Archivo

Posts Tagged ‘t. s. norio’

LA BALADA DEL PRÍNCIPE KROPOTKIN

diciembre 23, 2015 Deja un comentario

Bunbury - Radical sonora

 

xxxxx1)

El autobús que nos llevaba por las pistas al avión
en el aeropuerto de Bruselas,compañía
Sabena (me acuerdo
que estaba el aeropuerto en obras,
línea Edimburgo Bruselas Edimburgo)
iba atestado de obreros con corbata,
tenías que haber visto qué cara de trabajo,
qué honrado cerrar los ojos y apoyarse
sobre el lluvioso temblor del ventanuco, apoyar
sobre la noche afuera la cabeza
y pensar oh dios cómo me gustaría estar en casa,
el maletín sujetado con desgana entre las piernas,
las legítimas ojeras del trabajo bien hecho,
aquella cuadrilla de vuelta del trabajo
llevaban en el maletín de pronto también la vida
junto con su almuerzo, oh sindicato de impresores de Trolinjka,
1912, entre cartapacios y el detallado
borrador del asunto entre manos
llevaban la antorcha del trabajo honrado y hecho, había
uno, recuerdo, con falda escocesa,
me lo había encontrado en el avión en el avión de ir por la mañana,
y había uno que no dormía, minucioso
introdujo en una bolsita las últimas monedas belgas, introdujo
el billete en la bolsa de gastos en belga
y sacó otras dos bolsas más pequeñas,
oh qué proletario detallismo, qué eficiencia,
últimamente se viene observando…, y guardó la nueva calderilla en el previsto
monedero y en la otra cartera el otro billetamen introdujo
y luego cerró el maletín sobre sus piernas
y se quedó mirando las luces rojas, blancas, moradas
de la actividad que sudaba el aeropuerto,
aviones y coches y autobuses y camiones y trenes de panza en panza
con un algo de película de guerra y emergencia
y también él cerró los ojos y parecía de pronto
un chotis aquello, costumbrismo local,
una zarzuela con tipos pintorescos y humanitario
tratar de personajes, parecía
el sabor a vida que rezuman los tranvías,
qué verde era mi bache,
y yo cerré luego los ojos también, estaba muy cansado,
había tenido una muy importante entrevista para un puesto
en Europa importantísimo y había salido
con palpitación de día laboral escaqueado
y había acabado en la Gran Plaza, no serían todavía
ni las once de la mañana,
viendo desde una estratégica maravillosa mesa
a los turistas, la gente, el cartero mayor con gafas de abuelete,
el grupo de escolares, la romántica pareja
de elegantes jubilados con las manos cogidas
y pedí una cerveza
y no era para menos
y volví a fumar, me trajo el camarero
todo un paquete con la segunda cerveza de Marlboro
y ¡oh, sí! sentí con la primera calada una indescifrable comunión
con el más profundo y certero espíritu de la vida,
con la plaza, la mañana, las personas,
los carteles sobre la chimenea enfrente de mi mesa
(que decían Segunda Feria Municipal de la ciudad de Bruxelles,
1923, u otro año parecido, no me acuerdo),
el humo del café de la mesa de al lado
se hacía uno con el de mis volutas,
los adoquines brillantes de la lluvia tan tenue…
y me había venido un ramalazo de olores, de vibraciones
de hacía un montón de años, que viniera otra vez
(¿mochila, dedo, parques públicos, pintorescos detalles?)
y me había quedado enganchado con la plaza mucho rato
y al fin me levanté, no sin desgana,
y encontré una tienda de viejo
y me regalé dos libros, uno de Stendhal
y otro de cocina chipriota
y luego busqué dónde comer y acabé en un snack bar, los dueños
se sentaban con otra pareja de gente en sus cincuenta
(porque era ya tarde y al despedirse se besaron todos con todas
y seguía lloviendo detrás de los provincianos visillos
pero empezaba a tener un tono melancólico
la calle que si uno se descuida…)
y nos quedamos solos yo y los dueños
y pedí otro cuartillo del vino del patrón
y alargué la comida hasta que pude y luego
busqué la Estación Central para coger el tren entre la lluvia
al aeropuerto y fui al mostrador y enseñé varias veces mis papeles
y pasé al duti free y compré cigarrillos
y me gasté mis últimos francos belgas en un
periódico español y un chocolate
(en la hilera de abajo, las revistas de nenas
hacían tener que doblar con disimulo el gaznate a más de uno
que compraba al final empalmado Financial Times y el Soir)
y me senté a esperar el proteico canto de la sirena del Monsacro llamando de la mina
y cuando llegué a Edimburgo caminé por las solitarias calles hasta casa
(oh, yo caminé por las solitarias noches de Edimburgo hasta mi casa)
mientras cantaba entre dientes la canción de aquel año
(I don’t know if you can see…)
hasta subir por Grass Marquet y ver ya desde lejos la luz en la ventana
del salón y decirme en voz alta “estamos
por fin en casa estamos por fin en casa”.

Yo aquel año vivía de entrampiar la cosa pública extranjera
siguiendo inversamente al índice de precios al consumo mi nostalgia;
libre de la avaricia del tiempo
a la dolorosa luz de las grandes bombillas de la trasera de la Escuela de Artes
tenía siempre unas décimas y me superaba a mí mismo y leía a Pessoa y
escribía,
con mis malignos ojos recreados
en el aire atento de los congregados,
con la pericia a humos de un decoroso intérprete
había empezado a querer escribir unos versos realmente simpáticos,
que desconociesen por completo los antiguos,
quería hablar muy claro de los búcaros y las navegaciones,
de si en sueños vio realmente el líder del piquete
la imagen de Dios con aguacero,
quería hablar en un tono novedoso, acaso un poco épico,
no alzar los planos exactos de ningunos crepúsculos,
no catalogar los innumerables crepúsculos,
sino abrasarme casi en inexactas metafísicas,
huracanes del miedo ante la libertad… y al poco
de esto una tarde llamaron a la puerta…………………….
………………………………………………………………………………………………..
………………………………………………………………………………………………..
………………………………………………………..pero el inspector del House
Benefit
cuando iba a descubrir el pastel
olió que salía un olor del horno y me miró
interro
xxxxxxxgativa
xxxxxxxxxxxxxmente a los ojos. Kavas, le dije,
a Cyprus speciality,
y era de los barrios portuarios de Larnaca,
su padre era de allí, y luego
cuando terminó de comer (le habíamos invitado)
gritó entre lágrimas que no problema con la pequeña trampa
y saqué el malta, la máquina de hacer amigos,
“el vino del patrón de mis viñedos”,
y brindamos varias veces por la liberación del yugo turco
de las tierras ocupadas de la República de Chipre,
me gustaría haber terminado cantando juntos el himno
nacional de algún sitio pero no lo sabíamos,
viva, viva la cosa pública y el fomento de la inmigración,
hurra hurra hurra por la comida regional,
hola, cheque del subsidio, no sabes qué alegría me da verte,
y escribí esa noche un soneto muy bonito
clamando por la liberación del yugo turco,
al aguerrido modesta contribución,
quedó muy bien, pueblo chipriota,
en justa recompensa.

 

 

xxxxx2)

…y pasó el tiempo pasó el tiempo pasó el tiempo
me hice poeta de escalafón y una gran tonelada de semen…

 

 

xxxxx3)

dijo:
el ruidito que hacen en la noche las pistolas al montarlas
casi llamó la atención de los guardias
pero estaban a dios gracias achispados,
había sido la fiesta del pueblo,
y siguieron tras un momento su camino;
así pude escapar por el oscuro bosque
y me escondí hasta que volvieron a recuperar el color las rosas
y esa noche me acordé mucho de la ciudad de V…,
tuve una floristería allí hasta el 19,
me parece que fue el año que se llevó el río el puente de los Camboyanos,
y en la mañana salí del bosque
cual rico cazador recorre el soto
e inicié una nueva vida y en los astilleros de mi memoria
me hice por un tiempo, como dice el cantar,
de páramos experto.

 

 

xxxxx4)

dijo:
existen personas absolutamente honorables
que marchan con terror de los jueces,
otros con terror de los bandidos,
no sé si entiendo su confusión,
…el sabor metálico en la boca de la mensualidad del crédito
que parece definitivo que no podrás pagar,
habrá que hablar con Chema,
y en medio de la oscuridad una luz una luz una luz,
con ese comienzo a solidificarse de incipiente,
de prometedora, esperanzada y bien pensante fuerza viva
que te jode el cogote,
racionalísimos planes de tacón para arreglarlo todo
y te quedas dormido contando reformas sociales,
¡ay, si a mí me dejaran…! ¡¡pero yo no me pringo!!,
te cabe en el cogote la ciudad ideal pero el malvado
especulador planeaba destruir las casuchas del barrio de la atalaya
para construir un centro comercial,
decidieron los afectados constituirse en asamblea,
exigieron una cuota mínima en los empleos a generar
y tras unas horas de gran tensión llegaron todos a un…
…muérdago y espinacas en los confusos páramos del norte
de los parroquianos…
…vivan, vivan los grupúsculos disolventes…
…siempre plomizo populacho…
…chusma casi vinculada al índice del coste de la vida…
y unas espinacas con azafrán,
que se hunda el mundo
mientras yo coma
¡oho! ¡oho!

 

 

xxxxx5)

Esto era la época en que fueron algo leídos Julian Beck y el maestro Zitarrosa
‒”cuando yo era pequeño (mi madre me contó cuando era joven)
mi padre escardaba un poco de tabaco de Virginia,
machacaba nuez moscada,
la mezclaba con clandestinos cañamones
en polvo jachisero
en a modo de cigarrilos,
lo entrompetaba  con los dedos con un papel adhoc y un cartoncillo
y fumábalos luego y ponía discos y escribía
poesías,
versos,
y tararea ensimismado la sonata del futbolín del Berlín o algo así,
me parece que lo llamaban trasponerse,
mi abuela se ponía de los nervios”‒,
yo imaginaba de aquella que tenía un alma proletaria,
me gustaban las liturgias ‒abramos otra liturgia,
otra cerveza,
otro cutre petardo‒
y el redil se llenaba por momentos de inteligentes camaradas en el redil metidos,
con gran clarividencia sabían dónde estaban,
si tocase la loto me salía,
hagamos poesía lírica mientras tanto,
elogiemos con sutiles matizaciones la liberación individual,
citemos a Pessoa, a un oscuro poeta brasileiro
que muriese de hambre
en París o de aguacero,
hagámonoslo de honrados,
abonos, trilladoras a vapor, progresos dela agricultura,
la poética hoz y el martillo poético
en medio de la chusma,
una vacaciones en la costa,
los fines de semana yo creí que era virgen,
una revolución que ni con lupa,
una revolución de andar por casa,
un blues hablado,
una mezcla de miedo y meretrices, el doctor dice que me curaré seguramente
y alabó un rato mi enorme inteligencia
mientras yo seguía erre que erre con mis treinta y siete horas del convenio
‒…en las noches de abril
me gustaría clavarla con la secretaria de mi magistratura de trabajo;
luce tan bien, la amo tanto‒,
con la revolución del pleno empleo y enormes vacaciones
grabadas en umatic,
vuestras bodas de doscientos cubiertos,
vuestras farturas dignas de la gripe del catorce,
qué ingenuidad,
es verdad que casi hasta dan ganas de escribir, de
ponerse a escribir con ternura,
de estas fiestas paganas,
de estas listas de boda dionisíacas
y una salida los domingos,
tantas muertes inútiles
y ahí están, ¡aún, todavía! cada siete exactos días
los mismos domingos
(aquí hay un buen verso: “…y los mismos domingos en que tanto te quise”
(¿o los mismos domingos en que casi te quise))
del Don Pedro Kropotkin, del amigo Bakunin
y el lunes al trabajo (por un casual, por cierto,
¿qué tal en el trabajo,
ese honrado sudor de la camarada arcilla,
proletaria, eficiente,
esa buena conciencia que dan las pagas extras?)
y el resto es historia,
leed en mis labios,
el-resto-es-historia.

 

 

xxxxx6)

dijo, el hombre que se sentaba en el sillón de raso dijo:
tío, tú has estado bebiendo,
con la exacta intensidad de quien quiere ignorar el reproche lo dijo;
yo, es cierto, estaba extraordinariamente concentrado
esos días en cierto asunto familiar desagradable,
se puede decir que no salía del hospital
con cierta desgracia familiar,
y me comportaba con gran entereza proletaria,
con aplomo, responsabilidad, un paisano mayor,
buscaba el tono exacto de la voz, la intensidad exacta
del solidario apretar el antebrazo de mis deudos,
parecía un dominico o un médico de Dickens,
yo hubiese estado orgulloso de mí,
así que hice una escapadita
y acabé con mi complejo de responsabilidad
en un bar cualquiera de la esquina de abajo,
no es bueno que el hombre…
de responsables están los consejos de administración encarecidamen…
a mi modo de ver no sería conveniente…
y escribí de un tirón tres poemas, ES-
CRITO A LÁPIZ EN GRASS MARQUET,
A UNA MUJER CON UN PAR DE VASOS DE MÁS
y LINES WRITTEN ON A BANK-NOTE,
y empecé la oda de aquel bienio de a seguidas,
jeremiadas de un agrimensor,
fanfarrias de vendetta de los dueños del quiosco,
¡vamos, vamos como si fuésemos a ponernos ciegos!

 

 

xxxxx7)

No hay trabajo, no hay tierra,
si quieren los chingados que se vengan de una vez.

 

 

xxxxx8)

dijo:
me acuerdo también mucho de La Increíble Banda de Cuerda,
yo solía oírlos en los mediodías clarísimos de los campanarios de diciembre
en que me lo hacía de que me lo hacía
de trapichero a muy definitivamente baja escala,
all right,
me emocionaba también mucho con la Velvet y con Silvio Rodríguez,
y llenaba mis días el olor de mis guantes al salir,
el perfecto compartir de un chirri mañanero en cualquier escalinata,
lo que figura passim en todos mis conciertos,
véanse para más detalles otros poyos
all around the rolling rolling rolling sea now.

 

 

xxxxx9)

Pero yo escribía, escribía,
aplicado a la labor procuraba hacerlo bien,
de la última agonía que se puede cantar,
de la circunstancia que inunda todas las gramáticas,
de hablemos del alcalde, oh alcalde de provincias,
cómo se escupe tu nombre aproximadamente,
o hablemos de los crepúsculos donde se enmogollonan los drogadictos
y prometen curarse
y luego vuelven a la ciudad,
vuelven en la hora más desapacible de la desazón,
hoy salieron al campo,
y se apresuran a buscar un bar amigo donde meterse un botellín,
buscar su dosis
justo a la hora en que se llenan los bares de la pequeña burgue…
justo a la hora más plomiza de un innoble domingo
víspera de lunes
y buscan luego a su hombre, los buscan por las esquinas más cochambrosas de la desapacibilidad,
chusma casi vinculada al coste de la vida,
y lo encuentran, ¿lige
ramente al menos no miserablemente y un huevo
abur
xxxxxxxxgue
xxxxxxxxxxxxxxxxxsados?
poéticos como puesta de sol, no más
de diez minutos
como
mucho
cuando
empiezan
a su vez
a contarte las culpas de la sociedad, la relación
extraña que existe entre la ineficiencia del gobierno y su problema,
yo era bueno, mi padre era prostituta y mi madre camionero,
siete hermanos, señor, y ninguno trabaja,
ninguna formación, sólo me quedaban los establos,
voces angelicales de Vivaldi,
castrati del Angelus en la emisora de música clásica,
té y simpatía, sonrisas a la vuelta del trabajo
en la lluviosa parada de autobús,
café y magdalenas
y algún chismarraco de los que dan calor,
olor de cuero, de azafrán, las calizas tan blancas,
el olor de la plancha después de haber planchado,
el mono, el chándal de trabajo,
la chaqueta que no llevamos ni él ni yo sino con rabia
y Rita y José Luis
y por todos nuestros muertos,
¡oídme, pueblo!,
y-por-todos-nuestros-muertos,
nervios y venas y soledad obrera,
revolución detrás del iris de esos ojos tan tan…,
compartida trinchera.

 

 

xxxxx10)

oh!, creo que vuelvo a tener esa sensación
romántica, casi detergente,
de minoría étnica.

 

 

xxxxx11)

como si hubiese…
como si hubiese sido verdad que definitiva,
inapelablemente era verdad que había que acabar con todos,
con todos los, los, los…¡cabizbajos cuervos en mi volcánico espíritu!

 

 

xxxxx12)

¡¡¡Quitad de mi vista esta basura!!!

 

 

xxxxx13)

dijo:
luego se especializó en las citas sacadas de contexto
(“‒qué cerca de tierra hemos pasado”),
asiduo de cierta biblioteca, de cierta casa del pueblo
del sindicato obrero minero…
…la última sirena del crepúsculo…
…casi me pierdo pensando en qué significa todo esto…
…qué confusión más chula…
…la ropa blanca con la blanca…
…guerra de guerrillas… señor, otro telegrama.
¿De dónde procede?
De Tomsk; más allá nuestras líneas están cortadas.
¿Alguna noticia?
Señor, lo rojo,
lo rojo ha anochecido en nuestro volcánico espíritu…
…esquiroles de las propias huelgas cuarteleras
de los frenéticos precipicios de la clase en el poder…
…nos comieron, nos dejamos comer…
xxxxxdemasiado…
xxxxxtarro…xxxxxestimado camarada: te escribo con la
xxxxxlucha de clases en los ojos,
hablemos un ratín los dos a flor de porro…
xxxxx…luchando por la vida sin dios y sin dinero
en sintonía casi con el tembleteo metálico
del profundo, esdrújulo, vibrante zumbido de la vida,
oh paisanos y paisanas como robles, eruditos honrados,
¿dónde, dónde se quedaron los sabios despitados,
existieron de verdad alguna vez los obreros de Marx del sindicato de impresores?
anarquistas legales en los barrios antiguos de todas todas todas las ciudades,
peligro global elevado a cero
sobre la distancia vertical de la sangre de mis hermanos,
de la sangre vertical de la distancia de mis hermanos,
de la sangre de las distancias volcánicas,
peligro en suma vertical
y falto de plomada… o dijo:
pero de lo que más me acuerdo últimamente es de mi tía,
estaba muy bien saber que después de las mañanas habría caldo de gallina,
ahora está bastante mala,
algo del corazón bastante serio,
se acabaron los asaltos cerveceros a la hora de poetizar del mediodía,
se acabaron tantas cosas
y lo siento por ella
porque siempre ignoró queriendo el índice de precios al consumo,
tenías que ver qué bloques de viviendas habitaba,
pero no nos pongamos melodramáticos tan temprano,
le importaban muy poco tantas cosas…
y le gustaban las poesías de Gabriel y Galán,
hacía bien, el siguiente punto será la mención del azafrán,
por qué tal detallismo, mi madre preparaba el azafrán, lo tostaba
encima de la tapa de la cazuela, ponía
una papelina de rojos filamentos
y luego los echaba a la paella;
en aquel arroz proteico
nos acordábamos de las farturas del ochenta y uno,
de cierto corderamen, particular lubina
con que tanto gozamos,
sería el siete o el ocho de setiem…
y no bajara la ginebra de Bifíter, jó jó,
jo jo, o hablemos de la peña y de uno
estilo ruleta rusa,
lucha y cebolla,
y entonces se rompió la amarra y se dio un gran trompazo,
lo grabé todo (en mi videoteca consta
la tarde que te grabé
ante aquellas palomas),
poesías de verbo y predicado,
la misma distancia que del dadaísmo al posmodernis… (acor-
darse de cambiar por “ciertas tardes”),
la misma distancia,
estribillo y sujeto
y verbo y predicado,
escribe tan bien,
qué gran fotografía
en varios sabores, pues se puede elegir,
pero no me venga usted con poesía incomestible,
cabizbajo me apoyo en dos o tres árboles,
no aceptaré nunca más ningún consenso
con quien diga lo contrario,
dijiste, rotundo en tus entrañas……………..
…………………………………………………………..
…………………………..y luego más dijiste: “y
tú, que estuviste, que te fue dado vivir en el templo por un tiempo,
no me saques, por favor por favor,
no me saques de mis cábalas,
sudor obrero hizo
donde tú ahora te chuleas
y hablemos claro…” ……………………………..
…………………………………………………………..
… esta noche te preguntaré porqué te quise tanto
pero rehusará mi imaginación acompañarte,
oh alma proletaria
con que sueña mi yo obrero y proletario,
sonámbulo horror
xxxxxentre luces
xxxxxxxxxxque se encienden,
revolución casposa,
obreros viperinos,
poesía aguada, de la que pierde uno
la ilusión por lo bajini, cava cava
hacia la línea de flotación de esta civi…
…descampados cuarteleros más baratos que colarse en el bus…
…respetando las convenciones del género…
cuentos chinos
xxxxxpaños calientes
xxxxxxxxxxdorar la píldora
de plagiario tocatas morrocotudas,
el rolsrois del panfleto………………..
………………………………………………..
………………oh cuántos árboles tiene una civilización que gastar en panfletos…
…preguntas que se quedan sin contestar
en el cerebro vendado de las clases del prole
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxta
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxriado
burgués, la imperante gandaya tecnológica,
predominantes ideas con marchamo global,
aldeanas definitivamente de caciques muy brutos,
caeréis inapelablemente
de acuerdo con el teorema de las trompetas de Jericó,
no consta su enunciado… y tú, Kropotkin ‒he wrote on
anarchism,
the French Revolution, Russian literature,
Asia, mutual aid in evolution and Memoirs
of a Revolutionist‒ los siervos,
los siervos que liberaste gozan de bona salude…
clase trabajadora de las rupias de los sueños…
xxxxx
…campanarios mañaneros de la moral de los esclavos
en un tugurio abierto…
xxxxxxxxxx…formatos de ponerse ciego derramando…..
xxxxx…hablando hasta que sea de día…
…están cayendo los andamios…
xxxxxxxxxxxxxxx
xxxxx….
xxxxx…eiooo! eiooo!!!
…hablando… no,
xxxxxxxxxxno, no,
xxxxxno arrojaré este pergami-
no al keroseno!!!

 

 

xxxxx(FINAL

Al conductor del autobús, al lechero,
a la panadera del panadero de los cromos
el señor cartero les ha traído un folleto
con los nuevos poyos del Estado.
Silenciosos, se esmeran en las cuentas;
papa oso, los triunfadores de la hidra proletaria
de mi volcánico espíritu
se afanan en extraer dos decimales.

 

 

 

Norio, T. S. Tres poemas. Tenerife; Ed. Baile del sol, 2009.

 

LA VIDA EN LAS CUNETAS

diciembre 18, 2015 Deja un comentario

Ariadne Artiles - Nude - Elle

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx‒¿Te acuerdas de mí, capitán?
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx‒¡Eres Williams el Bailarín!
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx‒Perdí el compás en Nantucket.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxDylan Thomas

xxxxxI

Cuando yo era pequeño sobre las colinas
de la edad más oscura que lamentar se pudiera,
los ríos se discernían, sabíamos que había un cielo,
yo era un cero a la izquierda muy competente,
yo era un vago a la antigua muy eficaz,
pero en el redil de la clarividencia la coherencia es trivial
así que salí pitando de aquel agujero
demasiado rápido para tan poca carretera
y me pasé el invierno descargando camiones sin un solo problema de faldas
y cuando me llegó mi oportunidad me lancé por ella a tumba abierta
‒una bronca al otro lado del paraíso en el idioma del coraje‒
y mis ilusiones se hicieron obsoletas y acabé
en este promontorio de occidente,
por estas tierras altas,
en aquellos días pensando
y con mando en plaza en estas mañanas.

 

 

xxxxxII

Las turquesas azules, las verdes esmeraldas.
Con los oídos atentos
en el espejo miras el inseguro aspecto de uno mismo
‒el mundo hostil, el hogareño mundo,
a gusto con dos copas sentirse‒
y haces dos cosas: descubrir la piedad
y crear un estilo. Por las bordas de los barcos
tú, yo y el tío abuelo de un amigo mío
cuando la niebla sea roja encargaremos voladores
‒y esto puede ser considerado prácticamente el estribillo‒
y bailaremos claqué sobre las más desdeñosas calles
de las calles de mi barrio.

Por las bordas de los barcos
como estaba la mañana proletaria
y sumido en el vértigo del polvo todo
en plan lo comido por lo bebido
decidimos que no valía la pena meterse con finanzas;
tú te pusiste la cara de los buenos momentos para cruzar fronteras
y yo estuve mezclando los discursos
mientras en los cenáculos de los gobernantes jugaban sus bazas los mayoristas
en plan tienes que ser un bastardo para conseguirlo,
y los dos hicimos voto de desgana
porque tu chica se había dado a la bebida
y la mía se había fugado con uno de asuntos internos del Soma Ugeté
con lo cual mi sentido del humor no daba para mucho
en el chamizo del ojo del huracán
donde estábamos trabajando el año pasado.

Mira cómo se acerca el huérfano con su pistola,
mira al violinista cojo hacer su numerito,
a toda esa gente de bar en bar en plan it’s all over now mira.
El tipo del quiosco de hamburguesas que había hecho su agosto con la carne de gato,
“aquel que ejerció en Atenas el cargo de arconte anónimo”,
mira cómo piensa en regalos de amor para su chica,
una mezcla exacta de dama de los pantanos y puta del Adriático.

Por las bordas de los barcos
o en las verbenas más hondas donde se está solo
no entres ciegamente en la noche callada,
la espantosa mediocridad de haberse marchado a los infiernos
y haber vuelto en el balance con ganancias
o bien en cualquier lugar nunca pisado
donde inhóspito el lenguaje y el pensamiento inhóspito
no acordarse más de pronto de todo lo dejado,
tener dos novias, un disfraz y el discreto
de no escribir ya versos
‒pocas horas antes había susurrado dulcemente “casa” y “viejos padres”‒
o dedicarse si no a citar, en una debilidad no renegada
‒comprad, comprad mis hermosos jabalíes‒
las anécdotas propias, triviales circunstancias
(yo he jugado al pimpón en un eslipin de Holanda,
yo recorrí descalzo entre Aviñón y mi patria,
en el sueño de mírame y no me toques de cualquier barriobajero
también la ganancia es para alguien),
pan para hoy y hambre para mañana,
si temidas, queridas, si dichas, no gozadas;
dedicarse a charlar, a echarse un cable con ventanas a la calle,
acudir a una cita que luego no resultó tan deplorable,
“el alegre borboteo al servirse en el vaso”,
desde la plataforma del tragante donde se da la vida por un solo beso
pensar, tomándose a broma, que esto no estaba preparado
‒respira, imagínate cualquier mundo más siniestro‒,
conducir, chaval, toda la noche
por autopistas lógicamente interminables.

O bien en las dudosas playas si había xMediterráneo
ser escritor, decir con una seguridad más arraigada
“mañana bajaré a comprar la península,
iré por el correo”, con camisas amplias de verano
de artistas recibir muchas visitas,
escuchar ‒¿por la noche?‒ en viejos discos
milongas que sonaban familiares.

Mira cómo los santurrones están desentrañando
las que fueron trampas a la vez que verdades,
las sombras delas cosas, los ingenios del azúcar,
tu amor silbido montado en zapatillas
tras los embusteros pasos de cualquiera.

La fidelidad, la vida, cualquier sitio en rescoldo de 1983
y la pasajera brillantez de quien se aprestó un día para la lucha
y luchó como si ya fuera noviembre en las huellas de la historia,
el entusiasmo de las tribus de cada primavera.

El hombre de más edad dela reunión, el que se sentaba en el sillón de raso,
nos estuvo hablando de jesuitas y chivos expiatorios
y de lo que era evidente sin que se le cayeran los anillos.
El hombre de más edad de la reunión,
aquél que se sentaba en el sillón de raso,
se descartó de varias malas bazas, desplegando su habitual cortesía
mezcló trigo con paja en un descuido nuestro.

Taba pensando, Diosh!, taba pensando
que las cosas van a ir a mejor,
que aunque haya demasiadas maneras de irse al garete,
demasiados canallas, demasiados principiantes,
no es tampoco esa la cuestión, decir
‒apretando los puños‒
“estoy de regreso en casa, estoy de regreso en casa”,
enrabiado dale que te pego con la vida
en el susto del borde de la mala suerte
(“¿güela, qué quies, champán o sidra?”)
o hablar de las personas por sorpresa
fingiendo una decencia de pa ti la perroña de castaño oscuro.

Y hablando de la gente que conozco,
los amigos de la gente que conozco,
ya sé que hay palabras que nunca hemos dicho,
“jamás”, “de una vez por todas”,
nunca hemos dicho ‒a la luz de demasiadas velas‒
“¡oye!, pero tú quién te has pensado tú que eres?”,
“¿Dios, pero qué me has hecho?”,
ni tampoco verdades hemos dicho,
pero qué para las entrañas había en eso
si yo no me metía con nadie
a pesar de tanto amor, o de la lluvia,
si me quedaba quieto, mirando, pensando en las canciones
y no importaba nada que alguien de repente se marchase,
alguien también sin un secreto,
dando un portazo o en un momento de descuido
y aún no importa, todavía.

Y qué importa tampoco
‒porque claro, ahora es domingo por la tarde,
saludan ruborosos en los bares los novios a las novias,
parece que atardecerá bonito
y definitivamente se estaría mejor en casa‒
ponerse perfectamente culto y hablar de Miguel Ángel
como en una parodia un poco más terrible
pero malamente instalado
y un poco nebulosamente triste.

Eso es lo malo, que te pones a acordarte
y te acuerdas de todo.

Nos hemos sentado a la sombra de todos los muros
y limpiando el gollete con la mano
hemos pasado la botella a cualquiera que estuviese a nuestro lado
(“venga, pégale un trago a ver si somos capaces de entre los tres entender algo”),
¿pero dónde hay que golpear, con cuánto llanto,
para dejar de sentirse tan solo?
Es verdad que podría haber renunciado a alguna copa;
no sé, quizá me sobraban las bromas,
pero en realidad ese es el rostro que prefiero,
la mitad de todo lo que tengo,
además de que era honrado mostrarse desenvuelto,
gandulear con las palabras y jurar un otoño cualquiera
que nunca más, mirándome al espejo, me enfadaría con nadie.

Fíjate en mi mano, me parece
que estoy empezando a tener la temblorina.

Era fácil ir por ahí canturreando
y asomarse curioso en todas las esquinas
diciendo para sí qué te parece,
trasteando los bordillos sin un miedo principal
atentos a que el tiempo manase su sustancia de gozo su dosis de intemperie, su pena imprescindibles.

Era fácil no ser feliz; importaba tan poco.

Tal vez tendría que haber mirado sin tanto espanto,
con más melancolía,
los campos de centeno, la sombra de la luna,
el despreocupado guiñoteo del día recién nacido.
¡No debería de haber llamado a la luna tantas veces cabrona e inclusera!

Y sin embargo, ¡las calles estaban tan vacías!

Yo he escuchado los cánticos de las cadenas, los anhelos de la gente
mientras miraba cara a cara a los testigos
y lo he sentido y ese día no he bebido demasiado,
y luego, al siguiente, más tranquilo,
al día siguiente he ordenado mi casa
cosa que no hacía desde hace meses.

Así pues, como ven,
me dejo pillar los dedos, legal con mis chanchullos,
el chantajista en el desierto o el rey de los barullos
‒holgazán a bocajarro que suele estar borracho‒
diciendo a cara de perro lo decible, poético
en pleno desatino, como si uno estuviera queriendo
felicitar a alguien, un encajador nato
de a peseta el silbato que andase,
anduviese de puntillas
maricando por entre las últimas murallas de la noche,
deseando que fuese la hora de volver a casa,
la hora de cepillarse los dientes y con un ágil brinco
meterse en la cama y estar a gusto,
estar a gusto con mucha maestría
al servicio de quien más te pague1.

Mecachis en la mar, yo no me arroncho;
qué me voy a arronchar, un tipo distraido
aunque de ideas fijas (cínico, cansado
y competente ‒dijo él,
en una acotación bastante maliciosa‒)
que se va de ronda
y no hace fechorías, contento
con sus cosechas mudas
que arduamente sonsaca
‒porque nada es fácil‒
entre los resquicios y punto,
entre los resquicios neutrales de antemano.
(Por lo menos hay frescor,
manifestó a este enviado
uno de los supervivientes
a la orilla del río
entre los resquicios neutrales de antemano,
y me han echado el lazo falso,
el lazo que me echaron era falso,
así que no hay color
con tanto requisito inconfesable).
Pido más. Y no me arroncho. Gruño,
lo paso mal; a veces me divierto
y guardo el secreto igual que las chisteras
por no sacar más trapos,
me acobardo,
me equivoco con todo lujo de detalles,
dándole caña a una farsa por las rutas,
los desmanes, las correspondientes quejas del domingo;
lo intento sin ganas ‒jalepata kalá‒, tengo prisa
o vivo en gran peligro, respectivamente; incluso
puedo a veces sobrepasarme en una fiesta (anoche
volví a casa esta mañana) (oye, y si quitan a los curas que los quiten),
o me falla el asidero, ¡Dios!, mientras mi madre
llora de todas las maneras como en los bailes por sevillanas
‒un jaleo vicioso que rezuma cualquiera‒
y digo, puedo decir entonces, en una escena nada dramática,
“chaval, tranqui, cuidado,
que yo he sido feliz
todas las veces que ha hecho falta”,
decirlo entre guitarras con un bordón saltado
y humo y pequeñas confidencias
de a quién quieres tú realmente,
con quién te irías a una isla desierta
(con una apóstata mascullando pecados)
o bien después, si el tiempo falla
y ya es primavera (lo cual no es triste,
cuando menos), me monto con gran despliegue de alharacas
un chamullo pistonudo, una martingala
bastante canalla que me permite
‒a la sombra de recuerdos y cipreses a montones y gajes
del oficio‒ hacer un buen papel
y poder besar el santo requerido pasando de peana
‒contigo las cosas tienen su precio
por haber sido amor lo que tuvimos‒
o insultar a la luna, cantarle las cuarenta
meticulosamente.

Lejos de esta ciudad
a la que también perseguí por la cintura
(dichoso amor, dichoso oficio,
dichosa luna de plata)
y olvidados ya los besos del verano
en los malentendidos de la boca arisca del deseo mal satisfecho
sonará un silbido de garita a garita que anime a tirar palante sin reparar en gastos
ni poner tierra por medio como si uno fuese uno de esos
‒todo ha sucedido como yo esperaba‒
que con frases perfectas construyeron sus bálsamos.

Desde los matorrales por donde hocea la luz de la mañana
ahora tengo una casa, me ordené el mes pasado,
por fin mis libros caben en mis estanterías,
una lámpara halógena, los cuadros enmarcados
y unos nuevos vecinos que nunca me denuncian
porque ya nunca hay fiestas ni noches de guardar.

A la caída de la noche
en el palacio enfrente de mi barrio
donde los jerifaltes se habían subido al barco para lucir la cara
han tomado las riendas y discuten qué partido tomar
una soga tendimos sin ingenios mecánicos
y aunque las manos desolamos al trepar en la huida
en el balance hacido no salimos con pérdidas
que aunque muchas las heridas, también el horizonte mucho:
en esta guerra propia donde no hubo batallas
que parezca que fuimos el no va más de nada:
en aquel gueto de jipis, en aquella ignorancia
yo le gané al nipón que al pimpón me retaba.

Charlar, echarse un cable con ventanas a otras celdas,
tanta quincalla artística, tantos excesos de balde,
tantas noches zamoranas y mañanas tristes,
la ciudad que tanto amaste, una tarde ida al cine,
todas las mieles de luna que te sacaron sobre el quicio
‒borrones y cuentas nuevas en barbecho‒,
suculentas parodias sin comprender que era un alivio ser tan informal,
juramentos indecisos, indecisos cinismos
y el privilegio vulgar de poder ser vulgar sin estar afligido,
gente condenada a madrugar de un vistazo,
cohibidos y manirrotos
‒las penalidades más inamovibles, más usuales‒
con una furia preocupante, con un débil desdén,
con unas relaciones entabladas enfermizas
‒¿es sólo una cosa temporal?‒,
las espinan que tienen las rosas
o el mejor amigo que pudiste tener.

O bien dedicarse, en las tardes de verano dedicarse,
que te quedas en casa diciendo qué tranquilo,
diciendo, tú solo, qué apacible
estar a la sombra de todo este calor,
de todo esto,
a la búsqueda de contraejemplos
de cualquier remordimiento todavía no asentado,
a la estricta godelización de todo lo que ocurre
(desconocido remarca la palabra godelización delante de tribunal opositor y sale en los periódicos),
intentas ordenar en vano
(orden que no hay pasma déjalo correr,
orden con galones
menún paripé)
tus diez últimos ratos de autolástima,
de echar la culpa a otros,
intentas colocar en vano con cuidado la vajilla,
las copas de Murano de la fiesta de anoche
que duró, estás pensando, demasiado a lo mejor,
que se acompañó a la puerta muchas veces
porque los amuletos de cada uno los elige cada cual.

Están pintando los pasaportes, ya sabes,
y Casanova con sus mogollos.
Con los oídos atentos
formada a buen seguro en la escuela de la vida
‒uno al menos alcohólico de sus progenitores‒
y con una vocación insostenible por lo trágico
en silencio escucha la mujer, ensimismada,
como los días uno a uno
en un abrazo eterno hacia la muerte van pasando.

Cuando crezcan las noches por las bordas de los barcos
y ya no haya que preocuparse bajo este cielo del Cantábrico
demasiado por todas aquellas cosas que nos han no bastado
será cosa de en un último acto de fe intuis immanibus poculis
volver la vista atrás en un giro muchas veces tramado
con la cara ponida de lo tomas o lo dejas en un descuido nuestro
y encerrarse en casa luego ligeramente plasta
con los discos antiguos de a ver si entras en trance,
los aperos ligar ‒¡fuerza, Canejo!‒¡
y ponerse a escribir en vez de estar contento,
os meteré a todos en un cuento
en cuanto pueda.

 

1 Así que no hay que disgustarse
haciéndose mediana o enteramente el tonto
(y yo te llamará y estarás con nosotros)
si pasa, por ejemplo, que de pronto te sorprendes
mirando a escondidas a través de los visillos
repitiendo en voz alta una mentira
que aprendiste de mis labios con calma y con fatiga
cuando fuimos vecinos,
amor puerta con puerta,
como suele decirse.

 

 

 

Norio, T. S. Tres poemas. Tenerife; Ed. Baile del sol, 2009.

 

LA CANCIÓN DE AMOR DE LOS CHAVALES

diciembre 16, 2015 Deja un comentario

bar

 

¿Pero adónde vamos ahora
si del tanto parvulear por los caminos
nos ha ardido toda la vida entre las manos
y ya no hay paso que dar
donde no engañe una quimera?
¿Adónde vamos ahora, a ver nuevos paisajes
y rostros y ciudades y amigos con los que irse de juerga
si en cada curva o cada esquina, al trasdoblarla,
al girar la cabeza para decir con una voz peliculera:
“¡vamos por aquí, hay un tugurio que es demasiado!”
se nos ha hecho la encontradiza nuestra vida,
nos ha dado un codazo de compinche
y con un gesto perezoso ha preguntado si realmente,
si en verdad era aquello lo que estábamos de hacer?

Por el lado de la noche
los chavales se atusan el cabello
mientras el hombre asomado a la ventana
renegaba de Dios o fumaba un cigarrillo.
¡Qué demonios!, el gran libro no podía tener
una columna para los amores y otra para las mesnadas,
no estaría de más sumar, en buena aritmética,
tres guijarros con cinco jilgueros
“y rostros y ciudades y amigos con los que irse de juerga”.

Y por el otro lado del delito, bajo un cielo soleado,
los mejores corazones de mi generación
escuchaban cantar a las sirenas entre ellas
con los oídos bien abiertos, el cigarrillo
apoyado en el borde de la mesa,
más tranquilos que el silencio;
yo los he visto
y eran casi la sombra de una oración suya
medio sonriendo o amando a bulto a su pareja
por el lado de las juergas de la noche.
¿Pero ahora adónde iremos,
qué haremos entonces por el lado de la noche,
a quién deberemos sonreír por el otro lado de las juergas?

¿Cuántas noches nos hemos pasado de esta estrella,
en una esquina de la barra,
dejando pasar el tiempo con un brillo en la mirada entre burlona y somnolienta
dedicados a echarle una mano a nuestra suerte que vendría?
Nos hemos dedicado a oficiar nuestros misterios
al tiempo que nos preguntábamos por la próxima coartada,
el derrotero que bastase por una vez para que nuestro dolor,
ya que no escuchado,
pudiese al menos ser señalado por un dedo no culpable
que dijese: ¡mira!, esto no es miedo
“ni tampoco un puñado de polvo”,
sino un coraje hecho trizas al mando del timón por sus derrotas,
el principio celebrado de un gozo azul y oscuro
que está descansando de su oficio,
oficiando su trabajo.

Hemos curioseado como casualmente
por entre todos los rincones de las horas que se iban,
nos hemos dedicado a besar unos labios, mirar una mirada,
o luego le hemos preguntado a las muchachas
si realmente era verdad que habían hablado alguna vez de Miguel Ángel
en una habitación muy clara
mientras bebían té frío y caía la tarde.
¿Pero cuánto vale un piropo bien dicho
ahora que todavía no nos fatigamos por las cuestas?
¿A quién, a quién deberemos amar entonces
si ya le hemos tirado los trastos a todas las noches,
si ya se los hemos tirado a todas las mujeres?

Vivamos, puesto que nada ocurre,
están diciendo ‒una pizca enfurruñados‒ los chavales,
y que en nuestros actos todo sea honrado y un poco distraído,
que nuestro amor sea el descaro de un abril al que e faltasen los mendigos
cada vez que escuchemos cantar a las sirenas entre ellas
y que sea un temor turbado y mozo, casi una herida
(pues yo me atrevo, me atrevo realmente)
cuando nos duela abril
del otro lado del descaro de las juergas.

Nuestro amor será una broma dicha con verdades
deslizándose por entre una letanía de hermanos.

Y tú, que ahora ya has hecho añicos todas tus vibraciones contra el suelo,
como una buena baza que se te hubiese escurrido de la manga,
se te hubiese escurrido de la manga contra el suelo,
las has desparramado sobre un montón de rostros honestos, sosegados
(pero tú tienes mucha suerte de ser mi amigo,
habrá pensado más de uno),
quizá te has dicho, con un descaro mozo,
“¡venga!, olvídate de ese asunto
y vamos a tomarnos una copa”
al tiempo que arruinabas tu última sonrisa en un cariño ajeno;
te has preguntado si habría algo, Dios santo, alguna copla
con la que mereciese la pena medir tu vida,
una retahíla de incredulidades que en un instante,
aunque sólo fuese uno,
estallase en un esplendor al que podemos llamar
‒ahora que todavía no nos fatigamos por las cuestas‒
nuestro triunfo,
nuestro rostro, nuestro amigo;
tú, yo digo, debes entonces ahora señalar un lugar
en el que hubiesen podido ser redimidos tus reproches,
verdaderos o falsos,
debes decir ‒una vez inclinado levemente el espinazo‒:
“celebro o maldigo este tiempo y sus testigos”
(¡pero este chorvo se ha equivocado de noche!,
están diciendo ‒una pizca divertido‒ los chavales),
debes, en suma, porque has visto el paraíso
y estaba lleno de cercados,
dejar que al menos una brizna de amor
haga cabriolas por entre los búmerans de tu no entender

“Supongo que sería esto lo que quería decir”,
están diciendo ‒una pizca resignados‒ los chavales.

Por el lado de la noche
a lo largo de los desaires que van dejando las palabras
nuestro amor será una guerra sin nombre y sin batallas
y aunque sea verdad eso que dicen
de que ya saben cuál fue nuestro en pecado
no por eso dejarán de cantar en nuestro sueño las sirenas.
Nos acordaremos de una cita,
nos citaremos,
compartiremos los momentos de una charla,
de una tarde que se hubiese tendido contra el cielo
como una mentira profanada por dos a un tiempo,
lloverá, tendremos un amor al que decirle cosas,
podremos reconocernos en el destino de los otros
pero cuando la suerte ya haya sido al fin echada
y llegue el alba y amanezca
habrá tiempo para ponerse de milagro y tristes:
nos alzaremos las solapas,
pararemos si hay un puente a liar lo que tengamos
y perdidamente solos, perdidamente tan campantes,
nos iremos dándole patadas a las piedras.
Luego la mañana vendrá,
como una herida.

 

 

 

Norio, T. S. Tres poemas. Tenerife; Ed. Baile del sol, 2009.

 

Daftar Harga Mobil Bekas

Literatura, música y algún vicio más

El lenguaje de los puños

Literatura, música y algún vicio más

Hankover (Resaca)

Literatura, música y algún vicio más

PlanetaImaginario

Literatura, música y algún vicio más

El blog tardío de Elena Román

Literatura, música y algún vicio más

Del verso y lo adverso 9.0

Literatura, música y algún vicio más

DiazPimienta.com

Literatura, música y algún vicio más

El alma disponible

Literatura, música y algún vicio más

Vicente Luis Mora. Diario de Lecturas

Literatura, música y algún vicio más

Las ocasiones

Literatura, música y algún vicio más

AJUSTES Y OTRAS CUENTAS

Literatura, música y algún vicio más

RUA DOS ANJOS PRETOS

Blog de Ángel Gómez Espada

PERIFERIA ÜBER ALLES

Literatura, música y algún vicio más

PERROS EN LA PLAYA

Literatura, música y algún vicio más

Funámbulo Ciego

Literatura, música y algún vicio más

pequeña caja de tormentas

Literatura, música y algún vicio más

salón de los pasos perdidos

Literatura, música y algún vicio más

el interior del vértigo

Literatura, música y algún vicio más

Luna Miguel

Literatura, música y algún vicio más

VIA SOLE

Literatura, música y algún vicio más

El transbordador

Literatura, música y algún vicio más

naide

Literatura, música y algún vicio más

SOLIPSISTAS DEL MUNDO

Literatura, música y algún vicio más

MANUEL VILAS

Literatura, música y algún vicio más

El fin de las siestas

Literatura, música y algún vicio más

Escrito en el viento

Literatura, música y algún vicio más

un cántico cuántico

Literatura, música y algún vicio más

Peripatetismos2.0

Literatura, música y algún vicio más

Hache

Literatura, música y algún vicio más