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9 POEMAS DE JAVIER SALVAGO

 

AÑO NUEVO

Como las cosas no podían
ir a peor —escribió Kafka,
en su Diario—, mejoraron.

Cómo me gustaría, ante este negro
e inhóspito horizonte que se abre,
ante mí —como un año más,
o como un año menos—,
poder decir lo mismo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPero siento
que no he tocado fondo,
que hay más miseria, más dolor, más tedio
más adelante, que las cosas
pueden empeorar.
Que lo peor, como quien dice,
aún está por llegar.

 

 

 

 

DIVINO TESORO

La juventud pasó.
Bien está lo que acaba.
No volvería a ser joven
ni aunque me lo pagaran.

¿Echar a andar de nuevo
por la senda trillada
de los sueños ilusos
y las verdades vagas?

¿Empezar otra vez
con las viejas batallas
y sus viejas heridas?
¿Volver a las andadas,

a la noche, al infierno,
al gusto por la mala
vida? ¿Hacer de todo,
lo que es comedia, un drama?

¿Volver a alimentarme
de mitos y falacias,
de modas y movidas,
de palabras gastadas?

¿Llevar sobre los hombros
la fastidiosa carga
de ser interesante,
original?… ¡Qué lata!

¿Confiar, como ayer,
en la vana esperanza
de que todo será
mejor en el mañana?

¿Tener toda la vida
por delante —tan larga—,
con lo que uno ha pasado
para ir medio pasándola?

La juventud se fue.
Bien está lo que acaba.
No volveré a ser joven,
a Dios gracias.

 

 

 

 

CERCA DEL CIELO

A aquella tabernucha la llamaban
«Cerca del cielo», por los altos techos
que cobijaban a los parroquianos.
Misterios del azar: al tabernero
lo apodaban «El tío de la nube»,
por la mancha del ojo.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSi ahora vuelvo
hacia allá la mirada, puedo ver
a mi padre, feliz, cerca del cielo
—sólo por el poder que tiene el vino
de pintar de colores lo que es negro—,
apoyado en la barra, rodeado
de amigotes juerguistas y risueños,
cantando por fandangos y alegrías,
sin respetar la noche ni el letrero
de «se prohíbe el cante».
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxY puedo
verme también a mí, sentado
sobre un alto barril —apenas tengo
ocho inocentes años—,
tiritando de frío,
muerto de hambre y de sueño,
avergonzado,
cerca del infierno.

 

 

 

 

IMÁGENES

Para María sigo siendo aquel
adolescente, tímido y callado,
que no encontraba nunca la ocasión
ni la manera de coger su mano.

Para Carmen —que, para su sorpresa
y sin remotamente sospecharlo,
fue la tumba de mi virginidad—,
una curiosa anécdota y un chasco.

Para Manuela, nadie —yo no creo
que me recuerda—. Un cerdo, para Amparo,
que jugó con su joven corazón
a romperlo en pedazos.

Para Marta, supongo que el peor
amante que ha tenido. Un mamarracho,
para Julia, que tras jurarle amor
eterno, se marchó a comprar tabaco

y no volvió. Para Marisa, el sueño
de alguna que otra noche de verano.
Una estrella fugaz, para Teresa,
que en su pequeño cielo brilló un rato.

El amor de su vida, y de la mía,
mientras duró, para Isabel. Un raro,
para Cristina. Para Elisa, el tipo
que despertó su piel, en cuyos brazos

descubrió los secretos del placer
y los misterios del amor profano.
Para Pilar, un chulo que se hartaba
de beber a su costa. Para Charo

—que caminó conmigo, cuando andaba
cuesta abajo y sin freno—, un desahuciado…
Para todas, igual que para mí
cada una de ellas, alguien, algo

que ya no existe más que en el recuerdo,
un plano congelado del pasado
que no cambia, madura, ni envejece,
por el que pasa el tiempo sin tocarlo.

Imágenes ya muertas del que fui,
según las circunstancias y los años,
que aún perduran, borrosas y amarillas,
como viejos retratos.

 

 

 

 

CANCIÓN DEL OLVIDO

El color de los ojos de aquel amor de niño.
El calor del primer beso, que no consigo
recordar, aunque sé que debió de haber sido
inolvidable. Tantos compañeros y amigos
de colegio o de farra, que un día fueron íntimos.
El latín. Tantos nombres de montañas y ríos.
Tantas duras lecciones. Tantos y tantos libros,
con pasión devorados, siempre abiertos, leídos
y olvidados, igual que olvidamos caminos,
propósitos, heridas, afectos y cariños,
paisajes y rostros que el tiempo ha diluido.

Cuando la vida pasa, son tantos los olvidos.

 

 

 

 

LA VENGANZA DE CASANOVA

He arrasado tu cuerpo, como un bárbaro.
Después de mí, nadie hallará una gruta,
un monte, un recoveco, un pliegue,
ni un solo poro virgen en tu piel.

 

 

 

 

HAIKU

Cayó la noche,
pesada como un fardo,
sobre nosotros,

y vimos las estrellas.

 

 

 

 

AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS

Que la vida dolía
yo lo aprendí muy pronto.
Quizá por eso anduve tantos años
huyendo de la vida, como loco;

ciego, para no ver lo que sabía
que iba a ver nada más abrir los ojos;
borracho, para no mirar de frente
su impenetrable rostro.

Para poder vivir en paz, sin miedo,
para animarme, me lo bebí todo.
—Sólo así conseguí, en algún momento,

ser feliz y gozar la vida a fondo.—
Pero el sueño de la razón es sueño
y engendra monstruos.

 

 

 

 

LOS SUEÑOS

No nos dejan vivir y no se dejan
ser vividos.
xxxxxxxxxxLos sueños
miden y empequeñecen
la realidad: no hay rostro,
caricia o paisaje
que puedan compararse
con los soñados.
xxxxxxxxxxxxxxxxNada
satisface al que sueña.
Rodeado de frutos, como Tántalo,
el soñador se muere de hambre y sed.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

ULISES

 

LA VIDA

La vida se conoce a sí misma. No ignora
que puede ser absurda, tediosa, insoportable,
que su trato requiere infinita paciencia,
resignación de santo, voluntad y coraje.

La vida nos conoce y sabe que no somos
ni mártires ni héroes, que exige demasiado
a cambio de contados y fugaces momentos
de ilusión, que terminan en muerte y en fracaso.

La vida se conoce y nos conoce y sabe
que no somos de piedra para aguantarle tanto,
que nos sobran motivos para coger la puerta
—la vida nos conoce—, y nos ata con lazos.

 

 

 

 

LA ESPERA

Todo ojos, el niño cierra el libro.
En el revuelto mar de su cabeza,
la gran ballena blanca ya resopla
y, en el Pequod, el vengativo Ahab
arenga a la tripulación
que bebe y jura: “¡Muera Moby Dick!”

Como una mariposa distraída,
su mirada recorre los objetos,
se posa unos segundos
en el cuadro —una copia de La Cena
de Juan de Juanes—,
se balancea en el péndulo
del cansado reloj. Reanuda el vuelo
y busca la mirada de su madre
que trajina, no lejos, junto al poyo
de la vieja cocina.
xxxxxxxxxxxxxxxxSu cabello,
muy negro y con reflejos azulados,
le recuerda a la noche, que ha caído
como un borrón de tinta sobre el patio
y se extiende, cubriendo
de sombras los rincones de la casa.
La mujer, guapa y joven todavía,
siente en su nuca la caricia
de aquellos ojos grandes y algo tristes
que la observan. Su vuelve, mientras prueba
el guiso, y le sonríe. Entre los dos
existe un sutil puente, se comprenden
sin apenas palabras.
xxxxxxxxxxxxxxxxxx—No es preciso
que ella le diga nada. El niño nota
una leve inquietud que va creciendo.—

En el revuelto mar de su cabeza,
flotan, como pesados tropezones
en la revuelta sopa,
planos dispersos de comidas tristes,
amargas, presididas
por la vacía silla y la esperanza
de oír la puerta y verlo aparecer
—al menos, a los postres—.

Mira el reloj que imperturbable sigue
su marcha y, en silencio,
mira a su madre. —La mujer retira
los platos y el mantel.—
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDesde su cuarto,
entrada ya la madrugada,
los oye discutir.

En el revuelto mar de su cabeza,
la gran ballena blanca se sumerge
arrastrando consigo a los infiernos
al vengativo capitán Ahab.

 

 

 

 

FÁBULA

En sus mejores sueños de muchacho,
en los más exaltados, se veía
como el protagonista de una historia,
oscura, de fracaso y resistencia.
Un digno perdedor que con distancia
e ironía encajaba la derrota,
cantada, de la vida.
xxxxxxxxxxxxxxxxxUn hombre, al fin,
bastante parecido a éste que hoy
lo observa al otro lado del espejo.

La moraleja de este cuento advierte
que hay que tener cuidado con los sueños
porque, a veces, resulta que se cumplen.

 

 

 

 

LA DESTRUCCIÓN O EL HUMOR

Ardió mi juventud, y de aquel fuego
salí viejo y quemado.

Cómo sentir respeto y mucho menos
amor por una vida
que me había estafado.

Era la destrucción
o el humor. La ironía,
al quite, vino a echarme un capotazo.

 

 

 

 

ESA CHICA

Había renunciado, como un muerto,
a la vida, al placer. Me limitaba
a resistir —como un superviviente
el día después— cuando llegaste tú.
No hubo ningún milagro, aunque tampoco
lo esperaba. En el cielo, las estrellas
siguieron alumbrando indiferentes,
ajenas a nosotros.
xxxxxxxxxxxxxxxxAquí abajo
nada cambió. El mundo siguió siendo
el infierno de siempre. Los diarios
siguieron vomitando corrupciones,
atentados, catástrofes… No puedo
ni siquiera decir que mejorase
mi opinión del amor. Por no cambiar,
no cambió ni mi suerte. —Soy el mismo
pertinaz perdedor.—
xxxxxxxxxxxxxxxxxxLa diferencia
es sólo que estás tú y que contigo
todo es más soportable. hasta la vida
vuelve a ser un placer
cuando estamos a gusto.

 

 

 

 

VANITAS

Cayó Roma.
Cayó Cartago.
Cayó Grecia.

Cayó Troya.
Cayó Alejandro.
Cayó César…

Y yo estoy tropezando.

 

 

 

 

DIVAGACIONES SOBRE UN TEMA

La madurez debe ser esto,
este cansancio, esta desgana,
este saber, ya de antemano,
que nada sirve para nada.

La claridad que nos despierta
a una inclemente y gris mañana,
la claridad que ahuyenta sueños
de juventud, y nos desalma.

Este abandono, esta renuncia
al ideal y a la esperanza,
este vender al dios que fuimos
por bagatelas y migajas.

Dejarlo todo para luego
—amigos, vida, libros, causas—
porque otras cosas que no amamos
están ahí y nos reclaman.

Sentir el tiempo, sobre uno,
como una losa o una espada,
y ver que el tiempo se nos va
de entre las manos, que se acaba.

Ceder las riendas, que el deseo
hasta ayer mismo gobernaba,
a otros jinetes más prudentes,
notar que el cuerpo no acompaña.

Que no nos sigue, porque sabe
que todo exceso aquí se paga,
vivir con freno y con bocado
—sobrevivir es la palabra—.

La madurez debe ser esto,
comprender cosas que espantaban
vistas de lejos, comprender
que uno está preso en una trampa.

 

 

 

 

SEPTIEMBRE

El sueño de una noche de verano,
cada vez más confuso y más lejano.

El espejismo, roto, de la vida.
Los trabajos, los días, su rutina.

Una hoja que cae y nos recuerda
que otoño está a las puertas.

Pero nos queda el brillo,
discreto, y el calor de los membrillos.

 

 

 

 

ARS MORIENDI

Escribo para llegar
serenamente al silencio,
que es el morir.
Para aprender a callar,
en paz conmigo, sin miedo,
libre, al fin.

 

 

 

 

GRACIAS A LA VIDA

A la vida le pide, en adelante,
que se olvide de mí, que no me agobie.
Que no venga a exigirme, a estas alturas,
entrega ni entusiasmo.

—Podemos soportarnos,
pero no más.—

A la vida le pido que me deje
vivir lo que me queda
en paz.

 

 

 

 

EPÍLOGO

Soñar es gratis, dicen. Sin embargo,
quien ha soñado sabe que los sueños
se suelen pagar caro.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

LOS MEJORES AÑOS

 

ÚLTIMO RETRATO DE JUVENTUD

Hace casi tres años que no escribo
poemas, me abandono, apenas leo;
no me cultivo ni me informo. Siento
dentro de mí una especie de vacío

que avanza —y no me asusta— como un río
de lava; o mejor, como un desierto
que va ganando más y más terreno
al calcinado bosque, ayer tan vivo.

Sueño poco. Deseo lo necesario.
No tengo nada, y nada extraordinario
espero en adelante. No disfruto

del placer de vivir. Miro la vida
con reserva y distancia. Cada día
me consienten los años menos humos.

 

 

 

 

IMAGEN DEL DESENGAÑO

Con el dinero justo siempre,
sin poder y sin gloria, más bien harto
del poder y la gloria, de versitos
bonitos, de la vida y sus trabajos
—de contarle a un papel lo que ha vivido
en lugar de olvidarlo—,
de ser hombre, de ser poeta lírico,
de vivir, de saber que el arte es largo.

 

 

 

 

LIBROS

Palabras, sueños, humo, sombras,
literatura, vida muerta
almacenada en los estantes
de librerías, bibliotecas.

Por ellos supe algunas cosas
que me inquietaron la existencia.
En ellos quise dejar algo
de mi verdad y mi experiencia.

Pequeñas muertes, desengaños,
caricias, golpes, sordas guerras
contra uno mismo… ¿A quién le importan?
¿A quién divierten o aprovechan?

 

 

 

 

DESPUÉS DE LA BATALLA

Todo lo que perdí
—la juventud, su brillo…—
a cambio de este acuerdo
de paz conmigo.

 

 

 

 

OTRA EDAD

Se me pasó la edad de ser poeta
porque todo se pasa, es ley de vida;
aunque siga, por vicio o por querencia,

hablándole a un papel, la poesía
ya no es mi patria, ni mi territorio.
Sólo regreso a veces, de visita,

como quien vuelve a donde fue dichoso.

 

 

 

 

SOBRE EL TAPETE VERDE DE LA VIDA

Nos pasamos la vida de farol,
temiendo que nos cojan y descubran
que no llevamos juego,
que no sabemos nada
de nada…

xxxxxxxxxxNos pasamos
la vida calibrándonos, cubriéndonos,
con la guardia bien alta.

Todos fingiendo y todos con las mismas
o parecidas malas cartas.

 

 

 

 

POEMA DE AMOR

Mi madre, que me encuentra más delgado
y se preocupa porque tengo ojeras.

Mi padre, cada día más distante,
y, sin embargo, cada vez más cerca.

Mi hijo, que aparece con sus ganas
de vivir, y me rompe los esquemas.

Y, aunque lo dudes, tú,
que me soportas o que te rebelas

cuando reniego o callo, que compartes
mi mal humor y mis miserias.

Y poco más… Es todo lo que puedo
llamar amor a los cuarenta.

 

 

 

 

LOS PRIMEROS PLACERES

Más lejos cada vez, cuanto más besas,
de aquel dulzor de los primeros besos;
mucho más lejos, mientras más escribes,
de la emoción de los primeros versos.

 

 

 

 

A UNA JOVEN QUE PREGUNTÓ EN UNA LECTURA

También yo me pregunto
por qué esta especie de desprecio
(siendo poeta y estando obligado
a poetizar)
xxxxxxxxxxpor lo poético.

¿Por qué parece que odio la poesía,
que no me tomo en serio
sus lánguidos suspiros ni sus vagos
y etéreos pensamientos?

No creas, porque sonrío,
que para mí es un juego.
En el fondo, es lo único
con lo que no bromeo.

 

 

 

 

MI GENERACIÓN

Paseo con alguno; de otros, sólo
recibo alguna carta o algún libro
dedicado con frases amistosas.
Son mi generación.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando mañana
no vivan para verlo, algún lector
futuro, algún futuro
aprendiz de poeta
—con la misma emoción con la que ellos
se acercaron a Bécquer, a Cernuda,
a Juan Ramón, a Borges…—
tal vez se les acerque.

En viejas librerías, buscará
primeras ediciones de estos libros,
aún con olor a imprenta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx—«Autorretratos»,
«Vieja amiga», «Las tardes», «Sombras», «Juegos
para aplazar la muerte»…—,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque hoy escriben
compañeros o amigos que se enfrentan,
en soledad sonora, con la nada
de sus folios en blanco,
para crear con el humilde polvo
de la palabra frágiles criaturas
que resistan al tiempo.

Si alguno lo consigue
xxxxxxxxxxxxxxxxxxx—Juan Luis,
Abelardo, Fernando, Paco, Eloy…—
se habrá justificado
nuestra generación.

Por él sabrán qué clase de hombres fuimos
y algo de nuestra lucha y nuestros sueños.

 

 

 

 

HAIKU

Como nubes de agosto, todo pasa.
La vida nos demuestra
que se puede vivir sin casi todo.

 

 

 

 

UNA HISTORIA TRIVIAL

Inquieto, como un pájaro al que le abren la jaula,
con tu cartera al hombro, a las cinco abandonas
el colegio y, corriendo, llegas a casa. Piensas
en tu madre. Le llevas una buena noticia
—algo que has olvidado, y que en aquel momento,
al menos para ti, fue importante—. La buscas
en la sala de estar, en su oloroso cuarto
de costura. La llamas. Entras en la cocina.
Sobre la mesa, hay un rescaño crujiente
de pan y algunas onzas de chocolate. Tomas
la merienda y prosigues la búsqueda: en el patio,
en el desván… Empujas la puerta de la alcoba
y, de pronto, tus ojos se iluminan.
Cuando ya has empezado a correr hacia ella
suena un grito a dos voces que te detiene en seco
lo mismo que un autómata.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxConfundido y nervioso,
sin comprender, observas: tu madre y, a su lado,
tu padre; ambos te miran, desde la cama, hostiles,
sobresaltados. Sientes que algo, dentro, se ha roto
para siempre, que ya no podrás mirar nunca
con tus ojos de antes, que jamás volverás
a correr a unos brazos sin que un torpe y ridículo
fantasma se interponga.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAbochornado, bajas
la cabeza y le pides que te trague a la tierra.

 

 

 

 

VERANO Y HUMO

Un olor repentino, como un soplo,
me devuelve el aroma de una tarde
de verano —el último verano
de mi niñez—. Se anima la memoria
con el alegre paso de unos niños
que surgen de lo oscuro y se recuestan
sobre la grata hierba de un arroyo.

Sudorosos, después de haber jugado
a sus juegos de siempre, los contemplo
desde la lejanía de los años:
algún gesto de hombre, los silbidos
a esas chicas que ríen y se alejan,
el brillo de sus ojos cuando escuchan
al bribón que relata,
entre risitas y codazos cómplices,
que sorprendió a su hermana, en un descuido,
desnuda en la bañera;
entre el jolgorio general, se atreve
a hablar de ciertos toques y caricias,
del placer que producen —y que él nombra,
con precisión de experto—.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPasan
las horas sin oírse;
muy despacio, anochece. Ya, en el pueblo,
los vecinos sacaron a la calle
las sillas, y las puertas se han llenado
de curiosos que ven correr, monótona,
la vida ante sus casas.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLas primeras
estrellas se iluminan, cuando tiendes
la mano, que reprime y disimula
un ingenuo temblor,
y tomas el mojado cigarrillo,
que va de boca en boca.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx—Fiel y mudo
testigo, las afueras
presienten que dejáis de ser niños—.

Sin el temor de que cualquier intruso
os descubra y delate, mientras cae
la sombra de la noche sobre el campo
y ladran más los perros, la amistad
se hace entrañable, íntima. Soñáis
despiertos: el futuro es una playa
de suave arena en la que vais alzando
fantásticos castillos.

—¿Qué habrá sido de éste que ahora toma
la palabra y os dice, tan seguro,
que de mayor será famoso y rico?
¿En qué taller o fábrica se pudre,
miserable y anónimo?—

En un momento de abandono, miras
confiado a la luna, como si ella
supiese lo que piensas cuando callas.
Y su limpia mirada te protege
y te sigue, serena, cuando alguno
recuerda que es muy tarde. Y regresáis,
enlazados los hombros, bien unidos,
juntos como una hermosa piña humana.

Y suenan, como doce avisos, graves,
en la noche las doce campanadas.

 

 

 

 

CADA TARDE, A LAS CINCO

Alegre, la campana anunciaba el final
de otro día de escuela. Y, como sombras
de un sueño, hasta mañana,
atrás se iban quedando humillaciones,
pupitres y tinteros,
mapas, pizarras…
xxxxxxxxxxxxxxxxFuera
te aguardaba la vida, sonriente y amable,
para jugar contigo antes de que llegara,
con su espada de tiempo,
el ángel que nos echa del paraíso.

 

 

 

 

PRIMAVERA

Otra vez el Deseo
y sus ejércitos
de rubias tentaciones.

 

 

 

 

SEVILLA

Como a la antigua amiga,
a la que el tiempo maduró y descubres,
después de algunos años, una tarde,
distinta, entre la gente;
como a esa amiga que te habla,
con orgullo de madre, de sus hijos,
que no añora el pasado, ni desea
volver a comenzar ninguna historia,
así, serenamente,
en paz con la memoria,
me acerco a ti y te vivo.

Como a la antigua amiga
que olvida la distancia que los años
marcaron, y te llama
y te inquieta con citas a deshoras;
como a esa amiga que se obstina
en revivir recuerdos de otro tiempo
—que ya no es tuyo ni lo quieres—,
así, te huyo cuando llegas
con los ojos brillantes, perfumada
de naranjos en flor y primavera,
removiendo rescoldos.

 

 

 

 

DIEZ AÑOS DE SU VIDA

Aún me saluda gente por la calle
que no conozco: tipos que han bebido
conmigo, que me hablan de lugares
en los que no recuerdo haber estado,
que me cuentan historias de mí mismo
que mi memoria ignora.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx—Acuden, mientras trato
de ordenar los fragmentos, entre niebla,
imágenes perdidas:
xxxxxxxxxxxxxxxxxxveo coches
que me siguen el paso. Escucho el eco
de voces que alborotan. Alguien,
amenazante, muestra una cadena.
Dispara al aire un policía.
Me despierto, después de haber dormido
sobre una losa en un rincón
del cementerio.
xxxxxxxxxxxxxxUn exhibicionista
se baja el pantalón y muestra el culo:
Me echa de un bar un camarero.
De un empujón me arrojan a una celda.
Me despierto, después de haber dormido
en el banco de un parque, en una gran
ciudad que desconozco. Me pregunto
cómo he llegado allí. Una fulana
me estruja entre sus tetas…—

Andaba con la luna
sin ver fríos reflejos de navaja,
miradas de odio o de esquinado y turbio
deseo. Sin ver siquiera
aquel rostro violento,
desencajado: el rostro de aquel otro
que era mi foto en negativo,
mi Mr. Hyde, mi William Wilson;
capaz de todo lo que yo podía
temer o aborrecer, capaz de todo
por una última copa.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuántas noches
recorrí esta ciudad, hasta que el alba
vencía las tinieblas,
buscando ocasionales compañeros
—a ser posible, con dinero alegre—
para seguir la juerga.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuántas noches
las consumí en tabernas mal cerradas,
bebiendo con extraños, con oscuros
pájaros de lo oscuro,
en efusiva camaradería
que casi siempre terminaba mal.

—…Como en una película, alguien rompe
una botella, que usa como arma.
Salta la luna de un escaparate.
Me despierto en mi cama sin memoria,
ensangrentada y sucia la camisa.
¿Con quién estuve, Dios, qué hice?…—

No fue el infierno, pero algunos saben
que debe andarle cerca.
No fue el Edén y, sin embargo, tuvo
algo de paraíso.

 

 

 

 

LA TENTACIÓN

El leve roce de su pelo negro
al mover la cabeza, sofocada.
El roce de su mano, en un descuido,
sobre mi mano, en la sudosa barra.
El roce de su cuerpo, en una curva.
Sus pechos, al cargar en la parada
el autobús. El roce de sus muslos
casi desnudos… Sin palabras,
bajamos. Por caminos diferentes
nos fuimos alejando, y no hubo nada.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

MÁS VARIACIONES, MÁS REINCIDENCIAS

 

EPÍGRAFE

Me gustaría saber qué es lo que buscas,
qué intentas encontrar,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpor qué has cogido
—sin demasiada fe, supongo—
este libro.

Yo no sé nada que tú ya no sepas,
que no nos puedan enseñar los años.
No hago juegos de magia.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxNo deslumbro.
Hablo sin vanidad de mis asuntos.

(A lo sumo, acompaño).

 

 

 

 

FÁBULA

Era un muchacho inteligente
que prometía. En el colegio
sacaba nota y no era raro
que alguna vez fuera el primero.

Luego le dio por la bohemia,
la mala vida y por los versos.
Quiso probarlo todo y tuvo
hasta pasión de aventurero.

Durmió en las calles, vio países,
amó y le amaron como un juego.
Pasó de largo sin fijarse
ni preguntar si había regreso.

Trató a la vida a latigazos
como si todo fuera eterno:
la juventud, las esperanzas,
las fantasías y los sueños.

Sin darse cuenta de que nadie
iba detrás, siguió corriendo.
Se quedó solo, dando tumbos
en la frontera entre dos tiempos.

 

 

 

 

PASEO POR EL RECUERDO

Más que la infancia, acaso, mi patria fue aquel tiempo
del que ya sólo queda un puzzle de recuerdos.
La soledad. La lluvia. Las muchachas. Las calles.
El deseo. La noche. Los cines y los bares.
Las primeras caricias. El tacto de otro cuerpo
debajo de la ropa. Las piernas y los pechos.
La rebeldía sin causa. Los primeros problemas
familiares. Los pelos largos y la protesta.
El alcohol, todavía amistoso y discreto,
que me enseñaba cómo disimular el miedo.
El alcohol y los libros. Las primeras palabras
escritas en cuadernos, sin oficio y sin maña.
Todos los viejos mitos y nombres de la época.
Los amigos. Las broncas. La fimosis. La yerba.
La pasión extranjera. La mochila. El viaje.
Los trenes. Los intentos de auto-stop. El paisaje.
La primera aventura que terminó en la cama
y la primera noche de amor, casi de drama.
El trago inevitable de la comisaría
cuando se va de ave nocturna por la vida.
La palidez del alba. El despertar confuso.
Las dos primeras copas para templar el pulso.
El alcohol, ya con todas sus miserias, sin máscara…

Pero ésa es otra historia, que contaré mañana.

 

 

 

 

ULISES

Como el amor, el arte, los deseos,
los sueños, la aventura o la batalla,
la vida —este viaje sin retorno—
lo es todo mientras dura,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxy luego nada.

 

 

 

 

LA HORA NUEVA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSí, la hora nueva es, por lo menos, muy severa.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxArthur Rimbaud

Junto con el amor a las palabras,
entre otras muchas cosas, he perdido
interés por saber si la existencia
se alarga más allá de esa otra puerta.
—Siempre y eternidad ya no son tiempo
cuando se está viviendo en el mañana—.

Me conformo con ver otra mañana
y con seguir usando las palabras
para nombrar lo propio de este tiempo;
para nombrar también lo que he perdido,
sin remedio, detrás de alguna puerta
que marcaba el final de su existencia.

Hoy me sobra con dar a mi existencia
realidad de presente. Aunque mañana,
al cruzar el umbral, tras otra puerta
deba cambiar de rostro y de palabras.
No es la primera vez que me he perdido
en este callejón que llaman tiempo.

A fuerza de ir dejando en cada tiempo
partes de mí que fueron mi existencia,
de restar y añadir a lo perdido
noches que va enterrando su mañana,
ya sé que todo, incluso las palabras,
muda de contenido en cada puerta.

Y no es cuestión de andar de puerta en puerta
buscando una verdad que venza al tiempo;
ni de esperar, sin fe, que las palabras
le encuentren su sentido a la existencia;
ni de pedir, en vano, a otra mañana
que nos devuelva lo que se ha perdido.

No todo, sin embargo, está perdido.
Mientras la vida dure, habrá una puerta
de par en par abierta a su mañana.
Cada edad es un mundo. Cada tiempo
juzga de otra manera la existencia
y exige otra actitud y otras palabras.

Porque palabras hay que ya han perdido
su razón de existencia tras la puerta
de un tiempo que, hasta ayer, era el mañana.

 

 

 

 

UN POCO MÁS SABIOS, UN POCO MÁS CIEGOS

Cuando uno ya no es joven, se convence
de que el diablo sabe más por viejo,
y admite que los años nos enseñan
a distinguir la realidad del sueño.
Y, acaso, no. Quizá la vida sólo
se nos muestra una vez —cuando tenemos
ojos para apreciarla— y luego vamos
olvidando su rostro y su secreto.

 

 

 

 

HOMENAJE A MANUEL MACHADO

Errores en la vida los comete cualquiera.
Lo mismo que un mal verso puede hundir un poema,
supongo que habré dado una porción de pasos
que prestan al conjunto sensación de fracaso
—gajes del que se arriesga a saltar del trapecio
sin red y a veces paga, por nada, un alto precio—.
Soñé, viví, me amaron, he amado y he bebido,
aunque no solamente por el placer del vino.
Quizá creí que el fondo de la dorada copa
guardaba algún secreto o encerraba otra cosa.
No me puedo quejar, y no me quejo. En suma,
lo que sembré cosecho. Pero queda una duda,
la pregunta de siempre, cierto regusto amargo:
la sombra del que pude ser y se me ha escapado.

 

 

 

 

BLUES DEL VIEJO UNIFORME

El viejo jean, las botas, la chaqueta
de pana, la ilusión…, viejo uniforme
que cubría del frío de otro invierno
la integridad de un corazón más joven.
Ya no dice lo mismo, aunque lo siga
colgando de una percha cada noche,
como un hombre de Lee que se resiste
a entender que ganó la guerra el Norte.

 

 

 

 

BUENAS NOCHES

Estoy cansado de zurzir
cada mañana este disfraz
de hijo de un tiempo que no da
—aunque se estire— más de sí.

Estoy cansado de seguir
sin ilusión tras el cristal
del desencanto existencial,
socio-político y viril.

Estoy cansado de exprimir
los mismos temas, de jugar
al mismo juego, de girar
como un Long Play de viejos hits.

 

 

 

 

SALA DE ESPERA

Nos consumimos
en una espera
de absurdos trenes
que nunca llegan

o que se escapan.
Al fin y al cabo,
¿vivir no es esto:
esperar algo?

Esperar siempre,
sin fundamento,
algún milagro.
Mientras el tiempo,

repleto de horas
vanas y muertas,
nos va cerrando
todas las puertas.

Hasta que el tiempo
nos deja a oscuras
en una larga
noche sin luna.

 

 

 

 

CORRECCIONES

La vida se parece a esos poemas
que brotan, en principio, interminables,
retóricos, grandiosos y banales.

Luego vas corrigiendo hasta dejarlos
en lo poco que importa, en los dos versos
que dicen lo que todos ya sabemos.

 

 

 

 

POEMA DE UNA NOCHE

La lectura de algún libro
de esos a los que volvemos,
para tratar de entendernos
cuando nos hemos perdido.

La corrección de un poema
que anoche nos parecía
un prodigio de poesía,
y ahora nos da cierta pena.

Las largas horas, delante
del blanco papel, en blanco:
sin convicción, esperando
que un par de líneas nos salven.

Las vueltas sobre lo mismo,
las eternas variaciones,
las vanas complicaciones
buscando el tiempo perdido.

Dos paquetes de tabaco,
media docena de tazas
de té. Y lo de siempre: nada
digno de ser recordado.

Un día, como otro día,
cuyo final no se siente.
Otro día que se vierte
en el vacío, y se olvida.

(Sobre las cuatro, a la cama:
el sueño y, a ser posible,
que tarde en llegar mañana.)

 

 

 

 

VOY CONTRA MI INTERÉS AL CONFESARLO

Me quité del alcohol, y cualquier día
me quitaré de la poesía.

Comienzo a estar cansado de problemas,
de arriesgar demasiado en un poema
para sacar tan poco.

Estoy harto de andar, igual que un topo,
siempre escarbando dentro
—cada paso más cerca del infierno—,

mientras la vida pasa,
sobre mí, como un tren que se me escapa.

 

 

 

 

JAVIER SALVAGO (jr.)

Javier Salvago tiene por delante la vida.
El mundo le sonríe, y él lo observa,
lo toca y lo escudriña,

con sus pringosas manos, con sus ojos atentos,
como un explorador infatigable
para el que todo es nuevo.

Javier Salvago sale zumbando de la cama,
cuando el sol ni siquiera se ha quitado
del todo las legañas.

Le espera la aventura de inventar algún juego.
Hay tanto que buscar, que romper, tantos
inocentes secretos,

tantas cosas que pueden resultar divertidas,
importantes, grandiosas y hasta mágicas
si él las toca y las mira.

Javier Salvago vive, como un gato, a su aire,
haciendo todo eso que los otros
dicen que no se hace.

Protesta si se aburre o si alguien lo fastidia.
Si tiene sueño, duerme, y no le importa
si es de noche o de día.

Como todos los dioses, es voluble y tirano.
Exige, no se humilla… Es una fiera,
según Manuel Machado.

Sin embargo, esa fiera es un profundo espejo
que me devuelve la mejor imagen
que acaricio y conservo.

 

 

 

 

LA SOLEDAD DEL ESCRITOR DE FONDO

Escribir —como todo— no es nada,
pero importa. No pocos se arriesgan
a estrellarse por esa bobada
de dejar unos cuantos poemas.

Porque importa, uno sigue adelante
contra viento, marea y mareo,
aunque sepa que no escucha nadie,
aunque no se lo tomen en serio.

Uno sigue adelante, aunque a veces
se pregunta si vale la pena,
para nadie y por nadie, exponerse
a amargarse el café y la existencia.

 

 

 

 

UN POETA INSOLVENTE SALE A PROBAR FORTUNA

He aprendido, a lo largo de los años,
a capear el temporal de dentro.
Los asuntos del alma
—y no es por presumir— los sobrellevo
con cierta dignidad.
La duda existencial,
la soledad, el desamor, el miedo
o la angustia vital
no tienen para mí secretos.
Los sufro y los tolero
bastante bien.
xxxxxxxxxxxxxxSoy fuerte
en lo que se refiere
a ese intangible mundo.
Hasta la muerte
me trata con un tono familiar.
Lo que venga después puede esperar.
No me quitan el sueño
ni el cielo ni el infierno.

Pero,en cambio,
me acuso de ser algo
torpe para las cosas de la vida
—sobre todo, si son las añadidas
por la mano del hombre—.

No sé cuándo ni cómo
hacer lo que otros, no más sabios, hacen.
A todo llego tarde
o no llego. Se cierran
ante mí algunas puertas
por las que muchos pasan sin conflicto.

Será que yo no pido
nada, que no me creo demasiado
las reglas de este juego,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque el tinglado
de la moderna y de la antigua farsa
no me asombra, aunque a veces sí me espanta.

 

 

 

 

SENTADO AL BORDE DEL CAMINO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxUna vida lograda es un sueño de adolescente
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxrealizado en la edad madura.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxVigny

Aunque no sea demasiado,
tengo lo que me he buscado.

Nunca pretendí que fuera
mi vida ninguna fiesta.

Siempre he tenido muy claro
que existir no es un regalo,

sino una especia de lucha
o, cuando menos, de busca.

Tiré por este camino
haciendo caso al instinto,

sin importarme siquiera
que llevara o no a la meta,

sabiendo que me exponía
a llegar aquí algún día:

la noche, un papel borrado
y un hombre insomne, velando,

discretamente dolido
con todo, pero en su sitio.

Al fin y al cabo, mi sueño
se parecía mucho a esto.

 

 

 

 

MONSIEUR SALVAGO, POETA

Poeta, usted lo ha dicho, no doctor de la lengua
—aunque sea compatible— ni erudito ni oscuro
ratón de biblioteca.

Un hombre que ha vivido lo suyo, como todos,
y que lo ha ido contando para entenderse un poco.

No un poeta mayor, de la talla del Dante
—eso es mucho pedir en tiempos como éstos
de prisa y vanidades—.

Un poeta menor que, si no grande, al menos
peleó a su manera para intentar ser bueno.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

VARIACIONES Y REINCIDENCIAS

 

AMAR EN CUERPO Y CALMA

Vivo en un piso de alquiler con una
mujer a la que quiero,
a pesar de que no siempre encontramos
la forma de entendernos.

El amor, como todo, cuando deja
de ser una palabra
y toma cuerpo en otro cuerpo y vida,
tiene sus horas bajas:

sus momentos de agobio, de fastidio,
de tedio, de violencia,
de soledad; sus caras destempladas,
ridículas y feas.

El amor, como todo, cuando deja
de ser una palabra,
un tema socorrido y vago, pierde
la ceguera y las alas.

 

 

 

 

EVOCACIÓN Y ELEGÍA

Miradas
curiosas.
Dichosas
veladas.

Espadas
pringosas.
Sabrosas
tostadas.

Relatos
pausados.
Vagancia.

Zapatos
mojados:
infancia.

 

 

 

 

RESUMEN

Vuelvo otra vez la vista, pero ya sin nostalgia,
sin grandes sentimientos, sólo como el que pasa
las hojas del diario y lee los titulares
porque el resto no importa o, si importa, se sabe.

Como todos los niños, fui niño. Como todos
los jóvenes, fui joven: es decir, algo bobo.
Me apunté voluntario a bailar con la fea
y hasta llegué a sacarle su jugo a la tristeza.
Como todos, un día descubrí que este mundo
lo estaban decorando sin contar con mi gusto.
Y lo que fue una historia feliz, una mañana,
casi sin darme cuenta, desembocó en un drama.
Sólo el amor podía devolverle a la tarde
el esplendor perdido y su frescura al aire.
Sólo el amor podía devolverme de nuevo
el placer de estar vivo y la emoción del juego.

Luego entré en una nube de la que me ha costado
salir. Pero he salido, aunque un tanto quemado.
Mi ilusión no es la misma. No diré que soy viejo
porque, a mi edad, cualquiera pensaría que miento.

 

 

 

 

TANKAS

I. DEL TIEMPO

Todo lo da.
Como el mejor amigo,
todo lo ofrece.
Hasta que se convierte
un día en tu enemigo.

 

 

II. DE LA CLARIDAD

La claridad
se agradece y se aprecia
como un tesoro,
cuando se ha visto turbio
y oscuro tantas veces.

 

 

 

 

LA NOVELA DE UN LITERATO

Pude haber puesto
mis ilusiones,
para evitarme
complicaciones,

en otras metas
más inmediatas
y, sobre todo,
mucho más prácticas.

Pero había algo
que me atraía
—supe más tarde
que era poesía—

en las palabras
de aquellos hombres
de oscura vida
y claro nombre.

Sólo quería
ser como ellos,
pasar sus hambres,
sentir sus miedos.

Vivir, en suma,
en carne propia
sus emociones
y sus historias.

Dispuesto a todo,
bajé al infierno,
a mi inocencia
le puse cuernos.

Reté a la vida
para que fuera
dura conmigo
y me curtiera.

En esto, al menos,
fue generosa
la vida: palos
me dio de sobra.

 

 

 

 

LA POESÍA

Llega —y quién se resiste—
ofreciéndote un mundo,
y tú le abres la puerta.
Y empiezas a ser suyo.

Se va haciendo la dueña
de la casa. Te impone
sus locas exigencias,
sus duras condiciones.

Le entregas los mejores
años, y te lo paga
con monedas que incluso
los mendigos rechazan.

Y, sin embargo, sabes
que si en el fondo tiene
algún valor tu vida,
en parte, se lo debes.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

EN LA PERFECTA EDAD

 

INVOCACIÓN

¿Y fue por estas calles, por las que ahora camino,
donde estuve tan cerca ayer del paraíso?

Vivía, sin saberlo, el mito de la Arcadia:
esa región que queda al este de la infancia.

Tal vez las mismas calles que me enseñaron luego
lo que la vida tiene de agencia del infierno.

 

 

 

 

LA TERCERA ESTACIÓN

Algo, además del tiempo,
parece estar cambiando.
No es sólo que se anuncie
la lluvia en los tejados,

ni que Chopin consiga
devolvernos el gusto
por la melancolía
gris y por los nocturnos.

O simplemente es eso:
que se acaba el verano
y nos van exigiendo
otra actitud los años.

Quizás llegó el momento
de enterrar a la reina,
de aprender a moverse
y hablar de otra manera.

 

 

 

 

LEY DE VIDA

Cada día te aburre un poco más la juerga.
Se va volviendo cómoda tu vida, y tú con ella.
El placer, la aventura, el amor y la guerra
son historias que entiendes ahora de otra manera.
A las grandes palabras, prefieres la modesta
charla con un amigo, sustancial y concreta.
Más que el olor a basca, el olor a merienda
para dos (o, a lo sumo, para tres), la discreta
fantasía de una tarde otoñal… Las primeras
canciones de The Beatles y el rock de aquella época
en que el mundo empezaba a cambiar, te despiertan,
sin rencor, del recuerdo confusas experiencias.
Todo lo que has vivido te advierte y te revela
justo que estás cruzando la invisible frontera
— donde el tiempo se vuelve de espaldas y comienza
la cuenta atrás— de un reino de previstas sorpresas.

 

 

 

 

LA CULPA ES DE ESTE OFICIO

La culpa es de este oficio. De tanto darle vueltas
a todo, todo acaba perdiendo consistencia.

Tanto jugar con fuego, que el jugador se quema
y nada importa nada si no ofrece un buen tema.

Juro que algunas noches me habría muerto, sin pena,
de poderlo contar después en un poema.

 

 

 

 

TOCATA Y FUGA

Ahora que todos quieren
pasar por elegantes y exquisitos
—es curiosa esta fauna—,
el Parnaso casi parece el Limbo.

 

 

 

 

EJERCICIO DE RETÓRICA

Con humillados ojos de impotencia
vas descubriendo tus limitaciones
de artista y hombre que medita y busca
y que no encuentra nada más que atajos,
que no llevan al centro de la vida
ni conducen al corazón del arte.

Puede que no estés hecho para el arte
ni para el buen vivir. Que la impotencia
consiga arruinarte al fin la vida
y que cogido en tus limitaciones,
de traspiés en traspiés, por los atajos
sigas desengañado de la busca.

Pero intenta creer que halla quien busca
y que nadie nació dueño del arte.
Que todos se perdieron por atajos
y por turbios pantanos de impotencia,
mientras negaron sus limitaciones
culpando de sus fallos a la vida.

Intenta ver que existe algo en la vida
que justifica de por sí la busca
y que, a pesar de tus limitaciones,
puedes tocar de alguna forma el arte.
Un hombre que se enfrenta a su impotencia
sabrá dejar un día los atajos.

No te tiente seguir por los atajos
marginado y huyendo de la vida,
ni quieras refugiarte en la impotencia
pensando que es inútil toda busca.
Todos los que lograron vida y arte
hombres eran con sus limitaciones.

¿Y han de llevarte tus limitaciones
eternamente a ti por los atajos?
¿No has de lograr que alguna vez el arte
te muestre su secreto? Si la vida
insiste en que sigamos tras su busca,
larga es la noche y débil la impotencia.

En tu impotencia y tus limitaciones
tu fuerza busca: deja los atajos.
Exprime vida y hallarás arte.

 

 

 

 

VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE MANUEL MACHADO

El médico me manda no escribir más. Al menos,
me pide que no ponga sobre la llaga el dedo,
que deje de arañarme por dentro como un gato
y, de escribir, que escriba con menos entusiasmo,
que me ande por las ramas —mejor, que fantasee
lo mismo que hacen otros—, que llene las paredes
de tapices, el suelo de mullidas alfombras
y dedique a Venecia y a Pisa algunas odas.
En suma, que no saque mis trapos a la calle
—si por trapos se entienden ciertas intimidades—
y que aprenda a ser pulcro, discreto y decadente
como algunos colegas bastante transigentes.
Total, para que el sueño me otorgue sus blanduras,
imitaré a la grey que aspira a ser oscura.
En un curso intensivo, me aprenderé los nombres
de cuantas telas haya y de todas las flores.
Celebraré los fastos, la gloria, la grandeza
de alguna corte antigua —mejor de ser siniestra—
y afinaré las cuerdas de mi rudo instrumento
para que en adelante suene a Renacimiento.
Si por alguna causa se me agotara el tema
siempre habrá alguna moda, liviana y pasajera,
algo que nos devuelva el sabor del pasado
o su olor, cuando menos, discretamente rancio.
Así que por la paz de un reposo perfecto
—con tal de que no deje testimonio del tiempo
que me tocó vivir—, todo vale. De acuerdo.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

ESA CHICA SE HA ENAMORADO DE TI

 

PRÓLOGO

Le he contado mi vida,
le he jurado mil veces
que me espera el fracaso
en más de siete frentes.

Que, por alguna causa,
mantengo con la gente
una discreta guerra.
Y dice que me quiere.

Puede que no sea ciego
el amor, pero es sordo.
(Al menos, éste).

 

 

 

 

UNO

Nos sorprendía el alba con los ojos abiertos,
después de haber dejado que hablaran nuestros cuerpos

—sin entenderse a veces, porque a veces consigo
complicarme la vida sin causa ni sentido—.

Cómo explicarle a nadie ciertas intimidades:
esa extraña manera de amar, que tú ya sabes.

 

 

 

 

DOS

Es curiosa la vida. Hace sólo unos meses
no sabía de ti ni que existías.
Ahora quién niega que te he visto siempre.

Es curiosa la vida. La exprimes, te la bebes
y cuando piensas que ya estás de vuelta
de casi todo, llega y te sorprende.

 

 

 

 

TRES

Me recosté en tu cuerpo, mientras tú preparabas
la comida. El contacto de tu piel bronceada

me despertó los tigres, dormidos un momento,
y sentí que sus uñas me arañaban por dentro.

Aunque era mediodía, nos fuimos a la cama.
Luego la casa olía a lentejas pegadas.

 

 

 

 

CINCO

Alguna vez me has dicho: “Soy como un libro abierto”.
Perdona si no logro todavía
descifrar ciertas páginas del texto.

Perdona si traduzco mal o si me equivoco.
Avísame si no te va mi marcha,
si hay que frenar o acelerar a fondo.

 

 

 

 

SIETE

Desde que te marchaste no consigo que vuelva
a reír el naranjo, en cuyas ramas
ponías a secar mínimas prendas.

Pálidas las paredes del salón, aún se acuerdan
de otras tardes, de ti, de otras mañanas,
de otras noches más allá de la regla.

Desde que te marchaste se ha quedado de piedra
esta casa de campo, donde fuimos,
sin pretenderlo, escándalo de viejas.

 

 

 

 

DIEZ

Enciendo un cigarrillo.
La casa está serena.
Se ilumina el recuerdo
y revivo esa escena

cálida, en la que estamos
tú y yo, sobre la cama,
despiertos y abrazados.
Interior. Madrugada.

El campo sigue fuera
más oscuro y más vivo
quizás. Es la primera
vez que te has atrevido

a decirme te quiero.
Y aunque finja que paso,
detrás de mi silencio,
te miro emocionado.

 

 

 

 

ONCE

¿Qué tienes tú que otras, antes, no hayan tenido?
Sé que no eres más guapa que Bodil. Me imagino

que tampoco le ganas a ninguna en destreza
para amar. Sin embargo, es tu turno y tú cuentas.

Ni siquiera eres rica. Será que me has cogido
con la guardia muy baja y aún estoy sorprendido.

 

 

 

 

DOCE

Serán los nueve años que te llevo de vida
la secreta razón por la que a veces,
entre nosotros, todo se complica.

Yo andaba ya de vuelta por algunas esquinas
cuando tú todavía te peinabas,
para ir al cole, al clarear el día.

Serán los nueve años de vida que te llevo
la secreta razón por la que a veces
nos arañamos con rabia por dentro.

 

 

 

 

TRECE

Me ha picado esta noche
la mosca de los celos en la oreja
y quisiera saber si estás en casa
o con otro, corriéndote una juerga.

Aunque andes de puntillas,
se despierta la fiera
y uno que es liberal y no le importa
lo que hagan con la vida, si es la ajena,

se vuelve suspicaz, mezquino, espía,
ve visiones, se amarga y se atormenta.
Es el amor que pasa.
Pues que llame a otra puerta.

 

 

 

 

EPÍLOGO

Cómo podría odiarte… Entre otras muchas cosas,
me has devuelto, en mi estado, alguna tarde
el gusto por la vida y por la alcoba.

Aunque mañana cambies, o cambie yo, te debo
una noche sin duda inolvidable,
diez días de incertidumbre y estos versos.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

LA DESTRUCCIÓN O EL HUMOR

 

NO DESPIERTES AL PÁJARO DORMIDO

La escuela nacional con cara al sol
y queso americano incluidos,
los pantalones cortos, los soldados de plomo,
los chupasangres, el hombre del saco,
Roberto Alcázar y Pedrín, Diego Valor,
papá y sus recuerdos de la guerra,
mamá y sus peroles, sus misas,
sus rosarios, sus zurcidos,
Julio Verne, las pedradas, los nidos,
la abuela y sus historias de fantasmas,
los dolores de muelas, las castañas asadas,
el cisco reventando en el brasero…
Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.
No despiertes al pájaro dormido.
Cuando yo era pequeño,
todos los niños éramos franceses
(concretamente, de París).

 

 

 

 

HAI-KAIS

xxxxxI

La misma ausencia.
Como calcada de otra,
llega la noche.

 

 

xxxxxII

Atiza el fuego.
El alma, como siempre,
abriga poco.

 

 

xxxxxIII

Quemas la vida
y el humo del recuerdo
te hace llorar.

 

 

 

 

TANKAS

xxxxxI

Juro que es bella,
aunque sólo la he visto
devuelta a casa,
borracho, sucio y ciego,
y alguna vez de niño.

 

 

xxxxxII

El sol de otoño
es como una caricia,
y se agradece.
Los jóvenes perdemos
siempre la misma guerra.

 

 

 

 

HOMENAJE A THE BEATLES

Aquel viejo colegio,
los primeros guateques,
el primer cigarrillo
y los castos amores.
Todavía la inocencia
soñando disparates
—rebeldías con regusto
a pan y chocolate—.
Señor, cómo nos mata
el tiempo. Cómo vamos
quedándonos desnudos
y solos, como fríos
esqueletos de otoño.
Pero no te preocupes,
corazón, no me llores.
Si anochece y no hay nadie,
let it be.

 

 

 

 

HOY COMO AYER

Cuando una tarde
se pide al camarero lo de siempre:
una taza de té, porque el alcohol
nos enseñó los dientes.

Cuando se vuelve a los recuerdos
para huir del presente
—porque también la vida
nos enseñó los dientes—…

Lo discreto sería no levantarse,
quedarse en cama, solo y bien tapado,
y decirle a la muerte, cuando venga:
—Llegas con unos años de retraso.

 

 

 

 

NADA

Nada que avive el apagado ritmo
de este invernal anochecer.
Escenas de interiores, propias
para algún film de arte y ensayo.

El agobiante clima de la estancia.
Sobre la mesa, libros
y un cenicero abarrotado.

Lentamente, la noche viene entrando
a través del cristal de la ventana.
Nadie enciende la luz.
No hay que ver nada.

 

 

 

 

LOS BUENOS PROPÓSITOS

Mi decisión es firme:
quiero cambiar de traje,
darme un baño de luz
y marcharme a los parques,
dispuesto a que las flores
murmuren a mi paso:
—Ahí va la crema
de los desheredados.

Mi decisión es firme:
quiero llenar mis horas
de nobles sentimientos,
blancos como palomas,
quiero mirarlo todo
con ojos de inocencia.
Pero hay tantos mosquitos
aquí, que no me dejan.

 

 

 

 

SOLEDADES

xxxxxI

Si me tengo que morir,
¿por qué no me lo advirtieron
antes de venir aquí?

No sé qué tiene la vida
que, a ratos, se me atraganta
como si fuera una espina.

¿A qué jugarán los hombres
de aquí para allá, sin tregua,
de la mañana a la noche?

 

 

xxxxxII

Dejar que la vida siga
o poner un cartelón
y escrito con letra clara:
«Cerrado por defunción».
Mejor decido mañana.

 

 

xxxxxIII

Con los años, se complica
cada vez un poco más
el misterio de la vida.

¿Sobra la justa distancia
para ver que todo sigue
su curso, como si nada?

Los niños —y así les va—
no han aprendido que todo
tiene principio y final.

 

 

xxxxxIV

Conviene no olvidarlo:
por esta senda,
que llaman vida, todos
vamos a tientas,

igual que ciegos.
En ceniza terminan
todos los fuegos.

 

 

xxxxxV

En política y amor
no faltará quien se venda
al mejor postor.

 

 

 

 

ACHAQUES DE SOLITARIO

He pasado de largo casi siempre
ante el amor, y eso algún día se paga.
Cuántas veces me he dicho:
—No hay prisa,
ya le abriré mañana.

Pero mañana es hoy, y ahora sucede
que cae la noche y sé lo que me aguarda:
mi habitación, la soledad y el frío.
¿Comprende usted por qué sonrío?
Sólo el humor me salva.

 

 

 

 

SIN VOCACIÓN DE ASCETA

A fuerza de vivir, como un mendigo
de besos, en la más casta miseria,
aprendí del amor que no lo es todo,
pero ayuda y endulza la existencia.

Ciento ochenta y tres noches de abstinencia
—sin vocación de asceta—, con sus días,
dan para cavilar sobremanera.

 

 

 

 

NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO

Ahora que estamos solos,
déjame que te abra
un poco el corazón y que te diga
lo que quizá no dije con palabras.

Ahora que estamos solos
—solos en la distancia—
y la palabra amiga
me sabe a intimidad y buena charla:

ven a verme.
Serás bien recibida.

 

 

 

 

NO ES NADA, PERO DUELE

La soledad no existe.
Dicen que es sólo un tema
que pone el tono triste
en algunos poemas.

Me he plantado mi abrigo
mejor, frente al espejo,
y he salido a la tarde
con un corazón nuevo.

¡Tanta gente…! Imposible
que alguien pueda dudarlo.
La soledad no existe
nada más que en los tangos.

En la mesa vecina
del café, una enfermera
le cuenta a sus amigas
detalles de una juerga.

Pasan dos quinceañeras
y en sus ojos hay algo
de gatitas en celo
con la fiebre del sábado.

La soledad… ¡Mentira!
La niegan las parejas
que en los bancos del parque
se muerden y se estrechan.

La soledad no existe.
Dicen que es sólo un tema
que pone el tono triste
en algunos poemas.

 

 

 

 

TE RECUERDO COMO ERAS

Hoy estarás casada, serás madre y esposa,
y puede que un amante hasta te ofrezca rosas.

Pero yo sé que alguna noche habrás sonreído
recordando aquel cuarto que nos hizo más íntimos.

Al final, casi siempre, del amor sólo quedan
postales que el olvido retoca a su manera.

 

 

 

 

LA TENTACIÓN DEL RETIRO

Después de todo, ¿a quién puede importarle
mi vida? —Esta afición a contar cuentos
de dudoso interés—. Tal vez sería
preferible olvidarse de los libros
y aprender del amigo Arthur Rimbaud
el noble oficio de contrabandista.

Si puede ser de armas, aún mejor.

 

 

 

 

UN LUGAR EN LA TIERRA

Esta ciudad, donde te vas volviendo
cada día más viejo, aunque no quieras
dar a torcer tu brazo y te resistas
a dejar de ser joven
y puro, a tu manera.

Esta ciudad —sus calles, sus rincones,
sus jardines, su río, sus tabernas—
forma parte de ti, es todo eso
que algunos llaman patria:
un lugar en la tierra.

 

 

 

Salvago, Javier. Variaciones y reincidencias (Poesía 1977-1997). Sevilla; Ed. Renacimiento, 1997.

 

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