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Posts Tagged ‘será ser mujer’

PLANETA CLANDESTINO #220

 

Pocos saben que tengo otra hermana.
El azar nos separó al nacer.
Yo mamaba la leche de mi madre
mientras ella se secaba al sol.
Cuando perforaron mis orejas
ella recibió la ablación del clítoris.
Follé con hombres y sufrí por todos;
a manos de uno solo se quebró ella.
Me separé, lloré, abandoné mis sueños.
Ella murió unas cuantas veces
bajo piedras, ácido, sida y malaria.
Su cuerpo se deshizo y se recompuso.
En una o dos ocasiones fue feliz de morir.
Mi hija creció; mi hermana murió en el parto.
Años después parió una niña y se la quitaron.
Yo veo mi cuerpo envejecer; ella no tiene espejo.
Me pongo cremas antiarrugas
pero toda ella es un surco.
Yo hago listas de lo que le duele:
pero ella es la que administra su dolor.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Cristina Morano

Las gatas buscan atalayas
desde las que contemplar el mundo.

Ellas dormitan sabiéndose a salvo;
yo me amurallo tras un libro.

Dice el poeta Rigo que la última
coraza es la lealtad.

Las hembras nos comprendemos:
el mundo es un peligro a nuestra disposición.

 

 

 

 

Tuvimos muchos hijos la intensidad y yo.
Los llamamos errores.
Ahora me siguen como niños de la calle.

Adóptanos, lloran. Danos tus apellidos.
Reconócenos. No nos abandones.

Y yo les digo: ¿no hicisteis vosotros
también daño? ¿No me desgarrasteis
al salir? ¿No me alejasteis de la inocencia?

Nos gritamos de una acera a otra.
Desde el pasado llegan multitudes a observarnos.

 

 

 

 

Cuando joven fui sierva
de los primeros besos, los que se dan
como rito de entrada en una nueva religión.

Tantos dioses. tanto fervor.
Tantas camas como altares.
Tantos cuerpos bellos como cristos.

Las manos pulsando espaldas
con la fe de una beata
que toca el órgano en la iglesia.

En el día del juicio, se sabrá la verdad:
yo fui una diosa sin perro
una perra sin dios.

 

 

 

 

Había un placer frenético
en tirarlo todo por la borda:

cuando veía salir del baño
a mis amantes, cubiertos
por los albornoces de mis novios.

Cuando era la graciosa de las fiestas
segando dignidad y cosechando resacas.
De cada droga pedía ración doble.

Yo sólo quería bailar con el caos
dejar de temer las regañinas
más terribles en mi voz que en la de otros.

Quería venganza por haber comprendido
al fin que ningún libro de instrucciones
iba a guiarme por los atajos.

Y lo quemaba todo, y disfrutaba al verlo arder;
sólo comprendía que seguía habiendo un juicio
cuando el fuego llegaba a los bajos de mi falda

y me condenaba a bailar con pasos ridículos.
Todos reían convencidos de que aquel
era el momento culminante de mi gran actuación.

Ahora, de vez en cuando, visito en el asilo
a la suicida que fui. Le llevo fotos de mi hija
y me da recuerdos para amigos que ya no veo.

Gracias a aquella, soy esta:
la que conoce el precio de los peajes.

 

 

 

 

Mi hermana me llama.
Yo llamo a mi hermana.
Envejecemos: cada día
un insomnio renovado
otra mala digestión.

Tarea ineludible
para cambiar el mundo:
darle a mi hermana
una buena noticia diaria.
Las niñas que fuimos
merecen su merienda.

 

 

 

 

He hecho todo
lo que se esperaba
de mí
pero en un momento
y en un orden
distintos
a los que se esperaba.

Esa ha sido
mi rebeldía
mi condena
mi victoria.

Coger atajos.
Perder el camino.
Aprender que las moras
crecen en las zarzas.

 

 

 

 

Hay un lugar entre la impotencia
xxxxxxxxxxxxxxxxxy el heroísmo.

Entre el pozo y la cera derretida
xxxxxxxxxxxxxxxxxpor la cercanía del sol.

Entre el desengaño y la otra mejilla.

Hay un lugar. Cada día lo bautizo
xxxxxxxxxxxxxxxxxcon mi nombre.

 

 

 

 

A mi madre le enseñaron
el más triste aprendizaje:
sentirse culpable
xxxxxxxxxxde su alegría.

Con su letra esforzada
ella copiaba las penas
diez veces, cien veces, mil.
La risa era un borrón
xxxxxxxxxxen el cuaderno.

Madre, en este caso honrarte
será desaprenderte:
cantaré siempre a dos voces.

 

 

 

 

La que yo imaginaba ser
elegía a los hombres
por lo que soñaba que eran.

Y rodábamos juntos
películas de fantasmas.
Nadie resultaba quien parecía.

Todos fuimos mayordomos
de las apariencias, asesinos
de nuestro yo verdadero.

El final feliz bebía
solo en el bar de al lado.

 

 

 

 

Después de que los hijos
nos despierten por las noches
nosotras nos quedamos
más solas que a la luz del sol.

Entre sábanas revueltas buscamos
referentes: ¿pero quién, quienes?

¿Nuestras madres abnegadas?
¿Las satisfechas de las películas
las diligentes de los anuncios
las despreocupadas amigas sin hijos?

Espiamos a las madres que murieron
a las madres que no fuimos
a las madres que soñamos ser.

Pero al mirar a las otras solo vemos
sus ojeras acolchadas
como camas de catálogo.

Al resto lo oculta un pudor milenario
la higiénica sonrisa que proclama:
toma este lazo de terciopelo
y amordázate. Ofrece tu mejor perfil
y cuenta con él la misma historia.
No existes en ninguna mitología.
No nos traiciones.

 

 

 

 

Esos días en que mi hija
no me habla
o me habla poco
o emite sonidos displicentes

—además de recordar
que crecer tiene sus reglas
y que el rechazo funciona
puntual como un mecanismo—

me sirven para hacer un truco:
lo tomo como equilibrio
como un justo trato
para saldar todas las veces
que de una u otra forma le fallé.

Si hago arqueología de nuestra historia
llego al primer error: prometerle
que la protegería de todo.

Bien puede una madre
pasar de defensor a atacante
cuando intenta jugar
el partido de su vida.

 

 

 

Pérez Cañamares, Ana. Será ser mujer. Logroño; Ediciones del 4 de agosto, 2019.

 

SERÁ SER MUJER

diciembre 17, 2019 Deja un comentario

 

Hija, si en algún momento,
mientras estás ocupada en crecer
—dura y lícita tarea—
puedes mirarme a los ojos
hazlo.

No te dejes las preguntas
para cuando sea la misma voz
la que cuestione y la que responda.

Mira que en esta familia
tenemos la dolorosa costumbre
de conocernos mejor de muertas.

 

 

 

 

GENERACIONES

Antes de morir, mi madre dijo mamá, ven
mientras me miraba sin verme;
yo dije mamá, quédate
abrazando su cuerpo diminuto
envuelto en pañales y olor a talco;
mi hija dijo mamá, no llores
y me acarició la cabeza consolándome.

Cuando mamá murió, durante unos segundos
no tuvimos muy claros los lazos que nos unían
no supimos quién se había ido
y quién se había quedado
ni en qué momento de nuestras vidas
estábamos viviendo
o muriendo.

 

 

 

 

Entonces ¿tú también me ves así?
¿Tú también me ves fuerte?

Porque le echo cayena a la comida,
porque bebo como un hombre
(un hombre que bebe mucho)
porque me he horadado el cuerpo
—y el cerebro—
porque he parido a cuatro patas
como una hembra en su guarida
porque okupé en Londres
porque he hablado en público
y he lavado y vestido a mi madre muerta
porque me he rapado el pelo
y lo he teñido de amarillo
porque he dormido sola en el monte
y he puesto a conversar
mi oscuridad con la oscuridad de fuera.

Así que tú también me ves fuerte.

Serás de los que te sorprendas
el día en que me desplome;
insistirás en que nunca me viste
dar una señal de debilidad
o de abatimiento.
Te equivocarás como todos
y no podré culparte:
toda la vida llevo apoyándome
en esta fama de fuerte.
Sólo yo sé que la fama camina
sobre muletas podridas.

 

 

 

 

SEGURIDAD SOCIAL

Frente a las charlas siniestras
de las salas de espera siempre
levanto un libro como una muralla.

Pero hoy de repente el olor del acero
la intuición de lo frío y punzante.
La certeza de lo inútil en perseguir
la enfermedad, que conoce todos
los recovecos donde esconderse.

La anciana a mi lado ha roto a llorar.
“No llore, mujer”, le digo, “¿qué le pasa?”
“Nada”, contesta ella, encogiéndose.

Y se queda sin saber cuánto le agradezco
que calle y no me cuente nada.
Porque no llevo kleenex en el bolso
y estoy tan cansada que la enfermedad
me parece una tregua deseable.

Así morimos, así nos matan.

 

 

 

 

BUEYES

Si supieras del dolor en mi cuello
no dudarías de que los yugos invisibles
también pesan, y que cada día
del trabajo a casa voy trazando surcos
en los que no habrá de crecer cosecha.

 

 

 

 

SI UN DÍA ME OYES

Si un día me oyes
—después de una noche
en la que he resultado ser
encantadora:
de esas mujeres que beben
y se ponen graciosas
contando anécdotas
de bares y ácidos y viajes
y camas y cabrones
con el pelo despeinado
para mejor
y el carmín corrido
como si viniera
de morrearme en el baño
con el tío más guapo
del garito—
si un día
después de una de estas noches
en las que ejerzo
de encantadora de serpientes
al despedirme
me oyes decir
que sólo soy un fraude
compadéceme:
los adictos a los aplausos
también necesitamos testigos
cuando nos quitamos
el maquillaje.

 

 

 

 

POR QUÉ ESCRIBO

xxxxxI

este striptease que hago cada día
bailando alrededor de la barra
esx pax ciax dox ra
no es más que un truco de guerrilla
para dejar sin armas ni argumentos
a quienes pretenden atacarme
esgrimiendo mis secretos

 

 

xxxxxII

no quiero dejar que nadie
—amigos, sociólogos
parientes, ministros
reporteros o cotillas—
se invente mi vida

completado el puzzle
es el turno de las piezas
que no encajan.

 

 

 

 

ESPEJO

Con cada palabra que escribo
lo que en el fondo estoy queriendo decir
es que soy conmovedoramente igual a ti
y que a la vez me siento desesperadamente
distinta.

Y ahora deja el libro
vete al espejo
y mírame.

 

 

 

 

FUERTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos días duros se abren a mi quilla.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxÁngela Figuera Aymerich

Soy fuerte. Me rompo en esquirlas.
El problema es que voy
quedándome afilada
y ya no soy más
aquella mujer
habitable
mullida
blanda
yo.

 

 

 

 

LA MUJER MUERTA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Arantxa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoy vas a ser sabia. Mirarás al muerto.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSara Rosenberg

La última vez que te vi no subiste a casa.
Te quedaste en la calle y yo te saludé desde mi balcón.
Vivía en un primer piso
en el que entraba la luz y todos aquellos conocidos
que me distraían de las presencias importante.

Yo criaba un bebé recién nacido
y de ti se alimentaba un virus
que parecía entonces lo peor que podía pasarte
aunque tú ladeabas la cabeza
—como si la enfermedad fuera una gota de agua en el oído— y reías.

Odié aquel virus porque tú eras la cronista del verano
mi guía por las calles abarrotadas
que yo, madre reciente, no podía recorrer.

Te fuiste después de sonreír guiñando los ojos
como si me vieras a contraluz
como si el sol se pusiera en el salón a mis espaldas.
Ya no te vi más.

Tres vueltas de campana acabaron con el virus y contigo.
Moriste al día siguiente de que yo pensara
por primera vez que podías morir.
Sólo tuve veinticuatro horas para hacerme a la idea.
Antes habías dejado en cajones, diarios y fotos
pequeñas señales que de vez en cuando me guían hasta tu risa.
Todavía la oigo cuando la busco
una pequeña muesca en mi cerebro
que me recuerda que nunca se debe desconfiar
de los que son buenos y tristes por naturaleza.

 

 

 

 

LA MADRE DE CLAUDIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Claudia

Agradezco que tu madre antes de morir
tuviera antojo de un plato de calamares;
así no me sorprendió tanto
que a la mía le diera por cantar coplas
dirigiendo con su mano asarmentada
su dispuesto coro de hijos.

Te agradezco que te emborracharas
con una botella de vino
junto a tu madre moribunda;
cuando yo me emborraché con ron
ya sabía que no había falta de respeto
o necesidad de huida
sino homenaje
casi —tú me entiendes— celebración
y una tristeza sin histerismos
que se parecía a la vida.

Así que aquella noche, cuando me contaste
todo esto mientras cenábamos tacos
recibí una lección magistral:
mira a los ojos de la muerte
y podrás ver lo que nunca viviste:
la infancia de tu madre
la borrachera del tiempo trastocado
la oportunidad de dar las gracias
sin pronunciarlas.

Porque para las madres
todas las palabras
están siempre dichas.
Sólo las risas de sus hijos
las impulsan a volar
hacia la muerte.

 

 

 

 

ANDAR SOBRE LAS AGUAS

La que yo era se ahogó en el mar
de las infinitas posibilidades.

No las extraño. la vida empezó
cuando aposté y perdí.

En ese momento el agua se tensa
y se convierte en camino.

 

 

 

Pérez Cañamares, Ana. Será ser mujer. Logroño; Ediciones del 4 de agosto, 2019.

 

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