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Archive for 31 octubre 2016

JUDAS Y LOS AMIGOS

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LAS OLVIDADAS

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LAS OLVIDADAS

Nosotras,
que no somos costilla,
sustento del patriarcado
Nosotras,
que no somos corriente,
contra el sentido normal de las marchas
Nosotras
que no somos ramas
que somos raíces
Nosotras
que no somos tendencia
ni colores
ni lilas, ni violetas, ni rosas
ni cuerpos en venta, escaparates con bonitas ofertas
Nosotras
que sufrimos las violencias,
las del Estado, las familiares, las de pareja
las propias y las impuestas
Nosotras
las abuelas de la Plaza de Mayo
Nosotras
las nietas de las guerras
Nosotras
pacifistas sinceras
las camareras de pisos
las heroínas sin calles
las que protestan en alto
las punkys en las catedrales
las madres de Alfon y Carlos
Somos Ester Quintana
Somos Patricia Heras
Nosotras
las sufragistas, las anarquistas
las de la huelga de sexo
Lisístratas en Grecia, Colombia o Kenia
Nosotras
Somos Rosa Parks, una sencilla costurera
Nosotras
Las brujas, las hechiceras
Nosotras
Somos la pluma de Mary Shelley
Nosotras
Somos Louise Michel en las barricadas
Nosotras
Abuelas, hijas y nietas
Nosotras
Somos ellas

 

MANO INVISIBLE (y II)

mano-invisible-adam-zagajewski

 

xxxxxxxxxII
JARDÍN BOTÁNICO

En el Jardín Botánico de Cracovia
me topé con un árbol asiático
de nombre metasecuoya china, un árbol bello,
de hojas digitadas, deshilachadas, agujadas.
Pero ¿por qué metasecuoya? ¿Por qué no simplemente secuoya?

¿Crece por encima de sí misma?
¿Descuella sobre otros árboles?
¿Será que las plantas ya han empezado a usar
la jerga pretenciosa
de los sabios de algunas universidades?

 

 

 

 

PERDIDOS

Perdidos, perdidos en grises pasillos. Por la noche
las bombillas silban como los pitidos de barcas hundiéndose.
Leemos libros olvidados por sus autores.
No existe la verdad, repiten los sabios.
Las tardes de verano: un festival de vencejos,
en los suburbios estallan las peonías.
Parece que las calles se acortan
por el calor, por la facilidad de la visión.
Lentamente, avanza el otoño sin hacer ruido.
Pero a veces emergemos por un momento
y sucede que brilla la puesta de sol
y aparece una seguridad pasajera,
casi una fe.

 

 

 

 

UN GRAN POETA NOS DEJA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Pensando en C. M.]

Realmente nada cambia
en la habitual luz del día
cuando un gran poeta nos deja.
En las coronas de viejos olmos
siguen discutiendo con pasión
los grises gorriones y los delicados estorninos.

Cuando un gran poeta nos deja
la ciudad no se detiene, el metro y los tranvías
siguen buscando el moderno Grial.
En la biblioteca una chica guapa
busca en vano un poema que
le diga la verdad de todo.

Al mediodía se extiende el mismo bullicio de siempre,
por la noche domina un recogimiento silencioso;
entre las estrellas, una eterna inquietud.
Pronto abrirán las discotecas,
se abrirá la indiferencia
a pesar de que acaba de morir un gran poeta.

Pero cuando nos despedimos de alguien que amamos
por un largo tiempo o para siempre,
sentimos de repente que nos faltan las palabras
y que ahora tenemos que hablar nosotros solos,
ya nadie va a hacerlo por nosotros
porque nos ha dejado un gran poeta.

 

 

 

 

COMO EL REY DE ASINÉ

“Como el rey de Asiné en Seferis”, pensé,
recordando aquel increíble poema:
calor, un mar tranquilo, la nada bajo la máscara dorada,
dos personas en canoa, las rocas silenciosas,
un mundo sólido, y por otra parte sólo
“Asiné” y su soberano, una palabra en toda la Ilíada,
la mención más breve en el catálogo de embarcaciones.

Yo también busqué más de una vez a los ausentes,
en tantas ciudades, en el avión, en las ruinas
de alzamientos frustrados, de confederaciones,
durante una excursión malograda a Siracusa,
en los largos paseos por París,
a la orilla del mar en el que había
de hundirse todo el continente.

“Como el rey de Asiné en Seferis”, pensé,
nada bajo la máscara dorada, una viva ausencia,
pero este vacío puede rellenarse en cualquier
momento, puede suceder perfectamente
que el rey de repente vuelva y el oro brille triunfal.
En el jardín se mece un húmedo grosellero,
sopla el viento. Has de saber que esperamos. Seguimos esperando.

 

 

 

 

LLEGÓ LA PRIMAVERA

Las naciones estaban cansadas de tantas guerras
y yacían tranquilas en lechos matrimoniales,
extensos como la cuenca del Danubio.
Empezaba la primavera, los primeros éxtasis.
En las ramas todavía desnudas de los árboles
arrullaban unas tórtolas turcas.
Nadie sabía qué hacer, qué pensar.
Éramos huérfanos porque el invierno
no nos dejó testamento;
una mariposa joven aprendía a volar
de manera caótica, desde el principio.
Las mariposas no tienen tradición.
Y nosotros tenemos que morir.
“Ésta es una manera poco elegante
de terminar el poema
—protesta R., y añade—:
el poema debería terminar
mejor que la vida. Para eso es”.

 

 

 

 

METÁFORA

“Toda metáfora es un fracaso”, dijo aquel
poeta muy viejo en el bar del hotel,
dirigiéndose a unos estudiantes fascinados.
El poeta muy viejo estaba de buen humor
y con una copa de vino en la mano dijo:
“Éste es el problema fundamental de la encarnación,
las cosas que amamos, las cosas invisibles
toman cuerpo, evidentemente, en lo que podemos
ver y decir, pero nunca de manera
absoluta, uno a uno, lo que significa
que siempre es o demasiado poco
o demasiado, los puntos quedan en la superficie,
sobresalen dedos, botones, paraguas, uñas,
cartas sin recoger en un sobre azul de correo aéreo,
queda una sensación de insatisfacción o de exceso,
alguien calla ominosamente, otro pide
ayuda, se rompe el hielo, viene una ambulancia,
por desgracia demasiado tarde, pero atención,
gracias a esto, gracias a esta desproporción,
gracias a esta inexplicable fisura,
nosotros podemos seguir persiguiendo la quimera de la metáfora,
durante toda la vida avanzamos en la oscuridad,
en un bosque oscuro, siguiendo la pista de la traslación,
imperfecta, como mi discurso, que ahora
está llegando a su fin, aunque seguramente
podría añadir muchas más cosas,
pero tengo miedo, estoy ya
un poco cansado, y me parece
oír cómo me llama el sueño”.

 

 

 

 

MURO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxIn memoriam Henryk Bereska

Parecía un joven,
siempre tenía nuevos proyectos, propuestas;
trabajaba sin descanso.
Le gustaba hablar de la ventana
de su anterior casa en Berlín,
la ventana del este desde la que durante años
pudo observar el Muro y Occidente,
un país misterioso, inaccesible.
El Muro cubierto de nieve, de escarcha,
liso en mayo, mojado por la lluvia,
oscureciéndose entrado el otoño;
el Muro, la cosa en sí misma,
un adorno de la filosofía del idealismo alemán.
Cuando llegó die Wende, o sea, ‘el cambio’,
Henryk rejuveneció todavía más,
decidió empezar una nueva vida,
la vida de un hombre libre,
de un habitante de un país libre.
Nunca pudo comprender a los que
lamentaban el final de una dictadura.
Estaba lleno de un entusiasmo moderado,
aunque el vecino del pueblo donde tenía
su casa de verano, un ex oficial de la Stasi,
no despertaba su afecto. Evidentemente.
Viajaba por Europa, en Polonia
le correspondieron honores y distinciones.
Parecía que iba a vivir muchos años más,
que como recompensa a aquella ventana del este
recibiría muchos años adicionales.
Pero otras fueron las decisiones. Otro el veredicto.
No hubo premios, ni castigo,
sólo nieve, escarcha y niebla.

 

 

 

 

NO PENSABA EN LA ESTÉTICA

Cuando en los años ochenta mi padre copiaba
para sus amigos mi poema “Ir a Lvov”
(me lo explicó pasado mucho, mucho tiempo,
un poco cohibido), no pensaba quizá en la estética,
en las metáforas, sílabas, en un sentido más profundo,
sólo en la ciudad que amó y perdió, en la ciudad
donde quedaron detenidas, como un rehén,
su juventud, su revelación, el encuentro con el mundo,
y seguramente golpeaba las teclas de su antigua y fiel
máquina de escribir con tanta fuerza que, si hubiéramos
conocido mejor las leyes de la conservación de la energía,
sobre esta base podríamos
reconstruir al menos una calle
de su primer entusiasmo.

 

 

 

 

POETAS FOTOGRAFIADOS

Poetas fotografiados,
pero nunca
cuando ven realmente,
poetas fotografiados,
estantes con libros como fondo,
pero nunca en la oscuridad,
nunca en silencio,
en la noche, en la incertidumbre,
cuando vacilan,
cuando la felicidad, como el fósforo,
cubre la cerilla.
Poetas sonrientes,
tranquilos, cultos.
Poetas fotografiados
cuando no son poetas.
Si supiéramos
qué es la música.
Si lo entendiéramos.

 

 

 

 

MI PADRE YA NO ME RECONOCE

Mi padre ya no me reconoce. Ni tan sólo
quedan aquellos destellos de la conciencia
con los que hasta no hace mucho podíamos consolarnos.
Está sumido en la oscuridad, acostado, duerme, dormita
como si ya nos hubiera dejado.
Y, con todo, aún hay breves momentos
en los que aparece su auténtica cara.

 

 

 

Zagajewski, Adam. Mano invisible (Trad. Xavier Farré). Barcelona; Ed. El acantilado, 2012.

 

MANO INVISIBLE

mano-invisible-adam-zagajewski

 

xxxixxxxI
NUEVO HOTEL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Cracovia]

En febrero los álamos, helados, son aún
más delgados que en verano. Mi familia
está dispersada por toda la tierra, bajo tierra,
en varios países, en poemas,en cuadros.

Es mediodía, estoy en la plaza Na Groblach.
A veces venía por aquí para visitar (un poco
por obligación) a mis tíos.
Ellos no se quejaban ni siquiera del destino

o del sistema, sólo que sus caras recordaban
una librería de viejo vacía.
Ahora en esa casa viven otras personas,
desconocidas, el olor de una vida ajena.

Cerca de allí construyeron un nuevo hotel,
habitaciones claras, desayunos sin duda comme il faut,
zumo, café y tostadas, vidrio, cemento,
olvido, y, de repente, sin saber cómo,
un momento de una penetrante alegría.

 

 

 

 

CAFETERÍA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[En Berlín]

En esta cafetería que se llama como un escritor francés,
en una ciudad extranjera, leí Bajo el volcán,
esta vez con menos entusiasmo. “Realmente, uno tiene que curarse”,
pensé. Quizá haya llegado a convertirme en un filisteo.
México estaba muy lejos y sus enormes estrellas
iluminaban, pero no para mí. Era el Día de Muertos.
La fiesta de las metáforas y la luz. La muerte como protagonista.
Algunas personas en las mesas de al lado, varios destinos:
Reflexión, Tristeza, Sentido Común. Cónsul, Yvonne.
Llovía. Noté una pequeña felicidad. Alguien entró,
alguien salió, alguien finalmente dio con el perpetuum mobile.
Estaba en un país libre. En un país que se quedó solo.
No pasaba nada, los cañones habían callado.
La música no diferenciaba a nadie; la música pop que fluía
de los altavoces iba repitiendo: “Aún pasarán muchas cosas”.
Nadie sabía qué hacer, adónde ir, por qué.
Pensé en ti, en nuestra intimidad, en cómo
huelen tus cabellos cuando empieza el otoño.
En el aeropuerto se elevó en el aire un avión
como un discípulo aplicado que cree
en lo que dijeron los antiguos maestros.
Los astronautas soviéticos afirmaban no haber encontrado
a Dios en el espacio, pero ¿lo habían buscado?

 

 

 

 

JARDÍN DE LUXEMBURGO

Las casas de París no temen al viento ni a la imaginación
(son sólidos pisapapeles,
el contrapeso de los sueños).

En el río compiten barcos blancos llenos de una multitud
que reclama un saludo de los que están en la orilla;
esa multitud está de un humor excelente y liquida el pasado.

De un taxi sale una pareja de turistas ricos
con ropas brillantes; los esperan camareros
con unas levitas que la moda no ha transformado.

Mientras, el Jardín de Luxemburgo empieza a vaciarse
y se transforma en un gigantesco herbario silencioso;

no recuerda a todos los que pasaron
por sus caminos sin percibir que ya no vivían.

Aquí vivió Mickiewicz, y allí August Strindberg
trabajó en la piedra filosofal
que no llegó a encontrar.

Está anocheciendo, viene una noche seria por el este,
recelosa y taciturna.
La noche viene de Asia y no hace preguntas.
Qué bello es lo extraño, qué fría la felicidad.

Se encienden luces amarillas en las ventanas sobre el Sena
(he aquí algo realmente misterioso: la vida de otras personas).

Lo sé, en esta ciudad ya no existe el secreto.
Pero existen los plátanos, las plazas y los cafés, las calles afectuosas
y la mirada clara de las nubes que se va apagando lentamente.

 

 

 

 

EL BELLO GARONA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Para Agnès y Patrice Moyon]

Porque no fluías a través de mi infancia.
Porque no nadé en tus corrientes.
Porque incluso aquí, bajo la mano de un arqueólogo,
crece el mismo casco y la antigua esvástica
de la peor Roma. Porque podrías haber sido
mi hermana, mi prisión, mi
salvación, la felicidad de un día de verano.
Porque eres memoria, y tus
vocales entonan una canción
que no queremos entender.

 

 

 

 

SOÑÉ CON MI CIUDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Escribí este poema en las sesiones
xxxxxxxxxxxxxxxxxxdel Congreso sobre Herbert en Siena]

Soñé con mi antigua ciudad,
hablaba la lengua de los niños y de los humillados,
argumentaba con diferentes voces, apresurándose
y gritando como las personas llanas que de repente
están ante la presencia de un alto funcionario:
“No hay justicia—gritaba—. Nos lo han quitado
todo—se quejaba en voz alta—.
Nadie se acuerda de nosotros, nadie”;
vi a feministas de ojos negros,
se agolpaban nobles de olvidados abolengos,
jueces con togas que habían sido cosidas con ortigas
y judíos piadosos, cansados;
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpero lento, inexorable,
se acerca el gris amanecer y los oradores empalidecieron,
se apagaron, obedientemente volvieron a los cuarteles
como coroneles de soldaditos de plomo.
Y entonces oí unas palabras del todo diferentes:
“Pero los milagros existen, no todos creen en ellos,
pero los milagros ocurren…”. Y al despertarme,
cuando salí lenta y penosamente del búnker de aquel sueño
entendí que allí todavía duraban las disputas,
que todavía  no se había solucionado nada…

 

 

 

 

CLASES DE PIANO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[Tengo ocho años]

Clases de música con los vecinos, los señores J.
Estoy por primera vez en su casa,
huele diferente a la nuestra (la nuestra no huele,
así me lo parece).Aquí alfombras por todas partes,
gruesas alfombras persas. Sé que son armenios,
pero no sé qué significa eso. Los armenios tienen alfombras,

en el aire todavía se pasea polvo que ha llegado
de Lvov, polvo medieval.
Nosotros nos tenemos alfombras, ni Edades Medias.
No sé quiénes somos, quizá errantes.
A veces pienso que no existimos. Sólo los otros existen.
En la casa de nuestros vecinos hay una acústica excelente.

Hay silencio en esa casa. En la habitación está el piano
como una fiera perezosa, domada,y en él,
en el mismo centro, descansa la negra bola de la música.
La señora J. me dijo justo al acabar la primera
o la segunda clase que sería mejor que estudiara lenguas,
porque no mostraba dotes para la música.
No muestro dotes para la música.
Mejor que estudie lenguas.
La música siempre estará en algún otro lugar,
inalcanzable, siempre en una casa ajena.
La bola negra estará escondida en algún otro lugar,
pero quizá habrá nuevos encuentros, nuevos descubrimientos.

Volví a casa con la cabeza baja,
algo triste, algo contento, a la casa
que no olía a Persia, con cuadros de aficionados,
acuarelas, y pensé, con amargura, con satisfacción,
que sólo me quedaba la lengua, sólo las palabras, los cuadros,
sólo el mundo.

 

 

 

 

CASA FAMILIAR

Vienes aquí como un extraño,
pero ésta es tu casa familiar.
Los groselleros, los manzanos y los cerezos no te reconocen.
Un árbol magnánimo prepara con tranquilidad
un nuevo lanzamiento de nueces,
y el sol, como un estudiante de primero nervioso,
está ocupado en colorear atentamente las sombras.
El comedor imita la cripta de un sepulcro,
aquí ya no hay ningún eco conocido,
las antiguas conversaciones no han perdurado.
Allí, donde seguramente se concibió
tu vida, tartamudea un televisor ajeno.
Y en el sótano se encuentra el almacén de la oscuridad,
desde que te fuiste todas las noches
se han apiñado como el estambre de un viejo jersey
en el que anidan gatos salvajes.
Vienes aquí como un extraño,
pero ésta es tu casa familiar.

 

 

 

 

IMPOSIBLE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[5414 S. Blackstone, Chicago]

Cuán difícil es intentar escribir, da igual
si en casa, en el avión, sobre el océano,
sobre una selva negra, en un atardecer silencioso.
Empezar siempre de nuevo, despertarse
para una gran carrera y al cabo de un cuarto
renunciar afligido, rendirse.
Espero que al menos tú me escuches,
porque, como bien sabes, los teóricos nos aseguran
sin parar, casi cada día, que todo lo entendimos
mal, que como siempre no captamos
el sentido más profundo, no leímos
los libros adecuados, que, por desgracia,
no sacamos las conclusiones debidas.
Afirman: la poesía es en principio imposible,
un poemas es como una sala donde las caras se difuminan
en la niebla dorada de los focos, donde el salvaje
murmullo de la multitud airada apaga
las voces individuales, indefensas.
Así pues, ¿qué? Las palabras elegantes se apagan pronto,
y las normales seguro que no convencen a muchos.
Todo parece mostrar que el silentium
sólo puede contar con un puñado de fieles.
A veces tengo envidia de los poetas muertos:
ellos ya no tienen “días malos”, no conocen
“la melancolía”, se despidieron del “vacío”,
de la “retórica”, de la lluvia, de la tensión baja,
dejaron de seguir las “reseñas penetrantes”
y no obstante siguen hablándonos.
Sus dudas se fueron con ellos,
su entusiasmo vive.

 

 

 

 

27 DE ENERO

Un día helado. Un sol frío. Un blanco aliento.
Pero aquel viernes no estábamos seguros
de qué teníamos que celebrar y qué lamentar,
porque se conmemoraba a la vez
el Día en Memoria de las Víctimas del Holocausto
y el solemne aniversario de Mozart.
Nuestra memoria no sabía qué hacer.
Nuestra imaginación estaba perdida.
La vela en el alféizar lloraba
(nos pidieron que encendiéramos velas),
pero de los altavoces llegaba la música tranquila
del joven Mozart, rococó,
la época de las pelucas argentadas, y no de los cabellos grises
que conocimos en Auschwitz,
época de grandes vestidos, y no de la desnudez,
de la esperanza, y no de la desesperación.
Nuestra memoria no sabía qué hacer,
la imaginación se perdía en conjeturas.

 

 

 

 

TERMINÓ LA REVOLUCIÓN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx[En recuerdo de los tristes revolucionarios
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde Julian Kornhauser]

Terminó la revolución. En los parques se podía pasear
libremente, los perros daban regulares vueltas
como dirigidos por una mano invisible.
Hacía buen tiempo, caía una lluvia como diamantes,
las mujeres con sus vestidos estivales, los niños como siempre
un poco enfurruñados,melocotones en la mesa.
En el café estaba sentado un hombre viejo y lloraba.
Tronaban los motores de los coches deportivos,
gritaban los periódicos y, en general, hay que decir
que la vida mostraba una tendencia ascendente,
por utilizar un término neutro
y no ofender ni a los vencidos ni a los vencedores,
ni a aquellos que todavía no sabían
en qué bando se encontraban,
es decir, prácticamente todos nosotros
que escribimos y leemos estas palabras.

 

 

 

Zagajewski, Adam. Mano invisible (Trad. Xavier Farré). Barcelona; Ed. El acantilado, 2012.

 

TUS PIES TOCO EN LA SOMBRA

tus-pies-toco-en-la-sombra

 

xxxxx2

Nunca solo, contigo
por la tierra,
atravesando el fuego.
Nunca solo.
Contigo por los bosques
recogiendo
la flecha
entumecida
de la aurora,
el tierno musgo
de la primavera.
Contigo
en mi batalla,
no la que yo escogí
sino
la única,
Contigo por las calles
y la arena, contigo
el amor, el cansancio,
el pan, el vino,
la pobreza y el sol de una moneda,
las heridas, la pena,
la alegría.
Toda la luz, la sombra,
las estrellas,
todo el trigo cortado,
las corolas
del girasol gigante, doblegadas
por su propio caudal, el vuelo
del cormorán, clavado
al cielo
como cruz marina,
todo
el espacio, el otoño, los claveles,
nunca solo, contigo.
Nunca solo, contigo, tierra
Contigo el mar, la vida,
cuanto soy, cuanto doy y cuanto canto,
esta materia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxamor, la tierra,
el mar,
el pan, la vida.

 

 

 

 

xxxxx3

Donde fuiste Qué has hecho
Ay amor mío
cuando por esa puerta
no entraste tú sino la sombra,
el día
que se gastaba, todo
lo que no eres,
fui buscándote
a todos los rincones,
me parecía
que en el reloj estabas, que talvez
te escondiste en el espejo,
que plegaste tu loca risa
y la
dejaste
para que saltara
detrás de un cenicero
no estabas, ni tu risa
ni tu pelo
ni tus pisadas rápidas
que corren

 

 

 

 

xxxxx7

Aun en estos altos
años
en plena
cordillera de mi vida
después de haber
subido
la nieve vertical
y haber entrado
en la diáfana meseta
de la luz decisiva
te veo
junto al mar caracolero
recorriendo vestigios
de la arena
perdiendo el tiempo con
los pájaros
que cruzan
la soledad marina
te miro
y no lo creo
soy yo mismo
tan tonto, tan remoto,
tan desierto
joven
recién
llegado
de provincia,
poeta
de cejas afiladas
y zapatos
raídos
eres
yo
yo que de nuevo
vivo,
llegado de la lluvia,
tu silencio y tus brazos
son los míos
tus versos tienen
el grano
repetido
de la avena,
la fecunda frescura
del agua en que navegan
hojas y aves del bosque,
bien muchacho, y ahora
escucha
conserva
alarga tu silencio
hasta que en ti
maduren
las palabras,
mira y toca
las cosas,
las manos
saben, tienen
sabiduría ciega,
muchacho,
hay que ser en la vida
buen fogonero,
honrado fogonero,
no te metas
a presumir de pluma,
de argonauta,
de cisne,
de trapecista entre las frases altas
y el redondo vacío,
tu obligación
es de carbón y fuego,
tienes
que ensuciarte las manos
con aceite quemado,
con humo
de caldera,
lavarte,
ponerte traje nuevo
y entonces
capaz de cielo puedes
preocuparte del lirio,
usar el azahar y la paloma,
llegar a ser radiante,
sin olvidar tu condición
de olvidado,
de negro,
sin olvidar los tuyos
ni la tierra,
endurécete
camina
por las piedras agudas
y regresa.

 

 

 

 

xxxxx13

Adolescencia turbia, triste y tierna,
tembladeral sombrío
en que caen las hojas
los cuerpos,
las palabras
los golpes duros y el amor amargo,
edad como el espacio,
sin raíces, abierta
y más desconocida que la noche,
con más estrellas que su sombra.
Tiempo impuro de tacto
sin respuesta,
de piedras en los pies y ojos con hambre,
de libros estrujados para aprender la vida
que allí mismo nos llama mira y que no vemos
con Baudelaire encima del hombro como el cuervo
y Lautréamont aullando en su féretro impune
Así,
lejos de Garcilaso y sus riberas
peinadas por las plumas de los cisnes
y así semi malditos, desquiciados
amamantados en literatura
con todas las tinieblas en la mano,
irresponsables y bravíos, ir
poco a poco andando,
caminando el camino,
buscando el pan, la casa y la mujer
como todos los hombres.

 

 

 

Neruda, Pablo. Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos. Barcelona; Ed. Seix Barral, 2015.

 

EL TEMA

contra-inma-luna

 

EL TEMA

Quisieron hablarme de sexo
al enterarse de mi embarazo
y ni siquiera entonces
supieron cómo hacerlo
así que me obligaron a casarme
para evitar el tema

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XLVII)

Hace un par de días, una amiga me mandó un mensaje vía facebook diciéndome que no podía ir al concierto de esta noche en el Teatro Circo de Murcia y que si me interesaba me regalaba las dos entradas que tenía. Le agradecí el ofrecimiento, pero le contesté que podía intentar revenderlas tranquilamente. El caso es que insistió, y añadió que conocía a poca gente que pudiera disfrutar del concierto como lo haría yo.

Pues eso, que esta noche me voy a disfrutar de un concierto de Ismael Serrano, a quien hace una temporada que le he perdido la pista. Hace ya muchos años, cuando algunos nos quedamos solos en los paraísos desiertos tras haber descubierto la cruz del sur, formaba parte de mi banda sonora, así que voy a ver qué cuenta ahora. Ya les diré qué tal.

 

el-regalo-de-campanilla

 

Por cierto, Campanilla: gracias, gracias, gracias.

 

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