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Archive for 30 abril 2013

MÁS CENSURA EN VALENCIA

No más censura

 

Ayer lunes aparecía en la página de facebook de Juan Perro el siguiente comunicado:

 

“El concierto de Juan Perro & La Zarabanda inicialmente programado para el día 4 de julio en los Jardines de Viveros de Valencia ha sido repentinamente cancelado, después de meses de estar acordada la fecha con un equipo de trabajo extenso y de complicada agenda, por decisión del responsable de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de dicha ciudad, sin otra justificación que la de “contratar a otros artistas más afines”, según la explicación que nos ha hecho llegar el programador. Si la afinidad se entiende en el sentido de cercanía política (así se nos ha sugerido), estamos ante un feo gesto de caciquismo autoritario, uno más de los muchos que vienen aguantando nuestros amigos de la comunidad levantina. Si se trata de afinidad del gusto musical, quizá el responsable en cuestión debiera contar con algún criterio más allá de su gusto propio. Estas maneras indican, en cualquier caso, una falta de formalidad y de respeto que no casa con la educación cívica y musical de los valencianos. No creeemos que los compañeros contratados en nuestro lugar se vayan a sentir cómodos con la referida “afinidad”, sea cual sea. En todo caso, la cultura española va a seguir enfrentada a un horizonte más bien oscuro mientras siga sometida a este tipo de decisiones. ¿Qué sería de ella si todos sus gestores procedieran del mismo modo? Feliz verano para nuestro querido público de la Ciudad de las Flores. Otra vez será.”

 

Y se siguen retratando ellos solos. Yo prefiero no decir nada, que luego ya se sabe: aunque ‘dicen que dice la ley que somos iguales’ las consecuencias no son las mismas para todos.

 

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LUIGI PREITI

Luigi Preiti

 

La persona más importante de la foto es exactamente la que no aparece. Abajo, justo en el centro de la foto pueden ver a un hombre en cuclillas. Ese hombre está esposando a Luigi Preiti. Busquen, si quieren, en internet el porqué.

Me dirán que esa es la última opción, que si patatín, que si patatán. Vale, lo acepto de antemano. Pero no me pidan que suelta una sola lágrima cuando el que lo intente lo consiga, se lo están buscando a pulso.

 

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ALFABETO

Otra vez casi una semana encerrado en casa por culpa de una puñetera infección que me tiene con antibióticos y opiáceos. Espero poder volver salir a la calle mañana otra vez.

Para terminar la semana, dejo un homenaje al alfabeto/ la imagen de una lucha que no deberíamos abandonar nunca.

 

Alfabeto

 

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LAS CARTAS MARCADAS

Sigo repasando mi biblioteca y llego al primer libro de Eduardo García.

A este brasileño afincado en España desde su niñez le perdí la pista durante una temporada y cuando volví a localizarlo ya no tenía posibilidad de hacerme con sus siguientes libros (pero lo intentaré en cuanto pueda, ténganlo por seguro). Lo cierto es que no recuerdo si el libro me lo compré o me lo regalaron, pero ha sido un libro que siempre me ha dado gusto leer tanto por los juegos que propone como por lo que ya apuntaba su autor en esta su ópera prima.

 

Eduardo García

 

Dejo aquí algunos poemas del libro.

 

 

EL TAHUR

Yo, Eduardo García, propietario
de una cuenta corriente respetable-
mente breve y algunos fotogramas,
de oxidados tesoros y escondrijos
dulces como la piel que nos rehuye,
o secretos a voces y catástrofes
humildes como un vaso que se rompe,
y un enigma que estoy por descubrir,
y un niño al que traiciono y que se ríe
de esa mi seriedad de maletín
con que juego a emprender estupideces;
yo, insisto, dudoso espectador
de algún escaso fuego de artificio,
tomé la alternativa como todos
y exploré las alcobas y los nichos,
los ritos funerarios de los bares,
el incipiente vello y el experto.
Sospecho ahora, en medio del camino,
que no he parendido nada del dolor
y que a nada conduce aquella sed
profundad de verdad sin condiciones,
dolencia estéril que la edad desmiente
y la bisutería del amor.

 

 

 

INCIDENTE

En esta gris ciudad desangelada
aún ocurre a veces. Ten cuidado
si bajas a comprar tus cigarrillos,
si paseas sin prisa tu desgana,
si llegas con retraso a la oficina
y no se enciende nunca ese semáforo,

un ángel con tacones y ojos fríos,
su sonrisa para otro, el vuelo de esa falda
que nunca se alza más de lo decente,
una boca pintada que pregunta
dónde queda el edén, si no es molestia,

pueden dejarte seco y sin recursos,
barajar de otro modo tu deseo,
arruinarte la vida unos instantes
o elevarte sin más a las alturas,
trastornándote el juicio y para qué.

Un idilio tan breve es una ganga.
Aunque sea el desdén su triste precio.

 

 

 

NO VUELVAS A MIRARME DE ESE MODO

No vuelvas a mirarme de ese modo.
Tengo una agenda llena de fantasmas,
una pila de libros amarillos
que silencian el ruido de la calle,
un corazón vencido que bosteza
y esta inútil pasión de pulir versos.

Reconozco el cianuro en tus promesas.
Aquí, mis cosas, yo y algún recuerdo
llevamos una vida sin conflictos.
No hay sitio para dos en esta casa.
No vengas a estorbar mi paz o juro
no poder contenerme y arruinar
el precario equilibrio en que me alojo,
la tregua que pacté y que vence ahora.

 

 

 

CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

Va siendo hora ya de que aclaremos
algunas pequeñeces importantes.
Detesto me despierten bruscamente.
Adoro sin medida tu contacto.
Podríamos llegar a algún acuerdo.
Arrojémoslo todo por la borda:
tu oficina, mis clases, los relojes,
su rencor, su codicia de las horas.

 

 

 

APARICIÓN

No hagamos más tragedias
que las estrictamente imprescindibles.

La vi. Es cierto. Fue un instante. Nada
más que una ilustración decolorida.
Un cuerpo que recuerda a otro cuerpo
que supo estremecerme
o acaso no existió o fue mentira.

Después de tanta angustia es una lástima.
Podría haberme dado un buen poema.

 

 

 

DESENGAÑO DE LOS AMIGOS

Uno se empeña siempre en defenderlos:
sus fugas sin motivo, su memoria
escasa para la hora de la cita,
la palabra infeliz que nos arrojan
con el gesto de un niño sorprendido.

Así que nos armamos de valor,
de paciencia sin límites, de olvido,
conscientes de las propias deslealtades,
minucias que nos duelen y es mejor callar.

Pues nos sabemos frágiles hacemos
que no nos enteramos, que es mentira.
Por eso vienen a beberse el whisky,
ensucian el parqué con su ceniza,
se comen nuestra cena y se molestan
si tardamos lavándoles los platos.

Compañeros de copa y confidencia,
hurgan la intimidad con manos torpes,
nos complican la vida y amenazan
con partirnos el alma cuando sufren.
–En su fragilidad reconocemos
nuestro propio dolor desfigurado.

Cada cual en sus trece y la casa por barrer,
los amigos del alma:
esos desconocidos que fingen comprendernos.

 

 

 

CESE DE HOSTILIDADES

¿Cómo reconciliarse con el mundo
si es tan necio, veleta, tarambana,
que es capaz de albergar al mismo tiempo
el Taj Mahal, los campos de exterminio,
la mezquindad, tu risa, la traición,
los libros, la ignorancia, un cuerpo que fascina,
el carbón y la sal, los muros y el espacio,
el cáncer y las playas tropicales?

Y sin embargo, y no obstante, y pese a todo,
acudimos al día como quien va a una cita
con una vieja amante casquivana,
la sonrisa planchada y el pañuelo
en el bolsillo izquierdo, feil, solícito,
y hacemos el amor sin credenciales,
o escribimos poemas que interpretan
la vida a su manera,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxcomo si ésta
hubiera de aguardarnos a la vuelta
de la esquina, con su traje de novia
y su ramo de flores
funerarias.

 

 

 

PARADOJA DEL TAHUR

Yo deseaba ser aquel que soy.
Ahora quisiera ser quien me soñaba.
Daría estos renglones sin dudarlo
por recobrar las vidas que perdí.

 

 

García, Eduardo. Las cartas marcadas. Madrid; Ed. Libertarias, 1995.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (VI)

abril 26, 2013 1 comentario

Ayer llegó Pepo a Murcia, donde tenía que hacer un reportaje, y como las cosas están como están le sugerimos que se podía quedar en casa y así se ahorraba el hotel. Lo hizo. Y a mí me regaló los libros que pueden ver en la imagen (algunos de ellos son auténticas joyas de coleccionista, como el libro de Richard Aldington).

Y creo que mi biblioteca personal ha aumentado varios enteros (hablo de calidad, por supuesto).

Comentaré algo sobre ellos próximamente, en cuanto los lea y los digiera mínimamente.

 

Bartleby

 

Pepo: gracias.

 

FIESTA DE LETRAS DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA

Hoy se celebra la Fiesta de Letras en la universidad de Murcia. Esta es mi manera de celebrar la fiesta en cuestión.

 

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ISLAS A LA DERIVA (y III)

José Emilio Pacheco'

 

VIDA DE LAS HORMIGAS

De niño descubrió en El tesoro de la juventud instrucciones para construir un formicario. Lo hizo y pasó las tardes de muchos años observando en corte transversal las vida de las hormigas. Fue un gran entretenimiento que aguzó su inteligencia. Hoy es jefe de “inteligencia”. Conoce todos los secretos, lee todas las cartas, escucha todas las conversaciones telefónicas. Para él la ciudad es un formicario. Puede aplastar a todos como hormigas.

 

 

 

CARNADA

Pasamos la vida llevando a cuestas un desconocido: nuestro cuerpo. Tomamos la parte por el todo y de él sólo conocemos la superficie, el revestimiento.
xxEl verdadero cuerpo está por dentro, invisible. No adquirimos conciencia de su estar hasta que la enfermedad nos obliga a percibirlo. Antes nadie se imagina el corazón, el cerebro, los pulmones, el páncreas… secretas maquinarias que lo sostienen en vida y de cuyo arbitrio depende tanto como del azar exterior. Toda esa ordenación sin reposo será al final carne de la nada, carnada de la muerte.

 

 

 

OBRA MAESTRA

Cuántos adjetivos podría acumular mi orgullo ante la obra maestra recién salida de mis manos: tersa irisada plena perfecta incomparable, avanza por el aire hasta chocar con invisibles arrecifes y hacerse añicos de nada. Tal es la historia crítica, el génesis y el apocalipsis de la pompa de jabón que, tras varias décadas de intento y error, fue mi única e irrepetible obra maestra.

 

 

 

AMISTAD

Hay viejas amistades parecidas al odio. Nos conocemos y nos reflejamos. Cada uno descubre los móviles del otro. Ya no podemos engañarnos con desplantes o subterfugios. Mutuamente nos hemos vuelto incómodos testigos. Odiamos sabernos proyectos que no se cumplieron, realidades que contrarían lo que esperábamos de nosotros mismos.
xxReunirnos todos los días en el café se ha vuelto una obligación mecánica. Nada queda del afecto y la alegría compartida de los antiguos años. A la menor oportunidad sacamos las garras: módicos tigres condenados a dar vueltas en el mismo foso del zoológico hasta que se mueran de viejos o en un instante de sinceridad se entredevoren.

 

 

 

EL LÁPIZ

Madera y grafito se unen en el lápiz para inmolarse a medida que producen palabras, rasgos, números, líneas. El lápiz se gasta como quien lo maneja. Muere al dar vida a sus trazos y al segregarlos se prolonga en ellos (también son efímeros como el viento en la arena o la lluvia en el agua).
xxPor su lengua habla la naturaleza vencida. Árbol que acaban de talar, las mondaduras huelen a bosque. Para ser lápiz, a fuerza de ser lápiz, se despoja de las materias que sostienen su condición de lápiz. Incluye en latencia todas las posibilidades expresivas de la mente y la mano. Pero, inseguro, lleva su antítesis en el otro extremo: la goma. Lo que escribimos resulta provisional como lo que hace el lápiz. El signo de las cosas es gastarse.

 

 

 

EL AÑO QUE ENTRA

El año que entra no toca a la puerta, no saluda, nos mira con la arrogancia de quien nos tiene en sus manos. Se burla de nuestros intentos de cautivarlo, como pulverizará los buenos propósitos. Disfruta de su poder, lo sabe efímero, conoce las desgracias que repartirá sin equidad como siempre.
xxEn su jurisdicción de vida y muerte el año que entra arrasará con todo, sin dejar ni siquiera una flor seca para el sentimentalismo del recuerdo. Atropella con soberbia de vencedor la frágil dignidad de quienes lo inventamos y le erigimos un adoratorio.

 

 

 

CUENTO DE HADAS

Pobres y planas las invenciones novelísticas ante aquellas noches en que la abuela te adormecía narrándote cuentos. Transformaban en calidoscopio el agrio túnel de este mundo y la pena de ser niño en morada de todos los prodigios. Madeja de historias falsas para proteger de la vida al indefenso, ponerlo precariamente a salvo de cuanto se le espera a cada uno.
xxO fue al revés: modo sabio, sutil, tribal y ya perdido de prepararlo –mediante la poesía sin conciencia de serlo– al paso por la selva carnívora, el viaje en el barco de los locos y la lucha con monstruos y dragones. Pero también de alistarlo para el milagro: las sirenas que brotan de las aguas profundas, las hadas, las princesas, las doncellas de túnica raída pero aún más hermosa que su reina.

 

 

 

EL INFIERNO DEL MAR

Tú también, como todos, lo llamaste espejo de la eternidad, contrario de la tierra, camino que une, abismo que separa. O, si la relación fue más estrecha, te refieres a ella como la mar, agua madre que en su interior gestó a todos los seres. Tu más remoto antepasado estuvo allí como partícula de vida a la que en millones de años crecieron cilios, aletas, brazos, ojos, pulmones, cerebro, pulgar capaz de oponerse a los otros dedos.
xxDesde el promontorio sigues el pastoreo de las olas, sus avances, sus retiradas, las gradaciones de limpidez entre el azul, el verde y la espuma. Si con Eurípides has creído que el mar lava la suciedad del mundo, observa lo que desde esta orilla le arrojamos: plomo, cobre, mercurio, cianuro. Zarpa y verás los grumos de petróleo que han empedrado sus senderos.
xxDurante siglos pudimos injuriarlo y saquear lo que sus olas resguardaban. Hoy al matarlo estamos muriendo. Cuando haya muerto el mar no tendremos oxígeno. Última ironía y regreso a las fuentes, moriremos boqueando, como peces fuera del agua.

 

 

 

EL ÁRBOL

El árbol que en su ostentosa perfección empleó quinientos años para acortar en veinte metros la distancia entre el cielo y la tierra quiere alabanzas. Nos ha dado tanto: oxígeno, frutos, sombra, belleza. Al sentir que nos acercamos piensa uqe hemos venido a elogiar el grosor de su tronco, la textura de sus nudosidades, el virtuosismo estilístico de sus ramas que se extienden en todas direcciones, sin aparente simetría pero con sabio orden interno. Quiere alabanzas. Las merece. ¿Cómo desengañarlo o pedirle perdón antes de abatirlo con nuestra sierra eléctrica?

 

 

 

SEIS AÑOS

Seis años. Unas cuantas palabras. No hacen falta más para explorar este inmenso milímetro de mundo. Playa de oro, viñas de la arena, troncos de la tormenta porosos como un corcho. Mundo sin mí que ahora está conmigo y ofrece al recién llegado el mar que es lo mejor de su casa. Nadie me retiene. Entro en el agua, me sostengo a flote y avanzo. Poder de vida o muerte. Sabor salobre de la dicha. Como un llamado, las grandes olas distantes. Escojo el mundo y nado de regreso. Jamás la tierra volverá a ser tan mía.

 

 

 

JARDÍN DE NIÑOS

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El niño tiene la intuición de que no es preciso formar
una secta aparte o sentirse
superior a los otros para hacer poesía.
La poesía se halla en la lengua,
en su naturaleza misma está inscrita.
Y sus primeras frases son poéticas siempre.
Como un poeta azteca o chino,
el niño de dos años se interroga y pregunta:
–¿Adónde van los días que pasan?

xxxxx16

Recuerdos de la infancia como el eco de un pozo.
Inquietud
de quien surge y destruye todo.
Niño que sin saberlo
quiere rehacer el mundo y, cansado
de exterminar las cosas del viejo orden,
se pone
a esculpir su utopía inconsciente: dibujos
en un cuaderno, trazos geométricos,
ciudad justa, visiones
de alguna tierra inalcanzable.
O, si no puede con el dibujo, trata
de inventar las historias que ajusten los fragmentos
del gran rompecabezas: la realidad.
Y queda al margen
de los actos. Su hacer
se añade al mundo pero no lo transforma.

xxxxx17

Como pedazos de estatuas rotas que desentierran
en los centros ceremoniales
son los juguetes lamentables, las fotos,
los cuadernos casi ilegibles
hallados de repente al limpiar la casa.
Estas ruinas son todo lo que perdura
de la infancia irrestituible. (La estatua
puede recomponerse;
el pasado interno
salidifica a quien se vuelve a mirarlo.)
En los despojos o recuerdos por un instante
el ayer se entreabre y luego
queda cerrado para siempre.

xxxxx18

Ahora en definitiva es otro mundo. Aquellos años
en que irrumpimos sin saber adónde parecen
tan lejanos como el diluvio. No obstante,
prosigue la gran matanza.
Se extiende el hambre.
En el sur de América
hay campos de tortura, inmensas fosas
se abren en nuestra tierra como en Auschwitz.
El tiempo
no pasó en vano.
Se perfecciona el exterminio.
Aunque todo esto
no servirá de mucho
ante el valor humano, frente a la decisión
de alcanzar un futuro.

xxxxx19

Como del fondo sube una burbuja y los peces,
encadenados al acuario, horadan el tedio
en feroces o mansas coreografías, nosotros
estamos ciegos para ver más allá del gran vidrio,
del agua turbia que llamamos el tiempo.
Somos los peces de este ahora, vorazmente transformado
en entonces;
los prisioneros reducidos a soñar un porvenir que otros
muchos soñaron y ya es
nuestro presente miserable.
No puedo dar un paso fuera de mi acuario.
Conozco mis voraces limitaciones.
Falta el oxígeno. Las algas proliferan.
Se adensa el agua.
Hay un escape en algún lado.
Tal vez nos llegará la asfixia, tal vez muramos
sin ver el otro mundo allá afuera.

 

 

Pacheco, José Emilio. Islas a la deriva. Poesía III (1973-1978). Madrid; Ed. Visor, 2011.

 

ISLAS A LA DERIVA (II)

Dejo hoy algunos poemas más del primer libro del mexicano José Emilio Pacheco que ha caído en mis manos.

 

José Emilio Pacheco-

 

BOSQUE DE MARZO

La flor acaba de nacer, la hoja vibra
de juventud en solidario follaje.
Nueva es la tierra y es la misma de entonces.
Aquí tan sólo quien contempla envejece.

 

 

 

EXTRANJEROS

Si te molestan por su acento o atuendo,
por sus términos raros para nombrar
lo que tú llamas con distintas palabras,
emprende un viaje,
no a otro país (ni siquiera hace falta):
a la ciudad más próxima.

Verás como tú también eres extranjero.

 

 

 

“LOS DEMASIADOS LIBROS”

A cambio de las horas que no regresan
se acumulan los libros,
cajas de sueños, esperanzas, cóleras
que (es muy probable)
no leeremos nunca.

Por todas partes libros en desorden,
objetos de ansiedad, mudo reproche
de no haberlos abierto.

Miedo a morirse
sin hojearlos siquiera.

Con qué cinismo,
con cuánta desvergüenza o qué locura,
después de todo esto nos ponemos
a escribir otro libro.

 

 

 

MULTITUDES

Bajo un sol que aparenta comenzar otra edad
obreros, campesinos, pueblo, pueblo,
van ocupando a México. Parece
que es la revolución… No:
son acarreados
que trajo el PRI a aclamar al presidente.

 

 

 

TRES Y CINCO

Todas las tardes a las tres y cinco
llega hasta el patio un pájaro.
¿Qué busca? Nadie lo sabe.
No alimento: rehúsa
cualquier migaja.
Ni apareamiento:
está siempre solo.

Tal vez por la simple inercia de contemplarnos
siempre sentados a la mesa a una misma hora,
poco a poco se ha vuelto como nosotros
animalito de costumbres.

 

 

 

LOS CONSPIRADORES

No queremos dejarla en paz. Antes de suicidarse, B. llamó a sus amigos. No dijo lo que intentaba ni alcanzamos a imaginarlo: B. no había hecho simulacros ni ensayos generales. Nadie acudió al llamado. El abandono es injustificable. Pero, como es de suponerse, tenemos paliativos, coartadas. El teléfono suena a medianoche. Hay sobresaltos. No somos lo que fuimos. Ahora cada uno tiene deberes y necesidad de levantarse temprano.
El suicidio es una crítica radical a nuestro modo de vida y, en primer término, un asesinato simbólico. Todos sentimos que matamos a B. y ella, en venganza, acabó con nosotros. Nos sobrevaloramos al pensar que una palabra nuestra, un gesto solidario, los consuelos de la filosofía cristiana o estoica, la esperanza de la revolución mundial, la memoria de los buenos momentos en compañía, el despliegue de nuestras propias humillaciones y fracasos, un sarcasmo oportuno y autoescarnecedor…algo hubiera bastado para conjurar el suicidio.
Más que en nuestro íntimo sufrimiento, en estas maniobras se revela el horror de estar vivo. Nos sentimos tan culpables que nadie quiere cargar con la culpa. Entre habladurías y reproches directos, sostenemos una campaña cerrada para que alguno de nosotros expíe el remordimiento colectivo –y le haga a B. en la muerte la compañía que no supimos hacerle en vida.

 

 

 

AUGURIOS

Hasta hace poco me despertaba un rumor de pájaros. Hoy ya no están. Han acabdo estas señales de vida. Sin ellos todo parece más lúgubre. Me pregunto si los ha matado la contaminación o el hambre de los habitantes. O bien, quizá los pájaros comprendieron que la Ciudad de México se muere y alzaron el vuelo antes de la ruina final.

 

 

 

EL LIBRO

Lo compré hace muchos años. Pospuse la lectura para un momento que no llegó jamás. Moriré sin haberlo leído. Y en sus páginas estaban el secreto y la clave.

 

 

 

AYER Y HOY

Ni la misma casa ni la misma ciudad, ni los mismos amores ni las mismas costumbres, ni los mismos libros ni los mismos amigos. De aquellos tiempos lo único que conservo es mi nombre.

 

 

 

LAS CEREMONIAS DEL VERANO

En diez minutos llovió tanto que se desplomaron cables eléctricos y perdió una rama el único árbol en varios kilómetros a la redonda. Fue como un terremoto de lluvia. Al obstruirse la coladera se formó en el patio una bahía de agua lodosa y hojas amenazantes. De un momento a otro iba a negarse la casa. Intenté desazolvar la alcantarilla. El mango de la escoba se hundía sexualmente en una materia invisible, al mismo tiempo blanda y poderosa. Por el tubo de la azotea bajaban cataratas. Las plantas se ahogaban en sus macetas. Al fin hallé la bomba succionadora. Entonces agua, tierra, hojas, insectos se despidieron con un breve remolino admirable. Sentí la frustración de quienes no lograron vengarse de la especie que explota y corrompe a la misma naturaleza de la que forma parte.

 

 

Pacheco, José Emilio. Islas a la deriva. Poesía III (1973-1978). Madrid; Ed. Visor, 2011.

 

ISLAS A LA DERIVA

Salía de la biblioteca de la universidad y al pasar por delante de uno de los estantes de novedades me encontré con dos libros que se tenían que venir a casa sí o sí. Al autor de uno de ellos, además, me lo recomendó hace ya tiempo Ángel Paniagua y me pareció el mejor de los momentos para empezar a subsanar una de las lagunas literarias que tenía. Y sí, con ‘Islas a la deriva. Poesía III (1973-1978)‘, de José Emilio Pacheco, he alucinado. Aquí dejo unos cuantos poemas del libro en cuestión.

 

José Emilio Pacheco

 

HORAS ALTAS

En esta hora fugaz
hoy no es ayer
y aún parece muy lejos la mañana.

Hay un azoro múltiple,
extrañeza
de estar aquí, de ser
en un ahora tan feroz
que ni siquiera tiene fecha.

¿Son las últimas horas de este ayer
o el instante en que se abre otro mañana?

Se me ha perdido el mundo
y no sé cuándo
comienza el tiempo de empezar de nuevo.

Vamos a ciegas en la oscuridad,
caminamos sin rumbo por el fuego.

 

 

 

LAS PERFECCIONES NATURALES

De las capitanías de la oruga
sobre el rosal lo que le corresponde.

Silenciosas boquitas que roen de noche
o bajo la altanera plenitud del gran sol
las perfecciones naturales.

Ante ellas no hay belleza, sólo avidez,
sólo necesidad de estar vivas.

Y perduran matando, como nosotros.

 

 

 

CIUDAD MAYA COMIDA POR LA SELVA

De la gran ciudad maya sobreviven
arcos, desmanteladas construcciones, vencidas
por la ferocidad de la maleza.
En lo alto el cielo en que se ahogaron sus dioses.
Las ruinas tienen
el color de la arena. Parecen cuevas
ahondadas en montañas que ya no existen.
De tanta vida que hubo aquí, de tanta
grandeza derrumbada, sólo perduran
las pasajeras flores que no cambian.

 

 

 

JARDÍN DE ONTARIO

Pinos que no otoñecen.
Plantas perennes
invulnerables como el sol.
Algunas patrioteras hojas de arce.
Carnicería de leños esperando
volver al polvo.
Página blanca
que de improviso se ve cubierta
por la escritura de la nieve.

 

 

 

NOCHE Y NIEVE

Me asomé a la ventana y en lugar de jardín, hallé la noche constelada de nieve.

La nieve hace tangible el silencio. Es el desplome de la luz y se apaga.

La nieve no quiere decir nada:

Es sólo una pregunta que deja caer millones de signos de interrogación sobre el mundo.

 

 

 

LA FLECHA

No importa que la flecha no alcance el blanco.
Mejor así.
No capturar ninguna presa,
no hacerle daño a nadie,
pues lo importante
es el vuelo, la trayectoria, el impulso,
el tramo de aire recorrido en su ascenso,
la oscuridad que desaloja al clavarse,
vibrante,
en la extensión de la nada.

 

 

 

CINEVERDAD

¿Dónde estarán aquellas horas? Te preguntas
pero no con nostalgia,
porque parece
un gasto imperdonable de energía
dispendiar el brevísimo tiempo que nos fue dado
en tantas situaciones diferentes
(melodramas, sainetes, vodeviles,
parodias de parodias, una tragedia)
a que se ajusta la experiencia vivida.

En algún cine de otra eternidad
han de pasar ahora esas películas.
Todo en copias rayadas, más bien difusas,
hasta que se haga polvo el celuloide.

 

 

 

SANTA MARÍA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHomenaje a Juan Carlos Onetti

Esta ciudad se inventa otro pasado.
El silencio está fuera de lugar.
Las casas son vestigios de un mundo ausente.
La noche se desploma sobre otra época.
El aire envenenado huele a campos antiguos.
Y todo se vuelve aún más extraño
porque lo reconozco.
Porque ya en cierta forma estuve aquí
(donde no he estado nunca).
Porque he perdido la ciudad insondable
que ahora recobro misteriosamente.
¿Y quién podrá decirme la verdad en este cauteloso fin del mundo?
¿Estoy vivo en mi vida pero me adentro en una fantasmagoría?
O todo, a fuerza de ser real,
¿me está volviendo un azorado fantasma?

 

 

 

ESTACIÓN TERMAL

Para huir del dolor aquí trajimos
todos nuestros pesares.
Nos acompañan, se renuevan, llenan
el pobre cuerpo que les da aposento.

Cada cual es distinto. Nadie puede
reconocer su pesadumbre en el otro.
Nadie tampoco hace el esfuerzo.

Aquí nos mata la vejez.
Aquí nos entretiene
la enfermedad
con un tablero de esperanza.
Aquí por un momento la locura
parece más serena.

Bien descansados, bien comidos, vamos
cayendo uno por uno.

 

 

 

INMEMORIAL

El misterioso día
se acaba con las cosas que no devuelve.

Nunca nadie podrá reconstruir
lo que pasó ni siquiera en éste
más cotidiano de los mansos días.

Minuto, enigma irrepetible.

Quedará tal vez
una sombra, una mancha en la pared,
vagos vestigios de ceniza en el aire.

Pues de otro modo qué condenación
nos ataría a la memoria por siempre.

Vueltas y vueltas en derredor de instantes vacíos.

Despójate
del día de hoy para seguir ignorando y viviendo.

 

 

 

LOS OJOS DE LOS PECES

A la orilla del mar la curva arena
y una hilera de peces muertos.
Como escudos después de la batalla.
Sin vestigio de asfixia ni aparente
putrefacción.

Joyas pulidas por el mar, sarcófagos,
encerraban su propia muerte.

Había un rasgo
fantasmal en aquellos peces:
ninguno tenía ojos.
Doble oquedad en sus cabezas.
Como si algo dijera que sus cuerpos
pueden ser de la tierra.
Pero los ojos son del mar.
Y cuando muere el pez en la arena
los ojos se evaporan, y al reflujo
recobra el mar lo que le pertenece.

 

 

 

LA SIRENA

En el domingo de la plaza, la feria
y la barraca y el acuario con tristes
algas de plástico, fraudulentos corales.
Cabeza al aire, la humillada sirena,
acaso hermana de quien cuenta la historia.

Pero el relato se equivoca: De cuándo acá
las sirenas son monstruos
o están así por castigo divino.

Más bien sucede lo contrario: son libres,
son instrumentos de poesía.
Lo único malo es que no existen.
Lo realmente funesto es que sean imposibles.

 

 

Pacheco, José Emilio. Islas a la deriva. Poesía III (1973-1978). Madrid; Ed. Visor, 2011.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (V)

abril 21, 2013 2 comentarios

Anoche cerraba la gira de presentación de su primer disco un músico malagueño que desde la primera vez que lo ves sabes que, si tiene un pelín de suerte, llegará muy lejos. Este músico malagueño residente en Madrid desde hace años es conocido mundialmente como El Kanka y es un tipo que se maneja con una soltura inusual entre el cinismo y el humor, entre la crítica y la ironía, entre la sátira y la ternura, pero es que además hace todo esto a ritmo de pasodoble, de bolero, de funk o de hip-hop.

Que fuera Murcia la ciudad elegida para cerrar la gira de ‘Lo mal que estoy y lo poco que me quejo‘ fue un lujo que, probablemente, tenga que ver con el hecho de que después de ganar el Certamen Nacional de Canción de Autor ‘Cantigas de mayo’ de Ceutí empezara a destacar sobremanera en el panorama musical nacional.

El concierto de anoche fue otra demostración más de que los seguidores del Kanka son aún más que fieles. El malagueño fue intercalando canciones inéditas con los once cortes de su primer disco y no hubo ni una sola canción que el público no coreara casi con devoción. El humor inteligente que maneja El Kanka y la compenetración que demuestra con su percusionista, El Manin, hace que cada concierto sea una inyección de dopamina, como cuando El Manin estuvo dirigiendo desde el escenario a las más de doscientas personas que habían acudido a verlos para que se movieran a un mismo tiempo mientras la sala entera cantaba ‘Rin rin‘. El buen rollo que ambos dejan en el ambiente se nota incluso varias horas después de que el concierto haya terminado (pueden preguntárselo a ambos, que se vieron asaltados –en el mejor sentido de la palabra– por numerosos seguidores en el centro de la ciudad algunas horas después de que hubieran terminado su actuación).

Me gustaría destacar algunas cosas más: la primera es que calentando motores en el camerino, El Kanka nos mostró a un pequeño grupo de elegidos uno de sus últimos temas, que se convertirá, no lo duden, en otro de sus temas más coreados; la segunda es que El Kanka ya se está planteando volver a entrar en estudio a grabar disco nuevo, y no se imaginan la buena noticia que es, puesto que será otra bocanada de aire fresco para este país; y la última es que El Kanka agotó hace varios meses la primera tirada de su primer disco y que está a punto de llegar a la mitad de la segunda tirada (algo de lo que no pueden alardear muchos de los músicos de este país).

Ojalá podamos volver a verlo pronto y nos enseñe nuevas joyas.

Y aquí tienen alguna de las fotos que hice en el concierto (y postconcierto).

 

Kanka 1

 

Kanka 2

 

Kanka 3

 

Kanka 4

 

Kanka 5

 

Kanka 6

 

Kanka 7

 

Kanka 8

 

Kanka 9

 

Kanka - Manin - Héctor

 

 

Pero es que si el hecho de invitarme al concierto no hubiera sido suficiente –que lo era– Kanka y Manin se descolgaron regalándome un ejemplar de ese ‘Lo mal que estoy y lo poco que me quejo‘ que ya forma parte de lo más selecto de mi discoteca particular.

 

Kanka 'Lo mal que estoy y lo poco que me quejo'

 

No dejaré de repetirlo: si pueden vayan a verlo, pasarán dos de las mejores horas que uno puede pasar.

 

DESPUÉS DE LA LECTURA EN ELCHE

Qué cantidad de sentimientos encontrados siempre, qué manera de echar de menos a los que no están, qué desperdicio de espacios públicos maravillosos como únicos, qué nimiedad las peleas territoriales por creerse sobre una peana cuando sobre lo que se está es sobre el canto de una moneda, qué gusto ver cómo hay gente que pasa horas y horas con lo que realmente les llena…

En fin, con lo que nos quedamos de la lectura de ayer en Elche fue con el gustazo de pasar el día con Eduardo Boix y con Vanessa Díez Tarí, con descubrir un lugar maravilloso (aunque infrautilizado) como La Llotja (incluida la impresionante foto que recibe a los visitantes), hacer el tonto jugando con el maravilloso camerino que tiene, comprobar que los poemas funcionan en un entorno diferente al propio, y con comer y beber hasta caer rendidos… Todo se resume en darles las gracias siempre a Eduardo y a Vanessa por contar con nosotros. Nos vemos pronto.

Y aquí tienen algunas de las fotos del día de ayer.

 

Elche 1

 

Elche 2

 

Elche 3

 

Elche 4

 

Elche 5

 

Elche 6

 

LECTURA EN ELCHE

En un rato, Cristina y yo terminaremos de hacer la maleta y nos iremos a Elche, donde Eduardo Boix y Vanessa Díez Tarí nos han invitado a leer esta tarde (en La Llotja a las 20:00 h.). Aquí les dejamos un par de noticias que hemos recogido de internet anunciando el evento de esta tarde. Prometemos contar qué tal han ido las cosas.

 

Lectura en Elche

 

DEFINICIONES DE DICCIONARIO

Hoy escribo este post al final del día. Y es que hay días que en sí mismos contienen un libro de poesía, una novela y una película. El de hoy tendría algo de terror y mucho de esperpento, pero por eso mismo he decidido acudir al Diccionario de la Lengua Española de la RAE.

 

Canallas

 

Esta mañana nos hemos desayunado dos despropósitos de los dirigentes de este país. La secretaria general del partido del gobierno ha acusado (pero ¿quién demonios se creerá esta mujer que es para acusar a nadie? ¿todavía no sabe que su única obligación –repito: la única– es ayudar a legislar para solucionar los problemas del país?) a quienes no pagan la hipoteca de usar “excusas vagas”, menospreciando el dolor de miles de familias que han acabado en la calle gracias a los desmanes de las cajas de ahorros y los bancos de esta república bananera (o africana, por más que algunos se empeñen en pensar que somos europeos) llamada España. Y por si esto fuera poco, la ministra de empleo y seguridad social ha tenido la brillante idea (por favor, noten la ironía) de denominar “movilidad exterior” a la fuga de cerebros.

Con tales perversiones del lenguaje no puedo más que llamarlas, a ellas y los compañeros que apoyan tales barbaridades, llana y simplemente CANALLAS.

Y creo no equivocarme, porque aunque la primera definición que da el diccionario tiene que ver con perros (lo cual tampoco va muy desencaminado con el tema que nos ocupa), prefiero centrarme en las otras dos definiciones: 2. fig. y fam. Gente baja, ruin. II 3. com. fig. y fam. Persona despreciable y de malos procederes.

 

¿Ven cómo de vez en cuando es maravilloso acercarse a un diccionario?

 

 

LA PLATA DE LOS DÍAS

abril 16, 2013 2 comentarios

La plata de los días

 

Hacía tiempo que no releía este libro de Vicente Gallego, pero llevo un par de semanas enganchadísimo con él –qué quieren que le haga, cada uno tiene sus propias degeneraciones–, repaso algunos versos obsesivamente y releo varios poemas compulsivamente. Aquí dejo varios de ellos.

 

EL PARAÍSO TERRENAL

Es esta la mañana
del día más hermoso, el sábado.
No debo trabajar, y he madrugado.
Después de ese placer
intenso y cotidiano que es el pan recién hecho,
he salido a fumar a la terraza.
El mismo sol que vio correr mi infancia,
que iluminó los días de mi vida y los convierte hoy
en una sensación luminosa y ardiente,
ha empezado a lamerme las heridas,
su saliva amarilla va manchándolo todo,
y a lo lejos el mar, igual que un carrusel,
pone en marcha su rueda de reflejos.
He encendido la pipa,
ese humo me eleva, me acomoda en la calma
que ahora mismo es el día, y soy casi feliz.
La mañana se exhibe y me confirma
que el mundo es un lugar inmejorable
para ser muy dichoso, que si hubiera sabido
reunir las monedas con que comprar mi tiempo,
y comprar esas cosas que a menudo le faltan,
hoy mi tiempo sería un paraíso,
porque todo se compra, o casi todo:
la libertad, los cuerpos, el descanso, la fiesta,
la emoción del viaje, la emoción
de la música, todos esos placeres
que están en venta y son del alma.
A menudo los sábados –temiendo que muy pronto
será lunes de nuevo y tendré que vender
mi tiempo al enemigo para seguir viviendo,
para seguir soñando con la belleza en vano–
me atormenta pensar que aún es posible,
que el único paraíso en el que yo he creído
sigue estando en la tierra, y que la llave son
unas simples monedas que la suerte
se resiste a poner en mi camino.
Mis mañanas de sábado tienen algo de lunes,
porque a veces las pierdo imaginando
cómo sería el mundo cada día
si yo hubiera sabido reunir
dos cosas tan corrientes:
juventud y dinero al mismo tiempo.

 

 

 

LUNARIO SENTIMENTAL

Esta noche la luna es cada luna
que yo he visto en la noche,
las que leí en los libros,
y también esas lunas que todavía espero.
A partir de una edad, la memoria
va cargando las cosas con su propio pasado,
ese peso de sombra las agranda,
les añade estatura
y, una vez aumentadas, las proyecta
en la frágil pared del corazón.

A partir de una edad, que va siendo la mía,
la vida se convierte en una brasa
que pisamos descalzos,
una hermosa tragedia con su tiempo solemne
donde cada segundo, cada mínimo gesto,
va adquiriendo el fervor que le contagia
el saber que tenemos nuestras lunas contadas.

Esta noche la luna es muchas cosas:
es un disco que alberga mi memoria
y en el que a veces suena
lo que voy conservando de esperanza,
y es también,
ingerible y prensado como en una pastilla,
cuanto queda en mi mundo de alegría y tristeza.

Esta noche la luna es estar vivo,
aún, después de todo.
Y parece motivo suficiente
para que un hombre tiemble de emoción.

 

 

 

LA LLAMADA DE LA SELVA

Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía
con el que yo he jugado algunas tardes.
Sin apretar los dientes me tiraba del brazo,
paseaba conmigo, se sentaba a mis pies
en los fríos inviernos.
En los días aciagos, por probar su obediencia,
le lanzaba mi alma, y ella me la traía
dulcemente empapada en su aliento doméstico.
Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía,
que hace tiempo ha adoptado
esta fea costumbre de morder a su amo.

 

 

 

LAS ÚLTIMAS CENAS

Lo que ahora nos une es una fecha
pactada cada mes, poco más que un esfuerzo
por seguir la amistad. Lo que ahora nos une
no es aquel entusiasmo, esa antigua alegría de estar juntos.
Y cuando os digo esto me salís
con que las cosas cambian, con que a todos nos pesan
otra edad y otros frenos: las mujeres, los hijos,
madrugar, el trabajo; hasta a veces el hígado de alguno
se interpone en los planes
con que aún procuramos engañar la ilusión.

Ha llegado muy pronto ese momento
que juramos mil veces retrasar, este momento
en que estar entre amigos es hablar con nostalgia
de lo que fue en su día ser amigos;
y en estas cenas frías de los jueves
todo el mundo recuerda aquellas cenas
gloriosas de los sábados. Se iluminan los ojos
con las viejas historias –esas locas hazañas,
con alcohol y mujeres, que hoy parecen ajenas y propician
una dulce arrogancia en las voces de todos–,
y renace el orgullo en cada uno
por la amistad del otro, cuando recuerda alguien
aquel honor de hombres agraviados
que defendimos juntos ciertas noches
peleando. Y entre tantas victorias
–recordamos ahora con la sonrisa triste–,
llegamos a pensar que también venceríamos
sobre el destino incluso, sin saber que el destino
no se rinde a la fuerza ni al empeño,
ni que tantos propósitos en las cenas del sábado,
todo aquello que íbamos
a hacer con las mujeres y la vida,
sería más bien esto que los jueves
no deja de asombrarnos que hayan hecho
la vida y las mujeres con nosotros.

 

 

 

MIS TERRORES FAVORITOS

No le temo a la muerte, lo que temo
es sólo el deterioro, que nos niegue
su favor nuestro cuerpo y así haga
que todos los favores se nos nieguen.
Aunque a veces asuste o importune
hay grandeza en la muerte, pues sin ella
este mundo sería como un juego
donde no se permiten las apuestas
y no importan victorias ni derrotas.
Yo prefiero los juegos peligrosos
porque el riesgo es la puerta de la gloria,
y el temor a perder, la garantía
de que no cabrá el tedio entre las reglas.
No le temo a la muerte, lo que odio
es sólo el deterioro, que la vida
nos inyecte en la vena sin reservas
esa droga del juego, y que enseguida
nos condene sin cartas a mirar
cómo siguen los otros la partida.

 

 

 

AJUSTE DE CUENTAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Abelardo Linares

Te llamamos Deseo, y ese nombre
va encubriendo tu alma de canalla.
Se ha escrito que por ti se mueve el mundo,
y es posible que el mundo a ti te deba
sus andares grotescos de borracho.
Tienes fama también de constructor,
pero no has levantado ni una choza
sin derribar primero un edificio.
Tu pasión verdadera son las ventas,
y todo lo que vendes lleva oculto
un preciso reloj con dinamita.
Con algunos has sido generoso,
mas tu gesto recuerda al de ese tipo
que regala heroína en un colegio.
Hay incluso quien piensa que eres bueno
porque ve que fomentas la ilusión:
y el malestar, el daño, la impotencia.
Por tu poder podrías ser un dios,
el budismo te tiene por demonio,
como demonio tientas implacable
e implacable condenas a un infierno
al que cree en tus promesas de tramposo.
Y encima tu oratoria te ha buscado
un extraño prestigio entre poetas
que te tratan de forma piadosa:
impío hijo de puta que jamás
tuviste compasión de mi cansancio.

 

 

 

ÉCHALE A ÉL LA CULPA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA José María Álvarez y Carmen Marí

Hoy te has ido de fiesta con amigas,
y sin que tú lo sepas me regalas
un tiempo de estar solo que ya empieza
a ser raro en mi vida, un tiempo útil
para intentar pensar en ti como si fueras
lo que siempre debiste seguir siendo
cuando pensaba en ti: aquella persona,
en todo semejante a cualquier otra,
que una noche lejana tuvo el gesto
generoso y extraño de entregarme su amor.
Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías
ridículos del otro, en implacables jueces
que condenan sin pruebas y comparten
sus estúpidas penas con el reo.
El amor nos confunde y trata ahora
de que vea en tu fiesta una traición.

Por huir de esa trampa me amenazo
con los nombres que cuadran al que cae en su vacío:
egoísta, ridículo, inseguro, celoso…
Y como un ejercicio de humildad pienso en ti
divirtiéndote sola: te imagino bailando
y mirando a otros hombres;
al calor del alcohol
confiesas a una amiga algunas cosas
que te irritan de mí sin que yo lo sospeche,
y por unos instantes saboreas
una vida distinta que esta noche te tienta
porque eres humana, aunque no me haga gracia.

Ahora caigo en la cuenta de que dudas
como yo dudo a veces, y que también te aburres,
y que incluso algún día habrás soñado
follar como una loca con el tipo que anuncia
la colonia de moda.
Para calmarme un poco
tras la última idea, yo me digo
que el amor es un juego donde cuentan
mucho más los faroles que las cartas,
y procuro ponerme razonable,
pensar que es más hermoso que me quieras
porque existen las fiestas, y las dudas,
y los cuerpos de anuncio de colonia.

Lo que quiero que sepas es que entiendo
mejor de lo que piensas ciertas cosas,
que soy tu semejante, que he pensado besarte
cuando llegues a casa; y que es el amor
–ese tipo grotesco y marrullero–
el que va a hacerte daño con palabras
absurdas de reproche cuando vuelvas,
porque ya estás tardando, mala puta.

 

 

 

LA HISTORIA INTERMINABLE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carlos Marzal y Felipe Benítez Reyes

La discoteca flota como un barco,
y tú tomas pastillas con alcohol.
Todo el mundo lo sabe,
todo el mundo te mira de esa forma,
y tus propios amigos ni se enteran.
Estás sudando, tiemblas, los dientes apretados,
los pómulos ardiendo, y las pupilas
desenfocan un mundo de penumbre y de brillos.
Tú sabes que te espían, disimulan muy mal,
aunque bailen lo sabes,
aunque algunos retiren la mirada
cuando a veces los retas con la tuya.
Es preciso que escapes hacia el baño
y procures andar con cierto aplomo:
como hienas escrutan en tus gestos
cualquier debilidad.
No puedes orinar, el prepucio te escuece,
y sientes en el pene un cosquilleo
que te hace pensar en las hormigas
y desear a muerte a una mujer.
La cabina cerrada te protege un instante,
la música te llega desde el centro
de tu propio cerebro, y puedes escuchar
cómo crece ese odio que te tienen.
Buscas otra pastilla en el bolsillo,
es amarga y redonda como el odio,
y sigues escuchando claramente
todas y cada una de las conversaciones
de esa gente sin alma que te mira.
Todos hablan de ti, y tú sigues oyendo
cómo suena el desprecio, y qué extraño ruido
hace el asco al crecer en sus entrañas.
Sales luego a la pista, disimulas bailando,
tus amigos te miran y sonríen.
Empiezas a temer una traición.
Dirías que tu alma es una rata
completamente abierta a la luz de un quirófano,
todos hurgan en ella,
y hasta sientes el frío de las pinzas
que rebuscan con asco en su interior
una prueba que firme tu sentencia.
Si te marchas a casa han de seguirte,
ya lo han hecho otras veces,
bucean en el whisky que te bebes
y aprenden a vivir entre tus tripas
cual si fueran pirañas en un río de sangre.
¡Si arrancándote el tímpano
se apagaran sus risas, las palabras de burla,
ese ruido que hace al crecer el desprecio!
Quisieras que la tierra te tragara
y sueñas con insectos sin dormir.
Estar vivo te asusta, y te envuelve
esa cosa terrible que es el miedo
cuando nace de dentro de sí mismo
sin motivo ni causa, ese miedo que es miedo
a que el miedo te venza. El verdadero miedo
que es ahora otro ruido en tu cabeza.
Tomas otra pastilla y te deseas suerte:
sabes que alguna esconde un paraíso
en el que tú has estado muchas veces,
y serías capaz,
por volver a encontrarlo un solo instante,
de pasar mil infiernos como éste.
Intentas convencerte de que todo es mentira,
de que el odio y la burla, el desprecio y el miedo,
son sólo paranoias
que habrán de esfumarse, como las otras veces,
con el día que llega.
Pero el infierno crece alrededor de ti
y su hedor contamina cada palmo de aire.
Ya no pueden tardar, parece que se animan
los unos a los otros, y tu cara de imbécil
les exige venganza. Ojalá ya no tarden.
Que te escupan ya pronto uno por uno
en el centro del alma,
porque en esa saliva corrompida
podrás lavar de nuevo
el asco que ahora sientes de ti mismo,
y esperar a otro sábado,
y volverlo a intentar.

 

 

Gallego, Vicente. La plata de los días. Madrid; Ed. Visor, 1996.

 

LOS OJOS DEL EXTRAÑO

Los ojos del extraño

 

BALCÓN AL SUR

Postrado estás, como la tarde. El sol
es un guerrero herido al que delata
su refulgente casco entre los árboles.
No tardará en llegar otro verano,
su lentitud te acerca a la memoria,
ese juego de luces y de fugas
que la ansiedad propicia. Esta naranja
descompuesta y manchada que es el día
te inquieta y te somete.
Has sido siempre el corredor de fondo,
y las renuncias pesan, son las tardes
perdidas al cuidado de ese hombre
que hoy quisieras ser. En grupo, alegres,
se alejan los muchachos por las calles,
parece que esperaran
un raro paraíso que no llega,
pues aún les acompaña, aunque lo ignoren.
Desde el balcón los miras, y comprendes
que también tú esperas la fortuna,
aunque de otra manera, pues la intuyes
espléndida y vulgar como los días
que con su aspecto pobre te engañaron,
y la sabes aquí, y es un guerrero
herido, y esta calma, y este afán
callado y soportable ante las cosas,
y este pasar mediocre de los años.

 

 

 

EL DESENCANTO

Otra tarde, otra más:
su repetida muerte en la pared del cuarto,
los pájaros que llegan
manchados todavía de luz a la terraza,
esa sombra que llena el deslunado
cual una copa enorme de coñac,
la débil luz que enciende tu cuaderno,
los años que en él yacen y ahora entierras
como soldados muertos sin demasiada gloria.

Cinco, seis, siete… once, has contado hasta aquí,
y ya sobran los versos. Esta tarde
no te encuentras de humor para enredar
la palabra tristeza.

 

 

 

MI IDEA DEL AUTOR

xxxxxxxxxxxxxxx(A man of no fortune and with a name to come)
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWim Mertens

Entrego muchas horas a mi cuarto,
comparo algunas tardes, por ejemplo,
a un animal prehistórico y herido,
o a la dama que arroja, lentamente,
su lencería oscura a mi ventana.
Pero sé que la tarde es sólo eso:
una costumbre antigua de mis ojos.
Me reprocho a menudo muchas cosas
a las que no me atrevo, y los errores
que a veces cometió mi atrevimiento.
Procuro parecer un poeta mundano,
como John Donne, profundo y algo frívolo,
que se cuente conmigo en cualquier fiesta,
aunque suelen mis versos, y mi vida,
traicionar esa imagen.
No sabría explicaros, con rigor,
por qué razón escribo, abandono
esa fatiga a mis colegas doctos,
mas no quiero curarme el vicio absurdo
de las letras. Me gustan las mujeres,
pero ellas, por más que yo lo intento,
no me ayudan a ser un mujeriego.
Por su causa he sufrido de verdad
–jamás finjo el dolor que hay en mis versos,
aunque finja tal vez otros motivos–.
Se podría decir que soy feliz
en general, sin sorna ni entusiasmo,
y me veo corriente –aunque me gusto–,
creedme que lo siento, pues habría
querido para mí más altas metas,
otros tiempos proclives a la gloria.
Intento sin embargo acomodarme
a este papel que a veces me incomoda
por discreto, por triste o por amargo.
Hago inventario de los nombres idos
–procuro hacerlo con palabras bellas–,
y pierdo el tiempo censurando al tiempo
su actitud descortés para con todos.

 

 

 

IN DUBIO PRO REO

Esta tarde releo mis palabras
para ultimar su acento y ofrecerlas
a un oscuro editor. Y al repasar
sus sílabas exactas y traidoras
me tienta el desaliento y la pereza.
¿Dónde ocultan la vida que guardé
en su desván de sombras, dónde esconden
esa pasión que me obligó a trazarlas?
No hallo en ellas respuesta, y en su espejo
sólo descubro el rostro de un extraño.
No hay luz en mis palabras, y a mis ojos
carecen de belleza. ¿Por qué entonces
obstinarse en su engaño, y para qué
ofrecerlas ahora a los demás?
¿Quizá con la esperanza
de ese lector futuro que imaginó Cernuda?
Es hermoso su sueño, y el poema
es también muy hermoso, pero yo me pregunto,
descreído, si puede mi lectura,
con su fervor de hoy,
entregarle a aquel hombre una dicha
que escribió no sentir; si yo mereceré
ese incierto lector; y de qué extraña forma
los versos y la vida que sentimos frustrados
sabrán cumplirse un día en los ojos de otros.

 

 

Gallego, Vicente. Los ojos del extraño. Madrid; Ed. Visor, 1990.

 

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