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POEMAS DE LA CABEZA

 

EL AVISPERO

¡Hay un avispero dentro de mi cabeza!
Las avispas perforan mi cráneo.

¡Mis pupilas están llenas de zumbidos!
El corazón es una copa de vino tinto.

En mi cabeza se ve el ruido del humo.
¡Mi cerebro está lleno de agujeros!

¿Ese escuadrón de aguijones
será el remordimiento?

 

 

 

 

EL VIAJE AL INFINITO

La noche desconoce lo que pasa de día.
Con el corazón en llamas te he buscado.
Con el corazón en los ojos
arañando distancia,
desescombrando ausencia.
Con el corazón bajo los pies
sangrando, avanzando.
Con el corazón en la frente
abriendo zanjas de luz a cabezazos.
Con el corazón al hombro
desatascando el hoy a dentelladas.
Con el corazón agrietado
rompiendo medianiles,
taladrando nieblas dentro de mí,
gritándote: ¡acompáñame
a atizar las brasas del ocaso!
Cada uno arrastra como lombriz sus miedos.

 

 

 

 

ESCUCHO xPASOS. Pasos men mel mtejado, men xla
escalera, en el rellano, xen el ascensor. ¿Quién vendrá?
a estas horas? Pasos en la terraza, en las ventanas, en
el .pasillo, en xlas xtuberías. Pasos xque xavanzan, .se
aproximan, doblan xen .mi cabeza, llaman a mi frente.
Entonces digo: ¡pasa! Mas no hay nadie.

 

 

 

 

ZOZOBRA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxTengo miedo de mi voz.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxXavier Villaurrutia

Los trazos de la vida me dan miedo.
Me da miedo la sombra de la sangre,
la cruz de los destrozos, mi cerebro,
el cielo, el mar, la estrella, el infinito.
Me dan miedo las dosis de alquitrán
que estrangulan el aire que respiro;
las voces que oigo al fondo de mis ojos.
Me da miedo el tremendo sobresalto
que me despierta cada madrugada.
Me da miedo la altura, el precipicio,
la atrocidad del grito y del silencio.
Me da miedo el temblor de mi memoria,
lo que me atrae, lo que me repele,
el dolor, la alegría. Me da miedo
estar acompañado y estar solo.
Me da miedo que el tiempo se me trague.

 

 

 

 

TRONCO

¡No soy de este país que llamo Extraña!
¡No soy mío tampoco!
Me estoy haciendo dos hombres:
uno el que bebe y mata y nunca muere,
y otro aquel que vive la muerte que le dan.
España es una taberna de lujo
que tiene reservado el derecho de admisión:
de la que siempre son echados los borrachos,
que cantan y se tambalean
como la tierra, el mar y las estrellas.
España es una olla a presión, ruedo solar,
una mano de sangre encarnizada.
Nunca quise llamarla por su nombre,
y si lo escribo ahora es con el odio
y la venganza de la poesía.
España es una montera caída boca arriba,
un tatuaje de drama, hiel y luz;
torre del nepotismo y los favores
pagados por debajo de la mesa,
baraja con las espadas en alto:
reyes bajo palio, copas rotas,
oros en las casas de los ricos,
bastos en la hoguera de los pobres.
Quien no ha comido hambre alguna vez
no sabe del sabor que tiene el pan;
quien no ha bebido sed nunca podría
embriagarse con agua, ignora
que el único placer sin precio aquí
está en el sexo consigo mismo.
Yo no daré mi vida por España;
sí por una palabra, una cópula a muerte.,
una botella del mejor vino de la peor uva
pisada por los pies más oprimidos.
Porque un país que mata a sus poetas
no merece vivir. ¡España!
Nunca veas en la luz un don del cielo,
ni mires la sombra como castigo de los infiernos;
no hagas de los vientos látigos de resquemor,
arroja tu orgullo al mar, tu envidia, tu pereza.
Piensa en la nada construida
sobre tus campos abandonados;
piensa, que el pensamiento mortifica;
y sufre hasta la convulsión del limo
y la pureza del relámpago:
porque un país que envejece a sus jóvenes
no merece vivir.
Cuando me miro
—desencajado por tan negro fuego de alcohol—
y no me reconozco, a ti te veo.
En la cabeza llevo terremotos,
tambores con dolor de trueno;
en mis manos estrangulo el temblor
de las copas vacías con mi rostro, náufrago,
solo en su fondo
que una grúa no podría sacar.
España es una fachada del sol
sin restaurar y mal vendida,
un castillo en el aire con muralla de agua,
olivo con raíces en el cielo.
Hablar en esta Entraña es un monólogo:
porque un país que censura a sus creadores
tonsurado está de destrucción.
Un día don Quijote saldrá de Sancho Panza,
y su conciencia será un tribunal severo y justo.
Para vivir aquí hay que estar ebrio,
estatua, tumba, marioneta, páramo;
para vivir aquí hay que ser humo,
¡para nacer aquí hay que morirse!
Roja es mmi sangre como el vino tinto.
Si me corto las venas y me bebo
tendré vértigos y volveré a ver doble;
esto es España: un delirio a solas.
España es la gran ruleta ibérica,
catedral del azar en la que todo
se juega a impulso de arrebato.
Quien maneja el engaño con astucia
burla el peligro de estar vivo.
España es una corazonada
que nubla la razón y estalla el grito,
cuida su roña como oro en puño
segura de que el futuro ya pasó;
un vodevil con procesión de luto.
Lanzo mi rabia contra esa Espadaña
de campanas con cabezas por badajo:
porque un país que desprecia a sus cómicos
sólo se ensaya para la tragedia.
España, acércame ese cáliz
que guarda la sangre en llamas del sol:
quiero arrojártela a los ojos
más que una blasfemia de amor, que es violencia.
Pero no, no era un cáliz
sino una corola en espiral de espinas;
y no era un cáliz, no, ni una corola:
es esta copa en la que estoy bebiendo,
con cruel lucidez embriagadora,
toda la muerte de la madrugada.
Cuando aprieto mis sienes con los puños
me supuran fuego los oídos;
cuando mis párpados grapo a dentelladas
—solo y a oscuras en mi habitación—
invoco a Belcebú, y la garrafa del sufrimiento
vierto sobre la misa en la que apoyo mis codos
consagrados al mal, hermoso
más que un mapa de la gran Patraña.
Existe Dios si Dios es cada uno
y uno nace a morir en vida.
Por eso mato todo cuanto nazco.
No creo en nada que no se destruya
en su propia creación efímera.
España es un dado caído de canto sobre el horizonte.
Llueve; siempre estuvo nubeando
en mi país, esquela pentagonal.
Porque un país que incendia sus pulmones
bocanadas de féretros respira.
Ya me callo, ya en lo hondo
esculpo el hacha de lengua incandescente
a puñetazos de odio enamorado.
¡España!: leche de almendra amarga,
fiel desayuno de mis nochedías.

 

 

 

Guinda, Ángel. Poemas de la cabeza. Antología temática 2018-1980. Logroño; Ediciones del 4 de agosto, 2018.

 

PLANETA CLANDESTINO #220

 

Pocos saben que tengo otra hermana.
El azar nos separó al nacer.
Yo mamaba la leche de mi madre
mientras ella se secaba al sol.
Cuando perforaron mis orejas
ella recibió la ablación del clítoris.
Follé con hombres y sufrí por todos;
a manos de uno solo se quebró ella.
Me separé, lloré, abandoné mis sueños.
Ella murió unas cuantas veces
bajo piedras, ácido, sida y malaria.
Su cuerpo se deshizo y se recompuso.
En una o dos ocasiones fue feliz de morir.
Mi hija creció; mi hermana murió en el parto.
Años después parió una niña y se la quitaron.
Yo veo mi cuerpo envejecer; ella no tiene espejo.
Me pongo cremas antiarrugas
pero toda ella es un surco.
Yo hago listas de lo que le duele:
pero ella es la que administra su dolor.

 

 

 

 

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Cristina Morano

Las gatas buscan atalayas
desde las que contemplar el mundo.

Ellas dormitan sabiéndose a salvo;
yo me amurallo tras un libro.

Dice el poeta Rigo que la última
coraza es la lealtad.

Las hembras nos comprendemos:
el mundo es un peligro a nuestra disposición.

 

 

 

 

Tuvimos muchos hijos la intensidad y yo.
Los llamamos errores.
Ahora me siguen como niños de la calle.

Adóptanos, lloran. Danos tus apellidos.
Reconócenos. No nos abandones.

Y yo les digo: ¿no hicisteis vosotros
también daño? ¿No me desgarrasteis
al salir? ¿No me alejasteis de la inocencia?

Nos gritamos de una acera a otra.
Desde el pasado llegan multitudes a observarnos.

 

 

 

 

Cuando joven fui sierva
de los primeros besos, los que se dan
como rito de entrada en una nueva religión.

Tantos dioses. tanto fervor.
Tantas camas como altares.
Tantos cuerpos bellos como cristos.

Las manos pulsando espaldas
con la fe de una beata
que toca el órgano en la iglesia.

En el día del juicio, se sabrá la verdad:
yo fui una diosa sin perro
una perra sin dios.

 

 

 

 

Había un placer frenético
en tirarlo todo por la borda:

cuando veía salir del baño
a mis amantes, cubiertos
por los albornoces de mis novios.

Cuando era la graciosa de las fiestas
segando dignidad y cosechando resacas.
De cada droga pedía ración doble.

Yo sólo quería bailar con el caos
dejar de temer las regañinas
más terribles en mi voz que en la de otros.

Quería venganza por haber comprendido
al fin que ningún libro de instrucciones
iba a guiarme por los atajos.

Y lo quemaba todo, y disfrutaba al verlo arder;
sólo comprendía que seguía habiendo un juicio
cuando el fuego llegaba a los bajos de mi falda

y me condenaba a bailar con pasos ridículos.
Todos reían convencidos de que aquel
era el momento culminante de mi gran actuación.

Ahora, de vez en cuando, visito en el asilo
a la suicida que fui. Le llevo fotos de mi hija
y me da recuerdos para amigos que ya no veo.

Gracias a aquella, soy esta:
la que conoce el precio de los peajes.

 

 

 

 

Mi hermana me llama.
Yo llamo a mi hermana.
Envejecemos: cada día
un insomnio renovado
otra mala digestión.

Tarea ineludible
para cambiar el mundo:
darle a mi hermana
una buena noticia diaria.
Las niñas que fuimos
merecen su merienda.

 

 

 

 

He hecho todo
lo que se esperaba
de mí
pero en un momento
y en un orden
distintos
a los que se esperaba.

Esa ha sido
mi rebeldía
mi condena
mi victoria.

Coger atajos.
Perder el camino.
Aprender que las moras
crecen en las zarzas.

 

 

 

 

Hay un lugar entre la impotencia
xxxxxxxxxxxxxxxxxy el heroísmo.

Entre el pozo y la cera derretida
xxxxxxxxxxxxxxxxxpor la cercanía del sol.

Entre el desengaño y la otra mejilla.

Hay un lugar. Cada día lo bautizo
xxxxxxxxxxxxxxxxxcon mi nombre.

 

 

 

 

A mi madre le enseñaron
el más triste aprendizaje:
sentirse culpable
xxxxxxxxxxde su alegría.

Con su letra esforzada
ella copiaba las penas
diez veces, cien veces, mil.
La risa era un borrón
xxxxxxxxxxen el cuaderno.

Madre, en este caso honrarte
será desaprenderte:
cantaré siempre a dos voces.

 

 

 

 

La que yo imaginaba ser
elegía a los hombres
por lo que soñaba que eran.

Y rodábamos juntos
películas de fantasmas.
Nadie resultaba quien parecía.

Todos fuimos mayordomos
de las apariencias, asesinos
de nuestro yo verdadero.

El final feliz bebía
solo en el bar de al lado.

 

 

 

 

Después de que los hijos
nos despierten por las noches
nosotras nos quedamos
más solas que a la luz del sol.

Entre sábanas revueltas buscamos
referentes: ¿pero quién, quienes?

¿Nuestras madres abnegadas?
¿Las satisfechas de las películas
las diligentes de los anuncios
las despreocupadas amigas sin hijos?

Espiamos a las madres que murieron
a las madres que no fuimos
a las madres que soñamos ser.

Pero al mirar a las otras solo vemos
sus ojeras acolchadas
como camas de catálogo.

Al resto lo oculta un pudor milenario
la higiénica sonrisa que proclama:
toma este lazo de terciopelo
y amordázate. Ofrece tu mejor perfil
y cuenta con él la misma historia.
No existes en ninguna mitología.
No nos traiciones.

 

 

 

 

Esos días en que mi hija
no me habla
o me habla poco
o emite sonidos displicentes

—además de recordar
que crecer tiene sus reglas
y que el rechazo funciona
puntual como un mecanismo—

me sirven para hacer un truco:
lo tomo como equilibrio
como un justo trato
para saldar todas las veces
que de una u otra forma le fallé.

Si hago arqueología de nuestra historia
llego al primer error: prometerle
que la protegería de todo.

Bien puede una madre
pasar de defensor a atacante
cuando intenta jugar
el partido de su vida.

 

 

 

Pérez Cañamares, Ana. Será ser mujer. Logroño; Ediciones del 4 de agosto, 2019.

 

SERÁ SER MUJER

diciembre 17, 2019 Deja un comentario

 

Hija, si en algún momento,
mientras estás ocupada en crecer
—dura y lícita tarea—
puedes mirarme a los ojos
hazlo.

No te dejes las preguntas
para cuando sea la misma voz
la que cuestione y la que responda.

Mira que en esta familia
tenemos la dolorosa costumbre
de conocernos mejor de muertas.

 

 

 

 

GENERACIONES

Antes de morir, mi madre dijo mamá, ven
mientras me miraba sin verme;
yo dije mamá, quédate
abrazando su cuerpo diminuto
envuelto en pañales y olor a talco;
mi hija dijo mamá, no llores
y me acarició la cabeza consolándome.

Cuando mamá murió, durante unos segundos
no tuvimos muy claros los lazos que nos unían
no supimos quién se había ido
y quién se había quedado
ni en qué momento de nuestras vidas
estábamos viviendo
o muriendo.

 

 

 

 

Entonces ¿tú también me ves así?
¿Tú también me ves fuerte?

Porque le echo cayena a la comida,
porque bebo como un hombre
(un hombre que bebe mucho)
porque me he horadado el cuerpo
—y el cerebro—
porque he parido a cuatro patas
como una hembra en su guarida
porque okupé en Londres
porque he hablado en público
y he lavado y vestido a mi madre muerta
porque me he rapado el pelo
y lo he teñido de amarillo
porque he dormido sola en el monte
y he puesto a conversar
mi oscuridad con la oscuridad de fuera.

Así que tú también me ves fuerte.

Serás de los que te sorprendas
el día en que me desplome;
insistirás en que nunca me viste
dar una señal de debilidad
o de abatimiento.
Te equivocarás como todos
y no podré culparte:
toda la vida llevo apoyándome
en esta fama de fuerte.
Sólo yo sé que la fama camina
sobre muletas podridas.

 

 

 

 

SEGURIDAD SOCIAL

Frente a las charlas siniestras
de las salas de espera siempre
levanto un libro como una muralla.

Pero hoy de repente el olor del acero
la intuición de lo frío y punzante.
La certeza de lo inútil en perseguir
la enfermedad, que conoce todos
los recovecos donde esconderse.

La anciana a mi lado ha roto a llorar.
“No llore, mujer”, le digo, “¿qué le pasa?”
“Nada”, contesta ella, encogiéndose.

Y se queda sin saber cuánto le agradezco
que calle y no me cuente nada.
Porque no llevo kleenex en el bolso
y estoy tan cansada que la enfermedad
me parece una tregua deseable.

Así morimos, así nos matan.

 

 

 

 

BUEYES

Si supieras del dolor en mi cuello
no dudarías de que los yugos invisibles
también pesan, y que cada día
del trabajo a casa voy trazando surcos
en los que no habrá de crecer cosecha.

 

 

 

 

SI UN DÍA ME OYES

Si un día me oyes
—después de una noche
en la que he resultado ser
encantadora:
de esas mujeres que beben
y se ponen graciosas
contando anécdotas
de bares y ácidos y viajes
y camas y cabrones
con el pelo despeinado
para mejor
y el carmín corrido
como si viniera
de morrearme en el baño
con el tío más guapo
del garito—
si un día
después de una de estas noches
en las que ejerzo
de encantadora de serpientes
al despedirme
me oyes decir
que sólo soy un fraude
compadéceme:
los adictos a los aplausos
también necesitamos testigos
cuando nos quitamos
el maquillaje.

 

 

 

 

POR QUÉ ESCRIBO

xxxxxI

este striptease que hago cada día
bailando alrededor de la barra
esx pax ciax dox ra
no es más que un truco de guerrilla
para dejar sin armas ni argumentos
a quienes pretenden atacarme
esgrimiendo mis secretos

 

 

xxxxxII

no quiero dejar que nadie
—amigos, sociólogos
parientes, ministros
reporteros o cotillas—
se invente mi vida

completado el puzzle
es el turno de las piezas
que no encajan.

 

 

 

 

ESPEJO

Con cada palabra que escribo
lo que en el fondo estoy queriendo decir
es que soy conmovedoramente igual a ti
y que a la vez me siento desesperadamente
distinta.

Y ahora deja el libro
vete al espejo
y mírame.

 

 

 

 

FUERTE

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxLos días duros se abren a mi quilla.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxÁngela Figuera Aymerich

Soy fuerte. Me rompo en esquirlas.
El problema es que voy
quedándome afilada
y ya no soy más
aquella mujer
habitable
mullida
blanda
yo.

 

 

 

 

LA MUJER MUERTA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Arantxa
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxHoy vas a ser sabia. Mirarás al muerto.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxSara Rosenberg

La última vez que te vi no subiste a casa.
Te quedaste en la calle y yo te saludé desde mi balcón.
Vivía en un primer piso
en el que entraba la luz y todos aquellos conocidos
que me distraían de las presencias importante.

Yo criaba un bebé recién nacido
y de ti se alimentaba un virus
que parecía entonces lo peor que podía pasarte
aunque tú ladeabas la cabeza
—como si la enfermedad fuera una gota de agua en el oído— y reías.

Odié aquel virus porque tú eras la cronista del verano
mi guía por las calles abarrotadas
que yo, madre reciente, no podía recorrer.

Te fuiste después de sonreír guiñando los ojos
como si me vieras a contraluz
como si el sol se pusiera en el salón a mis espaldas.
Ya no te vi más.

Tres vueltas de campana acabaron con el virus y contigo.
Moriste al día siguiente de que yo pensara
por primera vez que podías morir.
Sólo tuve veinticuatro horas para hacerme a la idea.
Antes habías dejado en cajones, diarios y fotos
pequeñas señales que de vez en cuando me guían hasta tu risa.
Todavía la oigo cuando la busco
una pequeña muesca en mi cerebro
que me recuerda que nunca se debe desconfiar
de los que son buenos y tristes por naturaleza.

 

 

 

 

LA MADRE DE CLAUDIA

xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxPara Claudia

Agradezco que tu madre antes de morir
tuviera antojo de un plato de calamares;
así no me sorprendió tanto
que a la mía le diera por cantar coplas
dirigiendo con su mano asarmentada
su dispuesto coro de hijos.

Te agradezco que te emborracharas
con una botella de vino
junto a tu madre moribunda;
cuando yo me emborraché con ron
ya sabía que no había falta de respeto
o necesidad de huida
sino homenaje
casi —tú me entiendes— celebración
y una tristeza sin histerismos
que se parecía a la vida.

Así que aquella noche, cuando me contaste
todo esto mientras cenábamos tacos
recibí una lección magistral:
mira a los ojos de la muerte
y podrás ver lo que nunca viviste:
la infancia de tu madre
la borrachera del tiempo trastocado
la oportunidad de dar las gracias
sin pronunciarlas.

Porque para las madres
todas las palabras
están siempre dichas.
Sólo las risas de sus hijos
las impulsan a volar
hacia la muerte.

 

 

 

 

ANDAR SOBRE LAS AGUAS

La que yo era se ahogó en el mar
de las infinitas posibilidades.

No las extraño. la vida empezó
cuando aposté y perdí.

En ese momento el agua se tensa
y se convierte en camino.

 

 

 

Pérez Cañamares, Ana. Será ser mujer. Logroño; Ediciones del 4 de agosto, 2019.

 

PLANETA CLANDESTINO #82

diciembre 11, 2019 Deja un comentario

 

yo no la miro, la dejo hacer
la oigo respirar agitadamente
mientras limpia el brazo de la mecedora

ni el cansancio
ni el olor a amoniaco consiguen detenerla

antes fueron las persianas
mañanas serán los cristales

me recuerda a los coleccionistas
infelices, a los que siempre falta una pieza

nunca estará contenta
siempre habrá algo limpio que limpiar

 

 

 

 

la observo gastar el tiempo que le queda
en poner a prueba fuerzas y memoria

busca cables en un cajón
para reparar la radio,
le alcanzo las tijeras
aunque no hay cinta aislante que nos una

busca cera virgen
para tapar ese enorme agujero de carcoma
que no consigo ver

ella se siente sola
yo me siento inútil

tal vez, un día
nos acerque el silencio
cuando ella no recuerde nada
y yo empiece a olvidar el nombre de las cosas

 

 

 

 

estudia mis movimientos,
mis manos estirando las sábanas
doblando las servilletas

dice que estoy loca
porque no desayuno
porque mido el arroz por puñados
porque reciclo el aceite
porque adoro el viento agitando la ropa tendida

quiere que coma más
quiere que me peine como la mujer de un astronauta
quiere que haga feliz a su hijo

dice que estoy loca

 

 

 

 

tamborilea en la cama
tamborilea en la cocina
tamborilea delante del televisor
tamborilea cuando recuerda a su abuelo
tamborilea cuando recuerda a su madre
tamborilea cuando recuerda a su marido
tamborilea cuando recuerda a su hija
tamborilea cuando no recuerda nada

cuando no encuentra la palabra que busca
cuando no sabe nombrar
el objeto vaso
el objeto agua
el objeto ropa tendida
el objeto lluvia

no sé si ese ruido la acompaña
o son sólo señales de vida
que me manda cuando me alejo unos metros
cuando me encierro en el baño
a solas, con el objeto dolor

 

 

 

 

escribe con el dedo
sobre el brazo de la mecedora
sobre el cristal de la mesa
sobre el mantel
sobre la servilleta
sobre su falda

escribe con el dedo
maomegean
mientras mira al vacío

dice que lo escribe desde siempre
dice que no sabe por qué lo escribe
dice que no sabe qué significa
dice que nunca lo supo
dice que es la única palabra
que nunca va a olvidar

 

 

 

 

veinticuatro tiradores en la cocina
dieciocho figuras entre los dos cuadros del pasillo
a veces veinte
once fotos enmarcadas
diez varillas por respaldo
veintisiete botones en el mando a distancia
doce macetas bajo la lluvia
tres a cubierto
cinco dedos en cada mano
a veces seis

los barrotes de la baranda no los cuento
porque ya sé que son quince, dice

 

 

 

 

hay pájaros en el tejado del cuartel
hay pájaros en la torre de la iglesia
hay pájaros muertos en mi cabeza

hay gatos en el solar abandonado
hay gatos bajo los coches
hay gatos locos bajo mi pecho

hay sueños que se cumplen
hay sueños que no se cumplen
hay sueños que no he contado a nadie

hay palabras huecas
hay palabras como alfileres
hay palabras que nunca pronunciaré

hay dolor y más dolor

 

 

 

 

vendrán tiempos peores
cuando esta vejez
sea la mía

 

 

 

Bono, Isabel. Maomegean. Logroño; Ediciones del 4 de agosto, 2010.

 

MAOMEGEAN

noviembre 28, 2019 Deja un comentario

Esta es una de esas joyas que todos deberíamos tener en nuestras bibliotecas particulares. Lo de Isabel Bono fue un flechazo absoluto desde la primera vez que la leí, y este descubrimiento no hace más que aumentar mi admiración por ella.

 

 

Aquí dejo algunos de los poemas del comienzo de este ‘Maomegean’, que le publicaron en ediciones del 4 de agosto.

 

 

quiero que todo explote
que las almohadas exploten
que las manzanas del frutero exploten
que las cruces verdes de las farmacias exploten
que los escaparates exploten
que los charcos exploten
que los buzones de correos exploten
que las semillas de los eucaliptos exploten
que los cactus exploten
que las nubes exploten
que las estrellas exploten
que mi corazón explote

quiero que todo, lo bonito y lo feo, explote

que en mi casa en las calles en el cielo
y hasta en las más bellas habitaciones de hotel
todo explote

 

 

 

 

cuando dormir no ayuda
cuando soñar no ayuda
cuando despertar no ayuda
cuando el agua caliente no ayuda
cuando el café con leche no ayuda
cuando el omeprazol no ayuda
cuando la cerveza no ayuda
cuando meter los pies en el mar no ayuda
cuando el amor no ayuda
cuando la luz de flexo no ayuda
cuando escribir no ayuda
cuando desear no despertar no ayuda

 

 

 

 

paredes rosas armario celeste
camas gemelas lámpara de bronce
espejo redondo cuadro cuadrado
alcayatas desnudas estantería vacía
cajones vacíos pulmones vacíos

ni una mota de polvo
ni un atisbo de vida

preferiría seguir así
no acompañarme de libros ni de recuerdos
ni la foto de sam
ni giacometti bajo la lluvia
ni reloj ni zapatillas

sin querer
este cuarto se ha ido llenando
con mi respiración

 

 

 

 

las cosas que me rodean
no me pertenecen,
sólo el aire que respiro

y el zumbido de esas moscas en el cristal
que no acaban de aparearse

 

 

 

 

llevo una piedra en el coche
llevo una piedra en el bolsillo
llevo una piedra en el puño
levo una piedra en el estómago
llevo una piedra en el corazón

estoy preparada
para cualquier catástrofe.

 

 

 

Bono, Isabel. Maomegean. Logroño; Ediciones del 4 de agosto, 2010.

 

DE TODO CORAZÓN

 

A TU ALBEDRÍO

xxxxxen tus manos está:

xxxxxte presento, primero,
xxxxxuna mejilla,
yxxxxluego xxxxixxxla otra:

xxxxxpuedes besarme
oxxxxpuedes pegarme:

en tus manos está:

 

nadie, ni siquiera la lluvia, tiene unas manos tan pequeñas:
e. e. cummings

 

 

 

 

ECO

xxxxxChica tiene más hambre
xxxxxpero menos dientes:
xxxxxChica tiene menos vista
xxxxxpero más recuerdos:
xxxxxChica tiene 59 canas
xxxxxpero de su vientre ningún hijo:
xxxxxChica tiene también
xxxxxun espejo de mano
yxxxxotro de pared:

xxxxxpero ya no pregunta:

 

no tiene sentido golpear tu propio cadáver:
john fante:

 

 

 

González, David. De todo corazón. Logroño; Ediciones del 4 de agosto, 2016.

 

id

diciembre 10, 2016 Deja un comentario

id

 

EL COJO DE LOS CUADERNOS

Empiezo poemas, dijo,
pero nunca los termino.

Empiezo poemas por la calle
casi todos los días.

Doy pasos en caminos que podrían
conducirme a Samarcanda

me bajo de los trenes todo el rato.

No soy un río pero estoy
hecho de agua
dulce. Empiezo poemas
y el tiempo actúa
borrándolo todo. Empiezo poemas
y el tiempo actúa
a mi favor.

 

 

 

 

DÍA DE DIFUNTOS

El Día de Difuntos
la gente compra flores
y sube al cementerio
y pronto falta espacio
para aparcar.

Otros escuchan
un claxon a lo lejos.
Este dolor, se dicen,
es mío. Y aquí vive.
Y aquí se va a quedar.

Y cierran la ventana,
por si acaso.

 

 

 

 

04:39

Me encuentro rodeado de cosas medio rotas
que sin embargo funcionan
el viejo azucarero con un
agujero en la tapa
el coche que me dieron
la tele sin mando a distancia
mi forma de encajar. Todo está roto
y sin embargo funciona, no merece
la pena llevarlo a arreglar
o volver a pintarlo, no se sabe
si sería o no mejor cambiarlo
por cosas nuevas
resplandecientes
sacarlas a brillar de ser posible
comprarlas a crédito. Estoy
rodeado de cosas medio rotas
que sin embargo funcionan, invisibles
objetos abollados que sueñan
con formas exóticas de perfección
si acaso es que duermen: con rodar
sin hacer ningún ruido, con cumplir
las tareas con una fluidez
y una eficacia que desaparecieron
hace ya mucho tiempo
o nunca tuvieron. Cosas rotas
que dan vergüenza ajena
y sin embargo funcionan
y sin embargo funcionan
al cincuenta por ciento con suerte
de su capacidad. Un día
las tiraré a la basura o tal vez puede
que me decida a engrasarlas. Tengo
treinta y nueve años y me rodean
cientos de objetos astrosos
que sin embargo funcionan. Con ellos
sueño ese sueño de la eficacia
y de las cosas recién sacadas
de su flamante envoltorio y al instante
siguiente estamos despiertos
y funcionando como un viejo
tren de cercanías. Cruje,
pero se arrastra.

 

 

 

 

DOGTOWN

Que haya una ciudad dentro de ti
con muchos monumentos y un casco peatonal
y parques y portales para besos del pasado
y un río. Que haya una ciudad
pegada a tus ojos que puedas recorrer
tan solo con cerrarlos. Que a la sombra
del árbol de tu plaza consigas descansar
y verte con amigos. Y ten muchos,
que todos te conozcan, en esa ciudad
repleta de cafés donde comprenden tu jerga
y encuentras a quien buscas, en el momento exacto.

Que haya una ciudad dentro de ti
que haya una ciudad dentro de ti
de la que partan los trenes.

 

 

 

 

UN DESAHUCIO

Hacía algo de frío e iba a haber un desahucio,
un grupo de personas se reunió frente a la casa
con ingenuas pancartas y sonrisas de ánimo.
También estaba el dueño. Su mujer y sus hijos.
Hablaban lo justo y se pusieron muy serios
pero sirvieron un té que sabía a último té
preparado en la cocina, con el resto del azúcar.
Luego aparecieron los agentes, secretarios,
documentos legales, periodistas, y en el banco
alguien miraba el teléfono y esperaba noticias
del tipo “ya está hecho”, “ejecutemos”, “un almuerzo”,
poder cerrar la carpeta con un poco de cara de pena,
y colgar el cartel de “se vende” y cambiar el balance,
y cumplir por una vez los objetivos del trimestre.
Pero eso no ocurrió. Había mucha gente
impidiendo el acceso a la comitiva judicial
y ni un soplo de viento pasó por esa puerta,
esa mañana, en ese lugar. Y luego aplausos,
abrazos, lo común. No era el primero,
ni el último desahucio para todos. Entonces el padre
salió de su mutismo, obviamente emocionado,
se abrazó con uno de ellos, y dijo esto
en un español deficiente, entreverado de árabe:
Amigo mío, no soy nadie. Tal vez antes
sí lo era, jornalero, poca cosa
pero algo, una etiqueta, un atributo
que ahora no poseo. “Parado” e “inmigrante”
no sirven pues solo me describen
lo que ya no soy, de donde no provengo.
No tengo una tarjeta con mi nombre. No puedo
emitir certificados donde conste mi agradecimiento,
la deuda que a partir de este instante nos vincula
y que no podré pagar. Mas si en algún momento
alguien duda de ti, si menosprecia
tu labor para los otros, o te llama irrelevante,
soñador, poeta o diletante, improductivo,
a ése dile que venga a verme. Que pruebe mi té,
que juegue con mis hijos en la alfombra de mi casa,
que era de mis padres. Como si fuésemos
personas libres nos iremos a la cama,
esta noche. Nos abrazaremos. Dormiremos aquí.
No en la calle ni en algún dormitorio de la beneficencia,
sino aquí tras esta puerta que has defendido sin conocerme.
Diles que vengan a verme y yo, que soy nadie,
pronunciaré tu nombre y me llevaré
la mano al corazón. Si eso sirve de algo,
acéptalo, hermano. Y nada más
pudo decir. Ni tampoco el piquetista
logró emitir palabra, por el nudo en la garganta
y los fotógrafos de alrededor. Y tal vez
(pero esto no es seguro) alguna lágrima
de alguno de los dos rodó hasta el suelo
y allí se quedó, inadvertida y olvidada
hasta que comenzaron a dispersarse. Y entonces alguien,
un tipo joven, estudiante de ciencias,
a quien no solo su conciencia había atraído al piquete
sino una atracción morbosa por las chicas marxistas,
sacó un frasco de muestras y se agachó en el sitio
en que habían caído las lágrimas, y las recogió.
Para analizarlas, para descomponerlas, sintetizarlas,
producirlas en serie, como algún principio activo,
derramarlas en el agua, replicar el fenómeno,
la alegría y la victoria. De los que nunca ganan.
Contra los que siempre. Y se marchó calle abajo,
camino de su laboratorio. Contento pero sin un
número de teléfono. Y se puso a trabajar.
Si consiguió o no algún resultado eso ya no podemos saberlo.
Lo que pasó después, o antes, o en otros lugares
distintos de esa calle no puede ser conocido
o no en este poema, por lo menos. Pero esto sí.
Esto sí lo sabemos.

 

 

 

 

MÚSICA PARA AEROPUERTOS

Estuve pensando sin pensar en nada,
aunque no es del todo cierto: no pensaba en ti,
pero escuchaba tu música. Tomaba tu sol,
cruzaba los pasos de las cebras africanas,
tranquilas mantarrayas esperaban al verde.

Detuve las palabras con que te analizaba
dejé pasar los rayos, los olores,
la línea de bajo. Qué avenidas
marcianas recorrí, toda la tarde,
y qué ciudad de amor tuve a mis pies,
qué pena aterrizar, mi vida, tocar pista,
morder el aeropuerto del lenguaje,
rodar y rodar.

 

 

 

 

CETUS

Si tuviese que escribirte un poema de agua
tú serías mi tabla de surf
y te hablaría del mar, y tal vez de navegar
de pie sobre tu espalda,
del resto de metáforas. También
clavaría una vela entre tus lindos omoplatos
olas sol bla bla blá. Todo Tarifa
se volvería para mirarnos. Llegaría
mi voz amortiguada junto a la de las gaviotas
a tus oídos sumergidos, en forma de rumor
y tendrías los ojos abiertos.Vendrían
cetáceos nunca vistos grandes sombras
pasando lentamente por debajo de ti
cantando dulces músicas de fosa.
Tal vez nos hundiríamos
me ahogaría enseguida entre tanta palabra,
pero tú no.
Tú bucearías,
pelirroja.

 

 

 

Espejo, José Daniel. id. Logroño; Ed. Planeta clandestino, 2016.

 

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