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Archive for 30 marzo 2012

DOS POEMAS MÁS DE JOSÉ DANIEL ESPEJO

Dejo hoy un par de esos poemas de José Daniel Espejo que no pertenecen a ninguno de sus tres libros publicados.

 

El primero pertenece a la antología ‘Resaca / Hank Over‘ y es probablemente el mejor de los poemas del libro:

 

PAÍS ESTÓMAGO

Todavía mi estómago se inquieta si me acuerdo
de este hotel de que os hablo, en la montaña,
a las afueras de un pueblo, en el centro de Murcia,
el mejor y más barato si de lo que se trata
es de cebar a mil personas con gambas y cabrito
y hacerlos bascular con farlopa y reggaeton
hasta las últimas horas de la madrugada.

Pasé allí los fines de semana
a lo largo de dos años, por 10.000
la jornada, de entre 14 y 16
horas como candados. Y si cierro los ojos
veo mi uniforme de materiales indefinidos,
mi pajarita trucada. Y a todos nosotros:
40 camareros, 10 pinches de cocina ecuatorianos,
el maitre, el dj, los encargados,
los hijos de la jefa: ni un contrato,
ni la mínima promesa de un contrato,
y así que yo sepa hasta hoy. Y al tipo que echaron
por rajarse el pulgar con la máquina del embutido
y estropear un jamón. Y cientos de piernas
de cabrito de Nueva Zelanda ultracongeladas
puestas a remojo rosadas
flores de grasa etcétera. Recuerdo
muchas cosas más, pero no hace falta
sacar un inventario si tenéis la imagen
de una sórdida sweatshop de cabrito
de la puta Nueva Zelanda.

Por entonces yo estaba enamorado
y era minuciosamente infeliz, y no podía
odiarme más a mí mismo y al mundo
que cuando bajaba del tren el sábado y empezaba
la pesadilla de los platos. Y qué creéis,
que vino la poesía a salvarme, que el arte
compareció deus ex machina como Richard
Gere en Oficial & Caballero
para sacarme de allí? Oh, lo malo
de la vida es que pertenece
al género de la novel realista,
no a los libros de caballerías ni a la Ci-Fi
ni tan siquiera a la Serie Rosa. Como siempre
que estoy en un hotel o algo peor,
pensaba en Bukowski y me decía
qué haría mr. Chinaski aquí metido
con todas estas lindas ayudantes
de cocina ecuatorianas, qué diría
de estos vestidos de tirantes y este tráfico
de farlopa de la mala en el cuarto de baño?
Del reggaeton? De la grasa? De la jefa
que visitó al peluquero por última vez
en febrero del 94?

No había redención, pero tenía eso.
Igual trabajaba, pero obtuve de Bukowski
una especia de caleidoscopio, un lugar para no entrar,
pero donde aún eran posibles las palabras,
los violinistas en el tejado,
los pavos reales rellenos de vino. Con embajadas
en forma de andenes de Greyhound: el País Estómago
donde aún ser un hombre aunque a punto de caer,
pero aún no este galgo de puntillas sirviendo
platos con la soga en torno al cuello,
perdón, la pajarita.

 

Y, hace más o menos un año, dentro del ciclo de lecturas poéticas que organiza un colectivo literario aquí en la ciudad de Murcia, con motivo de la lectura que dio José Daniel Espejo regalaron una humilde publicación que pueden leer completa aquí y que contenía esta maravilla:

 

H.

Creo en un dios, en su carne,
en su múltiple carne, sí: nosotros.
En absoluto infalibles ni eternos,
capaces de catástrofes sin nombre,
pero bañados en lo divino, en el Otro,
en los iconos templados del amor,
en el mar de ser mirado y sus corrientes.

Somos dios, somos templo, oración,
blasfemia, excomunión y cisma,
herejía y mística. Somos nosotros, la mística.
Somos nosotros, la hostia.

 

MÚSICA PARA ASCENSORES

 

Seguimos hoy con José Daniel Espejo, con su tercer libro, el impresionante ‘Música para ascensores‘. De este libro escribió Ainhoa Sáenz de Zaitegui en marzo de 2008:

“La mañana es hermosa y en la casa en calma / suena la voz de Nina Persson”, nos informa José Daniel Espejo. Y la voz de The Cardigans suena a todos los estados emocionales humanamente posibles, aunque modula como nadie los contradictorios tonos de la melancolía agresiva. Como José Daniel Espejo, precisamente.

Todos tenemos nuestro Año Cero. El de Espejo es 1975. La suya -la nuestra- es una generación culta de nacimiento, sobrecualificada para cualquier ocupación -excepto la de vivir-, arrollada por el convoy Warhol: Beckett y Regreso al futuro, Derrida y revistas de moda, Beethoven y rock’n’roll. Plenamente conscientes de nuestras cumbres y abismos: “Por supuesto que no soy ya más sabio / ni valgo para nada. […] Escribir música. / Aunque luego esa música me trague” (“Treinta y uno”). Hipereducados, hiperestimulados, hipervacíos.

NADA. He ahí el hardware de Música para ascensores. Ella sostiene en vilo nuestra existencia, explica nuestro pánico a morir, encarna el mal en estado puro: “Yo que tanto sabía, sobre el papel, de la Nada / no sabía que la Nada consistía en despertarse / un lunes a las dos con la cama empapada / y que aquello fuera sangre, y que la sangre viniera / del útero de Charo embarazada de tres meses / de mi pequeño, mi amado, mi precioso hijo Miguel” (“Miguelito Battles the Pink Robots”). Una Nada que se disfraza de Todo como maniobra de distracción: “Y dándote / la espalda dicta leyes, propaga ideas, / enciende el pecho de los soldados, / mata continentes de hambre, y te inspira / a ti el deseo de un Audi. Rojo, / con los asientos de piel. / Y de quién / era esa piel” (7). El consumismo, ese respirador artificial que mantiene rojos nuestros números y muertos nuestros cerebros. Y la poesía, que desconecta la máquina y nos devuelve a nosotros mismos: “A la derecha, con setenta / y muchos kilos de peso, 1’86 de altura, / el Poeta Espejo, el eterno aspirante, / […]. A la izquierda / (y por encima, y por debajo, y todo alrededor), / sin peso conocido y sin altura, / el vigente campeón, […] / El Vacío” (1). Bastian Baltasar Bux reanuda su batalla contra la Nada omnívora. Por algo Ende lo tituló La historia interminable. En 1979, por cierto.

Este guerrero postmoderno es poeta, y es épico: “aunque perdí la pelea yo organicé la pelea / y cinco minutos enteros detuve el Sistema. Después / el Sistema pasó por encima de mí, pero queda / esta historia, palabras” (33). Su epopeya no canta victorias, sino mitos en proceso de descomposición. No le interesa el teórico, ni el crítico, ni siquiera el lector. Sólo el poema: el arma. El campo de batalla. La derrota necesaria: “El mundo se hunde, pero todas / las semanas le añado un poema / o dos mientras pienso en El Bosco / y en Lawrence Ferlinghetti. Y floto, / y el barco está hecho de huesos, / y las palabras pesan” (“Sixpack”).

En Música para ascensores, Espejo recurre a las palabras más sencillas, a cajas de ritmos elementales, a una máscara lírica sin egotismo ni delirios de grandeza, para pulir poemas como piedras preciosas.”

 

Y no hay nada más que añadir, excepto un par de poemas del libro (por cierto, pueden leerlo casi completo aquí):

 

7

Un enemigho tal vez y en todo caso
un enemigo de dos dimensiones,
pegado al suelo y a las paredes, o al cielo,
o a la infinita superficie del océano,
imposible de voltear. Y dándote
la espalda dicta leyes, propaga ideas,
enciende el pecho de los soldados,
mata continentes de hambre, y te inspira
a ti el deseo de un Audi. Rojo,
con los asientos de piel. y de quién
era esa piel.

 

LOS GRANDES TIBURONES

Nosotros que quisimos entregarnos
a la Teoría de la Literatura, recorrer
el prodigioso siglo XX en las obras tenaces
de formalistas, marxistas, o deconstructivistas,
etcétera, etcétera henos aquí
rodeados de tiburones. Mira, fíjate,
una metáfora, dice alguien. Pero qué va:
los tiburones son reales.

 

QUEMANDO A LOS IDIOTAS EN LAS PLAZAS

 

Vuelve a sucederme, veo los ciclos poéticos, las recomendaciones literarias, y me acuerdo de cuando José Daniel Espejo saltó a la primera linea de la poesía en Murcia al quedarse finalista ex-aequo del primer Premio de poesía ‘Dionisia García’ organizado por la Universidad de Murcia. Ahora, todos esos saraos vuelven a organizarse para llamar a los amigos y para intentar fabricarse una peana de la altura de una moneda, demostrando un desconocimiento enciclopédico sobre lo que se hace en la ciudad en la que uno vive. Con Joseda sucedió lo mismo cuando publicó este libro; sin embargo, algunos ya lo conocíamos por los fanzines que habían salido de sus manos (‘Oh, poetry‘ y ‘Dolores Lalovic‘) o por sus premios en los certámenes literarios para los que éramos jóvenes en aquel entonces en esta ciudad/región. Así que cuando vimos impreso aquel ‘Quemando a los idiotas en las plazas‘ vimos confirmada una voz poética.

Dejamos hoy aquí uno de los poemas de ese magnífico libro (pueden leer alguno más aquí).

 

TÚ CONTRA LOS BEATLES

Ama tu vida. Ama tu trabajo.
Ama la libertad. Ama (ésta sí que es buena)
la literatura. Ama las puestas de sol.
Ama algo. La Cámara de Comercio
de Nueva York tuvo un eslogan
muy parecido, buy something,
en un período de recesión. Ama,
esto o lo otro. Ámalo todo, dicen
un poco como Moisés
cuando bajó de las alturas. Pero resulta
que amar una cosa implica odiar otra,
que nunca es gratis. A mí me pasa
cuando me miro al espejo
y noto el desequilibrio, el vaso
que se vacía sobre otro
que ya estaba lleno. Y no te cuento
lo que pasaba, cuando te quería
con esa misma imagen. Pero está bien:
el amor, el odio, dibujando
figuras en blanco y negro
cuando son de verdad, tatuando
frases para siempre en la fina piel
de nuestro corazón, que es el único
autorizado para dar consejos
tipo ama el bosque, ama tu ciudad
etcétera, etcétera. Y que apenas los da
porque sabe de lo que habla.

 

LOS PLACERES DE LA METEOROLOGÍA

marzo 24, 2012 1 comentario

 

Uno de esos autores de los que uno firmaría casi cada uno de los poemas que escribe es José Daniel Espejo. Es cierto que es amigo, pero eso no le resta un ápice a la objetividad con que uno juzga sus versos. Este licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y Especialista en Enseñanza de Español como Lengua Extranjera, ha publicado ‘Los placeres de la meteorología‘ (Nausícäa, 2000), ‘Quemando a los idiotas en las plazas‘ (Editum, 2001) y ‘Música para ascensores‘ (Tres fronteras, 2007). Ha sido seleccionado en las antologías ‘Poesía para bacterias‘ (Cuerdos de Atar, 2008) y ‘Resaca‘ (Caballo de Troya, 2008), así como en el ensayo ‘Mejorando lo presente. Posmodernidad, humanismo y redes‘ a cargo del poeta y crítico Martín Rodríguez Gaona (Caballo de Troya, 2010). Publica regularmente artículos de opinión de carácter crítico en el diario La Opinión de Murcia, ha traducido a los poetas Maurice Riordan, Daphne Gottlieb y Mak Dizdar y ha entrevistado a autores actuales en Famosos en acción.

 

De su primer libro, ‘Los placeres de la meteorología‘, dejamos hoy aquí un par de poemas.

 

SORRY, BE YOURSELF

Sé tú mismo. Como si eso
no fuese inevitable, como si tal
persistencia en los errores no fuese
más que una opción, el papel
que escogiste entre millones. Sé
tú mismo. Actúa. Grita. Igual
que si tú mismo estuvieses debajo
de ti mismo, observando, riéndote
con benevolencia, emocionándote
ante un bonito final. Como si entonces
pudieses aplaudir. Sí, sé tu mismo.

 

 

OTRA CARTA DEL FRENTE

Galletas, ventiladores,
comida para gatos, las noticias
sin volumen, los amigos
llamando a cada rato y las mujeres
convirtiéndose en fantasmas. Qué difícil
te lo ponen, pero quién dijo que fuese
fácil la Resistencia para Nadie.

 

CRISTINA MORANO EN EL CICLO DE POESÍA CRÍTICA ‘ÁLVARO TEJERO’

Pues sí, Cristina Morano ha sido invitada a participar en el Ciclo de poesía crítica ‘Álvaro Tejero’ (un ciclo que cuenta, además, con Juan Carlos Mestre, Jorge Riechmann, Viktor Gómez, Laura Giordani, José Mª Gómez valero, David Eloy Rodríguez, Enrique Falcón y María Ángeles Maeso), así que si estuvieran por Madrid el 21 de abril a eso de las 20.00 h. y quisieran pasarse por ‘La marabunta’ podrán escucharla leer sus poemas junto a Gsús Bonilla.

Por si quisieran saber más de esta poeta les recomendamos que lean esta reseña de Joaquín Juan Penalva o esta reflexión que sobre su poesía hace José Óscar López.

Y de regalo les dejo aquí uno de sus poemas inéditos:

 

CAMIONES

Bajo la ventana de la nave donde trabajo
se mueven los camiones frigoríficos:
grandes herbívoros blancos
entrando y saliendo del almacén
lentamente, con el motor humeante
y las orejas gachas.
Proveemos a la ciudad
–parecen decir–, nos quedamos a sus puertas
para que le lleguen los alimentos
en leves dosis envueltas y clasificadas.

Cuando salgo a pleno sol
me pierdo entre sus moles,
paso por las cabinas abandonadas
un instante, para que también el camionero
contribuya al desembarco del producto.
Dan ganas de subirse a una de ellas,
girar el volante gigantesco
hasta poner dirección Murcia,
coger a mi esposo y escaparnos.

Escaparnos al bosque:
aprovechar la osamenta del camión
para aplastar arcenes y medianas
y subir directamente al bosque.
Un bosque donde ser niños perdidos
que lloran y tienen miedo de la noche
y están sucios y en sus casas
les olvidan.

 

EL RITUAL DE LO HABITUAL

 

A finales de 2010, Cristina Morano volvía a sacar uno de esos libros que todos hubiéramos querido escribir, un libro que lleva por título ‘El ritual de lo habitual’, que publicó la madrileña editorial amargord y que tuve el orgullo de prologar.

Este es un libro atravesado por el concepto de ‘obediencia’, por el ritual entendido como costumbre y por el problema de la definición del concepto de ‘poder’. Un libro del que pueden encontrar numerosas reseñas en la web: como la de Alberto García-Teresa en ‘Culturamas’, o esta otra de María Solís también en ‘Culturamas’; o esta entrevista en el periódico ‘La Verdad’, o la entrevista para el podcast de ‘Letras en vena’.

 

El libro en cuestión se presentó en Madrid el 28 de febrero de 2011 en ‘La casa del libro’ en Madrid y lo presentó José Ángel Barrueco, y si se preguntan qué dijo el presentador aquí lo tienen:

“En El arte de agarrarse, el anterior libro de Cristina Morano, a mi entender una poeta con mayúsculas, leemos estos dos versos en el arranque de un poema:

Vengo a la herida,
la describo.

Y eso es, precisamente, lo que ha vuelto a hacer la autora en este libro, El ritual de lo habitual, cuyo título se corresponde con el de un álbum de Jane’s Addiction: lo que ha hecho es acercarse a las heridas, hurgar en ellas con pericia, describirlas con maestría…

El ritual de lo habitual, aunque es un poemario, podría haber sido un libro de relatos a la manera minimalista de Raymond Carver, o una de esas películas independientes del cine norteamericano, fragmentadas en episodios, y cada uno de ellos protagonizado por un personaje distinto.

Porque en sus páginas se nos cuentan historias. Historias de mujeres. Historias de mujeres reales, famosas o inspiradas en lo que ella ha oído en las calles o visto en las noticias. Los títulos de cada poema son extensos: confieren un nombre o un apodo a cada mujer, aluden a su profesión o a su característica más destacable. Los nombres de esas mujeres contienen su importancia, porque mediante esos nombres ella las vuelve más cercanas, logra que vivan en el papel, que respiren entre líneas: Sabrina, Nieves, Ana, Maruja, Francisca…

Están, por un lado, las mujeres célebres. De ellas, Cristina jamás revela el apellido, pero nos proporciona los suficientes datos para que sepamos sus identidades. Por ejemplo: Nieves Álvarez, Elena Salgado, Sylvia Plath…

Están, por el otro, las mujeres anónimas. Las mujeres fuertes, las que luchan a diario entre sus trabajos brutales y su cargamento de hijos, facturas y responsabilidades: Emilia, Asifa, Ileana…

Si las juntamos a todas, el lector percibirá una honda preocupación por las múltiples aristas laborales en las que la mujer actual trata de sobrevivir: tenemos a la modelo, a la poeta, al ama de casa, a la recolectora de fresas, a la mendiga, a la estudiante… Un abanico de posibilidades, de vidas y de tramas, que le sirve a Cristina para ejecutar su danza alrededor de varios temas de suma importancia: el abuso de poder, la injusticia, la obediencia ciega…

Cristina Morano ha escrito poesía de la auténtica, de la que duele, con elementos y ambientes muy difíciles de capturar en un poema: la épica de los centros comerciales, la política, o esa trabajadora sometida y brutalizada…
Son ejemplares, por citar dos casos, los poemas dedicados a Maruja, una estudiante de peluquería, y a la estrella mediática Belén Esteban. Porque, en ambos retratos, Cristina nos descubre sus heridas. Observen la precisión con la que, en cuatro versos, describe a Belén Esteban:

De canija soñaba con tener una casa
en un sitio mejor y con verde;
ya estaba cansada en el sueño,
así que imagínate ahora.

O veamos el modo en que sintetiza a esa estudiante de peluquería en los siguientes versos:

¿O seguirán pasando las horas
hacia ese sábado de chandal y perros
en los centros comerciales?
A los cuarenta todavía
tenemos cara de niñas.

Resulta refrescante, además, la manera en la que Cristina introduce en los poemas citas de Allen Ginsberg o Anne Sexton, alusiones a J. G. Ballard o a Jim Carroll, letras de canciones de Burning o frases de películas.

De manera que se dan la mano la cultura popular, las vidas desgraciadas y las cuitas de las celebridades, y todo ello sin desatender ese análisis del poder y de la obediencia. Manejar tantas referencias y tantas críticas al sistema que ha tratado de subyugar a la mujer no es fácil: y, en la empresa, ella sale victoriosa.
Por eso me parece explosivo este poemario breve, fantástico, único en su especie, titulado El ritual de lo habitual.”

 

Y aquí les dejo uno de los poemas del libro.

 

09. Belén: estrella mediática, trabaja en una cadena televisiva española de ámbito nacional

Aun en las masas proletarias,
hay gente que adopta
la cosmovisión burguesa
y actúa en contra, es decir, traiciona
los intereses de su clase.

¿Sabes? tanto trabajo no sirve
ni para echarse una chuleta
el domingo a la boca.
Vamos como los animales:
de la alcoba al fogón rascándonos las manos
hasta que los sabañones sangran.
De canija soñaba con tener una casa
en un sitio mejor y con verde;
ya estaba cansada en el sueño,
así que imagínate ahora.

El visón abriga más que el conejo,
la leche fresca sienta mejor que el café,
y la fruta de temporada
genera pieles traslúcidas.
Cuánto dinero. Cuándo
proletarios del mundo unidos.
¿Sabes? el país se escandaliza
de mi analfabetismo.
El país no ha contabilizado el número
de bibliotecas de las afueras,
el número de jardines botánicos,
el de parques con árboles, el de Museos
de las afueras. Yo sí.
Con esta mano,
con este dedo, corazón.

 

EL ARTE DE AGARRARSE

En 2010 aparecieron las dos ediciones (sí, dos ediciones en menos de un año) de ‘El arte de agarrarse’ en la cordobesa editorial ‘La Bella Varsovia’. Un nuevo libro de Cristina Morano que significa otro paso más allá en su escritura y que viene refrendado esta vez por un prólogo de Julia Otxoa y un epílogo de Pablo García Casado.

De este maravilloso libro quiero dejar hoy constancia de este poema:

 

BÉSALO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos que trabajan y aun así
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxno ganan para el desayuno.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMiguel Espinosa

xxxxxxxxxxB 1

Ah, qué puro es todo aquí,
en la piscina municipal:
los pobres que nos asamos en las tumbonas,
los niños, los que leen a la sombra
de los plátanos y las chicharras;
qué puros nuestros músculos como la luz.
Y en medio de todos, ahí,
el azul del agua artificial,
bendiciendo la ciudad con su rastro de cloro
tan besable en nuestros cuerpos.
xxxxxBesa mi espalda,
xxxxxbésalo.

 

xxxxxxxxxxB 2
Ah, qué puro es todo aquí,
en las afueras de la historia:
los pobres que nos cocemos en las oficinas,
las limpiadoras, los que venden en los semáforos
y los que comemos una vez al día;
qué puros nuestros delgados músculos como la luz.
Y en medio de todos, ahí,
la discoteca repleta de sudor,
bendiciendo la noche con su rastro de dinero salvaje
tan besable en nuestras mentes.
xxxxxBesa mi culo.
xxxxxbésalo.

 

 

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