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Archive for the ‘Relato’ Category

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXVII)

 

Acaba de llegarme a casa ‘Red hot & blue. 70 relatos de lo insólito’, de Danny Romero Mas y publicado por Boria ediciones.

Ya saben, en cuanto pueda les muestro algo del libro. Y gracias siempre a la editorial por hacerme llegar sus publicaciones.

 

UN SIGNIFICANTE ESPLENDOROSO

 

Echo un vistazo al móvil para leer los mensajes atrasados mientras recorro la calle Atocha de vuelta al trabajo. El último es de Roberto, enviado hace apenas unos segundos. En realidad son varios. Esta noche fiesta en el Moma. Os pondré en la lista, a ti y a tus amigos publicistas. El segundo hilo es de Mirinda. Te ha ascendido Enzo?, pregunta. Luego sigue: Me gusta montar a solas en el ascensor. Así puedo mirarme el culo yo solita. Y acaba: Shepard Fairey es lo más uncool. Le respondo: Enzo solo quería sexo. Lo mismo que yo. Sólo que nuestros gustos son algo distintos. Por cierto, esta noche hay fiesta en el Moma. Artistas y publicistas. Igual conoces a alguien interesante, un hombre sensible capaz de ver en ti algo más que tu hermoso culo.
xxxUn culo puede ser infinitamente poderoso, tanto o más que una bomba H. Hay que tenerle mucho miedo a la belleza. Las mujeres hermosas son conscientes de su poder, caminan con rapidez por las calles como proyectiles dirigidos hacia algún lugar inalcanzable. Querríamos ser su objetivo pero su belleza apenas nos roza. Todo queda arrastrado a su paso.
xxxUn culo es un significante esplendoroso que, como todos los significantes, puede alojar en su interior el más espantoso de los vacíos.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

SU FALDA DE ESTUDIANTE DE SECUNDARIA

 

La rutina es al fin y al cabo el ritmo que los hombres se dejan imponer, primero a regañadientes, más tarde como un remedio necesario y consolador contra el azar y la imprevisión de toda existencia. Azar e imprevisión que amenazan con colarse por cualquier rendija para obligarnos a detenernos y pensar en las cosas, en todo aquello que no somos nosotros y que sin embargo nos afecta; y ese orillarse en un camino transitado ya es un síntoma y casi siempre el primer paso de algo que pone en suspenso nuestra vida y nos lleva a replantearnos el propio camino: su trazado, el sentido de las indicaciones y, finalmente, su último destino. Basta preguntarse sobre la felicidad para que ésta resulte sospechosa, como si en realidad fuese una compañera voluble y caprichosa en la que nunca hubiésemos confiado del todo. El lenguaje predispone a las preguntas sin respuesta. A las aporías. A veces busco en mi memoria un instante en el que sorprender algo de animalidad, de puro asombro, de éxtasis. Lo encuentro en el sexo y en nebulosas impresiones infantiles. La infancia es irrepetible. No así el sexo, cuya iteración fantaseamos infinita. El sexo es la única salida a una humanidad insufrible. Un polvo puede ser capaz de redimir el peor de nuestros días. A veces creo que un solo polvo puede redimir todo un período de nuestra vida como si en él se resumiesen todo el gozo y las tensiones que procuran la sucesión de los meses y los años. Ni siquiera el polvo sino un instante, una imagen. Aquel momento en el que M. interrumpió cruelmente una mamada para untar sus labios de carmín y proseguir con más énfasis, experimentando el placer de sentir cómo una masa palpitante de carne deshacía la meticulosidad del maquillaje. El torrente de semen corroyendo la pretensión de refinamiento. O aquel grito que en realidad era un susurro, métela en mi agujerito, métemela, de pie junto a la cama, levantando con su mano el pliegue de su falda de colegiala (no era un disfraz o no lo era del todo puesto que aquella falda era su falda de estudiante de secundaria, hasta tal punto su figura había permanecido inalterada con el paso de los años). Todo eso.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

PONER REMEDIO A LA CATÁSTROFE

 

[…] Muchas de las personas más sensibles e inteligentes que conozco son publicistas, encargados de seducir a las masas, no para arrastrarlas a la revolución sino a un centro comercial para satisfacer el imperativo lacaniano del gozo. Somos como el Gran Inquisidor del relato de Dovstoievski. Si un intelectual resucitase para echarnos en cara nuestra alianza con el poder y el dinero no dudaríamos un momento en ridiculizarlo, en deconstruir meticulosamente sus anacrónicos valores. Si después de todo todavía quedase en él algo de orgullo y de dignidad entonces le dejaríamos escribir una columna en alguna de nuestras revistas trufadas de publicidad. La rabia, bien dosificada, es un lubricante perfecto para lavar la conciencia del consumidor. El verdadero placer requiere de los moralistas. El pecado no ha desaparecido, sólo ha variado su modo de atormentarnos y de absolvernos.
xxxEn lo que a mí respecta no me interesan tanto las cosas o las personas como las relaciones que puedo establecer entre ellas. Me veo como a mí mismo como un animal que rehúye las superficies de los objetos para centrarse en sus disposiciones. En las conversaciones no presto tanta atención a las palabras de los contertulios como a los diversos registros, los temas, las asociaciones de esas palabras con otras palabras o ideas, algo que me convierte en toda situación no precisamente en alguien distanciado, como podía juzgarse a la ligera, sino inmerso a cierta profundidad, en un animal cuya perspectiva le permite obtener cierto tipo de información, mapas y configuraciones de intereses y deseos (por ello no hay nada más desconcertante que coincidir en una reunión con una o varias personas afectadas de la misma disposición perceptiva. La reunión puede convertirse entonces en un intercambio entrecortado y estéril de conciencias hiperalertas, como si un grupo de antropólogos se reuniese con la intención encubierta de estudiarse los unos a los otros para extraer conclusiones acerca de la especie. En esas ocasiones, sólo el alcohol y las drogas pueden poner remedio a la catástrofe, divertir a ese vigilante agazapado en nuestro interior y dejarnos a solas con ese tierno animal que disfruta deslizándose por la superficie de las cosas).

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

LA BRUTALIDAD DE UN RITUAL

 

Bajo todos los complejos códigos de conducta y rituales de seducción (maquillaje, perfume, conversación agradable ante una copa o un café) un hombre y una mujer siguen siendo siempre dos seres sexuados, dos ejemplares de la especie listos para el apareamiento. Bajo las sonrisas y la sofisticación de los gestos se agazapa la brutalidad de un ritual capaz de borrar de un plumazo todas las barreras sociales y el castillo encantado que alrededor del sexo erige la cultura.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

REGISTRO

 

El paraíso o el infierno dependen de mi cuenta bancaria. Puedo comprar mis deseos, luego estoy salvado. Big Data se ha convertido en la Divina Comedia (su registro de los vicios, dependencias y virtudes de nuestros fantasmas digitales) en el momento mismo en el que todo acto humano se reduce a un acto de consumo. La psicología ha pasado de ser una ciencia cavernícola, poco menos que una superstición.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

DEMASIADA GENTE EN SU JUEGO

 

Entrados en la cuarentena, pertenecemos a una generación que se había educado antes del advenimiento de lo políticamente correcto y de los libros de autoayuda. Una generación criada durante un período de bonanza económica que le permitió alargar la adolescencia hasta los cuarenta. La crisis económica nos hizo madurar de golpe. Tener hijos e irse a vivir a una urbanización de lujo rodeada de pinos y fuentes naturales que contemplar montados en bicicleta de montaña fue una manera de demostrarnos a nosotros mismos esa madurez. Querían que nos sintiéramos culpables. Habéis vivido por encima de vuestras posibilidades, decían. Y una mierda. Simplemente los que tenían el dinero se asustaron y de repente querían asegurarse de que sus inversiones volverían a su bolsillo. Habían invitado a su juego a demasiada gente y ahora tocaba decirles que no, que ya no era divertido.

 

 

 

Moreno, Javier. Acontecimiento. Madrid; Ed. Salto de página, 2015.

 

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