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POEMAS DE ÁNGELA FIGUERA AYMERICH

 

BEGOÑA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA la muerte de una joven madre
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque dejó tres niños.

Begoña, junco verde, rama erguida
en el dorado azul de tu verano,
tres veces llena de impaciente grano,
tres veces desdoblada y frutecida.

Te madrugó el amor pidiendo vida;
temprano amaneciste, mas fue en vano:
la muerte anduvo más, tendió su mano,
no hubo perdón. Temprana fuiste herida.

Tres juncos, hoy, tres ramas se levantan
sobre la misma tierra en que caíste.
Al ritmo de la sangre que les diste,

tres diminutos corazones cantan
y a la desnuda soledad del hombre
ciñen tu voz y el eco de tu nombre.

 

 

 

 

EXHORTACIÓN IMPERTINENTE
xA MIS HERMANAS POETISAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carmen Conde

Porque, amigas, os pasa que os halláis en la vida
como en una visita de cumplido. Sentadas
cautamente en el borde de la silla. Modosas.
Dibujando sonrisas desvaídas. Lanzando
suspirillos rimados, como pájaros bobos.

Pero ocurre que el mundo se ha cansado de céfiros
aromados, de suaves rosicleres o lirios,
y de tantos poemas como platos de nata.

Levantaos, hermanas. Desnudaos la túnica.
Dad al viento el cabello. Requemaos la carne
con el fuego y la escarcha de los días violentos
y las noches hostiles aguzada de enigmas.
No os quedéis en el margen. Que las aguas os lleven
sobre finas arenas o afilados guijarros.
Que os penetren las sales. Que las zarzas os hieran.
Y, acerando la quilla, remontad la corriente
hacia el puro misterio donde el río se inicia.

Id al húmedo prado. Comulgad con la tierra
que se curva esponjada de infinitas preñeces,
y dejad que la vida poderosa y salvaje
os embista y derribe como un toro bravío
al caer sobre el anca de una joven novilla.

No queráis ignorar que el amor es un trance
que disloca los huesos y acelera las sienes;
y que un cuerpo viviente con delicia se ajusta
al contorno preciso donde late otro cuerpo.

No queráis ignorar que el placer es el zumo
de las plantas agrestes que se cortan con prisa;
y el pecado una línea que subraya de negro
lo brillante del goce.

No queráis ignorar que es el odio un cuchillo
de agudísimo corte que amenaza las venas;
y la envidia una torva dentadura amarilla
que nos muerde rabiosa cada fruta lograda.

No queráis ignorar que el dolor y la muerte
son dos hienas tenaces que nos pisan la sombra
y que el Dios de las cándidas estampitas azules
es un alto horizonte constelado de espantos
que en la oculta vertiente de los siglos aguarda.

Eva quiso morder en la fruta. Mordedla.
Y cantad el destino de su largo linaje
dolorido y glorioso. Porque, amigas, la vida
es así: todo eso que os aturde y asusta.

 

 

 

 

XAUEN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(En un día de lluvia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx19 de febrero de 1955)

En blanco puro y en añil violento
—recóndita espiral de caracola—
dormida entre naranjos, quieta, sola,
sellada de ritual recogimiento.

Un aplomado cielo, un rudo viento
te mandan lluvia y lluvia de ola en ola
mientras los siglos muérdense la cola
girando en ti con ritmo soñoliento.

Sin casi verte, sin pisarte apenas,
bella me hieres, dulce me enajenas;
aunque me vaya, quedo entre tus muros

—larga chilaba y garbo de palmera—
gustando el dátil de tu primavera,
sorbiendo tu licor de ojos oscuros.

 

 

 

 

POETA PURO

Tras de tu ensueño quieres esconderte
haciéndote agorero de lo oscuro.
Tu labio es joven, tu decir maduro;
pero es la vida un vino rojo y fuerte.

Has de beberlo al fin o has de perderte;
y has de pisar sin miedo barro impuro
o, cuando creas verte más seguro,
te asombrará el tamaño de tu muerte.

Hombre serás si habitas con los hombres.
Ven a llamar las cosas por sus nombres;
no estés en soledad; entra en el coro.

Pon tierra, llanto y sangre en tu poesía;
rima tu canto con la luz del día
y se alzará más bello y más sonoro.

 

 

 

 

xxxxEN EL HOMENAJE A CARLOS ÁLVAREZ
QUE HA PUBLICADO UN LIBRO SIN CENSURA
xxxxxxxxxxxxxxEN DINAMARCA

Hoy, cuando se reúnen tus amigos,
querido Carlos, somos dos ausentes.
Ni estoy ni estás. Y, sin embargo, hablamos;
seguimos con la voz y la palabra;
(pues ya lo dijo Blas —punto redondo—
que la palabra nadie nos la quita).

Por eso, contra el viento y la marea,
salvando la distancia y otras cosas
mi voz se ha de escuchar cuando la tuya
ha dado a luz un hijo en Dinamarca.
Un hijo, un libro: enhorabuena, Carlos,
y un gran abrazo lleno de alegría
porque, al nacer un libro, nace un hombre,
nace un amor, una esperanza, un sueño,
nace una fuerza, una verdad, un mundo.

 

 

 

 

iA MIGUEL HERNÁNDEZ
MUCHOS AÑOS DESPUÉS

Todavía.
Ya ves Miguel, estamos todavía
en esta misma cárcel donde fuiste
ganándote la muerte día a día.
Por ella alzaste el vuelo y te evadiste
de la ruindad del plomo y de las rejas.
En ella te sembraste y te creciste.
Pájaro libre, vuelas y nos dejas
en este sacrosanto estercolero
donde las penas se nos hacen viejas.
Ya ves Miguel: el mismo carcelero;
la misma espuela hiriendo los ijares
del pueblo despojado y prisionero…

Rezamos día y noche tus cantares
para guardar el corazón entero…
¿Sabes tú el fin del odio y de las penas?
¡”Compañero del alma, compañero”!

 

 

 

 

A CARMEN CONDE, “MUJER SIN EDÉN”

Tú, Carmen Conde, sabes qué sepultados ojos
acechan horizontes del misterio celeste.
Tú sabes cómo el plomo pesa sobre la nube
y qué sucia cortina de telarañas cierra
las trémulas gargantas en profético trance.
Tú sabes que, a despecho de los lúcidos raptos,
setenta veces siete puertas sin cerradura
custodian el recinto de la Verdad. Y cantas.

Porque tú, desterrada del Jardín, sacudida
por la lluvia y el cierzo, calcinada por soles
implacables, doblada por antiguos cansancios,
con tus dos pies desnudos sobre piedras hostiles,
con tus manos ligadas por remotos decretos,
tenazmente deslindas tus caminos y buscas
aquel rayo sin sombra que brilló en el principio.

(Oh nostalgia del limpio Paraíso, del Hombre
recién hecho que hallaste respirando a tu lado
cuando flores y bestias se te daban sumisas.
Y tus hijos, tus únicos, tus auténticos hijos,
Caín y Abel doliéndote como dos llagas tórpidas
en la férvida carne.)

Tú, mujer en exilio, sumergida en mareas
seculares y amargas, no renuncias. Inquieres.
Tú, vencida, disuelta, resurrecta, juzgada,
clamas alto con grito de agudísimo vuelo
por tu amor, tu pecado, tu ignorancia y tu sino.

Porque Eva no sabía. La Serpiente sabía.
Dios sabía y callaba consintiendo. La fuerza
del Varón no detuvo ni cortó aquella mano.
Y la culpa fue nuestra. Nuestra culpa. Eso dicen.

 

 

 

Figuera Aymerich, Ángela. Obras completas. Madrid; Ed. Hiperión, 1999.

 

LOS ANIMALES BUSCAN SITIOS DIFÍCILES PARA MORIR

 

xxxxxI

Soy la tercera generación de hombres que vie-
nen de la tierra y de la sangre. De las manos de
mi abuelo atando los cuatro estómagos de un
rumiante. De los pies de mi bisabuelo hundién-
dose en la espalda de una mula para llegar a la
aceituna. De la voz y la cabeza de mi padre re-
pitiendo yo con tu edad yo y tu abuelo yo y los hombres

 

 

xxxxxIII

Quiero seguir el camino que hace un animal al
morir. Tocar el trayecto difícil de la agonía en
sus párpados. Pies en el lomo, voz en uno de los
estómagos. Ellos me hablan como a un hombre.
Ellos esperan de mí lo que esperan de un hom-
bre.

Pero yo sangro. Animal o mujer: hecha de sueño
y lágrimas.

 

 

xxxixixxxUN CUCHILLO CORTA
xixTODO LO QUE YO QUIERO HACER
TODO LO QUE YO PRETENDO ESCRIBIR

¿podré caminar como es debido con el cuerpo
xxrecién hecho?
¿y recién cortado?

x
Ya tengo abiertas las rodillas
no quieren infancia

 

 

MADRE CON QUÉ LIMPIO estas manchas de
xxnacimiento
si tengo un rostro en las manos
bordado

padre no me enseñó a huir
solo a quedarme quieta y a no hacer ruido
—empuñando un rifle
apreciarás silencio y camuflaje—

pero mi defecto siempre es el mismo
mecer al animal entre la carne y el sueño

todo lo que estábamos
dispuestos a destrozar
para qué
dices ahora,

todo
para qué.

 

 

 

Sánchez, María. Cuaderno de campo. Córdoba; Ed. La Bella Varsovia, 2017.

 

ASOMANDO A LOS OJOS

 

POCAS cosas despiertan
mi alegría
como el brincar gozoso
de algún perro
que me ha salido al paso.
Pocas cosas remueven
algo profundo en mí
como el mirar de un perro
fatigado
de haber vivido tanto.
Todo el amor del mundo
que tú ansías
y la desolación que sientes
asoman a los ojos
de un perro que te mira,
interrogándote.

 

 

 

Corredor-Matheos, José. Desolación y vuelo. Poesía reunida (1951-2011). Barcelona; Tusquets editores, 2011.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LXVI)

 

El viernes pasado, el poeta y músico Sebastián Mondéjar me regaló un ejemplar de su último libro, ‘La piel profunda’, y una copia del último disco en el que ha participado, el ‘Crazy Progression’ de la Egio Jazz Trío, que forman el propio Sebastián Mondéjar junto a Pedro Egio y a Sergio Valcárcel, además de Antonio Peñalver y Ginés Abellán.
Desde aquí mi agradecimiento público a mi frater Sebastián.

 

CUADERNO DE CAMPO

 

SAN FRANCISCO DE ASÍS se dirigió a las aves las
llamó hermanas impuso el silencio les dijo

xxxxxxxxixxxxxxxxxahora me toca hablar a mí

a mí
que sueño con todas las alas de mariposa
xxarrebatadas
una a una
para enterrarlas junto al cuerpo de miles que
xxperecieron
hace miles y miles de años
(pétalos, pequeñas deidades animales hechas
xxde barro, vientres que se vaciaron para dar
xxpaso a la mirra)

pero me toca hablar a mí
que soy un organismo como cualquier otro,
xxinfinidad de posibilidades, de células
xxchocándose las unas con las otras, una
xxmultitud de impulsos

—repito—
como los de cualquier otro debatiéndose
xxdentro por igual
entre los estímulos de la destrucción y de la
xxsupervivencia

a mí
que estoy escribiendo estas líneas que tienes
xxante ti porque he vuelto a buscar
la técnica de datación por carbono, los
xxentierros en el paleolítico, el proceso de
xxembalsamamiento y preparación del difunto
xxen el antiguo Egipto
a mí
xxque como tú
xxquieres
xxxxxel remedio la bondad
el ejercicio exacto para perpetuarse

xxxxxxxxxxxxxxxel reconocimiento el refugio
xxxxxxxxxxxxxxxxxla venda el duelo
xxxxxxxxxxxxxxxtodo
xxxxxxxxxxxxxxxtodo lo necesario

a mí
que miro mis dientes y mis manos
cada parte de mí abreviada
como escribir siempre ADN y no intentarlo con
xxácido desoxirribonucleico

a mí
que me gusta situar las cosas
en la región exacta
darles un significado
proveerlas de una historia

a mí
que no soy San Francisco
ni vosotros mis hermanas, las pobres
xxgolondrinas

a mí
que no soporto la idea de verme hablar a un
xxanimal
para pedirle que se calle
que prefiero la cura y no el silencio

pero cada vez que escribo
estoy contradiciéndome
a mí misma
convirtiéndome en la hermana,
en el profeta que se sienta delante de los
xxpájaros
pidiéndoos por favor de nuevo

silencio

porque al fin callan
las alas de mariposa, el hermano y las
xxgolondrinas,
y me toca hablar a mí.

 

 

 

 

xxxxxixxxESCRIBO NIDO
NO PECHO NO CARNE NO CIELO

 

xxxxxI

Solo hay una forma correcta de llevar un regis-
tro de aves:

—el sujeto que observa y anota siempre es el
mismo
—las manos que agarran siempre son las mis-
mas
—los animales que se escriben tarde o tempra-
no hacen el nido
—en ningún caso se permitirá el retorno de un
animal del cuaderno enfermo al cuaderno sano
—las aves y este cuerpo siempre buscaron la
caída
—hombres y animales siempre comparten la
misma página

 

 

xxxxxII

así la palabra pecho, así la palabra nido
así esta sucesión de manos que han pasado
siempre por la misma parte de mi cuerpo po-
dría constituir una narrativa;
no una sucesión de gritos, no una sucesión de
espacios

porque vosotros
siempre os refugiáis
en mi pecho que es isla
en mi pecho que es paraíso
en mi pecho que es cúmulo de leche invisible,
sudor y sangre

yo que os enseñé con esta parte de mi cuerpo a
tener hambre, soy incapaz de responder si me
preguntan: señorita, diga la región exacta, concreta,
única, señorita, dígame todos los nombres correctos de
vasos y venas, ganglios y linfa, músculos y grasa, tipo de
divisiones y de células… pero señorita, ¿cómo que no lo
sabe? si estamos hablando de su propio cuerpo
no, no, y no
pero quizás puedo decirle, señor,
mientras mira atentamente esta parte de mí
esta parte de grieta y ayuno,
este sitio donde anidaron todos los hombres de
mi vida:
(sí mi abuelo, sí mi padre, sí mis hermanos, sí
el que hizo posible la caída, sí, el que ensuciaba
todas las calles con el nombre de arthur cravan)
sí todos los animales que he alimentado como
los hijos que no tengo,
porque ya sabe,

xxyo soy un vientre vacío, mamá

y no soporto que escribáis sobre vísceras y ve-
nas sin haberlas tocado:
hablo de tener las manos ardiendo y empapadas
de sangre, hablo de los últimos movimientos y
de lo caliente que está un cuerpo antes de mar-
charse.
hablo de saber señalar en el mismo órgano mo-
ribundo el dolor exacto, el agujero recién naci-
do.
por eso, os digo, si os preguntara:

¿qué cantaríais?

 

 

xxxxxIII

venid que yo os enseñaré a tener siempre
xxhambre
venid que yo os enseñaré qué es la verdadera
xxpureza
venid que yo os enseñaré sobre anatomía y
xxanimales
venid que yo os enseñaré a elegir bien entre la
xxcarroña
venid que yo os enseñaré a alimentar a los
xxbuitres hermanos
venid que yo os enseñaré a diferenciar el poema
xxde la cacería
venid que yo os enseñaré qué canción hay que
xxcantarle a la muerte

 

 

xxxxxIV

porque vosotros con esta parte de mi cuerpo os
comportáis como pájaros
porque a todos vosotros os cobijé en la misma
región anatómica y, aunque solo sepa de cuer-
pos y enfermedades de animales, podría equi-
pararme con cualquiera de ellos y deciros que
xxxtengo el corazón de vaca
xxxtengo los dientes de perro
xxxtengo la placenta de yegua
xxxtengo el vientre lleno de leche de gato
xxxxxxpara las crías que invento

porque yo los he abierto para aprender a deli-
mitar de manera concisa y exacta
qué trozo de carne debo tocar para que un cuer-
po no se derrame

por eso os digo
que yo,
que me he quedado dormida mientras os ama-
mantaba,
yo que he sido ofrenda y alimento,
rastrojo y desperdicio,
sal y lágrima,
puedo deciros otra vez
la razón por la que seguís comiendo de mí,
(sí profesores, sí hermanos, sí amantes)

Porque habéis aprendido como esa especie de
pájaro a construir solo el nido en árboles que se
preparan para morir.
Porque habéis elegido lo que se esconde y lo
que hace latir, el mismo fluido incansable infi-
nito del color de la leche.

 

Mientras os lloro,
mientras con mi propio cuerpo
os doy de comer.

 

 

 

Sánchez, María. Cuaderno de campo. Córdoba; Ed. La Bella Varsovia, 2017.

 

VIETNAM (Primeros Planos)

 

xixixVIETNAM
(Primeros Planos)

LOS VIEJOS

Vemos al yanqui con su presa:
un viejecito andrajoso
con los ojos vendados y las manos atadas
a la espalda. Le vemos vacilar. Va temblando.
No es de temor. Su cuerpo se estremece
de vejez y de ira; del cansancio infinito
que hace a sus huesos desecados,
apenas recubiertos por la carne,
crujir mientras se curvan
en un gesto engañoso
de humilde vencimiento.

¿Qué hicieron esos viejos? ¿De qué modo
lucharon? ¿Con qué fuerzas? ¿Con qué armas?
¿Por qué los atraparon, cómo, dónde?
Sólo se ve que están apenas vivos.
Despojo ruin; pavesa miserable
del continuado incendio de su vida.

El yanqui se retrata con su presa.
Pero en seguida descubrimos
que ese bigboy de metralleta al hombro
y un rubio cigarrillo entre los labios
no acierta a fabricarse la sonrisa
del vencedor. El yanqui tiene miedo.
Teme a esos viejos. Sabe
que tras los míseros harapos
en el hundido pecho ennegrecido,
se oculta un recio corazón gigante
con espoleta de odio inextinguible;
un explosivo extraño y peligroso.

 

 

LOS NIÑOS

En el Vietnam hay niños; nacen niños.
Traídos a la vida cada día
por la corriente irreprimible
del poderoso amor, confiadamente,
osadamente nacen. Son pequeños,
son dulces y dorados
como la piel del plátano maduro.
No saben nada; sólo
vivir. Y sólo quieren
vivir al sol, al beso y a la brisa;
beber amor por todos los sentidos;
comer, reír, llorar. Y enderezarse
como los tallos del arroz, primero;
luego, como los troncos de la selva.
Mirad y ved los niños aplastados,
acuchillados, rotos,
perforados, roídos
por el napalm; mirad sus carnes puras
llagadas hasta el hueso;
ved las vacías cuencas de sus ojos.
(El yanqui escribe a la familia
y manda besos a los pequeñines.)

 

 

LAS MADRES

Con esa carga dulce y tremenda del hijo
colgando de sus hombros o apretado en los brazos,
caminan, cruzan ríos, pantanos, espesuras.
Huyendo. Huyendo siempre sin saber hacia dónde.
Las vemos en refugios subterráneos,
en la profunda entraña de la selva,
por caminos desiertos
o en una casa en ruinas sin puerta ni tejado
cociendo un puñadito de arroz o dando el pecho.
Pero abrazando siempre, protegiendo incansables
el informe envoltorio donde asoma y reluce
como una perla oscura la carita del hijo.

Las vemos solas, mudas, con sus ojos abiertos,
opacos de dolor, interrogantes,
como esperando —¿qué?— dentro del caos.

Pero sus rostros tienen
un raro resplandor, cierta belleza
de signo sobrehumano donde late
una indomable voluntad de vida.

 

 

EL ARROZ

Hijo del sol, del agua, de la tierra,
de la amorosa mano del labriego,
el arroz atesora,
en diminutos granos de alma blanca,
sus mágicas virtudes.
El arroz es el puro
y humilde sacramento
con que el Vietnam comulga y se alimenta.

El yanqui lo contempla desdeñoso:
(¡comida de los monos amarillos!)
y en el Vietnam, matar es la consigna.
Matemos el arroz. Hagamos hambre.

Llegan las aves tronadoras
y el arrozal sagrado es destruido.

 

 

LA SELVA

La selva es un gigante de pies quietos,
con fuerza inmensa y miembros infinitos.
La selva tiene garfios y puñales.
Punza y araña; hiere y envenena.
La selva es una trampa con mil bocas
que succiona al intruso,
lo ablanda, lo digiere.

Pero la selva tiene entrañas
maternales y próvidas
para los hijos de su tierra
que la conocen y la aman.
La selva los acoge y los protege:
les brinda sendas sinuosas,
cien túneles secretos, escondrijos,
hondos e inextricables
laberintos que ocultan
en su interior los claros apacibles
como jardines bien cerrados.

La selva es vietnamita;
es vietcong, antiusa.
Hay que matar la selva.

Y así, bajo la lluvia ponzoñosa,
entre las llamas asesinas,
los árboles soberbios se estremecen,
sus ramas crujen, se desgajan
en dolorosas convulsiones;
las hojas se abarquillan y se funden
en opaca ceniza;
los troncos poderosos se convierten
en calcinados esqueletos.
¿Qué ha sido de aquel iris prodigioso
de flores y de pájaros?
¿Qué ha sido de las simples bestezuelas,
de las fieras rugientes,
de los animalitos diminutos,
del mundo que se arrastra y el que trepa?
Todo agoniza, todo se disuelve
en humo y brasa; en polvo dolorido.

Porque, en Vietnam, matar es la consigna.

 

 

 

Figuera Aymerich, Ángela. Obras completas. Madrid; Ed. Hiperión, 1999.

 

EL DON DE LA IGNORANCIA

 

QUÉ angustia, en la cumbre
de la desolación.
Y qué desolación,
tan lejos de la cumbre.

 

 

 

 

HAY que llegar al borde
y apurar esta vida
que duda de sí misma
y que vacila,
y acaso se detiene.
Y volver, si es posible,
por haber descubierto
que nada, nada pasa,
porque no hay en ti
más que ocres,
estos grises,
los oscuros azules
del otoño.

 

 

 

 

NO sé si mis palabras
son de paz y consuelo
o de desolación.
Desolado es mi rostro
si me miro
en algún frío espejo,
desoladas mis manos
que sostienen el mundo,
desolada la mente
que sostiene mi mano.
La mirada se posa
serenamente en todo,
y el mundo se detiene,
el verso se detiene.

 

 

 

 

SOSEGAR el espíritu
entre el pavor y el gozo
de vivir.
Y que el mismo sosiego
sea el signo gozoso
de que el pavor empieza.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLa nada es el fruto de mi
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxconstante meditación.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxOmar Jayyam

¿CÓMO podré pagarte
que me hayas hecho ver
la irrealidad de todo,
la vanidad de todo?
Cuánto daría yo
por oír en tu voz
que la nada es el fruto
de tu meditación,
que después de la muerte
hay la nada
o la misericordia.
Tus palabras me llegan
con sabor a tu voz
y me parece verte
con un vaso en la mano,
que levantas
hacia ese firmamento
resultado tan sólo
de la imaginación.
Si es que eres tú, Omar,
arráncame una a una
las certezas.
Que quede tan desnudo
como las claras dunas
del desierto.
Omar Jayyam, brindemos,
porque aunque todo sea
viento, espejismo, sueño,
quiero seguir oyendo
tus palabras,
contemplar tu figura
de apagada ceniza
y beber en silencio
el vino de tu cáliz.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAnte la tumba de Ángel Crespo

¿QUIÉN es el que aquí yace,
si en la piedra me he visto
reflejado
igual que en un espejo?
He leído tus versos
en silencio,
pero era tu voz
la que yo oía.
No olvides que tenemos
una cita
más allá de las sombras.

 

 

 

 

MUEREN todos los hombres,
los que ignoran,
los que viven pensando
en el mañana
de un tiempo que no existe.
Todos los hombres mueren,
y esta tarde,
luminosas tinieblas
hacen brillar en mí
una fe que no es fe,
sino conciencia
de cegadora luz.

 

 

 

 

ME gusta caminar
sin compañía,
descubrir en los árboles
la semilla del fuego,
ver crecer los arbustos
con su ritmo tranquilo
y sentir cómo a todo
lo ilumina
la misma única muerte
que me ilumina a mí.

 

 

 

 

UNA paloma.
Pero tú ¿cómo sabes
que eso es una paloma
y que no es un domingo
o una mañana gris
o esa ave extranjera
que no conoce nadie
y que rompe el espacio
y sorprende a las copas
de los árboles
con cantos no aprendidos?
Sé que es una paloma
y que no es un domingo,
ni una mañana gris,
ni algún astro perdido,
como sé, estoy seguro,
de que, no siendo nada,
soy un hombre
que ve alzar el vuelo
a una paloma
que va rompiendo el aire
y deja la mañana
vacía para siempre.

 

 

 

 

NO sabe el gorrión
que es gorrión,
aunque advierte que él
no es una alondra
ni un águila real.
Del aire sólo sabe
cuando impulsa su vuelo
o lo derriba
como de un manotazo.
Siente suyo el espacio,
pero no se pregunta
dónde empieza,
ni dónde está su fin.
Yo sé lo que es el aire
cuando llena de gozo
mis pulmones,
y lo sabré mejor
cuando un día me falte
y no sepa encontrarlo.
Saber de mí algo más,
o abandonarme al aire
y que el viento me empuje
o me derribe,
y volar
por espacios sin límites,
gozando la ignorancia
como un don.

 

 

 

 

DESDE este tren contemplo
la paz con que los campos
se me entregan,
la montaña que crece
si la miro,
el árbol solitario
que camina
en busca de raíces,
alguna casa aislada
que recuerda
que el hombre aún existe.

 

 

 

 

Y, desde el tren, el mar.
Qué gozo poder verlo
siempre el mismo.
No merezco tener
ante los ojos
tanta pura belleza.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCampo de La Mancha

ESTE campo tan ancho
viste la desnudez
que tú anhelabas.
Mirándolo descubres
lo que eres
cuando logras librarte
de todas las montañas,
los ríos y los árboles
que impiden ver en ti
más allá del paisaje,
de todos los paisajes.

 

 

 

 

LUZ a lo lejos.
Infinita nostalgia
de no sé qué.

 

 

 

 

CÓMO resbala el sol
sobre las hojas.
Sensación de que todo,
ahora, en torno a mí,
ha dejado de ser,
y no hay nada, no hay nada
que se pueda cantar,
si no es el canto mismo.

 

 

 

 

ME da el sol en los ojos.
Nada pienso.
Se ha borrado, de pronto,
la memoria.
Qué importa si la vida
es transitoria,
pues soy invulnerable
si indefenso.
Se nubla el sol.
Mi cuerpo vuelve, tenso,
a soportar el peso
de la historia.
Lo que era oro, apenas
es escoria.
Es mínimo aquello
que era inmenso.
¿Habré de darlo todo
por perdido,
si nada tengo y nunca
lo he tenido?
Sé que abandonaré
lo que he soñado,
que en todo se asemeja
a lo vivido.
El sol está ya bajo,
y está el prado,
por resplandores
del resol, dorado.

 

 

 

 

¿QUIÉN hojea este libro
en que todo está escrito?
¿Quién caza uno a uno
aquellos pájaros
que daban fe del cielo
y que nos enseñaron
a olvidar?
No he podido encontrar
flores azules,
sino sombras azules.
Vierte ahora en el vaso
tu temor a morir,
y bebe, bebe antes de que sea
o demasiado pronto
o demasiado tarde.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carmen Borja

¿LLEGARÉ yo a escribir
alguna vez
el poema que me abra
ese paisaje
donde pueda perderme
entre los árboles
y aspirar los perdidos
aromas de la infancia?
¿Cuándo podré crear
un mundo tan real
como irreal es este
en el que vivo?
Todo lo que he logrado
es escribir poemas
que son sólo poemas.
No dan sombra sus árboles,
ni frutos.
En ellos no hay aromas,
ni el silencio que anuncia
que el poema se ha escrito.

 

 

 

 

SOLO, el verso se escribe.
Leído o escuchado,
este poema
¿cobra el mismo sentido
que el volar de una hoja
o el pasar de una nube?
Feliz este momento
en que las cosas
despiertan algo en mí
que no soy yo.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Jaime Siles

El poema se oculta
en el poema,
igual que la montaña
se oculta en la montaña,
y hasta el nombre de Dios,
en los nombres de Dios.
Escribes las palabras
y el poema se oculta
entre una letra y otra,
la montaña, en los granos
de arena del desierto,
como el nombre de Dios
entre los números.
El agua, allá en la playa,
disuelve cielo y rocas,
disuelve las palabras,
disuelve los deseos
de vivir.
No busques el poema
en el poema,
no busques la montaña
en la montaña,
ni los nombres de Dios
en el nombre de Dios.
Que los nombres, al fin,
sean un solo nombre,
y un número los números.
Contempla la montaña
como es
y deja que el poema
sólo sea poema,
que los nombres de Dios
se borren con las olas,
y verás el poema
florecer,
descender la montaña
hasta tus pies,
disolverse en las aguas
las palabras,
los nombres y los números.
Y que el poema sea.

 

 

 

Corredor-Matheos, José. Desolación y vuelo. Poesía reunida (1951-2011). Barcelona; Tusquets editores, 2011.

 

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