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DE CUNA Y SEPULTURA

 

Como afirma Santos Domínguez en esta entrada de su blog, con Parra, Rosales, Eliot, Pound, Rilke o Claudio Rodríguez al fondo, poetas que hicieron de la palabra una forma de conocimiento y de la poesía un método de indagación en la realidad, De cuna y sepultura explora “lo oculto y lo visible, idea fundamental de la poesía” y defiende la idea de que “el poeta es un apóstol, un propagador del misterio.”

 

Y aquí dejo una selección de textos del libro.

 

PERMANENCIA

Es la poesía lo que llena la vida del poeta las veinticuatro horas del día, el alimento que crece y vuela como el pájaro. Y no se escribe para nadie aunque son los lectores los dueños de las obras, aunque sigan teorizando los otros y justificando su propia impotencia. Hay poco tiempo y la mudez avisa, debemos prepararnos, la llamada se repite en el centro de tu propia cabeza, ese bosque del yo en el nosotros.

El laberinto, a pesar de disponer de una coqueta entrada, es un círculo cerrado, la estancia del silencio, la mansedumbre de la soledad. Es la permanencia, siempre es la permanencia. Perseverar en la constancia, habitando el secreto, en la casa de la separación. Sí, es la permanencia. ¿Y quiénes son los otros?

 

 

 

 

TEORÍAS

Nos siguen teorizando. Que si el distanciamiento o la argumentación, discordia y permanencia. Hay poesía contemporánea que tiene menopausia. Sus autores —creyendo haber llegado al climaterio— cesan de la verdad y sus recursos.

Ocurre en todas partes, no hay que preocuparse. Algunos cortan orejas y en casa, en sosiego y clausura, acaban con el rabo entre las piernas. Leer y releer. Escribir y corregir.

 

 

 

 

ESCAPARATES

Los poetas que manifiestan sus intenciones aburren a Barrie. Un poeta es un sueño. Entre él y la vida las causas segundas nunca se consiguen.

El anhelo es ilusión. Imaginar y recordar se superponen y confunden.

¡Hay tanto lúcido suelto! Por ejemplo, en los escaparates de las librerías.

 

 

 

 

BÉCQUER

La noche es muerte, eternidad, grandeza. El paso necesario a la poesía. En el castillo de Duino he encontrado a Bécquer (Yo soy el invisible / anillo que sujeta / el mundo de la forma / al mundo de la idea).

Todo lo que uno sabe está en un estado de provisionalidad, pero no es relativo, es susceptible de una mayor profundización, y eso sí es relativo. Nunca cambies la gracia por la esencia. No fingirán los sabios aquello que desconocen.

En esta oscuridad se acaba el tiempo. Pasan los días veloces sin menosprecio. Las horas son ideas y no definen, corren en la apariencia. Los segundos dan frío. Los minutos temblores. Las horas condicionan. Los días son referencias. Las semanas títulos. Los meses abismos. Los años oscuridad. Se acaba el tiempo.

El cenicero se cubre de colillas. Las llamas de las velas bailan en la respiración. A menudo veo el cuarto de intimidad animado. Es Rilke. Amo la oscuridad, las ventanas cerradas, las persianas bajadas, las cortinas corridas, las luces apagadas. La noche es muerte. Es la vida y el misterio.

La luna viene por un poco de azúcar y permanece un rato. Leo a Schlegel. No tengo a Sophie von Kühn para amar la noche. Las sombras me abandonan.

Leo y no escribo. Nada sale. Es una referencia. Hace años que no me visita el verso. Es un abismo.

Bécquer permanece en Duino. Junto a los grandes.

 

 

 

 

NECESIDAD

El entretenimiento. Un ejercicio vacío que ocupa las horas. Una pérdida de duración y de oportunidad motivada por los propios hombres y sus costumbres. ¿Es tan bueno ese libro? No paran de hablar de él, hacen comentarios, reproducen poemas que leo y releo y, nada. Es el entretenimiento. La ignorancia. La falta de visión, de inteligencia. La ausencia de conocimiento. ¿Hay algo extraordinario? Nada. Todo está lleno de flaquezas. No confundas la lectura con el azar (Sofista, Filebo). El arte rige el producir de la naturaleza: la poesía.

La poesía es el tiempo permanente, la creación del artesano cósmico: el demiurgo. Lo decía Platón en el Timeo. El poeta es el artesano de los artefactos (don Nicanor), y nunca para el hombre, ya que el hombre no posee inteligencia ni atemporalidad. La poesía es ese tiempo permanente, teniendo la mirada pendiente del todo (Leyes, 903).

Lo universal, eterno y cósmico nunca será entretenimiento.

Ningún libro de ahora otorga plenitud (plerosis, Timeo). Y eso ocurre porque debe ser una constante del universo, el movimiento que nos conduce de lo vacío a lo lleno.

El entretenimiento no es deslumbramiento. En el entretenimiento no hay nada extraordinario.

La naturaleza es el brotar mágico, la inspiración. Pero debe ser tratada con técnica (demiurgia o arte). Toda naturaleza humana está abierta a la posibilidad, lo que la convierte en defectuosa. No permanezcas ahí, es el entretenimiento.

Nunca te empeñes en recuperar lo que no puedes recuperar, ni tiene sentido ni conduce a ningún sitio. Si no lo aceptas arderás como tantos en salones con olor a lavanda. Si en cambio redimes las flaquezas alcanzarás el tiempo permanente.

La palabra, no olvides la palabra. La única, la auténtica. La que está escrita con la ciencia del alma. Apartarse del mundo para conseguir el mundo; la carencia o la privacidad. No seas como Penía, la madre de Eros (Banquete). Nunca te acerques a la necesidad, es el entretenimiento.

Contemplar, atender y entender. Nada más. Nada menos.

 

 

 

 

DESCONCIERTO

No se escribe para un tiempo. Aristóteles resolvía el argumento de Parménides. Las desviaciones viajan a las causas y acaban siendo los motivos. Hace mucho escribí que este tiempo que corre no es el mío. Las luchas permanentes con los desvíos y la búsqueda de los matices argumentaron el nacimiento de Una aproximación al desconcierto. Pretendía centrarme en la palabra, buscar las verdaderas y alejar las que no lo son. Logré acercarme a la sustancia. Una aproximación, nada más.

En el desconcierto se generan los sentidos, y los sentidos acercan a las categorías. Pero la producción natural era imposible. El hombre es limitado, es cualidad, lo falso nos inunda. Y la naturaleza está llena de palabras fingidas, simuladas, inciertas.

Lo que es y lo que no es se presentaban en los versos, como demostraciones de un accidente gramático. Deseaba el mayor bien, la plenitud, la felicidad o la añoranza completa. Pero todo lo realizaba involuntariamente. La orfandad del misterio se apodera de la aproximación.

La forma de poseer las riquezas manifestadas en poesía eran cualidades opuestas. Un desconcierto. El propósito se convirtió en retroceso y el tiempo en irreverencia.

Todo es uno y hacia todo marchamos, en el mismo camino de las almas, de los honores, de los excesos. Enemistades, discusiones, ausencia de crédito. Da igual. La verdad es una y se contempla, aunque no se haya alcanzado. Y puede que nunca se consiga.

La poesía no es una ley, es la ley. Un complejo sin tiempo, verdadero e inmortal.

 

 

 

 

LA OPORTUNIDAD

Todos los versos que un poeta escribe en su vida se limitan a dos. Uno de agradecimiento, otro de cortesía.

De los dos versos que escribes mana toda tu producción. Fluida, generosa, escasa o tal vez incompleta. Pero en ellos se establece la esencia, la disconformidad con el mundo y su entorno.

 

 

 

 

NADA DE ENTENDIMIENTOS

Con el paso de los días y de las circunstancias, he descubierto que no soporto el mundo. Antes lo sobrellevaba, ahora me supralleva. Lo espeso me confunde, el amor desconcierta, los paisajes los miro como quien mira un cuadro sin entender de arte.

Y así paso los días, entre la aventura y el misterio. Si alguien pregunta por la vida me alejo, si otro se interpone en el camino tomo un taxi.

Para vivir preciso voluntades, nada de entendimientos.

 

 

 

 

SÍMBOLOS

Hoy día se fabrican símbolos, pero símbolos sin matices. Los autores se han acostumbrado a aceptar los desvíos. Pero el tiempo, nuestro tiempo, pone a las personas en su sitio, a los autores en sus tumbas, y a sus libros en mercadillos de viejo.

No sé si llegaré a entender alguna vez las obras de esos que denominan grandes. ¿Hace falta? Con Novalis, con Rilke, con Eliot, Pound, Juan Ramón y con Parra, tengo intereses personales hasta el día de mi muerte.

 

 

 

Sánchez Menéndez, Javier. De cuna y sepultura. Bilbao; Ediciones El Gallo de Oro, 2018.

 

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