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RED HOT & BLUE

 

TERROR NOCTURNO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxC. G. Jung

xxxTodos somos como un puzle de carencias: quien sepa darnos lo que necesitamos conseguirá tenernos.
xxxTony tenía 37 años y desde los 15 dormía de la misma forma. Ya fuera en casa de sus padres, en la suya, una vez que se independizó, en habitaciones de hoteles, en habitaciones de invitados, con pareja, sin pareja… Siempre, siempre dormía de la misma forma. Si no, no podía conciliar el sueño, le apresaba el terror. Aquella coyuntura le causó muchos problemas y noches de soledad. ¿Cómo iban a ir sus amigos del cole a dormir a su casa? Y, ya de mayor, ¿cómo le iban a durar las parejas durmiendo de esa forma?
xxxToni dormía con las puertas del armario abiertas de par en par, las luces encendidas y tumbado en el suelo. Tenía cama, además era de matrimonio y bien cómoda, pero dormía en el suelo. No podía dormir de otro modo. Sus padres le habían llevado a varios especialistas, pero no lograron cambiar su peculiar necesidad ni descubrir el origen de su miedo. Su padre, al principio, enfadado por la factura de la luz, iba a mitad de la noche y se la apagaba, pero Toni se ponía a llorar y a gritar de pánico y su madre iba más tarde a encenderla de nuevo. Así hasta el día de hoy.
xxxNo resultaba difícil imaginar las situaciones por las que pasaba cada vez que conocía a una chica y dormían juntos. Toni era un tipo normal hasta que llegaba la hora de dormir. La primera vez que se acostaba con su pareja de turno hacían el amor sin problemas, sin ninguna peculiaridad ni excentricidad. Pero en el momento en que la chica y Toni estaban a punto de caer en el placentero sueño después del polvo, abrazados, relajados, él se levantaba de la cama, encendía todas las luces del cuarto, abría las puertas del armario, cogía una manta y su almohada y se tiraba al suelo. La chica (todas las chicas), sorprendida y algo enfadada, preguntaba: «¿pero qué haces, Toni?». «Yo duermo así, cariño, lo siento, no puedo hacerlo de otra manera», se limitaba a responder Toni.
xxxAlgunas no le duraban más de una noche, pensaban que estaba loco o que era un gilipollas. Otras, en cambio, trataron de comprenderle, de descubrir qué le pasaba para poder ayudarle, pero era muy difícil mantener una vida de pareja durmiendo de ese modo y abandonaban a las primeras de cambio. Por lo tanto, Toni no había dormido nunca, cuerpo a cuerpo, junto a una chica, no sabía lo que era eso. Ignoraba que dormir con alguien nos aporta miles de datos sobre la otra persona, que podemos conocer sus manías y peculiaridades al mismo tiempo que se fomenta la confianza y la conciencia sobre el otro.
xxxNo sabía nada de eso hasta que conoció a Amanda. Amanda era psicóloga y le ayudó a enfocar y esclarecer el problema del sueño.
xxxSe conocieron en un bar de copas, se gustaron y se dieron los números de teléfono. Quedaron a solas un par de veces hasta que se enrollaron. Luego vino el sexo en casa de ella; Toni se marchaba a su casa de madrugada, por lo que no se descubrió su peculiaridad. Pero llegó el momento de la verdad. Toni la llevó a cenar a su casa y, tras el sexo en el sofá, ella le insinuó que podrían pasar la noche juntos. Toni no se pudo negar. La llevó en brazos desnuda a la cama, donde se entregaron al placer y a la pasión un rato más. Luego se quedaron mirando al techo cogidos de la mano sin decir nada. Ella se giró hacia él para acurrucarse en su pecho con la intención de quedarse dormida, pero Toni pegó un brusco salto y salió de la cama destrozando el encanto del momento. Después encendió todas las luces, abrió las dos puertas del armario, cogió la manta que solía tener preparada, su almohada y se acurrucó en el suelo. «Amanda, me gustas mucho, pero has de saber que yo necesito dormir así, no hay nada que hacer respecto a esto», le dijo Toni con un sincero pesar. Amanda, con su analítica mente —deformación profesional—, vio que aquello iba en serio, y que tal vez se debía a alguna especie de trauma u obsesión. Se tumbó en el suelo al lado de Toni.
xxx—¿Te sientes a salvo en el suelo, con las luces y el armario abierto?
xxx—Sí, así es. Si no hago esto no puedo dormir —dijo Toni.
xxx—¿Te molesta que me ponga a tu lado y durmamos un poco? —maniobró ella.
xxx—¿Por qué no?
xxxSe apretó a él y descansaron. Ella no le quiso presionar y pasaron así un buen rato, en silencio, cada uno haciendo ver que trataba de dormir. Pero, en el fondo, estaban intranquilos, meditando qué decir o hacer. Era una situación nueva para los dos. Un reto para ella y una oportunidad para él.
xxxFinalmente la noche pasó. Amanda no juzgó a Toni ni se asustó por su actitud, y este se sintió por primera vez comprendido. Aquello les unió aún más. Pero un día Amanda pasó a la acción. Hasta entonces le había dado a Toni un tiempo para poder observar su comportamiento, pero no pensaba permitirle seguir durmiendo de aquella forma, era un problema, complejo, síndrome o manía que había que solucionar, pues estaba claro que le impediría tener una vida normal.
xxxAmanda, movida a partes iguales por el amor y por el oficio, entró en la obsesión de Toni, se sumergió en su mundo, en su miedo. Después de hacer el amor él debería dormir plácidamente a su lado, pensaba, pero el miedo, un miedo, no le deja cerrar los ojos. Y él actúa de esa manera —enciende las luces, abre las puertas de los armarios y se acuesta en el suelo— para espantarlo: es su manera de luchar contra el terror.
xxxUna noche, cuando Toni se disponía a comenzar su habitual ceremonia de luces y puertas, Amanda le preguntó:
xxx—¿Qué es lo que sientes ahora mismo, cuando haces todo esto?
xxx—No lo sé… Seguridad, me prevengo, me pongo a salvo.
xxxAmanda no dijo nada y se acostó a su lado en el suelo.
xxx—¿Qué has sentido toda tu vida antes de ir a dormir? —preguntó mientras le abrazaba.
xxx—La hora de ir a dormir —respondió Toni— es como una tortura. Cuando se acerca la hora de ir a la cama es un martirio.
xxx—Verás, Toni, no puedes cambiar lo que temes, pero puedes cambiar lo que haces —le dijo Amanda—. La causa siempre estará ahí, en el pasado, pero el efecto se puede moldear o relativizar en el presente. ¿Qué te pasó, Toni? ¿Qué viste de pequeño?
xxxAmanda se zambulló en la memoria atormentada de Toni. Se hizo un largo silencio. Toni habló:
xxx—Que te acaricien el cabello es hermoso… a menos que sean las tres de la mañana, estés dormido con todas las luces apagadas y estés solo en casa.
xxxMientras decía eso, Toni se puso a temblar.
xxx—¡Yo tenía 5 años, era un crío!
xxx—¿Y el armario por qué, Toni?
xxx—Mi padre, mi padre… me castigaba encerrándome en el armario, me dejaba ahí mucho tiempo —balbuceaba Toni como en estado de hipnosis.
xxx—¿Por qué en el suelo? ¿Por qué Toni?
xxx—El suelo… el suelo es seguro… en el suelo podemos ver lo que hay debajo de la cama, desde el suelo podemos ver que él no se esconde, si duermo en el suelo, el que vive debajo de la cama, no viene a verme —jadeaba Toni, inundado de sudor.
xxx—Él… ¿Quién Toni?
xxx—Él es el que mora en mi habitación cuando llega la noche, él es el que me acarició el pelo aquella vez y el que vi varias veces a través de la rendija de la puerta del armario cuando mi padre me encerraba allí dentro… No es de este mundo, quiere apoderarse de mi alma, por eso he de estar siempre alerta… Yo solo quiero dormir en paz y descansar, estoy agotado…
xxxLa voz de Toni se fue apagando hasta fundirse con el silencio.
xxxAmanda no quiso presionar más, había sido suficiente por aquella vez. Dejó a Toni durmiendo en el suelo, cogió un bloc de notas y un bolígrafo de su bolso y volvió a la cama.
xxxLe fascinó la facilidad subconsciente con la que le habló Toni de sus miedos y traumas, sin esconderlos, sin exagerarlos. «Forma parte de lo que es y lo ha compartido abiertamente», pensó. Anotó en su bloc:
xxxPunto uno: experiencia traumática de terror nocturno a raíz de que alguien le acariciara el pelo no habiendo nadie en casa. Necesidad de luz por seguridad.
xxxPunto dos: episodios de malos tratos y castigos. Su padre le encerraba en el armario. Necesidad de abrir el armario.
xxxPunto tres: fobia disociativa hacia un elemento que él cree que hay debajo de la cama. Si no comprueba in-situ que no hay nada, no está tranquilo. Posible caso de obsesión compulsiva. Personificación en su mente de un personaje inexistente.
xxxConclusión: fobia post traumática por malos tratos y autosugestión continuada a partir de terrores nocturnos en etapa adolescente.
xxxAmanda dejó de escribir. Tenía todo un cuadro psiquiátrico durmiendo a su lado, en el suelo. Estaba decidida a ayudarle, sabía que tenía solución. Sabía que con terapia, psicoanálisis e hipnosis regresiva podría ayudar a Toni a volver a dormir en una cama. Amanda se encajó el antifaz negro en los ojos y se fue durmiendo poco a poco mientras recordaba la historia de Ingrid Bergman y Gregory Peck en Recuerda, de Alfred Hitchcock.
xxxPero hacia las tres de la madrugada Amanda notó cómo alguien le acariciaba el pelo de la raíz a la punta, unos dedos largos y fríos se recrearon en su cuero cabelludo, masajeándolo. Ella se desveló, se giró hacia Toni y comprobó que él seguía ahí, durmiendo en el suelo, mientras ella notaba aún la mano en su cabeza y veía sus largos mechones de pelo levantarse y moverse, de forma ingrávida, en espiral.
xxxSonó un grito en la noche.
x

*****

x
xxxCinco años después, Amanda y Toni son un matrimonio feliz, padres de dos niñas.
xxxEn el suelo de su habitación de matrimonio hay un futón japonés, un tipo de cama sin patas, sin huecos, directa al suelo. En las paredes hay todo un despliegue de apliques, repisas y barras para perchas. No hay cajones ni puertas. Tampoco armario. Las luces de la habitación son de un agradable tono azul suave, bombillas de bajo consumo que aportan un ambiente relajante e invitan a un apacible sueño. ¿Superaron aquel terror? No, pero combatieron con efectividad el mal que les amenazaba, le coartaron toda posible vía para manifestarse.
xxxPorque no podemos cambiar lo que tememos, pero sí el modo de enfrentarnos a ello.

 

 

 

 

CLASISMO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«La resignación es un suicidio diario»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxBalzac

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«Cada clase social tiene su patología»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMarcel Proust

xxxLas instrucciones de la dueña de la casa eran precisas: la casa debía estar siempre reluciente y ordenada, la señora no toleraba nada fuera de su sitio ni una mota de polvo. Tenía fama de ser muy estricta y no pensárselo dos veces para despedir a una empleada. Eso fue lo que Cecilia trató de explicar cuando le tomaron declaración, pero no encontró las palabras adecuadas.
xxxNo creyeron que pudiera esmerarse hasta ese extremo en su trabajo, que se apurara a limpiar la sangre de la alfombra y del sofá recién tapizado y a sacar la basura con los papeles, rotos previamente por Cecilia, de aquella nota despedazada por el suelo como si fuera confeti, junto a algún resto de hueso de cráneo y trocitos esponjosos de cerebro. Que sacara el revólver de la mano a la señora, ya muerta, y lo pusiera en el cajón de la mesita de mármol, donde debía estar. Y que, ya con el salón limpio y ordenado, llamara al señor porque a la señora no le hubiera gustado que la encontraran así, sucia, tirada en el suelo en medio de aquel desorden, de esa sangría con trozos de lóbulo por todos lados.
xxxLos policías hablaron de una escena del crimen alterada a posteriori, de huellas dactilares en el arma homicida. De una escenificación preparada. De un homicidio simulando un suicidio.
xxxEl marido dijo que no existían motivos para que su esposa hiciera algo semejante, que el suicidio tenía que quedar totalmente descartado. La señora, la ama de la casa, era feliz, era rica, no había lugar para el suicidio, eso era imposible.
xxxEl abogado aseguró que Cecilia, la interina, sí los tenía.
xxxPor eso ahora Cecilia está presa. Treinta años, dictaminó el juez, que pueden ser menos por buena conducta y horas de trabajo limpiando la cocina y los baños.
xxxElla, que siempre se portaba bien; ella, que lo limpiaba y ordenaba todo, que tenía la casa siempre impecable como siempre le ordenaba su señora, la ama de la casa.
xxxOjalá hubiera leído aquella nota antes de hacerla trocitos y tirarla. Claro está que su situación sería la misma: no habría nota alguna porque todo tenía que estar limpio y la basura sacada, pero al menos sabría qué llevó a la señora a acabar con la vida de ambas.

 

 

 

 

¡ALELUYA!

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«La maldad no es algo sobrehumano, es algo menos que humano»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAgatha Christie

xxxMi mujer y yo vamos de vacaciones a la Costa Blanca. En la radio del coche llevo puesto un cd de saetas de cantaores de Huelva. La imagen de la Virgen de a Macarena que cuelga del retrovisor se ladea ligeramente siguiendo la fuerza de la prolongada curva en la que acabamos de entrar. Desde nuestro coche observamos cómo el autobús que tenemos delante toma la curva temerariamente, se sale de la vía y da varias vueltas de campana hasta estrellarse contra la ladera del monte. Detengo el coche y vamos corriendo hacia el lugar del accidente. Allí está el autobús desparramado de lado. La escena es dantesca, un escalofrío recorre mi espalda. Hay cuerpos mutilados, sangre, esquirlas de cristal, trozos de piel, miembros amputados, fuego y humo. Al ver el cuerpo sin vida de una mujer en la calzada nos arrodillamos y nos santiguamos: que el señor la tenga en su gloria.
xxx¡Hay que hacer algo con toda esta gente! ¡Deprisa, por Dios! me grita mi mujer. Es cierto, toda esta gente aquí herida, medio muerta o muerta, ¡hay que actuar ya! Asiento con la cabeza y le digo que vaya cogiendo las maletas que han salido despedidas del autocar y las meta en nuestro coche. Yo, mientras, entro en lo que hasta hace poco era un autobús y voy rebuscando entre los cuerpos, ya sean cadáveres o gente inconsciente, anillos, relojes, cadenas de oro, alhajas o carteras. ¡Socorro, ayuda!, grita un superviviente atrapado entre el amasijo de hierros. No alcanzo a verlo. Mejor, él no nos ha visto a nosotros tampoco, nunca sabrá que pudo sobrevivir. No cuentes tus penas, hermano, los buitres se abalanzan sobre los animales heridos.
xxxA lo lejos se escuchan las sirenas. Mi mujer ha llenado el maletero y la parte de atrás del coche con las bolsas de mano y maletas que mejor pinta tenían: si son Loewe, Cartier o Blueberry hay más posibilidades de que contengan cosas de valor. Yo llevo los bolsillos llenos de carteras, joyas y relojes. No ha ido mal, tampoco nos lo esperábamos. Hay que agradecer las oportunidades que el buen Dios nos pone en el camino.
xxxArrancamos y salimos disparados. La cortina de humo va quedando cada vez más lejos a nuestra espalda. Por el camino hacia Peñíscola, mi mujer y yo vamos rezándole al Señor, dándole las gracias. Él, que siempre nos provee y nos cuida… ¡Alabado sea Dios! Cambio el cd de saetas por uno de salmos e himnos. Alabado sea Dios, Jesucristo y la Virgen María.

 

 

 

 

EL ESCONDITE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«La confianza se gana con mil actos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy se pierde con tan solo uno»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSéneca

xxx—Perdona, ¿te molesto? —me preguntó con la gorra en las manos—. Es que no puedo dormir.
xxxLe hice un gesto invitándolo y se sentó en un lado de mi cama.
xxxEntonces empezó a hablarme de lo deprimido que se sentía. Me confesó que no entendía lo que estaba haciendo allí, ni a sus superiores, ni las órdenes que le daban. Que nunca las había entendido, pero ahora menos, porque cada vez le gritaban más.
xxxTenía miedo de perder su puesto de trabajo.
xxxLuego siguió hablando, esta vez de su infancia y de cómo le gustaba jugar al escondite con sus amigos. Acabó desmoronándose, poniéndose a llorar como un niño, y yo también acabé llorando con él, así que le di un fuerte abrazo y le propuse jugar al escondite un rato, para distraernos y recordar nuestra infancia.
xxxLe dije que a mí también me encantaba jugar al escondite con mis amigos, y le hizo tanta ilusión que tras su risa adiviné el rostro de un niño complacido.
xxxLe propuse que saliéramos al bosque para aprovechar la espesura. Se le iluminó la cara: había una espesa niebla entre los árboles, era una noche perfecta para jugar.
xxxLe dije que contara. Estuvo de acuerdo en que yo fuera el primero en esconderme.
xxx—Buena suerte —le dije.
xxxMientras él contaba hasta cincuenta de cara a un abeto, aproveché para quitarle su pistola Mausser, pegarle un tiro en la nuca, cogerle el uniforme de la SS y ponerle el mío de rayas azules y blancas. Apenas lo sentí por él. Es más, si he de ser totalmente sincero, no lo sentí en absoluto. Ya no sentía nada.
xxxJamás volví a Auschwitz.

 

 

 

 

BÚSQUEDA INTERIOR

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxx«El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad»
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCalderón de la Barca

xxxLos seres más pequeños e insignificantes pueden darnos grandes problemas que ignoramos.
xxxUn buen día Carlos decidió tomarse un tiempo para encontrarse a sí mismo y, como vio que otros lo hacían, se fue a la India para buscar en su interior. ¿Acaso Carlos se había perdido y no se encontraba? ¿Acaso había perdido algo en su interior? Quería encontrar la paz y, fuera como fuera, el caso es que Carlos fue para allá.
xxxQuiso ir a la India de la forma menos occidental y menos turista posible. Pretendía ser lo más auténtico que pudiera. Deseaba mezclarse con la gente del país, no ser el típico europeo con estatus, dinero, recelo y prevenciones. Le advirtieron de los peligros que corría si no se vacunaba para prevenir la hepatitis A, el tétanos, las fiebres tifoideas, el cólera, la difteria, una encefalitis o la rabia, pero a él le dio igual, quería solidarizarse con las gentes de allí y vivir como ellos. ¿Acaso se vacuna esa pobre gente de todo eso?, decía.estaba seguro de que todas las personas de todos los rincones del mundo son iguales por fuera y por dentro.
xxxUna vez en la India viajaba en plan mochilero, en trenes y buses abarrotados, a pie o en auto-stop compartiendo viejas furgonetas. Pensaba que a través de esa especie de calvario, privándose de toda comodidad (que se podía permitir), alcanzaría antes la iluminación. O algo así. ¿Agua embotellada? Eso es para turistas, capitalistas de occidente, yo beberé la misma agua que beben ellos, depuraré mi cuerpo y espíritu en el Ganges. ¿Comida con especias y picante? Eso es para estómagos europeos. Yo comeré como ellos, me alimentaré de lo que sea, sin caprichos ni lujos; comeré insectos, serpientes, monos o murciélagos, comeré con las manos en platos hechos con hojas si hace falta, afirmaba el bueno de Carlos.
xxxY así pasó Carlos tres meses con su mochila por toda la India, conociendo a sus gentes, sus templos y cultura, alcanzando una extraña calma y una forma de revelación interior. Algo se le comenzó a mover por dentro.
xxxCuando ya se dio por satisfecho decidió regresar, pero hacia el final de su trayecto de vuelta se comenzó a encontrar mal. Sufrió fiebres, vómitos y diarreas, su tensión bajó y no podía comer. Fue a un centro médico.
xxxEl sistema sanitario de la India es un desastre, de hecho la gente se muere, literalmente, en la calle. Sin dudarlo acudió a la embajada de su país ante la imposibilidad de encontrar buenos médicos que le dijeran qué sucedía. Carlos casi no tenía dinero, empeoraba y pidió ayuda a su gente en occidente, familiares y amigos que movieron su petición por redes sociales y algún medio de comunicación. Se organizó una campaña de ayudas y donaciones para sacar al chaval de allí. Con el dinero de la familia, de la recaudación, la colaboración de una aerolínea y la ayuda del gobierno se pudo hacer regresar al chico a casa. A punto de ser repatriado de vuelta a su país, hacia la vieja Europa, en un vuelo fletado con personal sanitario para su atención prioritaria, fue cuando se dio cuenta de todo. En efecto, Carlos buscó en su interior, pero no se encontró a sí mismo, sino a quinientos parásitos intestinales, también conocidos como esquistosomiasis intestinal de la especie Schistosoma Mekongi, muy habitual en Asia.
xxxLuego encontró la fiebre alta, halló infecciones, halló el dolor extremo, el colapso en órganos vitales y finalmente halló la muerte.
xxxSí, todo eso encontró, su búsqueda interior dio resultado: al final halló la paz que tanto deseó.

 

 

 

Romero Mas, Danny. Red Hot & Blue. 70 relatos de lo insólito. Murcia; Boria ediciones, 2019.

 

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