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Posts Tagged ‘rengo wrongo’

RENGO WRONGO

 

Durante el tiempo
que dure este poema
te vas a llamar Wrongo.
Yo me llamaba Jorge,
ahora igual que tú
soy Wrongo.

 

 

 

 

Wrongo, el que sospecha
que DECIR SÍ A LA VIDA
CON TODOS SUS ABISMOS
no deja de ser pose grandilocuente
o autoengaño romántico

¡Una tarta de crema contra el rostro de Nietzsche!

Wrongo, el que intuye
que lo que sí tendría mérito
es decir sí a la vida
con todas sus miserias.
En fin, el cojo Wrongo, el rengo Wrongo.

 

 

 

 

La dinámica de acumular poder
y la dinámica de cuidar la vida

mal que le pese a Nietzsche 5.0
o a cualquiera de las versiones anteriores

no son —barrunta Wrongo—
compatibles

 

 

 

 

Reemprender el diálogo —defiende Wrongo—
entre cumbres y valles
entre arado y besana

Armonizar de algún modo
el topo con el águila
el saltamontes con el león marino

Reivindicar que la convivencia es posible
entre pleamar y bajamar
entre selva y cartero
entre cristal y espuma

Equilibrar
aquellas tres nubes casi perfectas
en aquel cielo casi vacío

 

 

 

 

Y no olvidar
aquella sublime declaración de amor
plasmada en un grafiti madrileño
que evocaba el poeta Eugenio Castro:
Te quiero porque tienes los pies planos

 

 

 

 

Wrongo hizo la mili
con el soldado Schweik

aprendió a montar en bicileta
con Alfred Jarry

estudió coctelería y apicultura
con Sócrates el griego

y fue iniciado
en el más salvaje erotismo místico
por Emily Dickinson

Con tal colección de antecedentes
no debería sorprender
que sus capacidades de adaptación social
dejen que desear

 

 

 

 

Ha llegado el momento
—estimaron Fiodor Dostoievski y Gabriel Celaya—
de tirarles una botella a la cabeza

Pero en vez de eso
cogieron la botella
y se sirvieron una copa
dispuestos a urdir una alegría provisional

Con timidez, Wrongo solicitaba que le dejasen sentarse
a aquella mesa grasientamente hospitalaria

 

 

 

 

Wrongo sufría
verdaderas dificultades para tomarse en serio
los paradigmas dominantes

No era afán de protagonismo
ni ganas de joder:
se trataba más bien de una auténtica incapacidad

¿Incapacidad congénita
para el aburrimiento consensual
o síndrome de hiperactividad infantil
no diagnosticado no reconocido no tratado
hasta hoy?

Hypotheses non fingo

Constatemos sólo
su afición por las veredas laterales
el ajoblanco con uvas
y las trochas comidas de zarzal

 

 

 

 

Quienes creen
que en el mundo sólo hay cazadores y presas
contribuyen eficazmente a crear ese mundo abominable
donde sólo hay cazadores y presas

Pero en el mundo, claro, hay mucho más
—se decía Wrongo absorto en la belleza
de los tres pájaros posados un instante
sobre la antena de televisión

 

 

 

 

Si se le pide a Wrongo
una definición de ser humano:

animal que camina al borde del abismo

 

 

 

 

Un adolescente espigado
y deseoso de hacer carrera como DJ
pregunta a Wrongo
qué es la vida.
Vaya pregunta imposible
antes del siglo XX:
ninguna contestación honesta
hubiera bajado de mil páginas.
En cambio ahora
—también en este ámbito hay progreso,
quod erat demonstrandum
frente a quienes querrían arrinconarnos
dentro de su fosca caverna imaginaria—
en cambio ahora
seré breve:

la vida es sencillamente
lo contrario del marketing

 

 

 

 

Wrongo dice:
qué haremos
con las montañas de cenizas tóxicas
de los deseos no realizados
la rebañadura de los envidiosos
y el daño a los inocentes

 

 

 

 

Amigos y amigas
de lo posmoderno:

¿recordáis —interroga Wrongo—
que el introductor de Lyotard por estos pagos
fue aquel joven y brillante intelectual español
llamado Federico
Jiménez Losantos?

 

 

 

 

Tanta pantalla de plasma
—suspira Wrongo— impide ver
lo que uno tiene delante de los ojos.

 

 

 

 

Conocimiento es poder:

y quien se entrega al poder
traiciona al conocimiento.

 

 

 

 

Con diecisiete años
una generosa infusión de datura
lo transportó muy lejos

Conversó con el Diablo en la calle Doctor Esquerdo
recibió una importante confidencia de Rimbaud
llegó a su casa sin pantalones
y durante tres días con sus noches todas las superficies
fueron brillantes enjambres de luciérnagas
trabajando para que la vida psicodélica
desbordase cualquier frontera o límite

Desde entonces sabe
que no hay ningún alucinógeno
más potente que la poesía

 

 

 

 

Wrongo habla con pocas imágenes
porque es harto consciente
del poder titánico de las mismas

Una imagen con la espoleta equivocada
puede matar a un hombre

Una imagen con el temporizador alterado
puede hacer saltar por los aires
toda una ciudad

 

 

 

 

Wrongo aconseja:
si te aburres, no escribas.
Si te diviertes, no escribas.
Aguanta. Y sólo
cuando estés más allá de tedio y diversión
echa mano del lápiz
y anota entonces
sólo una palabra

 

 

 

 

Los novelistas hablan
de la felicidad que supone terminar una novela

Porque ellos y ellas
sí que terminan:
punto final, y ved:
soy el creador de este mundo
responsable como dios
autosuficiente como dios
inalcanzable como dios

En cambio
un poema —o un libro de poemas—
no tiene punto final

Se escribe la última línea
y no se siente una felicidad especial
y desde luego se encuentra uno
en las antípodas de la autosuficiencia

Es alimento
pero da más hambre

Tiene sustancia
pero acerca al vacío

Ni publicado —aunque entonces
se desentiende uno—
está terminado
en ningún sentido significativo

Wrongo lo dice muchas veces
sin la menor coquetería:
sólo acaba de escribir el poema
el encuentro con el lector
con la lectora

Esa forma de escritura
mucho más vacilante y frágil que la novela
no crea mundos como ella:

los celebra
los interroga
los goza
los cuestiona
los atraviesa de parte a parte
como rayo de sol
o entrega urgente
o puntada de hilo

y sólo al incorporar alguien
el poema a su vida
éste puede darse
provisionalmente
por terminado

 

 

 

 

Wrongo escribe frenéticamente cartas
a los jóvenes poetas

“Mi querido señor Wappus
o Rappus
ya no recuerdo bien, pardiez
en mi neuronal estrechez
cómo se llamaba usted:

No piense tanto en lo que quería decir

Oiga en cambio de verdad
lo que realmente ha dicho

y déjese sorprender”

 

 

 

 

A los poetas
que de verdad empuñaron un revólver
—Wrongo piensa en René Char
o en Roque Dalton—
no se les ocurría fantasear
con que la poesía fuese
ningún arma cargada de futuro

 

 

 

 

Wrongo sigue pensando
que Brecht y Juan Ramón
no son antagonistas
sino complementarios

 

 

 

Riechmann, Jorge. Rengo Wrongo. Barcelona; Ed. DVD, 2008.

 

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