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Archive for 30 abril 2019

RED HOT & BLUE

 

TERROR NOCTURNO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxC. G. Jung

xxxTodos somos como un puzle de carencias: quien sepa darnos lo que necesitamos conseguirá tenernos.
xxxTony tenía 37 años y desde los 15 dormía de la misma forma. Ya fuera en casa de sus padres, en la suya, una vez que se independizó, en habitaciones de hoteles, en habitaciones de invitados, con pareja, sin pareja… Siempre, siempre dormía de la misma forma. Si no, no podía conciliar el sueño, le apresaba el terror. Aquella coyuntura le causó muchos problemas y noches de soledad. ¿Cómo iban a ir sus amigos del cole a dormir a su casa? Y, ya de mayor, ¿cómo le iban a durar las parejas durmiendo de esa forma?
xxxToni dormía con las puertas del armario abiertas de par en par, las luces encendidas y tumbado en el suelo. Tenía cama, además era de matrimonio y bien cómoda, pero dormía en el suelo. No podía dormir de otro modo. Sus padres le habían llevado a varios especialistas, pero no lograron cambiar su peculiar necesidad ni descubrir el origen de su miedo. Su padre, al principio, enfadado por la factura de la luz, iba a mitad de la noche y se la apagaba, pero Toni se ponía a llorar y a gritar de pánico y su madre iba más tarde a encenderla de nuevo. Así hasta el día de hoy.
xxxNo resultaba difícil imaginar las situaciones por las que pasaba cada vez que conocía a una chica y dormían juntos. Toni era un tipo normal hasta que llegaba la hora de dormir. La primera vez que se acostaba con su pareja de turno hacían el amor sin problemas, sin ninguna peculiaridad ni excentricidad. Pero en el momento en que la chica y Toni estaban a punto de caer en el placentero sueño después del polvo, abrazados, relajados, él se levantaba de la cama, encendía todas las luces del cuarto, abría las puertas del armario, cogía una manta y su almohada y se tiraba al suelo. La chica (todas las chicas), sorprendida y algo enfadada, preguntaba: «¿pero qué haces, Toni?». «Yo duermo así, cariño, lo siento, no puedo hacerlo de otra manera», se limitaba a responder Toni.
xxxAlgunas no le duraban más de una noche, pensaban que estaba loco o que era un gilipollas. Otras, en cambio, trataron de comprenderle, de descubrir qué le pasaba para poder ayudarle, pero era muy difícil mantener una vida de pareja durmiendo de ese modo y abandonaban a las primeras de cambio. Por lo tanto, Toni no había dormido nunca, cuerpo a cuerpo, junto a una chica, no sabía lo que era eso. Ignoraba que dormir con alguien nos aporta miles de datos sobre la otra persona, que podemos conocer sus manías y peculiaridades al mismo tiempo que se fomenta la confianza y la conciencia sobre el otro.
xxxNo sabía nada de eso hasta que conoció a Amanda. Amanda era psicóloga y le ayudó a enfocar y esclarecer el problema del sueño.
xxxSe conocieron en un bar de copas, se gustaron y se dieron los números de teléfono. Quedaron a solas un par de veces hasta que se enrollaron. Luego vino el sexo en casa de ella; Toni se marchaba a su casa de madrugada, por lo que no se descubrió su peculiaridad. Pero llegó el momento de la verdad. Toni la llevó a cenar a su casa y, tras el sexo en el sofá, ella le insinuó que podrían pasar la noche juntos. Toni no se pudo negar. La llevó en brazos desnuda a la cama, donde se entregaron al placer y a la pasión un rato más. Luego se quedaron mirando al techo cogidos de la mano sin decir nada. Ella se giró hacia él para acurrucarse en su pecho con la intención de quedarse dormida, pero Toni pegó un brusco salto y salió de la cama destrozando el encanto del momento. Después encendió todas las luces, abrió las dos puertas del armario, cogió la manta que solía tener preparada, su almohada y se acurrucó en el suelo. «Amanda, me gustas mucho, pero has de saber que yo necesito dormir así, no hay nada que hacer respecto a esto», le dijo Toni con un sincero pesar. Amanda, con su analítica mente —deformación profesional—, vio que aquello iba en serio, y que tal vez se debía a alguna especie de trauma u obsesión. Se tumbó en el suelo al lado de Toni.
xxx—¿Te sientes a salvo en el suelo, con las luces y el armario abierto?
xxx—Sí, así es. Si no hago esto no puedo dormir —dijo Toni.
xxx—¿Te molesta que me ponga a tu lado y durmamos un poco? —maniobró ella.
xxx—¿Por qué no?
xxxSe apretó a él y descansaron. Ella no le quiso presionar y pasaron así un buen rato, en silencio, cada uno haciendo ver que trataba de dormir. Pero, en el fondo, estaban intranquilos, meditando qué decir o hacer. Era una situación nueva para los dos. Un reto para ella y una oportunidad para él.
xxxFinalmente la noche pasó. Amanda no juzgó a Toni ni se asustó por su actitud, y este se sintió por primera vez comprendido. Aquello les unió aún más. Pero un día Amanda pasó a la acción. Hasta entonces le había dado a Toni un tiempo para poder observar su comportamiento, pero no pensaba permitirle seguir durmiendo de aquella forma, era un problema, complejo, síndrome o manía que había que solucionar, pues estaba claro que le impediría tener una vida normal.
xxxAmanda, movida a partes iguales por el amor y por el oficio, entró en la obsesión de Toni, se sumergió en su mundo, en su miedo. Después de hacer el amor él debería dormir plácidamente a su lado, pensaba, pero el miedo, un miedo, no le deja cerrar los ojos. Y él actúa de esa manera —enciende las luces, abre las puertas de los armarios y se acuesta en el suelo— para espantarlo: es su manera de luchar contra el terror.
xxxUna noche, cuando Toni se disponía a comenzar su habitual ceremonia de luces y puertas, Amanda le preguntó:
xxx—¿Qué es lo que sientes ahora mismo, cuando haces todo esto?
xxx—No lo sé… Seguridad, me prevengo, me pongo a salvo.
xxxAmanda no dijo nada y se acostó a su lado en el suelo.
xxx—¿Qué has sentido toda tu vida antes de ir a dormir? —preguntó mientras le abrazaba.
xxx—La hora de ir a dormir —respondió Toni— es como una tortura. Cuando se acerca la hora de ir a la cama es un martirio.
xxx—Verás, Toni, no puedes cambiar lo que temes, pero puedes cambiar lo que haces —le dijo Amanda—. La causa siempre estará ahí, en el pasado, pero el efecto se puede moldear o relativizar en el presente. ¿Qué te pasó, Toni? ¿Qué viste de pequeño?
xxxAmanda se zambulló en la memoria atormentada de Toni. Se hizo un largo silencio. Toni habló:
xxx—Que te acaricien el cabello es hermoso… a menos que sean las tres de la mañana, estés dormido con todas las luces apagadas y estés solo en casa.
xxxMientras decía eso, Toni se puso a temblar.
xxx—¡Yo tenía 5 años, era un crío!
xxx—¿Y el armario por qué, Toni?
xxx—Mi padre, mi padre… me castigaba encerrándome en el armario, me dejaba ahí mucho tiempo —balbuceaba Toni como en estado de hipnosis.
xxx—¿Por qué en el suelo? ¿Por qué Toni?
xxx—El suelo… el suelo es seguro… en el suelo podemos ver lo que hay debajo de la cama, desde el suelo podemos ver que él no se esconde, si duermo en el suelo, el que vive debajo de la cama, no viene a verme —jadeaba Toni, inundado de sudor.
xxx—Él… ¿Quién Toni?
xxx—Él es el que mora en mi habitación cuando llega la noche, él es el que me acarició el pelo aquella vez y el que vi varias veces a través de la rendija de la puerta del armario cuando mi padre me encerraba allí dentro… No es de este mundo, quiere apoderarse de mi alma, por eso he de estar siempre alerta… Yo solo quiero dormir en paz y descansar, estoy agotado…
xxxLa voz de Toni se fue apagando hasta fundirse con el silencio.
xxxAmanda no quiso presionar más, había sido suficiente por aquella vez. Dejó a Toni durmiendo en el suelo, cogió un bloc de notas y un bolígrafo de su bolso y volvió a la cama.
xxxLe fascinó la facilidad subconsciente con la que le habló Toni de sus miedos y traumas, sin esconderlos, sin exagerarlos. «Forma parte de lo que es y lo ha compartido abiertamente», pensó. Anotó en su bloc:
xxxPunto uno: experiencia traumática de terror nocturno a raíz de que alguien le acariciara el pelo no habiendo nadie en casa. Necesidad de luz por seguridad.
xxxPunto dos: episodios de malos tratos y castigos. Su padre le encerraba en el armario. Necesidad de abrir el armario.
xxxPunto tres: fobia disociativa hacia un elemento que él cree que hay debajo de la cama. Si no comprueba in-situ que no hay nada, no está tranquilo. Posible caso de obsesión compulsiva. Personificación en su mente de un personaje inexistente.
xxxConclusión: fobia post traumática por malos tratos y autosugestión continuada a partir de terrores nocturnos en etapa adolescente.
xxxAmanda dejó de escribir. Tenía todo un cuadro psiquiátrico durmiendo a su lado, en el suelo. Estaba decidida a ayudarle, sabía que tenía solución. Sabía que con terapia, psicoanálisis e hipnosis regresiva podría ayudar a Toni a volver a dormir en una cama. Amanda se encajó el antifaz negro en los ojos y se fue durmiendo poco a poco mientras recordaba la historia de Ingrid Bergman y Gregory Peck en Recuerda, de Alfred Hitchcock.
xxxPero hacia las tres de la madrugada Amanda notó cómo alguien le acariciaba el pelo de la raíz a la punta, unos dedos largos y fríos se recrearon en su cuero cabelludo, masajeándolo. Ella se desveló, se giró hacia Toni y comprobó que él seguía ahí, durmiendo en el suelo, mientras ella notaba aún la mano en su cabeza y veía sus largos mechones de pelo levantarse y moverse, de forma ingrávida, en espiral.
xxxSonó un grito en la noche.
x

*****

x
xxxCinco años después, Amanda y Toni son un matrimonio feliz, padres de dos niñas.
xxxEn el suelo de su habitación de matrimonio hay un futón japonés, un tipo de cama sin patas, sin huecos, directa al suelo. En las paredes hay todo un despliegue de apliques, repisas y barras para perchas. No hay cajones ni puertas. Tampoco armario. Las luces de la habitación son de un agradable tono azul suave, bombillas de bajo consumo que aportan un ambiente relajante e invitan a un apacible sueño. ¿Superaron aquel terror? No, pero combatieron con efectividad el mal que les amenazaba, le coartaron toda posible vía para manifestarse.
xxxPorque no podemos cambiar lo que tememos, pero sí el modo de enfrentarnos a ello.

 

 

 

 

CLASISMO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«La resignación es un suicidio diario»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBalzac

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«Cada clase social tiene su patología»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMarcel Proust

xxxLas instrucciones de la dueña de la casa eran precisas: la casa debía estar siempre reluciente y ordenada, la señora no toleraba nada fuera de su sitio ni una mota de polvo. Tenía fama de ser muy estricta y no pensárselo dos veces para despedir a una empleada. Eso fue lo que Cecilia trató de explicar cuando le tomaron declaración, pero no encontró las palabras adecuadas.
xxxNo creyeron que pudiera esmerarse hasta ese extremo en su trabajo, que se apurara a limpiar la sangre de la alfombra y del sofá recién tapizado y a sacar la basura con los papeles, rotos previamente por Cecilia, de aquella nota despedazada por el suelo como si fuera confeti, junto a algún resto de hueso de cráneo y trocitos esponjosos de cerebro. Que sacara el revólver de la mano a la señora, ya muerta, y lo pusiera en el cajón de la mesita de mármol, donde debía estar. Y que, ya con el salón limpio y ordenado, llamara al señor porque a la señora no le hubiera gustado que la encontraran así, sucia, tirada en el suelo en medio de aquel desorden, de esa sangría con trozos de lóbulo por todos lados.
xxxLos policías hablaron de una escena del crimen alterada a posteriori, de huellas dactilares en el arma homicida. De una escenificación preparada. De un homicidio simulando un suicidio.
xxxEl marido dijo que no existían motivos para que su esposa hiciera algo semejante, que el suicidio tenía que quedar totalmente descartado. La señora, la ama de la casa, era feliz, era rica, no había lugar para el suicidio, eso era imposible.
xxxEl abogado aseguró que Cecilia, la interina, sí los tenía.
xxxPor eso ahora Cecilia está presa. Treinta años, dictaminó el juez, que pueden ser menos por buena conducta y horas de trabajo limpiando la cocina y los baños.
xxxElla, que siempre se portaba bien; ella, que lo limpiaba y ordenaba todo, que tenía la casa siempre impecable como siempre le ordenaba su señora, la ama de la casa.
xxxOjalá hubiera leído aquella nota antes de hacerla trocitos y tirarla. Claro está que su situación sería la misma: no habría nota alguna porque todo tenía que estar limpio y la basura sacada, pero al menos sabría qué llevó a la señora a acabar con la vida de ambas.

 

 

 

 

¡ALELUYA!

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«La maldad no es algo sobrehumano, es algo menos que humano»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAgatha Christie

xxxMi mujer y yo vamos de vacaciones a la Costa Blanca. En la radio del coche llevo puesto un cd de saetas de cantaores de Huelva. La imagen de la Virgen de a Macarena que cuelga del retrovisor se ladea ligeramente siguiendo la fuerza de la prolongada curva en la que acabamos de entrar. Desde nuestro coche observamos cómo el autobús que tenemos delante toma la curva temerariamente, se sale de la vía y da varias vueltas de campana hasta estrellarse contra la ladera del monte. Detengo el coche y vamos corriendo hacia el lugar del accidente. Allí está el autobús desparramado de lado. La escena es dantesca, un escalofrío recorre mi espalda. Hay cuerpos mutilados, sangre, esquirlas de cristal, trozos de piel, miembros amputados, fuego y humo. Al ver el cuerpo sin vida de una mujer en la calzada nos arrodillamos y nos santiguamos: que el señor la tenga en su gloria.
xxx¡Hay que hacer algo con toda esta gente! ¡Deprisa, por Dios! me grita mi mujer. Es cierto, toda esta gente aquí herida, medio muerta o muerta, ¡hay que actuar ya! Asiento con la cabeza y le digo que vaya cogiendo las maletas que han salido despedidas del autocar y las meta en nuestro coche. Yo, mientras, entro en lo que hasta hace poco era un autobús y voy rebuscando entre los cuerpos, ya sean cadáveres o gente inconsciente, anillos, relojes, cadenas de oro, alhajas o carteras. ¡Socorro, ayuda!, grita un superviviente atrapado entre el amasijo de hierros. No alcanzo a verlo. Mejor, él no nos ha visto a nosotros tampoco, nunca sabrá que pudo sobrevivir. No cuentes tus penas, hermano, los buitres se abalanzan sobre los animales heridos.
xxxA lo lejos se escuchan las sirenas. Mi mujer ha llenado el maletero y la parte de atrás del coche con las bolsas de mano y maletas que mejor pinta tenían: si son Loewe, Cartier o Blueberry hay más posibilidades de que contengan cosas de valor. Yo llevo los bolsillos llenos de carteras, joyas y relojes. No ha ido mal, tampoco nos lo esperábamos. Hay que agradecer las oportunidades que el buen Dios nos pone en el camino.
xxxArrancamos y salimos disparados. La cortina de humo va quedando cada vez más lejos a nuestra espalda. Por el camino hacia Peñíscola, mi mujer y yo vamos rezándole al Señor, dándole las gracias. Él, que siempre nos provee y nos cuida… ¡Alabado sea Dios! Cambio el cd de saetas por uno de salmos e himnos. Alabado sea Dios, Jesucristo y la Virgen María.

 

 

 

 

EL ESCONDITE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«La confianza se gana con mil actos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy se pierde con tan solo uno»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSéneca

xxx—Perdona, ¿te molesto? —me preguntó con la gorra en las manos—. Es que no puedo dormir.
xxxLe hice un gesto invitándolo y se sentó en un lado de mi cama.
xxxEntonces empezó a hablarme de lo deprimido que se sentía. Me confesó que no entendía lo que estaba haciendo allí, ni a sus superiores, ni las órdenes que le daban. Que nunca las había entendido, pero ahora menos, porque cada vez le gritaban más.
xxxTenía miedo de perder su puesto de trabajo.
xxxLuego siguió hablando, esta vez de su infancia y de cómo le gustaba jugar al escondite con sus amigos. Acabó desmoronándose, poniéndose a llorar como un niño, y yo también acabé llorando con él, así que le di un fuerte abrazo y le propuse jugar al escondite un rato, para distraernos y recordar nuestra infancia.
xxxLe dije que a mí también me encantaba jugar al escondite con mis amigos, y le hizo tanta ilusión que tras su risa adiviné el rostro de un niño complacido.
xxxLe propuse que saliéramos al bosque para aprovechar la espesura. Se le iluminó la cara: había una espesa niebla entre los árboles, era una noche perfecta para jugar.
xxxLe dije que contara. Estuvo de acuerdo en que yo fuera el primero en esconderme.
xxx—Buena suerte —le dije.
xxxMientras él contaba hasta cincuenta de cara a un abeto, aproveché para quitarle su pistola Mausser, pegarle un tiro en la nuca, cogerle el uniforme de la SS y ponerle el mío de rayas azules y blancas. Apenas lo sentí por él. Es más, si he de ser totalmente sincero, no lo sentí en absoluto. Ya no sentía nada.
xxxJamás volví a Auschwitz.

 

 

 

 

BÚSQUEDA INTERIOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCalderón de la Barca

xxxLos seres más pequeños e insignificantes pueden darnos grandes problemas que ignoramos.
xxxUn buen día Carlos decidió tomarse un tiempo para encontrarse a sí mismo y, como vio que otros lo hacían, se fue a la India para buscar en su interior. ¿Acaso Carlos se había perdido y no se encontraba? ¿Acaso había perdido algo en su interior? Quería encontrar la paz y, fuera como fuera, el caso es que Carlos fue para allá.
xxxQuiso ir a la India de la forma menos occidental y menos turista posible. Pretendía ser lo más auténtico que pudiera. Deseaba mezclarse con la gente del país, no ser el típico europeo con estatus, dinero, recelo y prevenciones. Le advirtieron de los peligros que corría si no se vacunaba para prevenir la hepatitis A, el tétanos, las fiebres tifoideas, el cólera, la difteria, una encefalitis o la rabia, pero a él le dio igual, quería solidarizarse con las gentes de allí y vivir como ellos. ¿Acaso se vacuna esa pobre gente de todo eso?, decía.estaba seguro de que todas las personas de todos los rincones del mundo son iguales por fuera y por dentro.
xxxUna vez en la India viajaba en plan mochilero, en trenes y buses abarrotados, a pie o en auto-stop compartiendo viejas furgonetas. Pensaba que a través de esa especie de calvario, privándose de toda comodidad (que se podía permitir), alcanzaría antes la iluminación. O algo así. ¿Agua embotellada? Eso es para turistas, capitalistas de occidente, yo beberé la misma agua que beben ellos, depuraré mi cuerpo y espíritu en el Ganges. ¿Comida con especias y picante? Eso es para estómagos europeos. Yo comeré como ellos, me alimentaré de lo que sea, sin caprichos ni lujos; comeré insectos, serpientes, monos o murciélagos, comeré con las manos en platos hechos con hojas si hace falta, afirmaba el bueno de Carlos.
xxxY así pasó Carlos tres meses con su mochila por toda la India, conociendo a sus gentes, sus templos y cultura, alcanzando una extraña calma y una forma de revelación interior. Algo se le comenzó a mover por dentro.
xxxCuando ya se dio por satisfecho decidió regresar, pero hacia el final de su trayecto de vuelta se comenzó a encontrar mal. Sufrió fiebres, vómitos y diarreas, su tensión bajó y no podía comer. Fue a un centro médico.
xxxEl sistema sanitario de la India es un desastre, de hecho la gente se muere, literalmente, en la calle. Sin dudarlo acudió a la embajada de su país ante la imposibilidad de encontrar buenos médicos que le dijeran qué sucedía. Carlos casi no tenía dinero, empeoraba y pidió ayuda a su gente en occidente, familiares y amigos que movieron su petición por redes sociales y algún medio de comunicación. Se organizó una campaña de ayudas y donaciones para sacar al chaval de allí. Con el dinero de la familia, de la recaudación, la colaboración de una aerolínea y la ayuda del gobierno se pudo hacer regresar al chico a casa. A punto de ser repatriado de vuelta a su país, hacia la vieja Europa, en un vuelo fletado con personal sanitario para su atención prioritaria, fue cuando se dio cuenta de todo. En efecto, Carlos buscó en su interior, pero no se encontró a sí mismo, sino a quinientos parásitos intestinales, también conocidos como esquistosomiasis intestinal de la especie Schistosoma Mekongi, muy habitual en Asia.
xxxLuego encontró la fiebre alta, halló infecciones, halló el dolor extremo, el colapso en órganos vitales y finalmente halló la muerte.
xxxSí, todo eso encontró, su búsqueda interior dio resultado: al final halló la paz que tanto deseó.

 

 

 

Romero Mas, Danny. Red Hot & Blue. 70 relatos de lo insólito. Murcia; Boria ediciones, 2019.

 

INTRAMUROS

 

HOMBRES

Los hombres que fascinan al mundo
han liberado pueblos oprimidos,
ganan el Premio Nobel de la Paz,
han dirigido imperios que ocupan continentes,
lideran revoluciones,
ganan partidos en el último segundo.

Los hombres que despiertan
toda mi admiración
no son los que te dicen
que los sueños se cumplen,
sino los que asumieron
que en la vida se pierde
más veces que se gana
y sabiendo que no ganarán nunca
no piensan renunciar a la pelea.

 

 

 

 

TODO LO QUE NO HA PASADO

Desde que tú y yo
no estamos juntos
Serrat no saca disco,
la selección no gana más mundiales,
los pobres han dejado de robar a los ricos,
ya no le escribo sólo al desamor
y el mundo ahora padece de una frívola
quietud insoportable.

En realidad no hace
tanto tiempo y, sin embargo,
mira todo lo que no ha pasado.
¿Te imaginas que hubiéramos
seguido destrozándonos?

 

 

 

 

AMOR

De qué pasta estás hecho,
viejo tren,
que me subo sabiendo
que vamos a estrellarnos
y no me quiero bajar.

 

 

 

Cedillo, Jaime. Intramuros. Madrid. Ed. Bala Perdida, 2019.

 

JORNADA DE REFLEXIÓN

 

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MUJER QUE SOY – MARÍA BENEYTO

 

LA PEREGRINA

Yo era la mujer que se alzó de la tierra
para mirar las luces siderales.
Dejé el hogar con apagados troncos
cansada de ser sólo estela de humo
que prolongase así mi ser ardido.
Esa mujer del hueco tibio
que allí me contenía,
se despertó del sueño profundo de la especie
y decidió buscar, a plena luz, caminos.
La inquieta,
la andariega mujer a quien no bastan dulces
menesteres pequeños,
ésa me fue de súbito encontrada
en los más hondos pliegues de mi túnica
y yo no quise renunciar, quedarme.

Otras renunciaciones así quedaron, sombras
que tenían la forma tan amada
de los pasados sueños, hijos
que estaban programados en mi sangre
a cambio de ceder y estarme quieta;
la rueca y el silencio de las horas
protegidas, pausadas, sin peligros,
las flores habituales, la inocencia…
Pero inocente no quería ser.
Quería
como Eva, saber, estar, ser libre
para el conocimiento de la luz, perderme
en la verdad, encontrarme, saberme,
llegar a las montañas que siempre estaban lejos,
pisar ciudades que edifica el miedo,
integrarme a las turbias caravanas
que hirieron el desierto, someterme
a la carga común,
y ser hallada
solidaria, eficaz, y no apartada
de ese esfuerzo que late
en el gran corazón que nos da vida;
el corazón del mundo, unido al nuestro,
por invisibles venas del misterio.
Así
atravesé la risa,
hendí la densa lágrima
deseando quedarme en cada gota
de sudor, en la mano encallecida,
en los niños sin ojos
o en la mujer que teje por las noches
debajo de la angustia.
Pero no me detuve ni siquiera
cuando cerró de nuevo mi camino
la mirada absorbente del deseo
y su mágica voz
traduciendo la música más dulce.

La primavera
descendiendo en mis venas
de mujer en mujer, desde el principio,
intentó mutilar —casi lo hizo—
mi ilusión por llegar a la asamblea
donde, severa, la verdad, aguardaba.
Arañada de espinos,
vapuleada por los vientos, rota,
pude llegar, aún de día.
En lo alto del monte
reunidos, estaban.
Los hombres más ancianos y los otros,
como si no me viesen
hablaban, poseían
inefables vocablos.
Me acerqué con el triunfo cenital en los ojos
con un contento de alas súbitas
en mis hombros felices,
pero no me dejaron entregar mis palabras
porque en ellos la ira de Dios resplandecía.
Bíblicas maldiciones
inflamaron mi oído
y me dijeron Eva una y mil veces,
manantial del dolor, impúdica pureza,
hembra evadida del rincón oscuro,
del lugar de vigía de la ventana,
desertora
de la orilla del fuego
y el hogar apagado.
Vergüenza de mi sexo acongojó mis hombros
que se creyeron alas para el vuelo.
Vergüenza de bajar de las alturas
sin lograr la palabra que buscaba.
Y ni siquiera en otras asambleas
vi algo de la luz que me justificase,
porque tampoco ellos encontraban nada,
hombres engañadores de otros hombres,
a pesar de su hoz interrogante,
a pesar del secreto pretencioso y estéril
con que arropaban —delicadamente—
su poco de vacío…

Así regreso, con pies llagados
y ropas destrozadas, junto al fuego,
perseguida, insultada, y viendo activa
la maldición de Dios que llega
desde el vivir primero.
Carne de escándalo, asombrada,
aquí estoy para siempre quieta y muda:
jueces casi benignos me condenan
a la inmovilidad,
y me salva de ser lapidada
el silencio.

 

 

 

 

DURO TIEMPO

Nuestra niñez no ha sido protegida
por canciones de nácar,
ni símbolos de azúcar inefable
o guirnaldas de estaño.
Nuestra infancia sabía a hierba amarga,
a guerra fratricida
sin fábulas azules ni leyendas.

Enseguida supimos que la vida
—aquel tallo inocente—
nacía de una entraña ensangrentada
que indicaba el camino
hacia la luz, entre la carne rota.
Que las madres guardaban
recuerdos prenatales en su vientre.

A esquirlas de metralla, a realidades,
nos sacaron del mundo
en que era fácil y feliz ser niño.
Con obuses y bombas
conocimos la atroz mitología
que izaba las palabras
del lívido alarido de la herida.

Hicimos colección de balas viejas
usadas por la muerte.
Nana feroz nos daban en la noche
las sirenas de alarma
y el agujero de terror oscuro
del refugio antiaéreo
jugaba por el día con nosotros.

Lo mismo que asexuales criaturas
inventábamos juntos
iguales violencias. (Una niña
algunas veces vino,
se me subió a los ojos lentamente
y lloró en mis pupilas
inexplicables ríos infantiles…)

Y ése ha sido el preludio,
la llegada a la tierra que vivo.
Los indicios apenas de la vida
repartida en dos seres
y desdoblada, separada, aparte.
La dura despedida
del otro ser que se quedó en la muerte.

Sin ser mujer y sin tener infancia
allí, en tierra de nadie,
en tiempo neutro, en limbo sostenido,
la niñez compañera
era un capullo pálido, caído,
ahogado entre sangre
en donde se perdió la niña muerta.

Pero siguió la guerra su camino
y los hermanos eran,
allá en el frente, dioses luminosos,
los guerreros antiguos
resplandeciendo a un lado de la lucha,
en el duro combate,
en la carne mortal, herida y nuestra,

mientras iba cayendo tierna lluvia
en la herida infectada
de acuchillados campos. En el hueso
innumerable y joven
del múltiple cadáver, y algo hembra,
mujer, madre de luto,
algo llamado España, sollozaba.

 

 

 

 

PUNTO FINAL

Iban los vencedores con sus himnos
y su orgullo, y su grito, por las calles.
Las palabras del júbilo eran rosas,
guirnaldas y banderas. Bienvenidas.

(Por la raya del mar, el barco iba
—el último de todos— hacia lejos:
el exilio, la angustia, el cielo extraño,
la extraña tierra… Sangre en las raíces.)

Ese himno ya no. ¡Callad, silencio…!
Tuvimos que aprendernos las palabras
del nuevo modo de salvar el mundo,
la música del pez en la pecera.

(Los himnos fenecidos, los pusimos
detrás de la memoria. Con ramajes
y camuflaje de horas. Encerrarlos
era como enterrar la infancia en ellos.)

Desfiles. Tiempo nuevo. No pudimos
adaptarnos muy pronto. Más desfiles.
Quizá aquella gente extraña era,
en verdad, la verdad. y la victoria.

(En la raya de Francia, los vencidos,
y en un flanco de España, la derrota:
los heridos, los vivos, y los otros.
El camino final. Y la posguerra.)

Se habló entonces de patria. De los hijos.
De Castilla la grande. Y en los montes
sólo una mano de la muerte hacía
la señal de la cruz sobre la guerra.

(Ellos tuvieron sólo el gran silencio.
Sólo su herida al lado de la tierra,
huesos que hay que olvidar. Muertos de España
a quienes nadie da nombre de muertos.)

 

 

 

 

NUESTRA CASA DE MADRID

Allí donde un gato nos llamaba
maullando dolor, cuando la puerta era
un rectángulo duro de madera oscura
que le dejaba su pelambre negra
sin calor, sin amor, sin aliento…
Allí donde venía hacia mis brazos
niña con gato (que sabían todos
cómo crecía y aumentaba, a costa
de mi casual inapetencia) era
mi lugar de vivir, Madrid amigo
que nos tenía de prestados años
y más años. Niña con gato, y gato
que tenía una madre y una hija,
gato que todo lo tenía
dependiente de mí. Y yo le quería
tanto, que si la gran demolición sonaba
avisando la muerte, miedos juntos
debajo de la cama guarecidos,
en latidos unánimes, odiaban
a la sirena toda voz, martirio
de la gente sufrida, la sirena
que, si callaba, nos dejaba libres
trocitos de alegría, juguetones,
recuperados del horror
en diminuto olvido
de lo que, siempre desamor, volvía…

Un día nos llamaron a la tierra nuestra.
Le hubimos de dejar. Rabia de felino
a quien le contradicen el amor, maullaba,
enloquecía, se aferraba al cuerpo
que extrajo de la muerte su exigencia
de vivir, mientras yo le daba
parte de un corazón de niña triste
y bajaba escaleras que ya nunca
volvería a subir con el maullido
detrás, y lágrimas amargas
que maullaban también pena de gato…

Algún año después, alguien de casa
—un hermano quizá que volvería
de un permiso hacia el frente—
vio la casa: ladrillos y paredes
amontonados, muebles rotos, ratas,
y, sobre un montoncillo
de ropas infantiles,
el esqueleto de Bis-Bis, mi gato,
sobre mi ropa vieja, putrefacta.

 

 

 

VV. AA. La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta (Introducción, selección y notas de Angelina Gatell). Madrid; Bartleby editores, 2006.

 

EL ARTE, LAS DROGAS

 

La tecnología es historia acelerada. Una sociedad tecnológica es por definición una sociedad en la que las mutaciones ocurren cada vez en períodos más cortos. Ya no siglos ni generaciones sino años, meses. Resulta imposible ser un hombre de nuestro tiempo, simplemente porque nuestro tiempo muta demasiado rápido. La obsolescencia nos sobreviene a cada instante, mientras esperamos el autobús o contemplamos un cuadro. La velocidad a la que transcurre nuestra existencia hace que el frágil hilo que le da continuidad y con el que nos identificamos se tense y acabe por romperse. Resulta difícil reconocerse en quienes éramos hace no una década sino anteayer mismo. Sólo los niños y los adolescentes parecen estar en sintonía con este mundo, precisamente porque ellos viven sometidos a la tiranía y la maravilla del perpetuo cambio. No existe antídoto. La única posibilidad consiste en bajarse en marcha de este bólido. Los mismos que manejan el volante son los que mantienen el pie firme sobre el acelerador. Aunque existen ventanas todavía desde las que asomarse al paisaje, conjuros para dilatar el tiempo. El arte, las drogas.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXVIII)

 

Acaba de llegarme a casa uno de esos regalos que de vez en cuando me dejan sin habla.

Lo que ven en la imagen es el nuevo libro de Sergi Gros, ‘Historia de la música sobrenatural’, maravillosamente editado por la editorial La Garúa, que acaba de cambiar el diseño de sus libros, dando otro salto cualitativo más en su historia. Y digo que este es uno de esos regalos me dejan sin palabras porque con el autor nunca he coincidido personalmente, porque cada vez que ha tenido un proyecto me lo ha comentado vía redes sociales, y porque ya sólo el hecho de que haya tenido a bien enviarme un ejemplar de este último libro que ha publicado para que acompañe en mi biblioteca al que ya le publicaron en la editorial Huacanamo, implica que se ha portado conmigo mejor que muchos conocidos con los que llevo coincidiendo años.

Gracias, públicamente, por semejante detalle.

 

Y en cuanto pueda dejaré aquí —ya saben— alguna muestra del libro.

 

POR FUERTES Y FRONTERAS

 

VERANO DE 1994

Les Indes galantes, de Rameau.
Le Bossu, de Féval.
Un jorobado de verdad guiando a un perro ciego por la calle.
Joker correteando por el césped.
Los cuentos de Guillermo Hauff.
Blagdaross, un caballo de madera que no conoce el miedo.
Tú venga a hacerte largos en la piscina.
Las novelas de Goodis, Jim Thompson y Don Tracy.
Cosas que justifican un verano
especialmente duro,
segundo centenario de la muerte
de mi querido Robespierre.

 

 

 

 

HAMMURABI

Las chicas como tú se ríen en las barbas
del mismísimo Hammurabi.

«Ojo por ojo
y diente por diente»
(lo hizo escribir en Babilonia,
hace cuatro mil años).

Las chicas como tú responden
al amor con desdén
y al desdén con amor.
Por fastidiar a Hammurabi.

 

 

 

 

CUANDO PIENSO EN LOS VIEJOS AMIGOS

Cuando pienso en los viejos amigos que se han ido
de mi vida, pactando con terribles mujeres
que alimentan su miedo y los cubren de hijos
para tenerlos cerca, controlados e inermes.

Cuando pienso en los viejos amigos que se fueron
al país de la muerte, sin billete de vuelta,
sólo porque buscaron el placer en los cuerpos
y el olvido en las drogas que alivian la tristeza.

Cuando pienso en los viejos amigos que, en el fondo
del mar de la memoria, me ofrecieron un día
la extraña sensación de no sentirme solo
y la complicidad de una franca sonrisa…

 

 

 

 

TU MUSA

Convéncete primero de que le caes simpático,
de que lo pasa bien cuando sale contigo.
Llévala a casa luego, sírvele un par de copas
y, en un momento dado, mordisquéale el cuello.
Unas veces querrá pasar al dormitorio,
otras alegará una indisposición
y otras contará su vida por entregas.
Muéstrale en cada caso la dosis de cariño
que te pidan sus ojos. Sé generoso siempre.
Trata de conservarla como sea a tu lado.
Sin ella, sin tu musa, no eres nadie, poeta.

 

 

 

 

VOCES

Por qué todas las caras que amé, todos los rostros
que oculté entre mis brazos o admiré entre las sábanas
se han convertido en máscaras que interrumpen mi sueño,
diciéndome con voces góticas y terribles:
«Somos nosotras. Ven. Las mismas que te amaron.
Ven a la nada. Ven a la basura.»

 

 

 

 

RECAÍDA

Cita en el paraíso las próximas seis horas
(quizá dé para ocho la dosis). Ponte guapa
y dime tonterías con los ojos nublados.
Yo serviré las copas. Tú elegirás la música.
Leeremos en voz alta (Cirlot, Pessoa, Borges)
y nos pondremos ciegos de amor y de futuro.
Luego vendrá la triste realidad a quitarnos
el velo de la dicha, y, cuando las primeras
luces del alba asomen, tú caerás en lo hondo
y yo te seguiré sin alas al abismo,
roto de culpa y de desasosiego.

 

 

 

 

LIGHT SLEEPER

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Paul Schrader)

Hacía ya dos años que no tomaba drogas.
Ahora, las repartía. Una noche de lluvia,
se encontró con su ex en la calle y le dijo:
«Aún te sigo queriendo.» Ella no le hizo caso
y siguió su camino, porque él le recordaba
los diez años de drogas que quería olvidar.
Volvieron a encontrarse, y el antiguo deseo
los condujo a la cama, e hicieron el amor
sin droga por primera vez, y estuvieron juntos,
amándose, hasta el alba. Luego, la chica dijo:
«No quiero verte más.» Y se fue. Y en la cama
quedó la huella tibia de su cuerpo, y la alcoba
se llenó de silencio, y él se vistió despacio,
como quien nada espera del mundo y de la vida,
y se fue a trabajar, a repartir las drogas
que ahora no consumía. Y en casa de un cliente
—un tipo nauseabundo, hijo de un abogado
riquísimo— la vio, ciega de cocaína,
y ella vio cómo él le entregaba la droga
—una bolsa con veinte gramos de nieve pura—
al sórdido cliente, y ambos sintieron cómo
el horror era el único sentimiento posible
entre los dos y para siempre.

 

 

 

 

LA CENICIENTA

La vida no es gran cosa, pero piensas
que es peor el olvido, de manera
que te muerdes los labios con los dientes
hasta que brota sangre y te pellizcas
lo más fuerte que puedes. Todo inútil.
El cloroformo invade tu cerebro
y comienza a sumirte en un nirvana
parecido a la muerte, mientras caes
de bruces ensuciando la moqueta.
Tu última visión antes del sueño
son unos zapatitos de cristal
pateándote los riñones.

 

 

 

 

COLLIGE, VIRGO, ROSAS

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar sin son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.

 

 

 

 

IN ILLO TEMPORE

Tus padres se habían ido a no sé dónde
y la casa quedó para nosotros,
lo mismo que el convento abandonado
del poema de Jaime Gil de Biedma.
Con la música a tope, preparaste
una mezcla explosiva en una jarra
mientras yo te quitaba, dulcemente,
la ropa de cintura para arriba.
Llenaste las dos copas hasta el borde.
Bebimos. Nos entró la risa tonta,
y se nos puso un brillo en la mirada
que subrayaba nuestra juventud,
y nos besamos como en las películas,
y nos quisimos como en las canciones.

Cuando la realidad era el deseo
y nuestro reino no era de este mundo.

 

 

 

 

EL RESPLANDOR

La luz proyecta un resplandor perlado
sobre la pendiente de tus senos,
apenas contenidos en la escasa
pechera del vestido. Un resplandor
que viene de otro tiempo y de otro sitio
y que sigue brillando todavía.

 

 

 

 

EL ENCUENTRO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan Manuel de Prada

En Salamanca, el último noviembre,
te encontré por la calle, tan delgada
como entonces, pero con más arrugas.
Daba clases de no sé qué muy raro
(Textología, por ejemplo) y eras
muy feliz explicando a tus alumnos
lo divino y lo humano. Me dijiste
que tus hijos quedaron en Madrid,
con su padre, y que sólo los veías
—ya eran mayores— tres o cuatro veces
al año; que te habías doctorado
(¡por fin!) y que ahora sólo te faltaba
ser funcionaria para ver el mundo
desde el lugar que merecías.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo
te dije que bueno, que pasaba
por allí casualmente, que tenía
un amigo escritor en Salamanca
y que había venido a visitarlo.
Tú me dijiste: «¿Tienes mucha prisa
o podemos tomarnos algo juntos?»

Después de muchas copas, con el alba
siguiendo nuestra pista, te lo dije:
«Desde entonces no ha habido otra mujer.»
Y en mi interior bullía la mentira
al alimón con el deseo, y todo
—aquel horrible bar, tú y yo, la noche—
era tan esperpéntico y absurdo
que se parecía a la vida.

 

 

 

 

QUÉ COMPLACIENTE ESTABAS, AMOR MÍO,
xxxxxixxxxxxxEN LA PESADILLA

El problema no es tener que abandonarlo
todo a cambio de ti.
El problema es tener que abandonarte a ti
a cambio de un fantasma.
Son las cosas que ocurren cuando sueñas que vuelve
la mujer que no ha de volver.

 

 

 

 

THE DAY AFTER

Sin ti, sin ti, sin ti, con tu partida
devorándome el alma, las botellas
tiradas por el suelo y el tabaco
convirtiendo la alcoba en un infierno,
solo y sin afeitar, solo en la cama
que fue anoche tu reino, con las manos
vacías de tu cuerpo y con los ojos
heridos por la luz de tu recuerdo.

 

 

 

 

DE TANTO AMARTE Y TANTO NO QUERERTE

De tanto amarte y tanto no quererte
te has cansado de mí y de mis locuras
y le has prendido fuego a nuestra historia.
Tu ropa no perfuma ya la casa.
No queda una palabra de cariño
suspendida en el aire, ni una hebra
de azabache en la almohada. Sólo flores
secas entre las páginas del libro
de nuestro amor, y cálices de angustia,
y un delirio de sombras en la calle.

 

 

 

 

DEBAJO DE LA PIEL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa Juan Van-Halen

Dos millones de años después, tengo tan claro
que el viaje hacia el lenguaje y hacia la inteligencia
no precisaba alforjas, que me sacan de quicio
los que distinguen entre personas y animales,
como si hubiera alguna diferencia entre el hombre
y el resto de los seres vivientes del planeta
que no sea a favor de estos últimos. Pero,
al margen de este hecho incontestable, existe
algún hecho menor que justifica, acaso,
el dolor de ser hombre: debajo de la piel
de la especie hay un hueco para el temblor inútil
y hermoso que transmiten los poemas homéricos,
la Eneida de Virgilio, el teatro de Shakespeare,
las Sonatas de Valle o los cuentos de Borges,
por citar sólo cinco momentos memorables
de la literatura universal. No salvan
a nadie, ni nos quitan atávicas zozobras,
pero nos comunican un placer que mi perro,
con ser bastante menos desdichado, no siente.
Dos millones de años después, tan sólo eso
ha valido la pena.

 

 

 

 

LOS DRAMAS CONFUCIANOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa la memoria de Manuel Ruiz Barrero

Los dramas confucianos, quién pudiera vivirlos.
Amores imposibles que al fin se solucionan
cuando él aprueba los exámenes civiles,
amistades heroicas, devociones fraternas,
la honradez de un ministro o la fidelidad
de una esposa…
xxxxxxxxxxxxxxxxQuién fuera motivo de esos dramas
y no de la comedia de traición y abandono,
despecho y soledad que es mi vida a estas horas.

 

 

 

 

NO SÉ QUÉ HACER CONTIGO

Te tengo dentro,
atada en la bodega más oscura del alma.
No sé qué hacer contigo.
Si bajo a darte de comer,
me escupes a la cara
y me dices que quiero envenenarte.
Y si paso de ti y no voy a verte,
tu llanto me destroza el corazón.
Nunca acierto.
Estoy triste.
No sé qué hacer contigo.

 

 

 

 

BRINDIS

Por los cuadros de William Bouguereau, nuestros hasta las lágrimas.
Por María de Zayas, que tejió sus relatos con las hebras del sueño.
Por la cena que Antonio de Eslava ofrece a Shakespeare
en las Noches de invierno.
Por Miguel de Unamuno.
Por Caspar David Friedrich, que vio a su hermano muerto
de espaldas en lo alto de un glaciar de los Alpes
y lo reprodujo en un lienzo.
Por las notas que a diario me dejabas
en los lugares más secretos.
Por el fuego que ardía en tus ojos miopes
cuando el mundo era fuego.
Por las brasas de nuestro amor.
¡Larga vida al fantasma del recuerdo!

 

 

 

de Cuenca, Luis Alberto. Los mundos y los días. Poesía 1970-2002. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

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