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Posts Tagged ‘puntos de fuga’

OLVIDOS Y JUEGOS ABSURDOS

septiembre 12, 2017 Deja un comentario

 

CASI UNA POÉTICA

Me asomo al pozo que es mi corazón
y sólo veo piedra, oscuridad
y una soga que pende, escandalosa,
y que pregunta qué es lo que se esconde
en su profundo, negro, ciego extremo.

Sin saber la respuesta, tiro fuerte
y, al extraer de un fondo así agua fresca,
la levanto y la vierto, ávido, en mí,
con angustiosa sed, con sed de vida,
con acuciante sed de seguir siendo.

 

 

 

 

OLVIDOS

Ya no recuerdo casi ni tu nombre,
mujer que fuiste el centro de mi vida.
Pero eso mismo me recuerda a veces
que a mí también, que soy centro de todo,
la vida acabará pronto olvidándome.

 

 

 

 

LA NIEBLA EN LA CIUDAD

La niebla cae
sobre la ciudad como
si cayese el espíritu
de alguna gran nevada del pasado.

 

 

 

 

JUEGO ABSURDO DE ESPEJOS

En mitad de una noche en la que consumiste
tu alegría, fugaz y artificial
igual que una bengala,
avanzas entre calles que parecen
escenarios de extrañas ciudades submarinas.

A cada nuevo paso
que das, escuchas, hueco,
el eco de otro igual.
Una réplica exacta que te hiela la sangre.

Hasta que se afianza
en ti la sensación del todo absurda
de que, a medida que andas
por las calles vacías,
ellas, a su vez, andan
por tu vacío, dentro.

 

 

 

 

ESTÍMULOS AL ALBA

A veces cuando un nuevo
día levanta, lento, el decorado
donde representar
su siguiente jornada,
acudo, soñoliento,
a un céntrico café muy concurrido
de esta ciudad en que no ocurre nada
y pido un café solo. Pocas cosas
habrá en la vida tan estimulantes
y que le sirvan a uno para estar
siquiera un poco
a la altura del alba
como poder oír ese ajetreo
tintineante de todas las tazas.

 

 

 

 

LA LLUVIA ENFURECIDA

El nuevo día está perdido entre
un laberinto que no tiene puertas
y que en mitad del viento va trazando
la enfurecida y huidiza lluvia.

Toda la realidad es ya un tapiz
deshilachado, en donde los perfiles
se deshacen en sombras imprecisas.

El único color que aún conservan
las cosas es el gris,
pero es un gris también
como en proceso de disolución.

El agua va buscando ansiosamente
los anónimos rostros de los hombres
para tacharlos con sus latigazos.

Esta mañana el mundo está esforzándose
en borrarse del mapa. Y en borrarnos.

 

 

 

 

ALTO EN EL CAMINO

Siéntate al borde
del precipicio, al borde
ya de caer. ¿No notas
más tenso el mundo, como
pendiente de ese gesto?

Decepciona al paisaje,
a su morbosa, insana
expectación.
xxxxxxxxxxxxLevántate
y sigue tu camino,
orgulloso —hoy que todo te aburría—
de no haber sido al menos
la distracción de nadie.

 

 

 

 

EXPUESTO EN UN MUSEO

El antiguo puña
de la vitrina sabe
que ha de llegar su turno.

¿O es que no lo extrajeron
de su tumba entre el polvo,
o es que no lo preservan contra el tiempo,
sólo para que se pueda cometer ese crimen
que todo visitante espera de él?

Tras el cristal, un brillo en el acero:
el rastro de una idea
siempre fija en un filo.

 

 

 

 

EL PAISAJE INTERIOR

La oscuridad te hace
mirar siempre hacia dentro,
hacia un dentro sin fondo
que se abre en uno mismo.

Quizás por eso sueñas
que caes y nunca acabas
de llegar al final
de tan hondo vacío.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Puntos de fuga. Madrid; Ed. Visor, 2001.

 

‘PUNTOS DE FUGA’, DE LORENZO OLIVÁN

septiembre 9, 2017 Deja un comentario

 

MANOS

Miras la palma abierta de tus manos.
¿Qué te dicen? ¿Realmente son tuyas?
¿No te interrogan al interrogarlas?
¿No te miran, extrañas, si las miras?
Mueves, mueven, un poco, tus, sus dedos
haciéndote no sabes qué señales,
como si pretendieran desvelar
sobre ti mismo algún oscuro enigma.
Hay en sus huellas más signos escritos
que en los libros del mundo. Te dan vértigo
sus trazos superpuestos, ese afán
por dar perfil a cosas imprecisas.
Qué tormentas calladas, qué relámpagos
quietos, qué seca lluvia, qué raíces
sin flor, qué blancas piedras, qué mirar
sin hondos ojos, qué simas sin simas.
¿Dónde te llevan? ¿Hacia qué lejano
tiempo de qué principio va tu mente?
¿A quién heriste, asesinaste, amaste
en qué otra piel? ¿De quién sois, manos mías?

 

 

 

 

EL GUARDIÁN DE SÍ MISMO

Escondido en alguno de los ángulos
del pensamiento, oculto en su espesura,
monto guardia en la noche.
Quiero juzgar con nitidez la raya
indefinida que separa siempre
la vigilia del sueño.
Quiero saber qué puerta
mi mente ha de cruzar,
qué sombra irá cayendo o ascendiendo
de lo alto a lo hondo,
de qué porción de mí tendré que desprenderme
y qué porción sabrá
atravesar el leve umbral conmigo.

Hoy el sueño no va a poder venir con guante blanco,
no va a desvalijar mi casa impunemente,
voy a aprender sus artes,
voy a verlo adentrarse silencioso
por la puerta de atrás de la conciencia.

Así que monto guardia
y vigilo, con ojos bien cerrados,
mi interna oscuridad
bajo la noche oscura.

Nada se mueve, sólo el pensamiento,
cansado de las órbitas que lleva
trazadas en el día. ¿De qué parte
de lo negro infinito vendrá el sueño?
¿Dónde, dónde la raya?

El sol de la mañana da en tu rostro.
Náufrago de ti mismo,
levántate ya, Ulises.
¿Qué recuerdas del viaje?
Irónica, la luz, arroja sobre ti
una sonora y muda carcajada.

 

 

 

 

CORRESPONDENCIAS

El viento sabe
que a base de soplar
y soplar fuerte fuera de la casa,
al final siempre acaba
soplando dentro de nosotros mismos.

 

 

 

 

DUELO

Mi corazón es sólo
un puño que no puede nunca abrirse
por mucho que él se esfuerza.

Atrapado en la red
de mis venas igual que un leve pájaro,
él golpea y golpea en mitad de mi sangre
intentando escapar a su destino
de batirse conmigo hasta la muerte.

 

 

 

 

LA HUELLA

Manchado en tinta, el índice
escribió en un impreso reducido
la detallada historia de quién eres.

Tu historia es, a esa luz, muy semejante
a la de las montañas vueltas mapas,
a la del hondo tronco con anillos,
a la del mineral que aguarda, oculto,
y la cifró en tu piel un tiempo ignoto
muy superior al tiempo en el que vives.

Ahí la tienes, borrosa y transparente,
sencilla y, a la vez, indescifrable.

Un dios burlón en ti lee entre líneas.

 

 

 

 

VÉRTIGO

Duermes al borde siempre
del mismo precipicio.

De pronto a veces saltas hacia atrás.

Y aunque por el momento te libras de caer,
no te libras del vértigo.

 

 

 

 

TESEO EN EL LABERINTO

Dentro del aparente
sinsentido de calles
que enmarañan mis pasos indecisos,
permanezco ligado
todavía a la externa realidad
por un fino, invisible, leve hilo.

¿O he de decir, mejor,
que la oscura, huidiza irrealidad
me conduce a su antojo en su guarida,
y envuelve mi destino
con su tela de araña más sutil?

Ariadna, no me obligues
a matar el misterio. Si lo hago
y regreso a tu lado, victorioso,
¿qué quedará de ti?
¿qué quedará de mí?

 

 

 

 

CENTRO

Tocar tu mano y no sentir el hueso
frío que desde dentro ahora la mueve,
sólo la piel caliente, el roce leve
de una carne hecha espíritu, sin peso;
morder luego tus labios, y en el beso
quitarle al cráneo que hay detrás relieve,
y a la nuca dureza, y que la breve
vida parezca eterna en el proceso.
Cerrarte en un paréntesis de brazos
donde no cabe el mundo, ver que rota
mi ser alrededor de tus caderas,
romper con lo exterior todos los lazos,
y entrar en una realidad ignota,
que es sólo un centro en donde no hay afueras.

 

 

 

 

IMAGEN DE TUS MANOS

Hay manos que acarician
y casi casi ven.

Ven y acaríciame y haz que yo sea
la imagen que de mí tienen tus manos.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Puntos de fuga. Madrid; Ed. Visor, 2001.

 

BRINDIS

septiembre 6, 2017 Deja un comentario

 

BRINDIS DEL PESIMISTA

Cuántas horas de sol hicieron falta
para que madurasen
las uvas que hoy son vino en esta copa.

Y con qué rapidez
tanta luz concentrada se dispersa
en mi sangre entre sombras.

 

 

 

 

BRINDIS DEL OPTIMISTA

Vierte el vino en la copa,
escucha el refrescante
borboteo que crea
al caer
al cristal.

¿No ves su corazón?
Qué fresca y olorosa
y limpia sangre bate.

Álzalo hacia la luz, para que el rojo
líquido resplandezca.
Que se vea brillar
el silencioso ímpetu
que dio vida a los frutos.

Bébetelo después saboreándolo,
siéntelo por las ramas de tus venas
y hazte, un instante, árbol.

 

 

 

Oliván, Lorenzo. Puntos de fuga. Madrid; Ed. Visor, 2001.

 

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