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Archive for 31 agosto 2016

AHORA NO

Kaixo

 

NO ME GUSTARÍA QUE ME VIERAN AHORA. Ni mis amigos, ni mi mujer, ni por supuesto mi editor. Porque ahora sencillamente no sé qué coño hacer. No sé por dónde ir. No sé cuánto he andado y no sé lo que me queda.
xxNo sé si se puede decir algo acerca de los sitios o las personas que no sea un juego al que ya hemos jugado todos.
xxNo sé si tratar de dejar de beber sirve para algo.
xxNo sé si beber era un asunto serio o sólo una de esas cosas que hago, como vestirme de estrella del rock and roll, por ejemplo.
xxNo sé por qué hasta hace nada estaba tan seguro de acertar, ni sé por qué ahora estoy absolutamente convencido de haberme estado equivocando.
xxSólo estoy seguro de una cosa.
xxDos días distintos te convierten en una persona diferente.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

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ESCRITORES MENORES, PERO FELIZMENTE CASADOS

El dinero como ropa

 

NO CREO QUE TENGA NADA QUE VER con el amor cuando vienen todas esas ideas a mi cabeza acerca de mi propia mujer. Y algunas, las mejores, traen pollas que no son la mía y todo se vuelve complicado y, por qué no decirlo, un poco sucio, bastante sucio en realidad, aunque es algo de lo que no quiero hablar aún, a lo mejor porque es un tema sobre el cual no tengo control o a lo mejor es por esa vieja idea de pudor que convierte a muchos escritores en escritores menores pero felizmente casados. En discretos contadores de historias ajenas que aún reciben regalos de sus madres por Navidad y que bajan la cabeza cada vez que Celine se baja sus propios calzoncillos.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

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JURO QUE LO ESTOY INTENTANDO

Grace Jones

 

POR SUPUESTO QUE QUISIERA SER MEJOR ESCRITOR. Lo intento todo el tiempo. ¡No te jode! Tiene que ver con algo que me dijo una chica, una chica fea, ya lo he contado en otro sitio, pero es igual, sigue aún por aquí, dando vueltas; ella, la fea, me dijo: “¿No puede usted escribir mejor?”
xxDios, te juro que lo estoy intentando.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

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LA TRANQUILIDAD DEL QUE SABE QUÉ PINTA TIENE EL DÍA

Vagones pintados

 

VOY A INTENTARLO como si fuera el que ya no recuerda las veces que no ha podido. Lo que no tenía sentido puede tenerlo subido a una torre más alta, mirando desde un campanario mejor, cambiando la hora del reloj con las manos, escribiendo mi nombre en sus posos de café.
xxPor las mañanas, si no has dormido, puedes salir de casa muy temprano y dar una vuelta por la calle con la extraña sensación de tener alguna posibilidad. Cuando amanece, si no has dormido, tienes la sensación de que aún están escribiendo las reglas. Puedes tener cierta influencia en el orden de las cosas.
xxLuego vuelves a casa, duermes una hora y te levantas con la tranquilidad del que ya sabe qué pinta tiene el día.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

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HARTO

Amigas 17

 

ESTOY HARTO DE LOS DESAFÍOS, de los retos, de las mujeres que se mueven como ciervos delante de un fusil, harto del esfuerzo, del empeño, de los castillos, los fosos y las trampas para ratones.
xxEnséñame un camino fácil que me lleve donde he querido estar desde el principio.
xxSácame de encima todo el peso que podría hundirme en el río.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

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NO HAY PORQUÉ

Habitación

 

UNO NO TIENE PORQUÉ SENTIR NADA mirando las fotografías de sus viajes, las fotografías de los suyos o las fotografías de si mismo.
xxNo estás obligado a sentir nada cada vez que la memoria reconozca una imagen o un olor. No hay porqué emocionarse, no hay porqué llorar o alegrarse, no hay porqué cambiar de ánimo con las cartas guardadas ni con las comidas que se repiten, con el mismo sabor, durante años. Uno no tiene porqué acordarse de los niños al mirar a los hombres. No hay ninguna buena razón para que una playa nos recuerde a otra playa, y esto sirve igual para dos autobuses o dos trenes.
xxEs mejor aceptar que algunas cosas sencillamente se pierden.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

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DESPEDIDA

Zavattini Despedida

 

DESPEDIDA

Estos poemillas los escribí desde el 70 hasta ayer,
empecé a escribirlos para los amigos de Luzzara,
luego se me amontonaron y me sentí tentado
de publicarlos, pero en edición de bolsillo
que siempre compromete menos.
¿Acaso soy un pusilánime?
Os aseguro que me dejaría quemar en la hoguera
por la humanidad, pero por favor
no me enseñéis fotografías individuales.
¿Lo dudáis? Pues os diré una cosa
queme puede costar cara, porque en cuanto
se dan cuenta de que uno sospecha, sabe,
lo eliminan, al último
se lo cargaron con una lavativa.
Ahí va: ¡Italia desde el 47
es gobernada por sólo tres personas!
Una está en Bitonto, sesenta años,
otra en Roma, unos cuarenta,
la tercera en la provincia de Varese,
no multimillonarios pero pudientes,
el segundo tiene el vicio del juego y cuatro hijos.
Se encuentran más o menos una vez al año
salvo en casos de emergencia
en un hotelito de Lucca,
la primera vez se saludaron en voz baja
con el tono de decíamosayer. Es inverosímil
la facilidad con que comprenden
la situación, mientras nosotros estamos aquí
consultando tomos sobre teorías y praxis
advierten las ofensas tal vez indirectísimas
a los grandes y esta precisión
no es tanto por una virtud personal
(es más el del norte tiene una inteligencia
por debajo de la media aunque sí es suya
la frase: se engañan, no basta tener razón
para hacer la revolución) cuanto
por concreción de clase, diría —y ahora
me doy cuenta de que no escribo
en mi idioma nativo— y con una llamada
telefónica, tienen un dúplex para no llamar
la atención, a un burócrata,
y otros de los que luego diré el nombre,
desvían a su favor y a escondidas el curso
de los acontecimientos provocando un suceso
con nada, un hurto, menos aún,
las consecuencias de los cuales retumban
en Prato, allí se encuentra inopinadamente
en el periódico un prefecto trasladado
congresos en el Eur un premio artístico
alguna distraída detención, perdonad, me parece
que he oído un ruido en la puerta… no,
no es nadie… como decía, bueno, nada, aquí
tengo por fin las direcciones, se llaman…
diosmío ¿quién es? oigo pasos, creo que
ha entrado alg

 

Nota del editor:
los inquilinos sostienen haber oído,
justo en este momento, los disparos.

 

 

 

Zavattini, Cesare. Cobijarme en una palabra (Trad. Juan Vicente Piqueras). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

MADRE

Zavattini Cobijarme en una palabra Madre

 

MADRE

Nuestras miradas, madre,
que esperan morir juntas,
si no lo escribo no lo sabrá nadie.
Decíamos chuleta y era muerte.
¿Sabes que he encontrado en el mercadillo
la cama en que dormías con tu marido?
Sí, con mi padre. Setenta mil liras
he pagado por ella, La cabecera
la tengo apoyada a la pared de un cuarto
de la casa natal donde tengo intención
de volver a vivir. ¿Para qué
todas estas maniobras?
El corazón también tiene sus prejuicios.
Me compraría un reloj nuevo
pero mientras vivas, como el que llevo
me lo regalaste tú en el 1948,
no es posible.
Cuando pienso en el día que te vayas
me veo comprando poco después un Patek.
¿Le hablarás de mí orgullosa
a quien va a ponerte las medias?
Mi impotencia es infinita.
Derrotados, nos sentamos en el balcón
que da a la calle, te gusta estar sentada
viendo pasar todo lo que ha pasado.
¿En qué piensas? me preguntas.
No te respondo. ¿Cómo podía informar
a una medio analfabeta que según Lutero
no se puede contar con Italia
porque en los momentos cruciales
nos echamos atrás
con una de aquellas volutas de Bernini
largas desde entonces hasta aquí?
El presente parece siempre
menos solemne que el pasado.
Qué torpemente vivimos
el misterio de la vida.
Entre nosotros, madre, en cualquier caso,
nunca hubo ni habrá primero ni segundo.
Madre, ¿por qué no me hiciste héroe?
Hemos perdido la dignidad —¿sabes
exactamente qué es?— entre la mierda
de los saludos y los desmoronamientos
de los que no oímos el ruido.
No imaginas que me siento tentado de
tirarme de este balcón pensando
en las plegarias de siempre
mientras caen las bombas y tú, desesperada,
te tirarías detrás de mí y acabaríamos
bajo la misma sábana por distintas razones.
Hazme un milagro, madre, de cenar.
Con la mano en tu hombro resisto
a la noisaclicait a levistrós fucolt
a todos aquellos que cuando estás convencido
de ser (como ahora que los Mariani
han encendido la luz, están a punto
de sentarse a la mesa), llegan ellos
y te borran o te convierten en otros.
Te soy sincero, madre,
yo también pienso cosas noche y día
y cambio desde lejos
a gente que no lo sabe.

 

 

 

Zavattini, Cesare. Cobijarme en una palabra (Trad. Juan Vicente Piqueras). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

COBIJARME EN UNA PALABRA

Acaba de publicar Bartleby editores, en edición trilingüe (!!), con traducción de Juan Vicente Piqueras, ‘Cobijarme en una palabra’ de Cesare Zavattini.
Dice Juan Vicente Piqueras en el prólogo del libro: “Cesare Zavattini nació en Luzzara, un pueblo a orillas del Po, provincia de Reggio Emilia, en 1902, y murió en Roma en 1989. Artista fecundo y proteico, periodista, editor, fundador de revistas, guionista, inventor de tebeos, novelista, dramaturgo, pintor, poeta, Za fue un hombre singular, un caso único, un auténtico huracán creador en la cultura italiana desde los años treinta hasta los ochenta. El neorrealismo italiano no existiría sin él.“.
Colaborador de la editorial Mondadori y de Vittorio De Sica, esta antología —repito: trilingüe— en uno de los tantos dialectos italianos, tiene su originalidad, y retomo palabras de Juan Vicente Piqueras en el prólogo, en su regreso a los orígenes, en la recuperación de lenguas en vías de extinción, en su labor de urgente y delicado salvamento de todo un mundo a punto de perderse, o ya perdido, con esa lengua que lo nombraba. La poesía, que es ya de por sí un epitafio, se convierte en el canto del cisne de toda una cultura.

 

Cesare Zavattini Cobijarme en una palabra Bartleby editores

 

Y aquí tienen una breve selección de poemas del libro en su versión española.

 

MEJOR CALLAR

Ay, la vida, ¿qué es? Mejor callar.
No quisiera molestar a aquellos dos
que están gozando en la hierba.

 

 

 

 

LA BASSA

Una vez vi un funeral tan pobre
que no había ni muerto en el ataúd.
La gente iba detrás llorando.
Iba llorando yo también
sin saber por qué
a través de la niebla.

 

 

 

 

LA BRISCA

Miro jugar a estos cuatro
bajo la luz de cámara mortuoria
de la taberna.
Si yo me acercara y les dijera: Góngora,
no me preguntarían ni siquiera quién es.
Esperando que salga una copa o un basto,
quietos, muelen
humillaciones de ahora y de antaño,
esperanzas, miradas que podrían
haber tenido incluso los aqueos.

 

 

 

 

LO RECONOZCO

Dicen que yo escribía mejor antes,
que me he vuelto vulgar.
Lo reconozco, y un poco hasta me gusta.
De niño escuchaba a mi padre
reñir con los santos y las vírgenes,
era enorme, de noche sus bramidos
estremecían su cuarto y casi, por amor,
estrangulaba a mi madre
(así fueron naciendo mis hermanos),
ella susurraba medias frases
con una dulzura de la que al día siguiente
no quedaba el más mínimo rastro.

 

 

 

 

¿QUÉ PUEDO HACER?

No volveré a pasar por esa calle
donde aquella que amé más que a mi madre
un día, eran las ocho
del doce de junio de mil novecientos veintiuno,
otro la desvirgó.
Le han cambiado hasta el nombre,
la han asfaltado.
¿Qué puedo hacer?

 

 

 

 

SI ALGUIEN PASA DE NOCHE POR MI PUEBLO

Si alguien pasa de noche por mi pueblo
puede pensar que están lejos de todo, en otro mundo.
Nadie imaginaría en medio de este silencio
que a diez de los que habitaban estas casas,
tan jóvenes que todavía viven
sus padres y sus madres,
los colgaron
pocos días antes de que llegara la paz.

 

 

 

 

UN TAL BANFI

Todas las noches desde hace una semana
un tal Banfi camina encima de mí,
en el piso de arriba,
hasta que llega el alba.
En la escalera
me encontré a su mujer y le dije:
“Un respeto, ¿no?, que podamos vivir todos”.
No me respondió siquiera.
Siguió subiendo y tres peldaños después
se volvió y me dijo:
“No se preocupe.
Dentro de un mes ya no le molestará.”
Y ahora, preocupado por contároslo
—ya os conozco,
cada sílaba en su sitio—
he dejado de oírlo.

 

 

 

 

LA GUERRA

¡La guerra nunca ha existido!
¡Me la he inventado yo!
Me ocurre cuando bebo.
¿Estoy en la terraza
mirando el mar?
El aire
de repente se enturbia, se emputece,
de su furia salen vísceras
que parecen culebras,
niños cortados en dos con un hachazo seco,
caras que conozco
arden como el papel,
bocas que dijeron amor mío.
Dadme un vaso de agua,
no puedo seguir, mañana,
en la audiencia de mañana
sacaré fuerzas de flaqueza, veréis adónde
puede llegar mi imaginación.

 

 

 

 

LOS JÓVENES

Quisiera volver atrás
para enamorarme.
Podría incluso ahora
que soy viejo
enamorarme
de una que yo me sé,
si no me diera vergüenza.
¿De los montes, de Marx?
De los jóvenes.
Me han obligado a fingir,
a hacer como si mirara a un palo
cuando pasa una mujer.
Creen que soy de piedra,
que he dejado de ser
inmortal como ellos.

 

 

 

 

¿QUIÉN QUIERES QUE SE MUERA?

Me preguntó de repente:
“¿quién quieres que se muera?”
Dije un nombre y después me arrepentí.
“Entonces, ¿quién?”
Éste, aquél, el de más allá.
Iba de la montaña al mar,
del pueblo a la ciudad.
Él, harto de esperar,
dijo un taco y se largó.
Más tarde me encontré en la plaza
a uno de los que había nombrado.
Y se reía, el imbécil.

 

 

 

 

¡BASTA!

En verano y en invierno
se me veía siempre en las manifestaciones
bajo pancartas que gritaban ¡basta!
cogido del brazo de hombres y mujeres
de todas las edades, sin preguntarles
su nombre, caminábamos.

 

 

 

 

ARIÉ

¿Qué hacía yo el día que murió Arié?
Tenía veinte años.
Era albañil, anarquista
y bueno como el pan.
Desde que aquéllos mandaban
vivía escondido en el bosque.
Ellos esperaban.
Una mañana se arriesgó a bajar
al pueblo a ver a su madre.
Pero lo vieron a él,
eran cuatro, le dispararon
y lo dejaron contra la pared
seco, como un murciélago.

 

 

 

 

QUIZÁ

Quizá la emoción más grande de mi vida
fue una noche de calma, un bochorno,
como antes del terremoto,
Dios entró sigiloso, impalpable en mi cuarto
y me dijo: a ti, sólo a ti,
te hago saber que no existo.

 

 

 

Zavattini, Cesare. Cobijarme en una palabra (Trad. Juan Vicente Piqueras). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

DIOS

Bailonga 6

 

DIOS

Dios existe.
Si existe el coño, existe.
Sólo él podía inventar una cosa así,
que les gusta a todos, a todos
en todas partes,
que piensas en él hasta cuando no piensas
y si lo tocas te cambia la cara.
¡Qué momento! Largo, corto, no se sabe.
Hace incluso milagros:
sé de un mudo
que recobró la voz
para nombrarlo.
Ay, si pudiera explicarme,
pero es difícil
como hablar del nacer y del morir.

 

 

 

Zavattini, Cesare. Cobijarme en una palabra (Trad. Juan Vicente Piqueras). Madrid; Bartleby editores, 2016.

 

PARA DISIMULAR

Jugando a ser Johnny Cash

 

MIENTRAS VENÍAMOS EN EL TREN, más y más hacia el sur, el calor iba aumentando, como si el verano viajase en nuestro mismo vagón.
xxBebíamos a morro de una botella de whisky para no olvidar nuestros orígenes, Born to run, la Velvet y todo lo demás y no decíamos en voz alta nada de lo que pensábamos por miedo a parecer estúpidos.
xxCada media hora pasaba un tío empujando un carro lleno de bocadillos que podían andar solos. Miraba por la ventanilla los poblados de las casas de adobe y me sentía como si estuviera andando por encima de postales. Muy a mi pesar tenía toda esa lista de pensamientos extranjeros como: dios mío qué pobre es esta gente, y hay que ver qué bonitos son los niños y también: ese hijo de puta no deja de mirarme la cartera. Para disimular nos dábamos besos y bebíamos más whisky.
xxTodos los libros de viajes deberían titularse DIARIO DE UNO QUE YA NO SABE POR DÓNDE SE ANDA.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

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LAS IDEAS DE “ANTES” Y LAS IDEAS DE “DESPUÉS”

Selfie

 

CUANDO ESTÁ TUMBADA de medio lado, desnuda, intento pensar en todas las cosas hermosas del amor y sobre todo intento no buscar marcas de neumáticos en sus curvas. Pero de hecho no puedo pensar en otra cosa que no sean marcas de neumáticos en sus curvas. Si esto es ser un miserable, que me den el uniforme y a la mierda con el mar y el sol aplastando nuestra terraza en Essaouira, al sur de Marruecos. Y a la mierda también con casi todos los poetas y con algo que leí sobre el santo grial antes de quedarme dormido para despertarme frente a la autopista del deseo llena de manchas de grasa. Por supuesto que cuando ella abre los ojos sólo ve al genio de la imitación con su disfraz de QUÉ FELICES SON AQUÍ LOS DÍAS, que ya ha empezado a preparar las cosas para irse a la playa o a cualquier otro sitio donde pasar la tarde con nuestros libritos de poesía.
xxNo te pierdas esto tan bonito que dice Eliot. Y así pasamos las horas, mientras el capitán miserias corre por debajo de la arena como una serpiente subterránea cantando canciones muy graciosas que se llaman todas “Piedras contra mi propio tejado”. Después de cenar nos volvemos al hotel y vamos riendo todo el camino y por un rato, con el vino y la cerveza, la miro y no me siento como si estuviese andando descalzo por encima de chinchetas. Cuando se desnuda y se mete en la cama hago como que soy otro y machaco un poco más mi propio territorio.
xxHay mañanas en las que no encuentro las nefastas ideas de “Antes” por ninguna parte y entonces paso a concentrarme en las ideas de “Después”. No sé de dónde salen ni las unas ni las otras, pero puedo jurar que antes de enamorarme era una buena persona.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

COMO EL QUE SACA UNA NAVAJA AUTOMÁTICA

agosto 19, 2016 2 comentarios

Jane Birkin (60s)

 

NO ODIO A MIS PADRES. La mayoría de la gente odia a sus padres pero no lo dice. La gente no puede aceptar la idea de odiar a sus padres. Son el pasado y la memoria. No tienen gran culpa de nada pero estaban allí mientras todo sucedía. Los padres generalmente hacen lo que pueden.
xxSólo son gente que lo intenta, en el mejor de los casos.
xxEsta mañana ella ha vuelto a hablar de tener hijos. Estaba tumbada encima de la cama y ha sacado el tema como el que saca una navaja automática.
xxLa idea de un hijo bebé y hasta de un hijo niño me gusta, es como tener el mejor perro posible, con todas sus gracias y esas cosas que te hacen sentirte bueno. La idea de un hijo persona ya no es tan agradable.
xxUn hijo persona terminará por odiar a sus padres o al menos terminará por esquivarlos.
xxHemos hablado un poco de eso y luego ella ha guardado la navaja.
xxCreo que estaba tan asustada como yo.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

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NADA DE ESTO TIENE SENTIDO

Foto del Perita

 

NADA DE ESTO TIENE SENTIDO. Los días se torcerán de mil maneras distintas. Se inclinarán a un lado y a otro. Tendrán todo tipo de formas y estarán llenos de cualquier cosa. Billetes de lotería premiados, accidentes aéreos, agujeros en el cemento de mi calle, remedios para las nuevas enfermedades, enfermedades aún más nuevas, un nuevo zoológico con animales salvajes dentro y edificios altos de cristal de espejo, de esos que sólo sirven para que los vecinos vuelvan a meterse en sus propias vidas, perros vivos, peces muertos, amor, bibliotecas, un circo, presentadores de programas de radio nocturnos asesinados, espero que haya algo de esto, billetes de lotería sin premio, venta por catálogo, neveras sin ruidos y vida informática.
xxLos días serán mil cosas y las noches seguirán siendo lo mismo.

 

 

 

Loriga, Ray. Días extraños. Madrid; Ediciones Detursa, 1994.

 

JEAN FRANCOIS PAINCHAUD, O SEXO Y DROGAS.

 

 

 

 

 

 

 

 

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