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Archive for 30 junio 2014

LUNAS DE PAPEL

Luna de tarde

 

 

DIONISIA GARCÍA

PATRIAS

Recuerdo aquel lugar donde por vez primera
me besaron la frente.
El sol y las miradas calentaban mis manos,
y el olor a cereales invadía las plazas.
Es una larga historia de huidas y retornos,
de creer en la tierra pisada en los comienzos.

De pueblo en pueblo fui, de casa en casa.
Me siento de los lugares que habito.
Cada día comienzo mis trabajos.
Vivo, sin más, la lucha
entre paredes blancas, entre libros y enseres.
Sueño, puedo soñar. El porvenir espera
con la prestada luz de otros inviernos.

 

 

 

APUNTE GRIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxEn memoria
xxxxxxxxxxxxxxxde Irene Guillén

Se irá en su soledad, porque es invierno,
a un paisaje distinto,
a conocer sin límite el tiempo dela espera,
el vuelo detenido de jardines cercados,
sin ventanas azules;
y sí el milagro de la luz
que invadía la casa.
Erguida su figura,
dirá adiós a la estancia,
a su rincón caliente
que gobernó el recuerdo.
Incansable viajera, en ella viven
países y lugares, con personas amadas
que fueron compañía. Todo fue y está siendo
en su memoria clara de imágenes sensibles,
realidad persistente en sus días de ahora.

 

 

 

 

RAQUEL LANSEROS

SOBRE UNA CAMA HELADA

No es invisible el modo
en que ya no te busco,
ni esta manera nueva, sin fe ni mediodía
de llovernos despacio, -como gotas de hielo-,
xxxxde no ceder un palmo en medio del tornado.

El olvido es azul. Nunca termina
xxxxxxxxde convertirse a golpes en él mismo.
Se mide por ausencias y papeles en blanco.

Tras su paso, el silencio
deja detrás de sí un paisaje de ruinas,
una patria deshecha e inmolada
xxxxxxxxxxxxxxxa los grises fantasmas de la pérdida.

El ánimo rojizo de las uvas maduras
se apodera despacio de la tierra.

Te quise. Me quisiste. Nos quisimos.
Qué fácil es decirlo cuando no queda nada,
cuando ya ni siquiera recordamos
xxxxxxxel tacto de los sueños.

Ahora que la memoria se bate en retirada,
-vencida y silenciosa
xxxxxxxcomo un niño sin cromos-,
y lo único tangible frente a  nosotros mismos
xxxxxxxxxxxxxxes lo que ya no existe.

 

 

 

EL VÍNCULO

Es cierto, nos dijeron muchas veces
que la vida es un juego peligroso.
No la vida de pétalos y estambres
que acunó nuestra infancia. Esta otra vida,
la de las colas y los formularios,
la auténtica existencia, nos dijeron.
En aquel tiempo teníamos nosotros
los ojos rebosantes de futuro
y una impresión confusa del amor.

Qué poco sospechábamos entonces
la lección desasida para la libertad
como un pacto sagrado: la invención de uno mismo.
Y no es casualidad que la raíz
xxetimológica del término invención
xxxxsignifique el encuentro. El mismo encuentro
xxxxxxmantenido en la eterna inmensidad del tiempo
xxxxxxxxcontra todo pronóstico. Como hiciera Penélope.

Hoy hemos aprendido que ser libres
significa luchar, imponerse al destino,
intercambiar sin miedo las identidades.
Y quizá recordar
xxxxque los dioses tiranos desoyeron a Ulises.

Los mismos que tampoco nos oirán a nosotros
el día que decidamos olvidarnos.

 

 

 

BOCETO DE SOMBRAS

Hoy ha debido ser viernes en todas partes.
xxxxVarios ángeles han ido resbalando
xxxxxxxxxxa las aceras desde los tejados.
El viernes no es un día, sino un tiempo compuesto,
subjuntivo, futuro, plural, pluscuamperfecto.
Un puesto de aduana en la frontera
xxxxxxxxxxque separa a los vivos de los supervivientes.

Ha debido de ser viernes
xxxxxxxxy tú no estás conmigo.
Sin embargo he sentido que tu ausencia
se ha ido haciendo viscosa al avanzar la tarde,
xxxxxxxxxxcomo un pesado dique contra el tiempo.

Tu alma está en todas partes, sonámbula, celeste,
decidida a vagar ingrávida en mi eje
xxemergiendo de todo, henchida de las cosas,
xxxxretornando a la nada, ese sinónimo
xxxxxxde una noche de viernes y una cama vacía.

 

 

 

 

JOSEFINA SORIA

[cinco poemas inéditos del poemario ‘ESTA ES MI FIESTA Y LLORARÉ SI QUIERO’]

HORA PRIMA

Un mar lleno de peces me navega.
Abro a la vida sus compuertas altas
y en resplandor me anego.
¡Soy yo la que amanece!
¡Contempladme!
Han nacido palabras en mis labios
soñando hacerse verso.
El viento mañanero
músicas va poniendo en mi garganta.
Es temprano.
Ahora mismo
el horizonte estrena una alborada
de primorosas luces.
A esta hora no se hacen reproches.
Las falaces promesas
no han comenzado a oírse todavía
dispuestas van las horas
a dejarse llenar por la hermosura.

 

 

 

ABRIL

Venid conmigo, entrad. Esta es mi casa.
Sobre el húmedo césped abril camina
adensando el aroma de los pinos.
Quizás queráis llegar hasta el almendro
y preguntarle qué soñó esta noche
o volver a la higuera y convidarla
a una taza de té con yerbabuena.
¿Oís esas palomas cuyo zureo escucho?
Parece que trajeran en sus alas
aromas de azahar.
¡Son hermosas las mañanas de abril!
Contemplad como vienen pintando el horizonte.
Con su perfil convoca gorriones
en el viejo tejado.
Este es el momento de encontrar
esa dicha infinita que buscamos.
Antes que alguno se levante
abra la radio
y preso ponga el tiempo en los relojes.

 

 

 

OIGO TU VOZ

Oigo tu voz y llego
al delirante mundo de las rosas.
Deletreo tu nombre
y las jaras se yerguen
con su salvaje aroma
y florece el aloe
sin memoria de acíbar
y azules se perfilan
los genios de la noche.
Te acercas a llamarme
y se llenan los aires de arrebatadas voces.
El espino permite
que emerja su ternura
y su ruda presencia el cierzo guarda.
Tú y yo nos encontramos
y surge la canción definitiva
su tonada llevando hasta los astros.
Para colmar de gozo
los umbrosos caminos de la noche.

 

 

 

VEHEMENCIA

Y luego, un día
llegaron los deseos
a ceñirme las sienes y tus manos,
tus manos cual magnolias
ocuparon mi sangre.
Estelas que marcaron los caminos
con cauces deslumbrantes.
Qué inusitado gozo fue aprenderte.
Nunca me dijo nadie
que tan hermosa fuera
esta entrega total.
Caminar
sin saber dónde llevan los caminos.
Te seguí fascinada a donde dispusiste.
Donde Dios quiere el mundo
enhebrado en su fuego.
Sin tener más noticia.
Y encontrar que ya era
tan hermoso el amor.

 

 

 

ASALTO A MEDIANOCHE

Cual furiosa avalancha
que invadiera mis sueños
se acerca a despertarme
un alud de palabras.
Se apoyan en mi almohada
sugerentes, impúdicas, soberbias.
Se columpian en mis pestañas.
Danzan ante mis ojos,
que apenas pueden mantenerse abiertos.
Se arrojan en tropel hasta mi frente.
Las nombro levemente
desde mi duermevela. Las acaricio
y ellas se apoyan en mis labios
que arden.
Finalmente me levanto
tomo pluma y papel
y las voy anotando en mi cuaderno.
Ya rendida
las cito para mañana
y lo hago apresurada. Antes
de que alguien despierte
abra la puerta y se pregunte
qué nueva orgía
organicé esta noche.

 

 

 

 

MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ-NAVARRO

LO REAL Y SU DOBLE

Siempre me ha costado trabajo despertar de los sueños. Pero de un tiempo a esta parte, no sé si por el estrés, el cansancio o las preocupaciones, lo cierto es que me cuesta horrores entrar en el mundo real. la culpa la tienen una serie de sueños no reparadores, sin sentido alguno, que hacen que me levante mucho más cansado de lo que me había acostado, de modo que el cansancio se acumula y los días se me hacen interminables. Lo peor es que muchas veces los sueños son tan reales que, al despertar, se mezclan con la realidad y me duran casi toda la mañana; en alguna ocasión, incluso todo el día.
Casualmente, a principios de año tradujeron al castellano Travesía nocturna, el diario de sueños de Clement Rosset, donde el pensador francés describe una experiencia muy semejante a la mía, y propone un método para paliar el efecto real de los sueños: escribirlos. Una vez escritos, los sueños, aunque se mezclen con la realidad, no van creciendo con ésta, pues uno sabe en todo momento lo que es real y lo que proviene del sueño.
Desde que descubrí esto, he llenado más de cuatro cuadernos con mis vivencias nocturnas. Todas las mañanas paso entre media hora y una hora escribiendo el sueño. Si no lo hago, el sueño comienza a ganar terreno a mi realidad.
Escribo los sueños ara poder controlarlos, para mantenerlos “a raya”, literalmente hablando. Y para que la escritura sea efectiva, he descubierto que es mejor dramatizarlos, relatarlos como si fueran historias. Así logro tomar distancia respecto a lo que pudieran ser mis vivencias personales, y los sueños se van, o al menos dejan de perturbar mi realidad. Además, muchos de ellos los puedo aprovechar para mis relatos. De hecho, este último año, gran parte de los relatos que he ido publicando en revistas provienen, ligeramente modificados, de mi archivo de sueños. Un archivo poblado de pesadillas perturbadoras que apenas puedo soportar, como ese sueño reiterativo en el que comienzo a morder mis manos y por alguna extraña razón que nunca logro encontrar, siento aquello como algo agradable. Me despierto entonces sobresaltado, con los dientes y las mandíbulas doloridas. Y tengo que ir corriendo a escribir antes de que el dolor se me extienda por todo el cuerpo. Si algún día me demoro en la escritura, puedo llegar a morderme realmente.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*

Hace algo así como una semana tuve un sueño completamente diferente. Fue el primer sueño reparador en mucho tiempo, como si al final, igual que le sucedía a Clement Rosset, me hubiese recuperado.
Soñé que estaba en una estancia indefinida y que mi cuñada, la hermana de mi mujer, vestida de un blanco inmaculado, aparecía de la nada y me abrazaba con fuerza. Yo me sentía reconfortado con aquel abrazo. Luego, los rostros se rozaban y, después, ella me besaba en la boca.
Confieso que siempre me ha atraído mi cuñada. En general siempre me han atraído mis cuñadas. Primero las mujeres de mis hermanos, y luego, las hermanas de mi mujer. Sin embargo, en el sueño, el beso de mi cuñada no tenía nada de sexual. Era un beso que, sin llegar a ser casto, no pertenecía al espectro de las relaciones sexuales, al menos tal y como las entendemos.
Nunca había sentido un beso así en la realidad, ni había leído ni sabido acerca de un beso de tales características, pues, por lo general, los besos tienen que ver con la falta y no con la plenitud. Los besos acrecientan el deseo, y no lo apagan. Pero el beso del sueño era un beso de plenitud, un beso que apaciguaba todo deseo, un beso gozoso, en el que sentí que se paraba el mundo, en el que sentí condensados todos los besos.
Y lo más importante de todo, el beso del sueño tenía un sabor particular. Un sabor tan intenso que me hizo despertar. Un sabor que todavía, mientras escribo esto, puedo paladear. Eso quizá fue lo más inquietante. Que cuando desperté tenía el gusto en la boca. Sentía realmente que ese beso había tenido lugar, que había una porción de realidad en aquel sueño.
Me costó un trabajo enorme levantarme. Estuve saboreando el beso en la cama durante algún tiempo. Mi mujer ya se había marchado al trabajo y pude quedarme allí un buen rato. El problema vino después, cuando decidí -y creo que esa fue la peor decisión que pude tomar- que no iba a escribir. Había sido el primer sueño reparador en mucho tiempo. Había superado las pesadillas. Además, no recordaba una experiencia de tanta paz y plenitud como la que había vivido esa noche. Pensé que si la escribía se perdería para siempre. Y quise permanecer algún tiempo más con el sabor en la boca.
Recuerdo que esa mañana ni siquiera quise desayunar. El sabor del beso me saciaba, y no quería quitarme el gusto de la boca. Luego, al mediodía tuve hambre, aunque pude resistirlo. Y, conforme avanzaba la tarde, comencé a pensar que lo mejor sería volver a casa y acostarme lo más rápido posible para intentar encontrarme de nuevo con mi cuñada en el sueño.
Cuando llegué, mi mujer me estaba esperando para cenar. Pero yo no tenía hambre, ni quería comer. Tampoco quise besarla. Al ver su rostro de preocupación, le dije que había tenido un día muy duro y que me iba a dormir enseguida.
Intenté soñar de nuevo con mi cuñada, pero fue imposible. El sabor del beso aumentaba cada vez más. Cada vez que paladeaba, lo sentía con más fuerza. No era desagradable. Todo lo contrario. Era tremendamente delicioso. Sin embargo, así como en el sueño el beso colmó todo deseo, en la realidad, su sabor en mi boca acrecentaba la necesidad de repetirlo. La plenitud se transformaba en falta, cada vez con más fuerza, con mayor intensidad. Hasta que, a la mañana siguiente, el deseo ganó la partida a la satisfacción y la sensación se volvió insoportable. Tanto, que no dudé en intentar escribir el sueño. pero ya no era posible. El sabor del beso se había hecho tan fuerte en mí que no podía expresarlo con palabras. Ya era demasiado tarde.
Durante el resto de la semana apenas comí ni dormí. El beso me había quitado por completo el hambre. Y tampoco soñé. por las mañanas me levantaba y no recordaba nada de lo que había soñado. Intenté mil veces escribir el sueño… pero ya no podía describir el sabor ni la sensación. Todo estaba poblado de realidad. Había transcurrido demasiado tiempo. El sueño se había apoderado de la realidad.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*

Mi mujer no hacía más que preguntarme qué me ocurría, por qué no quería comer y, sobre todo, por qué evitaba sus besos. Al final tuve que decirle que había soñado con su hermana, y que el sueño se me había ido de las manos. Le dije también que estaba desesperado. Que ya no aguantaba más, que tenía que saber si ese beso era real o sólo era parte de mi imaginación. Y ella, con su habitual templanza, me dijo que me tranquilizase, que al día siguiente buscaríamos ayuda médica. Y sobre todo que bajo ningún concepto se me ocurriera hacer lo que estaba pensando. Porque ella me conoce bien, y sabía que en ése momento sólo había una idea en mi mente.
El beso me estaba volviendo loco, y tenía que pararlo de alguna manera. Estaba claro que la escritura ya no podía hacerlo. La única solución pasaba por romper la idealización, destrozar la ilusión y caer a lo real: besar a mi cuñada, aunque eso significase poner en peligro mi matrimonio. A esas alturas, mi matrimonio era lo de menos. Después de una semana de delirio, sólo me importaba una cosa, sacar de mi cuerpo aquella sensación. A toda costa.
Ésa misma noche cogí el coche y fui a la casa de mi cuñada, que vivía en un piso de soltera. A las tres de la mañana toqué al timbre. Al verme, se asustó. Pero me invitó a pasar. Yo le conté la situación y le dije que necesitaba besarla. Pero ella se negó. Entonces intenté hacerlo por la fuerza, aunque siempre ella conseguía retirar sus labios. Por fin conseguí besarla, pero de modo muy fugaz, así que no me dio tiempo a saborear el beso. Necesitaba sosiego y calma. Necesitaba saborear su boca. Confrontar sabores. Y eso era imposible de aquel modo. Así que decidí atarla a una silla. Y para que no gritase más, la amenacé con un cuchillo. Incluso tuve que hacerle un pequeño corte en la mejilla para que se tranquilizara. Yo no quería, pero la situación me condujo a eso. Al final, cuando entendió que su vida no me importaba demasiado, accedió a mis peticiones, y logré que me besara con pasión. Probé de todas las maneras. Pero sus besos no recordaban ni de lejos al beso del sueño. Ni siquiera el roce de su rostro. nada era igual. No era ella. No era su sabor lo que yo buscaba. Se había roto la ilusión. Pero eso, lejos de salvarme, fue lo que me condenó. Porque besar a mi cuñada y constatar que no era la mujer del sueño fue como abrir la caja de los truenos, y el beso que llevaba dentro se desencadenó con una violencia tremenda.
Mi cuerpo comenzó a tambalearse de dolor. Y mientras tanto, mi cuñada me miraba con los ojos llenos de lágrimas. Yo le pedí perdón. Pero sabía que había ido demasiado lejos. Si la soltaba, llamaría a la policía. Tampoco me importaba demasiado, así que decidí dejarla allí. Desconecté el teléfono y cerré la puerta con llave. Ya la encontrarían. Todo estaba perdido.
Salí corriendo de la casa y subí al coche. No sabía dónde ir. Pero lo peor era la terrible sensación que se había apoderado de mi cuerpo. Era un dolor tan indescriptible que nunca me acostumbraba a sentirlo. Y se incrementaba cada vez más.
Pasé cerca del malecón, y se me ocurrió, en medio de la desesperación, en probar más besos, los besos más desesperados. Así que subí al coche a una prostituta, y le dije que quería que me besara. Nada más. Fue una experiencia terrible. Luego otra.. y otra más. Creo que esa noche besé a todas las prostitutas callejeras de Murcia. Pero no obtuve respuesta alguna a lo que estaba buscando. El beso cobraba fuerza en mi interior. Era como si me expulsara de mí. Hacía días que no había comido, días que no había dormido, y el beso se había apoderado de toda mi realidad.
No sabía cómo iba a volver a casa después de aquello. Mi cuerpo se entumecía poco a poco. Pero el dolor más terrible lo tenía en la boca. Ya apenas podía saborear. la boca se me había puesto densa, pastosa, como si estuviese mascando algodón. Un algodón húmedo que me envolvía y no me dejaba moverme, como si todos los poros de mi piel se estuviesen saturando. Me ahogaba. Y ya no podía salir a flote.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx*

Estaba claro que nunca encontraría un beso que pudiera frenar aquella metástasis. Entonces, sumido en la desesperación, decidí que lo mejor era el suicidio. Al menos, podría saber cuándo acabaría.
Conseguí llegar a la casa que mis padres me dejaron en la huerta. Todo acabaría allí. Aquel maldito sueño, aquel maldito sabor. Mi padre siempre guardó una escopeta de doble cañón. Esperaba que también hubiese guardado algún cartucho. Gracias a Dios, así lo hizo. Encontré el arma y la munición, me senté en la cama de mis padres y, alargando el brazo todo lo que pude, me metí la escopeta en la boca e intenté disparar. Juro que lo intenté. Cerré los ojos, apreté los dientes junto al cañón. Pero en el último segundo, no tuve valor para hacerlo. Ni siquiera la desesperación me hizo apretar el gatillo.
Fue entonces cuando de impotencia mordí mi mano con tal fuerza que comencé a sangrar. Y fue también en ese momento cuando sentí algo extraño en el sabor de mi sangre. Un gusto metálico que, extrañamente, se aproximaba bastante al del beso del sueño. Saboreé un poco más. Y, en efecto, mi propia sangre era lo más parecido al sabor del beso.
Cuanto más saboreaba, cuanto más fuerte mordía, más cerca estaba del sabor del beso, como si estuviese afinando un instrumento musical, buscando el tono perfecto. Sentía que a medida que me desangraba y me quedaba sin fuerzas me aproximaba más al sabor del beso. Así que mordí y succioné tanto como pude… hasta que, en un momento, perdí el sentido por completo.

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Cuando mi mujer me encontró ya casi no tenía sangre en mi cuerpo, y la mano izquierda prácticamente me la había comido entera.
Ahora tengo las manos vendadas, pero aun así el médico me obliga a escribir mis sueños. Para que no me ocurra más lo del beso. Para que en la palabra escrita pueda encontrar un saber… un sabor.

 

 

 

 

MANUEL MOYANO

TIEMPO Y CENIZA

He ahí al gran escritor y a su mujer, él repantigado en su butaca preferida y releyendo Tiempo y ceniza, la novela que publicara hace ya más de veinte años, ella viendo la televisión con el volumen muy bajo para no molestar a su marido, quien humedece la yema de su dedo índice con su propia lengua empapada en whisky para así poder pasar de la página 77 a la 78, donde acaba el tercer capítulo de esa obra que algunos críticos acogieron en su día con tibieza -pobres mentecatos-, pero que otros elevaron de modo inmediato a los altares de la literatura y que calificaron de tumultuosa y sublime: “fiel espejo de nuestra época”, en palabras de R. S.; “magnífico templo verbal”, según la encendida reseña de M. G.; qué importa que Tiempo y ceniza se vendiera poco, piensa el gran escritor, a quien ya empieza a fastidiarle que su mujer lleve varios minutos intentando atraer su atención hacia alguna cosa, la verdad es que le público se alimenta de bazofia, por suerte aún quedan espíritus cultivados que, año tras año, siguen promoviendo su candidatura al Cervantes (recuerda mientras vuelve a decir que no a su esposa con la cabeza) “por haber alcanzado con una sola obra las más altas cimas líricas de nuestra narrativa”, recita para sus adentros el gran escritor quien, finalmente, acaba de ver rebasado el límite de su paciencia y, sin apartar la mirada del libro manoseado que tiene en el regazo, le espeta así a su mujer: “yo no pienso ir, estaría bueno. Habíamos quedado en que esta semana la basura te tocaba bajarla a ti”.

 

08011

08011

 

 

MANUEL SILVA ACEVEDO

SI ME DIERAN a optar
sería lobo
Pero qué puedo hacer si esta pobre pelleja
no relumbra como la noche negra
y estos magros colmillos no muerden ni desgarran

Si me dieran a optar
sabría acometer como acometo ahora
esta mísera alfalfa, famélica, ovejuna

Si me dieran a optar
los bosques silenciosos serían mi guarida
y mi aullido ominoso haría temblar a los rebaños
Pero qué hacer con mis albos vellones
Cómo transfigurar mi condición ovina.

 

 

¡A LA LOBA!
Gritaron los hombres ya bebidos
La bestia alzó las orejas
y corrió a refugiarse entre mis patas
Me miró a los ojos
y no había fiereza en su semblante
¡A la loba!
Volvió a escucharse el grito ya cercano
Ella agitó la cola
dio un lengüetazo en el agua
y vi sus ojos negros
recortados contra el azul del cielo
Después huyó hacia el monte
entonces yo, la oveja libre de sospecha,
me vi sola ante los hombres
y sus negras bocas de escopeta

 

 

PASA EL REBAÑO en fila funeraria
y atraviesa el pueblo con su fuente
Pasa el rebaño y pasa en seguimiento
de la oveja mayor, la más borrega
Pasa el rebaño en procesión sombría
y tras la huella los lobos cancerberos
van dejando un reguero de saliva
un rastro de sangre y poluciones
Pasa el rebaño y pasa por el puente
Pasan los vagabundos y los trenes
Pasa la loba amarga con sus tetas
Pasa el rebaño y pasa lentamente
Pasa la loba vieja, la más vieja
Pasa la oveja negra a guarecerse
Pasa la noche eterna, nunca aclara
Pasa el rebaño y bala hasta perderse.

 

 

SE DECLARÓ LA PESTE en mi familia
Vi a mis torpes madrastras
gimiendo con la lengua reseca
Murieron resignadas
arrimadas unas contra otras
Yo resistí la plaga
Ayuné, no bebí agua
Rechacé los cuidados
Y una noche a matarme
Vinieron los pastores armados de palos
A matar a la loba
en medio del rebaño diezmado.

 

 

 

 

GUADALUPE GRANDE

PÓRTICO

¿Será hacia esta luz?, “vivir es ver volver”, entonces el regreso,
regresar para vivir,
retornar con la pupila de otros días a la mirada de hoy,

como regresan las plantas a sus hojas, como retorna la raíz a la luz, como llega el fruto a la semilla y a su íntima voluntad.

Todos se han ido y sólo queda regresar.

No es el baile de la memoria, no son los pasos
del recuerdo, no es la sombra de lo que ya no está,

es la luz en la que sólo acontece el regreso.

Te veo volver, te escucho en la luz azul del pentagrama.

Sabes que todos se han ido y la mano pequeña se quedó en la grieta del muro cuando guardaba la caja de las últimas cosas, la crisálida de la libélula, la cicatriz de la nieve, la carta que no enviaste, la llave de niebla, la colección de sellos para las amantes del padre, el hilo que guardaba tu madre para el laberinto, las uñas de los gatos muertos, el disco que siempre suena, mateo, mateo, por qué no me supiste esperar, la fotografía de la silla donde te sientas a mirar el mundo, un helecho de cristal, la espiga de oro, y e pico del mirlo y la sombra invisible de la alondra (pétalos secos para el amor, nido de levadura): palabras, tan sólo palabras,
un cuaderno para cada palabra,

y la luz azul de la memoria, “je reviens, je reviens”

y el ángel que te esperaba cada mañana en el autobús del colegio y que sólo ahora puedes ver.

Todos se han ido y sólo queda regresar,
memoria y sombra de la piel, regreso mudo de luz y hierbaroma que atraviesa la infancia y su cicatriz.

Queda en la grieta del muro el pequeño ataúd para tu ano, las últimas cosas en un calidoscopio incesante que gira despacio en la penumbra de los días, humo y sombra en su laberinto de espejos pequeños insectos, últimos gestos de la vida allí fragmentos de rastros, cuadernos para la caligrafía del tiempo.

 

 

LLEGA EL VIENTO  con las venas atadas a la memoria,

parte el barco de no saber y no hay sirenas sino el remoto afilador
en la esfera de la brújula.

Llega el viento con las hojas tendidas sobre la lluvia,

llegan los días del viento,
los aperos de la caligrafía, la suma de los arpones, la redención de Jonás en el bosque de álamos yertos que pudo plantar Akhab,
pero no fue así,
fue sólo el viento, el aire despierto anclado a la orilla de la niñez.

 

 

LLEGA EL ERIZO con una lágrima en cada espina,
viene a verte,
viene del bosque y su cartografía de raíces, de su oculta conversación y su murmullo mineral.
Abre el libro de lectura y marca el sendero con sus minúsculas garras, no lo olvides, no lo has de olvidar:
una lágrima en cada espina, espina de viento, espina de tiempo, espina de sal.

Miras el erizo con una gota de mar en cada espina,
y lo recuerdas bajo el agua y ves la cautela de tu pie,
y observas su oscuridad móvil afilada y quebradiza.
Miras el erizo con una lágrima de ausencia en el hueco de cada espina,
queda el engarce de su alma que ha venido a verte,
su alma violeta como un crepúsculo, su memoria como el firmamento.

Te asomas desde su boca hacia la luz y piensas que la noche ha de ser así,
esa constelación de lágrimas que fueron espinas, de espinas que fueron tiempo, de luz que calcina la herida
y deja esta pequeña joya sobre tu mano infantil.

 

 

 

 

EDUARDO MOGA

SOLILOQUIO PARA DOS  (fragmento)

Dime, alma, qué cincel has empleado
para que yo sea tu forma,
qué sombra subyace en mi sombra,
o qué memoria soy, qué invertebrada
conciencia.
xxxxxxxxxx¿Has moldeado el aire?
¿Asientes a mis volúmenes, a mis ojos?
Acaso sea hijo de tu luz,
y acaso ese resplandor aterido
me rescate de lo inconcebible
y me alimente de lo mortal:
tu fiebre me unce al ser.
¿Qué extraña potencia, alma,
constituyen mis manos?
¿Son las tuyas?
¿Tienes tú manos?
xxxxxxxxxxxxxxxx¿Ven?
Dime, oh, alma, si es tuyo este silencio
o si son los engranajes de mi cuerpo;
dime si dictas tú mi sangre
o es mi sangre la que te articula;
dime si eres mortal
o sólo sucumbes al azar.
¿Existes, alma?
xxxxxxxxxxxxxx¿Existo yo,
o soy un arañazo de la nada?
Te hablo, y no sé a quién.
¿Por qué es tu transparencia
mi opacidad?
xxxxxxxxxxxx¿Por qué desconozco tu idioma,
si en mí converge cuanto hay,
y me iluminan soles dispares,
y recae en mi piel el peso de lo que se aleja?
¿Por qué no te veo, alma,
si advierto las hondonadas celestes,
los remolinos de la fragilidad?
Me oigo anochecer, y morir,
y construirme;
te niego, alma: niego tu azul
y tus guadañas;
xxxxxxxxxxxxxxniego tus células,
en las que cunde lo incomprensible.
Y oigo tu levedad,
que me atenaza; y aquilato
tu soplo homicida,
el fluir de tu ausencia
por mis capilares
y mi ropa.
xxxxxxxxxx¿Eres, alma?
¿Determinas mi latitud y mi penumbra?
¿Coses mis latidos?
¿Me acunas?
xxxxxxxxxxx¿Por qué no recalas
en mis signos, y fotografías mis miedos,
y me ratificas en tu hoguera sin causa,
ajena al tacto, despojada de tildes,
pero que siento en el fondo de mi nombre,
derramada,
derramándose?
xxxxxxxxxxxxx¿Por qué no lloras?
¿Qué mar es el tuyo, alma?
¿Te poseo
xxxxxxxxxo soy yo tu objeto?
¿Qué abstracciones, pájaros,
estragos
son tu carne,
o la mía?
xxxxxxxxDescreo de ti, alma,
porque tengo frío: porque soy.
No estás: no desmientes los espejos,
ni hurgas en las heces del día,
ni te incumbe el horror del mundo;
no resides en lo sido,
ni te sientas a esta mesa en la que escribo
palabras que se esconden en la página,
palabras que son sólo la oscuridad
de ser yo.
xxxxxxxxxNo me habitas, alma,
aunque me construyas.
No te siento,
xxxxxxxxxxxpero estás en mí.
Pesas como el viento, me ahogas
como si me respiraras,
me rocías de tiempo.
¿Vives, alma, en lo que veo?
¿Eres los ojos con que veo,
los ojos con que no comprendo?
¿O te refugias en el pensamiento
y despliegas en sus sinuosidades
tu sonrisa desoxirribonucleica?
¿Eres una red de aminoácidos, alma,
un alboroto de átomos?
¿Eres maleza molecular, rizoma eléctrico
que trepa hasta la cúspide de la idea
y otorga su espesor a los músculos,
su luz a los fonemas?
¿O posees muros,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxfiebre,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxanatomía,
y obedeces, no al mandato de la química,
sino a la persuasión del mito
y al ascua de la voluntad?
Susurras.
xxxxxxxxxSusurras orquedades,
limos que se desprenden de sus hilachas y de sus córneas,
y se transforman en acto,
y condescienden a la soledad.
Pero digo mi nombre, alma,
y me pregunto quién,
qué,
de dónde,
y distingo humo,
xxxxxxxxxxxxxxxxel humo que emana de mí
y en cuyas volutas se imprime un rostro
desconocido,
el humo que es mi colon y mi tristeza,
el humo que procede como la hoz
y rebana la roca
y la rosa,
el yo
xxxxxy su no ser.
¿Es ése también, alma, tu nombre?

 

 

 

 

CHUS PATO

(de ‘m-Talá‘)
POEMA 1

cheguei a un lugar onde a dor impide o pensamento, o cerebro funciona como un fábrica de imaxes -ser máis precisa, un mar de corazóns. Moi ben, polo de agora agrándanse, metamorfoséanse en superficies planas, enchen ese mar, ata o horizonte. Poden suxerir grandes follas de plantas tropicais, carnívoras, logo illas-extensión, de San Brandán, floridas, toda esa área rameada sobre do mar
-búscame na dirección das Indias
enormes, inflados globos escarlatas, aboiando no naufraxio (máis tarde pin-ups, os aventais invadeesas augas, ata a liña do confín)

xxxxxxser fiel
xxxxxxnon escribir nunca esas palabras

xxxxxxídolos do corazón

corenta anos mirando para o muro, con cristais, mesmo a grande escala no aeroporto de 
Cartago
para que o aire se esgace
e se coroe

 

 

 

POEMA 1

llegué a un lugar donde el dolor impide el pensamiento, el cerebro funciona como una fábrica de imágenes -ser más precisa, un mar de corazones. Muy bien, por ahora se agrandan, se metamorfosean en superficies planas, llenan ese mar, hasta el horizonte. Pueden sugerir grandes hojas de plantas tropicales, carnívoras, después islas-extensión, de San Brandán, floridas, toda esa área en ramos sobre el mar
-búscame en la dirección de las Indias
enormes, inflados globos escarlata, flotando en el naufragio (más tarde pin-ups, los delantales invaden esas aguas, hasta la línea del confín)

xxxxxxser fiel
xxxxxxno escribir nunca esas palabras

xxxxxxídolos del corazón

cuarenta años mirando el muro, con cristales, incluso a gran escala en el aeropuerto de
Cartago
para que el aire se rompa
y se corone

 

 

 

 

(de ‘Charenton‘)
POEMA 1

para que esta beleza sexa tes que imaxinar un muro [(-¿é grande este muro?) (-extensdo)] de ladrillo con contrafortes que reforzan o ritmo; enfronre unha orla de verdura enmarca un portal destruído polo tempo. Unha poeta maior realiza esta travesía todas as mañás, as súas emocións son bastante / como o edificio que pecha o portón, desmanteladas polo abandono. As dúbidas para ela teñen a textura das engrobas e a respiración tenue dun boca a boca -esto ao respecto do esforzo máis ou menos ¿poético?- non sabe se debe ou non seguir arrastrando este código polos estreitos e serpentinos pasos das montaña ou se debe ou non perseverar cos exercicios extenuantes de salvamento e naufraxio, se debe ou non abandonar o que foi teima e xustificación de vida.

agora coloca diante de ti un verdor moi suave (carriza) que medra ao redor das tapas dos sumidoiros ou xeométrico cuadrangular nas beiras das lousas (é unha beirarrúa, non rfai falta dicilo). Nisto repara esta poeta tan devastada como unha arquitectura (ningún acanto, capitel, fuste, dórico) posiblemente o inmoble -nº 15 da rúa B, nunha vila moi estraña, nun país remoto- foi interrompido por unha desaparición, por falta de ánimo, de proxectos… pola corrosión dos anos. Logo un primeiro campo de xeada.

 

 

 

POEMA 1

para que esta belleza sea has de imaginar un muro [(-¿es grande este muro?) (-extenso)] de ladrillo con contrafuertes que refuerzan el ritmo; enfrente una orla de verdura enmarca un portal destruido por el tiempo. Una poeta mayor realiza esta travesía todas las mañanas, sus emociones son bastante / como el edificio que cierra el portón, desmanteladas por el abandono. Las dudas para ella tienen la textura de un desfiladero y la respiración tenue del boca a boca -esto al respecto del esfuerzo más o menos ¿poético?- no sabe si debe o no seguir arrastrando este código por los estrechos y serpentinos pasos de la montaña o si debe o no perseverar en los ejercicios extenuantes de salvamento y naufragio, si debe o no abandonar lo que ha sido empeño y justificación de vida.

ahora coloca delante de ti un verdor muy suave (musgo) que crece alrededor de las tapas de las alcantarillas o geométrico cuadrangular en el borde de las losetas (es una acera, no hace falta decirlo). En esto repara esta poeta tan devastada como una arquitectura (ningún acanto, capitel, fuste, dórico) posiblemente el inmueble -nº 15 de la calle B, en una villa muy extraña, en un país remoto- fue interrumpido por una desaparición, por falta de ánimo, de proyecto… por la corrosión del tiempo. Luego un primer campo de helada.

 

08010

08010

 

 

CARLOS VITALE

RISAS DE COCODRILO

No te engañes.
El de la foto
tan sonriente
ya era infeliz
(tú lo sabes,
bien que lo sabes).

Contémplalo ahí detrás,
público o comparsa,
borroso
incluso en primer plano.

Sonríe
aunque esté muerto.

Si le pides
que se adelante
no da sombra.

Convéncete:
sólo la sombra
no da sombra.

 

 

JORNADA

Tú, de pie, desnuda en la penumbra.
Tu espalda es el arco del conocimiento.
Desde la cama, observo y espero.
Cuando te vuelvas me dirás quién soy.
Sin otra luz que mi deseo.

 

 

ÍTACA

Y si he llegado,
¿qué haré de mí?

 

 

OTRA VUELTA DE TUERCA

Y nada más que sed
y vasos rotos.

 

 

EL ESTADO DE LA CUESTIÓN

Has parado la noche, pero me has negado el día.

 

 

NEUCHÂTEL

No te fíes
de la alianza del lago.

 

 

LIMOGES

Las ramas
arañan
el río
con dedos
atónitos.

 

 

SOBRE UNA ESCULTURA DE FINA OLIVER

De tallos de metal
florecen alas.

 

 

 

 

BERTA PIÑÁN

IN MEMORIAM

Vienes a mi. Conoces los requexos toos
De la casa, la plenitú del aire cuendo l’hibiernu
aporta y quedámonos solos los que solos llegamos.
De qué estraña provincia, de qué absurda estación
de cenices y lluvia vienes a mi esta nueche,
si la muerte, dicen, nun algama más allá
de la muerte. Al par mio miedres colos años perdíos,
esos años que’l tiempu nos traiciona y nos niega,
y una nueche, esta nueche, regreses,
y das vida a la vida,
tu, que namás sabes de la vida la muerte.

 

 

IN MEMORIAM

Vienes a mí. Conoces los rincones todos
de la casa, la plenitud del aire cuando el invierno
asalta y nos quedamos solos los que solos llegamos.
De qué extraña provincia, de qué absurda estación
de cenizas y lluvia vienes a mí esta noche,
si la muerte, dicen, no alcanza más allá
de la muerte. A mi lado creces con los años perdidos,
esos años que el tiempo nos traiciona y nos niega,
y una noche, esta noche, regresas,
y das vida a la vida,
tú, que sólo sabes de la vida la muerte.

 

 

SENEGALESA

Di-yos que pregunten por mi
na aldea de Thiaroye, ellí conócenme,
saben quién ye mio madre y que-y llamen
Ndiémé, saben quién yé la mio hermana Bebé,
cuála ye la mio casa, ellí conócenme.
Di-yos que pregunten por mi a la vieya Misia
que me vio nacer y que me curó del fiebre
y tuvo una vez na ciudá de Thiés a por un diente d’oru,
que pregunten por mi al mio primu Makalou
que lleva a los turistes na so barca de pesca.
Que pregunten a la mio xente, ellí conócenme.
Dí-yoslo. Nun tengo papeles pero ellí saben quién soi.
ellí conócenme.

 

 

SENEGALESA

Diles que pregunten por mí
en la aldea de Thiaroye, allí me conocen,
saben quién es mi madre y que le llaman
Ndiémé, saben quién es mi hermana Bebé,
cuáles mi casa, allí me conocen.
Diles que pregunten por mí a la vieja Misia
que me vio nacer y que me curó de la fiebre
y estuvo una vez en al ciudad de Thies a por un diente de oro,
que pregunten por mí a mi primo Makalou
que lleva a los turistas en su barca de pesca.
Que pregunten a mi gente, allí me conocen.
Díselo. No tengo papeles, pero allí saben quién soy,
allí me conocen.

 

 

DOS GARCES

Aportaren el sábadu. Vímosles
rápido porque esi día entamó
tamién el fríu y chamos
la mañana comentando del tiempu.
Son dos, y preguntóme qué
desín repentinu les trai
a esti árbol precisu, a esti llugar
exactu nel que’l so tiempu
atraviesa, como un signu confusu,
el tiempu nuestru.
Pela tarde falamos d’elles:
“Esta espera suya, inmóvil, terca -dices-,
nun sé qué extraña, antigua imaxe
traza de la vida”.
Después quedamos en silenciu, mirando,
espiando la so perfecta quietú
contra les agües que pasen
del hibiernu, y entós,
per un momentu, resumen
pa nosotres la contemplación
del mundu: esti ríu, estos árboles,
el cielu de seronda, el calor,
el fríu.

 

 

DOS GARZAS

Llegaron el sábado. Las vimos
temprano porque ese día comenzó
también el frío y echamos
la mañana charlando del tiempo.
Son dos, y me pregunto qué
destino imprevisto las trae
a este árbol preciso, a este lugar
exacto en que su tiempo
atraviesa, como un signo confuso,
nuestro tiempo.
Por la tarde hablamos de ellas:
“Esta espera suya, inmóvil, terca -dices-,
no sé qué extraña, antigua imagen
traza de la vida”.
Después quedamos en silencio, mirando,
espiando su perfecta quietud
sobre las aguas que pasan
del invierno, y entonces,
por un momento, resumen
para nosotras la
contemplación
del mundo: este río, estos árboles,
el cielo de otoño, el calor,
el frío.

 

 

 

 

VILMA TAPIA ANAYA

UN TAXI me lleva
camino a casa
guardo una baraja
descabal e incierta
en la cartera
Hundida
solitaria
yo (que no me maquillo)
sólo pienso en llegar
y pintarme la boca
de un rojo excéntrico
llamativo

 

 

IBA SIN NADA que la cubriera
llevaba sus otoños
recogidos
en una cesta
Algunas aves a su paso descendieron
levedad que dejó de ser
junto a la de ella
Entre troncos de abedules
el camino era angosto
Su cuerpo y los árboles
delicadas líneas
que llovían sobre el horizonte
En sus ojos se veía claro:
no la dañaba tener los pies
sobre la tierra

 

 

ENTREGADA al rapto
expuesta
me entrego al follaje
de los paraísos
iluminado desde lo alto
Sigo las largas líneas
de las ramas
y me detengo en el verde
rescatado de la noche
Un gato cruza del mío
al otro lado de la calle
En voz alta digo “gato”… lo nombro
para que esté
Se para
yo no sé en qué momento
Gira su cara
me mira
la endereza y sigue
Nuevamente lo nombro:
ratificado
de un salto nos interna
(estoy ya sobre su lomo)
en el blanco triángulo
de la vida

 

 

NO FALTARÁ quien al pasar
se detenga

Con la cara pegada a las rejas
atento
escuchará los cantos
reconocerá los matices
de los plumajes
y hasta el más leve
temblor de las alas

Entonces podrás abrir la puerta
permitir que se pasee
por tu jardín
enseñarle dos o tres modos
de aproximarse a tus pájaros
de cuidar de ellos
de alimentarlos

 

08009

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DEREK WALCOTT

LOVE AFTER LOVE

The time will come
when, with elation,
you will greet yourself arriving
at your own door, in your own mirror,
and each will smile at the other’s welcome,

and say, sit here. Eat.
You will love again the stranger who was your self.
Give wine. Give bread. Give back your heart
to itself, to the stranger who has loved you

all your life, whom you ignored
for another, who knows you by heart.
Take down the love letters from the bookshelf,

the photographs, the desperate notes,
peel your own image from the mirror.
Sit. Feast on your life.

 

AMOR DESPUÉS DEL AMOR

Llegará el día
en que, con entusiasmo, te recibirás
a ti mismo llegando
a tu puerta, a tu espejo,
y uno sonreirá ante la bienvenida del otro.

Y dirás: siéntate, come.
Amarás otra vez a aquel extraño que fuiste tú.
Dale vino. Dale pan. Devuelve tu corazón
a sí mismo, al extraño que te ha amado

toda la vida, al que ignoraste en bien de otro,
aquél que te conoce tan bien;
y baja las cartas de amor de la estantería,

las fotografías y notas desesperadas,
despega tu imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.

 

 

WINDING UP

I live on the water,
alone. Without wife and children.
I have circled every possibility
to come to this:

a low house by grey water,
with windows always open
to the stale sea. We do not choose such things,

but we are what we have made.
We suffer, the years pass,
we shed freight but not our need

for encumbrances. Love is a stone
that settled on the seabed
under grey water. Now, I requiere nothing

from poetry but true feeling,
no pity, no fame, no healing. Silent wife,
we can sit watching grey water,

and in a life awash
with mediocrity and trash
live rock-like.

I shall unlearn feeling,
unlearn my gift. That is greater
and harder than what passes there for life.

 

 

CONCLUSIÓN

Vivo sobre el agua,
solo, sin esposa ni hijos.
He examinado todas las posibilidades
y he llegado hasta aquí:

hasta una morada recóndita sobre aguas grises,
con ventanas siempre abiertas
a un mar estancado. No elegimos nada de esto,

somos aquello que hemos hecho.
Sufrimos y pasan los años,
reducimos la carga pero no la necesidad

de llevar peso. El amor es una piedra
que se decidió por el fondo del mar,
bajo el agua gris. Y ahora ya no pido nada

a la poesía; sólo un sentimiento genuino
y ninguna fama, ningún lenitivo, ninguna piedad.
Esposa callada, sentados mirando el agua gris,

en una vida que anega
la mediocridad y los tumbos
que da la vida, como una roca.

Olvidaré este sentimiento,
olvidaré este don, que es mayor y más fuerte
que lo que pasa por vida allí.

 

 

 

 

MARGA CLARK

(de FRAGMENTOS DE CENIZA)

Te espero en mi tumba
la noche que florezcan las cenizas.

Ven,
uniremos tu recuerdo con el barro
y mi anhelo con tu renacer.

 

 

 

Mi corazón está manchado de muerte,

no dejes que la aurora lo limpie
con su azul velo.

Sólo me llevo tu recuerdo.

 

 

 

No sé por qué hablo contigo
¡Oh muerte!

ahora que soy un despojo
de un gozo antiguo

ahora que he perdido mi nombre
mi sombra
mi destino.

 

 

 

Tu canto antiguo
descubre la hendidura del vacío,

tu vacío ocre
que enciende la llama de mi desconsuelo.

Tu vacío extinto,
descarnado.

Tu vacío derrumbado
en mi atardecer de arenas
y guijarros.

 

 

 

Recojo tu desaliento
en mis manos empapadas
con tu llanto.

El fuego se ha extinguido

pero el viento adolece
y el mar zozobra.

 

 

 

Acércate a mi jardín nublado.

Las flores deshojadas te abrirán la senda
hacia mis manos.

Ve, cobíjate en mis ateridos brazos
y viviremos tu sueño.

No temas,
la muerte ya me ha abandonado.

 

 

 

Vuelve a tu lecho esplendoroso
de saucos y alhelíes.

Borra tu rastro cobrizo
del surco de la tierra.

En la hora más triste
y encumbrada,

tu tumba descarnada
te reclama.

 

 

 

 

RONNY SOMECK

BLOODY MARY

La poesía es la chica de unos gángsters
en el asiento trasero de un coche americano.
Los ojos apretados como un gatillo. El revólver de su pelo dispara
balas rubias deslizándose por el cuello.
Pongamos que se llama Mary, Bloody Mary.
En la boca aprieta las palabras como el zumo del vientre del tomate
al que antes le han partido la cara
en la ensaladera.
Sabes que la gramática es la policía de la lengua
y que la antena del pendiente
identifica de lejos la sirena.
El volante hace girar el coche, de un interrogante
a un punto,
y ella abre la puerta
para quedarse de pie en los márgenes del camino, como metáfora de la palabra
puta.

 

 

 

CANCIÓN DE AMOR CON UN VENTILADOR EN EL TECHO

Somos las alas de acero de un viejo ventilador.
El tornillo que nos colgó en el techo recuerda
la lengua del destornillador que dio vueltas a sus labios
y el gemido del hormigón en el momento de la penetración.
En un extremo de la habitación la radio está encendida y por el dial
escalan las palabras como obreros de la construcción, de fornidos músculos.
Alguien canta: -Si amarte es un error
no quiero tener razón.

 

 

 

TRIGO

Un campo de trigo se orea en la cabeza de mi mujer y en
la de mi hija.
Qué banal describir de este modo el rubio,
a pesar de todo, ahí crece el pan
de mi vida.

 

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DESPUÉS DEL CONCIERTO DE MUNDO CHILLÓN EN EL CAFÉ DE ALBA

Lo de este viernes pasado fue un auténtico placer: Mundo Chillón presentando su flamante primer larga duración junto a Manu Clavijo (a quien un servidor veía por primera vez).
Así como en el disco la presencia de Manu me parecía excesiva, creo que en directo el tándem es, sencillamente, perfecto. La compenetración de la guitarra de Pedro y el violín de Manu es asombrosa; medido todo hasta el milímetro y dejando a la vez sitio a la improvisación, el muestrario de temas es un lujo…y, si pueden ir a verlos, no duden en pedirles alguno de los temas inéditos que empiezan a mostrar ya sobre los escenarios, porque de ahí surgirán algunos de los próximos pelotazos de la canción de autor en este país (ya ‘De Madrid al suelo’ en una muestra excelente de lo que digo).
Y aquí tienen alguna de las fotos que hice el viernes.

 

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EL 8º PROBLEMA DE YORICK

Yorick 8

 

ELENA ROMÁN

PREONIRIA

Ese sonido como de flauta resfriada no proviene de la tienda de animales, sino de mi barriga. Entré en la tienda para mirar, me compró barata un mosquito, me lo comí, se puso gordo y ahora silba cuando se aburre y me da codazos cuando huele a coñac.
xxSi no se royeran tanto los huesos de cereza, ya habrían brotado en la calle de atrás más de treinta cerezos por centímetro cuadrado, y al mediodía se descansaría. Pero me tengo que conformar con la tundra en el pasillo, con esta selva hasta las rodillas en la que no se me permite enterrar un acordeón al que no haya amortajado antes envolviéndolo en un mono naranja y chispeante. No importa, porque toda eternidad es pasajera y, además, no siempre me apetece inhumar acordeones (no puedo decir lo mismo de los mosquitos).
xxComo hoy es día par, late mi corazón. Lo hará hasta el anochecer, momento en que correrá a juntarse con los tambores. Y yo, intentando reconocer su voz entre otras percusiones, me dormiré abrazada a un listado provisional de afectados por la vida. Luego, al despertar en non, seguirá en su sitio aunque invisible. Con un electroshock le haré salir de su escondite, al norte del mosquito y al principio de un hueso de cereza.
xxLa bengala que llevo clavada en la yugular no me la voy a quitar porque por la noche me gusta abrir los ojos y encontrarme el cuarto lleno de lanchas que me invitan a coñac para reanimarme.

 

 

MUY ACTIVO

Me he venido a la sección de juguetería porque es más popular y menos fría que la mía, y además estoy harto de yogur. hago destacar mi presencia dando saltitos entre Spiderman y Harry Potter, correteando por las baldas, brillando como nuclear, hasta que, al fin, una niña se fija en mí, me señala y les pregunta, encandilada, a sus padres: “¿No es el bífidus activo más bonito que habéis visto en vuestra vida?”. Los padres asienten, emocionados, piden ayuda a unos amables reponedores para echarme al carro -pues soy inquieto y espontáneo-, y con el esfuerzo de todos menos el mío soy trasladado a la caja rápida, donde una chica nos recibe con la cabeza y la sonrisa ladeada, y se sincera:”Han hecho ustedes una buena compra. Les felicito. Las correas se pagan aparte. Me llamo Amalia”.

 

 

HOMBRE AL AGUA

Al lado de una maleta hay un hombre y a su lado un mar. El taxista con frenillo que lleva al hotel no provoca en el hombre curiosidad alguna. Tampoco llama su atención la hermosa mujer de pelo rojo con la que se cruza en el hall, ella saliendo y él entrando. El hombre mira su reloj, que atrasa; mira el de su habitación, parado. Se asoma a la venta y ve cómo, en el bloque de enfrente, una persiana se convierte en la letrina ocasional de una gaviota. La persona que habita tras esa persiana no advertirá jamás lo ocurrido, porque la mancha se halla en el revés de la persiana y el piso es tan alto que apenas se vislumbra desde la acera. Las gaviotas emiten un sonido como de gallina ladrando o niño soñando (el hombre diría que sus rostros se asemejan a un payaso que murió). No ve gatos porque están en el rompeolas. Está nublado y la playa, prácticamente vacía. En cuanto un rayo de sol se incorpore de una nube y eche a caminar sobre peces ocultos, la gente saldrá corriendo a invadir la arena. En pocos minutos, el agua se llenará de ruido y parejas de ancianos caminarán descalzos por la orilla, casi con prisa. El hombre baja al bar y pide un bocadillo, el número dos. Se queda con hambre y, aunque la pizarra enumere quince tipos de bocadillos, vuelve a pedir el número dos, para qué probar otro, ése le gusta, lomo con queso, otro dos.
xxPiensa acostarse pronto, reponerse del viaje, descansar para no sorprenderse al día siguiente ni el resto de los que completarán su estancia en este lugar. Porque siempre, vaya donde vaya, es el mismo taxista con frenillo el que le recoge y lleva a un hotel en el que se cruza con una mujer a la que no tratará de conocer porque sabe que es imposible, que se perderá calle abajo, que avanzará más rápido que él, una hermosa mujer de pelo rojo y dirección opuesta. Porque en todos los hoteles por los que ha pasado ha visto una gaviota rebozando la persiana de un piso altísimo, así como en todas partes las gaviotas le sugieren gallinas ladrando o niños soñando, y sus rostros le recuerdan a los de una pelota roja de goma muerta. Porque está harto de contemplar cómo se llena una playa para idolatrar a un rayo de sol y, por mucho que lo medite, siempre acaba pidiendo dos bocadillos del número dos. Porque, sea el momento que sea, ningún reloj es fiable y por ello pierde la noción del tiempo. Es el mar quien, en su perenne movimiento, lleva a su encuentro a las mismas personas por los distintos sitios que el hombre visita. Aquí tampoco sacará fotos puesto que lo único que le diferencia de otras ciudades es el color de los edificios y el acento en los bares. El hombre no sabe qué hora es cuando apaga la luz. Al despertar, estará al lado de una maleta al lado de un mar y los gatos en el rompeolas.

 

 

SU PEREZA INTACTA, GRACIAS

Soy una máquina, o eso dicen. Mi labor es la de atender a híbridos de vagos del siglo cuya mayor proeza consiste en introducir unas monedas por la ranura. No les basta con los productos precocinados que sólo hay que calentar un minuto en el microondas. En busca de que se les dé todo hecho, acuden a mí. Hablando de ellos, por ahí viene uno.

xxHola, cariño, ¿cómo estás hoy?, ¿qué te apetece comer?, ¿te frío unos huevos y unas patatas?, ¿o prefieres pollo?

xxQuiere tortilla de patatas. En cinco segundos se la hago, porque soy una máquina. Pero cuando saco mis brazos articulados para entregársela, advierto, por su expresión, que no se conforma con que se la ofrezca. Éste no es un híbrido: es un vago puro, sin mezcla.

xx¿Qué quieres?, ¿que te la parta en trocitos y te los vaya colocando en la boca? ¿Y a que también vas a querer que te mueva la mandíbula evitándote el esfuerzo de masticar?, ¿y que luego te masajee suavemente la barriga para procurarte una buena digestión? Venga, mastica bien: ésta por mamáaa, ésta por papáaaa. ¿Qué? Está rica la tortillita, ¿eh?

xxDice que sí. Es muy feliz. Le doy unas palmaditas en el hombro y aquí terminan mis servicios en función del importe exacto. El eructo lo pone él. Me voy acostumbrando.

 

 

UN PEQUEÑO TROZO DE NOCHE

Milagros ya no trabaja aquí. tenía el turno de noche y, no pudiendo dormir con la luz del día, fichaba agotada, somnolienta. Recibió en su buzón la publicidad de lo que pudiera ser la solución de su problema: se vendían trozos de noche para ventanas de todos los tamaños y diseños. Compró uno pequeño para el ventanuco de su cuarto y no averiguó cuántas estrellas contenía, porque se durmió enseguida. Como siempre es de noche en su cama, no se despierta. Ya no la esperamos. Hemos puesto, en su lugar, una máquina de café. Funciona.

 

 

 

 

ANTONI DEFEZ

ESCALOFRÍO

En la acera, a plena luz
dos cuerpos se funden encarnizadamente,
las bocas juntas,
se comprimen, apenas se ven,
la sangre hierve, quema el tórax,
intercambian saliva, caricias,
las manos que aprietan, los dedos que buscan,
giran un poco, se elevan,
imperceptiblemente crecen,
menguan, suben,
se roban el oxígeno,
respiran uno en el otro,
se devoran,
están a punto de caer.
Se miran perplejos, avaros, confusos.

En el taxi un escalofrío recorre la espalda
de un hombre desconcertado que se esconde
instintivamente en el asiento de atrás
para evitar ser descubierto:
la hija, aún adolescente, se entrega
humeante a aquel macho desconocido.

Y con la boca áspera, sintiendo
todavía el tajo de aquella cuchillada,
el hombre desvía la mirada y ve
el cumplimiento brusco de una naturaleza
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxinexorable.

 

 

 

 

JULIÁN CAÑIZARES

EL ESCRITOR

Este escritor es el más misterioso del mundo.
Ha publicado numerosos libros. Ha tenido buena acogida
por parte de la crítica; también del público.
Los editores se pelean por sus obras. Él lo sabe.
Sus palabras son asequibles. Es cordial con la prensa.
Su vestimenta y sus actitudes son muy normales.
Sin embargo, hay algo misterioso en él,
que lo diferencia del resto del mundo.
En sus libros, en el apartado de biografía, se indica
el año de su nacimiento, y el de su muerte.
Cuando se le pregunta sobre este extraño dato,
él no responde. Sonríe y solicita otra pregunta.
Nadie nunca ha sabido por qué ese extraño dato.
El año de su muerte con tanta exactitud,
cuando todavía está vivo, y con un margen amplio.
Hace unos días se ha terminado el año.
El de la muerte. La suya. Y hoy, en la televisión,
se le ha visto asistir a la presentación de un libro.
Después ha presentado su nueva obra. ¿Por qué?
¿Qué es exactamente lo que hay después de ese año?
¿Qué podemos preguntarle a partir de hoy?

 

 

MITOLOGÍA

Se citó a un jugador de billar y a un jugador de baloncesto.
En medio de la pista de baloncesto se situó una mesa de billar.
Se cerró la puerta del pabellón. Y desde el exterior
se les dijo: ¡jugad! El jugador de billar abrió su partida.
El jugador de baloncesto sacó de fondo. Tres segundos después,
o quizá cuatro, los dos pararon. ¿Cuánto tiempo
tendremos que hacer esto?, se preguntaron los dos jugadores.
La canasta con su red, la mesa con sus troneras. El vacío.
No sabían que en el exterior no quedaba nadie.
Se habían alejado en un monoplaza de fórmula 1, veloces,
hacia el norte más lejano. ¿Seguimos jugando?, se preguntaron.
Y cada uno volvió a su juego, a la carambola y al enceste.
Cada uno con la sensación de hacer un partido inocuo;
rezando, implorando, deseando que los de ahí fuera volviesen.
Sin saber que aquellos monoplazas podrían tener, en cualquier momento,
un accidente. Sin saber que a lo mejor ya no regresarían.

 

 

 

 

ISALÓ GÓMEZ

SOBREVIVIR NO FORMA PARTE DEL ESPECTÁCULO

I

Yo era como uno de esos viejos almendros
que, en la verja de atrás junto al brocal del pozo
hechos al sol maleducado,
por ímpetu, por presunción, o simplemente
por la más pura demostración de estupidez
florecen en enero;

como si no lo supieran;
como si en años y años de pasar siempre lo mismo
no supieran
que un hielo tonto en marzo
da al traste con el trabajo del invierno.

Yo era como ellos,
con un único afán:
añadir cada año un anillo a mi corteza
y da igual la esencia de la flor,
la dulzura, el amargor del fruto.

 

II

(No tiene por qué quedar
esta sensación de poema inacabado)

Digamos que los árboles, a veces,
disfrutan del reinado del verde de la hierba,
de las amapolas a sus pies,
de las avispas horadando su centro.

Digamos que él, que se había ido,
volvió a mi casa,
a danzar en mi patio,
a sentarse en mi sombra.
Digamos que llegó como un tornado de violetas.

Se hizo de día.
Se hizo de noche.
Y aún estoy aquí,
encadenando escalofríos de por vida.

 

 

 

 

FRANCISCA GATA

A UNA MUJER QUE BARRÍA EL BALCÓN DESNUDA EN LA PLAZA DEL DEPÓSITO DEL SOL

Ayer, hermosa, venía por la plaza, andaba cabizbajo, reflexivo,
rumiando el pan de un pensamiento,
callando mi verdad de estar tan vivo, pues que inútil mortal,
consideraba que no hay mayor prodigio,
y no es derroche, para sentirse ledo,
que una cama bien hecha, con sus sábanas
y una pájara pinta, tan pintada, que de churretes
te tiña la almohada. La tarde olía a palomas mensajeras,
a muchas, defecando, a turbamulta,
y el sol se defendía a mamporrazos
con la cruel y díscola penumbra.
Y fue que, por observar tan singular batalla,
noté ganas de alzar ojos y cejas,
también elevé un poco la cabeza, lo justo
nada más, lo imprescindible.
Y al mirar perdí los imperdibles, pues te vi, hermosa mía,
sin más prenda que una villana escoba
que barría, accionada por tu impulso,
qué de polvo soltaba tu impereza,
parecía que barrieras el desierto y al tiempo,
mujer limpia, liberada,
meneabas los labios con el gesto
de cantar las canciones más ansiadas,
para ser animales en el lecho.
Sólo un mendigo poblaba la placita y al mirarme mirar
miró conmigo y pensó, ya ves tú si no es delirio
que, o bien el tinto tetrabrik estaba malo
o se había pasado en el ingesto.
Qué nalgas, dije yo, y él sin dudarlo mencionó
que el demonio tiene cuerpo y es cuerpo como el tuyo, relicario
aunque despida fuego, mas transforma la vida
en algo muerto. Qué pechos, qué plumón,
quién fuera sueño para entregarse loco
al edredón, a la marea de caderas tan noblemente sanas,
morder, obviando el daño, esa manzana
y así pasar los años o los días.
Quién fuera palo de escoba, aquel palo,
para ser mujer por ti agitado
que, aunque levante polvo,
no te produzca alergia ni prurito,
comparados los polvos con la paja
que en este ojo ajeno se ha clavado.
Y el mendigo: “Hay que ver, yo es que no salgo
seco de este asombro”, y más vino y eructos en mis hombros.
El mendigo era un cerdo
y mendigaba para pagar su casa en la playa.
Eso me dijo el muy, muy, muy ladino,
y mecachis, si por Dios, no le aticé,
porque yo estaba, y es fácil de creer,
con una erección que me alarmaba,
porque al verte de lejos, tú barrías,
porque aunque trempara y trepara,
no eras mía, quizás en esa torre secuestrada
tenía algún señor tu lozanía.
Y mis ingles reclamaban oro puro,
de tu piel el chorreo de ambrosía,
de esa boca que adiviné perlada,
quería desprender otras palabras,
las que el amor disfraza de poesía.
Y así estaba que no estaba
cuando noté un calentor en mis pisadas,
oh, terror, era el mendigo que en mis huellas
sin tiento vomitaba mientras yo con los ojos te comía.
Ay qué asco y que dulzura y qué ansia de volar
a tus macetas y libar como abeja, como mosca chupar,
como mendigo seco, el sudor que escapaba de tus piernas.
Pero me fui, porque salió tu madre y me vio tan salido
y tan manchado que al borracho y a mí levantó mano,
como si fuera un acta levantada,
para advertir que venía soldadesca,
que a la guardia civil había llamado,
policía nacional y guardia urbana.
Le faltó por llamar a los bomberos.
¡Joder con esa madre!, no descansa.
Claro que si das a menudo en barrer
el balcón de tus amores, sin blusa, sin enagua,
sin, yo qué sé, un velo que te cubra,
tu madre habrá costumbre de llamada
y habrá costumbre de acudir muy presto,
pues no todos los días te agasajan
con salvar damisela desnudada,
barredora, cuerpo enhiesto, que te pone tan tonto
que tonteas y se te salen los ojos de los cestos
y te dejas vomitar cual papelera,
porque tienes en el cuerpo tanto gusto
que crees que eres tú quien se derrama
contemplando las gracias de la gracia.
Adiós, mujer, ya volveré mañana,
dile a t madre que se introduzca el dedo
de marcar, en esa parte
ideal, si lo que quieres es sentarte,
o darte al ventoseo cuando hay necesidad
o hay cachondeo o pretendes calentar el frío hogar.
En fin, lozana, no barras sin un chal,
no ves que matas, que estás como ese AVE
que dijeron vendrá a Albacete un día de estos.
Adiós preciosa, ponte ropa interior u
otra cosa, no sea que te resfríes y te mueras
y el mástil de mi bandera se me tronche,
qué haré los sábados, si salgo por la noche,
si mi ejército asedia algún fortín,
ridículo estratega pareciera y tú,
mi bien, desnuda calavera.

 

 

 

 

ARTURO TENDERO

C/ HERMANOS GIMÉNEZ, 27

La paja no es mejor contenedor
para las relaciones
humanas que el ladrillo
aunque entre nuestros genes haya briznas
de paja distraídas
durante los furtivos escarceos.
Al final te acostumbras a vivir
lejos de la incomodidad
donde creciste, a ver
una torre de pisos
en el mismo solar donde estaba la casa
que ni siquiera logras recordar
con detalle, aunque la lleves dentro
porque en ella aprendiste a percibir.
La calle era de tierra,
eran otros los ruidos. Si te asomas
a la ventana
del pasado en busca de asideros,
encuentras una vaga sensación
tan pegada a la piel, que es la piel misma,
un indicio que sólo a ti te sirve.
Y se han ido muriendo los testigos.
Te tienes solo a ti, no tienes nada,
hombre de paja. Ni siquiera
sabías de qué era la estructura
hasta que, en el derrumbe,
cayeron a tus ojos los cascotes,
las vigas mezcladas
con la piel de tu infancia.
Y eso eres,
ciudad que ya no existe,
sensación que deambula
como un fantasma
por debajo del hombre que parece
desenvolverse bien entre ladrillos.

 

EL 7º PROBLEMA DE YORICK

Yorick 7

 

 

ELENA ROMÁN

TE DIJE QUE ELIMINARÍA TODAS LAS HUELLAS

xxBarriendo, parece que la casa adelgace. Ya he llenado tres bolsas de basura con sombras, y eso que sólo he terminado con el dormitorio y el salón.

xxLa cocina no la limpio: la exorcizo, y así se marchan los espíritus de las ratas y los vapores de los alimentos caducados.
xxEl espejo de la entrada no me refleja como soy, sino como era la última vez que lo limpié, con una sonrisa de más y una ausencia de menos. Paso el trapo por encima y me enfrento a mi imagen actual. No me gusta. Vuelvo a pasar el trapo, desaparezco.
xxLa alfombra de bienvenida está tan sucia que el polvo ha cambiado sus letras; ahora dice “Adiós”. Al levantarla, descubro un beso, intenta huir, lo aplasto, se derrama en rojo y lo borro haciendo bailar las tiras de la fregona sobre él.
xxA través del pasillo, el rastro de agua con detergente se trenza, como arco iris mate.

xxEstoy encerrada en el cuarto de baño. Poco a poco he ido quedándome sin espacio. Comparto la última baldosa con el cubo de agua, de puntillas, agarrada al palo. Hace frío. A mi alrededor, todo es humedad con aroma a pino. Tardará en secarse. Escucho gotear un grifo, pero no sé cuál es, no puedo moverme para ir a cerrarlo y el sonido cada vez es más fuerte, más cercano, más rápido. No lo soporto. Gota a gota forma una palabra: “Desinfección”.
xxLo he limpiado todo. Sólo queda una baldosa: ésta, la mía, yo.

xxSin mover los pies, levanto en vilo el cubo de agua. Estirando el brazo, alcanzo a colocarlo dentro de la bañera.

xxMe introduzco en el inodoro y desde ahí friego la baldosa.
xxAhora sí está todo limpio.

xxMe como la fregona.
xxBajo la tapa y anochece sobre mi cabeza.
xxTiro de la cadena.

 

 

 

PARADA EN VERSO

Eva se levanta, se viste, se restaura, se toma un café mientras se peina. Coge el bolso y las llaves, se le escurren, se le caen y, en mitad del descenso, a Eva se le ocurre un verso. Retira la mano que estaba destinada a coger las llaves, imagina que su dedo índice es un bolígrafo y escribe el verso a la inversa en el espejo, mientras un ruido de metales golpea el suelo sin violencia.
xxEva recoge las llaves, abre y cierra la puerta, baja las escaleras de dos en dos, sale a la calle y…la exagera. Lo que es gris lo pinta de azul, lo que es negro, de blanco, lo que es marrón, de rojo, lo que es silencio…de verso, que apunta esta vez en su ombligo, y lo acaricia y lo arruga y se sonríe y se sorprende, pero alguien le increpa y ella se entretiene en no responderle. Se esconde el poema bajo la camiseta, se marcha, y como un eco se eleva, Eva.
xxEstán esperando a Eva. La recibe un hombre a rayas, muy serio, muy tenso, poco generoso, que cuando ella le da los Buenos Días, él tan sólo se los presta. Quiere saber su edad, conocimientos y experiencia. Y entonces Eva se bloquea, y divaga, y suspira, y se emociona, y recuerda en voz alta los felices días de su infancia, y se pregunta qué es poesía, sino la vida misma, y asegura ser Licenciada en Arte y Confección de Versos, haber cursado estudios de Diseño Trágico, y poseer un don innato para la Decoración de Interiores. De pronto, Eva se muerde la lengua, mira al techo, resopla, comprende, y, amablemente le pregunta si podría repetirle la pregunta. Al hombre a rayas se le queda la cara a cuadros, le quita los Buenos Días y la despide, empujándola hacia la puerta con los ojos.
xxEva se va. Eva está triste. Eva se sienta en un jazmín y le sobra la mitad de los pétalos para cubrirse la cabeza y tener la sombra perfecta donde escribir un poema. El poema en el que Eva se hace poema, se levanta, se viste, se restaura, y sale a buscar trabajo en días de lino y prosas.

 

 

 

 

ARTURO TENDERO

TRAIDOR

Siento extraña la tierra
que fue para mis muertos
el único lindero concebible.
Qué viento es este
que contra el rostro afila su cuchillo.
El campo, sus olores,
todo es ajeno a mí.
Sólo vengo a cambiar
la piel de mis problemas,
no a exponer los sentidos
al clima y su amenaza.
Si mi abuelo labrase aquí
delante, con mi edad,
curtido, sudoroso,
cómo reconocernos,
qué recelo feroz,
qué lejos me han traído
los años y los libros,
esta paz mentirosa.

 

 

REGRESO

Está el camino a veces y otras no,
se desanima. Y hemos de buscarlo
en la costumbre, en signos que lo guardan,
como esa vieja casa de campo hecha cascotes,
tomada por insectos, ortigas y reptiles,
antiguos moradores del lugar
que lo han recuperado tras un exilio breve.
Buscamos de reojo algún vestigio
de los que aquí vivieron, de su extinta rutina
sin duda comparable con la nuestra:
olor a pan, sudor, chisporroteo de lumbre…
Y todo lo que hallamos son ciertas presunciones,
inexactas sin duda. Qué fácil se recicla
nuestra compleja trama:
pasiones y hasta hogares que parecen tan firmes
caben en los anillos de una encina.
No es erigir acaso lo que importa,
es mantener en pie lo que encontramos,
aprender a vivir en las antiguas casas,
vestir viejas costumbres, desbrozar el camino
que lleva del que fuimos al que somos.

 

 

 

LEÓN MOLINA

SOY EL HOMBRE ÁCIMO QUE SE ALIMENTA DE LOS MAPAS OLVIDADOS.
El maquis de mi derrota.

 

 

Miro con otoño la chopera que desnuda al viento.
Recuerdo el amarillo que promete.
Las estaciones cumplidas  se recuestan a mi lado, lamiendo la inexistencia que me
envuelve como una placenta.
El tiempo es un gigante perdido en la memoria.

 

 

Soy el almuédano que me llama a una oración que desconozco.
Palabras que quedaron atrapadas en el ámbar del tiempo.
Ciego de su luz, hablo en una lengua extraña.

 

 

El aguacero resuena en el parche de mi memoria. Los truenos son el ruido
de otros mundos que tropiezan con el nuestro. Grandes olas de silencio rumoroso
se estrellan contra la casa. Preparo el café como si fuera a salvarnos.
No hay dolor ahora en no decirnos nada.

 

 

Pero ese cándalo que lanza sus preguntas como fuegos de artificio, consume
las últimas nubes que me he inventado.
La noche encara las bombillas del callejón. Regreso a mi lectura.
Abro de nuevo el libro por la misma página en que tú no estabas.

 

 

Las zarzas esconden muebles desahuciados entre las ruinas.
La aldea muerta.
Sobre un viejo arado convoco a los grillos.

 

 

 

MIGUEL ÚBEDA

LA MUERTE DE SÉNECA

Amante de los ínfimos placeres;
estoico convencido, consejero
y preceptor del príncipe que había
mandado -nada menos- la muerte de su madre.
Disfruta de la cena, en su retiro
cercano a la ciudad, entre fuentes veloces
y pino perfumado, entre rosas,
donde huía el dolor considerado
en tantas ocasiones compañero.
Junto a él, a la mesa, lo acompañan
un par de amigos fieles y su esposa Paulina:
ríen, recuerdan gratos momentos que el verano
ardentísimo en Roma les había ofrecido
al cobijo de aquellos muros frescos,
las veladas pasadas en buena compañía,
los rigores alegres de aquella juventud.

Cae la tarde: afuera va naciendo
la oscuridad plomiza, sin estrellas,
y el cuerpo del anciano se estremece.
Ha oído cómo piafan los caballos,
el choque pretoriano del metal
que rodea la villa como la misma noche.
El tribuno regresa. Nerón le ha ordenado
a Séneca que debe darse muerte.
Un grito en el silencio impenetrable
de la sombra, y el anciano se aterra:
Paulina llora y se desgarra las mejillas.

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