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CUADERNO DE BROTES

 

LA RAPOSA

Frente a la caseta donde me gano el pan gratamente, se pasea a veces la elegante raposa, con su abrigo de duquesa, en la noche sola del monte. No sé si es únicamente la luz de mi ventana la que le llama la atención y la hace detenerse frente a mí; se diría que se queda mirándome con franqueza durante unos segundos, y así es como me asoma a la eternidad en la que vive. Su perfecto silencio y este mío no son en nada diferentes: ella lo interpreta trotando con señorial despreocupación, y yo le pulso unas notas calladas en este cuaderno. Un mismo propósito nos mueve, el que mueve la enramada de los pinos y agita en broncas ráfagas el manto súbito del aguacero. Cazarás quizá algún conejillo, cobraré tal vez la cadencia de alguna frase. Y nada habremos perseguido en esta noche inmemorial de la pureza. Regresa mañana, buena amiga, y mírame como tú sabes, desde el lago en calma de tu ignorancia, para que nunca crea yo saber nada más necesario, más útil y verdadero que tu ciencia humilde. En la noche sola del monte, me han mirado los ojos claros de Atenea, y parecían ser chispas de raposa.

 

 

 

 

EL HABLA DE LOS PÁJAROS

Si alguien quisiera saber cómo escribo a estas alturas, le sugeriría que preguntara a la lluvia cómo cae, al fruto cómo crece. Escribo escribiendo, respiro respirando. ¿Qué hay aquí, entre lo verdadero, que no se nos ofrezca de natural? Escribo como el que oye el habla de los pájaros y nada ambiciona añadirle, pues sabe que ellos se entienden con sus flautas y oboes. No se hace poesía con el pensamiento, se hace con palabras sueltas, apenas con sonidos, escuchando los asomos musicales, dejándolos decirse y desdecirse, casi casi con nada.

 

 

 

 

MÚSICA

Una vez más, Mozart: la pasión de los hombres, la vibrante transparencia. Si la música no nos revela que carecemos de límites por los cuatro costados, ¿quién lo hará? Igual que a ti te padecemos,música, cuando nos dueles con maestría, bebiéndonos con gratitud las lágrimas, así esta vida sea en ti hondamente escuchada. Todo fluye contigo, música de las esferas, todo halla en tu danza libre cauce de armonía. Pero no lo verá el que quiera hacer fuerza, el que vea un error en el curso del agua.

 

 

 

 

ÁNGELUS

Como una pinza verde, sujetando ensimismada su devocionario y un extremo de mi estupor, reza la mantis.

 

 

 

 

MUERTE DE UN PÁJARO

Cumplido su viaje, ha caído de la rama como las mismas hojas, seco y dócil. Un golpe sordo de plumas y de huesos en lo recóndito del día. El que a fuerza de liviano se hizo uno con los aires, con qué mansedumbre se da a la tierra. Doblar así, sin resistirse, como el pájaro y las hojas, como el que siendo nadie fue la vida que vive y muere.

 

 

 

 

EL ARTE

No es negocio de hombres, aunque nos haga humanos. No es posible asistirlo en su pura concepción. Es el arte, es la piedad universal, el ojo abierto de los mundos que halla en sí palabras, música, color de luz infierno. Por él, por su largueza, sabemos que la vida se cumple en una lágrima.

 

 

 

 

MUCHACHAS TRANSEÚNTES

Cuántos años doliéndome a vuestro paso, rabiando de codicia, marchándome del mundo con la pena de no haberos poseído, muchachas transeúntes de la dura primavera. Y ahora ya que ninguna de vosotras llega a verme, ahora que me veis abandonado en el desván de un sueño ajeno a vuestra luz, perdido en una edad que me cubre de sombra y lejanía, cómo os dais por entero a mi placer. Probado el dulce, si hemos vivido a fuego y miramos arder nuestras manos vacías, ya no se lamentan las flores que no oleremos ni el gusto que no habremos de darnos, pues se hace presente la rosa profunda del olfato y la miga de la lengua.Marchad, chiquillas, pétalos al viento, seguid felices vuestra ruta, que dejáis a un feliz, a un satisfecho, con sólo regalarle esa viveza, la frescura, la fresa y el limón de vuestros aires. Ah, esta copa colmada, esta lujuria verdadera, la alegría.

 

 

 

 

LA PORDIOSERA

Con la pierna hecha un sarmiento, bajando de su altura a cada paso, trastea entre los coches. Nos la encontramos a menudo en el mismo semáforo. Jamás tendrá motivos, y sonríe siempre con franqueza. Se le abrasa en los ojos un rubí. Mi hijo me dice que es una mujer; yo tengo dudas. ¿Nunca habéis visto un ángel feo? «¡Papá!», me advierte; y yo, que he sentido su presencia, busco unas monedas. Me pregunto cuántos, entre quienes le dan limosna, vislumbran la abundancia de su reino. ¿Cómo se puede andar así, entre la piel dura de la pobreza y esa cojera inmensa, con un paso tan firme en la alegría? Viene cantando, viene con el sol atado a un hilo, pasea al perro de la luz. Es el alma viva de la mañana que se acerca, con la mano extendida, para dársenos a conocer.

 

 

 

 

OS AMO PORQUE TENGO OJOS

Os amo porque tengo ojos. ¿Quién me puede engañar? No veo por ninguna parte a quien pudiera defraudarme. Nunca encontré ni encontraré nada que daros. Nada puede añadírseme. Os estoy viendo como sois, mi propia transparencia. Nadie ha roto un plato en los mil mundos. Nadie disfrutó jamás de un privilegio. Porque até el pañuelo blanco que sujetó la mandíbula de mi abuela y le cerré los párpados, este amor son mis ojos.

 

 

 

 

LA CARICIA

He pulsado esta mañana el cordaje interior de la energía, el secreto arco ojival en que apuntan las acuáticas costillas de este gato. Si tuvieran las nubes esqueleto, su tacto se parecería mucho a esta sensación que ahora me embarga mientras acaricio el lomo de mi amigo, el agua vertebrada de la vida.

 

 

 

 

TRONCO PODRIDO

Eso que llaman pudrirse los idiomas, la corta lengua de entendernos sepultando verdades, ¿no es esta explosión ciega de vida en que se abre el tronco desgajado sobre el manto del bosque humedecido? Tembloroso de hormigas, respirado de soles, sumergido entre líquenes, este tronco se pudre. Quiero decir que su corteza se hermana con el suelo y llena el vientre del planeta, mientras aún su corazón, apretado en la noche, se desposa con un rayo de luna y se disgrega en el espacio. Belleza, podredumbre, ¿de qué estamos hablando? Una sola palabra, una bastaría para cantar el cosmos. Feliz el que enmudece ante sí mismo.

 

 

 

Gallego, Vicente. Cuaderno de brotes. Valencia; Ed. Pre-textos, 2014.

 

¿Y SI ESCRIBES UN HAIKU?

Hace nada me llegó a casa este ‘¿Y si escribes un haiku?’, publicado por La Garúa.

Con Josep M. Rodríguez como ideólogo de esta antología de poetas que nunca habían publicado haikus, el libro se abre con una pequeña antología que pone zancadillas a quienes nunca se han adentrado en el mundo del haiku para investigar esta forma poética y buscar teoría y autores y libros.

 

 

Aquí dejo una selección de los que más me han gustado.

 

 

MERCEDES ROFFÉ

crece la noche
y el río se columpia
entre dos lunas

 

 

 

 

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

Cruje la espiga.
Mi padre en los bancales
de la mañana.

 

 

 

 

VICENTE GALLEGO

Perdona, flor,
te corté para el vaso
y el agua clara.

 

 

 

 

OLGA NOVO

Igual ca un fósil
No futuro lonxano
Eu xa te amaba.

 

 

Igual que un fósil
En el futuro lejano
Yo ya te amaba

 

 

 

 

ÁLVARO GARCÍA

Con luz de junio
es incomunicable
este dolor.

 

 

 

 

PABLO GARCÍA CASADO

Melancolía.
Cintas de cine porno
de los 80.

 

 

 

 

ÁNGELO NÉSTORE

Hoy cavo un foso
sin pensar que me asomo
a un precipicio.

 

 

 

 

IOANA GRUIA

Pasa la vida,
la que pudo haber sido
y la que fue.

 

 

 

 

ESTHER ZARRALUKI

Abrí la puerta
hacia el dolor del mundo.
Es tan hermoso.

 

 

 

Rodríguez, Josep M. (ed.). ¿Y si escribes un haiku? Barcelona; Ed. La Garúa, 2019.

 

BREVIARIO DE LA MAR

 

¿Qué me ha traído aquí,
donde el mar sabe?

Cuanto se alcanza a ver
se está hundiendo en la luz,
va a tocar fondo.

Ya fregué mi cuchara,
que arda el día.

La única palmera
está plantada allí,
muy ojo adentro
de alguna ensoñación.

Eso que ahora crepita,
lo sonámbulo,
eso sé que hablará.

 

 

 

 

Caminos, qué secretos,
cómo sabéis guardaros
del llegar y el partir,
cuánta quietud traéis
a quien os sigue.

Las acequias, los huertos,
huyendo de la mar,
se han quedado dormidos
entre cañas.

También yo he sido niño,
os velaré,
aguas dulces y frutos.

 

 

 

 

Camino de la playa
se empeñan en oler
estos naranjos.

La uña de león
hace lo suyo
por fijarme a la tierra,
y allí vivo,
plantado a pie de página
del cielo.

Están desordenando
los vuelos de los pájaros el aire,
no sé qué hacen del sol,
lo multiplican.

He pisado unas cañas,
y cantaron.

 

 

 

 

Este gesto
de hindir
las manos
en la arena
caliente de la playa,
cuántos antes,
cuántos después
supieron
lo que aquí
se hace tacto,
cómo sopla
el viento en las falanges
que tanto codiciaban,
y entra ardiendo
en la fiesta del polvo
todo el brazo hasta el hombro
y no dolía.

 

 

 

 

Después del gran derroche,
con esa calderilla
que guardaba,
el sol compra el océano,
lo cubre de monedas.

Este abandono, ahora,
es justo lo que el mar
está teniendo a bien.

Corre el viento, esos granos
de arena que dejó
crujiendo entre los dientes
son también
a su manera pan.

Tibieza de las plantas,
mis pasos a la orilla,
¿quién los ve dibujarse?

¿O es que está floreciendo
la soledad aquí?

 

 

 

Gallego, Vicente. Breviario de la mar. Valencia; Ed. Banda legendaria, 2016.

 

‘SABER DE GRILLOS’ EN MURCIA

Ayer, además de otros saraos, Vicente Gallego presentaba en el Museo Ramón Gaya sus dos últimos libros: ‘Para caer en sí’ y ‘Saber de grillos’. La presentación corrió a cargo de Agustín Pérez Leal, y aquí tienen algunas fotos del evento y algunos poemas de su ‘Saber de grillos’.

 

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VITALIDAD

Campean por el parque
como viento en el viento los chiquillos.
Se ve que aún no le pesan
esas almas al mundo, y son sus pies
como cintas de luz
sobre las aguas trémulas de hierba.

Estos niños, jugando y entregándose
por entero a lo cierto, me han ganado.

¿No son mías sus alas,
no soy yo la mañana de ojos limpios?

 

 

ALBOROTO

A esta roja amapola que se ha hecho
dueña entera del mundo,
firme en su indignación,
puesta en su escándalo,
dan ganas de decirle
que lleva la razón en su alboroto,
que no hemos de dudar, que nos perdone.

 

 

TEOLOGÍA

 Y que pueda salvarnos
una brizna de hierba.

Esta verde de aquí,
la que me ama.

 

 

REMOVIENDO LA TIERRA

Esta tierra que mueve mi azadón,
avejentada y muda,
cómo coge color y se humedece,
cómo se hace encarnada y huele nueva.

Moviendo tierra estoy, ni sé por qué,
para verla esponjarse en su milagro,
más suelta y más muchacha.

 

 

DE AMANECIDA

No le apena al rocío lo que llores:
él sabe que tu llanto es su frescura,
tu noche su alborada

 

 

BIOGRAFÍA

Pasando aquí las noches,
a solas con el campo he terminado.

Enjugando tomates
y oliéndoles la verde rama oscura.
Pelando mis patatas y poniéndolas
en trato de favor con unos ajos.

Y aún puedo permitirme
dar gracias con un tinto
que refresco con hielo y que me endulzo
con gajos de naranja y de limón.

Se diría que no he llegado lejos,
pero buscadme aquí,
perdido en la primicia de mi alma.

 

LA PLATA DE LOS DÍAS

abril 16, 2013 2 comentarios

La plata de los días

 

Hacía tiempo que no releía este libro de Vicente Gallego, pero llevo un par de semanas enganchadísimo con él –qué quieren que le haga, cada uno tiene sus propias degeneraciones–, repaso algunos versos obsesivamente y releo varios poemas compulsivamente. Aquí dejo varios de ellos.

 

EL PARAÍSO TERRENAL

Es esta la mañana
del día más hermoso, el sábado.
No debo trabajar, y he madrugado.
Después de ese placer
intenso y cotidiano que es el pan recién hecho,
he salido a fumar a la terraza.
El mismo sol que vio correr mi infancia,
que iluminó los días de mi vida y los convierte hoy
en una sensación luminosa y ardiente,
ha empezado a lamerme las heridas,
su saliva amarilla va manchándolo todo,
y a lo lejos el mar, igual que un carrusel,
pone en marcha su rueda de reflejos.
He encendido la pipa,
ese humo me eleva, me acomoda en la calma
que ahora mismo es el día, y soy casi feliz.
La mañana se exhibe y me confirma
que el mundo es un lugar inmejorable
para ser muy dichoso, que si hubiera sabido
reunir las monedas con que comprar mi tiempo,
y comprar esas cosas que a menudo le faltan,
hoy mi tiempo sería un paraíso,
porque todo se compra, o casi todo:
la libertad, los cuerpos, el descanso, la fiesta,
la emoción del viaje, la emoción
de la música, todos esos placeres
que están en venta y son del alma.
A menudo los sábados –temiendo que muy pronto
será lunes de nuevo y tendré que vender
mi tiempo al enemigo para seguir viviendo,
para seguir soñando con la belleza en vano–
me atormenta pensar que aún es posible,
que el único paraíso en el que yo he creído
sigue estando en la tierra, y que la llave son
unas simples monedas que la suerte
se resiste a poner en mi camino.
Mis mañanas de sábado tienen algo de lunes,
porque a veces las pierdo imaginando
cómo sería el mundo cada día
si yo hubiera sabido reunir
dos cosas tan corrientes:
juventud y dinero al mismo tiempo.

 

 

 

LUNARIO SENTIMENTAL

Esta noche la luna es cada luna
que yo he visto en la noche,
las que leí en los libros,
y también esas lunas que todavía espero.
A partir de una edad, la memoria
va cargando las cosas con su propio pasado,
ese peso de sombra las agranda,
les añade estatura
y, una vez aumentadas, las proyecta
en la frágil pared del corazón.

A partir de una edad, que va siendo la mía,
la vida se convierte en una brasa
que pisamos descalzos,
una hermosa tragedia con su tiempo solemne
donde cada segundo, cada mínimo gesto,
va adquiriendo el fervor que le contagia
el saber que tenemos nuestras lunas contadas.

Esta noche la luna es muchas cosas:
es un disco que alberga mi memoria
y en el que a veces suena
lo que voy conservando de esperanza,
y es también,
ingerible y prensado como en una pastilla,
cuanto queda en mi mundo de alegría y tristeza.

Esta noche la luna es estar vivo,
aún, después de todo.
Y parece motivo suficiente
para que un hombre tiemble de emoción.

 

 

 

LA LLAMADA DE LA SELVA

Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía
con el que yo he jugado algunas tardes.
Sin apretar los dientes me tiraba del brazo,
paseaba conmigo, se sentaba a mis pies
en los fríos inviernos.
En los días aciagos, por probar su obediencia,
le lanzaba mi alma, y ella me la traía
dulcemente empapada en su aliento doméstico.
Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía,
que hace tiempo ha adoptado
esta fea costumbre de morder a su amo.

 

 

 

LAS ÚLTIMAS CENAS

Lo que ahora nos une es una fecha
pactada cada mes, poco más que un esfuerzo
por seguir la amistad. Lo que ahora nos une
no es aquel entusiasmo, esa antigua alegría de estar juntos.
Y cuando os digo esto me salís
con que las cosas cambian, con que a todos nos pesan
otra edad y otros frenos: las mujeres, los hijos,
madrugar, el trabajo; hasta a veces el hígado de alguno
se interpone en los planes
con que aún procuramos engañar la ilusión.

Ha llegado muy pronto ese momento
que juramos mil veces retrasar, este momento
en que estar entre amigos es hablar con nostalgia
de lo que fue en su día ser amigos;
y en estas cenas frías de los jueves
todo el mundo recuerda aquellas cenas
gloriosas de los sábados. Se iluminan los ojos
con las viejas historias –esas locas hazañas,
con alcohol y mujeres, que hoy parecen ajenas y propician
una dulce arrogancia en las voces de todos–,
y renace el orgullo en cada uno
por la amistad del otro, cuando recuerda alguien
aquel honor de hombres agraviados
que defendimos juntos ciertas noches
peleando. Y entre tantas victorias
–recordamos ahora con la sonrisa triste–,
llegamos a pensar que también venceríamos
sobre el destino incluso, sin saber que el destino
no se rinde a la fuerza ni al empeño,
ni que tantos propósitos en las cenas del sábado,
todo aquello que íbamos
a hacer con las mujeres y la vida,
sería más bien esto que los jueves
no deja de asombrarnos que hayan hecho
la vida y las mujeres con nosotros.

 

 

 

MIS TERRORES FAVORITOS

No le temo a la muerte, lo que temo
es sólo el deterioro, que nos niegue
su favor nuestro cuerpo y así haga
que todos los favores se nos nieguen.
Aunque a veces asuste o importune
hay grandeza en la muerte, pues sin ella
este mundo sería como un juego
donde no se permiten las apuestas
y no importan victorias ni derrotas.
Yo prefiero los juegos peligrosos
porque el riesgo es la puerta de la gloria,
y el temor a perder, la garantía
de que no cabrá el tedio entre las reglas.
No le temo a la muerte, lo que odio
es sólo el deterioro, que la vida
nos inyecte en la vena sin reservas
esa droga del juego, y que enseguida
nos condene sin cartas a mirar
cómo siguen los otros la partida.

 

 

 

AJUSTE DE CUENTAS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Abelardo Linares

Te llamamos Deseo, y ese nombre
va encubriendo tu alma de canalla.
Se ha escrito que por ti se mueve el mundo,
y es posible que el mundo a ti te deba
sus andares grotescos de borracho.
Tienes fama también de constructor,
pero no has levantado ni una choza
sin derribar primero un edificio.
Tu pasión verdadera son las ventas,
y todo lo que vendes lleva oculto
un preciso reloj con dinamita.
Con algunos has sido generoso,
mas tu gesto recuerda al de ese tipo
que regala heroína en un colegio.
Hay incluso quien piensa que eres bueno
porque ve que fomentas la ilusión:
y el malestar, el daño, la impotencia.
Por tu poder podrías ser un dios,
el budismo te tiene por demonio,
como demonio tientas implacable
e implacable condenas a un infierno
al que cree en tus promesas de tramposo.
Y encima tu oratoria te ha buscado
un extraño prestigio entre poetas
que te tratan de forma piadosa:
impío hijo de puta que jamás
tuviste compasión de mi cansancio.

 

 

 

ÉCHALE A ÉL LA CULPA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA José María Álvarez y Carmen Marí

Hoy te has ido de fiesta con amigas,
y sin que tú lo sepas me regalas
un tiempo de estar solo que ya empieza
a ser raro en mi vida, un tiempo útil
para intentar pensar en ti como si fueras
lo que siempre debiste seguir siendo
cuando pensaba en ti: aquella persona,
en todo semejante a cualquier otra,
que una noche lejana tuvo el gesto
generoso y extraño de entregarme su amor.
Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías
ridículos del otro, en implacables jueces
que condenan sin pruebas y comparten
sus estúpidas penas con el reo.
El amor nos confunde y trata ahora
de que vea en tu fiesta una traición.

Por huir de esa trampa me amenazo
con los nombres que cuadran al que cae en su vacío:
egoísta, ridículo, inseguro, celoso…
Y como un ejercicio de humildad pienso en ti
divirtiéndote sola: te imagino bailando
y mirando a otros hombres;
al calor del alcohol
confiesas a una amiga algunas cosas
que te irritan de mí sin que yo lo sospeche,
y por unos instantes saboreas
una vida distinta que esta noche te tienta
porque eres humana, aunque no me haga gracia.

Ahora caigo en la cuenta de que dudas
como yo dudo a veces, y que también te aburres,
y que incluso algún día habrás soñado
follar como una loca con el tipo que anuncia
la colonia de moda.
Para calmarme un poco
tras la última idea, yo me digo
que el amor es un juego donde cuentan
mucho más los faroles que las cartas,
y procuro ponerme razonable,
pensar que es más hermoso que me quieras
porque existen las fiestas, y las dudas,
y los cuerpos de anuncio de colonia.

Lo que quiero que sepas es que entiendo
mejor de lo que piensas ciertas cosas,
que soy tu semejante, que he pensado besarte
cuando llegues a casa; y que es el amor
–ese tipo grotesco y marrullero–
el que va a hacerte daño con palabras
absurdas de reproche cuando vuelvas,
porque ya estás tardando, mala puta.

 

 

 

LA HISTORIA INTERMINABLE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carlos Marzal y Felipe Benítez Reyes

La discoteca flota como un barco,
y tú tomas pastillas con alcohol.
Todo el mundo lo sabe,
todo el mundo te mira de esa forma,
y tus propios amigos ni se enteran.
Estás sudando, tiemblas, los dientes apretados,
los pómulos ardiendo, y las pupilas
desenfocan un mundo de penumbre y de brillos.
Tú sabes que te espían, disimulan muy mal,
aunque bailen lo sabes,
aunque algunos retiren la mirada
cuando a veces los retas con la tuya.
Es preciso que escapes hacia el baño
y procures andar con cierto aplomo:
como hienas escrutan en tus gestos
cualquier debilidad.
No puedes orinar, el prepucio te escuece,
y sientes en el pene un cosquilleo
que te hace pensar en las hormigas
y desear a muerte a una mujer.
La cabina cerrada te protege un instante,
la música te llega desde el centro
de tu propio cerebro, y puedes escuchar
cómo crece ese odio que te tienen.
Buscas otra pastilla en el bolsillo,
es amarga y redonda como el odio,
y sigues escuchando claramente
todas y cada una de las conversaciones
de esa gente sin alma que te mira.
Todos hablan de ti, y tú sigues oyendo
cómo suena el desprecio, y qué extraño ruido
hace el asco al crecer en sus entrañas.
Sales luego a la pista, disimulas bailando,
tus amigos te miran y sonríen.
Empiezas a temer una traición.
Dirías que tu alma es una rata
completamente abierta a la luz de un quirófano,
todos hurgan en ella,
y hasta sientes el frío de las pinzas
que rebuscan con asco en su interior
una prueba que firme tu sentencia.
Si te marchas a casa han de seguirte,
ya lo han hecho otras veces,
bucean en el whisky que te bebes
y aprenden a vivir entre tus tripas
cual si fueran pirañas en un río de sangre.
¡Si arrancándote el tímpano
se apagaran sus risas, las palabras de burla,
ese ruido que hace al crecer el desprecio!
Quisieras que la tierra te tragara
y sueñas con insectos sin dormir.
Estar vivo te asusta, y te envuelve
esa cosa terrible que es el miedo
cuando nace de dentro de sí mismo
sin motivo ni causa, ese miedo que es miedo
a que el miedo te venza. El verdadero miedo
que es ahora otro ruido en tu cabeza.
Tomas otra pastilla y te deseas suerte:
sabes que alguna esconde un paraíso
en el que tú has estado muchas veces,
y serías capaz,
por volver a encontrarlo un solo instante,
de pasar mil infiernos como éste.
Intentas convencerte de que todo es mentira,
de que el odio y la burla, el desprecio y el miedo,
son sólo paranoias
que habrán de esfumarse, como las otras veces,
con el día que llega.
Pero el infierno crece alrededor de ti
y su hedor contamina cada palmo de aire.
Ya no pueden tardar, parece que se animan
los unos a los otros, y tu cara de imbécil
les exige venganza. Ojalá ya no tarden.
Que te escupan ya pronto uno por uno
en el centro del alma,
porque en esa saliva corrompida
podrás lavar de nuevo
el asco que ahora sientes de ti mismo,
y esperar a otro sábado,
y volverlo a intentar.

 

 

Gallego, Vicente. La plata de los días. Madrid; Ed. Visor, 1996.

 

LOS OJOS DEL EXTRAÑO

Los ojos del extraño

 

BALCÓN AL SUR

Postrado estás, como la tarde. El sol
es un guerrero herido al que delata
su refulgente casco entre los árboles.
No tardará en llegar otro verano,
su lentitud te acerca a la memoria,
ese juego de luces y de fugas
que la ansiedad propicia. Esta naranja
descompuesta y manchada que es el día
te inquieta y te somete.
Has sido siempre el corredor de fondo,
y las renuncias pesan, son las tardes
perdidas al cuidado de ese hombre
que hoy quisieras ser. En grupo, alegres,
se alejan los muchachos por las calles,
parece que esperaran
un raro paraíso que no llega,
pues aún les acompaña, aunque lo ignoren.
Desde el balcón los miras, y comprendes
que también tú esperas la fortuna,
aunque de otra manera, pues la intuyes
espléndida y vulgar como los días
que con su aspecto pobre te engañaron,
y la sabes aquí, y es un guerrero
herido, y esta calma, y este afán
callado y soportable ante las cosas,
y este pasar mediocre de los años.

 

 

 

EL DESENCANTO

Otra tarde, otra más:
su repetida muerte en la pared del cuarto,
los pájaros que llegan
manchados todavía de luz a la terraza,
esa sombra que llena el deslunado
cual una copa enorme de coñac,
la débil luz que enciende tu cuaderno,
los años que en él yacen y ahora entierras
como soldados muertos sin demasiada gloria.

Cinco, seis, siete… once, has contado hasta aquí,
y ya sobran los versos. Esta tarde
no te encuentras de humor para enredar
la palabra tristeza.

 

 

 

MI IDEA DEL AUTOR

xxxxxxxxxxxxxxx(A man of no fortune and with a name to come)
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxWim Mertens

Entrego muchas horas a mi cuarto,
comparo algunas tardes, por ejemplo,
a un animal prehistórico y herido,
o a la dama que arroja, lentamente,
su lencería oscura a mi ventana.
Pero sé que la tarde es sólo eso:
una costumbre antigua de mis ojos.
Me reprocho a menudo muchas cosas
a las que no me atrevo, y los errores
que a veces cometió mi atrevimiento.
Procuro parecer un poeta mundano,
como John Donne, profundo y algo frívolo,
que se cuente conmigo en cualquier fiesta,
aunque suelen mis versos, y mi vida,
traicionar esa imagen.
No sabría explicaros, con rigor,
por qué razón escribo, abandono
esa fatiga a mis colegas doctos,
mas no quiero curarme el vicio absurdo
de las letras. Me gustan las mujeres,
pero ellas, por más que yo lo intento,
no me ayudan a ser un mujeriego.
Por su causa he sufrido de verdad
–jamás finjo el dolor que hay en mis versos,
aunque finja tal vez otros motivos–.
Se podría decir que soy feliz
en general, sin sorna ni entusiasmo,
y me veo corriente –aunque me gusto–,
creedme que lo siento, pues habría
querido para mí más altas metas,
otros tiempos proclives a la gloria.
Intento sin embargo acomodarme
a este papel que a veces me incomoda
por discreto, por triste o por amargo.
Hago inventario de los nombres idos
–procuro hacerlo con palabras bellas–,
y pierdo el tiempo censurando al tiempo
su actitud descortés para con todos.

 

 

 

IN DUBIO PRO REO

Esta tarde releo mis palabras
para ultimar su acento y ofrecerlas
a un oscuro editor. Y al repasar
sus sílabas exactas y traidoras
me tienta el desaliento y la pereza.
¿Dónde ocultan la vida que guardé
en su desván de sombras, dónde esconden
esa pasión que me obligó a trazarlas?
No hallo en ellas respuesta, y en su espejo
sólo descubro el rostro de un extraño.
No hay luz en mis palabras, y a mis ojos
carecen de belleza. ¿Por qué entonces
obstinarse en su engaño, y para qué
ofrecerlas ahora a los demás?
¿Quizá con la esperanza
de ese lector futuro que imaginó Cernuda?
Es hermoso su sueño, y el poema
es también muy hermoso, pero yo me pregunto,
descreído, si puede mi lectura,
con su fervor de hoy,
entregarle a aquel hombre una dicha
que escribió no sentir; si yo mereceré
ese incierto lector; y de qué extraña forma
los versos y la vida que sentimos frustrados
sabrán cumplirse un día en los ojos de otros.

 

 

Gallego, Vicente. Los ojos del extraño. Madrid; Ed. Visor, 1990.

 

LA LUZ, DE OTRA MANERA

La luz, de otra manera

 

agosto, 31

SUCEDE ALGUNAS VECES, CONTEMPLAMOS
la pared, nuestra sombra, el bulto
que ha dejado su realidad sin consultarnos,
dos gatos destrozándose, así el deseo,
una apuesta perdida desde siempre en la memoria,
o derramar aceite entre los días,
llamar triunfo a lo que otros dicen dejadez,
aprender la lección y abandonarse. La vida
nos ha cerrado ya el cajón de los secretos.

 

 

 

septiembre, 22

ME DICES QUE ES ABSURDO TODO ESTO,
que no tiene sentido la vida si la piensas.
Mas no es un fin lo que yo busco,
cualquier explicación o una promesa,
sino el estar aquí y a la deriva,
una botella que en la playa
aguarda la marea, ningún camino o ansiedad,
el completo abandono sobre el agua,
en el mar, siendo parte de las olas
únicamente, la absoluta plenitud en el océano,
no la venda que vuestra meta lleva ante mis ojos
porque ese fin supone una renuncia.
Nada parece ajeno si respira,
mas no te engañes, el absurdo sólo existe
desde la aceptación de un paraíso imaginado.

 

 

 

septiembre, 30

NO HA SIDO FÁCIL DESCUBRIR EL MAR,
las rocas, el volumen, su peso o consistencia,
la concreción del tiempo en la materia
más real, la verdad del mundo en el vaivén
de la marea, en la quietud del arrecife,
en el fragor o en el silencio de lo eterno
innumerable, el mar que se resiste
al adjetivo, no definiciones o abstracción
para su enigma, nuestra duda ante la muerte
de la carne, su infinitud que nos confirma
nuestra muerte. Sí, el mar, sin adjetivos,
y esta noche sin luna ni tormenta,
sin viento, sin veleros o gaviotas.
El mar únicamente y yo, aquí,
esta íntima sorpresa ante mis pasos,
tan sólo un extranjero en el camino
que se ha encontrado al fin y está desnudo.

 

 

 

octubre, 14

LA VIDA SE CONCRETA EN NUESTRO CUERPO,
movimiento o quietud de igual manera,
intensidad y tacto del espacio,
la plenitud carnal que se comparte
y nos aísla, nos eleva y se derrama
sobre la cima orgánica de un ser
que se domina, que se crea y se destruye
en su materia. No las dimensiones
aéreas que ignoramos, espíritu,
resurrección, el alma o el vacío
que nadie asume sin un nombre encubridor.
Quien mira el mar se olvida de sí mismo,
pero después un cuerpo le recuerda
su poder, la potencia de dos seres
unidos un instante y solos antes el mundo,
y siendo mundo, mundo sólo, ser a solas,
suficentes y plenos en su carne,
en su muerte de tierra nada más.

Todo hombre es un dios que se descree.

 

 

 

octubre, 26

HAY DÍAS EN QUE EL CUERPO NOS SORPRENDE,
nos obliga a rincones, luces, ritos y presencias.
Se delata, un olor intenso lo descubre,
un sentirse animal que vibra y que respira,
bajar hasta ti mismo y ensuciarte
de materia, de mundo y de calor,
bajar hasta ti mismo y ensuciarte
de muerte, de una muerte lenta y obsesiva,
fango vivo y verdad al fin de carne sola,
luz, pálpito mortal y lento fuego
de un ser que así se sabe en lo más alto
junto al polvo, lentísimo y salado
como una lágrima bebida con lascivia,
mano lenta o frenesí que me arrebata
y me abandona, cuerpo mío
borracho de calor y de existencia,
misterio al que me arrastra otro misterio,
tú, templo irrenunciable entre pasiones
y renuncias.

 

 

Gallego, Vicente. La luz, de otra manera. Madrid; Ed. Visor, 1988.

 

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