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Archive for 31 enero 2013

EL BLUES DE M

LosDeltonos

 

Si hay una canción que me tiene enganchado absolutamente desde hace unos cuantos días, es el segundo corte del nuevo disco de LosDeltonos (aquel grupo al que un juez tildó –no es una broma– de intelectualmente violentos). El caso es que el grupo cántabro sacó hace unas semanas un e.p. que lleva por título ‘Saluda al campeón‘ y ese segundo corte del que hablo se llama ‘El blues de M‘. Creo que en estos días que estamos viviendo entre la indignación y la vergüenza, esta canción deberíamos tatuárnosla y no dejar de cantarla.

Aquí tienen la versión del disco:

 

EL BLUES DE M.

Me sacaron del pueblo y me pusieron aquí.
Me dijeron, Líder, dependemos de ti.
Lo que vas a hacer es tu obligación,
arreglar para los nuestros un futuro mejor

Haré siempre lo contrario de lo que prometí.
Cuanto más practico mas fácil es mentir.
La única ley que existe para mí
es “Cualquier medio vale si interesa el fin”.

No me gustó pero lo tuve que hacer.

Ignoré a los débiles no merecen más.
Convertí la juventud en una enfermedad.
Acosé a los enfermos no se pueden defender.
De la ciencia me río, ni entiendo ni sé.

Desprecié todo arte que no me fuera fiel.
Maestros fuera, la ignorancia viene bien.
No hay causa justa si no es de mi color.
La sombra de la cruz me da la razón.

No me gustó pero lo tuve que hacer.

Me escondo detrás de una sola opinión,
me repito a diario que no tengo opción,
me aturde mi propia mediocridad,
quiero volver al pueblo a beber y olvidar (porque)

No me gustó…

 

Y aquí, una versión en directo:

 

 

RIOT PROPAGANDA

El título del post de ayer pertenece a la canción ‘El miedo va a cambiar de bando’, perteneciente al grupo Riot Propaganda y que he descubierto en el muro de facebook de un amigo (al César lo que es del César).

La canción es ésta:

 

 

EL MIEDO VA A CAMBIAR DE BANDO

Siguen sangrando las venas del pueblo siguen cerrando colegios, han convertido estar explotado en un privilegio, el precio? tu dignidad no lo dudes, la gravedad se torna frágil aquí en el trapecio multitudes violadas por patrañas censura, la marca España un padre de familia buscando en la basura, cultura de pandereta y farla, futuro biólogo abandona la carrera no puede pagarla otro debate otra charla otra mani otro amigo, puñalada por la espalda, otro parado otro desahucio otro mendigo, quiero mi vídeo con Ken Loach quiero mi canción de Carla y mientras, otro bache, otro inmigrante sin tarjeta sanitaria muere por VIH o cáncer asesinato legal, doctrina, el ministerio de sanidad asesina, nos han prohibido soñar nos han atado a la butaca pero el que siembra miseria recoge bombas lapa políticas policíacas estado de excepción ocultan sin vergüenza el número de placa, gobierno cabrón sociedad hipocondríaca, levantémonos al grito de revolución, ya suenan las alarmas, exigimos que el gobierno se disuelva y entregue las armas.

(ESTRIBILLO) El miedo va a cambiar de bando (x3). No desesperes sigue protestando.

“Mamá, mamá, qué hay hoy de comer”. Y mamá ya no puede responder. No es Cuba, joder, es occidente, donde el derecho a la vivienda es debajo de un puente. Donde la muerte del inmigrante llega si es pobre, donde las leyes se instauran a golpes. Donde la libertad no la deciden jueces sino el dinero y la clase a la que perteneces. Donde el joven español sueña con salir en Gandía Shore y ya no pelea. Donde el trabajador asume su papel de esclavo esquirol y admira a Amancio Ortega. La realidad golpea, por eso hay que intentar canalizar el odio del pueblo. Que tomen conciencia obrera, que sepan que el enemigo es de clase, no de raza o género. Y que el miedo lo sienta el gobernante, Él y el asesino de elefantes. Que noten en sus carnes que está llegando el día en el que pueblo retome la soberanía. Quieran o no, va a suceder. Cuando la indiferencia sea odio, van a caer. Y si quieren volver el Sucio les espera; resistiré con mi fusil como Allende en La Moneda.

(ESTRIBILLO) El miedo va a cambiar de bando (x3). No desesperes sigue protestando.

 

QUE EL GOBIERNO SE DISUELVA Y ENTREGUE LAS ARMAS

Creo que, como muestra, pueden servir dos botones.

El primero lo copio y pego del muro de mi compadre Alberto Alcalá: “Así está la cosa: a finales del año pasado, después de un largo trámite burocrático que cumplimos a rajatabla, nos seleccionó el ministerio de cultura (no dan ganas de usar mayúsculas) para unos premios de creación joven que se convocan a nivel nacional.
Nuestro premio consistía en que esta institución se comprometía a gestionar y cubrir el caché de los eventos en los que se solicitase nuestro proyecto, y de los eventos que nosotros consiguiéramos.
Cuando ya estaban prácticamente cerradas cuatro presentaciones del disco que está por salir, me llaman para decirme que: “debido a los recortes presupuestarios no podemos asumir los gastos de ni una sola de las presentaciones que proponéis”. El premio al final ha consistido en un concierto con grupos de electrónica y de folk mezclados sin ningún tipo de orden, con un sonido horrible, y donde, eso sí, el público podía beber cerveza y comer pasteles gratis.
TOMA YA!”

 

El segundo viene de la mano de mi amigo Manuel Pujante. A Manuel lo conocí hace unos meses en un micro abierto, cuando leyó:

 
ANÁLISIS MORFOLÓGICO

Primera persona del singular
del presente de indicativo del verbo ser:
yo sangro.

 

Y, lógicamente, aluciné. Ya quisiera yo haberme planteado escribir eso con su edad… Después vinieron las cervezas, las conversaciones, los Seconales

 

Creajoven

 

El caso es que hace unos meses se llevaba el accésit del Creajoven (un certamen que ha dado a conocer a voces como las de Antonio Aguilar, Andrés García Cerdán, Ángel Manuel Gómez Espada o José Daniel Espejo) y no nos lo creíamos estas navidades cuando Manuel nos regalaba la antología del Certamen y resulta que se ha decidido juzgar con el mismo rasero la narrativa y la poesía, como si eso fuera posible. El caso es que los premios se han repartido con un primer premio a un relato y tres accesits, dos a sendos relatos y otro a un poema…y juro que no me extraña; cómo me va a extrañar si uno de los miembros del jurado ha menospreciado públicamente la poesía.

Quizás de lo mejor del libro sea el poema que le premiaron a Manuel:

 
AZOTE

Aunque sé que los dientes no rechinan
ni los ojos lloran cuando el cuerpo es polvo
ahora que estreno vacío y que construyo mis alas
un cúmulo de miedos que no son hijos míos
sutil como un disparo en el cielo de la boca
me hunde feroz los hombros y pregunta mi nombre.

Al nacer
xxxxxxxxme dieron un azote
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque aún me duele.

 

DESEDUCACIÓN

Cortázar

 

Joder con los pajaritos y la primavera, con las puestas de sol y la fraternidad, con la sólidaridad –sí, ya todo es esdrújulo– y ese romanticismo tan mal entendido en este país, con el entorno y la belleza. A lo mejor si se lo dice Cortázar vía Rayuela le hacen caso: a veces hay que admitir la deseducación de los sentidos, abrir a fondo la boca y las narices y aceptar el peor de los olores, la mugre humana.

 

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DIARIO DE UNA ENFERMERA

enero 26, 2013 2 comentarios

Diario de una enfermera

 

De este libro, ‘Diario de una enfermera‘, no puedo decir otra cosa que no sea que si aún no lo tienen, deberían hacerse con él como fuera, así su biblioteca subiría varios enteros. Los que tuvimos la suerte de ver a Isla Correyero en la presentación del libro salimos en estado de shock y desde entonces no dejamos de recomendar el libro. Aquí tienen varios poemas.

 

28 de septiembre de 1993

Inclino la cabeza para que nadie sepa que ya no soy humana.

Debemos pasar inadvertidos.
Todos los enfermeros provenimos de una raza de autómatas.

Afuera, llueve sobre la Clínica.
Un polvo pegajoso, negro y denso, cubre los coches y los impermeables.

Dentro, cada gramo de antibiótico es aplicado con indiferencia.
Un buscador de oro recorre la zona de los mortuorios.

Los científicos vacían a los animales.

Ya no conozco a nadie que pueda ser humano.
¡Hay tanta muerte y tanto olor a muerte!

Esta mañana han enterrado a un mono y a un hombre…

Aquí sólo existe la lluvia negra de la muerte en los pasillos.

 

 

 

MUERTE DE UN NIÑO. 5 de enero de 1994

Es misterioso ver morir a un niño enfermo.
(La piedad no existe para quien observa la belleza).

Su corazón continúa deslumbrando la cama. Durante el dulce ejercicio del pecho desnudo, la boca contiene una profunda sombra que alienta todavía.

No pesa nada un niño cuando se está muriendo. Es una leve pluma que va cayendo a un patio y, como cae la nieve, se aposenta en la noche.

¡Oh pequeño empujado! ¡Rey deshaciéndose, valientemente serio!

Tus lívidos temblores aún están recibiendo las palabras queridas. Tus dedos casi azules quieren tocar el aire.

Por obra de la luna un almendro florece.

Al lado de la cama ya hay vibración de hierba.

El polvo de la muerte te ha cambiado los ojos y caes, sin movimiento, al último latido.

(La piedad no existe para quien estudia la belleza).

 

 

 

EL DESMAYO. 21 de marzo de 1994

La imagen me viene a la memoria como una ráfaga de dolor y de oro.

16 años, Mario, de cabeza pelada, tormenta de amarillo su cuerpo derrumbado,
allí los largos brazos en el suelo, las piernas traicionadas de atleta submarino,
allí, allí, en el suelo del pasillo,
competencia del hueso y la verdadera dureza de la tierra,
el olor confuso y oscuro de la juventud y la belleza confundido con la quieta propietaria de la enfermedad.

Nosotras le tomábamos el pulso y le llamábamos para que regresara del pozo de la luna.

También el celador tuvo un gesto de amor al recogerlo del suelo
y abrazarlo
para ponerlo en la silla de ruedas y llevarlo a su cama…

¡Qué desmayo arqueado!, colgando la cabeza, esquivando el espacio de la muerte
para llegar a los ojos afligidos de su padre y la hermana y abrirse a una visión de estrellas de ceniza.

Era el comienzo de la consecuencia que vendría después de cerrarse la habitación y aparecer la madre absolutamente consumida por el llanto,
desgarrada
como un diverso animal que se movía sin saber dónde ir,
buscándose la detención de las lágrimas
y venir hacia nosotras para decirnos, muerta de convicción:

“Se me está apagando como una velita. Se me está apagando…”

 

 

 

LA AMBULANCIA. 15 de abril de 1994

Me han elegido para entrar en la muerte de una niña.

La ambulancia transcurre por la carretera con su memoria de meteorito. De Madrid a Gerona nos ganará la noche.

Yo controlo los brazos de la enferma desnuda y reviso el pliegue cabalístico y frágil de su garganta afónica.

El suero cae buscando la vena azul de su radiografía.

Brilla el oxígeno sobre mis guantes blancos y dibuja inscripciones en mi nariz poética.

El misterioso conductor nos mira desde el poniente imán de su espejo difuso.
Los cohes que cruzamos van vivos de miradas poderosas.
Se agradece la marcha vigilante que, de pronto, sobre el cristal central,
la nieve nos choca como un sueño.

Yo comienzo a temblar porque mi enferma me ha hecho una caricia sobrehumana.
Sus ojos de dolor de cuatro años están terriblemente abiertos y distintos.

Tengo su mano agonizante y fría sobre mi muslo tenso y absoluto.

Me pide a su mamá, su voz de agua: agua, agua.

Dieta absoluta son ya las lejanas órdenes del médico.

Agua y amor me pide la que muere.

De una bolsa de suero glucosado le doy a la privada criatura un sorbo,
un sorbo lento.
Traga,
traga,
mi amor,
mi amor,
mientras me acuesto a su lado
besándonos, me muere.

La ambulancia prosigue su camino hacia un lugar que no existe en el mundo.

La madre esperará cien noches, aterrada,
en la terraza.

 

 

 

17 de mayo de 1995

Mi joven y vertiginoso padre ha ingresado en la UVI, tocado por la muerte.

 

¡Oh, sus párpados negros, sus números azules!

 

 

13 de junio de 1995

Mi padre ha muerto el día 13 de junio a las 13 horas y 13 minutos de este 1995 azul.

 

Ha cambiado el mundo, el añil de las cosas.

 

Todos hemos pasado al frío vertiginoso de los abandonados.

 

 

 

PARA QUIÉN ESCRIBO. 10 de octubre de 1995

Mi hijo de diez años me ha preguntado para quién escribo.

Mi palabra sale de la afonía de una guardia, de un sufrimiento crónico.

Escúchame, Paolo, yo quisiera escribir para todos los que sufren en esta larga galería de la muerte.
Para los que lloran por el clima y desfallecidamente caen entre las sábanas mojadas.

Para las madres que nunca acaban de perder al hijo estremecido y permanecen a su lado las horas eternas de las tinieblas.

Escribo para los ancianos sin sucesión ni campos de manzanas que llaman solitarios a los timbres temblando por su incontinencia.
Para el bálsamo de su inmovilidad escribo en el lavatorio de sus heces.

Escribo, Paolo, para las alas fosfóricas de la guadaña que pasa cada noche sobre el piso noveno y deja caer su cucharón de palo para comerse al más ausente.

Para los hijos, escribo, los hijos que fuman los cigarros amargos a escondidas y lloran lágrimas nerviosas porque aún no han accedido a la soberanía de la enfermedad.
Para las hermanas levísimas que besan en los labios y en los dedos la amarilla delicia de la fiebre de su hermano.

Dulce niño que no comprenderás ahora estas palabras que levanto:

Para los enfermos atados a las camas que ven las rápidas transformaciones de la luna y las tortugas.

Para las esposas continuas que sólo van a casa a lavarse el olor y la vertiginosa lucidez de los zumbidos.

Escribo, Paolo, para el amante que no podrá entrar a besar a su amado y que sufre llamándolo, sin voces: amor mío, amor mío.

Escribo, Paolo, para valorar el trabajo de las limpiadoras que renuevan el hospital y el ruido de la orina.

Para los delicados y sorprendentes celadores, las voladoras cocineras, los peluqueros ágiles, los dóciles suplentes.

Para las enfermeras azules de la eternidad y sus ayudantes, los médicos humildes.

Para los estudiantes que vienen a devorar la enfermedad con su infantil y entusiasmado volumen de primero.

Para la paciencia y la misericordia escribo.

Para declarar que el olor de los medicamentos y las deyecciones precipitan las tragedias.

Para los transplantados, los locos, los quemados, los absortos en el estrabismo de la muerte.

Querido niño azul, yo escribo para los animales que trabajan en el ovillo de la hierba y nunca acaban de vagar por el animalario.

Y sobre todo, sobre todos los seres de este mundo, yo escribo para él, tú ya lo sabes, para él, que se ha ido en esta primavera y se ha llevado todo mi derrumbado diccionario de la medicina.

 

 

Correyero, Isla. Diario de una enfermera. Madrid: Ed. Huerga y Fierro, 1996.

 

CRÍMENES

Crímenes

 

LOS SOLITARIOS

Sabemos de los corazones solitarios porque tienen la misma conducta de los asesinos.

Son corazones salvajes que no obedecen leyes. Tienen el pérfido don de la mirada y nos contemplan a través de su silencio.

Hay más revelación en sus manos que en su lengua.

Por su actitud inmóvil conocemos la desesperación, acurrucados en la existencia para reconocernos.

Suelen ser hermosos como la oscuridad y pálidos y dulces como los secretos de las niñas.

Es inútil penetrar en su reino: somos espectadores, nada más, de sus actos veloces.

Ellos poseen el corazón y la conciencia, al acecho, para caer sobre nosotros con un gesto en el aire.

 

 

 

ÁNGELES DE LA MUERTE

El pan que como en la oscuridad tiene gotas de sangre.

Yo estuve diez años en un Hospital bebiendo sangre: agua con sangre, café con sangre, hielo con sangre.

Ahora, al atardecer, recuerdo siempre a los enfermos que morían.

Las ventanas del Hospital tenían sangre en los cristales y en el aluminio. A la luz de la luna, las gotas brillaban y eran casi negras.

Yo me pasaba las guardias encorvada sobre mi cuaderno:
xxxAllí me dejé la voz azul que salía de las habitaciones.
xxxAllí me dejé las convulsiones de los que morían mal.
xxxLos pasos débiles de las piernas enfermas.
xxxLa palidez y las lágrimas de los enfermos orgullosos.

Algunas enfermeras entraban en las habitaciones riendo como ángeles, con las sábanas blancas, las sondas, las bateas…

Y salían sudorosas y hostiles, frenéticas de sangre, solitarias, en dirección al bar…

Ahora todos son sombras evaporadas en el pasillo lúgubre donde los amigos íbamos a fumar el último cigarro de la guardia; mientras la limpiadora, con un violento trapo gris, iba recogiendo el brillo de la sangre.

 

 

 

TODOS NOSOTROS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodos nosotros que debutamos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen la vida con una tara irremediable,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque deseábamos tanto y habíamos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxobtenido tan poco, que con tan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxbuenas intenciones, tan mal
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxacabamos… Todos nosotros.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJim Thompson

Todos nosotros.
Los que nacimos rechazando la política y las leyes.
Los orgullosos.
Los que sabíamos que extraían de nuestra percepción la libertad.

Todos nosotros.
Que crecimos en pueblos y en ciudades aún azules.
Que fuimos incalculables niños instintivos y lunáticos.

Todos nosotros.
Viajeros.
Los que atravesamos la oscuridad del sexo y la habitamos.
Los buscadores de belleza.
Los que probamos las exóticas sustancias y vivimos en el cine y en la noche.

Todos nosotros.
Generación, tribu, conjunto de perdedores que imaginamos
que la ruina era el más alto honor.

Todos nosotros.
Los desterrados ahora de aquel grupo.
Los olvidados, los oscuros, los ausentes.
Los abandonados y los destruidos.

Todos nosotros.
Los que ya no soñamos. Los que somos compradores de todo.
Los arrasados por el dinero y por las guerras.

Los que ahora somos impenetrables asesinos blancos.

Los que contemplamos la luna desde el cielo.

 

 

Correyero, Isla. Crímenes. Madrid: Ed. Libertarias, 1993.

 

LIANAS

Lianas

 

LA CASA

Tenía para mí, la casa, un incurable
olor a trébol y pájaros mojados,
caudales de colmenas que a la noche
con dulce estruendo azul raspaban las ventanas.
Eran aquellos días de amor
en que quedábamos
a la fuga y al hielo de las doce
recostados y firmes en un banco
dibujando sombreros y jamás.

La llave de la casa con la lluvia
tenía un frío tacto de sollozo
que al meterla en la vieja cerradura
sonaba igual que un vino
tragado en el silencio.

Como el aire canela, por las puertas pasábamos
ligeros e inocentes, veloces, revoltosos.

Si yo estaba en la casa,
llamabas a la aldaba conteniendo el aliento
y en el vientre los vidrios tibios de la zozobra.
Desde mi cuarto a oscuras yo cuajaba las ansias
contrayéndome toda, volviéndome violeta.
Daban las doce fieles en el reloj del patio
y la mágica herrumbre de la llave
inundaba de luz todo el pasillo.

Bajo el racimo blanco de la lámpara antigua
mis ojos te buscaron durante tres inviernos
y a sus uvas brillantes, vi tus ojos anclados,
rojizos, en el álveo profundo de las lágrimas.

Con la quietud de un cisne sorprendido en su sueño
resistí la derrota punzante con orgullo
y al despedirte tuve el gesto del guerrero
que, sabiéndose herido de muerte, aún sonriera.

Hubo tantas pisadas de tu alma en la mía,
tantos lodos y fosos nos fueron circundando,
que al mirar, hoy, de lejos
la frágil casa a oscuras,
me atraviesan sus acres crepúsculos coñac.

¡Cómo deshace el tiempo las casas y sus climas!
¡Qué pronto se parece la memoria al olvido!

Sobre las frías alas del recuerdo se mueven
sombras falsas, terribles,
cortinas y escombreras,
viejos libros cerrados, abejas en la piel.

Y ya no hay corredores simulados ni huellas
capaces de encerrarnos, otra vez, en sus muros.

Pasaste por mi casa, tu casa y nuestro nicho,
con el descuido propio de un pecado de amor.
Pero al huir dejaste, repleto de señales,
el camino y la brújula inútil del recuerdo.

 

 

 

NECROFILIA

Él estaba sentado
o más bien recostadamente inmóvil
sobre un sillón de flores y frutas en brocado
y distendía el labio inferior hacia el cigarro
con una preocupante vaciedad en la mirada.

Llevaba muchas horas con los brazos morados
y su perfil fingido amargaba en la noche.

Recordaré sus manos de agudas uñas blancas
caídas a lo largo de una lupa en un libro.
Fugitivas, las horas, pasaban a navaja
aquel semblante insomne, dañino, estrafalario.
La barba, desatenta, crecía mortecina
y un ligero reflejo daba una vela al párpado:
allí estaba royendo la pupila irreal.

Si de mis labios presos
se hubiese oído el grito que escapó de mi boca
tal esqueleto hubiera saltado de la silla.
Pero él siguió callado y yo pasé rozándole
ingenuamente débil, debilmente insensata.

Sólo las ambiciosas heridas de los pechos
y aplicadas al rostro las expurgadas brasas
consiguieron calmarme el duelo y el vacío.

Digo que quise odiarme
el deseo y el daño que su rigor me hiciera,
hundida en su cintura maltratada y glacial.
Desfalleciente estuve desnuda y destrenzada
con el pubis florido entregado a las aves,
rapada la cabeza, cubierta de cenizas,
sonámbula de miedo, salvajemente sucia.

Cinco días sin fondo mordiéndole las piernas,
robándole su escasa postura y su despojo.

Y nunca sus sentidos
percibieron el dulce placer de aquel idilio
desgraciado y violento que sostuve con él.

Permaneció sentado,
cadáver, insolente, mas inmóvil
sobre el sillón de flores y frutas en el brocado
y en la boca la punta del cigarro rubí.

 

 

 

EL SILENCIO

Todo el silencio de mi vida
está encerrado en un grano de ámbar.
Todo lo que callé y aún callaré
está escondido allí.

La sola voz desnuda que me obliga al secreto
y ni lágrimas vierte ni impaciencia,
es un punto negro dentro del amarillo fulgor
que el alma tiene,
una extensa planicie de oro en el desierto,
esférica y helada
con un solo habitante en su interior:
un pájaro gigante, muy lejano,
atrapado en la quietud de la resina,
derretidas las patas por el tiempo
y la mirada ingenua del que muere inocente.

Todo el silencio cabe en un segundo,
en un sueño,
en una seña,
o en el último estertor junto a otra boca.

Por eso escribo sin violar las leyes del silencio,
con la tristeza en flechas arrancadas del labio,
escarchada en cristales de azúcar y aguardiente
cual ramo de anís en la botella blanca
o faisana soñando solitaria
en los bajos espumeros de la sal.

Todo mi reino está rayado a esmeril
y es pasto del olvido,
costa brumosa surcada de aguanieves,
intenso mar que vive en mí
xxxxxxxxxxxxxxxxxxicon la niebla y la sombra.

De sus playas extraje todo el ámbar,
de mi azotado corazón, todo el silencio.

 

 

Correyero, Isla. Lianas. Madrid: Ed. Hiperión, 1988.

 

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