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HIMNO MILENARIO AL DIOS SHIVA

noviembre 27, 2022 Deja un comentario

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HIMNO MILENARIO AL DIOS SHIVA

xxxxx2

Nuestros bosques son talados,
esquilmadas nuestras montañas,
los lugares vírgenes
donde los bellos animales
encontraban comida y cobijo
hemos arrasado,
un tercio de nuestros mares,
un tercio de nuestros ríos
hemos contaminado
y las criaturas del mar muriendo.
El progreso ciego
de nuestra civilización
con rumbo errado
a base de erradas decisiones
nos ha traído hasta el horror
donde la apariencia,
es, para el soñador,
la mente colectiva
del siglo veinte:
Este mundo de prodigios
no es divina creación
sino un big bang
del ciego azar,
accidente fortuito,
los hijos de la Madre Tierra,
su vivir y su amar,
el gozo de su existencia
no es alegría sino química,
estímulo, reflejo,
sin valor, sin sentido,
mientras que a nuestras máquinas
les atribuimos inteligencia,
en computadoras y robots
almacenamos información
y la llamamos conocimiento,
buscamos consejo
marcando números,
pulsando botones,
conectando interruptores,
en lugar de la familia
son las sombras las que nos acompañan,
proyectadas en una pantalla,
voces sin cuerpo, rostros sin carne,
donde estaba Edén
una Disneylandia
de realidad virtual,
en lugar de ángeles
la imaginación humana
se puebla de futbolistas
estrellas de cine, hombres mediáticos,
expertos, sabelotodo
famosos de la televisión,
marionetas animadas
con caras de chiste:
xx¿A quién podemos implorar
xxque nos libere del espejismo,
xxdel mundo-caverna,
xxsino a Cronos el destructor,
xxel libertador, el purificador?

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Raine, Kathleen. Poesía y naturaleza (Trad. Adolfo Gómez Tomé). Murcia; Tres fronteras ediciones, 2008.

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LOS DÍAS DEL TIEMPO

noviembre 25, 2022 Deja un comentario

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ES MÁS TURBIA LA LUZ DE AQUELLOS DÍAS

Es más turbia la luz de aquellos días.
Es a partes iguales, densa niebla
y sucia nieve cubriendo el paisaje
que borroso recuerdo todavía.

El paisaje eres tú sobre la cama
en una habitación de hotel por horas,
el silencio, el sudor, la rutina
de amarnos por costumbre, y por miedo,
cierta añoranza de la primavera
y, también, el hastío de estar vivo
sin saber los motivos y razones.

Es más turbia la luz cuando recuerdo
aquellos días de niebla y deseo
en una habitación de hotel por horas,
inundados los ojos de nostalgia.

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APOLO PERSIGUE A DAFNE

Yo te persigo, amor, aunque tú sabes
la maldición que pesa en nuestra contra.
Yo te persigo, amor, y al alcanzarte
tu carne será un tacto de madera.
El Amor es así, su sino es ése.
Es el Amor una categoría
del amplio espectro de las ilusiones.
Nada más alcanzarlo se transforma.
O, puede ser peor, se desvanece.

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LA VIDA EN UN ACTO

Hay un prólogo que apenas interesa
y un epílogo que ya no nos importa.
Entre ambos, la vida en un acto.
El texto, además de borroso, enrevesado.
El desarrollo, previsible y monótono:
cada día es igual y distinto a cada día.
El decorado es siempre lo de menos.
No es mucho, pero basta para ir improvisando.
Si prescindimos de ciertos detalles,
parece una comedia, pero no hay que fiarse.
El autor tiene apego a la tragedia
y a los golpes de efecto en momentos puntuales.
Aunque el ritmo nos parezca pausado,
todo sucede demasiado deprisa.
No hay tiempo para irse por las ramas
ni para preguntar lo que parece obvio:
el porqué, los motivos, las razones.
Es fácil, disfruta de la obra mientras dure.
Vive la vida a fondo, no hay tiempo para ensayos.

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LA RUTA DEL NÓMADA

El nómada atraviesa
los desiertos sin nombre.
Abandonó la cómoda rutina
de los días iguales
y las tardes sin alma ni clemencia.
Lo acompañan su sombra traicionera
y un puñado de perros
que muerden los recuerdos del pasado
y, en las noches de luna,
le ladran al olvido.

El nómada es un hombre
que viaja con lo puesto.
En sus bolsillos guarda un puñado
de sueños necesarios,
la brújula que le marca la ruta
y el mapa del tesoro que dibujó
en los años sin tregua de una infancia
que le empujó a escapar de la rutina
de los días iguales
y las tardes sin alma.

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EL FUGITIVO

Con los brazos abierto te recibe
una nueva ciudad desconocida.
Eliges un hotel para el olvido
y sabes que será como en las otras.
La vida es un ritual que se repite
y es el hombre animal de costumbres.
Habrá vino, amantes de una noche,
y ocasiones para cantar victoria.
Mas un día cualquiera en una esquina
volverás a cruzarte con tu sombra
y emprenderás el viaje nuevamente.
Otra ciudad vendrá cuando abandones
esta nueva ciudad donde persigues
escapar del intruso que te habita,
aunque sabes lo inútil del empeño.
Escapar de nosotros es un sueño
que desemboca siempre en pesadilla.
Mas, de momento, la ciudad es nueva
y te recibe con los brazos abiertos.

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HE DE MORIR EN JUNIO

He de morir en junio
sobre un lecho de gárgolas y ruinas,
junto a un bajorrelieve de tristeza
donde Orfeo camina entre tinieblas.

He de morir en junio
bajo la plata lenta de la lluvia
que desdibuja los suaves contornos
de un claustro de silencios ancestrales.

He de morir en junio
con la misma pregunta sin respuesta
que una vez tallé con mi navaja
en el tronco del árbol de la vida.

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STORMY WEATHER

Como un lugar extraño, la vida.
De paso siempre. En tránsito.
Sin otro afán que los versos
y su vano empeño en atrapar
el paso tan lento de los días.
Sobrevivir en temporada baja
donde nadie: una ciudad costera,
la casa prestada de un amigo.
Un lugar en ninguna parte.
Escaso el equipaje y la memoria.
Considerar ciertos detalles sibaritas:
una botella fría de vodka,
la poesía completa —La Realidad
y el Deseo— de Cernuda,
y acaso Lena Horne cantando
junto a la chimenea Stormy Weather.

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Bascuñana, Ramón. Los días del tiempo. Huelva; Ed. Diputación de Huelva, 2002.

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DEL TIEMPO Y LAS SOMBRAS

noviembre 23, 2022 Deja un comentario

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Te reconoces en cada página no escrita.
La única certeza
es lo que no ha sucedido todavía.

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Sabes que no existen las nubes ni la arena
y que al despertar comprobarás la soledad de todas las partidas.

Pero sigues tu viaje y te preguntas
si de nuevo hallarás otros cielos clausurados.

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Decir nunca más
será como querer que la huida se detenga
o despertar
con la flor del paraíso entre las manos.

No sabríamos qué hacer con tanta perfección.
Llevaríamos encendida la frente y radiantes los ojos.

A lo lejos,
sombras quemadas en un rostro que huye.

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No acierto a entresacar las hebras
que tramaron las dueñas del destino.

Adivino senderos aún no descubiertos
y sucedo, sin más,
en este renacer de cada instante.

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Vienes del Sur,
de las mañanas,
del frío culpable de intemperies.

Eliges los inviernos y esperas
porque sabes que cada aniversario se mece entre las hojas
vigilando raíces congeladas.

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Dejaré que mis ojos cierren el horizonte
xxxxxxy que renazca el mundo
xxxxxxmás allá del despertar.

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Tengo la edad de mis arterias
y una tersura de horas desvividas.

Hay en mi sangre un canto de jilguero fatigado.

Y todo es imposible, hasta el nombre
de este respirar sobrecogido.

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Escucha la lluvia cayendo en el jardín.
Sentirás cómo germina la noche
en la calma de una dad sin mañana.

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La casa nos reclama
y suplicamos un respiro a este empeño
de seguir andando a tientas…

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Al amparo de la casa habitada,
junto a un ascua pequeña,
el ayer se protege.

Las ventanas contemplan espesuras
donde duermen senderos
que guardan rumores de otros pasos.

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Aprenderé a cantar,
a cultivar rosales
y a recortar las hiedras de los muros.

Creo que cuidaré los nidos del alero,
juntaré violetas escondidas en las piedras
y encontraré la hoja más hermosa caída del árbol de mi calle.

Renaceré en el vuelo y en la nube de agosto,
me compraré un sombrero,
envolveré regalos.

Y seré otra vez, desde el principio,
la única imagen que me dejó el olvido.

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Magnolia deslumbrante
tras los tapiales de la noche de enero.

La muerte aún no había florecido,
la tierra era como nosotros.

Y solíamos acariciarnos,
atesorar el temblor de la piel,
el balbuceo de la sombra…

Y aquella invasión de blancura perfumada.

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El cielo se derrama en resplandor o en agua,
la llanura nos mira distraída,
los árboles prodigan sus adioses.

El andar confunde las distancias
en campos sembrados de preguntas.

xxxxxxxY seguimos el viaje,
xxxxxxxcon los ojos vacíos
xxxxxxxy los labios callados,
xxxxxxxcreyendo que alguien
xxxxxxxtodavía
xxxxxxxnos aguarda.

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Mi madre bordaba
ángeles y rosas,

encajes inquietos,
festones inocentes,
manteles y pañuelos.

La sangre y el rocío salpicaban la sombra de unos ojos
que se apagaban en las horas mudas.

Mi madre tenía
manos de canela
y sabía hermanarse con la savia
del ciruelo y de la higuera.

Cuando avivaba el fuego
parecía entenderse con la madera resignada,
con la chispa remota de un secreto
que sólo ella guardaba.

Mi madre guiaba los jazmines,
regaba los rosales,
cuidaba los canteros sembrados de romero y de albahaca.

Amiga del laurel y las palabras,
me regalaba sílabas y notas,
y una fragancia antigua
que bendecía los manteles y deslizaba reflejos en la casa.

Mi madre coleccionaba estrellas
y podía lavarse las manos con agua de la luna.

No supe en qué momento recogió sus tesoros,
que pesaban apenas lo que pesa una lágrima.
Fue apagando las luces,
desplegó su pañuelo con aquellos encajes impacientes,
y cerró las ventanas.

Tenía un resplandor pequeño en la mirada.
Tal vez, se volvió niña
para caber en el único beso que no pudo darme.
Se abrazó al lucero de la tarde
y partió hacia la noche,
con todos sus silencios.

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xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPorque ella supo enseñarme
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlas palabras del poema.

Y recordé la noche y tuve miedo.
Oía los clamores del sol y el silbido del viento
pero ya no había puertas que cerraran la casa
ni llaves ni cadenas.
La vida nos había dejado a la intemperie
y buscábamos dónde cobijarnos.

En el desierto blanco y silencioso
se oyó el balbuceo maternal,
la sílaba sedienta de lenguaje.

Un parto de savia y de latidos
fue arrancando alabanzas
en el tránsito oscuro de la sangre.

La voz extraviada
regresó al abrigo de la cuna,
a la canción antigua,
al madrigal sediento, a la eterna elegía.

Quiso conocer el nombre secreto del aire, del silencio,
el nombre de los sueños, de la noche,

y se amparó a la lumbre del poema.

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Martín Taffarel, Teresa. Del tiempo y las sombras. Barcelona; Ed. Candaya, 2009.

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PURGATORIO

noviembre 20, 2022 Deja un comentario

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DOMINGO EN LA MAÑANA

xxxxxXXII

Destrocé mi cara tremenda
frente al espejo
te amo —me dije— te amo

Te amo a más que nada en el mundo

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xxxxxXXXIII

Les aseguro que no estoy enfermo créanme
ni me suceden a menudo estas cosas
pero pasó que estaba en un baño
cuando vi algo como un ángel
«Cómo estás, perro» le oí decirme
bueno —eso sería todo
Pero ahora los malditos recuerdos
ya no me dejan ni dormir por las noches

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xxxxxLVII

En la angosta cama desvencijada
desvelado toda la noche
como una vela apagada vuelta a encender
creí ver a Buda varias veces
Sentí a mi lado el jadeo de una mujer
pero Buda eran los almohadones
y la mujer está durmiendo el sueño eterno

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xxxxxLXIII

Hoy soñé que era Rey
me ponían una piel a manchas blancas y negras
Hoy mujo con mi cabeza a punto de caer
mientras las campanadas fúnebres de la iglesia
dicen que va a la venta de leche

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COMO UN SUEÑO

Mirá qué cosa: xxel Desierto de
Atacama son puras manchas
sabías? claro pero note
costaba nada mirarte un poco
también a ti mismo y decir:
Anda yo también soy una buena
mancha Cristo —oye lindo no
has visto tus pecados? xbien
pero entonces déjalo mejor
encumbrarse por esos cielos
manchado como en tus sueños

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COMO ESPEJISMOS Y AURAS EL INRI ES MI MENTE
xxxxxxxxxxxEL DESIERTO DE CHILE

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COMO UN SUEÑO

Vamos: no quisiste saber nada de
ese Desierto maldito —te dio
miedo yo sé que te dio miedo
cuando supiste que se había
internado por esas cochinas
pampas —claro no quisiste
saber nada pero se te volaron
los colores de la cara y bueno
dime: te creías que era poca
cosa enfilarse por allá para
volver después de su propio
nunca xdado vuelta xentendido
como una llanura frente a nosotros

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YO USTED Y LA NUNCA SOY LA VERDE PAMPA
xxxxxxxxxxxEL DESIERTO DE CHILE

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EL DESIERTO DE ATACAMA

xxxxxI

A LAS INMACULADAS LLANURAS

i. Dejemos pasar el infinito del Desierto de Atacama

ii. Dejemos pasar la esterilidad de estos desiertos

Para que desde las piernas abiertas de mi madre se
levante una Plegaria que se cruce con el infinito del
Desierto de Atacama y mi madre no sea entonces sino
un punto de encuentro en el camino

iii. Yo mismo seré entonces una Plegaria encontrada
xixen el camino.

iv. Yo mismo seré las piernas abiertas de mi madre

Para cuando vean alzarse ante sus ojos los desolados
paisajes del Desierto de Atacama mi madre se concentre
en gotas de agua y sea la primera lluvia en el desierto

v. Entonces veremos aparecer el Infinito del Desierto

vi. Dado vuelta desde sí mismo hasta dar con las
xixpiernas de mi madre

vii. Entonces xsobre el vacío del mundo xse abrirá
xxxcompletamente el verdor infinito del Desierto de
xxxAtacama

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EL DESIERTO DE ATACAMA II

xxxxxxxxxxxHelo xiallí xiHelo xallí
xxxxxxxxxxxsuspendido ien iel iaire
xxxxxxxxxxxEl Desierto de Atacama

i. Suspendido xsobre el cielo de Chile xdiluyéndose
ixentre auras

ii. Convirtiendo esta vida y la otra en el mismo
xxDesierto de Atacama xáurico xperdiéndose en el
xxaire

iii. Hasta que finalmente no haya cielo sino Desierto
xixde Atacama y todos veamos entonces nuestras
xixpropias pampas xfosforescentes xcarajas
encumbrándose en el horizonte

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EL DESIERTO DE ATACAMA III

i. Los desiertos de atacama son azules

ii. Los desiertos de atacama no son azules xya ya dime
xxlo que quieras

iii. Los desiertos de atacama no son azules porque por
xxallá no voló el espíritu de J. Cristo que era un
xxperdido

iv. Y si los desiertos de atacama fueran azules todavía
xxpodrían ser el Oasis Chileno para que desde todos
xxlos rincones de Chile contentos viesen flamear por
xxel aire las azules pampas del Desierto de Atacama

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EL DESIERTO DE ATACAMA IV

i. El Desierto de Atacama son puros pastizales

ii. Miren a esas ovejas correr sobre los pastizales del
xxdesierto

iii. Miren a sus mismos sueños balar allá sobre esas
xixpampas infinitas

iv. Y si no se escucha a las ovejas balar en el Desierto
xxde Atacama nosotros somos entonces los pastizales de
xxChile para que en todo el espacio xen todo el mundo
xxen toda la patria xse escuche ahora el hablar de nuestras
xxpropias almas sobre esos desolados desiertos miserables

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xxxxxVII

PARA ATACAMA DEL DESIERTO

i. Miremos entonces el Desierto de Atacama

ii. Miremos nuestra soledad en el desierto

Para que desolado frente a esas fachas el paisaje devenga
una cruz extendida sobre Chile y la soledad de mi facha
vea entonces el redimirse de las otras fachas: mi propia
Redención en el Desierto

iii. Quién diría entonces del redimirse de mi facha

iv. Quién hablaría de la soledad del desierto

Para que mi facha comience a tocar tu facha y tu facha
a esa otra facha y así hasta que todo Chile no sea sino
una sola facha con los brazos abiertos: una larga facha
coronada de espinas

v. Entonces la Cruz no será sino el abrirse de brazos
xxde mi facha

vi. Nosotros seremos entonces la Corona de Espinas
xxdel Desierto

vii. Entonces xclavados facha con facha como una Cruz
xxextendida sobre Chile xhabremos visto para siempre
xxel Solitario Expirar del Desierto de Atacama

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LOS CAMPOS DEL HAMBRE

Áreas N = El Hambre de Mi Corazón

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Áreas N Campos N = El Hambre de

.
Áreas N =

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y el Hambre Infinita de Mi Corazón

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LOS CAMPOS DEL DESVARÍO

N=1
La locura de mi obra

.
N=
La locura de la locura de la locura de la

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N

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LA VIDA NUEVA

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Zurita, Raúl. Purgatorio. Madrid; Ed. Visor, 2010.

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SEVILLA AZUL

noviembre 17, 2022 Deja un comentario

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SEVILLA AZUL

¡Harto ya de la vieja e invencible zapadora, la Sed,
que implacable socava el ciclo no alcanzado
del Sueño! Es en esta hora
cuando uno casi podría

sucumbir a la proclama de Breton:
consiste el más simple acto surrealista
en salir a la calle, revólver en mano,
y disparar al azar

sobre la multitud sin detenerse.
En la luna del desvencijado armario,
donde acaso un chico tímido se miró una vez,
mi torso sudoroso

flota como araña de luz tenue. Mi
hosco gemelo bebe en el lavabo anaranjado:
lascivo monje bañado en mandarina,
un vaso alzado

a los labios, barba candente de musgo broncíneo,
y una impúdica erección en los filos casi
vanos de la luz. La brillante
mañana inevitable,

paciente derrotada, se asoma tras los cristales
y parteluces, se ha instalado fuera
de las muy altas ventanas de espesos cortinajes
sobre la cama.

Aquí los planos, también los del espejo,
son complejos como un interior de Velázquez.
En uno yaces tú en la cama, absorbiendo
tu rostro boca abajo

su colcha de color azul eléctrico,
desmadejado —pienso— como un cadáver expuesto.
Acaso una vez hubo un encuentro amoroso.
Acaso una vez hubo

un enrejado de rosa o un prado de turquesa.
Mas parecen saber esta mañana las campanas
dónde estamos, cómo deseo tomarte, y que ardo
por traspasarte el corazón.

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Higtower, Scott. Hontanares. Madrid; Ed. Devenir, 2012.

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CUATRO POEMAS DE TERESA MARTÍN TAFFAREL

noviembre 15, 2022 Deja un comentario

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PERDURA la paciencia de la aurora
que no se atreve a despuntar del todo.

En la penumbra,
advierto unos ojos que laten
en mi piel derrotada.

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NO SÉ quién organizó las cosas.
No sé por qué me ha tocado este solar, este paisaje,
esta penumbra protectora,
la luz habitada de abandonos
y esta casa que respira ausencias.

No encuentro las constelaciones que guiaron mis pasos
cuando creía en los juegos del viento y en las voces del agua,
ni sé medir el tiempo de un océano.

Navego por esta corriente interminable y sé que me defienden
los ojos de vidas y de muertes que habitan en mi sangre.

Trato de ordenar los mensajes que rodean mis silencios.
Y persigo esa lágrima que no puedo llorar.
xxxxxxxxQue ya no puedo.

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Se fueron apagando los árboles del parque,
descendían pupilas como gotas congeladas
y el abrazo se detuvo detrás de los postigos.

El reinado del sol se volvió triste
y ya no pudimos grabar nombres en el viento.

Quedaban los murmullos.
La sombra enmudecida
apaciguaba soliloquios.

Hubo que improvisar
y volver a inventarse
para salvar un poco de eso que todavía.

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Dejemos que se olviden los andares
y quede este dolor de perdurar.

Que el orden de las nubes no altere la derrota
y devuelva la brújula al viajero.

No podemos renunciar
a la gota de asombro que florece en nuestros labios
cuando lo hemos dado todo.

La escarcha, las orillas, el placer de la lumbre
este retiro voluntario.

Después, 
soltar ataduras
y preguntar por el camino de regreso.

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Martín Taffarel, Teresa. Del tiempo y las sombras. Barcelona; Ed. Candaya, 2009.

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POEMAS DE TOMÁS HERNÁNDEZ MOLINA

noviembre 13, 2022 Deja un comentario

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UN PERRO A TUS PIES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara A.

El tiempo, ese enemigo atroz que nos acecha,
es vencido por ti si te desnudas,
y el mar está en tus ojos
como un adorno innecesario;
la oscuridad redonda de tu noche
es más que el sol, y el tiempo,
ese enemigo atroz, es un perro a tus pies,
la tarde es otra noche de esponsales.

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SÍSIFO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Ana Jurado y Javier

En el puente que ha roto la riada,
dos pajarillos pugnan por un trozo de pan;
diferencio bien los gorriones pero son más pequeños,
de plumaje más claro y cuerpo más ligero,
un colibrí, un jilguero o quizá un canario.
Es más grande el mendrugo que sus dos cuerpos juntos
pero luchan por él y sólo los aleja de su empeño
el paso de los coches, las ruedas casi encima.
Luego vuelven al charco que bordean
y comienzan la lucha. Nada saben de Sísifo
ni de su cruel destino, obcecados
por el hambre, por la curiosidad o por el juego.

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xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Javier y Luis Carlos Hernández Gómez

xxxxxI

En la mesa del padre congregados
celebramos la fiesta, los años que la vida
nos reúne en cada aniversario, el origen.
Un viejo rodeado de sus hijos,
los hijos de sus hijos, las mujeres
hermosas o distantes que eligieron.
La fiesta de la sangre, de la herencia
que en nosotros dejó y allí acudimos
puntuales como las estaciones,
los árboles al borde del camino
que son nuestro ataúd o nuestra mesa.
Festejamos su vida y nos regala
la mirada perdida de los ojos acuosos,
la confusión de nombres que ya no reconoce.
Reíamos, bailaban las muchachas
y los hombres más jóvenes, escogidos los vinos
que esperan cada año, lo mismo que nosotros,
el ritual que el tiempo se merece.
Y así estábamos, felices y orgullosos,
rutinarios y alegres, compartidos.

Había dos muchachos, dichosos entre todos,
dos hermanos como suelen comportarse los hermanos,
con esa afinidad de los destinos
por distintas que luego sean las vidas,
con un pasado que sólo los hermanos reconocen.
Los frutos en agraz en cuya carne
esperamos vivir nuestra memoria.
Dos hermanos como suelen comportarse los hermanos,
sin saberlo siquiera.
xxxxxxxxxxxxxxxxDetrás de los cristales
una afilada luz los hiere con su muerte.
Sabe la fecha exacta del encuentro,
y cuenta con los huesos de sus dedos
los pocos días que faltan, el instante
que eligió para ellos.

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xxxxxII

En su seno son nada, no reposan,
los muertos no abandonan el cansancio,
no sufren ni se alegran, sólo viven
en nosotros la vida que no les pertenece.
Debajo de la tierra alimentan hormigas,
hacen crecer las flores, las hierbas más comunes,
y el viento cada noche los cobija
y abrigamos su frío en nuestro lecho
con una última lágrima.

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WILLIAM Osler,
xxxxxxxxxxxxxcoleccionista de libros,
en especial de Historia de la Medicina,
y por esa pasión
lo recordamos,
dejó escrito: «Aquellos
que en la vida se inician sin los libros,
sin mapa ni astrolabio navegan.
Los que tan sólo aprenden en los libros
allí mueren,
sin emprender viaje.»

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SER LEÍDO EN 1935

¿De qué sirve a los insomnes huesos
que vengan hasta aquí desconocidos
amigos y devotos y que rindan
tributo inmerecido al polvo y a la nada?
Que las palabras con cansancio escritas
mercado sean ahora y se lean
en las lenguas posibles en que los hombres hablan.
Que den dinero y fama a oscuros descendientes
que yo nunca engendré. ¿De qué les sirve
a estos insomnes huesos que me llamara Stendhal?

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Fenêtre qu’on cherche souvent
xxxxxRainer Maria Rilke
xxxxxxxx(Versión)

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Mary Alameda

¿No eres ventana, tú, la geometría del hombre,
la forma tan sencilla que sin esfuerzo encierra
nuestras vidas tan grandes?

Jamás será tan bella aquella a quien se ama
como cuando aparece encuadrada por ti.
Eres tú, oh ventana, quien la hace casi eterna.

No existe azar alguno. El ser se alza
con este poco espacio alrededor
del que se siente dueño,
en medio del amor.

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¿Me ocurrirá como a las sombras?

Durante treinta años vivó arriba, 
en un cuarto cerrado, entre el ruido
de máquinas, los golpes del martillo
o de la gubia. Nada queda de él
en esos viejos libros que ahora exhiben
—primeras ediciones, borradores—,
que sin leer miramos con respeto y cansancio.
No hay nada en esas líneas del instante
de hacerlas, del temblor de la mano al escribirlas.

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Lloré al paso volador de las perdices

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Reinaldo Jiménez

El agua es maldición desde aquel día
en que mis pies de desterrado puse,
las finas zapatillas de palacio,
sobre la arena sucia y las piedras hostiles.

Qué pensará quien vea en esta choza
la gloria de Almotamid que con los pies hinchados,
los tobillos en carne tumefacta,
el regreso celebra de su esclava que vuelve
con unos pocos dirhams como pago
de un día de lavar ropa y secarla al carbón,
pues aquí, en donde nunca llueve,
el agua es maldición desde aquel día.

Qué pensará quien compartió conmigo
la gloria de Almotamid o me envidió pensando
en cambiar su destino por el mío.
¡Que se acerque a esta choza y que me vea!

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Hernández Molina, Tomás. Peñón de las caballas. Murcia; Ed. Tres fronteras, 2009.

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DOS POEMAS DE SCOTT HIGHTOWER

noviembre 11, 2022 Deja un comentario

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EL RANCHO DE LA IRA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«La olla rezuma lo que hay en ella»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAntiguo proverbio

xxxxxxxxxxxNo es que el viejo gato amarillo
xxxy yo hubiéramos unido
xxxxxxnuestras suertes. Pero ambos
supimos soltar amarras con aquello que hierve
en el pecho de un vaquero.

xxxxxxxxxxxA mi padre le gustaba
xxxrepetir el relato de cómo —en esos tiempos
xxxxxxen que «atar» testículos de oveja
era la forma más común de castrar— él
demostró lo

xxxxxxxxxxxfácil que era asiendo
xxxallí mismo en el porche al viejo gato
xxxxxxy haciendo chasquear una cinta de goma
alrededor de su escroto. (Un episodio
muy ocurrente

xxxxxxxxxxx—y desafortunado— para el viejo gato).
xxxPregonaron el método nuevo
xxxxxxpor su limpieza y eficiencia.
Años después, con mi padre en sus
últimos días, me acordé

xxxxxxxxxxxdel viejo gato
xxxindefenso y salí a coger la cámara
xxxxxxy volví a la habitación
y le pregunté a mi padre si le importaba que yo
sacara una foto.

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NÁYADES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(Para Jean Kiernan)

A muchos de nosotros nos dolió
cuando la arrancaron y taparon.

El negro molde que invade los muros
de los cimientos del nuevo colegio
ni adopta formas reconocibles
ni trazos de vandálica invectiva;
con todo, no cabe duda de que es
puro desdén de náyade.

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xxxxxxxxxxxxxxx*

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¿No existe acaso un cuento antiguo
sobre un rey que se casó con una? En un
relato de Virgilio, ¿no guió una madre
a su frustrado hijo hacia la clave
del mudar de las cosas; al problema
de letales e imprevistas consecuencias
que aflora en revuelo
de serpientes o enjambre de abejas?

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xxxxxxxxxxxxxxx*

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Una amiga de Austin
insiste en hablar de los monarcas

y de cómo los dioses
y las diosas son eternos,
aún cuando la gente,
ya sin palabras,
deje de adorarlos.

Ella me habla a menudo
de un antiguo manantial
que hace tiempo fue un lugar encantador.

Una vez, en Luarca, un pueblecito
del norte de España, visité
en su plaza una fuente legendaria,
La Fuente del Bruxo.
Alguien había marcado el hontanar
tallando en la piedra un trébol de la suerte,
instalando un caño. Dicen los lugareños
(cuya remota lengua es el bable)
que siempre manó agua
de aquí, que fue un enclave celta.

En mi última visita me ofendí
cuando vi que alguien había edificado
sobre la antigua ubicación.
Otro desconcertado peregrino
había garabateado VERGOÑA
con feroz y negro spray
en una de las paredes nuevas.

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xxxxxxxxxxxxxxx*

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Entonces no teníamos
dónde pasar el rato, adónde ir.

Había un lugar remoto…
con una fuentecilla
y un viejo caño incrustado
junto a una ladera de caliza,
verde de ranas y culantrillos.

¡Era un hermoso lugar!
A codazos nos metíamos en cueros,
merendábamos, comíamos los higos silvestres
que allí crecían;

a veces, seguíamos caminando
hasta el Arroyo del Toro.

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Higtower, Scott. Hontanares. Madrid; Ed. Devenir, 2012.

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HABLANDO DE AMOR

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LOS VIEJOS NUNCA HABLAN DE AMOR COMO LOS JÓVENES

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Pepe Hernández

Los viejos nunca hablan de amor como los jóvenes,
pues el peso de uno o varios cuerpos
en sus vidas, les trae la confusión.
Es motivo de escarnio o pasatiempo
esa charla en los viejos. Ellos vienen
al sol cada mañana, y en verano
a la dorada piel de las bañistas,
a su fervor de oro. Hablan
de incidentes domésticos, de muertos
o pasiones con esa indiferencia
con la que regatean el pescado
en las barcas pequeñas que llegan a la playa.
Regresan cada día a estos bancos al sol
y nunca hablan de amor como los jóvenes.

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xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Mireya

LOS amantes furtivos se parecen,
se buscan por las mesas de los bares,
o cruzan la mirada mientras brindan.
Los amantes hacen lo mismo siempre,
persiguen igual sueño y aman los mismos rostros.
Su secreto los hace más ingenuos, más frágiles,
más torpes en los gestos o en la risa,
la urgencia por los ojos como un rímel de súplica.

Los amantes se esconden y no saben
que su huida los hace más gloriosos,
que el tiempo es un fervor sólo dado al furtivo.

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TERRAZA DE UN BAR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Sonia y Pepe Ruiz Campos

Reflejos amarillos del sol en los cristales,
el cuadro representa la terraza de un bar,
quizá al atardecer. Tulipanes y nardos
al fondo de la barra. La transparencia
del agua de las flores. Son imprecisas sombras,
quizá reconocibles por un gesto,
la forma de sentarse o de cruzar las piernas,
quienes aquí bebieron aquel día.
De las cosas, firme constancia queda,
los manteles de cuadros, el pan recién cortado,
los platos sin comida y los vasos vacíos,
las botellas de marcas no legibles,
esperando una mano que las convierta en vino.
Todo está quieto y fijo en ese cuadro,
el ajetreo, las voces, y parece
que está la vida a punto de empezar,
que alguien va a levantarse para beber contigo.

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SON momentos fugaces las ventanas ajenas,
rutina son aquellas que suyos nos hicieron,
nos traen la luz del día, el color de los cielos,
y en la noche se vuelven oscuras en nosotros.

Las otras, las fugaces, nos dieron un asombro,
recuerdos de un viaje o una visita breve,
un río o la belleza de una calle habitada.

La desnudez nos dieron las ventanas,
el ansia inmerecida de un deseo heredado
y una primera obscenidad en los ojos.

También las lentas tardes las ventanas cobijan,
los breves días de inviernos melancólicos
y un desnudo rosal en el jardín diario.

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LOS POZOS MÁS ESQUIVOS

Por qué sucederá que sean los ojos luego
los pozos más esquivos, los ríos más helados,
si se enciende el amor en sus hogueras.

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Hernández Molina, Tomás. Peñón de las caballas. Murcia; Ed. Tres fronteras, 2009.

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EXCUSAS AMBIGUAS

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LES RITA MITSOUKO

Nunca me traduzcas esta canción
nunca me despiertes.
Dice que hace frío, dice que amanece
dice algo de un auto, dice algo de un bosque
que hubo un diluvio, dice
que hubo algunas muertes.
Manchas rojas en la nieve
y el cielo que se lleva todo.
Nunca me traduzcas esta canción
nunca me despiertes.

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CUMPLIENDO con el rito
de animal carroñero
tiro carne muerta sobre brasas furiosas
con la excusa ambigua
de alimentarme.

Yo, otro maldito mamífero
de sangre caliente
que por eso tiene que comer
más de una vez al día
y por eso tuvo que propagarse,
prosperar
y arruinarlo todo.

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Burguez, Claudio. Perro de aeropuerto. Cáceres; Ed. Liliputienses, 2019.

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LOS CENÁCULOS DE EROS

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PRIMERA VEZ

Me ha penetrado el falo del unicornio.
En un cuento de hadas llegué a perder la virginidad.
Hubo un trote de caballitos de madera.
Dentro de la carroza se oían voces.
Mas no quedé desnuda.
Era un pubis de niña.
Unos muslos de niña.
Una mirada de niña.
Y el unicornio un ser despreciable.

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El aire hiere el primer calor de mayo.
Todo transcurre así, como si nada,
tal si viniera de la feria cuando niña,
de la mano de mi madre,
con el papel pringoso de los churros
y un algodón de azúcar
que no se acaba nunca.

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AMANTES

Lentece sobre el olvido de aquéllos
que dejaron abandonada su memoria.
Machado después de la muerte de Leonor amó a Guiomar.
Cernuda sintió cierta atracción por la esposa de Panero,
aun en su condición confesa de homosexual.
Vio en ella la belleza interior que por entonces poseía.
Si el hombre pudiera decir lo que ama.
Salinas tuvo el affaire con Katherine,
la becaria estudiante,
a pesar del intento de suicidio de Margarita.
Entonces escribió La voz a ti debida:
Tú, que no eres mi amor,
si me llamaras
.
Así superó con creces la pasión de Garcilaso por Elisa,
la musa de sus églogas.
Guillén dijo: Todo ya pleno.
Aleixandre escondía un misterio tras sus ojos azules;
Lorca escribió sus poemas del amor oscuro:
La gacela de la mujer —o el hombre— desnudo.
Verte desnuda —o desnudo— es recorrer la tierra.

Dalí alternaba a Gala con efebos hermosos en Cadaqués.
Picasso dejó un gran rastro de mujeres e hijos.
Borges paseó por Europa a su musa, María Kodama.
Alberti abandonó a María Teresa León por una mujer vulgar.
Al igual que hiciera Cela con María Castaño.
O Ángel González, el fieramente humano.
Luis García Montero dejó Granada por Almudena Grandes.
Nada sabe de amor quien no ha perdido una hija y medio sueldo.

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SOGA AL CUELLO

Un perro me mira de reojo:
renquea de las patas traseras.
Tiene una herida en el hocico.
Él, el amigo del hombre,
ha sido apaleado por el hombre.

Un perro, de rabo largo de tristeza,
canela y asustado,
de pelaje indefenso.
Me mira a rastras de una cuerda,
tensada y larga desde el cuello.

La vida es crueldad y desconcierto.
Es dolor y desconfianza.

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ÁLBUM ANTIGUO

De nuevo te recuerdo,
tal cual eras aquel día
de brumas y de lluvias.
La bufanda al cuello,
así desarbolada,
como colas de coyote.
Te recuerdo en la ausencia
porque la ausencia ahoga
la mirada en los cuartos.
Cuando la soledad es una espuma
o un roce entre las piernas.
Los pétalos por el cuerpo más desnudo.
De nuevo a través de las notas
de una canción nostálgica.
Te miro en los retratos olvidados
de un álbum antiguo.

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JOVEN PUBERTO

Todas las rosas son rojas, así como tus labios.
Sí, rojas, no elijas otro color en los invernaderos.
Sean los ramos de pequeños capullos,
sabes lo que a esta sazón decía el Arcipreste,
acerca de la mujer pequeña.
Yo soy mujer y no puedo enviarte flores,
está mal visto de una muchacha a un joven.
De una vieja a un puberto.
Ya apenas la barba rasurada,
cuando después de esta historia
me dispongo a cerrar el libro,
donde he leído este cuento de madrastras.
Vehemente espero una llamada;
una esperanza al fondo del teléfono.
Nada a nivel de piel llega a aguardarme.
Me preparo a dormir toda la noche.
Seas tú, muchacho, mi sueño y la rosa.

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Ya la luz sobre el alba.
La luz sobre la luz genera claridades.
El día es la claridad.
La claridad es la luz.
El amor la consecuencia de haber vivido.

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BEATUS ILLE

Dichoso aquél que no ha amado nunca;
no conoce la celada de la tela de araña.
No sabe lo que es morir en la textura de un
deseo.

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Agnus dei:
no me quites los pecados del mundo.
Fui la puta del rey.
Y no voy a arrepentirme.

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A mitad de la espalda
la cremallera del vestido.
Unas manos expertas la descorren.
El poema es el arte del desnudo.
El poema es el arte.

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LA TARDE MALVA

Safo perdió la virginidad con las ninfas de Lesbos
que habitaban los arroyos y las orillas de los ríos.
Era la tarde malva al otro lado de la muralla.
Ella se fijó en sus blusas transparentes;
adivinó la redondez de sus pezones;
el zureo de las palomas en la curva de sus senos
tras el sujetador del paisaje.
Color carne el corsé.
Un resplandor de luz penetró por las ventanas.

Safo gustaba de la ropa interior de sus amigas,
aquel momento de las horas lentas,
armónicas y tenues,
donde los cerezos eran como bolas blancas de algodones;
las golondrinas anidaban en las piernas de sus hermanas.

La tarde malva,
igual que la túnica del sacerdote homosexual del templo,
o las orquídeas que adquirían ese color en el pelo.

Safo amaba a las muchachas como pájaros en el poema;
el preciado néctar de las uvas en las copas de alabastro,
el roce de los dientes contra la superficie del cristal.

Acabó desprestigiada por las mismas ninfas,
perseguidas por ella.
Era la tarde malva.

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Ningún olvido se parece a otro olvido.
No sé cómo llamarte.
Ha pasado el tiempo del amor.
El viento de noviembre lo arrastró con la lluvia.

Te llamaré dolor.

Hay nombres que no debieran pronunciarse.
Desconozco el tuyo.
Las garzas con sus picos se llevaron las letras.
Eres un ser sin sustantivos.

Asciende en la garganta una isla desierta.
Un mundo de palabras que no conoce nadie,
tristea y se nostalgia.
Las nubes trasiegan con las lluvias y anochece.

Te llamaré dolor.

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Queda un instante la ventana entornada.
Empieza a arreciar el frío.
El silbido del aire penetra a través de las rendijas.
No soy Eva.
He sido arrojada de todos los paraísos.

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CUERPO DIEZ

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Encarna García Higuera

He venido hasta aquí a que me abraces.
Qué proceso tan simple el de tus brazos.
Ser tuya, tuya, en el pronombre tuya,
como el otoño en el invernadero de las rosas.
He venido a jugar tal vez contigo la última baza.
Tantas horas de gimnasio para —por fin—
mostrarte un cuerpo diez.
Tantas caminatas por el circuito
de una ciudad de las afueras.
Mis piernas son los robles de aquel bosque.
He venido a que me abraces, como entonces,
sobre el verde, o la manta de los cuadros,
hábilmente extendida en la hierba.
Ya los pechos reparados por el bisturí
de los quirófanos.
Las arrugas estiradas del estrago
del tiempo y su decurso.
Un cuerpo diez bajo el vestido
que a ocultar llega los muslos.
He venido a este cuarto de hotel en carretera,
a que descorras —sin más— la cremallera de mi falda
y me comentes después si te sigo gustando.

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ROPA INTERIOR

Mira las mamas de mi pecho.
Estos muslos délficos,
el contorno de mi vientre,
Amado mío.

Ven: estoy sola esta noche.
Te descubriré el desnudo de mi torso,
las puntas de mi corsé, hechas a bolillos;
el negro sujetador que estiliza mi pecho
y deja a la vista sus tirantes;
la camiseta que adorna el escote;
las medias del color de la carne
hasta el medio de las ingles;
el piercing, como adorno en el ombligo,
imitando a la alumna adolescente.

El ceñidor que moldea mi cintura;
los senos cubiertos con cintas de colores;
el peplo que permite al muslo derecho
qudar a la vista, a través de una apertura;
las enaguas de lazos bordados y de cintas;
las bragas de motivos oportunos y estampados.

Todo ello que, guardado en la cómoda, te aguarda.
Me abriré de piernas para ti.
Gritaré cuando me penetres
como la recién casada de la otra escalera.
Pero si me sientes llorar a media noche,
angustiada y de pie sobre la alfombra,
no te vayas a sentir intimidado.
Es que ser mujer conlleva un cargo de conciencia
por todo lo que una hace.

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Zurera, Soledad. Los cenáculos de Eros. Murcia; Ediciones de la universidad de Murcia, 2011.

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LITURGIA DE LA PROFANACIÓN

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CANTO II

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDe la vida tomé todas las palabras
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEnrique Lihn

Cuando muere la luz al filo de tus ojos,
cuando arrecia el otoño en los campos,
cuando la garza exhibe
el esbelto equilibrio de su vuelo,
cuando acarician mis manos
la incertidumbre de tu belleza,
de tan puro carnal y palpable, impalpable;
cuando ahonda la vida su sentido,
cuando se estrechan del mar y el horizonte
los vínculos, entonces, en la esclavitud
deseada, vuelven de la infancia
los ritos y la culpa.

Los ritos y la culpa
y la casa del padre, y los campos
sembrados de rutina y derrota.
Y el tedio de la araña que teje en los bolsillos.
Y la monotonía que gotea del grifo
y desborda los vasos, los ríos, los estanques
donde el nenúfar tiembla
de mirarlo tan sólo. Los estanques
donde hundo mis manos que seducen leopardos
y rescato el cadáver de Narciso
para seguir llamando muerte a lo que más amo.
Para seguir llamando muerte a lo que más amo
estorban las palabras,
los gestos, los milagros, los amigos
que nunca tuve o que no tendré nunca.
Incluso si no fuera así, así sería.
Incluso las palabras apelan al suicidio.
Son tan perfectas, tan frágiles,
tan esquivas que desafían la prudencia
afilada del silencio en otoño
cuando mayo o abril.

Cuando mayo o abril,
toco tu cuerpo y el cielo toco.
Acaricio la humedad del fuego,
el frío de la sangre de mis antepasados,
la lujuria procaz de las estatuas
y la vida, la vida en los libros.
Porque late, late la vida en las palabras,
y respira en las piedras
que, celosamente, guardan
la oscura quietud concéntrica del agua.

La oscura quietud concéntrica del agua
donde giran estáticos los nombres,
el miedo circular a las esquinas,
el reloj de arena de la droga
que marca las horas que bordean el insomnio,
la noria de la feria de septiembre
donde en cada vuelta envejecí un minuto
hasta desembocar en un presente
que erosiona la pureza de otros tantos instantes.
Crece el niño. Y el mito del niño solitario.
Golpea la gota de agua
en la tensa región del recuerdo.
Crea ondas que se expanden
y de la verdad se alejan.

Y de la verdad se alejan
mi corazón y tus ojos.
Miro dentro de cada palabra
y todo lo veo a través de tu mirada.
Claudican los espejos, claudican
en el humo que espesa la distancia
y la tristeza empaña.
Y enturbia los estanques.
Espesa, empaña, enturbia el humo
que nace de la hoguera donde mi padre
quemaba los rastrojos del jardín del alma
en los meses que clavan anzuelos en el agua del sueño.

En los meses que clavan anzuelos en el agua del sueño,
los tenedores tiemblan y muerden las cucharas
la sal de las estatuas.
Los caracoles lamen del poema el tronco
y de las ramas más altas
se suicidan la cigüeña y la garza.
Y en los meses que clavan anzuelos como estrellas
recojo las colillas, las botellas vacías,
los vasos de papel donde bebimos ebrios
el vino incorruptible de nuestra adolescencia.

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CANTO IX

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDetrás de las palabras que no son
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmás que un simple ejercicio de escritura
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFelipe Benítez Reyes

No manda heraldos el destino.
No concede un respiro.
No nos besa en la frente
para calmar la fiebre.
Severamente nos juzga y, sin embargo,
va de perdonavidas.
No se vive.
Mayoritariamente se existe
en una isla del yo profundo.

En una isla del yo profundo
escribo este poema.
Este poema y otros que dibujan mi rostro.
En cada verso pongo la vida.
Cada verso me cuesta una muerte,
mas la muerte no es un precio muy alto por un verso,
cuando cada verso propone una plegaria,
un dulce incendio arrebatado que prende
en los arbustos del corazón más torpe.
Nadie quiere aplacarlo.
En él, nadie perecer quiere.

En él, nadie perecer quiere;
mas ha de anegar la ceniza
tumbas y mausoleos.
La ceniza y el llanto
serán de mis versos la herencia.
Gozosamente las palabras quedan,
dudan, inquietan, turban,
hieren donde no duele
y donde duele curan las palabras.

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Y donde duele curan las palabras
cuando atienden nuestras plegarias.

Cuando atienden nuestras plegarias,
la plenitud se palpa con las manos,
el gozo nos eleva por los aires
y al mirar en los ojos del amado,
pletórica, la vida nos invita
a fundirnos con lo desconocido,
a besar al traidor, a sentirnos
culpables del crimen de los otros
antes que inocentes de los nuestros,
a perdonar al verdugo,
a comulgar con el árbol podrido
en la naturaleza muerta del deseo.

En la naturaleza muerta del deseo,
cuando la luz declina al filo de tus ojos,
el vino incorruptible de nuestra adolescencia
el brillo de su aroma escancia.
ebrios de luz, anhelamos respuestas.
¿Es posible acariciar
de un fantasma la furtiva sombra?
¿Que las palabras callen cuando hablan?
¿Que el frío de la llama queme como la nieve?
¿Es posible vivir sin haber muerto?
¿Y morir sin haber vivido?
¿Puede el amor provocar tanto daño?
¿Tanto naufragio y zozobra tanta?
El amor por siempre, para siempre y desde siempre.
El amor que nos condena a nuestro propio infierno.

Y de nuestro propio infierno nos redime
el poema, aunque apenas nos salva
del tedio del ángel de los días,
de la monotonía de los parques de mayo
cuando mayo es octubre,
de la luz y la sombra
donde principio y fin se funden.

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Bascuñana. Ramón. Liturgia de la profanación. Sevilla; Asociación Poética Cultural «Sin Fronteras», 2002.

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POEMAS DE AMOR ZOOLÓGICO

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23 AÑOS Y UN MINUTO

En los años 70,
Marina Abramović y el joven Ulay
desfondaron las noches de Belgrado y Berlín;
ella siempre con un vestido rojo,
él con gafas, siempre, sobre el pelo.

En los años 80,
Marina Abramović y el joven Ulay
atravesaron la Gran Muralla China,
se encontraron en medio
y se abrazaron por última vez.

En los años 90,
Marina Abramović y el joven Ulay
ya no existían, eran tan solo un antiguo vestido,
unas gafas antiguas.

Pero en la primavera del año 2011
Marina Abramović
entró en el MOMA de New York,
cerró los ojos y compartió
un minuto de silencio con los desconocidos.

De pronto, Ulay llegó,
sin que ella lo supiera.
Aún con las gafas sobre pelo.
Y cuando ella, por fin, al fin, abrió los ojos
el joven Ulay se quedó estatua,
no sabía qué hacer,
cómo pasar 23 años y un minuto en silencio,
cómo pasar 23 años y un minuto mirándola,
qué hacer con tanta eternidad, tan cerca.

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POEMA DONDE CONFIESO SIN TAPUJOS
CÓMO FUE MI PÉRDIDA DE LA VIRGINIDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Víctor Andresco
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy Joaquín Blanco.

A los 14 o 15 años me enamoré perdidamente de Tina Modotti
todo por culpa de una foto de Edward Weston
y de un monte de Venus que me llevaba más de 50 años.
De pronto / todas las muchachas de mi barrio se peinaban al medio,
eran fotógrafas y tendían al sol sus vellos púbicos
en azoteas infranqueables.

A los 14 o 15 años me enamoré perdidamente
de aquella horizontalidad / de aquel nudismo militante.
El segundo culpable fue Julio Antonio Mella
y su huelga de hambre y aquella su muerte tan atlética.
Mientras mis compañeros de pupitre
coleccionaban fotos de Jane Fonda o de Marilyn Monroe,
yo me estaba convirtiendo al comunismo
de la manera menos sospechosa.
Hasta que un día pude ver por fin a una mujer desnuda
en aquella misma postura azoteística,
pero no al sol / sino a la luz de una bombilla infame
y supe de golpe que el sexo y la política
corrompen lo que tocas.

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GEMIDOS

Nunca he escuchado gemir
a una pareja mientras hace el amor.
Nunca de nunca.

En los hoteles en los que me hospedo
las parejas de los cuartos contiguos
duermen como hermanitos vallejianos.
En mi casa natal mis padres se cuidaban.
En mis casas de adulto (en todas)
los vecinos insonorizaban el amor
(algo que debería estar penado).

Ahora que lo pienso
solo he escuchado gemir de placer en el cine,
en los libros,
en la sonrisa picarona de las sobremesas.

Y esto es muy grave.
No se debe llegar a cierta edad
con gemidos de atrezzo.

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POEMA CON GATOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«El gato,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsólo el gato
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxapareció completo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy orgulloso:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnació completamente terminado,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcamina solo y sabe lo que quiere.»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPablo Neruda

Llegas a cualquier calle de cualquier ciudad y siempre hay gatos
pero nada ni nadie te puede demostrar que sean otros.
Gatos tan parecidos entre sí que hasta maúllan.
Animalitos hábiles para la indiferencia
dueños absolutos de tu tiempo y el suyo.
Por un momento llegamos a creer
que los caminos todos llevaban a Roma
que los felinos todos tenían siete vidas
que bastaba con saber maullar
para caer de pie desde cualquier altura.
Ahora puedes estar apoyado en un alféizar
o en la séptima vértebra de una mujer desnuda
y descubrir cuan frágiles somos quienes no maullamos.
Ahora puedes caer y pasarte el resto de la muerte
sin que nadie repare en tu ausencia.
Llegarán los turistas como siempre
y verán una calle llena de gatos
pero no repararán en tu cadáver.
Los gatos sí. Los gatos se alimentan
con la sangre de los que no maúllan.
Por eso hay tantos gatos que son el mismo gato
que viste la primera vez que viste un gato.
El que te toca.

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DOS SONETOS DONDE SE ADVIERTE DEL PELIGRO DE MIRAR
A UNA MUJER QUE CORRE HUYENDO DE LA LLUVIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«Vienes desnuda
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcorriendo contra el viento…»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWaldo Leyva

Una mujer que corre contra el viento .atenta .contra el sueño
de .las .aves. ¿Quién .podrá .detenerla, .poner llaves a su lar-
go cabello en movimiento, a sus faldas .de .aleteo violento, a
sus .senos .que .saltan .como suaves imitaciones de la luz? Ya
sabes: ¿quién .garantiza .su .arrepentimiento? Una mujer que
corre despeinada es un peligro .para los gorriones, es un mar-
tirio para la manada de las gaviotas, para los aviones, para las
mariposas, para cada cuerpo .que .vuele. Nunca le perdones a
una mujer que corre con el pelo .aleteando en los ojos de otra
gente .que .diga .que .lo ignora. Siempre miente. Sus rizos en-
trenaron para el vuelo. Sus .ojos .lo .planearon. No hubo cielo
sino .su .cuerpo ingrávido, y .su .mente desafiando alas, picos,
luz, corriente. ¿La lluvia? No .te .engañes, cuando .llueva .será
su triunfo. Las demás .no .saben .salir a disfrutar del aguacero
Y .ella .será .paloma .que .se .eleva, mariposa feliz, hasta que
acaben el agua, el viento y tú: su pasajero.

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ONIROMANCIA

Los sueños eróticos son dulces pesadillas
(sobre todo cuando la muchacha del sueño no existe).

La almohada perpetúa su blanda insinuación de carnes,
la penumbra amortigua sístoles y párpados
y todo huele azul.

Los sueños eróticos no se hablan por teléfono
no se cuentan en cartas —ni siquiera se dicen—.
Basta la referencia de una sábana tibia,
la delación del tacto.

La muchacha del sueño
no tiene rostro fijo, pero es ella.
Ríe, se peina y huye,
vuela y retorna con otros hombres
colgándoles del pelo.

Luego suena el reloj
y despertamos asustados y débiles
y la seguimos buscando en el espejo
y la enjuagamos en un chorro de agua cómplice
y la bebemos en un sorbo de café solemne
y, al fin, la saludamos: —Buenos días,
sufriendo que ella pase y no nos reconozca.

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Díaz-Pimienta, Alexis. Poemas de amor zoológico. Madrid; Ed. Noviembre, 2020.

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TAL VEZ COMO SI NUNCA

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5

En el umbral de cuanto desconozco,
a las puertas de los templos antiguos,
la emoción se remansa, el deseo perdura,
y el reloj del amor nos besa en las mejillas
como un sol cotidiano.
Como el ingrato cuervo que nos saca los ojos,
nos promete la vida una derrota,
aunque no siempre acierta en el castigo.
En los libros que ardieron,
en la palabra antorcha lo he leído.
En la ceniza de tus antepasados,
en forma de acertijo, está escrito tu nombre.
Como el ciego predicador de las montañas
soy la sombra de un corazón que late.

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8

En el atroz milagro de estos versos,
tan tuyos como míos,
el poeta que soy custodia las reliquias
de un tiempo de quiméricos crepúsculos.
Protegen las palabras del dolor de los hechos.
Protegen de los tristes obispos bolcheviques
de los que habla Vallejo, de la lluvia
que araña las estatuas como un gato salvaje,
de los pasos tan lentos con que anda el amor,
de los usurpadores y de los conjurados,
y de las tropelías que en nombre del deseo
cometen los amantes. Sí, las palabras
defienden las calles de un lugar
donde nunca estuvimos.

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14

En este cuarto con vistas a domingo,
la tristeza me visita en los días impares.
Se sienta en una silla y me habla del mar.
Escucho sus palabras, serenas como el agua
que fluye de una fuente. También escucho
cómo teje la soledad el fulgor de los versos
que ahora te recito. Se engarzan las palabras
en el hilo invisible del presentimiento.
Deslumbran si las miras de cerca. Duelen
si las tocas, porque hablan del amor. Hieren
porque, como la vida, las palabras nunca
son lo que dicen y traicionan los hechos.
Sí, estos versos nos juzgan, nos condenan.
Sí, tú ya no estás pero el dolor persiste.
Y en el dolor no hay piedad ni consuelo.
Nadie se apiada del héroe derrotado
y el consuelo es un lujo para los vencedores.
La vida es un combate en desventaja.

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15

La vida es un combate en desventaja,
la poesía también. Se lucha, cuerpo a cuerpo,
contra el verso rebelde, contra el ritmo
impetuoso del sentimentalismo,
contra las trampas del adjetivo adverso,
contra las imposturas heredadas
y la falsa retórica del sustantivo ampuloso.
Cada poema nos cuesta la vida.
Cada poema deja un saldo de llanto,
y de sangre, y de palabras heridas en su orgullo.
Cada poema, nos resume y nos niega;
es nosotros, nos engloba, pero también nos ata
y nos reduce a la sombra de las palabras.
Somos esclavos de una guerra
perdida de antemano. Despojos somos
del amor y la vida.

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Bascuñana, Ramón. Tal vez como si nunca. Lanzarote; Ayto. de Teguise, 2001.

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TRES POEMAS DE MARISA LÓPEZ SORIA

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HOMBRE SIN FIN

El hombre es una búsqueda sin fin,
pesquisa la horma del amor.
Me pareció poético, romántico
—la luna cual helado de vainilla—.
Después era donjuandepacotilla
y frío sherlockholmes, investigando.
Tan mesurada no pregunté qué coño busca usted,
ni qué se le ha perdido.
Andaba como loco,
de pubis legionario, mil copas, conquistando.
Y luego se marchaba el muy falsario.
Tampoco. El molde no era aquel.

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A LA SÉPTIMA

Creo que fue
harta del frontispicio a poniente.
A mi entender no fue una carambola,
ni en absoluto vacilante
—por séptima y colmada—.
Tras un breve estornudo (como un adorno
muy aplaudido por coreutas y rapsodas)
se arrojó al Etna, esto es,
xxxxxxxxxxxxxxxxa otros flamantes brazos.

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AÑOS DESPUÉS

Veinte de julio.
Tan alta como la luna
Emboriada
Amotinada
A la deriva
Como vulgar selenita
Prismática
Présbita
Problemática
Errática años después.

xxxxxx¿Sabes lo que pensó?:
xxxxxx«Esto pasa por no querer perderme nada».

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López Soria, Marisa. Muy señores míos. Valladolid; Ed. Difácil, 2020.

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