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EL COÑO DE LA DONCELLA

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(ANÓNIMO FRANCÉS DEL SIGLO XVI)

EL COÑO DE LA DONCELLA

Coño, no coño, sino pequeña gracia,
tú, coño, placer mío, mi gentil jardincillo
donde no se plantó, pues, ni cepa ni árbol,
hermoso coño, coño de la boca bermeja,
coño, pituso mío, mi pequeña hondonada,
coño rollizo, en forma de bocado,
todo tú recubierto de un rico vellocino
de hebras finas de oro en su justa sazón,
coño con tanta fuerza como poderío,
que puede, él solo, hacer que hasta el goce bostece,
tú, coño que la mano perezosa y lenta
conviertes, cuando quieres, en atrevida y diligente,
coño que ordena al ojo que diga con un guiño
que tiene lo más digno del amor,
y que ordena a la boca que hable del placer
y que revoque todo aburrimiento;
coño, tienes la fuerza y el poder
de agitar y mover un pezón firme;
coño, que no has olido esta dulce batalla,
tú no eres para nada de esos coños furiosos.
Coño, no hay otro coño que te valga,
coño montado encima de unos muslos tan prietos
que eres como un escudo, y avisas del asalto.
Lo que hacemos, decimos, lo que nos ocupa,
queremos, prometemos, o afirmamos,
es para ornar tan digno coño;
¡todos te adoran de rodillas!
¡Oh, coño, bello coño, golosina exquisita,
coño que harías reír a un moribundo,
yo dejo a aquellos que desean la mano,
la suya que hacia arriba tiende hoy más que mañana,
y a los que se contentan con mirar;
es un gran bien el no tener deseo;
y en el beso les dejo también abandonados,
y estoy contento de quedarme aquí,
justo a tu vera, coño, a tu servicio,
aquél que es más propicio para mí.

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PIETRO ARETINO

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SONETO LUJURIOSO VI

— Porque he probado tan solemne polla
que me vuelve al revés la orla del coño,
yo querría ser toda entera coño
y también que tú fueses todo polla.
Porque si fuese coño yo y tú polla,
calmaría por un buen trecho al coño
y también tú tendrías de ese coño
todo el placer de que es capaz la polla.
Mas no pudiendo ser toda yo coño,
ni convertirte tú del todo en polla,
el buen querer acepta de este coño.
— Y acepta tú de mi menguada polla
la buena voluntad; en ella el coño
encaja, y yo le encajaré la polla;
y luego por mi polla
menéate tú entera con tu coño:
y seré polla yo, y tú serás coño.

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Del CANCIONERO TRADICIONAL

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Estábase la moza
de espaldas en el lecho,
las piernas abiertas
y mirando al techo;
dice con despecho:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!

De rato a ratillo
toda se brincaba;
con gesto amarillo
de dolor, sudaba;
con pasión llamaba:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!

Toda se comía
en grande manera,
que el dedo metía
por la hurgonera;
llorando decía
con voz lastimera:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!

Hácese pedazos,
toda se desuella;
quería los brazos
meter por la mella,
dando esta querella:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!

Como estaba así,
pensó que soñaba;
cuando tornó en sí
sintió que meaba
y de presto llama:
¡Agua, dadle agua,
que el fuego está en la fragua!

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En medio del bosque
hay un manantial,
quien esté sediento
lo venga a buscar.

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LA PRINCESA Y EL SEGADOR

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LA PRINCESA Y EL SEGADOR
xxxx(Romance anónimo)

El emperador de Roma tiene una hija bastarda,
la rondan duques y condes, caballeros de gran fama.
Los duques porque son viejos, los condes, no tienen barba,
los caballeros son jóvenes, no saben arreglar casa,
la hija, como es celosa, a todos los despreciaba.
Con el calor del verano se asomaba a una ventana
y vio a tres segadores segando trigo y cebada.
Se enamoró de uno de ellos, del que gavia ..la manada.
Al ver eso la señora pasó aviso a la criada:
—Ve y dile a aquel segador que su señora lo manda.
—Venga usted, gran segador, que mi señora le llama.
—No conozco a tal señora ni tampoco a quien me llama.
—Yo me llamo Teresita, mi señora doña Juana;
y mi señora es aquella que se asoma a la ventana.
Oiga usted, la gran señora, aquí tiene a quien buscaba.
—Diga usted, buen segador, ¿quiere segar mi senara?
—Yo, segar la segaría, la cuenta será la paga;
diga usted, la gran señora, ¿en qué tierra está sembrada?
—No está en sierras ni en laderas, ni tampoco en tierra plana,
que está en un vallito oscuro, bajo de las mis enaguas.
Se pusieron a cenar: tres conejos y una pava,
medio cántaro de vino para mojar las palabras;
al terminar de cenar se fueron para la cama.
A eso de la media noche la señora preguntaba:
—¿Qué tal va el segador segando la mi senara?
—Doce manaditas llevo, pa’ las trece una me falta.
—¡Malhaya sea el segador que a las trece no llegaba!
A eso de la media noche ya tocaban las campanas,
que murió aquel segador segando la su senara.

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LOS DESIERTOS DEL TIEMPO

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SIN EL HIJO

Amor tiene hoy el corazón azul
y una piedra de fuego
en la garganta.
Gime su entraña delgada y enferma
traspasada de hielos y silencios arados,
y en la tarde
la ciénaga cruza densamente el páramo
agotando los miembros,
segando las orillas del dolor.

Amor tiene hoy el corazón azul
y una piedra de fuego
en la garganta.
Arrastra grávidas las espaldas
henchidas de aire negro
y un torniquete de sangre retenida
dilata su noche inacabada.

Los campos de centeno, el castro,
los destellos del sol en los chopos del río,
las cancelas que cierran los caminos.
He retenido de la vida
lo que cabe en tus manos.
Todo lo ardí
para una misma hoguera.

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DEPREDADORES

Dejé
en la agria
madrugada

el nido.

No vi llegar la rapaz.
Devoró los huevos.
Escuché el batir de sus alas.

Como el lobo, dejó regueros de sangre
entre la nieve.
Como el viento, lanzó en desorden siniestro
la techumbre.
El dolor es bisturí
en la madrugada.

Las plumas, las carnes tumorales
y las sábanas agrias
infectaron el aire.

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Negueruela, Jacinta. Los desiertos del tiempo. Madrid; Ed. Devenir, 2012.

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CUERPOS VARADOS

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FUSIÓN

Ensimismado me abrazó el viento del Oeste,
azul se perdió el día,
quedó tan sólo la inmensidad del agua.
Yo miraba la inmensidad.
Me hubiese abandonado como la ola en la arena,
ser absorbida,
hundida hacia la tierra.
Me hubiera diluido como el agua en la playa,
tanta vida en la vida,
y ahí abajo encontraría el mar,
ser tierra otra vez y empujar a la ola
y lanzarla dormida a la tierra
y abrazarla de nuevo,
y hubiera sido hoy tierra
y mañana mar,
y luego tierra y después mar,
hubiera sido un océano azul incomprensible.

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MAR DESDE PARÍS

Me deja el cristal una gota de lluvia
para recordarte de agua, mar,
desde una ciudad cualquiera.
En frente otros cristales de otras ventanas,
distintos, amarillos
y sus usos domésticos,
su calor humano.
Pero yo te prefiero a ti, mar,
pequeño
en la gota de agua,
igual de azul,
hoy tan frío,
pintando la cara de olas sesgadas,
dilatando la cara de la gente,
haciéndolas temblar.
Así te vi en París, alguna tarde,
persiguiendo una ola del Sena
que me llevó hasta ti.

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OLVIDO

¿Cómo nombrar el cuerpo que me desata, sigiloso, de
otro cuerpo?
¿De qué mar desmemoriado de mi invierno,
de qué asustada grieta submarina se arranca el ancla
huida?
Hoy desanudo los mil ratos de desdicha
y la desolación de una llanura se me encalla
y ya no sé por qué hacen falta tantos cuerpos para ocultar
el cadáver de uno sólo.
Como la inquieta tierra removida, de la que surge,
aterradora,
la mano que delata,
así entierro, convulsivamente, el cuerpo de un pasado,
inútil, sí,
cruel,
ya vieja historia.

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TU NOMBRE LABRADO

Y no dejará el recuerdo
de ahondar en la porosidad de la roca,
miles de partículas de agua pulverizada
resquebrajan la memoria más firme.
Y tu nombre, infinitamente dicho,
infinitamente silenciado,
eterno.

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Negueruela, Jacinta. Cuerpos varados. Madrid; Ed. Devenir, 2009.

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UN BUEN MOMENTO

diciembre 29, 2021 Deja un comentario

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SIEMPRE SUPE .que .estoy .condenado .al .infierno
irremisiblemente. Por .ejemplo, .cuando .cruzo .las
calles con mendigos en cada esquina, les lanzo mis
monedas… Pero .éstas .vuelven .a .mí sin tocar sus
manos.

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EL INSTINTO
es un eco de lluvia
dando tumbos
como pájaro herido,
allí la mujer
de aliento a cardenillo
anda con cara vernal
hacia la horca del bosque:
en su estela
el ejército de hombres
que la amaban.

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SI NOS DESTROZAMOS EN UNA PESADILLA
que no tenga pies ni cabeza
y con el corazón rebotando sobre las piedras
me obligas a llorar por ti,
a recoger las vísceras que dejas por el camino,
es entonces cuando me echo a dormir,
a tomarte en algún sueño,
pero surge otra pesadilla
que tiene pies y cabeza,
algo así como la vida,
y es ahí donde acabas
de destrozarme.

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EL AUTOBÚS DE MEDIANOCHE
pasará por aquí, frente a tu casa.
Sonará tres veces el claxon
y oirás las risas contagiosas
de sus pasajeros.
Tú morderás la cortina de la ventana
y aferrándote a los muebles
romperás a llorar.
Justo la noche en que decidas marchar
él faltará a la cita.

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BLUES

xxxUn día .que .estaba .muy .triste .vi .un .blues peque-
ñito paseando solo .por .la .carretera. Corrí a su encuen-
tro .y .le .tendí .mi .mano, pero .me .rechazó. Lo intenté
varias .veces, mas no aceptaba. Entonces lo seguí con la
vista, .agazapado .entre .los .matorrales. De .repente .la
carretera se acabó y, justo en el momento en que caía al
abismo, me arrastró de su mano.

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ME HE SENTADO A LA PUERTA DE MI CASA,
no hay reloj que marque esta hora
ni luz que ilumine esta calle.
Sé que soy una fuente de placer
mientras el viento agita mi pelo castaño,
por eso espero tranquilo
que alguien acuda a beber
con su fresca boca roja.

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IMANES

Los sueños son
circunferencias perfectas:
estás dentro
o fuera.
Como el sexo de mujer:
imposible merodearlo
sin hundirse en él.

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LA MISMA VIEJA HISTORIA

Un adolescente aburrido
es, ciertamente, un paisaje
muy triste,
y aún más
sabiendo que hay mujeres
que duermen
con la boca abierta
y docenas de parejas
que se hacen el amor
en chino, francés, árabe
o en el idioma
de los delfines.
Por eso hay tantas butacas
en los cines
y tantas camas en las casas.
Y es que la inteligencia
es erótica
y el arte perfecto
el orgasmo.

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POEMA DESDE PARÍS

xxxxx2

Con la memoria olvidada
paseo lentamente
en un puente sobre el Sena.

Converso
con un gato y un farol,
y los hombres sin raíces
siguen cantando
por pesetas, francos y peniques.

La gente es como
dos trenes que pasan
velozmente
uno frente al otro:
los rostros se vaporizan,
las sonrisas sólo duran
décimas de segundo.

Y este extraño individuo
que tengo dentro de mí
es tan sólo
un pasajero más.

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xxxxx3

La música
es lo único que me importa,
ya sabes, me refiero a los
pozos individuales
en que cada día nos sumergimos
para autocomplacernos,
y de vez en cuando
llevamos a un amigo
a ver qué tal le sienta
nuestro clima.
Sólo se necesita
una máquina que produzca ese sonido
de doce compases
que revienta el corazón
y hace hervir la sangre.
Sientas a tu amigo
y le dices emocionado:
«ya no nos hace falta hablar».
¡Oh, es fantástico
ese momento
en que tu cabeza es tan inservible
como un teléfono roto!
Entonces no hay
hilos en el aire,
y estás alegre y triste
y tus ojos aprenden a ver
y eres tú
a solas
con tu corazón silencioso.

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ERES UN BUEN MOMENTO PARA MORIRME

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA María José

Amaneciendo y anocheciendo
a un mismo tiempo,
cariño, ¿no es ésta la forma
en que te gustaría vivir?
En mi cabeza hay un álbum
de fotos amarillentas
y lo voy completando con mis ojos,
con los más leves ruidos,
atrapando olores en el aire
y en cada sueño que sueño.
¿Sabes una cosa, pequeña?
La última página de mi álbum
tiene tu boca lluviosa mordiéndome un labio,
un disco de rock’n’roll
y calcetines de colores.
Mis ojos han sido rápidos,
te he hecho el amor con la ropa puesta
a través de una
larga pajita dorada
mientras cruzabas la calle
con el cabello ardiendo.
Pero ahora son tus pies
quienes dan mis pasos,
¡así que no te equivoques
pues me caería!
Te bebo en cada vaso de agua
que sacia mi sed,
mis palabras son claras como niños pequeños
o espesas como semen empapando cortinas,,
pero hoy tengo que inventar
un nuevo idioma
para conversar con tus tiernos maullidos eléctricos
y los gritos de euforia
de la gente que vive en tu cabeza.
Debes saber que a veces
soy como un entierro interminable,
siempre triste y azul
subiendo y bajando
por la misma calle.
Pero otras veces soy un río de risa
corriéndome por toda la ribera,
haciendo el amor a la mar,
una felicidad contagiosa,
un revólver de amor, nena,
y voy a disparar justo a tu corazón
¡bang bang!
¿te di?
Quiero arrollarte, enrollarte y arrullarte,
montaña de aguardiente
y tarde rojiza.
Eres un buen momento para morirme.

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Casanova, Félix Francisco. Antología Poética. Cuarenta contra el agua. Madrid; Ed. Demipage, 2010.

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HISTORIA DE LA RECONQUISTA

diciembre 27, 2021 Deja un comentario

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HISTORIA DE LA RECONQUISTA

Yo sé que puedes. Eres pueblo puro,
materia insobornable de mi canto,
desenquijotizándote un tanto,
sé que puedes. Podrás. Estoy seguro.

¿Quién sino tú aupó desde lo oscuro
un sol bajo el que el orbe abrió su manto,
tanto andaluz universal y cuánto
vasco exiliado y extremeño duro!

Allá historias. Aquí lo que hace falta
es conquistar el año diecisiete,
que está más cerca. Tierra firme. Alta

mar de los hombres —bravas, hondas olas
de Cuba—, bate, vuélcate, acomete
contra las hoscas costas españolas.

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de Otero, Blas. Obra completa (1935-1977). Barcelona; Ed. Galaxia Gutenberg, 2016.

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POEMAS DE ‘CUARENTA CONTRA EL AGUA’, DE FÉLIX FRANCISCO CASANOVA

diciembre 26, 2021 Deja un comentario

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MÚSICA DE OZONO

El crujido del agua
encharcada en la noche,
la lengua cyan de un gato
enamorado, flor polar
sangrando,
las notas pequeñas
a poco volumen,
un filo de viento, un hilo de lluvia,
justo lo innecesario.

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SÍNDROME Nº7

Nada vale una vida
excepto otra vida,
así la luz de los ojos de madre
guiará mi balsa
serena y abismal.

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DÍA DE AVALÚO

Enumérense, amigos
y defínanse.
Dejen los velos
al pie de la escalera.
Midan mi llaga
y busquen remedio.

Por donde han entrado
pasé antes yo.

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ESTA NOCHE DESEO SER
absolutamente sensible,
abandonarme en la estela de huellas
que bajan al mar
y formar orilla.
Temblando dibujo mi alma de vaho
en el cristal
y ella misma se borra
cuando escampa.
Esa lejana luz
que ahogo con un solo dedo
es toda mi potencia ajena a mí,
cansado corazón de péndulo
al pie de la escalera.
Quiero ser sauce
bajo lo poderosamente negro,
o final de río
para seguir siendo agua,
palpitación inextinguible.
La fiebre me hace brillar
como vírgula encendida,
todas mis venas conducen al bosque,
al inmenso placer de ser lluvia.
Cada noche que pasa sé menos,
cada noche que doblo por sus cuatro puntas,
espero que acaben todas para saber nada…
y empezar a llenarme…

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LAS COSAS QUE DAN PLACER
seguro vienen por el río
y en la cascada se lanzan
como ramos de flores
en una procesión,
y yo qué sé, afanarse
en recogerlas como un avaro
tiende su capa ante
las monedas de oro,
es, imagino, un error.
Mejor tomarlas como la lluvia
que moja sin querer,
al igual que el viento se lleva
las hojas de otoño,
alegremente.

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SÍNDROME Nº5

A quien está a mi lado
le exijo, por ejemplo,
que no me destruya,
ya que no soy ningún ave fénix,
y por favor, si después de muerto
viene a visitarme,
que no me cuente los misterios.

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EJARBE

Los animales arrastran sus lenguas
guiados por el olor de la riada
y su aliento perdura en las flores.
El amante se yergue
y en su torso se dibuja otro cuerpo,
al igual que el río se desborda
tras las lluvias
su memoria rompe el dique
del pasado.

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¿A QUÉ PODREMOS JUGAR
cuando el invierno emigre
y las lluvias cesen?
Ya no será tan fácil deslizarse
por la húmeda lengua del crepúsculo,
alzar el vuelo con los cuerpos trenzados
y respirar por una misma boca.
¿Sería ésa la hora
de suponer perfecto nuestro estilo,
de, quizás, haber creado
la verdadera comunicación
para rechazarla luego?

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SUELO QUEDAR DORMIDO
mirando la luz de una vela,
en mis sueños la llama incendia la noche
que cae el telón al final de una tragedia,
el fuego sigue creciendo como un niño interminable,
en el sótano parecen los fantasmas olvidados
y en las calles sin salida
mis amigos se agolpan temblorosos.
Esa música crujiente
que avanza como un ejército de muertos,
el viento inflamable que destroza las estaciones
como la coz de un caballo en libertad,
así de fuerte es mi venganza,
así me ahorco con la soga del campanario
para que os persiga la música de metal
que mata.
Y nunca más haréis el amor
ni oleréis ese manjar que es el agua.
Pero cuando el tren del sueño
se detiene, es imposible describir
la tristeza que retorna a mis ojos,
testigos ridículos de ese trozo
de cera que se está consumiendo.

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NO HAY INSTRUMENTOS PARA ESTA MÚSICA
ni un bello rostro que usar como careta,
hoy sentado entre dos sueños
soy como un secreto en el arcón.
El jinete se duerme en su caballo
que es a la vez un sueño del jinete,
los muñecos bostezan cada noche
y su aliento de fieltro dura un año.
¿Y qué significan esas lápidas
y estas partidas de nacimiento?
si somos velos transparentes
superponiéndonos,
una maleta llena de hojas
de mano en mano
por un largo corredor.

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SÍNDROME Nº2

Yo soy mi propio abuelo
viendo a mi infancia jugar,
y la noche es un polvo de amor negro
que estalla en mi boca
al besar el espejo,
esos labios tan profundamente olvidados
de los que nunca conoceré su sabor.

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EL LEVE MARTILLEO DEL OTOÑO
como una baraja de naipes afilados
sesga mi memoria,
y al pisar las lenguas secas,
desertoras tristes de sus árboles,
oigo mi voz y no me reconozco,
¿fue tan hermoso ese día de campanas
en que desnudo en la yerba
fabriqué este recuerdo?

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A VECES, CUANDO LA NOCHE ME APRISIONA
suelo sentarme frente a una cabina
telefónica
y contemplo las bocas que hablan
para lejanos oídos.
Y cuando el hielo de la soledad
me ha desvenado, los barrenderos moros
canturrean tristemente
y las estrellas ocupan su lugar,
yo acaricio el teléfono
y le susurro sin usar monedas.

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BOCADILLO DE PÁJAROS

Extraño es el arte
de sufrir: se cultiva
en selvas y ciudades,
el semen negro y espeso
de una cicatriz de nieve.
Desde las plantaciones
al cuarto de alquiler
el mismo humo del sueño
nos excita como un pezón,
el vicio subterráneo
de los solitarios
extendiéndose
como un sangriento polen
en cada beso de raíz a raíz.
Los barcos cargan toneladas de cigarrillos
y las arañas se encienden en los hoteles.
Nadie se está quieto.
Es un asunto muy contagioso
éste de la muerte.

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CONVERSACIÓN

No quisiera ponerte nerviosa.
Es la primera vez que algo
nos va a separar,
porque es la primera vez
que te produciré auténtico
miedo.
Así que empiezo otra vez:
quiero ponerte nerviosa,
quiero que tiembles
y quiero que aprendas
a hacerme temblar.
Amo a la gente neurótica,
los cuchillos y las guitarras eléctricas.
Soy un hombrecito insano,
el más perfecto de los traidores
porque no tengo causa.
Desconfía de mí,
que se trabe tu lengua
al darme la espalda.
Ése es el primer paso.
Toma conciencia de que mis manos
no sólo sirven para acariciar
y hay muchas palabras
que contigo nunca he usado.
Fíjate en que esto ya no es un poema,
que yo no soy el mismo para ti
desde que empezó este diálogo.
Imagínate sufriendo
toda la eternidad
el aullido del parto.
Suéñate en un coito largo como la vida,
conocer de memoria las lentas variaciones
del rostro durante el orgasmo.
Vivir el placer de los fantasmas,
el placer de las camas que soportan cuerpos y cuerpos
sin diferenciar si eres un vivo o un cadáver.
¿Ya tiemblas?
Quisiera ordenar con lógica
mi discurso,
pero no puedo.
Sólo deseo que te hundas
en mi carne cenagosa,
gritarte desde el infierno:
¡Ayúdame, ayúdame
con tu viejo pelo negro
y tu boca redonda!
¿Me comprendes?
Huelo tu miedo pequeño y frágil
que invade tu conciencia virgen
y los correosos deseos rojizos
que arden en ti y no reconoces.
Mujer desnuda en una doble página
de un libro de arte,
tomada salvajemente por un jíbaro loco,
por un niño dado a luz en un pesebre,
barrida por el aliento sucio
de maridos que emigran en tren de medianoche,
con voz de odio haciendo el amor, de
chorlito dorado americano y de
gato chino del desierto.
Porque el Amor es una enorme trampa
para cazar hormigas y elefantes,
pero la palabra Amor
es como la palabra Dios,
siempre con mayúsculas
para que no se esfume el encanto.
¿He logrado confundirte,
o sólo he conseguido que me beses la frente
y murmures con ternura que estoy enfermo?
Lo cierto es que ya nunca me verás igual,
siempre imaginarás secretos
oscuros encerrados en mí,
¡pero eso es lo que quiero!
Le daré otro giro:
ese amor de llorar en una despedida,
de presentir los próximos gestos
educados y gentilmente eróticos
a que te has habituado,
de gozar con las palabras de agua,
olas mansas que no producen el menor daño,
te aplacan la sed
e impiden que te tortures
más de lo establecido.
Pero yo te susurro
venenoso
que existen
los trenes secretos del corazón,
las huellas en los pasillos de madrugada,
las jeringas jadeando
en encerradas habitaciones,
los pechos azotados por látigos de semen
y los sueños sangrientos…
Porque la Represión es
la más peligrosa caja de Pandora,
porque el dolor oculto
es el arma mejor montada,
porque ser consciente
es vivir siempre junto a la muerte,
delante,
atrás
o en medio como nosotros,
la raza de los agonizantes.
Estoy seguro de que me vas comprendiendo:
hay un millón de sensaciones
que te entran por un ojo
no más levantar el párpado,
el otro espera cerrado
su oportunidad.
Éste es mi último intento:
quiero verte alcohólica
para que me escupas en la boca,
quiero que te sientas
camello, león y niño,
quiero verte en forma de hombre,
quiero que veas en mí
un espejo interminable
y que te arrojes a él
con todas tus fuerzas,
hacia el fondo,
lo hondo
del
fondo…

Sssh,
mi amor, no llores más.
Fue tan sólo una broma.
Caminamos por un parque
y llueve
sobre nuestras cabezas unidas.
Es todo maravilloso
¿o no?
…Oye, amor, contesta…
¿O es que te has quedado
muerta?

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Casanova, Félix Francisco. Antología Poética. Cuarenta contra el agua. Madrid; Ed. Demipage, 2010.

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NADANDO Y ESCRIBIENDO EN DIAGONAL

diciembre 22, 2021 Deja un comentario

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NADANDO Y ESCRIBIENDO EN DIAGONAL

Escribir en España es hablar por no callar
lo que ocurre en la calle, es decir a medias palabras
catedrales enteras de sencillas verdades
olvidadas o calladas y sufridas a fondo,
escribir es sonreír con un puñal hincado en el cuello;
palabras que se abren como verjas enmohecidas
de cementerio, álbumes
de familia española: el niño,
la madre, y el porvenir que te espera
si no cambias las canicas de colores,
las estampinas y los sellos falsos,
y aprendes a escribir torcido
y a caminar derecho hasta el umbral iluminado,
dulces álbumes que algún día te amargarán la vida
si no los guardas en el fondo del mar
donde están las llaves delas desiertas playas amarillas,
yo recuerdo la niñez como un cadáver de niño junto a la orilla,
ahora ya es tarde y temo que las palabras no sirvan
para salvar el pasado por más que braceen incansablemente
hacia otra orilla donde la brisa no derribe los toldos de colores.

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de Otero, Blas. Obra completa (1935-1977). Barcelona; Ed. Galaxia Gutenberg, 2016.

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CUATRO POEMAS DE BEGOÑA M. RUEDA

diciembre 20, 2021 Deja un comentario

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A la noche,
algo desvela a Hija.
Siente el peso de alguien
tumbarse junto a ella en el jergón.
Hija
casi no
se atreve
a moverse.
Se ha dado cuenta de que quien sea no es su madre,
más bien huele a hombre.
Empapada en sudor, abre los ojos.
No ve que haya nadie pero lo nota,
mejor no moverse mejor cerrar fuerte los ojos
mejor esforzarse por no respirar,
por parecer muerta,
como tantas otras veces,
para poder sobrevivir.

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Quizás hubiera sido más fácil sin los hijos.
Hubiera preferido justo eso, una vida santa,
por qué no, las cuatro paredes de un convento
a salvo de la vida, de los hombres,
de casarse mal y a prisa con quince años
por no dar que hablar.
A salvo de ser mujer.
De ser educada para callar, obedecer, parir
hasta desgarrarse el útero y acatar
que el varón se acuesta con otras
para seguir sintiéndose varón.
Sin duda hubiera sido más fácil,
pero posguerra, mujer y pobre.

Qué otro remedio que amar al verdugo.

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Madre hace como que no escucha.
Madre sonríe.
Madre calla.
Madre cose.
Los hijos, siempre los hijos,
innecesarios como la maleza,
nunca entienden.
Sin duda hubiera sido más fácil sin ellos,
sin la maldición de Eva,
sin que le crecieran criaturas como tumores en las entrañas
que la ataran de por vida a un matrimonio.
Pero posguerra, mujer y pobre,
sobre todo mujer, y antes que nada, esposa.

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Madre se contempla en el espejo.
Con un pañuelo húmedo
se retira la sangre seca de la frente.

Los hijos, siempre los hijos.
Tamaño castigo de Dios.

Al menos ahora uno de los dos
no volverá a mirarla con odio,
con esa mirada insolente
que tan sólo pertenece
a la estirpe de Caín.

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M. Rueda, Begoña. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Murcia; Aula de poesía de la Universidad de Murcia, 2019.

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POR MI CULPA, POR MI CULPA, POR MI GRAN CULPA

diciembre 19, 2021 Deja un comentario

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Madre no ha querido ver la luz desde que murió Padre.
Pasa las horas cosiendo a oscuras.
Cuando Hija le acercó un candil, Madre lo arrojó contra la pared.
Cuando Hijo intentó tranquilizar a Madre, Madre lo llamó alimaña.
Dice estar esperando el regreso de Padre.
Que Padre no se ha ido para siempre.
Que la muerte es una excusa para estar solo.
Hija le pregunta a Madre si ellos tres, que están solos,
verdaderamente están muertos.
Madre sonríe, calla y cose.

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Se hizo todo lo que se pudo para salvar a Padre.
Padre enfermó del corazón,
aunque no de la misma manera en que ha enfermado Madre.
Se vendieron los olivos para poder pagar las medicinas,
también los mulos, los caballos, las aves de corral,
los aperos de labranza.
La alianza de bodas.
Madre cuenta que Padre
murió con el dolor de abandonarlos en la pobreza.
Lo cuenta palpándose el dedo anular.

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No hubo otro modo de enterrar a Padre.
El dinero no alcanzaba para un cajón.
Los restos de Padre descansan en la era, de un saco,
no se sabe muy bien dónde, el viento ha arrancado la cruz.
Madre dice que no piensa llevarle flores,
que Padre va a volver,
pero lo que queda de Padre alimenta la era.
La vida,
como una niña ciega que se pierde de madrugada,
no sabe regresar.

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Madre los amenaza para que nadie se entere de lo de Padre.
Si alguien pregunta,
un señorito se ofreció a pagar el sepelio.
Padre había sido un hombre amable,
no quería que le pegaran a los animales,
daba de comer a los pobres,
quería a sus hijos más que a cualquier otra cosa, y por eso,
no se debería de mancillar su memoria.
Hija, obediente,
se oculta los moratones mientras asiente con la cabeza.

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Hijo entiende a Hermana.
Hijo perdió la visión del ojo derecho
una vez que Padre intentó corregirle con los puños.
Como Hermana,
durante mucho tiempo estuvo pensando que lo merecía.
Estuvo pidiendo permiso para poder respirar hasta hacerse hombre.
Estuvo pidiendo perdón por estar vivo hasta que Padre expiró.
Hijo corría en busca de Madre cuando Padre puño de `piedra,
pero Madre miedo de Padre, Hijo corría tropezaba sangraba,
golpeaba puertas de vecino siempre cerradas pero Padre,
monstruo, siempre terminaba por pisarle el pecho.

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Padre azotaba desnuda a Hija en el establo cada vez que menstruaba.
En lugar de agua, le daba sal para calmar la sed del sufrimiento.
Hija, desesperada, llegó a degollar una gallina para beberse la sangre.
Hermano no podía ayudarla, Hermano yacía desmayado de hambre en el jergón.
En ocasiones despertaba y escuchaba los alaridos de Hermana con impotencia.

Desde que se vendieron las bestias, han crecido amapolas en el establo.
Hijo y Hermana las contemplan.
Hijo abraza a Hermana,
le susurra
que la justicia está floreciendo.

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Hijo no entiende por qué Madre sigue queriendo a Padre.
A Madre también la golpeaba, hería, dejaba inconsciente.
Hija cree que Madre también se piensa que lo merecía.
Es difícil no pensarlo cuando te lo repiten a diario.
Hija le señala a Hermano el canario de la jaula.
Lleva tres días con la puerta abierta y no se atreve a salir.
Hermano comprende.

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A Hija le cuesta reconocerse en el espejo.
Se cepilla los cabellos y sonríe.
Es la primera vez en doce años que consigue mirarse al espejo
sin sentir vergüenza de ser ella misma.
Está comenzando a pensar
que más vergüenza debería de haber sentido Padre.
Es extraño.
Sobrevivir a la bestia y volver a quererse.
Poder hacerlo.
Saber cómo.

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M. Rueda, Begoña. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Murcia; Aula de poesía de la Universidad de Murcia, 2019.

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POR — PARA

diciembre 17, 2021 Deja un comentario

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POR PARA

Escribo
por
necesidad,
para
contribuir
(un poco)
a borrar
la sangre
y
la iniquidad
del mundo
(incluida
la caricaturesca España actual).

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de Otero, Blas. Obra completa (1935-1977). Barcelona; Ed. Galaxia Gutenberg, 2016.

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RONDA DE NOCHE

diciembre 15, 2021 Deja un comentario

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xxxYo estoy aquí, clausurada, y quién vendrá a decir lo
contrario, quién, si yo soy nosotras, y nosotras arrecia-
mos a puro perder.
xxxUn dolor en todo el cuerpo. Un dolor triste, que no
es un dolor como los demás lo entienden, sino eso que
baja y entra y se aposenta y me aprieta las ganas hasta
deshacerlas, ninguna, ya no queda ninguna.
xxxYo elegí estar aquí, no elegí la soledad, pero iba im-
plícita. Y estar es todo lo que me queda.
xxxAhora que se fueron, ahora que son bocas cerradas,
y me han tragado con sus palabras que nunca dijeron lo
que decían decir, no hay más noches, ni días con sol, ni
años para después, nada, todo eso está en otra parte, se
lo llevaron, y yo aquí, en un cuadrado seco, habla, se
crea un habla, una dulce, una «otra», una tú que no de-
saparezca.
xxxYo respira, sobrevive con esa habla que eres tú, y
los demás se asustan. Está bien. Así debe ser.
xxxSoñé que me acariciaban, que tenía un cuerpo y lo
acariciaban, que alguien bebía y me daba de beber, y re-
conocía que en mis ojos se puede estar, quedarse, y los
árboles de aquel parque volvían a refugiárseme entre
los dedos, soñé que había una sombra y que no me daba
miedo, soñé que el cuerpo guardaba un canto, y canta-
ba, y todo iba y venía, y de las noches de ahora no ha-
bía huella.

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xxxSolos, los melancólicos. Opacos, tenebrosos. Su pe-
cado es mortal. Nunca se calentarán al sol. Ella, la me-
lancolía, es la sombra que es. El espacio de luto. Ellos
perseveran en el luto, se han entregado a sí mismos, son
como animales.
xxx«Fuimos tristes en el aire dulce que al sol se alegra,
llevábamos dentro los turbios vapores, y ahora nos en-
tristecemos en este charco negro.» (Dante, Canto VII.)
xxxBilis negra, llega con el otoño, cuando la tierra se 
enfría y se seca, cuando la piel se pone como una carca-
za y se pudre para siempre, sola, al borde de sí misma.
No es miedo lo que sienten. Es desprecio. La raza de
los que están solos no busca ya. Van errantes, pero no
es para buscar, huyen, huyen de todos, van a sí mismos,
a nadie. Y en el camino asestan su encono a la primera
hierba que viste humedecerse con la mañana, la dulce,
la reina de la esperanza, la que viene a cultivar una tar-
de, una noche. Cuídate de ellos. De ti, cuídate. Háblate
más despacio, aunque no digas nunca demasiado, aun-
que parezca que dices demasiado, habla porque tienes
miedo, habla porque no es desprecio, habla porque bus-
cas, habla, di.
xxxYo parto, con mi pasión yo parto. Yo no quería que
nadie llegara, no, yo quería ir hasta donde estaba. Un
sitio, un lugar donde poder reír, jugar. Pero eso fue an-
tes. Cuando había un parque, y las ganas.
xxxEl amor es una especie de melancolía.
xxxQuien está, se irá.
xxxLa temporada para la sola, vendrá. Y vestida de ne-
gro tendrá tiempo para callar. Entenebrecida, el cora-
zón no será un cuento, ni habrá un manto en sus labios
para cubrir los espacios de hielo que la rodean, como
pirañas, los otros. Arrogante, la sola, vestida de luto,
desprecia, los contactos son mentira, mentira todo lo
que se toca, sucio, todo es tan sucio, hiede. Un asco. La
sola está sucia. El charco es negro.

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xxxEsa voz, dice que te ama, yo-crisálida, dice que te
desea, yo, y por eso dice que te habla, se pavonea como
las reinas ahora que todo se ha vuelto mezquino, el re-
cuerdo mezquino, yo sé, guarda una culpa en su bolsa
tejida con Grandes Hazañas, por esto que eres, por
aquello que no eres, y viene suave su voz, el cuento que
me contabas de alguien dormida en un bosque, prince-
sa, me llamabas, qué miedo, si no hay princesas ni cuen-
tos, si no hay tu cara.
xxxHay miedo. Y hay por qué. Hay palabras que se
caen del cuerpo, y los otros se las roban, y hay palabras
que se caen adentro del cuerpo, se siembran ahí, y nadie
más puede tocarlas, nos vuelven imperdonables.
xxxVienen, pero despacio, a crecer cada día en este in-
terior donde me veo ya dicha, sus palabras que me ves-
tían para que saliera al mundo. Nunca dije te quiero, se
me quedó adentro. Pero después lo dije, tantas veces,
lo dije tan alto, para nadie, como expiación, y perdí la
cara. Te quiero como una letanía, uno tras otro, una
oración excomulgada de mi interior, expuesta al hurto,
a la devoración. Pero no, no fue solamente así. Nunca
es solamente así. También está lo otro. Yo no soy sola-
mente umbrosa. Pero ocurre que me arrojaste tus pala-
bras, me las dejaste adentro. Qué hicimos con ellas, qué
va a ser de nosotras con ellas que dieron el salto del
gran amor y se dijeron y ahora las pronunciamos por
puro no entender.
xxxEsa voz, aconteciéndome, y las palabras que me de-
sequilibran. Háblame como sueles, en mí, princesa,
dime, y que no me digan palabras, no me hagan oír que
hay una oscuridad en todo eso que hablan, esa distancia
que se toman para decir esto y no lo otro, nunca lo
otro, princesa, di, todavía.

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Becciu, Ana. Ronda de Noche. Barcelona; Plaza & Janés ed., 1999.

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PLAÑID ASÍ

diciembre 13, 2021 Deja un comentario

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PLAÑID ASÍ

Están multiplicando las niñas en alta voz,
yo por ti, tú por mí, los dos
por los que ya no pueden ni con el alma,
cantan las niñas en alta voz
a ver si consiguen que de una vez las oiga Dios.

Yo por ti, tú por mí, todos
por una tierra en paz y una patria mejor.
Las niñas de las escuelas públicas ponen el grito en el cielo,
pero parece que el cielo no quiere nada con los pobres,
no lo puedo creer. Debe de haber algún error
en el multiplicando o en el multiplicador.

Las que tengas trenzas, que se las suelten,
las que traigan braguitas, que se las bajen rápidamente,
y las que no tengan otra cosa que un pequeño caracol,
que lo saquen al sol,
y todas a la vez entonen en alta voz
yo por ti, tú por mí, los dos
por todos los que sufren en la tierra sin que les haga caso Dios.

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de Otero, Blas. Obra completa (1935-1977). Barcelona; Ed. Galaxia Gutenberg, 2016.

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