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Archive for 31 diciembre 2016

TEOGNIS DE MÉGARA

diciembre 31, 2016 Deja un comentario

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(1063-1070)

Siendo joven se puede dormir junto a alguien coetáneo
la noche entera, colmando el deseo de amorosos abrazos;
se puede en el banquete cantar al compás del flautista.
Ninguna cosa es más placentera que esto para hombres
y mujeres. ¿Y qué me importan a mí el honor y el dinero?
El placer que acompaña un ánimo alegre a todo supera.

Insensatos y necios los hombres que lloran a los muertos
y no a la flor de la juventud que se va marchitando.

 

 

 

 

(1191-1194)

No anhelo quedar recostado en un túmulo regio
una vez haya muerto; quisiera gozar cualquier bien mientras vivo.
Tapices y zarzas ofrecen igual cobertor a un cadáver.
La madera le resulta a la vez algo duro y mullido.

 

‘CHAUCER’, DE TED HUGHES

diciembre 30, 2016 Deja un comentario

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CHAUCER

“Whan that Aprille with his shoures soote
The droghte of March hath perced to the roote…”
A pleno pulmón, balanceádote en la escalerilla de una cerca,
Con los brazos alzados — un poco para equilibrarte, un poco
Para sujetar las riendas de la forzada atención
De tu imaginaria audiencia — empezaste a recitar a Chaucer
A un prado de vacas. El cielo de la Primavera lo había propiciado
Con su colada al viento, el flamante esmeralda
De los espinos, el espino blanco, el espino negro,
Y una de aquellas copas repletas de champaña
Que agarraste en un arrebato de pura dicha.
Tu voz cruzó los campos hacia Grantchester,
Sonando quizá como perdida. Pero las vacas primero
Te observaron, luego se acercaron: les gustaba Chaucer.
Y tú seguiste y seguiste. Había una, varias razones
Para recitar a Chaucer. Al llegar al pasaje de la Comadre de Bath,
Tu personaje favorito de la historia de la literatura,
Estabas extasiada. Y las vacas, embelesadas.
Se empujaban, se daban empellones entre sí, formando un círculo
Para mirarte la cara, soltando de vez en cuando algún bufido
De admiración, avivados su asombro y su atención,
Prestando oídos para captar cada una de tus inflexiones,
Aunque manteniéndose a dos metros de reverente distancia
De ti. Tú estabas pasmada, apenas podías creerlo
Ni tampoco parar. Pues ¿qué sucedería
Si te callases de golpe? Podrían atacarte,
Asustadas por el brusco silencio, o porque quisiesen más.
Por eso seguiste. Y seguiste —
Ante una veintena de vacas hipnotizadas por ti.
¿Cómo diablos lograste parar? No recuerdo
Que lo hicieses. Supongo que las vacas se fueron
Dispersando, bamboleándose, poniendo los ojos
En blanco, como atraídas por el forraje.
O quizás las espantase yo, no lo recuerdo. Pero
Tu interpretación en sostenuto de Chaucer
Ya era una obra eterna. Lo que ocurrió después
Me pilló desprevenido, con la mente demasiado ocupada,
Y debió de caer nuevamente en el olvido.

 

 

 

Hughes, Ted. El azor en el páramo (Trad. Xoán Abeleira). Madrid; Bartleby editores, 2010.

 

FRACTAL POESÍA 2016

diciembre 29, 2016 Deja un comentario

Esta tarde/noche se celebra una nueva -da absolutamente igual que sea breve- edición de Fractal Poesía.

La “excusa” de esta edición de Fractal es que, junto a una actuación musical y una performance poética, se presenta el libro ganador del IV Premio de Poesía Asociación Cultural Fractal, que ha sido otorgado a Carlos Mazarío por su libro ‘Movilidad exterior’.

Que digo que si están por Albacete, o cerca de allí, háganse un favor y acérquense a disfrutar. Algunos nos quedaremos con las ganas.

 

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EL RÍO

diciembre 28, 2016 Deja un comentario

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EL RÍO

Caído del cielo, yace
En el regazo de su madre, roto por el mundo.

Pero el agua seguirá
Manando del cielo.

En su mudez profiriendo el fulgor del espíritu
Con la boca partida.

Dispersas en un millón de pedazos, bajo tierra
Sus tumbas secas se rajarán al surgir una señal en el cielo,

Al rasgarse los velos.
El río se alzará, subirá en un tiempo posterior a los tiempos,

Tras haberse tragado la muerte y la fosa
Volverá inmaculado

A liberar este mundo.
Pues el río es un dios

Hundido hasta las rodillas entre los juncos, observando a los hombres,
O colgado de los talones en la puerta de una presa

El río es un dios, y un dios inviolable.
Inmortal. Y algún día se lavará todas sus muertes.

 

 

 

Hughes, Ted. El azor en el páramo (Trad. Xoán Abeleira). Madrid; Bartleby editores, 2010.

 

JENÓFANES DE COLOFÓN

diciembre 27, 2016 Deja un comentario

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2 (2D)

Pero si por la rapidez de sus pies la victoria uno logra,
o en el pentatlo —allí en el recinto sagrado de Zeus,
junto al río de Pisa, en Olimpia—, o bien en la lucha,
o en el pugilato que causa tremendos dolores,
o bien en ese espantoso certamen que llaman “pancracio”,
muy ilustre se hace a los ojos de sus convecinos,
y puede alcanzar la gloriosa “proedría” en los Juegos,
Y recibir alimentos a cargo del público erario,
y de su ciudad un regalo, que tenga por premio.
Incluso lo puede lograr con caballos todo eso,
sin ser tan valioso como yo. Pues mejor que la fuerza
de los caballos y los hombres es nuestro saber.
Pero todo eso se juzga con mucho desorden; injusto
es preferir al saber verdadero la fuerza corpórea.
Pues, aunque en el pueblo se encuentre un buen luchador,
o un campeón del pentatlo o un as de la palestra,
o alguien ligero de pies, que es lo más apreciado
en las pruebas de fuerza que van a certamen,
por eso no va la ciudad a tener buen gobierno.
Mínimo gozo consigue sacar la ciudad de eso,
de que alguno compita y venza en la orilla de Pisa.
Pues tal hecho no va a engrosar los tesoros del pueblo.

 

 

 

 

7 (12D)

Mas piensan los mortales que hubo un nacer de los dioses
y que tienen, como ellos, vestidos y voz y figura.

 

 

 

 

9 (14D)

Los Etíopes afirman que sus dioses son chatos y negros,
y los Tracios los tienen de ojos azules y pelirrojos.

 

SIEMPRE NOS QUEDARÁ LA NECROFILIA

diciembre 26, 2016 Deja un comentario

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EL hombre entra en un sótano
Donde le espera una miss muerta
Impoluta salvo por un agujero de bala
Que tiñe su cabello de naranja
El hombre la coge por las piernas
Y traza una línea roja hasta su cama
Allí hace todo lo que le han enseñado a hacer
Allí desnuda y lame su cuerpo
Allí la insulta y le pega
Allí la viola una y otra vez
Ante la pasividad del cadáver
Cuando acaba recoge el revólver y se pega un tiro
Porque nunca le enseñaron a amar
Porque nada tiene sentido

 

 

 

 

TODAS las misses están muertas
Alguna incluso ha empezado a descomponerse
Y no daría tanta pena
Si no fueran todas tan jóvenes
Pero hay que reconocer que la pedofilia
Es la enfermedad profesional de los jueces

 

 

 

 

TODO empieza con gritos
La lluvia de puñetazos escampa
Cuando florecen las amapolas
Pero no paran de arrancarse pedazos de carne
Hasta que uno de los dos machos se retira
El victorioso se acerca a la hembra
Y la sume en un mar de sangre y semen
Antes de acabar el hombre ya está muerto
Y la mujer encinta lo devora tranquilamente
Sentando las bases para una nueva generación
Plantando una nueva simiente

 

 

 

 

HORAS antes del velatorio del padre
Sus dos hijos se lo montan ante su figura
Ella llega primero al orgasmo
Y luego se arreglan y se visten
Como si no hubiera pasado nada
El incesto, y lo que hubiera podido decir Freud
A ninguno de los tres parece importarle mucho

 

 

 

 

PARA los niños la palabra muerto no significa nada
Para los adultos es algo triste que les hace bajar la voz
Para los ancianos es algo normal
A las necrófilas parece ponerles bastante
Siempre que no esté muy podrido

 

 

 

 

A las nueve todas las chicas muertas
Proceden a su lento striptease
Se despojan de sus camisas y paños
Y nos dejan ver sus senos blancos
Sin premura abren sus faldas
Y con gesto usual y aprendido
Se bajan las bragas
Todo el público de gusanos erectos
Como siempre, se propasan
Proceden al estupro
Y ellas, como siempre, acaban
Algo más secas, algo más jodidas
Y algo más agujereadas

 

 

 

 

EL loco salió de su habitación acolchada
Y accedió por el pasillo a la sala contigua
Donde encontró a su amada catatónica
Y la abrazó entre los restos humeantes
De una humanidad suicida

 

 

 

Cano Fernández, Hugo. Nacionalizado Bonobo. Cartagena; Ed. Balduque, 2016.

 

CUERVOS

diciembre 25, 2016 Deja un comentario

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CUERVOS

Mientras cruzábamos la puerta de la valla para echar un vistazo a los nuevos corderos
Sobre el horizonte suave, terso de hierba,
Un cuervo se disparó al aire desde el centro del campo
Y se alejó deslizándose bajo los duros destellos, rastrero y culpable.
Las ovejas mordisqueando, hincando las rodillas para mordisquear la hierba, reacia
xxxa que la sigan mordisqueando.
Las ovejas escrutando, parando un momento para pensar y luego volviendo a mascar,
Volviendo a parar. Por allí se ve un cordero nuevo
Intentando erguirse, topetando el morro de su madre
Mientras ella mordisquea el azúcar que lo recubre,
Con los jirones de la bandera de su triunfo ondeando y pingando de su vulva.
La madre estornuda y un haz de agua centellea en su vulva.
Así, una y otra vez, hasta vaciarse.
Luego continúa analizando su nuevo regalo para ver cómo va.
Por allí hay algo más. Pero tú sigues interesado
En ese nuevo, en su nuevo chispazo de voz,
En su pequeñez.
Hasta que por allí, por donde andaba el cuervo,
Otra cosa reclama tu atención. Un cordero que nació muerto
Hace una hora o dos, retorcido como una bufanda,
Con el amasijo de viscosidades, transparencias, carmesíes,
Hilachas y tejidos que conformaban sus entrañas arrancado
En tiras rectas, como las cuerdas de una tienda de campaña,
De su vientre abierto boca arriba como una pantufla de lana de cordero,
La fina anatomía de sus costillas plateadas y su cavidad a la vista,
La cabeza también vaciada a través de las cuencas de los ojos,
Los lanosos miembros vendados con restos de amnios, aunque es imposible
Decir ahora cuál de las vejas que pacen tranquilamente en este campo
Lo parió. Te explico
Que murió al nacer. Deberíamos haber estado aquí, para ayudarle.
Pero no: murió al nacer. “¿Y gritó?”, me gritas.
Levanto la carga oscilante, grasienta, agarrándola por las pezuñas, tan blandas aún
xxxcomo las almohadillas de los perros,
Pues tan sólo han hollado el agua del amnios,
Y sus fibras desgajadas por el cuervo van pendiendo, a rastras,
Su cabeza inerme bamboleándose, y “¿Gritó?”, me gritas de nuevo.
Sus patas de dos dedos se dilatan bajo la piel debido a la presión,
Entre mis dedos y mi pulgar. Y, mira, ahí hay otro,
Recién nacido, todo negro, desplegando su trípode, yendo de puntillas nuevas
Hacia su madre, y ensayando la primera nota
Que descubre en su boca. Pero tú tan sólo tienes ojos ahora
Para el bulto hecho jirones del cordero desechado.
“¿Gritó?”, sigues preguntando, con una insistencia de tres años de edad
A campo abierto y penetrante. “Oh sí”, te digo, “claro que gritó”.

Aunque éste fue bastante afortunado, teniendo en cuenta
Que intentó nacer bajo un viento cálido
Y que su primer día de muerte fue cálido y azul,
Que las urracas se marcharon apacibles con doméstica felicidad,
Que las alondras no se preocuparon por nada,
Que el endrino brotó lleno de confianza
Y que el horizonte de colinas, tras millones de años arduos,
Se asentó suavemente.

 

 

 

Hughes, Ted. El azor en el páramo (Trad. Xoán Abeleira). Madrid; Bartleby editores, 2010.

 

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