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CON EL CUERPO DEL DESEO

 

xxxxTENGO FE en muchas cosas;
pero ¡qué etéreo el mundo cuando de fe se habla!
Y, en cambio, tus cabellos, tus piernas, tu cintura
se muestran tan rotundos, tan concretos
por esta calle en la que transitamos,
solos cada uno, aún por conocernos.

xxxxCon ansias del momento el sol subraya
la única verdad a la que puedo asirme:
tu cuello sin reproche, y tu cuerpo
de perfecta obediencia al pantalón ceñido.

xxxxA ti me rindo, flor de una nueva aventura,
y en ti pongo toda mi atención.
En ti, que no eres nada
y eres todo lo que ahora
puedo contar como mío.

 

 

 

 

xxxxQUIZÁS DEBIÉRAMOS no dormir juntos esta noche.
¡Son tantos los problemas que al fin nos ahorraríamos!
Pasaría dulcemente el tiempo del deseo
sin que hubiera cansancio, ni exigencias:
gabelas de los cuerpos
que, por juntarse tanto, el uno acaba
asomado al espíritu del otro,
viendo en él el horror de tantas cosas.

xxxxPero hoy me he sentido un hombre viejo:
Cuando ya nada importa de morales pacatas,
cuando a veces te acercas sonriente
a los recuerdos de lo antes vivido
en revancha contra el vacío cruel
que se alza inminente ante el futuro que no existe.
He cruzado en el tiempo hasta esa edad
del total desengaño, sin sostén ni aliciente,
y me he visto y te he visto recordando
como sueños dorados el dolor de estos días,
y he decidido no decirte nada
y entregarme al deseo con tu cuerpo.

 

 

 

 

xxxxSIN DUDA te amo. Ahora
en tu cuerpo se cifran las ansias de mis ojos
y tu espíritu forma un todo con el mío.
Pero no has de obligarme con tu culto
a olvidar esos cuerpos del pasado
que en otro tiempo fueron mi reposo.
Ni has de airarte si a veces
en sus aras realizo los misterios
que la memoria torna inevitables.

xxxxLo hago también por ti, porque algún día
tu cuerpo ha de ocupar un sitio en mi recuerdo
como en el Panteón de tu pasado el mío.

 

 

 

 

xxxxTÚ, QUE HABLABAS de amor y te reías
de las cadenas que no rompe el tiempo,
de quienes niegan que el amor se acaba
y en torpeza vampírica
se aferran a un estar que es un suplicio.

xxxxTú, que ungías tu boca con palabras
que eran juramento
de apartarte, de huir en cuanto hubiera
en nuestra entrega atisbos de rutina.

xxxxQuerías conseguir, no obstante, esto
que ni siquiera me acongoja ahora:
Negligente abandono a tus caricias,
estúpido reír a tus sandeces…

xxxx¡Qué distinto de aquello que acordamos!

 

 

 

 

xxxxLAS MAÑANAS que pides
el tributo a tu juventud, gritándome
cuánto me quieres,
no alcanzo a saber
dónde acaba el impulso de la carne
y da comienzo el ansia del espíritu;
porque siempre se muestran confundidos
carne y espíritu.
xxxxxxxxxxxxxxxxY es confusión que a veces
me hace sonreír
y seguirte en la lucha sin preguntas,
aunque otras muchas me aleja,
hosco y desalentado,
de la mentira oscura de nuestra unión.

 

 

 

 

xxxxME GUSTARÍA tanto tener claro
que ya no te amo, que ha pasado el tiempo
y ha arrastrado consigo
aquella sensación de estar soñando
cada vez que miraba hasta tus ojos.

xxxxY el caso es que en presencia, cuerpo a cuerpo,
una furiosa desazón me obliga
a creer que ya nada permanece.
Deseo que te vayas, estar solo,
salir a pasear con mis amigos
y serte infiel con ellos al contarles
los íntimos secretos
que celamos con gusto, en connivencia,
cuando todo era un mundo entre nosotros,
antes de estarse el mundo deshaciendo.

xxxxCreo tenerlo claro cuando marchas
y quedo solo, en el primer instante,
porque salto de gozo y la alegría
de esa primera libertad me vuelve
más vivo, con más ganas…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe preparo
un traje, y la corbata y los pañuelos
me son una elección regocijada;
quieren decir que libre, que animoso,
saldré a la conquista de las calles;
a perderme entre sombras, entre brazos
furtivos, en portales
donde se pide fuego con los ojos.

xxxxPero qué extraña sensación la angustia
de que todas las ansias de locura,
de libertad, de serte infiel, se agoten
tan pronto, y un vacío, una inquietud
de soledad me inunde y me convierta en
desamparado huésped de mí mismo.

xxxx¡Cómo entonces te busco en la difusa, oscura lejanía;
cómo sospecho las claves de todo
lo que nos pasa; cómo justifico
tus injustas celadas!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSólo ansío
que de nuevo te lances a mis brazos;
pero dejo el teléfono en silencio,
porque es volver a comenzar lo mismo,
porque en llamarte cifro mi fracaso.

 

 

 

 

xxxxMUEVE EL OLOR DE TU PIEL tormentas en mi deseo
sin duda alguna, cuerpo de jazmín
que cada mañana surges, como de un fresco huerto,
a ofrecerme fragancia servicial.

xxxxPero llegará un día deslumbrante.
Porque aún hay otras flores, cuyo nombre ignoro y busco.
Y tú, jazmín, mi jazmín desde hace tiempo,
desde mi casa —donde te adueñas— contemplarás
la sonrisa de bienvenida a lo nuevo.

xxxxPero esa mañana no ha sucedido aún.
Porque acabamos de despertarnos, estamos solos
y paso levemente un inconsciente dedo por tu piel.

 

 

 

 

xxxxCONCLUIDO el poema
—o quizás renunciando, incluso, a hacerlo—,
si se quiere evitar, bien el cansancio,
bien el engaño de juzgar aún
veraz amor el contraído hábito
de sentir que se ama;
hay que coger el báculo y retirarse al monte
o hacer tráfico de armas en alguna Abisinia
o asumir el puñal o beberse el veneno.

xxxxPorque en el paladeo de la renuncia
se comienza a saber el vino del amor.

 

 

 

Pujante, David. Con el cuerpo del deseo. Murcia; Secretariado de publicaciones e intercambio científico – Universidad de Murcia, 1990.

 

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