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DIARIO DE LAS BESTIAS BLANCAS

 

EL VIEJO MITO DEL AMANECER

Mientras las cosas giran y yo arrugo las sábanas
amanece en algún desierto.
Amanece sólo para las aves
para el innumerable murmullo de sus alas
y el negro de sus ojos,
el reposo de un lago desbordándose.
Aquí en mi apartamento suena el despertador
y en la cocina esperando el café
oigo vaciarse la cisterna de mi vecino.
Cae el torrente de agua, queda inaugurado el día
y el sentido del tiempo,
que pese a todo siempre tiende al círculo.
Me asomo a la ventana.
El aire está vacío y envasado, y lleno
como si se hubieran marchado todos los pájaros.
Las farolas siguen encendidas contra el alba.
Miro mi reloj: en unos minutos
estaré ahí abajo, respirando ese aire,
conduciendo sin ver el horizonte.
Escuchando noticias en la radio.
Dando nombre a los días y número a las horas.

 

 

 

 

PSICOSIS

Bajo la ducha el mundo es un estruendo.
Detrás de la cortina, dentro de los párpados,
sin un solo reflejo ni una sombra,
una inmensa luz negra como el vértigo.
Un estruendo sobre un cuerpo desnudo
con los pies pegados a una tierra de mayor gravedad
y sin embargo cayendo.
Debe haber un cielo intenta pensar y nada
oye, tampoco ninguna música de
ninguna esfera salvo el torrente desatado
también, que no tiene imagen ni está conectado
y no tiene hogar ni descanso salvo el ruido y la furia
y a lo único que podría parecerse pero
tampoco es a un loco huérfano
y el único reflejo sería el de su cuchillo.

 

 

 

 

ROTHKO

Y a pesar de todo aún amamos a los suicidas
que tanto aman a lo otro
y lo pintan en paisajes de nada
que miramos desde un sofá
con ganas, todavía, de llorar
erróneamente, por el yo muerto.
Y a pesar de todo aún nos parecen hermosos los acantilados
en cuyo fondo el mar parece una fotografía a cámara lenta
y dirigimos nuestros coches hacia ellos los fines de semana.
Y a pesar de todo aún sentimos vértigo frente al significado del abismo
cuando no pensamos en nada más,
cuando la tele está apagada y el mundo calla ante nosotros
negro sobre azul.

 

 

 

 

DESAYUNO CON DIAMANTES Y FRESAS SALVAJES

Todas las mujeres que he conocido
añoraban con lágrimas su infancia
y así regaban, por goteo, como Apolo a Dafne,
ese perdido paraíso que por fin empezaba a serlo.
Mientras, yo miraba el televisor.
Hoy, mi pantalla está llena de niños.
Qué película extraña la memoria:
el único argumento es un pronombre.
Ese que está sentado en el patio de una casa
que ya no es la mía debe ser Yo
y no tiene rostro ni extremidades
ni un cuerpo que se tumbe en un sofá.
Tiene una raqueta y tiene un muro
una pared muy alta y amarilla
que siempre devolvía el peso de la pelota.
Nunca he llorado por ese sonido.
Nunca lloré por el eco lejano y cercano
que llenaba el patio a todas horas.
Por eso tengo un paraíso-desierto
y un sofá, un cuerpo, un mando y la distancia,
y por eso, mientras llorabas,
yo miraba la tele
y mi mano, rítmicamente, acariciaba tu pelo
que olía, según los cánones del género,
como el de Audrey Hepburn cantando Moonriver
(desde entonces es el hilo musical
de la sala de espera de un extraño paraíso).

 

 

 

 

TORMENTA

Hoy la tormenta ha pasado sobre la ciudad
buscando los cadáveres de sus hijos.
Las bombillas responden en código morse:
la electricidad también tiene sus raíces.
En el sofá, yo acariciaba mi propio brazo
y veía iluminarse pedazos de una tierra desierta
revelados en mi ventana.
Veía, un solo instante,
el cielo como una inmensa caverna;
solo un instante, sin llegar a ver su fondo
en la breve luz del relámpago.

Mientras subía el volumen de la tele
pensé en la piedad de lo fugaz,
en su generosa manera de mostrarnos y ocultarnos
ese infierno eterno de una sola galería
habitado por este profundo eco
al que alguien convino en llamar silencio.
Y pensé también en la caricia de la forma
en todos los finales de películas,
en todos esos perfectos desenlaces
que nos atan todavía al paraíso
en el que el silencio es solo una pausa en el guión.

 

 

 

 

DESAYUNO CON TIGRETÓN Y PANTERA ROSA

xxxxxxxxxxxPuestos a ser, ¿por qué no una pantera rosa?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDeleuze

Mientras en las demás cadenas el telediario de la mañana
sigue girando hasta hacernos aparecer en él
correctamente vestidos, peinados y despiertos,
en otra cadena la pantera rosa corta el césped de su jardín;
encuentra un pequeño arbusto
le molesta
lo corta
y entonces se cae todo.
Desaparecen el horizonte y la pantera aferrada a sus tijeras,
mirando fijamente a la cámara.
Arriba queda el trozo de arbusto que sostenía al mundo.

Despeinado por la caída y con un zumbido en los oídos
sigo viéndolo:
se hace cada vez más pequeño
sus hojas parecen agitar una despedida.

Empezamos bien el día.
Despierta el tigre que hay en ti.

 

 

 

 

NOT DARK YET

Por otro lado, la palabra Pérdida
sigue estando asociada
a inmensos campos lejanos y crepusculares
de hierba nadando dentro del viento,
fotografiada por Tarkovski.
Aunque lo que hoy le falta y ahora piensa
que le ha faltado siempre,
lo busca con el mando a distancia
o en el ritmo hipnótico de los limpiaparabrisas,
en el sonido del ascensor escuchado desde el sofá
y el anuncio de Audi
con aquella canción en que Bob Dylan
dice que su alma se está convirtiendo en acero.

 

 

 

 

EL DESIERTO ROJO

A veces es la muerte quien ocupa el Pronombre,
el ojo de la cámara.
Como esta tarde mientras volvía a casa
mis zapatos negros, la acera roja
y mi respiración sonaba como cansada
como si hablara con algo oscuro y extrañamente atmosférico.
Aprende a dibujar una serpiente
y escucha el viento entre los coches entre las piernas
entra en el ascensor no mires atrás
cualquier viaje es eterno
y está lleno de bestias blancas, de rostros, de nombres,
de árboles y papeles girando
de fábricas abandonadas y un cielo en blanco y negro
con una densa capa de silencio que nunca se resuelve en lluvia.
Luego el telediario recuerda al mundo
que esta noche se atrasan los relojes
y que hay grandes retenciones en el valle de las sombras.

 

 

 

 

PERSISTENCIA RETINIANA

Ahora salgo del cine.
Ahí estuve a oscuras frente a una inmensa imagen proyectada
desde un mundo inexistente pero todavía pegado a mis ojos
y a los del resto de espectadores que salen a mi lado.
Camino hacia la parada del autobús, miro pasar los coches.
Miro fijamente las caras de las personas con las que me cruzo.
Qué pasaría si un día nuestra retina fuera perfecta
y en la pantalla la fluida sonrisa que Audrey Hepburn dedicaba al infinito
se fragmentara en una serie de fotografías congeladas:
la fría imagen sobre el continuo de la oscuridad,
interrumpida 24 veces/segundo por un rostro inmóvil y gigante.
Icebergs flotando en un mar negro y sin límites.
Quedan tres calles para mi parada.
Acabamos de pasar el Mac Donald’s.
Dentro de poco estaré sobre mi sofá y frente a mi televisor.
Ahora mi rostro está en el vidrio
proyectando débilmente sobre la oscuridad del túnel:
tiembla como si estuviera hecho de agua, de noche.

 

 

 

 

LOCUS AMENUS-BARRIUS SÉSAMUS

Aquí la tarde cae como una araña.
Las chicharras y los ciclomotores intentan entenderse en vano
bajo un viento que arrastra niños, mochilas y gritos.
La programación infantil inyecta su psicosis a través de la tele:
un monstruo azul crea las coordenadas espaciales
ahora está arriba ahora está abajo, arriba, abajo, arriba, abajo.
Un emisor y millones de receptores ante el mismo mensaje,
arriba, abajo, están dentro de la tarde y las meriendas.
El mundo vuelve a nacer cada segundo.
Yo estoy tumbado encima del sofá
y sin embargo cayendo como una pantera rosa.
Yo estoy dentro de la tarde y su música estridente
y llena de alegría, payaso multicolor.
Un monstruo rojo en algún lugar tras los cristales
destruye las coordenadas espaciales:
yo estoy fuera de la tarde y su burbuja
y también estoy dentro de la tarde y sus mensajes
dentro, fuera, dentro, fuera.
Alguien llama a dios con su claxon una y otra vez implorando
en el altar de la Felicidad inaccesible como toda divinidad.
Hay un helicóptero en mi cabeza,
millones de emisores y un solo receptor, yo,
estoy dentro de todos los mensajes
estoy fuera de todos los mensajes
estoy dentro del silencio,
el mensaje de ningún emisor,
el código circular: la sangre dando una vuelta más
en mi sistema circulatorio.

 

 

 

 

VUELTA A CASA

Conduzco de noche de vuelta a la ciudad.
Atravieso la oscuridad, el informe animal inmenso
que habita estos espacios indefinidos entre los núcleos urbanos
y ahora frota sus espaldas contra los faros.
Conduzco como un borracho aunque no he bebido nada.
Pero la noche es densa y ligera como la niebla del alcohol,
y este cansancio de ir a llegar a mi casa y a mis muebles
es un estado de la materia desconocido por la física.
Vengo de ver los acantilados porque ha sido domingo
(ahora ya no es nada) y vengo de ver mi colilla cayendo
como si no pesara,
en un espacio vertical más ligero que el del cenicero
o el que hay entre mi mano y el suelo.
Vengo de los acantilados donde finjo tener un alma como la de las películas.
Y hay coches que me adelantan que también vienen de allí,
y que han fingido un alma como la mía.
Estoy demasiado cansado hasta para poner música.
Lo que hoy escucho es el rozamiento de los neumáticos contra el asfalto
y el continuo impacto del volumen de mi coche contra lo oscuro,
y el cansancio es también una forma de parálisis
provocada por esta música infinita de la materia.

Dentro de veinticinco minutos estaré guardando el coche
en el garaje,
y mientras suba en el ascensor pensaré en el despertador a las siete
y pensaré en mí mismo con un café delante de la tele.
Pero ahora conduzco sin conducir y la oscuridad, estado líquido de la luz,
se cierra sobre sí misma al paso de mi coche y sus débiles faros
y me siento abandonado como un cristal que nada transparenta.
Dentro de veinte minutos estaré entrando en mi apartamento
y seguiré estando apartado como ahora pero más quieto,
de una forma paradójica porque todo seguirá girando,
hasta que llegado cierto punto del giro
la mano contraria a la que sostendrá un café, encenderá la tele.
El telediario del lunes se tomará a sí mismo más en serio
y querrá dar la impresión de que algo empieza.
Como si algo hubiera sido interrumpido,
como si hubiéramos disfrutado de un merecido descanso.

 

 

 

Sánchez Aguilar, Diego. Diario de las bestias blancas. Murcia; Univ. de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2008.

 

CON EL CUERPO DEL DESEO

 

xxxxTENGO FE en muchas cosas;
pero ¡qué etéreo el mundo cuando de fe se habla!
Y, en cambio, tus cabellos, tus piernas, tu cintura
se muestran tan rotundos, tan concretos
por esta calle en la que transitamos,
solos cada uno, aún por conocernos.

xxxxCon ansias del momento el sol subraya
la única verdad a la que puedo asirme:
tu cuello sin reproche, y tu cuerpo
de perfecta obediencia al pantalón ceñido.

xxxxA ti me rindo, flor de una nueva aventura,
y en ti pongo toda mi atención.
En ti, que no eres nada
y eres todo lo que ahora
puedo contar como mío.

 

 

 

 

xxxxQUIZÁS DEBIÉRAMOS no dormir juntos esta noche.
¡Son tantos los problemas que al fin nos ahorraríamos!
Pasaría dulcemente el tiempo del deseo
sin que hubiera cansancio, ni exigencias:
gabelas de los cuerpos
que, por juntarse tanto, el uno acaba
asomado al espíritu del otro,
viendo en él el horror de tantas cosas.

xxxxPero hoy me he sentido un hombre viejo:
Cuando ya nada importa de morales pacatas,
cuando a veces te acercas sonriente
a los recuerdos de lo antes vivido
en revancha contra el vacío cruel
que se alza inminente ante el futuro que no existe.
He cruzado en el tiempo hasta esa edad
del total desengaño, sin sostén ni aliciente,
y me he visto y te he visto recordando
como sueños dorados el dolor de estos días,
y he decidido no decirte nada
y entregarme al deseo con tu cuerpo.

 

 

 

 

xxxxSIN DUDA te amo. Ahora
en tu cuerpo se cifran las ansias de mis ojos
y tu espíritu forma un todo con el mío.
Pero no has de obligarme con tu culto
a olvidar esos cuerpos del pasado
que en otro tiempo fueron mi reposo.
Ni has de airarte si a veces
en sus aras realizo los misterios
que la memoria torna inevitables.

xxxxLo hago también por ti, porque algún día
tu cuerpo ha de ocupar un sitio en mi recuerdo
como en el Panteón de tu pasado el mío.

 

 

 

 

xxxxTÚ, QUE HABLABAS de amor y te reías
de las cadenas que no rompe el tiempo,
de quienes niegan que el amor se acaba
y en torpeza vampírica
se aferran a un estar que es un suplicio.

xxxxTú, que ungías tu boca con palabras
que eran juramento
de apartarte, de huir en cuanto hubiera
en nuestra entrega atisbos de rutina.

xxxxQuerías conseguir, no obstante, esto
que ni siquiera me acongoja ahora:
Negligente abandono a tus caricias,
estúpido reír a tus sandeces…

xxxx¡Qué distinto de aquello que acordamos!

 

 

 

 

xxxxLAS MAÑANAS que pides
el tributo a tu juventud, gritándome
cuánto me quieres,
no alcanzo a saber
dónde acaba el impulso de la carne
y da comienzo el ansia del espíritu;
porque siempre se muestran confundidos
carne y espíritu.
xxxxxxxxxxxxxxxxY es confusión que a veces
me hace sonreír
y seguirte en la lucha sin preguntas,
aunque otras muchas me aleja,
hosco y desalentado,
de la mentira oscura de nuestra unión.

 

 

 

 

xxxxME GUSTARÍA tanto tener claro
que ya no te amo, que ha pasado el tiempo
y ha arrastrado consigo
aquella sensación de estar soñando
cada vez que miraba hasta tus ojos.

xxxxY el caso es que en presencia, cuerpo a cuerpo,
una furiosa desazón me obliga
a creer que ya nada permanece.
Deseo que te vayas, estar solo,
salir a pasear con mis amigos
y serte infiel con ellos al contarles
los íntimos secretos
que celamos con gusto, en connivencia,
cuando todo era un mundo entre nosotros,
antes de estarse el mundo deshaciendo.

xxxxCreo tenerlo claro cuando marchas
y quedo solo, en el primer instante,
porque salto de gozo y la alegría
de esa primera libertad me vuelve
más vivo, con más ganas…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxMe preparo
un traje, y la corbata y los pañuelos
me son una elección regocijada;
quieren decir que libre, que animoso,
saldré a la conquista de las calles;
a perderme entre sombras, entre brazos
furtivos, en portales
donde se pide fuego con los ojos.

xxxxPero qué extraña sensación la angustia
de que todas las ansias de locura,
de libertad, de serte infiel, se agoten
tan pronto, y un vacío, una inquietud
de soledad me inunde y me convierta en
desamparado huésped de mí mismo.

xxxx¡Cómo entonces te busco en la difusa, oscura lejanía;
cómo sospecho las claves de todo
lo que nos pasa; cómo justifico
tus injustas celadas!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSólo ansío
que de nuevo te lances a mis brazos;
pero dejo el teléfono en silencio,
porque es volver a comenzar lo mismo,
porque en llamarte cifro mi fracaso.

 

 

 

 

xxxxMUEVE EL OLOR DE TU PIEL tormentas en mi deseo
sin duda alguna, cuerpo de jazmín
que cada mañana surges, como de un fresco huerto,
a ofrecerme fragancia servicial.

xxxxPero llegará un día deslumbrante.
Porque aún hay otras flores, cuyo nombre ignoro y busco.
Y tú, jazmín, mi jazmín desde hace tiempo,
desde mi casa —donde te adueñas— contemplarás
la sonrisa de bienvenida a lo nuevo.

xxxxPero esa mañana no ha sucedido aún.
Porque acabamos de despertarnos, estamos solos
y paso levemente un inconsciente dedo por tu piel.

 

 

 

 

xxxxCONCLUIDO el poema
—o quizás renunciando, incluso, a hacerlo—,
si se quiere evitar, bien el cansancio,
bien el engaño de juzgar aún
veraz amor el contraído hábito
de sentir que se ama;
hay que coger el báculo y retirarse al monte
o hacer tráfico de armas en alguna Abisinia
o asumir el puñal o beberse el veneno.

xxxxPorque en el paladeo de la renuncia
se comienza a saber el vino del amor.

 

 

 

Pujante, David. Con el cuerpo del deseo. Murcia; Secretariado de publicaciones e intercambio científico – Universidad de Murcia, 1990.

 

EN LAS NUBES DEL ALBA

noviembre 3, 2015 1 comentario

Hoy cumple 50 años el poeta Ángel Paniagua y he decidido dedicarle todas las entradas del blog esta semana.

Comienzo con un par de poemas de su primer libro, ‘En las nubes del alba’.

En las nubes del alba

 

TIERRA ADENTRO

Ya es hora de partir de algún crepúsculo al crepúsculo,
Es hora de llenarse de grava los zapatos y aprender a caminar,
Desligando de métrica y prosodia los andares, los ríos
Y los olmos, deslizando entre métrica y prosodia unas gotas
De sangre, brotadas de la piel herida al paso de arbustos
Y ramajes, dejando los jirones de camisa abandonados, quizás
Enrojecidos por el líquido tierno, pero solos y atrás,
En el olvido de los árboles.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYa es hora de dejar que la poesía
Se apodere del tiempo que intento descifrarme y expresar,
Dejar que me desnude y me distraiga de tantas distracciones,
Que me centre y me empuje a recibirme, a presentarme a mí mismo
Y conocerme.

 

 

 

 

NESSUN DORMA…

Apenas oigo música, descanso demasiado de mi alma, abro
Las horas con los dientes, buscando su semilla, pero nada
Me entregan que llevar hasta el fondo de la tierra, sólo pulpa,
Agria a veces.
xxxxxxxxxxxxxA menudo las miro deslizarse como espuma
En el agua de los ríos, oneroso vertido de la fábrica
De mi desasimiento, y apenas si me atrevo a refugiarme
Entre la música, doblar esa conciencia y darle lágrimas,
Cubrir esa hipoteca con monedas que desbrozan el alma,
Desnudándola al paso de una aguja.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAunque a veces, el cuerpo
No soporte la impostura y pretenda incorporarse, porque el brazo,
Los miembros, se han dormido y al tocar realidades quema el tacto.

 

 

 

Paniagua, Ángel. En las nubes del alba. Murcia; Univ. de Murcia, 1990.

 

LAS RUTAS DEL NÓMADA

Chaplin camino

 

AMANECER DEL ANIMAL

Cuando abro los ojos comprendo
que continúo viva.
xxxxxxxxxxxxxxxxxA mi lado, las gafas,
el baño, la hidratante, los labios, el café
los autobuses, son seres vivos que reclaman
su alimento al instante. La ciudad entera
parece un animal carnívoro
que se saciara sólo destrozándonos.

Aunque pase la noche bebiendo,
aunque haya visto insectos en mis piernas
a causa del delirio,
todo seguirá igual por la mañana,
porque todos los días son un lunes
y todas las horas son la de la despedida.

Amanece, hay nubes en el cielo;
son de color rojo.

 

 

 

 

LA NOTA

Cuando llegué a casa a medianoche
me encontré un papel sobre la mesa,
quizás una nota de los compañeros,
un telefonazo en mi ausencia
de alguien que necesitara decirme,
no sé, te necesito, por ejemplo;
pero no era más que un aviso:
al día siguiente
teníamos que levantarnos pronto
para ir a sellar en el paro.

 

 

 

Morano, Cristina. Las rutas del nómada. Murcia; Univ. de Murcia, Servicio de Publicaciones, 1999.

 

LA PUERTA FALSA

F.O.D.

 

 

BIENAVENTURADO

Bienaventurado el que elige un dios
Y ante él se reclina,
Porque es verdad su fe
Y también son verdad sus oraciones
E incluso sus obras.
Aunque sembramos luz
Cosechamos tinieblas;
Pisamos la tierra
Pero somos tiempo.
Todo está escrito, pero Todo se borra.

 

 

 

 

EL ROSTRO

Es casi seguro que el rostro
No es el espejo del alma.
Sin embargo, hay rostros como enigmas,
Otros como respuestas.
Que los que han de venir busquen
Entre los escombros de nuestras calles.

 

 

 

POEMA URBANO

El día, viejo bandolero
Agazapado entre las breñas,
Tras darme el alto,
Me dispara su carga de prejuicios,
Me vende todo lo que no quiero.
Más tarde en la calle lo descubro
Disfrazado de hombre honesto
Que acude a su trabajo
O lleva sus hijos al colegio.
¿Cómo voy a decirle
que es un asesino?
Sería atentar contra
Su dignidad de ciudadano.
Así, aunque sabe
Que lo he descubierto,
Provocativo, me desprecia.
Exige su sitio, toma asiento,
Y desde allí contempla el mundo
Como un inocente.

 

 

 

Martínez Valero, José Luis. La puerta falsa. Murcia; Servicio de publicaciones de la universidad de Murcia – Aula de poesía, 2002.

 

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