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Archive for 31 marzo 2019

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXIII)

Me acaba de llegar a casa el nuevo libro de David G. Lago, ‘Animalicémonos’, publicado por Boria ediciones. De aquí a nada subiré algo al blog, denme unos días.

 

 

CECILIA

 

DUERMES bajo la piel de tu madre y sus sueños penetran en tus
sueños. Vais a despertar en la misma confusión luminosa.

Aún no sabes quién eres; estás indecisa entre tu madre y un tem-
blor viviente.

 

 

 

 

FLUÍAS en la oscuridad; era más suave que existir.

Ahora, cuando una lágrima demasiado viva podría herir tu ros-
tro,

vas cautelosa hacia ti misma.

 

 

 

 

BAJO los sauces

yo te llevo en mis brazos y te siento vivir.

Después salimos a la luz y, por primera vez,

tú ves el cielo y lo señalas y lo nombras.

x

Es verdad; en el extremo de tus manos,

el cielo es grande y azul.

 

 

 

 

ACERQUÉ mis labios a tus manos y tu piel tenía la suavidad de
los sueños.

Algo semejante a la eternidad rozó un instante mis labios.

 

 

 

 

ALGUNAS tardes el crepúsculo no enciende tus cabellos;

no estás en ningún lugar y hablas con palabras cuyo significado
desconoces.

Así es también mi pensamiento.

 

 

 

 

VAS a volver

«cuando nazcan las cerezas y despierte la tórtola».

Has dibujado el mundo en una mentira luminosa.

x

Yo vi los ojos de la tórtola enrojecidos por la ira,

sé que en el lauro habita el ácido prúsico

y que sus frutos inmovilizan el corazón de los pájaros.

x

Pero hay cerezas ocultas en la nieve y

oigo el gemido de la tórtola.

 

 

 

 

LLUEVE en hebras doradas

y envuelven nuestros cuerpos los perfumes de marzo.

x

Sucede como en tus ojos:

llueve a través de la luz.

 

 

 

 

CON tus manos conducidas por una música que vagamente re-
cuerdas,

dices adiós en el umbral. Ah insensata dulzura,

dices adiós en el umbral y de tus manos se desprende

un instante sin límites.

 

 

 

 

OIGO tu llanto.

Subo a las habitaciones donde la sombra pesa en las maderas in-
móviles, ipero ino iestás: isólo están las sábanas que envolvieron
tus sueños.

¿Todo en mí es ya desaparición?

No aún. Más allá del silencio,

oigo otra vez tu llanto.

x

Qué extraña se ha vuelto la existencia:

tú sonríes en el pasado

y yo sé que vivo porque te oigo llorar.

 

 

 

 

CON tu lengua atravesada por una ignorancia luminosa hablas
de una flor invisible. Hablas de ti misma.

Nunca tuve en mis manos

una flor invisible.

 

 

 

 

TUS icabellos ien imis imanos, su resplandor atravesado por en-
jambres invisibles, por instantes que no cesan de abandonarme;

tus cabellos entre dos falsas eternidades.

Ah extrañeza llena de luz: tus cabellos

en mis manos.

 

 

 

 

MIRAS la nieve prendida en las hojas del lauro. iRetienes ien itus
ojos la blancura y la sombra y adviertes el silencio de los pájaros.

Yo sé que los pájaros han huido, ique ino ivan ia ivolver iy que tú
existes más allá de mis límites.

Tú eres la nieve.

 

 

 

 

SOBRE el estanque

las palomas giran en torno a tu cabeza.

Cuando sus alas rozan tus cabellos yo me inclino y veo tu clari-
dad en el agua

y yo estoy en tu claridad y me desconozco:

estoy coronado de palomas

dentro del agua. En ti.

 

 

 

 

SUEÑAS.

Tienes miedo de lo que no existe y oyes gemidos en jardines ne-
gros.

Yo también tengo miedo de mi rostro que se va haciendo invisi-
ble.

Cesa de soñar, o, mejor, sueña los rostros que están fuera de ti:

mírame.

 

 

 

 

TEMES mis manos

pero a veces sonríes y te extravías en ti misma

y, sin saberlo, extiendes la luz en torno a ti

y yo adelanto mis manos y no llego a tocarte; únicamente

acaricio tu luz.

 

 

 

 

DICES: «va a venir la luz». No es su hora

pero tú desconoces la imposibilidad:

piensas la luz.

 

 

 

 

YO ESTARÉ en tu pensamiento, no seré más que una sombra im-
precisa;

habré iexistido ien iun iinstante ien que la alegría y la piedad ar-
dían en tus ojos.

Pero también quiero permanecer desconocido en ti.

Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, iy iasí, imper-
ceptiblemente amado, esperar la desaparición.

Aunque quizá estamos ya separados ipor iun ihilo ide isombra iy
cada uno está en su propia luz

y la mía es la que tú vas abandonando.

 

 

 

 

ERES como una flor ante el abismo, eres

la última flor.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

MUJER QUE SOY – CARMEN CONDE

 

ELEGÍA

¿Por qué os derrumbáis, ciudades europeas?
Hubiéraos yo loado, con qué dicha
mi voz os arrullara. ¡Oh, palomas
en cúpulas doradas de prestigio!

Teníais hermosura, historia luminosa,
y me dejáis en mitad del yermo.
¡Ay! Lloro por vosotras. Un robo inesperado
parece ante mi amor que os citen los viajeros
de vuestras avenidas, jardines y palacios.

Toda la infancia en vilo. La juventud de lucha:
¡Por veros y sentiros, por cantaros a todas!
Trabajando de día, aprendiendo en la noche.
Vistiendo lino humilde, alimentando apenas
los años más voraces de la vida.

Entonces no importaba tener hambre de todo.
Llevar mezquinos lienzos, sufrir con lo precario.
¡Mi alma iluminada lo iluminaba todo,
de ensueños se prendía!
Hasta el amor buscaba su gracia en un poema,
y la Poesía poder amar sin fin.

¡No os puedo soñar más,
no caben en mi pecho tantos muertos!
Dolor de los jardines, dolor de los estanques…
Por cosas que se comen
pisáronse las rosas y los cisnes.
Por hambre cambiaron adelfas y sonatas:
augustas providencias vegetales
sumisas a los nobles de la tierra.
¿Y acaso los que comen del lecho de las flores
transforman en belleza la sangre que enriquecen?
¿No sirven a la muerte, no siembran desventura?
¿Algunos se detienen porque les duela un nardo,
un joven con su amor, las torres, las campanas?
Si no hemos de entregarnos, ¿por qué os amé a todas
las patrias que resuman los lutos y los llantos?
¿A qué sacar mis ojos del mundo mediocre?
¿A qué enfermar mi alma de amor a lo imposible?

De lejos y de oídas tenía que enamorarme
con un ardor inútil, de Europa derrumbada.
Y vivo a solas hoy Castilla, la rugiente
de tantos huracanes como galopan. Sola.

 

 

 

 

GIRANDO LA MIRADA EN TORNO

Nos iremos llevando las voces con nosotros.
Para ensalzar al mundo ya no nos sirvieron.
Algunos las cogimos de antorchas, señalamos
oscuros precipicios, tumbas de asesinados, flores,
y hasta el temblor de la fresca lluvia.

Han llegado los días que obligan al silencio.
Los muertos nos lo piden a tiempo que despeñan
su voz que ulula sombras…
Se quedan sin aurora las márgenes floridas.

Sin dulce ensalzamiento las aguas de los ríos.
Adolescentes hombres, las vírgenes, las aves,
transcurren sin sonrisas, ausentes de la gracia
que se paraba antes para loar sus vidas.

Todos los océanos engullen vorazmente
los mundos que los hombres engullen desde el cielo.
Abismos sin descanso consumen a oleadas
criaturas y criaturas tumultuosas, vivas,
que el hierro se incorpora haciéndolas su presa.

No queda ya quien cante, quien sueñe, quien medite.
En todos los umbrales cuajaron despedidas.
¡Las madres están huecas como campanas negras
que tañen siempre a muertos sin entierro!

 

 

 

 

EL MURO

Sí. Está ahí: no lo derribaron
ni lo derribarán.
Porque somos nosotros, los que estamos aún vivos,
ese muro ciclópeo, enorme,
contra el que todos disparan.
Y por uno que caiga, o por ciento,
siempre quedamos más
sosteniendo este muro
de la loca esperanza.

¿Quiénes hablan de irse?
¿Quién dispuso coger en la noche
un camino ciego, y que quedara solo
el muro de la sangre viva?
¡Estamos aquí, no nos vamos!
Estamos aquí, estaremos aquí,
vivos o muertos, sumando al futuro
un presente de mármol.
No es la tierra de nadie
salvación que redima.

¡Tú lo sabes, el muro de muertos, el muro
de la calcinación!
Hay que estar en un trozo de suelo,
el más ancho, y limpiarlo de sangre.
Nuestros muertos son todos los muertos.
Son todos,
sin clasificación.

Apoyados en ti esperaremos
a que el hombre que huyera en la noche
regrese a su casa…
¿Qué hace fuera de aquí, qué hace lejos de su guardia
del muro?
Cuando vuelva, yo espero que nunca
levante otro en frente.

 

 

 

 

VI

En la tierra de nadie se acumulan
ardientes soledades que acribillan
los puñales, ligeros, que estimulan
roncas voces que vida eliminan.

Hay que ser o no ser, y sin fisuras:
que vivir o morir es el dilema.
Uno va, ¿cómo va?, por la espesura
del acoso brutal del alma en pena.

¡Qué desgaste de bocas sin sonrisas,
qué llagarse los besos en los labios;
cuánto polvo sin agua, cuánta prisa
por hollar con la sangre el lodo fláccido!

Es andar y tenerse bien erguido,
es nacer a la duda a cada instante.
Es tesón de llegar a donde vamos,
con el sol, con la tierra, con el hambre.

¡Miradme atosigada por jaurías,
sentidme rechazada por rebaños;
oídme sollozando letanías
de semanas, de horas, de mil años!

 

 

 

VV. AA. La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta (Introducción, selección y notas de Angelina Gatell). Madrid; Bartleby editores, 2006.

 

LA CAJA DE PLATA

 

LA TRISTEZA

Cuando Shakespeare murió, ya estaba triste.
Cuando la Armada naufragó, mis ojos
habían naufragado ya en su daño.
A Marlowe lo enviaron al infierno
y ya mi corazón estaba roto.

 

 

 

 

EL REGRESO

Vengo de desertar en Bouvines o de pelear en Midway,
vengo de la victoria o de la cobardía.
No sé si estoy buscando un cuerpo o si necesito un amigo,
si vengo a provocar un duelo o si vengo a evitarlo.
Puedes recibirme en tus brazos o no reconocerme.
A mi alrededor todo es sombra o un perfil demasiado concreto.
He venido a matarte o a morir en tus manos.

 

 

 

 

LA HERIDA

Nada, ni el sordo horror, ni la ruidosa
verdad, ni el rostro amargo de la duda,
ni este incendio en la selva de mi cuerpo
que amenaza con no extinguirse nunca,
ni la terrible imagen que golpea
mis ojos y tortura mi cerebro,
ni el juego cruel, ni el fuego que destruye
esa otra imagen de armonía y fuerza,
ni tus palabras, ni tus movimientos,
ni ese lado salvaje de tu calle,
impedirán que encienda en tu costado
la luz que da la vida y da la muerte:
tarde o temprano sangrará tu herida,
y no será momento de hacer frases.

 

 

 

 

CONVERSACIÓN

Cada vez que te hablo,otras palabras
escapan de mi boca, otras palabras.
No son mías. Proceden de otro sitio.
Me muerden en la lengua. Me hacen daño.
Tienen, como las lanzas de los héroes,
doble filo, y los labios se me rompen
a su contacto. Y cada vez que surgen
de dentro —o de muy lejos, o de nunca—,
me fluye de la boca un hilo tibio
desangre que resbala por mi cuerpo.
Cada vez que te hablo, otras palabras
hablan por mí, como si ya no hubiese
nada mío en el mundo, nada mío
en el agotamiento interminable
de amarte y de sentirme desamado.

 

 

 

 

JANO

Dices que sólo soy Enrique Jekyll
y que no existe fórmula en el mundo
capaz de convertirme en Mr. Hyde.
Cuando pasen los días o los años,
cuando el tiempo nos lleve a otras hogueras,
hacia otra plenitud u otro desastre,
imagíname entonces, imagina
los rasgos de mi cara, reconstruye
lo que tu hielo convirtió en cenizas.
Y en la memoria esquiva de tu frío,
en el recuerdo de tu lejanía,
Eduardo Hyde seré, y por un instante
me amarás, aunque yo ya esté muy lejos;
y será hermoso, pues por un instante
yo seré tu tristeza, y no los otros.

 

 

 

 

DEDICATORIA

La tierra estaba seca.
No había ríos ni fuentes.
Y brotó de tus ojos
el agua, toda el agua.

 

 

 

 

CASADA

En el hombro la herida me latía
como un segundo corazón. Si a ella
le dolía también, no me lo dijo.
La puerta se cerró. Por un momento
nos abrazamos, y eso era la vida.
Pero volvió el dolor, volvió la niebla
sobre mis ojos y frente a mis labios.
Y volverían dudas y reproches,
y la herida del hombro, y su marido.

 

 

 

 

BRILLANTE

Me dejó brocha, crema y una máquina
de afeitar en los bordes del lavabo.
Hice correr el agua fría, y dije:
«Anoche estuve a punto de violarla.»
«¿De verdad pensó en mí?», respondió ella.
No contesté. Seguí frente al espejo,
viviendo mi afeitado. Eran las once.
Podía verla al fondo de la alcoba,
resplandeciendo al sol de la mañana.

 

 

 

 

LOCA

«Calla y escucha —dije—. No se trata
sólo de ti; se trata de mi vida.
Te sacaré de aquí. Vendrás conmigo.»
Respondió: «Pero tú no me conoces.»
«No te conozco a ti. Tú a mí tampoco.
Sólo tienes que hacer lo que te he dicho.
Hasta mañana.» Dije. Abrí la puerta.
«Debes ser tú quien está loco», dijo.
Y desde su galaxia me miraba.

 

 

 

 

DESEADA

Era su turno. Cuidadosamente
dobló la gabardina sobre el brazo.
Se echó el pelo hacia atrás, y su mirada
se cruzó con la mía. Con los ojos
le devolví la calma. Se marchaba,
pero regresaría, y todo aquello
terminaría bien. Cerró la puerta.
Yo me quedé sentado, acariciando,
tembloroso, su ropa interior verde.

 

 

 

 

EN PELIGRO

había sangre en su vestido. Sangre
en el escote y en las piernas. Sangre
en las mejillas. Sangre seca. Oscura.
La desnudé y lavé. Mientras dormía,
fui en busca de cartuchos. No fue fácil
encontrarlos. Por fin aparecieron
entre viejos papeles y revistas.
Cargué el fusil. Había menos niebla.
Dos o tres horas y amanecería.

 

 

 

 

PELIGROSA

«¿Qué es más, un inspector o un comisario?»
Lo dijo distraída, desde lejos.
Se lo expliqué. Siguió: «¿Por qué no tiemblas?
Yo soy más peligrosa que esos tipos.»
No sabía qué hacer. Quería irme.
Largarme a conducir por un sembrado.
Devolver la licencia. Suicidarme.
Pero no me marché. Busqué sus ojos
y le cerré la boca con un beso.

 

 

 

 

DEGOLLADA

«¿Ha habido algún problema? ¿Te ha seguido
alguien?» «Todo ha salido bien.» (El tiempo
ya no era un instrumento de tortura.)
«Somos ricos.» (No había que olvidarlo.)
«Voy a ducharme.» «Espera, voy contigo.»
(La abracé. Recordé que la quería.)
Treinta y cinco millones en billetes
usados. Tu cadáver en el baño.
Déjame ser feliz, ahora que puedo.

 

 

 

 

LA HUIDA A EGIPTO

Le pagaba para que me matase,
y se ha largado al sur. Todas se marchan.
Aceptan cheques, flores y mentiras.
Se comprometen a matarme. Dicen:
«No verás el otoño. Te lo juro.»
Y se van antes de la primavera.
También ésta se ha ido. Con un mapa
de Egipto y con las llaves de mi coche.
Quiera Dios que los vientos no conduzcan
su nave a puerto. Que una lluvia roja
le queme el corazón, si es que lo tiene.
Que nunca llegue a Egipto esa maldita.

 

 

 

 

ISABEL

Isabel se ha matado. Dejó cartas absurdas
con recomendaciones y sarcasmos estúpidos.
Lo consiguió por fin, y me alegro por ella:
sufría demasiado. En la autopsia el forense
desmenuzó su cuerpo y encontró dentelladas
cerca del corazón y a la altura del pubis.
No hay luz en la buhardilla de Zurbano. El silencio
pasea su victoria sobre las papelinas
ocultas en el libro de Arcimboldo, y la muerte
ha llenado la casa de paz y de goteras;
sigue abierto un tebeo de Conan por la página
en que matan a Bélit, y otro de Gwendoline
con manchas de carmín en las dulces heridas.
Isabel ha dejado de molestar. Sus ojos
ya no arrojan al mar residuos radiactivos.

 

 

 

 

LA PESADILLA

Javier ha decidido suicidarse.
Elige hacerlo lejos de su casa,
donde los muebles no le reconozcan
y no le hablen de Marta las paredes.
Viaja al azar por una carretera
que se prolonga demasiado. Sabe
que no habrá viaje de regreso y nunca
volverá a repetirse aquel tormento.
Se acaba el combustible, y su automóvil
se detiene a un kilómetro de Burgos.
Va a pie hasta la ciudad y se dirige
al mismo hotel donde nos hospedamos
Alicia y yo. Recuerdo su llegada:
su palidez, las manos ateridas
con que estrecha las mías en la puerta
del ascensor, camino de su cuarto.
Ya está en la habitación, ya la ponzoña
traga con avidez, el bebedizo
que lo rescatará de los desdenes
de Marta, del amor que lo destruye.
Mientras tanto, anochece. Alicia baja
a tomar una copa y yo me quedo
solo en la oscuridad, medio dormido.
Y sueño que Javier se está matando,
y que llego a su alcoba y me recibe
a tiros y me dice que me vaya
al infierno, y yo llamo a un camarero
a quien Javier acierta, y luego a otro,
y parece que va a seguir cargándose
a todo aquel que intente reducirlo,
pero el veneno avanza por sus venas
y la conciencia de Javier se nubla,
y suelta la pistola, y cae al suelo,
y vomita la vida en un espasmo
final sobre la alfombra del pasillo.
Llega entonces Alicia y me despierta
con dulces, largos besos de borracha,
y me quita la ropa y me pregunta
por qué tengo los ojos tan abiertos,
y no le digo nada, y nos amamos
duro, como en Ampurias, en agosto
del 80, y naufragan mis temores
en el mar de sus dientes y uñas.

 

 

 

 

EUROPA

No son estas fronteras mis fronteras.
No es éste el mundo de las viejas runas.
Gobiernan los cobardes, los oscuros.
Cómo duele vivir en la agonía
de la cruz y en la herrumbre de la espada.
Cómo duele esta noche del coraje.
Cómo duelen los atlas. Y no hay signos
que anuncien el final de la derrota.

 

 

 

de Cuenca, Luis Alberto. Los mundos y los días. Poesía 1970-2002. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

ARDEN LAS PÉRDIDAS

 

LA LUZ hierve debajo de mis párpados.

De un ruiseñor absorto en la ceniza, de sus negras entrañas mu-
sicales, isurge una tempestad. Desciende el llanto a las antiguas
celdas, advierto látigos vivientes

y la mirada inmóvil de las bestias, isu iaguja ifría ien mi corazón.

Todo ies ipresagio. iLa luz es médula de sombra: van a morir los
insectos en las bujías del amanecer. Así

arden en mí los significados.

 

 

 

 

HE TIRADO al abismo el hueso de la misericordia; ino es nece-
sario cuando el dolor es parte de la serenidad, ipero la lucidez
trabaja en mí como un alcohol enloquecido.

Sé que las uñas crecen en la muerte. No

baja nadie al corazón. Nos despojamos de nosotros mismos al
expulsar la falsedad, nos desollamos y

no viene nadie. No

hay sombras ni agonía. Bien:

no haya más que luz. Así es

la última ebriedad: partes iguales

de vértigo y olvido.

 

 

 

 

EN LOS desvanes habitados por palomas cuyas alas tiemblan
entre tinieblas y cristales

veo la pureza de rostros que se forman en la lluvia y

lágrimas sobre úlceras amarillas.

x

Son los desvanes de la infancia. Estoy

atravesando olvido.

 

 

 

 

EN LAS iglesias y en las clínicas

vi columnas de luz y uñas de acero

y resistí asido a las manos de mi madre.

x

Ahora

aparto crespones y cánulas hipodérmicas:

busco las manos de mi madre en los armarios llenos de sombra.

 

 

 

 

OIGO la lluvia de otro tiempo; humedece

lienzos inmóviles.

x

Fuera de mi pensamiento, extensa

en el pasado, cunde

aún la tormenta.

xxxxxxxxxxxxxxxxAsí

enloquezco en la verdad.

 

 

 

 

LA MEMORIA es mortal. Algunas tardes, Billie Holiday pone su
rosa enferma en mis oídos.

Algunas tardes me sorprendo

lejos de mí, llorando.

 

 

 

 

UNA pasión fría endurece mis lágrimas.

Pesan las piedras en mis ojos: alguien

me destruye o me ama.

 

 

 

 

SOBRE  mi carne pasa, grave de amor, la misma lengua que silba
en mi vejez y me despierto

envuelto en coágulos de sombra

y se desprende de la noche

una flor negra y húmeda de llanto.

 

 

 

 

MIRO mi desnudez. Contemplo

la aparición de las heridas blancas.

x

Envuelto en sábanas mortales,

bebo en las aguas femeninas

la dulzura y la sombra.

 

 

 

 

PUSE mis manos en un rostro y las retiré heridas por el amor.
Ahora,

el olvido acaricia mis manos.

 

 

 

 

PALOMAS. Atraviesan la inexistencia.

Hay huellas de pastor frente al abismo. Cóncavas.

Todo se explica en la imposibilidad.

x

Hay úlceras en la pureza, vamos

de lo visible a lo invisible.

x

En este error descansa nuestro corazón.

 

 

 

 

ARDEN las pérdidas. Ya ardían

en la cabeza de mi madre. Antes

ardió la verdad y ardió

también mi pensamiento. Ahora

mi pasión es la indiferencia.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEscucho

en la madera dientes invisibles.

 

 

 

 

HE ATRAVESADO las creencias. Durante mucho tiempo

nevó sin esperanza.

Había madres que enloquecían al amanecer: oigo sus gritos
amarillos.

x

Aún nieva. Creo en la desaparición.

Creo en la ira.

 

 

 

 

DE LAS violentas humedades, de

los lugares donde se entrecruzan

residuos de tormentas y sollozos,

viene

esta pena arterial, iesta memoria

despedazada.

xxxxxxxxxxxxxxxAún enloquecen

aquellas madres en mis venas.

 

 

 

 

HASTA los signos vienen

las sombras torturadas.

x

Pienso en el día en que los caballos aprendieron a llorar.

 

 

 

 

¿QUIÉN viene

dando gritos, anuncia

aquel verano, enciende

lámparas negras, silba

en la pureza azul de los cuchillos?

 

 

 

 

VI

cuerpos al borde de

las acequias frías.

x

Amortajados

en la luz.

 

 

 

 

BAJO la actividad de las hormigas

había párpados y había

agua mortal en las cunetas.

x

Aún en mi corazón

hay hormigas.

 

 

 

 

NO HAY ya más que rostros invisibles.

x

Me he extenuado inútilmente

en los recuerdos y las sombras.

 

 

 

 

QUIZÁ me sucedo en mí mismo. iNo iiquién ipero alguien ha
muerto en mí. También ayer olía la desaparición iy iestaba iame-
nazado por la luz, ipero hoy es otro el icuchillo idelante ide imis
ojos.

x

No iquiero iser imi ipropio iextraño, estoy entorpecido por las vi-
siones. Es difícil.

poner luz todos los días en las venas iy itrabajar en la retracción
de rostros desconocidos hasta que se convierten en rostros ama-
dos y después llorar porque voy a abandonarlos io iporque iellos
van a abandonarme.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQué

estupidez tener miedo al borde de la falsedad iy iqué icansancio

abandonar la inexistencia y

morir después todos los días.

 

 

 

 

VI las bestias expulsadas del corazón de mi madre. iNo ihay idis-
tinción entre mi carne y su tristeza.

¿Y esto es la vida? iNo ilo isé. Sé que se extingue como los círcu-
los del agua. ¿Qué hacer entonces, indecisos entre la agonía y la
serenidad? No sé. Descanso

en la ignorancia fría.

Hay una música en mí, iesto ies icierto, iy itodavía ime pregunto
qué significa este placer sin esperanza. iHay música ante el abis-
mo, sí, y, más lejos, otra vez la campana de la inieve iy, iaún, mi
oído ávido sobre el caldero de las penas, pero

¿qué significa finalmente

este placer sin esperanza?

Ya he hablado del que vigila en mí cuando yo duermo, idel ides-
conocido oculto en la memoria. ¿También él va a morir?

No sé. Carece

desesperadamente de importancia.

 

 

 

 

SIENTO el crepúsculo en mis manos. Llega ia itravés idel ilaurel
enfermo. Yo no quiero pensar ni ser amado ini ser feliz ni recor-
dar.

Sólo quiero sentir esta luz en mis manos

y desconocer todos los rostros y que las canciones dejen de pe-
sar en mi corazón

y que los pájaros pasen iante imis iojos y yo no advierta que se
han ido.

x

Hay

grietas y sombras en paredes blancas y pronto habrá más grie-
tas y más sombras y finalmente no habrá paredes blancas.

Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemi-
dos. Van

a cesar todas las preguntas. Un sol tardío pesa en mis manos in-
móviles y a mi quietud vienen a la ivez isuavemente, icomo iuna
sola sustancia, el pensamiento y su desaparición.

Es la agonía y la serenidad.

Quizá soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. iEn cualquier
caso, ya

la única sabiduría es el olvido.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

HUELGA DECIR

 

CUENTAS LA SUERTE A PULSO

Madrid de 2009
es una ciudad de medio millón de parados
según las últimas estadísticas.

A veces, en la noche de mi cuarto alquilado,
yo me revuelvo y me incorporo
y voy de trabajo en trabajo por días sueltos,
porque 190 pulsaciones
no son bastantes para las 200 que requería
el puesto de grabador de datos.

Desde que tenía 16
he tendido los ojos para siempre
a este hermano imbécil o santo del poema,
que dijo Raúl Núñez.

Así que descargo mobiliario escolar
en colegios tipo El club de los poetas muertos
con trofeos y jardines y mucha luz…
Y le pido cuentas, a mis 33 años, a la poesía
que me ha llevado a estar ganándome así el pan
junto con estudiantes veinteañeros.

200 pupitres a músculo en 150 minutos.

La situación —me dicen— está peor
de lo que habíamos imaginado
para que alguien de tu edad trabaje con nosotros.
Ellos fuman y hablan con optimismo
de las fiestas universitarias en Salamanca
con jóvenes y copas hasta arriba, de drogas
que probarían y de besarse
con buenas chicas en lugares
sin demasiado peligro de vida o de cansancio.

400 sillas de futuros economistas a la espalda.

Y entonces comprendo
que me pesan más los errores y la espera
de reconocimiento y jardines y mucha luz…

Hay miles de premios, por suerte,
para seguir escribiendo.

Yo pienso en ti,
en cómo tus abrazos me arman de paciencia
en las tibias e insolventes tardes otoñales,
y en cómo mi corazón es ahora un guerrero distinto
que se está ganado a pulso la eternidad contigo
en este contrato basura con el tiempo.

Donde el amor siempre cuenta.

 

 

 

 

EL ENCARGADO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBueno, de acuerdo,mira
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxesto es lo máximo a lo que pueden aspirar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlos tipos como nosotros:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxno hay más.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCharles Bukowski

Fue mi jefe en aquel almacén
de La Moraleja, aquella mañana de derrota,
quien me hizo la pregunta inesperada
cuando confesé que no me gustaba el fútbol
y que mi pasión era la escritura:

—¿Eres un hombre sensible?

—Tan sensible como cualquiera que lo sea,
pero con un detalle:
soy receptivo al mensaje oculto de la vida,
por ello me encargo de transmitir
lo que otros no pueden
a través de la función de las palabras.
Aunque no siempre funciona.

Pareció comprenderlo.
Algo brillaba en la superficie triste de sus ojos.

Uno se da cuenta,
tras empaquetar decenas de miles de relojes caros
(junto con tus emociones más profundas),
que el cliente no apreciará en el pedido
nada más que el lenguaje
de una estúpida y perfecta maquinaria.

Hay que seguir trabajando.

 

 

 

 

MALA GENTE QUE CAMINA

Se hacía llamar artista y poeta,
pero no era cierto.
El sombrero le daba más aire de inquisidor
que de Antonio Machado.

Gritaba a pelo en pecho
que Cernuda y demás poetas homosexuales
eran un círculo de locas viciosas.
Y luego se jactaba
de haber ganado un premio de poesía
con un poema titulado Generación del 27
que nos regaló a los oídos.

«Por lo visto, el jurado
no sabía toda la verdad»,
dije, sentencioso, al fin.

Se hacía llamar artista, poeta,
y no era cierto.

Hay más arte y poesía
en el padre que comprende
que su hijo o su hija
es homosexual,
cuando a la mañana siguiente
sigue su camino —y deja seguir—
para ir al trabajo silbando
y quitar mugre
y barrer suelos.
xxxxxxxxxxxxxxxLos papeles
que la mala gente que camina
va escribiendo.

 

 

 

Santos, Abel. Huelga decir. Murcia; Boria ediciones, 2019.

 

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ELSINORE & SCHOLIA

 

PAS CE TOTAL DÉLUGE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa Francisco Salas

Solo, al volante de un automóvil
—camisa almidonada, recién lavado espacio—,
percibir el acre aroma de la muerte
bajo el chaleco de seda.

(Descubrí una herida carmesí
de la que todavía brota sangre.)

 

 

 

 

IUS PRIMAE NOCTIS

Gacela mía,
sin amor poseí tu arquitectura.
Murió el bufón,
ardieron las espigas.
Mi corazón es una llaga sin palabras.

 

 

 

 

PITONISA FLORAL

He preguntado a las orquídeas
—dominaba el perfecto sopor del mediodía—
si tus cabellos eran sierpes
o sílabas de fuego adormecido.

 

 

 

 

AGAG DE AMALEQ

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxI Samuel, 15, 1-35

Agag, rey de Amaleq, fuerte guerrero,
recién vencido, y perdonado, dijo
para sí, arrodillando las palabras,
como quien rinde culto a la derrota:
«Se alejó la amargura de la muerte.»
Poco tiempo después, la daga curva
de Samuel trazaría en sus costados
el signo de la cólera divina,
profuso manantial de sangre noble.
Y del brillo inmortal de aquella frase,
solemne funeral de la esperanza
y de la fe, no quedarán destellos
en las antologías. Todo es humo.

 

 

 

 

THE GETAWAY

Recoge tu equipaje.
Ven conmigo.
Compiten en la selva la serpiente y el águila.
Los héroes envejecen en los museos.

 

 

 

 

DE Y POR MANUEL MACHADO

La felicidad no es, evidentemente, sólo un cuerpo,
ni el destello casi apagado de unos ojos sobre la cama.
De ser así, no hubiese sido necesario encontrar en Alberto Magno
cierta referencia a los bueyes atribuida a Heráclito.
Todo esto se me ocurre porque acabo de recibir un precioso ramo
xxxde serpientes
y tengo un libro de Manuel Machado abierto sobre la mesa.
El libro es una princeps de Alma, como era de esperar,
y está abierto por un poema llamado «Oriente».
En el poema se nos habla de Marco Antonio y de Cleopatra y de
xxxun siervo que muere al beber de una copa.
Ello me ha conducido, sin poderlo evitar, a Plutarco, escritor
xxxgriego de cierta fama durante el período de entreguerras,
y debo reconocer que he releído su Antonio con el mismo
xxxentusiasmo de aquellos días.
(Luego descubriría que había olvidado por enésima vez
que Shakespeare lo conoció en la versión inglesa de North,
y que Sir Thomas North conocía el griego aproximadamente igual
xxxque Unamuno.)

Mientras me asaltan todos estos fantasmas eruditos, los automóviles
xxxsiguen murmurando a mi alrededor.
El hecho de que la gran ciudad se vaya poniendo inhabitable, es
xxxalgo que no me disgusta,
como no me disgustan las chicas que aparecen en las pinball
xxxmachines,
ni las películas de Hawks con Cary Grant o Wayne, ni los
xxxguiones de Dash Hammet para el pincel heroico de Alex
xxxRaymond.
El poeta —recuerdo un topos de Petrarca— va caminando casi
xxxsiempre por campos muy desiertos,
y no negaré que estoy pensando en ciertos desiertos americanos
(me los recuerdan esos crótalos que acabo de alojar en un jarrón
para que nadie, nadie, ni siquiera mi perro, los vaya a confundir
con el bouquet de rosas que alguien dejó olvidado encima de la
xxxcama del dormitorio).
A veces —vuelvo a Shakespeare— una nube se parece a un
xxxdragón,
el viento a un oso o a una ciudadela relativamente expugnable.
Son imágenes, imágenes que se ciernen sobre nuestras cabezas,
posibles máscaras del invierno o velos del atardecer.
Lo que hoy es un caballo —sigue Shakespeare— puede ser luego
un pensamiento o un anillo de compromiso:
hasta los compromisos son, en el fondo, agua en el agua.

Si del poema «Oriente», una perfecta gema modernista,
he pasado a Plutarco en busca de la perdida adolescencia
y he llegado a fijar mis reales por una tarde en los cinco actos de
xxxuna tragedia que no había sabido leer,
no ha sido —lo prometo— para empañar el brillo de la joya
xxxprimera,
ni para convertirla en simple piedra, estampa o rata de
xxxlaboratorio;
permanece en mí todo su impacto argumental, la difícil tersura
xxxde sus palabras.
Y detrás del respeto que siento por lo inútil —amistad, gesto,
xxxgema—
puedo ver al poeta que ha repartido hoy su mentira conmigo,
puedo ver a Manuel Machado, sonriente en su princeps sobre la
xxxmesa,
a Manuel el prodigioso, a Manuel el funámbulo,
a quien debo querer hasta el final, porque así lo quisieron mis
xxxabuelos, y yo los obedezco en todo,
y, al cabo, sólo Marco Antonio será capaz de derrotar a Marco
xxxAntonio,
y todo esto no deja —no puede dejar— de ser bello en este
xxxmomento en el que sigo propagando por los desiertos del
xxxmundo, tal vez americanos,
las ondas de unos pasos tan tardos y tan lentos al menos como
xxxlos de Petrarca,
por este camino clausurado por donde voy, aunque los áspides
xxxme consuelen,
solo y recluso en esa bilis negra que vierte al castellano el
xxxcultismo ‘melancolía’.

 

 

 

de Cuenca, Luis Alberto. Los mundos y los días. Poesía 1970-2002. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

LIANAS PARA LOS CRÍMENES DE UN AMOR TIRANO

 

EL VISITANTE

Es un tirano flaco el hombre que me gusta,
maleador y esquivo imberbe que me gasta.
Usa lentes de sol y altanería,
un palo para dar las órdenes al perro.

Tiene la solidez de un tratante irritable
y el aplomo sarcástico de las rameras viejas.

Cuando llega a mi finca se bate con los toros
y a las potras les hace ponerse de rodillas.

Mientras yo me coloco la falda más hermosa
se va de caza y vino con mi papá y el párroco.

Derrocha tino y fibra en fijando la pieza,
sus sortijas rapiñan el oro del cadáver.

Aflojado el chaleco y el cinturón muy justo
presenta una figura de fatuo desgarbado.

El desaire que tienen sus hombros cuando vuelve
le dan esa excesiva manera revoltosa.

Amaga su cuchillo si tercia con la pelvis,
oloroso de guerra se baña de naranjas.

El tesón y el talento de su porte rijoso
le dotan de una estética emoción imperturbable.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx* * *

Me deja su lampiño calor en celo y filfa,
elegante se pasa mi falda por el morro.

Y remata el más sabio seductor poderío
al recoger los bártulos de la tierra
y se va.

 

 

 

 

CONTEMPLACIÓN DEL DOLOR

Su gran dolor de madre era visible
a través de las gafas empañadas:
un soplo de fatiga en esos ojos
distantes, infinitos, desarmados.

Al lado, su marido, muy nervioso,
trataba de mirarla y sujetarla;
silenciosos testigos esparcidos
exhalaban el vaho del horror.

La niña, sobre el suelo, degollada,
era un canal de doce cicatrices,
un animal sin piel, desnudo y rojo,
una belleza horriblemente dulce.

La madre se acercó como volando,
despavorida, con las alas altas,
se quitó su camisa blanca y leve,
y envolvió las caderas de la niña.

El asesino, con gafas de sol,
desde el otro lado del patio, la miraba.

 

 

 

 

EL ASEO

Es imposible tener un sentimiento más deformado y cruel que
el que teníamos cuando entrábamos en la habitación del
moribundo.

Cerrábamos la puerta y abríamos la ventana.

El enfermo se quejaba y podíamos oírle decir que en verdad
no quería la muerte.

Sin embargo, alguien lo levantaba y lo sentaba en un sillón de
plástico y él,
concentrando toda su energía,
nos miraba, levantando los párpados azules, con la cabeza
sobre el pecho, triste, extenuado,
dando pequeños estertores y, sin embargo, queriendo sonreír.

Nosotros destrozábamos su afán echándole colonia,
desnudándole, pegándole en la inocente cara limpia,
deleitándonos en su consternación y su amargura:
“No pasa nada… la muerte es un viaje… vete pronto y grita
cuando llegues… ¿hay ángeles ahí?… no seas quejica y
siéntate mejor… como te vuelvas a mear…”

Y el moribundo miraba la pared como un cordero,
abatido, movía la garganta, sin dolor ya,
despojado de imágenes terrenas
y subía
con un miedo terrible hacia la muerte.

 

 

 

 

VIRGEN

Dentro de un huracán estaba
mi corazón haciendo un ritmo tenso
y sobre mí mi novio de ojos españoles
oprimía mi cuerpo de estudiante
los calcetines blancos blancos puestos
todavía las tetas fuera del uniforme
temblaban como si hubiesen tomado café café
y no pudieran soportar el experimento
mis contemplaciones.

Pero lo soporté de un tirón todo confuso
esto se llama muerte dije soplo de flecha
en mi conocimiento más sensible
poco hablé
sólo lo justo para mi conciencia.
Las orejas ardiéndome
el cuello un arco contra la almohada.
Cedió mi vulva virginal vez primera
en el instante en que mi alma tuvo
un oído de alta inteligencia seda era yo
y seda todo el breve y mucho pensamiento.
Las manos enamoradamente bridas infantiles
blanqueándose en el cabecero de metal
como en una reja de convento o cárcel
como queriendo de allí salirse
devolverme a otro mundo
colocarme mejor
retirarme de la cuna
no arder así
o sí
no probar el pecado de lo doloroso
salirme de la herida
rogar que saliera él
y no tener aquella dura traviesa de madera
perforándome todas las ardientes almas
mi persona mis resignaciones.

Me sentía morir
mitad dolor y punto de milagro.

Las vibraciones eran cada vez más rápidas
por dentro crepité
nevé la leche
las uñas se menguaron tres centímetros
se me rizó todo el pelo carbón
se desplegaba
oscilando creciendo goteando
y filtró la primera y la última sangre
derramada por mi voluntad.

Después vino un silencio tan abstracto
la inmovilidad
el miedo de perderlo
mi cuerpo vaciándose de drama.

Tan increíble verlo cómo se vestía…
radiante
reservado de respiraciones.

De las sábanas blancas de su madre
una huella tras otra fue borrando.

Y como un riguroso nazareno
me dijo elevándome la cara:
mujer
¿qué es lo que hay ahora entre tú y yo?

 

 

 

 

TERCIOPELO AZUL

Mi coño eleva el conocimiento que tú le has enseñado.
La velocidad y el violento latido de una horca.

Mi coño alimentado por una boca física tiene el oficio
xxxxatlético de ser frágil y exacto.

Flexible y religioso mi coño es la pirámide de un
xxxxresplandor de xxxxxxxoxígeno que exige resistencias.

Tiene quinientos años de elegancia y de músculos
batidero de sangre volada de partículas.

Fluye con el tabaco la justicia y tu cuerpo tiene chispas
xxxxde plata xxxxxxxmonedas de cerveza.

Con tu estremecimiento causas en mí palabras que dicen
xxxxrebeliones y negros animales.

En tu lengua me dices cosas extraordinarias se me llena la
xxxxoreja del ardor de los fósforos.

Pasa todo a mi coño se forman las arrugas aprende
xxxxcoronado cómo abrirse las venas.

Tan profundo y despierto como un túnel en llamas llega
xxxxal agua al tugurio de un taller que se mueve.

Es un técnico oliendo tu medida en versículos el aceite
xxxxde un arma con una bala de oro.

Extremaunción del vértigo que surge en los amantes mi
xxxxcoño es un estado mental de luz y sombra.

Suda como una sábana. Palpita como un tango. Es móvil
xxxxterciopelo azul.
Báilalo lento.

Para la muerte.

Jode la tristeza.

 

 

 

 

COÑO AZUL

Mi coño es negro como carbón evaporado.
Pero se vuelve azul
a la luz de la tele y de la luna.

La característica más peculiar que explica su color y forma
es que tiene una circulación lenta y estremecida
que va navegando hacia la tinta de las venas
y se abre al desamparo de mi dormitorio
como si comprendiese que un dedo impenetrable
masculino no pasará por él
ni por las sábanas.

Sería una esperanza considerar
que sobre mi sexo solitario aún pueden caber volúmenes
remotos
o un pañuelo azul que penetrase las dos secciones
púrpuras abiertas
y así pasar esta tela azul ensangrentada quedándose
rompiéndome
porque mi coño ya es invencible
mi enemigo.

Aislado del amor
cualquier coño es violento.

 

 

 

 

CITA PSICOLÓGICA

Mi perro no ve bien doctora pero huele
mis lágrimas y se viene a mi lado
tirándose en el suelo lamiéndome
las uñas —algo olfateará del que fuera
su amo en los días de amor y sangre
derramada—. Él sabe aun sin verme
tomar las medicinas que la cabeza
me duele horriblemente y no puedo
aguantar ni el ruido de su rabo.
Esta cabeza terriblemente enferma
doctora ya no puede explicarse ni pensar
ni leer ni siquiera tratarme
con los seres humanos ni los irracionales.
Allí en mi casa sola tratando de encajar
con torpe coherencia una cosa con otra
haciendo un irreal esfuerzo sobrehumano
por mantenerme viva porque me vean alegre
mis hijos o mi madre o al menos
que no sepan hasta qué punto finjo
porque no sepan ellos ni nadie ni mi perro
cómo de mi cabeza entran y salen
los más feroces actos de suicidio
ahorcamiento o decapitación.

Mándeme otras pastillas doctora si es posible
curarme de él su destructiva forma de
desesperarme…

O elimine mi nombre de la lista de espera
no estaré llorando aquí el próximo trimestre.

 

 

 

Correyero, Isla. Mi bien. Madrid; Ed. Visor, 2018.

 

LÁPIDAS

 

TRAS asistir a la ejecución de las alondras has descendido aún
xxxhasta encontrar tu rostro dividido entre el agua y la profun-
xxxdidad.

Te has inclinado sobre tu propia belleza y con tus dedos ágiles
xxxacaricias la piel de la mentira:

ah tempestad de oro en tus oídos, mástiles en tu alma, profe-
xxxcías…

Mas las hormigas se dirigen hacia tus llagas y allí procrean sin
xxxdescanso

y hay azufre en las tazas donde debiera hervir la misericordia.

x
Es esbelta la sombra, es hermoso el abismo:

ten cuidado, hijo mío, con ciertas alas que rozan tu corazón.

 

 

 

 

ASEDIADOS por ángeles y ceniza cárdena enmudecéis hasta ad-
xxxvertir la inexistencia.

x
y el viento entra en vuestro espíritu.

x
Respiráis iel idesprecio, la iebriedad idel ihinojo ibajo ila illuvia:
xxxblancos en la demencia como los ojos de los asnos en el ins-
xxxtante de la muerte,

x
ah desconocidos semejantes a mi corazón.

 

 

 

 

PUEDES gemir en la lucidez,

ah solitario, pero entonces líbrate

de ser veraz en el dolor. La lengua

se agota en la verdad. A veces llega

el incesante, el que enloquece: habla

y se oye su voz, mas no en tus labios:

habla la desnudez, habla el olvido.

 

 

 

 

NO HAY salud, no .hay .descanso. .El .animal .oscuro .viene .en .me-
dio .de .vientos .y .hay extracción de hombres .bajo .los números de
la .desgracia. .No .hay .salud, .no .hay .descanso. .Crece .un .negro
bramido y tú te interpones los estambres más tristes (bajo un sol in-
cesante, en .un .cuenco .de .llanto, en la raíz morada del augurio) y
las .madres .insomnes, .las .que .habitan .las .celdas del relámpago,
deslizan sus miradas en un bosque de lápidas.

¿Gimen aún los pájaros? .Todo .está .ensangrentado. .Sordo .en .el
fondo .de .la .música, ¿debo .insistir .aún? Hay vigilancia en los jar-
dines .interpuestos .entre .mi .espíritu .y .la precisión de los espías.
Hay vigilancia en las iglesias.

Guárdate .de .la .calcinación .y .del .incesto; .guárdate, .digo, de ti
misma, España.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Canción de los espías)

 

 

 

 

ERAN idías iatravesados ipor ilos isímbolos. iTuve un cordero ne-
gro. He olvidado su mirada y su nombre.

Al confluir cerca de mi casa, las isebes idefinían isendas ique, en-
trecruzándose sin conducir a ininguna iparte, icerraban iminúscu-
los ipraderíos ia ilos ique iyo acudía con mi cordero. Jugaba a ex-
traviarme en el pequeño laberinto, pero sólo hasta que el silencio
hacía ibrotar iel itemor icomo una gusanera dentro de mi vientre.
Sucedía una y otra vez; yo sabía que el miedo iba a entrar en mí,
pero yo iba a las praderas.

Finalmente, iel icordero ifue ienviado a la carnicería, y yo aprendí
que quienes me amaban también ipodían idecidir isobre ila iadmi-
nistración de la muerte.

 

 

 

 

LAS carreteras no eran caminos para entrar en la ciudad sino ac-
cesos a los establos y ilas ifábricas. iLos iarrieros idel ivino ianun-
ciaban el día con látigos y blasfemias iy las caravanas de cultiva-
dores avanzaban por largos túneles de escarcha. Por la blancura
cruzan los carros rebosantes (aquel gemido en nuestras casas, el
aura iroja ide ila iazucarera iy ila isirena despertando días, su voz
como banderas desgarradas) y los boyeros parameses, ácidos en
el amanecer. iCruzan iy ila imelancolía ientra ien ilos patios. Pone
sus imanos ien imi ialma y, en ese instante, se iluminan pómulos,
lágrimas negras de ferroviarios.

 

 

 

 

JUNIO en los ríos extendidos como sucias iespadas. iVi iel iagua
sobre el agua; illuvia isin itérmino isobre ilas tablas del Besnega.
Aquellas flores en la boca de las adolescentes. iY ilas ihermanas,
su alarido en torno a sábanas ihabitadas ipor los cuerpos desnu-
dos, isábanas agredidas por uñas sin descanso, blancas entre las
manos de los obreros reunidos por la muerte y la lluvia.

(Ésta es la historia de los ahogados ofrecidos a la indiferencia en
la ilatitud idel iverano, ijóvenes iamnistiados ipor iel agua bajo la
mirada blanca de los asnos.)

 

 

 

 

CONVOCADA por las mujeres, la madrugada cunde como ramos
frescos: icuñadas ifértiles, imadres imarcadas ipor la persecución.
Hay un friso de ortigas en el perfil de ila imañana; ilienzos iretor-
cidos en exceso por manos encendidas en la lejía y la desespera-
ción.

Y vino el día. Era un irumor ibajo ilos ipárpados iy iera iel isonido
del iamanecer. iAgua iy icristal ien ilos oídos infantiles. Llega una
gente traslúcida y sus canciones humedecen las maderas del sue-
ño, ihumedecen ila madera de los dormitorios cerrados a la espe-
ranza.

Siento las oraciones, isu ilentitud, como serpientes bellísimas que
pasaran sobre mi corazón.

 

 

 

 

LA COMPASIÓN y ila ivergüenza ipasan isobre imi ialma. La me-
moria desciende a los portales de la maledicencia iy allí contem-
pla la cal y los geranios, ilas ancianas en círculos, el ademán del
mariquita que, icada día, imaldecido por tres lenguas frenéticas,
deposita ciruelas en las manos ávidas. Grandes, dóciles mujeres
peinan cabellos aceitados y el calor pesa en sus cuerpos.

El día es grande y la ibaraja ireposa en el halda de las ancianas.
Hasta que llega el gavilán esbelto y fúnebre, el portador de dis-
cordia. Luego suceden las invocaciones y las blasfemias femeni-
nas. Hay un vértigo de uñas ien itorno a rostros iluminados por
la sangre y una flor desgarrada sobre las baldosas frías.

(Llanto y clavel de las mujeres útiles, llanto en el arrabal de San
Lorenzo.)

 

 

 

 

LLEGAN LOS NÚMEROS

En tus dos lenguas hoy estuve triste;

en la que habla de misericordia

y en la que arde ilícita.

x

En dos alambres puse mi esperanza.

x

Estoy viendo dos muertes en mi vida.

 

 

 

 

SOY el que ya comienza a no existir

y el que solloza todavía.

x

Qué cansancio ser dos inútilmente.

 

 

 

 

LOS inocentes son seducidos en los patios y las vecinas hablan
xxde la resurrección de la carne.

Mis hijas lloran en sus manos y su llanto es verde.

¿Qué día es éste que no acaba?

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

LA COMEDIA ELÉCTRICA

 

CANTO 1 [36]

Al principio fue la carne,
y la carne se hizo palabra,
y la palabra se hizo memoria,
y nuestra memoria se hizo eléctrica.
Luego, en un abrir y cerrar de ojos,
desapareció la edad de los Ancestros,
desapareció la edad de la Historia.
Todos los exteriores cambiaron.
El desierto, el ártico,
y todo lo que se hallaba entre ellos se desvaneció,
o con más precisión, reapareció como otra cosa.
Muy pocos de nosotros lo vimos:
un mundo feliz
nacido de un útero sin sangre.
Algunos de nosotros —los valientes— montamos
en nuestros vehículos y salimos
a explorar el nuevo mundo,
esperábamos encontrar las prometidas señales de una vida nueva.
Pero cuando llegamos allí,
no había nada.
Un engaño, una mentira:
el interior no había cambiado en absoluto.
Decepcionados,
algunos de nosotros volvimos
cegados por estrellas artificiales, y lo que es peor
algunos de nosotros nunca regresamos,
quedamos atrapados en una red
de la que era imposible escapar.
Con todo, muchos de los habitantes de aquí
piensan que este es el mejor
de los mundos posibles:
protegido, limpio, seguro y ético.
Pero, ¿dónde está la sangre?
¿Dónde está el cuerpo?
Y esta cosa llamada “mente artificial”,
¿qué puede ser en realidad?
Cualquiera que haya estudiado filosofía
sabe que una sustancia virtual
es un contrasentido.
“Sí, pero como todos saben aquí,
gracias a la electricidad
lo ARTIFICIAL se convierte en lo REAL”,
me lo recuerda un jovencito insaciable,
plenamente capacitado
pero falto de atributos.
Así, nuestros sueños, nuestras pesadillas,
nuestros anhelos, nuestros deseos
se han hecho eléctricos, sutiles,
incluso transparentes.
No más cadenas,
no más poleas…
sino pulsaciones eléctricas
transferidas a una velocidad excesiva
por nuestras “nuevas y mejoradas”
máquinas deseantes.

 

 

 

 

CANTO 8

Este es tan solo un momento breve en la vida de un hom-
bre y una mujer que nacieron en iuna icueva y que nunca
la iabandonaron. iSe ipusieron ilos inombres ide iXXApPL-
S4U (mujer) y GnxDYsr4u (hombre).

XXApPLS4U: Te va costar 150 dólares por 15 minutos.
GnxDYsr4u: Muy bien.
XXApPLS4U (poniéndose el visor): ¿Estás listo?
GnxDYsr4u (poniéndose el visor): Sí.
Tres mil kilómetros de distancia.
Él extiende sus manos,
no toca nada,
una imagen.
Sus manos recorren un «cuerpo»
en algún lugar del espacio…
“tantea… tantea… siente…”
cada palmo de su carne
muy despacio, con la yema de los dedos…
acaricia con delicadeza los «pechos»
acerca la «boca», cerca, cada vez más cerca…
rodea los «pezones» con los «labios»…
recorriendo con la «lengua» las «puntas».

Ella responde en modo digital,
él la imagina carnalmente.
Tres mil kilómetros de distancia.
Se abre de «piernas»… toma su «mano»
la pone en el «coño»:
“Completamente empapada” dice ella.
Empapada. Ella le coge la «polla»
y dice “la tienes muy dura”.
Dura. “Quiero que me la metas”
Metémela. Dentro.
“Te voy a meter la polla dentro” dice
a tres mil kilómetros de distancia.
Quedan 40 dólares.
Dentro de ti.
Ella introduce la «polla» en el «coño».
Dentro de ella.
Tres mil kilómetros de distancia.
Él puede sentir la “polla dentro de ella”.
Y la “mete… y la saca…”
“Qué gusto”, dice ella.
“Oh, sí, estás mojadísima…
me voy a correr…”
“Córrete para mí, cariño, córrete…”
Quedan 01:30 minutos.
Quedan 7 dólares.
Tres mil kilómetros de distancia.

x

Él puede sentir la excitación
de manera electrónica… la forma
en que ella responde a los impulsos
de un alma que se compra y se paga
con la sagrada moneda de cambio
del que tiene y del que no tiene.
Él le agarra el «culo» con fuerza
y, luego, incapaz
de contener la «fricción»
de un universo sin fricción
con solo 75 centavos,
“se corre dentro de ella”
quedan 0:00 minutos
en su visa provisional.

GnxDYsr4u: ¡Ahhh!
XXApPLS4U: Ya está.

Él se quita el visor y ella también
en sus cuevas con aire acondicionado
a tres mil kilómetros de distancia.

 

 

 

 

CANTO 8 ½

¡Luces! ¡Cámara! ¡Acción!
Él trata de evocar algunas imágenes
mientras ella se tiende en la cama
de noche y lleva su mano hacia abajo,
cerrándole los ojos,
tocándola con delicadeza…
intenta introducirse
en su imagen,
en el cuerpo de él mientras mueve
su mano con él…
pero no sucede nada.
Algo no funciona…
no lo consigue.
Coloca la carcasa de plástico oscuro
en una caja negra
y ella empieza de nuevo…
esta vez es mucho mejor.
Las imágenes parpadean…
la mano de ella se mueve más rápido…
los dedos de ella le acarician
mientras él siente
la excitación… coincidiendo
con las imágenes predigeridas
y eléctricas de la mortal caja negra.
Ah… ah… ah… petite mort
del suplemento más peligroso.
La mano descansa, los dedos se doblan.
Algún día él no será capaz
de volver a hacer esto
sin tener delante la ayuda
una caja mágica,
como predijo Thamus.
Oh, mi dulcísima, querida Dulcinea,
te veo reemplazada con frialdad
por multitud de proyecciones externas.
Y ahí empieza la tragedia
del simulacro como realidad.
Ojo!: un altro film senza speranza.

 

 

 

 

CANTO 14

Ocupado lector,
entiendo que tienes poco tiempo
para ti, para tus amigos
y para tu familia.
Desde que inventamos ingeniosamente
una forma de marcar el tiempo
—como si en última instancia, esto fuera posible—
hemos estado persiguiendo
sombras en el suelo
o números en un marcador.
Y durante esa breve historia
se nos han hecho promesas
de que la sombra que estábamos persiguiendo
algún día, muy pronto, disminuiría su velocidad,
como si sombra y cifras
pudieran existir sin nosotros.
Pero la sombra, digital ahora,
no ha disminuido, sino que ha incrementado su distancia
con las maravillas de la electricidad.
La Producción deseante es el maná de
Cronos, el único Dios que nos queda,
quien devora a sus hijos de manera constante.
Así que, si me pudieras conceder unos segundos
fuera de tu apretada agenda
y apagar tus “dispositivos” móviles
y tus eléctricas cajas mágicas…
prometo ser breve,
como has visto hasta ahora
mi Comedia es concisa,
aunque requiera un poco de «reflexión».
Lo sé, lo sé, esas palabras hoy en día
provocan una sonrisa…
de vez en cuando también alguna carcajada.
Pero “hay que ser bufón
para ser filósofo”, dijo el Capitán N
en los días previos al tendido eléctrico.
Era cierto entonces
y aún más cierto es hoy
en la época de nuestra «democracia» virtual
donde todos somos iguales,
y estamos igual de cansados.
Hace cien años
algunos enemigos de las máquinas «ahorratrabajo»
llegaron a las fábricas
con martillos y picos
porque querían un poco más de tiempo
para poder jugar.
Ocupados, como tú, vieron la sustitución
del alma por la Producción deseante,
y quisieron derribar el sistema.
Nada hay de gracioso;
pues nada es tan serio como
el espíritu del juego.
Hoy nuestros hijos
lo han olvidado todo
y estos enemigos de la tecnolopolis
se nos presentan como ridículos
«enemigos del pueblo»
en treinta segundos o menos.
El río Leteo recorre
la casa de cada niño:
beben de esta agua
y se olvidan del río mientras beben.
Lo siento, empiezo a sentir que
te pierdo, que te aburro,
que he hablado demasiado.
Por favor, no permitas que te entretenga más,
acabaré aquí
para que puedas volver a encenderlo todo,
si es que no lo habías hecho ya
(y leías estas palabras
mientras te ocupabas
de otras cosas importantes).
Por supuesto, mucho menos importantes
son las palabras de este bufón
que combate con molinos «imaginarios» de viento.
Porque, ¿qué sentido tienen
lo inalámbrico y lo alámbrico
cuándo perdurarán para siempre?
“Eres un Ludita”,
te dicen,
y continúan cambiando de canal.

 

 

 

Pérez, Rolando. La comedia eléctrica (Trad. Óscar Curieses). Madrid; Amargord ediciones, 2017.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXII)

Tengo algunos amigos que me cuidan muy bien, aunque nos veamos menos de lo que quisiéramos. Eso sí, cada vez que nos juntamos, nos contamos la vida y nos entregamos, siempre, lo último que hayamos hecho.
Alberto Alcalá es uno de esos músicos que conocí gracias a las extintas Cantigas de Mayo de Ceutí y el viernes pasado, que presentaba ‘Tragaluz’, su segundo disco, en Murcia, hizo que mis discoteca creciera unos cuantos enteros con esta “criatura” que pueden ver en la imagen.

 

 

 

Aquí tienen una de las joyas que forman parte de ese disco.

 

 

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EXENTOS II Pasión de la mirada

 

VIVO sin padre y sin especie; callo
porque no encuentro en el osario ciego
del sonido aquéllas como frutos
antiguos, las adánicas, redondas
palabras oferentes. Van perdidas
las prietas de salud; quedan vestigios:
astillas, soledad, tierras, estatuas.

 

 

 

 

EN ESTA majestad de la madera
el oro canta. Y el dolor. Estatuas.
Es llama inmóvil, turbulencia augusta,
agua sin manantial. Aquí la muerte
se reconcilia con la luz. Estatuas.
Máscaras ciegas de la eternidad.

 

 

 

 

LA QUE habla en volumen, la que mide
el destino con su sola existencia;
aquélla, corporal, que se desnuda
y se extiende en la luz, aquélla, esta
castidad mineral, no solicita
pensamiento, no ve, pero, en la noche,
alimenta mis ojos, me acompaña.

 

 

 

Gamoneda, Antonio. Esta luz. Poesía reunida (1947-2004). Barcelona; Ed. Círculo de lectores/Galaxia Gutenberg, 2004.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXI)

El viernes pasado, tras la presentación en la ciudad de Murcia de éste, su primer libro de relatos, Natxo Vidal tuvo a bien regalarme un ejemplar de esta maravillosa edición que ha llevado a cabo la editorial Balduque en su colección Sudeste.

 

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXX)

De nuevo, el responsable de Boria ediciones ha tenido a bien regalarme estos dos últimos títulos que ha publicado.
En nada subiré cosas de los dos.

 

 

Desde aquí mi agradecimiento público por seguir teniéndome en cuenta.

 

MI BIEN

 

MI RETRATO A LÁPIZ

Soy melancólica. Melómana. Visionaria en la fe de los
xxxxsueños y el arte.
Cumplo con mi destino de guerrera.
Canto lo bello y lo perfecto. Bebo, fumo y esnifo.
Mi mente es un río caudaloso que nadie ha dominado.
xxxxSoy perversa, cruel y me bañan las lágrimas a solas.
Adoro la justicia y los bienes perdidos. Bramo de odio en
xxxxlo alto de las cumbres si no consigo lo que busco.
Distímica, locuaz e impertinente. Me gustan los licores y
xxxxlas sedas.
Amo el destierro, los bosques y la danza.
Mis aventuras escandalizan a los necios y con el dedo me
xxxxgusta tocar los labios de la noche.
Idolatro la luz que expresa Kubrick y el tormento
xxxxabnegado de Visconti.
De mí se dice que no me canso de belleza y que bebo a
xxxxdestiempo de los cuerpos.
Vomito internamente ante lo vulgar y lo ridículo y
xxxxdesgarro mi pecho ante lo feo.
Me gozo en soledad como un diamante y brillo entre
xxxxcelajes como nutria.
De niña coleccionaba tréboles y olores, insectos y lecturas.
Nunca mi espada está enfundada y he aprendido el arte
xxxxde la esgrima.
Me gustan las hierbas y la magia y busco el Grial para mi
xxxxamo. Soy heroica, altanera y distraída.
Me cobijo en mansiones de alquiler y no obedezco leyes
xxxxni partidos.
Me gustan los vaqueros y las pieles, el lino y los trajes
xxxxajustados.
Mido uno sesenta de estatura y ochenta mal medidos de
xxxxbusto confidente.
El tacto de la nieve me subyuga, oír a Bach me iza y me
xxxxconmueve, oler a piel me excita doblemente; ver
xxxxuna toma en treinta y cinco de Murnau me hace
xxxxcomprender qué es la poesía.
Como el Vesubio expulso lava incandescente al recordar
xxxxla Italia.
Llevo siempre carmín rojísimo en los labios y altos
xxxxzapatos de tacón granates.
Tengo arrebatos de amor hacia cualquiera y el sexo para
xxxxmí es una sombra.
Y me gusta jugar a lo que sea.

 

 

 

 

EL SILENCIO

Todo el silencio de mi vida
está encerrado en un grano de ámbar.
Todo lo que callé y aún callaré
está escondido allí.

La sola voz desnuda que me obliga al secreto
y ni lágrimas vierte ni impaciencia,
es un punto negro dentro del amarillo fulgor
que el alma tiene,
una extensa planicie de oro en el desierto
esférica y helada
con un solo habitante en su interior:
un pájaro gigante, muy lejano
atrapado en la quietud de la resina
derretidas las patas por el tiempo
y la mirada ingenua del que muere inocente.

Todo el silencio cabe en un segundo
en un sueño
en una seña
o en el último estertor junto a otra boca.

Por eso escribo sin violar las leyes del silencio
con la tristeza en flechas arrancadas del labio
escarchada en cristales de azúcar y aguardiente
cual ramo de anís en la botella blanca
o faisana soñando solitaria
en los bajos espumeros de la sal.

Todo mi reino está rayado a esmeril
y es pasto del olvido
costa brumosa surcada de aguanieves
intenso mar que vive en mí
con la niebla y la sombra.

De sus playas extraje todo el ámbar
de mi azotado corazón, todo el silencio.

 

 

 

 

AMENAZA

Yo no respondo de mi mano. Es asesina cuando te distingue.
xxxxVa a por ti, empezando por el corazón y la cabeza.

Yo no puedo mandar que te salude y se retire: lleva una
xxxxcadena de oro enganchada a tu sombra.

Si me ves surgir en la noche, apártate y mide la distancia.
xxxxSoy orgullosa e inesperada y puedo caer sobre tu rostro.

¡Huye de mí!

Pero te advierto que tengo la paciencia de los vengadores
xxxxy la constancia de los grandes sueños.

 

 

 

 

NO FLUYE SANGRE

No he venido a traerte la violencia que habita en mi
xxxxcorazón.

No he venido a mostrarte mis ojos despintados y mi último
xxxxvestido.

No he venido a distraerte ni a olvidar.

Ni vengo a matarte ni a vivir de tu sombra.

He venido a verte envejecer y a que en tu decadencia me
xxxxveas como nunca me viste:

Fría, paciente y azul como un cadáver.

 

 

 

Correyero, Isla. Mi bien. Madrid; Ed. Visor, 2018.

 

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