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Archive for 30 junio 2013

IZAL

Me apetece mucho terminar el mes de junio felicitando a un amigo por el premio que consiguió hace apenas un par de semanas.

No sé si sabrán que hace nada se entregaron los V Premios de la Música Inependiente. Pues en el apartado Premio Mondosonoro al Artista Revelación, junto a Peachy Joke, se alzó con el premio Izal.

 

Izal recogida premio

 

A Mikel Izal, cantante y alma mater de la banda, lo conocí en las Cantigas de mayo de Ceutí de 2009, cuando aún insistía en su vertiente más cantautoril. Al año siguiente volvió a presentarse y volvió a ser seleccionado, y cuando mostró sus nuevos temas sobre el escenario ya muchos sabíamos que necesitaba una banda junto a él porque los temas así lo exigían.

Hace un par de años, en el último ciclo de conciertos que tuve la suerte de dirigir, una de las apuestas personales fue la de Izal porque me gustó muchísimo la mezcla de descaro, ironía, y ese aparentar no tomarse en serio cuando en realidad se sabe muy bien qué se está haciendo; y todo eso mezclado con algunos temas que, personalmente, me parecen grandiosos. Temas como ‘Desorden‘, ‘Cara de poker‘, ‘Eco‘, ‘Ajám‘, ‘Magia y efectos especiales‘, ‘Extraño regalo‘ o ‘Qué bien‘ son ya imprescindibles en mi discoteca. Y digo que la apuesta fue personal porque era la primera vez que tocaban en Murcia, y el concierto fue absolutamente mágico.

 

Con Izal

 

Y aquí tienen un par de vídeos suyos.

 

 

 

JAIME GIL DE BIEDMA

Jaime Gil de Biedma

 

Gil de Biedma es uno de esos autores que me está pidiendo el cuerpo. Necesito sumergirme en sus poemas en busca de algo que ahora mismo no sé nombrar y que no sé si será práctico, pero sé que lo necesito.

Siempre recuerdo –de hecho, lo he utilizado en casi todos los talleres que he impartido– el final del Prefacio de ‘Compañeros de viaje’: “Un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia del hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por lo menos –atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia individual– de unos cuantos entre ellos“. Y siempre lo recuerdo porque toda la poesía que me gusta es así.

Y aquí tienen algunos de sus poemas.

 

INFANCIA Y CONFESIONES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan Goytisolo

Cuando yo era más joven
(bueno, en realidad, será mejor decir
muy joven)
xxxxxxxxxxxalgunos años antes
de conoceros y
recién llegado a la ciudad,
a menudo pensaba en la vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMi familia
era bastante rica y yo estudiante.

Mi infancia eran recuerdos de una casa
con escuela y despensa y llave en el ropero,
de cuando las familias
acomodadas,
xxxxxxxxxxxxcomo su nombre indica,
veraneaban infinitamente
en Villa Estefanía o en La Torre
del Mirador
xxxxxxxxxxxxy más allá continuaba el mundo
con senderos de grava y cenadores
rústicos, decorado de hortensias pomposas,
todo ligeramente egoísta y caduco.

Yo nací (perdonadme)
en la edad de la pérgola y el tenis.

La vida, sin embargo, tenía extraños límites
y lo que es más extraño: una cierta tendencia
retráctil.
xxxxxxxxSe contaban historias penosas,
inexplicables sucedidos
dónde no se sabía, caras tristes,
sótanos fríos como templos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAlgo sordo
perduraba a lo lejos
y era posible, lo decían en casa,
quedarse ciego de un escalofrío.

De mi pequeño reino afortunado
me quedó esta costumbre de calor
y una imposible propensión al mito.

 

 

 

LAS GRANDES ESPERANZAS

xxxxxxxxxxxxxxLe mort saisit le vif

Las grandes esperanzas están todas
puestas sobre vosotros,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxasí dicen
los señores solemnes, y también:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTomad.
Aquí la escuela y la despensa, sois mayores,
libres de disponer
xxxxxxxxxxxxxxxxxsin imprudentes
romanticismos, por supuesto.
La verdad, que debierais estar agradecidos.
Pero ya veis, nos bastan las grandes esperanzas
y todas están puestas en vosotros.

Cada mañana vengo,
cada mañana vengo para ver
lo que ayer no existía
cómo en el Nombre del Padre se ha dispuesto,
y cómo cada fecha libre fue entregada,
dada en aval, suscrita por
los padres nuestros
xxxxxxxxxxxxxxxxxxde cada día.

Cada mañana vengo para ver
que todo está servido (me saludan,
al entrar, levantando un momento los ojos)
Y cada mañana me pregunto,
cada mañana me pregunto cuántos somos
nosotros, y de quién venimos,
y qué precio pagamos por esa confianza.

O quizá
no venimos tampoco para eso.
La cuestión se reduce a estar vivo un instante,
aunque sea un instante no más,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa estar vivo
justo en ese minuto
cuando nos escapamos
al mejor de los mundos imposibles.
En donde nada importa,
nada absolutamente –ni siquiera
las grandes esperanzas que están puestas
todas sobre nosotros, todas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy así pesan.

 

 

 

POR LO VISTO

Por lo visto es posible declararse hombre.
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.

Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, estos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.

Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.

 

 

 

APOLOGÍA Y PETICIÓN

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
sin duda la más triste es la de España,
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
debe y puede salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia,
son hombres quienes han vendido al hombre,
los que le han convertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

 

 

 

CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación —y ya es decir—,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colemena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
—seguro de gustar— es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco…
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

 

 

Gil de Biedma, Jaime. Las personas del verbo. Barcelona. Ed. Lumen, 1998

 

VICENTE GERBASI

Vicente Gerbasi

 

ESPACIO SECRETO

Los árboles secos en el horizonte vespertino
señalan la frontera del fuego.

Hay lejanías mortales en las rayas de la mano,
en las venas del corazón.

He aquí un río oscuro que refleja los naranjos,
transeúntes del tiempo como en un carnaval,
serpentinas que se queman en la sombra,
yedras lúcidas hacia el fondo,
donde se iluminan las máscaras,
donde se derriten los rostros.

El relámpago hiela el ámbito de los gallos.

Veo los espacios rojos, azules, lilas,
donde se petrifican los perfiles.

Mis ojos caen entre insectos voraces.
Mis ojos caen en las venas de las hojas.
Mis ojos caen en las semillas que se abren.

Caen mis ojos mortales.
Ellos descubrieron el arco iris en las llanuras fluviales,
los horizontes con oscuridades de diluvio,
el tiempo en las puertas carcomidas,
una piedra con forma de mano.

Habitantes soberbios del secreto, abrid la arboleda
donde el sol y la noche, en medio de relucientes leopardos,
engendran los ojos del agua y de la estatua.

No me abandonéis en la llanura crepuscular,
mientras veo mi infancia avanzar
hacia una distancia malva donde vuelan los cuervos.

 

 

 

NUEVO DÍA

Recordamos vagamente el mar al amanecer.
La luz tiene color de sardinas.
Las calles van hacia las redes,
hacia la penumbra donde se balancean los veleros
sobre lentos colores de algas.
El amanecer tiene un olor de mujer despeinada
que sale del mar.
Una resaca aún oscura trae caracoles
y el día nos devuelve al cuerpo de la mujer
que está hecho para recostarnos blandamente sobre la arena.

 

 

 

TIRANO DE SOMBRA Y FUEGO

xxxxxIV

Bajo la Cruz del Sur colgaban tus ahorcados,
de perfil a los fuegos del verano nocturno
que mueve los ramajes de turbios avisperos.
Mirabas sus cabellos
caídos sobre el hombro de la muerte.
Cuidabas su silencio, cojo de media luna,
mirando los zamuros que en los árboles secos
esperaban el día para dejar tus huellas
en forma de esqueletos vestidos con harapos.

 

 

 

MANERA DE MORIR

Hace años, hace reflejos de fronda nocturna,
hace luciérnagas en la melancolía
lluviosa del trópico,
hace miles de lámparas
encendidas al pie de santos
de iglesia de aldea,
hace todo el tiempo de los ríos
que suenan en las montañas,
que estoy agonizando
a orillas de mí mismo,
en ese espacio hipnótico de las horas,
de oscuridad y resplandor rupestre,
donde los cuervos lentamente vuelan
debajo de un arco iris.

 

 

 

SOLEDADES DE ESPAÑA

Estoy solo cuando alguien llora en el mundo.
¿Por qué llora el mundo cuando estoy solo?
Las piedras están solas con sus ovejas.
Pasa el viento por colinas y casas.
Hay gente sola y encinas oscuras.
Y yo, solo, veo pasar las nubes
sobre las aldeas polvorientas.

 

 

 

ADOLESCENCIA EN LA PLAYA

No volveré a verte
acostada en la playa,
tú que me besabas
acercando lentamente tu cuerpo
a mi cuerpo.
Gata,
tus ojos verdes
eran solitarios en mis ojos.
Bellos eran tus senos
y tus muslos
y la noche fosforescente
en las olas del mar.
No volveré a verte,
gata arenosa.

 

 

Gerbasi, Vicente. Los espacios cálidos y otros poemas. Valencia; Ed. Pre-textos, 2005.

 

JUAN GELMAN

Juan Gelman

 

CONFIANZAS

se sienta a la mesa y escribe
“con este poema no tomarás el poder” dice
“con estos versos no harás la Revolución” dice
“ni con miles de versos harás la Revolución” dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

“con este poema no tomarás el poder” dice
“con estos versos no harás la Revolución” dice
“ni con miles de versos harás la Revolución” dice
se sienta a la mesa y escribe

 

 

 

EL INFIERNO VERDADERO

entre las 5 y las 7/cada día/
ves a un compañero caer/no pueden
cambiar lo que pasó/el compañero
cae y ni la mueca de dolor

se le puede apagar/ni el nombre o rostro
o sueños por los que
el compañero cortaba la tristeza
con su tijera de oro/se paraba

a la orilla de un hombre o una mujer/
le juntaba todo el sufrimiento
para sentarlo en su corazón
debajito de un árbol/

el mundo llora pidiendo comida/
tanto dolor tiene en la boca/
es dolor que necesita porvenir/
el compañero cambiaba el mundo y le ponía pañales de horizonte/

ahora lo ves morir/cada día/
pensás
que así vive/que anda
arrastrando un pedazo de cielo
con las sombras del alba/donde
entre las 5 y las 7/cada día/
vuelve a caer/
tapado de infinito

 

 

 

DON LUIS

Gracias, compañero Cernuda,
gracias por recordarnos la nobleza humana
en este tiempo de la despasión.
Gracias por recordarla con belleza,
como el sol que entra en una casa vacía.
La llenás con la memoria de los sueños
y más, con sueños que pueden volver.
Gracias por dejarnos la palabra
que vuela en un claro de la tempestad
a ciertas dichas, ciertas esperanzas.
Transparente de niños te fuiste,
pero no.
Bailamos contra
clausuras de la sombra.

 

 

Gelman, Juan. La voz de Juan Gelman. Madrid; Asoc. de Amigos de la Residencia de Estudiantes, 2008.

 

ENUNCIADO

Yasmine Bleeth, Alyssa Milano & Peta Wilson'

 

No podré.
xxPronunció las palabras en baja voz, apenas en un susurro, mientras obervaba el suelo de cemento y aguardaba una respuesta, porque cualquier gesto le serviría ahora, una orden enérgica, una caricia que recorriese su espalda, un golpe de castigo en la nuca, un tirón suave o firme de la correa que reunía su cuello con la mano derecha de la mujer que permanecía a su espalda en perfecto silencio, quieta, hasta rozar la desaparición.
xxCerró con fuerza los ojos, persiguiendo recuperar la excitación perdida, salvar un resto de erección que justificase la imagen de su cuerpo a cuatro patas y desnudo, sosteniendo la larga y gruesa cola de felpa que colgaba del plug anal hundido entre sus nalgas.
xxSe vió entrando tras la mujer en el hipermercado dos horas antes. La vio vestida exactamente como él se lo había indicado, igual que la vería ahora si se atreviese a abrir los ojos, separarlos del suelo, y girar la cabeza hacia atrás, al punto del pasillo desde el que la mujer empuñaba la correa. Vio la tela llegar a sus rodillas y transformarse en dos columnas de charol brillante y blanco, terminadas en tacones de aguja. Vio a la mujer dirigirse con su traje chaqueta a la sección de alimentos para mascotas. La vio proceder exactamente como él se lo había indicado: retirar de las estanterías varios paquetes y bolsas de comida de perros, sostenerlos entre sus manos el tiempo suficiente para que él pudiera gozar con la figura de la mujer mientras leía la lista de los ingredientes, mientras estudiaba los alimentos más nutritivos y sabrosos para su mascota.
xxEl marido le había entregado el guión a su mujer cuatro días antes.
xxGuárdalo. No quiero que lo leas delante de mí. Quiero que lo hagas en el trabajo mañana. Que lo leas a solas.
xxEl hombre la penetró aquella noche con violencia. La puso de rodillas en el borde de la cama, la cabeza entre las manos, y la golpeó con el pene hasta obligarla a gritar. Antes de cada penetración la llamaba perra. La llamó sucia perra de mierda, sólo eres mi sucia perra de mierda, mientras se vaciaba en su sexo. Después, todavía con el pene en su interior, le dijo que la quería. Ella lo oyó.
xxMónica leía en el despacho con un dónut de chocolate en la mano.
xxHabía retrasado el momento de sacar las páginas impresas del bolso para prolongar la excitación que le producía aquel gesto inesperado de su marido. Hacía tiempo que Javier la había acostumbrado a representar sus fantasías, más aún, que la había forzado a descubrir y aceptar que las fantasías de su marido se habían transformado en las suyas. Javier le describía con precisión el escenario y los personajes, la ropa con la que debería vestirse. Le concedía un nombre y una edad. Se llamaría Montse, por ejemplo, y actuaría como la sumisa de un amo que iba a cederla por primera vez a un desconocido como prueba de obediencia y amor. Había sido obligada a lamer de rodillas, con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda, los testículos del policía que la interrogaba, forzada a suplicarle a su interrogador que se corriese en su boca. Entró con quince años en el despacho del director del internado, un hombre que la doblaba en edad, un hombre vestido con un traje oscuro, que empuñaba una regla de plástico y que le ordenaba a la señorita quitarse las bragas ante él. Después la apoyaba contra su mesa, la obligaba a levantarse ella misma la falda y a mantenerla en alto el tiempo que durase el correctivo. Era virgen, y tuvo que elegir ante ese director entre perder su virginidad o que la penetrase por el culo.
xxMónica se llevó a la boca el dónut de chocolate y lo mordió por primera vez.
xxEra la primera vez que Javier usaba un guión escrito. Cuando le anunció que escribiría el guión de un ritual, sintió aquel temor violento y conocido, idéntico al que la asaltaba las últimas semanas durante la representación de las fantasías y que contribuía a excitarla y turbarla todavía más. Reconocía aquel miedo a traspasar una frontera tras la que no encontraría el dolor y la humillación sin escenificaciones, sino algo aún más aterrador: la posibilidad de dejar de amar a Javier. Llevaba semanas intuyendo que corría y buscaba un peligro oculto en aquellos juegos deseados e impuestos, percibiendo el vértigo creciente de no desear más a su marido, sino a los hombres que la estaban poseyendo.
xxA Mónica le encantaban los donuts de chocolate. Sacó el segundo de la caja y empezó a leer.
xxCuando la mujer regresó del trabajo, Javier la estaba esperando. No podía, quizá no deseaba tampoco, disimular su impaciencia. La mujer cruzó el salón y se sentó en el sofá, al lado de la butaca que ocupaba el hombre. Abrió el bolso y sacó las páginas impresas.
xxLo haremos con dos condiciones.
xxEntonces, ¿estás de acuerdo?
xxNo contestó.
xxLo haremos con dos condiciones. Una: la palabra de seguridad no será la del guión. La palabra será donuts.
xxEl hombre sonrió.
xxTe burlas de mí. Veo que te has disgustado.
xxLa mujer no contestó.
xxDos: tu perrera no la montaré en nuestro dormitorio, sino en la habitación del sótano. Mañana saldré antes del trabajo, así compraré tu uniforme y lo necesario para amueblar la perrera. El sábado por la tarde me acompañarás al híper y te mantendrás a distancia mientras me observes elegir tu comida. Cumpliré el guión y quiero que tú lo cumplas. A partir de ahora, empieza tu ayuno, sólo beberás agua. En las próximas cuarenta y ocho horas, hasta que te baje a la perrera, no te ducharás, tampoco te lavarás las manos. Si cagas, no podrás limpiarte. Recuerda que los perros no se tocan, tú tampoco te tocarás, ni siquiera para orinar. No te cruzarás conmigo en el trabajo. Desde este momento no te dirigiré la palabra ni quiero que me la dirijas.
xx¿Puedo decirte una cosa, cariño?
xxNo puedes decirme nada, sólo donuts.
xxMónica se tumbó en la cama, desnuda, dejando la luz de su mesilla de noche encendida. Su marido llevaba varios minutos en el baño del dormitorio. Mónica había escuchado con atención el ruido de la cremallera al bajarse, pero no oyó otro sonido. Supuso que la erección del hombre sería tan intensa que le impediría orinar. Seguramente su marido permanecía sentado en la taza del váter, esforzándose en vaciar su vejiga. Entonces le oyó desprenderse de su ropa, le vio salir por fin desnudo con el pene casi pegado al vientre y supo que no había conseguido orinar.
xxSe abrió de piernas en la cama, levantó con suavidad los brazos y se aferró con ambas manos al cabezal.
xxEl hombre la miraba apenas a un metro de su cuerpo, envuelto por la luz de la mesilla de noche. Mónica mantenía la vista fija en el glande brillante. La piel del prepucio se habría retirado muchos minutos antes, dejándolo sin protección, obligándolo a rozarse contra la ropa. No le interesaba el rostro de su marido, ni su pecho, ni sus piernas. Quería que viese, que sintiese, que ella sólo estaba contemplando su sexo. Por un momento deseó, o tal vez temió, que el hombre no lograría soportarlo y que la penetraría. Permanecieron congelados en una fotografía que se movía vertiginosamente sin escapar de sí misma. Al fin la mujer bajó sus brazos, juntó las piernas y se incorporó hasta sentarse en el borde de la cama. Alzó la palma de una mano hacia el pene erecto, creando unas paralelas que no deberían encontrarse. La mantuvo inmóvil un par de minutos, hasta que la mano se alejó y cayó en el interruptor de la luz.
xxCuando Javier terminó de desnudarse, tras regresar del hipermercado, frente a la mujer vestida con un traje chaqueta de tela gris y botas blancas de charol, mostraba una erección insoportable. En aquellas cuarenta y ocho horas el dolor de los testículos no había cesado de crecer, ni siquiera en los momentos en que conseguía orinar o disminuir la erección. Desde la tarde anterior había murmurado varias veces donuts a solas.
xxPermanecía de pie en el dormitorio, desnudo, mientras la mujer se enfundaba unos guantes de cuero blanco, con los que le vestiría de perro y de los que ya no debería desprenderse hasta concluir la representación. El gesto de uno de los guantes le ordenó que se arrodillara y apoyase las patas delanteras en el suelo.
xxTodo resultó rápido, lento. Le apresaron el cuello con un estrecho collar claveteado. Le ciñeron una correa de cuero de tres metros de largo a un aro de metal en la parte posterior del collar. Le separaron las piernas y le introdujeron suavemente el plug anal del que colgaba su cola, que rozaba casi el suelo. Su culo despedía un tibio olor a mierda.
xxSupo que había llegado el momento de abandonar a cuatro patas el dormitorio, meneando graciosamente la cola, delante de la mujer que mantenía con firmeza la correa con su mano derecha mientras que con la izquierda sostenía la bolsa del hipermercado.
xxCruzó el comedor y llegaron a la escalera que conducía al sótano. Mientras la bajaban, la mujer estiraba de la correa y le obligaba a echar hacia atrás la cabeza, a tantear con sus patas delanteras en un esfuerzo por no caerse. Oía el ruido áspero de los tacones de aguja y sabía que su cola rozaba los escalones.
xxQuieto ante la puerta de la perrera, pronunció en voz baja las palabras, casi las susurró, mientras miraba el suelo de cemento.
xxNo podré.
xxEl dolor de los testículos continuaba creciendo, pero la erección había desaparecido por completo mientras recorría a cuatro patas el pasillo que le conducía a la perrera.
xxEntonces llegó el gesto que necesitaba para atreverse a cruzar el umbral de la puerta. La mujer había salido de su inmovilidad y ahora le acariciaba con sus guantes los testículos. Después, al comprobar que la rigidez del pene volvía, lo apresó con suavidad por el extremo y retiró el prepucio con fuerza. Se lo agradeció como nunca le había agradecido otro gesto en sus vidas, más que permitirle sodomizarla, o marcarle las nalgas con una fusta, o renunciar a tener hijos. Comprendió que le estaba dando las gracias por primera vez.
xxPrepararás la perrera en nuestro dormitorio el sábado por la mañana. No me permitirás verla hasta que me conduzcas a ella. Salvo el plato de comida para perros, que deberá ser grande, hondo y de metal, el resto lo dejo a tu imaginación. Sé que no me defraudarás. Llenarás el plato hasta el borde con el alimento que yo te haya visto comprar en el híper, pero no me permitirás todavía comerlo. Me habrás atado por la correa en algún punto de la habitación. Entonces me hablarás por primera vez. Tienes que memorizar exactamente lo que yo oiré. No deberás leerlo. Es fundamental que no lo hagas. Dirás exactamente esto, sin improvisar, sin apartarte ni una palabra del guión. Dirás lentamente: Seguro que mi perrito tiene hambre después de tantas horas de ayuno. ¿Verdad que estás hambriento, perrito? Te he traído una cosita muy rica, alimento para perros como tú, disfrutarás tragándotela. Si te la comes toda, si dejas bien limpio el plato con tu lengua, tu amita te tocará ese pene tan tieso que tienes. Tu amita te ordeñará con sus guantes, pero tienes que comportarte como un perrito obediente.
xxEl segundo dónut permanecía sobre la mesa del despacho, abandonado. La excitación de Mónica había desaparecido, lo mismo que la mezcla de estupor y asco que la invadió desde las primeras palabras de Javier.
xxEres un verdadero hijo de perra –dijo, sentada en la silla giratoria de su despacho frente a la última de las tres cuartillas del guión.
xxSonrió, divertida por su chiste. Dejó caer el papel y comprendió que se alejaba por fin de la confusión y la angustia en las que había vivido envuelta las últimas semanas (He elegido a Alberto para que lo hagas. Te resultará fácil. Se nota que tú le gustas), desde que aceptó cumplir la inesperada fantasía de su marido (Lo haréis en los aseos que están al lado de mi despacho. Le dirás que yo te lo he pedido, que yo sé que lo estáis haciendo al otro lado de la pared), una fantasía que parecían explicar sus propios labios, porque coincidía con la escena que ella también llevaba tiempo imaginando (Le explicarás que yo quiero que se corra en tu boca. Le suplicarás que te permita hacerlo, aunque me parece que no tendrás que suplicarle demasiado) sin atreverse a pronunciarla (Se la chuparás en cuclillas, con la falda levantada hasta la cintura y los muslos abiertos), sin decidirse a explicarle a su marido lo que deseaba, lo que su marido ahora le estaba ordenando (Cuando termine, echarás atrás la cabeza para que Alberto vea bien tu cuello, para que pueda contemplar cómo te tragas su semen. Después vendrás a mi despacho y me lo explicarás con detalle), lo que hizo.
xxPensó: No lo haré. Esto se ha terminado para siempre.
xxEntonces alguien abrió la puerta del despacho sin llamar y entró Alberto.
xxEstoy trabajando –dijo la mujer.
xxEl hombre cerró despacio la puerta y cruzó la habitación. Conocía este juego de resistencia fingida, el guión de este vídeo que llevaban semanas contemplando, espectadores que actuaban.
xxHablo en serio, Alberto. Tengo trabajo.
xxLas palabras formaban parte del guión, pero su tono nadie lo había escrito.
xxDebe de ser un documento importante el que tienes sobre la mesa –dijo el hombre, señalando con la mirada los papeles–. No será la lista de los próximos despidos de tu marido…¿Me encuentro en esa lista?
xxSabes que no es eso. Quiero que te vayas. Te lo explicaré más tarde.
xxEl hombre intuyó una oportunidad de regresar al guión y decidió intentarlo. Dio la vuelta a la mesa, se situó tras la mujer y rodeó su cuello con ambas manos, como un collar, sin tocarlo todavía.
xxNo lo hagas, por favor.
xx¿Qué es lo que no debo hacer? Dímelo.
xxNo me haga usted daño, por favor.
xxLas manos rozaron el cuello de la mujer y comenzaron a apretar, como una amenaza suave.
xxPodría asfixiarte, puta ¿Lo sabes?
xxApretó un poco más, mientras lo decía.
xxTienes suerte de que no me guste follar a tías muertas. Ponte en pie.
xxElla se levantó, con las manos del hombre aún apresando su cuello. Él retiró con una pierna la silla. Entonces liberó el cuello y sus manos bajaron por los pechos de la mujer, por su vientre, levantaron por delante la falda y le separaron los muslos.
xxMe vas a suplicar que te toque.
xxTóqueme, por favor.
xxMás fuerte, puta.
xxTóqueme el sexo… Se lo suplico.
xxLe separó las bragas y le hundió tres dedos, estirando con violencia la carne del pubis hacia fuera. La mujer se inclinó, o cayó hacia delante, y apoyó las manos en la mesa, o detuvo con ellas la caída. En esta postura el hombre lograba ver a la izquierda de la mujer, junto a una caja de donuts, dos cuartillas escritas. La tercera se la tapaba aún su cuerpo.
xxElla apretó con fuerza los párpados. Quiso oírse.
xxNo me deje preñada. Se lo suplico. Fólleme por detrás, pero no me deje preñada.
xxÉl hundió aún más los tres dedos, sin interés, mecánicamente. Se había inclinado sobre la espalda de la mujer y se esforzaba por leer la cuartilla que ocultaba su cuerpo.
xxJavier entró en la perrera arrastrado por la correa que lo unía a unos guantes de cuero. Vio dos platos de comida de perros, de plástico verde. Pudo ver una garrafa de agua junto a uno de los platos y, a su lado, le pareció distinguir dos maderas negras de forma rectangular, incomprensibles de pronto. La más estrecha y corta mostraba dos agujeros circulares. En el cepo más largo y ancho, se abría un círculo grande en el centro y dos menores a los costados.
xxAunque mantenía el pene pegado al vientre, a pesar de que había regresado la excitación, empezaba a necesitar, a desear también, que todo aquello terminase cuanto antes. Por ello agradeció el gesto de su esposa de no llenar hasta el borde el plato de comida con las bolas de pienso seco que le había visto comprar. Pensó que quizás ella deseaba también acabar la representación.
xxSu esposa no lo ató para impedirle alcanzar el plato, como se había establecido en el guión, pero ahora este descuido le parecía irrelevante, la supresión de un paso innecesario, incluso torpe.
xxLa sorpresa llegaría a continuación, rápida y lenta, como una fotografía en la que las imágenes se moviesen en su interior, aunque sin conseguir pasar a la imagen siguiente, concediéndole un espacio en la realidad para oponerse a lo que estaba sucediendo, pero negándole cualquier tiempo para reaccionar.
xxSu esposa le retiró el collar y el plug anal del que pendía su cola, lo alzó de rodillas ante ella, liberándolo de su postura de perro, y le obligó a sostener ambas manos a la altura de la cabeza. Después le apresó el cuello y las muñecas con el cepo y cerró los candados de los extremos. Los tobillos del hombre quedaron inmovilizados por el segundo cepo, a una distancia de cinco centímetros el uno del otro.
xxSexo –consiguió decir por fin.
xxLa mujer le miró sin expresión.
xxTe has equivocado de palabra de seguridad.
xxPerdón. Donuts. Era donuts. Donuts. Era donuts.
xxTe has vuelto a equivocar de palabra de seguridad. No te será fácil acertar. Hay un segundo guión.
xxLa mujer había sacado una cuartilla de la bolsa del hipermercado.
xxHay un segundo guión en el que otro ha escrito esto.
xxLeyó, con un tono sin matices, horizontal como un guión.
xxMi perrito, he decidido encerrarte en esta perrera un tiempo. Tendrás que hacer aquí dentro tus necesidades. Te he puesto pocas bolas de pienso y poca agua para que cagues y mees poco. Cuando el hedor te resulte insoportable, me lo agradecerás. Naturalmente, tu amita no va a tocarte ese pene de perro tan tieso que tienes…
xxBuscó el sexo del hombre arrodillado.
xx…que tenías. No va a tocártelo nunca más. Te dejaré la luz encendida para que sepas por dónde te estás arrastrando y puedas encontrar el agua y el pienso sin tirarlos, pero ten claro esto: si ladras, apagaré la luz.
xxCerró la puerta de la perrera con llave y se alejó por el pasillo. El hombre no pudo oír las agujas negras de sus tacones porque sus sollozos primero, después el inicio de su llanto, se lo impidieron.
xxAntes de regresar a su casa la tarde del jueves, Mónica entró en su despacho por última vez para consultar el correo como tenía por costumbre. Encontró un mensaje de Alberto en la bandeja de entrada, entre varios spams. Léete el adjunto. Es mi regalo por haber sido tan buena puta.
xxAbrió el adjunto. Leyó el título: Otro guión. Siguió leyendo.

 

 

Gaspar, Sergio. Estancia. Barcelona; Ed. DVD, 2009.

 

BALADA O EPIGRAMA

Balada o epigrama

 

BALADA O EPIGRAMA

Tú que has sido disc-jockey más o menos,
por el sueño de tu generación,
sabrás seguramente que la vida
es un disco con dos revoluciones
que dura siempre, amor, nunca se raya,
nunca se raya, amor, nunca se raya,
nunca se raya, amor,
nunca se raya.

 

 

García Montero, Luis. Poesía (1980-2005). Barcelona; Ed. Tusquets, 2008.

 

COMPLETAMENTE VIERNES

Completamente viernes

 

MARTES Y LETRAS

Un asiento sin nadie en una conferencia
tiene ojos y mira con un frío absoluto.
Sobre todo si estás al otro lado
del azul de los mapas,
separada de mí por ciudades nocturnas,
el campo de las nubes, la luz de algún navío
y costas dibujadas con espuma
y casas con piscina.

Cruza un avión
el rojo turbio del amanecer
igual que el sueño cruza por tu noche,
cercano y lejanísimo,
en busca de otra tierra que no es mía,
aunque está junto a mí.
A veces me pregunto si yo soy
el que hace de mí cuando vivo en tus sueños.

El agua ya servida. Me deja frente al público
el verbo exagerado de mi presentador.
Es un martes de octubre. Debo hablar
sobre la utilidad de los poetas
y en la silla vacía no se sienta
ni el silencio de Bécquer encerrado en un álbum,
ni la desguarecida multitud
que Baudelaire metió en una botella,
como se mete un barco,
como se mete el humo,
el rojo turbio del amanecer.

En la silla vacía se sienta tu recuerdo
y la imaginación del viento norte
que ahora te persigue, las calles que te miran
y los escaparates
en los que te descubres reflejada.
Yo estoy donde tú estás, pero en la vida
hay cosas que no pueden compartirse.
Por eso sigo aquí y voy contigo,
cercano y lejanísimo,
en busca de otro mundo que no es mío,
aunque está junto a mí.

La poesía es la voz del que se sabe
vivo y mortal, lo dice Blas de Otero,
y en conclusión, señores, el poema
no nace del esfuerzo de hablar solo,
es la necesidad de estarle hablando
a una silla vacía.

 

 

MIÉRCOLES. DÍA DEL ESPECTADOR

No se descarta que al salir del cine
una pareja cuente con nuevos enemigos.
La película es mala,
las sombras buscan cuerpos para encontrar deseos,
se oyen voces de actores,
imágenes dudosas,
pero los labios son materia viva
en las butacas observadas
y los botones pierden su vergüenza.
Suena un disparo inútil,
la camisa deshecha,
la mano que naufraga entre los muslos.
Se persiguen dos coches por tus hombros
y estalla un edificio,
una lengua de fuego en la ventana,
llamas que desesperan vientre abajo,
el pelo negro por la mano abierta,
negro como la vida en la pantalla,
como el silencio del actor que mira,
del acomodador,
del público encendido.
Ya no tienen edad para estas cosas,
comenta el matrimonio de la última fila.
Y pienso que es verdad. No se descarta,
no se descarta que al salir del cine
una pareja cuente con nuevos enemigos.

 

 

POÉTICA

Hay momentos también en que dejamos
las palabras de amor y los silencios
para hablar de poesía.
Tú descansas la voz en el pasado
y recuerdas el título de un libro,
la historia de unos versos,
la noche juvenil de algunos cantautores,
la importancia que tienen
poetas y banderas en tu vida.
Yo te hablo de comas y mayúsculas,
de imágenes que sobran o que faltan,
de la necesidad de conseguir un ritmo
que sujete la historia,
igual que con las manos se sujetan
la humedad y los muros de un castillo de arena.
Y recuerdo también algunos versos
en noches donde comas y mayúsculas,
metáforas y ritmos,
calentaron mi casa,
me hicieron compañía,
supieron convencerme
con tu mismo poder de seducción.

Ya sé que otros poetas
se visten de poeta,
van a las oficinas del silencio,
administran los bancos del fulgor,
calculan con esencias
los saldos de sus fondos interiores,
son antorcha de reyes y de dioses
o son lengua de infierno.

Será que tienen alma.
Yo me conformo con tenerte a ti
y con tener conciencia.

 

 

LA NOCHE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAhora la sentimos inagotable
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo un antiguo vino
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy nadie puede contemplarla sin vértigo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el tiempo la ha cargado de eternidad.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJorge Luis Borges

Con sus conspiraciones,
con los sueños que nunca se recuerdan
y con los recordados,
con el insomnio de las cañerías,
con la inquietud que tiembla un segundo después
del aullido de un lobo
o el aviso alrmado de los perros,
con la sombra que cruza por el jardín vacío,
con la luna maldita, con el amor, los hombres
levantaron la noche.

Con las ventanas de los rascacielos,
con la oración del monje,
con la ropa cansada de la puta,
con la orquesta de jazz en aquel sótano
de la ciudad dormida,
con el postigo en la tormenta,
con los versos de Borges
y con las confesiones del borracho,
con la luna de junio, con el odio,
levantaron la noche.

Y también con la Estrella Polar sobre los barcos,
con las meditaciones del filósofo,
con las tribus sentadas a la hoguera,
con la perversidad del confidente,
y con el tiempo detenido
en el primer abrazo, en las primeras lágrimas,
en los primeros nombres del interrogatorio,
con la luz amarilla,
con el silencio de los hospitales, levantaron la noche.

También con tu desnudo. Esta definitiva
perfección de la noche en tu desnudo
me confirma la frágil certeza del destino,
pues toda la intención del universo
fue llamarnos aquí.
En una noche blanca están todas las noches
y el tiempo inevitable ha sucedido
para dejar tu sueño en esta cama
y para que yo vea en tus ojos el fuego
de una noche infinita.

 

 

LA POESÍA

La poesía es inútil, sólo sirve
para cortarle la cabeza a un rey
o para seducir a una muchacha.

Quizás sirve también,
si es que el agua es la muerte,
para rayar el agua con un sueño.
Y si el tiempo le otorga su única materia,
posiblemente sirva de navaja,
porque es mejor un corte limpio
cuando abrimos la piel de la memoria.
Con un cristal partido,
el deseo
hace heridas más sucias.

La poesía eres tú
un corte limpio,
una raya en el agua
-si es que el agua es razón de la existencia-,

la mujer que se deja seducir
para cortarle la cabeza a un rey.

 

 

García Montero, Luis. Completamente viernes. Barcelona; Ed. Tusquets, 1998.

 

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