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TIERRA DEL FUEGO

septiembre 30, 2016 Deja un comentario

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CAMBIO

Hace meses que no escribo
ni un solo poema.
Vivía humildemente leyendo los periódicos,
pensando en el enigma del poder
y en las causas de la obediencia.
Contemplaba puestas de sol
(escarlatas, muy inquietantes),
sentía cómo callaban los pájaros
y cómo la noche iba enmudeciendo.
Veía girasoles que agachaban
la cabeza al ocaso, como si un desatento
verdugo paseara por los jardines.
En el alféizar se iba acumulando
el polvo dulce de septiembre
mientras las lagartijas se escondían
en los salientes de los muros.
Salía a dar largos paseos,
y deseaba tan sólo una cosa:
relámpagos,
cambios,
a ti.

 

 

 

 

ANTOLOGÍA

Por la tarde leía una antología.
Detrás de la ventana pacían nubes escarlatas.
El día había desaparecido en un museo.

Y tú, ¿quién eres?
No lo sé. No sabía
si había nacido para la felicidad.
O para la tristeza. ¿Para una larga espera?

En el aire puro del crepúsculo
leía una antología.
En mí vivían antiguos poetas, cantaban.

 

 

 

 

PINTORES HOLANDESES

Escudillas de estaño repletas y pesadas de metal.
Gruesas ventanas hinchadas por la luz.
Materialidad de plomizas nubes.
Vestidos como colchas. Ostras húmedas.
Objetos inmortales, pero que no nos sirven.
Andan solos los zuecos de madera.
Las baldosas nunca se aburren,
y juegan al ajedrez con la luna.
Una chica fea estudia una carta
escrita con tinta simpática.
¿Será de amor o de dinero?
El mantel huele a moral y almidón.
La superficie no conecta con la profundidad.
¿Misterio? No hay misterio alguno,
sólo el azul del cielo, hospitalario
e intranquilo como gritos de gaviotas.
Absorta, una mujer pela una manzana roja.
Los niños sueñan con la vejez.
Alguien lee un libro (un libro es leído),
alguien se duerme y se vuelve un objeto
cálido, que respira (como un acordeón).
Les gustaba habitar. Y lo habitaban todo,
el respaldo de madera de una silla
y en hilos finos de leche como el estrecho de Bering.
Puertas de par en par, el viento era afable,
las escobas descansaban tras el trabajo a conciencia.
Descubiertas las casas. Pintura de un país
donde la policía secreta no existía.
Sólo una sombra prematura entró
en el rostro del joven Rembrandt. ¿Por qué?
Pintores holandeses, decid, ¿qué pasará
al pelar la manzana, cuando falte la seda,
cuando todos los colores sean fríos?
Decidnos, ¿qué es la oscuridad?

 

 

 

 

BUSCA

Volví a la ciudad
donde fui niño
y adolescente y un viejo de treinta años.
La ciudad me recibió con indiferencia,
los megáfonos de sus calles murmuraban:
¿no ves que el fuego todavía arde?,
¿no oyes el estrépito de las llamas?
Vete.
Busca en otro lugar.
Busca.
Busca la verdadera patria.

 

 

 

 

REFUGIADOS

Encorvados por una carga
que a veces es visible, otras no,
avanzan por el barro, o arena del desierto,
inclinados, hambrientos,

hombres taciturnos con gruesos caftanes,
vestidos para las cuatro estaciones,
ancianas con caras llenas de arrugas
llevando algo, que puede ser un bebé, una lámpara
(familiar), o quizá la última hogaza.

Esto puede ser Bosnia, hoy,
Polonia en septiembre del 39, Francia
(ocho meses después), Turingia en el 45,
Somalia, Afganistán, Egipto.

Siempre hay un carro, o como mínimo un carretón
repleto de tesoros (colchas, tazas de plata,
y el aroma de casa que se evapora rápidamente),
un coche sin gasolina, abandonado en la cuneta,
un caballo (será traicionado), nieve, mucha nieve,
demasiada nieve, demasiado sol, demasiada lluvia,
y esta inclinación tan característica,
como hacia otro planeta mejor, un planeta
que tiene generales con menos ambición,
menos cañones,menos nieve, menos viento,
menos Historia (este planeta, por desgracia,
no existe, sólo existe la inclinación).

Arrastrando las piernas
van despacio, muy despacio
al país de Ningún Sitio,
a la ciudad Nadie
en la orilla del río Nunca.

 

 

 

 

CARTA DE UN LECTOR

Demasiado sobre la muerte,
sobre las sombras.
Escribe sobre la vida,
sobre un día normal,
sobre el deseo de orden.

La campana de la escuela
puede ser un modelo
de templanza,
hasta de erudición.

Demasiada muerte,
un exceso
de negro deslumbramiento.

Mira,
naciones amontonadas
en estadios apretujados
cantan himnos de odio.

Demasiada música,
falta armonía, tranquilidad,
cordura.

Escribe sobre los momentos
cuando los puentes de la amistad
parecen ser más duraderos
que la desesperación.

Escribe sobre el amor,
sobre los largos atardeceres,
sobre el amanecer,
los árboles,
sobre la infinita paciencia
de la luz.

 

 

 

 

VOSOTROS SOIS MIS HERMANOS SILENCIOSOS

Vosotros sois mis hermanos silenciosos,
muertos.
No os olvidaré nunca.

En viejas cartas veo huellas de vuestra letra,
que se encarama al extremo de la página
como un caracol por la pared de un psiquiátrico.

Direcciones, teléfonos que acampan
aún en mi agenda, esperan, dormitan.

Ayer estuve en París, vi centenares de turistas
cansados y helados. Pensé que se os parecían,
no pueden encontrar su lugar, vagan intranquilos.

Y creía que esto era muy fácil: ¡vivir!
Basta con un puñado de tierra, un barco, un nido, una prisión,
un poco de aire, unas gotas de sangre y nostalgia.

Vosotros sois mis maestros,
muertos.
No os olvidéis de mí.

 

 

 

 

VIENTO DE DICIEMBRE

El viento de diciembre te mata la esperanza,
pero no permitas que te arrebate
la niebla azul que existe sobre el mar
y una benigna mañana en verano.

¿Cree alguien que todavía existen
ligeras e invisibles islas,
y manchas de un brillo solar
en el entarimado de madera?

El sueño lleva un vestido andrajoso
y va pidiendo una limosna,
mientras se apaga en una celda,
como María Estuardo, la memoria.

 

 

 

 

ESCRIBÍA EN LA OSCURIDAD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxA Ryszard Krynicki

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando vivía en Estocolmo, Nelly Sachs
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtrabajaba por las noches con una luz apagada
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpara no despertar a su madre enferma.

Escribía en la oscuridad.
La desesperación le dictaba palabras
tan pesadas como colas de cometa.

Escribía en la oscuridad,
en silencio, que sólo interrumpía
el reloj de pared con sus suspiros.

Hasta las letras eran soñolientas,
sus cabezas caían en las hojas.

La oscuridad escribía
tras coger esta mujer ya no joven
como si fuese su pluma.

La noche se compadecía de ella,
sobre la ciudad se erigía
una gris prisión del alba,
la aurora de dedos rosa.

Cuando se dormía ella
los mirlos ya despertaban
y no hubo ninguna pausa
en la tristeza y el canto.

 

 

 

 

ÚLTIMA TORMENTA

Alguien se va.
Alguien ha bebido silencio.
Sólo en agosto gritan las tormentas
como dementes en una ambulancia.
Las ramas nos golpean las mejillas.
Huelen hojas de alisios a aceite de heno, a sueño.
Cabe escuchar, escuchar, escuchar.
Bajo el agua respiran manantiales cansados.
A las cuatro de la mañana
un solitario y último relámpago
con rapidez dibuja algo en el cielo.
Dice “No”. O “nunca”.
O tal vez: “Valor, no se apagó el fuego.”

 

 

 

 

¿QUIERES LLORAR?

Pasaba bajo los toldos de los árboles
y a veces me alcanzaban las gotas de lluvia
como preguntando:
¿quieres sufrir?
¿Quieres llorar?
Había humedad en el aire,
brillaban las hojas,
olía a primavera y a desgracia.

 

 

 

 

AQUEL DÍA LA NADA

Aquel día la nada
como para llevar la contraria
se convirtió en fuego
y quemó los labios
a los niños y a los poetas.

 

 

 

Zagajewski, Adam. Tierra del fuego (Trad. Xavier Farré). Barcelona; Ed. El acantilado, 2004.

 

RETRATO CON VELO NEGRO

septiembre 28, 2016 Deja un comentario

retrato-con-velo-negro

 

RETRATO CON VELO NEGRO

xxxxxxxxxxxxxSu imagen caminando
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtan increíble y segura
xxxxxxxxxxxxx—quemaba nuestro corazón—
xxxxxxxxxxxxxdando pie
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxa la pintura de Andy
xxxxxxxxxxxxx“Es fantástica”, exclamó.
xxxxxxxxxxxxx“Es, sin duda,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlo mejor que ha hecho”.

Llegó el cheque. Un paseo por el banco y las tarjetas están listas.
Al fondo, círculos multicolores cobran vida, respiro un delicioso
olor a plástico nuevo, ila imúsica ide iascensor me redime de los
murmullos transportándome ihasta ilas ivitrinas. Un llavero no
estás mal para empezar el día.

xxxxxxxxxxxxxTodos esos años
xxxxxxxxxxxxxdiseñando anuncios de calzado
xxxxxxxxxxxxxpara Henri Bendel y Bonwit Teller.

xxxxxxxxxxxxxAllí estaba Andy Warhol,
xxxxxxxxxxxxxlamiendo mis zapatos
xxxxxxxxxxxxxcon su pequeña y roja
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxlengua.

xxxxxxxxxxxxxFue grandioso.
xxxxxxxxxxxxxAndy tenía una aproximación
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxfrágil y delicada
xxxxxxxxxxxxxpara el sexo.

Palabras de luz. O, al menos, así me parecieron las líneas
iniciales del primer relato que publiqué en la revista Nox
de la Universidad de Lima. Por aquellos tiempos, el Taller
de Literatura lo conformábamos Gastón Agurto, Jackie
Fowks, Charo León, Gabriel Prado y Beto Ortiz. Escrito-
res de culto: triángulos amorosos en un círculo de cuatro
gatos. No estoy seguro de lo que aprendí, pero la sorpresa
de que tan pronto —y fácilmente— desapareció un grupo en
apariencia indisoluble, permanece. O, como años después
me diría uno de estos amigos, en una conversación furtiva
y a raíz de una crisis: “La gente baja en cualquier estación,
y no tiene que pedirte permiso”.

xxxxxxxxxxxxxKeith Haring muere
xxxxxxxxxxxxxde la enfermedad inexorable
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxel 16 de febrero.

xxxxxxxxxxxxxEmulando a Andy Warhol
xxxxxxxxxxxxxatrajo la atención de la prensa
xxxxxxxxxxxxxa inicio de los ochenta,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcreando eventos
xxxxxxxxxxxxxcomo la decoración del escenario
xxxxxxxxxxxxxde la exclusiva discoteca
xxxxxxxxxxxxxPalladium de Nueva York.

xxxxxxxxxxxxxEl artista del grafiti,
xxxxxxxxxxxxxcuya carrera en Europa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy Estados Unidos
xxxxxxxxxxxxxhabía sido impresionante,
xxxxxxxxxxxxxtenía 31 años.

6:15. Otro día de distracción suburbana termina. No muy pro-
ductivo, por cierto. La cámara casi sin film. Quisiera tomar una
foto a esas niñas descalzas que limpian las alfombras cuando todos
se van. ¿Eran mías o no estas líneas? Nunca más cerca de la
parodia o el homenaje, escribía negando arte y artista. Y si
hoy están aquí, no es por temor a envejecer —eso lo entiende
cualquiera— sino que antes, al ignorar el dolor, las cosas sim-
plemente sucedían. El día era ligero y había menos, menos que
perder, sí, pero también menos que entregar. Y sin embargo…
yo no tengo que irme, yo no tengo prisa, yo tengo risa de mi prisa.

xxxxxxxxxxxxxEl 12 de agosto
xxxxxxxxxxxxxJean-Michel Basquiat,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde 28 años,
xxxxxxxxxxxxxmuere por una sobredosis
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde heroína
xxxxxxxxxxxxxen su ático
xxxxxxxxxxxxxdel East Village.

xxxxxxxxxxxxxEn su breve vida
xxxxxxxxxxxxxBasquiat expuso sus obras
xxxxxxxxxxxxxprácticamente en todos
xxxxxxxxxxxxxlos rincones del planeta.

xxxxxxxxxxxxxEl obituario del Village Voice
xxxxxxxxxxxxxlo calificó como negro,
xxxxxxxxxxxxxadicto a las drogas
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy genial.

xxxxxxxxxxxxxEn sus comienzos
xxxxxxxxxxxxxel artista firmaba los grafitis
xxxxxxxxxxxxxcon el lema SAMO—

xxxxxxxxxxxxxAcrónimo en inglés para
xxxxxxxxxxxxx“La misma mierda”.

En esta época yo tenía cierta debilidad por los eslavos: Wo-
jtila y Warhol. Aunque solo el último influiría directamente
en mi creación: Es el tipo de mujer que abrazas con miedo a
que salga disparada como pasta dental. Puedo aún recordar
algunas máximas de su devocionario: “Una Coca-cola es
una Coca-cola, y no hay cantidad de dinero en el mundo
que pueda darte una mejor que la que está bebiendo el vago
de la esquina”. Poco después llegaría una joven de Detroit
—17 dólares y dispuesta a que la miren en Nueva York— y
todo fue rápidamente olvidado.

xxxxxxxxxxxxxValerie Solanas, protagonista
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde I, a Man,
xxxxxxxxxxxxxy fundadora de SCUM (Escoria)
xxxxxxxxxxxxxmovimiento feminista
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde un solo miembro,
xxxxxxxxxxxxxdesencaja dos balas en el abdomen
xxxxxxxxxxxxxdel artista de 41 años.

xxxxxxxxxxxxxLos médicos otorgan
xxxxxxxxxxxxx50% de probabilidades
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde supervivencia.

xxxxxxxxxxxxx“Tenía demasiado control
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxsobre mi vida”

Algo a lo que me resisto, como quien ha perdido al hombre
más importante de una nación. Y en esa pesquisa, un estertor
sube y veo mis manos en un carmesí vibrante. Se aproximan
hacia mí, trato de evadirlos, maldita sea, casi me rompen la
cámara. Después, aparece el sentido, saludo, y las cosas son
como son. A pesar de las preguntas, nos fuimos habituando
a esa nunca del todo aclarada diáspora —el oscuro y largo
tramo que debe tomar un cuerpo para ser— y terminaremos
también por acostumbrarnos a existir antes o después de lo
que mañana llamarán noticia.

xxxxxxxxxxxxxThe Factory: 33 Union Square West,
xxxxxxxxxxxxxal noroeste del Greenwich Village.

xxxxxxxxxxxxxMuchos de los lienzos
xxxxxxxxxxxxxson producidos por asistentes
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxreclutados
xxxxxxxxxxxxxentre los habituales merodeadores.

xxxxxxxxxxxxxLas Obras Maestras
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxno se conciben
xxxxxxxxxxxxxen lugares de ensueño.

Antes de que pueda decir nada, click, lo tengo, es mío. No sé
qué murmura la mujer que estaba detrás, pero su cara aún no
cambia. Visto de otra forma, en verdad nada ha cambiado.
Aunque solo en días de guardar, seguiremos soñando con
esa gran película que al fin exceda en comida, sexo y vino.
Y yo tampoco haré caso a mi madre, saldré a la calle para
hablar tonterías. Me alejo. Ahora necesito un rostro femenino,
el de una mujer, y esto es muy difícil. Buscando a alguien que
muera a mi lado, y que lo sepa agradecer.

xxxxxxxxxxxxxEn LSD
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxe imitando a Nijinski,
xxxxxxxxxxxxxFreddie Herko,
xxxxxxxxxxxxxestrella de la película Haircut,
xxxxxxxxxxxxxse suicida saltando al vacío
xxxxxxxxxxxxxdesde el sexto piso de un apartamento
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxen Cornelia Street.

xxxxxxxxxxxxx“¿Por qué no me lo dijo?”,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcomentó Andy. “Sabía
xxxxxxxxxxxxxque iba a rodar
xxxxxxxxxxxxxotra película.

 

 

 

Rodríguez-Gaona, Martín. Madrid, línea circular. Madrid; La Oficina ediciones, 2013.

 

MADRID, LÍNEA CIRCULAR

septiembre 26, 2016 Deja un comentario

madrid-linea-circular-martin-rodriguez-gaona

 

SUEÑO DE UNA AMIGA QUE DICE QUE ESTA CIUDAD ES MUY RUIDOSA

Encerrados en un túnel transparente
pasamos nuestra vida. Nuestro túnel
se entrelaza con algunos túneles
en los que se encuentran los demás. Nos agotamos
en leer sus labios, nuestras caras y manos
pegadas inútilmente a las paredes.

La sombra de un sueño: atrevernos a abrir
esas escasas y complejas escotillas.

Ya lo hicimos alguna vez, a riesgo
de perder oxígeno
y energía y debilitarnos sin remedio.
Por eso las escotillas dejaron de ser una esperanza
y hoy solo anuncian otra mala tentación.

 

 

 

 

LA MADRUGADA IRRUMPE COMO UNA CAMPANA EN EL VACÍO

Al principio apenas sería un grano de arena
o quizá una jaqueca, una indigestión leve, un dedo infectado. Después, nunca más
volviste a tener control sobre tu vida.

Hasta se podría decir que a veces te esforzabas,
pero algo no alcanzaría a ser igual:
una extraña tristeza te invadía en las cenas, las copas,
los ascensores y al entrar sigilosa a esas casas que querías conocer,
solo para por la mañana buscar la excusa.

Frente al espejo, secándote el cabello, muy despacio murmuras que eres buena,
y no hay peros. Has hecho siempre, repites, lo que ellos han dicho.
No sabes por qué te enfurece que una amiga
cambie de casa y espere su segundo hijo.

 

 

 

 

EXISTE SIEMPRE OTRA HISTORIA QUE NO ES JAMÁS LA QUE CONTAMOS

Llego a casa, estoy contento, algo
fatigado por el peso de la compra.
La veo ocupada, revisando exámenes.
No se levanta, no sonríe. Siempre
es igual, me dice, poco te importa
quedar en ridículo y venir a tope como una bestia.
Me hago el tonto, saco las cosas
que he comprado: pan, leche, galletas,
jamón y chorizo. Las galletas
son tus favoritas, digo.

Pregunto qué hay de cenar. Nada,
farfulla. ¿Qué has comido tú?, añado.
Una mierda, responde.

 

 

 

 

EN LA ESQUINA DEL PASAJE COMERCIO Y LA CALLE TRES CRUCES

Puedes ser lo mejor del mundo, tener pegada y rapidez
pero esos golpes, una vez que entran,
nunca más salen
y has estado en feroces intercambios cuyas huellas
humedecen hoy en día
las cuerdas y el cuadrilátero.

No hay amistad, no hay amor,
solo la lucha entre quienes aprenden las leyes del juego
y la nostálgica admiración
de aquellos que quedaron fuera.

 

 

 

 

NOCTURNOS SENEGALESES

Los jefes tártaros disparan tan bien
que a los pájaros les da miedo volar.
xxxxxxixxxxxxPo Chü – I (s. IX d. C.)

xxxxxxxxxxxxxxxEl tibio resplandor del asfalto
xxxxxxxxxxxxxxxguía mis pasos. Medianoche
xxxxxxxxxxxxxxxen la capital de España:
xxxxxxxxxxxxxxxMoros y chinos disputan
xxxxxxxxxxxxxxxel reino del presente.

xxxxxxxxxxxxxxxEl problema estriba
xxxxxxxxxxxxxxxen que la dificultad no existe,
xxxxxxxxxxxxxxxlo que impide es saber
xxxxxxxxxxxxxxxque el orden debería ser otro
xxxxxxxxxxxxxxxaunque ya no queden fuerzas—

xxxxxxxxxxxxxxxHan llegado,
xxxxxxxxxxxxxxxno importa el camino.

El miedo se ha hecho fuerte
en la calle Mesón de Paredes.

Mohamed, 21, merodea
por los alrededores de la plaza de Cabestreros.

“¡Que yo robo!…¿Robar yo?
Tengo que vivir y que comer”
Dice en un español poco claro. Y niega
que sea un delincuente.

Senegaleses, marroquíes,
cubanos, chinos, paquistaníes,
colombianos y gitanos conviven
con los pocos vecinos españoles
que van quedando.

El pan nuestro de cada día en Lavapiés.

xxxxxxxxxxxxxxxEn un año de horas extras
xxxxxxxxxxxxxxxgente de a pie busca su tercer
xxxxxxxxxxxxxxxempleo. “Libertad, Igualdad, Rentabilidad”.
xxxxxxxxxxxxxxxMiles de novísimos graduados
xxxxxxxxxxxxxxxdescubren la proporción exacta
xxxxxxxxxxxxxxxdel engaño. “Todos los hombres son iguales
xxxxxxxxxxxxxxxante Dios y la Bolsa”. En chalets
xxxxxxxxxxxxxxxrecién construidos amas de casa
xxxxxxxxxxxxxxxse inventan un hogar sucedáneo
xxxxxxxxxxxxxxxen el que limpiar y dar alimento
xxxxxxxxxxxxxxxtenga, al fin, una mínima retribución.

xxxxxxxxxxxxxxxEste país está cambiando
xxxxxxxxxxxxxxxy siempre hay alguien que me lo viene a decir—

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAlguien
xxxxxxxxxxxxxxxha invertido en mi sonrisa.

Como en un cuento de Alfredo Bryce,
1:10, Metro Antón Martín:
“Buenos Aires es un sentimiento,
desde las navidades que no volvés”.

xxxxxxxxxxxxxxxObservo todo, anoto.
xxxxxxxxxxxxxxxUn negro, africano, pasa comiendo palomitas.
xxxxxxxxxxxxxxxNadie se sienta a mi lado
xxxxxxxxxxxxxxxa pesar del sitio disponible.
xxxxxxxxxxxxxxxUn punkie de casi cuarenta años
xxxxxxxxxxxxxxxrevisa revistas con estudiada
xxxxxxxxxxxxxxxdisplicencia.

Aprovechando
un trasbordo de estación,
los inmigrantes cantan:

Gente sin nombre
y con una pequeña historia
a este punto reducida en la posibilidad
de no volver.

xxxxxxxxxxxxxxxNada tengo que ver con esto
xxxxxxxxxxxxxxx—explico cuando puedo a quien me hable—
xxxxxxxxxxxxxxxsalvo que hemos cambiado de asiento
xxxxxxxxxxxxxxxen la historia.
x
xxxxxxxxxxxxxxxMe encuentro todos los días con ellos
xxxxxxxxxxxxxxxen los espejos, en los parques
xxxxxxxxxxxxxxxy en la televisión.

Rostros familiares
muy por la noche en la estación del metro:
Mis compatriotas (Dirección sur-
Vallecas, Aluche), hombres y mujeres cansados,
jóvenes aún para sus sueños
envejecidos—

Dormirán en paz
después de haberse amado.

xxxxxxxxxxxxxxxLuis Loayza escribe
xxxxxxxxxxxxxxxsobre Gonzalo Silvestre:

xxxxxxxxxxxxxxxEl fin no era
xxxxxxxxxxxxxxxir demarcando la tierra
xxxxxxxxxxxxxxxpero la estabas descubriendo—

xxxxxxxxxxxxxxxUno de muchos
xxxxxxxxxxxxxxxbravos y sin suerte.

Truenan los raíles
en la estación Sol: Bob Dylan
y ‘The Times they are a Changin‘.

Una vez más
la radio trajo desde la frontera
xxxxxxxxlos deseos de unos pocos,
la pesadilla de muchos—

Cuando acabado el día
se aguardaba otra mañana.

xxxxxxxxxxxxxxxSi estoy algo bebido
xxxxxxxxxxxxxxxrecorriendo la Gran Vía
xxxxxxxxxxxxxxxme puedo confundir
xxxxxxxxxxxxxxxentre la gente hermosa
xxxxxxxxxxxxxxxcon facilidad—

xxxxxxxxxxxxxxxAscenderé al Cielo
xxxxxxxxxxxxxxxsin que tú me toques.

xxxxxxxxxxxxxxxToda pretensión
xxxxxxxxxxxxxxxes llegar a ser
xxxxxxxxxxxxxxxel Peek-a-boo (Fisgón) de Siouxsie
xxxxxxxxxxxxxxx& the Banshees:

xxxxxxxxxxxxxxxEl primer sencillo
xxxxxxxxxxxxxxxque dominó las listas
xxxxxxxxxxxxxxxtotalmente interpretado
xxxxxxxxxxxxxxxal revés.

 

 

 

 

SABER QUE ALGUNA VEZ ESTUVISTE AHÍ

Pareciera que nadie arriesga de verdad ahora.
Nadie acepta amar sin ninguna razón. La gente
hoy en día se compromete por cuestiones prácticas.
Porque es conveniente.

Ha vuelto a llamar, desencantada
porque no le complace la sentencia del juzgado.
No escucha razones:ataca, dice
que la venganza ya está cumplida.
Él pregunta por su salud y ella le deja entrever
que su amante no responde a las llamadas.

No se comprende al amor: es nuestra alma corriendo
detrás de lo que no conoce.

 

 

 

 

LETANÍA

Perú perdió 2 a 1 con Argentina.
Era previsible, argumento. La formación
albiceleste cuesta 200 millones
y nosotros 30. Pero somos los únicos
que alguna vez los eliminaron de
un mundial, me escucho diciendo.
Eso siempre sucede, comenta Alberto.
A España la eliminó Turquía en los 50.
Ajá, ahora entiendo. Por eso me gusta
xxxxxxxxtanto el Galatasaray.

Y en menos de un mes:
Perú perdió 3 a 0 con Brasil…

 

 

 

 

GRACIAS AL LEGADO DE SAN AGUSTÍN Y AL DEL DOCTOR MÁXIMO, SANTO TOMÁS DE AQUINO

La Ilustración nos rebaja a la categoría
de individuo: Ora pro nobis, Pater Magnus.

A quienes comparan a la Iglesia Católica
con las sectas protestantes fundamentalistas los reconozco
como personas, con dignidad
debida a la encarnación de Cristo.

La libertad concedida por el Estado
no es más que un simple taparrabos para el terror.
Te sugiero que seas coherente con tus ideas.
Es tu deber luchar por un mundo mejor: acábanos, tritúranos,
ataca al Poder Invisible y verás que ni Nerón,
ni Domiciano, ni Atila, ni el Gran Turco, ni Voltaire,
ni los Jacobinos, ni Stalin, ni Hitler, ni Plutarco,
xxxxxxxxElías Calles o Manuel Azaña
pudieron contra nosotros. Quizá tú tengas mejor suerte.

Ante todo, coherencia y coherencia, a los liberales,
los rojos, los gays, los inmigrantes, las feministas, etc.
Háganme el favor: a este paso nos veremos dialogando en las catacumbas.

 

 

 

Rodríguez-Gaona, Martín. Madrid, línea circular. Madrid; La Oficina ediciones, 2013.

 

FUERA

septiembre 25, 2016 Deja un comentario

ted-hughes-guerra-mundial

 

FUERA

I. La época del sueño.

Mi padre sentado en su silla recuperándose
De aquellos cuatro años en los que fue masticado, carne de cañón y de fango,
El cuerpo lacerado, silenciado, enajenado por el tiempo que pasó empapándose
De los colores de la mutilación.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYa había curado valerosamente
Sus perforaciones externas, pero él y la lumbre del lar, su resplandor color sangre
En el cuenco de amasar galleta, en el piano, en la pata de la mesa,
Cada vez eran más y más presa del minuto a minuto
Que se adueñaba de ellos, mientras el minúsculo engranaje del reloj
Trabajaba sin descanso y, al hilo de su escucha,
Sacaba a rastras, físicamente, a mi padre de debajo
De los estratos encajados durante cuatro años de los ingleses muertos
A los que él estaba ligado. Él sentía que sus miembros se despejaban
A cada ínfimo, estimulante movimiento. Mientras yo, un niño de cuatro años,
Yacía en la alfombra como su doble infortunado,
El ancla de su memoria sepultada, inamovible,
Entre mandíbulas y botas voladas a pedazos, tocones de árboles, casquillos de obuses y cráteres,
Bajo la lluvia que aún hoy continúa golpeteando sus varas y espesando
Su reino, al que el sol ha abandonado, y donde nadie
Puede ya volver a salir del refugio.

 

II

El hombre muerto en su cueva empezando a sudar;
La visera de carne de bronce fundido
De la madre en el horno del bebé —
Nadie da crédito, aquello
Tal vez no sea nada, todos
Aguantan sonriendo al notar
Cómo la sangre deja de resonar por un instante en
Sus oídos, sus oídos, sus oídos, sus ojos
Tan sólo son gotas de agua e incluso el hombre muerto de repente
Se incorpora y estornuda — ¡Achís!
Entonces la enfermera lo arropa, sonriendo,
Y, aunque muy débilmente, aunque aquello no es más
Que otro nuevo bebé, la madre también sonríe.

Así, igual que tras haber sido volado en pedazos,
El soldado de infantería reensamblado
Sale a tientas, bamboleándose, mirando a su alrededor con los ojos
De un oficinista exhausto.

 

III. Día del Armisticio

La amapola es una herida, la amapola es la boca
De la tumba, quizá del útero buscando —

Una hermosura, una muñeca sobre un alambre,
Prostituyéndose hoy en todas partes. Hace años que luzco una.

Hace más años aún,
La metralla que hizo trizas la libreta de paga de mi padre

Me alcanzaba, y todos sus muertos lo alcanzaban a él
Devolviéndolo a una época

Que ni él ni ellos lograban superar, sino que, fundida en masa, como el acero,
Pesaba más en su ánimo que el trueque de los arados

En la pena negra que afloraba tras los ojos de mi madre —
Un ancla

Doblegando mi cuello juvenil hasta sumergirlo en aguas del Atlántico.

Así que adiós a esa flor de recuerdos sangrientos.

Y vosotros, muertos, enterrad a vuestros muertos.
Adiós a los cenotafios en los pechos de mi madre.

Adiós a todos los encantos residuales del hecho de que mi padre haya sobrevivido.

Dejemos que Inglaterra se cierre. Que se cierre la verde anémona marina.

 

 

 

 

EL GRITO

El sol en la pared — el cuadro del cuarto
De mi niñez. Y allí mi lápida
Compartía mis sueños, comía y bebía conmigo feliz.

Durante todo el día el azor perfeccionaba su arte
E incluso de noche persistía el milagro.

Las montañas holgazaneaban en su humeante campamento.
Los gusanos bajo la tierra hacían bien su trabajo.

La carne de bronce, excitada por una sed de bronce,
Como un recién nacido amamantado por un pecho,
Dormía bajo la luz de la piedad solar.

Y los inanes pesos de acero
Que, surgiendo de ninguna parte, chafan a la gente,
Tan sólo me hacían sentir tan bravo como las criaturas.

Cuando vi aquellas crías de conejo con la cabeza aplastada contra la carretera
Supe que iba montado en la rueda de la galaxia.

Las cabezas de los becerros, erizadas de rocío, sangrando en los mostradores,
Sonreían como máscaras bufas donde el sol y la luna danzaban.

Entonces mi compañero con la cara cosida
Justo allí donde se la habían abierto para extraerle algo
Alzó una mano —

Sonrió, medio en coma,
Una sonrisa de templo pétreo.

Luego, yo también abrí la boca para alabar —

Pero un silencio en forma de cuña se me atragantó.

Como un puñal de obsidiana, seco, con la punta afilada,
Un cacho callado de cristal volcánico,

El grito
Se vomitó a sí mismo.

 

 

 

 

DOS

Dos salieron, descendieron de la estrella de la mañana,
El urogallo coruscó, transformándolos en rescoldos robados.
El rocío escindió el color.
Y una mano ahuecada rebosó cantos de gallo.

Dos bajaron acompañados por inmensas sombras
Entre los dedos del alba,
Por los cuerpos cimbreantes de las liebres,
Y la agachadiza les hurtó sus joyas.

La corriente pronunció un oráculo sobre lo que no tiene fin,
El sol extendió una tierra a sus pies.

Dos cayeron de los bosques que colgaban del cielo
Trayendo los pies chamuscados de los cuervos carroñeros.

Y la guerra estalló —
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxun alarido repentino
Rebotó entre las azoteas apiñadas.

El guía alzó el vuelo desde el sendero.

El otro se tambaleó.

La pluma que lucía en la cabeza se cayó.
El tambor que llevaba en la mano se calló.
La canción que traía en la boca se murió.

 

 

 

Hughes, Ted. El azor en el páramo (Trad. Xoán Abeleira). Madrid; Bartleby editores, 2010.

 

EL HUNDIMIENTO (y 2)

septiembre 24, 2016 Deja un comentario

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FOREVER IN BLUE JEANS

Recuerdo tu pelo rubio bajo el sol del Mediterráneo.

Tú tenías quince años y me dejaste que te besara.

Vendería mi alma al Diablo, al Rey de España,
a la Reina de Inglaterra, al Presidente de los Estados Unidos,
al Papa de Roma,
por regresar indemne a ese momento.

Caminábamos de la mano, aquella noche estrellada,
al lado del mar iluminado.

¿En qué triste matrimonio vives ahora o tal vez ya estés muerta?

O no te casaste, y vives sola, o con un novio nuevo de vez en cuando.

Qué más da.

Anda, llámame, seguro que aún estás por ahí.

Preséntame a tus hijos, igual alguno quiere ser escritor
y le puedo echar una mano con las faltas de ortografía,
porque con otra cosa no.

Si volviera a verte, acabaría odiando la tierra, la vida y la luz.

No vuelvas nunca.

Que qué tal me ha ido.

Eso se te ocurre preguntarme.

No me ves: soy el hundimiento.

 

 

 

 

GATSBY

La vida tenía que ser necesariamente generosa y plena,
ese era el pacto, el pacto sobrenatural, la luz verde.

¿Quién lo incumplió?

¿Los dioses?

Aún no me he ido.

Me gustan tanto los señores que se fueron elegantemente.

Amo tanto a esa gente que dijo adiós desde una novela,
esa gran luz verde en una gran noche de automóviles amarillos.

La vida es estilo, tal vez solo sea estilo.
El estilo es amarillo.

Dios nos libre de la gente sin estilo,
esa gente que envilece la enigmática gracia de estar vivo.

Fuiste un hombre demasiado incorruptible como para ser real.

 

 

 

 

EL HUNDIMIENTO

Sí, cuando lo conocí el tipo ya estaba acabado.
Solo bebía y reía y esas cosas. Te daba besos y abrazos.
Venga, vamos a tomar una copa aquí, otra allá.
“Una aquí, otra allá”, era todo cuanto decía
pero lo decía con gracia,
con conocimiento,
como si supiese algo más, algo especial,
que callaba.

Cuando le llegaban las pruebas de su nuevo libro,
en vez de corregirlas y mejorar la novela o los poemas,
lo celebraba bebiendo, bebiendo hasta que su cabeza
de piedra caía muerta sobre la mesa de mármol.

Celebraba sus libros nuevos antes de haberlos escrito,
pero era feliz así y no le hacía mal a nadie,
solo a sí mismo, era una eucaristía, se daba por nada.

Y era un tipo maravilloso, brindo a su salud,
brindo por don Miguel de Cervantes Saavedra,
genio de España.

¿Pero así se llamaba?

Claro que no se llamaba así, cretino.
Pero cómo puedes tener tan poca imaginación.

Solo le gustaba celebrar cosas.
La pereza y la vejez prematura lo estaban matando.

Todos acabamos igual, así que hizo bien.

Y si hizo mal, a nadie le importa.
Solo a la madre tierra, que recoge nuestra podredumbre,
piel, huesos, carne corrompida,
y examina los despojos con ojos de forense iluminado o martirizado.

Intentaba que la gente sonriera, era muy buen tipo.

Aún me parece oírlo, “siéntate hermano, qué quieres
beber un whisky o un gintonic,
qué alegría verte, qué guapo y qué elegante se te ve”.

Yo pensaba en su padre y en su madre,
jamás habló de ellos y, sin embargo, lo que decía
hacía pensar en ellos, misteriosa o tal vez tristemente.

 

 

 

 

REDENCIÓN

Dime una palabra amable antes de que termine el día.

Me dijiste “cariño, tienes que ser fuerte, no puedes
depender de esa gente, estás muy cansado,
olvídalos, ayúdame a recoger el lavavajillas”,
y yo miraba la noche de octubre con sus estrellas
entrar en nuestra casa, iluminar nuestros cuerpos,
vaciar nuestras almas, y tú dijiste “cena algo,
hay un poco de arroz en el horno, cena algo, cariño,
come algo, y olvídate de todas esas ideas absurdas
sobre el odio y el fracaso, ese arroz está divino”.

Dime una palabra amable antes de que termine el día.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO ELVIS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo fear, no envy, no meanness
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLiam Clancy

Respeta siempre la destrucción de las mujeres
y de los hombres que amaron o intentaron, al menos, amar
la vida y esta les quemó o les rompió los huesos de la cara,
las entrañas y las venas y el hígado y el buen corazón,
respeta todos los sagrados y los más humildes hundimientos
de los seres humanos.

Respeta a quienes se suicidaron.

Respeta a quienes se arrojaron a los océanos.

No hables mal de ellos, te lo ruego, te lo pido de rodillas.

Ama a toda esa gente, esa muchedumbre, ese río amarillo
de la Historia de todos cuantos perdieron tan injustamente,
o tan justamente,
da igual.

Gente que aceleró en una curva.

Gente que escondía botellas en los rincones de su casa.

Gente que lloraba en los parques de las afueras de las ciudades.

Gente que se envenenaba con pastillas, con alcohol,
con insomnios aterradores, con veinte horas de cama todos los días.

Lo intentaron, pero no lo consiguieron.

Gente a quien le sobraba tres cuartas partes de su pequeño frigorífico.

Gente que no tenía con quien hablar semanas enteras.

Gente que no comía por no comer sola.

Son hermosos igualmente, te lo juro.

Resplandecerán un día.

Nombremos todo aquellos
que nos convirtió en seres humanos.

Para que no haya miedo, ni envidia, ni maldad.

Amo, celebro, y exalto todos los hundimientos
de todos los seres humanos que pisaron este mundo.

Porque el fracaso no existió jamás,
porque no es justo el fracaso y nadie merece fracasar,
absolutamente nadie.

 

 

 

 

ORANGE

Él dijo que te ayudaría a que abandonases a tu marido.
Él dijo que te amaba, te inundaba a guasaps.

Estúpida de ti, no viste que solo quería tu cuerpo.
¿Qué veía ese hombre en tu cuerpo?, te preguntas ahora,
para desearlo más que tu corazón, que se lo diste sin pedir nada.

Quedasteis en una cafetería.
Él dijo que había encontrado un piso magnífico, con mucho sol.

Llevabas en tu coche dos maletas y el portátil.

Una excitación salvaje rompía esa alma tuya, tan tuya.
Él no vino. No sabías qué pedir. Del café con leche
pasaste a tres whiskies seguidos.

La mirada del camarero, no la olvidas, esa mirada.

Llamaste mil veces a su móvil.
Una voz de la compañía telefónica “Orange”
decía que ese número no estaba disponible.

Odiaste y temiste esa palabra: “Orange”.

Todo el rato “Orange le informa que…”

La palabra Orange fue para ti una sentencia de muerte.

Volviste a casa y tu marido te rompió la cara.

Te dio una salvaje bofetada que te dañó el oído
y no oías los insultos,
eso que te ahorraste.

Aquella noche dormiste en un hotel barato del centro.

Pero no podías dormir.

Bebías más.

Te quedaste dormida por efecto del alcohol
y a las tres horas te despertaste con un ataque de pánico.

Tu marido dijo que no volverías a ver a tu hijo.

llamaste a una amiga, que no te ayudó.

Al día siguiente acudiste a tu trabajo,
y a los tres días tu jefe te despidió.

Dijo que no quería mujeres desesperadas en su empresa.

 

 

 

 

EL IV REICH

Ten en cuenta que somos tipos que nunca hemos tenido nada.
Que no somos nadie, y nunca seremos nadie, y eso nos gusta.
Somos soldados del siglo XXI, en una región infértil de la Tierra.

Yo trabajo en una zapatería, el otro es conserje
en un colegio de monjas ahorradoras y maniáticas,
y el tercero está en el paro.
Mitos, como mucho, buscamos mitos legendarios
en el hundimiento de la Historia.
Eso nos calma, nos ilusiona.

Nos juntamos las noches de los sábados
en un local a 33 km de Madrid centro,
un local de 66 metros cuadrados,
nos gusta el estúpido simbolismo de la aritmética.

Es un local asqueroso, un garaje o algo así. Hay taburetes,
un sofá con costurones,
una nevera de los setenta, que enfría más que las actuales
—un milagro de la miseria— y una pantalla.
Y un portátil, un Mac excelente, eso es lo mejor que tenemos,
lo compramos de segunda mano entre los tres.

Bebemos mucha cerveza.

Allí ponemos las pelis de Hitler y de su ascensión al poder.

Nos encanta Leni Riefenstahl, lloramos con La trilogía de Núremberg.

El nazismo parece algo, y nosotros no parecemos nada.

Compramos también un proyector
de saldo en Ebay, por cuarenta euros,
somos gente muy organizada.

Somos tres tipos: los tres tenemos tres coches de quinta mano.

A veces pagamos a alguna prostituta de los polígonos
y la llevamos al IV Reich, así se llama nuestro garito,
que se lo alquilamos al cuñado —cuyo nombre no importa,
como tampoco el mío— de uno de nosotros tres,
por veintiséis euros.

A ella no la tocamos, a la prostituta; prácticamente,
somos célibes por nuestro compromiso político
con el Führer, nuestro Dios; es simplemente nuestro
Dios porque somos pobres, gente hundida.

A veces pensamos que podríamos haber elegido a Stalin.
Stalin no tuvo una Leni Riefenstahl,
de haberla tenido hubiéramos dudado mucho.

Las películas que había sobre Stalin no nos gustaban.

Albergamos nuestras incertidumbres intelectuales.

Le ponemos los discursos de Hitler
y le pedimos que aplauda, eso es todo,
a ella, a la prostituta, que nos cobra veinte euros.

Ella aplaude y su sexo descansa esa noche, qué bien.

Ella aplaude, los discursos son en alemán,
ella es ecuatoriana, no sabe muy bien quién
demonios es el tipo del bigote y bebemos cerveza.

Nos gusta mucho otra película: El hundimiento,
los últimos días de Hitler en su magnífico búnquer,
la hemos visto mil veces, nos gusta su suicidio.
Es un suicidio de lujo, mucho mejor que los nuestros,
que están al caer, sí, porque queremos acabar ya con todo.

No le hacemos mal a nadie.

No somos proselitistas, sencillamente nos gusta el teatro.

Nos gusta ver esas películas, simplemente.

Nos gusta la marcialidad de esos tipos.

Parecen gente importante, hundiéndose.
Nosotros nos hundimos igual, pero no somos importantes,
por eso vemos esos vídeos.

Unas veces yo soy Himmler, otras soy Albert Speer,
y ellos también eligen, unas veces eligen Rudolf Hess,
otras Joseph Goebbels, otras Herman Goering.

Tenemos nuestros uniformes, y así pasamos la vida,
creyendo que la Historia fue nuestra alguna vez.

 

 

 

 

ESPAÑA, DUERME

xxMe acuerdo de que todos, con dieciocho años, teníamos ganas de largarnos, irnos muy lejos, far away; me he pasado más de veinte años viendo ministros de gobiernos de España entrar en los juzgados, así pasó mi vida, viendo telediarios con ministros y secretarios de estado y diputados y alcaldes de pueblo y concejales y miembros de la monarquía entrando en las dependencias judiciales, muy escoltados, con una nube de periodistas. Esto era mi país y esto sigue siendo. Me hubiera gustado ser uno de ellos, así al menos hubiera salido en la televisión.
xxPero los españoles, anestesiados, vivíamos en los bares, y las mujeres españolas son muy hermosas y los hombres españoles son muy guapos. Bebíamos y bebemos. Se bebe mucho aquí.
xxPensaba en ese error histórico de la gente de aquí, ese gran error que consiste en abrir un abismo entre la vida que tenemos y la vida mejor que podríamos haber tenido. Para eso estaba la política y la literatura, para cerrar ese abismo, para alcanzar una vida diferente.
xxEn verano me voy a las playas de España, a broncearme y beber sangría y comer paellas y gambas a la plancha. Casi todas las playas españolas (alguna excepción hay, como el Delta del Ebro) son tan grotescas como nuestros telediarios. Somos una masa caliente, muy caliente de corazones suspendidos.
xxSe va a parar España. Como una de esos fúnebres relojes del siglo XIX.

 

 

 

 

EL POETA DE CINCUENTA AÑOS

No sabes cómo has alcanzado a vivir cincuenta años,
la gente como tú siempre se marcha con veintiocho o treinta,
o treinta y cinco o como mucho cuarenta y uno en el mejor de los casos,
no por nada romántico, ni por destino heroico, ni nada de eso,
dios santo, esas palabras casi me enferman;
nada de eso nunca, por favor, por favor, mil veces por favor,
sino por defecto de fabricación, por falta de inteligencia en todo caso.
Defecto de fábrica, eso es todo: malos órganos,
neuronas atrofiadas, sangre vaga, debilidad mental,
pensamientos errados, equivocaciones, errores vulgares,
un excedente de chapuzas en el cuerpo y en el alma.

Bueno, eras un buen madrugador; tenías un estupendo despertador.

Ir a trabajar y madrugar orienta en la vida.

La gente te habla de libros ahora; justo ahora
cuando ya no te importan los libros,
¿a quién con cincuenta años puede importarle los libros
sino a los grandes beneficiados por los libros?

No, queridos, no me habléis de libros.
Habladme de quienes los escribieron desde la miseria.

Me importa, sí, la miseria,la humillación, el desprecio, el insulto,
el silencio, el hundimiento de quienes escribieron
esos libros de los que me habláis ahora
con tanto entusiasmo, en una fiesta literaria de verano,
con exquisita comida,
en una excelente terraza frente al mar,
con champán y vinos caros,
con gente sonriendo, con gente muy feliz,
con mujeres muy guapas y muy jóvenes y chicos atléticos.

Me importa el amor,
eso sí me importa;
el amor eternamente
no correspondido,
eso fue para mí la poesía.

 

 

 

 

TRES SARGENTOS

Me tiré quince días en Buenos Aires y Montevideo,
desayunaba una cerveza con un trozo de pizza.
Como Fitzgerald,combatía la depresión con alcohol.
Acaba a la larga siendo destructivo, pero funciona,
ya lo creo que funciona, y a quién le importa el futuro.

Era un tiempo raro de mi vida.
Todo el día estaba bebido y eso no era malo, te lo juro.
Daba prestigio, extrañamente.

Íbamos a la calle Tres Sargentos en la medianoche.

No veíamos ni siquiera a uno de los Tres Sargentos,
sería por la oscuridad, porque era de noche.

¿Quién demonios fueros los Tres Sargentos
que dieron nombre a esa célebre calle bonaerense
que tan bien conocían todos los taxistas?

“Dame lo mío”, dijo ella, en la habitación de tu hotel.

“Por supuesto”, dijiste tú, y contabas
los billetes como un banquero minucioso.

Pensaste en los taxistas de Buenos Aires, en si ellos,
tan enfangados, tan gordos, tan sórdidos, tan pobres, tan malolientes,
también se tiraban a hermosuras de veinte años
como la que tenías delante, ya medio desnuda.

Dejaste la plata encima de la cama.

Eran billetes muy gastados,mal diseñados, no eran dólares.
Eran pesos argentinos, una moneda imaginaria.

Daba igual que fuesen falsos como que no.

Te hubieras casado con ella, era tan hermosa, y era tan joven.

Te la quedabas mirando como si quisieras redimirla,
pero redimirla de qué, ella era feliz así, no tenía importancia
moral lo que hacía, y tenía un hijo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTodas dicen que tienen un hijo.

Era guapa. Se lo dijiste, pero no te creyó.

Y le estabas diciendo la verdad, pero quién se fía de quién
en este mundo del que todo juramento ha desertado.

“No tienes conciencia de tu hundimiento, tan joven tú”,
le dijiste, “porque no tener conciencia es tener
la libertad de Dios, te admiro tanto,
mi pequeña, mi amor, mi zorra”.

A la hora ella se fue.

No dormiste en toda la noche,
y sobre todo, te fuiste al otro extremo de la cama queen,
el extremo en donde ella no había posado su cuerpo desnudo.

Porque la parte de la cama en que ella depositó
su joven culo pecoso de prostituta bien pagada,
su delicada espalda, sus bellas piernas, su vacua cabeza,
te parecía Fukushima, Chernobil, un infierno giratorio.

Debe ser hermoso redimir a todo un país.
Salvar un país entero, salvar a cuarenta o cincuenta
millones de seres humanos.

Si fuese el rey de Argentina, lo haría.
Pero no soy más que otro cliente de la oscuridad.

 

 

 

Vilas, Manuel. El hundimiento. Madrid; Ed. Visor, 2015.

 

EL HUNDIMIENTO

septiembre 22, 2016 Deja un comentario

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SEATTLE

Tampoco ocurrió en Seattle, una noche de mayo.
De bar en bar, bares elegantes y caros,
alta madrugada, pedías a los dueños
que pusieran música de Sixto Rodríguez
y en tus manos había agua, agua de todos
los felices océanos de la Tierra.

Veías a mujeres y hombres.
Hablaste con mujeres que estaban locas.

¿Estás aquí? ¿Es hoy? ¿Vendrás por fin?, le preguntabas a ella.

Habitación del hotel, con la cama abierta.

El mismo Dios dentro, allí, en la cama,
tumbado bajo forma de tigre luminoso.
“No es hoy, hermano mío”, dijo.

Me desperté a la mañana siguiente,
en Seattle, en América.

Me duché y vi la circulación de mi sangre
bajo el agua.

Nunca es, pensaste. Nunca.
Nunca vienes, hijadeputa.

“La insoportable y maligna crucifixión de tener dos mil años,
siente eso, sopórtalo, amor mío”, dijo alguien
en aquella lujosa habitación del hotel,
mientras secabas tu pelo, y tu espalda y tus piernas y tu sexo
con una toalla blanca.

“Siempre son blancas las toallas
de los mejores hoteles de la tierra,
podrían ser negras, sería bonito que fuesen negras,
radicalmente negras”, dijiste tú.

 

 

 

 

EL ANIMAL MORIBUNDO

¿Qué hace un hombre de mi edad
cuidando de una criatura de dieciocho meses,
tu hija, rubia y hermosa,
jugando con ella,
intentando
hacerla sonreír
con carantoñas?

Me he enamorado de ti, es verdad.
Pasamos las horas con tu niña,
en tu piso, en tu pequeño piso
de joven divorciada.

Los domingos por la tarde
tengo que beber para poder aceptar todo esto.

Y tú me miras, inquieta, asustada más bien.
Lo primero que pillo en tu casa:
Una vieja botella de vodka, medio vacía.

Me aburre y me da miedo tu niña,
pero es tu niña. Y me amas a mí
tanto como a ella.

No hablas de su padre salvo para insultarlo
ni yo pregunto por él; mi falta de curiosidad
debería de dolerte.

“Menudo hijodeputa”, dices tú y yo asiento
diciendo “menudo cabronazo”,
sin saber si el pobre hombre era San Pablo
o el mismísimo Jesucristo
y tú la más puta de la tierra, qué más da
y a quién le importa.

Yo ya fui padre una vez, hace tanto.

“¿Dónde están tus hijos?, amor”
tú sí me preguntas eso, dulcemente
y con miedo.

A veces me llaman por teléfono,
te contesto.
están far away te digo, sonriendo.

Fuimos felices hace años y tú tienes
que serlo ahora con tu niña.

no sabes cuánto tiempo ha pasado
desde que mis hijos tenían la edad
que tiene ahora tu niña, amor.

Mejor no pensarlo o tendré que bajar
al bar de debajo de tu casa.

Tu sexo no apaga mi desequilibrio.

Tu sexo y tu belleza y tu amor,
y tu idea heroica de que tenemos un futuro,
y tus besos largos como las sequías castellanas,
tus besos apasionados y de una entrega rabiosa
que a cualquier otro enloquecería,
no apagan esta desdicha del tiempo,
la desdicha del animal moribundo.

Tengo que decirte adiós, amor mío.

Y no, no podremos ser solo amigos,
eso yo ya lo sé.

No insistas.

¿Amigo tuyo?

No lo vuelvas a pedir ni llores.

Tú también lo acabarás sabiendo, quizá no hoy.

Desgraciadamente, lo sabrás, con otros,
con otros lo acabarás sabiendo.

Esta es la última tarde en esta casa.

Ya no hay ni una gota de vodka en esa vieja botella,
un resto de cuando vivías en pareja,
de cuando vivías con el padre de tu bebé,
“el sinvergüenza”, así lo llamamos,
cuando estamos compasivos.

Es verdad que te amo.

Es verdad que nadie me ha follado como tú.

También es verdad que nunca volveremos a vernos.

Sí, sufrirás.

Y yo más que tú, pero estoy acostumbrado.

No permitiré que nadie vea mi final.

Orgullo de samurái, mi niña.

Tu juventud, finalmente, me resulta insípida
y horrible tu perfume barato.

 

 

 

 

FRANCIS SCOTT FITZGERALD

Convertiste tu vida en un derrumbe prematuro.
Y son palabras tuyas estas que ahora cito:
“está claro que vivir consiste en hundirse poco a poco”.

Y un veintiuno de diciembre de 1940,
caíste muerto en el living-room del apartamento
de Sheila Graham, en Hollywood,
el gran favor de aquel infarto que te sacaba de la vida
porque ya no había vida en ti,
mil pedazos, mil cristales dorados,
brillando sobre el suelo.

Dime, ¿la amaste?, dime ¿te amó ella?

¿Dónde está Sheilah ahora, y Zelda, dónde?

Tú, que creaste a Jay Gatsby, la criatura más resplandeciente de la vida
e hiciste —nunca te lo perdonaremos— que ese hombre enigmático
se enamorara locamente de una mujer llamada Daisy,
la mujer más egoísta de la Historia
y la más bella y la más codiciosa del santo dinero,
de la riqueza y de las fiestas y del champán y de los coches de lujo
y de las mansiones y de los grandes viajes
a la Riviera francesa, todos nuestros amigos esperándonos
en la playa, con la copa en la mano, en veranos legendarios.

Pero aquí estás ahora, de pie, frente a mí,
como fantasma ilustre de la gran literatura
y por tanto de nuestro escaso saber sobre la vida,
con tus depresiones, con tu alcoholismo, con tu expiación,
con tu mujer, con tu amante, con tu pobreza final, con tu hija Scottie,
pagando facturas de universidades y de médicos,
y con tu conquista laboriosa, al fin, de la nada y de la muerte.

Y en 1948, Zelda Fitzgerald ardió viva en el incendio
de un Manicomio de Carolina del Norte, donde sobrevivía
como un fantasma más entre los millones de fantasmas
que pueblan este mundo
del que tú ya habías, elocuentemente, desertado.

Tu elegante y envidiable fracaso,
tu ascensión a las nubes cristalinas
del firmamento, tu penuria, tu caminar erguido
hacia la destrucción,
pero no la destrucción común a muchos hombres,
(porque vivir es hundirse poco a poco pero no todos
—tú lo sabías— se hunden igual).
No la destrucción común —digo— a miles de hombres
y miles de mujeres,
sino la rigurosa y lenta liturgia del derrumbe,
su ceremonia inmemorial,
la conciencia bajo el calor de agosto, en el Sur ardiente,
mandorla calcinada del dolor insoportable.

Duerme, duerme en paz,
hijo del viento último de la tarde áspera,
de los grandes veranos de Long Island
y de sus crepúsculos agudos.

Te beso.

Bésalas tú a ellas tres a cambio de mi beso,
a Sheila,
a Zelda,
a Scottie,
a la oscuridad,
a la enfermedad
y a la inocencia.

 

 

 

 

LA LIBERTAD

Has de saber que no todos los hombres
ni todas las mujeres somos iguales.

Has de saber que hay seres humanos ruines.

Has de saber que hay seres humanos bondadosos.

Has de saber que hay seres humanos vulgares.

Te mentirán muchas veces.

Intenta no mentir tú a cambio.

Acabarás mintiendo.

Puede ser que el tamaño de tu sufrimiento
por haber mentido sea cien millones de veces más grande
que el tamaño de tu mentira, ¿quién puede saber eso?
Solo tú, tendrás que soportarlo.

Has de saber que existen los pusilánimes:
viven y mueren bajo un extraordinario silencio
que tal vez acabes envidiando, yo no.

Intenta que nadie note nunca que sabes
que no todos los seres humanos somos iguales.

Intenta santificar tu vida, hacerla alta, rara, compleja.

Asesina sin piedad a quien se atreva a juzgarte.

No dejes vivo a nadie que intente juzgarte
ni en este ni en el otro mundo, ni dejes vivo
a quien escuche juicio alguno sobre tu identidad y tu vida.

Tu vida está fuera del juicio de los hombres
y más aún de los dioses, porque no existen.

Tu vida es un acontecimiento universal,
la única verdad desde la formación de la materia
y la única verdad que sobrevivirá al hundimiento de la materia.

 

 

 

 

THE HOLY WHO

De adolescentes escuchábamos a los Who, noches de inexperiencia hasta la madrugada azul en bares pobres de los pueblos de España, en los años setenta, intentando vivir, intentando perder la virginidad, era lo que nos habían dicho.

Solo amábamos a los Who y eso era suficiente, eso era el Todo ¿Os acordáis? Eran los reyes de la vida legendaria; nuestros héroes, la versión mil millones de veces mejorada de nosotros mismos.

Keith Moon se murió muy pronto. Pasados los años, me he preguntado si Daltrey y Townshend y Entwistle lo lloraron lo suficiente.

Hay que llorar siempre, y mucho, vasto torrente de lágrimas, cuando muere alguien como Keith Moon. Yo me habría pasado mil años llorando.

¿Llorasteis lo suficiente, hijos de puta? Treinta y dos pastillas de Clometiazol en su estómago, solo seis disueltas, con solo seis bastaba, las otras veintiséis intactas. Todo un hundimiento premeditado, qué bien. Un ataque atómico contra su pobre corazón. Un no a la vida que era un enorme sí a la vida: nadie sabe en qué momento tú te comes la vida y en qué momento la vida te come. Juega, es un juego a muerte. El final de hombres de ochenta años y el final de hombres de treinta años es el mismo. No te asustes, esos cincuenta años de diferencia son imaginarios.

¿Qué sentisteis, cuando vuestro mánager os dijo un siete de septiembre de 1978: “Keith, sí, Keith, es horrible, aún no nos lo creemos, parece todo tan irreal, parece un mal sueño, una jodida pesadilla, Keith se ha ido, nos ha dejado”?

Me gustaría saberlo antes de irme de este mundo: ¿Qué demonios sentisteis vosotros tres? ¿Estuvisteis a la altura, a la gran altura del adiós del batería más chiflado del universo? Keith, “el chiflado”, así lo llamabais.

Y, pasados los años, un 27 de junio de 2002 en un hotel de Las Vegas, apareció muerto John Entwistle, al lado de una fan desconocida que gritaba como una loca.

John, fue un gran hundimiento el tuyo, yo te celebro, te hundiste más solo que las ratas. John, hijodeputa, yo acabaré como tú, pero sin groupie a mi lado y no en un hotel de lujo como tú, sino en una asquerosa pensión de la Gran Vía, pero da igual, ¿no te parece? El que muere ya no percibe la categoría de los hoteles, es una gentileza, una cortesía del poder igualatorio de la muerte, porque la muerte es comunista, una loca comunista, ya ves. La muerte, revolucionaria ella.

¿Lo llorasteis? ¿Se os partió el corazón? Y qué sentisteis entonces, oh, holy Daltrey y oh, holy Townshend, cuando John la palmó así, tan barato en el fondo. Como no sintierais un amor perforador, un duelo inhóspito, os mataré a los dos. Os cortaré el cuello por canallas.

Y el último, ¿qué sentirá el último?

¿Estaréis a la altura del adiós?

Uno de vosotros dos es el siguiente: Tú, Daltrey, o tú Townshend. Uno de los dos. Yo sé cuál, pero no quiero decirlo.

Lo sé perfectamente.

Nada vale en la vida si no es eso: estar a la altura dorada del adiós, el gran adiós que conmueve a las estrellas, al cielo, al mar, a la luna, al desierto y a todas las ciudades de la tierra y al futuro de esas ciudades, al futuro de todos, al futuro de millones de adolescentes que viven en la pobreza, en la miseria, en la nada, que oyeron y vieron en vosotros la esperanza de una vida distinta.

Eh, escuchad a esos críos, que os escuchan en spotify.

Holy Daltrey.
Holy Moon.
Holy Townshend.
Holy Entwistle.

Los chicos están bien, siempre lo estuvieron.

Estamos bien, sí.

Siempre estaremos bien.

Somos chicos de setenta años, pero estamos bien, con ganas de pelea, con ganas de vivir, con ganas de saltar, con ganas de cantar la célebre canción de la vida, de todas las vidas.

Somos los Reyes de la Santa Tierra.

Somos los Who, tío.

Somos todo lo que existe.

Nosotros sí somos el Aleph y no Jorge Luis Borges.

La gente follaba con nuestras canciones.

La gente se despedía de sus trabajos asquerosos con nuestra música.

La gente se drogaba con nuestros gritos.

La gente se casaba con nuestro poder.

La gente se divorciaba con nuestras letras.

La gente pedía morir con nuestras guitarras.

Nosotros quemamos el corazón de todos los jóvenes del Universo.

Haz tú eso, Borges, si sabes.

Nadie ha follado leyendo un cuento tuyo.

Y si la gente no folla con lo que haces, dime, hermano,
dime qué coño estás haciendo sino el vago.

 

 

 

 

THINK IT OVER

Piénsalo, a nuestra edad ya no saldría bien.
Cada uno viviendo en su casa es mucho mejor, habrá más deseo.
Para qué quieres hacerme el desayuno, eso da igual.
Yo creo que eso no ha funcionado nunca, pero la gente
cumple años, y se dejan llevar, porque enseguida
te mueres, y si cumples los sesenta, qué más da.

Cenamos los viernes.
Nos llamamos entre semana, jugamos.
Nos mandamos fotos eróticas por el guasap.

Cómo me iba a ir con una de treinta
si son todas tontas, ambiciosas y sin talento.

Cómo te ibas a ir tú con uno de treinta
si son todos tontos, grandilocuentes y calvos.

Piénsalo, piénsatelo mientras te vistes.

 

 

 

 

A.R.

Tú, que te hundiste a propia y barata voluntad, acepta mi suicidio.

Tú, que te tambaleabas ruidosamente en las tabernas, acepta mi aullido.

Tú, que estuviste en la cárcel charlando con las ratas amarillas, acepta mis drogas.

Tú, que envenenaste a conciencia tu joven cuerpo, acepta mi hundimiento.

Tú, que fuiste pobre y miserable y torpe, acepta mi desesperación.

Tú, que tuviste los trabajos más duros y sucios, acepta mi funcionariado.

Tú, que estuviste completamente solo y sin amor, acepta mi autocompasión.

Tú, que viste la cartografía de este mundo imaginario, acepta mi desequilibrio.

Tú, que entendiste las fórmulas de las arterias solares, acepta mi sabiduría.

Tú, que del sexo hiciste una corona de fantasmas, acepta mi afición a pagar.

Tú, que le hablaste de mí a mi padre agonizante, acepta mi amistad.

Tú, que pedías limosna y sufrías de dolores inconmensurables, acepta mis humillaciones.

Tú, que tuviste un amigo que resultó ser nada y nadie, acepta mis palabras.

Tú, que te fuiste de este mundo sin haber sido feliz, acepta mi alcoholismo.

Tú, que te fuiste mucho antes de que yo llegara, acepta mi espera.

 

 

 

 

CANCIÓN CALLEJERA
(A hustle here and a hustle there)

Viajo por España, de una punta a otra.
De Santander a Sevilla, cosas así.
El baile español. Un poco harto de ir y venir.
Pero me gusta.
Me gustan los hoteles NH y los AC y los Silken.
Me gusta beberme un Faustino IV en el bar del AVE.
Me gusta conocer bares y restaurantes
en ciudades españolas donde enseguida advierten
que no soy de allí: eso, por ejemplo, me pasó en Granada,
en Oviedo, en Valencia, en Bilbao, en Barcelona,
es divertido, te tiemblan las manos cuando te tomas una cerveza.

Siempre con este maldito temblor en las manos,
en mis santas manos. Es el miedo, el miedo de vivir aquí.

Ya sé que es un país que no merece la pena,
pero es el que, inexplicablemente, me ha tocado a mí.

La culpa la tuvo mi abuelo o mi bisabuelo
por no haber tenido el valor de emigrar a los Estados Unidos,
ni siquiera a Francia o a Alemania o a Suiza.

Eligieron quedarse aquí, y yo acabé
escribiendo en esta lengua callejera.

Yo creo que hay países plenos, grandes, fuertes
y países que no valen nada, igual que los seres humanos,
los libros, las casas, los artistas,
y la razón es una razón simple: la atávica voluntad
de querer ser o de no querer ser.

Y yo soy voluntad de querer ser, plena y violenta.
Muy violenta.

Siempre hace calor en España.
Era finales de octubre en Oviedo y hacía calor,
tuve que poner el aire acondicionado de mi NH.

A mi padre no le gustaba el calor y a mí tampoco.

Estamos bien en este albañal de país: hay playas, Ok, está bien.

Ahora viajo por España.

Me hice unas fotos de carnet en Chamartín
porque me tengo que renovar el DNI y el pasaporte;
había unos críos españoles jugando con el fotomatón,
les dije “largaos de aquí, capullos”.
Sus padre vinieron a pedirme explicaciones.
Cogí al padre por el cuello, y se meó encima.

Voy al gimnasio y mi cuerpo es una máquina.

Me molesta que tarden tanto tiempo
en hacerte el check-in en los hoteles.

Me gustan las chicas de la recepción.
Son jóvenes y guapas, me gustaría follármelas
a todas, pero parece que está prohibido o algo similar.
Es un deseo mental, luego seguro que no me empalmaba.
Me gustaría tener una polla de oro, infalible.

Me cabrea perderme por los pasillos
porque no entiendo bien la indicación
de los números de las habitaciones
de lo colgado que suelo estar siempre.

Pero al final encuentro la habitación.
Me falla la aritmética.

Oh, ciudades de provincias españolas,
necesitáis que alguien os eche una mano.

El gobierno pasa de vosotras
y el Rey de España también.

Todo el mundo quiere vivir primero en Madrid
y luego en Barcelona, aunque ahora menos
en ésta última, yo qué sé, tío, política y eso.
Política y eso, no política y sexo, que quede claro, tío.

Claro que me gustaría vivir en Madrid.

Claro que me gustaría tener mucha pasta
y muchos amigos, pero ya ves dónde he acabado
viviendo, y encima últimamente tengo problemas
de todo tipo, y eso, hermano, es otra historia
que no te pienso contar ni aquí ni ahora.

 

 

 

 

SPIRITUAL

Bob Marley, que estás muerto y bien muerto y en los cielos
y en el paraíso y en el corazón de todos los mares con ballenas,
con dulces ballenas enamoradas,
ayúdame a morir.

Ayudadme a morir, ayúdame tú, quien seas,
tú que pasas por una calle de Cádiz, de Leganés, de Sagunto,
de Murcia, de Tarragona, de Alcalá de Henares,
ayúdame.

Hay que ayudar a los que no saben morir.

¿No sabes morir, hermano? Es muy sencillo:
A todos nos pasa, nos pasa a todos,
es muy sencillo, hermano mío, ya verás qué bien lo haces.

Ayúdame a desaparecer, ayúdame a no haber sido.

 

 

 

 

974310439

Quien me trajo al mundo se ha ido hoy del mundo.
Ella, que me llamaba a todas horas, para saber de mí.

Lo mal que la traté y lo mal que nos tratamos,
aun queriéndonos tanto; y lo poco que supiste de mi vida
en los últimos tiempos, ocultándote lo mal que me iba
en mi matrimonio y en todas partes
y tú sabiéndolo, porque, al fin, todo lo sabías,
me veías beber esos licores fuertes,
me veías esa sed tan rara, esa sed tan desconocida para ti,
que tanto te asustaba y tanto temías.

Ya nadie me llamará, tan obsesivamente, para saber
si estoy vivo y a quién le importará si estoy vivo o muerto;
yo te lo diré: a nadie.

De modo que el gran secreto era éste:
ya estoy completamente desamparado,
arrodillado
para la decapitación,
para el anhelado adiós de este cuerpo,
de esta existencia meramente social y vecinal que lleva mi nombre,
nuestro nombre.

No volveré a ver nunca
tu número de teléfono en la pantalla
de mi teléfono móvil; tú, que te quejabas de que no tenías uno,
de que yo no te regalara uno,
te juro que no hubieras sabido hacerlo funcionar,
lo habrías tirado por la ventana,
como yo haré con el mío esta noche del supremo delirio.

Porque eras un número de teléfono, cincuenta años
en ese número encerrados: nueve siete cuatro, treinta y uno,
cero, cuatro, tres, nueve.
Márcalo ahora,
márcalo si tienes valor y te contestarán
todos los misterios inconmensurables: el tiempo y la nada,
la ira roja
de los peores huracanes celestiales,
la árida y blanca nada convertida
en una mano negra.

Daba igual dónde estuviera: podía estar en América o en Oriente,
tú llamabas, tú llamabas a tu hijo siempre
porque yo era Dios para ti, un Dios fuera de la ley,
poderoso y sagrado, lo único real y suficiente,
siempre tu hijo fuera de todo orden, siempre reinando,
porque todo cuanto yo hacía e hice recibió tu larga aprobación,
cuya moralidad no es de este mundo.

Sabedlo.

Tú, que me amabas hasta la desesperación.
Tú, que derramaste sangre por mí y por mi discutible y oscura vida,
llena de liturgias cuyo sentido tú desconocías,
y hacías bien, pues nada había que conocer, como finalmente
he acabado sabiendo,
igualado en ese conocimiento
al más sabio de los hombres.

Y ahora, otra vez camino del Crematorio,
como ya escribí en un poema con ese título,
en el que hablaba de tu marido, mi padre,
a quien también quemamos,
unos mil grados alcanzan esos hornos.

Mi gran padre, del que tú te enamoraste —vete a saber por qué—
en mil novecientos cincuenta y nueve,
y a quién demonios le importa ya sino a mí,
el que siempre os quiso tanto y os querrá hasta el último minuto del mundo.

Te di un beso en la santa frente helada
un domingo
por la mañana
de un veinticuatro de mayo del año dos mil catorce,
lloviendo,
en una primavera inesperadamente fría,
mientras una máquina sofisticada introducía tu caja barata
—mira que somos pobres— en el fuego final,
al que mi hermano y yo
te condujimos.

Sentí tu frente antigua y acabada en mis labios
antiguos y acabados,
pero aún conscientes los míos;
los tuyos,
venturosamente, no.

Nunca pensé que el sentimiento final fuera este:
la envidia que me diste, la codicia de tu muerte,
codiciando tu muerte,
porque me dejabas aquí,
completamente solo
por primera vez
un nuestra larga historia de amor,
y solo para siempre.

Y recuerdo ahora a todas aquellas mujeres
que querían acostarse conmigo,
hacer el amor conmigo,
y eso acabó siendo mi vida,
cuando yo solo quería
estar contigo para siempre.

Vaya, mamá, no sabía que te quería tanto.
Tú sí que lo sabías, porque siempre lo supiste todo.

Qué bien que todo haya acabado,
en una culpable tarde de primavera
en donde comienza el mundo,
en donde para ti acaba el mundo,
en donde para mí ni acaba ni comienza
sino que persiste involuntariamente.

Qué bien este silencio omnipotente, aquí, en Barbastro,
donde fuimos madre e hijo, por los siglos de los siglos.

Aquí, en Barbastro, en ese sitio tan nuestro,
tan escuetamente nuestro: todo ocurrió aquí, en estas calles.

Todo lo recuerdo, y todo lo recordaré.

Te amo, finalmente.

Como no he amado a nadie: todas fueron tu réplica.

Ah, se me olvidaba: podías haber dejado algo
para pagar tu entierro,
no sabes lo mal que me va y lo pobre que soy,
mira que fuiste manirrota y derrochadora,
y lo que vale
el ataúd más económica,
como dicen ellos, los caballeros dulces de la funeraria.

Mira que fuimos pobres y desgraciados tú y yo,
ma mère, en esta España de granes hijosdeputa enriquecidos
hasta la abominación.
Y aun así, pobres como ratas tú y yo,
mantuvimos el tipo,
como dos enamorados.

Qué bien. Qué hermoso. Cuánto te quiero
o te quise, ya no sé, y a quién le importa,
desde luego no a la Historia de España,
nuestro país, si es que sabías cómo se llamaba
la solemne nada histórica en que vivimos papá, tú y yo.

 

 

 

Vilas, Manuel. El hundimiento. Madrid; Ed. Visor, 2015.

 

DIARIO ÍNFIMO

septiembre 20, 2016 Deja un comentario

mercedes-roffe-diario-infimo

 

8 de mayo
INTENCIONES

—¿y el aire?
—¿y el cielo?

el aire, no
el cielo, no

tampoco
el mar ni la tormenta ni las ruinas
xxxxxxni la ciudad sitiada
xxxxxxni
xxxxxxlos vándalos en ella

tampoco tu pereza

tampoco
la avidez que te mueve

a veces

—solo a veces—

a pronunciarte y fallar

 

 

 

 

19 de mayo
REMINISCENCIAS

hoy en el cielo hubo fuegos
y grises
y algún jirón rosado
desplegándose
sobre el río brumoso
—su horizonte

hoy fue un día de luces
y sorna y farsa
y algún mirar fastidiado

un desencuentro

un libro que alguien dejó xxxcaer en tus manos
una pregunta
una espera

hoy xxxquienquiera que fuese
leyó como si amara
en la palabra el alma que la intuye
o labra
o borronea

hoy alguien susurró
al oído de alguien
un poema improbable
incierto

receloso

como una garúa

 

 

 

 

27 de mayo
DE LOS CUERVOS

de ver la luz
cegar
cegar
de ver
tanta carroña

los cuervos,
sin embargo,
son lustrosos y bellos

poca muerte
digna
de sus picos agudos

Según una leyenda,
mientras haya cuervos
en la Torre de Londres
Albión sobrevivirá.

Entretanto, funcionarios de su Alteza real
mantienen varias de estas aves
en cautiverio
para
—dicen—
“dar gusto a los viandantes”.

 

 

 

 

28 de mayo
COMIENZOS

olor a niño
olor a enfermo

todo
procrea

todo plan empieza
con ese horrendo olor
a recién nacido
a recién muerto

 

 

 

 

2 de junio
ESO

es verdad

:

los escenarios se incendian

de fuegos de mentira

de verdad

 

 

 

 

6 de junio
POÉTICA

entretanto
dejar que las palabras
hagan su obra

 

 

 

 

7 de julio
LULLABY

Oh hermosa luna de papel
baja a jugar con nosotros

somos
dos árboles solitarios
anclados
en un paisaje
de hierro y lodo

x
(SILENCIO)

*

Oh luna de papel de arroz
¿por qué nos miras
severa
desde lo alto?

¿qué nos reclamas?

¿es nuestra culpa si
en este paraje
hostil
hirsuto
fuimos abandonados?

x
(SILENCIO)

*

Mala luna de cobre
sanguinolenta luna

vete

nos vence el miedo
y ni siquiera huir
podemos
varados como estamos
en este yermo
valle ixoscuro
desolado

x
(SILENCIO)

 

 

 

 

25 de julio
DESVELO

dorado amaneció
el río
oro y alpaca

selva tupida el hierro
aquí

allá
encaje anochecido

el choque
solo trocó el silencio

y tres
o cuatro vidas

 

 

 

 

30 de julio
ZOZOBRAS

El hambre que no deja comer…

los pies que se tropiezan

la cólera que ahoga y tulle

x

—esa urgencia

—ese tipo de urgencia

 

 

 

 

5 de agosto
CRIPTAS

huesos
órganos en el suelo
sangre vieja pegada a las paredes

pero huesos
sobre todo huesos

y eso en nombre de un rito
varios ritos

a más de miles de millas de distancia
a más de miles de años

no importa en qué continente

la osamenta de un niño colgando de la cúpula
xxxxxxxxxx/de una iglesia

una nena conservada en un cofre de cristal
xxxiiiiixxxxdesde 1909
xxxxxxxxixxxxxxxxxxxxintacta
con la misma sonrisa y la misma
cinta en el pelo

y huesos
y más huesos
y más muerte
y más muerte
ociosa
agazapada

 

 

 

 

14 de agosto
TODO ES MIEDO

no leer
no escribir
no pintar
no cantar a voz en cuello

no cruzar la ciudad vociferando
por dentro

soy feliz
o quizás podría serlo
o lo he sido

no convocar
no partir
no batir palmas

pero el miedo

 

 

 

 

25 de agosto
ACÚFENOS O RECUERDOS

ni bien apoyar la cabeza en la almohada
me llegan músicas
de Marais

esa cuerda vibrante
ronca
dolorosa

ese llanto en el pecho
contenido

como si
del hondo
seno azul del tiempo
viniera

como si con ella
entrara
a bocanadas
la mismísima noche

 

 

 

 

29 de agosto
EDADES

antiguo
—lo bastante
para no remontarse
a ningún origen
más allá
del propio aullido

 

 

 

 

3 de septiembre
DECISIONES

digamos
que no quieres
pero
que te encuentras
en una situación en que
pero
no quieres

más aún:
digamos que
ni siquiera
xxxxxxxxxxte parecería aceptable

que aceptar
algo así
sería

pero digamos que
sientes
xxxxxxx(oh sí
xxxxxcuánto icuánto
xxxxxxxlo sientes)

pero xxxdigamos que
acabas de aceptarlo
en-nombre-de

 

 

 

 

30 de septiembre
GRIETAS

primero hay solo
un espacio vacío
un contorno
una pre-visión, algo
sin forma expresa
solo intuida, abstracta, escueta
un blanco levemente
circunscripto

será la mano la que funde
la nueva realidad —trazo, color
sombra
contenido—

solo esa cabriola iluminada
el gesto
hará de ese hueco apenas escrutado
el retrato
el mapa
el surco
de lo acaso entrevisto

 

 

 

 

11 de octubre
HERIDAS

deja su huella el día
un surco

filtración

un dejo de miseria
honda
honda

y un hálito de luz
convulsa
estremecida
que no
se atreve a despuntar

 

 

 

 

29 de octubre
MÓVIL

es una encrucijada
desear

a la derecha el impulso
a la izquierda el temor
al norte las quimeras
al sur el desencanto

un preludio al camino
que jamás tomaremos

el punto
en el que hacer equilibrio
es caer

 

 

 

 

20 de noviembre
DISYUNTIVAS

¿habrá que huir?

volver

¿es una huida?

 

 

 

 

2 de diciembre
FÁRRAGOS

a veces
¿no es también el silencio
discursivo en exceso?

 

 

 

Roffé, Mercedes. Diario ínfimo. Sevilla; Ed. La isla de Siltolá, 2016.

 

GRAN VILAS (y 2)

septiembre 19, 2016 Deja un comentario

manuel-vilas-gran-vilas

 

EL ESPAÑOLETO

A ti te lo puedo decir, amor de mis amores,
sangre de mi sangre, reina testaruda de la nada en que acabaré,
gracias demos a Dios que sabrá devolvernos,
nulos al fin,ya tranquilos, en nuestra nada—,
a ti sí puedo decirte que sueño un poco,
a veces más que un poco,
con la destrucción de España,
con la defenestración de sus élites,
con quemar su historia y a sus líderes y a sus cantantes,
y a sus futbolistas y a sus toreros y a sus nobles y a sus actores
y a sus libros de éxito y a su televisión española,
sueño con eso, con calentarme las manos en ese fuego
cuando llega el invierno y nieva mucho en los Pirineos,
mi santa tierra,
solo mía,
inocente de mí,
buena persona siempre, sabedlo, no obstante.

Sueño con el aniquilamiento
de la vida peninsular tal como la conocemos,
sueño con el delirio final de todos nosotros,
los ancianos españoles,
muertos de miedo,
solo salvaría el Tren de Alta Velocidad,
y algunas películas de Buñuel y de Berlanga,
porque soy un sentimental y estoy enamorado
y me pone a mil que me hablen en la lengua de Cervantes.

Que Vilas sea español, que le den, dijo
un sádico arcángel un 19 de julio de 1962.

A ver qué hace, dijo otro, será interesante ver eso.
Seguro que se hunde, pobre diablo, no podrá con eso.
Se matará, se colgará, se dará la bebida, beberá
hasta reventar, o delinquirá
o se convertirá en un drogadicto, en escoria barata.

Qué buena idea, sí, dijo el arcángel San Miguel
con una copa de vino de Rioja en la mano.
Apostemos fuerte por el Gran Vilas y su hispánico destino.
A ver cómo se apaña con España, dijeron todos
mientras reían y bebían y fornicaban
en la alta oscuridad del Paraíso.

Bah, hicisteis bien, colegas,
amo este país, lo amo mucho,
daría mi vida por él y no es coña,
lo amo porque en España
las mujeres son mejores que los hombres desde siempre,
hicisteis bien, hijosdeputa,
y sabed que lo mismo da España que Francia, China o Rusia,
Italia que Alemania, Suecia que Finlandia,
lo mismo da, hermanos míos,
la vida es buena y ya la misma en todas partes,
pero sí, la jodida España era mi sitio,
el lugar de mi arcangelidad
dionisíaca, veraniega y popular.
Allí estuvisteis de fábula, pequeños hijosdeputa,
reinones del celestial azar,
libidinoso y acre.

I love sweet, España.
Yo soy el españoleto, y me encanta.
Vilas, el españoleto final,
como el gran Ribera,
un hombre de infinito talento.

 

 

 

 

VILAS Y VELASCO

Un día del otoño del año 2010
Manuel Vilas abrió el ordenador y se enteró
de la muerte del poeta español Miguel Ángel Velasco,
ocurrida en Palma de Mallorca.
Vilas no conocía a Velasco,
pero le dolió esa muerte,
tenían la misma edad.
De modo que comenzó a buscar como un poseso
datos sobre la muerte de Velasco.

Temió que se hubiera suicidado.

Vilas tenía bastantes libros de Velasco en casa.

No sintió ninguna necesidad de releer esos libros.

Hizo algunas llamadas y consiguió
el número de teléfono
de la madre de Velasco.

No se atrevió a llamarla, pero fantaseó
con posibles conversaciones con la madre de Velasco.

Imaginó una mujer digna y de atractiva madurez.

Imaginó a la Virgen María y pensó en Velasco
como su hijo doliente, el mismísimo Jesucristo.

Vilas meditó sobre la fama literaria de Velasco como poeta.

Vio que era posible que Vilas y Velasco
tuviesen la misma fama.

De haber ido al mismo colegio
se hubieran sentado juntos
por la proximidad alfabética de sus apellidos.

Todo era proximidad entre Vilas y Velasco,
pensó Vilas.

Estaban juntos en un montón de fotos, inventó Vilas.

Juntos en viajes a los veinte años, fabuló Vilas.

Juntos en fiestas y en noches inmortales, volvió a inventar.

Vilas, finalmente, pensó en la clase media española
de los años sesenta que dio poetas
para la combustión de la democracia que venía.

La clase media internacional, con destinos misteriosos
para sus hijos ateridos en mitad de la tormenta.

Vilas imprimió una foto de Miguel Ángel Velasco.

Misterios de la raza.

Misterios de la clase media universal.

Democracia española, clase media y poesía.

Los chicos se mueren.

En general, la gente se muere.

Dicen los que regresan haber montado
en un gran tiovivo.
En una montaña rusa.
Estás y ya no estás nunca más.

Pero en el fondo,
debes recordar, querido Vilas,
que el mundo llevaba miles de años existiendo sin ti,
y sin Velasco.

Podéis marcharos los dos tranquilamente,
habéis cumplido.
La vida os da permiso y un bonito beso
de despedida.

 

 

 

 

LAS PALIZAS

Los libros que escribí saquearon mi cuerpo.
Me dieron puñetazos en la cara.

Muchos eligieron el cerebro.

Alguno se llevó el hígado, todos robaron.

Agotado, envejecido, deteriorado,
poco saludable,
así me dejaron las palabras bajo mi nombre.

El aparato digestivo, el sueño, los mareos,
la tráquea, las arritmias, el asma,
los huesos torcidos, la neumonía.

Mis poemas, mis novelas saquearon mi cuerpo.

Cada libro escrito era una paliza.

Daban fuerte.

Me dieron palizas de muerte, tío,
esos libros míos, esos hijosdeputa
que finalmente no valieron la pena.

Mis libros no cambiaron el mundo,
solo me cambiaron a mí.

El glaucoma, la sed, el alcoholismo,
las lumbalgias, las taquicardias,
el pánico, la bulimia,
las palizas,
ellos saqueaban,
se lo llevaban todo.

Mis libros,
mis asesinos.

Pero me gusta que me peguen.
Las palizas del amor.

Ponte una tirita en la ceja,
aún te queda un pulmón sano,
respira, pues,
deja de beber,
y adelgaza.

 

 

 

 

I LOVE WOODIE GUTHRIE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxThis poem kills fascists

Esta tierra fue hecha para ti y para mí.
Desde las costas de Galicia hasta el mar de Barcelona,
desde Cantabria hasta la ciudad de Tarifa,
esta tierra nos pertenece.

Deberíamos querernos más y caminar por los campos
con una sonrisa inacabable en el rostro.

Desde el puerto de Somport hasta las costas de Cádiz,
esta tierra fue hecha para ti y para mí.
Desde la lujosa nieve del Aneto
hasta la luz de Almería,
esta tierra fue hecha para ti y para mí.

¿Has visto el mar de Pontevedra, has visto la belleza testaruda
del pueblo pirenaico de Gistain bajo el sol de mayo?

Todo nos pertenece. Esta tierra es nuestra.

Mi casa está abierta para ti porque te quiero.

Nuestros antepasados decidieron matarse
porque eran gente sin imaginación y no amaban a Woody Guthrie,
pero nosotros haremos el amor libre y repartiremos
las riquezas, porque esta tierra es nuestra.

Repartiremos el oro,
porque repartir el oro es fascinante.

Si te despiden en Madrid, yo te daré mi empleo en Sevilla.
Si te despiden en Bilbao, yo te daré mi empleo en Valencia.
Si te despiden en Valladolid,
yo te daré mi empleo en Santa Cruz de Tenerife.

Si nos despiden a todos, venid a mi casa,
os daré lo que tengo.

Desde las costas de Galicia hasta el mar de Mallorca,
repartiremos todo nuestro dinero, nuestras casas,
nuestros maridos,
nuestras mujeres,
nuestro plan de pensiones,
nuestros coches,
nuestros excelentes trabajos,
nuestras rentables empresas,
compartiremos todo,
porque compartirlo todo es deslumbrante y es nuevo,
la vanguardia de lo que vendrá.

Mi casa es tuya porque te quiero,
porque quererte es revolucionario y es apasionante.

Para ti y para mí, en nuestro honor, fue creada la tierra.

Desde las costas de Galicia hasta el mar de Barcelona,
desde las cimas de los Pirineos hasta los vientos de Tarifa,
esta tierra fue hecha para ti y para mí.

Desde el mar de San Sebastián hasta el mar de Málaga,
no habrá pobreza ni alienación ni humillación ni tristeza
sino hombres y mujeres libres,
haciendo el amor en medio del campo,
en medio de los ríos,
en medio de las tormentas,
en medio de las calles,
en medio de los caminos,
bajo la luna.

Y seremos felices aquí en la tierra.

Esta tierra fue hecha para ti y para mí.

 

 

 

 

NOTICIAS DE MARZO DEL AÑO 2011

El año comenzó con revoluciones en los países árabes.
Se desmoronaban Túnez, Egipto y Libia.

Parecía que la Historia había muerto y de repente
una mujer entró en el bar del tiempo y dijo “champán para todos”.

Japón volvió a beber un trago largo de veneno.
La tierra tembló y las centrales nucleares niponas
sintieron nostalgia de Dante, de la Biblia y del Apocalipsis.

El mundo volvía a estar caliente.

Gadafo, el líder Libio, no aceptó la copa de champán.

El mundo árabe se estaba convirtiendo en una banda de rock.

China seguía comprando presidentes de gobiernos occidentales
a bajo precio y convertía la vida en basura universal.

La nave espacial Cassini detectó lluvias de metano
en las dunas del ecuador de Titán,
la luna de Saturno.
Pero seguía sin aparecer ningún vestigio de vida extraterrestre
en ese descomunal y vacío cielo que nos corona inútilmente.

Hosni Mubarak y Muamar el Gadafi y Silvio Berlusconi
usaban el mismo tinte de pelo y sus septuagenarias cabelleras
resplandecían al sol de la Historia con el claro color
de los cabellos juveniles de los dioses griegos de la Iliada.

El hijo del cielo, el emperador Akihito,
habló a su pueblo desde las televisiones japonesas,
desde los receptores con la tecnología más sofisticada del planeta,
en medio de la radiación nuclear, que quema la vida del planeta.

Los reyes y los emperadores y los generales condecorados
se convierten en los grandes ídolos de la televisión
cuando llega el Apocalipsis.

Barack Obama viajaba por América Latina con la mano extendida.

Fuego, volvía el fuego, un clásico de la Libertad.

La crisis económica bailaba flamenco en España.

España se estaba calentando.

Ya nadie leía a Góngora en España
ni a Francisco de Quevedo ni a Mariano José de Larra.
Ni siquiera se sabía quiénes fueron
ni si estuvieron vivos alguna vez.
La Historia se estaba resquebrajando, caminaba, al fin.
La creíamos muerta y como Lázaro salió de su tumba.

Murieron el presidente Néstor Kirchner
y el actor Dennis Hopper y Bobby Farrell,
el cantante de Bonney M, y el escritor José Saramago
y el domador de leones Ángel Cristo.

Nació el primer bebé libre del gen del cáncer de mama,
y sus padres se sintieron fuertes, inmortales casi.

Las relaciones familiares empeoraban por culpa de la crisis.

La tierra tembló en Japón y la Historia se movía,
como un vampiro en la medianoche.

De qué sirve la vida si no es para acabar completamente muerto.

De qué sirve la vida si no es para cambiarla completamente.

 

 

 

 

THE VILAS

xxJohn Vilas tiene 27 años. Canta en una banda de rock and roll. John vive en Detroit. Su primer disco, titulado “Vilas One”, pasó completamente desapercibido. John odia Detroit y está pensando en largarse a vivir a España, a la Costa del Sol, a Málaga.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxRamiro Vilas tiene 42 años. Vive en Canal de Berdún, provincia de Huesca. Es agricultor. Tiene un tractor al que llama, en broma, “Mariano”. Cuando nadie le ve, le da patadas con sus polvorientas botas —compradas en un Carrefour— a las ruedas del tractor y le dice obscenidades como “me has jodido la vida”. El tractor ni se inmuta.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxAlonso Vilas tiene 87 años y vive en Madrid. Es sacerdote jubilado. Vive en un Seminario. Desde su habitación oye los coches que pasan por la M30. Le gustan los coches rojos. También puede verlos. Se ha comprado en un bazar chino unos prismáticos y ve los coches. Ve la cara de los conductores y se asusta y se conmueve.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxCristo Vilas tiene 62 años y vive en Lima. Es peluquero y homosexual célibe. Tiene cáncer de páncreas pero sigue yendo a la peluquería todos los días. A veces, en mitad de un servicio, se pone a temblar de dolor, suspira hondo y sigue peinando al cliente.

xxHey, Vilas,take a walk on the wild side.

xxClermont Vilas tiene 54 años y es profesor de autoescuela y vive en Lyon. Su padre murió hace mucho y Clermont vive con su madre. Su madre le prepara un sándwich de cuatro quesos con mortadela de Bolonia todos los días y Clermont le da un beso en la boca antes de irse a trabajar a la autoescuela.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxGodfried Vilas tiene 29 años y acaba de asesinar a su novia en un piso de las afueras de Frankfurt. Tiene delante, atemorizado, temblando, al amante de su novia, un hombre maduro, y no sabe si matarlo también. Finalmente, decide apuñalarlo como ha apuñalado a su novia. Godfried Vilas mide 1,91 y hace culturismo. Se queda mirando a los dos cadáveres y se arrepiente de haberlos matado, pero se da cuenta de que son hechos tan irredimibles como olvidables en poco tiempo. Piensa en siete años y seis meses.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

xxRosario Vilas era una niña-mendiga que fue encontrada ayer en un sótano de la Rambla de Catalunya. Era una gitana muy morena y tenía once tristes años. Tenía el cráneo reventado y los ojos metidos en la boca.

xxEh, Vilas, que sirva este poema para que la gente recuerde que los muertos también fuimos amor.

xxHey, Vilas, take a walk on the wild side.

 

 

 

 

THE MAN COMES AROUND

xxEstaba muy oscuro cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de Moscú. Sin embargo, aquel fantasma estaba eufórico; eran el frío y Moscú que le ponían a mil. Vio un bar de aeropuerto y se detuvo: estoy tan feliz de regresar a Moscú, que necesito tomar un vodka —dijo el espectro.

xxSe sentó en una mesa.

xxQué abstractos son los aeropuertos que glorifican la tierra con sus alargadas pistas de aterrizaje. Qué bonita es la palabra tierra, masculló el fantasma. A veces el fantasma sueña con que esas pistas de aterrizaje sean comestibles. Sean como serpientes, como pescados ardientes, como árboles de piedra que los ángeles contemplan desde el cielo vacío.
xxCantan los ángeles canciones duras que exaltan la construcción de miles de aeropuertos en todos los continentes de la gran tierra de los hombres.
xxLos ángeles aman los aeropuertos. Los ángeles lo aman todo. Porque un ángel es un aeropuerto, víscera de piedra,ganas caprichosas de volar, ganas de estar en las alturas, ganas de fornicación en las alturas. ¿Has probado a hacer el amor a once mil metros sobre el mar? It’s too romantic.

xxLos ángeles se casarían con los aeropuertos si estuviera permitido.

xxEl bar tenía unos enormes ventanales que permitían ver un día gris y oscuro. La grandeza de la grisácea oscuridad parecía revolucionaria. De repente, se puso a nevar.
xxLa nieve es el mayor espectáculo de la materia, su calor, su complejo y extranjero calor. La nieve que trae la santidad a los seres humanos; la nieve, whisky del cielo.
xxLa nieve es el amor también.

xxEn las calles de Moscú seguía nevando. Era la alegría del cielo. Esa alegría irreal que exalta la vida. Alta oscuridad. Alta muerte. Alto amor.

xxEl espectro no llevaba calzado adecuado para la nieve.

xxEl espectro visitó muy caras y lujosas zapaterías de Moscú. Al espectro le fascinan las zapaterías; grandes palacios para esa misteriosa obra maestra que son los pies de los seres humanos. Recordó el espectro el pie de una mujer a la que había amado mucho y lloró a solas. Lloró en mitad de la zapatería y otra vez pidió morir. Alto pie femenino de la alta oscuridad. Mucho tiempo dedicó el espectro a probarse botas de todos los estilos. La fantasmagoría del pie de una mujer de quien estaba enamorado arrojaba al espectro hacia los campos de concentración nazis de la Segunda Guerra Mundial, en una compleja operación de martirio y amor. Judío de los pies enamorados en las cámaras de gas.

xxAcariciaba las botas. Miraba que nada de lo que le ofrecían fuese “Made in China”.

xxAl final, el fantasma se compró unas botas altas mexicanas acabadas en punta, como un cuchillo negro, como homenaje a la revolución mexicana. El espectro amó todas las revoluciones de la gran tierra de los hombres. Las botas que eligió no estaban, precisamente, indicadas para la nieve, de modo que el espectro pronto advirtió en sus botas una gran mancha de humedad.

xxEl espectro cogió un barco moscovita en mitad del hielo. En el hielo veía su rostro y leía su nombre, su nombre aún vivo. Se acordaba de ella. Siempre de ella.

xxAnduvo por muchas calles de Arbat. Cenó, con sus botas humedecidas, en un restaurante llamado “La trucha negra”. Cenó carne, arenques y patatas. Rompió la estructura de las patatas con un tenedor industrial fabricado en serie, “Made in China”.

xxHabía en la carta un texto turístico, en inglés, que decía “los arenques son buenos para la sangre, son diuréticos y alejan el espíritu de la impotencia”.

xxEl espectro rió.

xxTiene que ser muy bonito estar muerto. Pero aún no.

xxSolo estoy enamorado de una mujer que me olvidó.

xxEl amor me ha convertido en una tempestad de miseria.

xxEl amor me ha convertido en un mendigo cósmico.

xxCreo que soy el hombre más solitario del Universo y también el más tercamente enamorado.

xxMis entrañas están maduras para la muerte, pero aún no.

xxAún podría llamarla al móvil, pero estará con otro y ni siquiera contestará, y aunque contestase, ella no se acordaría, y yo tampoco.

 

 

 

 

MEMPHIS

Manuel Vilas llegó a la ciudad española de Santander
conduciendo su Audi 100, ventanillas bajadas, pelo alborotado,
alma venenosa, alma muy gastada, alma tóxica, como su coche,
tenía reservada una habitación en el Hotel Silken Coliseum.

Entró en la habitación, la 301, y sintió algo especial.

Inspeccionó la habitación. Todo estaba en orden.

Había muchas cosas en el cuarto de baño,
eso pone de buen humor siempre,
hasta los muertos se regocijan con los regalos:
Kit de afeitado, cepillo de dientes, aguja e hilo.
Había un calzador y una esponja abrillantadora para los zapatos.
Había un boli pequeño, de bolsillo, con el anagrama
de Hoteles Silken.

Puso una foto de su padre en la mesilla.
Puso una canción de Johnny Cash en el ordenador portátil.
Vilas hace esas dos cosas siempre en los hoteles.

Revisó los poemas que iba a leer esa tarde,
en Santander.

Se cansó de los poemas.
Son solo poemas, palabras.
No son personas, no son seres humanos,
no besan, no hacen el amor.
Me casé con las palabras, pensó.
Me casé con mujeres muertas.

Oh, desesperación, protégeme de las bestias
de la tristeza, conviérteme
en el gran mendigo del amor, dijo.

Se duchó. Estuvo un rato bajo el agua,
maldiciendo su soledad inacabable,
más grande que la soledad de Dios,
no oía a Johnny Cash desde la ducha,
y eso le pareció una tragedia.
Tenía que elegir entre la canción y el agua caliente.
Siempre había que elegir.

I went up to Memphis, oyó.

Con la toalla en la cintura, abrió el minibar,
consultó los precios, y volvió a cerrarlo
con un portazo fuerte, sonoro, absurdo,
goma de la puerta contra la goma de la nevera
en un choque anónimo,
innecesariamente cruel.

Bueno, se dijo, volvió a abrirlo,
y sacó una botellita de whisky.
Al rato otra más. Al rato comenzó con e vodka
porque el whisky se había acabado.

Pensó en su poema El alcohólico.

Miró la habitación: qué blancas las almohadas,
qué bonito el teléfono,
qué sensación de limpieza en el cuerpo.

Sonaron unos golpes secos y fuertes
en la puerta de la 301,
golpes fantasmales y a la vez esperados,
y Vilas abrió.

Era el mismísimo Johnny Cash, con camisa negra,
con botas y con levita y con el pelo alborotado.

Cash entró en la habitación, se sentó en la cama
y dijo “Vilas, cariño, camarada, amar a los seres humanos
no es suficiente si quieres amarlos de verdad,
estás desesperado, y no te curarás nunca,
no hay cura para esto, hermano, siempre estarás así,
violento, insatisfecho, radiante, destruido,
hermano mío, mi hijo casi”.

Vilas pensó que Johnny le había leído el pensamiento
porque Vilas ama a todos los seres humanos
que ha conocido en esta vida.
A todos los ama hasta la extenuación, hasta la cruz;
aunque solo haya hablado dos minutos con un hombre o una mujer,
Vilas lo ama.

Dios hace lo mismo.

Dios y su mismísimo hijo el Gran Jesucristo hacen lo mismo.

Más allá del beso, más allá de la fornicación.
Más allá del erotismo radiante.
Más allá de la posesión y del placer inimaginable.
Más allá de la amistad.
Más allá del matrimonio.
Más allá de la admiración, la lealtad y la fraternidad.
Más allá de todas las falacias del amor,
los fuertes comemos seres humanos,
dijo Johnny.

Vilas estaba solo en mitad de la habitación.

Debería pegarme un tiro ahora mismo,
dijo Vilas, mientras miraba la foto de su padre
encima de la mesilla, con su portátil marco de plata,
y Cash cantaba desde el ordenador I went up to Memphis.

 

 

 

 

DELIA’S GONE

Bendito sea el suicidio.

Lo mejor de nuestro amor fue suicidarnos.

Tantos suicidas en París, en Nueva York,
en Ginebra, en Londres, en Estocolmo y en Madrid.

Hombres y mujeres que se arrojan por las ventanas,
desde décimos o undécimos pisos,
intentando volar en el absurdo viento de las ciudades.

Bendito sea el suicidio, que nos iguala a los ángeles
más famosos en las rutinarias gradas del universo.

Es temperamental, la muerte por amor.

Suicídate, no significa nada, el mundo resplandecerá
aún más y no habrá tristeza alguna porque ya nadie te quiere.

Hombres y mujeres que dispararon negras pistolas
contra sus inocentes y vencidas sienes,
que castigaron su aparato digestivo
con cápsulas verdes y blancas, rojas y amarillas.

No soporté que me abandonaras, amor mío.

No soporté quedarme sin trabajo, amor mío.

No podía verte con otra,amor mío.

San Ian Curtis, San Mariano José de Larra, Santa Silvia Plath,
la santa horca, la santa pistola y el santo gas,
y el amor siempre,
el amor
tan asesino.

Di adiós a tu cuerpo, se ha quedado vacío.

Bendito sea el suicidio
que nos aleja de la mirada de todos los Emperadores.

Bendito sea el suicidio, el gran adiós de los lunáticos.

Qué bella es la muerte y su hermano el sueño,
dijo un inglés ilustre.

No podía soportar las nubes, el mar, las calles,
amor mío.

Cúbreme de tierra, estaré bien no estando,
amor mío.

Cómprame un ataúd barato, estará bien así.

No hace falta que me recuerdes, amor mío.

 

 

 

Vilas, Manuel. Gran Vilas. Madrid; Ed. Visor, 2012.

 

GRAN VILAS

septiembre 17, 2016 Deja un comentario

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NOTICIAS DE JUNIO DEL AÑO 2009

Los aviones de Air France se caen del cielo,
caen en mitad de las planicies oceánicas y se hunden
a la velocidad de los peces, cuatro mil metros bajo el agua.

Los familiares buscan abogados y leyes y luz y justicia
a las gran velocidad de la desesperación,
demonio y matadero del adiós ingrávido.

Michael Jackson pesaba cincuenta kilos de viento quemado
cuando se fue de este mundo como si fuese un negro de Nairobi.
Cuerpo adentro tenía vísceras de goma.

Hay un Big Bang carnal en todo esto.

Esta fiesta idéntica a las fiestas solares, a los sacrificios
humanos, comiéndonos los unos a los otros.

El canibalismo también es moderno.

Los cerdos, humillados, inventan virus que matan a los hombres,
comedores de cerdo.

Mercedes baja los precios de sus berlinas
De creer en algo, creería en un Mercedes-Benz,
y te juro que no es broma.
Adoraría sus ruedas,
su volante final.

En un país pobre y sin historia llamado Honduras
los militares dan un golpe de estado: negros y soldados,
indios y piedras, hispanos y locos, ratas y cárceles,
hundidos en Honduras.

Una biblioteca de Nueva Gales del Sur exhibe
la lista de Oskar Schindler, fechada el 18 de abril de 1945,
la célebre lista que hurtó al III Reich
ochocientos y un judíos en trece páginas amarillentas,
el buen triunfo de la vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY en esa lista
salimos tú y yo, que estamos vivos de milagro.

El futbolista Kaká pasa el reconocimiento médico.

No hay mensajes nuevos, dice mi Windows Mail.

Cae otro avión, de una compañía fantasmagórica,
barata y africana,
sobre el Océano Índico.

Demasiados aviones en el cielo.
Demasiada gente volando.

Michael Jackson estuvo casado con la hija de Elvis Presley.
En las noches de verano, desnudos, hacían espiritismo.
La autopsia de Elvis también fue poesía pura.

Es mucho más triste que no te hagan ni la autopsia,
como a esos desgraciados que se hundieron
en el Atlántico y en el Índico
y sus cuerpos desaparecieron
como si nunca hubieran existido.

La autopsia es un espejo moral.
La autopsia es un matrimonio con la gravedad.

La autopsia me pone a mil, desconocidos
metiéndome mano, árbol adentro,
donde ni siquiera tú has estado, y eso que eres
la más perra de la tierra, amada mía.

Pienso en los riñones (creo que tenemos dos),
en el hígado, en el intestino grueso de Michael Jackson.

No hay mensajes nuevos, dice mi Windows Mail.

Nadie me escribe.

 

 

 

 

EL ALCOHÓLICO

Era el 30 de mayo del año 2009
y estaba en La Habana.

Somos los santos bebedores esparcidos por el mundo,
grandes y últimos —y escasos en número—
corresponsales del santo oficio: dos en París,
tres en Nueva York, cuatro en San Petersburgo,
cinco en Tokyo,
uno en La Habana.

El que bebe solo espera beber con Dios un día.

Vieja piscina del Nacional,
de cuerpo entero bajo el agua.
Vieja piscina de la tierra,
y el fervor
y el santo oficio
y la alegría espantosa.

Veo la luz del sol,
pero soy más humano que esa luz.

Siempre estuvo aquí.

Vengo de allá arriba.

Si la alegría fuese
este oficio
del que bebe en gloria.

Otra vez estoy al mando del gran ejército de la desesperación.
Al mando de las altas y superiores legiones solares,
en mi puesto,
aquí en La Habana,
diseñando la estrategia final de la victoria.

Soy el César,
estad pendientes de mis órdenes.
Mañana quemaremos la Historia.

 

 

 

 

SOLOS ANTE EL PELIGRO

La nada de los perros es igual a la nada de los hombres.

Aquí me tienes de nuevo, a tu lado, como siempre.
Alégrate, alégrate porque he vuelto no más de cinco minutos.

Todos los días, los grandes días —lo sé— te acuerdas de mí.

Me ves en la cocina de tu casa mirándote a los ojos,
mientras te bebes un café.

Te gustaba tanto contemplarme:
en los parques, en las playas,
en las calles de las ciudades españolas.

Nadaba en los lagos de montaña
al lado de los árboles y sacaba
piedras húmedas de los ríos
con mi boca enaltecida por el sol.

El sol era nuestro hermano.
El sol era nuestro imperio, nuestro imperial hermano,
se dejaba besar, lo besábamos nosotros a él,
aunque ardíamos, sí, ardíamos sin notar las llamas,
pues qué nos importaba arder a nosotros
si éramos amor, porque el amor nos quiso mucho,
acuérdate.

Nadamos juntos en los altos ríos de las montañas de Huesca,
en el mes de mayo, cuando el frío aún es aterrador.
En medio del agua de los santos deshielos,
solos ante el peligro.
Los muertos venían a hablar con nosotros, viejos
muertos de las montañas de Huesca, afables y atormentados,
dulces y ensombrecidos, pero siempre enamorados.

Tú contemplabas cómo se deshacía la nieve en las alturas.
Oíamos el cántico de las alturas.
Sí, lo oíamos.

Estábamos hechos el uno para el otro,
y aún te quiero.
Te quiero mucho porque nadie te quiere ya
como tú quieres que te quieran.

La nada de los perros es igual a la nada de los hombres,
un rigor primitivo, antes del mundo,
que iguala la desaparición de la carne.
El célebre adiós de la carne.

Me llenabas de caprichos,
acabábamos comiendo lo mismo.
Me comprabas salchichas alemanas.
Me comprabas galletas danesas.
Me comprabas pollo pequinés con salsa de almendras.
Me comprabas mortadela de Bolonia.

Y me llevabas a hoteles de lujo que aceptaban mascotas.
Y nos tumbábamos en la misma cama.
Y escuchábamos juntos a Johnny Cash.
Y pensábamos las mismas cosas.

Y me alquilabas una hamaca en las playas,
durante los veranos legendarios.

Nunca volveremos a estar juntos.
Nunca, entonces, estuvimos juntos.

No volveré.
No te querré ya más.
No te veré morir.

 

 

 

 

GRAN VILAS

Cómo me gusta el dinero,
cómo me gustaría
ser uno de los hombres
más ricos del planeta.

Me gusta ese momento en que la gente te paga por lo que sea.

Creo que lo que me mataría de verdad es no tener dinero.
Eso mató a mis antepasados: no tener nada.

Me gusta recibir transferencias bancarias.

Pero no me estoy haciendo rico,
sólo me hago viejo.

Se acerca el momento final
y sigo igual de pobre que siempre,
igual de pobre que mi padre y el padre de mi padre,
raza negra de negros españoles,
y eso me mete mala y negra sangre en la cabeza.

Muy viejo e igual de pobre que todos los viejos de la tierra.

Mira que era pobre mi padre y mira que yo amaba
esa pobreza, los pobres elegantes españoles
con la frente llena del sol del Mediterráneo.
Mi padre era un Woody Guthrie de las montañas de Huesca.
Era el mejor, siempre guapo, siempre radiante.
Pero se murió, así fue, se murió.

¿Por qué no soy rico si soy el mejor de los hombres,
si soy un santo,
si soy San Vilas,
muy colega de mis colegas,
un vitalista cordial?

Pagan mal en todas partes. Pagan mal en todo el planeta.
Pronto ya no pagarán nada, y volveremos adonde siempre
estuvo la gente como yo, allí abajo, quemados, enloquecidos,
ajusticiados, esclavizados, rotos.

¿Has visto cómo bajan los ríos de la tierra,
llenos de cadáveres flotantes,
llenos de moscas que se posan en los labios
de los cadáveres golpeados por la tiranía universal?

No soporto envejecer,
dejar de ser la criatura más resplandeciente de la tierra.

Ser pobre y joven era tolerable.

Ser pobre y viejo será un martirio.
Me comeré la pobreza y la vejez con ardiente mala sangre.

Y haré milagros, partiré el mar por la mitad
y me beberé las olas, los peces
y me beberé a todo el alto mando
de la marina de guerra norteamericana.

Beberé almirantes, capitanes y delfines.
Beberé ballenas.

También me beberé al alto mando
de la marina mercante de los Estados Unidos.
Me beberé los portaviones de la OTAN.

Necesito cambiar de sangre,
de órganos,
de vísceras,
de cuerpo,
pero no de alma.

Mi alma estará bien siempre.

 

 

 

 

MI NOVIA

xxVilas, dicen por ahí que tuviste padre y madre, pero yo no me lo creo. A ti, Vilas, te engendraron las ballenas, la selva, los mandriles y el vientre de la luna.

xxVilas, dicen por ahí que fuiste al colegio y a la universidad y que te hiciste un hombre de bien, que aprendiste a leer y a escribir, a sumar y a multiplicar. Pero eso sí que es imposible, solo hay que verte ahora, más pobre que los chinos y los negros y las ratas. Además yo sí sé de dónde vienes tú, Vilas.

xxVilas, dicen por ahí que te casaste dos veces y tuviste solo dos hijos, pero yo no me lo creo. Sabemos que te casaste cientos de veces y que tuviste millones de hijos y de hijas.

xxVilas, dicen por ahí que te hiciste escritor, que escribías libros, y eso tiene gracia, eso sí es muy, pero que muy gracioso.

xxVilas, dicen por ahí que eras español, bah, tío, yo no me lo creo. Eso sí que no puede creérselo nadie. A ti, Vilas, te echaron de todos los países serios, como echan a las cucarachas de las casas, pero con honor, gigantesco honor, te expulsaban con honores de estado.

xxTú eras hijo de las montañas de Huesca, eso sí es verdad.

xxDe los ibones, de los barrancos y de las praderas, del Valle de Benasque, de Monte Perdido y Panticosa, de Ordesa y Añisclo, sí, de allí eras tú, como lo fue tu padre, si es que tuviste padre.

xxVilas, dicen por ahí que naciste en el siglo XX. Pero eso sí que es un decir bien tonto, pus los virus como tú contribuyeron a la creación de los huesos y de la carne y estaban aquí antes de que el sol hiciera brillar las heladas olas del mar y las azules crestas de las montañas.

xxVilas, dicen por ahí que eras un hombre, pero tú y yo sabemos que eras una mujer vieja, acabada y muy promiscua, por no decir otra cosa.

xxVilas, dicen por ahí que amas a hombres y mujeres, vivos y muertos, a millones de mujeres y a unas docenas de hombres buenos, y eso sí que yo me lo creo.

xxEso, tío, eso es verdad. Vilas, eso sí.

xxVilas, eres perfecto. El Ser, eso eres tú, y no la Nada, Gran Vilas.

xxUn ciego plenario.
xxEl ciego que puso pleitos y demandas voraces a la exigua luz del mundo.

xxDame un beso, hijodeputa.

xxEsa lengua, Vilas, quiero sentirla.

xxSoy yo, la tonta de tu novia, la única que te ha querido.

 

 

 

 

EL ENAMORADO

xxYa sabes, amor mío, porque te lo he contado varias veces, que la desesperación de los hombres maduros ante las mujeres jóvenes y nuevas, bendecidas por la vida, es el tema de Susana y los viejos, un célebre cuadro de Tintoretto.

xxTe fuiste con otros tantas veces.

xxQué bien que te fueras con otros, porque mi amor es más extenso en el tiempo y en el espacio que tus infidelidades y ya es decir; mi amor está más allá, en las remotas regiones de una plenitud desconocida, sobre todo para ti, tan joven y tan guapa y tan dulce.

xxLa destrucción, el deterioro y el alcoholismo final, eso me dejaste. Tres árboles negros, con flores rojas.
xxTuyo era el poder y tuya mi vida.
xxTe adoraba.

xxAsí que te fuiste con otros, con docenas, mejor no los cuentes, amor mío, y fuiste muy feliz con ellos. Y yo imaginaba esa felicidad y te concedía una rara bendición.

xxA mí me parecía que no valían nada esos chicos guapos, con los que te ibas hasta el amanecer, insípidos, jóvenes sí, pero inanes, y sí, altos, nueva raza de españoles a quienes la estatura física situó en la vanguardia de la evolución de la especie, aunque no sabían decirte nada bonito.

xxEso solo sabía decírtelo tu novio maduro, o sea, yo. Las cosas bonitas te las decía yo y nunca las habías oído antes y nunca te las habían dicho esos chicos nuevos, y eso me daba pena, porque está claro que vienen tiempos feroces para el amor. Y cómo ardías en mis palabras. Mías eran las palabras, pero los besos duros se los dabas a ellos, a los otros.
xxYo te exaltaba, pero a ti no te exaltaban los chicos a quienes amaste, tristemente.

xxClaro que envidiaba a esos chicos a quienes hacías cosas muy alejadas, pero que muy alejadas, de los abrazos casi fraternales que guardabas para mí. Y temía que te hiriesen, porque tú eres frágil, y esos chicos jóvenes, atléticos y musculosos, tienen vergas muy largas y racialmente ofensivas, y yo padecía, sufría por tu cuerpo delicado y suave. No podía soportar que te embistiesen como si fueses un animal perecedero.

xxPero yo también fui un Rey. Gran Rey de mi derrota, que es un universo al que nunca estuviste invitada. Allí, planetas, continentes, soles radiantes, orquestas y bailes hasta el amanecer, océanos dorados, todo ocurre para mi solitario amor: El amor, única luz del mundo.

xxY me dejabas solo en casa. Y te inundaba a sms que tú no contestabas.

xxEstabas con otros. Y yo quería abrazaros a ti y a ellos, porque me daba igual. La verdad es que da igual, ya acabarás comprendiendo que da igual, si el amor es grande.

xxQuería ver cómo abrazabas y besabas a esos chicos y hacías el amor con ellos y no conmigo, el hombre viejo.

xxCuando tengas mi edad, amor mío, cuando seas vieja, cuando tus 27 años, por arte de magia, se conviertan en 72, imagínate lo muerto que estaré yo entonces, gracias a Dios y a su mismísimo hijo Jesucristo.

xxQué bien no volver a verte hasta el Big Crunch, dentro de 72 mil millones de años, allí nos juntaremos todos otra vez y tus chicos serán igual de viejos que yo, será imposible distinguir nada, a ellos de mí.

xxQuerrás besarlos, y me besarás a mí, finalmente.

xxY a mí no me gustan las viejas decrépitas,
xxamor mío de 27 años.

xxPero te quiero tanto.

xxTe adoro, tristemente.

xxMi alma es tuya.

 

 

 

 

PASADIZO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxThe Kids Are Alright
xxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxThe Who

Amigas, mis guapas amigas, mujeres de conocimiento,
dijo Vilas a las presentes, dando un beso
en los labios a cada una, todas hermosas y sabias y fuertes;
me acuerdo de cuando era un crío
en el pueblo de Barbastro, donde yo nací,
hace doscientos cincuenta años,
—y Vilas sonrió levemente—,
es como si estuviera viendo a ese crío aquí delante,
me ardía el pensamiento, tenía tantas cosas en la cabeza.
Estaba muy flaco y era tímido.
Era temeroso y estaba pálido.

Me gustaría decirle algo a ese crío.
Es que veo que tiene dudas, el crío, digo,
veo que está sufriendo,
y me duele que ese chico sufra
porque ese chico era bueno,
era un buen chico.

Atraviesa el tiempo y dile que le quieres,
le dijeron a Vilas sus resplandecientes amigas.
Dile que era el crío más guapo de Barbastro.
Dile que era un seductor, un James Dean.
Dile que era bueno.
Dile que estás construido sobre él:
él una iglesia románica,
tú una catedral gótica.

Dile que no lo olvidarán ni el sol,
ni la luna,
ni los bares,
ni las calles,
ni las noches,
ni las chicas de Barbastro.

Vilas, el viejo, sonreía, y miraba a sus amigas.

Se concentró en un punto
y rompió las puertas del tiempo.

Te quiero, chico, dijo Vilas a la oscuridad,
eras La muerte en Venecia.

Claro que lo era, dijeron las chicas.

Dadle un beso con vuestros labios maduros,
antes de que se cierren las puertas del timpo otra vez.

Y todos rieron y se pusieron a cantar Love me Tender
de Elvis Presley en honor del joven Vilas.

No tengas miedo, chaval, estoy aquí para echarte una mano,
volvió a decirle a la oscuridad.
Todo se arreglará.

Cuidadme a este chico, cuidádmelo.

Pero no me lo cuidasteis, no.
Bien sé que no me lo cuidasteis.

 

 

 

 

LA ESPAÑA DE LA TRANSICIÓN

El rey Juan Carlos I está algo hinchado,
y algo sordo, no oye a los periodistas.
Fue el dueño de un rato largo de la Historia.
Y ahora habla con los muertos mucho rato,
con su padre, a quien ya ha vuelto a ver en sus sueños.

El ex-presidente Adolfo Suárez
se convirtió en el hombre invisible.
Murió su esposa, se entristeció para siempre,
y envejece en un lugar desconocido.
No recuerda nada porque nada hay que recordar.

El escritor Camilo José Cela se murió
como muere la gente corriente.
Parecía inmortal y eterno, pero no lo era.
Su viuda aparece muy de tarde en tarde
en la prensa española, pero ya nadie la recuerda.

El ex-presidente Felipe González
se divorció y se fue con una más joven.
Sale de vez en cuando en las televisiones.
Parece un hombre bueno,
pero solo es un hombre envejeciendo.
Da consejos y opina de economía y de mercados.

La ex-miss del universo Amparo Muñoz
se disolvió tristemente
en un piso de Málaga.
Dijeron que era una drogadicta y que por sus venas
corría la España de los años setenta.

El actor Fernando Fernán Gómez
se murió de la misma forma
que Camilo José Cela.
Cuando murió,
murió una forma de ser español.

El gran Santiago Carrillo, el último comunista,
se morirá un día de estos,
tal vez ya esté muerto ahora mismo.
Resiste, porque el comunismo latió en su corazón
como una santa campana de penicilina.

La gente se muere o está a punto de morirse.
Se murieron poetas a quienes ya nadie lee
como Gerardo Diego y novelistas oscuros
como Torrente Ballester; y Gerardo y Torrente
parecen ahora mismo el mismo muerto,
el mismo fiambre, gemelos españoles.

El juez Baltasar Garzón ha engordado
y está envejeciendo.
Persigue a los fantasmas que no persiguieron
aquellos que ya también se volvieron fantasmas.
Fantasmas que no persiguieron
a otros fantasmas más antiguos,
porque entre los fantasmas la antigüedad
en el cargo se llama Historia de España.

Me dan pena los muertos españoles.
Oh, sí, qué pena dan los muertos españoles.

¿No te parece?, hermano mío, mi compatriota.

 

 

 

 

CAMBRILS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxverano de 1975

Los Mercedes descapotables, los BMW con ojos de tigre,
los Peugeot, los Alfa Romeo, los Opel, los Wolkswagen.

Es un verano del año 1975, en el pueblo turístico
de Cambrils, en la costa de Tarragona,
—hace mucho sol y el Mediterráneo es nuestro paraíso—.
Por el largo aparcamiento junto al mar,
un niño en bañador está curioseando el cuentakilómetros
de un Porsche: 210, 230, 250, 270, 290.

El automóvil de su padre termina en 160 km/h.
Y es nuevo, y era el mejor y el más veloz,
dijo el padre.

Eso le entristece.

Esa gente tan alta y tan guapa, ¿de dónde viene?

Parecen más felices que nosotros.

Algo está pasando. Algo se resquebraja.

Esos coches, no puede quitárselos del pensamiento,
esas formas tan distintas, esas marcas raras,
impronunciables,
esas ruedas tan grandes,
esos cuentakilómetros siderales.

Acaba de ver un BMW rojo, y acerca su cara
a la ventanilla: 200, 220, 240, 260, 280 km/h.

Imagina el mundo a 280 kilómetros por hora
y sonríe como un dios adolescente.

Nadando en el mediterráneo, en mitad del agua,
seguía pensando en esa industria misteriosa
del automóvil, en esas formas calientes de la materia.

Ya supo el niño entonces que la materia es espíritu radiante.
La alegría de los motores ardiendo,
los cilindros, el volante de noble madera,
las ruedas y su espíritu militar.

Se pasaba las vacaciones mirando
con estúpida fascinación
y con inesperada humillación
los coches de los turistas europeos.

Allí, en aquellos coches, había un misterio doloroso,
también una forma de la pobreza,
y un destino.

 

 

 

Vilas, Manuel. Gran Vilas. Madrid; Ed. Visor, 2012.

 

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YOU GOT IT

septiembre 16, 2016 Deja un comentario

you-got-it

 

RECOPILATORIO:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EL AZOR EN EL PÁRAMO

septiembre 15, 2016 Deja un comentario

ted-hughes-el-azor-en-el-paramo

 

EL PENSAMIENTO-ZORRO

Imagino este momento del bosque a media noche:
Algo más está vivo
Junto a la soledad del reloj
Y esta página en blanco que recorren mis dedos.

A través de la ventana no se ve ni una estrella:
Algo más cercano
Aunque más profundo en el interior de lo oscuro
Se adentra en la soledad:

Fría y delicadamente como la nieve oscura
El hocico de un zorro roza rama, hoja;
Dos ojos propician un movimiento que ahora
Y de nuevo ahora, y ahora, y ahora

Imprime sus nítidas huellas en la nieve,
Por entre los árboles, y cautelosamente una sombra
Débil se rezaga junto a un tocón, y en la cavidad
De un cuerpo que se atreve a avanzar

Cruzando claros, una mirada,
Un profundo, dilatador verdor,
Brillante y concentradamente
Yendo a lo suyo, hasta que

Con un repentino, caliente y penetrante hedor a zorro
Se interna en el oscuro hueco de la cabeza.
Ni una sola estrella aún en la ventana; suena el reloj,
La página está impresa.

 

 

 

 

EL JAGUAR

Los monos bostezan y adoran sus pulgas bajo el sol.
Los loros chillan como si ardiesen, o se contonean
Como fulanas para que el paseante les dé una nuez.
Cansados de pura indolencia, el tigre y el león

Yacen quietos como el sol. La cola de la boa es un fósil.
Una tras otra, las jaulas parecen vacías, o bien
Cargadas del hedor que rezuma la paja de los que duermen.
Una escena ideal para decorar la pared de una guardería.

Pero, una vez pasadas éstas, quien corre como los demás llega
A otra jaula donde la multitud se detiene, observa hipnotizada,
Igual que un niño un sueño, un jaguar circulando rabioso
Por la oscuridad de su prisión, taladrándola con sus ojos

A punto de estallar. No aburrido —
La mirada satisfecha de que el ardor la ciegue,
Los oídos ensordecidos por el estruendo de la sangre en su cerebro —
Gira junto a los barrotes, aunque no hay jaula que pueda con él

Como no hay celda que aprese al visionario:
Su zancada es el páramo de la libertad:
El mundo rueda bajo el largo impulso de su talón
Que allega los horizontes al suelo de su jaula.

 

 

 

 

LOS CABALLOS

Escalé por entre los bosques, sumido en la oscuridad de la hora anterior al alba.
Un aire maligno, una quietud heladora,

Ni una sola hoja, ni un solo pájaro —
Un mundo fundido en escarcha. Salí por la corona del bosque

Donde mi aliento dejaba estatuas retorcidas en la luz de acero.
Pero los valles fueron drenando la oscuridad

Hasta que la linde del páramo —heces ennegrecidas del gris resplandeciente —
Partió en dos el cielo. Entonces vi los caballos:

Enormes en aquel gris espeso — diez megalitos juntos,
Quietos, Respiraban sin moverse un ápice,

Con las crines alisadas y las patas traseras ladeadas,
Sin emitir ningún sonido.

Pasé junto a ellos: ninguno bufó ni agitó la cabeza.
Grises fragmentos silentes

De un silente mundo gris.

En el alto del páramo me paré a escuchar el vacío.
La rabia del zarapito rajó el silencio con su filo.

Lentamente, algún que otro detalle comenzó a brotar de la oscuridad,
Justo cuando el sol anaranjado, rojo, rojo irrumpió

En silencio, y astillando hasta su cerne una nube rasgada y expelida
Con fuerza, sacudió la sima abierta, reveló el azul,

Y los grandes planetas colgantes.
Yo volví,

Tambaleándome en un sueño febril, abajo, hacia
Los bosques oscuros, desde aquellas alturas encendidas,

Y me acerqué a los caballos.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAllí seguían aún,
Aunque ahora humeando y fulgurando bajo el flujo de la luz,

Sus alisadas crines pétreas, sus patas traseras ladeadas,
Agitándose bajo el deshielo mientras a su alrededor

La escarcha mostraba sus fuegos. Pero ellos siguieron callados.
Ninguno bufó ni piafó,

Con las cabezas colgando, pacientes como los horizontes
En lo alto, por encima de los valles, bajo los rojos rayos niveladores…

Ah, ojalá que en el estruendo de las calles abarrotadas, caminando en medio de los años, de los rostros,
Pueda recordarme tal y como fui en aquel lugar tan solitario,

Entre los arroyos y las nubes rojas, oyendo a los zarapitos,
Oyendo persistir a los horizontes.

 

 

 

 

UNA NUTRIA

I

xxxxxLos ojos subacuáticos, el cuerpo de una anguila
Toda de aceite de agua, la nutria no es ni un pez ni un bicho:
xxTiene cuatro patas, pero dotadas para nadar mucho mejor que un pez;
xxxxxLos pies palmeados, una larga cola a modo de timón
xxxxxY la cabeza redonda como un gato viejo.

xxxxxArrastra consigo su propia leyenda
Desde antes de las guerras y los entierros, a pesar de los sabuesos y las horcas;
xxNunca echa raíces como el tejón. Vaga, chilla;
xxxxxGalopa por la tierra a la que ya no pertenece
xxxxxY se re-interna en el agua fundiéndose con ella

xxxxxAunque ya no es de la una ni de la otra. Buscando un mundo
Que perdió al zambullirse por primera vez y al que desde entonces ya no logra regresar,
xxIntroduce su cuerpo modificado en los cubiles de los lagos;
xxxxxComo a ciegas,surca la contracorriente hasta lamer
xxxxxLos guijarros del manantial; cruza de un mar a otro
xxxxxEn apenas tres noches como un rey a escondidas.
Chillando a la vieja silueta de la tierra iluminada por los astros,
xxPor encima de los casales derruidos donde los murciélagos vuelan en círculo,
xxxxxSin obtener respuesta. Hasta que la luz y el canto del pájaro llegan
Matraqueando los caminos con el carro del lechero.

 

II

La jauría ha perdido su rastro. Las almohadillas en el fango,
Entre las juncias, la nariz un abalorio en la superficie,
La nutria permanece quieta durante horas. El aire,
Circulando alrededor de la esfera, contaminado pero necesario

Mezcla de humo y tabaco, sabuesos y perejil,
Llega cuidadosamente a los pulmones sumergidos.
Igual que yace bajo los ojos su yo,
Atento y retraído. La nutria es ducha

Tanto en robar como en ocultarse —
En el agua que la nutre y la cubre, y en la tierra
Que le dio su longitud y ese morro de sabueso.
Se mantiene gruesa en los reflejos del límpido

Integumento bajo el que vive. Su corazón late profuso, a toda
Máquina, enorme músculo de trucha libre del frío letal.
La sangre es el vientre de la lógica;  la nutria proseguirá
Lamiendo el hueso desnudo del pez. Puede coger y cubrir

Ardientemente a una hembra en un campo repleto
De caballos nerviosos, pero no morar ni demorar en ningún sitio.
Arrancada de los dientes de la jauría, ya no es nada de nada
Salvo este largo pellejo que cuelga del respaldo de una silla.

 

 

 

 

HELECHO

He aquí la fronda del helecho, desplegando un gesto,
Igual que un director de orquesta cuya música fuese ahora una pausa
Y la única nota de silencio
Con la que la tierra entera baila solemnemente.

La oreja del ratón despliega su confianza,
La araña recoge su legado,
Y la retina
Refrena la creación con una brida de agua.

Y, entre ellos, el helecho
Baila solemnemente, como el penacho
De un guerrero que vuelve, bajo las pequeñas colinas,

A su propio reino.

 

 

 

 

EL OSO

En el inmensamente abierto ojo durmiente de la montaña
El oso es el destello de la pupila
Pronta a despertar
Y enfocarse al instante.

El oso está pegando
El principio al fin
Con cola hecha de huesos
Humanos en su sueño.

El oso está horadando
En su sueño
El muro del Universo
Con el fémur de un hombre.

El oso es un pozo
Demasiado profundo
Como para brillar
Allí donde digiere tu grito.

El oso es un río
En el que la gente
Cuando se inclina a beber
Ve sus yos difuntos.

El oso duerme
En un reino de muros
En una red de ríos.

El oso es el barquero que nos lleva
A la tierra de los muertos,

Y el precio que exige por ello es todo.

 

 

 

 

HEPTONSTALL

Negra aldea de lápidas.
Calavera de un idiota
Cuyos sueños mueren de nuevo
Allí donde nacieron.

Calavera de una oveja
Cuya carne se funde
Bajo sus propias vigas.
Sólo las moscas la dejan.

Calavera de un pájaro,
Las vastas geografías
Desecadas hasta devenir suturas
De alféizares rajados.

La vida lo intenta.

La muerte lo intenta.

La piedra lo intenta.

Tan sólo la lluvia jamás se cansa.

 

 

 

 

MONTAÑAS

Si ésas no son piedras, entonces yo soy una mosca,
Si ésas no son piedras, entonces son un dedo —

Dedo, hombro, ojo.
El aire viene y va sobre ellas atenta, cortésmente.

Ayer ya estaban ahí, y antes del mundo de antes de ayer,
Contentas con su herencia,

Sin otra labor por realizar que la de ser dueñas de los días,
Tan sólo ser dueñas de su poder y su presencia,

Sonriendo a lo lejos, con el rostro iluminado por la paz
De la voluntad y el testamento del padre,

Luciendo flores en el pelo, adornando los ramales de su cuerpo
Con la agonía del amor y la agonía del miedo y la agonía de la muerte.

 

 

 

 

EL AULLAR DE LOS LOBOS

No tiene mundo.

¿Qué manifiestan, qué arrastran una y otra vez con esas largas traíllas de sonido
Que se disuelven en el silencio del aire?

Luego, el llanto de un niño, en este bosque de silencios famélicos,
Atrae a los lobos corriendo.
La nota de una viola, en este bosque tan fino como el oído de un búho,
Atrae a los lobos corriendo — atrae los cepos de acero batiendo y babeando,
El acero forrado de pellejo para no crujir de frío,
Los ojos que no comprenden por qué razón han llegado
A tener que vivir así,

A tener que vivir

La inocencia infiltrada sigilosamente en los minerales.

El viento barre todo y el lobo aterido tirita.
El lobo aúlla, pero quién sabe si es de agonía o de gozo.

La tierra yace bajo su lengua,
Un peso muerto de oscuridad, intentando ver algo a través de sus ojos.

El lobo vive para la tierra.
Pero el lobo es muy pequeño, y comprende muy poco.

Va de aquí para allá, arrastrando sus ancas y gimoteando horriblemente.

Tiene un pellejo que alimentar.

La noche nieva estrellas y la tierra cruje.

 

 

 

 

CUERVO MÁS NEGRO QUE NUNCA

Cuando Dios, asqueado del hombre,
Se volvió cara al cielo,
Y el hombre, asqueado de Dios,
Se volvió cara a Eva,
Todo pareció desmoronarse.

Pero Cuervo Cuervo
Cuervo los juntó clavándolos,
Juntó el cielo y la tierra clavándolos —

Y entonces el hombre gritó, pero con la voz de Dios.
Y Dios sangró, pero la sangre del hombre.

El cielo y la tierra crujieron por la juntura
Que empezó a gangrenarse y a heder —
Un horror imposibe de redimir.

La agonía no disminuyó.

El hombre no podía ser hombre, ni Dios, Dios.

La agonía

Se intensificó.

Cuervo

Sonrió burlonamente

Gritando: “Ésta es mi Creación”,

Enarbolando la bandera negra de sí mismo.

 

 

 

Hughes, Ted. El azor en el páramo (Trad. Xoán Abeleira). Madrid; Bartleby editores, 2010.

 

PISO PILOTO

septiembre 13, 2016 1 comentario

lucia-plaza-piso-piloto

 

SI LAS PAREDES HABLARAN

El atrezzo determina. Afila el significado de las palabras y las dirige hacia un estado de ánimo. Los objetos, su desorden, la manera en que la luz se filtra por las rendijas de las persianas. En cómo ilumina, a través del poema, las regiones oscuras, los perfiles desconocidos de las cosas.

No existe neutralidad en la escritura. Cada elección de elementos supone renunciar a todos los demás: todo es ideología. Los personajes necesitan ocupar un espacio, y quien escribe es responsable de situarlos en su justa medida para que puedan existir por sí mismos.

Mucho de esto ocurre en Piso Piloto. A lo largo de este libro recorremos las habitaciones de una casa que es a la vez paraíso y prisión. Una visita incómoda, porque de alguna manera estos poemas son espejos de nuestra propia vida. Con la misma incomodidad en que visitamos, como intrusos, las casas ajenas, por motivos de trabajo. Y hallamos a sus habitantes en bata y zapatillas, un minuto antes o un minuto después de que la tormenta se desencadene. O la lluvia de besos.

Tan presente está el espacio en estos versos que no sería exagerado decir que la casa es también el tercer personaje de la trama. Alguien que respira y significa cuando todos duermen: la única compañera en la desesperación. Este libro de Lucía da voz a esas paredes que amenazaban con hablar algún día.

Pablo García Casado

 

 

 

 

PRIMER PELDAÑO

Pones un pie en el primer peldaño
Y ya empiezas a notar en el estómago
Las diez mil mariposas asociadas
A esta caída libre hacia arriba

Demasiado pronto para hacer cualquier cosa
Que no sea
Leer poemas en el sofá de tu casa
Y demasiado tarde
Como para no saber
El precio de cada caricia

Con la intuición de un compromiso
De la ausencia
xxxxxxxxxxxxxDe un seguro a todo riesgo
Viviendo con la sorpresa de encontrar tu nombre
Detrás de la etiqueta del agua mineral
Respirando sin más futuro
Que la carencia de pasado
Sin más pasado que este presente
Ni más presente que otro peldaño

 

 

 

 

V.P.O.

La vida podría haber experimentado
Otra clase de giros

Sin embargo
Elegimos este cruce de caminos
Para cogernos de la mano y pasear
—Con los ojos cerrados—
Por la cuerda floja

Con las pupilas a medias fuimos eligiendo
Los muebles del Ikea y el color pastel de las paredes
Una dirección
Y un número de cuenta
Con el que unir nuestros nombres
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn santo patrimonio

La vida dibujaba ese final
Con el que sueñan todos los cuentos de hadas
Y que es solo el principio

De las historias reales

 

 

 

 

CAMA

He aquí nuestro error:
Buscar a Dios en unos ojos humanos

Emprender una cruzada que siempre se decide
Con un combate en la cama
Con nuestros cuerpos tumbados
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEspalda contra espalda
En un suelo del que cada vez
Es más difícil levantarse

Adoptar rituales que nos ayuden
A prolongar el misterio
A mitigar
xxxxxxxxxEl dolor de las heridas
A disfrazar que el amor
Siempre acaba
xxxxxxxxxEn Harakiri

 

 

 

 

V

Con la luz apagada y de espaldas al espejo
Soy capaz de reconocer
Que me perteneces / Que te pertenezco
Menos que nunca

Que el amor desmedido se estrella
En mil añicos contra la piel
Y que nuestro destierro no es otro
Que permanecer abrazados

Con la barbilla rozándome los talones
Soy capaz de admitir
Que soy tan extranjera aquí
Como en cualquier otra tierra
Que nuestra vida continúa en un tiempo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxExtinguido
Y que son otras las personas
Que pusieron el pie

En el primer peldaño de la escalera

 

 

 

 

BAÑERA

Asumir mi culpa
xxxxxxxxxxxxxxxAceptar
Los cargos que se me han imputado

Cargar con el muerto que no he asesinado

Con el cadáver del amor
Que hay flotando en la bañera

 

 

 

Plaza Díaz, Lucía. Piso piloto. Albacete; Ediciones Quevayanellos, 2009.

 

DIVA DE MIERDA – VANESA PÉREZ-SAUQUILLO

septiembre 12, 2016 Deja un comentario

diva-de-mierda-vanessa-perez-sauquillo

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DEL MONTE PARNASO

1. Amarás ser Poeta sobre todas las cosas.

2. No citarás el nombre de Rilke en vano.

3. Santificarás los premios.

4. Honrarás al jurado y a sus madres.

5. No matarás al ganador.

6. No publicarás textos en prosa ni poéticas.

7. No intertextualizarás.

8. No hablarás de tu libro presentando el de otro ni inventarás tus juergas con un poeta difunto.

9. No escribirás cuatro libros seguidos sobre deseos impuros sin pseudónimo.

10. No codiciarás recitales y lectores ajenos.

xxxEstos diez mandamientos se resumen en dos:

xxxxxxxxAmarás tu obra sobre todas las cosas

xxxxxxxxpero escucharás al prójimo como a ti mismo.

 

 

 

VV. AA. Diva de mierda. Una antología alrededor del ego. Cáceres; Ed. liliputienses, 2014.

 

DIVA DE MIERDA – VICENTE LUIS MORA

septiembre 11, 2016 Deja un comentario

diva-de-mierda-viente-luis-mora

 

ORACIÓN POR LOS POETAS REALISTAS

Como de la apariencia a la existencia, como de lo vivo a lo
pintado, como de la sombra a lo real, tanta diferencia ay del
fuego que dizes al que quema.
xxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxFernando de Rojas, La Celestina

Oh vosotros, poetas realistas,
que conocéis la vida
y la última esencia
de todo lo real,
que nunca probaréis la duda
sobre la incertidumbre,
ni incertidumbre
sobre lo inseguro;
vosotros que creéis en los sentidos,
decidme cómo son las cosas,
libradme de este negro sufrimiento,
de atroz perplejidad,
proveedme
de un orden
respirable.

 

 

 

VV. AA. Diva de mierda. Una antología alrededor del ego. Cáceres; Ed. liliputienses, 2014.

 

DIVA DE MIERDA – JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ MUÑOZ

septiembre 10, 2016 Deja un comentario

diva-de-mierda-jose-antonio-martinez-munoz

 

HERROR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxUn día me moriré de una errata
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(me contaron que dijo una vez Juan Ramón Jiménez)

x
La espera, el silencio, aunque largos, habían merecido la pena. Le compensó sobradamente el gozo que le proporcionó la lectura de una entrevista a su viuda, publicada en el suplemento literario más importante del país. Habían merecido la pena los enormes esfuerzos, las triquiñuelas y los subterfugios con los que fingió su muerte. La edición crítica de su poesía completa colmó su insondable vanidad. Era cierto que, como siempre sospechó, para un artista no hay nada como morirse. Los elogios parecían nacer espontáneamente, como setas tras la lluvia. Pero hubo de plantearse seriamente resucitar cuando se publicó su obra póstuma e inédita: hojos era más de lo que podía soportar en esta vida. Ni en la otra.

x
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxixxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Ana, cuya inteligencia alimenta este texto
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCartagena, 21 de abril de 2014

 

 

 

VV. AA. Diva de mierda. Una antología alrededor del ego. Cáceres; Ed. liliputienses, 2014.

 

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