblor de aurora,
la espuma de una ola, brumazón de oro vivo,

mechón vago olvidado por la adorada mano
que formó con espuma y sol de amanecida
tu piel blanca y tu cuerpo espléndido, Citeres.

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III. El monte de Venus

Bajo el fulvo mechón alzado en aureola
en la base del vientre obsceno y triunfal,
puro como la frente de un niño, el monte de Venus
brilla apaciblemente en su esplendor criollo.

Apenas oso verlo y rozarlo con el dedo;
tiene el dulzor, su pulpa, de párpados bajados,
su pía claridad sublima el pensamiento
y el corazón consagra lo que en él ve la carne.

No te extrañes si notas que mi pudor me impide
manchar de ese durazno la exquisita epidermis,
si tengo miedo y quiero simplemente adorarlo

y, asomando despacio por tus nalgas abierta,
besar tu Venusberg igual que un sacramento,
como besó Tannhäuser también las ramas verdes.

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IV. Las ninfas

Sí, también labios, sí, y labios bien sabrosos
pero de carne aún más frágil y más tierna,
sueños de carne rosa bajo los pelos de oro
que hacen palpitar leves las manos amorosas.

Flores también, muy dulces, floraciones nocturnas,
pétalos delicados cubiertos de rocío
que ceden y se pliegan bajo la flor exhausta
y lloran el deseo, gota a gota, sin ruido.

Oh labios, inundadme con divinas salivas,
con voluptuosidad de sangre y calor de encías,
con los escalofríos incendiados del beso,

oh flores turbadoras, místicas y divinas,
acercad a mi pecho sin aplacarlo nunca
un misterioso incienso de aromas femeninos.

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V. El clítoris

Bajo el tibio repliegue de las ninfas se esconde,
tal pistilo de carne en lirio doloroso,
el clítoris, coral vivo, corazón fosco
que estremece el recuerdo de bocas olvidadas.

La mujer toda entera vibra y se centra en él,
es la fuente del celo en dedos de la virgen,
es el eterno polo en que el deseo converge,
es cielo del espasmo, corazón de la noche.

Lo que al flanco murmura cualquier carne lo entiende,
a su menor temblor los pezones se tensan
y sus sordos latidos ponen fuego en el cuerpo.

Oh clítoris, rubí misterioso agitándote
brillante como joya en el torso de un dios,
¡álzate, sanguinoso, ante las bocas rojas!

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EL HIMEN

Virgen, es el testigo de tu virginidad,
es muralla del templo de tu interior, ¡oh santa!,
es caballero puro que defiende el cercado
donde el corazón rinde su culto a la belleza.

Aún no ha rozado un falo la archivolta vellosa
de esa puerta triunfal por donde se entra en Dios,
ningún hombre conoce aún tu abrazo de fuego
y ha conservado el celo tu pudor impoluto.

Pero tu himen se muere; está ya desgastado
a fuerza, noche y día, de beber en él besos
con el ensañamiento de la lengua bravía.

Y cualquier día, dando en el velo extenuado,
este furioso miembro, brotando de mi boca,
lo va a agujerear como un pañuelo roto.

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JEAN-ARTHUR RIMBAUD

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[DÍPTICO]

xxxxxI

Nuestras nalgas no son las suyas. A menudo
he visto tras un seto gente desabrochada,
y en los baños en cueros, diversión de la infancia,
observaba el diseño y forma de nuestro culo.

Más firme, en muchos casos pálido, está provisto
de planos evidentes que tapiza la reja
de los pelos; en ellas solamente en el surco
encantador florece el largo raso espeso.

Con enternecedora gracia maravillosa
como sólo en los ángeles de los cuadros se ve
imita la mejilla que la sonrisa ahonda.

¡Oh, a la par desnudos, buscar dicha y descanso,
la frente situada en su parte gloriosa,
y libres ella y yo, gemidos susurrar!

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xxxxxII

Oscuro y con fruncidos como un clavel violeta,
respira, humildemente escondido entre el musgo
húmedo aún de amor que por la dulce rampa
va de las blancas nalgas al borde de su ojete.

Filamentos iguales a lágrimas de leche
llorando sota el viento cruel que los rehúsa
por entre coagulillos de rubicunda arcilla
van a perderse donde los conduce el declive.

Se abocó a su ventosa a menudo mi sueño;
y mi alma, envidiosa del coito material,
lo hizo su pardo nido de sollozos y lágrimas.

Es oliva extasiada y flauta zalamera,
tubo por donde baja el praliné celeste,
Canaán femenino cercado entre humedades.

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HO XUAN HUONG

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LA GRUTA DE CAC CO

Entre el cielo y la tierra ha nacido esta roca,
la divide en dos boques una grieta honda, honda,
cubre el musgo sus bordes y el hueco se desgarra,
acompasadamente bate el viento los pinos,
salpica el agua fresca sus perlas gota a gota,
entra en ella un camino que se pierde en lo oscuro.
El hábil escultor que esta roca talló, alabado sea,
porque la hizo accesible, al entreabrirla, a los ojos de muchos.

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EL POZO

La callejuela que conduce a él es húmeda y profunda.
¡Oh qué pozo excelente, de agua clara que es una maravilla!
Centellea la pasarela con sus dos tablas blancas.
Su agua corre en un reguero de transparente limpidez.
En torno a su brocal trepa la grama en pequeños mechones.
Un pececillo vivaracho en medio de la corriente nada.
Quién sabe si este pozo, al igual que una virgen, está intacto.
A ver quién es el guapo que se atreve a pescar en esas aguas.

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EL ABANICO DE PAPEL

¿Cuántas varillas tiene, diecisiete, dieciocho?
Deja que me encariñe y lo tenga en mis manos.
Delgado o grueso, se abre y es un lindo triángulo;
estrecho o ancho, se hinca en su base un clavillo;
cuanto más calor hace, da más fresco;
se desea de noche todo el tiempo, y de día se sigue deseando.
Como el rosado rostro de una joven, da la cola de kaki color a su país.
Los mimos del señor, los amores del rey, a ese chisme se deben.

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EL FRUTO DEL ÁRBOL DEL PAN

Mi cuerpo es como el fruto que da el árbol del pan,
de corteza rugosa, de pulpa muy espesa;
amigo, si te gusta, hunde en él tu punzón
pero, ojo, si lo palpas, te pringarás los dedos.

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (141)

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Pues acaba de llegarme a casa este ‘Horror en el hipermercado. Poesía y publicidad’ gracias a la generosidad de Luis Bagué. Gracias, gracias, gracias.

Y a quienes os pasáis por el blog, ya sabéis, en cuanto pueda os mostraré algo del libro.

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PAUL VERLAINE

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INTERNAS

Tenía una quince, dieciséis la otra;
dormían las dos en el mismo cuarto.
Era una pesada tarde de septiembre:
finas, ojos zarcos, rubores de fresa.

Ambas se han quitado, para estar a gusto,
el camisón tenue de aroma de ámbar,
la más joven tiende los brazos, se arquea,
le aprieta los senos su hermana y la besa,

luego se arrodilla, se pone bravía
y tumultuosa y loca, y su boca
se hunde, bajo el oro rubio, en sombras grises;

y mientras lo hace, la niña recuenta
con sus lindos dedos valses prometidos
y sonríe, rosa, llena de inocencia.

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PRIMAVERA

La dama joven pelirroja,
a quien tanta inocencia anima,
dice, tierna, a la joven rubia,
en voz baja y dulce, estas cosas:

«Savia que sube y flor que brota,
tu infancia es una glorieta:
deja a mis dedos por el musgo
donde el botón de rosa brilla,

déjame, ente la hierba clara,
beber las gotas de rocío
que riegan esa flor tan tierna,

para que el placer, amor mío,
ilumine tu frente cándida
como al azul tímido el alba.»

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