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Posts Tagged ‘poesía simbolista francesa’

POESÍA SIMBOLISTA FRANCESA (y II)

 

GEORGES RODENBACH

DOMINGOS

Triste es la siesta de los domingos del invierno,
En el adormecimiento de las ciudades provincianas,
Donde alguna veleta inconsolable rechina
Sola, en la cima del tejado, como un pájaro de hierro.

Flota entre el viento no se sabe bien qué angustia.
Escasos caminantes se alejan por las aceras:
Curas, mujeres del pueblo con largos mantones negros,
Beatas que regresan de sus rezos en la parroquia.

Algunos rostros de mujeres aburridas se hallan pegados
A los cristales, contemplando el vacío y el silencio,
Y algunas pobres flores, en medio de la somnolencia,
Acaban de morir sobre los postigos velados.

A través de las cortinas separadas de las ventanas,
En los salones de los ilustres salones patricios,
Se puede ver, sobre fondos de antiguos gobelinos,
En viejos marcos de oro, retratos de antepasados,

Con gorguera de encaje, jubones de terciopelo,
En un ángulo de la tela su blasón pintado,
Que miran en la lejanía encenderse una estrella
Y a la ciudad dormir en su profundo silencio.

Todos estos viejos hoteles están vacíos y tristes,
Sólo la Edad Media se refugia en sus muros,
Y así es cómo, por la tarde, el sol luminoso
Se refugia también en los tristes faroles.

Oh, faroles que conservan el recuerdo del fuego,
El recuerdo de la luz ya desaparecida,
Tan tristes en el vacío y en el duelo de las calles
Que parecen arder para el entierro de un dios.

Pero he aquí que, de pronto, las agitadas campanas
Conmueven la torre consistorial, de pie en su orgullo,
Y sus sones, densos de bronce, sobre la ciudad ataúd
Descienden, lentamente, como paletadas de tierra.

 

 

 

 

JEAN MORÉAS

NO DIGÁIS: LA VIDA ES UN FESTÍN

No digáis: la vida es un festín alegre,
Si no se tiene un necio espíritu o un alma ruin.
Sobre todo no digáis: es una desgracia eterna,
Pues denota un alma débil, que en seguida se cansa.

Reíd igual que en la primavera se agitan las ramas,
Llorad como el viento o las olas sobre la playa,
Gustad todos los placeres o sufrid todos los males
Y decid: es mucho, y es la sombra de un sueño.

 

 

 

 

JULES LAFORGUE

FARSA EFÍMERA

¡No! Con sus Babeles, sus sollozos, sus vanidades,
El hombre, ese piojo soñador de un ruin mundículo,
Cuando se piensa mucho en ello es demasiado ridículo,
Y vuelvo de nuevo a las palabras tantas veces meditadas.

¡Pensad! Después del oleaje sin fin de eternidades,
Ese cielo que siempre retrocede en todos los sentidos,
Rebaños de soles que en todo eternamente pulula,
Cada uno de ellos conduciendo unos mundos habitados…

Pero no, no hablemos más de ello, es demasiado risible,
Y yo he mostrado mi puño al insensible cielo.
¿Quién me había embriagado con tantas esperanzas falsas?

¡Eternidad, perdón! Lo veo claro: nuestra tierra
No es, en el universal hosanna de los resplandores,
Sino un átomo en donde se representa una efímera farsa.

 

 

MEDIOCRIDAD

En el infinito acribillado de eternos resplandores,
Perdido como un átomo, desconocido, solitario,
Por unos días contados, un bloque llamado Tierra,
Vuela con sus gusanos por las vastas profundidades.

Sus hijos, pálidos, enfebrecidos, bajo el látigo del trabajo,
Caminan, insaciables del inmenso misterio,
Y cuando ven pasar a uno de los suyos, a quien se entierra,
Saludan, y no se sienten nunca sobrecogidos de asombro.

La mayor parte vive y muere sin sospechar la historia
Del globo, su miseria en la gloria eterna,
Su futura agonía bajo el sol moribundo.

¡Vértigos de universos, cielos eternamente en fiesta!
Nada, nunca habrán sabido nada. Cuántos incluso se van
Sin siquiera haber visitado solamente su planeta.

 

 

 

 

SAINT-POL-ROUX

MENSAJE A LOS POETAS ADOLESCENTES

Peregrino espléndido sobre palmas de memoria
(Oh tus pies desnudos en la blasfemia de los carreteros),
Olvida los esputos esparcidos en los escritos
Injustos de los sapos que te asedian.

Amortajando tu rosado reloj de existencia,
Evoca a tu fantasma en la mesa de los locos
Y comparte su águila con alas de distancia
A fin de domesticar la fe de los girasoles.

De allá, misericorde con la pobreza de las chozas,
Con la frente de parra y la boca malvarrosa,
Adopta a loa viejos lobos que gimen por los campos,

Y regenera sus pupilas dolorosas
En el diamante que ríe en la hulla de los tiempos
Como el ágata en flor de una gata enamorada.

 

 

 

 

CHARLES VAN LERBERGHE

CAPUT MEUM PLENUM EST RORE

He transmutado la nieve en fuego
De las estrellas del paraíso.
De ellas estoy toda entera revestida.
Y en mis pálidos cabellos
Y en mis ojos, todas resplandecen.
Algunas de ellas se fundieron
En mis labios y en mis senos.
Algunas otras se apagaron
Entre la palma de mi mano.
Pero me hallo toda radiante
Y tengo todo el sabor del fuego.

 

 

DIGITI MEI PLENI MYRRHA

Extiende tus manos sobre mi temblor,
Son mi vestido de muaré,
Son mi vestido de mirra,
De nardo y de benjuí;
Todo mi cuerpo de ellas ungido,
Mis caderas a ellas se doblegan.

Lo que me envuelve todavía
Son mis cabellos de oro,
El sol de donde he venido,
El sol en donde estuve desnuda.

 

 

EGO DILECTO MEO ET DILECTUS MEUS MIHI.

Cuando hundes tus ojos en mis ojos,
Yo estoy toda en mis ojos.

Cuando tu boca desanuda mi boca,
Mi amor no es sino mi boca.

Cuando tú rozas mis cabellos,
Yo no existo más que en mis cabellos.

Cuando tu mano acaricia mis senos,
A ellos subo de pronto como un fuego.

¿Soy yo la que tú has elegido?
Esta es mi alma, esta es mi vida.

 

 

 

 

HENRI DE REGNIER

EL AROMA

Si sueñas con el Amor, si sueñas con la Muerte,
Si tu espejo está empañado para tu sonrisa, oye
A las hojas, una a una, y el agua, gota a gota,
Caer de la fuente y del árbol. Todo duerme.

La rosa de septiembre y el girasol de oro
Dicen el verano que arde y el otoño que duda;
El ramo se entrelaza y la caverna se ahonda,
El dédalo y el eco te engañarán siempre.

Deja el paseo oblicuo y la encrucijada traidora
Y no mires nunca a través de la ventana
El pabellón cerrado cuya llave se ha perdido.

¡Silencio! La sombra llega. Ven entonces a respirar
Lo mismo que las hermas y las blancas estatuas
El amargo aroma del boj en torno a las serenas aguas.

 

 

 

Álvarez Ortega, Manuel. Poesía simbolista francesa. Madrid; Akal ed., 1975.

 

LAUTRÉAMONT. CANTO PRIMERO. FRAGMENTO.

 

Yo hice un pacto con la prostitución a fin de sembrar el desorden en las familias. Me acuerdo de la noche que precedió a esta peligrosa relación. Vi ante mí una tumba. Oí a una luciérnaga, grande como una casa, que me dijo: «Voy a iluminarte. Lee la inscripción. Esta orden suprema no procede a mí». Una vasta luz de color sangre, ante la cual mis mandíbulas crujieron y mis brazos cayeron inertes, se esparció por el aire hasta el horizonte. Me apoyé contra un muro en ruinas, pues iba a caer, y leí: «Aquí yace un adolescente que murió tuberculoso: ya sabéis por qué. No recéis por él». Muchos hombres no hubieran tenido el valor que tuve yo. Mientras tanto, a mis pies vino a tenderse una hermosa mujer desnuda. Con triste gesto, le dije: «Puedes levantarte». Le tendí la mano con la que el fratricida degüella a su hermana. La luciérnaga, a mí: «Coge una piedra y mátala». «¿Por qué?», le pregunté. Ella, a mí: «Cúidate tú, el más débil, porque yo soy la más fuerte. Esta se llama Prostitución». Con lágrimas en los ojos y rabia en el corazón, sentí nacer en mí una fuerza desconocida. Tomé una piedra grande, tras un gran esfuerzo logré levantarla hasta la altura de mi pecho, y la sostuve en el hombro con mis brazos. Escalé una montaña hasta la cima y desde allí aplasté a la luciérnaga. Su cabeza se hundió en el suelo hasta una profundidad de la talla de un hombre; la piedra rebotó hasta alcanzar la altura de seis iglesias. Fue a caer en un lago, cuyas aguas descendieron en un instante, formando su remolino un inmenso cono invertido. La calma se restableció en la superficie, pero la luz de color sangre no brilló más. «¡Ay, ay!», gritó la hermosa mujer desnuda, «¿qué has hecho?» Yo, a ella: «Te prefiero a ti, pues tengo piedad de los desgraciados. No tienes la culpa de que la justicia eterna te haya creado». Ella, a mí: «Un día, no te digo más, los hombres me harán justicia. Déjame ir a esconder en el fondo del mar mi infinita tristeza. Sólo tú y los monstruos horribles de estos negros abismos no me despreciáis. Eres bueno. Adiós, a ti que me has amado». Yo, a ella: «¡Adiós! ¡Adiós! ¡Te amaré siempre! Desde ahora, abandono la virtud». Por eso, oh pueblos, cuando oís el viento de invierno gemir en el mar y sus orillas, o por encima de las grandes ciudades que desde hace mucho tiempo llevan luto por mí, o a través de las frías regiones polares, decís: «No es el espíritu de Dios el que pasa: es sólo el suspiro agudo de la prostitución, junto con los gemidos graves del montevideano». Niños, soy yo quien os lo dice. Entonces, llenos de misericordia, arrodillaos, y que los hombres, más numerosos que los piojos, digan sus plegarias.

 

 

 

Álvarez Ortega, Manuel. Poesía simbolista francesa. Madrid; Akal ed., 1975.

 

POESÍA SIMBOLISTA FRANCESA

 

CHARLES BAUDELAIRE

EL ENEMIGO

Mi juventud no fue sino una tenebrosa tormenta
Atravesada en todas partes de fulgurantes soles;
El rayo y la lluvia hicieron en mi jardín tal estrago
Que apenas si me quedan unos frutos bermejos.

He aquí que he tocado el otoño del pensamiento
Y es preciso utilizar la pala y el rastrillo
Para unir otra vez las tierras inundadas, donde
El agua cava agujeros profundos como tumbas.

¿Quién sabe si las nuevas flores que sueño
Encontrarán en este suelo bañado como una playa
El místico alimento que les dará su fortaleza?

— ¡Oh dolor! ¡Oh dolor! El tiempo devora la vida,
Y el oscuro enemigo que el corazón nos corroe
Con la sangre que vertemos crece y se fortifica.

 

 

REMORDIMIENTO PÓSTUMO

Cuando duermas, tenebrosa belleza, en el fondo
De un túmulo construido de mármol negro,
Y tu alma no tenga ya por alcoba y mansión
Sino una gruta lluviosa y una profunda zanja.

Cuando la piedra, oprimiendo tu poroso seno
Y tus caderas que hizo flexibles un ocio grato,
Impida a tu corazón latir con un deseo
Y a tus pies recorrer su aventurado camino,

La tumba, confidente de mi sueño infinito
(Pues la tumba siempre comprenderá al poeta),
En esas noches en que el sueño está desterrado,

Te dirá: «¿De  qué sirve, cortesana imperfecta,
No haber conocido lo que lloran los muertos?»
—Y el gusano roerá tu piel como un remordimiento.

 

 

 

 

STÉPHANE MALLARMÉ

LA TUMBA DE CHARLES BAUDELAIRE

El templo sepultado divulgue por la boca
De cloaca sepulcral que babea cieno y rubíes
Abonimablemente algún ídolo Anubis
El hocico quemado como un ladrillo indómito

O que el gas reciente retuerza la turbia mecha
Secadora ya se sabe de los oprobios sentidos
Ilumine turbado un inmortal pubis
Cuyo vuelo como el farol pasa la noche en vela.

Qué seco follaje en las ciudades sin tarde
Votiva podrá bendecir como ella serenarse
Contra el mármol de Baudelaire vanamente

En el vuelo que la ciñe ausente con temblor
Cuya sombra misma es un veneno tutelar
Para respirar siempre si por él morimos.

 

 

 

 

CHARLES CROS

PLURAL FEMENINO

Colmado estoy de amores pasados.
Perdido estoy por los nuevos amores.
Veros aquí apuntar, nuevas hojas verdes.
Es preciso que os pague, bodas que os debo.

La nieve desciende, plumas asiduas.
Invierno retrasado, me desconciertas.
Frialdad de los amigos, me extrañas, la verdad.
Y mis arduos caminos están desiertos.

Amores nuevos, y vosotros, amores pasados,
Os mezcláis demasiado en mis pensamientos
Con discordancias eólicas.

Primavera, ven pronto y con tus brotes
Como una escoba de insensatos escaramujos
Arroja de mi corazón los amores antiguos.

 

 

SONETO

Yo sé componer versos eternos. Los hombres
Están encantados con mi voz que dice la verdad.
La suprema razón que con orgullo he heredado
No se pagaría nunca con ninguna suma.

Todo lo he tocado: las manzanas, el fuego y las mujeres;
Todo lo he sentido; el invierno, la primavera y el verano;
Todo lo he hallado, ninguna muralla me ha detenido.
Pero, Fortuna, dime, ¿con qué nombre te llamas?

Yo me distraigo mirando a través de los cristales
De las tiendas, los guantes, las trufas y los cheques
Donde la dicha es un uno seguido de seis ceros.

Y me extraño, valiendo más que los reyes, los obispos,
Los coroneles y los recaudadores generales
De no tener sandías, ni agua, ni sol.

 

 

 

 

PAUL VERLAINE

LA ANGUSTIA

Naturaleza, nada de ti me conmueve, ni los campos
Fecundos, ni el eco bermejo de las pastorales
Sicilianas, ni el resplandor de la aurora,
Ni la solemnidad doliente del crepúsculo.

Yo me río del arte, del hombre y de los cantos,
De los versos, de los templos griegos y de las torres
Que hacia el cielo vacío elevan las catedrales,
Y con los mismos ojos miro a los malos que a los buenos.

No creo en Dios, abjuro y reniego
De todo pensamiento, y, en cuanto a la vieja burla,
El amor, ni oír hablar más de ello quisiera.

x
Cansado de vivir, temeroso de la muerte, igual
Que el bergantín perdido, juguete de las olas,
Mi alma se prepara para el terrible naufragio.

 

 

 

 

GERMAIN NOUVEAU

SONETO DE VERANO

Habitaremos en una discreta alcoba,
Siempre saturada de un aroma delicioso,
Que, como se comprende, sólo permitirá
Una luz tenue y dulce semejante a la noche.

Una frívola rubia, en graciosa bata,
Arrancará las notas de una mandolina,
Y las blancas cortinas de muselina
Se reflejarán en un gran espejo.

Cuando tengamos hambre, por todo alimento
Roeremos algunos frutos de la China,
Y sólo beberemos en plata dorada.

Para dormir, lo mismo que las gatas,
Nos tenderemos sobre las frescas esteras,
Y de todo —incluso del sol— nos olvidaremos.

 

 

NECIO CORAZÓN

Necio corazón, que estás cerrado como una calabaza
En donde los vinos del amor, por los siglos, dormirán:
Has apresado entre tus dos manos mi pesada cabeza
Y me has besado suavemente sobre la frente.

Y yo he sentido, bajo las delicias de un bautismo
Misterioso, mis ojos atormentados apaciguarse;
El jardín se extinguía, y, sobre el crisantemo,
La llamada de un pájaro sonó como un beso.

Tú me amaste lo mismo que una madre celosa
Que llevaba el bálsamo puro a mi dolor inquieto,
Pero cuando he mirado tus ojos he visto a la esposa
Que siempre sonreía, en su insinuante espejo.

Tu seno me ha mecido como a un héroe indigno,
Y, desde la celeste hora que me hizo tu amante,
Un deseo solitario y pálido, como un cisne
Sobre un río, dentro de mí, nada con deleite.

 

 

 

 

JEAN ARTHUR RIMBAUD

SUEÑO PARA EL INVIERNO

En invierno iremos en un pequeño vagón rosa
xxxxxxxxCon cojines azules.
Estaremos bien. Un hilo de besos locos descansa
xxxxxxxxEn cada dulce rincón.

Tú cerrarás los ojos para no ver por el cristal
xxxxxxxxGemir las sombras de las tardes,
Esas monstruosidades hurañas y pobladas de demonios
xxxxxxxxOscuros y lobos negros.

Después sentirás tu mejilla levemente rozada…
Un suave beso, lo mismo que una loca araña,
xxxxxxxxTe correrá por el cuello…

Y tú me dirás: «¡Busca!», inclinando la cabeza,
—Y tendremos mucho tiempo para hallar a ese insecto
xxxxxxxxQue tanto viaja…

 

 

EL ARMARIO

Es un gran armario esculpido; el roble oscuro,
Muy viejo, ha tomado ese aspecto grato de los ancianos;
El armario está abierto y en su sombra se vuelca
Como una ola de perfumes excitantes y vino añejo.

Todo lleno, es un gran desorden de antigüedades,
Lienzos olorosos que amarillean, trapos de adorno
De mujeres o de niños, encajes ya marchitos,
Esclavinas de la abuela pintadas de grifos.

Allí se encontraría los medallones, las trenzas
De cabellos blancos o rubios, retratos, flores secas
Cuyo perfume se mezcla con el perfume de la fruta.

Oh armario de los viejos tiempos: tú conoces
Muchas historias que contar quisieras, pero te quejas
Cuando se abren lentamente tus grandes puertas negras.

 

 

 

Álvarez Ortega, Manuel. Poesía simbolista francesa. Madrid; Akal ed., 1975.

 

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