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RETORNOS DE LO VIVO LEJANO

 

RETORNOS DE UNA MAÑANA DE OTOÑO

Me voy de aquí, me alejo, llorando, sí, llorando
(ya es hora de gritar que estoy llorando, es hora
ya otra vez, nuevamente, de gritar que lo estoy);
me voy de aquí, me alejo
por esta interminable desgracia desoída,
con los hombros doblados de abandonadas hojas
y la frente ya dentro del otoño.

No es difícil llegar hasta ti sin moverse,
ciudad, ni hasta vosotras, alamedas queridas.
Me basta el amarillo que me cubre y dispone,
difunto, acompañarme adherido a mis pasos.
Salid. Ya estoy. No pude
tardar esta mañana menos tiempo. Imposible
comparecer más pronto por tus dulces afueras.

Río locuaz, mozuelo valiente de los montes,
pardos, nevados aires, oh azules, buenos días.
Aquí vengo, aquí ya me tenéis. Es justo
que primero pongamos el collar más lúcido,
la carlanca más grácil en el cuello de Niebla,
y que luego, ya exhaustos de tanta luz los chopos,
le diga a Arturo: Es hora de hablar en los jardines.

Mejor es, ya venciéndose el sol por las laderas,
preferir el dorado de las verdes pendientes,
y mejor todavía,
cuando el alma no puede más de otoño y se dobla,
dejarse sin dominio llevar por los declives.

Llego hasta ti, pequeño palacio recogido,
blandos muros de hiladas flores atardecidas,
tácitos muebles, íntimas, silenciosas esteras
por donde las pisadas conducen a un secreto.
Deliberadamente he venido a soñarte,
sorda sombra encendida
tras el mínimo blanco corpóreo y fugitivo
de un travieso jazmín, desnudo en los salones.
Pero la luz se afana por hundirse. Y las hojas
me pesan de llevarlas a cuestas todo el día.
Saldré, muerto de cedros y de fuentes ocultas,
a descender por ti, mordida escalinata,
a perderme en el juego de las enredaderas
y a buscar en el tiemblo del agua lo que he sido.

Me encontrará la noche llorando en esta umbría,
ya que desde tan lejos me trajo aquí el otoño,
llorando, sí, llorando,
porque llegó el momento de gritar que lo estoy
sobre tantas preciosas ruinas sin remedio.

 

 

 

 

RETORNOS DE UN DÍA DE RETORNOS

Algún día quizás, seguramente, alguien
(alguien a quien siquiera pueda ofrecer tal nombre)
se acordará de mí pensándome tan lejos
y dirá lo que yo, si hubiese retornado.

Aquí estás, ya has venido, con más noches en la frente.
Llegas de caminante, de romero a tu patria.
Los lugares que hiciste, las horas que creaste,
pasados todavía de tu luz y tu sombra,
salen a recibirte.

¿Qué tienes?, te pregunta primero la azotea
desde la que miraste tantas veces morirse
con la noche las piedras del Escorial, las cumbres
rodadas de otros nombres,
otras nieves y ocultas ramas que te habitaron.

Algo quisieras tú decirte al verte, pero
sabes bien que el arroyo
que corre por tu voz nunca ha de repetirse,
que a tu imagen pasada no altera la presente.

Entra, sé el visitante de tus propias alcobas,
el viajero lejano de tus mismos salones,
el huésped melancólico, errabundo en tu casa.
Estos son tus amigos junto a la chimenea.
Tú no faltas en medio con un libro en la mano.
Te escuchan. En los ojos
de algunos ya es su muerte la que te está atendiendo.

Mira tu lecho. Es ése.
Dormido, en él estás, en él, aunque no hay nadie,
aunque de la almohada se haya escapado el sueño.
Todavía un vestido sin esperanza espera
llenarse de tus pulsos para seguir andando.

Asómate un instante. Tus alegres cocinas
aún guardan el rescoldo de aquel último fuego.
Los platos te contemplan desde los anaqueles
y en el vasar los finos cristales de colores.
Contra el muro, aclarada,
flauta azul, se desvive
la minúscula sombra del precioso canario.

Al dejar el vestíbulo,
ya no tienes más ámbito que el de los escalones
que uno a uno descienden a las viejas aceras,
ni más dulce consuelo que perderte invisible,
peregrino en tu patria, por tus vivos retornos.

 

 

 

 

NUEVOS RETORNOS DEL OTOÑO

Nos dicen: Sed alegres.
Que no escuchen los hombres rodar en vuestros cantos
ni el más leve ruido de una lágrima.
Está bien. Yo quisiera, diariamente lo quiero,
mas hay horas, hay días, hasta meses y años
en que se carga el alma de una justa tristeza
y por tantos motivos que luchan silenciosos
rompe a llorar, abiertas las llaves de los ríos.

Miro el otoño, escucho sus aguas melancólicas
de dobladas umbrías que pronto van a irse.
Me miro a mí, me escucho esta mañana
y perdido ese miedo
que me atenaza a veces hasta dejarme mudo,
me repito: Confiesa,
grita valientemente que quisieras morirte.

Di también: Tienes frío.
Di también: Estás solo, aunque otros te acompañen.
¿Qué sería de ti si al cabo no volvieras?
Tus amigos, tu niña, tu mujer, todos esos
que parecen quererte de verdad, ¿qué dirían?

Sonreíd. Sed alegres. Cantad la vida nueva.
Pero yo sin vivirla, ¡cuántas veces la canto!
¡Cuántas veces animo ciegamente a los tristes,
diciéndoles: Sed fuertes, porque vuestra es el alba!
Perdonadme que hoy sienta pena y la diga.
No me culpéis. Ha sido
la vuelta del otoño.

 

 

 

 

RETORNOS DEL AMOR EN LOS BOSQUES NOCTURNOS

¡Son los bosques, los bosques que regresan! Aquellos
donde el amor, volcado, se pinchaba en las zarzas
y era como un arroyo feliz, encandecido
de pequeñas estrellas de dulcísima sangre.

Los bosques de la noche, con el amor callado,
sintiendo solamente el latir de las hojas,
el profundo compás de los pechos hundidos
y el temblor de la tierra y el cielo en las espaldas.

¡Qué consuelo sin nombre no perder la memoria,
tener llenos los ojos de los tiempos pasados,
de las noches aquellas en que el amor ardía
como el único dios que habitaba los bosques!

 

 

 

Alberti, Rafael. Retornos de lo vivo lejano. Madrid; Ed. Alianza, 1989.

 

YO ERA UN TONTO Y LO QUE HE VISTO ME HA HECHO DOS TONTOS

 

CITA TRISTE DE CHARLOT

Mi corbata, mis guantes,
mis guantes, mi corbata.

La mariposa ignora la muerte de los sastres,
la derrota del mar por los escaparates.
Mi edad, señores, 900.000 años.
¡Oh!

Era yo un niño cuando los peces no nadaban,
cuando las ocas no decían misa
ni el caracol embestía al gato.
Juguemos al ratón y al gato, señorita.

Lo más triste, caballero, un reloj:
las 11, las 12, la 1, las 2.

A las tres en punto morirá un transeúnte.
Tú, luna, no te asustes;
tú, luna de los taxis retrasados,
luna de hollín de los bomberos.

La ciudad está ardiendo por el cielo,
un traje igual al mío se hastía por el campo.
Mi edad, de pronto, 25 años.

Es que nieva, que nieva
y mi cuerpo se vuelve choza de madera.
Yo te invito al descanso, viento.
Muy tarde es ya para cenar estrellas.

Pero podemos bailar, árbol perdido.
Un vals para los lobos,
para el sueño de la gallina sin las uñas del zorro.

Se me ha extraviado el bastón.
Es muy triste pensarlo solo por el mundo.
¡Mi bastón!

Mi sombrero, mis puños,
mis guantes, mis zapatos.

El hueso que más me duele, amor mío, es el reloj:
las 11, las 12, la 1, las 2.

Las 3 en punto.
En la farmacia se evapora un cadáver desnudo.

 

 

 

 

EN EL DÍA DE SU MUERTE A MANO ARMADA

Decidme de una vez si no fue alegre todo aquello.
5 X 5 entonces no eran todavía 25
ni el alba había pensado en la negra existencia de los malos cuchillos.

Yo te juro a la luna no ser cocinero,
tú me juras a la luna no ser cocinero,
él nos jura a la luna no ser siquiera humo de tan tristísima cocina.

¿Quién ha muerto?

La oca está arrepentida de ser pato;
el gorrión, de ser profesor de lengua china;
el gallo, de ser hombre,
yo, de tener talento y admirar lo desgraciada
que suele ser en el invierno la suela de un zapato.

A una reina se le ha perdido su corona,
a un presidente de república, su sombrero;
a mí…

Creo que a mí no se me ha perdido nada,
que a mí nunca se me ha perdido nada,
que a mí…

xxx¿Qué quiere decir buenos días?

 

 

 

Alberti, Rafael. Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos. Madrid; Ed. Cátedra, 1989.

 

SOBRE LOS ÁNGELES

 

EL ÁNGEL DESCONOCIDO

¡Nostalgia de los arcángeles!
Yo era…
Miradme.

Vestido como en el mundo,
ya no se me ven las alas.
Nadie sabe cómo fui.
No me conocen.

Por las calles, ¿quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
y chaqueta inglesa.

Dime quién soy.

Y, sin embargo, yo era…
Miradme.

 

 

 

 

EL ÁNGEL BUENO [I]

Un año, ya dormido,
alguien que no esperaba
se paró en mi ventana.

—¡Levántate! Y mis ojos
vieron plumas y espadas.

Atrás, montes y mares,
nubes, picos y alas,
los ocasos, las albas.

—¡Mírala ahí! Su sueño,
pendiente de la nada.

—¡Oh anhelo, fijo mármol,
fija luz, fijas aguas
movibles de mi alma!

Alguien dijo: ¡Levántate!
Y me encontré en tu estancia.

 

 

 

 

ENGAÑO

Alguien detrás, a tu espalda,
tapándote los ojos con palabras.

Detrás de ti, sin cuerpo,
sin alma.
Ahumada voz de sueño
cortado.
Ahumada voz
cortada.

Con palabras, vidrios falsos.

Ciego, por un túnel de oro,
de espejos malos,
con la muerte
darás en un subterráneo.

Tú allí sola, con la muerte,
en un subterráneo.

Y alguien detrás, a tu espalda,
siempre.

 

 

 

 

LOS ÁNGELES COLEGIALES

Ninguno comprendíamos el secreto nocturno de las pizarras
ni por qué la esfera armilar se exaltaba tan sola cuando la mirábamos.
Sólo sabíamos que una circunferencia puede no ser redonda
y que un eclipse de luna equivoca a las flores
y adelanta el reloj de los pájaros.
Ninguno comprendíamos nada:
ni por qué nuestros dedos eran de tinta china
y la tarde cerraba compases para al alba abrir libros.
Sólo sabíamos que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada
y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética.

 

 

 

Alberti, Rafael. Sobre los ángeles. Madrid; Ed. Cátedra, 1989.

 

CHEMA CONESA

Hace unos días pasé por el Archivo General de esta ciudad en la que vivo y me tropecé con una maravillosa exposición de Chema Conesa.

Aquí tienen algunas fotos de la misma.

 

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RAFAEL ALBERTI

septiembre 14, 2012 Deja un comentario

Ya está bien de marineros en tierra, o de retornos de lo vivo lejano; conforme están las cosas uno sólo puede decir: “yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos“.

 

STAN LAUREL Y OLIVER HARDY ROMPEN SIN GANAS 75 Ó 76 AUTOMÓVILES Y LUEGO AFIRMAN QUE DE TODO TUVO LA CULPA UNA CÁSCARA DE PLÁTANO

Me sorprende que la ley seca haya decretado el arrendamiento por hora de casi todos los
xxxxxguardias
porque yo quisiera saber quién inventó ese orgullo que le entra al chocolate cuando se acuerda
xxxxxde la harina lacteada

Y es que a mí me preocupa mucho el silencio y la astronomía
y la velocidad de un caballo parado
y la inmovilidad de los trenes expresos que predicen la futura muerte de los tranvías
mas es que tú viniste al mundo con un sombrero muy preocupado
sííííííí
yo me acuerdo regularmente de mi abuelita materna
cuando un cuervo destruía las torres
y tú de desayuno te comías 144 clavos + 18 tachuelas
y es que a ti te jubilaron de chófer porque ignorabas todas las ciudades de la izquierda
me parece que voy a tener que llorar
me parece que yo voy a tener que llorar porque esta madrugada una farola de gas
xxxxxasesinó mi bicicleta

NOS PARECE QUE VAMOS A TENER QUE LLORAR
y mi alma científicamente preocupada sabe que la elaboración del cacao a vapor adelanta muy
xxxxxpoco con llorar
porque yo suelo llorar casi siempre 12 ó 13 veces al día
y ahora resulta que se me han pasado las ganas de merendar
me parece que se nos han pasado las ganas de merendar
de llorar
de merendar
de llorar y merendar
o de merendar y llorar
NOS PARECE QUE YA NO VAMOS A TENER NUNCA GANAS DE LLORAR NI DE MERENDAR
y es que yo quisiera morirme porque estoy muy enamorado
y es que yo me enternezco muchísimo cuando veo un policía vestido de pajarito blanco
yo estoy muy enamorado y tú te enterneces muchísimo cuando ves un policía vestido de pajarito
xxxxxblanco
y es que padeces el gravísimo error de confundir
la comisaría con una frutería cuando yo me quiero morir
dime tú seriamente si yo me quiero morir.

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