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Archive for 30 noviembre 2017

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (LII)

noviembre 30, 2017 Deja un comentario

 

Durante las últimas semanas ya forman parte de mi biblioteca los tres discos que se ven en la imagen: ‘Soy como puedo’ (de Joaquín Calderón), ‘De Madrid al suelo’ (de Mundo Chillón) y ‘Ritmo y compás’ (de Álvaro Ruiz).

Comentaré cosas sobre lo que me han parecido los tres discos durante los próximos días.

 

EUROPA DESPUÉS DE LA LLUVIA

noviembre 28, 2017 Deja un comentario

 

ANTROPOLOGÍA

Hay noches como ésta
en que la parte más joven de mi cerebro
(ésa que sólo viene del Mesozoico)
entra en contradicción con la primera,

la que se remonta a la época del Neanderthal.

Entonces en mis palabras de amor
hay una oculta destrucción

te acaricio con incertidumbre

olvido quién soy
no sé quién eres

Mi casa es extraña
¿qué hay sobre la mesa?

Evito los espejos
No quiero mirarte

Soy un animal contradictorio
y ni siquiera en eso original

 

 

 

 

EL TIEMPO

Ahora que todo el mundo vive hacia el futuro

mi melancolía y yo hemos decidido
vivir en el pasado.

 

 

 

 

LAS MUSAS INQUIETANTES

xxxxxxxxxxxxxxxxxHelena corre como una navaja abierta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxy uno se corta en ella.
xxxxxxxxxxxxxxxxx(Inscripción en el Muro de Berlín)

El muro es blanco y divide las dos ciudades;
como en los sueños,
una valla nos impide pasar al otro lado.

Apollinaire estuvo aquí,
cuando la ciudad todavía era una sola

y Lou, apasionada y violenta,
se le daba y se le negaba perversamente
xxxx(«Vulva que aprieta como un cascanueces»).

Me sonrío, esta mañana helada, en Berlín,
frente a la inscripción que alguien pintó,
alguien que también se cortó en los bordes filosos de Helena.

El sol es mujer y la luna es hombre,
en esta ciudad de bordes infinitos
y lagos tenues.
«You are leaving the American Sector»
(«Sie Verlassen den Amerikanischen Sektor»)
anuncia el cartel, a pocos pasos de la tumba
de aquel muchacho que soñó con cruzar el muro
y cual Ícaro,
cayó sobre las aguas.
You are leaving: se precipitan las hojas múltiples de los abedules;
the American: como en los sueños,
una valla nos impide pasar al otro lado.
Sector: el sol —agonizante— mujer,
la luna —precoz— hombre,
y Helena es la misma.
Me sonrío, esta mañana helada, en Berlín,
pensando que he recorrido tantos quilómetros,
como Ulises, cruzando cielos y mares,
para descubrir que alguien —antes que yo—
había encontrado la metáfora adecuada para Helena
que corre de ciudad en ciudad
como una navaja abierta
y uno se corta en ella.

 

 

 

 

BERLÍN, 1980

xxxxxI

Cuando en las ciudades desconocidas llueve
el agua que cae me cuenta las cosas que no sé.

 

xxxxxII

No está al borde del mar
sin embargo
todos nos sentimos pasajeros de un barco

la nave de los locos, quizás.

 

 

 

 

CORRESPONDENCIAS

Las ciudades son estados de ánimo
y Berlín se hunde en la lluvia
mientras se hace de noche
se hacen de verde los fantasmas interiores
se transparenta la cúpula que amo tanto
transita de Norte a Sur este viento azorado
los cielos se deslizan velozmente
y yo intento atrapar en la memoria
la luz cambiante de los árboles,
como un coleccionista que guarda tesoros
que nadie conoce.

 

 

 

 

SUPERMERCADO

La cajera de una sucursal del Kaiser
mira con desaprobación
el billete arrugado de diez marcos que le doy
lo estira lo plancha lo alisa minuciosamente,
coloca la efigie de Albert Dürer hacia arriba,
como si se tratara en el fondo de un papel muy diferente
al de envolver fideos.
Si no me mirara con tanta severidad le pediría disculpas
tengo ganas de preguntarle qué barco es el que aparece
del otro lado del billete
pero he cometido demasiados errores este día,
escribí varios poemas,
olvidé peinarme,
llueve y ando sin paraguas
y además, los diez marcos estaban arrugados.

 

 

 

 

CORRESPONDENCIAS II

Y hubiéramos ido a mirar los naufragios de Turner
en el Museo Británico
(esos naufragios, nostálgica,
que parecen arrancados de mis sueños
todavía culpables)
si no fuera
que Londres también es una ciudad extraña
si no fuera
que no quiero ver mis sueños reflejados
si no fuera
que esos cuadros
precisamente
copiados de mis sueños
son
el naufragio ya sucedido.

 

 

 

 

A LOS AMIGOS QUE ME RECOMIENDAN VIAJES

xxxxxIV

Hay tres cosas que quisiera decirte,
pero la segunda contradice la primera
y la tercera es un malentendido.
Preferible es el silencio.

 

 

 

Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona; Ed. Lumen, 2005

 

LINGÜÍSTICA GENERAL

noviembre 27, 2017 Deja un comentario

 

xxxxxI

El poeta no escribe sobre las cosas,
sino sobre el nombre de las cosas.

 

 

 

 

xxxxxV

Escribo porque olvido
y alguien lee porque no evoca de manera
suficiente.

 

 

 

 

xxxxxVI

Escribimos porque los objetos de los que queremos hablar
no están.

 

 

 

 

xxxxxVIII

El poeta se parece al profeta,
es verdad,
no sólo en el hecho de ser oído por escaso
número de gentes,
sino porque como aquél,
aspira a salvarse de la muerte
a través del verbo.
Aunque sea un verbo profano.

 

 

 

 

xxxxxXXIII

La poesía verdadera excluye la sinceridad
en el sentido banal
pero jamás admite la hipocresía.

 

 

 

 

POÉTICA

Comenzando por el lienzo blanco
que nos provoca morosas evocaciones
sueños que alguna vez fueron pensamientos
y siguiendo por la palabra
que nos conduce a palabras anteriores
(escribo hacia el pasado):
el que inventa
sólo descubre una tradición.

 

 

 

 

xxxxxXXVII

Eludir el nombre directo de las cosas
es convocarlas de manera más elocuente.
Por eso cuando hablo de ti
te llamo Amaranta, Lanceolada,
Himenea y Yocasta.
Como sabiéndolo
tú respondes desde el fondo de la lengua,
allí donde el nombre de las cosas
es todavía víscera profunda
antes que acuerdo y convención.

 

 

 

 

BITÁCORA

No conoce el arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragaado
y sobrevivido en una de sus playas.

 

 

 

 

CUANDO te inclinas
arqueada como un puente
agazapada como una gata
xxxxYo siento que la civilización occidental
se precipita.

 

 

 

 

4ª ESTACIÓN: CA FOSCARI

Te amo como mi semejante
mi igual mi parecida
de esclava a esclava
parejas en subversión
al orden domesticado
Te amo esta y otras noches
con las señas de identidad
cambiadas
como alegremente cambiamos nuestras ropas
y tu vestido es el mío
y mis sandalias son las tuyas
Como si seno
es tu seno
y tus antepasadas son las mías
Hacemos el amor incestuosamente
escandalizando a los peces
y a los buenos ciudadanos de este
y de todos los partidos
A la mañana, en el desayuno,
cuando las cosas lentamente vayan despertando
te llamaré por mi nombre
y tú contestarás
alegre,
mi igual, mi hermana, mi semejante.

 

 

 

Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona; Ed. Lumen, 2005

 

ESTADO DE EXILIO

noviembre 26, 2017 Deja un comentario

Si no recuerdo mal, ‘Estado de exilio’ fue el primer libro que me leí de Cristina Peri Rossi. Lo publicó la editorial Visor en 2003 después de que resultara ganador del XVIII Premio Internacional Unicaja de Poesía Rafael Alberti.
En el prólogo del libro se podía leer: “Si el exilio no fuera una terrible experiencia humana, sería un género literario. O ambas cosas a la vez. La etimología de la palabra es muy expresiva: ex significa, precisamente, quien ya no es, ha dejado de ser. Es decir, quien ha perdido toda o parte de su identidad. El exilio cuestiona, en primer lugar, la identidad, ya que desvincula de los orígenes, de la historia particular de una nación, de un pueblo, desvincula de una geografía, tanto como de una familia, de una calle, de una arboleda o de una relación sentimental. Sólo cuando el exilio es colectivo —desde el más remoto, el de la Diáspora judía hasta el exilio de los españoles fieles a la República— se conserva una parte de la identidad, a pesar del cambio de espacio, y entonces, sus símbolos (desde las banderas hasta los himnos, desde la manera de cocinar los alimentos hasta la forma de vestir, desde la seducción hasta los pasos de una danza) se cargan de significación: dejan de ser triviales para convertirse en emblemas, en raíces, en anclas”. Y sobre el proceso de escritura, la poeta uruguaya escribía en ese mismo prólogo: “Cuando dejé Montevideo (…) tenía, fundamentalmente, un temor: no poder volver a escribir. Que mi identidad de escritora sufriera una fractura tan abisal que me indujera al silencio. Dicho de otro modo: el exilio como castración. (…) Sin embargo, sin darme cuenta, ocurriría lo contrario: como toda experiencia que concierne a la personalidad entera, y a cada una de sus partes, el exilio me pidió palabras, me pidió escritura, me pidió fijar las emociones. Escribí en una especie de diario que llevaba entonces: «Mientras sufro por el temor a no poder escribir más, en el exilio, escribo. Mientras temo la castración, escribo. Mientras padezco el dolor, el desgarramiento, escribo».”

 

 

Y aquí dejo una selección de poemas del libro en cuestión.

 

 

xxxxxI

Tengo un dolor aquí,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxdel lado de la patria.

 

 

 

 

CARTA DE MAMÁ

Carta de mamá:
«Y si todos se van, hija mía,
¿qué vamos a hacer los que nos quedamos?»

 

 

 

 

A LOS PESIMISTAS GRIEGOS

Lo mejor es no nacer,
pero en caso de nacer,
lo mejor es no ser exiliado.

 

 

 

 

xxxxxIV

Soñé que volvía
pero una vez allí
tenía miedo
y quería irme
a cualquier otro lado.

 

 

 

 

xxxxxVIII

Exactamente
cansada
harta
agotada
irritada
triste
xxxxxxde todos los lugares de este mundo.

 

 

 

 

xxxxxXI

Ninguna palabra nunca
ningún discurso
—ni Freud, ni Martí—
sirvió para detener la mano
la máquina
del torturador.
Pero cuando una palabra escrita
en el margen en la página en la pared
sirve para aliviar el dolor de un torturado,
la literatura tiene sentido.

 

 

 

 

xxxxxXIV

Aquel viejo que limpiaba platos
en una cafetería de Saint-Germain
y de noche
cruzaba el Sena
para subir a su habitación
en un octavo piso
sin ascensor sin baño
ni instalaciones sanitarias
era un matemático uruguayo
que nunca había querido viajar a Europa.

 

 

 

 

xxxxxXV

Y vino un periodista de no sé dónde
a preguntarnos qué era para nosotros el exilio.
No sé de dónde era el periodista,
pero igual lo dejé pasar
El cuarto estaba húmedo estaba frío
hacía dos días que no comíamos bocado
sólo agua y pan
las cartas traían malas noticias del Otro Lado
«¿Qué es el exilio para usted?» me dijo
y me invitó con un cigarrillo
No contesto las cartas para no comprometer a mis parientes,
«A Pedro le reventaron los dos ojos
antes de matarlo a golpes, antes,
sólo un poco antes»
«Me gustaría que me dijera qué es el exilio para usted»
«A Alicia la violaron cinco veces
y luego se la dejaron a los perros»
Bien entrenados,
los perros de los militares
fuertes animales
comen todos los días
fornican todos los días,
con bellas muchachas con bellas mujeres,
la culpa no la tiene el perro,
sabeusté,
perros fuertes,
los perros de los militares,
comen todos los días,
no les falta una mujer para fornicar
«¿Qué es el exilio para usted?»
Seguramente por el artículo le van a dar dinero,
nosotros hace días que no comemos
«La moral es alta, compañero, la moral está intacta»
rotos los dedos, la moral está alta, compañero,
desaparecida la hermana, la moral está alta, compañero,
hace dos días que sólo comemos moral,
de la alta, compañero,
«Dígame qué es el exilio, para usted»

El exilio es comer moral, compañero.

 

 

 

 

CABINA TELEFÓNICA 1975

El exilio es tener un franco en el bolsillo
y que el teléfono se trague la moneda
y no la suelte
—ni moneda, ni llamada—
en el exacto momento en que nos damos cuenta
de que la cabina no funciona.

 

 

 

 

BARCELONA 1976

El exilio es gastarnos nuestras últimas
cuatro pesetas en un billete de metro para ir
a una entrevista por un empleo que después
no nos darán.

 

 

 

 

xxxxxXIX

Un día yo iba por una calle,
estaba sin empleo y muy nervioso,
iba por una calle en busca de una de esas casas
donde los muertos de hambre dormimos sin pagar
cansado y muy nervioso
y de pronto vi a una pareja
un matrimonio maduro
elegante bien vestido
ropa cara ropa fina
eran turistas comprando cosas y mirando todo
miraban las tiendas de moda y las peluquerías
y los restaurantes
eran turistas
hablaban uruguayo, igual que yo,
yo estaba muy nervioso ese día,
ellos se veía que habían comprado muchas cosas,
me reconocieron por la cara
—la cara de la desgracia, según Onetti—
«Usted es uruguayo, ¿verdad?» me dijeron
yo negué con la cabeza, firmemente:
«Soy francés, señores, les dije,
muy francés, tan francés como la torre Eiffel»
y me fui porque si los mataba
me llevaban preso.

 

 

 

 

xxxxxXXI

Lo llamaban la Momia. Con dos golpes
era capaz de matar a alguien.
Lo usaban para ablandar
a los recién llegados,
o para terminar con los torturados.
No comía pescado
porque una vez se había pinchado
con una espina
y le dolió.

 

 

 

 

EL ARTE DE LA PÉRDIDA (Elizabeth Bishop)

El exilio y sus innumerables pérdidas
me hicieron muy liviana con los objetos
poco posesiva
Ya no me interesa conservar una biblioteca numerosa
(vanidad de vanidades)
ni colecciono piedras
botellas cuadros
encendedores
plumas fuentes —así se llamaban en mi infancia
las codiciadas e inasequibles estilográficas
Parker y Mont Blanc
ni necesito un amplio salón para escribir
al abrigo de los ruidos de la calle
y de los ruidos interiores.

El exilio y sus innumerables pérdidas
me hicieron dadivosa
Regalo lo que no tengo —dinero, poemas, orgasmos—
Quedé flotando —barco perdido en alta mar—
con las raíces al aire
como un clavel sin tronco donde enlazarse.

El exilio y sus innumerables pérdidas
me hicieron dadivosa
Regalo lo que no tengo —dinero, poemas, orgasmos—
me dejó las raíces al aire
como los nervios de un condenado
Despojada
desposeída
dueña de mi tiempo
Y con él tampoco soy avara:
sería ridículo pretender administrar
un bien desconocido.

 

 

 

 

DIALÉCTICA DE LOS VIAJES

Para recordar
tuve que partir.
Para que la memoria rebosara
como un cántaro lleno
—el cántaro de una diosa inaccesible—
tuve que partir.
Para pensar en ti
tuve que partir.
El mar se abrió como un telón
como el útero materno
como la placenta hinchada
lentas esferas nocturnas brillaban en el cielo
como signos de una escritura antigua
perdida entre papiros
y la memoria empezó a destilar
la memoria escanció su licor
su droga melancólica
su fuego
sus conchas nacaradas
su espanto
su temblor.
Para recordar
tuve que partir
y soñar con el regreso
—como Ulises—
sin regresar jamás.
Ítaca existe
a condición de no recuperarla.

 

 

 

 

ELOGIO DE LA LENGUA

Me vendió un cartón de bingo
y me preguntó de dónde era.
«De Uruguay», le dije.
«Habla el español más dulce del mundo»,
me contestó mientras se iba
blandiendo los cartones
como abalorios de la suerte.
A mí, esa noche,
ya no me importó perder o ganar.
Me di cuenta de que estaba enganchada a una lengua
como a una madre,
y que el salón de bingo
era el útero materno.

 

 

 

 

MONTEVIDEO

Nací en una ciudad triste
de barcos y emigrantes
una ciudad fuera del espacio
suspendida de un malentendido:
un río grande como mar
una llanura desierta como pampa
una pampa gris como cielo.

Nací en una ciudad triste
fuera del mapa
lejana de su continente natural
desplazada del tiempo
como una vieja fotografía
virada al sepia.

Nací en una ciudad triste
de patios con helechos
claraboyas verdes
y el envolvente olor de las glicinas
flores borrachas
flores lilas

una ciudad
de tangos tristes
viejas prostitutas de dos por cuatro
marineros extraviados
y bares que se llaman City Park.

Y sin embargo
la quise
con un amor deseperado
la ciudad de los imposibles
de los barcos encallados
de las prostitutas que no cobran
de los mendigos que recitan a Baudelaire

la ciudad que aparece en mis sueños
accesible y lejana al mismo tiempo
la ciudad de los poetas franceses
y los tenderos polacos
los ebanistas gallegos
y los carniceros italianos.

Nací en una ciudad triste
suspendida del tiempo
como un sueño inacabado
que se repite siempre.

 

 

 

Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona; Ed. Lumen, 2005

 

APLICACIONES DE LA LÓGICA DE LEWIS CARROL

noviembre 24, 2017 Deja un comentario

 

APLICACIONES DE LA LÓGICA DE LEWIS CARROLL

 

xxxxxI

1. Ningún fósil puede estar traspasado de amor.
2. Una ostra puede estar traspasada de amor.
xxElla dulcemente depositaba el fósil
xxde la ostra que se había llevado a la boca
xxen el borde del plato. Lo contemplaba después,
xxmelancólica, con cierta ternura.
xx—¿Es que acaso te dan pena?
xx—Amo su constitución, su textura, la frescura de su piel,
xxsu áspero y antiguo sabor a mar.
3. Ninguna mujer que coma ostras puede estar traspasada de
xxamor.

 

 

xxxxxII

Algunos ánades están desprovistos de poesía
xxxxno su ánade rosada,
xxxxno su ánade escondida,
xxxxno su ánade recóndita
xxxxno el gorjeo de su ánade por las noches
xxxxentre sábanas púrpura
xxxxy alfombras carmesí.
xNo su grito de ánade
xxxxcuando se siente penetrada.

 

 

xxxxxIII

Lewis Carroll fotografiaba niñas vestidas
y a veces fotografiaba niñas desnudas
por afición a la fotografía,
por afición a las niñas
a las cuales dedicó un libro terrible
Alicia en el país de los espejos,
libro que desagrada a todos los niños
y despierta la curiosidad de aquellos adultos
que quisieran fotografiar niñas vestidas
niñas a veces desnudas
pero no se animan a hacerlo por carecer de espejo.

 

 

xxxxxIV

Lewis Carroll era un presbítero llamado
Charles Dodgson
que durante un paseo por un parque
se enamoró de una niña
llamada Alicia
por lo cual escribió un libro para niños
cuya protagonista es una irritante mujer
disfrazada de niña y llamada Alicia.
La Iglesia había prohibido el estupro
a los sacerdotes jóvenes,
pero no la escritura.

 

 

xxxxxV

Si Charles Dodgson no hubiera sido Lewis Carroll
seguramente hubiera sido el Estrangulador de Boston.

 

 

xxxxxVI

Lewis Carroll inventó las maravillas
porque cuando nació ya se habían inventado los espejos,
por lo cual no pudo inventar ni la literatura
ni la matemática ni la lógica
xxxxni la violación de niñas.

 

 

xxxxxVII

El reverendo Charles Dodgson
abandonó la Iglesia
cuando encontró en un espejo
una inscripción que decía
«Al viejo Charles Dodgson
le gustan las niñas».
Nunca supo si esa frase la había escrito
Lewis Carroll
o una muchachita, alumna suya,
llamada Alicia.
De todos modos, como el reverendo Charles Dodgson
era un hombre muy piadoso,
ese mismo día eliminó los espejos de su casa,
colgó los hábitos
y se dedicó a la fotografía.
Alicia escribió un libro
que se llama Las maravillas de Lewis Carroll.

 

 

xxxxxVIII

El viejo presbítero Charles Dodgson
amaba a Alicia, que amaba a Lewis Carroll,
que estaba enamorado de la lógica,
que no amaba a nadie,
porque carecía de espejo.

 

 

 

Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona; Ed. Lumen, 2005

 

ALEJANDRA ENTRE LAS LILAS

noviembre 23, 2017 Deja un comentario

 

ALEJANDRA ENTRE LAS LILAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHe de morir de cosas así.

xxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxAlejandra Pizarnik
xxxxxixxxxx(suicidada el 27 de septiembre de 1972)

xxxxxI

Quizás fuera el nombre
dulce de Alejandra
o esas lilas de los muros
soplando en a noche densa
o fuera
la nocturna cacería
de palabras deslizándose
en el vidrio
que te precipitó a la muerte
en la solitaria
duración de un grito
a medianoche
cómplice de nombres oscuros
impronunciables.

 

 

xxxxxII

Palabra por palabra
hacías la noche
en las esquinas
que el silencio dejaba solas
acechándolas
como si ellas fueran
las damas rojas de las revelaciones.

 

 

xxxxxIII

Si palabra
a palabra
hacías la noche
susurrándola
xxxxx—los sonidos más hermosos—
¿Cómo fue que aquella noche
no acudieron las palabras?
¿Cómo fuiste desterrada
desasistida,
dónde estaban los lilas cenicientos
de los parques,
dó las enredaderas de los muros
dónde las damas púrpuras y misteriosas,
dónde tu padre y tu madre?
xxxxx—Acaso fuera el nombre dulce de Alejandra,
xxxxxacaso las ceremonias de los parques—.
xxxxxAcaso una dama roja que faltó a la nocturna
xxxxxfiesta de palabras
xxxxxacaso una que no cumplió su promesa
xxxxxacaso alguien que no acudió a una cita
xxxxxo un hastío de palabras —a veces pasa—
xxxxxte precipitara más allá de los sonidos
xxxxxuna vez que todo lo hemos dicho
xxxxx—lo hemos dicho—
xxxxxy se yergue tenebrosa
xxxxxla soledad de Alicia en el espejo, otrosí
xxxxxAlejandra.

 

 

xxxxxIV

Y en el silencio escondido adentro de la casa
y en el silencio que queda
cuando se van los amigos
en el silencio de los ceniceros
y los vasos ya sin agua
quisiste establecer la palabra exacta
sin saber
que el silencio y las palabras
son apenas agonías.

 

 

xxxxxV

El nombre dulce de Alejandra
la simetría en los parques
una niña espantada
—hoy hay bruma en Barcelona—
París era un fiesta
que no quisiste compartir
cartas a los amigos
donde una jota o una i faltaban
el miserere nocturno entonado
por viejas lesbianas
una hoja en blanco
toujours
una hoja en blanco
la carta que no llega
la palabra que falta
alcanzan
para espantar a una niña.

 

 

xxxxxVI

Alejandra
hoy veo un parque
una dama azul
los lilas de los muros
la maleza creciendo
hoy escucho
una canción lejana
una historia de princesas
y castillos
el adiós del verano
la cigarra.
Me desperté para decirte
que por la ventana
entra un olor a pino.

 

 

xxxxxVII

Y el psiquiatra me preguntó:
—¿A qué asocia el nombre de Alejandra?—
El dulce nombre de Alejandra
el olor de los pinos y cipreses
casas rojas castillos medievales
una dama en el umbral
muebles púrpuras
la prodigiosa simetría de los parques
una hoja siempre en blanco
delante del ojo que acaricia
la falta de sonido
los lilas de los muros
un dolor enfermizo por casi todo
el muelle gris
las cosas que sólo existen en jardines
para decir cuyos nombres
es necesario empezar por Alejandra
la antigüedad de algunas piedras
respiración entrecortada
la dificultad
para hacer amigos,
en fin, medianoches fatales
en que todo nos falta
especialmente
un amigo
una amiga
inolvidables.

 

 

xxxxxVIII

Y además,
la extraña soledad de Alejandra
en la casa grande,
persiguiendo el sonido del agua
en los jardines
su manera de despavorirse por la ausencia
de una palabra,
en fin,
su fobia a los espejos
su manera secreta de moverse
de ser, en la casa grande,
la única sobreviviente
lejos los pájaros
y ya sin perro.

 

 

xxxxxIX

Después de haberte leído entera
supe que habíamos hecho el amor
muchas veces —qué conflagración—
que tus orgasmos eran difíciles
acaso culpables
y que no iba a reprocharte
tu suicidio del mes de septiembre
el único orgasmo verdadero
lejos de París y de la calle Corrientes.

 

 

xxxxxX

Después de haberte leído
los puntos y las comas
las metáforas tristes
y las niñas que llevabas
a lomos de los versos
sus pubis rosados
humedeciéndote el vestido
y los silencios
ah los silencios
esos silencios
que las niñas no hacen
porque gritaban
cuando tú las invitabas
a subir en barca
o cuando les regalabas
caballitos de juguete.

 

 

 

Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona; Ed. Lumen, 2005

 

DESCRIPCIÓN DE UN NAUFRAGIO Y UNA DIÁSPORA

noviembre 22, 2017 Deja un comentario

 

De ‘Descripción de un naufragio’

 

xxxxxVI

Ya no aguantamos más el olor a muerto.

 

 

 

 

 

xxxxxXII

No fue nuestra culpa si nacimos en tiempos de penuria.
Tiempos de echarse al mar y navegar.
Zarpar en barcos y remolinos
huir de guerras y tiranos
al péndulo
a la oscilación del mar.
El que llevaba la carta se refugió primero.
Carta mojada, amanecía.
Por algún lado veíamos venir el mar.

 

 

 

 

 

xxxxxXXI

Todo se convierte en un pedirle a Dios
corte las amarras
que nos ataran tanto.

 

 

 

 

 

xxxxxXXIV

Deseo que, en caso de naufragio,
este peregrino sea olvidado,
este amor ignorado,
rosa, rosa de los vientos,
fue una época de difíciles maniobras,
los unos huyeron por el mar,
otros, por las selvas y más allá.

 

 

 

 

 

xxxxxXXXI

—¡Deprisa!
—¡Gira!
—¡Dame.
—Ven.
—Suavemente.
—Lasca, lasca.
—¡Más!
—¡Máááás!
—¡Cambio!
—Hala, templa, singa.
—Ruega.
—Gira la cabeza.
—Tente en pie.
—Dulcemente amarra.
—¡Más!

xxxxxxxxxxxxNadina: xcuando regrese,
xxxxxxxxxiixxxxxxxxxxprometo nadar sobre tus nalgas
xxxxxxxxxiixxxxxxxxxxinfamemente.

 

 

 

 

 

MANUAL DEL MARINERO

Llevados varios días de navegación
y por no tener nada que hacer
estando la mar en calma
los recuerdos vigilantes
por no poder dormir
por llevarte en la memoria
por no poder olvidar la forma de tus pies
el suave movimiento de ancas a estribor
tus sueños iodados
xxxxxxxxxxxxxxxxxpeces voladores
por no perderte en la casa del mar
me puse a hacer
un manual del marinero,
para que todos supieran cómo amarte, en caso de naufragio,
para que todos supieran cómo navegar
en caso de maniobras
y por si acaso
hacer señales
llamar con la o que es roja y amarilla
llamarte con la i
que tiene un círculo negro como un pozo
llamarte desde el rectángulo azul de la ese
suplicarte con el rombo de la efe
o los triángulos de la zeta,
tan ardientes como el follaje de tu pubis.
Llamarte con la i
hacer señales
azar la mano izquierda con la bandera de la ele,
subir ambos brazos para dibujar
—en el relente nocturno—
las dulzuras lúgubres de la u.

 

 

 

 

RELENTE

Humedad que cubre el cuerpo de la mujer,
una vez que la hemos empezado a amar.
A veces tiene la apariencia de un suave sudor,
otras, la de un mar agitado. Navegar
en esas aguas puede ser empresa riesgosa.
Marineros más hábiles que tú perecieron
en esas aguas revueltas, luego de bracear
durante horas y luchar contra la corriente.
En el fondo de ellas hay un cachalote dormido.
No escuches el canto de sus sirenas
varadas en las piernas,
a orillas del mar.
No dejes que su humedad te cubra
conduciéndote al fondo de la red
donde serás sólo un hilo más
un pez atrapado
un lobo infeliz
un marinero desahuciado, lejos del barco,
lejos de la tierra.
Cuídate de esa humedad como de la peste,
cuando asome
xxxxxxxxxxxxxpor los intersticios de un cuerpo que yace.

 

 

 

 

ABATIR

Vencimiento del buque, de la mujer,
por efecto de un viento fuerte, la marea o la corriente.
El buque cae a sotavento,
la mujer de espaldas,
cuyo abatimiento se mide en grados.
Gran cantidad de público se congrega alrededor.
El barco se inclina.
La mujer gime
y a veces goza.

 

 

 

 

ESCORACIÓN

Herida que queda, luego del amor, al costado del cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele y arde el iodo,
que corre todo a lo largo del buque,
que deja pasar la espuma, que tiene un ojo triste en el centro.
En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor,
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esta suerte de heridas,
escoriaciones profundas, que tienen el largo del cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca,
y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones,
de otras travesías. Por el número de escoraciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoraciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.

 

 

 

 

AFERRAR

Atarla con mástiles y palos
al borde de la cama.
Sus pies, sus manos,
con cuerdas y con lianas
xxxxxxxxxxxx(dejar que los musgos y los líquenes
xxxxxxxxxxxxcrezcan en sus costados,
xxxxxxxxxxxxque los recién nacidos peces
xxxxxxxxxxxxlaman la piel de sus hombros, sus caderas;
xxxxxxxxxxxxle birlen besos, beban de los poros
xxxxxxxxxxxxabiertos y salados de su piel).
Una vez que está sujeta
en irresistible inmovilidad,
arriarla de golpe,
como una vela;
hacerla bajar
por el mástil mayor,
hacerla deslizar:
la tela de su piel
descendiendo por el palo alto,
la blanda carne iodada
resbalando al pie de la cama.
Y muy lentamente sobre ella arrodillada
dejarse ir
en remolino
hacia la honda cavidad
que hierve en su interior.
Muy lentamente
penetrar allí
apartando la humedad de las olas.
Hacer que el agua
lama sus costados
el costado de sus botas;
dejar
que los musgos y los líquenes
le trepen los muslos y las nalgas.
xxxxxxxxxxxxUna vez arriada,
xxxxxaferrarla al suelo
xxxxxcon palos y con cuerdas
xxxxxpara que no se nos escape.

 

 

 

 

EMPAVESAR

Colocar sobre la mujer todas las banderas.

 

 

 

 

xxxxxXXXVIII

Y el capitán que naufragaba en escuadras imprecisas
vio pasar en síntesis a la historia,
iba en biquini
y los senos destemplados
Eran los jinetes de la reyecía
Era la diáspora de soldados
«Paren las máquinas» gritaba a bordo,
a bordo de la síntesis de la historia,
cuando ya todos habíamos pasado al otro lado.

 

 

 

 

RELACIÓN DE TRIPULANTES QUE PARTICIPARON EN EL NAUFRAGIO

Habiendo quedado solo
en altamar
a la deriva
me vienen a la memoria ardida
como olas a bordo
los nombres de los compañeros muertos / desaparecidos
en travesía de mares y de países
lanzados a la noche
al agua a la intemperie
sin botes y sin remos
sin ropa que vestir
ni comida que comer;
los nombres
de los amigos muertos
de los desaparecidos
de los perseguidos por el huracán
de los acosados por vientos y marismas
de los aprisionados entre dos corrientes
de todos aquellos que emprendieron un viaje
lleno de riesgos y de peligros
iluminados por la fe
conducidos por su buen ánimo
dispuestos a morir o a vencer
y a quienes se tragó el agua devoradora
los hundió una ola gigante
o en los intersticios del mar
todavía padecen la tortura de vivir muriendo
sometidos a la crueldad del naufragio.
Tristán, que tenía un lunar en la cara,
cerca de la frente
y por la noche aullaba en altamar,
por una rubia, fugaz.
Era valiente y trepaba el primero por el palo mayor
para divisar la tierra o al enemigo
y ni siquiera suspiró cuando el mástil
quebrado por un torbellino
cayó sobre él, sepultándolo en el mar,
junto al recuerdo de una mujer rubia, fugaz.
Antonio Sánchez, maestre:
sombrío y taciturno,
huido de su país
y perseguido por los perros;
sabía cantar las canciones de su tierra
y nos contaba su pasado,
historias de prisión y muerte.
Álvaro Donati, marinero, veintiocho años:
dejó los hábitos, tomó el fusil
se echó a la mar, como un deber;
una ola venida desde lejos
lo barrió de borda; fallecido.
Lo acompañaban un santoral
y un manual de armas.
Juan Gómez, estudiante:
tres tiros en la cabeza,
disparados en la noche, a traición,
cuando atravesaba una calle solitaria,
dejó papel y lápiz, una hija a medio hacer.
Pedro Fernández, navegante:
vino a navegación porque su padre fue marino
y había luchado contra los ingleses.
Marco Genovés, famoso físico:
nos enseñaba las secretas leyes
que rigen el movimiento de las cosas.
Daniel Dionisio Méndez, arquitecto y constructor,
conocía los caminos del mar y del morir,
condujo a los compañeros por extraños laberintos
hasta traerlos sanos y salvos a la nave mayor,
protegidos por la oscuridad y la esperanza.
Muerto en servicio.
Rodrigo Torres, oficial de a bordo:
«Mejor morir de pie
que vivir arrodillado», nos dijo,
en el primer momento,
cuando le fuimos presentados.
«Las esperanzas son pocas,
pero ningún buen navegante
debe renunciar por ello»,
las olas lo rodearon,
era un día de tormenta,
murió peleando contra ellas,
maldiciéndolas y dándoles manotazos.
Alonso, el cocinero,
no sabía nadar, no sabía tirar,
tenía lástima de los peces,
pena de las aves:
«Por lo menos me alisto, para cocinar»
fallecido el 27 de junio,
devorado por un enorme tiburón;
y el abogado Marins, desaparecido
misteriosamente, mientras realizaba maniobras de rutina.
A García Morales lo dejamos en un puerto
clandestino, de un mar acogedor, en calma,
estaba enfermo, dolorido,
no quería cejar;
nunca más supimos de él.
xxxxxxxxxTodos los otros nombres aparecen en los diarios.

 

 

 

 

De ‘Diáspora’

 

AFRODITA

Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla.
xxY está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano

xxxxxxxComo una silla ya vacía.

 

 

 

 

CAUTIVERIO

Ah qué mórbida
te mueves
puma
pugnas
por atravesar
la jaula del jardín
donde te he encerrado
entre espejos fríos
xxxxxxxxxxxxxxxxpara que no te vayas,
xxxxxxxxxxxixxxxxxxpara hacer poesía.

 

 

 

 

YO la amaba
xxxla muraba
xxxla miraba la
xxxxxxxxxxdesde la mezquita
xxxmadura
xxxmorena
xxxmistrala
xxxhúmeda
xxxxxxxxxxy
xxxxxxxxxxxmorborescente

 

 

 

 

SI el lenguaje
este modo austero
de convocarte
xxxxxxxxxen medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
Fuera
xxxxxel modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo

 

 

 

 

TODO estaba previsto
por la tradición
occidental
esa tu rebelión
a los papeles convencionales
la resistencia
a ser tratada como objeto
el objeto
que soy para ti
salvo cuando te escribo
para los demás.
Entonces te objetualizo.

 

 

 

 

PENÉTRAME
occidental y perversa
parodiando a los dioses más diversos:
siglos en prolongada decadencia
permiten, que para el caso,
xxxxxxxcambiemos de papel.

 

 

 

 

MITOLÓGICA estáis
de moradas meretrices
que muerden tu piel
tu fantástica matriz
xxxxx—Penélopes tristes,
xxxxxHelenas desgonzadas—
historias salmodiadas
por magos prostibularios.
Está dicho
es sabido
mal hacen los Homeros,
los Góngoras y Quevedos
a las púberes efebas.

 

 

 

 

AH,
cómo corrijo
los pequeños errores
de las mujeres que inventas
cada día
para mis infidelidades
de amarte siempre.

 

 

 

 

PROYECTOS

Podríamos hacer un niño
y llevarlo al zoo los domingos.
Podríamos esperarlo
a la salida del colegio.
Él iría descubriendo
en la procesión de nubes
toda la prehistoria.
Podríamos cumplir con él los años.

Pero no me gustaría que al llegar a la pubertad
un fascista de mierda le pegara un tiro.

 

 

 

 

DIÁSPORA

Con la túnica larga
que le compraste a un marroquí en Rabat
y ese aire dulce e impaciente
que arrastras por la plaza
las sandalias sobre el polvo
el pelo largo
bajo la túnica nada
si se puede llamar nada a tu cuerpo
quemado por los soles de Rabat
más la pasión que despertaste en un negro en las calles de Cadaqués
que no son calles
sino caminos de piedra
y olímpica te sentaste en el bar hippy
rodeada de tus amigos de túnicas y pelos largos
a beber oporto y fumar hachís
ah qué melena te llovía sobre los hombros esa tarde en Cadaqués
con aquellas ropas que desafiaban las normas
pero eran otras normas
las normas de la diferenciación
de acuerdo
cambiemos un burgués por otro
ah qué túnica arrastrabas sobre las piedras
peregrinación como aquélla
solamente Jesucristo la emprendiera
Nada tenía que hacer en Cadaqués más que mirarte a los ojos
mientras tú viajabas en hachís en camellos casi blancos de largas pestañas
que acariciaban como los ojos de una doncella
sé que te gustan las mujeres
casi tanto como los negros
casi tanto como los indios
casi tanto como te gustan las canciones de Barbara
yo no tenía nada que hacer en Cadaqués
más que seguirte la pista
como un perro entrenado
buscarte
calles empinadas
casas blancas
el sol del Mediterráneo
viejo sol
cálido sol
ah no me mires así
te perdí en Rabat
te busqué en barca
pequeño Cadaqués
las niñas pálidas que fuman hachís y pasean en camellos de largas pestañas
en el maldito bar de hippies
no me dejaron entrar
juré que no tenía cuenta bancaria
es cierto
¿Cómo explicarles el azar?
No tengo auto
no tengo televisor
no tengo accidentes ni crédito bancario
por casualidad
el viento me trajo a Cadaqués
estoy buscando a la niña de la túnica larga
la que paseaba por las calles
como Jesucristo
y va dejando atrás
negros borrachos
amigos muertos
y un roce de sandalias
Tus amigos
no me dejaron entrar al bar
el agua había caído toda la tarde
me preocupé por tu pelo
tu cabello mojado
hay que ser cuidadosa
me desvelo por ti
el campanario dio otro cuarto
¿estarías escondida en el confesionario?
Ah Barbara
no me mortifiques
deja a esa niña en paz
quiero verla caminar por Cadaqués
y tener un estremecimiento de címbalo
vibrar en el aire
como el agudo de un vaso
Ah Mediterráneo
suelta a esa niña
déjala bogar en mi memoria
su fascinación de túnica pálida
el silencio que envuelve su paseo por las plazas
la fricción de sus sandalias
suavemente sobre el polvo
convienen más a mi memoria
que a tu historial de aguas
En Cadaqués un pájaro negro se paseaba
tan negro como un cuervo
tan gris como el reflejo del Mediterráneo en las ventanas
aquella tarde que llovía en Cadaqués
y con paso ligero pero digno
con velocidad y nobleza
—sin dejar caer los tules ni los chales—
como reinas que huyen majestuosamente
las barcas volvían de sus citas
al amarradero de la playa
Y mientras te buscaba
observé que el famoso altar de la iglesia
era un poco recargado
un problema de formas excesivamente hinchadas
un embarazo eterno
algo difícil de largar
Demasiado oro para mí
mientras sólo dos viejas comulgaban
y una pareja de hippies observaban la ceremonia
con delectación no exenta de ironía
—una cultura de rituales—
y maldito sea
¿es que no se te había ocurrido refugiarte en la iglesia
en el altar mayor recargado de oro y púrpura
esa tarde que llovía en Cadaqués,
protegiéndote de la tramontana?
De modo que salí
justo a tiempo para escuchar que desde un lugar
salía una música
salía una música
que te juro que no era Barbara cantando À peine
una música y un cantor que venían de lejos
de un país que tú no conocías y era mi país
el país abandonado en diáspora
el país ocupado por el ejército nacional
una música y un cantor que yo había escuchado en mi infancia
que no fue una dorada infancia en Cadaqués con paseos en barca
—Marcel Proust—
y pesca submarina
y Barbara ya no perseguía a la niña de túnica larga
y tuve frío por primera vez en Cadaqués
y cuando alguien me habló en francés
le contesté hijo de puta
y cuando vi a dos hippies abrazados les grité hijos de puta
y cuando una holandesa me preguntó algo mostrándome un mapa en su delicada mano
le dije hija de puta
y ya no estabas en Cadaqués,
lo juro,
todas las túnicas eran túnicas sucias
y nadie usaba sandalias
y me son indiferentes todas las mujeres
todas las tierras
todos los mares,
Mediterráneo, poca cosa,
Cadaqués, piedra sobre piedra,
tú,
nada más que una niña muy viciosa.

 

 

 

 

EN sus ojos acuosos
hubiera navegado toda la vida
si no fuera
que no tienen orillas.

 

 

 

 

AQUELLOS que alguna vez la amaron
se reúnen cada noche en un aljibe,
conversan, juegan a los dados,
la recuerdan,
escupen improperios por el aire
y están dispuestos a formar un comité
para ayudar a las próximas víctimas.

 

 

 

 

SIEMPRE hay algún tonto dispuesto a amarla.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYo soy ese tonto.

 

 

 

 

DESDE alguna parte
me mira
esa mujer que fuiste
alguna vez lejana
y me pide cosas
me pide memoriales
versos
y perdón por el futuro.

 

 

 

 

PAISAJE CLÁSICO

Cuando las amadas pueblan con palabras cotidianas
el retablo donde solíamos dormir
bueno es ser el escriba de las amadas
y seguir las huellas de sus pies desnudos
humildemente recoger esa gota de miel
que destilan sus labios xxxo la toalla.

 

 

 

 

AQUELLOS paisajes aterciopelados
la alfombra púrpura
los ceniceros de conchas del Caribe
la negra balanceándose a la puerta
sus caderas de lubricidad
el olor de la madera en lupanares rojos
Todo nos hacía suponer que nos encontrábamos en Las Mil y Una Noches
menos los soldados revisando la ciudad.

 

 

 

 

PODRÍA escribir los versos más tristes esta noche,
si los versos solucionaran la cosa.

 

 

 

Peri Rossi, Cristina. Poesía reunida. Barcelona; Ed. Lumen, 2005

 

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