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Archive for 31 marzo 2018

‘EL MURO DE MANDELSHTAM’, DE IGOR BARRETO

 

REPENTINA NEVADA

En el gueto de Ojo de Agua
ha nevado
en honor a Mandelshtam.
Ocurre que con tantas muertes
y tráfico atolondrante
no habíamos tenido ocasión
de mirar a lo alto.
Es un milagro que unió al cielo con la tierra.
¡Ha nevado!
Y alguien sostiene un libro
en la mano izquierda,
mientras palpa con la diestra
los minúsculos copos de nieve.
Todas las casas fueron pintadas
gratuitamente de blanco
y mucha de la pobreza se escapó
por esa loza quebrada
de un cielo encapotado.
Mandelshtam impartió lecciones sobre el frío
a una anciana recién llegada
de un desierto con cabras
de la remota frontera norte.
Los copos de nieve cayeron de un árbol
cuajado de flores:
fueron modestos lirios blancos
y pétalos de margaritas.
Pero en la calle principal del gueto,
el barro se apelmazaba gélidamente.
Era un lodazal cobrizo
donde rechinaban las ruedas
de los automóviles
derrapándose por la cuesta.
¡Pobres perros del barrio!
Las familias han debido
refugiarlos en sus casas
porque mueren como esculturas acurrucadas
contra el dorso de los escalones en la vereda.
Y los gatos congelados
caen de las cornisas
y se parten como un simple jarrón.
No hay pájaros…
pero no importa,
porque la nieve es algo nuevo.
Total
en las muchas fotos
que enviamos por correo,
somos los únicos testigos
de este enigma.

 

 

 

 

MANDELSHTAM

Mandelshtam es un animal
en el centro de un círculo
que unos hombres han hecho armándose con palos.
Es el poste de luz que en esa esquina
tiene la cúpula apagada
por una lámpara rota,
peligrosamente cortante.
No olvidemos que el poeta
es un factor potencial
en la dinámica
iluminatoria.
Mandelshtam es la vereda con escalones,
un venoso pasadizo de obreros
y de «algunas» dispuestas a todo.
Fue también un hombre
dentro de una bolsa negra de plástico:
cara de rata y cola de rata,
un malandro tibio que tal vez resulte
el único hermano de Filippo el Árabe.
Porque todo Mandelshtam provoca en mí
un miedo básico,
la visión e un extraño monumento.
Aún más en este país
donde la ternura
es una frecuente dificultad.

 

 

 

 

SOBRE LA UTOPÍA (EN VENEZUELA)

xxxxxI

Decía el sabio Ángel Rosenblat:

Porqué escribes «pretencioso» con «c»
y no con «s»
¿acaso no viene de «pretensión»?

Cierto, maestro, se trata de un galicismo cultural.

¿Y tú crees que «arribista» viene de «arribar»?
Pues ¡No!: «arribista»,
viene de «arriver».

Y pienso entonces
que la raíz de lo que ansiamos decir,
aquello que en verdad somos
suele estar
en otra parte.

 

xxxxxII

«El invierno trae caballos blancos
que resbalan en la helada.»
He ahí un verso para nosotros imposible.
Pertenece a Jorge Teillier, un poeta de Temuco,
al sur de Chile.
Así que ese verso suyo me parece la clave de todo:
«El invierno trae caballos blancos
que resbalan en la helada.»
Esto es imposible a 40º a la sombra. Y solo en ello
consistió la trampa: enamorarse líricamente de lo «otro»
y ser, de pronto, cómo decirlo: un añorante.

 

 

 

 

ES DE NOCHE Y HABÍAMOS BEBIDO TANTO LICOR DE ANÍS.
MANDELSHTAM PRETENDÍA ORINAR EN UN RINCÓN.
MIENTRAS, OCURRÍA ENTRE NOSOTROS ESTE DIÁLOGO.

Mandelshtam —¿Has ioído ihablar ide eso que llaman Deus
ex machina?

Igor —Claro, se trata de un Dios que pilotea un carro a gran
velocidad.

Mandelshtam —¿Sabes si será un carro lujoso o isi iDios vie-
ne con hombres armados para hacer justicia?

Igor —A ife imía, ieste Dios de la frase latina, no es un hom-
bre sino un robot.

Mandelshtam —Pero (…) i¿A iti iqué ite iimporta? Total, vie-
ne a salvarnos.

Igor —No lo creo. Esto que somos no tiene remedio.

 

 

 

 

LOS VERDADEROS POBRES

Hoy viernes
llegaron al gueto de Ojo de Agua
los verdaderos pobres:
las bellas cajeras del supermarket,
los albañiles con overoles tiznados
y sus manos rajadas por la cal viva,
los vendedores de imitaciones
y aquellos que existen gracias
a la pensión de invalidez.
Darle a cualquiera de ellos
una oportunidad, o no dársela,
es lo mismo.
Todo termina la tarde del domingo
donde la rueca los vuelve a dejar sin nada
y el lunes
el autobús más económico
los retorna al centro de la ciudad.

 

 

 

 

HOMBRE BASURA

Por la calle

ellos (los del Aseo Urbano) recogían:
pilas,
pirámides,
verdaderos muros
de bolsas negras de plástico
que se rompían y desunían
y la basura
era juntada de nuevo
y arrojada al interior del camión
que se la tragaba
llevándola a una prehistoria
futura.
Yo los vi tomar un bulto
tan pesado,
tan pesado,
que dos de Ellos
tuvieron que halarlo por los extremos.
Pero… lo que vi realmente
era que trataban de poner en pie a un amigo.
Porque el camión blanco y mugriento de la basura
no espera.
La basura
está hecha de un presente que no espera.

 

 

 

Barreto, Igor. El muro de Mandelshtam. Madrid; Bartleby editores, 2017.

 

JOSÉ LUIS PIQUERO

 

RESPUESTA DE LÁZARO

No merece la pena, no te empeñes.
Yo ya he cumplido e iba a disolverme, tan contento.
¿A qué viene esto ahora?
¿Otra vez los afectos y sudar por las noches y bregar
y la sed y el dinero? (Sobre todo el dinero).
No, gracias. Eso ya son cosas vuestras.

Se estaba bien aquí. Los gusanos no son muy exigentes.
Uno delega en ellos los detalles.
Por lo demás, me gusto. No es que huela muy bien
pero puedo estar solo. La gente es tan extraña…
Años llevo intentando comprenderla.
Aquí no hay amenazas, ni preguntas, ni se espera de ti
algo distinto a una quietud insólita.

¿Miedo a vivir? Lo mismo que vosotros,
pero sin aspavientos.

El mundo es más difícil: hacer lo mismo una y otra vez,
y encima Dios, que no te quita ojo,
diciendo “Has hecho daño” y “No te esfuerzas”.
Yo no hago daño a nadie. Podrido estoy más limpio
de lo que he estado nunca.

Conque puedes coger tu pequeño milagro y esfumarte.
Terrazas soleadas, inútiles banquetes.
Yo soy perfecto. Busca
a otro infeliz que aún se haga ilusiones.

 

 

 

 

EL DÍA LIBRE DEL DIABLO

Lo malo es que no tengo ningún hobby
ni sé hacer otra cosa que diabluras.
¿Cómo voy a llenar un día tan largo?

me pongo una sonrisa, manos en los bolsillos,
con el aire jovial
de alguien que saborea la manzana del mundo.
Pero enseguida se me van los ojos:
a ese tipo podría decirle algo al oído
o esperar a esa vieja en un portal
y apalearla.
Unos novios se besan; aquí lo tendría fácil:
soy bueno en lo que hago.

¿Pero qué estoy pensando? Hoy es mi día libre
y no estoy de servicio.
¡Vamos, a pasear, a no hacer nada!
La mañana es inmensa y el sol es un regalo.
Me detengo en un kiosko, leo los titulares.
Reconozco mi firma casi en cada noticia, y me sonrío
con legítimo orgullo de artesano.

¡Otra vez el trabajo! ¿En qué me he convertido, en un maldito
funcionario del mal?
¿Un dominguero con antecedentes?

Ah, no siempre fue así.
Hubo un tiempo en que el odio era la poesía
oscura de la tierra, su savia, su alimento.
Y yo amaba en el daño con el ardor fanático
de un solitario adolescente.
Me daba como un padre y estos eran mis hijos. No sabían
que es el amor quien mata.

Luego aprendes tus mañas y todo se limita
a un aburrido truco de aquelarre,
y la vida y la muerte son un juego de niños.

Ya sé quién soy ahora: el que ha olvidado
su secreto: el fervor.

Adiós al heroísmo y al poema.
Seré puntual mañana en la oficina
a administrar la muerte con fría diligencia de burócrata.
Infamias rutinarias, papeles por firmar.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMerecería
en vez de altares una paga extra.

 

 

 

 

POST MORTEM

Te amaré una vez muerta, quieta como una cama,
tu aliento detenido. Te habrás quedado atónita,
y yo te diré cosas y todo lo que diga será justo
lo que quieres oír.

Dará tu rigor mortis fe de tu consistencia —yo no quiero fantasmas—
y, como un bebé grande, te dejarás hacer.
Un amor que no exige y que no obliga:
no lo habrás conocido más puro y generoso.

Duerme, duerme, no temas, mi pequeño cadáver,
mi trocito de muerte con los ojos abiertos,
mientras te doy el goce
de aquellos que ya lo han perdido todo.

Y que la vida quite sus pezuñas
de nuestro amor.

 

 

 

 

NOLI ME TANGERE

Los hombres que vinieron a arreglar la nevera.
Tan fuertes, y sabían dónde estaba el enchufe.
Sólo hablaban lo justo: frases que no se aprenden en la universidad.
Se le había parado el corazón.
Sus ojos escrutaban, comprendían
su corazón de máquina. Y hacían malabares con las manos.

Qué precisión. Uno nunca sabría ser tan fuerte y tan claro ni decir cosa alguna de interés.
Me odiarían. Son demasiados libros. Y demasiado pijo. Por todo el mundo hay gente
con algo que decir. Sólo yo estoy muy lejos, no sé dónde.
Y me muero de miedo ante la gente que hace cosas útiles.
Yo no hago nada útil.

Así que huyo a mi estudio, lleno de los poemas, los recuerdos
que me llevan matando desde los veinte años.
Me acuerdo de la chica, por ejemplo, que bailaba de noche ante una hoguera
y de nosotros mismos bañándonos desnudos.
Eones han pasado,
y ahora soy un extraño, un eremita.
Alguien está viviendo en mi lugar.

Y mientras tanto arreglan la nevera, y se marchan por fin,
porque tendrán que hacer otro milagro en alguna otra parte.
Y yo me quedo aquí con lo que soy,
como si todos esos libros
fueran a devolverme lo que fui,
una especie de magia.
No consigo fijar en la memoria
las caras y los cuerpos de los que nos bañábamos.
No me acuerdo de nada y, sin embargo,
no poder olvidar algunas cosas, eso es mucho peor.

No me retengas.
Hay algo que me espera en algún sitio, pero aún no sé qué es.
Y no son los poemas, y no es mi juventud.
Es algo útil.

Como poner en marcha
un corazón parado dentro de un cuerpo frío.

 

 

 

 

NOLUGAR

¿Quién anda ahí? ¿Es Dios?
¿O Supermán?
Algún extraño, en cualquier caso; nadie
viene ya por aquí. ¡Sal a la luz!

Ah, no, me he confundido: le conocemos bien,
aunque no sé si es hombre o es animal doméstico
o práctico utensilio, o mejor una idea que ya se nos había ocurrido antes,
un sueño tumultuoso.
Pero, en fin, aquí está, y es como de la casa.

Bienvenido, llevábamos un tiempo sin visitas,
hoscos, ensimismados, sin hablar,
no viviendo los días: aventándolos lejos
como arrugadas bolas de papel.
Ya no suceden cosas y es mejor que así sea,
conque no te hagas muchas ilusiones
de venir a hacer cambios. ¿Para qué?

Todo empezó hace tanto tiempo que ni me acuerdo.
No empezó con tormentas ni cielos ominosos; nada de numeritos.

En realidad no sé cómo empezó. Ni sé lo que empezó. Nadie lo sabe.
Pasemos ese punto.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxPoco a poco
fuimos acostumbrándonos, ¿quién va a morirse de eso?
Hay momentos mejores y momentos peores; relevante ninguno.
Con un poco de suerte, sólo se trata de irse consumiendo.

Por lo demás, no hay que explicarlo todo:
se arruina el chiste y tú
no eres ningún extraño para que nos pongamos a aburrirte con líos
que conoces de sobra.

Mejor cuenta tú algo. ¿Ya te vas?

Se me olvidó decírtelo: te quedas.

No montes un escándalo. Eso, arrímate ahí.
Y empieza a no hacer nada.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn el fondo esto es justo
lo que toda tu vida sabías que iba a pasar.

Yo me vuelvo a mi puesto.

¿Quién anda ahí? ¿Es Dios…?

 

 

 

 

EL INMORTAL

No seré de la muerte.
Su pestilencia
no rozará mi piel, que ha conocido manos temblorosas.
No iré si no es a rastras, maldiciendo; no cerraré los ojos.

Combatiré a los dioses. Yo soy más.
En su reino de mudas prohibiciones
fundaré una república de los felices
con un precepto único: vivir,
y mi lema: Non serviam.

Poco a poco
olvidaré quién soy.
Esa música lenta la he escuchado en un sueño.
No conozco las caras pero lo he conseguido.
Puede que esté borracho
del único elixir que nunca sacia.

Y ahora se abre la puerta.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿Quién es Esa?

 

 

 

Piquero, José Luis. Tienes que irte. Sevilla; Ed. La Isla de Siltolá, 2017.

 

EUSEBIA SARMIENTO

xxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEusebia Sarmiento

xxxxxxxxxxxxxxxxxxx(26 de mayo 1952 – 2 de julio 2002)

xxOye caminante, soy una mujer de raza negra que por desgracia ahora no ves. En la calle principal del gueto de Ojo de Agua arrendé un quiosco donde ofrecía bollos de carne y panecillos de maíz. Cuando me pagabas con un billete de alta denominación permanecía mirándolo; y si no pedías el dinero del cambio, me apartaba en silencio sin decir nada. Mis ojos querían poseer completamente aquel trozo de papel moneda, hasta que el reclamo tuyo me despertaba de manera tan brusca que aun en la muerte siento demasiada vergüenza.

 

 

 

Barreto, Igor. El muro de Mandelshtam. Madrid; Bartleby editores, 2017.

 

O – Z

 

Oblicuo. Ella pensaba que él sería rico y famoso. Él es pobre y desconocido. Ella piensa que él la ha engañado.

 

 

 

 

Olvídate del cuento de la lechera: ¡ya no te quedan cántaros!

 

 

 

 

Opones la ironía a las balas. Así te va.

 

 

 

 

Piensas cuál elegirías, como si tuvieras alguna elección.

 

 

 

 

Porque te acostumbres no deja de doler.

 

 

 

 

Prestigias las editoriales a las que llevas a la quiebra.

 

 

 

 

Puente de plata. El amigo huye. El enemigo, en casa.

 

 

 

 

¿Qué clase de elección es aquella en que no te dan todas las posibilidades?

 

 

 

 

Querías ser reina o zángano, y no has pasado de obrera.

 

 

 

 

Reconoces a un desgraciado en cuanto te ves.

 

 

 

 

Salvador Dalí, Ernesto Sábato y Vincent van Gogh tuvieron hermanos, con su mismo nombre, muertos antes de su nacimiento. Estremece evocar a los niños Salvador, Ernesto y Vincent visitando la tumba de los niños Salvador, Ernesto y Vincent.

 

 

 

 

Se canta por las grietas.

 

 

 

 

Ser extranjero es para siempre.

 

 

 

 

Siempre hay una manera más sencilla de decirlo, pero no es sencillo encontrarla.

 

 

 

 

Solo te quedan las ocasiones perdidas.

 

 

 

 

Sorprende que algunos te desdeñen por lo que otros te admiran.

 

 

 

 

Te ha transformado en lo que eres, y ahora no le gusta el resultado.

 

 

 

 

“Tu poesía es breve, pero buena.” ¿Pero?

 

 

 

 

Ya es la hora. Ponte la máscara y sal a escena.

 

 

 

Vitale, Carlos. Duermevela. Barcelona; Ed. Candaya, 2017.

 

DOS POEMAS DE ‘PUERTO DE SOMBRA’ DE JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

 

Ayer noche presentaba José Luis Martínez Valero su último libro, ‘Puerto de sombra’, publicado por la murciana editorial La Fea Burguesía.

 

 

De los poemas que pudimos escuchar me gustaría dejar aquí el doble homenaje particular del poeta aguileño a Edgar Lee Masters.

 

 

HOMENAJE A EDGAR LEE MASTERS 1915-2015

xxxxxI
Jean Louis Maritaine Gilbert

Aseguré ser hijo de un barón francés.
Por la pereza de mis compatriotas,
no indagarían sobre el origen.

Con los ahorros de mi madre compré
una vieja espada, siempre he dicho
que de mi padre la heredé.

Al ser alto, rubio y de ojos azules,
pensarían que decía verdad.

Me adscribí al partido monárquico
y en Basilea grité: ¡Viva el rey!

Mi vida ha sido la de un paria,
me abandonaron mujer e hijos,
Pedro Rodríguez es mi nombre,
soy hijo de padre desconocido,
mi madre lavaba la ropa de otros.

 

 

xxxxxII
Angustias Moreno Ruiz

Hija de Ángel Moreno, el Rojo
y de Paloma Ruiz,
que llegó a esta ciudad
cuando las bombas caían sobre Madrid
y desunieron miles de familias.

Mi padre era hombre de derechos,
mi madre una niña asustada.

Realicé el bachiller en el Saavedra Fajardo,
Instituto Nacional de Enseñanza
Media, femenino, junto a la iglesia del Carmen.

Me licencié en filología románica
fui buena alumna.

Me casé, me divorcié, no tuve hijos,
he sido profesora.

Un día olvidé la llave,
al día siguiente extravié el monedero,
más tarde estuve perdida unas horas
en el pasillo de mi casa.

Ahora por fin sí me he encontrado,
mis huesos reposan bajo esta lápida,
que dicen lleva mi nombre.

 

 

 

Además, quiero dejar constancia pública del detalle que tuvo el autor regalándome un ejemplar del libro, el que utilizó para la lectura (en el que iba la selección de poemas que tenía prevista leer).

 

 

ESTA NOCHE SE PRESENTA ‘PUERTO DE SOMBRA’, DE JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO

 

Esta noche, a las 21:30, se presenta ‘Puerto de sombra’, el nuevo libro de José Luis Martínez Valero (Águilas, 1941).

Este profesor de Lengua y Literatura, con media docena de libros a sus espaldas, además de ciclos de lecturas poéticas llevados a cabo en la ciudad de Murcia durante varios años, guionista de documentales, aguafuertista e ilustrador, presenta este ‘Puerto de sombra’, calificado de metafísico, metapoético y a veces surrealista, porque trata sobre el misterio de la sombra, a menudo más real que el objeto mismo, donde descubrimos aquella caverna, cuyo testimonio son las palabras.

 

Si les apetece, nos vemos en la presentación.

 

KELVER CORDERO

 

xxxxxxxxxxxxixxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxKelver Cordero
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(28 de julio 1981 – 2 de febrero 2005)

Extranjero, detente solo un segundo. En vida no quise ser juzgado por el precario lugar de donde venía. Fue por eso que gané la beca para estudiar leyes en la prestigiosa Universidad Católica. Apenas llegué, unas hermosas compañeras del primer año de Derecho me invitaron a un lujoso club. Recuerdo los salones enchapados en madera caoba y una piscina olímpica con fondo de mosaico azul. Era un azul incandescente, cuyos destellos se confundían con la nerviosa vibración de la superficie acuática. Todos (incluso ellas) traíamos nuestros bañadores debajo de la ropa, así que entre risas sensuales, nos desnudamos a un tiempo. Ellas se demoraron elogiando sus cuerpos, mientras yo caminaba solitario por el borde de la alberca. Nadie se dio cuenta, ni tan siquiera el salvavidas, pero caí sin saber nadar en la parte más honda, y descendí con los brazos abiertos hasta el fondo, donde mis ojos descubrieron una moneda tal vez lanzada para pedir algún deseo. No ofrecí ninguna resistencia. No podía sentir miedo en aquella habitación tibia y luminiscente; vi que ascendían algunas esferas de aire exhaladas por mis pulmones, y escuché las risas de mis amigas ausentes de la tragedia que acontecía. Se me ocurrió entonces que todo era algo «circunstancial». Y regresé al único pensamiento auténtico que en ese momento gobernaba mi alma: mi condición de pobreza.

 

 

 

Barreto, Igor. El muro de Mandelshtam. Madrid; Bartleby editores, 2017.

 

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