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Archive for 31 julio 2018

VERSIONES DEL INVIERNO

 

GARY COOPER HABLABA. Sonreía
en la niebla del sueño y en las calles
donde un niño crecía a contrasombra.

Y en Marilyn ardía la mirada
hasta teñir de fiebre los domingos.

Allí tu mente convertía
la saliva en enagua, en fina braga
jamás acariciable, condenada al armario
de las quimeras de los quince años,
hechas de eternidad y desmemoria.

Ellos eran los ídolos de nube,
sueños de nube en la ciudad anónima.
Nos daban alimento, en nuestras noches
germinaban, cual semillas de un mal,
en el cántaro umbrío de la alcoba.

Daban sentido al mundo. En sus imágenes
se encendía la luz del universo,
una luz esforzada que negaba
una España real hecha de sombras.

Sobre rotos deseos, sus miradas
fueron conjuras contra el hambre,
contra el tedio infantil, contra aquel frío
que temblaba en la ropa y la lejía.

Claridad de los cromos, qué emboscada
de momentos sin horas nos dejaron.

Para cruzar la noche interminable
fueron, contra la niebla, un buen remedio.

 

 

 

 

CIUDADES

¿Por qué nos llega
de gris estremecida
la luz que poseímos? ¿Por qué no avisa
y aventa en la habitación las sombras del presente y nos propone
un pacto con aromas
olvidados, olores que regresan
de amarillos familiares que ya no conocemos,
que tan sólo perviven
en el amargo olor de la naftalina
o en la ternura enferma
de colonias ocultas entre ropas sin uso?

¿Han muerto las ciudades? ¿Han perdido
su poder las ciudades que habitamos, territorios de llama
de esos años sin niebla
en que era la vida
negación de la sombra?

Nos sorprenden las calles
que ya no serán nuestras
desde un tranvía imaginario: gotas
de sangre seca, huellas de neumáticos
y avenidas que fueron paseadas
con el poder que aporta la inconsciencia.

Vemos
su dispersión, sus mitos aferrados
a cansadas esquinas,
a carteles heridos por el polvo,
a paraguas de luto brillantes por la lluvia.
Casas deshabitadas, ruinas bajo la luz,
tejas con musgo
sorprendidas de paso desde un tren olvidado,
gabardinas gastadas por las horas y el agua,
vagones indecisos que llevaban la vida
prendida en un pescante gastado por el tiempo.

¿Acaso fueron nuestras esas viejas ciudades
que el ojo del presente ya no reconoce?
Con sigilo, escaparon. Tras aquella tormenta
que fue la madurez, buscaron otras tierras, dejaron solamente
su brillo en la memoria, su luz en los espejos
y un sabor a café con algo de humareda.

 

 

 

 

CIUDAD Y AÑOS CINCUENTA
xxx(Memoria de infancia)

xxxxx1

No existe la memoria si la voz enmudece.

De todo lo que fuimos, de cuanto nos hurtaron
sólo el lenguaje sabe.
Con él nos conjuramos para salvar el viento:
no el que quedó absorto en el calendario,
no el que tuvo
olor a grama o a hojarasca, sino aquel otro
que encontró en la palabra
el destello de vida que tiembla en lo perdido.

Tu ciudad, por ejemplo.
Una ciudad donde ya nadie habita. Sólo fantasmas cruzan,
en las noches sin sueño, sus esquinas sin sueño.

Ese lugar que fue
territorio excluido, sótano de la Historia,
refugio de quienes heredaron
monedas de intemperie, es tan sólo un relumbre
en la oquedad del duermevela
donde a veces invocas al pasado.

 

 

xxxxx2

Había pájaros de agua y cementerios, calles
que a cada amanecer nos enseñaban
un paraje de grietas con suturas de hilo,
campos donde , al crepúsculo, irrumpían
espectros de derrota: con un bastón de azufre
removían la tierra
en busca de los huesos calcinados del miedo.

Había náufragos sin isla, amantes
clandestinas buscando entre las sombras
la puerta del desván. Cruzaban los tranvías
la orfandad del invierno y en los escaparates
florecía la luz que evidenciaba
la débil estatura de los nunca elegidos.

Había periferias, descampados,
pupitres y luciérnagas. Y sábados y alfombras,
y fiestas de olvidar.

 

 

xxxxx3

A veces descubríamos a viajeros sin nombre
que llegaban de un octubre aprendido
en la quimera de los antepasados:
entraban en la casa embozados de bruma
y entre sus pertenencias nos dejaban
páginas encendidas de ira y certidumbre.

Con voz de iluminados, al cobijo
de trastiendas o sótanos, leían
los heridos vocablos de la tribu,
las verdades ocultas, las sílabas herejes.
Era fácil soñar al escucharlas.

Después, la luz nos regresaba
al mundo que nos hizo y encontrábamos
sábanas frías y banderas
con tintura de desaliento,
hombres de traje oscuro proclamando
la extensión de la sima, agrimensores
para tierras de humo, vendedores
de espejismos, relojes sin esfera, calendarios
en blanco, amaneceres cuyas flores de escarcha
dibujaban una sombra aterida
en los ojos —huérfanos todavía de desastres—
de los niños.

 

 

 

 

ADIÓS EN BLANCO Y NEGRO A BETTE DAVIS

Ha muerto Bette Davis. En octubre,
cuando abdican los dioses y los mitos,
se nos dejó caer, más vieja y tal vez menos distante
que en el blanco y negro de aquellos fotogramas
como abismos de niebla y de ternura
que nunca nos salvaron.

No lo siento por ella. Hay edades
en que la muerte tranquiliza
al cuerpo hecho condena, y la derrota
es alivio o ensalmo, absolución de farsas y delitos.

Pero duele su muerte porque octubre
—no es fácil olvidar que en otro octubre
Jacques Brel se nos deshizo
también en blanco y negro, como ella—
es tierra promisoria, abierto valle al tiempo en que Bette era
símbolo de la ira, puerta a la soledad, refugio
de la angustia, del miedo, del fracaso.

¿Eramos niños?
xxxxxxxxxxxxxxxx¡Qué difícil decirlo!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿Quién recobra
la urdimbre de los juegos
aprendidos también en blanco y negro
como ella, ídolo de las tardes
de luz crepuscular de los domingos,
mujer en blanco y negro eternizada?

Qué trágico el olvido. Qué absurda la desmemoria.
Qué lamentable modo de tejer el vacío
asumieron después los bardos que bebieron
frivolidad en Oriente, artes de dibujar
horizontes sin luz estremecida.

Bette Davis ha muerto.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCon su ausencia han crecido
signos que nos hicieron: calles de carbonilla,
manchadas lluvias entintando la tarde y los abrigos,
bebiendo en el vaso de todos los inviernos
las propiedades de la niebla.

Pedíamos ternura, una dádiva escasa,
siempre huidiza en aquellos tiempos deshabitados
del padre joven y vencido.

Buscábamos la piel caliente, el prodigio
que ardía en las palabras, la caricia dispersa, el alimento
que apenas degustamos en la infancia insegura,
finales del cincuenta,
refugiada en los cines y en los sábados.

Pero ella, Bette Davis, siempre nos era esquiva:
diosa de la infancia, hada de dormitorios
y de cómodas, fue la cara escondida de los sueños.

Cómo no iba a dejarnos en octubre
si era el mito, si era la proyección de la mentira
necesaria, si era la madrastra o la puta,
la ternura escondida tras la máscara,
el odio vulnerable, como nunca
habrá de serlo nadie en este siglo
que agoniza entre escombros.

 

 

 

 

PAISAJE TRAS LA VENTANA

Lo que amamos. Ese trazo
que anticipan las sombras alargadas
de los últimos bloques de la ciudad hundida
en un diciembre de viento y de ceniza, de domingos
grises, de rastros de otras lluvias,
de siluetas que huyen, embozadas,
del asedio de la noche que, lenta, se aproxima.

Se agitan, con violencia, los toldos. Las ventanas
muestran su luz no decisiva, tiemblan
en soledad. En el frío se azoran
parques y escaparates, qué diciembre
en mudanza vive tras los cristales —más allá
del cenicero usado, del sonido imperfecto
de una radio muy vieja—.

Es el confín de tu ciudad, el inseguro
talud de las afueras extendido
ante tus ojos vueltos al impreciso páramo
de la memoria.
xxxxxxxxxxxxxxxEse niño que cruza la avenida.
Ese abrigo de paño. Esa mujer algo encorvada
que no mira ni te advierte, que ignora tu espionaje
tras la fría ventana de tu cuarto, tras la estela
de un domingo disperso entre los libros de la tarde,
tienen algo de ti, tal vez la duda
común ante el vacío.

 

 

 

Rico, Manuel. Versiones del invierno. Córdoba; Cajasur publicaciones, 2008.

 

DE VIEJAS ESTACIONES INVERNALES

 

ACADEMIA DE CORTE Y CONFECCIÓN

Inevitable rastro. Borroso fotograma
de un paisaje hoy cercado por ruinas, en el límite
de la vieja ciudad donde las tapias
se hacen decrepitud, materia en despedida.

Sobre el muro, ya sin color, ajado
—tanta lluvia, desleída en los años,
difuminó el añil que hiciste propio—
quedan las letras, los perfiles del estremecimiento.

Academia de corte y confección.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQué asedio; algo borrosos
llegan a la memoria los portales donde acampó,
indeciso, el ensayo amatorio, la cautela
perdida en las aceras y en la bruma,
entre lanas y fieltros e imperdibles mojados,
sobre telas marcadas por tiza casi añil y olorosas a cómoda.

Edificio en declive.
A su sombra aún respiran
mujeres de crepúsculos perdidos
amadas desde lejos, perseguidas por callejas muy tristes
—¿por qué era invierno siempre?— con la vaga esperanza
de ablandar tradiciones
que prohibían deseos y caricias.

Y es el aire y su abrigo, la memoria de un beso
teñido por la urgencia, el helado mandato
de un reloj insalvable, el que medía
la hora del regreso cada noche.

 

 

 

 

PUEBLO ABANDONADO

En este cántaro, en este pueblo herido
por el viento y la huida, por los pájaros últimos
de viejas primaveras, nada crece, nada busca
la voz, el horizonte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo muere,
se hace ruina, silencio, desolada
penumbra.

Acaricias las piedras, las maderas vencidas,
los nidos huérfanos, te pierdes por senderos
donde crece, cual hiedra, el abandono
y el recuerdo del tacto se pierde entre los días,
que se han hecho rastrojo.

En esta zanja nadie ama, ni canta. Gana el polvo
la batalla, es quimera el regreso
del agua.
xxxxxxxxxYa no sabes qué hacer, dónde extender los sueños
que heredaste, la vida legada por los tuyos.

Caminas entre escombros,
entre enseres inútiles, hundido en un paisaje
que es tan solo memoria,
rescoldo de una tierra y de un tiempo
jamás recuperables.

 

 

 

 

EL CUARTO Y LA CALLE

xxxxxI

Perdido, atento —tras la ventana que reincide—
a las calles vacías, a ese andar solitario
de la silueta anónima que arrastra entre las casas
un lastre oscuro, indefinido,
te preguntas por la vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsa duda
que eleva en el alcohol, a veces, su estatura
inestable, su cáscara más ácida,
te persigue.

Más allá de este cuarto, en el límite gris de tu mirada,
camina el hombre oscuro, el desconocido, la sombra
—quizá por ti habitada—.

Huye del escenario que poblaste de escombros
buscando luz incierta en la ventana
mientras crece el invierno.

 

 

xxxxxII

El sol, otoñal y dudoso, nos vigila, se detiene
en los objetos que, en la mesa, brillan de pronto, te revelan
la pasión contenida de las horas recientes.

Derrotado, amarillo, ilumina el papel,
su interrumpida fiesta de las palabras, o ese libro
aplazado y sombrío que en la mesa reposa
desde meses atrás y nos contiene.

Y momentos idénticos a esta tarde apagada
arden en tus papeles mientras llegan
de la calle las voces y te duele
su incierta lejanía, su ausencia de este cuarto
donde crecen las letras.

Y te invade una conciencia ambigua
de traición y silencio, acaso
el dolor de un olvido involuntario.

 

 

 

 

TU BRUMA

No confundas la noche con tu noche, la bruma
con tu bruma.
xxxxxxxxxxxxxxBebe tu soledad, camina
por las altas cornisas donde la angustia llueve
a veces.
xxxxxxxxPiénsate vencido.
Noche y bruma, así, sin adjetivo, son otras.
Otros cuerpos habitan sus dominios, no
tu noche: ella jamás podrá dejar sus ruinas
en el jardín ajeno, en el corazón algo turbio de los otros.

No confundas la noche que vives con la noche.
Es tuya solamente: antigua propiedad que odias a veces.

 

 

 

 

VIEJA TRAICIÓN

¿Por qué me amarga tanto
ese beso perdido
en las islas en sombra
de antiguas despedidas?

¿Por qué, como un destello, aturde
mi conciencia el rescoldo
de un acto que fue hurto,
bien medida traición, preámbulo
de la distancia
que han abierto los años y los trenes?

 

 

 

 

MEMORIA DE LOS TRENES Y DEL TIEMPO

xxxxxIV

Una muchacha azul tu silencio buscaba.

Su mirada era un río sin cercos
resbalando en maderas, en vidrios ateridos,
cuando el campo dormía y en ti el hombre y su riesgo
asomaban despacio con el miedo en el rostro
en busca de ciudades para siempre abolidas,
para siempre.

La adolescente azul fue en el tren de aquel tiempo
la caricia imborrable, el beso y el ensalmo
cuando julio cumplía el trámite forzoso
de salvar el verano del abismo.

 

 

 

Rico, Manuel. De viejas estaciones invernales. Tarragona; Ed. Igitur, 2006.

 

USO DE LA MEMORIA

 

USO DE LA MEMORIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxx…tiempos en que hablar de árboles casi es un crimen…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBertolt Brecht
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(A nuestros sucesores, 1938)

Aprendí, desde niño, a perdonar silencios
y cegueras no sé si transitorias. Nunca
fui capaz, sin embargo, de asumir el olvido
como un bálsamo. Sí como hiel o penumbra
envenenada, como fraude. Tampoco supe
abismarme en la helada belleza que el poema
proponía.
xxxxxxxxxxSabed que en la Alemania parda
y negra,
entre enguantadas voces y láminas de plomo,
los magos del lenguaje, teñidos de una luz
de habitación tapiada, pulían la sintaxis
hasta encender el árbol o dar flores de nieve,
buscaban el destello innombrado en los mármoles
de los acantilados de la desolación
a la vez que en el aire, sobre la Selva Negra
o sobre el Rhin, la carne se hacía transparencia,
sedimento de humo y voz deshabitada,
hedor tan sólo a Humanidad extinta,
a flor de cieno.

En ese tiempo mate, Walter Benjamin supo
del frío de la muerte y del exilio, y Jochen
Klepper, en su jardín, dio tierra a los diarios
de un tiempo de cristales rotos. Después, urdió
la muerte propia al lado de los suyos
burlando, así, al gas zyklon y a la Gestapo.
Por decreto, la voz
de Henrich Mann era expropiada
y el coraje de Ernst Wiechert vagaba entre cadáveres
en un lugar llamado el bosque de los muertos.

Mientras, así, la noche dibujaba
el envés del lenguaje en una tierra amarga,
los magos del silencio bebían los detritos
del himno y la proclama o enfermaban de culpa.

¿Cómo dar al olvido el poder de una noche
huera de amaneceres? De mis antepasados
recibí como herencia la luz de la memoria.
En su raíz alientan todavía
las voces condenadas. Y aquel frío.

 

 

 

Rico, Manuel. Donde nunca hubo ángeles. Madrid; Ed. Visor, 2003.

 

DONDE NUNCA HUBO ÁNGELES

 

VIAJE

Viajaste por los años
en pos de las señales de otra tierra, sospechabas
que nada nos redime detrás del maquillaje, ni siquiera
convivir con los sueños de un junio fermentado
en el hondón con musgo de la edad inocente, ni siquiera
ser el sueño que escribieron otros.

 

 

 

 

HERENCIA

En la piel heredada la luz languidecía
como un sol robado.

Debías reinventar el mundo, devolverle
la hurtada claridad y defenderte
de un legado de escombros. Así nació el poema:
creció en los duermevelas del lenguaje
hasta entintar el horizonte
con los destellos de una luz deforme
pero tuya.

 

 

 

 

PATRIMONIO

Te apropiaste del humo de los atardeceres,
cruzaste entre la niebla que temblaba en el bosque,
bebiste el abril turbio que anidaba en la boca
de las muchachas,
allanaste moradas que jamás existieron,
luciste los ropajes que dormían ocultos
en el arcón
de una estirpe de antiguo condenada
a habitar el silencio de las nieves perpetuas
de una orfandad de cobre, cuyo origen
temblaba en el principio
de los siglos.

 

 

 

 

PIEL NECESARIA

Te inventaste otra piel para salvarte:
en nocturnos de tinta, sin testigos,
diste forma al disfraz
hasta reconocer en sus contornos
la luz negada, la soga rota
del ahorcado, el candil tembloroso
de tus muertos, la salada humedad
de la carne proscrita, la saliva
de quien mordió la noche hasta no ser nada
en un frío galpón de Buenos Aires, el tedio
que levantó las catedrales o tejió las quimeras
de las hormigas.
xxxxxxxxxxxxxxxxDescubriste
la verdadera piel, la que nunca
habrá de traicionarte. No vivía
ni en la luz familiar ni en el principio. Desdeñaba los mapas
que, en tardes de oro sucio, te enseñaron,
fermentó en la impostura que nació en la palabra
hasta ser una máscara fundida con la carne.

 

 

 

 

DISCUTIR DE POESÍA. 1

Discutir de poesía abrazando las horas hasta dar con el alba
no es despojar al tiempo de sentido.
Es armarlo.

El humo y el coñac, y la noche y la música
levantaron el mundo en torno de una mesa: discutimos
acerca de lo inútil y amamos el instante
que jamás nos consuela, que nos ata
y esclaviza.

¿Mas sabemos que en el aire de un verso algo respira
más allá del lenguaje?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDecimos
viento y nos convocan tardes vencidas,
horas de soledad o de intemperie,
días de dicha o desventura. Decimos tierra
y nos visita la oscuridad y el légamo
donde nunca hubo ángeles, y el paladar se empaña
con el sabor a muerte de un verano maldito,
decimos niebla y la luz se estremece
entre muebles sin uso y busca la memoria
el frío de un invierno en el muchacho
que apenas conoces.

 

 

 

 

MARTÍN SANTOS

El silencio era largo
y gris. Era el silencio
el signo de la hora. Y era gris
también la hora. Y la voz era baja,
contenida
y oculta en los bares inhóspitos
de los barrios extremos. Daba
cierta angustia escuchar sus ecos temerosos.

«Ya ves, son tiempos duros», nos decía
la voz de algún pariente convertido en penumbra.

Como flores cortadas,
los hombres caminaban en silencio.
Como huecos inmensos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxComo huecos.

 

 

 

 

POE

Diabólico tendón. Despedazado
domingo o noche rota. Águila
disecada.
xxxxxxxxxUn viento frío
cruzando la penumbra y los relojes,
la soledad del niño
y de la alcoba.

El abrigo del padre era una sombra
deforme. La percha del pasillo
un halcón al acecho.
Una amenaza
de cieno entre las sombras
de la casa apagada, el libro, los relatos
de aquel anglosajón alcoholizado.

Amé su brillo sin embargo.
Su palabra sin grietas. Su llamada.

 

 

 

Rico, Manuel. Donde nunca hubo ángeles. Madrid; Ed. Visor, 2003.

 

HOY TOCA EL NIÑO DE LA HIPOTECA EN ‘LA MAR DE MÚSICAS’

Como se puede leer en la página de ‘La Mar de Músicas’, Marlon Williams ha cancelado el concierto que tenía previsto dar hoy en Cartagena y en su lugar han llamado al Niño de la Hipoteca.

 

 

Ya saben: si quieren, allí nos vemos.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXI)

Una de las cosas que tengo que agradecerle al blog es que, de vez en cuando, hay quien tiene a bien regalarme algún libro suyo. O algún disco, que también ha ocurrido.
Pero lo que sucedió hace unos días me sobrepasó porque, después de que subiera algunos poemas del único libro suyo que tenía, Manuel Rico ha decidido regalarme esto que pueden ver en la imagen.

 

 

De verdad que no sé cómo dar las gracias por un regalo así.

x
En unos días empezaré a mostrar poemas de los diferentes libros.

 

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LA TERTULIA ERRANTE

 

En octubre de 2015, la editorial El Gallo de Oro publicaba ‘La tertulia errante’, un libro con textos, ilustraciones e imágenes de un grupo de autores pertenecientes a distintas disciplinas artísticas, que cuenta con aportaciones de Sergio Acera, Javier Aguirre, Rafael Berrio, Karmelo C. Iribarren, José Luis Cancho, Pablo Casares, Ramón Eder, Diego Matximbarrena, Jon Obeso, José Puerto, Juan Manuel Uría, Emilio Varela y Juan M. Velázquez.

En el prólogo, Juan Manuel Uría escribía: “Desde hace unos años algunos autores (no solamente literatos o poetas, también pintores, filósofos, músicos, creadores, en fin, de diferentes disciplinas artísticas), radicados en San Sebastián o alrededores (si bien Donosti actúa como punto de encuentro), nos hemos reunido, cena mediante, los miércoles de cada semana en lo que tradicionalmente se ha venido llamando, a falta de un nombre mejor, una tertulia. Tertulia básicamente literaria, pero no sólo; porque en ella, como no podía ser de otro modo, se tratan asuntos que van de la poesía al cine, pasando por la pintura, la filosofía o la música. Además, siendo que no nos guía un espíritu sistemático, ni seguimos un orden del día, sino lo que el capricho demande, podemos empezar muy bien con Josep Pla, que nos lleva, por una derivada o una tangente a Nietzsche, que nos lleva de la mano hasta Van Gogh, quien, por un atajo tortuoso, nos lleva a Gil de Biedma, y este último, por otro atajo no menos tortuoso, nos acaba dejando, por ejemplo, y sin solución de continuidad aparente, en medio del surrealismo francés. A salto de tema, en un discurso libre y liberado que conduce la reflexión y el pensamiento un poco por donde quiere, que es buena forma de pensar, creemos.
Todos los miércoles, decíamos; esto es lo que ha permanecido fijo en el tiempo, la constante. No así el lugar de encuentro, que ha ido variando, y que es lo que da su carácter errabundo a la Tertulia (…).
Fue en una de esas tertulias, en ese discurrir serpenteante y algo caótico que decíamos, donde surgió la idea de un libro como memoria material de estos encuentros. Una muestra a modo de antología y que fuera significativa (porque, como suele decirse: son todos los que están pero no todos los que son, o han sido, o serán), y con aportaciones diversas (poemas, ilustraciones, relatos, ensayo, aforismos) como corresponde al carácter heterogéneo de la Tertulia.”

 

Y aquí dejo la colaboración de dos de los autores que aparecen en el libro.

 

 

x
RAFAEL BERRIO

x
COLEGIO MAYOR

El presente texto es un fragmento de la plaquette inédita «Aventuras e Infortunios de un Cantautor en Gira», que consta de 26 episodios más o menos largos de otros tantos conciertos ofrecidos por el grupo Deriva en la gira española de presentación del álbum Harresilandia, allá entre los años 2005 y 2007. A modo de muestra he seleccionado entre ellos el titulado «Colegio Mayor», en parte por puro capricho y en parte por los buenos recuerdos que me trae la ciudad de Valencia.

Rafael Berrio. Septiembre de 2015.

 

19 de diciembre, 2005.

A las 10 de la mañana me entregan la furgoneta que he alquilado en la plaza de Irún. Es una Jumpy robusta y ciega, que vuela bajo el acelerador y frena con precisión obediente. Nada que ver con la antigualla de mi Express, que está pidiendo el desguace a gritos. Llego al local de ensayo de Larratxo donde ya están Igor y Antonio tinglando bultos. Tenemos sitio de sobra para la carga, pero no tanto para el pasaje: dos únicas plazas muy estrechas junto al conductor hacen que viajemos hombro con hombro, y así a lo largo de los 600 kilómetros que separan San Sebastián de Valencia. A mediodía estamos ya atravesando el periférico donostiarra. Antonio está verdaderamente aterido, pálido, dando tembladeras y excesivamente atento a la ruta. Creo que la angustia le impide el habla. Sin embargo Igor ha amanecido locuaz y jovialísimo. Vaya dos.

xxxLa costumbre familiar, en las ocasiones que visitábamos a mis tías de La Vall d’Uixó, en Castellón, me obliga a hacer un alto en Daroca (provincia de Zaragoza), abandonando la N-330 y tomando la larga calle principal del pueblo. Esta vez no será ni fonda ni mesón: la madre de Antonio, como es ya costumbre en esta gira, ha preparado para el pasaje una tortilla de patata con pimiento verde acompañada de pan blanco, y el café lo tomaremos en un bar cualquiera.

xxxElegimos una plaza amplia y soleada a la salida del pueblo y sobre un poyo de piedra mudéjar montamos nuestro picnic. Dos gatos hambrientos y malencarados nos atormentan con sus maullidos pedigüeños. Con un sentimiento de culpa vamos dando cuenta del refrigerio. Pasa un labriego con un mulo cabizbajo. Una vieja mira entre los visillos. Bonito pueblo, Daroca, y su milagro de los Santos Corporales.

xxxRetomamos el camino ya por los páramos fríos y rojos de Teruel. Pasamos Calamocha que es como Las Vegas, pero los neones aquí anuncian jamón. Recuerdo que una vez papá compró en Calamocha un mechero con la imagen de Franco y la rojigualda para dar la broma a sus amigos del bar Santana, en la calle Río Deba. Viajábamos los dos camino de San Sebastián. Fue seis meses antes de su muerte.

 

xxxCon la oscuridad del atardecer cambia el paisaje. La serranía árida de Castellón aproxima la costa. De pronto todo es mediterráneo, y todo es naranjo, pero en vano, porque ya en Segorbe cae la noche y no vamos a poder ver nada. Hacia las siete de la tarde llegamos al cinturón valenciano. Gran embotellamiento. Son casi las ocho cuando aparcamos junto al Colegio Mayor Lluís Vives, en la Avenida Blasco Ibáñez. Necesito con urgencia un trago de lo fuerte para quitar el polvo del camino y relajar las pupilas.

x
xxxEntramos en el Colegio. Es un edificio de tres o cuatro plantas, rodeado de jardines donde se alzan palmeras y ficus gigantes de las Indias, y en la esquina de una avenida amplia y distinguida. Frente a la gran puerta de cristal se encuentra la conserjería. Lo primero que vemos sobre el corcho del tablón de anuncios es un cartel anunciador con una fotografía de Deriva. Buena señal. Veo con alegría que existe un café a la izquierda del hall, con muy buena pinta. Ya el camarero de pelo íntegro y blanco que lo atiende tiene un aire levantino inconfundible, pues hay una fisionomía característica para hombres y mujeres que no se me esconde, pero que tampoco sabría explicar.

xxxRecuento en el café universitario: falta Ione, que ha viajado en avión Hondarribia-Barajas-Valencia y que habrá llegado a media tarde, y falta Josetxo que habrá llegado en Bilmanbús, también hacia las cinco. Mensajes de móvil y citas a la hora de la cena. Cada uno por su lado, los dos andan vagando por la ciudad y no sabrían decir en qué barrio se encuentran. Tenemos el tiempo justo para descargar la furgoneta. Dos graves bedeles nos acompañan hasta la puerta trasera del escenario.

xxxY aquí está: el auditorio es espléndido.

xxxSe trata, al parecer, de una antigua capilla abovedada sobre la que está montado un patio de butacas de terciopelo negro y un alto coro metálico que hoy hace de sala técnica y de proyección. En el brillo del entarimado se duplica la imagen de un rutilante piano de media cola. Los terciopelos negros, la madera y los ladrillos caravista de los muros dulcifican los sonidos de nuestro trasiego de portes. Toda palabra pronunciada a la ligera, cobra en ese ámbito una nobleza y una armonía que impresiona.

x
xxxSe presenta a nosotros un hombre algo grueso, de mediana edad, con aspecto de autoridad imponente pero que al punto sus profundos ojos azules desdicen. Es claro que se trata del Director del Colegio Mayor, y dice llamarse Luis Puig. Tras las formalidades, noto en su conversación esa ironía y esa inteligencia que invariablemente poseen los raros sujetos genuinos. Mas tiene prisa y está cansado. Con gusto hubiera pagado esos tragos que invitan a la confidencia.

xxxLos bedeles nos entregan unos curiosos vales para la cena de hoy y los desayunos, comidas y cenas de mañana y pasado. Ione ha llegado justo a tiempo para descubrir, ya todos en comandita, el Magno Refectorium; en vulgar, el comedor self-service del Colegio. (Veo con ansiedad que todos los comensales son jóvenes, hermosos y en su gran mayoría del sexo femenino. Nunca llegamos del todo a aprender como es debido a la renuncia). Afortunadamente veo también aparecer a Vicente Maicas, con esa figura suya algo indolente de joven lord que lo distingue, sonriendo bajo su pelo rubio de reminiscencias pelirrojas. Maicas es, digamos, nuestro valedor, nuestro factótum en Valencia. El hombre de «Alta Tensión Cultural», el que ha hecho este viaje posible. Sentados con él a la mesa nos descubre la página entera que publicó La Cartelera hace tres días, con mi foto a todo color, la entrevista que hice por mail y una separata en el tercio inferior donde se habla de la caída de Criminal Discos. Tengo tal estado de excitación por la cadena de acontecimientos que apenas pruebo bocado de la cena que hay en mi plato. Ione me reprende por ello. Me dice también que se va a la cama. Tiene razón. Debemos descansar para mañana… Les miro a los chicos… no sin antes tomar un último trago por el centro.

x
xxxCuatro vascos deambulan por la plaza del Ayuntamiento, perfilada de luces navideñas. Las miradas hacia lo alto, las manos frías en el bolsillo, exhalando vaho de la boca abierta. Han encontrado una cafetería tristona pero aceptable. Bajo el estrépito de una televisión gigante, reunidos en una mesa en perfecta camaradería, se mofan en voz baja de los precios irrisorios de las cañas de Valencia.

x
Martes 20 de diciembre, 2005

Hoy es la «noche del fuego» para nosotros, y me despierto ya con esa desazón desde que raya el alba. La mente anticipa con histeria los acontecimientos que aguardan previsiblemente en el tiempo, y se entrega a ello por más que uno sepa que es en vano.

xxxInspecciono mi habitación. La número 10 del Colegio Mayor. Se diría que es la habitación de un hostal de dos estrellas si no lo desmintiera el alto mueble de biblioteca y las amplias mesas con brazos de luz para el estudio. También la colcha sobre la cama tiene un algo de juvenil y femenino. El baño es sencillamente irreprochable (a excepción de lo que muestra el espejo). Por la ventana entra la luz a chorros. Qué tontería que a uno le brinden estos lujos por el simple hecho de componer canciones. Estirando un poco las sábanas a la francesa he recordado el rendez-vous que tengo con Ione a primera hora para desayunar en el refectorium y salir a visitar la Malvarrosa y el mercado de Cabanyal, tal y como nos aconsejó el director Puig.

xxxIone ya está en la mesa con su periódico y su desayuno. Esta mañana hay en su cara de niña una ternura dormilona y algo flipada y dan ganas de besarla en los párpados calientes. No sabemos nada del resto de Deriva… dormirán.

xxxTomando el café advierto en la sección local de El País una reseña sobre el concierto de esta noche. El corazón me da un vuelco.

xxxYa en la calle Ione me guía hasta un tranvía cercano que se dirige a la Malvarrosa. Es curioso que en todas las ocasiones que he venido a Valencia nunca jamás haya pisado los barrios de la marina y es que nadie diría, paseando por el centro, que aquí hay mar. Hacemos un alto en el mercado de Cabanyal y no sé qué es más interesante, si las fisonomías del pueblo o las mercaderías, tan distintas ambas al norte nuestro. Compro unos litchis para Ione. Parece una galantería, pero es que ella nunca los ha probado. Yo me almuerzo un plátano delicioso vagando despreocupadamente por los pasillos del mercado y viendo las pescaderías y los puestos de encurtido, y la mojama, y las mandarinas cortadas con su hoja esmeralda. Queremos continuar hasta la Malvarrosa pero el tiempo empeora y el viento sacude el paseo marítimo. Estamos en diciembre. Los restaurantes y chiringuitos de primera línea de playa tienen las persianas echadas. Somos dos guiris frente a un mediterráneo borrascoso.

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xxxDe regreso, un taxi nos lleva por todo lo largo de la Avenida del Puerto hasta el centro, donde tengo al punto una entrevista de promoción en la cadena SER. Haciendo tiempo hasta la una, en un snack cercano a la calle Juan de Austria, Ione me invita generosamente a un plato de sepia, otro de puntillitas y un vaso de vino blanco de la tierra. Nos despedimos. Ione no quiere saber nada de promociones. Quizá el trato con sus artistas portugueses le haya contagiado la saudade porque la encuentro lánguida. Me pregunto si no tendrá añoranza o mal de amores. Qué sé yo, esta muchacha.

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xxxSubo a la radio. En la sala de espera hay una mujer muy arregladita, sentada con un portafolio y un libro sobre la falda. Inmediatamente anticipo que la conversación será sugestiva. Es la agente de un escritor que está siendo entrevistado en un estudio próximo y se llama Teresa. Me muestra el libro de su representado. Yo le hago promoción de mi concierto para no ser menos. Tiene los ojos azules en dos intensidades distintas concéntricas y una mirada limpia y algo ingenua. A mis bromas su risa surge espontánea como un cascabel. Le regalo un ejemplar de Harresilandia por simpática. Cuando me llaman del estudio me saca un par de fotos con su móvil y promete ir esta noche al recital. No la creo.

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xxxDespués de una interviú inusualmente perspicaz por parte de la guapa locutora Ana Mansergas (entrevista en la que he confundido, tonto de mí, Sevilla por Valencia) salgo de nuevo para la residencia Lluís Vives. Son las dos y media de la tarde. Mi grupo está comiendo una fideuá en el refectorium y me cuentan llenos de euforia que han hecho turismo de lo lindo por el centro. Me siento en otra mesa con Ione, que apenas ha probado bocado y está en la gran babia del pensamiento. Tampoco puedo yo acabar la trucha que he elegido y me obligo con la ensalada. Sueño ya con la sagrada siesta.

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xxxHace ya un rato que anda la parte masculina de Deriva montando los trastos en el escenario. Son las 16,30 h. Josetxo está poseído por el piano de cola. Le prohibo tajantemente que siga tocando el «Let it be» y cosas por el estilo. Quizá para complacerme ataca los compases de «Principiantes» y luego sigue con «Ven a verme en sueños». Le amenazo con vendarle las manos con cinta americana. Igor y Antonio trabajan con su estilo modesto y discreto. Desde lo alto del coro se acerca al escenario el técnico de sonido José Luis Shipley. Nos saludamos. Tiene un pelo ensortijado y bohemio como de haber hecho muchas giras en furgonetas y un rostro noctámbulo de poeta maldito. Por la mirada atenta y comprensiva que tiene, sospecho que es un camarada muy querido de sus camaradas. Aunque no nos conocemos, él ya había sabido de mí cuando masterizó en Valencia el álbum «Planes de fuga» para Criminal Discos.

xxxY hablando de Criminal, recuerdo de pronto que tengo esperando en una butaca al periodista de Radio Klara, Javier Pérez Montes, con el que he quedado para grabar una entrevista. Nos alejamos del auditorio buscando un lugar tranquilo y silencioso. El camarero de la cafetería nos concede el salón vecino, desocupado y a oscuras a esta hora. Javier despliega sus papeles en la mesa y pone a punto la grabadora. No sé si está nervioso o son siempre así de cómicos sus actos. Me habla de la misteriosa desaparición de su amigo Álvaro, el patrón de Criminal, y de lo que él llama con mucha agudeza «presunta abducción» de su persona, y se disculpa ante mí como damnificado que soy, desvinculándose de esa actitud tan incomprensible. Le he contestado que no guardo inquina a Álvaro sino agradecimiento, y que cualquiera que rinda culto al absurdo, como yo lo hago, encontrará muy admirable ese gesto suyo tan chocante de hacerse pasar por invisible. Javier sigue con sus preguntas. Halagado, descubro que en Radio Klara, en el espacio «El club de amigos del crimen», tienen una especie de lista top 10 en la que han sonado mis canciones anteriores y en la que se encuentra ahora «La piel a tiras». Estas cosas demuestran que efectivamente hay alguien al otro lado, y que por muy arrinconada que esté tu obra, existe siempre un plus ultra.

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xxxJavier pone fin a la entrevista y nos dirigimos de nuevo al auditorio. La prueba general de sonido estará a punto de empezar. Tras el primer ensayo de canción, Ione me anuncia que su amplificador se entrecorta. Baja Shipley. Juntos hacemos un corro de las patatas observando el trasto. Proseguimos con la prueba y esta vez el ampli se desgracia del todo. Por primera vez en la gira ocurre tal cosa. Me golpea la sangre en las sienes. Baja de nuevo Shipley, el próvido Shipley, diligente y efectivo: debemos cambiar a última hora la configuración del grupo y utilizar el amplificador de Josetxo, que no protesta, hechizado como está con su piano de cola. Por lo demás todo está en marcha. He dado instrucciones a un bedel con aspecto de poste de la luz para que ponga en el proyector de cine el videoclip «Algo delicado y difícil», y durante el concierto las psicodelias que realizó Cruz Larrañeta para Harresilandia. Decido por último tocar con mi Hofner y dejar la Teisco de reserva. En el patio de butacas está Vicente Maicas y Leonor, más algunas personas de Alta Tensión Cultural, como Jorge Llabrés y otros que no distingo. Shipley sube y baja atareado la larga escalera espiral que comunica con el control y la mesa mezcladora en un sinfín de viajes. Pero tenemos que prepararnos y debo cambiar en el camerino mi recia camisa de cuadros por la seda negra de los cantantes. Debo arengar a mi banda mientras bebo maniáticamente los sorbos últimos del scotch que he pedido a Maicas. Aspirando ansiosamente el duro cigarro puro caliqueño que he comprado en un estanco de Valencia, debo ocuparme de los detalles finales del repertorio (del set list, como dicen los cursis) y no olvidarme de arropar a Ione, aunque no le hace falta porque es artista más valiente que cualquiera de nosotros.

xxxLas ocho y diez. El corazón da un violento vuelco.

xxxParece que hay poca gente. Quizá más tarde se anime la sala. Ocho y cuarto; suena el vals de Shostakovitch que preludia todos los conciertos. Me siento como una falla a punto de ser prendida.

 

 

 

 

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RAMÓN EDER

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AFORISMOS DEL KURSAAL

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Mala memoria es la que recuerda lo que habría que olvidar.

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Si nos alejamos mucho de una tentación caemos en la siguiente.

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Las amistades nocturnas parecen sólidas, pero suelen ser líquidas.

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La inteligencia, a partir de cierto grado, se vuelve inevitablemente humorística.

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Los mejores aforismos son los que empiezan cuando terminan.

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El fin justifica los miedos.

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Los gatos son tigres que han renunciado a su peligroso tamaño.

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A los tímidos no les queda más remedio que ir de audacia en audacia.

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Muchos novelistas son poetas que quieren llegar a fin de mes.

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Nadie olvida la frase con la que fue expulsado del Paraíso.

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A veces el espejo nos echa un sermón.

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Hay que ser magnánimo en la victoria, y hasta en la derrota.

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El que se duerme en los laureles se despierta en un campo de minas.

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Si no te mueres, van saliendo las cosas.

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El negro es el color de los ambiciosos.

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Algunos dan la mano como si quisieran tomarte el pulso.

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El pasado es imprevisible, cambia constantemente en nuestra memoria.

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Los cantos de victoria son siempre prematuros.

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Acariciar purifica las manos.

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Las vacas sagradas de la literatura, de vez en cuando, mugen.

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Hay gente que nunca sabe el color de los ojos de sus amigos.

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Se asomaba al abismo y tomaba notas.

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Le acusaban de que no se mojaba y estaba con el agua al cuello.

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Algunos versos son tan malos que resultan inolvidables.

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Cometemos siempre los mismos errores, lo cual nos da una especie de extraña coherencia.

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Le iba todo bien, excepto lo importante.

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Nadie es más profundo que su propio abismo.

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Abrió un paréntesis en su vida y se olvidó de cerrarlo.

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Las mujeres muy bellas crean a su alrededor un sentimiento de irrealidad.

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Cuando vamos de viaje hay que llevar por lo menos dos libros: uno muy bueno y otro por si no nos apetece leer el muy bueno.

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Algunos asuntos nos salen bien precisamente porque alguien no ha cumplido con exactitud nuestras instrucciones.

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En sueños nadie es monógamo.

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Regalando libros mejoró su biblioteca.

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Leer ciertos libros mejora nuestra biografía.

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La belleza introduce lo fantástico en la vida cotidiana.

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En las fotografías no salimos como somos, pero somos como salimos.

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Hay que tener muy buena vista para ver la botella medio llena cuando está medio vacía.

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Una de esas noches en las que nos dan ganas de irnos de casa de puntillas.

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Todos tenemos la vaga sensación de haber estado en el Titanic.

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Nuestras pasiones son grandes actrices.

 

 

 

VV. AA. La tertulia errante. Bilbao; Ediciones El Gallo de Oro, 2015.

 

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