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Posts Tagged ‘una vez en pamplona’

UNA VEZ EN PAMPLONA 49

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ALFREDO RODRÍGUEZ

MYSTERIUM FASCINANS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxAl maestro Antonio Colinas,
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPor aquella lectura de Sepulcro en Tarquinia
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxQue me hizo tan feliz.

Todo lo misterioso, todo lo oscuro
Todo lo que desconocemos y que está dentro de nosotros
Revelación de un misterio inexplicable
Fascinante faro que en la noche del ser
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxnos ilumina

Dichosa, oh Tú, que nos permites ver
Lo que los demás no ven
Que nos haces ser y estar
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxde esta manera en el mundo

A qué negar que seas un don
‒y a la vez una condena
Porque me hagas ir más allá del conocimiento
Y chocar contra el mundo y su desorden miserable
Cuando escucho en mi interior
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxtu Voz

Oh mi Amada, te seguiré en la noche oscura y gozaré de Ti
A qué negarlo. Me sigues siendo tan necesaria
Y debes permanecer ahí, consustancial a mi vida

No concebiré el mundo sin ti
Mi vieja Amada, mi dulce muerte
Hablaré con palabras que no sean de nuestro tiempo
‒no dialogaré con la dura realidad elemental

Que sea tu Canto concebido
Un mensaje de todas las épocas
A contracorriente
xxxxxxxxxxxxxxxxEn otro estrato
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn otro plano

Que sea tu Palabra
Nueva y diferente

Palabra luminosa

 

UNA VEZ EN PAMPLONA 48

My beautiful picture

 

 

JAVIER PÉREZ

FRAGMENTOS DE UN MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA CONTAR OVEJAS

xxxxxI

xxPara dormir, cuéntese sobre todo ovejas blancas. Contar ovejas negras tiene el inconveniente de que no siempre se distinguen en la noche, ni siquiera en el lubricán, e incluso pudiera ser que el aspirante a durmiente se contagiara de sus ideas. No queremos que el insomne logre el sueño al precio de adquirir ideas antisociales. Además, es sabido que en el lomo de las ovejas negras se posan los mirlos blancos, y no es conveniente que el insomne cuente entelequias. Podría incluso pensar que existen. (Si ya de por sí el insomne es un poco borrego, contar ovejas puede desarrollar esa faceta de su personalidad.)

xxMucho cuidado si es un filósofo el insomne. Que no se entretenga en la idea platónica de oveja, pues es una, indivisible y perfecta. Le recomendamos que se abstenga de mostrar muy evidentemente su desprecio ante las copias imperfectas de dicha idea. Aunque no dotadas de muchas luces, las ovejas tienen su pundonor. Quizás el aristotelismo sea más conveniente. (Conozco a un filósofo que prefiere contar hipopótamos; los filósofos, en general, suelen ser tipos muy raros.)

xxLos filósofos cartesianos nunca duermen bien, pues siempre tienen el temor de que el geniecillo maligno embrolle deliberadamente el número de reses y así pasan toda la noche contando y recontando la misma oveja, haciendo una tela de Penélope de un simple rebaño. (Es más, hay quien afirma poder reconocer a un filósofo cartesiano sólo por la expresión soñolienta que sigue mostrando incluso a media mañana.)

xxxxxII

xxLos correctores, por deformación profesional, cuentan gazapos. Es más sencillo que contar liebres, ya que éstas saltan donde menos se piensa, y no es que el durmiente se confunda, es que muchas veces ni ellas mismas saben si son la misma o no. Además, algunas liebres adquieren muy pronto la censurable costumbre de morder en el índice al somnivolente, lo que no augura precisamente sueños agradables. Guillermo Dorro consiguió erradicar tan fea costumbre untándose el dedo de pimienta, pero las liebres, en venganza, se pusieron a saltar delante de él a velocidades insospechadas, y así murió insomne a los ciento nueve años.

xxxxxIII

xxLos lobos tienen poca paciencia para contar ovejas. No se sabe de ninguno que haya llegado a contar más de trece, y ya es mucho. Por regla general cuentan hasta tres y a continuación se comen a la que tengan más cerca. Al acabar se echan la siesta, y así es como se les cura realmente el insomnio.

xxEn cuanto a las teorías que atribuyen al lince una mayor resistencia, están por comprobar, a pesar de los experimentos que con tal objeto ha realizado la investigadora francesa Mme. Vassaire Queneau.

xxxxxIV

xxLos lectores de Bernardo Atxaga para dormir cuentan vacas. Es mucho más cómodo que contar erizos, y conviene estar prevenido ante el orgulloso desprecio que muestran las vacas ante los contadores de ovejas.

xx¿Qué harían los seguidores de Julio Medem? En principio, también deberían contar vacas, o quizás dejarse contar por ellas. Puede ser difícil, pero también hay que hacerse a estas inversiones. (Y las inversiones, como es sabido, llevan frecuentemente a contar palíndromos, como Acá va la vaca.) Aunque, quién sabe, a lo mejor les da por contar ardillas rojas, lo que puede ser peligroso dada la afición de éstas a lanzar piñas a la cabeza de quienes las observan. Que no olviden, de todos modos, que ni en el Círculo Polar ni en las islas flotantes hay mucho ganado.

xxLos lectores de Augusto Monterroso son capítulo aparte. Les entristece contar vacas desde el tren. Prefieren contar dinosaurios, porque saben que al despertar van a seguir allí. Pero lo que más les gusta es jugar a convertir Acá va la vaca en Acaba la vaca o, sobre todo, en Acá bala la vaca, lo que crea la intriga de cuál es ese lugar mágico donde el somnivolente confunde y embrolla la vaca con la oveja, y ya se duerme de puro cansancio. (En opinión de la Dra. Ana Lalana, es la propia vaca u oveja ‒rumiante indeterminado leemos en sus textos‒ la que se echa a dormir para encontrarse a sí misma lejos de esos pelmas e insomnes.)

xxPara terminar, no sabemos qué cuentan los lectores de Borges (¿tigres?, ¿dragones?, ¿minotauros?) dado que dicho autor no lo veía nada claro. Y aún podríamos seguir mucho tiempo enumerando y detallando tan necesarias instrucciones, si no fuera por el sueño que me está entrando.

 

 

 

ALFREDO RODRÍGUEZ

MEDITACIONES
(DE MARCO AURELIO)

Largas noches de invierno
Deambulando solo como un fantasma
Atravesando largos corredores de palacio

Cuando no te es fácil conciliar el sueño
Cuando bien sabes que servir significa amar
Y el alma permanece
Extrañamente encendida

Cómo pesa en ti esta vida
El sesgo de los años
La degeneración cultural se ha hecho costumbre
El polvo del tiempo abandono de los clásicos

Mentir al populacho para tenerlo contento
‒mintiendo así a tu tristeza‒
Recuperar la gloria del pasado,
Las Obras Griegas dirán nuestra Verdad

Quemar en los bosques azules del Lazio
El final de esta larga agonía

 

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