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Archive for 31 julio 2015

GEOFFROY DE BOISMENU

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EL MAESTRO

Libro sombrero

 

EL MAESTRO

Íbamos escribiendo en la pizarra
los nombres de las cosas. Y los niños
los iban escribiendo en su mirada.

De pronto, levantaban
los ojos, y advertíamos
que ya eran hombres los que nos miraban.

 

 

 

Alfaro, Rafael. Los pájaros regresan a la tarde. Madrid; Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, 1995.

 

NO VER NO OÍR NO HABLAR

no ver no oír no hablar

 

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XXXV)

María

 

MENTIRA

xxxxxxxxxxxxxxxPara María de Andrés

Es mentira el mar si me asomo
al poema de sus aguas y
en ellas no hallo a Héctor, María.

Es mentira su espuma sin zarpazo
en la cresta de tanta ola sin hache
que sólo viene a ser verdad de un adiós.

 

 

 

 

VERDAD

xxxxxxxxxxxxxxxPara Héctor de María

Es verdad el mar si me asomo
al poema de sus aguas y
en ellas hallo a María, Héctor.

Es verdad su espuma con zarpazo
en la cresta de tanta ola con hache
que sólo viene a ser mentira de un adiós.

 

 

 

Marín Albalate, Antonio. Poemas de cuerpo presente. Murcia; sinisbnedicion.es, 2014.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XXXIV)

Principio de Gravedad Vicente Velasco Montoya

 

Dice Alberto Chessa, entre otras cosas, en el prólogo del libro:

“La fuerza de atracción que experimentan dos cuerpos dotados de masa -afirma Newton- es directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. ¿Ah, sí? Pues entonces nos hemos equivocado de libro. Porque lo que Vicente Velasco Montoya sostiene en este es que la gravedad es “el origen de toda palabra”, algo que el lector sólo descubrirá al alcanzar la última página, pero que este prólogo ha decidido en consecuencia anticiparlo en tanto que “todo estuvo escrito desde el final”. Principio de gravedad es como un palimpsesto que contuviera las trazas de un discurso verdaderamente germinal, una suerte de puesta en limpio de una jam session de vagidos y balbuceos en busca de la raíz de las cosas. Para ese viaje el poeta ha cargado las alforjas con una buena provisión de sospechas y entredichos: si asoma algún método de indagación, ese no puede ser otro que el de la duda (“la sed de las dudas eternas”); y ya se sabe que el que empieza desconfiando acaba en los brazos plantígrados del desengaño, más aún cuando se encara a cualquier expresión rotunda (venga este campanudo alejandrino como ejemplo: “Amor -vaya lenguaje decadente-, te adoro”). La actitud del poeta, de resultas de tamaño desafío, hace que recordemos la gravitas que late en esta gravedad, pues poco postureo frívolo o volandero vamos a encontrar en estos diecinueve poemas (numerados, por cierto, según la costumbre romana).
xx(…)El nombre de cualquier barco (Costa Concordia, es un decir) cuando se escribe en tinta de agua se translitera como Titanic. Sabemos bien que si zozobra la nave, no hay dios que salve a todo el pasaje y la tripulación, pero nos seguimos embarcando porque necesitamos no saber lo que sabemos para poder vivir o, al menos, sobrevivir; para acallar la suspicacia de que, a la hora de la verdad, no haya “botes salvavidas suficientes para tanto miedo”, o para que uno sea libre -¡allá él!- de imaginarse a sí mismo “niño en un bote salvavidas”.
xx(…)Quizá la clave de bóveda de todo el libro se esconda (asomándose) en un verso del poema “XVIII”, ese envite por distinguir “El ser humano del ser humano”.
xx(…)”Los dioses lo destruyen todo. Todo lo que ven”, rabia el autor. Y sí, eso ya lo sabíamos (y quien no lo sepa, ojalá -si Dios quiere- que despierte a tiempo). Lo que no teníamos tan claro es que, de haber un único dios verdadero, según Velasco Montoya, se llamaría Ludópata: “Frío y duro enfermo del juego del azar”…”

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

xxxxxIV

No. No soy un iluminado.
Nunca me han hablado las estrellas
cuando he mirado al claro cielo nocturno.
Soy yo el que habla con ellas
ofreciéndoles mi simpatía y soledad.
Soy el que les descubre la inercia de los cuerpos,
su algoritmo, su cadencia, su claroscuro.

Las alecciono sobre aquellos primeros objetos
que caen en la bolsa negra de la muerte.
Los zapatos, el último jersey y la ropa interior.
Aquí tiene sus objetos personales. Si quiere
podemos hacernos cargo nosotros mismos.
Palabra de enfermero. Te están echando.
Tu dolor sobra allí. Es inapropiado. Fin.
Y llegados a este punto en concreto
sus años luz de sabiduría colisionan.
Siempre van a recuperación.
Suspenso en condición humana.

Me pregunto si serán capaces de discernir
que una misma muerte es un crisol de imágenes
donde todo aparece y se desvanece fácilmente
con la misma realidad.
La muerte siempre es diferente y por ello siempre
resulta igualmente ignominiosa. Es un virus mutante.
Una pandemia de recuerdos.

La muerte es la distancia exacta,
al milímetro,
que nos aleja constantemente de las estrellas.

 

 

 

 

xxxxxVI

(SACRAMENTO TERAPÉUTICO)

xxxxxxxxxxxxxxxA Guillermo Vivero Salmerón

¿Por qué no vamos directamente
al origen del asunto?
¿Por qué no limpia la herida
desde la propia herida?
¿Por qué hablar de nuestra infancia?
¿Por qué cuestionarme el haber ido a la guerra
si ella misma es el juego en el que siempre
nos hemos imaginado vencedores desde niños?
¿Por qué no conjurarnos en el dolor, en mi dolor?
Porque si vamos a seguir hablando usted,
señor terapeuta, va a sufrir igual que yo.

Post Scriptum:
Y si alguno de los dos debe desaparecer
en esta fría estación de sentimientos,
y si usted sigue con su sonrisa burlona,
y si seguimos mordiendo el aire
como si nada ocurriese,
le voy a recitar mis vidas completas,
se las voy a dejar encima de su escritorio
y cuando vaya a leerlas con descuido
explotarán entre sus manos, y sólo usted,
repito, sólo usted, habrá tenido la culpa
de pasar a engrosar el número de bajas
en esta batalla por la que desgraciadamente
nos hemos equivocado de órbita para colisionar
en un cúmulo estelar de divanes para imbéciles.

 

 

 

 

xxxxxVII

(DIMENSIÓN PROUST)

xxxxxxxxxxxxxxxxxA Juan de Dios García

Un buen amigo poeta contó los pájaros
de mi cabeza mientras yo releía a
Hans Magnus Enzensberger y él torturaba
a sus alumnos con el Conde Lucanor.
Era un día en el que se alejaban las cosas
como repelidas por un equivocado magnetismo
y yo me sentía un astronauta en pleno vuelo
espacial. Traje blanco, gravedad cero,
respiración pausada, rodeado del vacío
como una tortuga que atraviesa la autopista
ajena a la distancia, al tiempo, a las ruedas
que el azar nos arroja como único destino.
¿Y qué destino es este, amigo mío?
Nos desplazamos por el arcén del espacio
inmutable a lo largo de las dimensiones
conocidas. Primera, segunda, tercera y el tiempo muerto.
Las restantes son nuestra memoria, el recuerdo
que vuelve a nosotros tan vívido, tan limpio,
sus sabores, toda una orgía de Marcel Proust.
Aquel francés sí fue un verdadero astronauta.
Posiblemente a la hora de morir en su habitación
se manifestaran los nenúfares más cilíndricos
que una aurora boreal pueda ser capaz de fabricar.
Posiblemente hubiese merecido morir en el Titanic
para yacer así hoy día como arqueología submarina,
objeto precioso de ladrones y funcionarios.
El mismo destino, al fin y al cabo.
Él mismo.
Pero, querido amigo, ¿cuál es el destino?
Tú allí haciendo maldecir a veinte jóvenes
el nombre sagrado de toda la literatura.
Y yo aquí con mis pájaros. Extraños seres.
Los pájaros. Vuelan pero no son ingrávidos.
Los pájaros, como yo, observan hasta el horizonte
pero nunca llegan a alcanzar el horizonte deseado.
Esos pájaros, rara avis de la creación humana,
se conforman la mayor de las tardes con una magdalena
mientras observan en el firmamento naufragar un navío
sin botes salvavidas suficientes para tanto miedo.

 

 

 

 

xxxxxX

(UN HOMBRE QUE HABLABA CON LOS ZAPATOS)

xxxxxxxxxxxxxxxxxA José María Velasco Aparicio,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmi padre.

Si alguna vez he de buscar el verdadero centro
de la metafísica, la fuerza universal que,
dicen, lo rige todo, observaré con detenimiento
a ese hombre que sigiloso se acerca a una
estantería repleta de zapatos, los acaricia,
intercala sus posiciones, sus orientaciones
con respecto al Sol, los arcanos y las profecías.

Y esperaré, ansioso como un niño, que les hable,
les murmure unas frases antiquísimas, desveladas,
mágicas. Y que todo para él vuelva a tener sentido.

Nunca se compartirán aquellos secretos
porque es un ser pretérito. El pasado es su tierra,
la frontera última entre mi infancia y el recuerdo.

Un testamento repleto de algoritmos y pisadas.

 

 

 

Velasco Montoya, Vicente. Principio de gravedad. Cartagena; Ed. Balduqe, 2015.

 

AMY

Amy Winehouse (por J. Álvarez)

 

Hoy hace cuatro años que murió Amy Winehouse. Siempre que me acuerdo de ella me viene a la mente este magnífico poema que en su momento le dedicó Andrés García Cerdán.

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLick your lips as I soak my feet
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx-Amy Winehouse-

Despertadme a las siete, por favor. Dejaré
que mi cuerpo se pierda una vez más
por las calles de un sueño que me llama
desde hace tiempo –voy desnuda y descalza
por el centro herido de una avenida,
es de noche y los taxis se detienen
en esquinas llenas de posters y contendedores de basura,
un gran árbol de flores blancas me da cobijo
bajo su sombra, dentro de su luz.

Es blanco nuclear
el rincón que mi cuerpo busca ahora,
cuando agonizo,
en el momento de perder las riendas
por el fuego y el éxtasis de Londres.
Mi cuerpo quiere el frágil desencanto
del edificio que está siempre a punto de derrumbarse.
Mi boca prefiere el oscuro lenguaje de los márgenes,
la profundidad de la voz del viento
en este infierno
donde, al menos, la radio está siempre encendida
y siempre suena a soul y a blues.

Dejadme dormir
un poco. Despertadme cuando el ruido
de la apisonadora haya acabado,
cuando hayan acabado este horrible estornudo de realidad
y este miserable puritanismo histérico
que convierte los huesos de los hombres
en papel de periódico
con que se envuelve el pescado podrido.
Despertadme cuando el presentador
de las miserias de este mundo haya reventado.
Con todas mis fuerzas deseo
que les exploten en la boca todos
sus putos reality shows
a esas sanguijuelas hijas de puta,
que han olvidado el lenguaje
y que han olvidado la verdadera cara de los ángeles.

Dejadme dormir. Solo un rato
dormir. Quiero lamerme los labios, ver en sueños
un mar de whisky de verdad,
entender hasta dónde,
hasta dónde se puede caminar en la tierra,
hasta dónde puedo pisar sin hundirme en el fango,
hasta dónde, sin que mis pies de estrellas
se claven en la mierda de los otros.

Esto es algo que se aprende:
el paraíso solo puede ser artificial.
En esa lejanía artificial
encontré las únicas ropas pulcras
y los únicos ojos transparentes del mundo.
Nada hay –nada hubo– bajo el cielo
digno de la pena absoluta
de ver bufar a los incrédulos,
a los tristes de corazón, a los estúpidos.

Y dejadme deciros
bajo este gran árbol de flores blancas
que os están enterrando vivos
y que, si alguna vez os preguntaran qué significa vivir,
os miraríais, unos a otros, atónitos y ridículos,
levemente idiotas,
y que no haríais nada: tan solo dejar de miraros,
devolver vuestros ojos a la televisión,
asistir como cerdos al momento
en que el mismo presentador hijo de perra,
en muy breves instantes,
estará hablando con desprecio, sin lenguaje,
de mis canciones, que nunca oirá,
y de mi muerte.

 

REFLECTIONS ON SEX

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