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EVA TENDIENDO LA ROPA

Comentaba hace un par de días que me había llegado ‘Eva tendiendo la ropa’, de Sandro Luna; que el autor había tenido el detallazo de enviármelo. Un libro con el que obtuvo el XXVIII Premio Internacional de Poesía “Antonio Oliver Belmás”, en cuyo jurado estaban Luis Alberto de Cuenca, Eloy Sánchez Rosillo, Blanca Andreu y Vicente Gallego.

El libro muestra cómo Sandro Luna es de esos poetas que tiene el don de transformar el desasosiego por el significado en objeto de consideración poética. Esa búsqueda constante del significado se vuelve incesantemente pregunta a lo largo de todo el libro de una manera casi obsesiva, una búsqueda que desemboca en el convencimiento de que el sentido de las cosas, su salvación (como afirma aquí Jesús Párraga) no es algo privado, sino que pertenece al mundo.

 

 

 

 

Y aquí tienen algunos poemas del libro.

 

 

MADRE HIERBA

¿De qué luz puesta en flor
es este vencimiento?

¿Qué palabra se dice y no se dice
y nos mantiene puros?

Si yo pudiera,
madre,
con tan poco decirte.

 

 

 

 

QUÉ SABRÁ

¿Qué sabrá de la luz la luz del sol,
de la respiración el aire vivo?

 

 

 

 

YO ME CANTO A MÍ MISMO

xxxxxxxxxxxxxxxxA Walt Whitman

Corre el aire en la hierba,
por mi pecho,
sencillo y misterioso.

Tengo mi corazón
despierto como un faro.

Dentro de mí,
la noche.

Y todo se celebra.

 

 

 

 

LA PALOMA Y EL MENDIGO

Yo dejo que me robes.

¿Quién podría
quitarme lo que es mío?

 

 

 

 

TUMBADO EN LA HIERBA

Porque no deben nada,
los pájaros no vuelan,
son el aire.

 

 

 

 

FIEBRE

xxxxxxxxxxxxxxxA Agustín Pérez Leal

¿Qué gloria hay en el aire?

¿Qué sol de los milenios?

Volar con los jazmines y morir.

 

 

 

 

AGUA

Esta sed no se encuentra,
sobreviene.

Un cántaro la lleva,
y está roto.

 

 

 

 

PARECÍA
(Hojas de hierba)

xxxxxxxxxxxxxxxA Josep y María

Parecía en el humo vagar mi corazón.

Junté toda la hierba
y la deshice.

¿Dónde
la gravedad,
si nada pesa?

 

 

 

 

FLORECIMIENTO

Teniendo ya una rosa,
¿qué rosa codiciaba?

 

 

 

 

MADRUGADA DE PRONTO

xxxxxxxxxxxxxxxA Quique Vergara

Donde termina el sol pongo mi casa,
tan adentro
que ya no sé siquiera qué es la hondura.

Qué vergüenza mirar
y no ver nada.

 

 

 

 

AMANECE
(Un blues para mi hija)

xxxxxxxxxxxxxxxA Rubén de Jesús y Juan Aranda

¿Qué me enseña este pájaro?

Tan temprano y ya late
conmigo en la mañana
su corazón de nadie.

 

 

 

 

MIRAR ADENTRO

xxxxxxxxxxxxxxxxA Leonard Cohen

He visto sin ser visto.

Sólo había belleza.

Y yo la alimentaba con mi muerte.

 

 

 

 

SEÑALES

Mañana moriré
y estoy como la hierba,
renaciendo.

Me he perdido en mí mismo
y todo lo que encuentro me señala.

 

 

 

 

LA CASA ENCENDIDA

xxxxxxxxxxxxxxxxA Eva,
xxxxxxxxxxxxxxxxverdadera y sencilla,
xxxxxxxxxxxxxxxxamiga fiel y grácil.

Como el sol que se posa entre los pétalos
te acercas a mi casa
en esta luz de nadie sin ahora.

¿Qué podría engañarnos?

Vivamos siempre aquí,
en la blanca llama.

 

 

 

 

EVA TENDIENDO LA ROPA

Algo despierta en mí:
el movimiento eterno
de unas manos que tienden.

 

 

 

 

PIEDRA

xxxxxxxxxxxxxxxxA Miguel Ángel Velasco,
xxxxxxxxxxxxxxxxsiempre vivo

Si el viento la ha movido,
si la ha mojado el agua.

¿Qué dirá de nosotros
que la hemos contemplado?

 

 

 

Luna, Sandro. Eva tendiendo la ropa. Valencia; Ed. Pre-textos, 2015.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LVII)

 

Acaba de llegarme el libro con el que Sandro Luna obtuvo el XXVIII Premio Internacional de Poesía ‘Antonio Oliver Belmás’.

En un par de días les comento.

 

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PRESENTACIÓN DE ‘EL PRIMER ANIMAL DE LO INVISIBLE’, DE EUGENIO SÁNCHEZ SALINAS

 

Ediciones Liliputienses acaba de publicar el primer libro de Eugenio Sánchez Salinas. El libro se presenta esta tarde a las 19:30 en la Universidad de Murcia.

A mí me pilla fuera de Murcia, así que todos los que podáis acercaos a verlo, descubriréis a un poeta por el que algunos apostábamos hace ya años.

 

ESTA NOCHE, ALBERTO ALCALÁ EN EL CAFÉ DE ALBA

 

Esta noche, parando unos días en el proceso de grabación del que será su segundo disco, Alberto Alcalá estará tocando en Murcia.
Yo de ustedes, no me lo perdería.

 

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ASÍ ME QUEDÉ SIN CONVERSACIÓN

 

LA FRASE

Se me había ocurrido una frase fantástica. La puse en las redes sociales y en algunos foros de Internet. Mi éxito fue instantáneo, ¡nunca nada dicho por mí había gustado tanto, ni fue tan celebrado ni citado o compartido por extraños! La cosa no terminó ahí, poco más tarde me reuní con los compañeros de trabajo durante el almuerzo y aguardé el mejor momento para decir mi frase. Como si se tratase de algo que se me acababa de ocurrir, y tratando de no darle mayor importancia. ¡Menuda sensación la que provoqué! Todos me miraban impresionados y celebraban mi ocurrencia. De vuelta a los despachos, caminaba por los pasillos que forman las mesas envuelto en un silencio augusto, muy solemne, mientras mi frase se repetía junto al nombre de su autor, es decir yo, como un eco en boca del resto del personal.
xxxEsa tarde llamé a mis amigos, uno tras otro, por teléfono. Después de preparar el terreno con menudencias, soltaba mi frase. Luego llamé a mi familia, ¡ay, qué poco les llamo! También en la cola del supermercado, con aire distraído y para que me oyeran bien cajeras y clientes; en las ventanillas de los funcionarios, como broma casual; mientras el autobús nos llevaba a todos aquellos desconocidos y a mí a alguna parte mucho menos lustrosa que mi frase… Fueron tres o cuatro días de inaudita alegría, acaso la cumbre de mi vida social.
xxxMi inteligencia nunca me había llevado tan lejos, pensé. Pero pensé también: ¿volverá a hacerlo en el futuro? ¿Será capaz de brindarme otra frase así? Porque todos conocen ya mi frase, mi famosa frase. ¿No debería poner manos a la obra, para encontrar otra y prolongar, así, mi éxito?
xxxY lo intenté.
xxxPero no se me ocurría nada.
xxxSigue sin ocurrírseme. Y mira que lo intento, todavía.
xxxTodos, de cualquier forma, parecen haber olvidado el alborozo que mi frase les causó. ¿Es posible que se haya apagado, junto con su alegría y su admiración, el recuerdo de mi frase? Acaso, de forma periódica, pudiese repetirla y regresar al éxito y la consideración de los demás, de vez en cuando. Pero no ha funcionado: algunas sonrisas forzadas y un progresivo, un creciente aire de hastío es todo lo que consigo generar a mi alrededor.
xxxAsí que desisto de repetirla. Lo conseguí una vez, pienso tratando de animarme para seguir nadando en medio de este océano de días repetidos, toda esta indiferencia. Insisto: he desistido de ella, trato de olvidarla. He vuelto a mis frases banales, tan corrientes. Y he regresado, sobre todo, a mi silencio. Réplicas anodinas, en el mejor de los casos, para las conversaciones en que logro deslizarme y en las que, a duras penas, me dejan participar.

 

 

 

 

UN GORRIÓN EN MI CARTERA

Tengo un gorrión en la cartera. Lo cuido, lo alimento, y él jamás se va aunque siempre dejo la cremallera abierta. Hay espacio suficiente, hace tiempo que no llevo otra cosa, en mi cartera, más que mi gorrión. Cuando salgo de casa meto al pájaro dentro de la bolsa, la cuelgo de mi hombro y voy con ella a todas partes.
xxxMiro a menudo en su interior y el ave me devuelve la mirada. Solo sufro en las aglomeraciones, con cualquier empellón que alguien me propine en la cola de alguna caja o en los bares, en el metro, camino del trabajo…; en toda circunstancia donde pueda sufrir daño mi pequeño gorrión.
xxxSé que resulta extraño. Me cuesta, aquí y ahora, confesarlo. Hubo un tiempo en que creí que era normal, que todos ocultaban y llevaban encima alguna clase de animal, un diminuto ser en sus mochilas o en sus bolsos, sus maletas, incluso en sus bolsillos. Por eso alojé a mi pequeño gorrión en mi cartera. Cuando me di cuenta de que nadie, en realidad, llevaba ningún animal encima, era tarde: le había tomado cariño, no podía deshacerme de él. Solo le rogaba que fuese silencioso para que mantuviéramos en secreto su presencia constante, junto a mí; que por ejemplo no cantase —odio que me evidencien y llamar la atención— y que aguardara a que estuviésemos solos para salir, cantar y aletear sin obstáculos.
xxxPero tardé, como digo, en saber la verdad. Porque creía que los otros manejaban este asunto con gran discreción, yo los imitaba. Trataba de conducirme con sigilo, o así lo intenté, al menos, hasta aquel día. Pero ese día hubo un imprevisto. Me cazaron. Siento gran repugnancia al relatarlo, pero quizás sirva a alguien y a un futuro, espero que mejor, esta tragedia. Alguien se me acercó en el andén del metro, dispuesto a resolver de manera directa la sospecha que a todas luces y por su expresión le corroía. «Qué lleva usted en esa bolsa», me espetó. Negué con la cabeza. Dije no, oh no, ¡no llevo nada!
xxx—¡Usted está mintiendo! —proclamó asiendo mi cartera de repente. Traté de liberarme de su presa, mientras el resto de gente nos observaba. ¡Todos provistos de carteras y bolsas, de mochilas, maletas! ¡Y los asían muy cerca de sí, yo aún creía que con ánimo protector!
xxx—Por favor, no lo haga —rogué inútilmente, porque aquel hombre seguía forcejeando con gran violencia para arrebatarme la cartera—, ¡es solo un pajarillo inofensivo, una bestia inocente como aquella que ustedes esconden para sí!
xxxY mientras me revolvía y lloraba, todos pudieron escucharlo. ¡Ponían cara de estar en presencia de un loco! ¡Incluso muchos se reían!
xxxAh, ja, ja, ja, qué pobre loco, pensaban ¡Podía oírlos! ¡Oír sus pensamientos!
xxx¡Es solo un animal!, repito entre sollozos mientras el tipo estruja mi cartera sin ningún miramiento. ¡Y mi gorrión pía desesperado! ¡Este señor lo está matando con sus empujones! ¿Pero es que no lo oye?, me lamento tratando de hacerle comprender.
xxxEs demasiado tarde. Todo ha sucedido rápido. Mi pájaro debe de estar muerto. La cinta para el hombro de mi cartera se ha roto, y el señor la arroja con furia al suelo. Porque la llevo abierta, todos esperan con sorna a que mi pajarillo salga volando o, más probablemente, que emerja moribundo.
xxxMi pequeño gorrión.
xxxNada de eso sucede. Y el desprecio burlón con el que me miraban se ha transformado en lástima y en incomodidad, después de que hayan comprobado el alcance de mi desconsuelo. ¡Lo han matado! ¡Ustedes lo han matado!, rujo, y ellos palpan, por una absurda inercia, sus carteras y bolsos, sus maletas, sus mochilas; incluso el agresor.
xxxLa incredulidad de todos es absoluta, cuando comprueban que hay sangre en sus manos. La misma sangre que gotea de sus bolsos y forma charcos en el suelo.
xxxHay sangre en sus manos y en el suelo y hay horror en sus rostros, mientras yo continúo sollozando sin consuelo posible.

 

 

 

 

IMAGINABA UN LAGO

Imaginaba un lago y le faltaba oxígeno.
xxxSus familiares subían la escalera a toda prisa y corrían hacia su dormitorio, alertados por sus gritos y por un ruido extraño, inexplicable allí dentro, como de chapoteo.

 

 

 

 

NO, NO ERA DIVERTIDO EN ABSOLUTO

Puso un estado en Facebook muy gracioso, o al menos a mí me lo parecía, no podía parar de reír, tardé un rato en dejar de hacerlo. Fui a darle al emoticono de medivierte, pero vi que nadie lo había hecho antes que yo: decenas de megusta, muchos, muchos meencanta, pero ningún medivierte. Y esto, claro, me hizo dudar. Pero, ¿por qué había de dudar? ¿No me había reído muchísimo? ¿Qué podían tener de malo todas esas risas mías, tan reparadoras y llenas de una sana franqueza? ¿Por qué, sin embargo, a nadie le pareció gracioso antes que a mí? Me retiré de la pantalla del ordenador, desorientado, y le di vueltas a todo aquello. Básicamente, volví a considerar aquel estado, era tan… Sí, lo era: gracioso, muy gracioso. Traté de recordar las palabras exactas y acabé regresando al ordenador. Lo releí y, antes de darme cuenta, ya estaba otra vez riendo, riendo sin parar. Me limpié las lágrimas que bañaban mis ojos de tanto reír y le di al medivierte sin pensarlo más. Después actualicé la página y traté de leer los nuevos estados de la gente, las nuevas noticias que los demás enlazaban y comentaban, las nuevas bromas y ocurrencias, las nuevas reflexiones al hilo de la actualidad o del azar en las vidas de mis contactos. Pero no podía dejar de pensar en ese estado. ¿Y si a los demás no les parecía gracioso? Una pregunta fuera de lugar, nadie había indicado que le divirtiese. Pero, ¿por qué? Busqué de nuevo aquel estado, quizás mi medivierte había animado a alguien más a secundarme. No, nadie lo había hecho. Algún nuevo megusta, creo, se había añadido al marcador inferior. Tampoco puedo estar seguro. ¿A qué se debía esa tensión que, de pronto, parecía formarse en torno al estado? Pero se trataba de otra pregunta ociosa, pues ¿trataba de considerar que mi medivierte era responsable de alguna clase de tensión? Estaba llevando demasiado lejos mi imaginación, a todas luces delirante. Cerré definitivamente la página de facebook y me levanté de la mesa dispuesto a enfrentar algunas de mis responsabilidades para el resto de la tarde. Las hice como pude. Sí, las hice. Pero sin dejar de pensar en aquel estado, en mi respuesta, probablemente inadecuada, a aquel estado. Más que inadecuada, fuera de lugar. Irresponsable, inaceptable, acaso monstruosa.
xxxSon ya más de las tres de la mañana y sigo aquí delante del ordenador. Con la página de Facebook abierta por aquel estado en cuyo marcador mi mirada vidriosa sigue fija, esperando inútilmente la llegada de otro medivierte, siquiera de alguna otra reacción más ajustada a su verdadera intención, más normal, que reanude la actividad de unas palabras que solo yo debo de haber malentendido y, por lo tanto, arruinado. Pero sigue pasando el tiempo y nada de esto sucede. Pasan ya de las cuatro de la mañana. De hecho, queda muy poco para que el reloj marque las cinco. Tal y como ha ido desarrollándose la madrugada, sé que pronto serán las seis, las siete de la mañana. Y llegará así el momento de marcharme al trabajo, y no habré dormido nada. ¿Cómo podré explicar allí el motivo de mi desazón, que me haya presentado hoy en estas condiciones lamentables? Seguramente llevaré marcados en la cara los motivos de mi vergüenza y mi ignominia, aquella a la que he arrastrado al inocente autor de ese estado y también al resto de sus contactos que, inadvertidos, reaccionaron ante él con despreocupación, según el verdadero sentido de aquellas palabras, antes de que yo haya destruido para siempre, como en un juego de fichas de dominó terrorífico, su crédito y sus vidas. Dudo que nadie vaya a perdonar la monstruosidad en la que voy a vivir sumido a partir de ahora, después de haberle dado de forma tan irresponsable, tan irreparable, a ese estúpido y lamentable, sonriente y demoníaco emoticono.

 

 

 

 

LOS SILENCIOSOS

Los vemos acercarse y sentimos un odio natural y consecuente contra ellos, los silenciosos. Con su conducta incomprensible no hacen más que evidenciar el ruido constante y desagradable en que vivimos envueltos y que imponemos de manera abusiva a quienes nos rodean.
xxxPedantes del demonio, malditos pretenciosos. ¿Qué buscan con todo ese silencio, hacerse los interesantes?
xxxPrimero se trató de una modalidad igualmente siniestra, aunque algo atenuada todavía, de una falta absoluta de locuacidad. Pero pronto ingresaron en el silencio hermético que les caracteriza.
xxxHemos de suponer que hablan con cierta prodigalidad en la más estricta intimidad, para resolver de esta forma sus asuntos. Son parcos al manifestarse en público, cuando lo hacen. Hemos de suponer que entre los suyos, en privado, se extienden en largas conversaciones que a los demás quedan vedadas; reservan sus asuntos más íntimos para los pocos próximos, ¿por qué los sienten tan decisivos, tan importantes se consideran? Qué poco natural tendencia es esa, qué siniestra conspiración, ¿acaso no tienen futilidades para compartir con los desconocidos, equivocadas opiniones —por vergonzosas que resulten— que los expongan a ser, simplemente, humanos y falibles?
xxx¿Por qué solo nosotros debemos ser ridículos?
xxx¿Y ellos van a hacernos creer de esa manera cobarde y silenciosa que les caracteriza que son mejores que nosotros?
xxxUno de estos nuevos pretendidos aristócratas del estar ahí callados, tan callados, se atrevió no hace mucho a rogar a sus compañeros de viaje en un autobús, con desfachatez indecente, más inaudita aún en su infame mascarada de cortesía exquisita, que moderaran el volumen de sus voces y sus móviles. Y una señora, muy acertadamente, le recordó aquel viejo dicho italiano de la maldad de los que hablan bajito.
xxxFue así puesto en su sitio ese silencioso entrometido, que volvió a cerrar la boca derrotado.
xxxHubo un tiempo en que fueron mayoría y esos estúpidos cantamañanas que sacan conclusiones con palabras altisonantes para dárselas de sabios y filósofos decían que por fin había llegado el momento en que nuestro país, tradicionalmente atrasado e incluso intratable, empezaba —siempre según ellos— a civilizarse. La entropía social, que difumina, cuando se dan, sus estiradas formas; la que nivela de una forma deseable tales formas y nos constituye en sana y vulgar, coloradota y muy ruidosa fraternidad, ha mermado mucho sus filas. Pero todavía quedan muchos, demasiados.
xxxAvanzan por las calles ufanos, con esa tranquila, pretendidamente santa falta de estropicio. Y no hay cacofonía que los manche. Como Jesucristo sobre las aguas, ellos caminan sobre la superficie de cualesquier coprolalias. No, noli se tangere. Y a nosotros nos gustaría arrastrarlos hasta el fondo de nuestra cháchara para restregarles sus rostros impolutos, por no decir inexpresivos, en el fango de la palabra que no cesa de decir lo que quiere decir, que no es más que cualquier cosa: nuestras ganas de que se nos oiga en cualquier momento o lugar, nuestra inacabable estupidez.
xxxAfortunadamente, todo regresa al lugar que le corresponde. Nuestro futuro, dijo alguna vez un sabio muy antiguo, reside en nuestro origen. Esa es la esencia de las cosas y emerge aún más terca cuando más trate uno de ahogarla, de ocultarla. Y nuestra esencia es el ruido, el ruido, un incesante ruido. Una civilización de puro ruido. Voces que se elevan y gritan sin porqué, jamás para escucharse entre ellas, que en todo caso solo lo hacen soliviantarse y encender la excitación bronca que nos constituye y nos gusta.
xxxNosotros ocupamos los vagones de tenes y de metros charlando de forma estentórea a dos, tres, cinco, siete bandas; proclamamos nuestros asuntos, nuestras opiniones y nuestras fobias, nuestras preocupaciones y también nuestras intimidades, con la sana franqueza de quien no tiene nada de lo que avergonzarse.
xxxNo, no tenemos nada, absolutamente nada que esconder.
xxxHablamos a gritos por nuestros móviles en las salas de espera de hospitales o despachos de la administración; nuestros móviles que nos avisan de nuestra constante hermandad con otros semejantes mediante músicas estruendosas y a todo volumen, que no se avergüenzan de la sagrada misión que llevan a cabo: permitir que estemos conectados todo el tiempo para contarnos nuestras cosas, hasta las más nimias —sobre todo las nimias, las banales, y también las ofensivas, las gratuitamente ofensivas—, con la pasión de quien dirime el destino del mundo.

 

 

 

 

UN NUEVO Y REVOLUCIONARIO MÉTODO PARA LA ENSEÑANZA DE IDIOMAS

Pertinaz se ha mostrado nuestra amada nación a lo largo de su historia, siempre que hubo que aprender el idioma extranjero. Pero, ¿acaso no aprendemos todos nuestras lenguas respectivas sin aparente dificultad, en nuestros primeros meses y años, de manera natural y de nuestros padres? ¿No habrá mejor forma para que todos nosotros, tercos torpes en el jardín global babélico, reticentes al idioma extraño pero necesario, lo aprendamos más que siendo reducidos de vuelta a nuestra infancia primerísima?
xxxYo pienso dar fe porque fui partícipe del experimento pionero que habrá de terminar con esta maldición, nuestra torpeza idiosincrática. Al principio me resistí, pero pronto me sorprendí sintiéndome muy cómodo en mis nuevas circunstancias. Hace ya dos o tres horas que hemos sido abandonados a nuestra suerte, en el jardín de juegos, yo y mis nuevos compañeros: un calvo y muy grueso jefe de ventas de una empresa de gazpacho envasado; una antipática y muy estirada directora de una red nacional de gabinetes psicopedagógicos; un prematuramente envejecido profesor de economía de universidad; un sociable y también muy gordo tornero fresador… Vale, solo he empezado a fijarme en los más gordos, quizás porque yo soy muy flaco. Llega hasta la sala infantil otra remesa de estudiantes del idioma y ya parecen todos ser flacos, como yo. No hablamos entre nosotros más que con balbuceos y muy infantiles empellones, tal y como hemos sido conminados.
xxxEl tiempo comienza a pasar de manera distinta, supongo que como debe de transcurrir para la percepción inmediata, cuasi animal, de los bebés. Los gorjeos dan paso a algún llanto aquí y allá, entre mis compañeros. Se trata de parejas jóvenes, o al menos jóvenes según nuestros nuevos estándares en los que la juventud dura hasta la repentina ancianidad: cuerpos esbeltos, muy delgados, que confunden la elegancia con la malnutrición deliberada, y que a continuación harán un gran contraste cuando la cabeza se gire y ese cuerpo de apariencia adolescente se muestre monstruoso con su rostro cuarentón o cincuentón.
xxx—¿Cómo pudimos empezar de manera tan torpe nuestra casa por el tejado? —preguntó de repente uno de aquellos flacos envejecidos, de cuerpo pseudoadolescente, señalando su ajada testa. Ha contravenido las reglas al hablar, y alguien propina un collejón en su cabeza; es una de las madres, que empiezan ya a entrar y ocupan su lugar en la sala.
xxxNuestros papás y mamás impostados acarician nuestras cabezas con amor y nos persiguen de la misma forma que nosotros los perseguimos a ellos: a cuatro patas, muy ronroneantes y amorosos.Uno de los papás comienza a hablar y su locuacidad parece tímida y forzada, un defecto inherente al carácter primerizo, inédito del método. También debe tratarse de su incredulidad, contemplando a todos esos adultos que se comportan como bebés. Pero nuestro progenitor supuesto se sobrepone pronto y nos canta hermosas nanas en la perseguida lengua, aderezadas con más rudimentarias frases dotadas ya del acento extranjero, a pesar de ser primigenias: nos suenan a maná en el idioma deseado que pronto será nuestro desde su misma y secreta raíz:
xxx—Mamá, mamá, mamá me mima. Amo a mamá, ama a mamá, mamá y papá. Papá, papá. Gu-gu, gu-gú, gu-gúuuuu…
xxxPorque yo me resistía, la amable pareja que iba a encargarse de mí tuvo que servirse de recursos un poco más extremos; ella, en concreto, extrajo de su blusa uno de sus pechos y, sosteniéndolo con dos dedos cual pinzas alrededor del pezón, me lo ofreció para que me sirviese de él.
xxxY yo enrosqué como pude mi desmañada estatura sobre su regazo, y así mamé, gozoso e infantil, propiamente un bebé, de su pecho.
xxxNo sé si puedo calificar de agradable tal experiencia, pero sí supe entonces que el idioma que siempre se me había resistido iba a manar feraz y nutritivo muy pronto, igual que aquella leche, hacia mi boca.

 

 

 

 

SOLDADITO DE PLÁSTICO

Un muñequito soldado permanece en pie, prácticamente imperceptible por sus dimensiones, en medio de la calle. Solo, lejos del regimiento de plástico al que pertenece, se siente al fin salvado. No pueden acusarle de desertor, ha sido el enemigo quien lo ha arrojado aquí, en medio de la acera. La guerra que mantienen es inútil, hace tiempo que lo sospecha: acechar cada noche, siempre muy lentos, demasiado, al enemigo mientras duerme, ¿de qué les ha servido? Jamás lograron sorprenderlo, siempre se les adelantó el amanecer. Ha visto cómo han caído, uno a uno, tantos compañeros… Fundidos por el fuego de una estufa o de un mechero, deformados a mordiscos, decapitados por los dedos gordezuelos de ese niño cruel y sus amigos… ¿No debiera él, ahora, dar gracias por haber sido olvidado lejos del campo de batalla? Pero había oído hablar de otros muñecos y juguetes abandonados a su suerte, sujetos al desgaste y otras tragedias azarosas, más terribles, causadas por ese otro enemigo no menos fabuloso: la intemperie.
xxxAsió su fusil como, de hecho, ya lo estaba haciendo, como siempre lo hizo. Permaneció en su posición, altivo, rígido, con el orgullo que nunca le abandonó. Dispuesto, sí, a librar aquella nueva guerra.

 

 

 

López, José Óscar. Fragmentos de un mundo acelerado. Cartagena; Ed. Balduque, 2017.

 

MARCOS ANA

 

Después de leerme la autobiografía de Marcos Ana, que lleva por título ‘Decidme cómo es un árbol’, dejo aquí el poema del que está sacado el título del libro.

 

LA VIDA

¿La vida?

Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río,
cuando se cubre de pájaros.

Habladme del mar. Habladme
del olor ancho del campo.
De las estrellas. Del aire.

Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llaves
como la choza de un pobre.

Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del amor: no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?

¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una sepultura
y la canción de mis losas?

Veintidós años… ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma…

Escribo a tientas: el mar, el campo…
Digo bosque y he perdido
la geometría de un árbol.

Hablo por hablar de asuntos
que los años me borraron.

(No puedo seguir: escucho
los pasos del funcionario).

 

 

Y así apareció la versión del poema en la prensa inglesa a principios de los años 60:

 

LIFE

Tell me what a tree is like.
Tell me of the song of a river
When the birds lie upon it.

Speak to me of the sea, speak to me too
Of the smell of the fields,
Of the stars,
Of the air.

Talk to me of the horizon
Without bolts and without keys,
Like the simple cottage of a poor man.

Tell me what the kiss of a woman
Is like, Find me the word
For love: I have forgotten it.

Are the nights still perfumed
With the passion of lovers
Trembling under the moon?

Or is there only this pit,
The lights of a grave
And the music of steps on stones?

Twenty-two years… I have forgotten
The size of things, their colour, their smell,
I write

Falteringly — ‘sea’, ‘fields’,
I say ‘woods’, and I have lost
The geometry of a tree.

I speak only to speak of the things
That the years have washed away.

 

 

P.D. Cada vez que recuerdo este poema siempre es junto a este tema de Extremoduro.

 

DE ORO Y DE FUEGO

 

FUENTE DE GARGAFIA

Dicen que la vida está en otra parte,
que puedes continuar manteniendo apariencia,
al otro mundo para su disfrute,
para manifestarle tu buena voluntad,
que a este mundo ni quedaron las brasas,
pájaros inmóviles en el aire.

Que no se traicionase tu secreto,
la fuente está cegada, a no dudar,
con refinadas artes sortea los peligros;

lo único que pides
que tu vida ya sea
sólo un mal recuerdo sin ningún nombre,
carne para los perros,
botín incalculable,
despojarla del oro que pueda contener.

 

 

 

 

NATURA NATURANS

¿Qué vida no viví?
Viví la vida de un viejo eremita,
su bautismo de espíritu y de fuego,
silenciosa maravilla del cuerpo,
energía que mantiene por siempre
el orden de las cosas.
Y también la de un pájaro salvaje,
ese acercarse al sol de la verdad,
ser capaz de sostener su mirada,
la antorcha de la vida.

Llegué y arrasé tierras,
sin sentimiento ni espanto viví
la indecisa batalla.
Pérdida del equilibrio y medida,
de bravura y de magnanimidad
la que prudencia obliga.
¿Qué vida no viví?

 

 

 

 

ENCUENTRO AMOROSO Y NOCTURNO

De vuestra herencia, Amor,
página iluminada
incorruptible, eterna
ara de toro, tesoro extraordinario,
que en vida se apropiaron del recuerdo
si prendieron tus llamas.
De conocerlo todo sin descartar opción,
la que nos dispensó un trato clemente,
plena de inteligencia.
Es la forma en que teje nuestra vida
su otro culto mistérico,
los indicios que revelan, Amor,
todo un Reino nocturno.

 

 

 

 

ACONITUM ANTHORA

Todos los versos, el Verso, el activo
venenoso, altisina la mortal,
relajante jarir
que por dentro me quema,
lo que de juventud
aún queda en mi sangre,
la entrada en cautiverio.

Lo único que tengo,
qué más puedo pedir,
la única esperanza de explicarme,
sit
xxxtibi
xxxxxxxterra
xxxxxxxxxxxxlevis —decían los Antiguos—

y que la vida valga sólo por el Placer,
sea fuego en el fuego.

 

 

 

 

FESTÍN DE ALEJANDRÍA

Se me antojó una cosa
cincelada bajo el signo del hombre,
nacida del ejemplo, ajena al mundo,
estancia ocasional de arribada y anclaje,
que recibida con la unción sagrada
nunca se me mostrase renuente.

Pero al saber que todo
está escrito en el cielo,
que aquello que está arriba
es como lo de abajo y viceversa,
me topé con su incrédulo reverso:
la felicidad próxima,
la que asemeja a un hombre
—el preso de las dudas—
con toda la apariencia de entusiasmo,
a soga y tizón hilada su mente.

Le puse en concederle jerarquía
tan fina corona a su manera atormentada
que por no manchar mis manos de sangre
convirtióse en manso todo mi Sino.

Un silencio,
xxxxxxxxxxxdespués,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsobrevino un silencio
oportuno testigo de todos tus misterios,
y pronto se desbordaron los límites.

 

 

 

 

ENAIMA
(CON SANGRE)

Agradece vivir,
gozar la Reina de los trovadores
con el arte del amor depurado,
luego escribe sin ira
una ofrenda de pájaros.
Que tu júbilo no conozca límites,
nada esperes ganar de la concordia
y sí todo del miedo y el desorden,
son la burla y el escarnio
desperdicios humanos.
Como si tuvieras que decidir
en la suerte del mundo
besa a Dios en la boca,
copula con demonios,
luego, al alba del día,
tu cabeza y tus manos expuestas en el Foro.

 

 

 

Rodríguez, Alfredo. De oro y de fuego. Sevilla, Ed. Los Papeles del Sitio, 2012.

 

El lenguaje de los puños

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