Archivo

Posts Tagged ‘valparaíso ediciones’

LOS DÍAS EXTRAÑOS

 

MEJORES QUE NOSOTROS

Oh muchachas de los años setenta,
os recuerdo esta tarde, mientras miro a quien amo.
Ella fue de las vuestras. Descubría
la luz y los semáforos, las sábanas heladas
y los sábados heridos de filmes imposibles.

Muchachas de blue jeans adictos al pecado
y a los viejos caminos y a músicas indóciles.

Muchachas de habitación estudiante, camisa de franela
xxxy discos de prestado,
de flor muy generosa y de poemas malditos,
de arcillas y cerámicas, de ropas adquiridas
xxxen viejos mercadillos.
Muchachas torturadas, frágiles como la espuma
de las últimas bahías vírgenes del siglo en que nacisteis.
Erais pequeñas patrias donde el amor tenía
un lugar fugitivo y una tarde de lluvia,
virginidades rotas cual dudosas batallas
xxxcon pocos vencedores,
caminatas sin fin por calles que esperaban
la decisión y la vehemencia frente a las ciegas sombras
del pasado.

Muchachas como ella, la mujer a quien amo,
gigantescas anémonas de cine matinal
xxxy parques escondidos
que tuvisteis ternura traicionada, que agotasteis a Freud
buscando lo imposible. Dulces muchachas
xxxa las que amamos mal, a las que casi dictábamos
frases de Whilhelm Reich torpemente aprendidas.

Hoy os recuerdo dulces y entregadas,
generosas y bellas e inmerecidas,
encogidas bajo el poncho o con los pies helados
bajo una manta rústica en un pueblo perdido
detrás de cualquier sábado.

 

 

 

 

ELEGÍA

xxxxxxxxxxxxxxxSe van separando lentamente de la tierra, de esa parte en la
xxxxxxxxxxxxxxxque han vivido, y podemos ver su rendición al silencio.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSiri Hustvedt

A veces, es la muerte quien habla de nosotros.
Hoy he vuelto a los campos, he vuelto a la llanura
que fue de ella, a los campos de nuestros hijos,
de mi tardía adolescencia, llevado por tu muerte,
mujer vencida desde niña, alzada contra la noche
xxxy el silencio y los botones
y las mangas menguadas del abrigo.

Llegamos con agosto ardiendo por los trigos.
El pueblo se acunaba en un letargo de desmemoria.

Vinimos a tu muerte para buscar tu vida
de servidumbre y soledad: fulgía entre las casas
un recuerdo de huertos, delantales, cómodas, vasijas,
retratos sin color, crepúsculos de julio flotando
xxxsobre el campo
como un humo enfriado por sombra y arboleda.

En el aire se oían las voces de los niños:
inapropiados hijos que buscaron la lana
de tu maternidad inútil, mujer crecida en vano,
huérfana de descendencia, hueco para los hijos
forasteros, aturdida conciencia de la verdad negada
xxxpor altares e incienso.

En el aire temblaban la habitación perdida y los tesoros
llegados de viajes no vividos:
xxxceniceros absurdos, piezas
de porcelana, medallas y cadenas, postales, abalorios,
viejas fotografías, caracolas, sedimentos
de unas vidas tocadas sólo un poco, cuando apenas
descubrían el mundo y te llamaban.

En el aire, junto a la iglesia
que apenas recordaba, florecías sobre tu muerte,
regresabas
con las esquirlas de una tarde, quizá agosto de un año
vivo todavía, en que acudimos, caminando,
a los huertos:
reíamos contigo y aprendíamos el misterio del agua
y del mantillo, los secretos que guardan
xxxlas hortalizas,
la luz de los crepúsculos de tu infancia perdida
respirando el olor y el desaliento de un tiempo
xxxde preguerra, de días de carencias y achicoria.

Te han dejado en la tierra. A ti, la nacida en el aire,
la invitada del aire, la llamada a negar
el encierro y las sombras para ser ceniza
que sembrara los cuerpos y volara
por encima del pueblo.

Debiste caer, como una harina mansa,
sobre surco y tejados, debiste acariciar
las calles del lugar, reconciliarte
con el musgo y la hierba, con los trigos
y girasoles, con los chopos vencidos por la tarde
y el río, con los hijos maduros.

Pero estás bajo tierra. Te han dejado en la tierra.

 

 

 

 

ESTACIÓN PERDIDA. EL DIRECTO

Los grajos, los animales
de las noches y de los abandonos:
la estación rota que habitó algún mendigo
y, a veces, la tormenta. El refugio del sexo
y del furtivo tacto, de las traiciones y el desamor.

La he visto esta mañana, en la fotografía
sobre el muro de un bar que apenas visitamos:
estuvimos allí en tiempos casi alegres, antes
de la demolición y del olvido, del dominio
de los murciélagos, de los amores clandestinos
y adolescentes en las noches de fiesta
de los pueblos del valle.

Son ruinas,
sombras de trenes, de muy viejas palabras y de lluvias,
de dependencias donde, a veces,
arribaban viajeros de lugares remotos,
amigos de otros años y buhoneros, caminantes
herederos de un tiempo de hollín y carbonilla
y maderas podridas, borrosas huellas de noches
xxxmuy remotas
y crueles, cuando los prisioneros
quebraban el granito, tendían el metal, alzaban
los travesaños, horadaban los túneles, entregaban
la vida y la memoria y la palabra.

Hoy nada queda de la vieja estación.
Sólo la luz de los alrededores.
Sólo la niebla de los inviernos de la memoria.
Sólo la grava que una tarde remota
se manchó de gasoil. Quizá la imagen
de un talgo en lontananza cruzando algún verano
y un chiquillo que juega a contemplarlo
desde el refugio que la fantasía de las tardes de tedio
construyó tras las rocas entre sueños de cine
y de imposibles.

 

 

 

 

NOTICIA DEL OTOÑO

xxxxxIII

Ha llegado de pronto. Las voces rozan
la extrañeza y la duda porque el aire
baja templado desde las cumbres últimas:
huele al humus que renace entre los helechos,
los viejos bares que colmó el verano
vuelven a la quietud de los anocheceres cortos,
xxxy en los campos
alguien corta la leña contra el viento,
alguien ama tras la pared del cementerio antiguo,
alguien llora las muertes innecesarias
al lado del camino, alguien vuelve
a contarnos historias de fusilados y a temer al relente
de las noches largas.

 

 

xxxxxV

Leer a Auden, cerrar la puerta al aire que atardece,
dejar que las ventanas muestren un patio crepuscular
y traigan de la calle incertidumbres y manchas
xxxde pobreza.
Leer al viejo Steinbeck y respirar el barro
xxxde remotas multitudes
sin amparo.
xxxxxxxxxxxxEscuchar el sonido y las pausas
de lejanos talleres, de artesanos a punto de acabar
xxxla última vasija
en pueblos escondidos donde nadie recuerda
porque duele el recuerdo y hace mucho
que el olvido desteje la razón aprendida, la ilustrada
devoción del abuelo perdido en los cuarenta.

 

 

 

 

EN VIANA DO CASTELO

No es posible, esta noche,
evitar el retorno a otro verano
también en Portugal, cuando los sueños
se hilvanaban con miedo y con un dos caballos
tan frágil como aquellas veladas
donde amantes y dioses convivían.

Hoy la noche, olorosa
a menta y a lavanda, me sorprende
en medio de un jardín cercano al mar
cuando agosto se rinde.

Muere el día en Viana
do Castelo: hemos sido, por horas, paseantes
por sus calles de piedra hasta sabernos
sólo fragilidad, pues nuestro hijo
nos hablaba del tiempo con su sola presencia,
dibujaba la edad en la conciencia, devolvía
nuestros días indóciles,
las mudas sucesivas que fuimos adoptando
xxxhasta llegar a él.

Y a mí volvió la luz de Guarda en el agosto
del año ochenta y nueve, y la vieja piscina
donde ahogamos el tedio, y abajo la ciudad
en cuesta: y tú y yo, repletos
de certezas endebles como la juventud o nuestras manos.

 

 

 

 

EN MÁNCHESTER

En una esquina de la lluvia de Mánchester,
donde ardía diciembre en mercadillos
callejeros y en tenderetes
de tiempos ideales y nieves y abundancia,
tú, caminante que busca rarezas
y azogues oxidados, objetos de unos años difíciles,
descubriste, no lejos
de la catedral de piedra oscurecida, el rincón apacible.

Allí, bajo la lluvia de Mánchester, la habitación
que asomaba a un jardín ocultaba,
en su paz de entresueño,
que en días muy lejanos, en la mesa
que el tiempo ha oscurecido, floreció una tormenta.

Muy cerca de la Chetham’s Library,
evocando el olor y las manchas
del hollín y la grasa, de la fiebre y el hambre,
de la miseria de tantos invisibles,
Carlos Marx, filósofo de la cifra y el torno,
entre antiguos legajos y a salvo de la lluvia,
lentamente fue abriendo
el cegado horizonte de los nunca premiados.

Lo llamó manifiesto. Desde entonces
no ha dejado el fantasma de temblar en las calles
del mundo. Afuera, llueve sin tregua. Y anochece.

 

 

 

 

DE PASO

Llegar a las ciudades
cuando nadie te espera:
un día antes, tal vez algunas horas
de la presentación o la lectura,
quizá de un curso de relato o de poesía.

Ser en ellas ausencia o extrañeza, anonimato
puro: tomar café de incógnito
junto a un ventanal que da al paseo
o en cualquier velador mirando al mar
mientras cruzan la calle anécdotas en fuga,
señales de otras vidas, tentaciones
para tu condición de forastero.

Mujeres que te observan sin saberte,
viejos que siempre acuden
a algún lugar cercano donde venden pan y compañía,
niños que te contemplan en silencio.

Viejas urbes con mar o con gaviotas.
Con paseos extensos que sombrean
hayas centenarias y robles quebradizos,
escaparates, plazas apacibles o callejas
sombrías y asustadas que dan a catedrales
o a parques junto al río.

Existir sin que nadie lo sepa,
en el espacio vacío que entre viaje y lectura
carece de nombre, de lugar en el tiempo de los otros, sólo
vive en tu tiempo
o en el de un camarero que comienza a olvidarte.

 

 

 

 

LETRAHERIDOS

Envejecidos, a veces, los encuentro
en las lecturas: rostros que fueron luz
y casi adolescencia, gesto
de asombro, que ahora lucen
la densidad del tiempo y sus excesos,
sus raíces, sus sombras, su noticia avergonzada
de la vejez.
xxxxxxxxxxxFueron
deslumbramiento y compañía
en los años ochenta del siglo más violento:
nacíamos entonces a las revistas y a la lluvia,
a la noche de las infamias y de las músicas dudosas
de un Madrid recobrado, ávidos de mañana y juventud.
Nacíamos también
al poema impreso, a las novelas, al canto que asomaba,
entre nieblas y destellos, en bares algo rotos,
como extensos refugios de letra interminable.

Rostros que ahora acontecen
como sombras de lo que fueron:
los recuerdo jóvenes e inmutables,
adictos a la noche y al gin-tonic, al sexo sin abrigo,
ebrios de la palabra a descubrir, amigos entusiastas
de un tiempo sólo lúcido
en la distancia y en los temporales
de la juerga y la noche.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxYa la edad nos avisa,
somos otros: hemos convivido en jurados extraños
o previsibles, compartido renuncias
en ciudades desconocidas, en lecturas tardías
por viejos ateneos o en flamantes salones
de alguna obra social,
en mesas redondas y en casetas
de ferias donde al libro
se le obliga a salir y a mirar a la gente
que quizá no lo ama.

Hemos sido inquilinos
de noches desatentas y frías madrugadas
constatando la crecida y la bruma que la edad
xxxnos concede,
bebiendo, sin saberlo quizá, la madurez soñada
cuando entonces: nacían los ochenta y el siglo XXI
era tal vez
la almena inalcanzable de quienes comenzábamos.

 

 

 

Rico, Manuel. Los días extraños. Granada; Valparaíso ediciones, 2015.

 

LA SANGRE

Esta mañana me ha llegado a casa uno de esos regalos que no se sabe si se podrán agradecer lo bastante, el último libro de Andrés García Cerdán, ‘La sangre’.

Los que sentimos debilidad por la poesía de Andrés estamos de enhorabuena por este libro que obtuvo el II Premio Internacional de Poesía Ciudad de Almuñecar.

 

La sangre

 

Cómo no sentir debilidad por un libro que abres y del que saltan relámpagos, perros y tigres en sus dos primeros poemas:

 

NADA MÁS

Escribir un libro que duela
como duelen las cosas más hermosas.
Que la memoria diga, al mismo tiempo,
toda la dicha y toda la nostalgia
de lo que ha sido puro. Nada más.
Mientras ladren los perros,
mientras se envuelva en seda la crisálida,
devanar el ovillo, ir afilando
la rueca e ir tejiendo una noticia
en cuyo centro quepan los relámpagos
y el barro del camino. Solo así
será posible darles un sentido
a estas palabras broncas y deformes
con las que luchas. Solo así
conseguirás que Jano y los demás
dioses de la ciudad concedan
que en verdad has vivido
y que fue muy hermoso y que dolía.

 

 

 

 

LA SANGRE

¿De la espesura
de qué orilla ha surgido el tigre?
¿De qué sombra anterior a nuestra sombra
proceden su zarpazo
brutal, su exhalación sin nombre,
las almendras salvajes de sus ojos?
¿O estuvo siempre aquí
y no supimos darnos cuenta?
Es terrible su agilidad
mientras se arquea en la amenaza.
Olemos su peligro. La inminencia
del ataque nos petrifica
y nos embriaga.
Porque hay algo más que temor
en este último desasosiego:
deseamos morir,
oh sí, cuanto antes morir
en el filo de sus colmillos agudos,
en la presión de sus mandíbulas.
Tal vez sea lo único digno de nuestras vidas
este momento.

Antes que escape
y otra vez sea fuego donde no lo alcancemos,
en nuestros huesos ha de crujir el rugido
inextinguible de su fuerza.
Nuestra sangre será decantación
de una única herida decisiva,
nostalgia de sus pasos fulgurantes
sobre la hierba.

 

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más