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Archive for the ‘Poesía’ Category

POR FUERTES Y FRONTERAS

 

VERANO DE 1994

Les Indes galantes, de Rameau.
Le Bossu, de Féval.
Un jorobado de verdad guiando a un perro ciego por la calle.
Joker correteando por el césped.
Los cuentos de Guillermo Hauff.
Blagdaross, un caballo de madera que no conoce el miedo.
Tú venga a hacerte largos en la piscina.
Las novelas de Goodis, Jim Thompson y Don Tracy.
Cosas que justifican un verano
especialmente duro,
segundo centenario de la muerte
de mi querido Robespierre.

 

 

 

 

HAMMURABI

Las chicas como tú se ríen en las barbas
del mismísimo Hammurabi.

«Ojo por ojo
y diente por diente»
(lo hizo escribir en Babilonia,
hace cuatro mil años).

Las chicas como tú responden
al amor con desdén
y al desdén con amor.
Por fastidiar a Hammurabi.

 

 

 

 

CUANDO PIENSO EN LOS VIEJOS AMIGOS

Cuando pienso en los viejos amigos que se han ido
de mi vida, pactando con terribles mujeres
que alimentan su miedo y los cubren de hijos
para tenerlos cerca, controlados e inermes.

Cuando pienso en los viejos amigos que se fueron
al país de la muerte, sin billete de vuelta,
sólo porque buscaron el placer en los cuerpos
y el olvido en las drogas que alivian la tristeza.

Cuando pienso en los viejos amigos que, en el fondo
del mar de la memoria, me ofrecieron un día
la extraña sensación de no sentirme solo
y la complicidad de una franca sonrisa…

 

 

 

 

TU MUSA

Convéncete primero de que le caes simpático,
de que lo pasa bien cuando sale contigo.
Llévala a casa luego, sírvele un par de copas
y, en un momento dado, mordisquéale el cuello.
Unas veces querrá pasar al dormitorio,
otras alegará una indisposición
y otras contará su vida por entregas.
Muéstrale en cada caso la dosis de cariño
que te pidan sus ojos. Sé generoso siempre.
Trata de conservarla como sea a tu lado.
Sin ella, sin tu musa, no eres nadie, poeta.

 

 

 

 

VOCES

Por qué todas las caras que amé, todos los rostros
que oculté entre mis brazos o admiré entre las sábanas
se han convertido en máscaras que interrumpen mi sueño,
diciéndome con voces góticas y terribles:
«Somos nosotras. Ven. Las mismas que te amaron.
Ven a la nada. Ven a la basura.»

 

 

 

 

RECAÍDA

Cita en el paraíso las próximas seis horas
(quizá dé para ocho la dosis). Ponte guapa
y dime tonterías con los ojos nublados.
Yo serviré las copas. Tú elegirás la música.
Leeremos en voz alta (Cirlot, Pessoa, Borges)
y nos pondremos ciegos de amor y de futuro.
Luego vendrá la triste realidad a quitarnos
el velo de la dicha, y, cuando las primeras
luces del alba asomen, tú caerás en lo hondo
y yo te seguiré sin alas al abismo,
roto de culpa y de desasosiego.

 

 

 

 

LIGHT SLEEPER

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Paul Schrader)

Hacía ya dos años que no tomaba drogas.
Ahora, las repartía. Una noche de lluvia,
se encontró con su ex en la calle y le dijo:
«Aún te sigo queriendo.» Ella no le hizo caso
y siguió su camino, porque él le recordaba
los diez años de drogas que quería olvidar.
Volvieron a encontrarse, y el antiguo deseo
los condujo a la cama, e hicieron el amor
sin droga por primera vez, y estuvieron juntos,
amándose, hasta el alba. Luego, la chica dijo:
«No quiero verte más.» Y se fue. Y en la cama
quedó la huella tibia de su cuerpo, y la alcoba
se llenó de silencio, y él se vistió despacio,
como quien nada espera del mundo y de la vida,
y se fue a trabajar, a repartir las drogas
que ahora no consumía. Y en casa de un cliente
—un tipo nauseabundo, hijo de un abogado
riquísimo— la vio, ciega de cocaína,
y ella vio cómo él le entregaba la droga
—una bolsa con veinte gramos de nieve pura—
al sórdido cliente, y ambos sintieron cómo
el horror era el único sentimiento posible
entre los dos y para siempre.

 

 

 

 

LA CENICIENTA

La vida no es gran cosa, pero piensas
que es peor el olvido, de manera
que te muerdes los labios con los dientes
hasta que brota sangre y te pellizcas
lo más fuerte que puedes. Todo inútil.
El cloroformo invade tu cerebro
y comienza a sumirte en un nirvana
parecido a la muerte, mientras caes
de bruces ensuciando la moqueta.
Tu última visión antes del sueño
son unos zapatitos de cristal
pateándote los riñones.

 

 

 

 

COLLIGE, VIRGO, ROSAS

Niña, arranca las rosas, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar sin son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.

 

 

 

 

IN ILLO TEMPORE

Tus padres se habían ido a no sé dónde
y la casa quedó para nosotros,
lo mismo que el convento abandonado
del poema de Jaime Gil de Biedma.
Con la música a tope, preparaste
una mezcla explosiva en una jarra
mientras yo te quitaba, dulcemente,
la ropa de cintura para arriba.
Llenaste las dos copas hasta el borde.
Bebimos. Nos entró la risa tonta,
y se nos puso un brillo en la mirada
que subrayaba nuestra juventud,
y nos besamos como en las películas,
y nos quisimos como en las canciones.

Cuando la realidad era el deseo
y nuestro reino no era de este mundo.

 

 

 

 

EL RESPLANDOR

La luz proyecta un resplandor perlado
sobre la pendiente de tus senos,
apenas contenidos en la escasa
pechera del vestido. Un resplandor
que viene de otro tiempo y de otro sitio
y que sigue brillando todavía.

 

 

 

 

EL ENCUENTRO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan Manuel de Prada

En Salamanca, el último noviembre,
te encontré por la calle, tan delgada
como entonces, pero con más arrugas.
Daba clases de no sé qué muy raro
(Textología, por ejemplo) y eras
muy feliz explicando a tus alumnos
lo divino y lo humano. Me dijiste
que tus hijos quedaron en Madrid,
con su padre, y que sólo los veías
—ya eran mayores— tres o cuatro veces
al año; que te habías doctorado
(¡por fin!) y que ahora sólo te faltaba
ser funcionaria para ver el mundo
desde el lugar que merecías.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo
te dije que bueno, que pasaba
por allí casualmente, que tenía
un amigo escritor en Salamanca
y que había venido a visitarlo.
Tú me dijiste: «¿Tienes mucha prisa
o podemos tomarnos algo juntos?»

Después de muchas copas, con el alba
siguiendo nuestra pista, te lo dije:
«Desde entonces no ha habido otra mujer.»
Y en mi interior bullía la mentira
al alimón con el deseo, y todo
—aquel horrible bar, tú y yo, la noche—
era tan esperpéntico y absurdo
que se parecía a la vida.

 

 

 

 

QUÉ COMPLACIENTE ESTABAS, AMOR MÍO,
xxxxxixxxxxxxEN LA PESADILLA

El problema no es tener que abandonarlo
todo a cambio de ti.
El problema es tener que abandonarte a ti
a cambio de un fantasma.
Son las cosas que ocurren cuando sueñas que vuelve
la mujer que no ha de volver.

 

 

 

 

THE DAY AFTER

Sin ti, sin ti, sin ti, con tu partida
devorándome el alma, las botellas
tiradas por el suelo y el tabaco
convirtiendo la alcoba en un infierno,
solo y sin afeitar, solo en la cama
que fue anoche tu reino, con las manos
vacías de tu cuerpo y con los ojos
heridos por la luz de tu recuerdo.

 

 

 

 

DE TANTO AMARTE Y TANTO NO QUERERTE

De tanto amarte y tanto no quererte
te has cansado de mí y de mis locuras
y le has prendido fuego a nuestra historia.
Tu ropa no perfuma ya la casa.
No queda una palabra de cariño
suspendida en el aire, ni una hebra
de azabache en la almohada. Sólo flores
secas entre las páginas del libro
de nuestro amor, y cálices de angustia,
y un delirio de sombras en la calle.

 

 

 

 

DEBAJO DE LA PIEL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa Juan Van-Halen

Dos millones de años después, tengo tan claro
que el viaje hacia el lenguaje y hacia la inteligencia
no precisaba alforjas, que me sacan de quicio
los que distinguen entre personas y animales,
como si hubiera alguna diferencia entre el hombre
y el resto de los seres vivientes del planeta
que no sea a favor de estos últimos. Pero,
al margen de este hecho incontestable, existe
algún hecho menor que justifica, acaso,
el dolor de ser hombre: debajo de la piel
de la especie hay un hueco para el temblor inútil
y hermoso que transmiten los poemas homéricos,
la Eneida de Virgilio, el teatro de Shakespeare,
las Sonatas de Valle o los cuentos de Borges,
por citar sólo cinco momentos memorables
de la literatura universal. No salvan
a nadie, ni nos quitan atávicas zozobras,
pero nos comunican un placer que mi perro,
con ser bastante menos desdichado, no siente.
Dos millones de años después, tan sólo eso
ha valido la pena.

 

 

 

 

LOS DRAMAS CONFUCIANOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa la memoria de Manuel Ruiz Barrero

Los dramas confucianos, quién pudiera vivirlos.
Amores imposibles que al fin se solucionan
cuando él aprueba los exámenes civiles,
amistades heroicas, devociones fraternas,
la honradez de un ministro o la fidelidad
de una esposa…
xxxxxxxxxxxxxxxxQuién fuera motivo de esos dramas
y no de la comedia de traición y abandono,
despecho y soledad que es mi vida a estas horas.

 

 

 

 

NO SÉ QUÉ HACER CONTIGO

Te tengo dentro,
atada en la bodega más oscura del alma.
No sé qué hacer contigo.
Si bajo a darte de comer,
me escupes a la cara
y me dices que quiero envenenarte.
Y si paso de ti y no voy a verte,
tu llanto me destroza el corazón.
Nunca acierto.
Estoy triste.
No sé qué hacer contigo.

 

 

 

 

BRINDIS

Por los cuadros de William Bouguereau, nuestros hasta las lágrimas.
Por María de Zayas, que tejió sus relatos con las hebras del sueño.
Por la cena que Antonio de Eslava ofrece a Shakespeare
en las Noches de invierno.
Por Miguel de Unamuno.
Por Caspar David Friedrich, que vio a su hermano muerto
de espaldas en lo alto de un glaciar de los Alpes
y lo reprodujo en un lienzo.
Por las notas que a diario me dejabas
en los lugares más secretos.
Por el fuego que ardía en tus ojos miopes
cuando el mundo era fuego.
Por las brasas de nuestro amor.
¡Larga vida al fantasma del recuerdo!

 

 

 

de Cuenca, Luis Alberto. Los mundos y los días. Poesía 1970-2002. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXVI)

 

Esta es una de las cosas grandes que tiene Facebook: uno de los contactos que tengo, Esteban Maldonado, ha tenido a bien mandarme un ejemplar de la antología ‘Los seis dedos de una mano’, publicada por la editorial Corona del sur, antología en la que él participa.

De aquí a nada iré subiendo poemas del libro.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXXV)

 

Acaban de llegarme a casa, gracias a la generosidad de David Trashumante, ‘A viva muerte’ y ‘Apenas’.

Para alguien como yo a quien cada vez se le hace más difícil poder comprar libros, no saben lo que significan estos detalles.

De aquí a nada les cuento.

 

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CONTRAPUNTO

 

AMEN

xxxxxxEs su cuerpo blanca seda iluminada por el sol,
xxxxxxPezones de plata, pubis de ébano y materia de alabastro sus piernas.
xxxxxxEn el espejo mudo ha caído una hembra que va sangrando por los escalones.
xxxxxxMentiras de un mundo extraño que cambia pezuñas por manos.
xxxxxxTen piedad, Señor, de la mujer que ha caído del cielo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLucía Fraga
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Mujer descalabrada, viernes 18 de marzo de 2011)

Y deja, Señor, deja que mis labios
alcancen la longitud de esa sangre,
sagrada forma de hembra deshecha
en hilos de seda, para así medir
el tamaño de su soledad tanta
desde la mudez del espejo. Deja
que recoja su desmayado, tierno
cuerpo, ya desnudo ante mis ojos.

Que su sangre contenida en el cuenco
obsceno de esta boca mía vierta
yo en su coño, deja, Dios mío, deja.
Deja que muerda en su vulva la vieja
manzana de la muerte, te lo ruego.
Haz conmigo el milagro de volverla
a la vida. Pezones, pubis, piernas,
cobren movimiento ante la dureza
extrema de mi sexo sentido. Sea
al fin su generosa entrega premio
y castigo de loca evocación.
Y así sea la ciega descalza
danza, de nuevo arriba en la escalera,
de esa mujer ya no descalabrada.

 

 

 

 

DESEXPERIENCIA

xxxxxxMirad mi cuerpo sin lujuria y sin vergüenza.
xxxxxxLiberado, al fin, de mentes lascivas y ojos desdeñosos.
xxxxxxSoy la mujer evaporada de vuestros sueños
xxxxxxQue se ha vestido con el grito del niño,
xxxxxxCon la pared deslumbrada, con la súplica del pájaro.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLucía Fraga
xxxxxxxxxxxx(Mirad mi cuerpo, martes 22 de marzo de 2011)

Mirad, soy cara triste, el hombre ese
que en su juventud solamente supo
abrir las puertas de los burdeles.
El hombre-blenorragia, el hombre-gota-
militar, el expulsado al desierto
de los coños con ladillas, el pierde-
paga de todas las putas del mundo.

Mirad, soy el infierno de quien llora
solo con el sexo en la mano todas
las noches que se llaman extravío.

Mirad mi cuerpo, su desexperiencia,
su apenas visible bulto colgando,
ya resignado, por la entrepierna.

Mirad en mí la derrota del amor.

 

 

 

 

MUJER TENDIDA

xxxxxxxxxxxxxFormas de mujer, geometría del sexo triangular.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLucía Fraga
xxxxxxxxxxxxxxx(Espejos cóncavos, lunes 11 de abril de 2011)

Reloj de arena. El tiempo de una mujer
es, triangularmente, el reloj de arena
del cuerpo donde se forma la vida
que nos sueñas y nos muere. Y es, sensual
y terrible en su belleza, epicentro
del más deseable de los seísmos,
en ese instante en que lujuriosos
relojes de hambre y sombra explotan
ante los ojos del hombre para ser,
a pie de pubis, su masculina sed.

 

 

 

 

SIEMPRE VEINTOCHO DE DICIEMBRE

xxxxxxxxxMe declaro inocente.
xxxxxxxxxNunca besé tus labios ni me deshice entre tus piernas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLucía Fraga
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Inocente, viernes 6 de mayo de 2011)

Nunca. Nunca el sabor de lo soñado
en mi boca. Nunca mis lujuriosos
labios poniendo su beso en tu piel.
Nunca la geometría de tu voz
escarbando sombra dura en mi sexo.
Nunca mi lengua de siete leguas
en la preciosa hendija de tu oreja,
para así medir la luz que oyes.
Nunca de cerca, siempre tan lejos tú.
Siempre yo, cercado por la locura.
Siempre a cuatro patas con tristeza
de perro abandonado a su soledad.
Siempre, siempre yo. Nunca tú.

Siempre con mucho ruido, es insufrible
oírlo, este pensamiento que arrastro
por oscuras galerías, penando.

Siempre este declararme inocente
con el juicio perdido de antemano.

Siempre, todos los días veintiocho.
Siempre esperando ese día todos
los meses que se vuelven diciembre.
Siempre un sin vivir este en escribiendo:
No podré escapar de la matanza.

 

 

 

Marín Albalate, Antonio. Contra el aplauso de un puñado de idiotas. Cartagena; Ed. Calblanque, 2019.

 

ANIMALICÉMONOS

 

POCO A POCO HUNDIREMOS EL ARCA DE NOÉ

Hay animales muertos pegados al asfalto.
Son seres despojados del latido
y del hábitat,
seres ejecutados por la prisa
de otros seres con alma de alquitrán
—poco a poco hundiremos
el arca de Noé—.

Suena un claxon estridente.
Lo ignoran los oídos saturados
de los hombres y las bestias.
xxxxxxxYa nadie escucha.
El claxon predica en el desierto.
Hubo arboleda donde hay autopista;
solo quedan carriles,
líneas continuas,
señales, prohibiciones
que recuerdan las reglas del juego
—matar no está prohibido—.

Hay animales muertos pegados al asfalto.
Son seres transmutados
en trozos de carne inerte,
xxxxxxxcarne olvidada,
xxxxxxxcarne que a nadie preocupa,
xxxxxxxcarne que nadie retira
xxxxxxxni siquiera
xxxxxxxhacia el arcén.
No queda tiempo para velatorios
—el botón de la pausa murió—.

Un olor putrefacto
emana del asfalto.
Las horas punta
se volvieron aún más
malolientes, si cabe.
Colapsos, atascos
frenando a los vehículos
pero no a lo frenético.

x

Hoy, todo es estruendoso.
Ya nadie escucha.
Ya nadie huele.

 

 

 

 

BUKOWSKI LLEVABA RAZÓN

Bukowski llevaba razón.
No somos más que ratas,
un puñado de ratas malolientes,
efímeras y grises
—igual que nubarrones—.
No somos más que ratas inquietantes,
eternamente condenadas
a malvivir en avenidas subterráneas
o a divagar perdidas sobre el asfalto
—la condena es hacer filosofía
en la cima de algún estercolero—.

Soñamos desde el ostracismo.

Comemos de la mano del verdugo
—esa misma mano que nos alimenta
con una dieta de abundante veneno—.
¡Hagan caso a vallas publicitarias!
No somos más que ratas consumistas
que buscan libertad en lo podrido.

Bukowski nunca dijo estas palabras.
Y, sin decirlas,
llevaba toda la razón.

 

 

 

 

EL ROCE QUE DESGARRA A LA SERPIENTE

Para hacer el camino, serpentear
dejándose la piel en el trayecto
y no dejar estelas polvorientas.
Jamás tener los pies sobre la tierra;
carecer de cadenas y de pies
y en ausencia de piernas, avanzar.
Detenerse a ofrecer al caminante
ácidas manzanas que alimenten
y den conocimiento.
Librarse de la piel despedazada
y seguir zigzagueando con firmeza,
desprotegidos y compactos,
heridos por el roce del pasado,
soportando el zarpazo del presente,
sabiendo con certeza que mañana
la piel que nos protege
será regenerada una vez más.

 

 

 

 

ARGUMENTARIO A FAVOR DE LA CACERÍA Y LA TAUROMAQUIA

 

 

 

 

 

 

 

 

González Lago, David. Animalicémonos. Murcia; Boria ediciones, 2019.

 

EL HACHA Y LA ROSA

 

BIENVENIDA

Bienvenida al palacio de la duda,
a la casa del miedo.
Cómo echaban de menos tus pisadas
las baldosas del barrio.

 

 

 

 

EL VERANO

Cenar en aquel tren con aquel tipo
que conoció a Buñuel, irse a la cama
con la conciencia limpia, seguir viaje
hasta llegar al oro de la playa,
donde tú eras la reina del verano.
Y volver hecho polvo a la barbarie
del otoño en Madrid, a los puñales
clavados por la espalda, a los exámenes,
a la pequeña muerte cotidiana.

 

 

 

 

TIEMPOS DIFÍCILES

Era todo tan triste y tan absurdo.
No vivías apenas. Te colgabas
de la pared de la melancolía
y veías pasar lentas las horas
que hacia nada conducen y hacia nunca.
Las mujeres te habían retirado
su protección, los dioses su asistencia
y la literatura su cobijo.
Fueron tiempos difíciles aquéllos.

 

 

 

 

EL IMBÉCIL

Era una criatura detestable
en el plano moral, un ser abyecto,
una abominación lovecraftiana.
No era tampoco guapa, ni atractiva,
ni graciosa, ni joven, ni simpática.
Era un montón perverso de la basura.
Pues fuiste tan imbécil que por ella
dejaste a la que amabas y vendiste
tu alma en los bazares de la noche.

 

 

 

 

EL OLVIDO

La olvidé. Por completo. Para siempre
(o eso creía entonces). Me cruzaba
con ella por la calle y no era ella
quien se paraba ante un escaparate
de ropa deportiva, no era ella
quien compraba el periódico en un quiosco
y se perdía entre la muchedumbre.
Como si hubiera muerto. No era ella.
Su nombre era el de todas las mujeres.

 

 

 

 

EL ESPEJISMO

Alguien me dijo que se había ido
fuera de la ciudad. Y volvía a verla
cuando no estaba ya. Volví a entregarme
al dolor de sentir su lejanía
y a la añoranza de sus movimientos.
Volvió a decirme en sueños que me amaba
y a protagonizar mis pesadillas.
Volví a verla desnuda entre mis brazos.
Volví a verme desnudo entre los suyos.

 

 

 

 

INSOMNIO

La vida dura demasiado poco.
No da tiempo a hacer nada. No hay manera
de reunir los suficientes días
para enterarte de algo. Te levantas,
abrazas a tu novia, desayunas,
trabajas, comes, duermes, vas al cine,
y ni siquiera tienes un momento
para leer a Séneca y creerte
que todo tiene arreglo en este mundo.
La vida es un instante. No me explico
por qué esta noche no se acaba nunca.

 

 

 

 

VOLVEREMOS A VERNOS

Volveremos a vernos donde siempre es de día
y los feos son guapos y eternamente jóvenes,
donde los poderosos no abusan de los débiles
y cuelgan de los árboles juguetes y tebeos.

En ese hogar de luz que no hiere los ojos
volveremos tú y yo a decirnos bobadas
cogidos de la mano, viendo morir las olas
sin agobios ni prisas, donde el sol no se pone.

Y viviré en tus labios el amor que la Tierra
sintiera por el Cielo cuando el mundo era un niño
y el tiempo dejará de salmodiar su lúgubre
canción de despedida mientras nos abrazamos.

 

 

 

 

EL FANTASMA

Se pasaba las noches de su muerte
arrastrando cadenas por el lóbrego
caserón que le fuera destinado.
Al despuntar el alba se dormía,
hecho un ovillo con su propia sábana.
Todos habían muerto ya: sus padres,
las mujeres que amó cuando era joven
y la que envejeció con él, los dioses
de su infancia, los viejos camaradas.
Qué habría sido de ellos. En qué mundo
asustarían a la gente. Cuándo
volvería a abrazarlos, aunque fuese
muerto, de noche y con aquella facha.

 

 

 

 

LA LLAMADA

La noche había sido muy larga y muy oscura.
Quería oír tu voz. Que tus dulces palabras
me trajeran un poco de calma. Que el cariño
que sentías por mí viajara por teléfono
hacia mi corazón maltrecho y derrotado.
Quería oír tu voz y oí la de tu amante.

 

 

 

 

TODOS FUIMOS PEQUEÑOS

Todo el mundo, tú y tú,
no importa que envenenes
pozos o que conviertas
gozo en melancolía
con tu siniestra magia;
todos, incluso tú
que sólo te diviertes
con el dolor ajeno,
tú que sonríes cuando
anuncian un desastre
o sueñas en la cama
repugnantes traiciones;
todos (tú también, monstruo
que surges de la sombra
y salpicas de sangre
las oscuras callejas)
fuisteis niños un día.
Piensa en tu infancia ahora.
En el llanto nocturno
que precedía al sueño,
en aquel desamparo
de enfrentarte a la muerte
siempre que te acostabas
al borde del abismo
que era tu cuarto entonces,
dominio del Diablo.
En las sórdidas aulas
del colegio, sembradas
de crueldad doméstica,
torpemente regidas
por mediocres psicópatas
expertos en maldades.
En el jardín ruidoso
donde el juego reinaba
con su ilusoria dicha,
con su mezcla infernal
de prestigio y espanto.
Todo el mundo vivió
aquel horror primero
que algunos inconscientes
se obstinan en seguir
llamando paraíso.

 

 

 

 

NAUSÍCAA

El mar de Homero ríe para ti,
que te acodas desnuda en la baranda
en busca de aire fresco, con la copa
de néctar en la mano, mientras vienen
y van los invitados por la fiesta
que has dado en el palacio de tu padre.
El aire puro inunda tus pulmones
y el néctar se te sube a la cabeza.
Llega entonces el hombre de tu vida
a la terraza. Es una hermosa mezcla
de fortaleza y de sabiduría.
Ulises es su nombre. Tú no ignoras
que pasará de largo. Ya soñaste
su desdén tantas veces… Pese a todo,
el brillo de tus ojos insinúa:
«No me canso de verte.» Y tus oídos
reclaman: «Háblame, dame palabras
para vivir.» Y con el sexo dices:
«Dueño mío, haz de mí lo que te plazca.»
Todo es entrega en ti, dulce Nausícaa.
Pero él está aburrido de la fiesta,
perdido en el recuerdo de su patria,
y no se fija en ti, ni en ese cuerpo
de diosa acribillado de mensajes
que nunca llegarán a su destino.

 

 

 

 

HELENA: PALINODIA

No, no es verdad, amor, aquella historia.
No llegó a seducirte aquel imbécil
de rizos perfumados. No te fuiste
precipitadamente de la fiesta
de nuestro aniversario, con los ojos
clavados en el bulto que emergía
de entre sus piernas, y con las narices
saturadas de droga. No embarcaste
en su yate de lujo con lo puesto
—que casi no era nada—, mientras yo
te buscaba en la calle como un loco,
creyendo que te había pasado algo.
No desapareciste de mi vida
como una exhalación y para siempre.
No puede ser verdad aquella historia.

 

 

 

 

EL LIBRO DE MONELLE

Se llama Marcel Schwob. Tiene veintitrés años.
Su vida ha sido plana hasta el día de hoy.
Pero el relieve acecha en forma de una puta
a la que lo conduce, una noche, el azar.

Se llama Louise. Es frágil, menuda y enfermiza,
silenciosa y abyecta. Casi no se la ve.
Sólo hay terror y angustia en los inmensos ojos
que le invaden la cara, dignos de Lillian Gish.

En sus brazos Marcel olvida que mañana
citó en la biblioteca a su amigo Villon.
Se olvida hasta de Stevenson, su escritor faavorito,
de Shakespeare, de Moll Flanders y del Bien y del Mal.

Qué tres soberbios años de amor irresistible
aguardan al judío en la paz del burdel.
El cielo de París aún retiene sus vanas
promesas y las tiernas caricias de Louise.

Pero lo bueno acaba. Ella muere de tisis
y Marcel languidece, privado de su sol.
«No queda más remedio que volver a los libros»,
se dice, y da a las prensas El libro de Monelle.

 

 

 

 

SOBRE UN POEMA DE ROBERT ERVIN HOWARD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Javier Martín Lalanda

Mohosa está la lira de Homero en estos tiempos.
Las hojas amarillas se disputan el mundo,
y los desnudos árboles, inermes ante el viento,
se yerguen contra un cielo que ignora su abandono.

El murmullo del mar es una canción hueca
y el vuelo de los pájaros una triste metáfora.
No hay huellas de pisadas humanas en la arena.
la ciudad es el resto de un naufragio terrible.

¿Volverán algún día los héroes de su exilio
dorado, allá en las islas donde el sol no se pone?
¿Dejará de reinar por doquier el hastío?
¿Morderá el polvo al fin tanta melancolía?

 

 

 

de Cuenca, Luis Alberto. Los mundos y los días. Poesía 1970-2002. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

CONTRA EL APLAUSO DE UN PUÑADO DE IDIOTAS

 

ECOS DE FRANCIA CON CHAL

En los tejados las viejas antenas
se quejan del viento de la noche
y su azote.

Ladran perros y parias.

París es una lluvia de chalecos
amarillos, huele a fosforescencia
y números quebrados,
inundándolo todo.

¿Cuándo lloverá así en España?

 

 

 

 

CAMBIO DE TIEMPO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Leopoldo María Panero,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxin memoriam.

Entre brújulas locas de afonía,
gritándole a la nada
en el eje del huracán,
infierno y nadie estoy.

Campanilla yace violada al pie
del árbol del ahorcado.
Wendy se arrodilla ante la verga
de Peter Pank. Satán es un loquero
kamikace que sueña con destruir
la Capilla Sixtina.
Los cuervos devoran palomas
en la Plaza de San Pedro, ahora
laguna de sangre para el vampiro.
El papa baila y la mama,
lolailolailo lolailolá.
Neverland ya no existe.

El Vaticano es la pesadilla
de Los Niños Perdidos.

Murió Leopoldo María Panero.
La pesadilla se muerde la cola.

Solloza el universo del poema,
agujero llamado Nevermore.

Un ciervo herido cruza la sombra
sin hueso del desierto. Bambi llora
su fracaso, ante la selva arrasada.

Estoy, infierno y nadie,
entre las flores del fuego que el viento
de la noche aviva emboscándolo todo;
con la dignidad del miedo en la mirada,
mientras aguardo un cambio de tiempo.

 

 

 

 

CARA AL SOL

Oigo cómo cruje el hojaldre de tanta
bandera, sin agua, marchitándose
en los balcones de un país de risa

y me pongo a la sombra.

 

 

 

 

CURA

Casi perfecto el nudo en la garganta,
con cuerda por corbata
—la sotana en una silla—,
anduvo los pasillos de una casa,
buscando exactamente
la viga de su muerte,
no sin antes masturbarse a la salud
del último monaguillo enculado.

 

 

 

 

RECUERDO

Recuerdo el fresco rumor de las ranas,
su croar sobre el agua de la vieja
balsa en aquellas tardes de verano.

Recuerdo mi niñez en la enfermedad.
Y el terror de una casa siempre en sombra.

Y al niño aquel que mataron un día
en la flor del invierno, yo recuerdo.

 

 

 

 

A VECES SUCEDE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEs más fácil que un camello pase por el ojo de una
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxaguja, que el que un rico entre en el reino de Dios.

Para despistar a la policía,
un camello pasa por el ojo de una aguja
y desaparece con la mercancía.

 

 

 

 

CONCIENCIA

Siempre nunca nadie donde siempre.

 

 

 

 

HUM EDAD DEL HAMBRE

Un día más de lluvia y juro que dejo
el caracol de mi boca en tu puerta.

 

 

 

Marín Albalate, Antonio. Contra el aplauso de un puñado de idiotas. Cartagena; Ed. Calblanque, 2019.

 

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