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Posts Tagged ‘woody allen’

BENNI GOODMAN Y WOODY ALLEN

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xxEncendí el tocadiscos a todo volumen para poder escuchar la música desde la ducha. Tea for Two, de Benni Goodman, es una de mis melodías preferidas. Me recuerda a Woody Allen, seguro que la ha incluido en la banda sonora de alguna de sus películas.
xxContador de historias. Qué gran función. Es casi mejor que el inventor de las mismas, porque las eleva a leyendas, las reparte, las expande, las exagera, las complementa y en muchos casos las mejora. Qué grande ser Woody Allen. ¿Profesión? Cuentista.

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Barnatán, Jimmy. Atlas. Madrid; Ed. Trama, 2005.

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DENISE DUHAMEL

Denise Duhamel

 

 

BARBIE AMERICANA NATIVA

Sólo queda una.

 

 

 

«POR FAVOR, NO TE SIENTES COMO UNA RANA, SIÉNTATE COMO UNA REINA»

(Graffiti en un lavabo de tías en una universidad de Filipinas)

Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.
El mundo no recompensa a las chicas con granos.
No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

Compra un champú que realce el brillo de tus cabellos.
Si tu pelo es liso, entonces rízalo.
Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.

Mantén tu aliento con sabor a menta y tus dientes blancos y limpios.
Píntate las uñas para que resplandezcan, diez perlas.
No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

Sonríe, especialmente cuando te encuentres mal.
Mantén bajada la capota de tu coche cuando salgas a dar una vuelta.
Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.

No cedas a tus antojos, necesitas estar delgada
para que tu falda pueda levantarse cuando saltes y dés vueltas.
No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

No te cases con el profesor, cásate con el decano.
Cásate con el rey, no te cases con el conde.
Recuerda mimarte, recuerda acicalarte.
No te sientes como una rana, siéntate como una reina.

 

 

 

AFORTUNADA DE MÍ

Durante un tiempo me odié por no hacerlo en prosa –con derechos de película
y créditos para guiones y reuniones con estrellas y caminar sobre alfombras.
Quizá, dijo Michael, sólo sea que no estás lo suficientemente hambrienta.
Pero yo sé lo hambrienta que estaba.
Había escrito dos novelas para adultos y una para jóvenes,
ninguna de ellas se había editado con cubiertas, material gráfico en la portada
e información en la contracubierta. Nunca habían sido puestas en anaqueles
en librerías o en tiendas, nunca se les había asignado un premio o un código de barras,
nunca habían sido rebajadas o saldadas. Nunca firmé una copia
o encontré a alguien que se acercara a mí para decirme Hola, estoy a mitad
de tu libro-no está nada mal. Los títulos eran Precious Blood, That Song
You Know the One about Love, y It was Long Ago and Far Away. Espera,
entre ellas también hay una tercera novela para adultos, la segunda
que escribí –No me acuerdo del título. Cada una
me costó más de un año terminarla. Y asimismo había un guión
llamado Headlines, una comedia sobre una mujer del tiempo en Nueva York
y su loco hermano que quería hacerse famoso, pero carecía de verdadero talento
y no es tampoco un asesino o un concursante ganador que come empanadas
así que lo lleva crudo. Escribí este guión con Jim Fall,
que era más bien director que escritor, aunque extremadamente divertido
con los diálogos y tenía y tiene una gran colección de pósters y bandas sonoras;
cuando estábamos centrados en el argumento, solíamos levantarnos y bailar. Jim es gay
y su música era sobre todo discotequera aunque nuestro guión lo escribíamos
a finales de los ochenta. Más tarde trabajó para la productora de Dolly Parton
y me dejó hacer copias en Xerox de Precious Blood en la oficina de Dolly,
a expensas de Dolly. (¡Lo siento, Dolly! En realidad pensaba que el libro
se vendería y entonces me ofrecerían un guión que Jim y yo escribiríamos
y tú tendrías un gran papel y comppondrían una canción titulada «Precious Blood»
como banda sonora y de esa manera podría devolverte el dinero.)
Jim siguió dirigiendo Trick –una buena película– y ahora está dirigiendo
para la televisión. Yo seguí escribiendo Pickles, otro guión, éste
sobre una madre y una hija que han sido aceptadas en la misma universidad el mismo año
e incluso viven en el mismo dormitorio. La madre entregó a su hija
en adopción a otra familia, y las dos van descifrando poco a poco
que llevan la misma sangre porque están en la misma clase de biología.
Era otra comedia, o eso creí. Mi amigo la leyó
y me dijo que le hacía reír, aunque los chistes eran un poco groseros
y había unos cuantos problemas lógicos. Traté de arreglarlos.
Pero cuanto más lo leía, menos sentido encontraba en Pickles.
Jim tenía un viejo amante con dinero y estábamos convencidos de que financiaría Headlines,
pero su relación se fue a la mierda y Headlines nunca se llegó a realizar
ni siquiera fue una opción, de lo contrario no escribiría sobre ello con tanta nostalgia y pena. Nuestro agente, una de las mejores amigas de Jim, nueva en esto,
me llevó a un lado y me dijo que tal vez debería escribir un quión de muestra para Cheers
o para un nuevo show llamado Roseanne que según ella me podría gustar. Nunca había visto Cheers,
pero escribí dos guiones para Roseanne. Uno tenía que ver con D. J.
atacando a muñecas de la Barbie y el otro era de Roseanne enamorándose
de Johnny Cash. Más tarde había un episodio de Roseanne
chiflada por Wayne Newton, pero es obvio que escogí a la celebridad equivocada y nunca me contrataron. También escribí un par de episodios de She TV, un vehículo
para una amiga mía que era actriz cómica y quería llegar a ser un VJ o un VH1,
pero le decían que sus tetas no eran lo suficientemente grandes. Ella solía bromear al respecto:
Tú dime solo a quién tengo que chupársela para obtener este trabajo y lo haré… Un chiste que traté
también de utilizar, pero para entonces ya escribía más que nada poesía y el chiste no encajaba,
la narradora de chistes (yo) más patética porque ahora estaba tratando
de conseguir editar en pequeñas revistas literarias con una tirada de 200
en vez de estar gaanndo cientos de miles de dólares. Escribí también
unas pocas sátiras de Wake Up, Jerusalem para otro amigo que también estaba tratando
de introducirse en la comedia como actor. Pero yo no entendía lo suficiente sobre la
cultura Judía, y por eso mis coletillas parecían siempre un poco fuera de lugar. Estaba encasillada
en la vida real como la mejor amiga chiflada de mujeres que más tarde actuarían como
las mejores amigas chifladas en películas o en TV. Laura era la mejor amiga de Hal en
Shallow Hal, y Mindy se fue para hacer de institutriz en una película de Woody Allen.
Y yo siempre me encontraba alejada solo lo suficiente, mi nariz así de cerca para poder oler
a cada celebridad que pasaba. En 1986, me encontré con Kevin Bacon en el estreno
de Quicksilver, su película de mensajero en bicicleta. Mi amigo Michael era uno de los
ayudantes de un agente de talentos y solía darnos entradas para actos en donde podíamos comer
salmón frío y exquisitos quesos sin pagar. Kevin seguramente sabía ya que Quicksilver
iba a ser un fracaso pero aún así se mostró amable y optimista. Me preguntó lo que hacía
para buscarme la vida y le conté que era escritora, lo que no dejaba de ser cierto
ya que por entonces estaba en una escuela para graduados y docentes. ¿Guiones?
me preguntó con lo que parecía auténtico interés. Pero Jim y yo aún no habíamos empezado
Headlines, así que le contesté: No, soy poeta… y acto seguido se esfumó.
Unos años antes me había encontrado con Julia Roberts en una fiesta para Star 80
en el apartamento de Eric Roberts. Michael dijo: Mark, caramba–
ella será la próxima gran estrella. Hablé con Julia durante un rato
y le dije a Michael que estaba loco. Ella era tímida. Sus dientes parecían
más pequeños, menos blancos entonces –no recuerdo ningún destello de sonrisa.
Su cabello tenía ese color que no es ni rubio ni marrón
y parecía, bueno, aburrida. Yo pronostiqué que Madonna era flor de un día–
Cyndy Lauper una cantante de verdad, una estrella con un brillo duradero.
Me equivoqué una y otra vez. Me acuerdo de haber comido
un aperitivo particularmente delicioso en el escritorio temporal de mi Banco de América–
galletas de soda y uvas sin granos
que había cogido la noche anterior en un evento para promocionar Stepping Out,
una película con Liza Minnelli. Michael llamó para decirme que tenía dos entradas gratis
para el show individual de Tracey Ullman «The big love». Allí estaré, le dije.
Pero en este momento no puedo hablar. No era porque mi jefe estuviese cerca.
No quería hablar porque sabía que Liza nunca leería
mi guión corregido de Pickles y no quería hacerme falsas esperanzas.
No quería hablar porque era feliz,
garabateando «Afortunada de mí», un nuevo poema, en una arrugada servilleta de la fiesta del estreno de Stepping Out
que había sacado del fondo de mi monedero Goodwill.

 

 

 

Duhamel, Denise. Afortunada de mí (Trad. Dagmar Buchholz y David González). Madrid; Ed. Bartleby, 2008.

 

MANUEL ARANA

septiembre 28, 2012 Deja un comentario

Tuve la suerte de conocer a Manuel Arana en un encuentro nacional de revistas que se llevó a cabo en la ciudad de Córdoba en noviembre de 2005.

Manuel fue el encargado de abrir fuego con una editorial, la andaluza SIM libros, con un libro que lleva por título ‘Adolescencia dos: poemas hormonados‘. De ese libro dejo hoy unos cuantos poemas aquí.

 

 

ADOLESCENCIA

A los 25, los adolescentes
ya no entendemos de moderación.
No hay pelusa sobre los labios,
ni granos de los que avergonzarse,
pero desespera más que nunca.
Aparecer con una flor entre los dientes,
con los ojos inyectados
en cerveza, ya no da resultados
(nunca los dieron, pero bueno).
Y, a esta edad, el ridículo anida
durante más tiempo del que dura la resaca.
Aunque el verdadero problema es
que en la tele todos consiguen lo que quieren.
Deberían dejar de mentirnos. Es como ponerle
porno a un recién operado de fimosis.

Qué difícil (qué patético)
es volver a estar en el mercado.

 

 

EL ACRÓSTICO

Hace poco le escribí un poema
estúpido a una mujer.
Un acróstico con su nombre. No se rían.
Woody Allen dijo que casi todas
las relaciones de pareja
son como el curry, que sorprende,
gusta y pica. Pero al final,
produce úlceras.
Seguramente, la cita no era así.
De hecho, la saqué
de una serie en la que nombraban a Woody.
Pero qué más da eso ahora.
Le hice a una mujer
un acróstico y creo que ni le intereso.
Y lo peor es que sigo queriendo enseñarle el poema.

 

 

INVESTIGACIÓN FILOLÓGICA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Ale, siempre

Un día de estos te llamo
y quedamos un rato para follar.
A ver si es verdad eso que decía Cernuda
de que los cuerpos hacen un ruido muy triste
cuando se aman.

 

 

 

 

TOLERANCIA

xxxxxxxxxxxxxxxOstia, que me entra la fatiga,
xxxxxxxay, eso ha sido de jumarme las olivas.
xxxxxxxxxxxxxxxPero la niña mira el petardo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy aluego me mira a mí.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxLOS DELINQÜENTES

Recorro tu cuerpo.
Me sonríes con aprobación.
A borbotones grito sobre tus ojos,
tu sonrisa, tus piernas,
tu cintura.
Describo tu cuerpo como nunca nadie lo había hecho.
Lo que no conozco lo imagino.
No importa. No te importa.
Me pides con la boca entreabierta
que dé el siguiente paso.
Humedezco mis labios.
Noto demasiada saliva.
Siento la primera arcada.
Abro los ojos.
Ni siquiera estás cerca.
Y no puedo moverme.

Una voz me susurra
«estás amarillo, tío».

 

 

DIVINA

La verdad se esconde bajo mi verborrea.
Un día de estos, cuando te venga bien,
a ver si consigues hacerme callar.

 

 

EL FIN

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTanta metáfora
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy tan poca vergüenza.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxASTRUD

Por mucho que me esfuerce
(tal vez, por eso no lo intento)
esto nunca será un buen poemario.

De todas formas, voy a ser sincero contigo.
Cuando uno enseña sus poemas
siempre pretende algo, siempre:
Aprobación, si estás seguro de que son buenos.
O críticas constructivas para poder rehacerlos,
si no las tienes todas contigo.
Aunque son dos las reacciones que realmente buscamos.
Una es conseguir que alguien se sienta reflejado
en los poemas y diga «eso era lo que yo sentía».
Pero la más esperada
(y que, por desgracia, menos escuchas)
es que el destinatario real de los versos
responda correctamente a todas tus preguntas.
En mi caso sería algo así como
«déjate ya de poemitas
y ven aquí, coño».

 

 

ÉSTE nunca será el camino correcto
(desde tan lejos, los objetos y las personas
se ven más pequeños, pero también más brillantes).

Nunca será el camino correcto.
Y no hace falta que nadie me lo diga.
Todavía no estoy ciego.

La venda solo la llevo porque me favorece.

 

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