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Archive for 29 septiembre 2012

BABILONIA, MON AMOUR

septiembre 29, 2012 Deja un comentario

Conocí a los dos autores del libro, Luis Bagué Quílez y Joaquín Juan Penalva, cuando estuvieron en Murcia presentando este libro, que se había alzado con el accésit del V Premio de poesía ‘Dionisia García’.

Este ‘Babilonia, mon amour‘ es un libro lúdico ante el deslumbramiento del cinematógrafo; de hecho, la cita que abre el libro pertenece a José María Álvarez y dice: “He visto muchas cosas en mi vida / Algunas increíbles y magníficas / Pero ninguna tan hermosa / Tan fabulosamente grande y loca / Como esta insólita aventura / Del cinematógrafo”. Y aquí tienen tres de los poemas del libro.

 

 

CORTO MALTESE

“Regresaré a Shanghai.
No fiaré mi fortuna en otros barcos
que habrán de repetir las escasas hazañas
que ya he vivido antes:
los mismos naufragios en semejantes islas,
e idénticos tesoros
custodiados en mapas polvorientos.
Surcaré los espejos, el opio y el acanto,
olvidados del mundo,
desdeñoso de tantas tentaciones
que nunca me tentaron.
De otros serán los sueños,
las riquezas, los títulos y honores.
Algún pirata tuerto y ya vencido
será mañana el gran Sir Francis Drake;
Long John Silver apurará su ron añejo
mientras sigue trazando el plano del tesoro.
Yo olvidaré las ondas de este mar
donde las sirenas entonaron su canto;
sabré de los peligros que acechan en el puerto:
las risas mercenarias que guardan cada esquina,
los marineros ebrios de noches y burdeles,
las especias que exhiben su reclamo
en cajas perfumadas con incienso,
pues el coral que fulgura en el rojo arrecife
no es preferible al carmín de cualquier prostituta,
y quien agota el misterio del océano
está sentenciado a loco o a bufón”.
Cuando Corto Maltés volvió a Shanghai
ya nadie recordaba las sílabas lejanas de su nombre,
y todos le llamaron el viejo hombre del mar.

 

 

FILM NOIR

Desde que tengo uso de razón
siempre he querido ser un gángster,
dice Ray Liotta, pero podría ser
De Niro, Harvey Keitel o hasta Willem Dafoe.

Más tarde, Sam “Ace” Rothstein vuela
sobre el espectro de Las Vegas,
y el brillo de las luces de neón
se le antoja un párpado de fuego.

Más tarde, Vincent Hega regresa
de la pista de baile. Ha envejecido a su pesar,
y el violento deseo de antaño ya no vale
el amargo susurro del carmín en sus labios.

Más tarde, Jackie Brown se conmueve
con la música de los años setenta,
y Max Cherry no puede dejar de mirarla;
porque Max Cherry no es el Señor Blanco.

Y así vuelve a suceder otra vez todo.

El boxeador que le había prometido amor eterno a una starlette
la abandona entre los montes rocosos de Nevada,
pensando que no podrá olvidarla mientras viva.

 

 

LOS HERMANOS COEN VIAJAN POR AMÉRICA

Han recorrido la América profunda
y han habitado sus oscuras trastiendas:
las llagas ardientes de la Gran Depresión,
las cicatrices dormidas del deseo,
la cara oculta de los sueños baratos.
Han atravesado el desierto de Arizona,
las nieves perpetuas de Minnesota,
las boleras de Ohio y los prados de Iowa.
Se han bañado en las piscinas
que pintó David Hockney,
y han dormido en moteles
que ni Hopper ni Norman Bates imaginaron.
Han amanecido en un Hollywood
que Hollywood ha preferido olvidar.
Ulisses Everett ha cantado su historia,
Barton Fink la escribió en su vieja Olivetti,
pero nadie como Lebowski “El Nota”
supo encarnar su espíritu:
un descapotable abandonado,
barba de dos semanas
y una lata de cerveza por toda compañía.

 

MANUEL ARANA

septiembre 28, 2012 Deja un comentario

Tuve la suerte de conocer a Manuel Arana en un encuentro nacional de revistas que se llevó a cabo en la ciudad de Córdoba en noviembre de 2005.

Manuel fue el encargado de abrir fuego con una editorial, la andaluza SIM libros, con un libro que lleva por título ‘Adolescencia dos: poemas hormonados‘. De ese libro dejo hoy unos cuantos poemas aquí.

 

 

ADOLESCENCIA

A los 25, los adolescentes
ya no entendemos de moderación.
No hay pelusa sobre los labios,
ni granos de los que avergonzarse,
pero desespera más que nunca.
Aparecer con una flor entre los dientes,
con los ojos inyectados
en cerveza, ya no da resultados
(nunca los dieron, pero bueno).
Y, a esta edad, el ridículo anida
durante más tiempo del que dura la resaca.
Aunque el verdadero problema es
que en la tele todos consiguen lo que quieren.
Deberían dejar de mentirnos. Es como ponerle
porno a un recién operado de fimosis.

Qué difícil (qué patético)
es volver a estar en el mercado.

 

 

EL ACRÓSTICO

Hace poco le escribí un poema
estúpido a una mujer.
Un acróstico con su nombre. No se rían.
Woody Allen dijo que casi todas
las relaciones de pareja
son como el curry, que sorprende,
gusta y pica. Pero al final,
produce úlceras.
Seguramente, la cita no era así.
De hecho, la saqué
de una serie en la que nombraban a Woody.
Pero qué más da eso ahora.
Le hice a una mujer
un acróstico y creo que ni le intereso.
Y lo peor es que sigo queriendo enseñarle el poema.

 

 

INVESTIGACIÓN FILOLÓGICA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Ale, siempre

Un día de estos te llamo
y quedamos un rato para follar.
A ver si es verdad eso que decía Cernuda
de que los cuerpos hacen un ruido muy triste
cuando se aman.

 

 

 

 

TOLERANCIA

xxxxxxxxxxxxxxxOstia, que me entra la fatiga,
xxxxxxxay, eso ha sido de jumarme las olivas.
xxxxxxxxxxxxxxxPero la niña mira el petardo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy aluego me mira a mí.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxLOS DELINQÜENTES

Recorro tu cuerpo.
Me sonríes con aprobación.
A borbotones grito sobre tus ojos,
tu sonrisa, tus piernas,
tu cintura.
Describo tu cuerpo como nunca nadie lo había hecho.
Lo que no conozco lo imagino.
No importa. No te importa.
Me pides con la boca entreabierta
que dé el siguiente paso.
Humedezco mis labios.
Noto demasiada saliva.
Siento la primera arcada.
Abro los ojos.
Ni siquiera estás cerca.
Y no puedo moverme.

Una voz me susurra
“estás amarillo, tío”.

 

 

DIVINA

La verdad se esconde bajo mi verborrea.
Un día de estos, cuando te venga bien,
a ver si consigues hacerme callar.

 

 

EL FIN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTanta metáfora
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy tan poca vergüenza.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxASTRUD

Por mucho que me esfuerce
(tal vez, por eso no lo intento)
esto nunca será un buen poemario.

De todas formas, voy a ser sincero contigo.
Cuando uno enseña sus poemas
siempre pretende algo, siempre:
Aprobación, si estás seguro de que son buenos.
O críticas constructivas para poder rehacerlos,
si no las tienes todas contigo.
Aunque son dos las reacciones que realmente buscamos.
Una es conseguir que alguien se sienta reflejado
en los poemas y diga “eso era lo que yo sentía”.
Pero la más esperada
(y que, por desgracia, menos escuchas)
es que el destinatario real de los versos
responda correctamente a todas tus preguntas.
En mi caso sería algo así como
“déjate ya de poemitas
y ven aquí, coño”.

 

 

ÉSTE nunca será el camino correcto
(desde tan lejos, los objetos y las personas
se ven más pequeños, pero también más brillantes).

Nunca será el camino correcto.
Y no hace falta que nadie me lo diga.
Todavía no estoy ciego.

La venda solo la llevo porque me favorece.

 

ENRIQUE ANDERSON IMBERT

septiembre 27, 2012 Deja un comentario

Hace años, ‘El leve Pedro‘, de Enrique Anderson Imbert, era un libro obligatorio en la licenciatura de Filología Inglesa de la Universidad de Murcia, hace algo así como tres cambios de planes de estudios. Cuando el amigo que estaba cursando la carrera en cuestión me dejó el libro, no pude más que hacerme un ejemplar para mi biblioteca particular. Y desde la remodelación de aquel plan de estudios me pregunto por qué se quitan joyas como ésta, quién será el imbécil que elimina regalos de la literatura, quién es el impresentable que dificulta el acceso al deslumbramiento ante maravillas así.

Para ellos, algunos de esos relatos breves de Anderson Imbert que el autor denomina ‘Casos‘ y que aparecen al final de sus libros.

 

 

EL CIGARRILLO

xxEl nuevo cigarrero del zaguán –flaco, astuto– lo miró burlonamente al venderle el atado.
xxJuan entró en su cuarto, se tendió en la cama para descansar en la oscuridad y encendió en la boca un cigarrillo.
xxSe sintió furiosamente chupado. No pudo resistir. El cigarro lo fue fumando con violencia; y lanzaba espantosas bocanadas de pedazos de hombre convertidos en humo.
xxEncima de la cama el cuerpo se le fue desmoronando en ceniza, desde los pies, mientras la habitación se llenaba de nubes violáceas.

 

 

EL SUICIDA

xxAl pie de la Biblia abierta –donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo– alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó.
xxNada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno. ¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revólver contra la sien. ¿Qué broma era esa? Alguien –¿pero quién, cuándo?–, alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos.
xxAl llegar a su casa se encontró con su mujer envenenada y con sus cinco hijos en el suelo, cada uno con un balazo en la sien.
xxTomó la cuchilla de la cocina, se desnudó el vientre y su fue dando navajazos. La hoja se hundía en las carnes blandas y luego salía limpia como del agua, y las carnes recobraban su lisitud como el agua después que le pescan el pez.
xxSe derramó nafta en la ropa y los fósforos se apagaban chirriando.
xxCorrió hacia el balcón, y antes de tirarse pudo ver en la calle el tendal de hombres y mujeres desangrándose por los vientres acuchillados, entre las llamas de la ciudad incendiada.

 

 

“SE LO CONTARÉ A MI HERMANA”

xx–Fíjese, señor capitán, en ese viejo. ¡Quién diría que, cuando joven, nos maravillaba con su saber! Todos le augurábamos que llegaría a ser un hombre famoso, y hoy su nombre no significa nada. Enloqueció y desde entonces la memoria se le ha quedado agujereada. La amnesia –como decía San Agustín– se tragó imágenes e imágenes del granero mental, y el pobre demente ni siquiera se da cuenta de lo disminuido que está. A veces junta dos fechas que están separadas por un largo intervalo. O pide que, por favor, le busquen un libro que se le ha extraviado, sin advertir que lo cogió hace un ratito y todavía lo tiene en la mano. O se despierta, se levanta, se viste, va a salir, pero al ver la cama empieza a desvestirse de nuevo: ¡cree que acaba de regresar, ya terminó el día y es hora de dormir! De todo lo que le ha ocurrido después de trastornarse recuerda solamente unas pocas cosas. Son recuerdos-islas. Entre un recuerdo y otro, un mar de olvido. Sólo que a esos recuerdos el infeliz no los evoca como islas, sino como tierra firme y continua. Pasa de uno a otro como usted y yo, mientras paseamos por este patio, vamos pisando el pavimento sin reparar en las rendijas entre losa y losa. Hace treinta años que lo tenemos en el convento ¡y él cree que lleva con nosotros apenas tres años! Se salta inviernos enteros. Está convencido de que sigue en la flor de la edad; y cuando ve a una muchacha la quiere seducir con vehemencias de galán. Hemos tratado de razonar con él. Sí, señor capitán. A pesar de su locura, en ocasiones razona. Claro, razona a lo loco. Por ejemplo. Para que se viera las canas y las arrugas le pusimos por delante un espejo: que eso no es espejo, arguyó, sino –y usó una palabra griega, “kinema”, que ninguno de nosotros sabe qué quiere decir– un movimiento ilusorio de rostros ajenos. Una sola vez conseguimos preocuparlo. Para probarle que el tiempo nos arruina, y él ya no es joven, le mostramos relojes y calendarios, que no pueden mentir porque se relacionan con el desplazamiento de los astros. Como conserva la capacidad de calcular admitió que, en efecto, según esas medidas debía de andar por los sesenta años; pero cuando creíamos que se había curado e iba a dejar en paz a las muchachas, nos salió con la explicación de que ya no era viejo porque Mefistófeles acababa de rejuvenecerlo a cambio de su alma. ¿Qué le parece, capitán Valentín?
xx–¡Extraño, extrañísimo! Se lo contaré a mi hermana Margarita, que es muy novelera y le gusta oír cosas así. ¿Cómo se llama el viejo?
xx–Fausto.

 

 

EL CUENTO ES ÉSTE

xxNo puedo pensar con claridad. Todavía estoy aturdida. Es posible que de un momento a otro me deshaga del todo en el aire, pero por ahora permanezco en casa. Tenían razón: las almas de los que se suicidan con violencia, en un loco impulso, penan más tiempo en la tierra. Además, Horacio se ha puesto a escribir sobre mí, y eso también contribuye: sus palabras me invocan, hacen fuerza para que me quede.
xx¡Pobre! Cuando me encontró con la cabeza sucia de sangre se le saltaron los ojos de las órbitas y la boca se le abrió en una mueca horrible. Me asustó: yo, que ya no podía verme reflejada en el espejo, lo vi a él, pálido, rígido, como si acabara de salir de una tumba. Ese cadáver vivo se arrojó sobre el mío muerto y le murmuraba: “¿Por qué, Leonor, por qué? Dime, dime por qué”. Nunca lo sabrá. Ni se enteró de mi secreto viaje a la ciudad ni me descubrió en la cara el menor signo de angustia. Disimulé bien. Nunca sabrá por qué me maté.
xxAhora está escribiendo, y con los rasgos de la pluma me retiene a su lado. Leo por encima de su hombro. La elegía que había comenzado en verso –”¿Por qué morir del modo que moriste?”– continuó en línea recta y ahora es prosa… ¿de Diario íntimo? Un momento… No, tampoco. Es una confesión. Se está echando la culpa por el tiro que me disparé en la sien. ¿Qué disparate va a cometer? ¡No, Horacio, no!: mi muerte no tiene nada que ver con nuestras riñas. Horacio, ¿me oyes, Horacio? Tienes que oírme ¡hay tanto silencio en la casa! No te incrimines, por favor. No es justo para ti. Ni para mí. No quiero que cuando te lean las gentes se imaginen pecados. Deja eso… Me dijiste muchas veces que, como escritor, era un médium: que tus contemporáneos se valen de tu mano para expresarse. Ah, Horacio, sé mi médium. Ya que empezaste, continúa, pero no escribas sobre mí ni sobre ti. Escribe, ¡qué se yo! un cuento, un cuento sobre un hombre cualquiera que se siente culpable por el suicidio de una mujer cualquiera. Todo muy impersonal… Ah, gracias a Dios… Me estás oyendo, querido. Has roto el papel, tomas otro y comienzas de nuevo. Sigue, sigue… Te va saliendo bien… Un cuento…

 

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ EN EL MUSEO ‘RAMÓN GAYA’

septiembre 26, 2012 Deja un comentario

Este año, con motivo de la celebración del Día mundial de la Poesía, el Museo Ramón Gaya editó una pequeña pero cuidadísima edición de poemas de José María Álvarez, poeta homenajeado esta vez por el Museo.

Un servidor participó en dicho homenaje porque uno asiste a todo lo que puede de lo que organiza el Museo, y quedó inmortalizado en una fotografía en la que José María Álvarez leería después de mí.

De esa edición dejo hoy un poema políticamente incorrecto en estos estúpidos y absurdos tiempos que corren.

 

 

ELOGIO DEL TABACO

xxxxx“Digamos inmediatamente que desconocemos la naturaleza
xxxxxexacta de la experiencia crucial”
xxxxxxxxxxMIRCEA ELIADE

xxxxx“Poder fumar es una bendición –dijo aspirando el humo
xxxxxcon delectación”
xxxxxxxxxxHERBERT GEORGE WELLS

xxxxx“Extraordinario placer”
xxxxxxxxxxWILLIAM SHAKESPEARE

 

Pocos placeres bajo los cielos misteriosos
más elevados y serenos
que tú, tabaco. Siempre
aumentando la dicha, en la fortuna,
o consolando el infortunio,
con la misma elegancia
con que silenciosamente envuelves
el sueño de la lectura o de la música,
los secretos ritmos de la meditación
o el agradable conversar.
Tantos momentos perdurables van unidos
a ti, tantas horas
que tú acompañas o mejoras.
Enigma portentoso
del humo, al que nos entregamos
como a la sabiduría o a la suerte
que tampoco nunca entenderemos.
Noble compañero de la inteligencia,
de la alegría de vivir, del
amor, y de ese otro
favor, el vino
que alegra el corazón y la mirada.
Nunca nos faltes.

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ – BEBIENDO AL CLARO DE LUNA SOBRE LAS RUINAS

septiembre 24, 2012 Deja un comentario

Éste es el último libro de José María Álvarez que entró en mi biblioteca (hace casi cuatro años) y hoy dejo unos cuantos poemas del libro.

 

 

xxxxxXI

Bendita sea esa adolescente
Qué arte en el moverse en cada gesto qué
Puta Kindly of the world que diría Stevenson
Qué boca para contemplarla recitando a Safo
Antes de que fatigue la flauta de Pan

 

 

xxxxxXV

Has olido el aliento de la hiena
Que habita el corazón del mundo
Pero como escribe Lucilio
Que tu ejemplo sea la dicha que gozaste, no
El sufrimiento

 

 

xxxxxXXXV

El Arte es como el mar El mismo que vio Ulises
Somos nuestra memoria ahí nos encontramos
Usted Borges ha elegido su morir en Ginebra
Como enseña de su ser cosmopolita
Permita que ennoblezca esta hora recordándole

 

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ – LA LÁGRIMA DE AHAB

septiembre 23, 2012 Deja un comentario

 

DIAMANTE

xxxxx–Es de agradecer su visita en una noche tan fría –la mujer
xxxxxabrió la puerta de la casa “de las bellas durmientes”.
xxxxx–Por eso he venido.
xxxxxxxxYASUNARI KAWABATA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Alfonso Sampedro


¿Podemos ya, di, podemos,
ahora que todo o casi todo,
y además es lo mismo,
acaso ni siquiera se ha perdido, solamente
que no era para tanto,
o que bien muerto está, podemos, di, ahora,
sentarnos juntos,
hablar, beber,
jugarnos lo que sea…?

Estamos ya en el mismo bando,
maldito hijo de perra.
Ni me asustas ni me asombras. Al fin y al cabo
tengo más años que tú entonces,
cuando te conocí,
y ya sé un poco por dónde van las cosas.

Esta noche es tan buena como otra,
querido John el Largo.
No está mal este sitio. Las mujeres son guapas
y al menos no te sirven matarratas.
Vamos. ¿No te lo pide el cuerpo?
Sentarnos a beber, la noche por delante,
beber sin red, y hablar, reírnos
de la vida
–en eso no te equivocabas–, podemos luego
llamar, que vengan unas putas.
Y por qué no, después,
ya con el alba, más
que borrachos, ya
santos,
salir y prenderle fuego a todo.

 

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ – LA SERPIENTE DE BRONCE

septiembre 18, 2012 Deja un comentario

Hace ya más de una década que entró este libro en mi biblioteca, y siempre hay tres o cuatro poemas a los que vuelvo antes de leerme el libro entero. Uno de ellos es éste.

 


LA CASA DE LOS MUERTOS

xxxxxxxxxxPress close, bare-bosom’d night – press close
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmagnetic nourishing night!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWalt Whitman

Ya no se respetan
ni los lavabos de caballeros. El problema
no es bajar sorteando
cadáveres; al fin y al cabo, vas pensando
en LAS BODAS DE FÍGARO, en Nabokov, en Roma.
Pero es, sinceramente, complicado
orinar mientras oyes
los jadeos, suspiros – “¡Sigue! ¡Sigue!”–
de uno de estos imbéciles
y contemplas el espectáculo sublime
de una cabellera rubia de adolescente hundida
en el vientre de unos jeans sucios,
despatarrados sobre un water.
También hay que llevar cuidado de pincharse
con alguna jeringuilla o resbalar
en algún vómito, o incluso
más personales secreciones. Pero
si va bien todo, y vuelves
a la barra, como
perteneces
a otro mundo, y te basta, es suficiente
para estar aún seguro
de las tres o cuatro cosas que hay que estarlo,
entonces puedes contemplar
la ruina de esta sociedad
sin que te duela demasiado, es
más,
en muchas ocasiones,
con desprecio, como quien va por una calle
y aparta de un puntapié el cadáver de una rata. Tampoco has
salido
esta noche
para ver un Velázquez, o hablar con Borges, sino
a tomar una copa, ese no cortar el último hilo
con lo que pasa. Así
que pides otro vodka, miras
los cuerpos que se agitan espasmódicos
en una pista, te detienes
considerando ropas, maquillajes, algo
que hay en los rostros posteriores
a 1980. A veces,
si hay suerte, una
adolescente siente curiosidad
por una experiencia rara con alguien de una especie en extinción,
y como suele ser preciosa, te permite
usar su belleza, que acompañada por tus mitos
y obsesiones y un notable
refinamiento cultural,
aunque el trato (por mucho que le eches)
no puede ser intenso, memorable, al menos
sirve para comprobar una vez más
que no hay dos coños iguales.
De todas formas, lo normal
es aburrirse, maldecir
lo que te haya llevado a pisar ese sitio,
incluida esa joven, y que estés
deseando irte, regresar
a tu cubil, tumbarte solo en la alta noche
y mientras escuchas fumando una vieja canción de Billie Holiday
o a Trixie Smith con Buster Bailey y Armstrong,
o a la Callas, o a Bach,
que cómo entran a esa hora, Dios,
mientras contemplas tu memoria
y es como si rozaras
la yema de tu dedo por su cicatriz,
y bebes lentamente, y entras
en esa lucidez alcohólica…

…Bueno, bien, como decía
el problema es orinar
en paz, y para eso hay que concentrarse
en el agujero de la porcelana, no permitir
que ruido alguno te interrumpa,
mover tu mano con delicadeza dirigiendo el chorro
de forma que hasta dibuje palabras
y hasta, si has bebido mucho, un verso
Fate’s hidden ends eyes cannont see,
xxde Fletcher, por ejemplo, va bien–.
Luego, de nuevo, sortear
coitos de zombis, zombis
a solas, líquidos pegajosos, miradas muertas, y
regresar a la barra, hacerse oír
por el mandril que sirve las bebidas,
beber tres, cuatro
copas
más, hasta que empiezas a sentirte blindado.
xxxxxxxxxxxxxxEntonces sales a la calle,
los neumáticos de los coches hacen un ruido
sobre el asfalto mojado que
te emociona, y, ah, cómo brilla
la noche, el fondo de la noche,
como Rilke decía
que en las serpientes el veneno brilla.

 

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