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Archive for 31 julio 2014

NEMETON 6

Nemeton 6

 

 

ANTONIO MARÍN ALBALATE

PLEAMAR DE PALABRAS PARA UNA INMERSIÓN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEls silencis en veu alta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxi la música secreta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxinunden la meva cambra.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPuja la marea.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPere Quart

Como un alto acompañamiento, vivo
Y veo la latitud de la sombra y su basto pelo.
Y así me ando por dentro, lejos de la luz,
En busca del niño azul aquel que asustado
Y delirante, entre el mercurio y el piramidón,
Solía morder la sal de la fiebre en invierno
Mientras su madre buena rezaba
Hincada frente a la imagen rota
De un Sagrado Corazón –Cor de Jesús,
Cor de Jesús, heus aquí el meu fill malalt…
Su madre, aquella mujer hecha de pan
De ángel, a menudo entregada a Santa
Bárbara junto a una llama flotando
En aceite, cuando el relámpago y el trueno
Hacían temblar los caminos por donde
El cartero peleaba, pedaleando
Sobre el barro, para poner en sus manos
Dulces cartas con matasellos de Barcelona.

Ah, el niño azul aquel -espíritu
De alambre, carne de psicoanálisis-
Siempre bajo la sombra de las estatuas,
Con lágrimas y pececillos
Para el acuario de su rostro.
(De eso hace ya tantas estaciones…)

Yo lo busco entre los nombres comunes
Al fango y al fuego por ese territorio fungible
De raíces agrias y venas de agua,
Y también a través de los adjetivos
Y los verbos más oscuros del poema.
Y en el recuerdo mismo de entonces
Cuando el mundo era una rebanada de pan tierno.
Y lo busco precisamente ahora
Que mi padre -como un oboe olvidado
Y muy frágil- va perdiendo estatura,
Mientras escarba -con luto en las uñas
Y sumergido hasta las orejas-
En este silencio mío tan lleno de plumas,
Sin tinta apenas para escribirlo.

Lo busco con un desamparo muy grande,
Por esa senda de la memoria
Que es el tiempo que pasa borrándolo todo.
Y hasta en la epidermis de mi padrepellejodeodre
Lo busco, cuando lo toco abriendo mis ojos y mis brazos
Al cielo para contar lo que me pasa:
“Heus aquí al meu pare solitari, massa malalt.
Pietat, deus de la tempesta, pietat, pietat”.

Y así me sigo andando por dentro, lejos de la luz,
Y tan cerca de esta angustia oceánica
Llena de cetáceos y colmillos.

Y en tanto sigue subiendo la marea
Hasta alcanzarme, adviene al fin
Como los lieder de Mahler
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx-Eso me redime-,
Los versos y los acordes de un viejo
Vinilo que recuerdo escuchando cierta tarde junto a mi padre:
Unes gotes de lluna als ulls dels vells
ajuden a esperar la mort en pau.

 

 

 

 

ENRIQUE FALCÓN

NÚMERO CINCO

Abúlico. Jo
der.
Fue capaz de alumbrar los desastres
con apenas una rectificación de lobo en sus esporas.
Sin admitir apuestas. Sin
que pudieran verle
xxxxxxxxxxxxxxxxxcon la esquirla y el humo
de todos sus objetos.
Retuvo en el gran juego de rehenes azules
los discretos sobrenombres de todas las coristas;
allí: en los solares. Durante cuatro meses.
Para estudiar sus movimientos de raya eléctrica
a la aplicación del pentotal.
Para esconder sus avionetas de niños ricos, lastimados.
“Payasos”.
Yo puedo imaginarle
bautizándose con ternura en los helechos del barrio
y cubriendo los naufragios al hartarse de arañas.
Sin saber aquello con la suficiente precisión,
descendió a las cárceles con su lazo de héroe.
Después fue su abulia, sólo luego,
y sus quince botellas estrelladas al mar.

 

NEMETON 5

Nemeton 5

 

 

ENRIQUE FALCÓN

RODEADO DE IMBÉCILES EN EL CENTRO PÚBLICO

Y desde luego cercado
en la misma inexacta raíz de los insectos
con que divide el mundo
para hacerlo estallar.
Es una orfandad de cosas que se mueven
y se desplazan despacio
sacan el daño del eterno vagabundo,
el de las llaves rojas
y su otra vez de esponja o niña muerta.
Soy la universal
matanza de las cien cabezas
y luego escribe, llama
el destrozo de los dientes en los cubos de basura.
Gesticula el presupuesto
de cada estallido, su impotente canal de panamá,
de sopas bobas,
desde luego cercado
xxxxxxxxxxxxxxxxxxen cada avenida
de su paso a niño roto
apenas me resta
acariciarle el rehén, despertar a sus insectos.

 

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NEMETON 2

Nemeton 2

 

 

ANTONIO MARÍN ALBALATE

PALABRAS PARA RUTH CON MARCHA FÚNEBRE DE FONDO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(A Antonio J. Marín, mi hijo)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs el hombre un camino
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxbreve, dispuesto siempre hacia la muerte.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJavier García Cellino

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando pienso en la muerte
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtemo la soledad del otro lado
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMiguel Sánchez Robles

Todos los que van al cielo son frescos
porque el viento les sopla dulces canciones…
Esto dice mi hijo con cinco años y la boca llena de yoghurt,
Mientras va pasando las páginas de su cuaderno colegial.
Con cinco años, la muerte ni se ve ni se nota, Ruth.
Con cinco años, la muerte es tan sólo un sinónimo de viaje,
Algo así como un vuelo -eso piensa él-
De la mano de Peter Pan y Campanilla,
Hacia nubes de algodón coronadas de chocolate y fresa
Donde sentarse a divisar el universo de los seres y las cosas.
Con cinco años, la muerte -afortunadamente-
No tiene señorío alguno en su corta existencia.
Pero yo, en cambio, he visto ya demasiada gente
Entrando en ese silencio inmutable y aséptico de la nieve.
Amigos que creía de hierro dentro de su recia musculatura,
Y que nunca, Ruth, nunca usaron el tabaco, ni el alcohol,
Ni la 5ª de Mahler, ni el Trankimazín, ni el acto III
Del Ocaso de los dioses de Wagner.
Amigos que ya no volverán a darme su alegría
Con palmadas cariñosas en la espalda.
Y hermosas muchachas, ya polvo enamorado,
Que me dieron su amor en tardes que recuerdo
Entre tiernas guitarras rebeldes,
Compartiendo el vino y la esperanza
De aquellas cálidas tabernas de entonces,
Cuando la transición y la policía,
O sea cuando aún era posible creer.
Y comunistas muy queridos
Hablando de Marx y del Che.
Y algunos pocos políticos imprescindibles
Que ya son historia.
Y estudiantes y obreros
Caídos por la democracia.
Y tiros en la nuca,
Y muertos de bala y pancartas con lazos,
Y un minuto de silencio
Y decir ya basta.
Y muertos muy profundos
Enterrados en cal porque sí,
Y duras pintadas en las paredes
Y decir ya basta.
Y jóvenes compañeros de oficina
Que nunca podía imaginar en cajas así.
Y desesperadas viudas apartando coronas
A manotazos para dejarse las uñas y los dientes
En esa mala madera en la que el tiempo termina
Hurgando, al fin, para que entre la tierra
A trabajar la descomposición de los cuerpos.
Y rostros dulcísimos, como el de mi madre,
Que se me fueron de las manos y de los labios,
Casi sin darme cuenta, Ruth, casi sin darme cuenta.
Sí, demasiada gente, Ruth, amor, demasiada gente
Perdida por ahí, bajo la áspera quietud de los cipreses.

 

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HOMENAJE A PÁRRAGA

La Puerta Falsa - 'Homenaje a Párraga'

 

 

De la revista de ‘La Puerta Falsa’ en homenaje a Párraga – Junio 1997

 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

ELEGÍA EN PRIMAVERA
(EJANEMOH PARA PÁRRAGA)

…”es el animal del corazón atado que no aprende
que después de esta impecable ensambladura
y de este espejo cóncavo de soledad en que nos deformamos
habrá una nueva vez quién no lo sabe
ésa sí también para siempre como todas”
Jorge Enrique Adoum

Es tarde ahora. Las palabras
y los signos cruzan la sombra
porque nadie conoce a nadie
desde hace mucho tiempo. El sueño
y la luz se alzan a golpes
sobre un cigarrillo o un pájaro.
Alguien, sobre un papel, apura
la última hora de la noche.
Y hay aquí tanta madrugada,
que el pincel se contenta al darle
sangre o savia a una primavera
que gime asustada en el cuarto.
Un flexo deja que las llamas
hiervan sobre la mesa. Duerme
la ciudad. En el fondo, nadie.
Nunca valdrá tanto la vida
como esta noche y no será
nunca tan hermoso el sigilo
de quien persigue, sin saberlo
la muerte.
xxxxxxxxxxA puñados se escurre
en el cuadro una golondrina
débil, y a puñados se queja
de sus pecados el dolor
hasta ocupar el aire. Nadie.
Es inútil la cobardía:
dentro del lienzo las figuras
juegan un juego muy difícil
y en las puertas se cuelgan
llaves cerradas hace siglos.
Todo lo que estará
vacío un día se ha cubierto
ahora de nubes blanquísimas.
Es inútil esta tristeza
de dios que nos vuelve guiños
de payaso, huesos en broma.
Y es inútil el miedo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxEl lápiz
sigue clavando paraísos
bruscos. La mano intrépida
traza los círculos finales
del espejo.
xxxxxxxxxxHay un hombre,
y la oscuridad brilla en forma
de amanecer en la ventana.
Es inútil el mundo. Se abren,
sin embargo, almendros azules
otra vez, y otra vez se cierra
el nombre de los nombres, uno
y nueve, llegar, estar vivo
más allá del papel. Silencio.

 

 

 

 

ANTONIO MARÍN ALBALATE

TAN NEFASTA SUERTE

Entre palomas y pétalos de abril, buscando tu luz,
Entró, terrible, la fea, la sorda, la maldita,
La innombrable…
Venía a por ti la muy puta.
Te encontró despierto, en tus cosas.
Fue a traición y sin sentido.
De pronto se hizo la tarde en todos los relojes.
(¡Cuánta prisa, Dios mío, cuánta prisa!)
Tanto arrebato sorprendió a la mañana que, tristísima,
Se echó a llorar sobre tu corbata de Van Gogh.
Desolados, doloridos, imposibles,
Viendo cómo se oscurecía la primavera de Murcia
Quedaron tus pinceles aguardando esas manos tuyas
Tan llenas de genio y bondad.
Vanas son ya las palabras, es cierto, contra ese mundo
De verbo frío donde la fea, la sorda, la maldita,
La innombrable,
Sigue echando raíces.
Yo sólo quería decir que ni tu persona,
Ni lo mucho que te quedaba por pintar,
Merecían tan nefasta suerte, maestro.

 

MÁS INCENDIOS

Richard Ford 'Incendios-portada'

 

 

Hay veces en que tienes que hacer algo que no está bien sólo para saber que estás vivo.

 

 

 

Ford, Richard. Incendios. Barcelona; Ed. Anagrama, 1991.

 

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FÁBULA 23

Fábula 23

 

 

Carlos Martínez Aguirre

CUANDO EN LO ALTO

Cuando en lo alto
no existían aún las dimensiones
ni el espacio, ni el tiempo,
en el Primer Instante,
los dioses se agolparon sorprendidos
sobre el súbito aroma del hidrógeno.

La llegada de aquello
anunciaba el comienzo del ocaso.

 

 

REFLEXIONES ROBÓTICAS (AÑO 2093)

De la prístina rosa
sólo nos queda el nombre.
Ese nombre desnudo
que es el signo y el alma de las cosas.

 

 

POÉTICA POSTATÓMICA

Yo creo en las palabras sagradas del Rig Veda:
“la luz que nos alumbra, es la luz que pasó.”
El universo vuelve, como vuelve una rueda,
pero el cosmos palpita, como tú y como yo.

No temas que por ello esté fijo el destino.
Poco importa qué senda dejaron nuestras huellas.
Lo que sé es que si hay algo que nos marque el camino
no se encuentra en el barro… ¡Se encuentra en las estrellas!

Somos el universo que se piensa a sí mismo,
como un viejo marino que busca el septentrión.
Que mis versos no sean un grito hacia el abismo
sino el rayo de un láser orientado hacia Orión.

 

 

EPITAFIO AL DR. VAN HALEN

Nuestro Dr. Van Halen ya reposa aquí muerto.
Guárdale, caminante, una última mirada.
Su capa, su monóculo, su linterna apagada,
ya no recorrerán las tierras de lo incierto.

El profesor Van Halen nunca estuvo tan muerto.
¿O quizá sí lo estuvo? Yo lo vi en su mirada,
cuando me habló en San Marcos del numen de su amada
vi llorar al león sangre del Juramento:

“Hellen no volverá, pero sé que el barquero
no tomará en sus manos mi moneda marcada.
Como sombra imposible de un sueño que se aferra

a amar a una Quimera, recorreré el sendero
y en él esperaré por siempre su llegada…”
O, carissime amice, sit tibi levis terra.

 

 

UN ROBOT NO ENVEJECE

Un robot no envejece
y ni siquiera tiene sentimientos.

Su mente positrónica se rige por tres leyes:

“Proteger al humano.”

“Obedecer sus órdenes
(siempre que no interfieran
con la primera ley.)”

“Protegerse a sí mismo
(esto es, al robot,
siempre que no interfiera
con la primera ley o la segunda.)”

Un robot no comprende
quién programó este mundo, tan contrario
a las leyes robóticas.

 

 

EPITAFIO MR. SPOCK

Hoy he visto el espíritu errante de un vulcano:
aquel Mr. Spock, el grave tripulante
de la nave Enterprise. Y allí vi en su semblante
lo mejor de su mundo, lo mejor de lo humano.

¿Qué ley del universo equivocó tu arcano?
¿Qué ciencia postatómica adelantó el instante?
Tal vez la interferencia de un número constante
transmutó en laberinto tu tránsito andoriano.

La sangre verdemar ya no corre tus venas.
Tu razón imparable no computa distancias.
Spock, -aunque sea ilógico-, perdido en las arenas

de esta playa que somos del mar de las galaxias
rezo por ti a mi Dios y yo sé que, distante,
escuchas mi oración y piensas… ¡Fascinante!

 

 

SUEÑO DE ESTOICISMO

Con cantos de sirena hice afinar mi lira
y escuché las preguntas de mi esfinge interior.
Di espinas a la rosa, valor a la mentira,
naufragio a la tormenta y cuerpos al amor.

Sentí del marinero el vago desengaño
de un cielo sin estrellas, de una noche sin luna
y en islas ignoradas viví como un extraño
sin apretar la mano de la diosa Fortuna.

En busca de la fuente de mis propios latidos
hice correr mi pulso con vigor de centella
mas perdí la consciencia vital de mis sentidos
en el eco infinito que eterniza su huella.

Cansado de mí mismo, de vuelta de mi lodo
desaprendí el secreto del sagrado temblor:
Los dioses están cerca, le tengo miedo a todo,
la muerte es el pecado, la vida es el amor.

 

 

MAR DE AZAFRÁN

La luz se duerme sobre lo que existe
insensible al transcurso de las horas.
Una gota de azul entre tus ojos,
un corazón desenredó mis años.
El tiempo se confunde: no distingue
el trigo de un puñado de naranjas,
y todos somos puertas en la vida
ávidos de encerrar la primavera.
Pero hay campos de nardos en tus senos,
hay mosto entre tus labios, hay espigas
copiadas sobre el oro de tus piernas,
hay un mar de azafrán, hay esmeraldas
prendidas de tu pelo, hay la bandera
victoriosa en los campos de tu cuerpo.

 

 

 

 

CARMEN BELTRÁN FALCES

LOS HOMBROS DE LOS GIGANTES

Ser bueno era un problema.
Muy grave si lo eras en muchas cosas.
Todos esperaban que cayeses,
que fallases estrepitosamente.
Un fracaso que evidenciara
esa imperfección que tú ya conocías.
Tu punto débil.
Rabiaban por conocerlo.
Te enfermaba su hipocresía
pero te aterraba estar solo.
Y te dejaste devorar por ellos.
Caíste.
Dejaste que te superaran
las veces que fueran necesarias
para lograr que te tuvieran
más pena que envidia.
No volviste a levantar la cabeza.
Pero tampoco volviste a estar solo:
los hombros de todos
los triunfadores a los que aupaste
aguardan a que llores en ellos tu fracaso.

 

 

 

 

NEREA FERREZ

LA BELLA Y LA BESTIA DEL SIGLO XXI

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa belleza existe, pero a veces está distraída.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEva Alejandre Villate

Tus ronquidos se oyen desde el cuarto de baño
mientras trato de eliminar tu olor en mis pestañas,
ese aroma a sudor y cigarro
que tanto me molesta
pero del que, parece ser,
no quiero desprenderme.
He terminado por acostumbrarme a esas pequeñas cosas
que nunca creí poder superar
como tus calcetines tirados por el suelo
o la manía que tienes de morderte las uñas casi hasta la raíz.
Supongo que la convivencia del día a día,
las peleas a gritos
por el dominio del mando
en una casa que no es nuestra
sino del banco,
los abrazos callados bajo las sábanas,
los sábados eternos arropados por la oscuridad,
los lunes de ojeras y malas caras,
las sonrisas tras cada aguja del reloj
y los besos que nos regalamos a escondidas
me han hecho verte como lo que nunca creí querer
un compañero
que me quiera incluso sin maquillaje ni zapatos de tacón
y no un príncipe azul
que me abandone por su caballo blanco
en cuanto asome la primera luz del día.

 

 

 

 

JUAN PEDRO APARICIO

METALITERATURA

xx-Doctor ¿le puedo hacer una consulta telefónica?
xx-Claro.
xx-Soy el escritor que prepara un libro de trescientos treinta y tres relatos cuánticos, ¿se acuerda?
xx-Perfectamente. Usted soñaba que se hundía a sesenta y cinco metros de la orilla cuando nadaba huyendo de un naufragio.
xx-Exacto, doctor.
xx-¿Y qué le pasa ahora?
xx-Lo mismo, doctor. Ahora me hundo a cuarenta y cinco metros de la orilla.
xx-Dígame una cosa: ¿cómo se le ocurren las ideas para los cuentos?
xx-Mientras paseo con mi perra por el monte, un largo paseo de hora y media. Llevo una libretita y un lápiz y voy anotando cuanto se me ocurre.
xx-Pero estos días de atrás que ha llovido tanto ¿no ha interrumpido su paseo?
xx-Sólo cuando ha diluviado.
xx-De ahí el sueño del naufragio. Lo que le angustia es que no pueda acabar el libro por culpa del agua.
xx-¿Usted cree?
xx-Ya verá cómo, cuando salga usted de nuevo al monte, se le vuelven a ocurrir ideas. Ya no le queda nada.
xx-Cuarenta y cinco metros. Digo, cuarenta y cinco cuentos.
xx-Suerte, amigo. Y anímese que estoy deseando verle llegar a la orilla.
xx-¿Sabe, doctor, que a esta conversación que usted y yo tenemos los estudiosos lo llaman metaliteratura?
xx-¡Qué bueno! Porque usted, cuando escampe, va a llegar precisamente a meta, ¿no tiene gracia?
xx-Gracias, doctor. Me ha animado mucho.

 

 

NOVELA DE PERDEDOR

xxEl multimillonario Norte, deseoso de vivir nuevas emociones, tuvo el capricho de experimentar la gloria literaria. Habló con sus consejeros y decidió comprar el manuscrito de un autor cuya carrera estaba en serio declive mediático, con problemas incluso para encontrar editor. Las condiciones del contrato eran por demás leoninas. Norte figuraría como autor exclusivo. Gregorio Bauzá, que ya esperaba muy poco de la literatura, aceptó con mucha más facilidad que una madre se desprende por dinero de su hijo biológico.
xxEl libro se titulaba “El muladar de las esperanzas”. Era extenso y de difícil lectura como todos los de Bauzá, pero, promocionado por las empresas mediáticas de Norte, vendió siete ediciones y se tradujo a varios idiomas en sólo unos meses.
xxEl libro era de verdad espléndido. Y Norte los disfrutó mucho. Su prestigio social aumentó de manera notable. El presidente del Jurado que le concedió el Premio Nacional de Literatura escribió: “Lo que más sorprende es comprobar cómo desde esa cúspide de la sociedad en la que vive Norte puede llegar a conocer con tanta minuciosidad y sentimiento el alma profunda de los perdedores”.

 

 

ADÁN Y EVA

xxEl Nobel Alfred Cambridge, a sus más de noventa años, tenía conocimientos profundos sobre casi todo, de modo que su muerte sería una pérdida irreparable. Lo convencieron para que en el momento final dejase que sus neuronas se volcaran en un ordenador que llevaría su nombre. Así se hizo y todo fue bien durante algún tiempo. Era como tener al propio sabio entre nosotros.
xxTodos los días a la hora del desayuno se le escaneaban los periódicos y se le informaba de las nuevas publicaciones de libros y revistas científicos. Cambridge seguía leyendo y seguía opinando con el mismo juicio sereno del que había hecho gala en vida.
xxUn día, en que supo que la escultural bailarina Jeanette Duval había sufrido un accidente que la tenía a las puertas de la muerte, pidió que se hiciera con ella lo mismo que se había hecho con él.
xxHubo dudas y discusiones hasta que Cambridge se negó a permanecer activo si no se realizaban sus deseos.
xxPoco antes de que la pobre Jeanette muriera sus neuronas se volcaron en un ordenador. A continuación Cambridge exigió compartir cuarto con ella y que les dejaran pasar las noches a solas, sin la presencia de funcionarios ni vigilantes.

 

 

¿VENGANZA POST MORTEM?

xx¡Qué duro es morir así, con las ansias de venganza intactas!, pensaba el brigada Ignacio Tébar ante el pelotón que le iba a fusilar, víctima de la intriga de su propia esposa y el sargento Vilorio, a quien había considerado su mejor amigo.
xxCuando el jefe del pelotón levantó el sable el suelo tembló. Para Ignacio Tébar fue una trepidación, para el pelotón una caída, pues el suelo se hundió bajo sus pies. A la vista quedó uno de los fusiles. Tébar lo tomó y corrió a las dependencias del Regimiento.
xxSin que nadie lo detuviera se apresuró escaleras arriba, atravesó corredores, cruzó el gimnasio y llegó a la residencia de suboficiales. Allí estaban los adúlteros, desnudos y asustados con la lámpara desprendida del techo sobre las piernas.
xxA él le disparó en la cabeza, a ella en el pecho, apuntó al pezón izquierdo; luego, sin abandonar el arma, volvió a la carrera al patio. Dejó en el suelo el fusil y volvió a colocarse de espaldas al paredón. Un temblor gemelo del anterior, pero de fuerza contraria, restauró los suelos, vomitando al pelotón de soldados a la superficie.
xxEl oficial dejó caer el sable y Tébar fue fusilado mientras, su mujer y el sargento Vilorio se refocilaban en su vivienda de la residencia de suboficiales.

 

 

EL AMOR ES COSA DE DOS

xxEra una vaca hermosa, con muy buen cuerpo y unas ubres firmes. Sin embargo no aceptaba al semental que le habían llevado para que la cubriera. Se resistía con tal fuerza que sus dueños temieron que se hiriera o que hiriera al toro.
xxEl veterinario que la visitó opinó que era un caso raro, aunque mejor ser prudentes y llevarla otro toro, recomendó. Pero una y otra vez se repitió la escena. “Reacciona como si la fueran a violar”, comentó el veterinario desalentado.
xxSus dueños no sabían si sacrificarla o venderla. Para ver qué pasaba la llevaron a la feria de San Andrés, en Lot, uno de los mercados de ganado más importantes del noroeste.
xxAtravesaron con la vaca la mayor parte del recinto. Sus formas perfectas y su andar cadencioso llamaban la atención. Llegado un momento se negó a seguir. El dueño pugnó con ella y le dio unos varazos airados. Entonces reparó en el toro puesto a la venta allí al lado. “¿No se me habrá encaprichado con éste?” -exclamó el hombre.
xxY así era. Allí mismo comprobaron que la vaca aceptaba sin problemas, antes bien con mucha complacencia, las arremetidas amorosas de aquel bicho retinto que no era, por otra parte, gran cosa.

 

 

PREGUNTAS INTELIGENTES

xxAcabada la conferencia, se había abierto el coloquio y, tras un breve intervalo, un hombre levantó la mano desde una de las primeras filas. Acto seguido el laureado escritor se esforzó por hallar una respuesta satisfactoria a aquella serie encadenada de preguntas. Tomó primero una dirección recta por la que se lanzó con un buen montón de palabras, luego entró en una curva ascendente por la que sus palabras iban de revuelta en revuelta en medio de una niebla cada vez más espesa. Finalmente, antes de caer en una sima, se detuvo. El hombre, insatisfecho, hizo otra pregunta igualmente brillante, muy bien escoltada por algunas palabras previas. El laureado escritor se preparó para transitar otro buen tramo por aquel puerto oscuro y algunas personas comenzaron a irse. Nadie lo tomó como un reproche dirigido al conferenciante sino a su interpelador.
xxLuego, en la cena que siguió al acto, el laureado escritor elogió, con la cortesía de que siempre hacía gala, la agudeza del interpelador. Pero el concejal de Cultura y Deportes o el rector de la Universidad o los dos a la vez hicieron un gesto de desprecio o de lástima. “¡Pobre Julianín!” Está como una cabra -dijeron- siempre quiere dar la nota.

 

 

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

xxAlberto Sarriá era un escéptico que, sin embargo, creía en el Ángel de la Guarda desde que una madrugada alguien enderezó de súbito el volante de su coche y evitó que chocara contra una farola. Pasado el susto, aquel inusitado copiloto se presentó a sí mismo como un viajero del tiempo que llegaba del futuro, un descendiente suyo cuya llegada al mundo dependía de que Alberto tuviera algún hijo, lo que todavía no había ocurrido. A partir de ese día la indolencia de Alberto fue una provocación constante, convencido de que hiciera lo que hiciera el viajero del tiempo le salvaría en el último momento. Si iba a bañarse en el mar, elegía las zonas más peligrosas, si bebía no tenía moderación y en las discotecas formaba broncas y se metía en peleas.
xxUna noche, de regreso a casa, después de haber perpetrado toda clase de barrabasadas, Alberto tomó la autopista en sentido contrario. Iba a ciento ochenta kilómetros por hora. “¿Estás ahí, pequeñín?” -así llamaba Alberto al viajero del tiempo-. El viajero se li hizo una vez más presente, pero se esfumó enseguida, un instante antes de que el coche se estrellase contra un camión cargado de bobinas de acero. “Ahí te quedas -dijo a modo de despedida-. No puedo decir que haya sido un placer conocerte. Pero debes saber que, de los cinco que habéis violado en pandilla a esa pobre chica, tú, precisamente tú, has sido quien la ha dejado embarazada”.

 

 

EL GENIO DEL CAJERO

xxMr. Champeau trataba de extraer dinero de su cajero automático cuando un hombrecillo de aspecto difuso le tocó en el hombro. “Soy el genio del cajero automático -le dijo-. El azar te ha elegido para que te haga entrega de esta tarjeta. Puedes hacer uso de ella a voluntad. Siempre habrá más dinero en tu cuenta. Ahora bien, ten presente que por cada cien euros que saques morirá un hombre en la China”. Y, en diciendo esto, desapareció.
xx¡Pobre Mr. Champeau! ¡Cuántas dudas antes de decidirse a utilizar la tarjeta! Pero, una vez que sacó los primeros cien euros, su conciencia se embotó. Sólo veía el aspecto grato de su acción, a pesar de que una epidemia de neumonía atípica se había desatado en China. Y, aunque las autoridades ocultaban la verdadera cifra de los muertos, a Mr. Champeau le bastaba con repasar las extracciones que había realizado en su cajero automático para saberla: un millón y medio de euros igual a quince mil chinos muertos.
xxLas noticias cesaron y Mr. Champeau empezó a pensar que todo había sido una coincidencia o un sueño. Sin embargo, su crédito seguía siendo ilimitado. Se compró dos nuevos pisos en París, una finca en el Mediodía, un hotelito en St. Tropez. Y nada dijeron los periódicos de más muertes de chinos.
xxLlevado de su curiosidad, viajó al Oriente. Estuvo en Tailandia; en Vietnam; también en Singapur, donde se fotografió junto al león de piedra del puerto. Finalmente arribó en la República Popular China por Shanghai. Ya en el cajero del aeropuerto sacó mil ciento diez yuanes, equivalentes a cien euros y en el momento de tocar el dinero comprendió su error. Sintió un dolor intenso en el brazo izquierdo como si un estilete de acero le horadara la arteria hasta alcanzar su corazón. Supo que se iba a morir de un infarto y recordó que el genio del cajero no le había especificado que los muertos en China tuvieran que ser necesariamente chinos.

 

 

CARISMA

xxEl hospital tenía el inconveniente de su alejamiento, a cambio el paraje en el que se asentaba, de suaves colinas y prados verdes con alguna mancha boscosa, era paradisíaco. Peter Oblondi, un italiano del Piamonte, muy rubio y de ojos azules, era el jefe de catering y además, en horas libres, cortaba el pelo a cuantos trabajadores ingleses o extranjeros requiriesen sus servicios. Por cada servicio cobraba diez chelines. Oblondi, muy sociable y comunicativo, sabía encontrar para cada uno la palabra adecuada. Casado con una compatriota, tenía dos hijos, un buen coche y una buena casa. De cuando en cuando, ligaba con alguna estudiante de enfermería, de las que también vivían en los pabellones, más de lo que cualquier otro trabajador que no fuera médico podía siquiera intentar.
xxUn día llegaron de Londres instrucciones de desmantelamiento. El personal que lo deseara sería indemnizado, el resto trasladado a otros hospitales. Obondi no cambió de humor, el enviado de Londres para dirigir el desmantelamiento, aceptó una invitación suya para cenar en su casa. Mr. Lamers en solo una semana había cautivado a todo el personal. Había sido piloto en la batalla de Inglaterra y era un hombre abierto y simpático. Con todos hablaba y por todos se interesaba, de modo que las negociaciones se desarrollaban con mucha suavidad.
xxJimmy López, uno de los electricistas del hospital, de quien algunos decían que era gibraltareño, otros que sevillano, moreno, alto, con bucles negros cayéndole por la frente, la mirada ardiente, y siempre silbando, incluso cuando saludaba, no podía ver a Peter Oblondi.
xxMr. Lamers murió de la noche a la mañana de un ataque al corazón. La consternación se apoderó del personal. Buena parte, con Oblondi a la cabeza, se desplazó a Londres al entierro, no así Jimmy.
xxA la mañana siguiente el trolley que empujaba Oblondi tropezó con la escalera de madera en la que estaba subido Jimmy. Oblondi se excusó de palabra y con una sonrisa, pero Jimmy le golpeó en la cabeza con su caja de herramientas y le dejó malherido.
xxA Jimmy lo detuvieron y Oblondi, desde la cama del hospital, lo disculpó. “Se lecruzaron los cables”, dijo. Jimmy lo consideró una nueva ofensa. “La próxima vez no fallaré, ese hijo de puta a mí no me engaña”.

 

 

LAS MÁSCARAS

xxUna vez más había vuelto ala ciudad de su nacimiento para dar una conferencia sobre algunos aspectos de su obra narrativa que había titulado “Buriles para tallar el tiempo”. Luego, en compañía del alcance, dos profesores de Universidad y un escritor joven que al final de la intervención hizo unas cuantas preguntas, había bebido un buen vino de la tierra y había cenado acaso algo más de lo conveniente. Le dejaron por último en su hotel, en las afueras, un edificio recién estrenado con más de diez plantas y casi trescientas habitaciones.
xxSe acostó pero no podía dormir. Se levantó y abrió el balcón. Hacía frío pero lo aguantó. Miró a su ciudad, al valle completamente edificado donde había nacido, en una elevación de terreno entre dos ríos. ¿Por qué la quería? O dicho de otra manera: ¿Qué es lo que amaba de ella? Sus abuelos, sus padres habían desaparecido, incluso la casa donde había nacido ya no existía, en su lugar un alto edificio irreconocible. ¿Qué amigos verdaderos tenía allí? Sintió un escalofrío. ¿A quién podía llamar en esta ciudad, en su ciudad, a estas horas de la noche para disipar su angustia? Necesitaba alguien que le escuchara, no en conferencia sino en amistad. El alcalde, que tan amable había sido honrándole con su presencia en la conferencia y en la cena, no había hecho, aún en el exceso, más que cumplir con su trabajo. Y lo mismo, los dos profesores. Acaso uno de ellos, Aurelio Cejador, se prestaría a levantarse de la cama y vendría a hablar con él o aceptaría dar un paseo por las calles, ahora bajo el frío helador de la madrugada. Recordó, sin embargo, que le había comentado que tenía que madrugar para salir de viaje, y ese inconveniente adicional incrementó su angustia. Pensó entonces en el joven escritor, acaso el más dispuesto a acompañarle, pero lo descartó por la vergüenza de mostrarle su debilidad, mayor en el caso del joven…
xxLos periódicos no pudieron recoger la noticia sino hasta el día siguiente. “El escritor Arturo Cancelar se había asomado al balcón de su habitación en la planta séptima de un hotel de las afueras y se había caído a la calle a causa de un desvanecimiento repentino. La noche anterior, después de una conferencia, interesante como todas las suyas, a la que asistió numeroso público, cenó en compañía del alcalde y algunos amigos, mostrando siempre muy buen estado de ánimo”.
xxY seguían varias páginas de información en las que se valoraba muy encomiásticamente la obra de Cancelar.

 

 

FINAL

xx-Doctor, ¿se acuerda de mí? Soy el escritor que preparaba un libro con trescientos treinta y tres cuentos breves, brevísimos y extraordinarios y que se atascó dos veces. Pues bien, he acabado el libro, pero me extraña que ahora no se me ocurra ningún relato más.
xx-Lo recuerdo. Usted soñaba con que al llegar a muy pocos metros de la orilla se ahogaba. Vimos que el agua representaba la lluvia diluvial de aquellos días que, al impedirle el paseo diario con su perra, no le permitía tener ideas, pues se había acostumbrado a tenerlas estimulado por ese paseo. Ahora ha acabado el libro. Se había propuesto una meta y la ha logrado. No sea usted pesado. No se puede nadar en tierra firme, que eso es lo que parece pretender usted ahora. En tierra firme hay que caminar. Quiero decir: prepare usted otra cosa, otro libro, otra novela. Ya verá como de nuevo se le llena la imaginación.
xx-Así lo haré doctor.

 

FÁBULA 22

Fábula 22

 

 

Enrique Álvarez

DESESPERANZA CRECIENTE

xxPronto va a hacer quince años que se casaron mis padres, y las esperanzas de que me traigan al mundo son cada día menores. Es triste decirlo, pero mis padres han dado un cambio nefasto en los últimos tiempos. De su generosidad inicial a su egoísmo y racanería de hoy media un auténtico e inexplicable abismo.
xxRecuerdo perfectamente cómo, durante su noviazgo y primeros años de matrimonio, soñaban con engendrar no menos de cuatro hijos. Recuerdo la ilusión, el amor y -por qué no- también el placer de sus primeras prácticas conyugales a la hora de la siesta.
xxMi hermano Matías tardó casi dos años en venir al mundo. La matriz de mi madre no estaba aún lo bastante formada y fue un parto con muchas complicaciones. Por aquel entonces el negocio de mi padre -una joyería modesta- atravesaba momentos tan agobiantes que, meses después de nacer mi hermano, contrajo una grave neurastenia que le tuvo casi un lustro incapacitado para cualquier tipo de actividad. Sólo la impagable ayuda de tía Veli -la hermana soltera de mi madre- evitó el hundimiento de la joyería y la ruina absoluta de la familia.
xxSin embargo, pasado aquel lustro, las cosas comenzaron a rodarnos mucho mejor de lo que nadie esperaba. No sólo el negocio disparó en poco tiempo los beneficios, sino que tanto la salud de mis padres como la naturaleza vigorosa de Matías parecieron desterrar para siempre del seno familiar toda sombra de inquietud.
xxFue entonces cuando yo me dispuse a nacer en cualquier momento. Pues, aunque mis padres continuaron aplicando por pura inercia -sin intención alguna de evitar el embarazo- el método de Billings en sus prácticas maritales, yo me sentía totalmente seguro del acaecimiento inminente de mi concepción, y más considerando mi condición de segundogénito. De modo que, durante largo tiempo, me apliqué con delirio al placer de saborear por adelantado una vida que yo auguraba fructífera y sobresaliente. Incluso, en mi euforia, llegué a elegirme un nombre precioso para mi persona: Damián.
xxPero he aquí que, inexplicablemente -repito-, siete u ocho años después la realización de mi sueño aún no se ha visto cumplida. No haré recaer toda la culpa sobre mi hermano Matías, pero estoy convencido de que él es la causa fundamental del desánimo de mis padres. Siendo un niño saludable y robusto, ha resultado sobremanera rebelde y caprichoso, y a una edad demasiado temprana ha venido ya a demostrar su completa carencia de rasgos creativos, interesantes o simplemente agradables.
xxPero insisto en que la decepción de mis padres respecto a su obra progenitora no hay que achacársela sólo a esta mediocridad precoz del pequeño Matías. Pues lo cierto es que, aun sin un propósito firme de excluir para siempre a otros hijos, quizá por mero afán mimético o bien por otras razones que prefiero no mencionar, desde hace una temporada mis padres han comenzado a abandonar el método natural de copulación y se entregan cada vez con mayor frecuencia a cierto tipo de ejercicios sexuales, abominables y estériles, que ponen de manifiesto una sequedad preocupante de juicio.
xxY así es como hemos llegado a la situación actual, a cinco años o menos de la menopausia de mamá, con la salud de papá nuevamente deteriorada -a pesar de la prosperidad económica-, con mis esperanzas de llegar al mundo cada vez más sombrías. Pues a lo dicho debo añadir (sin que el miedo a presumir de arrogante me frene) la cesión que de mi derecho a nacer en la próxima fecundación he efectuado a favor de mi hermana Natalia, la que me sigue en el orden generativo. Aún si despedirme del todo de las ilusiones inmensas que la vida me produce, quizá la ternura me ha movido a comprender de algún modo la superioridad de las ilusiones de Natalia, mi deber moral de dejarle a ella el disfrute de esta esperanza ya mínima (que para eso es mujer), sin descartar tampoco la posibilidad remota de que una fecundación doble nos permitiese nacer a los dos juntos como hermanos gemelos.
xxDe cualquier forma, el presentimiento de que nuestro padre no podrá sobreponerse ya nunca a su actual recaída, nos lleva a contemplar con escepticismo creciente estos cuatro años que quedan, y nos vemos ya condenados (con el único consuelo del inmenso y fraterno cariño que no une cada vez más a Natalia y a mí) a lamentar por los siglos de los siglos el egoísmo, la mezquindad y la feroz falta de imaginación de papá y de mamá.

 

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