EL GATO SE OBSERVA

 

el gato se observa,
desconcertado,
en el espejo vacío
del cristal de la terraza

como me miraba yo,
no hace tanto,
en el tintineo falso
de la economía
y el salir a flote

después pasea,
se retuerce
persiguiendo
su propio cuerpo

como yo,
ya digo,
hace tiempo

como tantos,
hoy

 

 

 

Cerezal, Pablo. Breve historia del circo. Albacete; Chamán ediciones, 2017.

 

MACBETH EN LAS MURALLAS

 

PENSAR EN VERSO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAprender a pensar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen renglones contados.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJ. G. de Biedma, El juego de hacer versos

Algunos aún se asombran de que haya
personas que divaguen sobre el mundo
y sus formas tangibles o intangibles
—realidades o simples pensamientos—,

de que cosas sencillas como el agua,
la luz o las distancias, den lugar
a poemas o largas reflexiones
donde mezcladas viven con nosotros.

Con lo fácil que nos resultaría
seguir el curso que dibujo el mundo
sin desviar la vista o detenerla
en algún recoveco del camino…

Pero hablamos, vivimos, nos movemos,
amamos y después nos gusta ir
buscando explicaciones, recordando
dónde estábamos antes de llegar.

Se asombran. Les parece que perdemos
el tiempo convirtiendo en un obstáculo
para el hoy el ayer. Y les parece
un ejercicio inútil la costumbre

de pararse a pensar sobre lo sido,
cuanto más el buscarles acomodo
—retorciendo el lenguaje— a todas esas
reflexiones en versos que detestan

o dicen no entender, porque les quitan
la razón, desdibujan esos nítidos
perfiles de las cosas y los seres,
les colocan —desnudos de certeza—

delante el engaño, y sienten frío
al tener que salir de su seguro
refugio de inocencia. Entonces dicen
la vida hay que vivirla y los poetas

sólo piensan en verso sobre ella…
Habría que ir pensando en arrancarles
los ojos y arrojarles en medio del
océano, para que no molesten.

 

 

 

 

LA VIDA DEL PINTOR

Está toda su vida por el suelo
desparramada, están sus muebles rotos,
sus dibujos, sus libros, colecciones
de láminas de arte —las que ofrecen
a modo de reclamo los periódicos—,
todo eso que fue probablemente
tan querido por él metido en esas
enormes bolsas de basura yace
en la calle, a merced de los viandantes.
Hay frascos de cristal de diferente
tamaño y formas, lámparas, enchufes,
productos de pintura, portafolios
sin nada en su interior… Y sobre todo
vida roto y ausente ya, quebrada
como algunas figuras del curioso
ajedrez medieval que a buen seguro
reunió también de algún diario. Algunos
magrebíes rebuscan cuanto pueda
serles útil, un grupo de señoras
que parecen haberle conocido
se llevan algún libro, algún boceto
de su mano, “como recuerdo”, dicen.

Y todo ante la incómoda mirada,
de sus hijos, que intentan evitar
el vergonzoso expolio que han causado,
pidiéndoles que cojan lo que quieran
pero que por favor no dejen todo
aún más esparcido, que no rompan
las cajas y las bolsas de basura
en que han ido bajando hasta la calle
todo aquello… Sin éxito. Apenas
una mujer se vuelve, les pregunta
cuándo, cómo ha ocurrido, mientras sigue
buscando entre los libros y las láminas
sin esperar respuesta, y ellos tratan
de meter otra vez todo en las bolsas.

Yo he intentado reunir las figurillas
de ajedrez medieval pintado a mano
y una curiosa biblia de la Watch Tower
Bible and Tract Society of Pennsylvania
vertida del inglés —muy diferente,
me parece, de la de Casiodoro
de Reina— y me he sentado en un pequeño
jardín para anotar esta somera
descripción del expolio del que he sido
partícipe también, espectador
y actor, tan miserable como el resto
de los que allí se untaban, impasibles,
las manos con el barro de la muerte.

 

 

 

 

UN POISON TUTELAIRE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(S. Mallarmé, Le tombeau de Charles Baudelaire)

Qué quieren que les diga, no parece
que éste sea el lugar para que tontos
del culo vengan a escribir soflamas
incendiarias sobre lo que se hace
o se deja de hacer en la poesía
actual… Porque siempre estuvo clara
mi opinión al respecto: Baudelaire
ya escribió esa fiebre de mirarse
vivir y ver tan sólo lo que pasa
alrededor, o sea del vacío de la propia
identidad. Lo dijo con palabras
más cargadas de ritmo y de sentido
y de abismos y fuerza y de nostalgias
absurdas y precisas y tremendos
nubarrones de asco hacia sí mismo
y de piedad también, sí, de infinita
piedad de su figura miserable,
su siglo desquiciado y de los pobres
humanos tan absurdos que veía
claudicar ante el reto de la sangre.
No es el lugar ni el tiempo de contarles
lo que ya deberían haber leído,
lo que ya deberían haber vivido
ni que dejen de usar ese lenguaje
tan pomposo y vacío para hablarnos
de infiernos que seguro desconocen,
por mucho que se empeñen en llenar
con ira de fogueo sus bitácoras.

 

 

 

 

Y POR FAVOR NO LEAN A VALLEJO

Sigan dándole vueltas al oscuro
misterio de los astros, al tranquilo
discurrir —tan terriblemente ajeno—
de las horas, al lento sucederse
de los años sobre las estaciones
cada vez más iguales y propensas
a extraños cataclismos; sigan dándole
vueltas y buscando en ese gesto
displicente y cansado con que el mundo
nos mira, hormigas crédulas, cigarras
engreídas que nada ven u oyen
de lo que se nos viene encima, aquéllas
afanadas colmando sus estrechos
hormigueros para el invierno y éstas
absortas en su cháchara ruidosa,
disfrutando el calor de un sol con fecha
—no por lejana menos inquietante,
segura y cierta— de caducidad.

Sigan, sigan quitándose de en medio
los obstáculos para su insaciable
afán de construir, de perforar
de organizarlo todo a su manera
para un futuro estable. Del presente
no vayan a acordarse ahora, sólo
supondría un obstáculo y tendrían
que quitarlo también de en medio, igual
que las selvas inmensas donde apenas
algunos centenares de salvajes
—recelosos y sin civilizar—
se empeñan en seguir siendo el estorbo
mayor a su tarea.
xxxxxxxxxxxxxxxxxNo claudiquen
—les suplico— en su empeño, aunque falten
todavía unos cuatro mil millones
de años hasta que ese mismo sol
que sigue iluminando sus hazañas,
se convierta en estrella roja y borre,
abrase con su fuego, engulla toda
huella de este planeta. Mucho tiempo,
¿verdad? Por eso —insisto— sigan dándole
forma a ese inefable paraíso,
confiados en el agradecimiento
de las generaciones venideras.

No hagan caso de nuestra pobre cháchara
desencantada, sigan adelante
y, por favor, no lean a Vallejo
ni a Szymborska, ni a Milosz, ni a ninguno
de sus torpes, inútiles congéneres:
ya se irán —como las cigarras— cuando
no quede ningún árbol desde donde
parlotear en contra del progreso.

 

 

 

Paniagua, Ángel. Debajo de los días. Murcia; Ed. Raspabook, 2018.

 

ALBADA

 

ALBADA

Llegar a cada sitio
como la luz
al día

muy sigilosamente

sin hacerse notar

pero tomando posesión de todo

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Para una teoría de las distancias. Barcelona; Tusquets editores, 2018.

 

PACO CIFUENTES YENDO ‘MÁS ALLÁ’ EN MURCIA

 

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UN MAR DE LUXACIONES EN MIS AVENTURAS CON LA BELLEZA

noviembre 30, 2018 Deja un comentario

 

UN MAR DE LUXACIONES 

xxxxx7

Matriz, qué fortaleza.
No existir todavía,
demorarse.

Los sexos tienen élitros.

 

 

xxxxx12

Estoy tratando de explicarlo.
Por una vez, así pasó:
estás allí, y vuelas
no con un pensamiento
sino con todos a la vez.
En la montaña está el océano,
en la mano la noche.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSales fuera.
Cómo decirlo: tenderetes.
Cosas al aire.
No es eso. El aire es una cosa.
Ir más allá, sin ser
ese lugar, es imposible.
Es eso.

 

 

 

 

[De MIS AVENTURAS CON LA BELLEZA]

PEQUEÑA TORTUGUITA, MI ANCIANA MAESTRA ZEN

He agotado todos los caminos
que conducen desde el silencio
hasta el aburrimiento que provoca
estar callada tanto tiempo,
dijo mi pequeña tortuga,
mi anciana maestra zen.

He sentido que a veces
conversar es cansado,
continuó. Malentenderse
no es ninguna tontería,
¿quién no detesta los malentendidos?
He charlado con taquilleras
de cines y clientes de parquímetros,
con todo aquel que yo creí
hubiese visto mucho mundo,
mas ¿quién ha visto el mundo, amigo mío?
Yo lo vi muchas veces, y también
me harté de verlo muchas veces.
Creo que en ocasiones
el mundo fue un lugar poco agradable.
Y le guardé rencor, pero tarde o temprano
tienes que regresar, chico, me dijo,
para arrimar el hombre.

Arrima tu caparazón, chaval.
He agotado mi reserva de especias
para el arroz de los gusanos voraces que me piden
lecciones y canciones como quien pide arroz,
como quien vuelve a casa cada tarde
y exige su ración de sueño, algún lugar
donde tumbarse y descansar, una montaña
gigantesca de arroz y de guirnaldas,
toda una cordillera mullida, confortable
para el descanso y la reparación
de la espalda del mundo, tatuada
con ideogramas y papel de arroz,
con letras muy antiguas, jeroglíficos que fabulan
con la creación del mundo, uno que sobreviva
a nuestras ganas de charlar y a nuestras ganas de dormir,
una espalda gigante cubierta por guirnaldas.

Las traeremos nosotros y tú vas a ayudarnos,
vamos, supongo, ¿no?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY yo le respondí:
claro que sí, mi tortuguita,
te amo, tortuguita
y el mundo es necesario.

 

 

 

López, José Óscar. Animal fabuloso. Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

MUNAY – I

noviembre 29, 2018 Deja un comentario

 

MUNAY

xxxI

El maullido de la gata juega a ensordecer los goznes sorprendidos de la noche, mientras su pelaje invertebrado esconde estrellas a la luna. La gata entre los arbustos, perdida en el laberinto del jardín, descubriendo escondites que no existen o nada tienen que esconder.
xxxxxxxYo juego a enredar humedades de nube recién nacida en mi pecho. A falta de humedades de nimbos, cúmulos y estratos (no recuerdo bien qué nombres les otorgan a los falsos algodones que pasean el cielo esta noche), no han de considerarse despreciables las otras. Mientras la gata ensaya una coreografía de viento y crepúsculo, yo siento la piel de mi pecho enardecerse de ritmo procaz. Mis dedos simulan sorprenderse ante el vello que me equivoca los músculos pectorales, y acaricia los abruptos milímetros de gloria que sepultan mi latido. Mi pecho erizado, el cabello enredado en la brisa de la noche, la gata abandonando sus movimientos en la centrifugadora carnívora de la luna… todo incita a acariciarse, ya ven.
xxxxxxxEl fulgor inverso del verterse en la hierba.
xxxxxxxHay noches en que deberíamos cerrar la puerta a la gata como quien cicatriza una frontera, y dejarla afuera. Abandonaríamos el cuerpo al tierno abandono del tálamo conyugal. Olvidaríamos que tenemos una piel de animal superviviente moldeándonos el pecho, y que habitan erupciones de libido su geografía de corazón inverso. Pero en noches de luna llena es preferible abandonar las horas extra del hogareño laburar, y salir a pasear a la gata, aunque sea ella quien nos pasee a nosotros, guiándonos por los caminos irresolutos del crepúsculo. Llegados a algún jardín ausente ya de ninfas entregadas a la confidencia adolescente, evadiremos el juego de uñas como alfileres de la gata, y acariciaremos a esa otra gata frívola que nos ronronea el pecho.
xxxxxxxEl fulgor inverso del verterse en la hierba.
xxxxxxxDebería pedir disculpas. No es correcto utilizar la segunda persona del plural para aludir a mis inofensivos vicios de prematuro viejo verde (lo digo por el párrafo anterior, el largo). Yo me masturbo, aún, para sentirme vivo. Sí, pero también, sobre todo, para saber que aún conservo algún aprecio hacia lo que se supone debe ser mi persona. Después puedo excusarme de otra noche sin retomar la escritura de lo que debería ser mi tercera novela. Ese abandono de marioneta sin sonrisa que provoca el orgasmo egoísta de la masturbación. Pero es que hay días en que no apetece encerrarse en la cárcel argumental de la novela. Así, llegada la noche, he tomado la decisión de abandonar el bailoteo táctil de mis ideas a la carencia de ideas, de argumentos, cosas, no sé, simplemente abandonar la escritura al propio hecho de escribir. Sin planes, sin líneas que seguir. Tan sólo el placer de escribir para sentirme vivo… o menos muerto. Como la masturbación es el sexo por el sexo, yo ahora masturbo palabras por ver si humedecen de tinta fresca y loca esta página en blanco. El texto por el texto (claro está: metaforizo, ya que escribo en pantalla plana, no en papel, y la tinta vertida porta el exótico nombre de píxel). Inocuas consecuencias de un orgasmo insensato a la luz de la luna, mientras la gata me descubre un universo de reptiles opacos en su incansable danza nocturna.
xxxxxxxEl fulgor inverso del verterse en la hierba, que lo único que tiene de fulgor es la fantasía de imaginar hierba donde sólo hay rastrojo, escueto vertedero de pasto que la gata juega a ordenar con sus movimientos de diosa egipcia a la hora del amor.
xxxxxxxPero tal vez no deba considerarme viejo verde por acometer la batalla de latidos insurrectos y carne resurrecta de onanismo. Creo que fue Carlos Marx, quien afirmó que la filosofía es al estudio del mundo real lo que el onanismo al amor sexual. Lo afirmaba, el barbado revolucionario de la nada, para denigrar a sus coetáneos hegelianos. Ya ven, al fin toda revolución es sólo una contienda íntima contra aquellos que, pensamos, pretenden hacernos sombra. Defendía, el teórico del comunismo, que la masturbación no es más que patente muestra de la angustia juvenil que aún atenaza al mundo. Así que, por tanto, debo sentirme joven por entregarme a la placidez egoísta del roce de la propia piel. Al fin y al cabo, lo lamento por Carlos Marx, siempre he pensado que no hay revolución si esta pretende restituir a los hombres al yugo imbécil del trabajo. Angustia juvenil, por eso me masturbo.
xxxxxxxY es ese mínimo arrebato animal del onanismo lo que me conduce a la pantalla en blanco, con más oscuridades que las que deseaba imprimir a las páginas aún nonatas de una novela que deberá esperar mejor momento. Lo dicho: revolución fracasada esta que me retorna al trabajo. Nada de revolucionario tiene el trabajo, aunque se limite este a teclear palabras que nada pretenden decir y nadie deseará leer.
xxxxxxxEs por ello que escribo como poniendo grapas urgentes al silencio de la noche. Sólo por el placer de emborronar una ausencia de sonido sorprendida, por momentos, en la respiración entrecortada por las pesadillas que, ¡ay!, espero no esté sufriendo aquella que debería dormir a mi lado. Por eso es, imagino, que escribo: por continuar oxigenando la atmósfera de pensión barata de mi escritura. Pienso que podría dar inicio a otra novela, hoy, con la gata como argumento. O con los inocentes capítulos del sueño de mi amada sirviendo de pretexto a una trama que no existe. Tal vez con la masturbación como irreverente premisa. Al fin y al cabo, no son pocos los que, hoy, logran suculento rédito garrapateando frases procaces, con el ánimo exclusivo de epatar a un ejército de lectores que perdieron la batalla de la imaginación y el buen gusto ante las poderosas huestes del mercado. Pero descubro que solo quiero escribir por dar algunas puntadas al trapo descosido de los días. Escribir, hasta que venga el patrón ebrio del sueño a recomponerme las horas perdidas con un grito de tierra a la vista.
xxxxxxxNo fueron pocos los que escribieron, a la sombra inerte del sueño, gloriosas páginas que perdurarán en la memoria y la emoción de aquellos que aún podamos mantenerlas a salvo del naufragio de identidades en que estamos convirtiendo la vida. Sueño del hachís… y pienso en Baudelaire. Sueño del ego… y recuerdo a Dalí (el escritor, más valioso y menos valorado que el pintor). Sueño de la esquizofrenia… y alguien escupe puñales como versos tras la sombra de Leopoldo María Panero. Sueño de querer alcanzar el sueño para poder dar por terminada esta página… he aquí este contenedor de insatisfacciones en que me ha convertido la noche, sí, a pesar del clímax de gomaespuma del onanismo. La gata, que enrosca su osamenta de nube pasajera en mi regazo, me hace sentir culpable por encontrarlo aún húmedo, incómodo.
xxxxxxxEl fulgor inverso del verterse en la hierba recién podada de la página en blanco.
xxxxxxxDespués el beso. Un fugaz vuelo de labios que reprimen su deseo de abrevar en el regato fresco de tu piel. Un buenas noches susurrado hacia los adentros culpables del escritor frustrado. Y mis dedos enredándose en la celeridad mecánica del interruptor de la luz, como queriendo prolongar el instante en que te muestras desnuda y ausente ante mí, cautiva tu respiración tras los barrotes del sueño.
xxxxxxxBuenas noches, amor… o el fulgor inverso el verterse en la pesadilla del insomnio. Mientras tanto, me pregunto: ¿qué vine a hacer a Bolivia?

 

 

 

Cerezal, Pablo. Breve historia del circo. Albacete; Chamán ediciones, 2017.

 

BUSCANDO EL MAGISTERIO EN UNAS CITAS

noviembre 28, 2018 Deja un comentario

 

BUSCANDO EL MAGISTERIO EN UNAS CITAS

En esta habitación de 3 por 2 1/2,
como dijo una vez Carmelo
G. Acosta, el gran poeta social
del Aljarafe,
con un cenicero repleto de colillas
y el vaso de whisky
medio lleno,
como dijera entonces Gil de Biedma,
y a quien honro también eso
de que este tiempo que corre
no es el mío,
porque mi tiempo siempre ha sido
el de las guirnaldas,
el de las flores azules
y el de las cantantes chinas;
y además reconozco que con veinte años
uno entra en crisis por muchas cosas,
y hasta me recompongo de sufrir,
como apunta Colinas en El Heraldo,
y además, muy además,
Pepe Hierro dice algo así como que
si puede morir lo que fue vida;
yo mando a la puñeta mi egoísmo,
y a dios conservaré como a un amigo
bueno, que me quiere,
aunque yo a él poco,
y escribo aquí encerrado para sobrevivir
de los mortales que son el macrocosmos,
y no puedo querer a nadie
que me quiera porque yo no me quiero,
como dice mi madre con sus lágrimas,
y el tiempo corre tanto, tanto,
que recuerdo también al gran Manrique.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. También vivir precisa de epitafio (edición de José Luis Morante). Albacete; Chamán ediciones, 2018.

 

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