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DONDE ACABA EL HORIZONTE…Y UN POEMA
SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA,
Alguien muy oscuro tira una línea
De plata paralela a un horizonte
Cuajado de boria y lejanas chalupas
Semejantes a puntos suspensivos.
Una línea de plata profunda
Como el color de sus ojos arrasados
Por el viento. Una línea, alguien…
Toda la soledad del mundo
En esa mirada que apenas sostiene.
SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA,
Alguien, un hombre en solitario, es, nunca una estatua
–Aunque lo parezca a lo largo de las horas por venir
Y a juzgar por el peso de su barba–, y, siempre, siempre,
–Aunque no se llame Job, ni semejante o así–
El perfil de la palabra paciencia.
SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA,
Un hombre, ya sin rostro apenas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQue añadir al paisaje
Indaga en el agua, –como un ángel de piedra–,
La inmersión de la luz del crepúsculo
En el blando corazón algológico
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe una muy seria marea.
Su profunda, imposible y submarina belleza.
SENTADO EN EL MUELLE DE LA BAHÍA,
Un hombre con ademán sediento –como de arena–
Sueña que se bebe todo el mar de pronto y canta.
Como un dios oscuro de norays, canta
El cruce casi ebúrneo y copulativo del pico de sal
De una gaviota con el infinito.
COMO LA VOZ SORDA DEL VIENTO Y SU MEMORIA –siempre a temer en cuenta–:
El agua fría y fatal de la noche que se extiende a perpetuidad,
Tiene filos donde herirse seriamente si en ella entra el hombre
Con ojos de estatuay números quebrados.
El agua, sí, el agua oscura y maldita
De los condenados al marfil de los tiburones.
El agua traidora que se aquieta bajo la luna para que se confíen
Los barcos que serán naufragio pasado mañana.
El agua mala de una ciudad fantasma.
Y…temblando, ya definitivamente sobre el papel, un poema.
Marín Albalate, Antonio. Donde acaba el horizonte…y un poema. Murcia; Ed. Nausícaä, 1999.
UN MAL DÍA LO TIENE CUALQUIERA
Un mal día lo tiene cualquiera,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs cierto.
Lo triste es que, luego, vengan los demás,
–Haciéndolo suyo–, a contarlo por ti.
Marín Albalate, Antonio. Un mal día lo tiene cualquiera. Salamanca; Ed. lf ediciones & el sornabique, 1999.
LA MEMORIA DEL VIENTO
EN TANTO NO LLEGAN MIS LABIOS A TU BOCA
Derramando agua de fuego,
Mi corazón (caballo loco) cabalga
Como un sioux desesperado.
PORQUE TE QUIERO
Te entrego la noche de plata
De mi pelo.
xxxxxxxxxxxY con un beso
La luna exacta de mi alma.
Y mi sombrero.
DESPIERTO AMOR BAJO LA PIEL ARDIENDO
No un sueño.
Real,
xxxxxComo el incendio de una rosa en la noche,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTu cuerpo.
ENERO Y FEBRERO
Escucha, amor, el largo gemido
De los tigres en las azoteas.
Esta hora del viento negro
Mordiendo el corazón del invierno.
Marín Albalate, Antonio. La memoria del viento. Madrid; Ed. Huerga y Fierro, 1998.
ESCALERA DE PALABRAS PARA BAJAR
COSTUMBRES
Nada nuevo,
Satisfecho ya el instinto animal
De quienes se amaron en esa habitación.
La mujer que habitó, desnuda y soluble,
La cama (ahora deshecha), duerme,
Como una bestia dulce, cubierta de amor.
Lejos de ella,
Un hombre escribe
Acerca de lo efímero de la dicha
Que ha creído alcanzar.
ESCALERA DE PALABRAS PARA BAJAR
Ni amor,
xxxxxxxxNi ternura,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxNi belleza,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNi morbo.
Ni pasión,
xxxxxxxxxNi deseo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxNi aventura,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNi besos
Rabiosos,
xxxxxxxxxNi números obscenos.
Nada.
xxxxxxNada.
xxxxxxxxxxxxNada,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxSin
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSexo.
PLAZA CASTELLINI
El paso de luz de un pie púber.
Ese golpe de belleza en su mirada.
Perfil de invierno en la palabra pull-over.
Palomas en la plaza.
UN DESTINO
De nada sirve huir del mar muerto de un espejo.
Ese es tu rostro.
xxxxxxxxxxxxxxxEse tu cuerpo.
Acéptalo así o zambúllete ciego en sus aguas
De dudosa geometría
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY algología quebrada,
Para romperte infeliz contra tu propia imagen
Como un kamikace.
Marín Albalate, Antonio. Escalera de palabras para bajar. Cartagena; Fundación Emma Egea, 1998.
OPÚSCULO
SINTIENDO EL TORCIDO BESO DE LA TARDE SOBRE EL ROSTRO DEL ABANDONO
Qué triste es estar solo, hija mía.
Oblicuamente solo.
A FAVOR Y EN CONTRA
A favor
Las horas por venir.
En contra
Este minuto tan triste.
SI NO FUERA
Si no fuera por ti, hija mía,
El mundo sería una bola loca
En mis manos de asesino.
VENTANA TRISTE DE OTOÑO
Pegada a un cristal,
Una mujer llorando,
Es siempre un planeta
Deshabitado.
TRISTE COMO LOS OJOS DE TU MADRE BRILLANDO EN LA OSCURIDAD DE UN CUARTO CERRADO
Cae una lluvia muy triste
Densa y amarga como los ojos de tu madre
Brillando en la oscuridad de un cuarto cerrado.
Sí.
Cae una lluvia muy triste.
Parece que fuera otoño en toda la tierra,
Hija mía.
LLUVIA EN LA TARDE
De nuevo la lluvia en la tarde,
La desolación de un cuerpo.
El lento hundimiento
De un corazón de piedra.
Marín Albalate, Antonio. Opúsculo. Málaga; Vizland&Palmart, 1996.
HASTA ENCONTRARME A MÍ
POEMA INFLAMABLE
Por toda la gran soledad
De los poetas universales:
Hoy pronuncio mi verso
Hacia el aire en combustión,
Con una cerilla encendida.
SUEÑO
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPregunté al mar si podía comérmelo,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy el mar me dijo que podía.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGregory Corso
Blandamente, bajo la sombra
De un mar sin aristas,
Los ahogados duermen.
CALLE CONDE DE ASALTO
En el corazón de la noche.
Allí tú.
Esperando, como Penélope,
A Ulises,
Para librar la más hermosa
De las batallas.
SOLITARIO DE AMOR ALCANZANDO EL DURO OBJETO DE PLACER
Miro, amor, esa tu fotografía, bella y magnífica,
Con tanto acierto colgada en la pared:
Y ya mis ojos febriles y delirantes,
Adelantan el inmediato acontecimiento
De una mano silenciosa y tensa,
Con cinco dedos como cinco días,
Alcanzando el duro objeto del placer.
Marín Albalate, Antonio. Hasta encontrarme a mí. Burgos; Ed. Estío, 1996.
ESTACIÓN DE LA NIEVE
COMO UNA CAJA DE MÚSICA Y PLOMO
Con la insistencia del agua
En la piedra que se tuerce
Como una caja de música
Y plomo:
En el seno de la nieve
Y muy sombrío
Mi corazón desierto,
Espera.
TAL VEZ EL DESIERTO
Un perro solo en la nieve.
Un minuto de miedo.
Una mujer. Ese silencio.
Tal vez el desierto.
MUSCULATURA DE LA NIEVE
Sobre mis tristes hombros,
Fibra o pájaro de nieve,
Tu mirada lejana y dura.
NOCTURNO PÁJARO DE NIEVE
Nocturno pájaro de nieve:
Helará mi desierto corazón
Tu sexo cerrado y frío.
ESTACIÓN DE LA NIEVE
Lento, frío y lejano.
Ya sin Norte y duro
Bajo una luna grande,
Lobo solo al fin:
Morderé la nieve.
Marín Albalate, Antonio. Estación de la nieve. Salamanca; Asociación Cultural ‘El sornabique’, 1996.
LA PELIGROSA MAGIA DE LAS NÍNFULAS
CAPERUCITA Y EL LOBO
Dice el muy ladino, saliendo a su encuentro:
«Quererte a ti es una perversidad
Que el cielo y tu abuela no perdonan.»
Y Dios lo condena al castigo de contemplar
En silencio el paso de luz de tan delicado pie.
ELLAS Y ÉL
Como tiernas aves fulgentes de oro,
Salen a la tarde.
Adoran el polvo de la calle,
Y los bichitos,
Cuando el verano
Tiende en los portales
Su alfombra de sombra.
Se mueven transparentes
Sobre veloces bicicletas.
Son tan bellas como las paredes
En donde escriben sus nombres.
Hay en sus miradas, casi adultas,
Cierta soterrada perversión,
Provocando sorprendentes incendios
Cuando afloran a la luz.
Curiosamente se parecen mucho entre ellas.
Él, se masturba mirándolas.
SUBLIME ESTAMPA CONTEMPLADA DESDE LEJOS
Como sirenas de un mar prohibido:
Ellas.
PRONÓSTICO GRAVE
Finalmente
Y ya en mi habitación,
Llega la paz a mi pluma
Flotando aún en mi alma
El perfume que a su paso
Dejaron las escolares.
(Ay, el brillo de esas miradas).
No sé por qué, sospecho que estoy
Gravemente enfermo de claridad.
Marín Albalate, Antonio. La peligrosa magia de las nínfulas. Sevilla; Ed. Italica, 1995.
IN MEMORIAM
SOLITARIA NAVE EN OTOÑO
Habrá que hablar de este otoño
Que se nos viene encima
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPadre
De su lento silencio de hojas muertas
De su tristeza navegable para esta solitaria nave
En la que naufragamos
De ese cansancio gris de la memoria
Con el que nos abandonamos algunas tardes
Sí, habrá que hablar de este otoño padre mío
Decir cómo duele tanta soledad quieta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsta casa
Tanxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvacía
Marín Albalate, Antonio. In memoriam. Edición no venal; Fuente Álamo, 1991.
LAS AVENTURAS DE IMPERIO SEVILLA
NO ESTÁS MUERTO, es hibernación,
sólo vives más despacio
en un letargo económico y sin dolor,
latiendo inconsciente,
ignorando si llegará la primavera antes
de que se agoten tus reservas,
soñando mil veces que despiertas
en ferias y romerías…
Aunque pisar una vez más un callejón umbrío con adoquines
y reconocer una brisilla de azahar
te bastaría.
VIENE EL DESHIELO y ya no hace frío,
quisiera desnudarme y ser detenido por puro,
quisiera ver la tierra que se esconde debajo de las calles
y coronarme con una escupidera.
Por favor, no me cortéis el cordón de colores,
estoy naciendo.
xx–NO PICTURES!, no pictures!, they may call the police! –Decía asustado el barquero. No te preocupes, no tengo que hacer fotos, esto no se me va del disco duro; los cuerpos envueltos en telas brillantes se sumergen en el agua enlodada y después a la pira, los calcetines humean, los pelos crepitan, pero lo primero y lo último que no olvido es esa manita retorcida y chamuscada, el brazo flexionado hasta lo imposible como una alita de pollo chamuscada olvidada en una esquina de la barbacoa, y ese humo, ese humo… Burning is learning, dicen ellos, que en sánscrito significa que en la quema está la lección. Es el olor de las fatiguitas de la muerte.
xxTODO ESTE CALDO SAGRADO del Ganges sólo pudo ser un despiste del nabo negro de Shiva, ese viejo colgado golfeando por las galaxias; vacas a la deriva veloz con el vientre hinchado como un globo blanco, hombres bañándose y lavándose los dientes en las aguas donde se arrojan los bebés atados a piedras. Allí remolinean los rescoldos humanos y los collares de flores naranjas se retuercen como serpientes, y al atardecer se alejan con la corriente esas velitas navegantes que tanto gustan a los turistas… Y aún adoran su lingam con devoción.
xxMIS HIJOS NO PUDIERON VENIR porque su madre le temía a la pobreza, a la enfermedad y la muerte. Como Sidharta mis hijos son los príncipes a los que querían proteger dentro del palacio de la falsa delicia. Algún día verán que no hay cimiento, ni refugio, ni asidero, sólo un inmenso océano de colores hermosos y sufrimiento. Yo perdí dos billetes de avión, ellos se ahorraron una diarrea y la gran aventura de la realidad.
CIUDADANO NADIE
xxPor Moguer, por Caracas, por Bangkok, por Triana o por Dublín se cruzan los desconocidos distraídamente, y nadie sabe que este cuerpo no es mío ni va a ningún sitio. Es muy fácil, aunque seas extraterrestre, pasar por ciudadano, sólo hay que vestir como todos, caminar con cierta urgencia, sin sonreír, sin mirar fijamente a nadie.
xxEs muy fácil ser ciudadano si no tienes hambre, si no te caes al suelo.
FERNANDO DE HERRERA LE ESCRIBE
A LA DUQUESA DE GELVES SOBRE
EL FUEGO SANTO
Aún más aquí en la India
debo estar loco y gilipollas perdío
por creer que eres mía,
pero a nadie hago daño
si me mantengo en que soy tuyo,
tan noble, tan naturalmente,
que no podría ser de otra manera,
y perdóneme.
YO, QUE LO HE OLVIDADO TODO,
yo, que he cometido todos los errores,
yo, que ni siquiera soy yo,
irónicamente, al final,
trabajo enseñando a mis alumnos el volar perfecto,
algo que nunca he dejado de hacer.
Macías Díaz, Daniel. Las aventuras de Imperio Sevilla. Tenerife; Ed. Baile del sol, 2007.
NUBLADO
xxTenía razón el maestro cuando decía que la música es una estilización de no se sabe muy bien qué y que uno no está para estilizaciones. ¿De qué me sirve que esté sonando –cómo se llama…un momento…¡ah, sí!– Nithin Sawhney? Podría coger las trece letras del nombre del grupo, que ni siquiera ella estaba segura de que ése fuera el nombre auténtico cuando me regaló la cinta (sin los títulos de las canciones, claro), y lanzarlas al aire como las trece mazas de un malabarista para dejar que cayeran al suelo; todas menos una, dejar una n, nasal y nueva; una n, punto. Una letra, una n, puede ser el resumen de una vida, firmar sólo con una n no es reduccionismo. ¡Cuánto universo cabe en la n! En la n cabe la timidez, cabe el mundo, el miedo, la mujer. Aunque a veces no aparezca en la grafía de las palabras, la n está ahí, subterráneamente, invitándonos a los pasadizos secretos, escabrosos, deliciosos, de la realidad; reinventando un mundo; dándonos a conocer a la mujer.
xxLa mujer, quiero decir: ese miedo irracional que a veces inspira, como si en mitad de una guerra un hombre se adentrara en territorio enemigo; pero una guerra totalmente distinta, a años luz, de las que llevan organizando los hombres desde abtes incluso del origen de la memoria, y sin la sangre que nos lleva manchando las manos, el sexo y las ideas desde la primera vez que nos supimos hombre y mujer.
xxUna vez en ese territorio, enemigo por desconocido, uno tiene la obligación –o casi– de desaprenderse, de olvidar todo el peso que ha ido recogiendo de colegios, institutos, antiguas amantes, universidades e incluso de la propia familia; uno tiene la obligación de desnudarse –incluso metafóricamente– y casi dejarse hacer daño. La selva –lo natural (y no hay nada más natural, más selvático, que otro cuerpo desnudo)– nos hace daño a los que estamos tan acostumbrados a la ciudad, a sus usos políticamente correctos.
xxAunque toda moneda tiene dos caras y uno quemaría sin piedad el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua por no tropezarse con el significado de la palabra solo, ahora que aún llueve (lleva lloviendo más de veinte horas, y en días así duele) y recuerdo que ella se llevó anoche sus medias de rejilla. Quiero decir, que la memoria, sin asideros materiales siempre acaba por dar un salto suicida al vacío y que aún sigan sonando Nithin Sawhney (realmente ¿se llamarán así?) no me ayuda a recordarla. Uno, lo repito, no está para estilizaciones; preferiría sus medias, concretas, tangibles.
xxAfuera sigue lloviendo.
Castilla, Héctor. Inédito.
LOS MUNDOS CONTRARIOS
CUESTIONES APLAZADAS
Habré de escribir un día
cómo el hombre aprende a amar,
a tientas probablemente.
De qué delito está hecho un cuerpo,
de qué estridencia viene,
de qué penumbra se hizo eco
para estar aquí,
y mantiene el equilibrio,
se hace viejo mirándose las manos,
y aprende de la sed y de la nieve,
igual que el pájaro.
Habré de escribir un día
a qué obedece esta sospecha anticipada,
a quién sirven mis dos ojos abiertos,
cómo nació la luz de una impaciencia,
o del saqueo de una estrella,
y de cómo se llenó la tierra
de párpados y de ventanas
aprendiendo a hacerse noche.
Habré de escribir un día
lo que ven los ciegos
en su lumbre blanca.
Qué moja el mar
a la altura de mis pasos,
a dónde va esa mercancía,
el eco de mi altura hecho de huellas,
la razón del peso de los hombres.
Habré de escribir un día,
quizá más tarde,
de la sagrada aspiración de un dios
a ser dios sólo.
También de aquellos
que ya no esperan nada
y alguna vez fuimos nosotros.
O de esos que distinguen
entre orden y deseo
y nunca desbaratan sus pasiones.
Habré de escribir un día
del piano envenenado por la música,
de los niños afilando sus garras en el miedo,
de bocas sujetando el mediodía,
de aquello que creímos ser
en frías azoteas con luna de cerveza
y ya nunca será igual.
Habré de escribirte un día todo esto.
¿Pero quién sobrevivirá a quién?
FICCIONES
El ojo miente.
La noche no es la noche,
sino un relámpago lanzado contra el pecho,
–entrad sin miedo–,
un corazón con leve cólera prendido.
Puede que la noche no sea cierta,
casa lenta, ventana sin paisaje, todo ruido,
pero existe en cada uno de nosotros
y guarda
todo aquello que fue el hombre
antes de ser sombra arrojada,
antes de ser raza apoyada sobre el frío.
Oscura minería.
Miente el ojo,
y todo lo que ves cuando la luz se extingue
es el teatro indiferente de lo ido.
La noche, vieja amiga, es un país vacante
y sólo un hombre solo la apacigua.
SECRETO
xxQué sabe nadie de esta fiebre mercenaria. Sólo en tu fondo suena la clave del secreto, en tu estruendo inesperado. A tus pies apoya el tiempo su triunfo de cadáver, pero nada puede con tu edad. Llevas en las manos una sed furtiva, impronunciable, una suicida impaciencia. En el pecho un oleaje de tristezas no iniciadas y un furor de nombres que sólo en tu abrazo hallan la forma.
xxTienes la venganza a punto, abierto el sexo contra el alba, y ríes como quien dice la verdad, o como quien busca con la lengua una carne que es la mía, o como quien abre la mansión de la penumbra a mayor gloria del exceso, de todos los excesos.
xxVives el conjuro del instante, mi turbia amiga inesperada, propagando un fuego y un atardecer. Vives vengando a los muertos prematuros, apartando el frío, a partir del sexo, con una trashumante propensión a los néctares prohibidos, al trémulo sudor de las raíces, al zumo bullicioso de los bosques, al agrio talismán de los laboratorios.
xxJunto a ti pasé el delirio de cierta noche sin testigos. Y de tu espalda, y de tu aullido, y de tu desvanecida música si duermes llegó hasta mí esa vainilla de alegría, esa gota que unge, huésped del sobresalto, el vals menesteroso de lo aún por suceder.
OSCURA FLOR
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBillie Holiday
xxTe he oído cruzar este sur indeciso de la noche, hasta perderte. Ibas segando hogueras, con la risa cincelando los vitrales de lo oscuro, inapresable, jamás vencida, con apetito de cuerpo y desvarío. El mundo era muy poco. Destilaban las copas su ebrio don mestizo. Y la teoría más alta era el exilio, la ciencia más exacta una trompeta entre el humo encarcelada, la savia del misterio: el vuelo sin cercados del ave migratoria…, todo aquello que escapa por el aire maltratado y se hace luz, o muerte, o labio compartido en su abandono. De ti salía un llanto sin rodeo, una aurora de luto, una flor de ginebra asesinada. Qué difunta pureza por tu voz de estrépito y salmuera. Qué inconsolable carbón en tu estrofa insomne, pero qué limpio azufre tu ternura, qué cicatriz el canto, hemisferio de asombro, soplo único, negra rosa de vapor colgando de una solfa.
xxEras tú en el rasguño de la madrugada apurando un láudano de sombras, y cómo gemían los muertos de amor por tu garganta, y qué puntual la extremaunción de la derrota.
Lucas, Antonio. Los mundos contrarios. Madrid; Ed. Visor, 2009.
LAS MÁSCARAS
AUTORRETRATO II
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn mi fin está mi fin está mi principio
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxT. S. Eliot
En la eléctrica zona de tu sueño,
donde ondula la noche su sonido,
todo llanto es un tiempo confundido,
toda fiebre un encaje de beleño.
En la esquina nimbada de tu muerte,
donde arde en la tiniebla el agua oscura,
oirás entre los perros de tu suerte
el ebrio festival de la locura.
Entonces ya sabrás que fuimos uno,
la misma sombra abierta a igual abismo.
La misma noche par sin argumento.
La noche que no sabe de ninguno.
La noche donde yo no soy yo mismo:
la noche desahuciada y sin acento.
EL HUMO DE LA AUSENCIA
Más al fondo de los ojos, más adentro,
allí donde reside la verdad de los naufragios,
allí donde das cuerpo a la danza del silencio
(de todos los silencios),
he visto doblemente mi nombre y sus disfraces,
tu agua originaria,
tu vientre hecho de ritmos y túnel de mañanas
y ángeles frotados.
Ahora que no estás sé que existes por completo,
que llegaste a mi sangre (puesta en pie)
y los sueños tomaron medida de tu ausencia,
y todos los fuegos el fuego
y en tu dominio noche abstracta se hizo el día
con aspas de luz enamorada, con orillas de cauces doloridos:
eres hebra de mar sin saberlo, forma en delirio.
Mírame, el mundo está vacío,
ese alto fuego en que fundé el fervor de la pureza (eso creo),
y aquella paloma rota, tal sacrificio oscuro
donde abracé la virtud de un viaje entre sombras,
donde en las manos cayeron fragmentos de cielo,
delicados aludes de jardines antiguos.
Y la vida es un hueco donde te hallé bailando
con transparentes brazos, con pies de lentitudes,
sin más ciencia que el cuerpo en extravío
atizando el ansia y sus yeguas secretas,
sus líquidos palacios de miedo.
Fue en mi cueva de nieve de deseos,
en mis sienes de plata estremecida.
Si toco tu recuerdo soy su espuma.
Si vivo en tu recuerdo ya no existo.
Qué pureza entonces si te viese;
qué infinita madrugada saber que volverás
a ser rubí caliente de esa playa;
saber que volverás a ser raíz del humo de la ausencia.
Lucas, Antonio. Las máscaras. Barcelona; Ed. DVD, 2004.