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BÚSQUEDAS Y VISITAS CON YEATS EN LA MEMORIA

 

EN MEMORIA DE W. B. YEATS

xxxxx(Enero 1939)

xxxxxI

Desapareció en medio del invierno
Los arroyuelos estaban congelados, los aeropuertos casi desiertos
Y la nieve desfiguraba las estatuas públicas;
El mercurio se hundía en la boca del agonizante día.
Los instrumentos de que disponemos están de acuerdo
En que el día de su muerte fue un día oscuro y frío.

Lejos de su enfermedad
Los lobos seguían corriendo por los bosques de coníferas,
El campesino río no se sintió tentado por los muelles de moda;
Por lenguas que se lamentaban
La muerte del poeta fue ocultada a sus poemas.

Pero para él fue su última tarde como sí mismo,
Una tarde de enfermeras y rumores;
Las provincias de su cuerpo se rebelaron,
Las plazas de su mente estaban vacías,
El silencio invadía los suburbios,
La corriente de su sentir falló; se convirtió en sus admiradores.

Ahora está desperdigado entre un centenar de ciudades
Y totalmente entregado a efectos poco familiares,
Para encontrar su felicidad en otro tipo de bosque
Y ser castigado bajo un código extranjero de conciencia.
Las palabras de un hombre muerto
Se ven modificadas en las entrañas de los vivos.

Pero en la importancia y el ruido del mañana
Cuando los cambistas estén rugiendo como bestias sobre el suelo de la Bolsa,
Y los pobres sigan padeciendo los sufrimientos a los que están razonablemente acostumbrados,
Y cada uno en su propia célula esté prácticamente convencido de su libertad.
Unos pocos miles pensarán en este día
Como uno piensa en un día en el que uno hizo algo ligeramente fuera de lo normal.
Los instrumentos de que disponemos están de acuerdo
En que el día de su muerte fue un día oscuro y frío.

 

 

xxxxxII

Fuiste tonto como nosotros; tu don sobrevivió a todo:
A la parroquia de mujeres ricas, a la degradación física.
A ti mismo. La Loca Irlanda tiene aún su locura y su clima,
Porque la poesía no hace que ocurra nada: sobrevive
En el valle que ella misma ha hecho, donde los ejecutivos
Jamás querrían inmiscuirse, fluye hacia el sur
Desde ranchos de aislamiento y desde los activos pesares,
Desde crudas ciudades en las que creemos y morimos; sobrevive,
Una forma de suceder, una boca.

 

 

xxxxxIII

Tierra, recibe a un huésped ilustre:
William Yeats es entregado a su descanso final.
Que el navío irlandés yazca
Vacío de su poesía.

En la pesadilla de la oscuridad
Todos los perros de Europa ladran,
Y las naciones vivientes esperan,
Todas secuestradas en su odio;

La desgracia intelectual
Grita desde cada mirada humana,
Y los mares de piedad yacen
Encerrados y congelados en cada ojo.

Continúa poeta, continúa hasta el mismo
Fondo de la noche,
Con tu voz no constrictora
Persuádenos aún de que nos regocijemos;

Con el cultivo de un verso
Haz de la maldición un viñedo,
Canta el fracaso humano
En un éxtasis de tristeza;

En los desiertos del corazón
Deja que arranque la fuente sanadora,
En la prisión de sus días
Enseña al hombre libre cómo alabar.

 

 

 

 

LA BÚSQUEDA

xxxxxXI

Sus padres campesinos se mataron de tanto trabajar
Para conseguir que su querido pudiera abandonar un suelo punzante
Para dedicarse a una de esas espléndidas profesiones que
Favorecen la respiración superficial, y hacerse rico.

La presión de su cariñosa ambición hizo
Que su tímido hijo amante del campo tuviera miedo,
ninguna carrera sensata era suficientemente buena,
Sólo un héroe podía merecer tal amor.

De modo que allí estaba sin mapas ni víveres,
A un centenar de millas de cualquier ciudad decente;
El desierto deslumbraba sus ojos enrojecidos,

El silencio rugía su descontento:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxmirando hacia abajo,
Vio la sombra de un Hombre Medio
Intentando hacer lo excepcional, y echó a correr.

 

 

xxxxxXIV

Todos los días se publican nuevos addendums
A la enciclopedia del Camino,

Notas lingüísticas y explicaciones científicas,
Y textos para escuelas con ortografía e ilustraciones modernizadas.

Ahora todo el mundo sabe que el héroe debe escoger el caballo viejo,
Abstenerse de tomar licor y de tener relaciones sexuales,

Y que debe buscar un pez perdido para poder ser bueno con él:
Ahora todo el mundo piensa que podría encontrar, si es que así lo deseara,

El camino sobre el erial hasta la capilla de la roca
Para una visión del Triple Arco Iris o del Reloj Astral,

Olvidando que su información procede en su mayor parte de hombres casados
A los que les gustaba pescar y aun especular con las carreras de caballos de cuando en cuando.

¿Y hasta qué punto es de fiar una verdad que se obtiene
Observándose a uno mismo e insertando después un No?

 

 

 

 

VISITA DE LA FLOTA

Los marineros desembarcan
De sus huecos navíos,
Muchachos de clase media con aspecto moderado
Que leen las tiras cómicas;
Un partido de «baseball» significa más
Para ellos que cincuenta Troyas.

Parecen un tanto perdidos, depositados
En este lugar no americano
Donde pasan nativos con leyes
Y futuros propios;
No están aquí porque
Sino sólo por-si-acaso.

La prostituta y el que-nunca-le-sale-nada-bien
Que les molestan con basuras.
A su mugrienta manera al menos
Están sirviendo a la Bestia Social;
Ellos no hacen ni venden,
No es de extrañar que se emborrachen.

Pero sus barcos sobre el vehemente azul
De esta bahía de hecho salen ganando
De no tener nada que hacer;
Sin una voluntad humana
Para ordenarles a quién matar
Sus estructuras son benévolas

Y, lejos de parecer perdidos,
Parece como si hubieran sido pensados
Para ser diseño abstracto puro
Por algún maestro del esquema y la línea,
Indudablemente valen cada céntimo
De los billones que deben haber costado.

 

 

 

 

HORAE CANONICAE

xxxxx3. SEXTO

xxxxxI

No hace falta ver lo que alguien está haciendo
para saber si es su vocación,

sólo hay que mirar sus ojos:
un cocinero preparando una salsa, un cirujano

haciendo una incisión primaria,
un funcionario completando una hoja de embarque,

muestran la misma expresión extasiada,
olvidándose de sí mismos en una función.

Qué hermosa es
esa mirada del ojo-en-el-objeto.

El ignorar a las diosas del apetito,
el abandonar los formidables santuarios

de Rhea, Afrodita, Deméter, Diana,
rezar en su lugar a San Phocas,

Santa Bárbara, San Saturnino,
O a cualesquiera que sea el patrón de uno,

por poder ser digno de su misterio,
qué prodigioso paso.

Debería haber monumentos, debería haber odas,
a los héroes sin nombre que lo dieron primero,

Al primer tallador de piedra
que se olvidó de su cena,

Al primer recolector de conchas marinas
que permaneció célibe.

¿Dónde estaríamos de no ser por ellos?
Ferales aún, no adaptados al hogar, aún

vagando a través de bosques sin
una consonante en nuestros nombres,

esclavos de Dama Amable, carentes
de toda noción de ciudad,

y, este atardecer, para esta muerte,
no habría agentes.

 

 

xxxxxII

No es necesario saber qué órdenes está dando
para saber si alguien tiene autoridad,

no hay más que fijarse en su boca:
cuando un general que dirige un asedio ve

Caer una muralla de la ciudad derribada por sus tropas,
cuando un bacteriólogo

se da cuenta en un instante dónde se había equivocado
en su hipótesis, cuando,

con una mirada al jurado, el fiscal,
sabe que el defendido será ahorcado,

sus labios y las arrugas en torno a ellos
se relajan, asumiendo una expresión

no de simple placer por lograr que las cosas se hagan
a su propia y dulce manera, sino de satisfacción

por estar en lo cierto, una encarnación
de Fortitudo, Justicia, Nous.

Puede que no nos gusten demasiado
(¿A quién le gustan?) pero les debemos

basílicas, divas,
diccionarios, versos pastorales,

las cortesías de la ciudad:
Sin estas bocas judiciales

(que en su mayor parte pertenecen
a grandísimos sinvergüenzas)

Cuán escuálida resultaría la existencia,
atada para toda la vida a algún poblado de chozas,

asustados de la serpiente local
o del demonio del fiordo local,

hablando el dialecto local
de unas trescientas palabras

(piensen en que las disputas familiares y los
anónimos, piensen en la endogamia),

Y este mediodía, no habría autoridad
para ordenar su muerte.

 

 

xxxxxIII

En donde quiera, en algún lugar
sobre la tierra de amplio pecho donadora de vida,

en cualquier lugar entre sus tierras de sed
y el imbebible océano,

La multitud permanece perfectamente quieta,
sus ojos (que parecen uno solo) y sus bocas

(que parecen infinitamente numerosas)
carentes de expresión, perfectamente vacías.

La multitud no ve (lo que todo el mundo ve)
un combate de boxeo, un accidente de ferrocarril,

la botadura de un buque de guerra
no se pregunta (como se pregunta el mundo)

quién ganará, qué bandera ostentará,
cuántos serán quemados vivos,

jamás se ve distraída
(como todo el mundo se ve siempre distraido)

por perros ladrando, el olor a pescado,
un mosquito sobre una cabeza calva:

la multitud ve sólo una cosa
(que sólo la multitud puede ver),

una epifanía de aquello
que hace lo que quiera que sea que se ha hecho.

Cualquiera que sea el Dios en el que crea una persona
cualquiera que sea su forma de creer

(no hay dos exactamente iguales),
como miembro de la multitud cree

y sólo cree en aquello
en lo que sólo se puede creer de una forma.

Pocas personas se aceptan las unas a las otras, y la mayor parte
jamás hará nada como Dios manda,

pero la multitud no rechaza a nadie, el unirse a la multitud
es la única cosa que pueden hacer todos los hombres.

Sólo a causa de eso podemos decir
que todos los hombres son nuestros hermanos,

superiores, a causa de ello,
a los dermatoesqueletos sociales: ¿Cuándo

Han ignorado jamás a sus Reinas;
detenido por un segundo el trabajo

en sus ciudades provincianas, para venerar
Al Príncipe de este mundo como nosotros,

en este mediodía, sobre esta colina,
en la ocasión de esta muerte?

 

 

 

Auden, W. H. Poemas escogidos (versión de Antonio Resines). Madrid; Ed. Visor, 1996.

 

POEMAS ESCOGIDOS DE W. H. AUDEN

 

¡OH!, ¿QUÉ ES ESE SONIDO?

¡Oh!, ¿qué es ese sonido que tanto emociona el oído
xxxxxAbajo en el valle, tamborileando, tamborileando?
Sólo los soldados escarlata, querida
xxxxxLos soldados que vienen.

¡Oh!, ¿qué es aquella luz que veo relampaguear tan claramente
xxxxxA lo lejos, brillante, brillante?
Tan sólo el sol sobre sus armas, querida,
xxxxxMientras marchan ligero.

¡Oh!, ¿qué es lo que hacen con tanto equipo,
xxxxxQué están haciendo esta mañana, esta mañana?
Tan sólo sus habituales maniobras, querida.
xxxxxO tal vez sea una advertencia.

¡Oh!, ¿por qué han abandonado la carretera allá abajo?
xxxxx¿Por qué de repente, están dando vueltas, dando vueltas?
Tal vez un cambio de órdenes, querida.
xxxxx¿Por qué estás de rodillas?

¡Oh!, ¿no se han detenido para que les atienda el doctor,
xxxxxNo han detenido sus caballos, sus caballos?
Bueno, ninguno de ellos está herido,querida,
xxxxxNinguno en estas tropas.

¡Oh!, ¿es al cura a quien buscan, con su pelo blanco?
xxxxx¿Es el cura, lo es, lo es?
No, están pasando junto a su puerta, querida,
xxxxxSin visitarle.

¡Oh!, ¿será al granjero que vive al lado?
xxxxx¿Será al granjero tan astuto, tan astuto?
Han pasado ya de largo la granja, querida,
xxxxxY ahora han echado a correr.

¡Oh!, ¿dónde vas? ¡Quédate aquí conmigo!
xxxxx¿Acaso tus juramentos fueron un engaño, un engaño?
No, prometí amarte, querida,
xxxxxPero he de irme.

¡Oh!, está roto el cerrojo y astillada la puerta,
xxxxx¡Oh!, es a nuestra puerta donde vienen, vienen;
Sus botas resuenan pesadamente en el suelo
xxxxxY sus ojos son ardientes.

 

 

 

 

MUSEE DES BEAUX ARTS

Jamás se equivocaban acerca del sufrimiento,
Los Viejos Maestros: cómo comprendían
Su posición humana; cómo tiene lugar
Mientras algún otro está comiendo o abriendo una ventana o
xxxxxxxxxxsencillamente andando aburridamente;
Cómo, mientras los ancianos están esperando reverente, apasionadamente
El milagroso nacimiento, siempre tiene que haber
Niños que no tenían ningún deseo especial de que se produjera, patinando
Sobre un estanque en el borde del mundo:

Jamás olvidaron
Que incluso el temible martirio ha de llegar a su fin
De cualquier manera en una esquina, en algún punto deseado
Donde los perros viven su perruna vida y el caballo del torturador
Se rasca su inocente trasero contra un árbol.

En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo: cómo se aleja todo
Calmadamente del desastre; el hombre del arado puede
Que haya oído el chapoteo, el grito desesperado,
Pero para él no era un fracaso importante; el sol brillaba
Como debía sobre las blancas piernas que desaparecían en la verde
Agua; y el valioso y delicado barco que tenía que haber visto
Algo asombroso, un muchacho cayendo del cielo,
Tenía que llegar a alguna parte y seguía calmoso su camino.

 

 

 

 

SONETOS DESDE CHINA

xxxxxVI

Observaba las estrellas y percibía las aves en vuelo,
Un río se desbordaba o caía una fortaleza:
Hacía predicciones que en ocasiones eran ciertas;
Sus conjeturas afortunadas eran bien recompensadas.

Enamorado de la Verdad antes de conocerla,
Cabalgó hasta tierras imaginarias,
Intentó atraerla por medio de la soledad y el ayuno,
Y se burlaba de aquellos que la servían con sus manos.

Atraído como se sentía por la magia y la oblicuidad,
Creía en Ella honestamente, y cuando,
Al fin, Ella le hizo señas, él obedeció,

La miró a los ojos: anonadado pero sin miedo,
Vio en ellos reflejada cada debilidad humana,
Y supo que él era uno entre muchos hombres.

 

 

xxxxxXII

Aquí la guerra es impotente como un monumento:
Un teléfono habla con un hombre;
Las banderas sobre un mapa declaran que fueron enviadas tropas;
Un muchacho trae leche en cuencos. Hay un plan

Para hombres vivos que temen por sus vidas,
Que tienen sed a las nueve cuando debían tenerla a mediodía,
Que pueden perderse y lo están, que echan de menos a sus esposas
Y, al contrario que una idea, pueden morir demasiado pronto.

Y, no obstante, las ideas pueden ser verdad, aunque mueran hombres;
Porque hemos visto una miríada de caras
Extáticas por una mentira,

Y los mapas pueden realmente apuntar hacia sitios
Donde la vida es malvada ahora.
Nanking. Dachau.

 

 

 

Auden, W. H. Poemas escogidos (versión de Antonio Resines). Madrid; Ed. Visor, 1996.

 

LOS REGALOS DE LOS AMIGOS (XV)

noviembre 15, 2013 Deja un comentario

El pasado domingo fue mi cumpleaños y ayer por la mañana recibía uno de esos regalos que hacen que a uno le dejan boquiabierto. El regalo en cuestión es ‘El mar y el espejo’ de W. H. Auden, publicado por la editorial Bartleby en 2001, y quien me lo regaló fue Pepo Paz, el editor de Bartleby. Gracias, gracias, gracias…

 

Auden 'El mar y el espejo'

 

Con una breve introducción, Antonio Fernández Lera nos sitúa en el contexto histórico de la obra y nos presenta, en apenas un par de pinceladas, las fuentes de las que bebe Auden para componer esta joya.

Aquí tienen el texto con el que se abre el libro.

 

PREFACIO
(El director de escena a los críticos)

Los ancianos contienen la respiración,
pues la despreocupada pareja
baila un vals en la cuerda floja
como si no existiera la muerte
ni la esperanza de caer;
los heridos gritan mientras el payaso
habla con doble sentido, y hay que ver
cómo se ríen los adorables niños
cuando redoblan los tambores y la preciosa
dama es cortada por la mitad.

¿Qué poder otorga a la existencia
su capacidad de sorpresa?
La ciencia se complace en responder
que son habilidosos con espejos y alambres
los fantasmas que pueblan nuestras vidas,
que la canción y el azúcar y el fuego,
la valentía y los ojos insinuantes
tienen el don de la minuciosidad.
Pero ¿cómo inventarse una costumbre?
Nuestro asombro, nuestro terror permanece.

El arte abre los ojos más desconfiados
a la Carne y al Demonio que caldean
la Cámara de la Tentación
donde rugen y mueren los héroes.
Ahora lloramos emocionados;
gracias por la velada, pero ¿cómo
sentirse satisfechos cuando nos encontremos,
entre si serás o no serás,
ante las fauces del hambriento león
que no se sacia con simples metáforas?

¿Y quién en lo más recóndito
no abrió su corazón alguna vez al risueño
secreto que no puede mencionar?
Lo cual viene a demostrar que el Bardo
estaba sobrio cuando escribió
que este mundo real que tanto amamos
es materia poco sólida:
Todo lo demás es silencio
al otro lado de la pared;
y el silencio maduración,
y la maduración todo.

 

 

 

Auden, W. H. El mar y el espejo –comentario a La Tempestad de Shakespeare– (Trad. Antonio Fernández Lera). Madrid; Ed. Bartleby, 2001.

 

ALBERTO GIRRI

Hace poco llegó a mi biblioteca la selección de poemas que Alberto Girri tradujo de la ‘Antología de Spoon River’ de Edgar Lee Masters, pero el primer libro de Girri que formó parte de mi biblioteca me lo regaló hace ya unos cuantos años un buen amigo. El libro en cuestión son las ‘Versiones’ que Alberto Girri publicó en la Editorial Corregidor de Buenos Aires en 1974. En el libro hay traducciones/traiciones de poemas de Yosano Akiko, Kitagawa Fuyuhiko, Tachira Michizo, Rabidranath Tagore, W. H. Auden, Robert Graves, Gerard Manley Hopkins, W. B. Yeats, Robert Lowell, Wallace Stevens o William C. Williams, entre otros.

 

Alberto Girri

 

Hoy dejo aquí algunas de las versiones que aparecen en el libro.

 

 

Yosano Akiko

MIS CANCIONES

Porque mis canciones son breves
la gente cree que atesoré palabras.
Nada he ahorrado en mis canciones.
No hay nada que pueda agregar.
Distinta de un pez, mi alma se desliza sin agallas.
Yo canto sobre un suspiro.

 

 

 

W. H. Auden

EPITAFIO DE UN TIRANO

Una suerte de perfección era lo que perseguía,
y la poesía que inventaba era fácil de entender,
conocía la locura humana como el dorso de su mano
y estaba grandemente interesado en ejércitos y flotas;
cuando reía, venerables senadores estallaban de risa,
y cuando lloraba los niños morían en las calles.

 

 

 

Robert Graves

POR IMÁGENES FRAGMENTARIAS

Él es rápido, piensa con imágenes claras;
yo soy lento, pienso con imágenes fragmentarias.

Él se torna obtuso, confía en sus imágenes claras;
yo me torno agudo, desconfío de mis imágenes fragmentarias.

Confiando en sus imágenes, él acepta la importancia de ellas;
desconfiando de mis imágenes, yo cuestiono su importancia.

Aceptando su importancia, él acepta el hecho;
cuestionando su importancia, yo cuestiono el hecho.

Cuando el hecho se le escapa, él cuestiona sus sentidos;
cuando el hecho se me escapa, yo apruebo mis sentidos.
Él persiste rápido y obtuso con sus imágenes claras;
yo persisto lento y agudo con mis imágenes fragmentarias.

Él en una nueva confusión de su entendimiento;
yo en un nuevo entendimiento de mi confusión.

 

 

 

W. B. Yeats

TRES MOVIMIENTOS

Los peces shakesperianos nadaban en el mar, lejos de la tierra.
los peces románticos nadaban en redes que iban a parar a una mano;
¿qué son todos esos peces que yacen boqueando sobre la playa?

 

 

 

T. S. Eliot

EL NOMBRE DE LOS GATOS

El nombre de los gatos es una cuestión delicada,
no es tan sólo uno de eso juegos para un día feriado;
ustedes pensarán que estoy loco como un sombrerero
cuando afirmo: un gato debe tener TRES NOMBRES DISTINTOS.
Primero, está el nombre que la familia emplea a diario,
como Pedro, Augusto, Alonso, Jaime,
como Víctor o Jonás, Jorge o Bill Baily,
todos ellos sensatos nombres cotidianos.
Si suponéis que suenan mejor, existen nombres más fantasiosos,
algunos para los caballeros, otros para las damas,
como Platón, Admeto, Electra, Deméter,
sensatos nombres cotidianos también estos.
Pero yo sostengo que un gato debe tener un nombre exclusivamente de él,
un nombre especial y más digno,
de otro modo, ¿cómo podría mantener erguida su cola,
o alardear de sis bigotes, o alimentar su orgullo?
Nombres de esa clase yo puedo sugerirles muchos,
Mankustrap, Quaxo, o Coricopat,
Bombalurina, o bien Jellylorum,
nombres que nunca pertenecen a más de un gato.
Pero además de esos nombres todavía queda otro,
el nombre que jamás lograremos adivinar,
el nombre que ninguna búsqueda humana puede descubrir
pero que EL GATO CONOCE, aunque nunca habrá de confesarlo.
Cuando sorprendan a un gato en intensa meditación,
la causa, les advierto, es siempre la misma:
su mente está entregada a la contemplación
del pensamiento, del pensamiento, del pensamiento de su nombre,
su inefable, efable,
efinefable,
profundo e inescrutable Nombre único.

 

 

 

William C. Williams

LOS POBRES

La anarquía de la pobreza
me seduce, la vieja
casa amarilla de madera carcomida
entre las nuevas viviendas de ladrillo

o un balcón de hierro fundido
con recuadros mostrando ramas de encina
en pleno vigor. Eso se adecua bien
a las ropas de los niños

reflejando cada uno de sus estadios y
hábitos de la indigencia,
a las chimeneas, a los techos, a las cercas
de amdera y metal en una época

sin vallas y que no encierran
casi nada, al viejo
de suéter y blando sombrero
negro, que barre la acera,

los tres metros que le pertenecen,
bajo un viento que a intervalos
doblando la esquina
ha arrollado la ciudad entera.

 

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