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Archive for 31 octubre 2017

SORPRESAS (MÁS, QUIERO DECIR)

Ojalá alguno de los textos que voy colgando en el blog sirvan para que alguien descubra a un autor y se haga con el libro (o el disco, si es alguno de los músicos de los que subo material suyo) y así ayude tanto al autor como a la editorial.

Que ¿por qué he empezado así este post? Pues porque el blog me ha dado otra sorpresa: acabo de recibir un ejemplar de un libro a cuyo autor desconozco completamente y de una editorial de la que aún no tenía nada en mi biblioteca.

El libro en cuestión es ‘Todo lo q yo existo no existe’, de la madrileña editorial El sastre de Apollinaire.

 

 

 

Aquí dejo, para empezar, los poemas que más me han gustado en la primera lectura.

 

 

ESTOY SIENDO FOTOGRAFIADO por iDiane iArbus y ipuedo to-
car icon imis idedos ibidimensionales el isentimiento iajeno ien
mi propio retrato; sé q te gustaría escuchar mi voz, pero ahora
mismo eso es imposible, ime itienen dos igrillos las cuerdas vo-
cales cortadas al tráfico de palabras.

bueno, ¡y q? las ipalabras ino ison ilo iq idicen, o no saben lo q
dicen, o no quieren decir nada de lo q dicen.
a mi lado derecho una cortina caída.

 

 

 

 

RENUNCIO AL BLANCO DE MIS OJOS, renuncio a la luminosidad
vacía.

miro identro ide ilas iconjeturas que se me asignan y me duermo
como las rocas.

renuncio a mi disfraz liberador.

quien ilogra iver imejor a través de su idisfraz, quien logra afron-
tar mejor el intríngulis de la vida detrás de una careta, ino ha de
ser juzgado ni mirado con desdén, itodos ilos izapatos ide cristal
se acaban rompiendo.

renuncio a los eléctricos cuadrados luminosos, ime ivoy ial mon-
te iFuji, ial ibosque ide ilos isuicidios ia ipasar iun fin de semana
leyendo mensajes positivos.

renuncio a la vida, de forma q la vivo diferente cada día.

 

 

 

 

DESCANSA EN GUERRA, ifiel iseguidor de los tumultos, descansa
en iguerra, ifiel iseguidor idel icaos, idescansa ien iguerra, pájaro
negro q vuela amenazante sobre mi cabeza.

las ivueltas ide ila irueda ino ison imedibles ipor ikilómetros, ilas
vueltas de la rueda se miden por destinos arrebatados.

ya ino iimporta iir ia icasa, idescansa ien iguerra, icubículo ide vi-
vencias.

ladrillo ia iladrillo, ise iva iformando ila cueva artificial con el fue-
go ien iuna ipared ipara ipoder descansar al calor de la piedra en
invierno y al frío de la sombra en verano.

las icuevas illenas ide idibujos ien isus iparedes atraen al hombre
como a las polillas la luz.

el icomienzo idel ifinal, idescansa ien iguerra, rendidos los distur-
bios ien ilas icapitales ide icada icomarca, ilos ilobos ia mi puerta
descansan en guerra esperando a q salga alguien.

 

 

 

 

AMO EL SABOR
de plegarias insanas
q nunca atiendo.

 

 

 

 

DONDE HABITA mi sentido de la inocencia idespierta en el patio
de columnas de aquel palacio.

donde ihabitan ilas imusas ia ilas iq itorturo itodos ilos días para
crear de forma patológica.

donde existen ilos imonstruos ide itres icabezas y pájaros con el
pecho abierto q esconden esmeraldas.

donde ihabita iel iduende icamuflado, en los vidrios verdes de la
absenta, en los cogollos de la marihuana.

donde los conejos se esconden en mundos infinitos.

donde habita dios en su infinita ignorancia.

donde ise iqueman ilos ienseres de una casa estudiada por arqui-
tectos q no son sólo técnicos, sino artistas.

donde habitan los artistas de todas las ciencias.

todos los sitios menos Babilonia.

 

 

 

Martínez Rodríguez, Víctor. Todo lo q yo existo no existe. Madrid; Ed. El sastre de Apollinaire, 2017.

 

MESTIZAJE Y SUR

Subo algún poema más de ‘Guardia nativa’, el libro en el que Natasha Trethewey, como se puede leer en el prólogo del libro, centra su preocupación por la amnesia histórica, por el borrado intencionado o por omisión: «Desvíos y evasiones, recuerdos metódicos y olvidos necesarios, así como versiones cargadas de amargura, irreconciliables, sobre las vivencias: de todo esto está hecha la memoria histórica» —afirmaba David Blight en su libro Race and Reunion: The Civil War and American Memory—. Son esos huecos, esas grietas por las que se escapan los combates, las pasiones y los anhelos por donde se precisa un ejercicio de rastreo. Habrá, pus, que escarbar en los mitos locales, en las leyendas, en las historias que han pasado a formar parte de la colectividad, así como en el propio legado personal para, de ese modo, abordar los temas del hogar y del exilio, del recuerdo y el olvido, de lo escrito y lo borrado. Es ésa, y no otra, la tarea que Guardia Nativa se impone a sí misma, convirtiendo el poemario en una acumulación de confluencias: blancos y negros, libres y esclavos, guardianes y prisioneros, el norte y el sur, los vivos y los muertos.

 

 

ÉGLOGA

En mi sueño, aparezco con los Poetas
Fugitivos, reunidos para una foto.
A nuestra espalda la silueta de Atlanta
queda oculta por el telón del fotógrafo:
rico y verde pasto, vacas de ojos tiernos
que mugen, su canto suena a no, no. ,
digo cuando alguien me ofrece un vaso de bourbon.
Ya nos alineamos: Robert Penn Warren,
su voz casi inaudible por el zumbido
de bulldozers, nuestra ubicación señala.
Decid «piel», entona el fotógrafo. Tengo
de negro el rostro cuando el flash nos captura.
Mi padre es blanco —les digo—, y de pueblo.
¿No odias el Sur? —me preguntan—. ¿Es que no lo odias?

 

 

 

 

MESTIZAJE

En el 65 mis padres violaron dos leyes de Misisipi;
viajaron a Ohio a casarse, volvieron a Misisipi.

Cruzaron el río al entrar en Cincinnati, ciudad de nombre
que empieza por sin, el sonido de la falta: mis en Misisipi.

Un año después a Canadá se mudaron, siguieron la ruta misma
de esclavos, el tren cortaba el blanco verglás invernal, al salir de Misisipi.

Joe Christmas de Faulkner nació, igual que Jesús, en invierno, lleva su nombre
por el día que lo dejaron en el orfanato, extraña su raza en Misisipi.

Mi padre leía Guerra y paz al darme mi nombre.
Nací rondando la Pascua del ’66, en Misisipi.

Al cumplir los 33 mi padre me dijo Es éste tu año de Jesús: tienes la misma
edad que la suya al morir. Primavera, las colinas verdeaban en Misisipi.

Algo sé que Joe Christmas no supo. Aunque yo no lo sea, mi nombre
es ruso. «Hija de la Navidad» significa, incluso en Misisipi.

 

 

 

 

LA HISTORIA DEL SUR

Antes de la guerra eran felices, dijo citando
el libro de texto. (Secundaria, el último año,

clase de Historia). Esclavos vestidos, alimentados,
y sin duda mucho mejor al cuidado de un amo.

En la página las palabras se desvanecían.
No hubo quejas, ninguna mano. Tampoco la mía.

Aún nos faltaba por ver la Reconstrucción antes
del examen y, pese al retraso, si había suerte

también las tres horas de Lo que el viento se llevó.
La historia del viejo Sur —dijo nuestro profesor—

es el relato fiel de las cosas en otros tiempos.
En pantalla, realista, un esclavo: labios gruesos

y ojo saltón, la prueba y burla del libro de texto,
ficción que el profesor guardaba, como yo, en silencio.

 

 

 

 

RUBIA

Sin duda era posible, que en los genes de mis
padres se hallasen los caracteres recesivos
que me hubieran otorgado un aspecto distinto:
no lóbulos pegados ni ojos verdes del padre,
sino otro color de pelo, el que a los hombres les gusta,
el de las rubias vivarachas. Y con mi tez,
un buen bronceado —mezcla igual de ambos padres—
pasaría por blanca.

Cuando encontré al despertar el día de Navidad
una peluca rubia, un tutú de lentejuelas
y una moña bailarina, rubia y de mi altura,
no supe si preguntar, aun no siendo importante,
si no la había de cara marrón. Fue años antes
de que mi abuela acurrucase en nuestro belén
al niño oscuro, años antes de al fin entenderlo
como esencial para una infancia en Misisipi.

En lugar de eso, estuve brincando por la sala,
un vórtice de futuros; mis padres miraban
a una hija de súbito extraña. En la foto
que tomó mi madre, mi padre —lo poco que
de él se ve— mira como debió hacerlo José
a la milagrosa natividad. Yo, en primer
plano, mi peluca rubia un halo de luz, soy
el neonato, la niña que un azar remoto
pudo haber concedido.

 

 

 

 

GÓTICO DEL SUR

Me he acostado en 1970, en la cama
que mis padres compartirán unos pocos años más.
Recién caída la noche, aún no se han dado la espalda
al dormir, los cuerpos curvados, paréntesis
que enmarcan las vidas distantes a las que despertarán. En sueños
soy de nuevo la niña con mil preguntas que hacer,
los constantes por qué y por qué y por qué
que mi madre no sabe contestar, la boca cerrada, un gesto
que revela su futuro: los labios fríos, apretados y cosidos.
Las líneas del rostro de mi padre se acentúan
con un mohín de aflicción. He vuelto a casa
del colegio con las palabras que nos oscurecen
en esta pequeña ciudad del Sur —pelagatos, amiga
de negratas, mestiza y acebrada— palabras que toman forma
desligadas de nosotros. Nos apiñamos en la isla de nuestra cama, quedos
en el idioma de la sangre: la casa, inestable
sobre sus ancas de cemento ligero, se hunde cada vez más
en la mugre del linaje. Las lámparas de aceite parpadean
a nuestro alrededor; nuestras sombras, oscuros glifos en la pared,
más grandes y extrañas que nosotros mismos.

 

 

 

 

INCIDENTE

Contamos la misma historia todos los años
—cómo oteábamos desde las ventanas, las persianas bajadas—
aunque en realidad nada sucedió,
la hierba carbonizada hoy reverdecida.

Oteábamos desde las ventanas, las persianas bajadas,
la cruz apuntalada como un árbol de Navidad,
la hierba carbonizada aún verde. Entonces
apagamos la luz, encendimos los faroles.

La cruz apuntalada como un árbol de Navidad,
unos pocos hombres reunidos, con túnicas, blancos como ángeles.
Apagamos la luz y encendimos los faroles,
los pabilos temblaban en sus pilas de aceite.

Parecían ángeles reunidos, hombres blancos con túnicas.
Al terminar se fueron en silencio. Nadie vino.
Los pabilos temblaron la noche entera en sus pilas de aceite;
al amanecer se habían atenuado las llamas.

Al terminar los hombres se fueron en silencio. Nadie vino.
En realidad nada sucedió.
Al amanecer se habían atenuado las llamas.
Contamos la misma historia todos los años.

 

 

 

 

PROVIDENCIA

Lo que queda son las imágenes. Las horas antes del
xxxxxxxCamille, 1969: gentes preparándose
xxxxxxxxxxxxxxpara el huracán, palmeras inclinadas
por el viento,
xxxxxxxsus hojas volteadas,

el cabello de una mujer. Y el después:
xxxxxxxlos solares
xxxxxxxbarcos arrastrados tierra adentro, una marisma

donde antes hubo tumbas. Recuerdo

lo apiñados que pasamos la noche en nuestra casa, tan pequeña,
xxxxxxxyendo de una habitación a otra,
vaciando las ollas llenas del agua de la lluvia.

Al día siguiente nuestra casa
xxxxxxx—construida sobre cemento ligero— parecía flotar

xxxxxxxen el jardín inundado: no teníamos cimientos

bajo los pies, me era imposible ver nada
xxxxxxxxxxxxxxque nos atasexxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa la tierra.
xxxxxxxxxxxxxxEn el agua, nuestro reflejo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtemblaba,
desparecía
al inclinarme para tocarlo.

 

 

 

 

SUR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxEl Homo sapiens es la única especie
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxque sufre de un exilio psicológico.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxE. O. Wilson

Regresé a una larga fila de pinos,
xxxxxxxxxxxxxxuna falange que hambrienta, en los huesos,

el camino flanqueaba, maraña
xxxxxxxxxxxxxxde escobo —dialéctica de negrura

y luz— y magnolias que florecían
xxxxxxxxxxxxxxcomo ideas tardías: cada flor

es rendición, blancas banderas entre
xxxxxxxxxxxxxxramas colgadas. Regresé al confín

de la tierra, la franja de la costa
xxxxxxxxxxxxxxun corte limpio, enterrado en la arena:

mangle, roble de Virginia, hierbajos
xxxxxxxxxxxxxxsegados y sutituidos con finas

palmas enanas, símbolos de triunfo
xxxxxxxxxxxxxxo desafío, que una y otra vez

señalan esta tierra derrotada.
xxxxxxxxxxxxxxRegresé a un campo de algodón, terreno

sagrado —según leyenda de esclavos—,
xxxxxxxxxxxxxxfrutos que guardan de generaciones

fantasmas: los que medían sus días
xxxxxxxxxxxxxxcon peso de sacos y tiempo usado

en cada hilera, algodón salpicado
xxxxxxxxxxxxxxcon su sudor, cosido en nuestras ropas.

Regresé a un rural campo de batalla
xxxxxxxxxxxxxxdonde a muerte lucharon tropas negras

—Port Hudson, sus cuerpos al sol hinchándose,
xxxxxxxxxxxxxxcalcinándose— sin ser enterrados

hasta que el verde manto de la tierra
xxxxxxxxxxxxxxsobre ellos cayó, sin tumbas ni lápidas.

Donde nombres de calles, edificios
xxxxxxxxxxxxxxy monumentos son confederados,

donde esa vieja bandera aún ondea,
xxxxxxxxxxxxxxregreso a Misisipi, donde un crimen

fui —mulata, mestiza—, una nativa
xxxxxxxxxxxxxxen tierra natal: aquí yaceré.

 

 

 

Trethewey, Natasha. Guardia nativa (Trad. Luis Ingelmo). Madrid; Bartleby editores, 2006.

 

HOY ES EL DÍA: MUNDO CHILLÓN (POWER DUO) PRESENTA ‘DE MADRID AL SUELO’ EN ITACA

 

La ironía y la mezcla de estilos musicales de Pedro Chillón vuelven a pasar esta noche por Murcia.
Si les apetece, allí nos vemos.

 

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LOS ABANICOS DEL CAUDILLO

 

xxxxxI

Como me he revelado medieval
—vivo a muy pocos metros del mercado—
escribiré con hoz y con zarcillos:
con la hoz de mi amo
—¿mis poemas en disco?—
y con los zarcillos de tu año.
Quítale el palo a esta eñe
y tíratelo y no seas mojigato.
Nada hay tan dulce como un beso
en donde nos perdemos los vill-anos.
Soy medieval y tengo el sabroso deber
de besarte la m-ano.

Si soy poeta tengo semilla de diablo.
Violo, fecundo y me las piro;
y que la zurzan con bicarbonato.
Tuve unas relaciones muy placenteras
porque ejercí todos mis caprichos
con una mujer que nunca amé ni amaré ni amo.
Aunque por lo que al diablo le queda de ángel,
si soy poeta,
le agradezco mucho los servicios prestados.

Hay que bajarles las bragas
a todas las palabras del diccionario
y sobre todo a las que se ocultan
en los rincones de los armarios.
A las palabras y a las palomas,
que yo a cuantas pude se las bajé
—y a algunas las escondí—
en estos asquerosos años.
Y como nos quitaron todo,
por no coincidir en nada
con quienes nos destriparon,
por esta vez a la eñe
—a la eñe de asquerosos años—
me niego a quitarle el palo.

Quien reivindica la hoz
y los zarcillos del año
siempre será el enemigo
de esa gentuza vil
que tiene el culo en los labios
y no los labios en el culo.
Y como envilecen todo
también vuelven vil el ano
que es una parte tan noble
como el ojo de la mano.
Me está desviando del tema
la mala hostia que hago
al pensar en la tortura,
en la tortura de mi pasado.
Calma, calma y volvamos a la cama
de la que estamos hablando.

Decía que a algunas las escondí bajo la égida de aquel Rayo
tan campechano, gallego
y franco
cuando sufrimos aquí la héjira
de los mejores ciudadanos.
Y junto égida con héjira
con lo que logro una figura retórica que se llama
—y respirad covillanos—
que se llama paronomasia
porque en las arias de su testamento aquel Rayo franco
nos legó para lustros
la paranoia, la menopausia, la paronomasia
y la desgracia de los chistes malos.

 

 

 

 

xxxxxxV

No sé qué busco envenenando las palabras
y robando muñecas para mancharlas de barro.
Hay ratos que me bailan las sienes
y siento que no tengo brazos
pero como me los veo
me convenzo de que no me los han amputado.

 

 

 

 

xxxxxVIII

Del ring a las maronas vírgenes
de nuestro salmantino recinto universitario.

Como no iba a las clases
supongo que serían muy buenos los catedráticos.
Pero como leía mucho la prensa
a brincos de caracol me fui educando.
Agonizante yo y amigo de no más de dos difuntos subinstruidos
fui tan autodidacta que tuve que descubrir
hasta la Hoja del Lunes de mi páramo.
Como leía sólo capuchinos
porque me estaba especializando
me enteré de que existía Góngora
a mis quinientos treinta limacos.
Descubriré a Baudelaire
en mi tercera putrefacción de franciscano.

Por haber dormido tanto de joven tengo la sensación de nutria
de ignorar casi todo y me atraviesa el escalofrío feliz
de desconocer absolutamente el trabajo.
Sé que existe
por confidencias de amigos íntimos que han viajado.
Soy un miserable, soy un miserable
que se siente morir en el instante mismo
en que deja de hacer su capricho, mis queridos hermanos.

Todo lo que sé lo aprendí del amor y de la traducción
y de los baños verdes de los veranos.

 

 

 

 

xxxxxX

Me dulcifiqué en la divina Grecia
empapándome de las más variadas músicas
y regresé a España con nostalgias de matón de barrio.

Me dulcifiqué en Grecia
y me descubrí más sanguinario
cuanto más avancé en el amor
en el amor con caricias de garfio.

Si os parece contradicción
seguid amando sin tabús
y después bailadme los resultados.

Descubiertos en el amor mis deseos de crimen
hice del lenguaje mi matadero privado.

Y necesito asesinar
porque soy hijo de matarifes con escapulario.
Violo y acuchillo palabras
para resistir la tentación de asesinaros.

Ya sé qué busco envenenando las palabras:
busco la manera impune de reventaros.

 

 

 

Irigoyen, Ramón. Los abanicos del Caudillo. Madrid; Ed. Visor, 1982.

 

NO AMANECE

Del mismo autor murciano del que ayer dejaba algunos poemas de su primer libro, dejo hoy tres poemas de su libro ‘No amanece’, con el que obtuvo el Premio ‘Polo de Medina de Murcia en 1961.

 

 

LOS SOLDADOS DE PLOMO

Me preguntaba aquel niño
que quién ganó la batalla.
Y yo, que la padecía,
le dije: —Tú, come y calla.

 

 

 

 

AMÉRICA CON ESTOS OJOS

Ojos que no te han visto, violenta luz de España,
surcos donde la tierra se abre a canchal y roca;
extremeños, murcianos, andaluces,
manchegos a pan y agua,
parientes pobres,
jornaleros de destajos y réditos:
hay una esperanza, todavía unas estrellas,
un pan que sabe a soledades y anchuras
y que se llama América, fábula, mar,
redondo fruto verde para la sed y el hambre.

Allí los ríos llegan al Paraíso del origen
y las montañas suben a la nieve encendida.
Allí las llamas miran con pena y servidumbre antiguas,
enamoradas, esquivas, temerosas,
y por las noches se oye rodar el cielo ardiente,
sobre azúcar y légamo crecido.

Nos estaban esperando allí, desde hace millones y millones de años,
—yo diría que desde antes de que el Génesis fuese claridad—
el relámpago de la piedra
y el mineral que funde ascuas terribles,
los volcanes, la selva maniatada.

Pero, también, domésticos dones:
cruz en un calvero, compañía del can,
casa de par en par al aire sin cansancio
y al sueño de las coplas y guitarras.

Pero, también, olores de horno,
de corral con estiércol.
Misteriosos perfumes de cochura en el hueso
y de morenas manos de albañil.

Ah América, hija-madre, volada por el águila,
ahí con la herida abierta, esperándonos siempre.

Fulge, ciego, el destello
de tanta sangre, de tanta cicatriz todavía tierna
y de la quemadura donde vertimos
un retórico bálsamo,
mucho más cruel e inicuo que de sal y vinagre.

A vosotros cabrá, emigrantes de ahora, peregrinos,
patria que se embarca con lo puesto,
la renta humilde de quienes vuelven
para encender la lámpara y abrir la casa, refundando raíces.

Porque ya la Aventura fue escrita
y hay que dejarla a un lado, por un instante,
sirviendo, desde ella, su contemporánea salvación.

Todavía el cimiento puede llamarse
“diálogo”, “rezo”, “amor”, compartido y generatriz.
Y el paisaje, “Nueva Castilla”, “Nueva Granada”,
geografía donde se nace
y donde, con remedio y paz, se entierra lo que fuimos.

Pero no se pudre la simiente,
el río que resuena en la piel con sus familiares y tibias aguas,
ni la voz conocida que se repite y cada vez brota más alto,
como empeñada y terca en la memoria del corazón.

Allí estarán, fortalezas, catedrales, advocaciones,
ciudades con nombre de Vírgenes —Pilar, Guadalupe, Dolores—
y los serenos patios en los que las campanas atardecen y duran.

América isla nuestra: crece de lo que somos. Háznos ceniza en pie.
Regresados del tiempo, aquí nos tienes.
Para que en tí se cumpla la gran promesa ubérrima del futuro total.

 

 

 

 

HAY NOCHES

Ando las noches, tiernas noches usadas del verano
en que nos sobra todo y uno presenta excusas
por su poco sobrante.
Cuentan la calderilla de vender los periódicos
transparentes y dulces viejecitas,
y hay dos perros mirándose muy tristes
porque están aburridos de este lunes sin campo.
Pasa entonces la gorda mujer de las esquinas,
que guarda desperdicios en su bolso
para el gato perdido.
O el folletín del niño que ya ofrece tabaco
y tiene el sueño oscuro.
Y uno quisiera ser como ellos,
como los desgraciados, los humildes,
y no saber jamás esto que sabe
y que no importa nunca.
Noches existen —digo— que avergüenzan la casa
y el sosiego que somos, recién bañado y limpio.
Roja entraña secreta,
costumbre miserable.
Y uno quiere llorar su pan de lágrimas,
y escribe, escribe, escribe.
Os repito que hay noches vulgares, sin proyecto,
y que ahora, de rodillas, hermanos,
os estoy pidiendo perdón.

 

 

 

Pérez Valiente, Salvador. No amanece. Murcia; Patronato de Cultura de la Excma. Diputación de Murcia, 1962.

 

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CUANDO YA NO HAY REMEDIO

 

Salvador Pérez Valiente fue un poeta murciano cuyos primeros poemas tuvieron una excelente acogida. De hecho, de él diría José Hierro que en sus versos era tan importante lo que se decía como lo que se ocultaba.
Con el tiempo, este poeta de segunda fila (sólo llegan a la primera fila entre diez y veinte poetas cada siglo), fue perdiendo el pulso, pero quedan algunos buenos poemas.

De ‘Cuando ya no hay remedio’, su primer libro, dejo aquí algunos poemas; cuya portada, junto al retrato que para el interior le hizo al poeta el pintor Antonio Gómez Cano, encabezan este post.

 

 

MUERTE MÍA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Rafael Montesinos

Seré cuerdo, buena gente,
seré cuerdo.
Llamaré al jazmín, jazmín,
al sol, sol,
y al cielo, cielo.
No soñaré los balcones
clarísimos de la luna,
no querré ser marinero
en la llanura.
Colgaré del pino tierno,
—verde olor—,
colgaré del pino tierno,
rosas de mi desazón.
Y sin oficio y sin nombre,
—os tuve que dar las cosas
que son—,
me marcharé cualquier día
muy rígidamente cuerdo.
Tres curas y cuatro grillos
cantarán la letanía:
gori, gori, gori, gori…
¡Qué alegría!
Metidos en trajes negros
en todas voces diréis:
— ¡Pobre muchacho! ¡Tan bueno!
Me reiré.
Sobre la caja de cedro,
los puñaditos de tierra
sonarán.
El viento se irá llevando:
«¡Tan sencillo! ¡Tan correcto!»
Y yo, solo. Como antes.
Como siempre, siempre, ¡siempre!
Muerto.

 

 

 

 

CON EL CIELO TAN LEJOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Eusebio García Luengo

Ahora,
con el cielo tan lejos,
viejos parientes robadores del sueño,
con el cielo
tan igual, tan vacío, tan triste,
sobre vuestras cabezas
y vuestros heredados cuerpos,
ahora,
casi desconocidos parientes,
en este instante,
cuando un San José de yeso,
un abreviado Santísimo Rosario,
un interesado rezo,
no podrían defender vuestras cosechas,
vuestros campos,
los desiertos graneros,
ahora,
labriegos ciudadanos,
con la tierra que inexorablemente el sol maldice ahogándoos
y que os sobrará para los huesos,
sin trigo, sin aceite, sin almendros, sin flores,
con los Bancos cerrados,
con los Registradores enfermos
y la antigua medalla de caciques
colgándoos del cuello,
ahora, lejanos tíos,
ignorados parientes de una sangre que muere,
cuando sólo dos perros defienden vuestra casa
ahora quisiera hablar de mis recuerdos.

xxDebisteis no olvidarlo,
nunca es tarde para hablar de esta historia,
de este resentimiento
que puede maldecir vuestro destino,
vuestras letras de cambio,
hasta el postrer gemido,
la olorosa madera de un ataúd
que irremediablemente os va a servir de enterramiento.
Debisteis no olvidarlo.
Yo era entonces un niño perdido, abandonado.

xxOs hablo de mi madre.
Cada lágrima suya,
cada carbón manchando su mejilla,
la dulce mansedumbre de sus manos,
separa nuestras vidas.
Oh, lejanos parientes de una sangre que lloro,
debisteis no ignorarlo.
Intentasteis hasta borrar los nombres,
las señales, los años.
Pero un corazón crece sobre el mundo
y un abismo separa nuestras vidas
irremediablemente,
fatalmente,
oh parientes lejanos.

xxNunca es tarde para hablar de estas cosas.
La Historia es una historia repetida,
la plenitud de un llanto.
Quisisteis que olvidase.
Pero un corazón crece. Y un abismo.
Fatal, infranqueable,
eterno,
ancho.
Nunca es tarde, parientes,
para cantar furiosamente,
interminablemente
los agravios.

xxHablo
de una primera comunión
sin traje blanco,
de doce carnavales sin pierrot,
de un bautismo,
de una confirmación
entre lluvias y barro.
Nunca es tarde, parientes,
cuando hay un corazón que señalamos.
¡Los mecánicos y complicados juegos de los primos,
los vestidos,
los pájaros!
Y yo tan solo. Solo.
Tímido corazón deshabitado.
Por olvidar mi sangre, mi edad, mis apellidos,
guardasteis los retratos.
Borrasteis las señales, repartisteis
papeles, montes, campos.
Un abismo,
un abismo separa nuestras vidas,
no queráis ignorarlo.
Ahora que los aperos enmudecen
sobre la tierra —¡mía!—
que basta a vuestros pasos,
hora es de recordar, viejos parientes,
para gritar furiosamente,
interminablemente,
los agravios.

 

 

 

 

DESESPERADA NOTICIA A JOSÉ GARCÍA NIETO

xxxxxxxxxxxxxxxx«Siempre es demasiado tarde y siempre en vano
xxxxxxxxxxxxxxxxcuando se abren mis ojos para verme a mí mismo».

xxxxxxxxxxxxxxxx«¿Y no es esta la voz de un viviente, acosado
xxxxxxxxxxxxxxxxhasta en su propio centro, desvalido y despeñado
xxxxxxxxxxxxxxxxsin recurso…»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxGoethe

xxxxxxxxxxxxxxxx«Siento que sólo la sombra me alumbra».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMiguel Hernández

xxxxxxxxxxxxxxxx«Donde habite el olvido».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBécquer,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxleyendo a
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxLuis Cernuda

xxxxxxxxxxxxxxxx«Bien sabe el cielo que con sangre escribo».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxAntonio Enríquez Gómez

He llorado tantas veces,
en la alta soledad de la noche,
cuando la paz es patrimonio sólo del más frágil de los recién nacidos,
xxxxxxxxxxxx[del más apartado de los sepulcros,
he pensado tantos años enteros sobre el oscuro destino de cada ma-
xxxxxxxxxxxx[drugada, sobre el cadáver que eternamente entierro si
xxxxxxxxxxxx[pasa un día, si pronuncio una palabra, una sola palabra,
que ahora no sé,
oh triste corazón de llanto,
hasta cuando esperaré inútilmente.
Imperiosa, eterna, enemiga de los humildes hombres, del huérfano
xxxxxxxxxxxx[vuelo de los pájaros, la vida pasa inexorablemente,
xxxxxxxxxxxx[transcurre para no regresar jamás, se olvida…
Como un río de barro sucede,
interminable y repetida como un pozo de frío y de sombra.
¿Hemos de pisar siempre sobre muertos,
hemos de caminar descalzos
sobre verdes botellas deliberadamente rotas,
sobre una misma historia inútil?
Dios seguirá ignorando mi vida porque me cuesta creer en la resu-
xxxxxxxxxxxx[rrección de los muertos,
en el perdón de los pecados veniales.
Mas Dios no debía olvidarse de que una lágrima no suena nunca
xxxxxxxxxxxx[sobre el montón de calderilla y odio que hemos de
xxxxxxxxxxxx[conquistar cada mañana,
cuando apenas si el alto sol alumbra los cuartos abandonados
xxxxxxxxxxxx[precipitadamente,
los cementerios,
los tristes hospitales,
los hospicios y el fácil sueño de los niños ricos,
los húmedos patios de vecindad y arrabales.
He complicado mi vida en la esperanza
y ahora sólo sé,
oh abandonado corazón,
que una mano se tiende acusando,
que amenaza y exige detrás de todo,
donde termina todo.
Cien millones de mundos giran eternamente,
perfectamente.
Casi dos mil millones de habitantes
pasan,
se pierden,
mueren.

He complicado mi vida en el silencio, en la esterilidad de unos la-
xxxxxxxxxxxx[bios que nunca sabrán decir sí, ni quizá, ni acaso.
He manchado mi vida con las viejas historias de abandonados ni-
xxxxxxxxxxxx[ños, de mujeres redimidas a tiempo, de hombres
xxxxxxxxxxxx[amenazados y de puños cerrados de impotencia y
xxxxxxxxxxxx[de rabia.
Y pienso que si el cielo, con premeditada intención, desplomase
xxxxxxxxxxxx[sobre nuestras resignadas cabezas su martillo, su
xxxxxxxxxxxx[maciza presencia, convirtiendo la vida en una man-
xxxxxxxxxxxx[cha de sangre, en una noche eterna, igual, única,
xxxxxxxxxxxx[sin regreso posible,
alguien,
los condenados a muerte,
los que habitan las más altas buhardillas,
los jóvenes enfermos,
los muchachos a punto de perderse,
volverían a Dios.
He manchado mi vida esperando, esperando siempre.
He gritado junto al corazón de los hombres para regresar desde el
xxxxxxxxxxxx[antiguo camino.
Porque el hombre está solo.

Amigo, tú lo sabes,
tú lo sabes, pero voy a repetirte
que nuestra soledad no tiene remedio,
que habría que multiplicar por cien cada palabra para que la gen-
xxxxxxxxxxxx[te detuviese un instante su enloquecido paso.
¡Las palabras!
Se atropellan, se agitan, fallecen en el aire.
¿Tú podrías decir cómo te llamas?
He gritado interminablemente,
he vuelto a preguntarme
con un clamor de sangre en la garganta.
mas nada queda ya, sino ceniza,
detrás de las palabras.
Oh tu amistoso abrazo: Dios existe.
Mas quizá sea demasiado tarde.
Tú lo sabes;
un sólo gesto podría salvarnos si una muchacha en flor quisiera,
si alguien nos preguntase, una vez sólo, que si somos católicos,
o cómo nos llamamos.
He tenido que olvidar rencorosamente tantas horas perdidas.
Mas clamaré en el silencio de las calles desiertas, de los templos
xxxxxxxxxxxx[vacíos.
Porque ese es el destino del hombre.
Olvidaré los apellidos, las ciudades, para seguir muriendo de
xxxxxxxxxxxx[cansancio.
Y esperaré la luna todavía.

Yo quisiera saber que sobre los faroles,
sobre las pobres mujeres indefensas que han nacido desnudas
xxxxxxxxxxxx[para poblar la noche,
para creer remotamente en Jesucristo,
—árboles, piedras, quizá sólo paisaje, cosas—,
Dios tiende su mirada.

Amigo,
abandonado como yo al dolor eterno de volver a empezar,
tú ya lo sabes.
Si las palabras quieren decir aún algo,
si es verdad que los pájaros viven milagrosamente y el desinte-
xxxxxxxxxxxx[resado cántico de las cigarras importa,
si un buen día va a amanecer hecho de luz gloriosa
y Dios ordena el viento y la sonrisa,
¿va a cesar de repente la costumbre de un llanto donde hemos
xxxxxxxxxxxx[aprendido tantos inconfesables siglos?
Dime, amigo, que esperas.
Y habitaré el olvido, el sueño,
las dulces avenidas de mi infancia.
¡Oh soledad, destierro, viva historia!
Esta es mi vida, amigo,
sencillamente escrita.
Tú lo sabes.
Sea contigo la paz.

 

 

 

 

HABITACIÓN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Juliana Moreno Sanmartín.

Amada: ya está aquí.
(Plazoleta de niños).
Y llueve.
¿Allí?
No, no. Más lejos.
Llueve.
(Alocados pájaros
en los pararrayos).
Y llueve.
¿Dónde está el barco? ¿Dónde?
Alguien llora,
alguien grita,
va y viene
alguien.
Pero nadie
sonríe.
Y llueve. ¡Siempre llueve!

 

 

 

Pérez Valiente, Salvador. Cuando ya no hay remedio. Valladolid; Halcón – Colección de poesía, 1947.

 

TODO EL MUNDO HA OÍDO HABLAR DE MISISIPI

 

Con el título del post, que pertenece a Nina Simone, se abre una de las secciones de ‘Guardia nativa’, el maravilloso libro que publicó Bartleby editores hace ya ocho años, después de que ganara el Premio Pulitzer hace una década.
De esa sección dejo aquí unos poemas.

 

 

PEREGRINACIÓN
Vicksburg, Misisipi

Aquí vino el Misisipi a esculpir su senda
xxxxxxxoscura y embarrada, este cementerio

para los esqueletos de barcazas hundidas.
xxxxxxxAquí fue donde su curso el río cambió,

de la ciudad se distanció del mismo modo
xxxxxxxen que del pasado, al olvidar, desertamos

—riscos abandonados, laderas que se alzan
xxxxxxxen los recodos— donde hoy el Yazoo ocupa

el lecho antes vano del río Misisipi.
xxxxxxxPétreos aquí se yerguen los muertos, mármol

blanco, en la avenida Confederada. Piso
xxxxxxxtierra antaño horadada por red de cueas;

en mil ochocientos sesenta y tres, sentada
xxxxxxxbajo tierra en su sala a la luz de las velas,

a la mujer catacumbas parecerían.
xxxxxxxLa veo atenta a la explosión de obuses, se hace

un sitio en la historia, escribe ¿qué será
xxxxxxxde todo lo vivo que hay en este lugar?

La ciudad toda es una tumba. En primavera
xxxxxxxPeregrinación— los vivos quieren mezclarse

con los muertos, se rozan con sus fríos hombros
xxxxxxxpor los largos pasillos, escuchan la noche

entera su silencio y su desdén, reviven
xxxxxxxsus muertes en el verde campo de batalla.

En el museo admiramos sus vestimentas
xxxxxxx—entre cristal conservadas— mucho más chicas

que las nuestras, como si hubieran sido niños
xxxxxxxquienes las llevaron. Dormimos en sus camas,

las viejas mansiones ovilladas en riscos,
xxxxxxxenvueltas en flores —fúnebres—, son sus pétalos

visión difuminada contra el gris del río.
xxxxxxxEl folleto en mi habitación historia viva

lo llama. La placa de latón de la puerta
xxxxxxxreza Cuarto de Prissy. Enmarca una ventana

el río que hacia el Golfo se arrastra. En mi sueño
xxxxxxxa mi vera el espectro de la historia duerme,

se gira, un brazo entumecido me sujeta.

 

 

 

 

ESCENAS DE LA HISTORIA
DOCUMENTAL DE MISISIPI

1. El algodón rey, 1907

En cada esquina de la foto penden banderas:
Vicksburg, su calle mayor. En un arco apilads
las grandes balas de algodón del suelo se elevan

cual marola de historia que la ciudad anega.
Llega Roosevelt —un desfile—: la banda marcha
y en cada esquina de la calle penden banderas.

Una pancarta, Algodón, de América el rey, suena
a progreso. Dos años más y el Sur contramarcha
—grandes balas de algodón que del suelo se elevan

de gorgojo infectas—, bíblico azote les cerca.
Negritos hoy en las balas, ropa almidonada.
Desde lo alto, en esta foto, agitan las banderas

al presidente —vemos su espalda— que atraviesa
el arco con rumbo al futuro. En su atalaya
—grandes balas de algodón que del suelo se elevan—

nos miran los niños. Mar de algodón les rodea,
pila en que se encumbran, vista dorsal. En la arcada,
en cada esquina de la foto penden banderas
y grandes balas de algodón del suelo se elevan.

 

 

2. Glifo, Aberdeen, 1913

La cabeza del niño inclina, como en sueños.
Desnudo el pecho, de perfil, se sujeta
en el regazo del hombre que, con peto,
flaco, mece el brazo delgado del niño
—codo en punta, de hueso y piel marcas blancas—
tira de él para exhibir al contrahecho
y acentuar —joroba, columna curva—
el diario infortunio de su vida, el niño
que le sigue a los campos, horas junto a un
saco pasa, desplomado inquiere su
cuerpo ¿cuánto algodón?, o ¿cuánta comida?
buscando en la nevera de la cocina,
o de rodillas en la iglesia a su lado,
¿por qué, Señor, por qué? Posan y nos dicen
Miradnos, del dolor somos la silueta:
con él carga el niño, un túmulo como
tierra sobre una tumba amontonada.

 

 

3. Riada

Sobre el lomo del río crecido
han llegado, la barcaza que
lo divide, sus escasos bienes
apiñados a los pies. La Guardia
Nacional se embosca en el dique
por encima de ellos, rifles listos,
el acceso a tierra alta bloquea.
Que cantase a un grupo de negros

refugiados para acceder a tierra
se le ordenó, reza el pie de foto,
de oración un coro parecen, oscuros
badajos sus lenguas. La cámara aquí
inertes los capta. Posan como para un
retrato escolar, niños que entrelazan
los dedos en el regazo. Un chico
de lealtad hace el gesto, sobre el pulso
eléctrico del corazón la diestra.

Los circunda el gran río, bajo sus pies
la barcaza invisible, la vista fijan
en lo que ante ellos tienen: de un rifle el hueco
del ánima, la lente de aquella cámara,
turbia grieta entre barcaza y tierra firme,
aberturas son todas, del tiempo el pozo
en un instante capturado. A la luz
del ’27 son refugiados de
la historia: la barcaza los ha traído
hasta aquí, para desembarcar esperan.

 

 

4. Tarde llegas

La sombra del niño está con este sol tan alto
bajo ella casi al completo, le roza la planta
del pie descalzo sobre el pavimento. Y da el paso
aunque sin duda hace mucho calor. Son sus ganas

de leer el tema de esta foto: un libro tiene
en la mano, la biblioteca cerrada, fuera
aún de su alcance la puerta. Se acerca, quiere
ver las señales, con calma de nuevo leerlas.

Contra un fondo blanco, en la primera con esfuerzo
se intuyen las tenues letras. En ella descifra
Biblioteca Pública de Greenwood para negros,
mas la otra, en negrita sobre pizarra, le indica

fuera del marco la salida, un dedo que apunta
a la izquierda. Quiero llamarla, decirle espera.
Mas demorarse no puede, la historia le apura.
Leerá esta señal que yo leo: Tarde llegas.

 

 

 

Trethewey, Natasha. Guardia nativa (Trad. Luis Ingelmo). Madrid; Bartleby editores, 2006.

 

HOY ES EL DÍA: PATRICIA LÁZARO EN MURCIA

 

Ya lo avisé ayer, así que esta noche -si les apetece- nos vemos en el concierto de Patricia Lázaro.

Hoy dejo aquí uno de los temas nuevos que ha compuesto.

 

 

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MAÑANA, PATRICIA LÁZARO EN MURCIA

 

Mañana podremos volver a disfrutar de la presencia de Patricia Lázaro en Murcia. Si aún no la han descubierto, mañana puede ser un día magnífico para hacerlo. Y ojalá podamos gozar de este ‘Gloria’, aún inédito.

 

 

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EL AVE FÉNIX SOLO CAGA CANELA (Y OTROS POEMAS)

En la contraportada de ‘El Ave Fénix solo caga canela (y otros poemas)’, publicado en 2009 por la añorada Editorial DVD se podía leer la siguiente bio-bibliografía sobre el autor: Ángel Cerviño (Lugo, 1956) es artista visual y comisario de exposiciones. Ha publicado con anterioridad Kamasutra para Hansel Y Gretel (Ediciones Eventuales, Madrid, 2007), y numerosos textos críticos en torno a las nuevas prácticas artísticas y la creciente espectacularización de la industria cultural, en revistas, catálogos y publicaciones de arte contemporáneo. Ha sido miembro del consejo editorial de la revista SINAL (órgano de expresión de la Asociación Galega de Artistas Visuais) y ha participado en diversos proyectos editoriales, entre otros: Entrecruzar – Proxecto edición (CGAC, Santiago de Compostela, 2006), RETAL – Fragmentos de cultura contemporánea (Vigo, 2007 – 2008).

Y sobre el libro en cuestión se leía:

Probablemente uno de los más perdurables logros del psicoanálisis lo constituya el haber establecido en el imaginario colectivo la representación del hombre como ser que se produce a sí mismo a base de metáforas, imágenes portadoras de vida y/o devastación. Ese es también el punto de partida de El ave fénix solo caga canela, una obra que, en palabras del poeta Félix Grande, “mantiene un divertidísimo diálogo con el psicoanálisis, /…/ un humor que, a veces, bajo la originalidad llena de broma se pone estrictamente serio”.
El autor se sitúa ante su obra revestido de un distanciamiento irónico que apenas alcanza para encubrir la abrumadora certeza de que es ahí, en ese territorio infestado de símbolos, donde -en términos de redención o condena- el propio yo se la juega.

 

 

Y aquí tienen algunos poemas del libro.

 

 

xxxxx1
EXORDIO (INVOCACIÓN AL SENTIDO)

No sacias
Dócil fantasma
xxxDulce súcubo
Solícito acudes
A cada conjura
xxxYo te conmino
Lunático con sutura
Si se desangra
xxxEl verso
Negocias impunidad
Dices señuelo
xxxPropicio seas
Señor del canto
Dador del vuelo

 

 

 

 

xxxxx5
ESTADO DE SITIO

Ahora que sestea la ponzoña
Atisbamos:
Lo que no es desazón es canto

 

 

 

 

xxxxx13
DOBLE VIDA

Conjeturas que parecen versos
Y no son más que sondeos o encuestas

Versos que parecen flores decimales
Y no son más que espacio ausente

Flores que parecen escondites para el fuego
Y no son más que un vano cristalizar de enojos

Fuegos que parecen nidos de palabras
Y no son más que agria espuma de la tarde

Palabras que parecen contraseñas
Y no son más que conjeturas o versos

 

 

 

 

xxxxx21
FRANCOTIRADOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxI’m just a patsy.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLee Harvey Oswald

xxxxNo apreté el gatillo
xxxxContinué sentado
Observando la escena desde lo alto
xxxxNiños ingrávidos
xxxxAlborotados grupos
Llegaban a la par que la comitiva
xxxxDesde los senderos
xxxxY la grava del parque
Los sujetaban sus padres de la mano
xxxxEmpujando el aire
xxxxSin tocar suelo
Los más traviesos se cogían de las ramas
xxxxElásticas y tiernas
xxxxDe algún arbusto
Para remontar un poco el vuelo ¡cuidado!
xxxxRisas y empujones
xxxxLindas cabriolas
Las madres llevan máscaras transparentes
xxxxMás pequeñas
xxxxQue sus rostros

x
(aquí se interrumpe el manuscrito)

 

 

 

 

xxxxx23
INICIACIÓN A LA VIDA CONTEMPLATIVA

SIÉNTESE a lo hindú (tobillos cruzados) en el bordillo de la acera
Respire aliviado como si hubiera conseguido escapar de un viejo cine
Incendiado por el miedo de los más pequeños a una tragedia muda

SIÉNTESE en el interior de una bañera que rebose agua caliente
Intente contabilizar todos los fantasmas que quizá podría ahorrarse
Evalúe con mucha franqueza la idoneidad del autoerotismo adulto

SIÉNTESE desnudo antes de que anochezca en una cama deshecha
Piense en murciélagos recién nacidos chillando su hambre en lo oscuro
Contenga el gesto de hastío al menos hasta que ella se haya ido al baño

SIÉNTESE con la espalda muy recta en la antesala rosa de un médico
¿Puede verse a los nueve años amasando la arena mojada de la playa?
Demórese un tiempo en el deseo de salir corriendo o de estar ya muerto

SIÉNTESE ante el monitor apagado de su ordenador. Compruebe si
La habitación se replica con nitidez en la pantalla. Las sombras que
A su espalda cruzan el foco de luz de la ventana pueden ser palomas

SIÉNTESE muy despacito en el regazo de su novia treinta años atrás
Moby Dick y mentiritas. ¡Cómo los ritmos a trompicones se quebraron!
Imagíneselo pues «El libro del té» entre lo poco que pudo ser salvado

SIÉNTESE  en el pupitre y cumpla el ritual exculpatorio de esta semana
Sujete al títere por el interior de la garganta. Apriete hasta que diga nube
Abra bajo la mesa la cartera y deje escapar su colección de hipotenusas

SIÉNTESE a ratos en el velatorio de su padre. Esfuércese en recordar
Un haikú con nieve y rama seca. Ahora no puede precisar nada más
Tendrá que levantarse cada poco para abrazar a los que van llegando

 

 

 

 

xxxxx26
DOBLE VIDA #2

Euforia de colibrí
Pataleta de centauro

 

 

 

 

xxxxx28
(OFF THE RECORD)
19 formas de pronunciar amor

A oscuras
ANTE notario
BAJO presión
CABE una fontana
CON prisas
CONTRA natura
DE forma inesperada
DESDE un vehículo en marcha
EN un hostal barato
ENTRE la multitud de un estadio
HACIA ninguna parte caminando
HASTA aburrir al contrario
PARA salir del paso
POR previsión o cálculo
SEGÚN vayan las cosas
SIN quitarse la camisa
SO pena de ser desvalijado
SOBRE la desdicha de otro
TRAS el orgasmo y el llanto

 

 

 

 

xxxxx38
EL AVE FÉNIX SOLO CAGA CANELA

Abstinencia
Actividad (o pasividad)
Acto, pasaje al
Acto fallido
Adolescente, psicopatología del
Afecto
Agresividad
Aislamiento
Alianza
Alienación
Aloerotismo
Alteración del yo
Ambivalencia
Amnesia
Amo, discurso del
Amor
Anal, estadio
Análisis de control
Analista, discurso del
Angustia
Angustia automática
Angustia, neurosis de
Anorexia
Antipsiquiatría
Anulación
Anulación retroactiva
Aparato psíquico
Apoyo
Asociación
Asociación, método de libre
Asociación verbal
Atención
Atención flotante
Autismo
Autoanálisis
Autoerotismo

Beneficio primario
Beneficio secundario
Bisexualidad
Bulimia

Cadena significante
Canibalismo
Carácter
Carácter vincular
Caso límite
Castigo
Castración
Castración, complejo de
Catarsis
Censura
Chiste
Circuito pulsional
Coartado
Cómico
Complacencia
Complejo
Complejo de Edipo
Complejo de Electra
Complejo de inferioridad
Compromiso
Compulsión
Compulsión de repetición
Conciencia
Condensación
Conflicto
Consciente
Constancia, principio de
Construcción
Contenido latente
Contenido manifiesto
Contratransferencia
Control
Conversión, histeria de
Cosa, la
Cuerpo
Culpa
Culpa, sentimiento de
Cumplimiento (o realización) de deseo
Cura, el fin de la

Dador de la mujer
Defensa
Deformación
Delirio
Demanda
Denegación
Depresión
Depresiva (posición)
Derivado del inconsciente
Desamparo
Desarrollo de la angustia
Descarga
Deseo
Desplazamiento
Destino, neurosis de
Deuda
Dibujo
Diferencia de los sexos
Discurso
Disolución del vínculo conyugal
Doble vínculo
Dolor
Duelo

Edipo
Ego
Egoísmo
Elaboración
Elaboración psíquica
Elaboración secundaria
Elección de la neurosis
Elección de objeto narcisista
Ello
Empuje
Enunciado
Envidia
Envidia del pene
Epilepsia
Erógena, zona
Erogeneidad, desplazamiento de la
Eros
Erotismo uretral
Escena originaria
Escena primaria (original o primordial)
Escisión
Escisión del objeto
Escisión del sujeto
Espejo, estadio del
Esquizofrenia
Estadio (oral, anal, fálico, genital)
Estancamiento de la libido
Estructura familiar del inconsciente
Experiencia de satisfacción
Expulsión (extrañeza)

Fálica (mujer o madre)
Falo
Fantasía
Fantasma
Fase anal
Fase fálica
Fase genital
Fase libidinosa
Fase oral
Fenómeno funcional
Fetichismo
Fijación
Filiación
Fin (o meta pulsional)
Fobia
Formación reactiva (o contrasíntoma)
Formación de síntoma
Formación sustitutiva
Frustración
Función materna
Función paterna

Género
Genital, amor
Goce

Herencia
Hipnosis
Hipocondría
Histeria
Histeria de angustia
Histeria de defensa
Histeria de retención
Histeria traumática
Histérica, discurso de la
Hombre de las ratas
Hombre de los lobos
Homosexualidad
Horda primitiva
Huella mnémica
Huida de la enfermedad
Humor

Ideal del yo
Idealización
Identidad de percepción
Identidad sexual
Identificación
Identificación con el agresor
Identificación primaria
Identificación proyectiva
Iglesia
Ilusión
Ilusión grupal
Imagen del cuerpo
Imaginario
Imaginario grupal
Imaginario social
Imago
Imago de los padres acoplados
Incesto
Inconsciente
Incorporación
Independientes
Inhibición
Instancia
Instinto
Intercambio
Interés
Interiorización
Intermediación
Interpretación
Interpretación anagógica
Interpretación de los sueños
Introversión
Introyección
Irma, la inyección de

Juicio de condensación

Lapsus
Latencia, periodo de
Libido
Ligazón
Locura

Malentendido
Malestar
Manía
Masoquismo
Maternalización
Matriarcado
Mecanismos de defensa
Mecanismos de desprendimiento
Melancolía
Metáfora paterna
Metonimia
Mirada
Mito de los orígenes
Moción personal

Narcisismo (primario o secundario)
Necesidad de castigo
Negación
Neurastenia
Neurosis
Neurosis de abandono
Neurosis de angustia
Neurosis de carácter
Neurosis de destino
Neurosis de fracaso
Neurosis de guerra
Neurosis de transferencia
Neurosis narcisista
Neurosis obsesiva
Neurosis traumática
Neutralidad
Niño, psicopatología del
Nombre del padre
Novela familiar

Objeto
Objeto transicional
Obsesión
Odio
Omnipotencia
Oralidad
Organización de la libido
Otro

Pacto denegativo
Pacto inconsciente
Padre (real, imaginario, simbólico)
Pago
Pantalla de sueño
Par antitético
Paradoja en el vínculo de la pareja
Paranoia
Parentesco
Pase
Pasión
Patriarcado
Peligro, señal de
Pene
Pensamiento
Personalidad múltiple
Pertenencia
Perversión
Placer
Placer de órgano
Placer, principio de
Plasticidad de la libido
Plus de gozar
Posición depresiva
Posición paranoide
Preconsciente
Pregenital
Principio de constancia
Principio de inercia
Principio de Nirvana
Principio de placer
Principio de realidad
Privación
Proyección
Prueba de realidad
Psicoanálisis
Psicodrama
Psicología
Psicología de masas
Psiconeurosis de defensa
Psicopatología
Psicosis
Psicosis alucinatoria
Psicosis maníaco-depresiva
Psicosomático
Psicoterapia
Pulsión (de vida y muerte)

Quantum de afecto

Racionalización
Reacción terapéutica negativa
Reactiva, formación
Real
Realidad vincular
Realización simbólica
Recuerdo encubridor
Recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci
Reelaboración
Regresión
Relación de objeto
Renegación (o desmentida)
Reparación
Repetición
Representabilidad, consideración a la
Representación
Representación vincular
Representante de la pulsión
Representante psíquico
Represión
Represión originaria
Reproche
Repudio
Resistencia
Restos diurnos
Retiro
Retoño de lo reprimido

Sadismo
Sadomasoquismo
Seducción
Seducción, escena de la
Seducción, teoría de la
Sentido
Sentimiento de inferioridad
Señal de angustia
Sexuación, fórmulas de la
Sexualidad (femenina, infantil, masculina)
Significante
Simbólico
Simbolismo
Símbolo
Sí-mismo
Siniestro (u ominoso)
Síntoma
Sobredeterminación (o determinación múltiple)
Sobreinterpretación
Sofocación
Subconsciente (o subconsciencia)
Subjetividad
Sublimación
Sueño
Sueño diurno
Sugestión
Suicidio
Sujeto
Suma de excitación
Superyo
Supresión
Susto

Tabú (tótem y tabú)
Tánatos
Telepatía
Teoría cloacal
Terapia catártica
Terapia familiar
Ternura
Topología combinatoria
Topología inducida
Toxicomanías
Trabajo del duelo
Trabajo del sueño
Transexualidad
Transferencia (de una pulsión en lo contrario)
Transmisión
Transicional, objeto
Trauma

Verdad
Vínculo
Viscosidad de la libido

Yo

 

 

 

 

xxxxx69
NOMBRES DE GUERRA

Baluarte narcisista
xxxxxcon poco uso
xxxxxvéndese o se cambia por
Histeria de misión (Neurosis de destino)
xxxxxtratamiento opcional

xxxxxse ofrece
Recuerdo encubridor
xxxxxpara compensar
Retoños de lo reprimido

xxxxxpor cambio de domicilio
xxxxxse regalaría
Imago de los padres acoplados
xxxxxsi pasan a recogerla

 

 

 

Cerviño, Ángel. El Ave Fénix solo caga canela (y otros poemas). Barcelona; DVD Ediciones, 2009.

 

A – B – C

 

A cualquier cosa le dicen vivir.

 

 

 

 

¡A qué velocidad se reproducen los errores!

 

 

 

 

¿A quién creer, a Jeckyll o a Hyde?

 

 

 

 

¿A quién llamar, y para qué?

 

 

 

 

A veces aún te veo en ti.

 

 

 

 

Ahora es pronto y luego será tarde.

 

 

 

 

Al otro lado. Al abrir la puerta supe que había sido un error. Pero ¿qué podía hacer? Entré.

 

 

 

 

Amaba a la humanidad, pero odiaba al prójimo.

 

 

 

 

Amor y odio, sí, de acuerdo. Pero ¿amor y menosprecio?

 

 

 

 

Apagar la luz, no ver el vacío.

 

 

 

 

¿Así o de otra manera? Así y de otra manera.

 

 

 

 

Atinar con la palabra exacta, y callártela.

 

 

 

 

Beckett puede estar tranquilo: cada día fracasas mejor.

 

 

 

 

Bendita coherencia. Lo has hecho todo mal.

 

 

 

 

Bíblicas. ¿Pero no eran sólo siete los años de tribulación?

 

 

 

 

Botella vacía: un náufrago al que no le gusta molestar.

 

 

 

 

Cierto, el tiempo todo lo cura, pero no me gusta el método.

 

 

 

 

¿Cómo despedirse de quien no sabe que se va?

 

 

 

 

¿Cómo vas a saber qué es el “yo poético”, si no sabes qué es el “yo”?

 

 

 

 

Cuando la felicidad era imposible, pero no lo sabías…

 

 

 

 

¿Cuántas veces habrá que arrepentirse de lo mismo?

 

 

 

 

¡Cuántos trenes perdidos! ¡Ay de los trenes alcanzados!

 

 

 

Vitale, Carlos. Duermevela. Barcelona; Ed. Candaya, 2017.

 

EL LADRÓN DE ATARDECERES

 

DE LAS PROVOCACIONES POÉTICAS

xxLos espejismos del reflejo.
xxLa lección nunca aprendida y siempre esperada de la lluvia.
xxEl amoroso desorden de algunas habitaciones al amanecer.
xxEl eco del silencio.
xxLa inesperada ternura del asesino.
xxLa inocencia de algunas metáforas.
xxLa fugacidad no alcanzada de una idea.
xxLa levedad de la palabra vuelo.
xxLa simplicidad de una estrella vista desde la emoción.
xxEl inalcanzable horizonte.
xxEl tigre de Rudyard Kipling.
xxEl sueño y el oro de los tigres de Borges.
xxEl viaje que busca la añoranza.
xxEl delirio de las culturas que nunca fueron realidades culturales.
xxLa avidez erudita del pececillo de plata.
xxEl triste destino del solitario.
xxEl rencor del solitario.
xxLa sensibilidad del hacedor de lágrimas.
xxEl alma de los animales, condenada para siempre al limbo por el poder de las religiones que sueñan con dioses  que conciben hombres a su propia medida y semejanza.
xxLa locura que edifica ángeles y sirenas.
xxLa envidia del ave migratoria por el pez volador.
xxEl río que asciende y vuelve a sus orígenes y se niega a ir al mar porque sabe que el mar es el morir.
xxLa fragilidad de los objetos más queridos.
xxLa pasión del botánico por la orquídea canora.
xxLa sorpresa de un arco iris en la noche.
xxLa indefensión del grito en la distancia.
xxLa torpe indiferencia de la piedra.
xxLa rebeldía ante el vuelo.
xxEl laberinto de la caracola, geografía de los mares sin nombres.
xxEl amor brutal que engendró al centauro.
xxLa transparencia de la palabra agua.
xxEl fósil de la palabra nunca dicha
xxy el desánimo de una hoja en otoño.

 

 

 

 

CREACIÓN Y MUERTE DE LA NUBE

xxDicen las escrituras Tantras: «En el principio fue la nube. De su transparencia nacieron dos elementos: el ángel y el pájaro, siendo aquél padre de las cosas espirituales y éste de las terrenales.» La leyenda tántrica establece, partiendo de esta génesis, dos sistemas evolutivos que llegan a crear no sólo especies y subespecies, sino fenómenos de difícil explicación en lo existente. Advierte esta misma leyenda que en el último día, ángeles y pájaros volverán a ser parte de la infinita humedad de la nube.

xxPara Píndaro, las nubes eran solamente alimento de los dioses, y a su piedad están confiadas.

xxEn los mandamientos vedas hay una norma que llama la atención por su rareza, que radica en la posibilidad de transgredirla: «No matarás a las nubes.» Parece que este mandamiento nace de la creencia del profeta Kervac en la evolución de las armas, y en la seguridad de que algún día una ballesta llegaría a alcanzar el cielo. Confirma esta creencia la redacción de la norma 26, que establece: «Las leyes y mandamientos se dictarán previendo el futuro posible.»

xxLos discípulos de Kervac desarrollaron toda una teoría barroca y exagerada sobre la vulnerabilidad de la nube. La comparaban con una ballena celeste hecha de algodón milagroso, en la que se esconden y refugian las aves del Paraíso. «Si una flecha la hiriese, la nube, antes de morir, lloraría sangre durante 15 días, los suficientes para teñir de rojo la ciudad sagrada de Bengala.»

xxEl cementerio de nubes en el cielo. El lugar oculto, más allá de la luz de las estrellas, donde mueren los ángeles.

xxLa tierra es enemiga de la nube y mama de ella ferozmente, y quisiera agotarla, mas, mientras el viento sea joven y poderoso, él la defenderá con todas sus fuerzas, con el poder de un celoso amante.

xxEscribe el poeta indio Shad Sayyid: «La nube no muere. Se cree única en su altura, se sueña pájaro y desdeña a las estrellas, hasta que un amanecer descubre su sombra. Entonces la nube se disuelve en la tristeza y desaparece. La nube es nube hasta el desengaño.»

 

 

 

 

En las esquinas, los amantes pobres piden besos.

 

 

 

 

El ilusionista siempre tiene un beso de más.

 

 

 

 

Lo contrario a un beso es pegar un sello.

 

 

 

 

Hay besos postales para la lejanía.

 

 

 

 

La mancha de rouge es un beso muerto.

 

 

 

 

El amante previsor guarda besos para el invierno.

 

 

 

 

El cuerpo adolescente es una cosa, el pensamiento joven un equilibrio inestable. Amar lo inmaduro, es suplicar la inmortalidad.

 

 

 

 

Con el ángel caído empieza la gravedad.

 

 

 

 

El ángel del ciego es tacto.

 

 

 

 

El ángel del suicida tiene alas de grito.

 

 

 

 

El ángel del verdugo llora sangre.

 

 

 

 

El ángel del ladrón roba sombras.

 

 

 

 

La sombra más libre es la del pájaro, que no llega a tocar el cuerpo del que es sombra.

 

 

 

 

Los amantes exactos tienen una sola sombra.

 

 

 

 

La sombra de la palabra es el eco.

 

 

 

 

Y esgrimiendo el arma me dijo: ¡La sombra o la vida! Mas yo, que generalmente presto poca atención a los protocolos y a los usos antiguos, me oí responderle: La sombra es mía, llévese la vida. Y desde entonces ando pegado a las paredes.

 

 

 

 

Uno de sus pezones era rojo, tibio, casi carnal; el otro, azul, parecía hecho para la caricia de la muerte. También recordaban la lujosa grifería de una bañera de porcelana.

 

 

 

 

La visionaria inglesa Katherine Huston, una agnóstica exaltada, capaz de aplicar a sus descreencias el aparato imaginal de los místicos españoles del Siglo de Oro, no sin cierto fervor proclama: La palabra nace para el amor, y se hace necesaria cuando el tacto es insuficiente.

 

 

 

 

La Poesía trasciende la condición del poeta.
La Poesía debe ser eléctrica e inesperada, inmediata y en vena.

 

 

 

 

Un poema sólo debe oler a poema, nunca a limón.
Ni tampoco deben oler los poemas a pan recién salido del horno.
Ni a tierra mojada por la lluvia.
Si olieran así, olerían a tópico, y el tópico es como un caracol haciendo eses con su baba de plata.

 

 

 

 

El poeta: cómplice del silencio.

 

 

 

 

Sólo sé que, si abro el poema, deberá sangrar.

 

 

 

 

A veces, la arquitectura ciega al poema.

 

 

 

 

Me hablaron de un poema milagroso que, en su soledad, llovía abundantemente.
Al final hubimos de convenir que no era un poema, sino una nube.

 

 

 

 

EL ELEGIDO

xxEs la muerte, dijeron, y acudimos todos a la playa. Sobre la arena se vio, seguro y letal, un escorpión de oro. Al principio sugería el aderezo, la joya de una mujer terrible; sin embargo, a su paso, un grito se extendía por la playa. De pronto, el mar se encrespó, las gaviotas ladraron en un cielo de grises, en tanto el arácnido seguía su camino obsesivo. Al fin llegó a la meta, la belleza tranquila de un bañista muy joven. Después, vino la noche, el silencio y las lágrimas.

 

 

 

 

EL JOVEN FILÓSOFO

xxTambién conocí al joven filósofo. Su proceder era raro, mas no falto de lógica: iba dando gritos a la vez que corría. Qué hace, le pregunté a uno que pasaba por allí, y que se ufanaba de ser amigo de su padre, de haberle prestado algunas cantidades y librado un pagaré sin fondos. Muy sencillo —me irespondió iel ihombre—, icorre iy ia ila ivez ipersigue ial igrito. iSi ilo ipiensas bien —añadió—, verás que sólo pretende recuperar lo suyo.

 

 

 

 

LA MUJER DE SANGRE

xxMe fue dado conocer un secreto histórico. En el camerino de un circo de provincias vi a una mujer. Su cuerpo era como las ruinas de una edificación perfecta, y en los labios, la crueldad parecía una pronunciación de sangre. Es Salomé —me advirtieron—, la auténtica Salomé, la inspiradora de la danza, el sueño de Wilde, la luminosidad de Gustave Moreau. Pero, vea, vea. Entonces descubrí en un rincón de aquella covacha un objeto cubierto. Notando la mujer mi presencia, dijo: Si me da una moneda, le muestro la pesadilla de los escritores, la cabeza parlante, la que insulta en hebreo, la boca atronadora de un loco encantador.

 

 

 

 

EL RESUCITADOR

xxSeñalándome a un hombre de gran dignidad, me dijeron: Ése es el resucitador; y como yo preguntara detalles, me explicaron que sólo podía resucitar a aquellos cuya muerte representara para la patria y la cosa pública una pérdida irreparable.
xxTodos confiaban en este hombre, y al punto creían en su capacidad prodigiosa para devolver a los muertos de su eterno reposo. Mas cuando inquirí sobre el número de sus milagros, ésta fue la respuesta: Nunca ha resucitado a nadie, porque nadie nos ha parecido imprescindible. Sin embargo, el hombre actuaba como si hubiera devuelto de las sombras a toda una nación.

 

 

 

 

EL INMÓVIL

xxAmó con pasión desmedida a una estatua. Fue un juego de caricias y deseos. Para hacerse igual a ella, permanecía silencioso y quieto, esperando de este modo entenderse mejor con aquella figura apasionante. Si al menos —pensaba— las palomas retuvieran el vuelo sobre mi cabeza, o la yedra se enredara a mis pies, o un loco estudiante dibujara grafitos demagógicos en mi espalda, o un niño brutal me destrozase de un pelotazo la nariz, sabría que estoy en el buen camino de ser estatua, de ser correspondido.

 

 

 

 

DE LOS MODOS COMPARATIVOS

xxComo la luz andando de puntillas sobre el prisma,
como la lluvia que busca refugiarse en lo oscuro
y elige la boca del cañón,
las chimeneas,
el negro ombligo de las fábricas.
xxComo la lágrima que no quiere ser lluvia,
sólo lágrima.
xxComo si mayo gustara en repetirse
y ser dos veces mayo.
xxComo la luna perpleja ante un espejo,
como una nube rezagada de otras nubes,
como el gesto de un sordomudo enamorado,
como un gorrión temblando en el alero,
como el frío que busca abrigarse en la lana,
como una hoja muerta de infarto en junio,
como un ciprés diagonal y rebelde,
como cuando faltan las comparaciones,
y no hay comparaciones,
y no hay comparaciones.

 

 

 

 

EL LEVITADOR

(Juan Carlos Mestre representa en este poema
xxxal Levitador, hasta confundirse con él)

xxOh, tú que has dormido frente a la luna y ilas iestre-
llas hasta palidecer tu palidez. Tú que sabes el nombre
mágico de los tigres florales que devoran el corazón de
Rousseau el Aduanero.

xxTú, cuya alegría es guardada por un arcángel de alas
de colibrí y ojos de topacio.

xxTú, ique lañaste con plata la herida parietal de Apo-
llinaire, mientras las metáforas, ríos como rabos de la-
gartijas, se hacían pavesas en el Caribe.

xxTú, ique icambiaste ilos cromos más difíciles de los
Santos Inocentes con Henri Michaux.

xxTú, que luchas contra el bostezo para rescatar el en-
canto perdido de las Once Mil Vírgenes.

xxTú, que has caminado sobre un mar de mercurio en
busca de la nidada secreta de los peces mariposa.

xxTú, que te has batido contra el narval.

xxTú, ique ieres ilevitador iy sabes cuántas bombillas
componen una estrella.

xxTú, que donaste el brillo de la mirada a un celacan-
to ciego para hacer posible el corazón del mar.

xxTú, ique conoces la salida del laberinto en el que el
arco iris esconde su poder en los días serenos.

xxTú, que intuyes que ningún meteorito es tan rápido
y urgente como la Harley Davidson conducida por un
muchacho insomne.

xxTú, que salvaste al ángel de ahogarse en el espejo.

xxTú, ique has galopado azules ien iel sueño de un ca-
ballo.

xxTú, ique iconoces iel orden en que mueren las hojas
de arce en otoño.

xxTú, icuyo icanto enloquece a las sirenas hasta hacer-
las olvidarse de Ulises.

xxDime, ilevitador ide itodas ilas imañanas, levantador
de inubes, i¿dónde iel secreto del alba y de la rosa; por
qué la geometría del vuelo, y el peso del silencio?

xxDime, i¿en iqué ilugar se esconde la fiebre en el mer-
curio?

xx¿En iqué ipunto ilos labios se desprenden del beso, y
la mano olvida la caricia?

xx¿Es esto que vivimos el día, o ha empezado la noche?

 

 

 

Pérez Estrada, Rafael. El ladrón de atardeceres. Barcelona; Ed. Plaza & Janés, 1998.

 

SOBRE LAS PALABRAS, LA LLUVIA Y LAS MAQUINACIONES

 

Frente a la Ley casposa y decadente de la Gravedad, la Ley ascendente de la Poesía.

 

 

 

 

El invento de la palabra pez supuso grandes dificultades. La palabra escama (surgió de inmediato) hizo aún más difícil la captura de aquélla. Alguien, tiempo después, dijo: Mereció la pena tanto esfuerzo. Sin embargo, una muchacha se sonrojó ante las imágenes sugeridas por aquella palabra.

 

 

 

 

Presume Giuliano Ferroni que cuando el primer hombre concibe la palabra, lo hace desde la incomunicación. Sin embargo, llega a pronunciarla, y este hombre es ahora diferente, y es apartado por diferente. Su situación es aún peor que la del sordomudo en una primitiva sociedad de palabras.

 

 

 

 

Al llegar a la casa vi un tigre caminar despacio y luminoso por el salón entre los cristales de Bohemia y las cajas de porcelana Ming: No es un tigre —se apresuró a decirme el mayordomo— ¡No lo mire, es sólo una metáfora, y los ojos de las metáforas contagian falsas emociones poéticas!

 

 

 

 

Nunca escribas estas palabras en una misma línea: tigre y paloma, pues es fácil que la primera devore a la segunda.

 

 

 

 

Él era muy guapo, y ella era muy rica. Él se comió el capital de ella; y ella, la belleza de él, y con este ejemplo, el profesor Evans dio por terminada la conferencia sobre Justicia distributiva.

 

 

 

 

Todas las mañanas le regalaba un ramo de palabras frescas.

 

 

 

 

Era de noche y me encontré al poeta: Estaba tiritando de inédito.

 

 

 

 

Justificativo, me explicaba el moralista perverso: Los terremotos aman a los pobres.

 

 

 

 

Corría un muchacho perseguido por la lluvia.

 

 

 

 

Soy un caballero porque no tengo caballo; si lo tuviera, evidentemente sería el caballo.

 

 

 

 

Comprobé, con gran sorpresa mía, cómo cada vez que pulsaba el interruptor de la luz, el cielo se encendía y apagaba a mi antojo.

 

 

 

 

No puedo ofrecerle carne más fresca que ésta, me dijo el camarero abriéndose la camisa.

 

 

 

 

Supe que era el asesino del mar, porque tenía las manos teñidas de azul.

 

 

 

 

Vivía entre espejos y se sentía acorralada por la luna.

 

 

 

 

En la gran cena sirvieron un solo plato: Chivo expiatorio.

 

 

 

 

El niño prodigio sembraba voces y recogía palabras.

 

 

 

 

Era un bosque de infinitos árboles, y cada árbol tenía un columpio, y en cada columpio un niño muerto esperaba la resurrección de la carne.

 

 

 

 

Me preguntó el muchacho con los ojos llenos de atardecer: ¿Cuando yo muera se parará el mar?

Y preferí no desilusionarlo.

 

 

 

 

Aún consciente de lo odioso de aquel suceso, reunió el hombre a sus hijos: Es necesario —les explicaba— para que todo suceda debidamente, inventar la palabra amor. Y como no le entendieran, avergonzado, Adán les indujo al incesto. De esta locura, las consecuencias fueron: las guerras fraticidas, la veleidad de las esposas, hermanas coronadas como reinas de Egipto; el aburrimiento y la señal de ellos por haber dado, celoso, muerte a su hermano y rival. En los años finales, Adán, ya moribundo, consolaba a Eva: La cosa —murmuraba— no pudo ser de otro modo. Y se estremecía recordando el cuerpo núbil de una hija muy querida.

 

 

 

 

La bella señora surgió repentina, caminando junto a mí con paso intranquilo. Había en sus ojos una mirada nerviosa y desconfiada, como si temiera el poder de una sombra maligna y asesina. Inesperadamente, abriendo su hermoso abrigo de astracán y su blusa de encajes y abalorios, me dijo: ¡Tome, tome!, y, mientras descorría una extraña cremallera de carne rosácea que en su pecho de pétalos ocultaba un corazón diminuto, sacudiéndolo, me lo entregó: Es para usted —decía—, así, si me apuñalan, no moriré del todo y de alguna manera seré suya.
Un tráfago húmedo, una masa apresurada de individuos nos separó de un golpe, y desde entonces ando con un hermoso corazón ajeno en mi bolsillo, que no sé ni cómo ni cuándo habré de devolver.

 

 

 

 

Ven, ven, oí una voz pastosa y sensual llamándome desde el cuarto de baño. Ya allí, entre la caprichosa decoración de la higiene, mirando un espejo oblicuo al inodoro, vi cómo la boca de aquel aparato innoble derramaba gran cantidad de espuma (¡la fontanería!, pensé preocupado), y al poco, ante mí, desnuda y provocadora estaba una Venus perfecta: No es obligatorio nacer de una ola, dijo como quien inicia el tiempo de las complicidades; y añadió de inmediato: Cierra la puerta, el viaje ha sido muy incómodo.

 

 

 

Pérez Estrada, Rafael. Los oficios del sueño. Madrid; Ed. Libertarias, 1992.

 

LOS OFICIOS DEL SUEÑO

Escribe Luis Antonio de Villena en el prólogo de ‘Los oficios del sueño’, libro dedicado a Juan Carlos Mestre: Rafael Pérez Estrada es un clasicista que abarroca; y un barroco que por amor a la rareza, a la magia, a la filigrana, al juego de espejos y lagrimatorios, se vuelve columna y autosemeja transparente. Los libros de Rafael (especialmente los fragmentados, los aforísticos) son cataratas de ingenio, marionetas sicilianas, cosas para el placer del extravagante Príncipe de Palagonia. ¿Cómo clasificarlo? Los expertos le deben un tratado, que sepa —como él— saltarse o amalgamar los géneros literarios.

 

 

Y aquí tienen algunos textos del libro.

 

Nunca pudo peinarse. Su cabellera, pelirroja, ardía como la ilusión recién creada de un pozo de petróleo. Su pelo era una zarza de rojísimo fuego, y ella estaba feliz porque algunos muchachos la trataban respetuosamente, tal si fuera la luz que arde a la memoria de los héroes. Sin embargo, los más osados, que eran también los más hermosos, no dudaban en encender sus rubios cigarrillos en aquella incosolable llama.

 

 

 

 

Tigre del vértigo, llama Tadeo Orsini a un felino que vive en las torres más altas, en las más arrogantes y peligrosas. Su piel transparente sólo puede compararse a la fragilidad de algunos cristales venecianos. Animal de vocación angélica, se le atribuye la facultad del vuelo, que practica tímido cuando nadie lo observa. Solitario, su sueño de compañía tan sólo al ángel le pertenece.

 

 

 

 

En el parque, frente a la despeinada cadencia de un ciprés otoñal, en el rincón donde los gatos tienen sueños de tigres, he visto al ciego mágico: Un inconformista que, con su máquina de fotos, intenta retener las imágenes que nunca conocerá. Lo observo, y lo descubro disparando incesantemente una Kodak. Dispara al norte, al sur, a la rosa de los vientos dispara. Luego, sabiéndose observado, comenta: ¡No veo, no veo, pero todo está aquí!, y al decirlo golpea la cámara con el mismo afecto con que el triunfador olímpico palmea su caballo.

 

 

 

 

Juegan el mago Bai Wangy el Emperador Niño con un espejo de extraño esplendor. Mirándose en él, el monarca descubre su pasado como un inagotable proceso de metamorfosis, como un vivo y emocionante poema. Así, con este entreteimiento, el Emperador nuevamente puede sentirse pájaro, mariposa, libélula, dragón del aire, lluvia, llama, viento, y al fin palabra inexplicable.
xxAl mago Bai Wang se le debe no sólo la deificación del poder, sino la desmemoria de los poderosos.

 

 

 

 

El físico, amante del sentido metafísico de la existencia, y además un iluminado, me explicó confidente: Hay dos clases de gravedad: Una, la de la piedra al caer víctima de su destino corpóreo; otra, la del ave, que al advertir la pesadez del cuerpo renueva el vuelo. Y concluye: Sólo muere la piedra.

 

 

 

 

Morir —me dijo el niño— es permanecer ante un mismo paisaje indiferente.
Fue entonces cuando descubrí a los ángeles ciegos, moledores de luces y brillos, amasando nostalgias y tristezas.

(Inesperado pasó un viejo tranvía. Personas que no había vuelto a ver desde mi infancia lo ocupaban).

Después entró la niña, diminuta y preciosa, con su unicornio de cartón. En la mano llevaba un cazamariposas manchado de sangre. Y lo supe: El barco iba a zarpar.

 

 

 

 

Una exquisita metáfora, cargada de advertencias, trata de explicar cómo la luz del prisma ha de resplandecer para otros y nunca descomponer su fuerza cromática en lo dentro.
El ángel es un prisma, parece decirnos con espíritu plagiario el altivo Cardenal Ernesto Manuel da Silva y Álvares Contreras. Mas en el silencio de esta casa, cuya decoración recuerda la de los abandonados palacetes de amor de Nueva Orleans, se practica la ceremonia de los abrazos prohibidos. Es el lugar de encuentro de cuantos ángeles han olvidado la guarda que tienen confiada y sienten inclinación por otro ángel.
Éstos que ahora descubro se unen en una alcoba de tibias claridades. Sus adjetivos están hechos de oro y apenas tienen dificultad en memorizar cuantas palabras la imaginación compone en infinitas lenguas para llamar las cosas. Sin embargo, nada hallan en su compañero que no estuviera ya en el prisma contenido: inexplicablemente se repiten, se cansan.
En los espejos venecianos, en sus claras orillas, las alas son nubes de incienso y algodón. Decae la tarde, lo original se agota, el desengaño inactiva lo erótico. Es la imperfección del hombre lo que realmente aman,

 

 

 

 

La mañana del 12 de noviembre de 1975 recibí un sobre con el aspecto sospechoso de contener un anónimo. Lo abrí con esa resignación que la curiosidad mezcla a lo desagradable: me había equivocado. En su interior, brillante, como una piedra tallada por el mismísimo Spinoza, una metáfora me aguardaba inocente. Tienen las metáforas la belleza —cuando son auténticas— de ciertas plantas carnívoras, y pueden, de inmediato, cautivar a quienes las reciben. Aquella era de una ley muy pura, y resplandecía como un amanecer en el Mediterráneo. Desde entonces la llevo prendida en el llavero, y la gente la confunde con un amuleto de la suerte.

 

 

 

 

Se alzó tanto el lenguaje entre nosotros que tuve que besarla.

 

 

 

 

Era el asocial, y tras grandes esfuerzos había inventado el lenguaje de la incomunicación. Y tuvo éxito.

 

 

 

 

Hizo de la poesía una mística y una pasión. Se sentía tan uno en la palabra que, como un mártir secreto de la sangre, estaba dispuesto a defender con la vida la pulcritud de sus endecasílabos. A él se debe la idea de una Cruzada Poética, una lucha santa contra la prosa. Un despropósito similar a la cruzada de los niños.

 

 

 

 

A qué escribir para la inmortalidad —me dijo el poeta contable, que era sumamente práctico— si la mortalidad está más cerca.

 

 

 

 

En una tarde socialmente intensa, entre pétalos de rouge y vahos de martinis, el poeta, que es también un prestidigitador, sorprende al auditorio sacando del sombrero de copa tres letras: A. V. E. ¡Vuela! —dice el mago—, y al instante a las letras —ya aves— les nacen alas.

 

 

 

 

Dijo el forense ante la desnudez desamparada del narrador muerto: Se asfixió con una palabra sin sentido.

 

 

 

 

Nunca verás un amanecer tan hermoso como ella.

 

 

 

 

El escritor que deja en el éter sus pensamientos, quizá cometa el pecado de Onán.

 

 

 

 

Conocí en el Círculo de Bellas Artes a una mujer: Era la mensajera del soneto, y nada más verme, como si estuviera a punto de asaltar la Bastilla, me gritó terrible: ¡Abajo la libertad poética!

 

 

 

 

Pienso, luego existo;
y me respondió el objetual:
Los objetos existen,
luego piensan.
Y para redundar en lo dicho
empujé al suelo el jarrón utilizado
de pretexto hasta entonces:
Y sufren —añadí—
en silencio.

 

 

 

 

Haiku:
Ginebra Larios
y una luna de agosto
en el martini.

 

 

 

 

Quiero una rosa ácida —me dijo—. No importa el color. Sólo necesito que sea ácida. Una rosa con sabor a pomelo y olor a ropa limpia. Entonces supe que los inviernos con ella serían interesantes, y que la vejez llegaría llena de vértigos. Y me sentí feliz.

 

 

 

 

Lo bueno, si breve, catastrófico o telegráfico.

 

 

 

 

Dice el moralista acérrimo: Pensar es vicio solitario.

 

 

 

 

Y dijo el tatuador: la letra con sangre entra.

 

 

 

Pérez Estrada, Rafael. Los oficios del sueño. Madrid; Ed. Libertarias, 1992.

 

ECHADO A PERDER

Se puede leer en la contraportada que Echado a perder es un libro que no desdeña la pregunta sobre la existencia, aunque la haga desde el humor; un largo poema roto que no rehuye la observación de insignificantes circunstancias biográficas, aunque otorgándoles el valor de éxitos en la cadena del azar; un libro de amor que multiplica el objeto de deseo por n hasta marear; un libro, en fin, parcial y atacado por la necesidad de desmentirse.

 

 

Y aquí dejo algunos poemas del libro.

 

 

Y TODO TIENE un aire presexual.
El mar apesta a olas
hormonadas, y para despistar

los albañiles
cortaban en la calle las baldosas.

Era la primavera, y sigue
una enumeración.

 

 

 

 

ASOMADO COMO ave a un hervidero
de nidos, no poeta lírico,
atado en corto a ideas sin semilla,
iluso de la nada,
posesivo tantálico,
arrendatario de miserias escolares,
flojo, con una grulla
parlante en las costillas,
con sueños concurridos
por timidez, hermético pudiendo ser ambiguo,
sin biceps ni razones de altura,
sin la proverbial paciencia de la mala suerte,
rastreador del justo medio
en los extremos de la acidia,
supersticioso de la sensación

y aunque en un ejercicio
de impersonalidad
he llegado a gustarme,
la sangre se demora en un laberinto
que ni siquiera es laberinto,

cada partícula
pide emanciparse.

 

 

 

 

LA BIOGRAFÍA nos abandonó.

La casa hinca los codos. Amueblar:
hacer sitio al tiempo.

Y por aquí, ciudad amortizada,
como valses de polen,
dados de sombra y juegos de la luz,
como un zoo de arrumacos desvalidos
la domesticación
devuelve al cuerpo un interés de res.

El deseo nos guarda
del golpe de la dicha.

Un escondite en la palabra novia.

Y ahí no cabe Freud.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDel griego Omphalós

PRIMERA CICATRIZ
de soledad, nudito,
vuelve a advertirme:
—Estás equivocado.
Alguien te escucha. Habla.

 

 

 

 

COMO LAS CIRCUNSTANCIAS me pidieron
un toque personal
adopté el tono bajo para voz atiplada
con temblor en la frase y temor en el verbo,
resuelto a trompicones.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo era yo
ni era el propio lenguaje
quien hablaba, sino un experimento
de humanos con cultura,
pues soy un hombre de labios impuros
y en un pueblo de labios impuros
habito.
xxxxxxxPorque era vanidad
querer narrar la vida
aun más cubierta de su camuflaje
de cuidado interior,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxdesflecada
en oficios,
xxxxixxxxxy vanidad hablar
del mundo como de la superficie
que devuelve el reflejo
de uno mismo asombrado
y un nimbo de paisaje lila
o verde y fucsia y ocre
o negro con dos trazos azules
excéntricos,
xxxxxxxxxxxde pulso abierto,
dialéctica del tacto y la cabeza
en cielos que un exceso creador
pulcramente dibuja despoblados
—y vanidad que no dijera yo
y que hablara de dioses
de un acerbo de oídas.

Las mujeres van y vienen
oliendo a tàpies.

Hemos tomado fórmulas prestadas
del viaje épico, del auto-
conocimiento a pie, del folk,
del rock,
de los documentales susurrantes,
del apólogo esdrújulo,
del cosmos homeopático.

No partir, no llegar. retardar para cuando
realicemos de forma pleni-
potenciaria el placer
sin que éste nos consuma,
más digno por la confianza, más
aséptico sin duda
por haber olvidado la emergencia,
por haber esperado
—si el deseo era auténtico
hablando en jerga de autenticidad—
un deseo que luego
luego será mejor.

Hablar para salir airosos de la vida
por los caminos del lenguaje.

Y aquí termina la insatisfacción.

 

 

 

Pardo, Carlos. Echado a perder. Madrid; Ed. Visor, 2007.

 

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