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Posts Tagged ‘roger wolfe’

NO QUEREMOS NADA

 

xxxEstaba soñando que hacía un calor de mil demonios y de repente me daba cuenta de que la casa ardía.
xxxLuego desperté y la habitación estaba llena de humo. Casi no me dio tiempo de percatarme del dolor que me partía en dos mitades la cabeza, porque el pánico era más fuerte que ninguna otra cosa, en ese momento.
xxxMe asomé por la puerta abierta de la habitación, que conducía directamente al salón/cocina de mi diminuto apartamento, y entonces fue cuando lo vi. Quiero decir, la vi. La sartén. Retorcida como un pedazo de chatarra encima del fuego abierto de la cocina de gas ciudad. Y el humo abrazándose al techo bajo del salón.
xxxSalí dando tumbos y, como podéis imaginar, lo primero que hice fue apagar el gas y abrir la única ventana del apartamento, que daba a un patio de luces. Es curioso lo que piensa uno en momentos así, y lo digo porque yo en ese momento pensé: «Qué extraño, toda la noche ardiendo y ningún vecino se ha enterado». Y menos mal. Sonreí, aunque más bien me salió una mueca. Podría estar muerto, gaseado, quemado, carbonizado vivo, y todo por unas patatas fritas que me había dejado en el fuego a las seis de la mañana. Allí estaban, perfectos volúmenes de ceniza intacta en la sartén, como cuando dejas un cigarrillo encendido en el cenicero y se quema lentamente hasta el final.
xxxTiré la sartén a tomar por culo en el fregadero, empuñándola con un trapo húmedo que echó vapor al entrar en contacto con el mango, me senté en el borde del sofá y encendí un pitillo. Estaba borracho todavía. Ya tendría tiempo de darme cuenta de la verdadera magnitud del desastre. Por ahora, el primer golpe de pánico se había extinguido, dejándome la cabeza tan vacía como una bolsa de plástico en una alcantarilla.
xxxMiré a mi alrededor. Una palabra: negro. Estaba todo negro. La máquina de escribir, los folios, apilados en la mesa camilla, yacían cubiertos por una leve capa de hollín, que recubría también el resto del apartamento, los muebles, las estanterías, todo. Fui al baño y me asomé al espejo. Tenía la cara como un deshollinador. Me soné con un pedazo de papel de wáter. Efluvios negros extraídos de las negras profundidades de mi alma chamuscada.
xxxDecidí que sería mejor hacer algo. El humo se había disipado. Examiné el techo de la cocina, el rincón donde se pudo haber originado un incendio que quemara la casa o una explosión que podría haber enviado al reino de Dios el edificio entero. El cable de la bombilla que colgaba del techo estaba retorcido como un muelle de caramelo fundido. Los azulejos que rodeaban la cocina, combados hacia fuera, agrietados, jodidos más allá de cualquier posibilidad de redención.
xxxFue al disponerme a salir de casa cuando me di cuenta de que estaba vestido. Bien. Me puse los zapatos, la chaqueta, que apestaba como un trapo sucio, y bajé a la calle.
xxxCreo que mi intención era remediar el desaguisado en la medida, como se suele decir, de lo posible.
xxxMe dirigí hacia el centro comercial; eran las dos y media de la tarde y todas las tiendas del barrio estaban cerradas.
xxxApenas había tráfico y el calor de agosto hacía superflua mi chaqueta, pero seguí caminando, un perro entre basuras, los ojos casi ciegos tras los turbios cristales de mis ridículas gafas de sol.

 

xxxLas escaleras mecánicas me izaron suavemente hasta la segunda planta del hipermercado. Aire enlatado, pestazo a embutido, a gofre caliente con chocolate, a electrodoméstico sin estrenar. Pero a pesar de esa angustiosa sensación de inminente apocalipsis que me suele asaltar en estos sitios, se estaba bien allí. Fresquito. Y la pestuza, aséptica, después de todo. Desde luego, algo mejor que en mi apartamento, aunque me sintiera perseguido por un fantasma que no acababa de localizar, por mucho que girara la cabeza por encima del hombro en mil inverosímiles direcciones.
xxxComo un jodido búho en la sala de un taxidermista.
xxxMe sumergí en la sección de artículos de limpieza.
xxxIba dando manotazos, echando cosas sin ton ni son en el carrito. Estropajos jabonosos. Un litro de Mistol. Dos botellas de lejía. Trapos. Bayetas.Paños de cocina. Pastillas de jabón Lagarto.
xxxSección de bricolaje. Dos sacos de temple. Dos espátulas. Rodillos. Brochas. Bandejas de plástico para los rodillos.
xxxMe dejé llevar. Pero iba a necesitar algo más, si quería resistir con los nervios más o menos bajo control el resto del día, y el siguiente. Pasé por la sección de bebidas antes de salir.
xxxDos tetrabriks de tinto, dos de blanco. Para hacer el completo.
xxxPagué con la tarjeta y saqué mi culo de allí.
xxxEl taxista me ayudó a cargarlo todo en el maletero; se abstuvo, cosa rara, de emitir comentario alguno. Supongo que mi cara no invitaba a la conversación.
xxxUna vez en casa, tras haber sudado y trajinado escaleras arriba y abajo, tres pisos con el ascensor averiado y los sacos de temple de 25 kilos cada uno, dejé toda aquella mierda en el suelo, en medio del salón y de la chamusquina, y me senté a fumarme un cigarro. No sabía qué hacer. Tras la primera reacción, instintiva, de salir corriendo, de intentar poner algo de orden en aquel agujero, se me habían agotado los recursos. Recursos que por otra parte nunca habían sido abundantes. El vino malo, la soledad, la lluvia, los caminos. Así que empecé, o mejor dicho seguí, sudando el morapio del día anterior y esperando a que el blanco que había comprado se enfriara un poco en el congelador, esperando el pánico, la ruina.
xxxEl sistema nervioso central es lo que tiene. Hay que darle más de lo mismo o echar el freno y morder el bocado, hasta que pase lo peor. Pero yo no estaba en condiciones de hacerle frente a nada, y menos a un bajón etílico.
xxx¿Qué hubierais hecho vosotros?
xxxYo abrí el litro de blanco y me serví una copa. Y otra. Y otra más. De trago. Luego me abrí paso hasta el teléfono. Eran las tres y media pasadas, pero podía haber suerte. Marqué un número de otra provincia y esperé.
xxx—¿Tito?
xxx—Hombre, hola, qué tal. ¿Cómo va eso?
xxxBajé la voz hasta casi susurrar.
xxx—Déjate de hostias… ¿Sabes lo que acaba de pasar? ¿Sabes lo que me ha pasado?
xxxLa hipérbole, el pánico.
xxx—No, tío. ¿Qué te ha pasado?
xxx—Pues que acabo de quemar mi apartamento. Abrasado. Carbonizado. Pasto de las llamas…
xxx—No jodas… Pero bueno…
xxx—Que sí, tío, que esta vez ha sido buena.
xxx—Pero, entonces, ¿dónde estás? ¿Qué ha pasado? ¿De dónde me llamas?
xxx—Bueno, de aquí, de casa. Estoy en mi casa, donde siempre. En realidad, más que quemado, está todo negro, chamuscado, hecho un Cristo…
xxx—¡Ah, hostia! Por un momento he pensado que estabas en un hospital, o sabe Dios dónde… Pero ¿han tenido que venir los bomberos o qué?
xxx—Bueno, hombre, no, no ha sido para tanto… Bueno, ya sabes, a lo mejor exagero un poco… el caso… es que la he armado buena, tío. Me dejé una jodida sartén puesta anoche, llena de patatas, y luego voy y me quedo frito con la ropa puesta, y las patatas friéndose en la sartén…
xxx—Hostia, tío, perdona que me ría, pero es que ya me lo estoy imaginando… Tú frito y las patatas friéndose… Lo has dicho de una forma que es que me parto… Ya te estoy imaginando, con tus típicos gestos de borracho —continuó, enfatizando las erres, con un deje de entrañable conocimiento de causa—, sincronizando perfectamente la jala, por aquí el cuchillo, las patatas, un par de salchichas, todo bien, todo en perfecto orden…
xxx—Sí, ya; sólo que esta vez no me dio tiempo de salchichas ni de hostias en vinagre… ¡Por qué tendría que meterme en la habitación! Me venció el sueño… Fue tocar la almohada y quedarme. Creo que me había sentado con la intención de quitarme las botas… El caso es que cuando me he despertado esta mañana ya sabía lo que me esperaba…; lo estaba hasta soñando. Abrir los ojos y recordarlo todo. Luego salgo a la cocina, y no veas. Bueno, en fin, supongo que no es para tanto. He ido a comprar un montón de cosas, pinturas, brochas, estropajo, para ver si arreglo esto…
xxx—Ya, me lo he imaginado nada más empezar a hablar contigo. Siempre has sido un poco exagerado.
xxxEstaba subiéndome otra vez la borrachera. No paraba de llenar el vaso. Tito seguía al teléfono. Hubo una pausa y de repente sonó el timbre. Di un salto. El teléfono estaba junto a la puerta.
xxx—Espera un momento. Creo que han llamado a la puerta…
xxxBajé el auricular y escuché, en silencio absoluto, la oreja pegada a la puerta.
xxxSonó el timbre otra vez.
xxxEstaba completamente desencajado.
xxx—¿…Q-q-qué quieren? —grité—. ¿Quién es? ¡No queremos nada!
xxxMe asomé por la mirilla. Un individuo bajito con lo que parecía un paquete bajo el brazo. Nadie conocido.
xxx¿Testigos de Jehová? ¿Asociación de Víctimas de la Salmonella? ¿Damnificados de la Colza? ¿Homosexuales en Lucha? ¿Alcohólicos Anónimos?
xxx—¡Identifíquese! —volvía a gritar, ridículamente, borracho, consciente de la ridiculez de la expresión. Pero divertido a la vez, el perfecto comediante, queriéndome quedar con todos—. ¿Quién es?
xxxLa puerta del apartamento era de ésas de seguridad. Bien gruesa. Lo único bueno de aquel agujero.
xxxAlguien respondió. Creí entender algo así como «Vengo de…», y el resto de la frase se perdía.
xxx—¿Cómo? ¿Qué dice? ¡No oigo nada!
xxxTito seguía al teléfono. El enano del otro lado de la puerta repitió algo que tampoco conseguí entender.
xxxExasperado, grité otra vez, desgañitándome:
xxx—¡¡Ya le he dicho que no queremos nada, me cago en Dios!!
xxxSilencio. Pisadas escaleras abajo. Me llevé el auricular al oído.
xxxTito se reía.
xxx—Te he estado oyendo.
xxx—Ya. Pues el de ahí fuera no parecía enterarse. No sé qué coño me contaba. Últimamente nos abrasan. Todos los días igual. Yo ya no abro, por sistema. No sabes la suerte que tienes de vivir en el campo. Nos asaltan legiones de yonquis, dándole al timbre todo el día. Cuando no son los de la liga de parapléjicos, vendiendo infames calendarios. Yo lo comprendo, sufro por la gente, pero ¿qué cojones vas a hacer? No puedo poner en orden mi puta casa, mucho menos el mundo. Y, además, ¿acaso somos nosotros los responsables? Que vuelen la Moncloa, joder.
xxx—De lo demás ya nos encargamos nosotros, ja, ja, ja.
xxx—Sí, y que lo digas.
xxx—…Bueno, ¿qué vas a hacer?
xxx—No sé, poner un poco de orden en esta pocilga, supongo. Aunque ya estoy borracho otra vez. No sé, no sé. Esto está jodido. Creo que voy a salir otra vez… Se me ha acabado el vino blanco… En fin, voy a por el tinto. Mañana ya veremos.
xxx—¿No ibas a pintar?
xxx—Yo lo único que me parece a mí que voy a pintar hoy es de rojo esta puta ciudad. Bueno, en fin…, ya te llamaré…
xxxY no pude evitarlo.
xxxColgué temblando el auricular.

 

 

 

Wolfe, Roger. Quién no necesita algo en que apoyarse. Alicante; Ed. Aguaclara, 1993.

 

EL PROBLEMA ES MUY SIMPLE

 

(…) El problema es muy simple: hay un exceso de información absolutamente vacía de contenidos, y una alarmante falta de conocimiento. Comida rápida, polvos rápidos, noticias rápidas, muertes rápidas. ¿Sabéis cómo llama Gore Vidal a los Estados Unidos de América? «Los Estados Unidos de Amnesia». Pues eso es aplicable al mundo entero. Por lo menos, al supuestamente civilizado. Dos patadas en el culo, y a otra cosa. No se trata de que la gente ya no recuerde la última guerra. Se trata de que a la hora de comer ya no recuerdan a los muertos que les pusieron en el plato a la hora de desayunar. Totalmente insensibles. Pedazos de látex con dos ojos, una boca y un culo. Y el cerebro, prestado, envenenado, regurgitado. Somos una raza de antropófagos emocionales. De vampiros. Nos vampirizamos unos a otros porque no soportamos vernos nuestra propia cara en el espejo, revolvernos en nuestras propias heces. Siempre son más reconfortantes las del vecino. ¿Un hatajo de borrachos? ¿De politoxicómanos? Sí, ¿y qué? Todo el mundo está enganchado de algo, y la sociedad entera, esquizofrénica paranoide. ¿Con qué derecho juzga nadie nada? ¿Por qué cojones no es posible divertirse un poco en medio del infierno…?

 

 

 

Wolfe, Roger. Quién no necesita algo en que apoyarse. Alicante; Ed. Aguaclara, 1993.

 

QUIÉN NO NECESITA ALGO EN QUE APOYARSE

 

INSOMNIO

xxMe revolví en la cama y le di al botón de Sleep de la radio. Dormir, eso era lo que yo no conseguía hacer. El presentador hablaba de Berlioz. Que había nacido a principios del siglo XIX. Que se había enamorado de la primera actriz durante la representación de una obra de Shakespeare en inglés, idioma del que no entendía una palabra. Que se habían casado. Flechazo fulgurante, al parecer. Que había compuesto la obra que íbamos a tener el placer de escuchar, Romeo y Julieta, como una especie de homenaje a Paganini.
xxLa de cosas que aprende uno.
xxMe di la vuelta.
xxDio comienzo la función. Por un momento, creí adormilarme. De repente, un barbudo me perseguía blandiendo unas enormes tijeras de podar árboles en medio de una pesadilla de opio. Creí que era Berlioz hasta que me di cuenta de que el barbudo era Verdi, sombrero de copa y bufanda incluidos. Lo sé porque tengo un disco suyo con un retrato en la portada. y además, he visto la serie de televisión.
xxLuego me incorporé de un sobresalto. Verdi siguió corriendo por la pared en sombras de la habitación. La bufanda coleteaba como una estela tras él. Manoteé en la mesilla, localicé el tabaco, el mechero, encendí un cigarrillo en la oscuridad. La llama del mechero me iluminó la punta de la nariz, que me asomaba por el ojo derecho como un pegote que no me perteneciera.
xxMe acodé en la cama.
xxInhalé, exhalé.
xxContemplé cómo la tenue columna de humo se aplastaba contra los pliegues de la colcha, desapareciendo para volver a aparecer. Como esa broma, la de soplarle el humo de un cigarrillo a alguien por el pelo, desde atrás. Siguen andando sin enterarse, y parece que les arda la cabellera.
xxA mí lo que me ardía era el estómago. Demasiado café. Demasiados cigarrillos. Aplasté el que había encendido en el cenicero y me levanté de la cama. Busqué a tientas las zapatillas por el suelo alfombrado de la habitación, me puse la bata y bajé por el pasillo, palpando como un ciego la pared.
xxEl tubo fluorescente parpadeó con un crujido sucio y llenó de luz grasienta la cocina.
xxEntreabrí los ojos, los cerré.
xxEncendí mi otra radio. Tengo dos. Romeo y Julieta seguían dando voces.
xxNada interesante, así que por qué no tomar otro café.
xxY eso fue lo que hice.
xxMe senté a la mesa de la cocina, sorbí un trago de café y abrí el libro que estaba leyendo.
xxSuelo dejar los libros que estoy leyendo en la mesa de la cocina, porque me gusta leer un poco después de cenar.
xxAunque ya sé que la mayoría de la gente los deja en la mesita de noche.
xxYo no. Yo los dejo en la mesa de la cocina.
xxEl protagonista de la novela, porque se trataba de una novela, era un detective borracho que vivía en un hotel y leía tratados de hagiografía.
xxLa hagiografía es la historia de las vidas de los santos.
xxEl detective tenía que averiguar los motivos por los cuales la hija de un tío rico había aparecido cosida a navajazos en la bañera de su apartamento. El supuesto asesino había sido arrestado bailando en plena calle, empapado de sangre, con una navaja de afeitar en una mano. También llena de sangre, evidentemente. Como una especie de hare krisna de ésos, completamente salido de madre, bailando en plena calle. Y la navaja llena de sangre en una mano.
xxPero el tío luego va y se cuelga en el calabozo de la comisaría. Cómo lo hizo no está muy claro, porque la verdad es que yo he estado en comisaría más de una vez y más de dos, y te lo quitan todo de encima. Te quitan los cordones de los zapatos.
xxEso, lo primero.
xxPero bueno, el tío se colgó. Y la otra, cosida a puñaladas en la bañera. En pelota picada, por cierto.
xxPero la cosa no estaba clara. La cosa distaba mucho de estar clara.
xxEl caso es que el detective habla con el tío rico y lo somete a un interrogatorio inexorable y le dice que bien, que bueno, que está dispuesto a seguir adelante con el caso, pero que a lo mejor le va a resultar desagradable. No al detective, sino al tío rico.
xxEl tío rico le pregunta que por qué y el detective le mira fijamente a los ojos, enciende un cigarrillo, y le dice con una voz que me imagino que suena parecida a la de Humphrey Bogart que porque a lo mejor descubre cosas que es preferible dejar sin remover. Eso de cosas que es preferible dejar sin remover me pareció particularmente bueno.
xxEl tío rico le dice al detective que cuánto le va a cobrar, y el otro le dice que no cobra, que se limita a hacer favores a la gente a cambio de dinero. Un tipo duro, el tío. También le dice que podría empezar con tres de los grandes, para ir tirando y para gastos, y que más adelante ya la diría cuánto le iba a costar exactamente el favor. Cuando acabara de hacérselo, si es que decidía seguir adelante. Así que el tío rico le da un talón de tres mil y el detective le da la mano y se va.
xxSe va a uno de sus bares favoritos, y le pide a la camarera un café solo con bourbon y se sienta con ella en uno de los reservados y charlan un rato. La camarera es una de esas camareras típicas de mediana edad que salen en las películas, que llevan no sé cuántas separaciones y fracasos sentimentales a cuestas y que están de vuelta de todo. Suelen haber tenido hace años una aventura con el protagonista, y lo quieren mucho, aunque ahora se limitan a ser buenos amigos, y suelen sufrir mucho por el protagonista porque el protagonista suele estar pasándolo muy mal, y le aconsejan y se preocupan por él, y le preparan emparedados y café caliente cuando está borracho o deprimido o echando lágrimas en la cerveza. Bueno, pues la camarera esta del libro que estaba leyendo era como ésas de las películas que os digo, y charla un rato con el detective y acaba diciéndole que tiene que dejar de beber tanto bourbon, buscarse una buena mujer y empezar a cuidarse un poco.
xxY el detective le dice que las mujeres son lo que le ha arruinado en esta vida y que tiene que beber para olvidar que tiene un problema con el alcohol.
xxUn tipo duro, el menda.
xxY ya no sé qué más pasó porque en ese momento empecé a cansarme del libro, y había terminado el café, y a pesar del café, cosa curios, sentía un poco de sueño, así que cerré el libro, apagué la luz de la cocina y me volví a la habitación.
xxMe metí en la cama y las sábanas estaban un poco frías y eso me fastidió.
xxPero bueno. Me dormí en seguida, y creo que soñé que el de las tijeras de podar, el Verdi, se estaba peleando con Berlioz en un bar de Nueva York (nunca he estado en Nueva York, pero ya sabéis cómo son los sueños; simplemente sabía que estaba en Nueva York) y que la camarera intentaba separarlos. Yo estaba en un rincón de la barra con un vaso de bourbon en la mano, y quería escaparme del bar pero cuando intentaba levantarme las piernas me fallaban y no podía. Era como si estuviera pegado al taburete o algo así. Luego entra un tipo gordo con gafas y una corbata a cuadros y aparta a la camarera y empieza a ofrecerles al Verdi y al Berlioz un talón de tres mil dólares, y no sé muy bien qué pasó, si dejaron de pelearse o si Verdi al final le clava las tijeras al otro, o si empiezan a discutir por el dinero o qué narices pasó.
xxLo que sí sé es que debieron de dejarme a mí tranquilo y que seguramente acabé pudiendo escapar del bar, porque esta mañana me he despertado a las once y media y me sentía realmente descansado.
xxFresco como una lechuga, sí señor.

 

 

 

Wolfe, Roger. Quién no necesita algo en que apoyarse. Alicante; Ed. Aguaclara, 1993.

 

POEMAS DE ‘GASOLINA’, DE GREGORY CORSO, TRADUCIDOS POR ROGER WOLFE

noviembre 12, 2019 Deja un comentario

 

EN LA FUGAZ MANO DEL TIEMPO

En la escalinata del resplandeciente manicomio
oigo la campana cuyo son hirsuto reverbera por el bosque
y toca a muerto por mi mundo
Y trepando comparezco en una reunión de fogosos caballeros
que sin verme despliegan estrategias dibujadas en pieles de cordero
y con dedos protegidos por sus mallas datan mi llegada
tiempo atrás atrás atrás cuando en los negros escalones de la lírica Roma de Nerón viene a pararme
cargando entre mis brazos al filósofo de las endechas
y el postrero toque de diana de la loca historia
Ahora mi presencia es conocida
mi llegada la marcan iluminadas manchas
Abiertos los grandes ventanales del Paraíso
Convertidas en radiante polvo las cortinas del Pretérito
Entran volando estas bandadas de pájaros multicolores
La luz la luz alada oh maravilla de la luz
El tiempo me toma de la mano
nacido el 26 de marzo de 1930 me arrebata a más de cien por hora
para sobrevolar conmigo el vasto mercado de la elección
¿y qué elegir? ¿qué elegir?
Oh – – – y abandono mi cuarto anaranjado de los mitos
sin haber podido guardar mis juguetes de Zeus bajo llave
Elijo el cuarto de la calle Bleecker
Una madre aún bebé me embute en la boca un pálido pecho milanés
Mamo y me revuelvo y gimiendo exclamo oh madre del Olimpo
extraño es para mí este pecho
Nieves
Décadas de asfalto helado caballos condenados
Endebles sueños .Oscuros corredores del colegio público 42 .Tejados .Palomas con buches como cuellos de rata
Arrebatado a más de cien por hora volando por encima
de estas más que verosímiles calles de la Mafia
impío me desprendo de mis alas hermesianas
Oh Tiempo ten piedad de mí
arrójame debajo de esa humanidad de coches
entrégame como alimento a gigantescos rascacielos grises
ofrece a tus puentes mi exhausto corazón
pues desecho aquí mi lira de órfica inutilidad

Y en castigo por mi acto de traición he de subir ahora estos peldaños locos y radiantes
y penetrar en esta sala de luz paradisíaca
y efímera
El Tiempo
largo largo perro que de su propia cola la órbita persigue
se acerca y me agarra de la mano
y me conduce a una vida sometida a condiciones

 

 

 

 

EN LAS PAREDES
DE UN SOMBRÍO CUARTO DE ALQUILER

Cuelgo viejas fotos de mis novias de la infancia,
y me siento aquí, desconsolado, un codo en la mesa,
la barbilla en una mano, contemplando
xxxxxxxlos altivos ojos de Helen,
xxxxxxxla débil boca de Jane,
xxxxxxxel dorado pelo de Susan.

 

 

 

 

EL ÚLTIMO GÁNGSTER

Esperando junto a la ventana,
mis pies envueltos en cadáveres
de traficantes de licores en Chicago,
soy el último gángster, por fin seguro,
esperando aquí, junto a esta ventana blindada.

Miro a la calle y reconozco
a los dos matones de St. Louis.
Los he visto ir envejeciendo
con pistolas que se oxidan
en sus manos devoradas por la artritis.

 

 

 

 

ECHO DE MENOS
A MIS QUERIDOS GATOS

Mis manos del color de la acuarela ahora están sin gatos
y estoy aquí sentado a oscuras solo
mi cabeza en forma de ventana se inclina bajo el peso
de tristes colgaduras
Estoy sin gatos casi ya muy cerca de la muerte
a mis espaldas cuelga del tabique el que quedaba
muerto por mi mano entumecida por alcoholes
Y en todas las demás paredes desde el ático al subsuelo
cuelga esta triste vida mía de los gatos

 

 

 

 

ANOCHE ME DI UNA VUELTA CON UN COCHE

Anoche me di una vuelta con un coche
—aunque no sé conducir
ni soy propietario de automóvil—
y estuve circulando por ahí, y atropellando
xxxxxxxxa gente a la que quiero.
xxxxxxxxPor un sitio pasé a 180.

 

En Hedgeville me detuve
xxxxxxxxy me eché a dormir en el asiento
xxxxxxxxde atrás…, entusiasmado
xxxxxxxxcon mi flamante nueva vida.

 

 

 

 

LLEGASTE LA ÚLTIMA TEMPORADA

Llegaste y amasaste dulces de a penique con los dedos
Yo te robé y te deglutí
y mis pies aplastaron tu envoltorio en mil y pico calles
Me echaste los dientes a perder
Me sacaste granos en la cara
Nunca fuiste cosa saludable
Nunca fuiste lo que se dice vitamina
Me ensuciaste las manos
y como eras más pegajosa que el engrudo
no había manera de limpiarse…
Me manchaste bien manchado, desde luego.

 

 

 

 

SUICIDIO EN GREENWICH VILLAGE

Brazos extendidos,
manos asidas del alféizar,
una mujer mira al vacío
y —pensando en Bartok y en Van Gogh
y las tiras cómicas del New Yorker
pega el salto.

Se la llevan con un ejemplar del Daily News
tapándole la cara,
y un tendero echa agua caliente por la acera.

 

 

 

 

ESTABA CORTADO, AQUEL CABALLO

En un cuarto una cuchara en una llama
calentaba su deseo más oculto.

Cuando la mezcla estaba bien cocida echó de prisa
mano al cinturón, antes de que el jaco se perdiera.

El cinturón se lo enrolló en el brazo,
y limpió la aguja, para quitar la porquería.

Luego tiró del cinturón, buscándose una vena.
Siguió tirando hasta sentir que le dolía.

Con mano quieta esperó a que saliera el bulto,
y con él llegara el sueño que tanto deseaba.

Y asomó el bultito, y le enchufó el gozo de la aguja.
Pero estaba cortado, aquel caballo, y no hubo fiesta.

Se desplomó en el suelo sin que se oyera nada,
y la cabeza le giraba como si fuera un carrusel.

Y se rascó de arriba abajo, entre temblores, y se tiró del pelo,
y vomitó suspiros; otra cosa no llevaba dentro.

Se revolvió gimiendo en medio de la noche.
Pobre alma más colgada no pudo haberla nunca.

 

 

 

 

EL NÚMERO DOCE DE ASH STREET PLACE

Esa casa es un fantasma de lo que un día fue hermoso;

como a un pájaro haciendo un solitario

un aura de pena limpia la rodea.

x
Hay un viejo sentado siempre al lado de una vela.

Le veo mover las manos, de las que un goteo

de colores le chorrea; colores aplastados

como flores prensadas que de un libro cayeran.

x
Pasé junto a su ventana un día;

lo vi algo más de cerca…

¡Tenía como mínimo cien años!

Le pregunté si llovería,

y me dijo «No», dejando que un goterón de púrpura

cayera en una de mis manos.

x
Al marcharme le dije que no me parecía

que se hubiera comportado bien conmigo…;

porque aquel color ardía.

 

 

 

 

TÚ, DE CUYA MADRE EL AMANTE ERA HIERBA

Tú, de cuya madre el amante era hierba en la más verde estación,
nacerás, hijo bastardo, entre sus cálidas y verdes manos,
y serás quien le evite ser efímero,
y aunque no tenga tiempo de enseñarte el sol y la lluvia y el viento,
te mecerá y te volverá a mecer en sus cálidas y verdes manos
hasta que la estación, celosa, lo asesine.
¡El invierno siempre llega!
No tendrás años para hollar la nieve que lo entierra;
tu madre te llevará en la cabeza
y te alzará al viento
y el viento te ululará en los oídos,
en un lugar donde la hierba nunca crece.
Las más lentas nubes serán la guía de tu madre.
Y ella las seguirá, conducidas por la niebla, hasta dar con el asfalto,
y allí, al final del viaje,
serás un huérfano en el asfalto de la urbe…,
donde la hierba nunca crece, ni se demoran las nubes.
Y tu madre…; tu madre volverá a otra estación,
a otro amante de hierba, que tampoco durará.
El invierno persigue a tu madre, y la quiere sólo para él;
y sus celos nos convierten a todos en bastardos.

 

 

 

 

IGLESIA DE SAN LUCAS: MISA POR DYLAN THOMAS

El tabernero del White House
se reclinaba nervioso contra la vidriera,
moviendo los pies, y Cummings pasó penando.

Dos turistas se susurraban al oído.
Y entró entonces una mujer de Swansea…

Dos lugareños del Village —pueblo de neón—
la sujetaron por debajo de los brazos
y la ayudaron a sentarse en la primera fila.
La mujer alzó el rostro, esforzándose por ver…;
pero los restos mortales ya no estaban.

La misa terminó entre ilimitables bisbiseos.

El primero en marcharse fue un príncipe de Ceilán.
Se paró un momento junto a la verja de la iglesia
y allí se congregó a charlas algún grupillo.

Al otro lado de la calle los chiquillos del colegio
jugaban al balón.
La pelota rodó hasta los pies del tabernero,
que le dio un vigoroso puntapié
y regresó con lento paso a su taberna.

 

 

 

 

CAMBRIDGE: PRIMERAS IMPRESIONES

xxxxx1

No es fácil caminar
xxxxxxxxpor estas callejuelas de Cambridge.
Las mejores moquetas son a veces
las que hacen que te cueste andar.

Pero enmascarado me cuelo sin ser visto en el desfile
y avanzo con más facilidad.
¡Qué hermoso es caminar tras un heraldo!

Mis tretas, sin embargo, vuelven torpe mi marcha.
Perdido el paso, quedo en evidencia.
Los centinelas, de pies como ceniza,
xxxxxxxxmontan guardia demasiado adusta
xxxxxxxxen todas las esquinas del lugar.
Sus toques de trompeta alteran
los ritmos que intento escuchar mientras camino.

 

 

xxxxx2

Pero Cambridge no es todo boato y majestad;
al margen del desfile, observo cómo
xxxxxxxxla rítmica embajada
xxxxxxxx—calle Brattle y todos sus aditamentos—
interrumpe sus sones envarados,
abandona su marcha real,
enrolla todas las alfombras
y se retira.

Estoy en casa, pero estas calles son extrañas.
Mientras camino
sorprendo a Cambridge en raro jubileo:
xxxxxxxxVivaldi, Getz, Bach y Dizzy,
xxxxxxxxen melodía en conjunto contenida,
xxxxxxxxemergen como volutas de humo ensortijado
xxxxxxxxde los portales y los sótanos,
saltando entre castaños por Longfellow,
bajando a la carrera por Hawthorne,
retorciéndose de un extremo a otro de Lowell
y volando como locos sobre Dana.

 

 

xxxxx3

Llega la mañana, y es terrible caminar.
Una vez más, los centinelas montan guardia;
xxxxxxxxsus trompetas, como un flautista de Hamelín,
xxxxxxxxlimpian las calles de jubilosas ratas nocturnas,
y en seguida se extiende de nuevo la moqueta.

 

 

xxxxx4

Mentía, ese bellaco que me hablaba
de las supuestas visiones de Melville
cuando pululaba al alba por la calle Brattle,
alejado de moquetas y desfiles.
Yo llevo días paseándome por esta calle
xxxxxxxxy nunca he visto, entre lo oscuro,
xxxxxxxxni un rayo de luz.

Me dijo: «Recórrete esa loca vía revolucionaria, la vieja
xxxxxxxxcalle Brattle,
y vas a ver las más grandes visiones nunca vistas,
¡como el Melville viendo la visión de Moby Dick en Brattle!
¡Viendo la visión en plena calle!».

 

 

xxxxx5

Cansado de mis deambuleos
y de no ver nunca nada,
me asomo ahora a la ventana
xxxxxxxxxxxxde alguien lo bastante amable
xxxxxxxxxxxxcomo para dejarme mirar.

La verdad es que Cambridge, vista desde aquí,
no está nada mal.
Y está muy bien saber
xxxxxxxxxxxxque desde esta ventana puedo regresar
xxxxxxxxxxxxen busca de libros, latas de cerveza
y amores del pasado.
Y a todos ellos exprimirles sueños suficientes
xxxxxxxxxxxxcomo para marcharme a hurtadillas
por la puerta de atrás.

 

 

 

Corso, Gregory. Gasolina (Trad. Roger Wolfe). Barcelona; Ed. Huacanamo, 2010.

 

LGC1

Hoy dejo aquí algunos poemas que aparecieron en el primer número de la ya extinta revista de poesía La Galla Ciencia.

 

 

JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

COMO ASEGURABA KARL KRAUS, PUEDE QUE LA MUJER
SEA UN SATISFACTORIO SUCEDÁNEO DE LA MASTURBACIÓN,
PERO ESO REQUIERE UNA IMAGINACIÓN DESBORDANTE 
Y COMO DICE SAINT-SIMON —AUNQUE CREO QUE ÉL
SE REFIERE A LA DUQUESA DE BERRY—, ERA LA SIRENA
DE LOS POETAS, CON TODOS SUS ENCANTOS Y TODOS
XXXXXXXXXXXxxXXXXXSUS PELIGROS

Devórame, hija de la gran puta.
Mientras me corro sentir tus dientes de odio
y esos ojos obscuros como topacios fríos.
Chúpamela con esos labios
párpados de la Muerte.
Que sea lo último que vea.
Devórame así,
sin quitarte esa falda
viciosa, esa bisutería infernal.

Besar tus ojos, oler tu pelo,
esas axilas donde sombrea un vello mal rasurado,
morder ese vientre omnipotente,
esos muslos ambiciosos.
Así, como estás.
Entrar en tu coño
como debieron adentrarse
en la luz de Asia los caballos de Alejandro.

Y entonces te das cuenta:
No le hablas a nadie. Estás hablando
solo. Ella no te escucha.
No huele, no respira, su carne no se estremece.
Es una fotografía.
El cartel de una película.

Pero hay algo en esa fotografía…
Como una mano de hielo que te estrujara
las tripas.
Una belleza nueva. La Belleza de este
siglo.
Brutal. Pero te excita.
Despreciable. Pero la
deseas.
Y ahí está. Esperándote.
Para que te encanalles en la vulgaridad,
busques a ese que también eres tú
en el sabor de lo sucio, lo turbio, lo bestial.

Diosa de polígono
industrial, ninfa de hamburguesería, sirena
de botellón.
Dido de grandes superficies
y parkings monstruosos.
Tan brutalmente hembra te deseo.
Esa Nada de su mirada es hermosa,
sin futuro ni pasado.
Pero Helena de Troya cuando brillan
sus muslos
en la luz de un water de discoteca,
sobre el capó de un coche bajo la Luna.

Ah la Echegui en esa fotografía.
Su talento de actriz
+ el rugido de su cuerpo
+ mise en scène por Bigas Luna
+ eso que los arrastraba
más allá de ellos mismos; esa fuerza
letal
de la sexualidad nueva, ese insecto atrapado en ámbar.
Ah la Echegui en ese cartel.
Hija del photoshop que para siempre
así la entrega a nuestros sueños más lascivos.
Neón en vena.
Esa Diosa asesina.
Una fotografía ante la que soñar
con placeres feroces.
Y masturbarse, masturbarse, masturbarse.
Oh sagrado sightseeing.

 

 

 

 

ROGER WOLFE

MONÓLOGO DE JOHN DILLINGER,
xxxxxATRACADOR DE BANCOS

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCuando salga de aquí voy a ser el hijoputa más malo
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxque hayáis visto nunca.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxJohn Dillinger
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx(al ser recluido en la cárcel estatal de Indiana)

Si me jalo un par de cajas de pastillas y la palmo aquí dentro,
¿quién le da agua y comida al chuquel
hasta que llegue alguien y me encuentren tieso?
Ni espicharla me deja el perro.

Casa por la ventana, vaciar cuentas bancarias,
o dar un palo gordo. Alguien me habló de Australia.
Pero no dejan fumar ni en el váter. Y además…
El perro, claro. El perro.

Casa por la ventana, vaciar cuentas bancarias,
tiros en la calle, un camino lleno de polvo.
Me llevo conmigo al perro. Dillinger en Villadiego.
Nos veremos en el infierno.

Me gusta hacerle frente al subidón del miedo.
Trepa por el plexo solar comiéndote por dentro
como un atracón de anfetas. Mil veces mejor que un orgasmo,
¡y mucho más intenso!

Abrazar la locura. Puede pasar cualquier cosa.
Da igual, porque es el fin, es el final del mundo.
Ascuas de ira y mala hostia, mala hostia llevo dentro.
Esto acaba de empezar.

Hacedme más daño. ¡Hacedme mucho más daño!
¡Hacedme mucho más daño! ¡Seguro que podéis!
Para que me jodáis y CREZCA LA ESTATURA DE MI ODIO
la estatura de mi odio.

QUERÉIS hijos de puta. ¡Lo pedís a gritos!
No entendéis otro palique. OS GUSTA el horror.
Siempre que no salpique, no salpique demasiado;
ésa es la jodienda conmigo.

El mundo está lleno de enanos que por su cara bonita
creen tener el dominio de la palabra «no».
Pero eso no dura, no dura toda la vida.
Es un mortífero bumerán.
Os lo voy a meter por el recto y enderezarlo.

 

 

 

 

KATY PARRA

EL ÚLTIMO DISCURSO DE LOS PÁJAROS

Dejarás que se quede sin nombrarla
entre tus soledades y tus libros.

Voy recorriendo calles,
rutas que amortajaron a otros hombres
con el mismo fusil,
contra el triste sudario que heredé
de mi hermano.

Esta ciudad será, posiblemente,
un hermoso lugar para quedarse
a descubrir el mundo,
a explorar su belleza más indómita
bajo la insuficiencia de un paraguas,
sin otra pretensión que resistir
el último discurso de los pájaros.

He llegado hasta aquí para salvarme
—no sé si de morir o seguir vivo—.
La muerte es una amante desquiciada,
adicta a sorprender a su adversario
y sé bien que me aguarda rigurosa
en cada tentación de este otoño afligido,
sobre un papel sin patria.
Ha llegado con tiempo suficiente,
para expoliar la noche con sus ojos
y ser imprescindible,
hermosa, como el beso prometido.
Comienza a ser inútil esta tregua.
Sus buitres, como intrépidos vasallos,
siguen embalsamando la lluvia que no cesa,
la lluvia que envilece a la cigarra
y enciende entre otros muertos la hora de volver.

Voy recorriendo calles, y su sombra
avanza como un hijo bastardo tras de mí,
aullando como un perro.
Me acorrala y después
me deja respirar. Sabe que así
podrá seguir jugando conmigo a la ruleta.

 

 

 

 

CRISTINA MORANO

EL CORTE INGLÉS

xxxxx1

No todo era perfecto, a veces
no sabíamos qué decir,
se nos quedaban cosas colgando entre los ojos
como cuerdas de ropa puesta al sol.
Otras veces comprábamos comida
en El Corte Inglés los fines de semana
y sus radiantes avenidas
parecían medirse en nuestros pasos.

 

 

xxxxx2

Al Corte Inglés yo le he robado
unas gafas de sol color castaño,
libros, una docena de cucharillas.
Todo a las diez de la mañana
cuando los dependientes están de mala hostia,
y aún medio dormidos recorren los pasillos.
Es el mejor momento, más tarde la decencia
o la costumbre del trabajo
convertirán a todos —a ellos y a nosotros—
en perros adiestrados, pero por la mañana,
aún somos, en ayunas,
esas maldescansadas ratas sucias,
libres que todavía saben
descolocar estanterías.

 

 

xxxxx3

Cuando mi esposo y yo, el uno junto al otro,
aunque yo levemente adelantada
pues él entre la gente se aturulla,
vamos a hacer la compra al Corte Inglés,
sin rumbo por las caudalosas
arterias de sus plantas, yo le digo:
El aire está lleno de esperanzas.

 

 

xxxxx4

El Corte Inglés abarca al mundo,
lo dispersa en sí, lo desfigura,
engulle sus contornos
en sus inabarcables sucursales
con el poder astral de sus muestrarios.
Pero yo soy mayor que él,
mi pobreza es mayor que sus ofertas,
y mi soledad seguirá
perforándose a sí misma
en donde brille el légamo
del fondo del pozo de sus beneficios.

 

 

 

 

ANA PÉREZ CAÑAMARES

NO soy esta que veis palidecer
bajo el fémur tibio del fluorescente.
Tampoco la mujer que oye dar las tres
como el gong del martillo absolutorio
o la bala de un fusil encasquillado.
Ni la que escribe frases sin amor
y firma igual que quien mata una mosca.
Ocupo mi silla antes de que el sol
me bendiga la frente con un beso
y salgo a la calle infiel y huérfana.
Toso el virus de la resignación
cuando el mar es un rumor clandestino
y los lirios burlas del carcelero.
Soy quien sueña llegar a la vejez
para dejarse adoptar por gallinas
y vivir en la luz de las mañanas
que ahora abandono en la casa de empeños.

 

 

 

 

ANTONIO PRAENA

COMEBOLSAS

Tampoco en estas cosas es lo mismo:
los ricos, sola y buena;
los pobres, con alcohol y muy mezclada.
Las comebolsas lo saben:
te miran el reloj y los zapatos
y, si encima conduces un buen coche,
se te pegan al cuerpo y no te dejan
hasta que las invitas a unas rayas.
De pasta andan muy cortas,
por eso dejan a los tíos
más chulos en la pista
y se vienen contigo.

Las he visto muy jóvenes
montarse con un viejo en un Mercedes
camino de una noche más oscura.
A mí, concretamente,
las que visten peor me ponen mucho.
Un hotel de extrarradio les parece gran cosa.
Jamás se han visto en otra y es la tuya;
medio gramo y ya vuelan
dos gramos y te dejan medio muerto.
Las puedes encontrar siempre los viernes.
El sábado en la noche y el domingo
lo pasan en el barrio, con su novio,
curándose la culpa y la tristeza.

 

 

 

 

ANTONIO LUCAS

FUERA DE SITIO

Imagina que el tiempo sólo es lo que amas:
unas pocas palabras, unos seres exactos,
unas horas muy lisas, una playa (quizá)
donde el daño no acecha.
Imagina la vida como no es ahora,
no quiero decir como algo perfecto,
sino un resplandor, cierto abril de muy lejos,
un tributo al azar sin otro destino
que el confín fugitivo de un eco sin rostro.
Y después cualquier cosa.

Con qué precisión va la edad hilvanando el espino.
Y qué extraña la urgencia de ir en pie hasta la ola,
celebrar lentamente que aniquile mi huella,
mi escritura de hombre, mi certeza de surco,
ser la alta misión de lo que nunca concluye
como no cierra el mar su recado en la orilla.
Pero no es estar quieto la razón ni la meta,
sino un querer más pequeño, una conquista más clara:
ver la vida llegar de su noche a tu noche
en un cuerpo ajeno,
pronunciar su silencio,
abrazar su alambrada,
desear su vacío,
delirar sin camino, sin mapa, sin fuego,
hasta el tiempo sin tiempo
del país que no haremos.

 

 

 

 

ALBERTO CHESSA

TRAS EL ESCAPARATE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Carlos Martín

El maniquí leía Fuga de la muerte tras el escaparate.
Aunque me reconcomen los escaparates, me paré.
Lo observé. Era alto y rubio, atlético. Vestido
A la moda primaveral. Elegante a la fuerza.
De pronto, dejó de leer y me miró él a mí.
Primero despertó mi compasión, aunque tan frágil
Que al instante sentía más bien un cierto terror libidinoso.
Me encontraba a la vez seducido y cautivo.
Con el valor que no tenía, me giré, le di la espalda.
Iba ya a reanudar mi camino cuando un ruido me detuvo.
El ruido propio de los pelotones de fusilamiento.
No quise darme otra vez la vuelta.
No quise mirar de frente.
Tan sólo recordé que era invierno y que el maniquí
(Qué cosas) es probable que tuviera frío.

 

 

 

 

JOSÉ ALCARAZ

LAS MÁSCARAS DEL VIAJERO

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxA Alejandro Hermosilla

Sólo quien se desnuda está viajando,
quien arroja sus máscaras al suelo
y, al contrario, parece llevar más,
porque al final de sí descubre a todos
y de todos arrastra las facciones,
de todos, desvestido ya, los pliegues.
Son las máscaras las que se refugian
tras él, ojos ajenos los que cubren,
nublados, su semblante, mientras mira
cómo el viento lo empuja, de qué forma
levanta polvaredas, escondiéndolo
del resto, despejando los caminos.

 

 

 

 

ELENA MEDEL

UN CUERVO EN LA VENTANA DE RAYMOND CARVER

Nadie se posa en el alféizar —son veintiocho años
de espacio adolescente—,
pero qué ocurriría si el pájaro sobre el que he leído
en todos los poemas
se colara por el patio de luces y asomara
por el alféizar de mis veintiocho años,

un pájaro,
mi habitación adolescente.

Y qué ocurriría si yo escribiese aún
—si me preguntan, respondo que ya no—
y un pájaro cualquiera, ninguno de los pájaros sobre
los que haya leído en todos los poemas,
un cuervo o una de las palomas negras que asoman en la
oficina,
interrumpiese en la escritura
como el que se posó en la ventana de Carver.

¿Ganaría su lugar en el poema?
¿Dejaría de ser pájaro?

Alza el vuelo. Ya no hay
habitación en el alféizar.

 

 

 

 

BEATRIZ MIRALLES

EN ESTE POEMA mi cuerpo será la orilla
de tu cuerpo. La desnudez sobre mi piel
cubrirá tu piel, el tacto y la memoria.
Así ocurrirás dentro de mis manos,
lo anoto,
como si al fin pudieras sucederme.

 

 

 

 

TINO MOLINA

PUZLE INACABADO

Aquel torrente
cesó con tan inocente arma.
Como niños, en el suelo buscábamos
el color acertado, la misma curva
en cada pieza. Nada más había.

Tú lo compraste
esa misma mañana en la que el tedio
nos vino a visitar
y, ya cumplida su función,
no volvimos a distraernos
con su inocente juego.

Quedó tendido sobre el tapiz verde.
Con las piezas extendidas, ahí sigue,
todavía, esperando
las manos que atrapen su contorno.

Extraño dios de la tristeza,
a veces no lo vemos,
pero qué ligero es tu afán
entre los hombres,
qué vanos son tus negocios
si con un puzle nos basta
para firmar el armisticio.

 

 

 

 

GÜNTER EICH (Traducido por Jorge de Arco)

PRUDENCIA

Los castaños ya florecen.
Lo tengo en cuenta,
pero me abstengo de opinar.

 

 

 

 

C. K. WILIAMS (Traducido por Miguel Merino)

OLMOS

Llevan los tres hombres la mañana entera derribando los olmos
xxxxxenfermos que bordean las amplias aceras.

Las despiadadas sierras mecánicas plañen tenazmente variaciones de
xxxxxsus lacerantes escalas operísticas

y en la calle las cuchillas a gasoil despedazan los desbrozos
xxxxxresoplando febrilmente y sin cesar.

Uno tras otro cargan los camiones con los someros despojos,
xxxxxuniformados e inertes, de duramen,

de pequeñas ramas y hojarasca, y pronto queda el tronco desbrozado.
xxxxxEs como si hubieran cercenado el espejismo de la realidad.

Las filas de desnudos edificios de enfrente lo observan pensativos, sus
xxxxxdivagaciones más acuciantes de lo habitual:

«La espiral del tiempo», piensan, cargado el misterio de una tímida
xxxxxclaridad. «Es la espiral del tiempo…»

Toda la tarde, hasta entrada la desolada noche, las agitadas mentes
xxxxxrumian: «Es la insolente y desmesurada  espiral del tiempo…»

 

 

 

 

PAULO LEMINSKI (Traducido por Aníbal Cristobo)

NADA tan común
que no pueda llamarle
mío

nada tan mío
que no pueda decirle
nuestro

nada tan blando
que no pueda decirle
hueso

nada tan duro
que no pueda decir
puedo

 

GASOLINA

 

EL PUMA DEL ZOO DE CHAPULTEPEC

Largo liso lento raudo suave gato,
¿qué partitura, qué coreografía interpretaste
xxxcuando hicieron descender el último telón?
¿Es posible que el peso de tu gracia
xxxquede aquí abandonada, en este escenario de tres metros por tres?
¿Te concederán quizás unas segunda oportunidad
para correr danzando por las sierras?
Qué triste se te ve; mirándote me acuerdo
xxxde Ulaniva,
xxxencerrada en un minúsculo cuarto de alquiler
xxxen Nueva York, en la calle 17 Este,
xxxen el sector portorriqueño.

 

 

 

 

VEINTICINCO AÑOS TENGO

Con este amor y esta locura
por Shelley Chatterton Rimbaud
y la cháchara ansiosa de mi juventud
lo exclamo abriéndome de oreja a oreja:
¡ODIO A ESOS POETAS VIEJOS!
Especialmente a los que se retractan
y consultan a otros de los suyos,
mascullando en baja voz sus años juveniles
mientras dicen: yo lo hacía eso entonces;
xxxxxxixxxxxxxxpero era entonces, eso;
xxxxxxixxxxxxxxera entonces.
Yo a esos viejos los aquietaría
diciéndoles que soy su amigo
y que lo que ellos fueron una vez
pueden volver a serlo sirviéndose de mí.
Luego, por la noche, aprovechando
la confiada hospitalidad de sus hogares,
arrancaría sus lenguas llenas de perdones
y les arrebataría todos sus poemas.

 

 

 

 

TRES

xxxxx1

El cantor callejero ha enfermado
y se acurruca en el portal, con el corazón en la mano.

Una tonada menos entre el bullicio de la noche.

 

 

xxxxx2

Al otro lado de la cerca
entierra sus tijeras el anciano jardinero.
Un muchacho nuevo
se ocupa de podar el seto.

 

 

xxxxx3

La muerte es humana; y por eso mismo llora
y se mete en el cine todo el día
cuando un niño fallece.

 

 

 

 

HOLA

Es desastroso ser un ciervo herido.
Yo de todos los heridos soy el que peor está,
y los lobos merodean;
y además tengo mis fallos.
¡Mi carne cuelga del Anzuelo Inevitable!
Muchas cosas vi de niño que no quería ser.
¿Soy ahora esa persona que no quería ser?
¿Ese hombre que habla solo?
¿Del que se ríen todos los vecinos?
¿Soy yo el que en los museos
duerme tirado en las escalinatas?
¿Llevo la ropa de un hombre fracasado?
¿Soy acaso el loco?
En la triunfante serenata de las cosas,
¿soy yo el pasaje tantas veces suprimido?

 

 

 

 

HOMBRE NEOYORQUINO

Ha venido a Cambridge
y está parado ante mi puerta.
Es un hombre neoyorquino;
tiene ojos grandes de neón,
y por el suelo vierte jazz
con la mirada.
Pero ¿está realmente ahí?
Podría ser la radio,
o un organillero
que estuviera alucinando.

O yo mismo,
parado ante mi propia puerta
envuelto en jazz
y tan asustado que no llamo.

 

 

 

 

ESTO ES AMÉRICA

Esto es América y me lo estoy pasando en grande

con cantidad de música y de locos

xxxxxxxcon bocas que no saben cantar

y esa mujer a la que amo

xxxxxxxy todas las demás a las que no, y me lo hago

con toda hembra de diez hasta cincuenta

xxxxxxx—las de cincuenta son lo más

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEsto es América y no veas si no queda

xxxxxxxpara divertirse

xxxxxxxy lunáticos en cantidad

Muchos no cantan un carajo

y otros muchos sí

xxxxxxx—pero a quién le importa eso

xxxxxxxxxxxxxxMe importa a mí

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEn California le vertí al oído el canto

de mi occidental cultura a un mejicano agonizante

xxxxxxxque no me oía

y se murió mirándome y en la cara una sonrisa

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxEl hijoputa tenía tres dientes de oro

xxxxxxxtreinta gramos de maría

xxxxxxxel bolsillo lleno de peyote

xxxxxxxy una cría de catorce por mujer

 

 

 

 

EL NAUFRAGIO DEL NORDLING

Una noche cincuenta hombres se alejaron nadando de Dios

y se ahogaron.

Por la mañana Dios, abandonado,

metió en el mar el dedo,

sacó cincuenta almas,

y señaló a la eternidad.

 

 

 

 

HOMBRE SENTADO JUNTO A MI VENTANA

El tiempo posado en la invernal quietud de unos jardines

nada significa cuando caes en la cuenta

de que ves pasar las estaciones solo;

de que estás viendo tu dedo trazar tus pensamientos

en la superficie de una piedra.

 

 

 

 

UN VIEJO DIJO QUE VIO UNA VEZ A EMILY DICKINSON

Un rostro desgraciado —tensa cara blanca y opulenta,

como la de una hermosa dama muerta— se volvió hacia mí.

Con largas manos se aferraba el cuello,

y su sedosa cabellera negra

pendía como murciélagos dormidos.

Pero no era a mí a quien miraba.

.
Cuando me alejé la vi, mirando aún al mismo sitio…;

pero allí no había nada.

Nada, quiero decir, que pudiera ver yo.

 

 

 

 

LA FUGITIVA

Desde que se fugó de casa

alguien muy raro la persigue;

ha sido su constante paranoia.

Como un insecto, se aplasta contra el suelo.

Y la sigue a todas partes, vaya adonde vaya.

.
A sus espaldas, a lo lejos,

la voz de su madre, que no deja de llamarla:

pero no se puede dar la vuelta.

 

 

 

Corso, Gregory. Gasolina (Trad. Roger Wolfe). Barcelona; Ed. Huacanamo, 2010.

 

EL INVENTO

septiembre 7, 2014 Deja un comentario

My beautiful picture

 

 

En esa maravilla de libro que pueden ver en la imagen y que lleva el título de ‘El invento’, se puede leer en el prólogo: “Para con la poesía de Roger Wolfe, desde sus primeros libros, hay una rara coincidencia por parte de la crítica en señalar la radicalidad de un planteamiento que casi lindaría, y no solamente en el plano literario, con la extraterritorialidad del francotirador, la insólita presencia de referentes ajenos a la tradición castiza, el deliberado prosaísmo y, sobre todo, el carácter rupturista, revolucionario, de su realismo urbano.
Lo cierto es que la combinación de tales ingredientes con el humor corrosivo, la habilidad en el manejo de los mecanismos del lenguaje convencional y su visión nada ortodoxa del mundo componen una figura poética que se aleja de las formas y temas canónicos en el paisaje de la poesía actual. Además, es importantísima en él la inusual presencia del referente a las fuentes poéticas anglosajonas, de Blake a Ferlinghetti pasando por e. e. cummings, que es desafortunadamente tan poco común en nuestro ámbito cultural. La visión crítica y desencantada de la realidad se muestra también en el acentuado biografismo aparente de algunos de sus libros, donde es visible la relación con el desolado mundo de Bukowski y aun de Carver. La frescura de su visión heterodoxa del mundo es la marca de su literatura.
Pero lo más recomendable para el lector es quedarse solo ante el poema, atento a su graduación. Numerosos poemas de Wolfe ilustran una ética de la resistencia que anima el vitalismo del individuo ante el mundo feroz y corruptible. El sarcasmo burlón y el lenguaje directo son el vehículo que sustenta unos poemas cuya raíz es la más profunda indignación moral ante el mundo; un mundo que, a pesar de todo, también puede, de manera sorprendente y paradójica, Guillén dixit, estar bien hecho en un instante, en un momento.
Tenía razón Magdalena Lasala al definir a Roger Wolfe como “poeta roto en poemas rotos”.”

 

 

MÚSICA DE RECÁMARA

Ha puesto a Bach
en el cassette. Me ha dicho
que se iba a ver a unas amigas
‒un favor, me ha recordado, que le debe
a no sé quién. Yo leo un libro,
fumo; el cenicero
está sobre la colcha.

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxHe apagado todas
las luces de esta casa. Y al volver
‒los pies desnudos sobre el mármol‒
de la cocina, en una mano el café,
el ascua roja del cigarro en otra,
me he detenido, como con miedo, casi,
a escuchar el latido acompasado
de mi corazón.

 

 

 

LA TORTURA, VIEJO Y LITERARIO GÉNERO…

Me hablaba
del cielo de Esmirna,
de las doradas cúpulas
que alumbra la tarde veneciana,
del aire perfumado y cómplice de ciertas
umbrosas callejuelas tunecinas, la belleza
inenarrable de Florencia,
y ‒cómo iba a faltar‒
de ese cafetín donde en Lisboa
martirizaba los versos el Poeta…

Hay gente en ocasiones que deseas
que fuera un libro, para así
poder cerrarla con un sonoro y seco
golpe de la mano, sin marcar la página,
y devolverla luego para siempre
al lugar en que por derecho
corresponde:

los mustios anaqueles
de una rancia biblioteca.

 

 

 

EL DR. ROGER Y MR. WOLFE VISITAN LOS JUZGADOS

Bueno, así es la vida.

Un día entras esposado
por una puerta, y al siguiente
entras por otra
para desposarte:

dos maneras
no tan diferentes
de hacer justicia.

 

 

 

LA VERDAD, POR FIN

Todo el día
queriendo redactar este poema
y ahora no recuerdo
qué se supone
que tenía qué decir.

Los buenos escritores no hace falta
repetirlo son aquellos
que saben siempre, exactamente,
cuándo no deben escribir.

Pero ése
evidentemente
no es mi caso.

 

 

 

CAFÉ Y CIGARRILLOS

Salgo del trabajo. Los huesos, el cuerpo entero
dulcemente dolorido, como a veces
después de un polvo de los buenos.
La luna, sajada en dos pedazos, me recuerda
el ojo ése famoso de Buñuel,
asomada un tanto tenebrosamente
por encima de los árboles.
El coche no me arranca. El parabrisas
es una roca enorme y congelada.
Así que vuelvo a casa andando,
velado el claqueteo de mis pasos
por la luna, la cabeza
llena de café caliente y cigarrillos.
Llego al portal y me detengo,
soplándome en las manos, bajo
el arco de luz que proyecta la ventana
sobre el hielo, la hierba sucia y abrasada.
Y al otro lado de esa luz te encuentras tú.

Y es que un hombre necesita en esta vida
otras cosas que no sean
lunas surrealistas, coches, oscuras
películas de Buñuel.

 

 

 

LA FAMILIA

De una conspiración de sangre
qué otra cosa cabía esperar.

 

 

 

JUSTIFICACIÓN DEL CRÍTICO

Si aceptáramos la posibilidad
de que alguien exclamara:
“Dios mío, qué hecho polvo estoy”
sin mayores aspavientos
ni necesidad de exégesis alguna,
sería preciso reescribir
la inmortal historia
de ese fraude que se ha dado en llamar
Literatura.
Y además
nos quedaríamos en paro.

 

 

 

HIPPY RECICLADO

Cómo se nota, me dijo,
que no eres hijo de los 60.
Y qué culpa tengo yo,
le respondí, de ser un hijo
de mi madre, al tiempo
que aceptaba su vino barato de Rioja,
su tabaco, su inverosímil
conversación pseudobanal,
los ensordecedores watios
de su televídeo estereofónico
de 36 pulgadas y media.

 

 

 

DOS MIL AÑOS DE HISTORIA PARA ESTO

Lo poco que me queda
esta noche, en que la lluvia
repiquetea como la descarga de un cartucho
por todos los cristales de la casa,
es no obstante un sólido refugio:
esta cálida cocina
en donde bebo
un vaso bueno
del mal vino de siempre, escribo
algún poema, leo
los versos de la gente a la que amo y odio
y alzo un momento la cabeza
‒frente a las sombras inconexas del televisor
en el que danzan los pájaros de Hitchcock
mientras Tippi Hedren se lleva las manos
ensangrentadas a la cara
para apurar plácidamente un cigarrillo
y mejor recrearme en el milagro:
El mundo,
qué duda cabe a veces
está bien hecho.

 

 

 

EL VASO

Siéntate
a la mesa.
Bebe un vaso
de agua. Saborea
cada trago.
Y piensa
en todo el tiempo
que has perdido.
El que estás perdiendo.
El tiempo
que te queda por perder.

 

 

 

EL EXTRANJERO

Me asomo a la terraza.
Una mujer se arregla el pelo
delante de un espejo
en el edificio de enfrente
de mi casa.
Estaba leyendo
a Dostoyevski. Cierro el libro,
lo dejo encima de la mesa,
me siento y abro
otra cerveza. Qué aburrido,
Dostoyevski, la cerveza,
las mujeres, los libros,
los espejos. Qué aburrido
sentarse y esperar la muerte
mientras la gente fornica,
come, trabaja o se solaza
bajo el sol sucio de septiembre,
y uno sabe, positivamente,
que nada va a ocurrir.

 

 

 

REVOLUCIÓN

Demasiada mierda
está siendo repartida
por los pocos
entre los muchos,

hasta que los muchos
se convierten
en los pocos
y la mierda
comienza a volar
de nuevo;

eso es lo que Marx
realmente
quiso decir
cuando dijo
que la realidad
es dialéctica:

apesta
en cualquiera de los casos.

 

 

 

YA SÉ QUE MAÑANA SERÁ OTRO DÍA

Y entonces uno se pregunta:
¿Qué es la vida?
¿Hay algo? ¿Es esto?
¿Empalmar un condenado
cigarrillo con el otro
mientras te dices
que quizá estés ya incubando
un cáncer en algún recóndito
intersticio del pulmón derecho?
¿El páncreas?
¿El hígado?
¿Los riñones?
¿La vejiga?
¿Y qué hay de la cabeza?
¿Hay algo? ¿Es esto?
¿Sorber tazas de té
en la soledad
de la cocina?
¿Mirar por la ventana
y contemplar la luna?
¿Fingir que eres Baudelaire?
¿Las chimeneas? ¿Los tejados?
¿La masa hirviente
de cuerpos en la playa?
¿O esas nubes
que mañana amenazan
con borrasca?
¿Hacer llamadas de teléfono,
pagar facturas, masturbarte
aspirar el perfume de esa chica
con la que te has cruzado por la calle,
tomar esta pastilla?
¿Acordarte de tu madre
en tardes de domingo
y lluvia?
¿A qué estamos jugando?
¿Qué es este absurdo juego?
¿Una espera llena
de míseras miserias
y mezquinas alegrías?
¿Una espera? ¿El limbo?
¿Es esto?
¿Era esto lo que nos decían?
¿Un cine vacío
donde ni siquiera nadie
ha tenido la decencia
de programar una película?

 

 

 

NADA, NADA, NADA

Encima de la mesa
Cernuda, Onetti, Delmore
Schwartz, Auden, Pound,
Ernesto Cardenal.
Y yo mismo, por qué no.
Y luego setecientas
cincuenta pesetas; en monedas,
como es obvio. (Y no es la menos importante
indicación de que el tiempo pasa…)
Un lápiz, los textos
subrayados, un mechero
y dos bolígrafos: el negro
para engañar los garabatos
que luego el rojo, que es el que usa
también el tiempo, irá tachando
hasta enterrarlos en el polvo.
Un penúltimo tazón vacío
de té con leche,
un cenicero muchísimo más lleno
de lo que convendría.
Y trece años, trece,
más o menos,
desde mi primer poema.
No mucho.
Casi nada.

 

 

 

L’ETRANGER

La pantalla encendida de mi ordenador
tiene un fondo azul. Y sobre él
las letras blancas. Más allá
de los cristales entreabiertos
grandes nubes hinchadas de agua sucia
flotan a la deriva en dirección al mar.
El cielo sobre el que huyen
como inquietos caballos amaestrados
es también azul. Un azul que busca muy despacio
el púrpura, a las nueve y cinco de esta noche
de comienzos de septiembre,
el sol hundido y frío en la nostalgia del verano.
Tal vez las mismas nubes
que contemplaba Baudelaire,
naufragando en el ocaso de la tarde de París
hace ahora más de ciento treinta años.
Aquellas “maravillosas nubes que pasan”,
que pasaban, ante sus ojos torturados
de perpetuo extraño. Y a excepción quizá
de esa sirena policial que se sacude
como una lata vieja en el silencio enrarecido
que precede a una tormenta
y el ronroneo impasible de este ordenador,
por un momento me parece
que soy su semejante, su hermano,
su confidente hipócrita yo también.

 

 

 

LA PERIFERIA VA POR DENTRO

Vive en Madrid
y le agobia
el tráfico
a gente
los alquileres
la delincuencia
la polución sonora
y ambiental,
su trabajo en el
periódico,
la poca paga,
el jefe
de sección.
“¿Se puede ver el mar
desde tu terraza?”,
me pregunta.
“Exactamente
no. Pero lo huelo.”
“Qué suerte tienes,
cabronazo. Vives
mejor que yo.”
Ya. Bueno. La vida
es como cuando vas
a un restaurante.
El plato del de al lado
siempre te parece
mucho más apetitoso
que el que acabas
de pedir.

 

 

 

ÉTICA DEL CAVERNÍCOLA CONTEMPORÁNEO

No hay otra alternativa
más que enquistarse
en la zozobra
cerrar puertas y ventanas
bajar persianas
pinchar a Purcell
desplomarse en la cama
y respirar pausadamente
mientras el mundo
ahí fuera
se destroza.

 

 

 

GLOSA A CELAYA

La poesía
es un arma
cargada de futuro.

Y el futuro
es del Banco
de Santander.

 

 

 

EL CRÍTICO Y LA MARGARITA

Tú sí
tú no
tú sí
tú no
tú sí
tú no
tú sí
tú no
tú sí
tú no…
y en cuanto a ti
no sé
mejor será
que espere
a ver
qué dice
la competencia,
no vaya a ser
que a estas alturas
me coma
algún marrón.

 

 

 

ARTÍCULO NO SUJETO A LEGISLACIÓN VIGENTE

¿Los poemas?
Algunos funcionan,
otros no.
Si lo que quieres
es una garantía,
cómprate un televisor.

 

 

 

EL AMOR, SUPONGO

He estado pensando en escribir
un poema de amor
dedicado a mi mujer
pero lo cierto es que no sé
por qué, pero me pongo
increíblemente triste y los poemas
de amor no se me han dado nunca
demasiado bien o quizá es que nunca
lo haya intentado seriamente;
supongo que el amor
debe de ser
como esos rarísimos instantes
de felicidad:
si por un momento
los tienes
yo diría
que no es conveniente
andar jodiendo el tiempo
con poemas.

 

 

 

MÁS PEROS, ESQUES Y PORQUÉS

El aburrimiento
puede matar
a un hombre
y para este problema
existen diversas soluciones:
dinero
mujeres
alcohol
drogas
arte
ninguna
de ellas
a mi alcance,
como se puede comprobar.
Por eso
precisamente
estoy aquí.
¿Qué excusa
tienes tú?

 

 

 

HAGIOGRAFÍA

san francisco dasís era un perdido
antes de cambiar de vida y convertirse
en lo que su propio nombre indica

y arroja los trapos de su padre
por las ventanas de la fábrica

y se despelota en plaza pública

culo al aire el viejo
al borde de la embolia

la vieja disputa generacional

todo esto por supuesto lo cuenta zeffirelli

yo lo vi con propios ojos
a los 14

recuerdo que el curilla vino a dar explicaciones
antes de que nos pasaran la película

su máxima preocupación

hay que joderse

era ese culo al aire

de paquito

 

 

 

RAYMOND CARVER

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx”Que hablen conmigo si quieren
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxpreguntarle algo a alguien. Yo sé
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxcómo funcionas. Que vengan por
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxaquí, y les daré más que de sobra.”
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxR. C., “Intimidad”

Leí sus primeros cuentos en Oviedo,
allá por el ochenta y ocho.
Meses antes, de hecho, de que falleciera.
Creo que fue a finales del invierno
y recuerdo que llovía
literalmente a cántaros;
el ruido del agua en el patio de luces
te hacía pensar en alguien que anduviera
vaciando cubos desde las ventanas…
Devoré sus libros en la cama,
entre monumentales resacas sucesivas.
Me tenía fascinado. Primero los cuentos;
luego los poemas;
más tarde todo lo que pude
encontrar de él.
xxxxxxxxxxxxxxxCuando ese verano
leí la noticia de su muerte
lo sentí sinceramente.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLuego,
a lo largo de estos últimos años,
he ido releyéndole. Sus relatos, de nuevo,
sus poemas. Incluso los retazos póstumos
que fueron exhumando. Y la magia
parecía seguir ahí hasta hace poco.
De repente el tipo
empezó a incomodarme, pero no
en el buen sentido como siempre había sucedido,
sino en el malo. Y luego a mosquearme
hasta el punto de que se me ha jodido por completo.
Hay algo en él de vieja
sufrida y satisfecha
que me crispa; que me toca
‒no encuentro otra manera de expresarlo‒
francamente los cojones.
Lo olí desde el principio (pero estas cosas
son como el amor; tienen
su fatal ciclo inevitable): ese clásico tufillo
de ex bebedor felizmente arrepentido
que se enorgullece de tutear a la desdicha.
(Sólo él lo ha pasado mal; sólo él sabe
lo que es arrastrarse por el fango;
y va a tener la deferencia
de contarnos a todos los detalles.)
Quizá se objete, y tal vez con razón,
que todo esto es excesivamente subjetivo. Da igual.
Sé lo que me digo. Le tengo pillado
el camelo a este individuo. Hay algo falso
en este hombre en su escritura.
El que tanto repetía
que hay que escribir sin trucos
es un maldito sucedáneo.
Sufrir aquí sufrimos todos
está muy bien;
pero no basta con eso.

 

 

 

 

RENTAPOEM

¿Os imagináis la poesía por encargo?
Que te pidieran un poema, por ejemplo,
sobre unas bragas o una lata de conserva.
Poemas para anuncios. Poemas
para bodas y bautizos. Poemas
por teléfono. Un 906 de la poesía.
Poemas para poner verde al enemigo,
poemas para sorberles el tarro a las chavalas.
Poemas para entierros. Poemas
para candidatos en campaña…

Se ha hecho ya, por supuesto.
No hay nada nuevo bajo el sol.
Lo extraño quizá sea que en estos tiempos
en que todo se compra y se vende
los poetas se empeñen en velar con semejante celo
por sus mezquinas idiosincrasias personales.
Ni siquiera el plagio ‒creativo‒ está bien visto:
en el Siglo de Oro era un género; hoy día
es un delito. (Quién sabe si para ahorrarles el bochorno
a todos esos a los que no plagiaría ni su madre.)

La economía de mercado acabaría de un plumazo
con ínfulas, rencillas y aspavientos:
a tanto el asunto, el verso o la palabra.
El que pueda pedir, que pida. Y el que no valga,
a poner ladrillos. Y que se joda.

 

 

 

YO TAMBIÉN QUISE SER VERLÉN

Llueve en la ciudad
como llora en mi corazón,
qué es esta languidez
que…
No, falso arranque.
Eso no es mío.
Empecemos otra vez:
Llueve.
Y vamos a dejarlo así,
que no está el horno para bollos.

 

 

 

 

TENSA EL ARCO

La poesía:
una ballesta.
Y en el punto de mira,
un corazón.

 

 

 

DE LAS NUNCA BIEN PONDERADAS VIRTUDES DE LOS CONTENEDORES DE RECOGIDA DE PAPEL

Errores.
Todos los cometemos.
Yo mismo
acabo de tirar
doscientos veinticinco folios
setenta y nueve mil palabras
y tres años y medio
de sudores
suplicios
trabajo fallido
y paja mental
directamente a la basura.

 

 

 

ANOREXIA

La música.
Los pájaros.
El cielo asfixiado
de Madrid…
Nos imagino
dejándonos morir de amor
en un cuarto en penumbra;
sería un poco
como una película pornográfica
digna de ser vista en un convento.
¿Entiendes lo que quiero decir?
Yo de momento
cada día estoy más flaco.

 

 

 

ESCORIA

Los oigo hablar
y me estremezco:
en 20 años
no han conseguido otra cosa
que devolver un eco.

Y es un eco
que repite
la misma vieja
cantinela:
“Me jode hablar así,
chaval, pero cuando llegues a mi edad
lo entenderás…”.

Si les jode hablar así,
¿por qué lo hacen?

¿Y de qué demonios hablan,
en cualquier caso?

¿Entender qué?

¿Que lo que sobrevive
de la quema
es siempre escoria?

Bueno, sí.
Vamos a ser benevolentes.
Y a dejarlo en eso.

 

 

 

LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN: SER FELIZ PERJUDICA SERIAMENTE LA SALUD

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLlegué a creer que la felicidad
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxno es un asunto de los seres humanos
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxFélix Grande

Hay algunos por increíble que parezca a estas alturas
que todavía se convierten en borrachos
por influencia de los poetas simbolistas.
Otros de manera igualmente increíble
acaban chutándose heroína
porque momias como William Burroughs
contaban con pelos y señales que lo hacían.
Por motivos parecidos
tú negaste siempre la felicidad,
que como ya se sabe
es un asunto muy mal visto
entre las mentes pensantes de todo este tinglado.
Hasta que la felicidad te cayó encima
como un plato de sopa
que alguien te hubiera volcado en el regazo.
¿Qué demonios era esto?
No estaba programado.
Era un contratiempo nuevo;
era de auténtica vergüenza.
Como, de niños, mojar la cama
o hacérselo en los calzoncillos.
Menudo bochorno.
¿Quién te iba a sacar de ésta?
Pero la felicidad insistió en agitarse dentro de ti;
te recorría de arriba abajo
como un flujo de savia electrizada.
Y se te ocurrieron ideas muy extrañas:
abandonarlo todo,
salir corriendo dando gritos de alegría,
tirar la casa por la ventana
y lanzarte en plancha a la vida.

La hostia fue de órdago.

Los hijoputas habían vaciado la piscina.

 

 

 

MI PERRO Y DIOS

El hombre
es el único ser del universo
que necesita a Dios.
La naturaleza no necesita a Dios.
A mi perro Dios le da
soberanamente por el culo.
Me necesita a mí, es cierto;
pero eso es porque mis ancestros
ataron a los suyos a la rueda
del mal karma endémico humano.
Lo cual no demuestra en modo alguno
que el hombre sea superior en nada.
El hombre es un error. El hombre
no es más que el hijo de la triste puta
de su propio absurdo.
La historia de su presencia en el planeta
es la historia de una pila de patrañas,
un monumental camelo,
una sideral estafa.

Todo es mentira.

Todo está permitido.

 

 

 

LAS PALABRAS

Las palabras son inútiles, tercas, retorcidas
como tornillos que no entran rectos.
Y me cansan. Pero son lo único que tengo.
Los juguetes de un niño pobre.
Yacen destripadas a mi alrededor.
Todo su encanto se derrama por sus vientres abiertos.
El mecanismo hace tiempo que dejó de resultar
intrigante o atractivo.
No hay desafío. No hay chispa. No hay color.
El mundo es tan gris como mi asco.
Las palabras son los puntales de mi abulia.
Pero son lo he dicho, lo repito lo único que tengo.

 

 

 

Wolfe, Roger. El invento (Selección de Aurora Luque y Emilio Carrasco). Málaga; Cuaderno de Trinacria, 2001.

 

LUCK, BY ROGER WOLFE

septiembre 5, 2014 Deja un comentario

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LUCK

The man
was about 60.
He was wearing
pin-strip braces
over a long-sleeved shirt
whose tightly buttoned cuffs
were hal-way up his forearms.
His trousers and shoes
were no improvement.
Neither was his face.
So I should have guessed
what was coming.
And it did:
“You’d do much better
to put a muzzle on those dogs
and cut out all the stroking.”
I let him take a few steps
before I gave it to him:
“You’re the one
who needs a fucking muzzle, creep.
So shut the fuck up
and leave me alone.”
He turned
and was about to reply
when something in my eyes
made him think twice
about it.
In a city large and mean enough
for someone to carve you up
without even needing a reason,
he was just another stupid old fart
who’ll never guess his luck.

 

 

 

SUERTE

El hombre
tendría unos 60.
Llevaba tirantes de raya
sobre una camisa de manga larga
cuyos puños abotonados
se le habían subido
hasta los codos.
Sus pantalones
y zapatos
no mejoraban
la cuestión.
Su cara tampoco.
Así que debí haberme imaginado
lo que se avecinaba.
Y llegó:
“Más te valdría
ponerles un bozal a esos perros
y dejarte de tantas caricias”.
Dejé que diera unos pasos
antes de soltárselo.
Me parece que es usted
el que necesita un bozal,
hijo de puta. Cállese
la puta boca
y déjeme en paz.”
El menda
se dio la vuelta
y estaba a punto de replicar
cuando vio algo
en mi mirada
que le hizo cambiar de opinión.
En una ciudad
lo bastante grande y chunga
como para que te corten el cuello
en rebanadas
sin necesitar siquiera un motivo
el tipo no era más que otro pobre gilipollas
incapaz de adivinar su suerte.

 

 

 

Wolfe, Roger. El invento (Selección de Aurora Luque y Emilio Carrasco). Málaga; Cuaderno de Trinacria, 2001.

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VA CON EL EMPLEO

septiembre 4, 2014 Deja un comentario

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THE JOB

We were walking through the park
when I saw the guy
dragging one foot on the ground
as he moved forward
in pathetic little hops
and waved his hands
at the police car.

“Over here!
Over here!”

The voice
was a hollow
rasping sound,
wasted,
burnt out.

The police car
turned slowly
made its way through the trees
and came to a halt
beside the prone body
of the second junkie.

I stopped
and stood watching
the scene.

The guy on the ground
looked dead.

The cops
knelt beside the body
exchanging glances
of helpless dismay.

“Well,”
I said,
“no more hustling
for him.”

“Are you always this nosy?,”
my partner asked.

“Yeah. It goes
with the job.”

 

 

 

EL EMPLEO

Íbamos por el parque
cuando vi al tipo
arrastrando una pierna
mientras avanzaba
a patéticos saltitos
y agitaba las manos
hacia el coche de la policía.

“¡Aquí!
¡Es aquí!”

Su voz era un sonido
rasposo y hueco,
gastado,
quemado.

El coche patrulla
giró lentamente,
atravesó los árboles
y se detuvo
junto al cuerpo abatido
del segundo yonqui.

Yo me paré
a contemplar la escena.

El tipo que estaba tirado
en el suelo
parecía muerto.

Los policías
se arrodillaron junto al cuerpo
intercambiando miradas
de perplejidad desesperada.

“Bueno ‒dije‒,
ya no habrá más movidas
para ese…”

“¿Eres siempre tan cotilla?”,
me preguntó la persona
que me acompañaba.

“Sí. Digamos que va
con el empleo.”

 

 

 

Wolfe, Roger. El invento (Selección de Aurora Luque y Emilio Carrasco). Málaga; Cuaderno de Trinacria, 2001.

 

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ANGST, BY ROGER WOLFE

septiembre 3, 2014 Deja un comentario

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ANGST

“What’s the matter?”
she said,
“What’s wrong?
You look
disturbed.”

“I don’t know,”
I said.
“Call it angst.”

“Do you think
it’s worth it?,”
she asked,
after a pause.
We’re all going
to die anyway…”

That sounded
out of character.
But she had
a point.

 

 

 

ANSIEDAD

“¿Qué ocurre?
‒me dijo‒
¿Te pasa algo?
Pareces
agobiado.”

“No lo sé
‒le dije‒.
Llamémosle
ansiedad.”

“¿Crees que merece la pena?
‒me preguntó,
tras una pausa‒.
Al final
nos vamos a morir igual…”

Eso me sonó algo raro,
en boca de ella.
Pero no le faltaba razón.

 

 

 

Wolfe, Roger. El invento (Selección de Aurora Luque y Emilio Carrasco). Málaga; Cuaderno de Trinacria, 2001.

 

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KNOWLEDGE, BY ROGER WOLFE

septiembre 2, 2014 Deja un comentario

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KNOWLEDGE


A woman
cycling past
at 2 a. m.,
beautiful tan legs
pumping the pedals
as the breeze lifts her dress
and reveals a perfect miracle
of female flesh
in motion.

Our eyes lock
for a second
and she’s gone.

It’s things like that
that make you realise
how little you really know
about anything.

 

 

 

SABIDURÍA

 

Una mujer
que pasa en bicicleta
a las dos de la mañana,
hermosas piernas morenas
bombeando los pedales
mientras la brisa le alza el vestido
y revela
un perfecto milagro
de carne femenina en movimiento.

Nuestros ojos
se cruzan un momento
y ya se ha ido.

Son cosas como ésa
las que te hacen darte cuenta
de lo poco que realmente sabes
de nada.

 

 

 

Wolfe, Roger. El invento (Selección de Aurora Luque y Emilio Carrasco). Málaga; Cuaderno de Trinacria, 2001.

 

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LAS CARTAS DE LA AYAHUASCA

diciembre 10, 2013 Deja un comentario

Las cartas de la ayahuasca

 

 

xxESCUCHAD MIS ÚLTIMAS PALABRAS TODO EL MUNDO. ESCUCHAD TODOS VOSOTROS CONSEJOS SINDICATOS Y GOBIERNOS DE LA TIERRA. Y TÚ PODER, VOSOTROS PODERES QUE ESTÁIS DETRÁS DE LOS SUCIOS TRATOS CONSUMADOS EN QUÉ RETRETES PARA LLEVAROS LO QUE NO ES VUESTRO. PARA VENDER LA TIERRA DE DEBAJO DE PIES NONATOS. ESCICHAD. LO QUE TENGO QUE DECIR ES PARA TODOS LOS HOMBRES EN TODAS PARTES. REPITO, PARA TODOS. NADIE ESTÁ EXCLUIDO. GRATIS PARA TODOS LOS QUE PAGAN. GRATIS PARA TODOS LOS QUE SUFREN PAGAN.

xx¿QUÉ MIEDO OS METIÓ EN EL TIEMPO? ¿QUÉ MIEDO OS METIÓ A TODOS EN VUESTROS CUERPOS? ¿EN LA MIERDA PARA SIEMPRE? ¿QUERÉIS QUEDAROS AHÍ PARA SIEMPRE? ENTONCES ESCUCHAD LAS ÚLTIMAS PALABRAS DE HASAN-I SABBAH. ESCUCHAD MIRAD O SEGUID EN LA MIERDA PARA SIEMPRE. ¿QUÉ MIEDO OS METIÓ EN EL TIEMPO? ¿EN EL CUERPO? ¿EN LA MIERDA? OS LO DIRÉ. LA PALABRA. LA PALABRA. AL PRINCIPIO FUE EL VERBO. OS ASUSTÓ A TODOS HASTA METEROS EN LA MIERDA PARA SIEMPRE. SALID PARA SIEMPRE. SALID DE LA PALABRA DEL TIEMPO DEL PARA SIEMPRE. SALID DE LA PALABRA DEL CUERPO DEL PARA SIEMPRE. SALID DE LA PALABRA DE LA MIERDA DEL PARA SIEMPRE. TODOS FUERA DEL TIEMPO PARA ENTRAR EN EL ESPACIO. PARA SIEMPRE. NO HAY NADA QUE TEMER. NO HAY NADA EN EL ESPACIO. ESO ES TODO TODO TODO HASAN-I SABBAH. SI TÚ YO CANCELAMOS TODAS VUESTRAS PALABRAS PARA SIEMPRE. Y LAS PALABRAS DE HASAN-I SABBAH TAMBIÉN LAS CANCELO. A TRAVÉS DE TODOS VUESTROS CIELOS VED LA ESCRITURA SILENCIOSA DE BRION GYSIN HASAN-I SABBAH. LA ESCRITURA DEL ESPACIO. LA ESCRITURA DEL SILENCIO.

 

 

 

Burroughs, William S.; Ginsberg, Allen. Las cartas de la ayahuasca (Trad. Roger Wolfe). Barcelona; Ed. Anagrama, 2006.

 

 

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