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Archive for 30 octubre 2019

LGC1

Hoy dejo aquí algunos poemas que aparecieron en el primer número de la ya extinta revista de poesía La Galla Ciencia.

 

 

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

COMO ASEGURABA KARL KRAUS, PUEDE QUE LA MUJER
SEA UN SATISFACTORIO SUCEDÁNEO DE LA MASTURBACIÓN,
PERO ESO REQUIERE UNA IMAGINACIÓN DESBORDANTE 
Y COMO DICE SAINT-SIMON —AUNQUE CREO QUE ÉL
SE REFIERE A LA DUQUESA DE BERRY—, ERA LA SIRENA
DE LOS POETAS, CON TODOS SUS ENCANTOS Y TODOS
XXXXXXXXXXXxxXXXXXSUS PELIGROS

Devórame, hija de la gran puta.
Mientras me corro sentir tus dientes de odio
y esos ojos obscuros como topacios fríos.
Chúpamela con esos labios
párpados de la Muerte.
Que sea lo último que vea.
Devórame así,
sin quitarte esa falda
viciosa, esa bisutería infernal.

Besar tus ojos, oler tu pelo,
esas axilas donde sombrea un vello mal rasurado,
morder ese vientre omnipotente,
esos muslos ambiciosos.
Así, como estás.
Entrar en tu coño
como debieron adentrarse
en la luz de Asia los caballos de Alejandro.

Y entonces te das cuenta:
No le hablas a nadie. Estás hablando
solo. Ella no te escucha.
No huele, no respira, su carne no se estremece.
Es una fotografía.
El cartel de una película.

Pero hay algo en esa fotografía…
Como una mano de hielo que te estrujara
las tripas.
Una belleza nueva. La Belleza de este
siglo.
Brutal. Pero te excita.
Despreciable. Pero la
deseas.
Y ahí está. Esperándote.
Para que te encanalles en la vulgaridad,
busques a ese que también eres tú
en el sabor de lo sucio, lo turbio, lo bestial.

Diosa de polígono
industrial, ninfa de hamburguesería, sirena
de botellón.
Dido de grandes superficies
y parkings monstruosos.
Tan brutalmente hembra te deseo.
Esa Nada de su mirada es hermosa,
sin futuro ni pasado.
Pero Helena de Troya cuando brillan
sus muslos
en la luz de un water de discoteca,
sobre el capó de un coche bajo la Luna.

Ah la Echegui en esa fotografía.
Su talento de actriz
+ el rugido de su cuerpo
+ mise en scène por Bigas Luna
+ eso que los arrastraba
más allá de ellos mismos; esa fuerza
letal
de la sexualidad nueva, ese insecto atrapado en ámbar.
Ah la Echegui en ese cartel.
Hija del photoshop que para siempre
así la entrega a nuestros sueños más lascivos.
Neón en vena.
Esa Diosa asesina.
Una fotografía ante la que soñar
con placeres feroces.
Y masturbarse, masturbarse, masturbarse.
Oh sagrado sightseeing.

 

 

 

 

ROGER WOLFE

MONÓLOGO DE JOHN DILLINGER,
xxxxxATRACADOR DE BANCOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando salga de aquí voy a ser el hijoputa más malo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque hayáis visto nunca.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJohn Dillinger
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(al ser recluido en la cárcel estatal de Indiana)

Si me jalo un par de cajas de pastillas y la palmo aquí dentro,
¿quién le da agua y comida al chuquel
hasta que llegue alguien y me encuentren tieso?
Ni espicharla me deja el perro.

Casa por la ventana, vaciar cuentas bancarias,
o dar un palo gordo. Alguien me habló de Australia.
Pero no dejan fumar ni en el váter. Y además…
El perro, claro. El perro.

Casa por la ventana, vaciar cuentas bancarias,
tiros en la calle, un camino lleno de polvo.
Me llevo conmigo al perro. Dillinger en Villadiego.
Nos veremos en el infierno.

Me gusta hacerle frente al subidón del miedo.
Trepa por el plexo solar comiéndote por dentro
como un atracón de anfetas. Mil veces mejor que un orgasmo,
¡y mucho más intenso!

Abrazar la locura. Puede pasar cualquier cosa.
Da igual, porque es el fin, es el final del mundo.
Ascuas de ira y mala hostia, mala hostia llevo dentro.
Esto acaba de empezar.

Hacedme más daño. ¡Hacedme mucho más daño!
¡Hacedme mucho más daño! ¡Seguro que podéis!
Para que me jodáis y CREZCA LA ESTATURA DE MI ODIO
la estatura de mi odio.

QUERÉIS hijos de puta. ¡Lo pedís a gritos!
No entendéis otro palique. OS GUSTA el horror.
Siempre que no salpique, no salpique demasiado;
ésa es la jodienda conmigo.

El mundo está lleno de enanos que por su cara bonita
creen tener el dominio de la palabra «no».
Pero eso no dura, no dura toda la vida.
Es un mortífero bumerán.
Os lo voy a meter por el recto y enderezarlo.

 

 

 

 

KATY PARRA

EL ÚLTIMO DISCURSO DE LOS PÁJAROS

Dejarás que se quede sin nombrarla
entre tus soledades y tus libros.

Voy recorriendo calles,
rutas que amortajaron a otros hombres
con el mismo fusil,
contra el triste sudario que heredé
de mi hermano.

Esta ciudad será, posiblemente,
un hermoso lugar para quedarse
a descubrir el mundo,
a explorar su belleza más indómita
bajo la insuficiencia de un paraguas,
sin otra pretensión que resistir
el último discurso de los pájaros.

He llegado hasta aquí para salvarme
—no sé si de morir o seguir vivo—.
La muerte es una amante desquiciada,
adicta a sorprender a su adversario
y sé bien que me aguarda rigurosa
en cada tentación de este otoño afligido,
sobre un papel sin patria.
Ha llegado con tiempo suficiente,
para expoliar la noche con sus ojos
y ser imprescindible,
hermosa, como el beso prometido.
Comienza a ser inútil esta tregua.
Sus buitres, como intrépidos vasallos,
siguen embalsamando la lluvia que no cesa,
la lluvia que envilece a la cigarra
y enciende entre otros muertos la hora de volver.

Voy recorriendo calles, y su sombra
avanza como un hijo bastardo tras de mí,
aullando como un perro.
Me acorrala y después
me deja respirar. Sabe que así
podrá seguir jugando conmigo a la ruleta.

 

 

 

 

CRISTINA MORANO

EL CORTE INGLÉS

xxxxx1

No todo era perfecto, a veces
no sabíamos qué decir,
se nos quedaban cosas colgando entre los ojos
como cuerdas de ropa puesta al sol.
Otras veces comprábamos comida
en El Corte Inglés los fines de semana
y sus radiantes avenidas
parecían medirse en nuestros pasos.

 

 

xxxxx2

Al Corte Inglés yo le he robado
unas gafas de sol color castaño,
libros, una docena de cucharillas.
Todo a las diez de la mañana
cuando los dependientes están de mala hostia,
y aún medio dormidos recorren los pasillos.
Es el mejor momento, más tarde la decencia
o la costumbre del trabajo
convertirán a todos —a ellos y a nosotros—
en perros adiestrados, pero por la mañana,
aún somos, en ayunas,
esas maldescansadas ratas sucias,
libres que todavía saben
descolocar estanterías.

 

 

xxxxx3

Cuando mi esposo y yo, el uno junto al otro,
aunque yo levemente adelantada
pues él entre la gente se aturulla,
vamos a hacer la compra al Corte Inglés,
sin rumbo por las caudalosas
arterias de sus plantas, yo le digo:
El aire está lleno de esperanzas.

 

 

xxxxx4

El Corte Inglés abarca al mundo,
lo dispersa en sí, lo desfigura,
engulle sus contornos
en sus inabarcables sucursales
con el poder astral de sus muestrarios.
Pero yo soy mayor que él,
mi pobreza es mayor que sus ofertas,
y mi soledad seguirá
perforándose a sí misma
en donde brille el légamo
del fondo del pozo de sus beneficios.

 

 

 

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES

NO soy esta que veis palidecer
bajo el fémur tibio del fluorescente.
Tampoco la mujer que oye dar las tres
como el gong del martillo absolutorio
o la bala de un fusil encasquillado.
Ni la que escribe frases sin amor
y firma igual que quien mata una mosca.
Ocupo mi silla antes de que el sol
me bendiga la frente con un beso
y salgo a la calle infiel y huérfana.
Toso el virus de la resignación
cuando el mar es un rumor clandestino
y los lirios burlas del carcelero.
Soy quien sueña llegar a la vejez
para dejarse adoptar por gallinas
y vivir en la luz de las mañanas
que ahora abandono en la casa de empeños.

 

 

 

 

ANTONIO PRAENA

COMEBOLSAS

Tampoco en estas cosas es lo mismo:
los ricos, sola y buena;
los pobres, con alcohol y muy mezclada.
Las comebolsas lo saben:
te miran el reloj y los zapatos
y, si encima conduces un buen coche,
se te pegan al cuerpo y no te dejan
hasta que las invitas a unas rayas.
De pasta andan muy cortas,
por eso dejan a los tíos
más chulos en la pista
y se vienen contigo.

Las he visto muy jóvenes
montarse con un viejo en un Mercedes
camino de una noche más oscura.
A mí, concretamente,
las que visten peor me ponen mucho.
Un hotel de extrarradio les parece gran cosa.
Jamás se han visto en otra y es la tuya;
medio gramo y ya vuelan
dos gramos y te dejan medio muerto.
Las puedes encontrar siempre los viernes.
El sábado en la noche y el domingo
lo pasan en el barrio, con su novio,
curándose la culpa y la tristeza.

 

 

 

 

ANTONIO LUCAS

FUERA DE SITIO

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.
Imagina la vida como no es ahora,
no quiero decir como algo perfecto,
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro.
Y después cualquier cosa.

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.
Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.

 

 

 

 

ALBERTO CHESSA

TRAS EL ESCAPARATE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carlos Martín

El maniquí leía Fuga de la muerte tras el escaparate.
Aunque me reconcomen los escaparates, me paré.
Lo observé. Era alto y rubio, atlético. Vestido
A la moda primaveral. Elegante a la fuerza.
De pronto, dejó de leer y me miró él a mí.
Primero despertó mi compasión, aunque tan frágil
Que al instante sentía más bien un cierto terror libidinoso.
Me encontraba a la vez seducido y cautivo.
Con el valor que no tenía, me giré, le di la espalda.
Iba ya a reanudar mi camino cuando un ruido me detuvo.
El ruido propio de los pelotones de fusilamiento.
No quise darme otra vez la vuelta.
No quise mirar de frente.
Tan sólo recordé que era invierno y que el maniquí
(Qué cosas) es probable que tuviera frío.

 

 

 

 

JOSÉ ALCARAZ

LAS MÁSCARAS DEL VIAJERO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Alejandro Hermosilla

Sólo quien se desnuda está viajando,
quien arroja sus máscaras al suelo
y, al contrario, parece llevar más,
porque al final de sí descubre a todos
y de todos arrastra las facciones,
de todos, desvestido ya, los pliegues.
Son las máscaras las que se refugian
tras él, ojos ajenos los que cubren,
nublados, su semblante, mientras mira
cómo el viento lo empuja, de qué forma
levanta polvaredas, escondiéndolo
del resto, despejando los caminos.

 

 

 

 

ELENA MEDEL

UN CUERVO EN LA VENTANA DE RAYMOND CARVER

Nadie se posa en el alféizar —son veintiocho años
de espacio adolescente—,
pero qué ocurriría si el pájaro sobre el que he leído
en todos los poemas
se colara por el patio de luces y asomara
por el alféizar de mis veintiocho años,

un pájaro,
mi habitación adolescente.

Y qué ocurriría si yo escribiese aún
—si me preguntan, respondo que ya no—
y un pájaro cualquiera, ninguno de los pájaros sobre
los que haya leído en todos los poemas,
un cuervo o una de las palomas negras que asoman en la
oficina,
interrumpiese en la escritura
como el que se posó en la ventana de Carver.

¿Ganaría su lugar en el poema?
¿Dejaría de ser pájaro?

Alza el vuelo. Ya no hay
habitación en el alféizar.

 

 

 

 

BEATRIZ MIRALLES

EN ESTE POEMA mi cuerpo será la orilla
de tu cuerpo. La desnudez sobre mi piel
cubrirá tu piel, el tacto y la memoria.
Así ocurrirás dentro de mis manos,
lo anoto,
como si al fin pudieras sucederme.

 

 

 

 

TINO MOLINA

PUZLE INACABADO

Aquel torrente
cesó con tan inocente arma.
Como niños, en el suelo buscábamos
el color acertado, la misma curva
en cada pieza. Nada más había.

Tú lo compraste
esa misma mañana en la que el tedio
nos vino a visitar
y, ya cumplida su función,
no volvimos a distraernos
con su inocente juego.

Quedó tendido sobre el tapiz verde.
Con las piezas extendidas, ahí sigue,
todavía, esperando
las manos que atrapen su contorno.

Extraño dios de la tristeza,
a veces no lo vemos,
pero qué ligero es tu afán
entre los hombres,
qué vanos son tus negocios
si con un puzle nos basta
para firmar el armisticio.

 

 

 

 

GÜNTER EICH (Traducido por Jorge de Arco)

PRUDENCIA

Los castaños ya florecen.
Lo tengo en cuenta,
pero me abstengo de opinar.

 

 

 

 

C. K. WILIAMS (Traducido por Miguel Merino)

OLMOS

Llevan los tres hombres la mañana entera derribando los olmos
xxxxxenfermos que bordean las amplias aceras.

Las despiadadas sierras mecánicas plañen tenazmente variaciones de
xxxxxsus lacerantes escalas operísticas

y en la calle las cuchillas a gasoil despedazan los desbrozos
xxxxxresoplando febrilmente y sin cesar.

Uno tras otro cargan los camiones con los someros despojos,
xxxxxuniformados e inertes, de duramen,

de pequeñas ramas y hojarasca, y pronto queda el tronco desbrozado.
xxxxxEs como si hubieran cercenado el espejismo de la realidad.

Las filas de desnudos edificios de enfrente lo observan pensativos, sus
xxxxxdivagaciones más acuciantes de lo habitual:

«La espiral del tiempo», piensan, cargado el misterio de una tímida
xxxxxclaridad. «Es la espiral del tiempo…»

Toda la tarde, hasta entrada la desolada noche, las agitadas mentes
xxxxxrumian: «Es la insolente y desmesurada  espiral del tiempo…»

 

 

 

 

PAULO LEMINSKI (Traducido por Aníbal Cristobo)

NADA tan común
que no pueda llamarle
mío

nada tan mío
que no pueda decirle
nuestro

nada tan blando
que no pueda decirle
hueso

nada tan duro
que no pueda decir
puedo

 

LAS CÉLEBRES ÓRDENES DE LA NOCHE

Dejo hoy aquí algunos poemas de la primera y de la tercera sección (dividida ésta en cinco partes más un epílogo) del último libro de poemas que publicó Diego Sánchez Aguilar, ‘Las célebres órdenes de la noche’. Un libro que tiene más de épica que de lírica; según Javier Moreno, de una épica del vacío.

 

 

(De ‘CANTAR DEL DESTIERRO’)

 

PREOPERATORIO

El cielo está abierto en mil grietas
sobre el que yace y espera.
Todos los ejércitos (jinetes,
el viento como acero entre sus dedos)
están preparados para el asalto.

Pero
¿Para qué este silencio?
¿Para qué este calor que quema las piernas?
Como si nadie mirara
como si el cielo fuera otra tierra ajena,
inhóspita.

 

 

 

 

POSTOPERATORIO

Entonces habrá que vivir aquí.
Y así.
Absolutamente desposeído,
despojado y sin saber qué es eso:
lo que ha sido robado,
lo que sin embargo me rodea
cuatro veces
(o una sola vez,
tendida como el rocío sin significado
posándose sobre el desierto).

Miro el animal que ovillado en el rincón
aún espera que amanezca,
respirando,
oyéndose respirar y sabiendo que ese es el canto del mundo,
su viejo aliento
que sigue cobijando la pregunta.

 

 

 

 

AMANECER

En unas horas amanecerá sin sentido.
Con dedos bruscos e indiferentes de cirujano,
la luz sacará, sin asco ni compasión,
lo que mis entrañas escondían
esperando que creciera como un nombre.

 

 

 

 

(De ‘EVANGELIO DEL DOCTOR FRANKENSTEIN’)

[SEGUNDA PARTE: CUMPLIMIENTO DE LAS SEÑALES]

 

xxxxx3

Mira, Fritz, toca esta carne.
Mira esta sangre oscura,
estas grietas de donde nace el silencio:
esto eres tú,
esta mesa es un espejo.
El asco que sientes es el asco de ser tú,
el asco infinito de estar muriendo.
Fritz, sí, estamos muriendo.
Escucha el silencio:
mira cómo se hace carne.

 

 

 

[TERCERA PARTE: INFANCIA Y VIDA OCULTA]

 

xxxxx3

Gemir, mugir hacia el fondo del bosque.
Avanzar palpando la noche, sus cristales fríos.
Desmentir a manotazos el engaño de lo visible.
No hay imagen, no hay palabra, no hay camino.
No hay más senda que el latido.
No hay más reino que el bosque, que el desierto.
La lluvia está cayendo sobre el barro,
y sobre el dorso de las manos.

 

 

 

 

xxxxx5

Los cadáveres no tienen nombre.
Padres e hijos graban letras sobre piedras.
Las llaman lápidas:
es el cartón piedra de la memoria.
Debajo del nombre y de la piedra,
se extiende el hueco.
Si te pones una lápida junto al oído,
puedes escuchar el viento de la tierra:
está dentro y está fuera;
igual que fluye el tiempo
entrando y saliendo de las letras de tu nombre.

 

 

 

[QUINTA PARTE: PASIÓN Y MUERTE]

 

xxxxx11

Mira, Fritz, todo ha sucedido dentro del silencio.
No ha habido Padre, por qué me has abandonado.
Y no ha habido Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
No hay Padres en la muerte.
Solo mugidos,
gargantas atragantadas de tierra.

 

 

 

Sánchez Aguilar, Diego. Las célebres órdenes de la noche. Madrid; Ediciones La Palma, 2017.

 

EL VIOLÍN MOJADO

Se lee en el prólogo de este libro, prólogo escrito por Rocío Fernández Berrocal, que ‘El violín mojado’ es una aventura de amor que aparece en la obra como un abismo, un designio y un destello, y que a partir de esta historia de amor encontramos una intensa reflexión sobre la existencia en una poesía cercana y directa de razón y emoción que bebe del recuerdo y la meditación para situar su presente.

 

 

Y aquí dejo una muestra de los poemas de este libro que fue concebido como una unidad.

 

 

Ocurre a veces que al llegar a tu casa
siento algo interior que me remueve,
que se consume e ilumina con la muerte,
como el cuerpo y su forma desdibujada,
como lo infinito que va dentro de mí
pero que fuera es limitado,
pues todo es apariencia.
No te engañes con llantos absurdos,
con voluntades divididas y huellas,
porque vivir es temblar al sentir
que voy llegando a tu casa,
que me esperas asomada al balcón
reflejando el cabello con la primera luz,
con el primer acierto,
con el primer suspiro,
con el primer cansancio
por estas infinitas escaleras
que me acercan a casa.
Y siempre es igual,
no ocurre a veces, pero llego a tu casa.

 

 

 

 

Y aquí ya es otra cosa,
de tanto recordarte he olvidado la esencia,
el pináculo azul
que tienes en tu cuarto
y al que miras constante para fijar el rostro,
para enfrentarte solo a la palabra azul.
Y siempre que lo observo
tan detenidamente como te observo a ti,
ocurre que la imaginación vaga elevada
con una risa loca que sale de tus labios.
Y he dicho ya que aquí me encuentro solo,
condenado a sentir la poca gente,
aunque te tenga a ti,
condenado a ser espacio y tiempo
en una misma causa;
y también duele
tener que olvidarte de tanto pensar
que miras la palabra azul.

 

 

 

 

EL PAÍS

Al tomar El País entre las manos
he leído que el sol acariciará esta tarde
la vertiente oeste de tu casa,
la zona cercana a la azotea,
el balcón irlandés al que te asomas.
Y es cierto, tan sólo leo el diario
para buscar el sol,
para saber si hoy vendrá el otoño
por tus largos pasillos.
No me importan los censos, las estadísticas,
las batallas sangrientas en el Oriente Medio,
los satélites rusos, las visitas reales,
no me importa el pasado
porque en el ayer ya estamos,
cuando miro hacia el sol y compruebo
que dirige su marcha a la vertiente oeste
de tu casa.

 

 

 

 

Este fin de semana he estado en Ayamonte,
he oído voces que embadurnaron el cansancio,
he visto ponerse el sol en la playa,
he llenado de amor mi solitaria vida
y me he reído un poco de mí mismo.
Allá ibas tú, descolorida, frágil,
distante y feliz,
como una desgracia en su inmortalidad,
como más que una ráfaga de oxígeno
que alimentara a cuantos en ti quieren ver
ruinas, pasados, vacíos.
Allá ibas tú, escuchando mis labios,
reclinando la noche en tu cabeza
y cerrando los ojos a las horas.
Ahora, mientras me torturo sin quejarme,
quiero volver a pisar los lugares que amé contigo,
las traiciones perdidas que socorrí contigo,
el fervor y la honra que celebro
cada vez que vuelvo a Ayamonte
en un fin de semana como el tuyo.

 

 

 

 

Si el día de ayer pudiera repetirlo
tan amargamente como lo viví ayer,
entre antiguas casas blancas decoradas de limpio,
donde olías a lenguaje,
y tú respiración se iba cerrando
como se cierra el origen del mundo,
como se cierra la ventana para evitar venganzas,
llantos de amor espantosos,
hermosuras y vejeces.
Tus huellas en la playa se han desdibujado,
tu sombra ya no vaga por las calles,
tus manos ya no consienten que las toque,
y tú, ayer, aspirabas a limpio
al pasar por las puertas.
El día de ayer quedó como una mancha,
y hoy me dices que la historia es falsa,
que todo es mentira y es febril.
El día de ayer ha sido irreparable,
amargo.

 

 

 

 

Y ahora, que han pasado los años,
aquella sinfonía no es más que una mañana,
de abril o de septiembre, no importa,
pues lo que recuerdo es la mañana.
Y no recuerdo más,
porque el recuerdo duele,
y he aprendido a jugar con el recuerdo
como también he aprendido a querer en silencio,
a cantar al silencio,
a gastar los meses.
Contigo no importa que nos falten los días,
porque siempre he buscado lo imposible,
el misterio, lo más hondo del corazón del hombre.
Contigo no es necesario que hablemos de nosotros,
ni que nos pongan un preludio de luna,
ni siquiera merecemos un poco de cariño.

Quedará en el pecho grabado como a malva
aquella sinfonía de castillos calientes,
y así, junto a los meses,
permanece tu olor que baja de las crestas.

 

 

 

 

GERUNDIOS

Los veranos solía encerrarme siempre
desnudamente, esperando que algún rayo,
inoportuno, claro está,
abriera el sol, el día, tu cuerpo;
y así poder sudar mirando el fondo,
corriendo en los naranjos
o golpeando los olivos
para dejar caer sus frutos en el suelo.
¡Qué tranquila era la vida entonces!
Fuiste una tarde a verme
y te sorprendí mirando el paisaje:
los encinares, las floridas historias
de haber vivido a fuerza de segundos,
seguro que soñando con una tierra pura,
mucho mejor que ésta que pisamos.
Recuerdo tantas cosas de aquellos días,
era verano,
yo era desnudamente.

 

 

 

 

AYÚDAME A MORIR UN POCO SOLAMENTE

Y ahora,
que he perdido a dios
y a la mujer que más quiero,
y he arrojado mis huesos ante la vía de un tren
equivocado,
y he bebido mis noches en la acera,
y los días, mis días
han secado los llantos de las palomas hembras;
ahora,
…qué me decís del hombre
sino el pulso vital de su cansancio,
sin otra cosa que imaginar y recordar,
…qué me decís del hombre…

 

 

 

 

Te enseñé pocas cosas,
todo en mí es tan leve
que imagino el recuerdo
y lo acaricio.
Te enseñé que la vida
ha sido incompatible,
que los árboles tienen su llamada
como la tiene el sol
cuando descubre sus pasiones;
te enseñé a ser grande
y a merecer los seres de tu talla
que uno imagina, sueña,
recuerda respetando la luz,
la voluntad de los contrarios
que se hacen esclavos.

Te enseñé y lo recuerdo,
pero nunca entendiste por qué viví,
por qué a aquello que era tierra
o aire lo llamaba amor.

Te enseñé y esperé,
tenías un vestido nuevo,
de hilo,
que nunca pude ver
alguna tarde a solas;
tenías brazos morenos
y senos silenciosos,
y una voz de cansancio…

Pero mejor es no pensar,
mejor es no pensar,
imaginar y recordar
se superponen y confunden.

 

 

 

 

Y si después de todas las palabras os dijera
que la sigo queriendo,
me diríais que no es cuerdo
que un político persista con la nada,
porque los clásicos son políticos
y la política siempre es honesta
mientras la historia camina con paso tranquilo,
y no existen las críticas,
libre de la tormenta.

Querer o no querer, es el silencio,
imaginar y recordar
los días breves y gozosos.

Ahora ha pasado el tiempo
y los ancianos me dicen
que tengo toda la vida por delante,
a mí me gustaría
tener la vida alrededor.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. El violín mojado. Madrid; Ed. Libros del aire, 2013.

 

EL NADADOR

 

EL NADADOR

Se acerca un árabe negro en mitad de una terraza frente al mar.
Aún tiene la piel mojada, viene de bañarse y se sienta a mi lado
y me dice en un español envidiable, y en un tono secreto y sonoro:
sabes, no tengo nada, no poseo nada, y podría haberlo tenido todo,
los hombres se distinguen por lo que ambicionan: unos quieren
dinero y poder, otros renombre y méritos, triunfar, el éxito,
otros hombres buscan placeres, otros un trabajo honesto y fundar una familia,
otros ahorrar para cambiarse de coche, otros quieren divorciarse y casarse
con alguna más joven, pero yo, créeme, sólo quiero hablarte a ti,
que tú sepas por mi boca que todo es mentira, que hasta el arte
y la música son mentira, que hasta el aire que respiras es una mentira,
y de eso me he dado cuenta ahora, cuando salía del agua;
he estado toda la mañana en el mar, fíjate cómo tengo las manos
de arrugadas, he nadado hasta muy lejos, y luego he vuelto, me podría
haber quedado allí, pero he vuelto y al salir del mar, cansado,
triste, te he visto en esta terraza y he mirado tus ojos
y me has dado pena porque sé que estás completamente solo,
que duermes solo, comes solo, bebes solo.

¿Qué más viste allá, cuando estabas en mitad del mar, después de haber
nadado toda la mañana?, le pregunto. Y me contesta:
ya te he dicho que podría haberme quedado allí, muerto o vivo,
ahogado o convertido en una ola de sangre, vi que muerto
importo lo mismo que vivo, y vivo lo que muerto,
y en ese instante, me vinieron a los ojos los ojos de mis padres
el día en que nací, y me sentí muy libre, demasiado libre.
Pero si quieres saber lo que me dijo el mar, bien, esto es lo que me dijo:
“Ninguno de entre vosotros fue mejor que otro y todos moriréis.
Todos carecisteis de la mínima grandeza, ni uno sólo
de entre los vuestros fue excepcional, todos valéis lo mismo”.

El árabe negro se levanta de la silla y se marcha. Yo pido una ginebra
con hielo y limón y bebo hasta que llega la noche, casi en ayunas.
Borracho, terriblemente borracho pido la llave de mi habitación
en la recepción de mi hotel, estoy muy mareado, salgo a la terraza
de mi habitación frente al mar —me costaron tarifa doble las vistas al mar—,
y me entran unas dolorosas ganas de joder con tres mujeres juntas:
será que me estoy muriendo en medio del mar, pero, en efecto,
todas las instituciones de la tierra son una enervante mentira,
como el moro negro me dijo, aunque no me revelase lo peor.
Lo peor, sin duda, es que da igual, porque todo el mundo cree
firmemente en la mentira. Puede que los únicos que no creamos
en ella seamos él y yo, él en el agua, seis horas nadando,
como en la película aquella El nadador, de piscina en piscina,
de playa en playa, yo, bebiendo, de hotel en hotel, ginebra tras ginebra,
los dos completamente solos, ¿quién nos iba a querer,
si no creemos en nada, si estamos obsesionados con lo que fuimos,
pensando que en lo que fuimos se esconde la razón de esta falta de fe?
Ojalá no nos quiera nadie, y podamos seguir nadando, porque nadar
es bueno, porque nadar en el mar, en el mes de julio, es muy hermoso.

 

 

 

 

MALLORCA

Yo también estuve en Mallorca y compré la entrada de la Cartuja
de Valldemosa y me fui —gratis— a la tumba de Robert Graves,
que eligió España como quien elige una cubertería para la boda
de unos parientes lejanos.

Chopin y la viciosa de su novia anduvieron por aquí con pijama
de invierno, no se tocaron un pelo, ni soñaron los millones
de turistas que a Mallorca vendrían cien años después.
De haberlo sabido hubieran comprado media isla.

El mar confunde al atardecer, pues me devuelve héroes de la antigüedad,
de mi pasado, y me veo con barbero en un recreo de los Padres Escolapios,
me veo haciéndole el amor a una china, que me pagó un camarada del ayer.
Me veo trabajando de albañil para pagarme los estudios
que, claro está, no me sacaron de pobre.
Me veo con los ojos llorosos cuando supe que Anabel, mi novia
de los quince años, murió en la carretera, estampada contra un camión,
y toda la clase asistió al entierro y ella quedó allí, en su penumbra,
en su mala suerte, en el robo o rapto de su vida. Ya no gozaría
de lo que yo iba a gozar, y el mar de la existencia nos separó para siempre.
Ella quedó muerta, y yo vivo, ella paralizada, yo creciendo como un árbol.
Sus ojos eran como lilas, ella se fue al gran reino de la nieve
enterrada en la tierra, nieve dentro de una tumba que no se deshiela,
y yo me quedé por aquí, por las calles, por las tiendas y los bares.

Alquilé un Ford K con aire acondicionado y me fui a Porto Cristo.
Estuve toda la tarde en el agua, y me hervía la piel, y no podía
calmar ese calor, y salí del agua y bebí ginebra con hielo
y pagué una cuenta de ochenta mil pesetas, estuve bebiendo y comiendo
mejillones de roca y doradas y almejas y langosta,
hasta que se hizo de día, y luego, con arena en los ojos y en los labios,
nadé hasta el horizonte y vi mi piel arder y era el mes de julio,
eterna nube de verano, cómo me gusta que vayas sin bragas,
que te sientes en la mesa del hotel, morena y dichosa, medio desnuda
de cintura para abajo, que comas la ensalada ilustrada
sabiendo que debajo del vestido está lo que a Pedro Salinas tanto entusiasmara
y no supo muy bien cómo llamar sino usando lo de siempre: las metáforas.

Y mañana te vas a Nueva York y me dices que no me olvidarás nunca
y las dos cosas son ciertas, y para eso sirven desde siempre las playas de España.
Vuelves a tu trabajo de azafata en las tiendas de Carolina Herrera de Manhattan.
Nueva York es un sitio con quince millones de rostros, perderás el bronceado,
colgarás el póster de las Cuevas del Drac y esconderás la fotografía
que me hiciste en mitad de la arena, cuando dijiste que la tenía
como el Faro de Alejandría. Yo no tengo dinero para ir a Nueva York,
lo gasté todo en una semana en Mallorca, yo soy un señor de la península,
yo sólo tengo lo justo para mandarte esta postal del cielo, como dijo otro poeta.
Y tú, como todas las Navidades y en señal de memoria,
desde América me mandas un lote completo
(gel, colonia, after shave) de Carolina Herrera for men.
Y no sabes lo bien que me viene y lo mucho que me dura.

 

 

 

 

EL BOSQUE DE LAS HAYAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Valle del Aspe, agosto del 98)

Dios dio a la clase media el buen tiempo y el verano
para que gozasen del baño, del agua y de la luz,
como esperanza y anuncio de un futuro inigualable,
superior al esplendor y el gobierno de los tiranos.
La vida y España siempre estuvieron llenas de tiranos.

Así llegaban los obreros y los empleados a la orilla del mar,
del río o del lago, con sombrillas y hamacas baratas,
con la comida hecha en casa, con la bebida en la nevera
portátil, con las sandalias nuevas, con las flores del gorro
de agua, con el periódico, el cigarro, y el bigote sobre el labio.

No quiero seguir escribiendo poesía. No creo en ella.
Es una dedicación de cobardes, de legisladores menesterosos.
La poesía dejó de servir a la vida para servir a la historia
de la poesía, una vieja tentación de los hombres,
un ridículo aburrimiento, un vaso vacío en la medianoche.
Me paso la vida comprando navajas.

Me miro en el espejo del hotel Bernadette,
voy vestido de blanco, con corbata de seda,
como un comulgante, con el rosario y la cruz
en las manos, telúrico, claro, exaltado y ni siquiera
son las once de la mañana y ya he bebido
con indebida abundancia, mano fastuosa en la botella.

Me miro en el espejo sucio del hotel Sahara Inn,
en Marraquech, la moqueta roja del suelo es casi sangre,
las toallas no quitan el sudor de los cuerpos,
y el agua quema y está contaminada.

El bosque de las hayas está ofendido y me acuerdo del pasado.
En el bosque de las hayas busco frambuesas y arándanos.
Quisiera estar aquí, sobre la tierra, como están las hayas,
los robles, los serbales y los abetos blancos.
Los árboles son como los muertos.

Mi pasado es un río, un molino, una navaja, una caña de pescar.

 

 

 

Vilas, Manuel. El cielo. Barcelona; DVD ediciones, 2000.

 

ZONA DE SOMBRA

 

Guardo frío en los cajones.

 

 

 

 

FACEBOOK

Ciega en mi importancia
paso las horas agarrada a la persiana
miro el patio/ sin nadies
las casas de enfrente
la luz de las ventanas
la sombra en los postigos
Tras los visillos
ellos también me observan en silencio
ciegos en su importancia

 

 

 

 

LAS VERSIONES DE EVA

1
Acercar la boca
a la piel de esta estancia

 

2
tratar de succionar el veneno

 

3
regresar reptando
al manzano del olvido

 

 

 

 

DESHABITACIONES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLlega el tiempo cabrón de las mudanzas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLuis Melgarejo

De quién qué cosa:
los libros las fotos los calcetines
las manos
De quién es cada objeto tuyo y mío
Cómo repartir sin destrozar
la manta de ir al campo por ejemplo
si no es deshaciendo punto a punto
la urdimbre que tejieron las agujas
del reloj y enterrar por los cajones
la madeja temblorosa
xxxxxxxxxencontrarla tal vez
quién sabe en cuántos años
xxxxxxxxxtomarla con nostalgia
xxxxxxxxxacercarla a la cara
xxxxxxxxxolerla y al fin
xxxxxxxxxregalársela al gato

 

 

 

 

CARNE DE ESPEJO

1.

Así ien iel ialma icomo iel ialma: imi icuerpo, sombra a es-
cala del espejo de dentro. Aquí, la angustia y su garganta;
aquí, las costillas y el desaire; aquí la pierna inquieta; aquí
el coño o el mar, el omoplato iy ila ipaciencia, el pecho y la
grieta de luz, la tos o el prodigio. Y aquí la ceja y, cerca, la
trampa. iBajo iel idesconsuelo icuajo sal para las lágrimas,
por ila icolumna ivertebral itrepa iuna imadre, ien el fémur
trabaja el ifrío. La ihumedad iy iel ipliegue, ila irodilla iy iel
nublo, los años de la piel. No te miento. Soy lo que ves,
hoy
una herida,
herida solo, herida de nadie, herida y ya está.

2.

He intentado arreglar esto: ir a la peluquería, icomer a su
hora, hacerme un torniquete, olvidarme a plazos.

Y no.

Síntoma de mí, tiembla la materia que me forja.

3.

Pero esta fiebre riega las calles, mueve las hojas, deja limpio
el sol. Mi grito ensancha el pulmón de la esteticista, que esta
tarde colará un suspiro ientre la lima y la órbita del anular. El
vómito ihará iarder ilos iojos de los coladeros y reventará los
paisajes que cuelgan en los museos. El idolor ipuede iarrasar
ciudades.

No xduele xesta xenfermedad xde illeno isino iel iremedio ide
huecos.

Por eso. Por eso estos huesos, la calle en ascuas, el estómago
vacío. Ya no [me] incubo.

Alma, iespejo iy imundo. iMundo, iespejo iy icuerpo. xCuerpo,
espejo y alma.

Sanaremos.

 

 

 

Camacho, Carmen. Campo de fuerza. Salamanca; Editorial Delirio, 2012.

 

GASOLINA

 

EL PUMA DEL ZOO DE CHAPULTEPEC

Largo liso lento raudo suave gato,
¿qué partitura, qué coreografía interpretaste
xxxcuando hicieron descender el último telón?
¿Es posible que el peso de tu gracia
xxxquede aquí abandonada, en este escenario de tres metros por tres?
¿Te concederán quizás unas segunda oportunidad
para correr danzando por las sierras?
Qué triste se te ve; mirándote me acuerdo
xxxde Ulaniva,
xxxencerrada en un minúsculo cuarto de alquiler
xxxen Nueva York, en la calle 17 Este,
xxxen el sector portorriqueño.

 

 

 

 

VEINTICINCO AÑOS TENGO

Con este amor y esta locura
por Shelley Chatterton Rimbaud
y la cháchara ansiosa de mi juventud
lo exclamo abriéndome de oreja a oreja:
¡ODIO A ESOS POETAS VIEJOS!
Especialmente a los que se retractan
y consultan a otros de los suyos,
mascullando en baja voz sus años juveniles
mientras dicen: yo lo hacía eso entonces;
xxxxxxixxxxxxxxpero era entonces, eso;
xxxxxxixxxxxxxxera entonces.
Yo a esos viejos los aquietaría
diciéndoles que soy su amigo
y que lo que ellos fueron una vez
pueden volver a serlo sirviéndose de mí.
Luego, por la noche, aprovechando
la confiada hospitalidad de sus hogares,
arrancaría sus lenguas llenas de perdones
y les arrebataría todos sus poemas.

 

 

 

 

TRES

xxxxx1

El cantor callejero ha enfermado
y se acurruca en el portal, con el corazón en la mano.

Una tonada menos entre el bullicio de la noche.

 

 

xxxxx2

Al otro lado de la cerca
entierra sus tijeras el anciano jardinero.
Un muchacho nuevo
se ocupa de podar el seto.

 

 

xxxxx3

La muerte es humana; y por eso mismo llora
y se mete en el cine todo el día
cuando un niño fallece.

 

 

 

 

HOLA

Es desastroso ser un ciervo herido.
Yo de todos los heridos soy el que peor está,
y los lobos merodean;
y además tengo mis fallos.
¡Mi carne cuelga del Anzuelo Inevitable!
Muchas cosas vi de niño que no quería ser.
¿Soy ahora esa persona que no quería ser?
¿Ese hombre que habla solo?
¿Del que se ríen todos los vecinos?
¿Soy yo el que en los museos
duerme tirado en las escalinatas?
¿Llevo la ropa de un hombre fracasado?
¿Soy acaso el loco?
En la triunfante serenata de las cosas,
¿soy yo el pasaje tantas veces suprimido?

 

 

 

 

HOMBRE NEOYORQUINO

Ha venido a Cambridge
y está parado ante mi puerta.
Es un hombre neoyorquino;
tiene ojos grandes de neón,
y por el suelo vierte jazz
con la mirada.
Pero ¿está realmente ahí?
Podría ser la radio,
o un organillero
que estuviera alucinando.

O yo mismo,
parado ante mi propia puerta
envuelto en jazz
y tan asustado que no llamo.

 

 

 

 

ESTO ES AMÉRICA

Esto es América y me lo estoy pasando en grande

con cantidad de música y de locos

xxxxxxxcon bocas que no saben cantar

y esa mujer a la que amo

xxxxxxxy todas las demás a las que no, y me lo hago

con toda hembra de diez hasta cincuenta

xxxxxxx—las de cincuenta son lo más

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsto es América y no veas si no queda

xxxxxxxpara divertirse

xxxxxxxy lunáticos en cantidad

Muchos no cantan un carajo

y otros muchos sí

xxxxxxx—pero a quién le importa eso

xxxxxxxxxxxxxxMe importa a mí

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn California le vertí al oído el canto

de mi occidental cultura a un mejicano agonizante

xxxxxxxque no me oía

y se murió mirándome y en la cara una sonrisa

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEl hijoputa tenía tres dientes de oro

xxxxxxxtreinta gramos de maría

xxxxxxxel bolsillo lleno de peyote

xxxxxxxy una cría de catorce por mujer

 

 

 

 

EL NAUFRAGIO DEL NORDLING

Una noche cincuenta hombres se alejaron nadando de Dios

y se ahogaron.

Por la mañana Dios, abandonado,

metió en el mar el dedo,

sacó cincuenta almas,

y señaló a la eternidad.

 

 

 

 

HOMBRE SENTADO JUNTO A MI VENTANA

El tiempo posado en la invernal quietud de unos jardines

nada significa cuando caes en la cuenta

de que ves pasar las estaciones solo;

de que estás viendo tu dedo trazar tus pensamientos

en la superficie de una piedra.

 

 

 

 

UN VIEJO DIJO QUE VIO UNA VEZ A EMILY DICKINSON

Un rostro desgraciado —tensa cara blanca y opulenta,

como la de una hermosa dama muerta— se volvió hacia mí.

Con largas manos se aferraba el cuello,

y su sedosa cabellera negra

pendía como murciélagos dormidos.

Pero no era a mí a quien miraba.

.
Cuando me alejé la vi, mirando aún al mismo sitio…;

pero allí no había nada.

Nada, quiero decir, que pudiera ver yo.

 

 

 

 

LA FUGITIVA

Desde que se fugó de casa

alguien muy raro la persigue;

ha sido su constante paranoia.

Como un insecto, se aplasta contra el suelo.

Y la sigue a todas partes, vaya adonde vaya.

.
A sus espaldas, a lo lejos,

la voz de su madre, que no deja de llamarla:

pero no se puede dar la vuelta.

 

 

 

Corso, Gregory. Gasolina (Trad. Roger Wolfe). Barcelona; Ed. Huacanamo, 2010.

 

CLIMA MEDITERRÁNEO

 

LA FAMILIA DE JUAN CARLOS I

Una familia más.

Mejor un fondo blanco.
Ningún fondo mejor
para este trance hipnótico
de ver lo que no existe.

Di patata. Di Luis. Mira qué pintas.
Somos tan naturales que da miedo.
Se congeló la imagen, se nos heló
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxla risa
tras la resaca del 92.

Juntos la tradición y el porvenir,
naturaleza muerta y cuadro de costumbres.

La eterna controversia
entre el tiempo real y el relativo.

Antonio López mira, corrige, se retrasa.
Lo apremian con los plazos. A veces está a punto
de abdicar.

Que los juzgue la historia.

 

 

 

 

DON QUIJOTE 2.0

EL MAL DE QUIJANO

Un país de barberos.

Patria de mil exilios,
tierra para el destierro,
imperio donde nunca
llega a ponerse el sol que más calienta.

Un lugar que ha sembrado
molinillos de viento en los parques eólicos
y que ha vendido el suelo, la sed y la cordura
por la primera línea de un discurso
con vistas al vacío:
de la meseta al cielo,
del golpe de batán a la industria textil,
del vino peleón al red, red wine,
de Clavileño a Iberia.

En la quema de libros
salvaremos la Biblia y la Constitución.
Una plegaria, un voto:
dos formas de sufragio universal.

Pero a ti nada de esto te interesa,
superhéroe e hidalgo,
hijo de Cide Hamete,
ciudadano del mundo.

Yo también
sé quién soy.

 

 

LA RAZÓN DE CERVANTES

El sueño de una vida.

Puesto el pie en el estribo,
fantaseando aún con las segundas partes.

La gracia que no quiso darle el cielo.

Fuese, y no hubo nada.
Un hueso en un osario.

A otro perro con esa letanía.

 

 

 

 

TAUROMAQUIAS

EL RAPTO DE EUROPA: UNA ELEGÍA

Trashumantes, flemáticas, oscuras,
todas las vacas del Mediterráneo
reclaman su linaje.
Las vacas presocráticas
nunca pacen dos veces junto al mismo
arroyo cristalino de rumorosas aguas.
Y las vacas platónicas
son la sombra de vacas,
reflejos pixelados del mundo de las formas.
Y qué decir de las aristotélicas,
rumiando su tragedia sobre la hierba gris.

Llegaron luego
vacas racionalistas y vacas empiristas
y vacas apolíneas
y vacas dionisiacas
a las que no rozaron el epíteto homérico
ni los rosados dedos de la aurora.

Incendiaron los pastos.
Rescataron a Europa.

Incierto porvenir de vacas flacas.

 

 

 

 

CONTRA LO SUBLIME
(Variación sobre un tema de Kay Ryan)

No me dicen gran cosa
los valles, los glaciares,
ciertas formas abruptas,
todas las superficies escarpadas.

No me seduce el vértigo.
No me tienta el abismo.
No me fío de nada que no pueda medir.

Más que miedo, respeto.

Pido una proporción hospitalaria.
Busco la magnitud de lo habitable.

 

 

 

 

PINTURA RUPESTRE

Y entonces se trataba de pintar el bisonte
para cazar bisontes.

En eso se parece a la pornografía:
que nazca de la imagen la pura realidad.

Pero el gesto moderno consiste en preferir
la Capilla Sixtina al santuario rupestre.

¿Qué dice de nosotros
un muro de grafitis
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxpaleolíticos?

No hay mancha que no salga con lejía

Mordamos la manzana de Cézanne.
Huyamos del bisonte de Altamira.

 

 

 

Bagué Quílez, Luis. Clima mediterráneo. Madrid; Ed. Visor, 2017.

 

EL POLO OPUESTO

 

Con qué inocencia
hizo la flor de jazmín
planes para el invierno

 

 

 

 

LA COPA DE RUBIN

No recuerdo el lugar ni el tiempo exacto
en el que me dejé a mí misma
sola en el bosque
por primera vez
Era demasiado pequeña
xxxxxxxxxxxxxxxxxsiempre seré
xxxxxxxxxxxxxxxxxdemasiado pequeña
xxxxxxxxxxxxxxxxxla primera vez

Desde entonces
—más a menudo de lo que quisiera—
escapo de mi suerte
me adentro en la espesura
me esparzo en las pisadas
entono el canto del reclamo
soy
cebo carne presa anzuelo
pasto de varias bestias

 

 

 

 

Nunca he llegado demasiado lejos cuando he huido
acaso unas calles varios árboles más allá
pocos pasos nada casi nada
Más que un temor difuso a la oscuridad del monte
me regresa
el pavor tangible que le tengo al amo
Eso lo sabe mi dueño
—vuelve a estar cerca
huele mi miedo—
que a lo largo de los años
en su acecho se disfraza
con diferentes rostros sexos cargos capas
Nombres

 

 

 

 

Claras del día
Brillan a mi regreso
cristales rotos

 

 

 

Camacho, Carmen. Campo de fuerza. Salamanca; Editorial Delirio, 2012.

 

MANUAL DEL TAXIDERMISTA

 

tras un feroz combate
contra la memoria
y olvidado ya todo
me siento libre como un pájaro
en manos del taxidermista

 

 

 

 

a pasos agigantados
avanzo hacia atrás
y ante mí se abre
un pasado esplendoroso

 

 

 

 

no diré nada
contra el amor

a favor tampoco

 

 

 

 

cuando maldigo el lenguaje
lo hago sin palabras

 

 

 

 

cuando hablo con el corazón
sangro por la boca

 

 

 

 

cuando el tiempo corre
a mi favor
yo me quedo quieto

 

 

 

 

entre las cosas absurdas
las banderas

¿por qué sigo ondeando algunas?

 

 

 

 

después de mucho tiempo atados
ya inofensivos x suelto los mastines
xxxdel deseo

pero los muy perros me muerden
xxxlas manos

 

 

 

 

si me quedo sin palabras
deja que sean mis manos
las que te digan lo que pienso

 

 

 

 

encendemos la luz
para ver las cosas claras
y solo alumbramos
un nuevo mundo de sombras

 

 

 

 

muchos pasan por el puente
pocos cruzan el río

 

 

 

Fernández, Ferran. Manual del taxidermista. Málaga; Ed. Luces de gálibo, 2015.

 

LOS DÍAS FELICES

Escribe Joan Masip, entre otras cosas, en el prólogo de ‘Los días felices’, que se alzó con el I Premio Internacional de Poesía ‘León Felipe’:
Agente doble al servicio de la voz y el silencio. (…) Atender al dictado, atender al silencio. (..)
Deshazte del mapa, no sirve de nada (…)
Esperar el fin del mundo con una cerveza, con Doraemon y los Cure. (…)
Tus poemas como todo. Como el fuego como Kafka como Miller como Dosto como Hierro Fante Maradona. Como apenas la Duras y apenas las tormentas, como el brillo de la panza de un avión. Sólo puertas que se abren puertas que se cierran. Como decir: yo nunca te habría conocido de no ser por Los ramones. Como decir: calcula tú el drama. (…)
Mejor que una vida feliz todas las vidas posibles mejor que una frase feliz todas las frases posibles.
Mejor dibujar mejor escuchar mejor ser guitarra de Siniestro Total. Mejor cualquier otra cosa donde ser otra mirada. Otra visión. Nunca feliz de lo hecho feliz haciendo feliz la posibilidad de hacer. (…)
Diría Beckett y no Whitman, espacio no edificio. (…) Más piedra afilada que piedra tallada. Natural como el rayo. (…)
Ya sabes: el rock no se acaba.
Y si se acaba da igual.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas de la sección que da título al libro.

 

 

EL SUEÑO ETERNO

otra vez está aquí

para hablar
de la pereza

para hacer inventario
de las palabras dormidas

no podría ser distinto

otra vez está aquí
y me espera donde siempre

 

 

 

 

DELIRIOS DE VERANO

tierra firme
bajo sus pies

y el brillo de la
mentira

 

 

 

 

LOS DÍAS LARGOS

el ímpetu de la rabia
la ceniza de los sueños

mañana lo habré olvidado todo

el miedo está perdido
en el paisaje

 

 

 

 

EQUILIBRIO

la deriva de las masas continentales
los procesos volcánicos
la erosión

la tierra se mueve
tu corazón late

mi cerebro sólo piensa
flupentixol
melitraceno

 

 

 

 

SIEMPRE HE ESTADO AQUÍ

cuántas veces
tan cerca

tantas veces
imaginando

 

 

 

 

COMPROMISO DE REGLA #2

todo lo que no te cuento
lo que no cambia

 

 

 

 

CLARO Y DISTINTO

los veo
bailar como fieras

por el olor se sabe
por las palabras más

los brazos sobre la cabeza
los hombros desligados del cuerpo
descomponiéndose

por el brillo en sus ojos
por el silencio

después
sus bocas
mordiendo el aire caliente
de la última noche del verano

 

 

 

 

HE TENIDO UN SUEÑO

una casa vacía
que llegaras cansado

jarra de limonada en la mesa

no entiendo por qué no

 

 

 

 

RÍO NEGRO

el silencio de los celos
la soledad del amor

 

 

 

 

PUESTOS A ELEGIR

de todas las mentiras
tu nombre

de todos los sueños
tu nombre

 

 

 

 

NO ESTOY HECHA PARA EL HIELO

he pasado tanto tiempo
mirándote
que ya no sé si me miras tú
o te miro yo

o quién fue el primero
en abrir la boca
sacar la lengua
y adentrarse
en el otro

o quién retiró primero
las manos
los ojos
con precaución

 

 

 

 

BUENA VOLUNTAD

toda la noche a tientas
imaginando cómo sería contigo

 

 

 

 

DE NUEVO POR LA CIUDAD

cuánto tiempo sin vernos por aquí
dices

y me acuerdo de la primera vez
cuando lanzábamos palabras
al vacío

dolor y miedo

varios meses de confusión
dices

con el corazón partido

el problema es mi cabeza
dices

mientras un borracho no deja
de cantar
que la sangre de jesús
no le ha fallado

las cosas no pasan dos veces
dices

y me acuerdo de la primera vez
cuando las palabras eran
de un lado la búsqueda

del otro
nada

 

 

 

 

UNA TARDE SIN POSTERIDAD

se nos había olvidado
me cuentas

cada uno
con la desesperanza del otro
recorriéndole la espalda

sin poder consolar
sin mentir
esta soledad de dinosaurio
que nos come por dentro

hay que agotar
hasta el último cartucho
me cuentas

todo lo demás es rendirse

 

 

 

 

LA RISA DE FONDO

me he visto saltar
desde la cornisa más alta
el vértigo
planeando sobre cabezas vacías
y en la caída
pájaros atropellados

después el asfalto
muy cerca
mandíbulas apretadas
conteniendo las últimas lágrimas
la rabia mordiéndome los labios

he visto mis sueños
aplastados en la acera
entre polvo y piedras
y mi propia sangre
entorpeciendo
el trabajo de las hormigas

y aún así
este amor que me empuja
no ha muerto conmigo

 

 

 

 

DOLOR DE NUNCA

con los pies en la tierra
la cabeza vacía de pájaros

lo dejo caer

a partir de hoy
seguiré atando los cordones
de mis botas

vendándome el corazón
cada mañana

como si la vida continuase

 

 

 

Bono, Isabel. Los días felices. Salamanca; Ed. Celya, 2003.

 

TOMA DE TIERRA

 

Las de este pueblo no podemos ser
sino así
Idéntica a la vecina
cada mañana me entallo la armadura
salgo a la calle me erijo vociferio
voy dejando a toda prisa en los buzones
el folleto explicativo de mi fuerza
Alzo la casa a pulso
amamanto a una impresora
meto el dedo a presión en las rendijas
doy golpes en la barra de los bares
Las de este pueblo somos fuertes por ley
Este no es un sitio de nenazas
Hacer oficio de dulzura
es un acto a todas luces reaccionario

 

 

 

 

Sin embargo en ocasiones
hemos visto mujeres
hablar con cálida voz
temblar al decir te adoro
ir por la calle sin máscara
de pestañas
llorar sin acudir a los mortuorios

Son muchachas forasteras
muy raras

y no sé cómo se atreven

 

 

 

 

xxxxx[ Φ ]

Cuando dije
xxxxxxxxdos botellines más por favor
quise decir
xxxxxxxxdos botellines más por favor
Estrictamente
No habitaba la tierra del signo
la piel de nuestras manos
ni las monedas
sobre la barra

Todo era
campo magnético

 

 

 

 

—Deportada al ruido
ninguna canción hablará de mí—

 

 

 

 

xxxxx[ ħ ]

Y dime
¿qué has aprendido del viaje?
¿qué traes de nuevo bajo el cuerpo?

yo de esta tierra
no saqué
fruto sano
solo
la podrida
flor
de papel

 

 

 

 

xxxxx[   ]

xxxxxxxxxxxxxxxxxEl sabio es sin idea.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLao Tse.

Tú no puedes sembrar
Para hundir las manos en la tierra
hace falta algo más
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque manos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque tierra

 

 

 

 

Evito la lástima
los cinco minutos de agonía
el llanto amargo y su vivirlo
Lo evito
Después lamento
no haber tenido
un gramo de compasión
conmigo misma
el abrazo propio
las caricias que me debo
y que me tumben
xxxxxxxxxxinsurgentes
contra mi estricta orden
de seguir en pie
que siempre acato

 

 

 

 

En la noche
cruza el pájaro de la sal
del blanco al blanco

Lo atrapa un ciego

 

 

 

Camacho, Carmen. Campo de fuerza. Salamanca; Editorial Delirio, 2012.

 

MAÑANA, PRESENTACIÓN DE ‘HASTA QUE NADA QUEDE’ (VOL. 1) EN MURCIA

 

Mañana jueves, a las 7 y media de la tarde, se presenta ‘Hasta que nada quede. Vol. 1’, que contiene la obra publicada del poeta y periodista José Antonio Martínez Muñoz. El acto se llevará a cabo en la librería Colette. LeTRAs y TRAgos, en la calle Cánovas del Castillo de la ciudad de Murcia.
Espero que la librería se quede pequeña, porque esta maravilla que acaba de editar Chamán ediciones, con imagen de portada de Diego Vasallo y prólogo de León Molina, que afirma en él que “Estamos ante un poeta que desde el amor y el conocimiento de la tradición abre la puerta al poema para que se entienda y comunique con su tiempo. Estamos ante el bluesman de la palabra que va dejando fluir su estilo según las épocas, los asuntos que le ocupan, los dardos que todo hombre recibe en su discurrir por la vida y donde va latiendo y asomando de modo muy especial la mirada hacia un mundo que cambia velozmente y con poca frecuencia en la dirección que el poeta hubiera deseado.”; es un volumen que debería estar en cualquier biblioteca que se precie de llamarse así.

El libro, que empieza mañana su gira de presentaciones, se presentará pasado mañana en Cartagena y próximamente en Albacete, Barcelona, Madrid y allá donde lo requieran. Si les pilla a mano, vayan a la presentación y si no háganse con el  libro aquí (harán una de las mejores inversiones posibles que pueden hacer en poesía).

Mañana nos vemos.

 

BOLERO MIX

 

lo peor de todo

el cadáver del amor
paseándose desnudo
junto a tu cama

 

 

 

 

siempre que he amado
a mujeres equivocadas
el error he sido yo

 

 

 

 

he besado a muchachas
que lloraban
y las he hecho reír
y olvidarse de todo
por un instante

también de mí

 

 

 

 

intento hacerme sordo
mudo y ciego
al amor

solo quiero olerlo
tocarlo
y chuparlo

 

 

 

 

hace tiempo que sacio las noches
con las sobras del pasado

tengo el corazón en los huesos

 

 

 

 

el poema perfecto
contra el amor

un manojo de versos fallidos

 

 

 

 

tal como llega
el deseo pasa

y si el ansia deviene
en melancolía
estamos salvados

pero si desemboca
en eso que llamamos amor

ah amigos

entonces estamos perdidos

 

 

 

 

amo hasta el delirio
a dos mujeres

para no provocarles dolor alguno
procuro mantenerme lejos

sin duda ellas ignoran
el drama que me amarga la existencia

es más

estoy seguro de que también ignoran mi existencia

 

 

 

 

sangrando estoy
por los cuatro costados

cupido de mierda

 

 

 

 

en la pared blanca
pinto consignas contra el amor

pero solo tengo pintura blanca

 

 

 

 

ya sé que el calor de sus brazos es dudoso
pero prefiero acogerme a esa duda
antes que a la fría certeza de su ausencia

 

 

 

 

si entre tú y yo ya no queda nada
¿qué impide que estemos juntos?

 

 

 

 

sé que un día escribiré
que te cho de menos

pero eso no me importa

lo que realmente me preocupa
es que sea cierto

 

 

 

Fernández; Ferran. Bolero mix. Málaga; Ed. Luces de gálibo, 2013.

 

ROSARIOS Y NAVAJAS

 

ROSARIOS Y NAVAJAS

Hice un viaje a Lourdes, Francia, en julio del noventa y ocho,
fecha radiante, días de cerveza helada y de amantes pobres
en la carretera de París.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn Lourdes no hay casinos
sino decenas de hoteles para peregrinos que rezan y piden,
como yo,una vida longeva, salud a raudales y un error
de la Virgen que otorgue al pecador irreverente la curación de su alma,
o de su cuerpo, o de ambos a la vez, juntos en platónico matrimonio.

Lourdes es el gran comercio de los templos,
se venden rosarios y navajas, suvenires desdichados,
vírgenes azules, espejos bifrontes que simulan
la encarnación del espíritu con un mal gusto clásico
y con un misticismo de tómbola española,
mantos, oraciones, plegarias, agua bendita y toda la colección
de cuchillos de la famosa marca “La main couronnée”,
y un adhesivo horrible del “Tour de France”.

La mano se corona con un rosario o con una navaja.
Vi muchos curas con sotana, curas jóvenes, atractivos,
y curas africanos, que ya son muy frecuentes: ese cura negro,
con gafas de pasta, ilusionado, con belfos duros
como la mirada martirológica de Cristo,
cura negro al servicio del delirio religioso del invasor blanco.
Los sacerdotes negros siempre han renovado mi fe en Roma.

“Tal vez haya hoy un milagro”, comentaba alguien en español
del Sur de América, tierra milagrera y harapienta.
Y a las siete en punto comenzó el desfile de sillas de ruedas:
canadienses, ingleses, italianos, franceses, polacos, rusos,
todo un mundo rico, lisiado y meditabundo, buscando aquí
la última fuente sin fundamento es el rigor de nuestra raza.

Cené en Mc Donald’s, porque en Lourdes hay Mc Donald’s,
una buena hamburguesa con patatas fritas, y un vaso
de cocacola con hielo, treinta y cinco
francos, comí al lado de monjas, postulantes, novicias y creyentes.
Yo, un hombre solo, una mano en la hamburguesa,
en la otra una patata larga y amarilla, fina y quemada,
un turista absurdo, un tipo que viaja
a los confines morales de este mundo blanco: la mano se corona
con un rosario o con una navaja, tal vez con las dos cosas juntas.

En la habitación de mi hotel, con vistas a ese río de aguas verdosas
con olor a incienso —en Lourdes todo es olor a incienso, a la más despiadada
enfermedad, a romanticismo conservador, a siglo diecinueve,
a las páginas de Chateaubriand, a sacristía con tinieblas doradas,
a pecado y a éxtasis, a faja de monja de la talla más grande,
a sostén de novicia de la tela más áspera,
a sotana sudada, a sandalia de fraile,
a tortilla y merluza hervida,
a camas que, al abrirlas, exhalan olor a muerto,
a todos los muertos, a todos los Santos—,
extiendo sobre la cama húmeda lo que he comprado en esas tiendas
que se parecen tanto a las de la Costa Dorada de España:
un rosario brillante y barato, y una navaja “La main couronnée”,
la que corona la colección, la más vistosa,
la más larga, la más ancha, la más cara,
la que se ha llevado mis últimos doscientos francos.

Dicen que el engañado hace descender todo su infortunio
de un arquetipo repetido y gastado, de un solo rostro;
el rostro de uno mismo, añadiría yo, visto a lo largo del tiempo,
la pesadilla de estar vivo, la feliz pesadilla de la vida muy amada.
Ojalá cuanto me causó pena y sacrificio se convierta en Dios mismo.

Abro el balcón del hotel “Bernadette”,
un balcón blanco, cuyos postigos predicen una canción de despedida,
y me acuerdo de todo lo que he sido y no sé adónde viajaré mañana,
cuando esta noche de agosto iguale mi oración y mi deseo,
porque yo también me extingo, demasiado sé que me extingo,
pero esta voluptuosidad malsana, media, cansada, monástica,
de robar el aire y la santidad de lo que arde y es vida,
y esta ciudad que postula y duerme de rodillas,
y esta esencia maquiavélica del Cristianismo y de los ídolos,
esta liturgia  de navajas y rosarios que morirán conmigo,
y este whisky que bebo maniáticamente mientras el alba crece,
y estas punzadas en el corazón, me dicen que todos mis pecados,
mis malas artes, mi pequeña avaricia y mi contumaz sacrilegio,
el ídolo que hubo en mí y se esfumó como un traidor confeso,
el dolor, mi dolor, mi pena antigua, cansada, distinta,
estos días, estos años, de pueblo en pueblo, solo, soñando,
viejo de sotana raída donde las flores del mundo cuelgan miserablemente,
y a veces no tan miserable sino divina o dichosamente,
estos años viajando por Aragón, con la mirada de Iván el terrible,
todo este tiempo se ha hecho, finalmente, bueno, puro y noble,
o majestuoso y cándido, muy bello, muy frío y muy Ulises
tentado por sirenas de culos grandes y bocas negras;
y con la conciencia de un hombre que ha bebido
demasiado para una velada solitaria, me tumbo sobre las sábanas,
desnudo como una reciencasada en su noche de bodas.
Y es el mes de julio, y aún es el verano más fuerte de mi vida.

 

 

 

 

MACBETH

Esta mañana he embarcado en el Ferry que va a La Gomera
desde Santa Cruz de Tenerife, me he sentado en la terraza
de cubierta y he empezado a beber Campari y a comer olivas rellenas,
y al rato ya estaba completamente ebrio, una escocesa
sucia y pintada, de unos cuarenta años, con un escote duro,
enseñándome sus hermosos pechos negros y hermanos,
se ha sentado a beber conmigo; es una estudiante de español
de la Complutense de Madrid, me ha dicho, y ha sacado la lengua
de su boca para decírmelo, ¿dónde está Escocia?, le he preguntado yo,
¿dónde está tu verga?, me ha contestado ella; hemos pasado
del Campari a la ginebra blanca, y tras un rato le he dicho a la escocesa
en un español inspirado, del que no habrá entendido nada:

Santo es todo cuanto está bajo las aguas,
desde el buque hundido hasta el pendiente de bisutería,
que cayó al mar en un amoroso descuido.

También el libro de mi vida está bajo las aguas,
sostenido por un hechicero de herrumbre,
entre peces y corales, algas y oscuridad.

La escocesa se reía y se ha quitado las bermudas
y se ha quedado con las bragas puestas como si fueran
un biquini, quítate las bragas le he dicho, vámonos de cubierta,
quítatelas, y se las ha quitado, y en un rincón del barco,
en un cuarto pequeño donde había ropa de trabajo y un cubo
sin agua, hemos fornicado como dos borrachos sin escrúpulos,
pero con suerte, que atinan a meterla y menearse con pericia,
después, he cogido sus pendientes y los he tirado al mar,
ella ha cogido mi cartera y me ha dicho eres un hijo de puta,
esos pendientes eran de oro y valen diez vergas como la tuya,
y ha sacado de mi cartera los diez billetes que guardaba para comer
solo en la isla, y tomarme una ginebra en algún garito de la playa.

El reino de Dios está adornado con las joyas de oro
que los mejores hombres llevaron hasta Él,
he fumado mucho esta noche y toso, voy de tasca
en tasca, y ya sólo hay cerveza caliente en los garitos del amanecer,
pareces un cura rebotado o un pringao, me dice alguien que me escucha.

Lejanos y marchitos, los héroes abandonaron el cielo y la tierra,
su lejanía hace que mi vida sea triste, su abandono es mi abandono.
Yo crecí con ellos, niño que espera en un balcón sobre el río, o nadando
en el mar, en vísperas del mar de julio, y les oía venir, y no vinieron.
Les oí hablarme, y no me hablaron, les oí amarme, y me olvidaron.

El mar acepta mi vulgar regalo de unos pendientes de oro
en honor de los siglos que ha permanecido solo,
acepta que yo me acuerde de él un momento.
La vida se quemó, no puedo estar enamorado siempre, no quiero nada.

La noche de las estrellas, la ballena albina,
el siglo diez antes de Cristo, una choza en medio del mundo,
un río, una lengua que no tiene escritura, frutos,
verduras, alguna cabra, una liebre herida, un fuego,
una cueva, una piel de cordero, una lanza de piedra,
el mar como un escudo, como el pecho de todos los pecados,
los dioses miserables, inventados,
el bosque, la nieve, el asado, el mar es el terror,
el gran terror, la cara de los muertos, la muerte,
el dolmen, el granizo, la intuición de que Dios vendrá.

Mandorla negra del océano, cripta con agua salada muy abajo,
la fotografía de una época remota, nada hubo, nada quiere ser en mí,
y el mar se retira y llega la luz del amanecer y yo regreso al hotel en que me hospedo.
El niño desapareció, los héroes cantaron y no fueron oídos, el mar marchó
hacia un gran silencio, y yo bebí, y toda la tarde estuve durmiendo.

Y de todo aquello que acompaña a la vejez, como el honor, el amor,
la delicadeza, la obediencia, las grandes legiones de amigos,
yo no debo esperar nada.

 

 

 

Vilas, Manuel. El cielo. Barcelona; DVD ediciones, 2000.

 

SEIS POEMAS DEL ‘MANUAL DEL TAXIDERMISTA’

 

hay quienes desde muy jóvenes
se van labrando un futuro

yo debí de entenderlo mal

y me lo fui cavando

 

 

 

 

abro los espejos
en busca de la juventud perdida
y solo encuentro las cicatrices
que certifican el fin de toda belleza

 

 

 

 

ahora que ya he acumulado
la fuerza y la sabiduría necesarias
para afrontar la pendiente
empieza la cuesta abajo

 

 

 

 

yo envejezco
mi mirada no

 

 

 

 

si ya hace tiempo que toqué fondo
¿por qué sigo hundiéndome?

 

 

 

 

cuando falle la memoria
que no lo haga el gatillo

 

 

 

Fernández, Ferran. Manual del taxidermista. Málaga; Ed. Luces de gálibo, 2015.

 

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