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Posts Tagged ‘victoriano crémer’

EL ÚLTIMO JINETE

 

LA CIUDAD ENFERMA

Nacía la Ciudad todos los días,
desde siglos antes de que el hombre,
propiamente dicho,
hiciera redoblar su presencia
paso a paso, grito a grito.
El sol se encargaba de limpiar el aire
de sus briznas nocturnas,
descubriendo las desnudas vergüenzas
de los ríos, cargados de cadáveres.

Lentos como la luz, se hacían
la música, el sonido, el ruido
y se descorrían los pintados telones
de la farsa.

La escena se llenaba de personajes
de metal y de salivas blasfemas
y bajo palio, el sumo sacerdote
consagraba la violación de la doncella.

x
xxxxxxxxxxxxx* * *

x
Secos los ríos y abatido el pulso
de tanta vida, la Ciudad
rindió sus gritos
y se cubrió de silencio,
muriendo un poco cada día.

 

 

 

 

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA José Saramago

¡Cuánta luz suspendida
y sin embargo ausente!
Inevitable, así en aire que le lleva,
pero tan cierta que sin ella,
yo no sería.
xxxxxxxxxxxxExisto porque veo,
porque la luz descubre
lo que soy entre relámpagos,
metales y explosiones.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxVivo
porque percibo perfiles
del mundo, de los hombres,
de las cosas: la flor y el ave,
la solemne arquitectura
de las nubes, la armonía
del mar y sus sonidos,
la estremecida transparencia
de la amada.
xxxxxxxxxxxxxCuando el ala
oscura de la noche
cubre la luz,
la vida se declara culpable
y muere. En la derrota
total me precipito, ciego.

 

 

 

 

LO MISMO CADA DÍA

Retumban y rechinan
los grandes transportes de la mañana
escalando las crestas del trabajo,
y de los repliegues más oscuros
surgen los hombres del saco,
pordioseros de la luz,
las inverosímiles prostitutas tardías
de portal y aguardiente.
Bajo mantos y embozos
rezadoras de misas
repiten insistentes jaculatorias.

Otro día, me digo,
y sepulto bajo los paños del sueño
la desazón inútil
de vivir lo mismo cada día.

 

 

 

 

IMPOSIBLE POEMA

Es llegado el momento.
Los sonidos de la noche
arrastran los gemidos de las sombras muertas.

El mar libera espumas
y en la quietud de tanto corazón encadenado
se mueven mis fantasmas.
El alma y sus congojas
invaden las cúpulas.
La boca adquiere el sabor del vómito.

Es llegado el momento. Palpitan
los muertos de la última guerra.
¡Ay! Quisiera componer el poema del absurdo,
ya al borde del mundo.

Me sepulto bajo los escombros
de la memoria. En vano intento
construir palabras, levantar de la tierra
la música profunda
donde alienta el que muere.
La guerra. No está el hombre
para el amor.
xxxxxxxxxxxxxLa guerra.

 

 

 

 

MADRIGAL

Hoy quisiera decirte
que te amo, que te espero,
que necesito tus ojos y tu voz,
tu cabellera de río oscuro
rompiendo contra mi pecho.

Hoy quisiera decirte
con voz perdida entre los restos
de la memoria mía, que te espero,
que mi vivir es esperarte
sin la misericordia
de saberte posible, como los sueños.

Como los sueños cumplidos
a través de los espejos
que me anunciaban tu sombra.
Hoy quisiera que este esperar
no me quebrara los huesos del alma
y acabara dejándome sin ti,
sin besos, sin alma.

 

 

 

 

MORIR DE SOLEDAD

A veces, mientras lloro,
siento el vacío
ensanchando sus límites.
Es un mar infinito
creciendo cada día,
y le retengo
por miedo a deshacerme
en la nada del aire.
Morir de soledad
es triste muerte,
ya tan ajeno, tan perdido
por los siglos de los siglos,
mientras lloro y me busco,
perdida la esperanza
de encontrarme asomado
al profundo vacío de la nada.

 

 

 

 

EL VACÍO

Nos hicieron con sangre,
con sombríos sonidos
y oscuras convulsiones.
Se rompe el cielo
con estrépito.

Algo sucede
en el mundo de la música.
Y es entonces cuando en el silencio
de la alcoba, alguien dice:
«Te amo».
Se escucha un quejido prolongado
y una lluvia
dulcemente musical
se derrama en la niebla.

x
xxxxxxxxxxxxx* * *

x
La larga caricia del agua
suena misteriosa
en la agonía de las sábanas.
El recortado beso
se cuaja, amargo, entre dientes.
Nos nacieron
para el amor y ardemos
como cañas secas.

 

 

 

 

MORIR A SOLAS

La Ciudad ignora que me muero.
Que se mueren las flores y los astros,
que todo cuanto cruje o llora o canta
terminará en un sollozo lento.

Cuesta sangre y lágrimas de plomo
aceptar tanta muerte
y perdonar al verdugo
y al sol por no romperse en mil pedazos
ante el fin de los mundos.

Contemplo desde la cresta
de prisiones y templos
el frío rostro de la luna cómplice,
agazapada con su desnuda espada
persiguiendo mi muerte presentida
entre arboledas humanas.

Al rendir la noche
sus cúmulos de sombras, desfilan
los paladines del hierro.
Su paso suena
a explosión encadenada,
a campanas rotas bajo la lluvia,
mientras la Ciudad
cierra los postigos de la agonía
del condenado a morir a solas
a la mayor gloria de la especie.

 

 

 

 

EL TREN DEL ALBA

Mi padre: el tren del alba,
oscuro y rápido.

xxxxxxxxxxxxxDecía
cuando en la madrugada
se extendía la llamada
del avisador.

xxxxxxxxxxxxx«Es el tren
de las Asturias».

xxxxxxxxxxxxxRecogía
los atavíos del frío
y calculaba el tiempo
que invertiría en el camino.

x
xxxxxxxxxxxxx* * *

xxxxxxxxxxxxEncendía un cigarro, que era
como un tizón y le daba lumbre
aspirando hasta el fondo.
El aire le sabía a carbonilla
y el silencio del alba
a hierro de topes.
xxxxxxxxxxxxFugitiva,
una estrella perdida, tan alta
que si forzaba la mirada
se saltaban las lágrimas.
Sonaba el andén a bronquios,
a convulsión forzada
de la sangre estancada.

xxxxxxxxxxxxY frío,
todo el frío del mundo
sin pájaros, sin árboles.
Solo trenes, el tren, mi padre
con su capote de escarcha…

 

 

 

 

xxxxxI

¿Existen, caballeros del alba,
devoradores de sombras,
hombres buenos, jóvenes
amantes del sol?

x
xxxxxxxxxxxxx* * *

Araño la tierra hasta romperme
en minúsculas menciones
y no encuentro sino hondos
ruidos de silencio, nidos
de asustados animales ciegos.

x
xxxxxxxxxxxxx* * *

Con dolor de corazón dejamos
que el ser, aún mudo
de la pura palabra,
no exista.

Se acabó
cuando surgió el aire entre los árboles
y resplandeció la gloriosa desnudez
de la primera mujer.

Nos nacieron
porque el mundo, recién hecho,
se desvanecía en su propia soledad.

x
xxxxxxxxxxxxx* * *

Había que salvarle y los dioses dispusieron
músicas, flores y un extraño sentimiento.

 

 

 

 

xxxxxII

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo estamos jamás donde morimos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDefinitivamente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSino donde morimos, día a día…
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJosé Hierro

Te busco entre el despojo
de lo que queda, de lo que fuimos.
Porque cada día te necesito
con mayor arrebato, convencido
de que cuando termine
de divagar tanto recuerdo
habré muerto otro poco
asomado a los fulgores
que el dolor imprime
en la soledad.
xxxxxxxxxxxxxxTe amo
con el desvarío de quien piensa vivir
siglos de escarcha amarga
navegando por nosotros,
mecido por tu palabra,
sintiendo cómo me vives
tan a muerte…

 

 

 

 

xxxxxIII

A la imposible vida sin sosiego
vamos con odio y el camino es largo.
Estamos muy cansados y es muy triste
morir sobre las piedras, bajo el viento.

No somos tierra, aunque a la tierra vamos
como a la mar van los ríos.
La tierra recupera lo que es suyo.

Me canso de llevarme la mano,
de imaginarme rumbos sin sentido,
en los cuales apenas sí me encuentro
cuando descubro al fin que me he perdido.

Otro día me digo y sepulto bajo las sábanas
la desazón inútil de vivir lo mismo cada día.

A rastras nos buscamos.
Perderse entre los muertos
es la muerte más triste.

 

 

 

Crémer, Victoriano. El último jinete. Madrid; Ed. Visor, 2008.

 

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