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Archive for 31 enero 2019

CANTARES DE ISE

 

SI tú a mí me quieres,
vamos bajo techo
a una vil choza.
Las mangas del traje
servirán de lecho.

 

 

 

 

¿CONQUE por Musashi
con estribos nuevos?
Pues yo, tan tuya.
Si no escribes, pena.
Y si escribes, celos.

 

 

 

 

¿CELOS si te escribo,
y si no, pena?
Pues yo en Musashi,
con estribos nuevos,
por ti me muriera.

 

 

 

 

¡LAS noches de cita
que yo pasé en vela,
y no viniste!
Ya no espero nada,
y sigo en mi espera.

 

 

 

 

¿POR qué me prohibes
que te vuelva a hablar?
¿No nos trenzamos
tan estrechamente
que ni agua escapaba?

 

 

 

 

CUENTA de rosario
fue lo tuyo y mío:
así de corto.
¡Y qué largo se me hace
tu corazón frío!

 

 

 

 

EL rocío a veces,
cuando se evapora,
deja una gota.
Pues ni el rastro espero
yo de tu persona.

 

 

 

 

AL agua que corre,
y al tiempo que pasa,
y a la flor vana,
¿quién podrá mandarles
detener su marcha?

 

 

 

 

¿POR qué canta el gallo?
Para el que te ama
siempre en secreto,
aún es de noche,
y noche cerrada.

 

 

 

 

AÚN no estoy harto
¡y la luna clara
quiere ya irse!
¡Los montes le huyan
y no halle posada!

 

 

 

 

DEJEMOS de amarla
sin remordimiento:
la luna, esa,
saliendo y entrando,
nos va haciendo viejos.

 

 

 

Monotagari, Ise. Cantares de Ise (Trad. Antonio Cabezas García). Madrid; Ed. Hiperión, 1979.

 

ORO Y VACÍO

 

OTRA VEZ EL VERANO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY allí los jóvenes que se adelantan pasan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsin ver, y siguen, sin mirarles
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxV. Aleixandre, Los viejos y los jóvenes

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Marín Albalate

Pasan los días. No sucede nada
que haga suponer que algo distinto
traerán. El pudor de los muchachos
se ha esfumado con los primeros signos
del verano incipiente y ebrios campan
de incierta como hermosa juventud.

Si te quedas mirándoles adviertes
plenitud de sus ojos y preguntas
inconcretas aún, la efervescencia
del deseo trocada en inquietud
y el agua de la vida en la que
alegremente, ajenos a la tarde
gloriosa que los unge, se zambullen
con indisimulada ostentación.

Pasan los días. Les observas. Miras
con nostalgia y envidia su esplendor
inconsciente y ajeno a todo. Ellos
no te ven, aunque su mirada encuentre
un instante la tuya y te parezcan
sonreír levemente o saludarte.

No pueden verte. Tú no estás allí,
formas parte de un mundo que no existe
para ellos aún, eres tan sólo
un elemento más en el paisaje.

 

 

 

 

ALBADA

Silencio oscuro casi roto por
el ruido peculiar de la desdicha
quitándose la ropa.

Amanece la lluvia y suena lejos
algún rayo de sol que se adivina
por encima del cielo de tormenta.

El deseo también despierta y busca
la manera de abrirse algún camino,
pero sólo las ropas ya cansadas

—apestando a tabaco y noche turbia—
le esperan en la silla. Nada más
encuentra que ponerse en los armarios

y decide marcharse tan desnudo
como vino a la casa, desvalido.

 

 

 

 

RAÚL

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx¿Se deben contar estos actos, estos fuegos, tan
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrepetidos y únicos? ¿Se pueden contar, realmente?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxL. A. de Villena, Los días de la noche.

Entramos en el baño —como tantas
otras veces— a hacernos juntos, solos,
una raya, todo aparentemente
como siempre. Pero esa vez me hablabas
con tristeza: te habían despedido
por invitar a demasiadas copas
o quizás —me pareció entender—
por haberle negado tus favores
al encargado de la discoteca.
Te notaba dolido en cualquier caso,
decepcionado y triste. Estuvimos
charlando un largo rato, en voz muy baja,
sin prestar atención a los que fuera
gritaban o llamaban impacientes
a la puerta del baño. Sé que nada
que yo pueda decirte ahora —creo
que acerté a musitar— te va a servir
para borrar la pena, pero sabes
que te aprecio un montón, y sé que vas
a encontrar otra cosa pronto. Tienes
talento y mucha fuerza y —añadí
intentando esbozar una sonrisa
leve, pícara, cómplice— ese cuerpo
tan mono y esa cara… Sonreíste
también tú levemente al oír eso
y me diste un abrazo fuerte, como
no recordaba que me hubieras dado.
Te besé la mejilla, casi junto
a la oreja, quizá envalentonado
por ese abrazo tuyo. —¿Vamos ya?
Venga, meo —dijiste— y nos salimos.
Te abriste el pantalón y te pusiste
a mear, pero… Tío, ahora no puedo
me dijiste, aparentemente más
tranquilo tras haberte desahogado
y a la vez con el gesto contraído
de apretar para que la orina fuera
saliendo. Nada, tío, que no puedo,
repetiste impaciente. Yo no quise
mirar, pero era obvio que te habías
empalmado y querías que la viese
así, que la cogiera y sin decir
nada más ya nos diéramos el beso
que anhelábamos ambos desde meses
atrás. No me atreví. Fui un cobarde,
lo sé: una repentina y a la vez
estúpida prudencia me inhibió
el deseo, trocándolo en nerviosa
inquietud y ansiedad, tal vez en miedo
a un posible rechazo, que ahora sé
que no se habría producido.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSí,
esta noche nos hemos encontrado
de nuevo allí, en esa discoteca, pero no
cada uno en un lado de la barra,
sino ambos en esa misma pista
de baile desde la que tantas veces
te veía mirarme sonriente
mientras ponías copas. Esta noche
el tuyo era uno más entre decenas
de cuerpos que bailaban y, —aunque nada
más entrar me he encontrado con tus ojos,
con tu hermosa sonrisa y tu abrazo
cariñoso— hoy tenía tu mirada
un brillo diferente. No has hablado
—como otras veces siempre— de tu novia
ni había alrededor rastro de ella:
en cambio, era un chico el que a tu lado
observaba nuestra conversación
entre curioso y molesto, el que ha cogido
tu mano para devolverte al centro
de la pista. Un chico, sí, ahora
tienes novio en lugar de novia, y algo
grita dentro de mí —mientras os miro
bailar juntos, felices, ahí abajo—
que si no hubiera sido aquella noche
tan estúpidamente pusilánime
sería yo el que quizás ahora
te tuviera pegado a mí, mirándome
con la dulzura tierna de tus ojos
que otra vez —furtivos, mientras él
miraba hacia otra parte— me han buscado.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXVIII)

 

No sé cómo podré agradecerle a la literatura el haberme puesto a tanta buena gente en el camino y que, además, tengan a bien regalarme ejemplares de sus obras o de los trabajos que llevan a cabo.
Hoy le agradezco públicamente a Javier Sánchez Menéndez que me haya hecho llegar los tres libros que ven en la imagen.
De aquí a nada mostraré cosas de ellos.

 

DESDE EL OCASO

 

DESDE EL OCASO

Dirán que nuestras vidas, al mirarnos
con la distancia fría que los tiempos
ponen entre los vivos y los muertos,
fueron amores tristes, dichos vanos,

veladas compartidas hasta el alba;
que nunca contrajimos compromisos,
que todo lo que hicimos fue baldío,
desérticos furores en las brasas.

Yo dejo humildemente un testimonio
por si alguien de otro siglo se interesa
y al ver nuestros retazos se enternece;

supimos que acechaba ya la muerte,
quisimos ser felices en la espera,
brillamos, pero el sol se puso pronto.

 

 

 

Alas, Leopoldo. Concierto del desorden. Poesía reunida (1981-2008). Madrid; Ed. Visor, 2009.

 

CANCIÓN DE AMOR

 

………………..canción de amor

te he comido el coño como un melocotón,
me he tragado la pepita,
la pelusa,
atrapado entre tus piernas
te he succionado y mordido y lamido y
tragado,
he sentido cómo te estremecías y retorcías como
si te
ametrallaran
y metí bien la lengua
y salieron los flujos
y me los tragué
poseído
y me tragué todas tus entrañas…
te comí todo el coño
te lo mordí
te lo mordí
y me lo tragué todo
y tú también
estabas fuera de ti
y me aparté y te besé
la barriga
el ombligo
luego descendí hasta el interior de tus piernas blanquecinas
y te besé y mordí y
mordisqueé,
otra vez
sin parar
esos maravillosos pelos del coño
tentándome y tentándome
mientras me aguantaba tanto como podía
y luego me abalancé de nuevo
y chupé y lamí,
tenía tus pelos en el alma
tu coño en el alma
a ti en el alma
en una cama milagrosa
mientras los niños gritaban fuera
yendo en patín
y bicicleta a
las 5 de la tarde
a esa maravillosa hora de
las 5 de la tarde
se escribieron todos los poemas de amor:
mi lengua te entró en el coño y el alma
y allí estaba la colcha azul
y los niños en el callejón
y cantaba y cantaba y cantaba y
cantaba.

 

 

 

Bukowski, Charles. Tormenta para los vivos y los muertos (Trad. Abel Debritto). Madrid; Ed. Visor, 2018.

 

DA TODOS TUS TESOROS POR PERDIDOS

 

VUELVE a sonar la general alarma.
Niega lo que te dicen los sentidos.
Da todos tus tesoros por perdidos.
Ve cómo todo cede y se desarma.

Levántate al instante. Coge un arma.
Persigue el pensamiento hasta sus nidos.
Vive tus sueños siempre interrumpidos.
Y olvida luego todo: dharma y karma.

Espero un autobús, y tarda mucho.
Llega por fin, y sin embargo espero.
No digo nada. Sólo escucho, escucho.

Cambio lo falso por lo verdadero.
Sé por lo que me rindo y lo que lucho.
Estoy roto por dentro, pero entero.

 

 

 

 

¿ES lícito que empiece este soneto
tan porque sí, tan sólo por un reto?
¿Es serio, es riguroso y es discreto
sino hay algo escondido, algo secreto?

Algo que tú ni nadie aún ha visto,
que nadie, ni tú mismo, habrá previsto.
Una sorpresa, pues, algo imprevisto,
de lo que el mundo estaba desprovisto.

¿Qué es un soneto entonces? me preguntas.
¿Basta que a las palabras saques puntas
y que en catorce versos pongas juntas?

No basta, no. Si acaso te conformas
con ajustar las cosas a sus hormas
no acertará las normas ni las formas.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSilogismo

TODOS los hombres son mortales.
Yo soy un hombre.
Luego soy inmortal.

 

 

 

 

EL poema, que sabe
tantas cosas que ignoro,
me está diciendo algo
que no acierto a entender.
¿Qué me estará diciendo
este poema,
mientras sigo escribiendo
atento a lo que dice?

 

 

 

 

ESCUCHAR esta música
y alcanzar a tocarla,
a percibir su aroma,
a gustar su sabor.
Y verla: oírla
es verla.
Ahora que la música
ha cesado,
cuando todo ha cesado,
es también el momento
de escribir.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Antonio Gamoneda

¿QUÉ es lo que se mantiene
secreto a plena luz,
cuando las mismas sombras
tienen cuerpo?
Ver, propiamente ver,
es siempre demasiado,
y tampoco tendrías
manera de expresarlo.
¿Pero no será éste
el último destino
de todas tus palabras:
hallar en el silencio
su total cumplimiento?

 

 

 

 

SI te sientes feliz,
no es que seas feliz
o no lo seas,
sino que ya no piensas
si eres feliz o no.
Sin nada que te inquiete
contemplas esta luz
suave de la tarde
y te dices: feliz,
feliz o no,
qué alegría vivir,
vivir así,
sin importarte
lo que esto signifique.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAlcázar de San Juan

IMÁGENES. Aromas.
La música que emana
de las cosas.
La manera que tiene
el tiempo de pasar,
como quedándose.
Y, de nuevo, las calles,
la plazuela
donde siguen estando
todavía
la pelota y el toro
de cartón,
la luminosa sombra
de mi madre.
Percibir su perfume.
Oír su voz.
Mantener la atención
para que no se borren
las imágenes,
los aromas, la música.
Y que el tiempo que se quede
donde está,
aún, unos instantes.

 

 

 

 

PALOMA muerta,
¿es que sigues volando,
o, inmóvil, ahí, al paso
de los que van y vienen,
eres signo de un mundo
que renuncia a volar?

 

 

 

Corredor-Matheos, José. Desolación y vuelo. Poesía reunida (1951-2011). Barcelona; Tusquets editores, 2011.

 

LA PIEL PROFUNDA

 

EL POETA

[Variación sobre un tema de Hesse]

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Eloy Sánchez Rosillo

xxxxxI

[La ventana]

Los héroes, los que portan las antorchas,
los favoritos, nunca me agradaron.
Son demasiado hermosos, demasiado
vacíos, demasiado patéticos.
Un poeta no es una luminaria
ni porta antorcha alguna; es, a lo sumo,
una ventana cuyo mérito
reside sólo en eso, en ser ventana
que no estorba a la luz.
Lo que le impulsa y guía
no puede ser orgullo
ni esforzada humildad,
sino amor a la luz únicamente.

 

 

xxxxxII

[Florecillas]

Lo que hace el poeta
carece de valor,
pero es más inocente,
deseable e inofensivo que lo que hace
la mayoría de los hombres.
Ha escrito versos,
ha enlazado palabras,
pero no ha disparado,
ni destruido,
ni fabricado armas…
Quien escribe poemas en un mundo
que mañana tal vez se haya extinguido
hace lo mismo que las florecillas
que en este instante crecen en los campos:
formar sus tallos y hojas con esmero,
sus cálices de cuatro o cinco pétalos
lo más bellos y exactos que se pueda.

 

 

 

 

AMIGOS

Transcurrís en mi vida
como sendas fluviales,
como estrellas brilláis
indicándome el rumbo,
sacándome de mí,
de mi tendencia a ir contracorriente;
creándome en vosotros,
creyéndome en vosotros,
siguiendo en vuestros cauces
mi razón de existir,
siendo quien quiero ser
bajo vuestra influencia.
Sacadme de mí, amigos,
que me dejo llevar y es un descanso.

 

 

 

 

PÁJARO SOLITARIO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ginés Aniorte

Siempre hay un pájaro
cantando en una rama
que nadie escucha.

 

 

 

 

DE CAMINO

Todo el cielo en mis ojos.
Todo el mundo en mi oído.
Y la palabra piedra
pronunciando mis pasos.

 

 

 

 

VAL DI COMINO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carlos Vitale y José Antonio Martínez Muñoz

¡Cuánto silencio!
Pero escucha el paisaje…
¡Cómo respira!

 

 

 

 

MOON RIVER

Media luna en el balcón.
¿Dónde estará la otra media?
Me espera en la habitación.

 

 

 

 

RILKEANAS

Tú llenas mi soledad,
aunque nunca te lo diga;
tampoco tú a mí me dices
si son por mí tus vigilias.

Siempre me pareces otra.
Eres aroma absoluto.
A ratos, eres tú sola;
luego, de nuevo, un susurro.

Porque nunca te retuve,
firmemente te mantengo.
A todas perdí en mis brazos.
Tú eres nacimiento eterno.

 

 

 

Mondéjar, Sebastián. La piel profunda; Murcia; Ed. Raspabook, 2017.

 

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