Archivo

Posts Tagged ‘raúl quinto’

POEMAS DE ‘LA LENGUA ROTA’, DE RAÚL QUINTO

septiembre 22, 2021 Deja un comentario

.

SALWA BUGAIGHIS

Descoser las partículas del aire
para poder seguir

respirando. Tejer un cuerpo nuevo
con los cuerpos perdidos y encontrados
tras el incendio. Decidir.
Golpear ese muro

pese a tanta ceniza
torcida en los pulmones. Pese a tanto
siglo volviendo. No cejar.

.

.

.

.

.

ALGUIEN BAILA en el fondo
de la piscina
de la urbanización abandonada,

abraza a un maniquí
y le dice al oído: esta música
no existe, como tú la luz tampoco
tiene ojos ni boca,
pero mantiene en pie
todo aquello que vemos.

.

.

.

.

.

ANA ORANTES

Transita del azul
al ámbar el dibujo de la llama.
Un arcoíris derretido,
titilando sombra
en un pequeño charco
de gasolina. Quién está mirando.
Quién dice qué.

.

.

.

.

.

EL PALACIO es un dolmen.

Cuando suene la música
sólo podrás bailar
con los espejos

.
o con los muertos.

.

.

.

.

.

DICTARON las preguntas.

Borraron las estrellas
y nos dejaron a merced
de los mapas. Un mundo
traducido. Un verbo
anticipando cada gesto.

Y sin embargo.

.

.

.

.

.

ESCUCHAR EL CRUJIDO de la estática
cuando dos cuerpos
se rozan por primera vez. La piel
de la sombra torciendo
el sudor en la palma de una mano.
La luna nueva en las pupilas.

Sentir el peso

a pesar de la niebla.

.

.

.

.

.

CARLOS PALOMINO

El escáner refleja actividad
en la corteza cerebral
pero también en estructuras
menos superficiales
como el putamen y la ínsula.
Eso dice la ciencia
sobre cómo funciona

el odio. Un segundo,
siete centímetros
de metal frío penetrando
el ventrículo izquierdo
del corazón. Una luciérnaga
aleteando al filo de su luz,

a la misma distancia
de la incineración que de la noche.

.

.

.

.

Quinto, Raúl. La lengua rota. Madrid; Ed. La Bella Varsovia, 2019.

.

CAPÍTULO CUATRO

 

4.

(memoria)

Qué es la memoria. Aquello que le da densidad al tiempo, que avala su existencia. Sencillo: sin memoria no hay tiempo. Aquello que nos dice que fuimos o que vimos antes de ser o ver ahora. Sencillo: la vida es un fluir continuo, sin amarres, y los relojes sólo son herramientas que generan la ilusión de que tenemos el control, de que hay una dirección. Demasiada gente ha hablado ya sobre esa ficción del tiempo en los relojes, de esa opresión. Pasando. El tiempo sólo se explica por la memoria. Es más, lo que somos cada uno de nosotros sólo se explica por la memoria. Ser tú es recordar tus recuerdos. La memoria llena el recipiente del cuerpo y moldea la mente para que seamos. Somos tiempo. Por eso un enfermo de Alzheimer deja de ser, y se convierte en un cuerpo vacío de sí, en una nada de carne.
xxxEl olvido es nuestro espejo negro. El agujero.
xxxCómo se activa un recuerdo. Así, por ejemplo: caminas por la calle y llega un olor dulce a tu nariz, lo percibes y algo se conecta en tu cabeza: los labios de una mujer que usaba ese perfume hace diez años, una vida que creías perdida, agolpándose. El fantasma de su voz, de tu sangre entonces. Lo que eras, cómo eras. El recuerdo funciona así: un estímulo que navega de la superficie a la red neuronal dentro de tu cráneo hasta encontrar el archivo oscuro donde dormía la sensación original. Un código que tu cerebro traduce en tiempo, vida, signo de ti.
xxxAsí funciona. Igual que Internet.
xxxTu cabeza y la red de redes. Grande y pequeño. Dentro y fuera. Lo mismo. Tecleas la url en la pantalla y con un clic se despliega entre la maraña binaria de archivos escondidos justo aquel que tú has elegido. Una red neuronal de escala mundial, invisible, fuera de ti, conectada a ti, a partir de ti. Desde. En. Teclea Anaïs Anaïs de Cacharel en Google y sobre tus recuerdos se proyectará la posibilidad de miles. Lo tienes delante, la red como una extensión de nuestro cerebro, operando con las mismas reglas. Reproduciendo la estructura de nuestro pensamiento. Internet como memoria externa casi infinita. Nuestra. Compartida. Creciendo hacia dentro y hacia fuera, enredándose en la de tantos otros miles o millones.
xxxCómo ser tiempo si ahora disponemos a un solo parpadeo del tiempo de los todos. Cómo llamar a eso tiempo. memoria. Cómo. Si tú ahora eres también yo, porque compartimos la memoria y porque ambos tejemos el mismo telar e hilamos nuestra vida, y el tejido crece. Tú, yo, ese, miles. Tu memoria hecha píxel, ciento cuarenta caracteres, lo que sea que deje tu huella en la red, todo eso lo consumo yo, ese, miles. Y viceversa. El alimento es común y la construcción colectiva. Uno más uno más uno y ahora sí hasta el infinito.

 

 

 

 

9.

(banderas negras)

Se recorta contra el horizonte la silueta de unos jinetes, pareciera un ejército de sombras. Algunos aseguran que así es. Sombras vivas que contaminan el aire de su oscuridad brillante. Se acercan. El viento y el trote agitan la ropa y las banderas. Negras. Así es la bandera de nadie. Así es el color que niega los colores, las verdades viejas y las impuestas. Se acercan los hombres libres cabalgando al lado de Néstor Majno por las tierras de aquello que llaman Ucrania. La bandera negra es un cielo vacío de estrellas donde se han abolido las leyes de la astronomía y todo es posible. Dicen que cuando llega el ejército de las sombras vivas llega la libertad y el fin de lo antiguo. La libertad. Que cada uno decida y sea. Todos, sin caminos marcados por otros con tiza sobre el suelo. Sin dueños ni marionetistas. Eso dicen, es la libertad, y dicen que está al alcance de los dedos, escrita en el negro de la bandera, que es la ausencia y es el todo. Y se acerca.
xxxAntes llegaron ecos de Guliai-Polié. De cómo ahí cada hombre y cada mujer era su propio Lenin, y cómo se tejía la solidaridad en las fábricas y en los campos como la trama de una bandera negra. El amor propio trenzado en lo común. Eso nos traen los jinetes de Néstor Majno, pero no como una orden sino como un regalo que ya llevamos dentro. La autogestión, la propiedad de nuestras vidas y nuestro sudor, la fundición de las cadenas para fabricar cucharas y llaves que sólo abran, que nunca cierren. El ejército negro protegerá nuestro territorio libre de blancos, verdes y rojos. Porque la libertad no entiende de zares, terratenientes o bolcheviques. La libertad entiende de ti, de mí y la trama de voluntades que tejemos para generar un mundo a nuestra medida.
xxxSe acercan los jinetes, pero somos nosotros, cada uno, los que ejecutamos el cambio. Aquí, como en decenas de pueblos antes, estableceremos una comuna libertaria. Una comunidad de hombres y mujeres libres. Aquí mandará la asamblea de ti y de mí, de los ti y de los mí. Aquí cada cual tendrá lo que necesite y la acumulación se entenderá como una ofensa. Aquí los grilletes de la posesión y las leyes de oro yacerán rotos a los pies de estos caballos que ahora llegan. Pueblos, gente, tú, tejidos en red. Aquí la única frontera es el cielo y el relinchar de estos caballos que ahora llegan. Aquí se dirá libre y seremos libres. Cada uno y todos. Y construiremos el mundo a nuestra medida. Desde dentro de nosotros, con las manos, mano a mano contigo y conmigo, con los ti y con los mí.
xxxTen aquí el día de mañana hecho hoy.
xxxYa. Llegan los jinetes de Néstor Majno con sus banderas negras como un sueño por escribir, pero luego vendrán las traiciones, las matanzas y el olvido, igual que esas banderas rojinegras españolas de veinte años después. Puede ser. Pero hablábamos de las siluetas de los jinetes recortadas contra el horizonte. Pero hablábamos del horizonte.

 

 

 

 

11.

(mutación del ángel)

Recuerda: Mary Ann Bevan, la mujer más fea del mundo, padecía acromegalia y eso la salvó de la miseria. Maurice Tillet sufría del mismo mal y también tuvo que emigrar a Estados Unidos donde se hizo luchador profesional con el apodo del Ángel Francés. Hablaba quince idiomas y pasaba las tardes jugando al ajedrez, cuando cumplió los cincuenta y un años su corazón no dio ya más de sí. Poca víscera para tanto corpachón. Más de medio siglo después estrenaron en cine una película de dibujos animados sobre un ogro verde llamado Shrek, cuyos rasgos y gestos se inspiran directamente en Maurice Tillet. La película es un éxito de taquilla y tiene varias secuelas, videojuegos y un sinfín de productos asociados. El ogro verde se convierte en un icono del siglo XXI. Repetición tras repetición. La última mutación del ángel francés: la pandemia. Su rostro nuevo en las mochilas de los niños, en los avatares de las cuentas de Tuenti, en los dibujos que la niña de primaria colorea en su hora libre. Así, Maurice Tillet pasó del blanco y negro al verde de Dreamworks, y de ahí a cualquier lugar del planeta y en el mismo tiempo telaraña que lo envuelve todo. El ahora múltiple. Todo eso. Recuerda: entre Mary Ann Bevan y Maurice Tillet hay un foso por el que hace tiempo nos caímos tú y yo.

 

 

 

 

12.

(simplemente ajustando mi twitter)

Alguien tuvo que escribir el primer tuit. La soledad si es algo es esto: una red social vacía, sólo para ti. Y el eco constante. Y la nada. 21 de marzo de 2006. Jack Dorsey tecleando «Just setting up my twttr» y dándole a intro. Cero seguidores. Después las cosas se enredan y el ruido es a veces ensordecedor. Después el mundo se teje de palabras que somos. Vale. Pero al principio está la soledad absoluta, en el vacío sin forma de la red: un mensaje para nadie, como una botella lanzada al espacio infinito. Hablamos de Twitter, donde algún exagerado dijo que se construían las revoluciones del siglo XXI. Ago cuyo primer balbuceo es de 2006 y que puede que en el momento que estés leyendo esto ya haya prescrito, como prescribieron los chats de IRC, los fotologs o el Messenger. Volatilizados en la nada que hay al final y al principio de Internet. Las fotos, las conversaciones, la vida, en el limbo de la tecnología obsoleta. Así que puede que cualquier comentario acerca de esto no sea otra cosa que arqueología de lo efímero. Porque lo mismo el concepto de lo duradero es algo de otro tiempo. Porque lo mismo todas estas máquinas lo único que han conseguido es que nuestra comunicación sea la de la huella en la orilla, el espectáculo de la ola borrando nuestros pasos. Todo eso puede ser. La brevedad, y la intensidad: el ahora absoluto.
xxxPero también una raíz abierta, tentando al infinito en su monstruoso crecimiento.
xxxJack Dorsey escribió el primer tuit en 2006, y es posible que fuera el eco de tu voz y de la mía, de tu voz en la mía. Y que a pesar de todo el concepto de soledad sea también algo obsoleto, y se haga necesaria otra palabra para definir esta distancia rota.
xxxO que todos los tuits fueran como el primero y su nada. O que lo imposible sea precisamente estar solo ya. En este ahora.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

CAPÍTULO TRES

 

8.

(el país de los nombres otros)

Jajajaja, dice un chico delante de un árbol con lágrimas en los ojos y las mandíbulas desencajadas. Lleva horas contemplando los nudos del tronco, y ríe porque todo es absurdo y gracioso. A pocos metros hay una mujer sentada contra la pared, se coge las piernas y se balancea como una mecedora de carne. Su mirada está fija en algo que sólo ella ve y su boca musita oraciones que creía olvidadas. Hace calor. Tres o cuatro personas corren en varias direcciones, puede que en círculos. Uno aúlla, dos lloran de puro miedo. Más allá, dentro de una casa, una anciana arrodillada habla cara a cara con la Virgen María que flota sobre las aguas de su retrete. Ella le dice palabras bonitas y el tiempo se detiene. Su vecina intenta hablar y lo que nota es que le ha desaparecido la lengua. Hace mucho calor este verano, demasiado, la Provenza da vueltas en el horno como un animal desplumado. La gente suda. Una mujer baila al borde de un tejado y en sus ojos hay una fuga sin retorno hacia la felicidad. Alguien rompe los cristales y salta a la calle con los brazos en cruz. Un niño entra desesperado en el bar y le grita a los parroquianos que huyan, que por la calle mayor baja un tigre enorme sediento de sangre. Dentro un carpintero se oculta bajo la mesa, agarrado a una de sus patas, porque cree que él también es de madera y si su cuerpo no la toca terminará despareciendo. El camarero pasa un trapo una y otra vez sobre la barra intentando limpiar una mancha que no existe, la sangre de sus dedos empieza a empapar la bayeta. El tigre sigue rugiendo en la cabeza del niño. Hace calor. En su casa una mujer se encierra en el baño agobiada por las luces y las voces que le recuerdan cada uno de sus pecados, decide llenar la bañera de agua caliente y cortarse las venas. Dos casas más allá alguien grita hasta quedarse sin voz porque siente que la cabeza se le derrite sobre los hombros. Su padre lo observa fascinado por el pájaro extraño que brota de su boca abierta, su madre se revuelca por el suelo y sólo puede decir Jajajaja, mientras se clava las uñas en el pecho de puro contento. Jajajaja.
xxxY todo ese calor de agosto de 1951 en Pont-Saint-Esprit.
xxxImagínate que te metes en la cama para huir de la gente y de las visiones, contará un lugareño años más tarde, y sientes que de tu cuerpo nacen flores rojas, y que cada una es un dolor nuevo. Un dolor inventado para ti en ese instante. Vaya. Imaginaos ese pueblo tranquilo y pequeño a las orillas del Ródano, intentando olvidar las penurias de la guerra y la dureza del campo. Su pobre paz quebrada en la mañana del 16 de agosto de 1951 por la súbita invasión de la locura colectiva. Imagina dos semanas así. Y cuenta: cuatro suicidios, tres paradas cardíacas, cincuenta y pico personas ingresadas en instituciones psiquiátricas, algunas de ellas hasta el fin de sus días. Aquello ocurrió en Pont-Saint-Esprit. Aquella mañana descendió impúdico sobre sus calles el Espíritu Santo de la Demencia. Qué espectáculo.
xxxSí. Pero ya hemos aprendido que el Espíritu Santo no desciende si no hay un obispo de fuego. Siempre hay algo o alguien.
xxxLas autoridades francesas se pusieron a investigar y acabaron llegando a una conclusión rentable en términos mediáticos, al menos de cara a cerrar el caso ante la opinión pública. El misterio del pan maldito, así fue cómo acabó conociéndose el suceso. La hipótesis ganadora explicaba que el causante de todo aquel marasmo alucinatorio había sido el panadero Roch Briand y su harina contaminada por el cornezuelo. Ya sabéis, ese parásito desde el que se puede sintetizar el LSD. Así que nada, lo que ocurrió en Pont-Saint-Esprit fue una negligencia panadera, como cuando en la Edad Media aldeas enteras comían pan en mal estado y se pasaban días bailando y delirando sin motivo aparente: un caso moderno de coreomanía o de ergotismo compartido. Incluso un molinero de Poitiers fe detenido como responsable último de venderle la harina a Briand. Caso cerrado y a llenar los periódicos con otras cosas. O no. Porque cualquiera que se interesaba por el misterio del pan maldito descubría que allí había demasiados cabos sueltos y que la versión oficial apenas se sostenía.
xxxPor ejemplo. Hubo víctimas también entre los clientes de la otra panadería del pueblo y hubo clientes de Briand que no enloquecieron. Otra cosa: en los días posteriores apareció por allí el mismísimo Albert Hofmann a examinar los síntomas y realizar informes. Hofmann fue el tipo que creó el LSD en 1938 y para muchos es lo más parecido a un verdadero obispo del fuego desde que una tarde en su laboratorio ingiriera por accidente algunas gotas del Espíritu Santo. Y ahí estaba en Pont-Saint-Esprit, como el delincuente que no se resiste a volver al lugar del crimen. Días después de que se desbordara la mente de tantos.
xxxPont-Saint-Esprit. La rave del demonio sin música ni conciencia.
xxxHofmann como obispo del fuego.
xxxPuede ser. El periodista Hank Albarelli llegó a la siguiente conclusión: esas dos semanas de incontinencia lisérgica fueron provocadas por un experimento de la CIA. Efectivamente rociaron el pueblo con LSD, y para ello contaron con la colaboración del laboratorio suizo Sandoz, que por aquel entonces era el único laboratorio del mundo que producía el ácido, y donde trabajaba nuestro amigo Albert Hofmann. Aporta alguna que otra prueba y explica que el objetivo del plan era probar el efecto de esa droga como arma química efectiva para derrocar revueltas populares. Claro. Aquellos eran los tiempos duros de la Guerra Fría y al comunismo había que derrotarlo por todas las vías. Imagínate si el zar de Rusia hubiera tenido a su disposición semejante tecnología. Imagínate su efecto sobre miles de manifestantes moscovitas o en medio de cada asamblea de soviets. El caos habría sido un bello espectáculo de contrarrevolución. Vaya. Dice Albarelli que la idea original era probar aquello en el metro de Nueva York pero que se descartó por razones obvias: demasiado peligroso y demasiados estadounidenses. Te lo crees o no, pero el tipo documenta experimentos con alucinógenos y otras drogas en soldados que fueron cobayas sin saberlo. Por ahí merodea también Ken Kesey cuando escribe Alguien voló sobre el nido del cuco o Adrian Lyne al rodar La escalera de Jacob. Albarelli cifra en más de seis mil las víctimas entre 1953 y 1961.
xxxTotal. El misterio del pan maldito. Y bien misterioso. El obispo del fuego invisible. Y tanto. Pero ahí está la evidencia de Pont-Saint-Esprit ardiendo como hipotálamo gigante. Un pueblo entero poseído por el demonio de las luces brillantes y sombras que bailan solas. Su rave deforme. Y ahora pensemos en el habitante del pueblo que ese día camina por la calle y no ha sido mordido por el veneno de la locura. Ese hombre es el extranjero. El pueblo son los otros, los hijos del delirio, abrazados al mundo de las ideas bocabajo. Él no. Él sólo es uno. Ellos son Pont-Saint-Esprit. La comunidad. El hechizo.

 

 

 

 

9.

(colección primavera-verano)

Ella viste una falda vaquera desgastada y una camiseta entallada con un divertido dibujo bajo el escote redondo, zapatillas deportivas de colores y gafas de sol negras. Ella. Y ella. Y ella también. Él lleva unos pantalones anchos y medio caídos que por momentos dejan asomar unos calzoncillos grises, cuando no los tapa una camiseta de hockey. La visera plana de su gorra también en la cabeza de otro. Y otro. Y muchos en Toronto o Leganés, en París o Guayaquil. Otro. Muchos. El flequillo cortado recto sobre los ojos y la camisa de cuadros. El vestido negro y estrecho. La sudadera con capucha y el anagrama de una universidad. La chaqueta de chándal con las tres rayas negras descendiendo por los brazos. La camiseta de la banda de rock. U2. Oasis. Nine Inch Nails. Tokyo Hotel. No importa. Otro más. Pantalones chinos, zapatos castellanos, camisa de pequeños cuadros con un jugador de polo bordado en el bolsillo. Jersey sobre los hombros opcional. Él lo elige. Y él. Ella: zapatos de tacón de aguja y pantalones ajustados oscuros, zapatos de plataforma y pernera de pata de elefante. Botas altas y minifalda. Trajes blancos de novia. Trajes azules o negros con listas y la corbata anudada con rigor sobre la camisa blanca. El hombre distinguido, indistinguible. Ella. Él. El otro. Todos. Como espejos de otra cosa fuera de sí mismos. Ella lo piensa así: la ropa define mi personalidad, me hace diferente a los demás, me hace ser yo. Elegir la ropa como síntoma de libertad política y mental. Como en China en 1954, por ejemplo, la gente decide por millones vestir el austero traje zhuang-shan para que la revolución comunista venza también en los tejidos al despropósito del imperialismo capitalista. Un traje sobrio con el cuello redondo y sin solapa. Un traje sin alardes para ser parte de un todo nuevo y hermosamente sencillo, como las manos de un campesino. O unos años más tarde en la Revolución Cultural y su fervor por el uniforme militar entre los estudiantes. Verde aceituna y cuello de pico rojo, igual que el brazalete o la estrella en el centro de la gran gorra. Cualquiera diría que a ese bordado de la identidad de la ropa distinta se le tiene que llamar por fuerza totalitarismo. Toda la ropa de todos. Dirán. Pero aquí el armario y sus leyes. La moda. Un ejército casi infinito de sombras en vaqueros y camiseta sintiendo el gozo de la libertad de ser iguales sin saberlo. Su ropa. La tuya. La mía. La sombra textil que lo envuelve todo.

 

 

 

 

10.

(de la nieve)

Cae la nieve copo a copo hasta perderse, confundida, en la espesura de lo blanco. Copo a copo. Porque además dicen que el frío cristaliza cada copo de manera única e irrepetible, que un tal Wilson Bentley dedicó su vida a comprobarlo: miles de fotos. Como Nadar. Cada copo único, cayendo del cielo hasta perderse, confundido, sobre centenares de copos únicos sobre el capó de un coche. Cuajando. O derritiéndose. Dejando de ser. Porque el agua no distingue sus partes. Simplemente discurre, moja, es.
xxxLa nieve cayendo copo a copo sobre más nieve.
xxxLa nieve derritiéndose.
xxxLa nieve como metáfora de la muerte.
xxxTodos vivimos solos en nuestros cuerpos solos y al morir dejamos de ser aquello que tenía un nombre y una forma para ser simplemente una sombra o una nada, entre tantas, confundida, perdiéndose. O no, como ya sabremos a estas alturas. Porque si uno es alguien y tiene un nombre de verdad que lo defina, ese nombre pervive tras la muerte: el legado, la línea negra de su silueta ya vacía de él pero llena de todo lo que su nombre pudo significar. Es el Yo brillante, brillando como una gema entre la atonía blanca de la nieve. Es la cristalización indeleble del hielo, más allá de cambios de temperatura o presión. Más allá del olvido.
xxxLa muerte así, de uno en uno, se rinde ante los nombres de los muertos.
xxxPero la muerte a puñados, la de tantos juntos, no tiene norma ni medida. No hay muertos cuando la muerte es un alud de nombres sepultados. No hay nadie. Dicen: cuando muere una persona es una tragedia, pero cuando mueren miles sólo es estadística. En las tragedias quien muere es un héroe con su máscara precisa, en la estadística no hay nadie, sólo vasta matemática. Y no caben allí los nombres. Recuerda cuando hablamos de Praga y su cementerio judío de lápidas fundidas unas sobre otras, recuerda aquella sinagoga Pinkas con las paredes totalmente llenas con los nombres de los judíos checos asesinados en los campos de concentración nazis. Todos los nombres a la vez son sólo ruido.
xxxEl genocidio es la nieve blanca devorándose a sí misma.
xxxQué nombre se le da al muerto cuando el muerto son seis millones de judíos y medio millón de gitanos entre las balas y las cámaras de gas. Podemos llamarlo Himmler o Hitler o veintitrés mil cuerpos sin vida cada día amontonándose para ser quemados. Pero no tiene nombre, así de golpe, no es nadie. Decir Holocausto es sólo nombrar la nieve. Ni siquiera el frío, ni mucho menos cada copo. No tienen nombre los muertos de Armenia en 1915 ni los de Ruanda en 1994. No tienen nombre los nativos de la Cuba precolombina ni los últimos habitantes de Rapa Nui. Y si los esquimales tienen decenas de palabras para decir la nieve, nosotros podremos conjugar la palabra exterminio en cada rincón del mundo y aún así no pronunciaremos un solo nombre. Y sí, se puede decir Pol Pot y Camboya y contar hasta dos millones y medio, o Leopoldo II de Bélgica y El Congo y sumar cinco, siete, diez millones de muertos. El exterminio minucioso de las praderas americanas. Los cadáveres entre las dos líneas de trincheras en Verdún: un amasijo de cuerpos bajo el barro, sin distinción de uniforme ni rostro. Nadie. Sólo muertos, sólo miles. Y aún así. Matar. Morir. De uno en uno. Como la nieve que cae. La bala. El cuchillo. Así los dos mil quinientos de Paracuellos o los veintidós mil de Katyn. Toda la propaganda clavada en las fosas comunes. Pura cifra. Estadística. Pero siempre, si nos dejamos guiar por esa línea engañosa que llaman progreso podremos llegar más lejos, perfeccionarlo todo. Así fue cómo la ciencia encontró una superación moderna a la vieja estrategia de la bala.
xxxLa bomba atómica, claro, su fulgor de nieve.
xxxHasta aquí la gente muriendo sola. Ya no. El 6 de agosto de 1945, de buena mañana ciento veinte mil japoneses desparecen juntos. Tantos. Todos. Siendo el mismo destello de fuego helado, la misma sombra arrebatada por el viento. La bomba comunica a la masa con la nada. Construye la destrucción compartida. La desintegración total e instantánea de los miles. Así. Ya. Desaparecen sin dejar cadáver. En Nagasaki fueron setentaicinco mil personas en unos segundos. Personas derritiéndose junto a su máscara para siempre. La bomba atómica como metáfora más definida de la sociedad de masas, donde todo se borra para siempre. La línea negra que rodea los nombres desaparece bajo el pequeño sol hambriento que devora todos los cuerpos. Que no deja nada, salvo la pura estadística.
xxxQueda claro: el copo, la nieve, la muerte, el fuego blanco. El hambre. No, el hambre no. El hambre deberá esperar todavía.

 

 

 

 

15.

(yo somos)

Que sí, que el yo no puede ser algo para todos. Porque el yo piensa el mundo y se piensa a sí mismo. Para la masa está la indiferenciación acrítica y maleable. Y el que malea no está dentro de la masa, claro, aunque a veces acabe bajo sus pies. Porque el linchamiento también es una de sus estrategias y nada reclama más golpes que una estatua rota. Porque los mismos que desfilan armoniosamente bajo el balcón de Nicolae Caecescu son los que otro día lo revientan a balazos. Y así. El caso es que no deben tener la tentación de actuar ni pensar por sí solos. El truco del dominio es ese. Cualquier totalitarismo lo sabe, incluso los que dicen no serlo. Pon la tele ahora si no lo crees. Vale, me estoy repitiendo. Leo un folleto de las Juventudes Hitlerianas de 1934 que le dice a los militantes con lo que hay que romper para que Alemania sea más grande, les regaña diciéndoles: una vez más, estáis bajo el influjo del yo liberal marxista y negáis el nosotros nacionalsocialista.
xxxEl yo, el nosotros.
xxxEntiendo. El liberalismo tiene que ver con lo de ser dueño de uno mismo y tener propiedades y derechos como individuo, y el marxismo con la aspiración del hombre pobre a la dignidad y a ver el mundo de distinta forma a como se lo pintan sus amos. Y el fascismo es otra cosa, claro. Cualquier totalitarismo lo es, incluso el consumismo y su ejército de inercias. Ahí vamos, grandes masas, iguales, disciplinadas. Rubias y violentas si es necesario. Para quién. Pon la tele ahora si no lo terminas de ver. Vale, me estoy repitiendo otra vez. Repito incluso la frase para decir que me estoy repitiendo, como si fuera un eslogan de la radio. Un eslogan. Un pensamiento que creo que es mío y ha sido plantado ahí por la mano invisible de alguien. Del mercado, que es alguien con nombre y una cuenta bancaria. Un pensamiento que creo que es mío y que ha sido plantado en mi cabeza y en la de muchos millones más por alguien. Y eso no es pensar. Entiendo. Eso es formar parte de algo sin ser alguien.
xxxQué cosas. Si no soy como el resto soy un monstruo, como Mary Ann Bevan o Juan Antonio Castillo. Si soy como los demás soy un zombi. Si soy yo no soy los demás. O eso parece.
xxxMe cuentan una historia que a lo mejor aclara este asunto. Entre aquellos que bajan en tropel por la calle al escuchar los primeros disparos y el francotirador con la mirada llena de sangre debe haber algo. Veamos. Hay un antropólogo haciendo trastadas a unos zulús a ver qué pasa. Los pone en situaciones incómodas y anota el resultado en su cuaderno con todo el rigor posible y con cierto sadismo blanco. Bien. Toma unas cuantas piezas de fruta y las coloca en el suelo dentro de una cesta de mimbre, unos metros más allá hay un grupo de niños a los que explica el juego: cuando agite este pañuelo salís corriendo y el primero que toque la cesta se lleva la fruta. Muy sencillo. Agita el pañuelo y no hay carrera, los niños se han cogido de la mano y caminan juntos hacia la cesta, se cierran en círculo sobre ella y todos tocan el mimbre al mismo tiempo. Luego se sientan y comparten la fruta. Todos ganan el premio. El antropólogo no termina de entenderlo. Qué habéis hecho. Ubuntu, dicen los niños. Vale, Ubuntu. Traducido: yo soy porque nosotros somos. Yo soy, nosotros somos.
xxxYo somos.
xxxLa solidaridad como estructura, lo común como parte del uno mismo. Entiendo que eres radicalmente tú siendo a la vez parte de algo que construyes y que sabes que también te construye. Un niño occidental, uno tú o uno yo quizá, habría corrido hacia la cesta porque su identidad se fundamenta en la diferencia y en la competición, nos educan para eso, para ser distinto y más que el otro. A eso puedes llamarlo capitalismo si quieres, pero está en tu mente. también habríamos corrido porque un adulto lo ordena y porque los otros niños corren. Por un lado seríamos puro yo, y por el otro puro nosotros. Pero los niños zulúes dicen Ubuntu: yo soy porque nosotros somos. Y la vida propia es esa clase de amor, ese tejido.
xxxY eso también es ser humano. O algo más allá o más acá.
xxxPuede que Ubuntu nos suene a cosas de ordenadores. Y sí. Un sistema operativo en código abierto que te puedes descargar y manipular y compartir. Tú y otros como tú, una comunidad de individuos que transforman la realidad, que no aceptan lo que se les es dado. Como si fueran alguien, pero siendo nadie. Esa red, ese tejido. Entre la anonimia y el uno mismo. Cientos o miles, a saber, ocultos tras los píxeles de la pantalla. Nuevas formas, nuevas normas. Ubuntu. Puede. Otras cosas. Más allá del ti y del nos. Yo somos, dijimos. Por ahí va la cosa.
xxxYosotros.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

TELEPLATONISMO

 

7.

(teleplatonismo)

Platón explica su concepción de Lo Real en su parábola de la Caverna de manera muy sencilla. Dentro de la cueva hay una fogata. La fogata es la idea de Bien, que ilumina los cuerpos y provoca las sombras. Los cuerpos son el resto de ideas y las sombras del mundo sensible, que no es otra cosa que el reflejo degradado de la verdadera realidad. Y hasta aquí la clase de Bachillerato. Ahora lo que tenemos es una familia en el sofá, la penumbra de su sala de estar rota por el foco de luz intermitente que despide un aparato de televisión. Es importante que sea la sala de estar, no la sala de ser. Es importante entender que hay varios millones de escenas idénticas en millones de hogares. Que todos están viendo lo mismo, que la luz es compartida. La familia no es, la familia está. Su realidad está definida por la luz del televisor. La luz los proyecta sobre el sofá, en millones. Sucede que el presentador hace un chiste y el público amaestrado del plató rompe a carcajadas. Y sucede el contagio o la sombra. Millones de familias riendo en su sofá. El chiste, la risa. Una proyección de luz azul desde el interior de la caverna. La gente no es. La gente sólo ve. Está. Consume un producto luminoso que la consume y la reduce a lo idéntico. A lo mismo. Millones. La familia determinada en el sofá no es nada. Es la comunión del share. La televisión pensando por todos, su evangelio modelando los surcos de todos los cerebros. La nación catódica. La televisión siendo por todos. Es importante. Platón anunciando lavadoras, Platón presentando las noticias que dicen cómo no es el Mundo, Platón en la mosca de tu canal favorito.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

TERAPIA DE LA OVEJA NEGRA

 

9.

(terapia de la oveja negra)

La vida es una concesión salvaje. No preguntes quién la da, porque tú misma eres la diosa. Lo único que vamos a hacer es dejar que hierva, que su naturaleza suceda. Olvida lo que te hayan dicho, el idioma en el que te han hablado es una máquina vieja e inservible. Olvida la culpa, o el trauma. Tu problema no tiene nada que ver con eso. La histeria tiene que ver siempre con la Historia, con la de la humanidad. Olvídate de tu infancia, borra las huellas de toda una vida, pero también de siglos de aprendizaje y domesticación. Para curarte debes volver a ser la diosa que llevas dentro, dormida. Aquello que dicen salvaje. Aquello que es la vida, su instinto, su necesidad sin límites. Escucha bien: te estoy hablando de que tú y yo comencemos la revolución aquí y ahora. Tu enfermedad es la enfermedad de toda una civilización. Aquí y ahora somos la cura. Somos el fuego de cuyas cenizas brotará un mundo nuevo.
xxxEsto es lo que le dice el terapeuta a su paciente mientras le rodea la cintura desde atrás. Esas palabras dentro de una voz áspera y húmeda, lubricando el oído, abriendo un camino. Esto es lo que dice. No te culpes de tu mal. Dice. El sistema es el causante de tu pesadumbre y de tus delirios. El capitalismo, el Estado, todas las degradaciones a las que ha sometido al género humano eso que llaman patriarcado. Dice mientras sus manos bucean en la tela de la falda. Nacemos deformados tras siglos de error. Porque la humanidad no es eso. No estamos escritos así dentro de la carne. No somos así. Ni violentos ni esclavos de la jerarquía, no tenemos en los genes ni la posesión ni la diferencia. Todo eso es el sistema. Y todo eso es lo que provoca tu angustia. Por eso hay que arrasarlo todo. Y ese todo está dentro de ti, bajo tus bragas. Ahí está la llave de la libertad. Dice. Esas palabras dentro de una voz áspera y húmeda, agarrada a teorías que penden de un hilo de baba, abriendo un camino de piel en el cerebro, un camino cerebral en la piel de la paciente.
xxxEl terapeuta cree en una humanidad previa donde todo, la comida, los objetos, el aire, los cuerpos de la comunidad, no atendía a la posesión ni al límite. Que todo era de todos, para todos. Que durante miles de años la carne se contagiaba de amor y jadeos sin restricciones, antes del matrimonio y la monogamia, antes del tabú, antes de cualquier tipo de representación sexual y del silencio culpable del deseo. Eso piensa el terapeuta que fuimos, y esa misma naturaleza asegura que somos. Hacia eso pretende que volvamos.
xxxPor eso su voz se desliza por el cuello de la paciente confundida en labio.
xxxPor eso le dice que el paraíso perdido está dentro de su sexo.
xxxPalabras dactilares. Que tocan y dicen.
xxxEres una diosa que tiene que arrancar sus raíces del mármol. Esa humedad que comienzas a sentir es la primera barricada de esta revolución. El patriarcado degeneró lo que debíamos ser, nos encadenó a la miseria de la ley y del Estado, a su absurdo dinero. Dice. Nosotros tenemos la llave, pero yo te pido que echemos la puerta abajo. Cada botón arrancado de tu vestido es un paso más para la liberación, para el mañana posible. El terapeuta la convence de que ni el Estado ni el Capital pueden existir si follan como lobos. Le dice: la Iglesia y sus fraudes no existen si nos comemos la piel hasta el desmayo. La opresión y la Historia no son nada frente al sudor y el esperma goteando en tus labios. Le dice: siéntelo. Su voz que toca áspera y húmeda, sus manos cayendo en piel ajena. La enfermedad no es más que la necrosis de un mundo podrido que estamos destruyendo ahora. Siente cómo se derrumban los templos. Cómo se reinicia el mundo. Déjate llevar por la vida. Le dice. Incéndiate y sana. La vida es una concesión salvaje y tú eres tu propia diosa.
xxxTodo eso le dice el terapeuta a su paciente, y las palabras terminan cuando comienza el coito. En eso consiste la terapia.
xxxEl terapeuta es Otto Gross, un discípulo de Freud que acabó sus días en la calle con graves problemas de politoxicomanía. Un anarquista que tenía claro que el único camino posible de la revolución era el de la revolución sexual, que la neurosis y el capitalismo eran las obras maestras del patriarcado y que el sexo libre era más efectivo que una bomba en el Liceo. Por eso concibió su vida como un laboratorio, o como una barricada en llamas.
xxxOtto Gross fue también uno de esos tipos cuyo destino está trazado por ser hijo de su padre. Puede que la sombra de Hans Gross fuera la que le empujara al psicoanálisis, primero como paciente y luego como dinamitero. Otto fue un continuo quebradero de cabeza para su padre, una oveja negra demasiado oscura. Hans Gross era una eminencia que dedicó su vida al servicio del sistema que su hijo se empeñaba en derribar. Fue el creador de la moderna ciencia de la criminología: para acabar con el crimen había que comprender el modus operandi de los criminales hasta el último detalle, para encarcelar a un asesino había que tener en cuenta desde la balística hasta la filatelia, desde la biología hasta la información deportiva. Hans Gross era uno de esos tipos que el sistema necesita y aplaude. Otto no. Otto tuvo que escuchar más de una vez aquello de: así que tú eres hijo de. Hijo de un padre ultraconservador y castrador. Yo, la oveja negra, dispuesta a morder. Encerrada una y mil veces por su padre en sanatorios mentales para curar aquello que no es una patología: que no quiero su mundo.
xxxDicen que Jung tuvo que tratarle en uno de esos internamientos, y que el proceso de transferencia fue brutal. Ya saben, el psicoanalista trata de escarbar y modelar las raíces mentales de su paciente, pero acaba produciéndose lo contrario. Un contagio. Al menos una sacudida. Lo justo para que Jung se replantee sus propias teorías. Y mientras, la oveja negra de los Gross derramando su esperma incendiario por media Europa. Podemos verlo en su comuna del Monte Veritá, rodeado de proscritos y sabios. Algo beatnik antes de. Algo hippie antes de. Su carne como material para comprobar hipótesis sobre el mundo. Otto Gross es en sí mismo un manual de anarquismo psicosexualanalítico. Y ya. Morfina para poder dormir. Cocaína para estar despierto. Un reino químico.
xxxUna alquimia del verbo, hecha carne.
xxxAlgo así. Un tipo perversamente coherente. Extremo. Quien lo escucha. Quien folla con él, confirma la existencia del cuerpo, la pertenencia de la humanidad al cuerpo. Otto Gross convierte a seres perdidos en dioses conscientes. Los que beben de su fuente son distintos de los que no lo hacen, comprenden que la sed es insaciable, y disfrutan. Son. Más libres. Más dueños de sí y del futuro. Más cuerpo y más mente. Por la intersección de.
xxxLa oveja negra.
xxxEl hijo de.
xxxEl hombre muerto y su ruina.
xxxOtra tipología de mártir. Otro mal bicho.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

DE SANTORALES INVERSOS Y DEL ORIGEN DE LA ASIMETRÍA

 

5.

(santoral inverso)

Yo sólo hice aquello que otros hombres tan sólo se atreven a soñar.
xxxYo soy vuestra pesadilla.
xxxDicen que dijo.
xxxEn 1429 el campo tras la batalla era un templo infinito de sangre. Dios era la muerte, el horror una bendición. Entonces sí. La guerra es una coartada para ser dios. Entonces. La guerra se acaba y el dios permanece. El dios que rompe los velos de la compasión y la empatía. El que puede y hace. El que desea y ejecuta. El deseo. Eso es. Desterrar el fantasma y su hambre invisible. Hacer. Dar rienda suelta. Más allá de los dictados de lo asumible.
xxxDicen que hizo.
xxxGilles de Rais nació en la torre negra del castillo de Chaptocé, a la rivera del Loira, y su destino era ser héroe y santo. Ser pesadilla. Es aún muy pequeño cuando contempla la muerte de su padre, herido en el vientre tras una cacería. La sangre y las vísceras se le filtran entre los dedos mientras de su boca brota una leve espuma roja. Los ojos de Gilles. Un olor dulce. Una ligera erección. Otra mayor unos años después, cuando juega con un criado y su machete se clava en su cuello. El esperma brota violento como la sangre de la carótida abierta. Así, Gilles de Rais, descubriendo que el deseo es sólo una decisión. Que no hay mayor poder que el dolor y la muerte. Que eso es Dios.
xxxGilles de Rais es noble de la vieja Francia y la guerra es un negocio rentable para su hambre. Aquí sí. Matar es sagrado, es heroico. Su mandoble destrozando cráneos ingleses, la maza abollando las corazas hasta hundirles las costillas en el pecho. El templo de la sangre infinita, la carne mutilada, la camaradería negra. Es heroico y es admirable.
xxxMatar.
xxxLustrar su armadura hasta que en ella se refleje la mirada de una niña venida del cielo. Ella, Juana, la Doncella de Orleans. El milagro, la certeza viva de que Dios está con los franceses. Juana, la niña loca y sagrada que va delante de los ejércitos y a cuyo paso se abren las puertas de la victoria. Mataré por ti, Juana, para disolverme en tu ciego amor. Juana. Francia. Juana. Nadie te tocará. Ninguna mancha rozará esa belleza que duele de tan pura. El metal hendiendo la carne es un tributo. Mataré por ti, virgen de las espadas rojas y los relinchos enfermos de los caballos en el barro, nadie te tocará. Gilles de Rais es la sombra de santa de Santa Juana de Arco y llora como un niño de miedo y luz ante su reina. Ella es el milagro histérico y él es la pesadilla encarnada. No puede caber más amor dentro de una armadura.
xxxEl asesino en serie y la santa, el nudo que los ata. Ella en el santoral y él en los anales del infierno. Formas distintas de ser dios.
xxxPero sólo la Madre Iglesia decide qué puede ser dios y cuándo, y hay amores que no son de este mundo. Así que Juana arde y Gilles se retira a su castillo. Cuando se extingue la pira que consume a la santa se apaga también la única luz en el corazón de su guardaespaldas. Ya no hay guerra ni bálsamos para su deseo, pero este es inagotable. Así que dilapida su fortuna en grotescas fiestas, donde de vez en cuando alguien le ve llorar de pura belleza frente a un coro de cantores gregorianos que le acercan el cielo a sus oídos. Y pasan los días entre el rojo del recuerdo de su padre y el blanco de Juana. Dios y el Diablo bailando dentro de su pecho. Y el hambre. El deseo. La voluntad rotunda de hacer aquello que los otros hombres sólo se atreven a soñar. Alquimia y magia bastarda para pasar el rato. El deseo. La pornografía del dolor y la muerte. Matar. Cientos de niños. Escribir un libro de conjuros con su sangre. Para ser un dios, sabiéndolo. Actuar como tal. Mil niños desaparecidos en Normandía. Mil formas diferentes de darles muerte. Su pene envuelto en sangre penetrando la herida en el vientre de un niño de ocho años que aún respira. Barba Azul, qué miedo das. Mil niños, sí. Un juicio, una soga y una tumba en una iglesia.
xxxUna pesadilla.
xxxLo que otros hombres sólo se atreven a  soñar.
xxxUn nombre: Gilles de Rais.
xxxO una fecha: 1888.
xxxDice Alan Moore en su cómic From Hell, que fue ese año cuando realmente comenzó el siglo XX.  El siglo de la muerte masiva. La fecha en que fue concebido Adolf Hitler y llegaban notas a los periódicos londinenses con un remite desde el Infierno. Putas muertas en los callejones de Whitechapel. La precisión quirúrgica de un rito enfermo. Y nadie. Pensémoslo bien. Jack el destripador es nadie. Un nombre sin cuerpo, una marca. No sabemos quién, sólo sabemos cómo. La liturgia sagrada de los bisturís y la obscenidad de la muerte repetida. Nadie, y el eco infinito. Eso sí. 1888 como metáfora del siglo XX. Como un umbral. Donde un hombre deja de ser para disolverse en el miedo de los demás. Para generar una comunidad.
xxxUn terror íntimo, compartido, que nos iguala.
xxxUna pesadilla. Otra metáfora.
xxxAún.
xxxNombres pequeños generando grandes movimientos, inercias comunes.
xxxBarba Azul. Jack el destripador. Romasanta. El Arropiero. Ted Bundy. Ed Gein inspirando decenas de películas: la lámpara de su salón forrada de piel humana, su collar de orejas, su traje de mujer hecho con trozos de mujeres muertas. Nombres sin cuerpo como Zodiac. Cuerpos sin nombre amontonados en las cunetas y en las morgues. Gente que hace. Pesadillas. El deseo negro como ley. Albert Fish y Andrej Chikatilo.
xxxPor ejemplo.
xxxEl viejo huesudo del que dicen se come su propia mierda, el mismo que está atado en un burdel mientras le suplica a un portorriqueño borracho que le golpee las nalgas con una pala de madera. Albert Fish con el pene de un retrasado en una mano y una navaja en la otra, conversaciones con san Juan sobre el Apocalipsis y la sangre diminuta de los ángeles. Albert Fish violando niños en un sótano, penetrándolos mientras los asfixia con las manos. Niños de seis años, montones de ellos. Absurdo Barba Azul de la era industrial. Cocinando la carne de una niña y contándoselo a la madre en una carta: la carne de niña es tierna, jugosa. Lo acabaron friendo en la silla eléctrica el 16 de enero de 1936. Al parecer la máquina falló porque Fish tenía el escroto lleno de alfileres y clavos. Se los introducía para sentir el dolor siempre, y que cada movimiento le recordara que la pesadilla es posible. Que eso es Dios.
xxxEl olor a carne quemada.
xxxO Andrej Chikatilo y el olor de la carne cruda, su vapor rojo ascendiendo a las fosas nasales mientras devora la carne aún viva. Por una erección. Para poder eyacular sin llorar de dolor. Amontonando cadáveres en los bosques de la Unión Soviética. El mayor asesino en serie del siglo de la muerte. Su nombre propio: Andrej Chikatilo, en el país que quiso abolir la importancia de los nombres en aras de la importancia común del Estado o de otros nombres mayúsculos. Chikatilo rompiendo en jirones de carne el monopolio estatal del horror. Mucha gente, demasiada. Su risa histriónica durante el juicio, su horrible camisa hawaiana. otro enfermo de deseo. Otro ejemplo de animal híbrido. Tal vez el definitivo. Veamos. Chikatilo era lo que clínicamente se conoce como una quimera: el animal que posee un doble ADN. es decir, el que siendo uno es al mismo tiempo dos. Como una especie de Dios. Como el eslabón entre el uno y los otros. Desde dentro de su cuerpo hacia la muerte colectiva.
xxxOtra forma de santidad.
xxxEn su juicio Gilles de Rais confesó que para él la sangre era un altar y que la muerte era su dios, sagrado y bello. La muerte es el amor. Mi juego favorito es imaginarme muerto y roído por los gusanos. Dicen que dijo. Yo sólo hice aquello que otros hombres tan sólo se atreven a soñar.

 

 

 

 

6.

(el origen de la asimetría)

Una quimera es por definición un animal imposible. Una mezcla aberrante de león, cabra, serpiente y alguna que otra cosa más. Como este libro. La quimera es un ser propio de la mitología, es decir, forma parte del relato que hilvana en uno a los pueblos distintos. Esos cuentos que cosen los siglos y los kilómetros. Algo que posee una realidad fantasmagórica, más comunitaria que íntima. Algo parecido a los retales que convocamos en estas páginas. Vale. Escribir una quimera, vivirla.
xxxPero una quimera humana es otra cosa. Una quimera humana tiene doble ADN, es un individuo escindido en sí mismo. Ocurre porque dos mellizos se fusionan al poco de la gestación, y la mezcla crece doble y uno. Y sucede que el código que nos define como únicos en el interior de la sangre, nos define como dos. un individuo que no lo es. Algo así podemos pensar, y estaremos adelantando las últimas páginas de este libro. Por ahora recordemos que Andrej Chikatilo era una quimera.
xxxDeformación moral y anomalía genética.
xxxUn mal bicho.
xxxRecordemos también si queremos el determinismo de Cesare Lombrosso para el crimen y sus causas. Ya. Le pusieron su nombre a un cromosoma extraño que rompía la simetría de los pares y que según y que según algún que otro estudio era común en la población más violenta de las prisiones. El Arropiero tenía ese cromosoma de más, el mayor asesino de la Historia de España. Mal bicho. Una trisomía sexual, XYY. Que se conoce como superhombre porque se ve que quien la tiene está más allá de lo humano, por encima de. Por las mismas razones que la anomalía XXX se conoce como supermujer. Olvidémonos de síntomas delatores como el asesinato, las manos grandes y el acné tardío. Eso son rasgos superficiales. Pensemos en la idea de la multiplicación. En la idea de ser más dentro, a nivel celular.
xxxEn la pura centralidad del animal.
xxxUn cromosoma de más.
xxxUn corazón con un ADN distinto.
xxxLa multiplicación dentro, como umbral a la multiplicación exterior en los demás. Puede ser. Al menos en el caso de los dos asesinos, doblemente monstruosos. Con su reguero de víctimas. Con. Por. Una comunidad de creyentes. Mejor. Estoy tratando de darle importancia al interior. Lo importante es mirar dentro. Por eso es necesario que alguien nos enseñe a hacerlo.
xxxAprender a ver dentro.
xxxAprender a ser parte de los que saben ver dentro.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

LOS CUARENTA LIMONES -extracto-

 

xxxSer uno no es fácil.
xxxSer ese uno.
xxxAunque sea lo que más deseemos. A veces buscamos toda una vida que nuestro nombre y nuestro yo sean traducidos al idioma del mundo, que todos coreen nuestras canciones y reconozcan los límites de nuestro rostro. Pero a veces la traducción es puro ruido, y nos consume. Y entonces no suele haber marcha atrás.
xxxNo la hay.
xxxA pesar de todo.
xxxAlgo parecido tuvo que pensar Juan Antonio Castillo mientras comprobaba la tensión del nudo con sus dedos. Un ligero cálculo entre la vertical de la soga y el fardo de una vida equivocada. Uno es lo que le dejan ser, precisamente lo que ha buscado. La tiranía del sueño. Uno es, y de eso no se puede escapar. Juan Antonio Castillo era un niño bien de la Córdoba posfranquista, familia con dinero y buenos vinos en la bodega. Pero les salió rana. Artista. Una enfermedad incurable cuyos síntomas son múltiples. Por ejemplo. Que por los callejones y los bares cordobeses todos te llamen el Patuchas y que haya un reino lisérgico en cada recoveco de la Judería. Ocurre que lleva gafas redondas como de beatle muerto, pero el cristal es enorme para que la muerte se confunda y lo esquive, o simplemente para ver más más lejos, más adentro de las cosas. La enfermedad de Juan Antonio Castillo. El Patuchas. Lidera un grupo de punk festivo e incongruente llamado Pabellón Psiquiátrico, que le canta a la flauta de Bartolo con su solitario agujero y recuerda que las momias no tienen novia. Que no tienen nada. Y así, entre risas y caras de loco, concierto tras concierto, disco tras disco. Y algún que otro fan. El Patuchas canta, baila sobre el escenario como si le dieran ataques, se retuerce dentro de una camisa de fuerza. Un chiste fino y gamberro que le hace quemar las carreteras de España en su furgoneta e incluso cruzar el charco y probar las drogas del otro lado del mundo. Tenía gracia. Pero tampoco es que hubiera mucha gente en su casa rezando por un nuevo vinilo de Pabellón Psiquiátrico. Así que echaron el cierre.
xxxPero el Patuchas no se había curado de su mal.
xxxAsí que decidió estudiar y leer cosas que le agrandaran el paladar y el alma. El tipo de la camisa de fuerza escribía cuentos, poemas y obras de teatro. Argucias para cambiar el mundo.
xxxEntonces a su aire ya. Nada de estridencias punk ni de chistes malsonantes. Ahora el Patuchas se recorre las cafeterías con su guitarra y un disfraz de cantautor autista. Sus canciones son poemas, o alegatos por la pertinencia de una nueva realidad. La primera vez que se presenta, casi sin querer pero ya para siempre, como el crooner de la Córdoba tóxica es en un local llamado El Limbo. A veces las palabras no se equivocan. En el limbo empezó y puede que nunca saliera de él.
xxxJuan Antonio Canta.
xxxY canta serio. Y canta denso. La ironía es un perro invisible que muerde y lame. Ya no necesita una camisa de fuerza para reclamar atención, las palabras y la mirada son suficientes. La guitarra y el ingenio. Entonces. Paremos la máquina y congelemos la imagen: este momento lo cambia todo, y nadie es consciente mientras sucede. Alguien entra en el bar, mira la actuación, y cuando acaba se acerca y le ofrece la llave de una puerta con su nombre dentro de una estrella. La televisión. El programa de máxima audiencia de la noche española. Juan Antonio tiene ante sí la oportunidad de que millones de personas ausculten las arritmias de su enfermedad. La oportunidad de ser, y de que el resto del universo implore que sea. Artista. Irremediablemente. Pero la televisión tiene sus normas, y Pepe Navarro ha escrito unas cuantas de ellas. Esta noche cruzamos el Missisipi. El presentador medio sentado sobre su mesa con una taza en la mano. Con vosotros: Juan Antonio Canta.
xxxUna canción facilona, con un estribillo voluntariamente idiota. Él piensa que es un látigo, una aguja sutil que se clava y duele al rato, pero la gente corea y baila la absurda danza de los cuarenta limones. Y no hay látigo ni agujas. Un limón, medio limón. Las bailarinas del programa vestidas como un mal sueño de ácido, revolotean a su alrededor con una coreografía obscena y estúpida. Su cara simula una esfinge del desierto. Juan Antonio Canta. Y triunfa. Ese verano no se oye otra cosa en las terrazas y las fiestas, los conciertos se suceden porque todo el mundo quiere bailar la danza de los cuarenta limones. Juan Antonio Canta. Los limones. Todo el mundo. El éxito es esto: tu nombre en los carteles y dinero en la cuenta.
xxxPero no.
xxxYo soy un artista, escribo con el corazón goteándome en la boca, cada palabra y cada acorde tiene un peso y un sentido. No podéis obligarme a eternizarme en esos malditos limones. ya. Pero Juan Antonio Canta es el tipo de los cuarenta limones. El Patuchas no es nada, el enfermo del arte tampoco. Debes darle a la gente lo que necesita de ti. Lo que eres. No hay marcha atrás.
xxxTodo es ruido. Nada es verdad.
xxxPasarán los guitarrazos y el caos y quedará la belleza, dice en una carta a Martirio, unos días antes de que el 22 de diciembre de 1996 su familia lo encuentre ahorcado en su casa de Córdoba.
xxxY así es.
xxxSer uno no es fácil.
xxxSer uno mismo a veces es imposible.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

CAPÍTULO UNO

septiembre 29, 2020 Deja un comentario

 

3.

(una de los nuestros)

Mary Ann Webster nació a las afueras de Londres en 1874. Nunca fue una chica guapa, pero su mirada tranquilizaba a los ancianos del hospital donde trabajaba. Otras enfermeras llevaban la falda ceñida y se ruborizaban ante los guiños de los cirujanos. Pero ella no. Jamás se tuvo que preocupar de que ningún pellizco asaltara su trasero al cruzar los pasillos. Y eso no era malo del todo. Sabía mirar con afecto y era una buena mujer. Algo tendría cuando Thomas Bevan decidió casarse con ella. Un poco tarde, murmuraban las compañeras el día que se despidió. Porque hace cien años casarse con veintinueve era haber esperado demasiado. Vale. Pero Thomas decidió darle hijos y un apellido nuevo.
xxxY los pasillos de los hospitales fueron apagando las luces, lejos.
xxxAsí la vida fue dando pasos de bebé por la nueva casa y Mary Ann disfrutaba de la rutina. Eso de ser una familia normal, con su ruido de vajillas y su silencio cómplice. Todo iba bien, hasta que todo cambió para siempre. Esa mañana sintió los primeros dolores. Como si hubiera un ejército dentro de su carne intentando arrancarle la piel. Se miró desnuda al espejo y vio por última vez un cuerpo que ya nunca sería igual. Su cuerpo dolía y se transformaba. Y dolía mucho.
xxxAlgo raro ocurría con ella. Algo feo.
xxxAl principio los médicos no terminaban de explicarle qué era. No tenían ni idea, y la derivaban a uno u otro sitio. Los analgésicos calmaban los dolores, pero no impedían que su cuerpo creciera. Otro ser creciendo encima de su carne. Le pesaban los párpados y su rostro era una máscara de cera derretida, hinchada, monstruosa. Un ser que la devoraba poco a poco. Cada día. Cada noche. Thomas la cogía de la mano y le prometía que aquello se iba a solucionar. Pero mentía. No había solución. Mary Ann Bevan tenía acromegalia, y nadie había inventado un remedio para eso. Aquello era para siempre: una vida de dolor y deformación.
xxxY entonces Thomas murió.
xxxDejándola triste, pobre y fea. Y con cuatro hijos que alimentar. Piedras en las ventanas, insultos en el colegio. Eres fea, Mary Ann. Eres lo más feo que ha pisado las calles de Londres. Fea. Fea. Una aberración de Dios. Un monstruo. Sin remedio. Risas en el mercado, murmullos en la escalera.
xxxY el mundo girando.
xxxAsí. El siglo XX se quitaba el polvo de las bombas de la chaqueta. Acabada la guerra que los mataba a todos por igual, la gente sentía, otra vez, la necesidad imperiosa de recordar quién era. Poder decir: soy yo, y ser yo es también ser como los demás, parte de la confortable normalidad. La atonía del equilibrio. Esa gente necesita monstruos a los que señalar y de los que mofarse. Necesita sentir que no son ellos. Que la maldición los ha esquivado. Que lo anodino es su marca. Así de simple, siempre. Alguien entra en El Prado y sonríe ante la Magdalena Ventura de Ribera: mira, es una mujer con barba negra y cara de viejo, y le da de mamar a un niño. En ese momento se siente más seguro. Como delante de un programa de telebasura, la jaula llena de enfermedades amaestradas. Lo necesitan, y están dispuestos a pagar por ello.
xxxMary Ann Bevan apenas tiene unas monedas sobre la mesa y lee una y otra vez un recorte de periódico amarillo. Al otro lado del océano hay otra mujer gigante sosteniendo una antorcha. Alguien organiza un concurso para decidir quién es la mujer más fea del mundo, y el premio son unos cuantos dólares. Ella es viuda y pobre. Sus hijos tienen hambre. Así que traza una línea con sus dedos deformes entre su casa y los Estados Unidos, pide algunas libras para el pasaje y se va. No es una huida, es la única forma de plantar batalla. El dolor y la metamorfosis no van a cejar nunca, habrá que seguirles la corriente. Y así es. El jurado del premio jamás ha visto algo así.
xxxMary Ann Bevan, eres la mujer más fea del mundo.
xxxLa gente aplaude y una orquesta toca una marcha cómica entre confeti y petardos. Le colocan una corona brillante y un telón de carcajadas. Qué más da. Venid a verme, piensa. Venid a reíros si queréis, a decir: tú no eres yo y me alegro. Haced lo que queráis, pero dejad unas monedas a mis pies.
xxxComo una diosa antigua, en la tierra del sueño de Coney Island. En naipes y periódicos. Recorriéndose las ferias de la joven América. Junto a enanos y mujeres siamesas. Compartiendo cartel con el hombre del cuerpo tatuado con escamas y la lengua bífida, en la misma caravana que el músico sin piernas ni brazo y el tipo que gira su cuello trescientos sesenta grados. Una más. La emperatriz del espanto. Una noche proyectan Freaks de Tod Browning en una sábana del campamento y ella ríe como una niña durante la escena de la boda. Gobble, gobble. Una de los nuestros. Al día siguiente la función es real. Toda esa gente ignorante alimentándose del escarnio. Alguno recordando a los monstruos que en otros tiempos no había lugar para ellos. Unas piernas cerradas a tiempo, un niño sin ojos abandonado en el bosque. Pero ahora están las ferias de fenómenos y el reguero de monedas que dejan a su paso.
xxxY Mary Ann Bevan forma parte de eso.
xxxA veces recuerda la mano de Thomas sobre la suya.
xxxEl tiempo es un monstruo más cruel.
xxxLa mujer más fea del mundo a veces se mira desnuda al espejo y recuerda lo que fue hace años. Recibió la herencia podrida de los dioses. Y qué. El día que soportó que el reflejo le devolviera la mirada supo que no había escapatoria. La herida es un arma. Y su mirada seguía siendo la misma que calmaba a los enfermos.

 

 

 

 

4.

(un eclipse imposible)

Es el invierno de 1914, esto es un sanatorio de Berna. La nieve es una frontera blanca, una advertencia al resto del mundo: aquí hay personas que pisotean la máscara que la vida les dio, la hacen trizas y bailan sobre ella entre el dolor y la risa. Hay gritos y babas. Hay ojos en blanco perdidos dentro de una música inaudible. Otras nieves, otras fronteras, dentro de sus cabezas. Esto es el hospital de Waldau, y es el último lugar del mundo donde quisieras estar. Sí. El último lugar del mundo: aquí están sus límites de niebla y nieve derretida; más allá no hay nada. Sólo un abismo interminable.
xxxAquí hay cientos de personas, o lo que queda de ellas. Pero centrémonos en tres. Dos médicos que caminan juntos por un pasillo y el paciente al que van a visitar. Dos sombras blancas detenidas frente al brocal de un pozo.
xxxMédico número uno. Se llama Hermann Rorscharch y lleva poco tiempo en Waldau. Cuando era niño improvisaba abstracciones de tinta china sobre las cuartillas del colegio, luego las doblaba, y generaba un dibujo nuevo: la magia de una simetría secreta. Por eso los compañeros lo llamaban Mancha. Y esa iba a ser la base de su trabajo, el horizonte sobre el que desplegar su talento. Manchas simétricas para desnudar el alma. Justo en la intersección entre la palabra y el signo están las respuestas que esquivan la luz. Leer ahí los trastornos y las profundidades veladas. ¿Una forma de arte? El único posible: propongo una sombra para que tú le pongas nombre. Tu sombra, tu nombre. Así es. Las láminas del test de Rorscharch sólo son variaciones del tema de la mariposa, la crisálida es la mente del paciente. Más o menos. Publicó de mala manera su Psicodiagnóstico un año antes de que la peritonitis lo llevara a la tumba.
xxxEl hombre que tiene al lado le ayudará en la edición.
xxxMédico número dos. Se llama Walter Morgenthaler y es el jefe-médico de este hospital. Aborrece la palabra manicomio y tuerce la expresión cuando alguien le recuerda que regenta el reino de los muertos. Las cosas nunca son tan sencillas, el ser humano nunca lo es. Hay mendigos que viven dentro de casas en ruinas, y que hacen de esa precariedad las razones de un hogar. Eso es lo que quiere comprender. Las estrategias del caos para hacerse confortable. La locura. Los locos. La enfermedad mental es una excusa de Dios para ofrecer otras versiones de lo humano. Morgenthaler cree que en la locura hay formas de belleza posible. Se dedicará a buscarlas. también cree en las teorías de Rorscharch y hará todo lo posible ara que el mundo acabe conociéndolas. Ahora quiere enseñarle a su nuevo amigo cuál es la diana de su obsesión. Hermann, tú haces manchas y las usas como un oráculo del interior borroso de las personas. Ahí dentro hay un enfermo cuyo interior se derrama al mundo en forma de colores salvajes.
xxxMandalas sin centro. Biblias lisérgicas. Ascuas de un arco iris en llamas. La contraseña al otro lado de la nieve.
xxxEl paciente. Morgenthaler se lleva el índice a los labios. Rorscharch contempla a un hombre corpulento, su mirada disuelta en la nada. Sopla una especie de flauta de papel que emite un sonido turbio. La música de una flor marchitándose y el rayo de sol que la bendice. Por decir algo. Mira, esta es una de sus partituras, como la que ahora se supone que interpreta. Un papel lleno de garabatos indescifrables. Es su solfeo, notas que sólo él sabe leer, y mira, no están sobre un pentagrama sino sobre una estructura de seis líneas. Es un lenguaje inventado por él, para él. La codificación musical de su universo. Lleva diecinueve años aquí encerrado y si le miras a los ojos lo que ves no tiene nombre.
xxxAdolf Wölfli.
xxxEl menor de seis hermanos, hijo de un padre borracho que los abandona pronto, no sin antes desarrollar la pedagogía del maltrato y el abuso sexual. La madre no tarda en morir. Wölfli tiene nueve años y la vida es un cepo en sus tobillos. Orfanatos, miseria y frío. Mozo de almacén, campesino, vaquero, segador, maderero, albañil, sepulturero. La ingratitud de las monedas sucias y los platos medio vacíos. Dicen que trabajó en una granja y se enamoró de la hija equivocada. Dicen que tuvo que enrolarse en el ejército y que allí perdió la cabeza. Wölfli fue acusado de violación de una menor, pasó dos años en la cárcel, y cuando salió volvió a las andadas. Una chica de catorce, una niña de siete. Su piel blanca y frágil entre sus rudas manos. La mirada desierta, vagando en algún lugar desparecido del mundo. Y entonces lo encerraron en Waldau y allí murió más de tres décadas después.
xxxSu reino no era de este mundo.
xxxMorgenthaler recuerda los informes. Al principio era un gigante desbocado. Su evangelio era la violencia y su idioma sagrado el aullido de los lobos. No había manera de calmar su demonio. Golpeaba, se golpeaba. Arañaba los muros hasta que se le ensangrentaban las uñas. Mirar su rostro era contemplar una moneda cayendo a un pozo para siempre. Hasta que alguien le dejó unas ceras de colores y papel de estraza. Entonces la ira se cerró como una flor nocturna y fue otra cosa la que abrió sus pétalos. Esto que ves. Miles de dibujos, partituras, novelas imposibles. Hasta el último centímetro de papel lleno de símbolos, un mundo de círculos concéntricos, inabarcable, inacabable. Creo que si el arte tuviera una forma extrema de pureza debe ser esta.
xxxEn los bancos de la capital los ricos herederos guardan sus fortunas fiadas a los colores sagrados de Matisse, se extasían contemplando postales de la Mona Lisa. Recorriendo el hilo que une esas sombras con el pasado, con su dinero, con los grandes nombres y sus trampas. Pero aquí no hay estrategias. No hay escuela, no hay pasado ni puede haber futuro. Esto es creación salvaje, fuera del tiempo y fuera del arte. La forma más radical de la resistencia. Y Wölfli pinta y escribe, y vive. Y sus obras tienen para él la misma importancia que sus heces o los restos de espuma de afeitar sobre su barbilla. Él no sabe nada. Él crea. Sí. Podemos leer los mapas de su enfermedad, podemos decir: el horror vacui demuestra su trastorno maniaco obsesivo compulsivo, los personajes de sus historias demuestran su personalidad disociada, sus argumentos dan fe de la magnitud del trauma y de la profundidad del abismo que lo duerme. Pero esto es más que material para comprender la locura de un hombre.
xxxEsto es el hombre.
xxxMiles de páginas escritas con la historia del Niño Adolf y su transformación paulatina en el Santo Adolf II. Miles de dibujos. Miles de dólares en las subastas. Colas en los museos. Adolf Wölfli, santo patrón de los artistas locos. Encerrado en su celda de Waldau mientras su médico lo presentaba al mundo como la constatación de que la locura y el arte no son sino las dos caras de la luna. El eclipse imposible. Morgenthaler coge uno de los dibujos y se lo enseña a Rorscharch. Dime, ¿qué ves aquí?

 

 

 

 

5.

(las Chicas Vivian)

Otro gesto parecido. Una pequeña sala de conciertos de Nueva York, el mes pasado. Tres chicas tatuadas mezclan los setenta con los sesenta y por eso son las más modernas. Hay una rubia, una morena y una pelirroja. El lacito de niña y el peinado contrasta con la violencia con la que torturan sus instrumentos. Somos las Chicas Vivian y hemos venido a regalaros la intensidad.
xxxDulce estridencia.
xxxFuga.
xxxEs la primavera de 1973 y Picasso ha muerto. Los periódicos reproducen sus pequeños ojos negros una y otra vez. Ya. La gente muere a cada momento, en todas partes. Millones de esquelas en blanco. Aquí, sin ir más lejos, en el norte de Chicago. Hace sólo una semana que falleció el inquilino del matrimonio Lerner. Un viejo. Un raro. Abren la puerta de la habitación y sienten cómo brota un viento torcido de la basura acumulada. Toneladas de papel escrito, recortes de revistas, centenares de cuadernos. La luz pobre se filtra por la puerta y le da a aquello el aspecto de la ceniza, como el final de un incendio. En la pared hay unas pinturas que parecen estar hechas por un niño asustado y enfermo. Qué clase de hechizo es este. El templo de una religión secreta.
xxxHemos venido a regalaros la intensidad.
xxxLa morena golpea la batería como si fuera la espalda del diablo.
xxxNathan Lerner es un fotógrafo que se ha ganado cierta reputación en los ambientes artísticos con sus obras abstractas: texturas y geometrías que parecen robadas del taller de revelado de la Bauhaus. Su mayor éxito será una serie sobre ojos. La clásica ironía metalingüística. Ya sabes. El ojo nos ve y nosotros vemos al ojo, la cámara y el papel fotográfico como un interfaz obsceno. Un tanto tópico. De acuerdo. Su mejor obra está dentro de ese cuarto, y es el legado de un hombre que vivió y murió solo. Lo tuvo alquilado allí un montón de años y apenas recuerda su rostro ni su nombre. Se llamaba Henry Darger, y a partir de hoy jamás lo olvidará.
xxxMira esas ilustraciones. Mira las quince mil páginas escritas, narrando la guerra entre unas niñas y el asesino mundo de los adultos. Mira. Niñas luchando contra soldados confederados, niñas con alas que vuelan sobre el campo de batalla. Torturadas atrozmente, rezando frente a la imagen de la Virgen María. Desnudas. Hermafroditas. Niñas que juegan mientras desde el cielo las observa una mirada roja, tenebrosa, que hiela los tuétanos.
xxxSomos las Chicas Vivian, dice la rubia mientras saca la lengua.
xxxSomos las Chicas Vivian, y vengamos la muerte de todos los niños pequeños.
xxxHenry Darger tenía los ojos pequeños igual que Picasso. Pero el día después de morir sólo tuvo un funeral vacío, sin fotos ni nadie dejando flores. Y en el cuarto las segregaciones de una vida invisible, cerrada por dentro, un acertijo sin formular. Darger era Nadie. Nos cruzamos con él un millón de veces y siempre giramos la cara. Y ahora. Donde hubo escombros y polvo queremos imponer la rotundidad del mármol. Su nombre. Los Darger del mundo no caminan erguidos porque sus sueños están hundidos bajo el asfalto, y tienen el corazón de una paloma latiendo bajo la lengua. El mundo de los nombres y los hombres les da pereza o miedo. Por eso construyen el suyo donde nadie pueda verlo. Nathan Lerner abrirá la caja de los secretos. Las piezas sueltas de un rompecabezas que acabarán formando algo a lo que poder referirse. Algo lejano.
xxxLa intensidad.
xxxLa dulce estridencia.
xxxLa fuga.
xxxLos reinos de lo Irreal.
xxxHenry Darger nunca se acostó con una mujer porque tenía miedo del incesto. Su hermana pequeña había sido dada en adopción al morir su madre en el parto. Pasó algunas temporadas encerrado en sanatorios. Le diagnosticaron masturbación compulsiva, se fuga varias veces hasta que un día ya no vuelven a pillarle. Ahora lo descubrimos en 1911, es primavera, y se pasa horas llorando mientras contempla una fotografía recortada del Chicago Daily News. Es Elsie Paraubek y tenía cinco años cuando la encontraron muerta en el canal. Le duele tanto. Sus tristes huesos pequeños, su breve misterio. Entonces comienza a escribir. Más de quince mil páginas sobre la guerra entre los niños y la sombría crueldad de los adultos. Toda la vida.
xxxSomos las Chicas Vivian y vivimos en el reino cristiano de Abbennia.
xxxSomos las Chicas Vivian y luchamos contra esos malditos Glandelians.
xxxEllos mataron a la pequeña Elsie y la venganza será larga como el tiempo.
xxxHenry Darger iba cinco veces al día a misa. Creía en Dios aunque Dios no creyera en él. En 1968 quiso escribir su vida. Doscientas páginas hablando de su orfandad y sus miedos niños, seguidas de cuatro mil seiscientas con la destrucción de un pueblo por un tornado. Su vida. La infancia y la destrucción absoluta. El viento arranca los árboles y los eleva en su espiral, las raíces se enmarañan con el cielo. Se llama Henry Darger y nadie ha cruzado una palabra con él en años. Él habla en sus cuadernos con el hombre del tiempo: una década anotando los aciertos y los fallos de los partes meteorológicos. Sólo en el centro del tornado puedes estar seguro, allí no hay viento ni incertidumbre.
xxxAsí. Las Chicas Vivian tienen alas de mariposa y salen del papel y del cuarto.
xxxPicasso tiene los ojos pequeños y negros. hace tiempo que está ciego.
xxxNathan Lerner intenta recordar en vano el tono de voz del viejo.
xxxLa rubia, la morena y la pelirroja saludan con el índice y el meñique a un público borracho.
xxxHenry Darger sigue muriendo dolo el resto de la eternidad.

 

 

 

 

8.

(solipsismo)

Bienvenidos al Caribe. Bienvenidos a las aguas cristalinas y al susurro de la brisa entre las hojas de las palmeras. Podréis caminar cogidos de la mano sobre la arena blanca, los pantalones remangados, la espuma entre los dedos de los pies. El pelo recogido bajo la pamela. Bienvenidos al paraíso antes de que las agencias de viaje lo trocearan para empaquetarlo. Esto es la Martinica y es todo vuestro. Su corazón verde latiendo entre las olas. El bullicio del puerto de Saint Pierre y el sendero que sube al Mont Pelée. Desde ahí arriba se ven pequeñas las obras de los hombres, caben en la palma de una mano. Todo es hermoso aquí arriba. Cerrad los ojos y dejad que el viento desordene vuestros pensamientos. Nada malo puede ocurrir en el paraíso. Nada. Esto es 1902 y el progreso es una música que adormece el miedo.
xxxY sin embargo.
xxxLlega abril y el volcán que hiberna en Pelée comienza a desperezarse. Fumarolas y pequeñas explosiones, gente que mira haca el este y vuelve a sus quehaceres. Había un mundo, una bestia, un dios prohibido. Y volvió la vida. El 3 de mayo el periódico local Les Colonies lleva en portada: «La lluvia de cenizas no cesa».
xxxY no cesará nunca.
xxxEl 4 de mayo millones de hormigas desfilan montaña abajo como un río de sombra, la ciudad se llena de serpientes y oscuras alimañas. Un cofre antiguo se le ha caído a alguien de las manos derramando su profecía. La tierra tiembla y el mar se inquieta. El 7 de mayo un marino napolitano apura su ron de un trago en el bar del puerto y dice a quien quiera oírlo que, en su tierra, cuando el Vesubio les habla saben escucharlo. Y su barco zarpa. Todo esto ocurre. Al día siguiente Pelée habla con la voz definitiva del exterminio. Son las 7:50 de la mañana y dos minutos más tarde todo el mundo está muerto. Saint Pierre. Treinta mil ciento veintiuna personas muertas. Lluvia de ceniza y fuego que no cesa. Nunca. Bienvenidos al Apocalipsis. Bienvenidos a las aguas hirviendo y al crepitar del fuego en las copas de los árboles. A la ira y al vómito. Todo arrasado. Todos muertos.
xxxY sin embargo.
xxxHay un zapatero que acaba de ver morir a su hija de diez años. Parece que le ha caído una estrella rota desde el cielo. La niña grita y arde. Nadie puede traducir el dolor que siente. Vivirá el resto de su vida triste y discretamente, tanto que ya no volverá a asomarse a esta página. También hay una montaña de ceniza, y bajo la montaña una mazmorra de piedra blanca. Y dentro de la mazmorra un hombre. Auguste Ciparis, dicen que se llama, y es un asesino. Lleva ahí bastante tiempo, dentro de una cápsula dura, enajenado del mundo. Era un negro grande y turbio que trabajaba en el puerto descargando barcos y que le quitó la vida a otro estibador de un mal golpe. Auguste Ciparis. La peor persona de la Martinica. La basura negra enterrada bajo tierra para que no apeste las casas ni las calles de los buenos franceses. Ya. Esa mañana aguardaba el ritual triste de su desayuno y lo que hubo fue un ruido, y la mañana que se volvió noche. Y entonces el calor extremo como otra piel derritiendo su cuerpo. Oscuridad y dolor. Cuatro días debajo del mundo, agarrado al grito y a la sombra.
xxxHasta que dieron con él.
xxxEl peor hombre de la isla. Vivo. Mientras el viento espolvorea la ceniza sobre los cadáveres de miles de personas. No queda nadie ya aquí para contar sus días bajo tierra, ni nadie que recuerde cuál fue su crimen. Ciparis fue indultado, porque indultarlo a él era indultar un milagro. Porque sólo Dios o el Diablo podrían hilar tan fino. Ahí estaba: el asesino, la escoria, el superviviente. Quisieron castigarlo y su pena fue lo que le salvó. Ahora Saint Pierre es un cuerpo carbonizado que sacuden las olas. Mientras él vive.
xxxAuguste Ciparis.
xxxYa no hay nadie ni nada que hacer en la Martinica. Pero la vida se vive. Y por eso decide llamarse Ludger Sylbaris. Y ofrece las quemaduras de su espalda como el mapa de un nuevo Caribe. Las muestra lentamente sobre unas tablas mal clavadas, mientras el público susurra como el viento entre las hojas de las palmeras. Bienvenidos al circo de Barnum y Bailey. Bienvenidos a las rarezas que dios soñó al octavo día. Allá está la mujer más fea del mundo. Acá está Ludger Sylbaris, el único ser vivo que sobrevivió en la ciudad silenciosa de la muerte. El volcán mató a cuarenta mil hombres y se detuvo ante él. Miradme: los habitantes de la isla me condenaron y la isla los condenó a todos ellos. Estoy aquí. La escoria, el asesino, el milagro.
xxxNo dejéis de mirarme nunca.

 

 

 

 

10.

(el vuelo)

Son muchos los metros de aire que se adensan a sus pies, mucha gente la que espera a que dé el paso definitivo. Se ven tan pequeños. Dudas. Miedo. Un animal que le araña por dentro. Mira de reojo la cámara de cine que le apunta desde su izquierda. Hay muchos testigos, demasiada expectación. Sus ojos mecánicos e insaciables. Un pájaro desorientado aletea cerca de él, el cielo de Paría está demasiado tranquilo esta mañana. Como ausente. El pájaro también lo mira fijamente. Franz Reichelt encoje su alma dentro de una aparatoso traje que él mismo ha diseñado. No hace mucho arrojó un maniquí desde este mismo piso de la torre Eiffel, y el resultado fue un fracaso. Por qué ahora no. Es evidente: el muñeco no tiene la posibilidad de reaccionar, la inercia lo abduce y lo condena a sus leyes. Un buen diseño necesita de una inteligencia operativa que lo haga funcionar en el momento preciso. Ocurre igual con cualquier máquina. también con este traje volador. O eso le ha dicho a todo el mundo. A la prensa. A la policía. A su familia.
xxxSerá el primer hombre en volar de toda la Historia.
xxxLeonardo lo soñó, pero Franz Reichelt lo hará realidad. Un nombre para domar a la quimera. Un hombre. Este 4 de febrero de 1912 no será olvidado por la raza humana. Nunca. Reichelt suda, tiembla, casi llora, pero la respuesta es clara e inevitable: hay demasiada gente mirando para no darles lo que esperan. Salta. La tela tremola contra el aire. Vertical. Su corazón se colapsa un instante antes de transfigurar el suelo. Las cámaras. Nadie cierra los ojos. El espectáculo acaba. Y París olvida.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

CUATRO SOMBRAS DE MUJER

septiembre 25, 2020 Deja un comentario

 

Hay una hoguera y cuatro mujeres bailando alrededor. Están desnudas. Deslizan sus cuerpos a través del aire rojo, con los párpados cerrados, mirándose dentro. No hay música más allá de la que tocan sus pies en la arena. Bailan. La primera mujer es hermosa y tiene la piel blanca. Sus movimientos son torpes, el fuego proyecta la sombra de un dragón sobre las rocas de la playa. La segunda mujer es enana y una cicatriz le recorre el vientre de lado a lado. Su coreografía es lenta, un temblor entre la tristeza y la insinuación sexual, de sus pies brota la sombra de un árbol mecido por el viento. La tercera mujer es delgada como un haiku y baila con la delicadeza del rocío en las cornisas rotas. Su sombra es la de un crimen y se derrama como la sangre de una herida. La cuarta mujer es una anciana con las manos tatuadas y cuando danza los dibujos se recombinan en algo parecido a un rostro. El fuego proyecta su sombra niña sobre las rocas de la playa. La luna es la marca de nacimiento que sella su frente. hay una hoguera y cuatro mujeres bailando alrededor. Estamos desnudos frente al aire rojo.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

EL BAILE BIPOLAR -extracto-

septiembre 23, 2020 Deja un comentario

 

Seguramente todo esto sea redundante. Los datos, los procesos, la tediosa sucesión de conceptos. Probablemente el lector lo conozca todo ya, y puede que le sobren párrafos enteros. Hagamos entonces un ejercicio de demora. Breve. Lo justo para tomar impulso y que se quede el camino libre de broza. Caminando de puntillas, sin hacer mucho ruido, por los últimos siglos y la dualidad a la que se ha sometido el ser humano entre lo individual y lo masivo.
xxxRetomar el hilo.
xxxApuntar, por ejemplo, la incontinencia del romanticismo en su defensa del yo. La percha de la que colgará una visión económica e ideológica del mundo: capitalismo burgués en los poemas de Lord Byron, pero también la rotura irreparable de los diques del arte tradicional. La brecha abierta. Géricault pintando cabezas muertas y un par de habitaciones más al norte del futuro Marina Abramovic se golpea el pecho desnudo con una calavera. La brecha que no cesa. Estupendo. Pero paralelamente a todo esto habíamos convenido en que crecía otra marea distinta. Que mientras el yo va grabando nombres en el duro mármol de los pedestales burgueses, también se va desparramando por los barrios obreros y los campos de cultivo la informe anonimia de la masa. Desprovista de límites. Deshabitada. Vacía de todo aquello que los hombres con nombre habían conseguido para sí mismos. Vemos la diferencia entre un autorretrato de Courbet y una lavandera de Daumier. ¿No? Courbet enuncia su perfil asirio y deja constancia explícita de sus atributos, de aquello que lo define como Gustave Courbet y lo separa del resto. Daumier difumina el rostro de la lavandera en una mancha indefinida e indefinible. El ser que vive en la masa no tiene rostro, como tampoco tiene nombre, y su modo de desarrollo y acción es la inercia erradicada de voluntad, es el impulso colectivo y ciego de aquello que no tiene fin.
xxxQuien tiene rostro puede mirar al mundo y puede definir su camino.
xxxEl que carece de rostro carece de itinerarios posibles, y se desata en una deriva continua. Es el hombre despersonalizado. Eso. El hombre sin persona, sin máscara. Confundido con los demás, indistinto, plural.
xxxBien. Recordemos que cualquier tentativa de categorizar la vida es siempre una falacia y un fracaso. Recordemos que el hombre masa de las sociedades capitalistas occidentales comienza, en un momento dado, a emanciparse de su indefinición. No busca el nombre propio pero sí que balbucea uno común. Comienza a tomar conciencia de clase, como dicen los teóricos socialistas. La masa comprende que su lugar no es la exclusión y llama a la puerta de la democracia moderna. Diremos que la democracia es la toma de consideración política de la masa, y la extensión de derechos más allá del nombre y lo limitado. Y sabemos que hubo tensión entre los defensores del yo cerrado liberal y los apologistas de la inclusión de lo anónimo masivo en el reparto de responsabilidades y beneficios. Tocqueville lo llama olocracia. El gobierno de la chusma. Porque dentro de una levita negra el mundo exterior es algo frío y peligroso. La chusma no tiene centro ni tiene nombre, mientras que Tocqueville se llama Alexis Henri Charles de Clérel y además es vizconde. Y así. Tiras y aflojas, piedrecitas en la ventana del futuro.
xxxAño 1848.
xxxLas calles de París se llenan de barricadas y de gente anónima reclamando un espacio para poder decir su nombre, aunque sólo fuera uno y enorme. Marx y Engels publican el Manifiesto comunista. El nombre común frente al nombre propio. El objetivo final de una sociedad borrada, sin límites ni diferencias entre sus componentes, un mayestático nosotros final. Y ese mismo año en Alemania un puñado de burgueses resabiados funda la Logia de los Alacranes, y disfrazan sus perversiones y miedos con ciencia y rituales estúpidos, con un ojo siempre vigilante en la sombra. Pequeñas cápsulas que pretenden dominar el mundo frente al avance imparable de la masa. Contra la masa, la masonería. Alacranes contra millones de hormigas.
xxxEse es el juego.
xxxEl baile bipolar. El ellos se transforma en nosotros, y el yo se contagia, o implosiona. Pensemos en Nietzsche o en Freud. El superhombre es un individuo hiperdesarrollado en su independencia y se distingue por pura voluntad del reto de las creaciones naturales y humanas. El psicoanálisis entiende el yo como una cebolla cubierta de capas casi infinitas, el individuo es un bucle insondable. Pero el baile exige que también Jung organice coreografías mentales de masa. Y así continuamente. El inconsciente colectivo disuelve el de cada uno de sus miembros en un impulso total. Pero también ocurre que las inercias de la masa, su concepto del universo, las prioridades de sus deseos y sus odios, vayan determinados desde su exterior. Puede que los alacranes diseñen la estructura de los hormigueros. No hablo de masonería ni conspiraciones opacas. Hablo de totalitarismos. De la búsqueda total de la indistinción como modo de enfrentarse a la vida en común. Si la democracia es masa, el comunismo estalinista lo es en grado sumo. El fascismo lo es. El capitalismo consumista también.
xxxVisiones del mundo para la masa. Totales.
xxxY así. Como un péndulo. El proceso de exaltación del individuo que había culminado en el siglo XIX se transforma en un dominio de lo colectivo masivo en el XX. La poesía y la pintura dan paso al cine y a los conciertos de música pop como artes-espejo de lo que es el mundo. Evidentemente habrá resistencias, e intersecciones sobre la línea principal del argumento, algunas radicales como la de cierto tipo de arte que buscará la supervivencia precisamente en ahondar su diferencia sobre lo indiferente. Fomentando el divorcio con lo masivo. El arte degenerado del que abominaban los nazis, el mismo que desprecian los visitantes legos de los museos. Para más detalles preguntémosle a Ortega y Gasset, u organicemos un crucero por las calles de Viena en 1968. Y así. Es cierto que el dominio real será de individuos con nombre. Pero el dominio simbólico, el campo de expansión y la piel de las cosas, será ya de la masa.
xxxY así. Televisiones como templos. Espejos definitivos.
xxxMillones de aparatos que uniformizan en paralelo a sociedades enteras. Que las convierte en un solo ente. Que las totalitarizan. A pesar de las divergencias permitidas, seguramente como válvulas de escape para que la olla a presión del yo interior no acabe reventándolo todo. Resumo. Sociedades de masa, agujereada con los valores vacíos del liberalismo. Y digo vacíos, porque la mayoría somos masa, aunque nos regalen la ilusión y el deseo de querer arañar nuestros nombres propios en borrosos pedestales. Es preciso. Es extraño. (…)

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

LA INERCIA Y EL VAHO

septiembre 21, 2020 Deja un comentario

 

Los renglones del libro se tuercen en cada curva que traza el autobús. Leo a duras penas una novela sobre un chico obsesionado con un pozo y el canto de un pájaro. No me estoy enterando de nada; las palabras se amontonan y se mezclan con el hilo musical y el murmullo estrepitoso de un grupo de adolescentes. Comentan algo de una fiesta. No quiero oírlos. Leo la misma frase cuatro veces. Hasta que cierro el libro y me quedo mirando a la gente. Viajamos dentro del estómago de un gusano contrahecho, pienso. Puede que seamos parásitos o comida en mal estado. Y eso me recuerda que tengo hambre, y en esa sensación corporal me reconozco. Tengo hambre y mi hambre es independiente del hambre del resto. Ellos y yo. Puede que estén todos saciados, y eso no me quita a mí el hambre. Y sin embargo el autobús frena en seco y todos respondemos al mismo impulso de la inercia: hacia delante y después hacia atrás. Como un mismo cuerpo, monstruosamente repartido a lo largo del vehículo.
xxxSigo teniendo hambre.
xxxEn la calle hace frío.
xxxTodas las noches repito el mismo ritual. Subo al autobús, intento leer, escucho música imaginaria en mi cabeza y veo cómo se difuminan los cuerpos de los pasajeros en el cristal que se inunda de vaho. A veces juego a pasar mi pulgar por los contornos reflejados de la gente, y me divierte ver cómo se mueven y rompen su esquema. Y los vuelvo a dibujar, hasta que se enmarañan las líneas y se transparenta el ruido de la calle. El frío. Las mil historias que se suceden fuera del autobús. Tanto movimiento, tanta existencia. Como ahora. Paramos en la zona universitaria, frente a un campo de entrenamiento de rugby. Varios jóvenes se funden en una melé. Empujan sus cuerpos dentro de otros cuerpos. Un animal sin cabeza. Un animal lleno de barro y piernas. Tan extraño. Me acerco para verlo mejor y mi aliento empaña el cristal, borrándolo todo.
xxxMe quedo en blanco. Me miro dentro.
xxxEstoy tan solo, me siento tan lejos de mí mismo y de todos. Cierro los ojos y me pierdo en la melodía de una canción fantasma. Dispuesto a borrarme el hambre y los miedos hasta que llegue a casa. Nadie lo nota. Me empiezo a adormecer, y siento el cosquilleo de mi teléfono móvil vibrando al recibir un SMS. Y sé que hay alguien al otro lado. Más allá del vaho, la inercia y la ceniza sobre la nieve. Hay alguien.

 

 

 

Quinto, Raúl. Yosotros. Barcelona; Ed. Caballo de Troya, 2015.

 

HIJO

 

23.

Historias que nos contamos para decirnos. Historias que creemos para creernos. Para crearnos. Para decir: así fue, así soy, así es. Para no ceder al derrumbe. Historias que digan, que no paren de decir, para que siempre haya una palabra ocupando el espacio sin fondo del silencio.

 

 

 

 

26.

Contar para cre(c)er en las palabras.

 

 

 

 

31.

Aquí opera la mecánica del balbuceo. Un idioma en blanco. Como la lengua sin verbo de mi hijo, sin signos ni referencias. Así debería funcionar este libro. Un idioma sin idioma, que explicase los huecos de cada letra. Ya sabemos que el vacío es lo que define la forma, hemos hablado incluso del campo cuántico que impiden que la materia se dispare hacia el infinito. De esa reclusión en forma a través de la nada. Todo eso. Del idioma sin idioma de mi hijo conectado por la sangre a la tierra y al tiempo. Cromosoma adentro. Sabemos que los lactantes tienen la capacidad de respirar por la nariz mientras beben, como los antiguos homínidos, y que esa característica física les impide articular palabras. Que en el origen nunca hay palabras. Que en la raíz no puede haber signos.
xxxEste es un libro que quiere respirar así.
xxxEste es un libro que se asfixia de lenguaje.
xxxUn libro al que le cuesta ser libro.
xxxEste libro.
xxxEl eco de algo. De la madrugada en que la madre de mi hijo me despierta para comprobar conmigo cómo se oscurece la línea azul de la prueba de embarazo. El eco de la noche fuera y de la luz artificial dentro. Los ojos testando lo real allí, entre el sueño y el miedo. La alegría incrédula anillándose en la garganta. El eco de la primera lágrima y de mi cabeza dando vueltas: la doctora confirma la noticia, y al salir de la clínica tengo que sentarme en la acera porque el mundo gira demasiado rápido y me cuesta mantener el equilibrio. El eco de ese golpe, de la idea y de la palabra devorada por la realidad. El encaje. Más aún, otro día: oímos por primera vez el corazón de mi hijo, en la pantalla tiembla apenas una mancha negra, casi nada, pero en la habitación retumba un latido distorsionado. El eco de esa música. La percusión milagrosa de un corazón minúsculo. El eco de eso. Aquí. De mis ojos cuando vi su cuerpo definiéndose en la ecografía, de esa marea sin nombre que me iba ahogando, del conjuro anfibio que me iba hundiendo dentro de la sangre. Mi cabeza apoyada en el vientre de la madre de mi hijo mientras le canto canciones inventadas y él, golpeándome la cara piel adentro. Eso creciendo como un virus en el cielo de la boca, para contaminar todo el aire que se respira, para que todo sepa a eso. Este libro, eso. Las diecisiete horas de parto. Su rostro hinchado. Su mano mínima apresando mi dedo índice. La respiración de fuego y las palabras negras de los médicos. Punción lumbar. El miedo lento pudriendo el aire, y el por fin conmigo, durmiendo sobre mi pecho, pequeño y perfecto.
xxxEste libro quiere ser eso.
xxxDecir eso.
xxxPero es un libro.

 

 

 

Quinto, Raúl. Hijo. Madrid; Ed. La Bella Varsovia, 2017.

 

Categorías:Relato Etiquetas: , ,

EL DESTINO

 

Durante siglos los hombres y los dioses fueron representados con una ausencia total de expresión, como si el trasvase de la carne o la energía hacia la dura piedra no pudiera contemplar la inclusión de emociones o gestos propios de la materia viva. Esto pasó en Egipto o en la Alta Edad Media, por ejemplo. Las formas se geometrizan y se busca una pátina de hielo que induzca a la veneración y al terror, a la certeza de que no vemos un objeto animado sino un receptáculo de piedra para una idea que transita fuera. Más allá de nuestro horizonte. Esa expresión vacía de expresión recibe el nombre de hieratismo. El hombre o dios representado es al mismo tiempo todos los hombres o todos los dioses. Imposible penetrar en sus adentros: su rostro es un muro infranqueable. De igual modo ese muro dimana hacia el exterior, quien mira uno de estos rostros hieráticos en busca de signos de lo humano, de un camino hacia lo vivo, acaba perdiéndose en un laberinto helado.
xxxUn paso intermedio entre la carne viva y la matemática. La cabeza del apóstol en la talla bizantina. El rictus del jugador de póquer durante la mano decisiva.
xxxExactamente. El jugador de póquer tiende a abolir su condición de carne y busca volverse abstracto, geométrico. Cualquier señal que denote sus emociones puede ser fatal para sus intereses en la partida. La cara de póquer actúa bajo el mismo mecanismo que los rostros esculpidos babilónicos, busca construir un muro que oculte el interior y que provoque desconcierto laberíntico en el que observa. Por eso el buen jugador de póquer anhela la hibridación de su carne con la pura matemática. Ganar o perder depende en gran medida de lo alto y profundo que sea ese muro. De lo perfectos que sean los ángulos y las líneas. Entendemos entonces que el mejor jugador es aquel cuyo cuerpo más se acerca a un maniquí construido a base de módulos poligonales: su cabeza es una esfera, sus brazos varios cilindros articulados, su torso una pirámide truncada, etc. Como los jugadores de cartas que pintó Cezanne, pero vivos.
xxxPodríamos decir que el rostro del jugador es un reflejo de la naturaleza misma del juego. Es de carne, con todas las limitaciones humanas que ello conlleva, pero al mismo tiempo tiende irremisiblemente a la cifra abstracta. Oscuro polinomio que respira. El jugador, como el póquer en sí, se debate constantemente en el umbral entra lo incontrolable y lo exacto. El azar y la estadística. El vaivén emocional y la máscara de piedra.
xxxObservemos una partida. La mesa es un óvalo, los naipes son pequeños rectángulos y las fichas circulares están marcadas con números múltiplos de diez. Los jugadores son de carne, seis cabezas, doce manos, sesenta dedos. Un crupier, dos manos, diez dedos, cincuenta y dos cartas. Si entornamos los ojos no podremos distinguir un rostro de otro. Lo humano apenas insinuado, como una máscara bajo la máscara. A esa inmutabilidad se le llama disciplina: que ni tu expresión ni tus movimientos delaten tu jugada.
xxxEl crupier es un autómata, un médium. Poco menos que una sombra o un susurro. Reparte dos cartas a cada uno tras haber quemado la primera del montón. Quemar: ceniza sin retorno: arden los vasos sanguíneos que alimentan el ojo que mira las dos cartas en la mano. Procesa y calcula. Observa y espera. Apuestan. Cien. Doscientos. Sube. Iguala. Abandona. Estás en el reino de las estatuas, el blanco nuclear de los naipes es el blanco del mármol que cbre tu rostro.
xxxTus cartas: K♥ y 10♥.
xxxLas leyes de la probabilidad auguran muchas opciones de ganar. Pareja, trío, póquer, doble pareja y ful bastante altos. Proyecto de escalera. Proyecto de color. Doblas tu apuesta y esperas reacciones. Tres abandonan, dos igualan sin inmutarse. Lees en sus gestos un laberinto confuso de hielo. No han dudado ni un instante. Procesas: por lógica los tres que se han tirado no deben poseer ninguna figura, como mucho una J. Aumentan tus posibilidades. El crupier recoge las fichas, quema otra carta y muestra tres cartas boca arriba.
xxxThe flop: 7♥ 7♦ 4♥
xxxEl primer jugador pasa. El segundo eleva tu apuesta anterior cinco veces. Va fuerte. Quiere intimidar. Dos posibles lecturas: va de farol y quiere que todos abandonen ante tal agresividad, o bien, lleva uno o dos 7, pareja de 4 o una pareja alta y quiere que alguien muerda el anzuelo para arrancarle una buena suma. Es nuestro turno. No llevamos nada. Sólo humo, pilares de agua para un futuro castillo de nieve. Nada. La matemática ahora empieza a servir de poco, la carne va agrietando el velo de escarcha que la cubría. La duda corroe desde la punta de los dedos hasta el centro del cerebro. Nada de esto debe transparentarse, si antes se tardó diez segundos en subir la apuesta ese es el tiempo que se tiene para actuar. El pensamiento es una dinamo enloquecida. Por dentro. Fuera debemos seguir siendo una figura de Cezanne, un faraón de alabastro. Decidimos comprobar hasta dónde nuestro rival puede llevar su supuesto farol. Doblamos su apuesta. El tercero en discordia abandona abrumado por nuestra escalada febril. Quedamos dos. Ahora el nudo gordiano se estrecha en el corazón del otro. Las mismas dudas y ansiedades que antes nos atenazaban son ahora el ejército que puebla su cuerpo. Sin embargo: disciplina, ni un gesto trasluce su lucha. Decide igualar la apuesta. Disciplina: que no note que nuestra jugada era un farol. Hieratismo. El crupier recoge las fichas. Quema otra. Muestra una nueva carta boca arriba.
xxxThe turn: A♠.
xxxSeguimos sin tener nada. El As añade más incertidumbre y posibilidades de perder. Esperamos el movimiento del contrario. Un par de suaves golpes con la palma de su mano sobre el tapete. El As lo ha amedrentado, seguramente contempla la posibilidad de que tú hayas ido subiendo las apuestas con una pareja de ases que sería difícil de batir. Él debe tener alguna combinación ganadora con las cartas del flop. Estamos perdidos. Sólo nos queda encomendarnos a la lotería, al puro azar de la última carta en juego. Nuestro destino está en las manos del crupier. Pasamos. Enfermo terminal, moribundo, cadáver. Nos agarramos con fuerza a ese mínimo aliento que nos regalan. El crupier quema una carta y coloca boca arriba la última y definitiva.
xxxThe river: J♥.
xxxLa fortuna sonríe en tu espejo con sus dientes de oro. Color a la K. Pocas jugadas mejores. La disciplina te obliga a que no note tu alivio. Estatua griega arcaica, casi un ídolo cicládico, así debes ser. Su turno. Apuesta un triple. Ni mucho ni poco, como una leve tentación. Esa apuesta no dice nada. De repente un brillo desconocido en sus ojos, como una grieta en la porcelana. Algo hay. Tienes diez segundos para descifrarlo. Nueve. Ocho. Nuestra jugada es brillante e inesperada, casi nadie habría aguantado un proyecto de color hasta la última carta, subiendo tanto la apuesta. Siete. Seis. Pareja alta pierde. Doble pareja pierde. Trío pierde. Cinco. Cuatro. Ful gana. Póquer gana. Tres. Subamos la apuesta hasta el límite y que la cuerda de su jugada se rompa de tanta tensión. Llevémoslo a la frontera donde el hielo se derrite ante el miedo. Dos. uno. Apuesto todo. Doble o nada. Pronuncias esas palabras y entonces es cuando consigues traducir el brillo extraño de su mirada. Has caído en la trampa. Eres una estatua rota.
xxxSus cartas: 7♣ y 7♠.
xxxPóquer de 7. Tu cuenta a cero. El azar y la matemática, las leyes de la carne. Has sido derrotado en todos los ámbitos. Kurós griego mutilado, bajo la arena del desierto. Algo así, bajo la rígida máscara del dios no había nada, sólo humo, proyectos de lodo bajo la lluvia. Las leyes divinas son papel mojado. Nada. La ley no escrita de la sangre acaba definiendo el lugar que ocupa nuestro cuerpo en el espacio. Lo dijo Mallarmé: una tirada de dados nunca abolirá el azar.

 

 

 

Quinto, Raúl. Idioteca. Almería; El Gaviero ediciones, 2010.

 

‘IDIOTECA’, DE RAÚL QUINTO

Le tenía muchas ganas a este libro de Raúl Quinto. Recuerdo hace unos años una visita a casa del escritor Javier Moreno y lo enganchado que me decía que estaba al libro, que era magnífico. Así que en cuanto he tenido la oportunidad, esta ‘Idioteca’ ha entrado a formar parte de mi biblioteca.

Y lo primero que se agradece del libro es que uno tenga que masticar mentalmente todos y cada uno de los textos, lejos de esos libros facilones y simplistas que llenan las librerías. Es magnífico ver cómo Raúl Quinto va uniendo ideas y la mayoría de las veces acaba noqueándote con los finales.

 

 

El libro se abre con un prólogo de Alberto Santamaría que, bajo el título de ‘Fantasmas idiotas -doce maneras de decir idioteca-‘, abre algunas puertas por las que asomarse al libro. Aquí dejo cinco de ellas:

“SIETE. Imágenes y lenguaje. Imágenes, lenguaje y su forma de establecer un vínculo con la realidad, con el “original”. Pero, ¿dónde está el original? ¿Importa tanto lo real? La écfrasis. El modo de relatar una imagen que se perdió en el tiempo, una imagen que sólo existe como lenguaje. De eso también nos habla Raúl Quinto. Nos recuerda el intento de El Greco de hacer una copia de un original perdido de Antífilo, para acto seguido volver a plantear el tema: ¿son un lenguaje las imágenes? ¿Y la representación? Es simple y maravilloso el modo de Raúl Quinto de atacar el tema: un limón. Sólo le hace falta un limón. Un simple limón puede introducirnos en las entrañas de la representación. Me explico. Itten les da a probar el limón a sus alumnos y ahora les pide otro ejercicio de representación desde la nueva perspectiva adquirida. […] Lo que pintan ahora es la vastedad del campo a través, lo desaprendido.

OCHO. Esta Idioteca es una suerte de recorrido por el presente. Pero todo presente es móvil, variable, un terreno movedizo. Ya no se trata simplemente del ansia culturalista de mezclar alta y baja cultura sino de algo más complejo: contemplar las imágenes de nuestro mundo todas situadas en un mismo plano —más allá de la historia, más allá de academicismos— para establecer un orden dentro de un plano de tiempos sin orden. La historia del arte como ficción. Ése es otro regalo que incluye este libro. Imágenes que se independizan de su historia. Esta Idioteca podría tener algo del Baudelaire pintor de la vida moderna, tal vez, pero va más allá de un espacio temporal. La imagen de Eleusis junto a la atmósfera psicotrópica de Timothy Leary lo dice todo. Ahora el chamán es el camello que abastece la fiesta rave, nos dice.

DIEZ. Queremos volver a la realidad, grita uno de los fantasmas creados por Raúl Quinto. Lo pregunta, lo exige, pero de antemano sabemos que de la realidad sólo tenemos el imaginario que hemos creado a su alrededor como una gruesa capa de grasa. En realidad todo retorno no sería más que un volver sobre sí mismo y sobre sus imágenes y eso es, claro, una Idioteca. Idiôtés significa simple, incapaz de ser más de lo que es, incapaz de ser otro. Por eso decimos que la realidad es idiota, porque no es más que lo que fenoménicamente es y aparece. Por ello necesitamos unas Idioteca, un espacio donde las imágenes desdoblen libremente la estupidez de lo real. Por eso necesitamos el arte y todo el imaginario literario y visual que nos rodea y que nos ha rodeado a lo largo de los siglos. Los habitantes de las cuevas de Altamira, por ejemplo, pintaron bisontes porque necesitaban recrearse con algo más que con el simple objeto real (y estúpido) al que trataban de dar caza, su objeto de deseo. O tal vez no.

ONCE. Introducirse en esta Idioteca, que ahora tiene el lector en sus manos, es como entrar en un viaje alucinado, en una fascinante conjunción de tiempos, en un museo sin paredes, en una furgoneta llena de pasado y presente, en un cine donde el Coyote protagoniza junto Brueghel una película gore, en donde alguien manda un mensaje en una botella, en donde Newton y William Blake son apariciones perfectamente trenzadas sobre un estadio de fútbol, en donde Nick Cave espera en alguna frontera, en donde Fuseli dibuja su pesadilla sobre la camilla en la que una mujer intenta dormir rodeada de electrodos, en donde… Podría leerse de múltiples formas este libro, y regresarse una y otra vez a él como quien regresa a un museo para ver de nuevo el mismo cuadro, aquel que ha visto tantas veces, y darse cuenta de que nunca es el mismo, o como el que ve de nuevo una vieja película —esa que ha visto ya varias veces—, pero ante la cual siempre tiene la sensación de estar viendo otra cosa. Y sin embargo, no muta el objeto —el mismo siempre: el cuadro, la película, la imagen—, sino el relato que nosotros creamos y en el cual nosotros nos miramos. Esto es la Idioteca: un relato entendido como una forma de mirar y habitar las imágenes.

DOCE. No lo duden. Entren en este museo. Habítenlo. Rasguen sus paredes. Recórranlo. Nada hay en él que nos deje indiferentes. Pero no lo olviden: nadie sale ileso de su propia Idioteca.”

 

Y aquí tienen algunos de los textos que forman parte de esta Idioteca de Raúl Quinto.

 

 

04. ARENA Y DISTORSIÓN

Uno. Goya es sin lugar a dudas uno de los pintores clave en el desarrollo de la plástica occidental. Su obra trascurre, como un pequeño universo, por los diferentes estilos y épocas que le tocó vivir o inventar; desde sus tapices de barroco helado a las primeras formas del romanticismo. Pintor extraño, anticipó más que convenció, e igual que los cañonazos de los ejércitos napoleónicos despertaron a Europa a una nueva época, con él se inicia de manera traumática lo que conocemos como arte moderno. No deja de sorprender que, efectivamente, ya esté en Goya todo lo que vendrá después, todo el arte moderno.
xxxLo vemos en sus pinturas negras, tal vez la serie más paradigmática de cuantas realizara, la más moderna, la más oculta también. De entre todas esas paredes pintadas me quedo con un rincón, otro pequeño universo donde está todo Goya, y donde seguramente estamos todos nosotros: Perro ahogándose en la arena. En esta obra ya está Turner, la paleta de Paul Klee, el Colour Field Painting de los años 50. La pintura más radical de todo el siglo XIX se gestó en sus albores, a solas, en la oscuridad de la Quinta del Sordo. Un campo de color, absoluto, y en un ángulo, casi desapareciendo, la cabeza de un perro, la arena que es el símbolo de lo temporal, de la furia del desierto que a todos nos persigue, intenta ahogar al animal que apenas respira. Escojo unas palabras: angustia, desesperación. El absoluto intenta acabar con la individualidad, las fuerzas de la naturaleza o de la mente intentan arrasar la finitud de un cuerpo. En esa pintura está todo el hombre moderno.
xxxEl perro y la arena, de noche, iluminados por la inestable luz de un candil acometerían una danza terrible. Pienso en Goya preso de su sordera observando el movimiento de la luz sobre esta pintura, por momentos parece que el perro se hunde más, que la arena desborda su marco. Es la danza del desespero. En la cabeza de Goya retumba el sonido de la arena cayendo, alimentándose.
xxxDos. Sonic Youth aparece en Nueva York a principios de los años 80, al amparo de lo que se llamó NoWave, corriente que desde postulados netamente punk y experimentales buscaba oponerse a la llamada Nueva Ola. Era un movimiento pseudoartístico, sin concesiones al aspecto comercial de la industria. Sonic Youth explotaron sin complejos las posibilidades del ruido como módulo constructor de música; en ese sentido no sólo desarrollan la herencia punk o las semillas de terciopelo del grupo de Lou Reed, sino que se abastecen de los hallazgos de la música concreta y del arte conceptual, de John Cage a algunas de las obras del Nuevo Realismo, pudiéndonos remontar incluso a las vanguardias clásicas y las óperas del ruido compuestas por el futurista Luigi Russollo.
xxxSonic Youth recoge una cosecha extrema y le da forma, adaptándola, a media que avanza su discografía, a patrones más reconocibles de la música rock. Al mismo tiempo anticipa el sonido que durante la década de los 90 definirá gran parte de la mal llamada música indie. No podemos entender a superventas como Radiohead o Nirvana si antes Sonic Youth no hubiera actuado como quitanieves.
xxxEvol es el título de su tercer disco, love escrito al revés, homofonías con la palabra maldad, y entre sus cortes una canción: shadow of a doubt. Propongo escucharla sin atender al significado real de su letra, como solo sonido, como puro acontecimiento, sin otro referente que el que se genere en el momento exacto de su escucha.
xxxTres. Existe una posibilidad remota, imposible, a la que me aferro con todas mis fuerzas: mientras Goya pinta su perro en la arena lo que escucha en su cabeza es shadow of a doubt, de hecho lo que hace Goya con su pintura es glosar la canción de Sonic Youth.
xxxEl tiempo no es un impedimento. Si el tiempo es curvo, si pueden existir los agujeros de gusano, por qué no va a atravesar una aguja, como quien cose una tela doblada, dos instantes creativos similares aunque separados por casi doscientos años. Las dos obras son lo mismo, una está hecha a base de color, la otra a base de sonido, las dos son formas de la desesperación. Goya y Sonic Youth son intercambiables, al menos durante un instante. Si radiografiamos la arena que ahoga al perro escuchamos el punteo monótono de Lee Ranaldo, si nos dejamos arrastrar por la cadencia de la voz de Kim Gordon vemos la mirada abismal del perro.
xxxPropongo un experimento: sentarse en el Museo del Prado frente a la pintura de Goya durante todo el horario que la pinacoteca permanezca abierta, mirarla fijamente, mientras en unos auriculares escuchamos como un bucle interminable la canción de Sonic Youth. El resultado no es previsible: puede que nos convirtamos en el perro, o tal vez en la arena.
xxxEl efecto inmediato es la desaparición de todo lo que no sea pintura y sonido. De esta manera es imposible percibir ciertos cambios, pero éstos suceden. Sucede, por ejemplo, que las agujas de nuestro reloj comienzan a girar hacia atrás, a la velocidad del vértigo; y que el tiempo, por un instante, deja de existir, como si se hubieran descosido sus costuras. Al final de la experiencia, podemos intuir que la sombra que el sujeto proyecte sobre la pintura al levantarse será, literalmente, la sombra de una duda.

 

 

 

 

10. EL COYOTE

Niños catódicos, oídme. Lo que ahora contempláis no sería sin un pasado. Anotad los nombres de Tex Avery y de Chuck Jones. Quiero hablaros de su revolución, de la última frontera, de un arte que llegó más allá de Dadá o del Surrealismo, de una realidad que dinamitó las convenciones físicas y mentales de nuestro pequeño mundo. No es Einstein, ni es Lacan. Son los dibujos animados. Un par de brochazos de pintura negra que en un muro generaban un túnel del que salían trenes y autobuses, un cuerpo que podía caer al vacío mientras sus dos globos oculares permanecían un instante flotando en el aire. De todo eso se trata.
xxxDe Tex Avery, el verdadero padre de toda esta locura. Tex Avery, que tenía un solo ojo, como Odín o las tres Parcas, porque un día un clip metálico salió volando inexplicablemente hasta dejarlo tuerto. Tex Avery, que creó dioses de la calamidad y el caos desde un estudio devorado por las termitas. Porky el cerdo, Lucas el pato, Bugs Bunny el conejo. Las nuevas formas físicas, la arbitrariedad e intermitencia de la ley de la gravedad, las múltiples formas de tortura reversible, los gags y la lógica desquiciada de este universo cromático e infinito. Tex Avery al que la Warner Bros no tardó en poner de patitas en la calle.
xxxPero dejó su mala semilla en esos estudios, en Chuck Jones, sin ir más lejos.
xxxImaginaos a este dibujante que venía del estilizado infantilismo de Disney, qué tuvo que sucederle para que de su pincel naciera la más brutal cacería simbólica de la Historia de la creación. En 1949, cuando Mao tomó el poder en China, mientras se iba desperezando la guerra Fría, Chuck Jones dio vida al Coyote y al Correcaminos. Ese es su legado. Los arquetipos universales de la eterna persecución, de los deseos que se escapan irremisiblemente, de la piedra de Sísifo que nos aplasta una y otra vez cuando estamos a punto de rozar nuestro sueño.
xxxEl inmenso océano bajo la línea esquemática del horizonte. La profundidad insondable bajo lo bidimensional del logotipo. Dos símbolos.
xxxUno. El Correcaminos, animal mitológico inspirado en el Geococcyx californianus, cuya velocidad es proverbial. No hay mayor aceleración posible. Su inercia desafía el continuo espacio-tiempo. El movimiento hiperbólico de sus patas las vuelve invisibles, incluso puede que dejen de existir en este plano durante la carrera. Un reto para el ojo. Una estela de polvo, como la cola de un cometa, es la única señal de su paso. Corre y corre, quién sabe hacia dónde. No habla, nadie dice nada en ese planeta, tan sólo hace bip bip, como un teléfono móvil al recibir un sms, como un viejo Chrysler apartando el ganado de la carretera. Bip bip quiere decir que se acerca, que viene, que pronto nos habrá dejado atrás. Una velocidad no cuantificable en términos newtonianos, algo más parecido al descenso de las estrellas o al parpadeo irresistible de los dioses. Eso es el Correcaminos, lo inalcanzable, lo sumamente fugaz.
xxxAunque no sería nada sin el Coyote.
xxxDos. De nombre Wyle, animal basado en el Canis latrans, es decir, perro que ladra, perro que aúlla en el desierto americano. Animal tótem para los indios navajo, prohibido lastimarlo so pena de maldición. Pero Chuck Jones no era navajo ni su coyote un espíritu tribal. El Coyote es un siervo del hambre, un esclavo encadenado a la obsesión. como el capitán Ahab, y el Correcaminos es su ballena blanca. Wyle E. Coyote. Hambre y tecnología punta. El cánido de la era post-industrial, de la era de la venta por catálogo, de la teletienda e Internet. El perro que anticipó en 1949 el perro que somos hoy. Mirad, niños y niñas, el Coyote se sirve de los avances de la ciencia práctica para cazar a su presa, pero la ciencia siempre acaba volviéndose contra él. La quimera no debe ser alcanzada y los medios para llegar a ella siempre serán medios para la propia destrucción. Eso fue así con Prometeo, y con Fausto, y con el doctor Frankenstein. El Coyote es sólo uno más. ACME es el fuego, la criatura monstruosa que se pierde en los desiertos polares. ¿Me seguís? El Correcaminos no es sin el Coyote y el Coyote no es sin ACME.
xxxEl Coyote y ACME son también las dos caras de la pesadilla americana, lo que va del exterminio indio a los satélites de la NASA. Eso lo leyó perfectamente Joseph Beuys, un artista alemán con sombrero y chaleco, que en 1974 se encerró tres días en los sótanos del World Trade Center de Nueva York con un coyote. Un Canis latrans. Un perro que ladra en las entrañas del capitalismo. Veintisiete años y cinco meses antes de que dos aviones echaran abajo los cimientos de la edad contemporánea, digno de un corto de Tex Avery. En fin. Niños y niñas. ACME fabrica corazones, cucharas, pequeñas bombas teledirigidas; pero ACME no concede forma a los deseos. Mirad al viejo Wyle E. Coyote desenvolviendo el último paquete que la compañía ha dejado en su buzón, extiende el manual de instrucciones como si fuera el mapa de un tesoro, cada pieza en su sitio, tornillos, muelles, engranajes, un mecano asesino para congelar el tiempo. Un antídoto contra lo sobrenatural. Ahí lo tenéis. Oímos el bip bip. Se acerca lo imposible. El coyote de Paulov comienza a salivar, a entornar los ojos anticipando el dolor que vendrá. Porque el dolor viene siempre. El fracaso y la esperanza. La humillación. Siempre, un episodio tras otro. Hasta el fin de los días.

 

 

 

 

14. LA ÚLTIMA CENA

Hasta las narices del arte abstracto, defecamos sobre su lírica endiablada. Hasta las narices también del arte figurativo, nido de estalinistas y pequeño burgueses pagados de sí mismos. Queremos volver a la realidad. Dilapidar herencias. A principios de siglo hubo un terremoto y la ciudad del arte se hundió, todo roto, escombro y polvo; para salir de la ruina entre la mano blanca de Malevitch y la mano sucia de Duchamp nosotros preferimos la sucia. Entre el absurdo dadá y el hiperpensamiento preferimos lo primero. Pero ojo, tenemos la cabeza sobre los hombros, hemos vivido dos posguerras, visto el crecimiento de la serpiente capitalista, contado las monedas. Hemos sido la ciudad. Entonces lo nuestro es un ejercicio espiritual de reciclaje urbano, las sombras de la industria, los ecos de la publicidad, la ciudad y sus sonidos son la materia real sobre la que actuamos. Hartos de abstracciones y representaciones estúpidas de lo real. Queremos la realidad.
xxx27 de octubre de 1960. Algo así pudo haber dicho Pierre Restany, crítico y principal teórico del Nuevo Realismo.
xxxPasamos lista y ahí están todos: Christo, que pasó de empaquetar maniquíes a hacer lo propio con el Reichstag alemán, con playas vírgenes de Australia. Más grande, más monedas. Jacques Villeglé y Mimmo Rotella, rasgando, pegando, mezclando, las imágenes de los carteles de cine y la publicidad callejera. César, que lo comprimía todo, como la chatarra en los desguaces, cubos irregulares de algo que en tiempos fue útil, una lavadora, un bote de aceite para coches, esas cosas. Pura realidad comprimida. Arman, acumulando basura y ensamblándola en pequeñas piezas, los restos, los ecos de la ciudad, dijimos, como Gerard Deschamps, fanatizado por los tejidos industriales, ropas, sábanas, toldos para tiendas de campaña, todo ensamblado, pintado de rosa, expuesto en composición inverosímil. Ahí está, la realidad. En los almuerzos congelados, casi totemizados, de Daniel Spoerri. En las máquinas construidas con desechos de Jean Tinqueley. Máquinas que no sirven para nada. Solamente hechas con pedazos de la realidad, funcionando, inútiles. Niké de Saint Phalle exorcizando su género. Françoise Dufrêne recitando poemas sin palabras, no hay más lenguaje que el ruido de la calle, que el corazón ebrio de las ciudades. Uno tras otro. Míralos. Menuda tropa, los nuevos realistas. Y al frente de todos Yves Klein.
xxxHagamos un paréntesis. Yves Klein lo vale. Al fin y al cabo éste era la musa del crítico Restany, o fue al revés. Ni idea. El caso es que el Nuevo Realismo nunca habría tenido la fuerza que tuvo si entre sus fundadores no hubiera estado él. Azul Klein. Ya me entienden. En sus primeros tiempos de éxito patentó un azul extremo, mezcla de un relámpago y un océano glacial. Hay gente que asegura que realmente mezcló ambas cosas en su paleta. Todo es posible, Klein era aficionado a la brujería, miembro de los herméticos rosacruces. Un día sobrevolaron el cielo de París cientos de globos de ese color inaudito. Otro día organizó una exposición en la Galería Clert con el ilustrativo título de Vacío. En la galería no había nada. Klein vendió casi toda la obra expuesta. Un éxito. Al día siguiente arrojó al Sena el oro que le habían pagado por sus fragmentos de la nada. Así era Yves Klein. Cuerpos desnudos de mujeres embadurnadas de pintura como pinceles de carne sobre el lienzo. Azul del infierno, de las entrañas de algún animal extraterrestre. El cuerpo humano y el azul Klein son la medida de todas las cosas. El cuerpo, los lanzallamas, la caligrafía del fuego. Esas cosas por las que el amigo Yves se convirtió en una estrella.
xxxDigamos que, un año después de la fundación del grupo, Klein se desmarcó de ellos. 1961. Y entonces su estrella ardió con más ímpetu, entró en supernova, luz cegadora. Tanto que en 1962 fallece de un ataque al coraón. Ha muerto el padre y la madre del arte después del arte.
xxxPero el show debe continuar.
xxxFama, focos, aplausos. Todo el mundo habla del Nuevo Realismo. Pero. La llama se va apagando. Es tan difícil mantener cohesionado a un grupo tan grande, cuando cada uno de sus miembros ya ha conseguido el objetivo de la visibilidad, de que suene más su nombre que el nombre de la tribu. Ir viéndolo. Constatar la descomposición. Entonces hay dos opciones: 1) dejarlo correr y que la degradación paulatina arrastre al olvido todo fruto del pasado. 2) matarlo con nuestras propias manos y ofrendarle un funeral como se merece.
xxxMatemos a nuestra propia criatura, y démosle al mundo un espectáculo inolvidable.
xxx1970. Diez años después. En Milán. La fiesta del fin.
xxxEstán todos los que pueden, son legión.
xxxChristo quiere empaquetarnla estatua ecuestre del rey Víctor Manuel II, pero una turba de mutilados de guerra se lo impide. De acuerdo. Si no puede ser el rey, que sea Leonardo da Vinci, ahí lo tienes, empaquetado. Cuando llega la noche un grupo neofascista le prende fuego al papel de estraza. una escultura de fuego, piensa Christo, el mejor homenaje a su amigo muerto. Arde como un espectro en mitad de la plaza. Lentamente.
xxxLa única mujer del grupo, Niké de Saint Phalle, tiene en el corazón un templo pagano, durante años ha construido agresivos ídolos de fertilidad, ahora ubica una llama en un altar, tan simple, en ausencia del dios reclamando su aliento. Un funeral es una ceremonia. Un rito. Un grito. Mimmo Rotella no puede declamar sus poemas sonoros a base de aullidos, su oración estridente y sucia, por culpa de los empujones y los insultos de los indignados milaneses. Para otro día Mimmo, la gente está cabreada. Para arreglarlo o terminar de llevar al límite al público, Arman reparte pequeñas acumulaciones entre los asistentes: basura ensamblada. Como en las comuniones o bautizos, nadie se va sin su presente. Un funeral también es una celebración.
xxxLlega el momento de los discursos. Françoise Dufrêne da un recital de poesía sonora, versos compuestos por ruido, pedorretas, susurros, gárgaras. Poesía elegíaca, coplas a la muerte del arte. Todo huele a ritual. Una bomba que estalla poco a poco. Declama el último verso. Silencio sumo. El impresionante catafalco del fondo se desmorona, y, como una chica sorpresa del interior de una tarta, emerge Vittoria, la última obra del constructor de máquinas imposibles Jean Tingueley: un gigantesco falo de oro, decorado con parras y relleno de petardos y explosivos. Que arda. Que explote. Es el último día de los nuevos realistas, el último día sobre la faz alelada de la tierra. La última noche para el arte posible.
xxxLa última cena.
xxxEn el restaurante BIFFI, sito en Filodramatici, número 2. Están todos, falta Klein. Comen, charlan, ríen, conscientes de que el acto de cenar es en sí mismo un fúnebre tributo a su arte, una obra más en su escalada hacia el cero absoluto. Pierre Restany lleva una tiara papal sobre la cabeza, es lógico, sobre su piedra se edificó la iglesia del Nuevo Realismo, él fue quien se inventó el artilugio, le dio nombre, sustancia, lo sacó a pasear por las páginas de periódicos y simposios. Su santidad Pierre Restany. No hay arte moderno sin crítica. La crítica es otro tipo de arte, arte metaconceptual tal vez. Si el arte es nada, la crítica erige estructuras, esqueletos, armazones para sostener el aire. Y entonces el aire pesa. Su santidad Pierre Restany, bendice la mesa.
xxxLa última cena, a unas manzanas de la de Leonardo. Ayer, hoy, siempre, todo mezclado.
xxxUn solo instante posa sus ojos en cada uno de los comensales. Son diez años empaquetando, acumulando, extendiendo el azul eléctrico por el universo. Diez años recitando poemas sin lenguaje, fabricando máquinas inverosímiles, pegando prendas a tablas de madera, esculpiendo vaginas monstruosas. Fijando, monumentalizando el instante cotidiano. Diez años, que son la mitad que nada. En fin. Acaba la cena. Que nadie mueva un plato. Daniel Spoerri lleva todo el funeral aguardando esto. Inmortalizar el instante. Que sea esto la gran pirámide que permanezca cuando el olvido haya arrastrado las razones de la vida. Que permanezca así. La disposición de los cubiertos, los vasos, ceniceros, migas de pan, el desorden meticuloso de la realidad, ahora es una obra de arte. La mesa exacta, los restos de comida, expuestos para siempre en galerías y museos. Haced esto en conmemoración mía. Ha muerto el Nuevo Realismo. Viva la cruda realidad.

 

 

 

 

16. LA MELODÍA

A vueltas con el tópico romántico. Ahí está. Al borde de un precipicio, un tipo asomado a un océano de niebla. Si da un paso más será devorado por el abismo. Está de espaldas a ti y a mí, de espaldas al mundo entero, viste de forma elegante y el viento de las alturas lo despeina. Míralo, lo puedes encontrar en cada libro de texto. Es el romántico que adora los desastres naturales y la pequeñez del ser humano en el naufragio helado. El hombre como materialización carnal de los sentimientos desatados. El romántico que ama la muerte, y la busca, y la besa. Un viajero ante la inmensidad de un mar de niebla. A un solo paso del abismo. Ahí está. Y si el abismo es la locura y también es la misma muerte, sus imanes; si resulta que sólo la música es comparable al sentimiento en sí, a la pasión como forma. Si todo eso es el romanticismo, entonces está claro que nuestro hombre es Robert Schumann.
xxxSchumann. Compositor alemán que ha pasado a la posteridad como uno de los padres de la crítica musical moderna, dicen que descubrió a Brahms y a Chopin. Muy bien. Abandonó una carrera mediocre como concertista para dedicarse a escribir música. Acertó. Convenimos en que es uno de los grandes. De acuerdo, Robert Schumann merece un busto en el paseo de la fama, pero también en el parnaso de los agrandes trastornos. El abismo, ya sabes. Crisis nerviosas y alucinaciones, durante años, minando su cuerpo poco a poco como el veneno de una viuda negra. Así pasó su vida: cuando la esquizofrenia amainaba surgía el genio demoledor de su talento y el universo se achicaba para cederle espacio. Construía un mundo paralelo de belleza y sudor. También se sumergía en los libros para encontrar respuestas, libros de ciencia y ocultismo que fueran capaces de decirle algo. Schumann el romántico, el loco, el espiritista.
xxxRecuerda que a mediados del siglo XIX hacían furor en los círculos burgueses de medio mundo las teorías de Allan Kardec: los espíritus se comunican y tienen cosas que enseñarnos, decía, y la música estimula el contacto. De hecho Schumann aseguraba que su música era el idioma que le permitía conversar con el más allá. Además gustaba de frecuentar las llamadas mesas parlantes, algo así como la ouija. Algo para hablar con los muertos. Al parecer un día un espíritu le marcó el primer compás para el primer movimiento de la Quinta de Beethoven, la ejecución posterior fue maravillosa. En otra ocasión estuvo charlando con su difunto colega Franz Schubert, el resto de la mesa no entendió una palabra de su jerga. Demasiados tecnicismos y chistes del oficio. Otro día pasó lo mismo con Mendelssohn. Anécdotas fantasmales para aburrir, sin duda.
xxxPero centrémonos en el final de la historia, acerquemos ahí la lupa.
xxxVayamos a febrero de 1854, cuando Robert Schumann da el pequeño paso hacia el mar de niebla. De noche. Decenas de ángeles planean sobre su cama y en sus oídos trona la música perfecta, la banda sonora del paraíso. A la mañana siguiente no son ángeles sino demonios, y su música es terrible y dolorosa. Hienas y tigres salivan y gruñen a los pies de la cama. Tan pronto el horror enseña sus fauces como vuelven los ángeles armónicos. Así durante tres días. Cuando cesa la tormenta Schumann coge papel y pluma, y comienza a escribir la música que los espíritus le dictan. Consigue terminar un concierto para violín entre continuas recaídas. Será lo última que escriba. Esa misma tarde desaparece entre la lluvia de Dresde, un pescador halla su cuerpo en las frías aguas del Rin. no estaba muerto, pero el abismo se lo había tragado para siempre. Un par de años después murió de sífilis en una institución psiquiátrica a las afueras de Bonn. Shumann el romántico, el poeta, el suicida.
xxxFue autor de centenares de obras, para piano, para violoncello, para pequeñas orquestas… aunque a nosotros nos interesa aquel concierto para violín que escribió en los días de la fiebre. Dicen que el albacea de sus últimos trabajos, el violinista Josef Joachim, tras echarle un vistazo al concierto, entendió que aquello era un delirio imposible, un galimatías sin ton ni son que lo único que podía hacer era manchar el prestigio del maestro. Nada, esa partitura permanecerá bajo llave al menos cien años. Y poco a poco se irá convirtiendo en un rumor, en un sabes que dicen que Schumann escribió algo con la tinta de un muerto o bajo la hipnosis de un brujo, o en un conoces la historia del concierto que compuso en sueños…, polvo sobre el pentagrama, óxido en el atril. Durante tanto tiempo.
xxxHasta que un día.
xxxCasi un siglo después. La violinista judía Yeli Aranyi, a la postre sobrina nieta de Josef Joachim, convoca a la prensa y comunica que Robert Schumann se le ha aparecido en una sesión de es`piritismo para pedirle que toque su concierto maldito. El mundo debe conocer la melodía del abismo. Es absolutamente necesario. Al momento se genera una gran expectación, tanta que hasta el III Reich quiere ser protagonista. Claro está. El gobierno nazi prohíbe a Yuli Aranyi tocar el concierto, una perra judía no puede estrenar la obra perdida de un gran maestro alemán. No hay más que discutir. Yehudi Menuhim también será vetado. Debe caer en las manos idóneas. Nada de pusilánimes y bolcheviques. la partitura acabará llegando a un director de orquesta adicto al régimen, alguien que inicia y acaba sus conciertos con el brazo en alto, George Kulenkampff.
xxxEstamos en 1937. Kulenkampff opina que es imposible tocar algo así, parece escrita por el mismo demonio, fíjate, necesita un par de arreglos aquí, otro un poco más allá, y aquí y en esta escala y en cuarenta sitios distintos si queremos ofrecer algo inteligible. Se pone manos a la obra con un par de amigos músicos y nazis como él. Cirujanos plásticos del sonido. Creen que ya está lista. La sala está abarrotada la noche del estreno, es una premiere mundial de un descubrimiento asombroso. Yeli Aranyi mientras tanto se exilia en Londres. El concierto de Kulenkampff es otro éxito de propaganda nazi, hasta Goebbels le felicita personalmente.
xxxPero esa no era la música que los espíritus dictaron a Robert Schumann.
xxxEra otra cosa. Muy mala a tenor de las críticas demoledoras. Ese Schumann estaba loco, su concierto es intraducible, bastante hemos hecho con maquillar sus defectos más evidentes, se dicen los tres cirujanos. Otra cosa. Todavía nadie ha conseguido tocar la partitura original, sin cambios. Yeli Aranyi lo intentó la nochevieja de 1937 en Londres, y su impericia logró que fuera un espanto. A grandes rasgos aquí acaba la historia del concierto maldito de Schumann. El romántico, el misterioso, el ininteligible.
xxxO no.
xxxSe habla de otra sesión de espiritismo en la que Josef Joachim se le apareció a un músico sin nombre, o tal vez fue el mismo Schumann, el caso es que el espíritu volvió a hablar del concierto. De lo que allí se dijo sólo tenemos versiones encontradas, seguramente distorsionados relatos de una verdad que únicamente conocen sus protagonistas. Sea como sea podemos intentar hilar alguna que otra conclusión provisional, a la espera de que un día se puedan contrastar por nuevas fuentes o nuevas sesiones de ouija.
xxxÉstas son las conclusiones:
xxxPrimera posibilidad. El concierto que conocemos fue escrito en realidad por Yeli Aranyi para buscar la celebridad que su mediocre virtud como intérprete le negaba, mientras que el original o bien nunca existió o a día de hoy todavía sigue guardado bajo siete llaves.
xxxSegunda posibilidad. El concierto no fue dictado por los ángeles de aquellos días febriles, y por tanto no era la notación de su música perfecta, al contrario, fueron los demonios: la partitura refleja fielmente esa música torturada y dañina.
xxxTercera posibilidad. El concierto necesita de instrumentos angélicos o, en su defecto, infernales para ser interpretado con rigor, de no ser así el resultado es una pobre y cacofónica aproximación.
xxxCuarta posibilidad. En sus momentos de escalada febril Schumann no estuvo acosado por visiones del mundo espiritual, sino que abrió una brecha en el espacio-tiempo hacia el más allá temporal. Lo que en verdad vio fueron conciertos de música orquestal contemporánea. No entendió nada de lo que escuchó. Como si secuestras a Velázquez y lo dejas en el MOMA. De esa confusión nació la partitura.
xxxQuinta posibilidad. Que siendo conscientes de su leyenda, su mujer, sus amigos y él mismo quisieron adornarla con un poco de amor prohibido, algo de locura, un intento de suicidio, el ingreso en un psiquiátrico y una obra maldita. Tópicos sobre más tópicos. Ahí está. El viajero ante el mar de niebla se da la vuelta y nos guiña un ojo.

 

 

 

 

22. IDIOTECA.

Uno. Usted está leyendo un libro. Fuera de estas páginas el mundo también está escrito, hilado en sutiles correspondencias. Ahora mismo poco importa eso. Hace sol ahí fuera. Es de noche. Un ligero olor a café, el susurro mate de los coches en la calle. Tal vez un pájaro o un niño. Eso está ahí, pero usted lee. Las razones por las que ha decidido ocupar su tiempo con este libro son un misterio. Esas razones son el motor oculto que mueve el corazón de la literatura.
xxxTodo eso puede.
xxxUn libro es sólo un objeto manchado de palabras. El objeto que ahora tiene entre las manos, el que marca el leve sudor de sus huellas dactilares: la segregación de su cuerpo se filtra por la página y la oscurece levemente. y también ocurre al revés, si el libro es bueno su tinta le emborronará los ojos como el rímel tras el llanto. Algo parecido a un espejo.
xxxTodo eso puede estar ocurriendo.
xxxLo típico. Usted lee el libro y el  libro lo lee a usted, mientras el mundo los lee a ambos. Piensa: el movimiento de mis ojos en la página es como el de las olas yendo y viniendo de la orilla, su trazo de espuma desaparece como la línea escrita al final de la página. También aquí crece la marea casi sin percibirlo. Arde, sí, pero también es agua. Habrá quien diga que esa tensión es lo que produce el arte. Que el arte es una mancha de petróleo ardiendo en el fondo del océano. Vale. Lo que sea. El movimiento de los ojos de izquierda a derecha, como un gusano de seda que devora palabras, y el siguiente renglón, y el espacio en blanco, y el punto. El punto genera una pausa, reacomoda el ojo, el pensamiento. Así. Usted está leyendo este libro, usted lee la palabra libro escrita en este libro. La palabra palabra. Siente la reverberación. Fuera de estas páginas todo es más confuso, aquí al menos sabe que el camino es de izquierda a derecha, frase tras frase.
xxxUsted también cree que cualquier amenaza dentro del libro se acaba al cerrarlo. Pero en el fondo reconoce su error: lo que hemos leído nunca nos abandona. Este texto ya es un parásito alojado en su cerebro, del mismo modo en que usted es un parásito dentro de estas palabras. Un parásito dentro de la palabra parásito. Ahora sabe que ya no va a cerrar el libro, no puede. Porque todo esto le incumbe. O quién sabe, lo mismo esta porquería no es para tanto, lo mismo no es más que un cúmulo de idioteces medianamente ordenadas. Claro. Por supuesto. Como la vida.
xxxDos. Jeremy Bentham fue un filósofo inglés del XVIII. El siglo de las luces es también el siglo de los umbrales, a todas partes. Y precisamente ahí estaba Bentham. Un niño prodigio insoportable con una sola idea entre ceja y ceja: cambiar el mundo. Sí. Veía el universo social como un esqueje al que convertir en un bonsái. Suyas son muchas de las certezas morales que hoy nadie discute. Certezas o cortezas, tan arraigadas y tan superficiales. Decía Jeremy: lo que es útil es aquello que proporciona mayor felicidad a mayor número de individuos. El progreso. La absurda cadena del bien común. El capitalismo. Esas cosas. Bentham tenía instrumentos para medir la felicidad. No iba de farol. En su testamento especificó que deseaba que embalsamaran su cuerpo y lo dejaran expuesto en su colegio universitario de Londres. Ahí está su esqueleto vestido, con una cabeza de cera y un sombrero horrible. En su cráneo se golpea el siglo XXI, como dentro de una celda acolchada. Jeremy Bentham ahora es un objeto al que podemos mirar y que seguramente, desde su nada, también nos vigila a nosotros.
xxxEl filósofo disecado.
xxxSobre el año 1791 el rey Jorge III le encargó el diseño de un nuevo tipo de centro penitenciario, algo que estuviera de acuerdo a los nuevos tiempos. Las nuevas libertades, los nuevos crímenes. Él concibió una cárcel perfecta donde los presos acabarían vigilándose ellos mismos. Habría un solo guardián en el centro, o nadie, tras las persianas venecianas de una torreta. Desde allí las celdas como en una colmena circular, un anillo, o una órbita alrededor de un ojo. Nunca verían al guardián, y el guardián podría verlos a todos a la vez. Incluso, ya lo hemos dicho, podría no estar, y el invento seguiría funcionando. O eso pensaba su creador. Esta era la idea del panóptico. Intuimos que una idioteca deberá por fuerza imitar este modelo. Jeremy Bentham sería un idiota más dentro de nuestra cárcel-museo.
xxxTres. Una idioteca. Una cárcel-museo. Una colección de idioteces, o de idiotas. Un museo o un sanatorio en forma de panóptico. Y en cada celda un idiota. Algo así como Arkham Asylum, ya saben, la famosa cárcel manicomio donde están encerrados los enemigos psicópatas de Batman. Allí hay una celda especial para el Joker, otra para Dos Caras, una sin espejos para el Espantapájaros y así sucesivamente. Bien. En nuestra idioteca hay sitio para mucha gente. Así a primera vista me ha parecido ver a Goya y a Lovecraft, un par de celdas más arriba Tex Avery se pinta el ojo que le falta y en la de al lado Robert Schumann intenta resolver un crucigrama sin sentido. En la torreta está usted. Yves Klein lleva un lanzallamas e incendia una y otra vez su colchón. Fuseli interpreta a tres voces una escena de Macbeth. Euronymus hace punto y Andrés Iniesta da vueltas dentro de un balón invisible. Celda a celda. Herschell Gordon Lewis baila un vals con una muñeca de trapo. Y en la torreta estoy yo. Nick Cave juega al póker con su sombra y seis celdas más abajo David Belle rebota contra el muro como una bola de pinball. Fíjate en Bruegel desenroscándose la cabeza, a sus pies tiene otra sin boca ni ojos. Luis Buñuel duerme y probablemente sueña con Luis Buñuel. Timothy Leary escribe en el suelo un nueva evangelio apócrifo. Itten descubre que su sangre es amarilla e incandescente. Y Zeuxis es el único que mira fiamente la torreta.
xxxAunque allí no haya nadie.
xxxDijimos idiotas, idioteces, pero no es tan sencillo. El análisis etimológico de la raíz griega de la palabra idioteca nos dice que idios significa uno mismo. Entonces una idioteca es una cárcel-museo de uno mismo. Es un espejo roto en mil pedazos recompuesto en la bóveda del cerebro. El que está dentro de la torreta es el mismo que aquellos que están en las celdas. Usted. Yo. Nadie. Por eso Zeuxis mira a la torreta y ríe, porque sabe que esto no es más que un autorretrato. Ridículo. Idiota. Veraz.
xxxCuatro. Tema: Idiotheque. Intérprete: Radiohead. Álbum: Kid-A. Traducción: alguien.
xxx¿Quién está en un búnker? Las mujeres y los niños primero, y los niños primero, y los niños. Me río hasta que mi cabeza se desmonta. Trago hasta explotar. ¿Quién está en un búnker? He visto demasiado ya, tú no has visto lo suficiente, no lo has visto. Yo voy a reírme hasta que mi cabeza se desmonte. Las mujeres y los niños primero, y los niños primero, los niños. Aquí se me permite todo lo que quiera todo el tiempo. Aquí se me permite todo lo que quiera todo el tiempo. Viene la era glacial, viene la era glacial. Déjame escuchar a ambas partes. Déjame escuchar a los dos. Viene la era glacial. Arrojadlos al fuego, arrojadlos a. No somos alarmistas. No somos alarmistas. Esto está ocurriendo de verdad. Está ocurriendo. No somos alarmistas. Está ocurriendo de verdad. Los teléfonos móviles chirrían. Cojamos la pasta y huyamos. Cojamos la pasta. Aquí sigo con vida. Todo lo que quiera. Todo el tiempo. El primero de los niños.
xxxCinco. Extractos de una (la única) reseña sobre este libro aparecida en un blog creado ex profeso para ello. La página no permite dejar comentarios. Nadie firma la crítica.
xxx“…la letra de Thom Yorke que fue compuesta, como las demás del disco, siguiendo el método dadaísta de recortar frases y juntarlas al azar puede recordarnos la propia estructura fragmentaria y por momentos caótica del libro. Como si el autor, igual que los pupilos de Tzara o que el mismo Thom Yorke, hubiese mezclado los temas sin ton ni son y los hubiera sacado como un conejo absurdo y roto de una chistera […] se autodenomina el primero de los niños, su libro sólo es un juego, un entretenimiento cuyo único fin es el juego mismo […] un libro que pareciera escrito por un maniquí drogado […] este Borges de gominola que sólo se parece al maestro en dar palos de ciego […] lo nefando de […] lo atroz […] cualquier lector inteligente se daría cuenta de que todo es una gran mentira, un fraude. Leer este libro es lo mismo que bajarse de internet una película clásica y al abrir el archivo descubrir que es un fake, que en vez de John Ford tenemos una porno de bajo presupuesto…”
xxxSeis. Llegados a este punto no hay excusas. Usted sigue leyendo. Siente que este libro estaba en blanco y que son sus pupilas las que escriben cada una de las páginas. Que volverán a estar en blanco si usted decide cerrarlo. Las pupilas, las páginas. No es un libro escrito para usted, es un libro escrito por usted, en este instante. Alguien lee por encima de su hombro y no es esta la frase que asimila su cerebro. Usted lee la palabra FIN y él no ve los créditos ascendiendo en la pantalla negra, no escucha la música desenredándose el pelo en sus oídos, no lee las palabras de agradecimiento del autor a los que confiaron o le apoyaron, los lugares donde fueron escritos cada uno de los textos, las referencias reales y las inventadas. No ve las tomas falsas. O sí. Podría ser que el otro lea todo al revés y que donde decía final él lea comienzo, y donde pone nunca él vea siempre. Y que usted no sea más que un personaje de este libro, el que lee por encima de su propio hombro.
xxxSiete. La chica del tarot ha dejado de repartir cartas. Nada de lo que ha dicho puede tomarse en serio, sus respuestas han sido un interrogante mayor. Éste es el momento de apagar la televisión. Que no haya nada más que oscuridad, sin asideros. Así. Ya está. Contemos hasta tres y tomemos aire. Es hora de cerrar el libro.

 

 

 

Quinto, Raúl. Idioteca. Almería; El Gaviero ediciones, 2010.

 

RORSCHARCH, EL ESPECTRO DE SEDA, MOLOCH, EL PRIMER ENCAPUCHADO, EL VIEJO BÚHO, EL VENDEDOR DE PERIÓDICOS, EL ESCRITOR…

 

RORSCHARCH

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSumerge en el río a aquel que ama el agua.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(William Blake)

Mantengo el equilibrio sobre un cable
hecho de nervios y latidos huecos.

Mi camino os recorre desde dentro
como si fuera un esternón de azufre,

y os hace recordar que merecéis la noche,
su dolor más antiguo,
los reflejos del agua mostrando vuestro rostro
antes de que os someta la inercia de las algas,

merecéis su sabor,
sentir que los cangrejos devoran el cadáver
con los ojos abiertos, colmados de penumbra,
acariciar la espuma con los dedos de arena
y desaparecer
en infinitos pulsos esclavos de la sal,

merecéis su perfume,
el olor de la carne al comprobarse líquida,
sentir lo que es el hielo,
bailar su lenta danza.

Yo soy la exacta sombra de los gritos,
el brazo ensangrentado que os reclama
para enseñaros el envés del viento,
soy todo lo que veis en el espejo,
el párpado de cieno que os revela
y os dota de contorno,
soy la caída libre de la culpa
y mi rostro es el vértigo perpetuo.

Mantengo el equilibrio sobre el mundo,
alguien tiene que hacerlo,
alguien ha de beber el agua de las sombras.

 

 

 

 

EL ESPECTRO DE SEDA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxForma es placer
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(E.M.R. Stadler)

Soy una mancha rota sobre un vidrio,
mis formas anteriores eran leves
y apenas resistían el granizo
ni los golpes febriles del invierno.

A veces llueve para sólo un cuerpo
y se hace complicado respirar.

Tantas cosas ocurren de improviso
que confundo mi sombra con mis manos,
y acaricio lo oscuro, y no siento
más tacto que la fuga,
más camino que el otro,
lejos de los perfiles de mi máscara
donde nadie dibuje mis palabras
ni las ate a mis gestos como un vaho.

Soy derrumbes de humo entre las ascuas
y necesito las cadenas cálidas
que mantengan erguida mi columna.

Aunque he visto los sexos de los dioses
y me han colmado cada poro abierto,
reconozco que soy una gran mentira:
no me disuelvo, no poseo forma.

 

 

 

 

MOLOCH

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy cuando llega a su fin, sólo nuestros enemigos dejan rosas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Alan Moore)

En un espejo me miré desnudo
y encontré mi latido
ya fuera de las venas
avanzando hacia mí como una sombra.

Quise cerrar los ojos,
pero ya estaba ciego,
y en mis pupilas se enroscaba el virus
de la condena: conocer el tiempo
desde el abismo de un reloj de arena.

De nada me valdría
empañar los cristales
o acariciar el humo con la lengua,
la arena me cubría hasta los hombros.

Entonces estallé una rosa en mi boca
y vi a mis enemigos,
sus viejas máscaras de piel humana
derretidas por lágrimas sinceras.

Al fin —pensé reconfortado—
ellos serán los únicos
el día de mi entierro,
cuando la lluvia arrastre las caretas.

Y salí a la ciudad
a confirmar mi muerte.

 

 

 

 

EL PRIMER ENCAPUCHADO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnieblas regidas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor humos que yo conozco,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen mí enterrados,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvan a borrarme
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Rafael Alberti)

Los restos de mi piel se esconden bajo llagas,
sumideros de sangre donde florece el humo
enhebrando una máscara,
y florece el vacío sobre la veladura,

y ya puedo observar las pupilas más tensas,
las muecas de terror,
el dolor contenido que se desborda de ellos
cuando se sienten débiles;
y sé que en sus plegarias destrenzarán caminos
hacia su propio filo,
porque verán mi ausencia,
mi rostro de vapor.

Han pasado los años
y el humo ya es verdad,
se filtra en las entrañas sin provocar desmayos,
abona campos yermos que ya nadie camina,
se funde con el humo que de las ruinas brota
cuando incluso la tierra ha olvidado sus nombres,
desaparece súbito.

Aunque puede que alguien inhale su perfume
y conozca el placer.

 

 

 

 

METRÓPOLIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe estremece el espejo: la persona, la máscara
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxes ya máscara de nada.
xxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Leopoldo María Panero)

Hace muy poco desperté con agua
entre los dedos, y no quise ver
que era imposible ya cerrar los puños,
—los surcos negros, el muñón desnudo,
estalactitas de la carne vieja
que ansían caer sobre las huellas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxvértigo
de comprender que no hay lugar posible
en este mundo que reclamo y tiento.

Otros tiñeron de calor los muros
y destilaron de las sombras turbias
nuevos fantasmas con mi rostro,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmáscaras
encadenándome la piel al aire.

Mientras, la escarcha renacía en velos
sobre los ojos que antes vieron mi obra,
y me dejaba arrinconado y solo
sobre una charca de sudor, sin fuerzas.

 

 

 

 

DÓLAR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa puerta giratoria
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrefleja tu imagen
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen el espejo repetido.
xxxxxxxxxixxxxxxxxixxxxxxx(Joaquín Marco)

Mis pasos me llevaron a una sala
pintada de colores reflectantes,
en sus paredes me podía ver
doblando un traje que reía absurdo
como si lo supiera casi todo
de la debilidad del ser humano.

Pero me conocía sólo a mí,
al cansancio de musgo en las pupilas
y a esa muerte temprana que susurran
las miradas abiertas o en reposo.

Y no podía más que contemplarlo,
verme tragar por su silueta,
xxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxser
mi propia ausencia repetida en círculos,
atrapada en la puerta giratoria
de esta fosa de sangre que custodio.

Ahora estoy contigo,
engastado en el rostro del espejo,
en las agujas del reloj suicida.
Soy el nombre que pronuncias
al despertarte otro,
al descubrir el límite del sueño
y su absurda caricia.

 

 

 

 

EL VIEJO BÚHO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpiedra viva, ardiente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la incertidumbre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpalabras que crecen.
xxxxxxxxxxxxxxxxixxxxx(Alfonso Costafreda)

Largas conversaciones
en torno a los escombros,
bebiendo de las copas
forjadas en tiniebla,
para ver más allá
de las grietas del cuerpo.

Ya sabes, compañero,
la memoria es tan frágil
que hay que besar sus bordes
para no derramarse
escaleras abajo;
porque no quedan alas
y el cielo es este techo
que devuelve el aliento.
Así que apura el vaso
y vamos a mirarnos.

 

 

 

 

EL VENDEDOR DE PERIÓDICOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcon la muerte diaria confundido.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxx(Javier Egea)

Losas calientes para pies descalzos.

La calle se traviste de condena
y cada paso es un reflejo ambiguo
de este cielo con forma de cornisa,
lo veo cada mañana, cada tarde,
cada noche al cerrar esta ventana:
hay polvo en los cristales,
la vida se deshace.

La Historia nace en estas mismas calles
cuando las hojas de papel se elevan
buscando vuestros rostros,
cuando adoptan su forma
y son de sangre desbordada y muda,
porque no mienten los espejos rotos,

porque somos el fondo de la noche
y tenemos las manos de agua blanca.

 

 

 

 

EL BUEN HOMBRE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxme hacen hombre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmonstruo entre monstruos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Dámaso Alonso)

He recogido las cenizas
de mi coraza,
ya puro alambre,
ya pura mancha de silencio;
me he visto hombre,
fiera entre fieras.

No lo soporto.

La lluvia ciega las aceras.
Las voces huecas del abismo
parecen sendas, ambulancias
blancas directas a la nada;
esta ciudad no se derrumba,
caen los cuerpos, no las calles,
no desemboca,
en cada grieta hay una muerte,
una mentira de alquitrán,
una palabra luminosa.

 

 

 

 

EL NÁUFRAGO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa belleza es para maltratarla.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxx(Javier Corcobado)

Una lenta tensión acoge al miedo
en cada músculo ofrecido al agua,
pues me llama la sangre de la tierra
y su voz reconoce este vacío.

No temáis corazones: ya regreso
a lomos de otro infierno más pequeño,
ya desato los ojos y me entrego
a un rostro de salitre abandonado,
ya vuelvo sobre el pecho de la vida,
con los dientes manchados por plumajes
ensangrentados, navegando en círculos
sobre mi propio aliento como espuma.

Nunca será mi boca como el humo
que destila un cadáver cuando grita,
hoy mi lecho es un rostro de madera
con forma de ataúd,
labios, párpados, voces
que me hablan del dolor en que nacieron,
que me arrastran al fondo de las venas,
donde nuestro reverso nos suplanta.

 

 

 

 

EL ESCRITOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY si miras al abismo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel abismo te devolverá la mirada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Friedrich Nietzsche)

xxxxxI

Si la vida no fuera
lo que su propio rostro nos enseña,
o hubiera que esculpirle la mirada
sobre la piel de su vacío,
cuando se toca la ceguera y sangra
en cada brazo una caricia sucia
y se sabe que el tiempo, más allá
de los pequeños goces, es condena;
entonces no sería necesario
que la materia se tornase verbo.

 

 

xxxxxII

Entre las hojas, el cansancio,
leve murmullo
de agua vertida en el camino,
charcos de vida,
brazos que al alba se abandonan,
besos ya sólidos
entre las sombras de los signos.

Hablo del sueño en la placenta.
Hablo del musgo que no crece.
Hablo y no escribo.

 

 

xxxxxIII

Este vuelo difuso, esta marca de labios,
venga de donde venga, ya no me pertenece,
soy tan sólo una posta donde las bestias húmedas
enhebran su mirada y abandonan el norte
recobrando su forma,
soy la hierba que brota
por un instante al roce de una quijada antigua
en tantas ocasiones hermana de su muerte,

no existo sin el eco,
que mi boca es el quicio de una puerta de arena
acumulada en sombras,
que no soy más que un guante sobre el barro,
que no me pertenezco,
que vengo de otra niebla,
que mi rostro es liturgia de otros dioses.

 

 

 

Quinto, Raúl. La piel del vigilante. Barcelona; DVD ediciones, 2005.

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más