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Archive for 31 enero 2018

CANTOS DE FUTUROS

 

oración del nanotecnólogo

xxxxxxxxxxxxxxxxxThere’s plenty of room at the bottom.
xxxxxxxxxxxxxxxxx(Título de la conferencia de Richard Feynman
xxxxxxxxxxxxxxxxxen 1959 sobre la nanomáquina)

a ti nanotecnólogo
a ti para quien en el fondo hay espacio de sobra
a ti que das golpes ligerísimos en tu cantera de molécula
que llevas el tiempo a lo casi detenido
para quien la soledad es muchedumbre
para quien el susurro es todo el grito
tú que puedes sacar toda la belleza del carbono
que reubicas los átomos del grafito
para hacer todo un diamante
a ti indiscreto de lo cuántico
potenciador de la chispa
un solo dios bioquímico
verdad es lo que tú quieras
reubícame desde dentro
invéntame la disposición de los átomos
y conviérteme en lo que no se me parezca
haz de mí otra cosa pero déjame poder
pensar en ese cambio
mantén mi unidad para dsgregarme
y siendo caja de cambio
o etérea solución en un laboratorio
déjame pensar mientras en lo que se barre
en lo que sobra de las cosas
dime qué te sobra de mí para hacer otro yo conmigo
dime adónde van las cosas juntas para nacer otras
dime qué se piensa qué sucede cuando uno dice luz
y la luz se hace

 

 

 

 

código fuente

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Coco

voy a sacar el código fuente de la vida
la brutalidad entre paréntesis es mayor que la ternura entre paréntesis
verdad es el elemento separado por paréntesis para ser uno
es la unidad de las cosas disgregadas por el medio
también se tiene nostalgia de código de barras
tristeza de número
me duele la previsibilidad del teclado
siempre la k junto a la j
lo peor de la sensibilidad es el dolor
el dolor de lo simbólico y el dolor de lo real
siento la vigilia del electrodoméstico
sueño con artefactos
estoy que me atristo que me alimento
estoy con la matriz llena de niños
con el labio fracturado por el aire
soy el conjunto insustancial del azar
haciéndose la digna
haciéndose el logo corporativo de estar siendo
y su eslogan de todo para qué
raquítica de alt rápida de enter
botón derecho y crear alias
la esperanza es el juego comprimido en la pantalla morir
que solo puede instalarse
si pirateas el programa de la vida
me bajé una demo
jugué solo una hora
así sigo

 

 

 

 

pensar moléculas

pienso en la molécula
a toda hostia para ser luz encendida
para ser el negro del vestido
de la señora en el sillón
pienso en el choque momentáneo
del protón haciendo su labor
para dar abismo al cabizbajo
pienso en el tierno decaimiento
de un isótopo para hacerse radioactivo
se me ofrecen las cosas en balcón
las miro ser desde dentro
la tristeza también es la cuerda que forma
una macromolécula para dar contenido a un suicidio
pero lo posible no tiene composición química en sí mismo
por favor dadme un poco de albedrío libre
para poder olvidar el prediseño del mundo

 

 

 

 

los hombres patrocinados

los hombres patrocinados
llevaban una vida normal
hasta que emplazaban el producto
podías tener una larga conversación
acerca de todas las cosas del mundo
y sin darte cuenta llevabas hablando
de un producto lácteo casi dos horas
yo los admiraba
eran los nuevos oradores
los profetas de un dios pequeño
sabían hablar de todo sin mostrar emoción
a uno de ellos le pregunté una vez
cuál era su marca
—ninguna— me dijo
—no soy patrocinado
y cuál es la tuya—
me quedé pensando un momento
llevaba siglos haciendo anuncios yo sola
yo era el anuncio y el producto y la patrocinada
la mía soy yo
y sigo aún buscando la razón de por qué debes comprarme
y peor la razón
de por qué estoy en venta

 

 

 

Eloy-García, María. Los cantos de cada cual. Madrid; Arrebato libros, 2013.

 

DISPÁRAME VIDA

 

METAMORFOSIS

Desnuda bajo la pura luz de la luna,
emblanquecida por ella;
pulida por el áspero viento del norte,
roma y alisada.
Sumergida en el gélido río,
limpia y purificada;
embellecida con las guedejas
de la raíz del árbol.
Más espectro que mujer.
Preparada para dirigir batallas,
para capitanear barcos,
para mandar.
Ha de enterrar,
bajo un fuerte raciocinio,
la empatía, la ternura,
la piedad y la capacidad de amar.

 

 

 

 

CANTO

«No me encantes
—dijiste—
con tu canto de Sirena».
Y me di cuenta.

Estaba desnuda,
apoyada sobre un pie,
acentuando
la dulce curva
de la cadera praxiteliana.
Con el largo cabello,
caído
a un lado.
Húmeda.
Y tú me observabas,
dándome un halo intrigante.

Me siento tan hermosa,
que soy la misma emergente
Venus del cuadro de Botticelli.
Entiendo que es peligroso
oírme en estas horas,
porque veo en tus ojos
el miedo de Ulises.

 

 

 

 

AMANDO

En el nido blanco nos estudiamos,
lamiendo, babeando, mordiendo;
nos faltaba piel.
Los envites se devuelven
en ecos por las paredes de la casa.
Gritamos, jadeamos,
en el anisa de entrar en el otro,
en la batalla triunfal.
Con el último estentor, entramos victoriosos,
de la mano, en la oscura noche.

 

 

 

 

DESPEDIDA

La lluvia ceba la noche
en gruesos goterones
que caen sobre el asfalto,
resueltos en pompas sonoras.
¿Por qué corren tanto los coches?
¿De qué tienen miedo?

Ante los faros,
está el gris más iluminado.
Bajo oscuros paraguas,
peatones esperan el turno del verde
al borde de las aceras.

Entro en un bar de jóvenes,
oyen música en directo.
Parece de un grupo
que estuviera en su primer concierto.

La gente se habla a gritos:
unos empiezan a conocerse
con una ronda de copas,
otros bailan o ríen.
Una pareja se comunica con besos.
Delante se agolpan ante el escenario.
Fotos, vítores, manos alzadas.

Pido un tercio helado
que bebo, me relajo, olvido.
Tuve una mala noticia
que me hizo bajar al infierno.
Hoy empiezo a despedir mi pecho derecho.

 

 

 

Vicente, Teresa. Dispárame vida. Sevilla; Ed. Renacimiento, 2013.

 

SOBRE TUMORES MALIGNOS Y MUDANZAS

 

canto a las señoras irreales con tumor maligno que me habitan

a todas mis señoras irreales con tumores malignos
que me habitan
a todas aquellas de la danza de la prueba de orina
del baile del análisis box 4
a las amantes de las agujas hipodérmicas
que manchan en un punto un solo apósito
a todas vosotras tiroteadas en cuanto nacidas
diseñadas para la muerte lenta
para el tormento interior
a vosotras que lleváis un látex para tomar
mis huellas como un guante perfecto
no para tomar de la mano
no para la caricia
no para el amor ni la ternura
para la violencia para el desorden
a vosotras os canto en este horizonte de sucesos
del agujero negro de mi vida
la gigante roja ha perdido energía
y en su auto atracción gravitatoria
atrae más luz de la que sale
perdonadme en todos los recovecos
que mi alma puede
perdonadme en el mar y en los días de sol
perdonadme que no os ofreciera nunca
la felicidad de los paisajes
y perdonadme que para hablar de todas vosotras
tenga solo que hablar de mí

 

 

 

 

mudanza

me mudé con él
el posesivo
el traficante el temerario
se vino con toda la familia
colon
tiempo
crisis
lágrima
me quise separar porque mi suegra
viuda del espanto
dormía entre nosotros
pero con hábito recién nacido y la pequeña neura
no podía sencillamente no podía
pasaron dos años y los niños crecieron vigorosos
tuve abortos de por medio
agorafobia hipocondría
xal final le dije al miedo cara a cara
abandono la casa familiar
ya no puedo más
he conocido al más perfecto de los seres
tiene todo el tiempo del mundo
se llama conformismo
tiene mi misma edad y un piso en todo el centro

 

 

 

Eloy-García, María. Los cantos de cada cual. Madrid; Arrebato libros, 2013.

 

THIS IS YOUR HOME NOW

 

El Abuelo

Palabras de dolor
caen bajo sus dientes,
empiezan a fallar
como bailarinas en una línea.

Luz de julio alta y dura cruzando cenital
desde lo alto, atravesando bloques
amarillo verde, mordedores
de las moscas de verano.

Un mundo en emisión constante
de agrias verticales al espacio,
proyecciones de vejez en un cegador ámbar,
sugiriendo soledad y cigarrillos.

¿Vendrías?
Debes decidirlo justo ahora
entre dos llamadas de trabajo,
como decide la cabeza del conductor
en un cruce desconocido
en ruta a la conexión tal desde la vía cual,
treinta o cuarenta.

A mí, las letras también se me desligan
como basura desperdigándose
en un luminoso halo solar,
sus formas equívocas
como siameses en juego.

El que divide la luz soy
en el lado izquierdo queda
lo que nunca antes dijimos
(he estado esperando demasiado)

A la derecha, fuera de mi alcance,
la brillantez parpadea perpetua
calculando la distancia
entre los huecos.

Vendrás,
a llevarte esta mente
de modo sigiloso y extraño, como un bolígrafo lleva dentro su
sangre de mensajes.

Del córtex se escurren los nervios,
los axones detienen la entrega,
el rostro se distiende.
Una vida desenhebrada:
la máquina avisa a las enfermeras.
(Aquella revisión de los vínculos
y el recuerdo de una mujer
que cose a máquina
como un último crucigrama)

y
entre las distintas partes de su cabeza
la conversación frena.

 

 

 

Las Cosas

Desbordada
como el tanque de agua del municipio
(el día de la inauguración, es cierto,
con las autoridades vestidas de domingo
vomitó todo el sulfuro, el agua,
dejando tras de sí un rastro
de hojas lavadas sobre las mantas).

Y éste es nuestro teatro del verano:
Desierto bajo una luz desgarradora
de anomalía.

Sea lo que sea que se acerque
a este entorno pasivo
sé que cuidarás de mis notas en esta casa
sacarás la basura, comprobarás el hornillo
xcerrarás la pasta
y repartirás
los pedazos de carne
en porciones de hambre cotidiana.

Sé que quedarás guardando
cada momento discreto y concatenado,
el pan
las dos vueltas a la llave,
la factura del agua.

 

 

 

 

El Fin

En 1985
los crímenes no se resolvían como ahora,
sin pistas sin pruebas y sin sospechosos.

Su desaparición surgió durante mi turno
en otra jurisdicción,
a cincuenta kilómetros.

La joven empleada de diecinueve años
conoce a un tipo en el aparcamiento
y le lleva a la oficina de correos,
son vistos por un agente de policía
dirigiendo el tráfico
ella aparece a cuatro coma ocho
kilómetros de la tienda.

La policía de Amarillo envió a la científica
un kit de violación,
que incluía hasta muestras de las uñas
(fuentes de luz
que tornan el ADN fluorescente,
la mínima cantidad de materia genética,
un perfil femenino, otro masculino)
pero olvidaron analizar los calcetines.

De las pruebas biológicas tomadas del coche
el test roería espantosamente la muestra.

Él entró sobre lasa diez y se dio cuenta
de que era el último cliente
apagó las luces del establecimiento
y la retuvo a punta de cuchillo,
luego usó los calcetines
para atarle las muñecas
sacó las cosas del maletero
condujo hasta el bosque y dejó el cuerpo.

El cuerpo, con los calcetines en su sitio,
fue encontrado entre ciervos, en el barro.

 

 

 

 

(En Amarillo, Texas,
la mañana tras San Valentín
se ha encontrado a una joven en su domicilio.
En el tocadiscos sonaba sangre,
había una gran cantidad de canciones
alrededor de la cabeza)

 

 

 

Díaz Villarías, Mercedes. This is your home now. Ed. de autor, 2013.

 

LOS CANTOS DE CADA CUAL

 

lo reconozco

sí reconozco esto no pensar
le dimos al grito un efecto murmullo
para el tímpano de los niños
y después nunca nadie supo decir a gritos
reconozco la prisa no pensar
consumo libre de todo lo que existe
con los roles siempre vivos
mientras tengamos videojuegos
de disparos en primera persona
habrá humanidad viva
reconozco esto no pensar esto
lo hemos creado también para los sordos
que con un batir de manos entienden
la palabra existencial
lo dominamos todo
la clase social la chatarra el azul
lo limpio que sale del chasquido de la máquina
que retractila la portada de un ser uno
mirando también en punto muerto
ese sueño vago de otra cosa
reconozco esto he crecido con esto
nos quieren a todos integrados
qué triste qué miedo
dan pena y miedo limpios parkings con casas limpias
limpios mandos con teclados limpios
reconozco esto por fin del todo no pensar
el sueño al zulo la idea cualquiera
lo que se dice nada lo que se escucha respetable
reconozco esto sí lo reconozco
pero no pensar esto tampoco
aunque el tiempo vaga a su manera
solo si son naturales a los desastres le ponen alarma
y nadie silba contra el miedo
nos venimos a la cueva
y seguimos dando a las teclas de deshacer
lo reconozco no pensar pero
ante un mundo bulímico compulsivo
siempre queda la anoréxica idea de uno atónito
lo reconozco

 

 

 

 

contra europa

hoy me siento demagoga
la poeta expatriada de mi casa
la presa política sin ideas de cambio
ante un mundo fanático y playero
exilio de interior y de montaña
hago mi bodegón con los extractos de la saliva
hay algo tan de ikea
en el estudio de san jerónimo
que con mi maltrecho latín
monto en tres veces la biblioteca
inmensa de occidente
me siento enviada especial
en el epicentro de la tragedia
pero no siento mi miseria
es la del otro la que me excita
me siento hombre con una orden de alejamiento del mundo
cuando me acerco a más de 500 metros de lo obligado
comienza a sonarme la pulsera
me siento pederasta y su niño
mimando siempre lo que no debo
me siento turista en su resort clavado
como un cadáver que retrata cataratas
me siento la catástrofe natural
de un país en vías de desarrollo
entre las cinco de la tarde del aquagym
y hasta las siete y media del shiatsu
me he sentido burka con su mujer dentro
no hay límites para mi exorcismo beligerante
con derecho humano
cambio si es posible
criterio por idea respetable
y sueño por experiencia real
soy una civilizada europea y occidental
me aglutino las deudas históricas
de otra gente en mi banco rencor
hablo bien mis cinco idiomas de no decir
qué interesante mundo este para los que estamos
en el cineplex de dentro dolby sonido envolvente
mientras la realidad de estéreo a mono
estrena documental
donde la injusticia digiere lentos y apilados
los cadáveres de siempre

 

 

 

 

la franquiciada de la ira

yo el estimado cliente
la distinguida señora
la señora doña
la receptora de afectuosos saludos
de los abrazos
de los felices años
de las felices fiestas
de las condecoraciones
y de los accésits
estoy cansada de los gestos blancos como las marcas
de las opiniones neutras
de los saludos tibios
estoy cansada de que abismo
sea una plácida tiniebla con pedagogía
muerte al pedagogo y al psicólogo
muerte al sociólogo y al payaso sin fronteras
cansada de la tierna tinta sobre el mundo
quiero situarme frente a frente
levantar las manos hartas de lo supuesto
reventar el instante de toda dinámica tranquilizadora
darle photoshop a la memoria
vectorizar mi miedo en dos líneas solo
inventar luego su textura
y drogarme con la idea de la guerra abierta
de ser infeliz a todas horas
que os den por el culo miserables
porque la estimada la distinguida la señoradoña
piensa clama y ruge
no me daréis más tranquimazin para la calma
os lo digo para que podáis entenderlo
soy una franquiciada de la ira
porque sé que el estrés es la esquina
donde partís nuestra espalda nueva
nos llenáis de cadenas de alimentos
nos llenáis de cadenas de moda
nos llenáis de cadenas
pero a todos en nuestro diagnóstico soledad
nos duele el alma a la altura de su vacío

 

 

 

 

los mayoristas del cielo

os canto a vosotros mayoristas del cielo
que reponéis la estrella
que encendéis el temblor en todas las cosas
solo para que lo quieto prevalezca
a vosotros escaparatistas de la memoria
mirad sucede que canto sin sentido
a las cosas pequeñas de la tierra
la cerveza se sabe mundo centellea
la ironía es tan natural
como la salamandra
os canto a la chapuza de inventar sobre contrarios
qué triste casa de goteras
pero por uno de los agujeros que hizo el agua
entró un rayo de sol
inventar es sencillo un hombre puede hacerlo
mayoristas cuando sois aire todo es soplo
entonces el vendaval es azul y la casa devastada es de un verde claro
qué bien se está frente a vuestra casa olímpica patrocinada
mayoristas tercos en la tierra
no penséis más árboles ni cosas que resistan
lo pequeño no se os da tan bien
mientras creáis los grandes rayos yo pienso
en la tristeza de los tiestos rotos en el suelo
creáis timidez y yo miro la tenue grieta que derribará el edificio
decís alma y yo anoto las veces que he pensado
en lo humano de un camión de reparto
os ocultáis solo para que os rindamos culto
os mostráis para que los animales sepamos
inventar el miedo y protegernos de estar vivos
mayoristas si queréis de verdad ser útiles
de par en par os pregunto
¿tenéis alguna droga de diseño para mi envejecido y sofisticado dolor?

 

 

 

 

el canto de cada cual

cada cual gestiona su abismo
se recupera de su ozono
se calma en su herida momentánea
se nutre de tiempo
se desborda
cada cual mece sus cicatrices
y mueve los dos brazos al andar
cada cual habla de su centímetro cuadrado
y es libre de sentirse atado
cada cual es piscis y cuaternario
es gente que trafica que investiga
que acaricia al pájaro y que desdobla la ropa
cada cual piensa en todas las teorías
y solo se queda con las útiles
cada cual se baña y escupe
se desviste y se viste
llega tarde al umbral y pronto al lugar mismo
a cada cual le crecen las uñas
y se dignifica con ser humano y razonable
cada cual es una multitud de cuerdas tensadas
es subatómico y decisivo
cada cual se viste y se desviste
mientras la gravitación hace lo suyo
la oxidación hace lo suyo
el cáncer hace lo suyo
cada cual muere en su núcleo
es enterrado y recordado
cada cual estuvo una vez hecho de hábitos
pero lo bonito de la historia
lo verdaderamente interesante
es que cada cual no supo nunca
si era mejor la memoria o el olvido

 

 

 

Eloy-García, María. Los cantos de cada cual. Madrid; Arrebato libros, 2013.

 

LA OSCURA VOZ DEL CISNE

 

LA OSCURA VOZ DEL CISNE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Teresa Núñez

I

Dicen que el cisne xal barruntar su muerte
emite un ruido extraño, indefinible.
Nace de su mudez y se extravía
calcinado en el viento. Como el trueno.

No es reclamo amoroso. No es congoja.
No es cántico ofrecido
al signo inapelable del augurio.

Ni es —menos aún—,
desesperado intento de ser oído.

Es intuición tan sólo. Vislumbre de la ausencia.
De esa absoluta, irreversible
condición de no ser que se aproxima.

Pero eso el cisne
no sabe precisarlo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxSólo siente
la insondable advertencia del abismo
y da su grito al viento como una
llamarada orgullosa transmitiendo
la convicción atávica
de durar en la especie.

 

II

Yo sí sé que mis días, los que fui bordando
puntada tras puntada
en mi tapiz, están palideciendo.
Se difuminan sus colores,
asumen
mansamente el requisito
inexcusable de la ausencia.
Sus líneas se deforman
como huyendo de sí mismas, buscando
nocturnidad, sosiego.
Incluso se apacigua la figura
que siempre tuve de la muerte
y miro,
con cierta complacencia,
la sombra de los árboles filtrando
esa luz imprecisa que dibuja el vacío.
De ella no fluye ya sangre,
sí un agua que se aleja arrastrando
la desazón de los residuos
y deja
ardiendo en mi saliva,
la voluntad, el impulso de gritar
al viento oscuramente,
igual que el cisne en su agonía.

 

 

 

 

IMAGEN

xxxxxxxxxxxxxxx…laboriosamente absorta ante los vientos…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLeón Felipe

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Luis Fernando Muñoz

Me miro en el espejo, me escudriño
en esa imagen confusa que ante mí comparece
solicitada aún por la memoria.

Pero ya nada en ella es como fue.
El tiempo
ha ido trabajando sobre su piel el frío,
la extinción de la luz, la afrenta
inopinada de los días.

Por sus manos gastadas cruzan
prominentes arroyos por donde va la sangre
en busca de la muerte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn sus ojos
persisten las imágenes
que habitaron el llanto de dos siglos,
las guerras, el derrumbe de los sueños,
el nunca ya posible claror de lo olvidado.

Y sin embargo, cuánta vida
queda detrás, fluyendo hacia el mañana,
atestiguando que ella también estuvo aquí
y a fuerza de dolor fue construyendo
su pálida figura, todavía
xxxxxxxlaboriosamente absorta ante los vientos.

 

 

 

 

RETRATO DE FAMILIA
(Mirando una fotografía tomada de 1932)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonieta y Jordi

Todos decimos algo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEn ese espacio
donde el silencio es en sí mismo
una revelación, una conducta,
suena un rumor profundo: el eco
primordial de las palabras.

xxxxx(Aunque parezca extraño
xxxxxlas viejas fotografías
xxxxxnos hablan,
xxxxxnos anuncian incluso
xxxxxlo que va a suceder.)

Nuestras voces —en esta imagen que contemplo—,
percuten contra el muro
donde se apoya la humildad que somos;
se coagulan
en la luz demacrada
que se va apoderando de nosotros.

Hablamos sin duda de un futuro
intuido en el orden de las cosas
que, minuto a minuto, se suceden.

Mi madre, mal vestida y triste,
sostiene entre sus brazos a mi hermana
y dice:
La vida es peligrosa, entra en ella
con sigilo.
xxxxxxxxxxMi padre
pugna por sonreír desde una arista
de sus cuarenta años.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodo irá bien, murmura
muy bajito, tal vez para no oírse
y lograr que el oráculo,
constantemente hostil, no oiga tampoco
y Delfos siga siendo una crueldad remota.

Mi hermano anuncia suavemente:
Me marcharé a la guerra
cuatro años después de estos catorce
que traigo aquí conmigo y ya me duelen.
Ocurrirá tan pronto como Tebas
reúna, en dos de sus siete puertas,
a todas las criaturas ofrecidas
a la ferocidad del minotauro.

Mi hermana aún no sabe que está ahí
pero algo en ella,
—o quizá en la ternura de los lazos
que iluminan su pelo—,
promete acompañarme hasta el final,
darme su mano.
xxxxxxxxxxxxxxxY yo,
con mis trenzas deshechas, reclamadas
por los dedos del aire,
mis labios dulces y carnosos,
mis ojos ya tan tristes,
proclamo con firmeza: Soy mujer
y gritaré mi historia al viento.

Los cinco estamos contra el muro
como a la espera
de que alguien grite ¡fuego!

 

 

 

 

GIOCONDA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Conchita Garrote

Muchas veces intento alcanzar el prodigio
de sonreír así, como si no sonriera;
latir en el fulgor, apenas insinuado,
del labio en su hermetismo
al igual que si echara esa cortina
que cela el corazón para que nadie
advierta que es únicamente un cántaro
de soledad infinita.

 

 

 

 

EL RAYO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Eduardo Bernabéu Toroba

Es un instante sólo. Es una herida.
Marca en tu anchura, ay aire,
su cicatriz, la deposita
tentacular, efímera,
en la incorporeidad que eres.
Roza tu piel ambigua y te percute.

¿Qué sería de ti
extraviado en el vacío,
ay aire, ay intemperie,
que sería de ti si te cesara
esa enjundia que el rayo comunica
a tu materia informe y clandestina?

¿Qué sería de ti
sin las púas del fuego que señala
la vacuidad donde resides,
invisible contorno de la nada,
cántaro
de esa polifonía
que es tu voz expandiéndose
por la extensión del lienzo que te hace
versión de lo imposible?

¿Qué sería de ti, ay aire,
sin el trago de luz que se desliza
hacia tu sed y se dibuja
fugaz en tu garganta y la traspasa
de líquido fulgor hasta llegarte
a la avidez nunca extinguida?
¿Qué sería de ti sin esa sangre
que súbita te ocupa,
te imbuye su poder, se domicilia
en tu abstracción, te nombra
ocasión inmediata de su trazo
de lacónica furia?

¿Qué sería de ti, ay aire, ay intemperie,
sin la inflamada rúbrica
que al pie del documento certifica
la realidad que es, que eres?

x
¿Y qué sería
de mí, ay soledad, ay sueño,
qué sería de mí, criatura
sin más destino que la muerte,
desvalida, olvidada
en los parajes de la noche,
en las abruptas
cordilleras del llanto,
del desamor?
¿Qué sería de mí, ay soledad, ay sueño,
si de pronto cesara
el grito lacerante del poema?

 

 

 

 

CANCIÓN DE DESPEDIDA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ricardo Zamorano

Píntame un cuadro.
Busca en el ritmo de tus colores,
en lo más sabio, en lo más hondo,
el tiempo mío que ya no es mío.
Se llama olvido.

Detén la noche,
su perfil mudo, sus crueles pájaros.
Detén sus alas. Detén el miedo,
el que me busca, el que me cerca.
Se llama augurio.

Detén la rosa
que aún finge aromas entre mis manos.
Detén su argucia. Déjame sólo
el clavo oscuro de la palabra.
Se llama fuego.

Píntame un cuadro.
Un mar al fondo. Temblor de espumas.
La rota efigie de aquellos sueños
(los que tenía cuando soñaba.)
Se llaman llanto.

Pinta un camino.
Detén el frío de los relojes.
Detén su paso. Tengo que irme
y no sé por dónde. Pinta un camino.
Se llama huida.

Pinta señales.
Que no se pierdan mis descalzos.
Mis pies que sangran. Es noche casi.
Pinta un camino que me conduzca
a mi destino.

Se llama nada.

 

 

 

 

PARÁFRASIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxPor favor, por amor, por caridad:
xxxxxxxxxxxxxxxxxque alguien me diga quién soy,
xxxxxxxxxxxxxxxxxsi soy, qué hago yo aquí…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJosé Hierro

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Leyva

Sin favor, sin caridad. Por amor,
tan sólo por amor,
decídmelo.

He querido saberlo muchas veces.
Desde esa arista
de la interrogación; desde esa
baranda de la incertidumbre;
desde ese puente sin farolas
en donde a diario se acentúan
las sombras de mis ojos,
he suplicado y sigo suplicando
que alguien me diga por amor
—tan sólo por amor—,
quién soy, si soy, qué hago yo aquí.
Pregunto
si no seré más que una
suposición, una sospecha, algo
apenas insinuado en la penumbra
equívoca de un sueño.
Por amor, tan sólo por amor,
sin favor, sin caridad,
decídmelo.

 

 

 

SALA DE ESPERA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Emma de Salgueiro

Dentro de mí, como en la fría
sala de espera de una estación desierta,
alguien me está llamando.
Pregunto quién es, qué es.
Nadie responde. Nada.

Las vidrieras,
donde la tarde esboza sus figuras,
dejan pasar un sol casi tan frío
como mi desamparo, tan usado
como fue mi amargura.

Se oyen, lejos, campanas ateridas
y un humo muy antiguo se entremete
en la luz de mis ojos.

Alguien insiste en su llamada…
¿Quién es? —pregunto—.
Silencio.

Porque no hay nada. Nadie.

 

 

 

 

URGENCIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Pepo Paz

Tengo que darme prisa
no vaya a ser que alguna de esas sombras,
ectoplasmas furiosos que crecen en el tiempo,
me borre las palabras
igual que en las pizarras del colegio
se borran las lecciones del día antes.

Las palabras son gotas
de luz que nos proyectan más allá de nosotros,
enarbolan consignas, se empecinan
en hacernos posibles, darnos forma,
y con frecuencia
lamen la soledad del olvidado
como lamen los perros sus heridas.

Si de repente mis palabras fueran
sólo rastros de tiza en la memoria,
¿qué hacer, de qué manera
imaginarme viva?

No puedo entretenerme.
No vaya a ser que ocurra cuando menos lo espere
y no tenga ya nada que llevarme al poema.

 

 

 

 

DECEPCIONES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Arturo del Villar

El aire siente el roce de unas alas
que han alzado sus plumas y jadean
convulsas.
xxxxxxxxxxAbanico
sin apenas idioma.
Tan sólo el estertor de sus varillas.

Siente también el fuego y la violencia
destruyendo a su paso, minuto tras minuto,
lo que fue inmutable o parecía serlo,
en el ámbito
de mi fe sin fisuras.

Ahora,
cercada por mí misma, sometida
a mi propio dominio,
me pregunto
qué va a ser de mí si alguien,
curioso, imprudente, embebido
en su crueldad, abre el cuaderno
en el que anoto, desde hace tantos años,
creencias, esperanzas, certidumbres…
y cae, volátil, corrompido,
un puñado de polvo.

 

 

 

 

BUSCÁNDOME

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Manuel Rico

Por mí pregunto.

Ni las fotografías, ni la luz implacable
que ronda los espejos, me devuelven
las imágenes múltiples,
superpuestas que fueron sucediéndose,
una y diversa, igual y otra,
sobrellevando el tiempo, la mutación,
la injuria, el desafecto.
Y hasta aquí llegaron.

No sólo me refiero a las distintas
maneras de mostrarme,
de estar en la apariencia, en la figura
que todavía pugna para salir del mármol.

También pregunto
por algo más. Por lo que pocos
supieron advertir.
xxxxxxxxxxxxxxxxPor lo que estaba
emboscado en el pasmo, en el estruendo
de lo abolido.
Debajo de una muerte prematura.
O de un asesinato.

 

 

 

Gatell, Angelina. La oscura voz del cisne. Madrid; Bartleby editores, 2015.

 

EL CICLO DE HIPERMURIEL

 

LA CAJERA MURIEL

estoy pensando en la cajera sedente
ella es lo verdadero de la sincronía del mundo
con su rayo láser ávido de códigos
me murmura complacida las ofertas
y cómo suma los dígitos arrastrando
entre lo dócil y el hastío
el tesoro precioso de mi dulce integral
a través de la máquina que le computa
el precio exacto de toda mi tarde
dice tres
y nunca nunca fue este número más mágico
la cajera extraordinaria teclea el sumatorio
de la monotonía y dice tres
y mira entonces justo antes de que se produzca
el cotidiano milagro de que mi dulce integral
sea mío para siempre
de repente ella mira otra tarde
sale de lo mío a lo del otro
le susurra las mismas ofertas
le marca el tetrabrik con el ojo de su láser
abriendo en fin el cajón místico del hiper
con un movimiento suyo de mercado
los billetes ordenados repiten la cara de ella sin gestos
y me voy por esas puertas
que se abren sólo con el aura
dejándola mientras su láser que suena
va marcando otra tarde

 

 

 

 

LA REPONEDORA MURIEL

sólo tú haces de un día vacío todo el día
eres el demiurgo sencillo de un universo diminuto
arrastrando en el círculo sexto sección láctea
todo el palé de la tristeza
repones el ansia con el ansia
y el tiempo con el tiempo
sólo tú tienes la contradicción misma
de los dioses
te vanaglorias de un orden
que será siempre destrozado
y al levantarte con el cuerpo tan antiguo
miras los pasillos inexactos
sección deseo llena de realidad
sección verdad llena de historia
a una simple voz tuya todas las bandejas dicen carne
los mostradores revelan la verdad subconsciente de sus 10ºC
se alinean las hileras
surgen anaqueles rebosantes de todo lo que pueda desearse
sólo tú tienes como todas las mañanas
tres horas justas para crear un día

 

 

 

 

LA CARNICERA MURIEL

entre las vísceras y los tendones de la carne
me rompes la cadena de frío
me aplicas a los ojos hinchados
la sanación de tu ternera de primera
respiro sólo si me dejas
con las costillas puestas en tu bandeja terrible
haces de mis entrañas la más fina casquería
y buscarte
buscarte
entre las piezas retiradas del mercado
en ese contenedor de recortes y de restos
que conforman tu yo hecho pedazos
pero en el que adivino exquisito
el cadáver de tus ojos
la línea desigual de tu cuchillo
y el golpe seco de un tórax recién abierto

 

 

 

 

LA CHARCUTERA MURIEL

yo te cedí mi ansia vital
pero tú la pasaste por el cortador en el que los clientes
quieren el pavo muy fino
no hubo gestos ni palabras
sé que sabes detectar la muerte
porque eres experta en el fiambre
experta en desnudar la pieza hasta el final
para luego seccionarla
eso mismo hiciste con tus manos fragmentadas
las líneas de la vida como tiras de salami
hacia ninguna parte
nunca un queso fue tan blanco
ni una pieza fue tan digna
como cuando la pesabas tú
en tu balanza egipcia hacia el más allá
sabías el peso exacto de las cosas
con tan sólo mirarlas
pero justo cuando el turno se hizo mi número
tu hora ya había llegado
no miraste
pero mi corazón embutido ya estaba en el vaso
donde te dejaste el alma

 

 

 

 

LA ENCARGADA MURIEL

con el gesto decidido pones cara de importancia
sabes que eres un atlas con un mundo hecho de equívocos
tu trabajo es contentar a los que compran
cambiar los precios hacerte oferta
en la punta de la pirámide de tu sistema
tan templo palacial eres la sacerdotisa
adivinas qué se esconde tras los dioses
con tu nombre destellándote en el pecho
alguien te llama en off desde la altura
voz impersonal que sólo tienen
las encargadas tristes de la megafonía
tu cara se adivina religiosa
llegas al departamento nivel alto
a la capilla sixtina del consumo
el dios acerca su índice euribor
a tu índice machacado por todos los trabajos del mundo
te toca con su verdad y los precios tiemblan
el suavizante marca tan blanca
sube cincuenta
tu pistola que dispara los precios se carga de nuevo
con una tinta más nueva que nunca
sobre el pecho indefenso de las botellas

 

 

 

 

LA PESCADERA MURIEL

vives del hielo para conservar lo que muere fácilmente
en tus manos se deshacen las espinas dorsales del mundo
me sacaste del océano
capté el anzuelo de la muerte
comí el gusano que me diste
en el cubo en el que iba sedal al cuello
tan invertebrada por tu mano
otros gemían en estertores finales
golpeaban con todas las aletas
pensaban en sangre sólo en sangre
nos pusieron en el hielo mostrando abiertamente
el espectáculo subacuático del desastre
pasamos a ser ya muertos los tan perecederos
y con esa misma mano que cortó la cabeza
y que arrastró nuestra espina tan frágil
ofrecías gentilmente la terrible mercancía
porque la muerte reciente es para ti
una garantía de la máxima frescura

 

 

 

 

LA PANADERA MURIEL

sólo discutimos el precio de la barra
—una baguette es como el alma —dijiste
se despedaza por la mitad con sólo mirarla
por eso siempre es mejor integral
—¿el alma? —dije yo
—la baguette —dijo ella
su cara llevaba toda la temperatura del horno
el delantal reflectaba el blanco todavía no inventado
en ninguna cosa blanca
a la temperatura justa en la que se hacen las palmeras
yo ya pedía los trozos que ella dejaba
para internar en su bosque a todos mis pulgarcitos
pero cuando llegaba a la casa de lo eternamente dulce
chilló el horno sus trescientos grados
de repente
yo era un cruasán recién nacido
levantado sólo por su propia levadura
tranquilamente me tapé de azúcar glaseada
y olvidé que un día para hacerme
me pusiste en bandeja
los trescientos grados de tu tristeza

 

 

 

Eloy-García, María. Cuánto dura cuanto. Almería; El Gaviero ediciones, 2010.

 

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