GIACOMETTI MIRA ESTRELLAS PENSANDO EN ALEJANDRO

 

TESELA

ENCERRADO en sí mismo, Giacometti
esculpe,
con su delicadeza hecha de sangre y vísceras,
un piélago de amor
en las médulas de la noche.

 

 

 

 

ESTRELLAS

MÍRALAS, siempre ahí.
Son las estrellas extinguidas.

 

 

 

 

ALEJANDRO

ALEJANDRO de Macedonia, arúspice,
dormía con la espada de los días
bajo la almohada persa, abrazado
como un dios a una Ilíada. Él fue
por solo esto un héroe. Muy lejos
de las guerras, muy dentro de la noche,
un héroe. En su nuca recogía
la suavidad terrible del papiro
donde alguien dejara escritas
las luchas entre el dánao y el teucro.
Con la ajena docilidad de un perro
de nadie, en su secreto protegió
la memoria del hombre y su hermosura.
Como a él, como entonces, llegan hoy
a mis sienes los sueños, el metálico
golpe y el lamento de quienes doblan
las rodillas tras recibir la flecha
de Apolo. En su honor, muerden el polvo.
Lo muerdo yo también mientras espero
noticias de otro invierno en la ciudad.

 

 

 

García Cerdán, Andrés. Puntos de no retorno. Madrid; Los versos de Cordelia, 2017.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (L)

 

Hace apenas unas horas me ha llegado a casa este regalo, ‘Mi columna vertebral’, libro de poemas de Andrea Mazas y que, además, contiene el octavo disco de la carrera de Antonio de Pinto.
Comentaba Antonio de Pinto hace poco en su facebook que había desmontado los poemas para poder rearmarlos después en forma de canción.

Voy a leerme el libro y a escuchar el disco (unas cuantas veces más). Ya les contaré.

 

Mientras tanto, aquí tienen algunas de las canciones que Antonio ha subido ya a su canal de Youtube.

 

 

 

 

 

MANIFESTACIÓN EN APOYO DE LOS TRABAJADORES DEL MUSEO ‘RAMÓN GAYA’

 

Esta tarde, a las 20:00 h, se llevará a cabo una manifestación en la plaza de Santa Catalina de la ciudad de Murcia, para apoyar a los trabajadores del Museo Ramón Gaya.

La inciativa, que ha partido de José Cantabella, lleva por nombre ‘6×5’ en referencia a las cinco nóminas sin cobrar que tienen los seis trabajadores de este referente cultural de la ciudad.

Aquí tienen la noticia en prensa.

¡Allí nos vemos!

 

ARTE SOTERRADO

 

Esta tarde hay un evento en Murcia al que no deberían faltar. Los artistas plásticos, como parte activa de la sociedad civil, quieren expresar su solidaridad con las reivindicaciones de la Plataforma Pro soterramiento del Ave a su paso por la ciudad de Murcia. Y quieren expresarlo con la voz de su obra a través de esta exposición pública.
La nómina de artistas es: Tatiana Abellán, Claudio Aldaz, Carmen Baena, Eduardo Balanza, Juan Mariano Balibrea, Antonio Ballester, Manuel Barnuevo, José Luís Cacho, Esteban Campuzano, Carmen Cantabella, Dora Catarineu, Ángel Mateo Charris, Joaquín Clares, Juan de la Cruz Megías, Juan Manuel Díaz Burgos, Ricardo Escavy, Ángel Fernández Saura Alejandro Franco, Jorge Fin, FOD, Miguel Fructuoso, Pepe Gómez, Mercedes Gonzalez Alberdi, Pedro Guirao, Ángel Haro, Abraham Hurtado, Esteban Linares, Lolo, Alfonso Martínez Escudero, Vicente Martínez Gadea, Juan Martínez Lax, Antonio Martínez Mengual, Nicolás de Maya, Marta Menacho, Chelete Monereo, José Luís Montero, Sonia Navarro, Pedro Noguera, Katarzyna Rogowicz, Carlos Pardo, Manolo Pardo, Emilio Pascual, Manuel Pérez, Eduardo Pérez Salguero, Marcos Salvador Romera, Pedro Serna, Alberto Sevilla, Gonzalo Sicre, Pepe Yagües, Joaquín Zamora, Rubén Zambudio.

INAUGURACIÓN: Miercoles 21 de Junio de 2017, a las 20.30 h.
Calle Orilla de la vía 8,12 y 14. Murcia
(Junto al paso a nivel de Santiago El Mayor)

 

La columna de Ángel Montiel sobre la exposición que se inaugura esta tarde, aquí.

 

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LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XLIX)

 

Hará un par de meses, Ángel Mateo Charris nos envió un correo electrónico a una serie de escritores porque se le había ocurrido una locura maravillosa. Nos decía que se ponía en contacto con nosotros porque quería que escribiéramos textos basados en las imágenes que nos proponía a cada uno, y que el resultado no tenía por qué estar relacionado directamente con la imagen. Quería que entre todos construyéramos un pictionary.
Yo me planteé hasta el último momento colaborar o no, porque estaba convencido de que la idea que yo tenía en la cabeza la tendrían más escritores, y con mejor resultado que la mía.
El caso es que el último día de plazo le envié el texto.
Y ahora está aquí el catálogo.
Y aquí mi colaboración.

 

 

Hace un mes y medio se inauguró la exposición en Fuente Álamo de Murcia, pero la única oportunidad que tenía de ir a verla no salió porque quien me dijo que me acercaría a verla al final no lo hizo (en este momento, la exposición ya está en Bilbao). Ahora sólo me queda observar la pieza en el catálogo. Y reírme porque, como me decía uno de los compañeros de proyecto y catálogo, es magnífica la mala baba que destila lo que escribí, porque al final nadie hizo lo que yo creía que repetiríamos más de uno y porque ha sido un honor -aunque no haya podido verlo en vivo- colaborar con alguien a quien admiro tanto como Ángel Mateo Charris.

 

Por si no ven bien la imagen del catálogo:

 

 

ESTA NOCHE: JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ EN ‘LOS LUNES LITERARIOS’

 

Esta noche presenta José Óscar López su nuevo libro ‘Fragmentos de un mundo acelerado’ en Los lunes literarios. Y además lo hará acompañado de Miguel Ángel Hernández Navarro, con quien conversará sobre este libro lleno de historias lúcidas y desasosegantes.

 

 

Y, por supuesto, aquí tienen una selección.

 

 

LA MÁQUINA

Al final del verano, empezamos a construir una máquina. Nos sentíamos muy inspirados, quizás por el buen tiempo; tanto, que trabajamos febriles y con gran aplicación, pero sin plantearnos en ningún momento para qué podía servir. La terminamos pronto, a finales de septiembre, y una gran alegría nos embargó. Solo entonces nos preguntamos, perplejos, para qué demonios serviría. Dudamos antes de encenderla, pero había sido un trabajo apasionante y sentíamos urgencia por comprobar el resultado.
Encendimos la máquina. Funcionaba a la perfección. Nos felicitamos, estábamos exultantes. Creo que con ningún otro de nuestros trabajos habíamos obtenido una satisfacción así. Pero quedaba sin resolver el problema de su finalidad. Le dimos muchas vueltas, pero nos esperaban más trabajos. Casi todos nosotros debíamos colaborar con otros equipos, cambiar de compañeros, y no sabíamos cuándo iríamos a coincidir todos de nuevo en otro proyecto. Así que decidimos guardarla —¿esconderla, olvidarla?— bajo tierra.
Yo aún trabajo aquí, muy cerca del lugar que elegimos para enterrarla. A veces paso sobre ella, caminando, y la sé ahí abajo: perfectamente operativa, aunque la tierra no deje escapar de su vientre su ruido, su pequeña música repetitiva y mecánica. Me basta con saber que sus motores y engranajes insisten dando vueltas, y arrastrando sus correas y los émbolos. Me basta con saber que van a hacerlo siempre. Ya no me proporciona solamente alegría, al pensarlo, sino también seguridad. De hecho, saber que esa máquina funciona todavía es lo único que me hace sentir seguro, la única garantía de que la realidad va estar ahí cuando despierte, cada mañana.
Sé que los otros constructores, desde sus rincones respectivos del planeta, también piensan en ella en estos términos. Sospecho que, como yo, tienen miedo. Miedo de que, alguna vez, la máquina se pare. Que deje de funcionar. Y que el resultado sea impredecible, desastroso.

 

 

 

 

LOS MALOGRADOS

Entré en la enorme sala y vi a esos seres terribles y perfectos, observándome en silencio. Tuve miedo. Me di la vuelta hacia unos ventanales por los que pude contemplar las montañas que yo había atravesado para llegar aquí, a este lugar que había confundido con el pajar de la granja de al lado. Y vi a alguien, normal en apariencia, saliendo de la granja y acercándose.
—Seres igual a dioses —dijo cuando entró—, es lo que he estado construyendo desde el albor de las eras.
Traté de enfrentarme a él sin enfrentarme a esos seres. Notó mi pánico. Seguía acercándose.
—Comprendo tu temor —continuó—. Son lo que tú jamás podrás llegar a ser. He logrado tan solo dos decenas, a lo largo de milenios. En cuanto a los seres fallidos…, debo contarlos por millones. Por miles de millones.
—¿Y qué hace con ellos?
—Los he ido soltando. Se han extendido por la Tierra —respondió mientras recogía una pala del suelo, ya junto a mí—. Al principio, los enterraba tras sacrificarlos. Pero sentía lástima y decidí dejarlos que escaparan, que se reprodujeran lejos. Son los que tú llamas tus semejantes, ni más menos que la raza humana.
Había alzado la pala sobre su cabeza, tensando sus ancianos músculos.
—Es extraño, ninguno supo hasta ahora desandar el camino de vuelta —añadió antes de golpearme.

 

 

 

 

 

AMBICIÓN
xxxxxxxxxxxxxA Manuel Moyano

—Todos nuestros esfuerzos son inútiles —dijo a su ayudante, y ambos dejaron de pedalear a lomos del nuevo ingenio que habían terminado de construir esa misma tarde; efectivamente, el Sol y la Tierra continuaban su marcha sin apartarse un ápice de sus senderos prefijados: el astro se escabullía bajo una de las lindes del planeta, y él y su ayudante contemplaron impotentes cómo retornaban alrededor de ellos las sombras.

 

 

 

 

 

LA DESAPARICIÓN DE KELLERMANN

El cosmólogo Thomas Kellermann recibió una visita inesperada la noche del tres de diciembre de 1974. Su sirvienta habló de unos bisbiseos demorados, que ella pudo oír desde su dormitorio, muy cerca de la entrada. Tras media hora oyó también que la puerta de casa se cerraba y no le dio más importancia, entendiendo que el viejo profesor regresaba a su dormitorio. Así les explicó a los investigadores del caso. Dos semanas después, el anciano seguía sin aparecer. Solo entonces, los medios empezaron a prestar atención a una carrera menor, y muchas de sus teorías empezaron a discutirse por primera vez en las universidades y en los medios.
Cuanto más lo hacían, más conspiraba el cosmos por adecuarse a ellas. Ahora que todos leían sus principios y teorías, por fin se entendían muchos movimientos misteriosos de la materia que no habían logrado ser explicados hasta entonces. Todo encajaba en los papeles del desaparecido Kellermann. Las estrellas y todo el universo se movían en homenaje a él.
Pero el investigador apareció una buena noche en un descampado a las afueras de su ciudad, sin guardar recuerdo de los meses que había sido dado por desaparecido. Parecía con buena salud. Los distintos patrones y sistematizaciones que poblaban sus libros y apuntes dejaron de encontrar reflejo en el funcionamiento de la realidad. Nuevas apreciaciones y consideraciones devolvieron sus diagramas, ecuaciones y concepciones a su diminuta condición previa.
Todos abandonaron y olvidaron sus teorías. Ignorante de que durante un breve espacio de tiempo sus estudios habían determinado la gran sinfonía del universo, Kellermann vivió bastantes años más en su modesta laboriosidad y la felicidad de su vida solitaria y tranquila, inofensiva, perfectamente anónima e irrelevante.

 

 

 

 

POLICÍACO

El hombre que inventará el futuro sigue en busca y captura en el pasado.

 

 

 

 

BIG BANG

¿Fue con un estallido, que comenzó el universo, o terminó con él y nosotros tan solo somos su demorado eco?

 

 

 

 

 

LA TORRE

Querían construir una torre, la torre más alta jamás construida, una que llegara hasta el cielo. Pero apenas empezamos a trabajar en ella, comenzaron los problemas económicos. Nos pagaban cada vez menos y había meses que ni siquiera nos pagaban. No paramos de trabajar, pues hacerlo estaba castigado con la muerte; pero perdimos el miedo a desentendernos de quienes nos dirigían: no solo fingíamos no entender, sino que respondíamos al azar, frases cualesquiera y sin relación alguna con las preguntas o las órdenes de nuestros patrones.
La verdad es que empezó a parecernos divertido, tanto que jugamos a hacerlo entre nosotros. Pronto probamos a inventar palabras, y de ahí a tratar de crear idiomas nuevos había un paso. Imposible el acuerdo para un proyecto tan fenomenal, y antes de que ese monstruo de piedra crezca amorfo y en todas direcciones, hemos sido todos devueltos a nuestras casas. Un ejército de albañiles y obreros, decenas de miles, volvemos al hogar con una sola idea: enseñar a nuestras familias cada una de nuestras nuevas lenguas, únicas e intransferibles, y seguir con esta broma magnífica que supera, sin duda, en fantasía y en fenomenal al proyecto de esa torre insensata.

 

 

 

López, José Óscar. Fragmentos de un mundo acelerado. Cartagena; Ed. Balduque, 2017.

 

EL DESTINO

 

Durante siglos los hombres y los dioses fueron representados con una ausencia total de expresión, como si el trasvase de la carne o la energía hacia la dura piedra no pudiera contemplar la inclusión de emociones o gestos propios de la materia viva. Esto pasó en Egipto o en la Alta Edad Media, por ejemplo. Las formas se geometrizan y se busca una pátina de hielo que induzca a la veneración y al terror, a la certeza de que no vemos un objeto animado sino un receptáculo de piedra para una idea que transita fuera. Más allá de nuestro horizonte. Esa expresión vacía de expresión recibe el nombre de hieratismo. El hombre o dios representado es al mismo tiempo todos los hombres o todos los dioses. Imposible penetrar en sus adentros: su rostro es un muro infranqueable. De igual modo ese muro dimana hacia el exterior, quien mira uno de estos rostros hieráticos en busca de signos de lo humano, de un camino hacia lo vivo, acaba perdiéndose en un laberinto helado.
xxxUn paso intermedio entre la carne viva y la matemática. La cabeza del apóstol en la talla bizantina. El rictus del jugador de póquer durante la mano decisiva.
xxxExactamente. El jugador de póquer tiende a abolir su condición de carne y busca volverse abstracto, geométrico. Cualquier señal que denote sus emociones puede ser fatal para sus intereses en la partida. La cara de póquer actúa bajo el mismo mecanismo que los rostros esculpidos babilónicos, busca construir un muro que oculte el interior y que provoque desconcierto laberíntico en el que observa. Por eso el buen jugador de póquer anhela la hibridación de su carne con la pura matemática. Ganar o perder depende en gran medida de lo alto y profundo que sea ese muro. De lo perfectos que sean los ángulos y las líneas. Entendemos entonces que el mejor jugador es aquel cuyo cuerpo más se acerca a un maniquí construido a base de módulos poligonales: su cabeza es una esfera, sus brazos varios cilindros articulados, su torso una pirámide truncada, etc. Como los jugadores de cartas que pintó Cezanne, pero vivos.
xxxPodríamos decir que el rostro del jugador es un reflejo de la naturaleza misma del juego. Es de carne, con todas las limitaciones humanas que ello conlleva, pero al mismo tiempo tiende irremisiblemente a la cifra abstracta. Oscuro polinomio que respira. El jugador, como el póquer en sí, se debate constantemente en el umbral entra lo incontrolable y lo exacto. El azar y la estadística. El vaivén emocional y la máscara de piedra.
xxxObservemos una partida. La mesa es un óvalo, los naipes son pequeños rectángulos y las fichas circulares están marcadas con números múltiplos de diez. Los jugadores son de carne, seis cabezas, doce manos, sesenta dedos. Un crupier, dos manos, diez dedos, cincuenta y dos cartas. Si entornamos los ojos no podremos distinguir un rostro de otro. Lo humano apenas insinuado, como una máscara bajo la máscara. A esa inmutabilidad se le llama disciplina: que ni tu expresión ni tus movimientos delaten tu jugada.
xxxEl crupier es un autómata, un médium. Poco menos que una sombra o un susurro. Reparte dos cartas a cada uno tras haber quemado la primera del montón. Quemar: ceniza sin retorno: arden los vasos sanguíneos que alimentan el ojo que mira las dos cartas en la mano. Procesa y calcula. Observa y espera. Apuestan. Cien. Doscientos. Sube. Iguala. Abandona. Estás en el reino de las estatuas, el blanco nuclear de los naipes es el blanco del mármol que cbre tu rostro.
xxxTus cartas: K♥ y 10♥.
xxxLas leyes de la probabilidad auguran muchas opciones de ganar. Pareja, trío, póquer, doble pareja y ful bastante altos. Proyecto de escalera. Proyecto de color. Doblas tu apuesta y esperas reacciones. Tres abandonan, dos igualan sin inmutarse. Lees en sus gestos un laberinto confuso de hielo. No han dudado ni un instante. Procesas: por lógica los tres que se han tirado no deben poseer ninguna figura, como mucho una J. Aumentan tus posibilidades. El crupier recoge las fichas, quema otra carta y muestra tres cartas boca arriba.
xxxThe flop: 7♥ 7♦ 4♥
xxxEl primer jugador pasa. El segundo eleva tu apuesta anterior cinco veces. Va fuerte. Quiere intimidar. Dos posibles lecturas: va de farol y quiere que todos abandonen ante tal agresividad, o bien, lleva uno o dos 7, pareja de 4 o una pareja alta y quiere que alguien muerda el anzuelo para arrancarle una buena suma. Es nuestro turno. No llevamos nada. Sólo humo, pilares de agua para un futuro castillo de nieve. Nada. La matemática ahora empieza a servir de poco, la carne va agrietando el velo de escarcha que la cubría. La duda corroe desde la punta de los dedos hasta el centro del cerebro. Nada de esto debe transparentarse, si antes se tardó diez segundos en subir la apuesta ese es el tiempo que se tiene para actuar. El pensamiento es una dinamo enloquecida. Por dentro. Fuera debemos seguir siendo una figura de Cezanne, un faraón de alabastro. Decidimos comprobar hasta dónde nuestro rival puede llevar su supuesto farol. Doblamos su apuesta. El tercero en discordia abandona abrumado por nuestra escalada febril. Quedamos dos. Ahora el nudo gordiano se estrecha en el corazón del otro. Las mismas dudas y ansiedades que antes nos atenazaban son ahora el ejército que puebla su cuerpo. Sin embargo: disciplina, ni un gesto trasluce su lucha. Decide igualar la apuesta. Disciplina: que no note que nuestra jugada era un farol. Hieratismo. El crupier recoge las fichas. Quema otra. Muestra una nueva carta boca arriba.
xxxThe turn: A♠.
xxxSeguimos sin tener nada. El As añade más incertidumbre y posibilidades de perder. Esperamos el movimiento del contrario. Un par de suaves golpes con la palma de su mano sobre el tapete. El As lo ha amedrentado, seguramente contempla la posibilidad de que tú hayas ido subiendo las apuestas con una pareja de ases que sería difícil de batir. Él debe tener alguna combinación ganadora con las cartas del flop. Estamos perdidos. Sólo nos queda encomendarnos a la lotería, al puro azar de la última carta en juego. Nuestro destino está en las manos del crupier. Pasamos. Enfermo terminal, moribundo, cadáver. Nos agarramos con fuerza a ese mínimo aliento que nos regalan. El crupier quema una carta y coloca boca arriba la última y definitiva.
xxxThe river: J♥.
xxxLa fortuna sonríe en tu espejo con sus dientes de oro. Color a la K. Pocas jugadas mejores. La disciplina te obliga a que no note tu alivio. Estatua griega arcaica, casi un ídolo cicládico, así debes ser. Su turno. Apuesta un triple. Ni mucho ni poco, como una leve tentación. Esa apuesta no dice nada. De repente un brillo desconocido en sus ojos, como una grieta en la porcelana. Algo hay. Tienes diez segundos para descifrarlo. Nueve. Ocho. Nuestra jugada es brillante e inesperada, casi nadie habría aguantado un proyecto de color hasta la última carta, subiendo tanto la apuesta. Siete. Seis. Pareja alta pierde. Doble pareja pierde. Trío pierde. Cinco. Cuatro. Ful gana. Póquer gana. Tres. Subamos la apuesta hasta el límite y que la cuerda de su jugada se rompa de tanta tensión. Llevémoslo a la frontera donde el hielo se derrite ante el miedo. Dos. uno. Apuesto todo. Doble o nada. Pronuncias esas palabras y entonces es cuando consigues traducir el brillo extraño de su mirada. Has caído en la trampa. Eres una estatua rota.
xxxSus cartas: 7♣ y 7♠.
xxxPóquer de 7. Tu cuenta a cero. El azar y la matemática, las leyes de la carne. Has sido derrotado en todos los ámbitos. Kurós griego mutilado, bajo la arena del desierto. Algo así, bajo la rígida máscara del dios no había nada, sólo humo, proyectos de lodo bajo la lluvia. Las leyes divinas son papel mojado. Nada. La ley no escrita de la sangre acaba definiendo el lugar que ocupa nuestro cuerpo en el espacio. Lo dijo Mallarmé: una tirada de dados nunca abolirá el azar.

 

 

 

Quinto, Raúl. Idioteca. Almería; El Gaviero ediciones, 2010.

 

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